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Cerámicas de la Edad del Hierro de Alcácer do Sal (Portugal): los platos

Arruda, Ana Margarida,Sousa, Elisa de

Abstract

En los numerosos conjuntos cerámicos de la Edad del Hierro recogidos en Alcácer do Sal, tanto en la necrópolis del Olival do Senhor dos Mártires, como en el poblado correspondiente (Castillo) y en el santuario de la Travessa do Rato, en el área ribereña, los platos, (de engobe rojo, de cerámica gris y de cerámica común) son una presencia constante. Muchos corresponden a modelos “clásicos” y así bien conocidos en el mundo orientalizante peninsular. Otros, en cambio, tienen una morfología muy particular, que se desarrolla en el siglo V a.n.e., pudiendo considerarse una evolución local de los platos de engobe rojo de origen fenicia.

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107 Revista OnOba 2022, Nº 10, 107-118 ISSN: 2340-3047 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 CerámiCas de la edad del Hierro de alCáCer do sal (Portugal): los Platos* Iron Age Pottery from Alcácer do Sal (Portugal): the plates resumen Entre los abundantes conjuntos cerámicos de la Edad del Hierro recogidos en Alcácer do Sal, ya sea en la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires, en el poblado (área del Castillo) o en el santuario de la Travessa do Rato, en el área ribereña, los platos – de engobe rojo, de cerámica gris y de cerámica común – son una presencia constante. Muchos corresponden a modelos “clásicos” bien conocidos en el mundo orientalizante peninsular. Otros, sin embargo, presentan una morfología muy particular que se desarrolla en el siglo V a.n.e., y que puede considerarse una evolución local de los platos de engobe rojo de origen fenicio. abstraCt In the numerous Iron Age ceramic assemblages collected in Alcácer do Sal, both in necropolis of Olival do Senhor dos Mártires, as in the corresponding settlement (Castle), and in the sanctuary from Travessa do Rato, in the riverside area, the plates, in Red Slip ware, gray and plain ware productions, are a constant presence. Many correspond to classic models, well known in the peninsular Orientalizing world. Others, however, have a very particular morphology, which developed in the 5th century BC, and can be considered as a local evolution of the Red Slip ware plates of Phoenician origin. ana margarida arruda UNIARQ, Universidade de Lisboa orcid-org/0000-0003-3160-108X elisa de sousa UNIARQ, Universidade de Lisboa orcid-org/ 0000-0002-7446-1104 Palabras Clave Cerámicas; orientalizante; platos de pescado; estuario del Sado; Alcácer do Sal. Keywords Pottery; Orientalizing; fish plates; Sado Estuary; Alcácer do Sal Recibido: 18/08/2021 Revisado: 06/05/2022 Aceptado: 03/06/2022 Publicado: 03/10/2022 a.m.a[email protected]isboa.pt [email protected] * Financiado con fondos nacionales a través de la FCT - Fundação para a Ciência e a Tecnologia, I.P., en el ámbito de los proyectos UIDB / 00698/2020 y UIDP / 00698/2020. 108 CerámiCas de la edad del Hierro de alCáCer do sal (Portugal): los Platos revista onoba, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 1. introduCCión En lo que respecta a la Edad del Hierro, Alcácer do Sal es uno de los yacimientos arqueológicos portugueses más conocidos, tanto a la escala nacional como internacional. Ese reconocimiento resulta, en gran parte, de la excepcionalidad de los materiales recogidos en la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires a finales del siglo XIX y en la segunda década del siguiente siglo (Correia, 1972 [1925]; Correia 1972 [1928]; Pereira, 1962; Schüle, 1969; Paixão, 1970, 1983; Gamer Wallert y Paixão, 1983; Rouillard et al., 1988-89; Frankenstein, 1997; Arruda, Lourenço y Lima, 2015; Gomes, 2016). Las excavaciones de los años 70 y 90 del siglo XX en el Castillo de Alcácer do Sal (Silva et al., 1980-81; Gomes, 2008) también han proporcionado datos muy relevantes para el estudio del primero milenio a.n.e. en la fachada atlántica de la Península Ibérica, mientras que una intervención más reciente en el área ribereña, en la Travessa do Rato, reveló un importantísimo conjunto de materiales orientalizantes, desgraciadamente sin contextos definidos (Arruda et al., 2021). Los datos estratigráficos conocidos de Alcácer do Sal, a pesar de lamentablemente escasos, muestran el desarrollo de una comunidad indígena que absorbió a partir del siglo VII a.n.e. elementos de la cultura material fenicia occidental que influyeron en la arquitectura y en las materialidades de estos grupos atlánticos. El repertorio de las fases más antiguas de la Edad del Hierro del yacimiento, aunque dominado por las producciones manuales (Silva et al., 1980-81), incluye ya una serie de elementos de carácter orientalizante: ánforas (T. 10.1.2.1), cerámicas pintadas en bandas (pithoi, Urnas Cruz del Negro y otras morfologías de vasijas cerradas), cerámica de engobe rojo, cerámica gris y cerámica común (Silva et al., 1980-81; Gomes, 2016; Arruda et al., 2021). A partir de mediados del 1er milenio a.n.e., se suman a este repertorio las importaciones griegas (figuras negras, rojas y barniz negro) y algunas importaciones de ánforas del Círculo del Estrecho (T. 11.2.1.3 y tipo Pellicer Figura 1. Alcácer do Sal en la Península Ibérica. 109 AnA MArgAridA ArrudA • ElisA dE sousA rEvistA onobA, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 B/C), que se asocian en estos momentos a formas singulares de producción local / regional, aunque derivadas sobre todo de la matriz cultural orientalizante precedente (Rouillard et al., 1988-89; Gomes, 2017; Arruda et al., 2021). A pesar de todos estos datos, queda por determinar en detalle la evolución de los repertorios cerámicos locales y cómo los alfareros de la región combinan influencias exógenas con las dinámicas productivas internas a lo largo de la Edad del Hierro. En este sentido, creemos que este trabajo ofrece una perspectiva importante, al centrarse en la evolución de una morfología concreta – los platos. Esta forma, introducida por las comunidades fenicias y rápidamente adoptada, cambió sustancialmente las prácticas de consumo de alimentos de los grupos indígenas del occidente peninsular. Sin embargo, su evolución en el caso concreto de Alcácer do Sal presenta especificidades que deben señalarse y que reflejan la conjugación de dinámicas locales y afluencias exógenas. 2. los Platos de engobe rojo Como hemos referido anteriormente, los platos de engobe rojo están presentes en la necrópolis de Alcácer do Sal, cuyo repertorio es variado en términos morfológicos. Recientemente se ha presentado una tipología de estas piezas, que se han integrado en el Grupo I, repartido por cinco tipos (Gomes, 2016, 172-178) en función de la largura e inclinación del borde y de la profundidad de la copa. Los más antiguos (siglos VII y VI a.n.e), de borde aplanado – Formas I.1 e I.2 de Gomes (2016, Estampa XXXIV, nº 448-450) – se corresponden, en parte, con los de la fase III del Castillo (Silva et al.1980-81, 177-178, Fig. 14) y de la Travessa do Rato (Fig. 4). El ancho de los bordes, que oscila entre los 3,2 y los 6 cm, y el escaso diámetro de las piezas permite integrarlos en el tipo P2 definido por P. Rufete Tomico (1988/89). El labio puede ser más o menos vuelto hacia al exterior; en algunos ejemplares es bastante horizontal, mientras en otros presentan una tendencia más oblicua. Figura 2. Fotografía aérea de Alcácer do Sal (1 – Castillo; 2 – Necrópolis del Olival do Senhor dos Mártires; 3 – Travessa do Rato). 110 CerámiCas de la edad del Hierro de alCáCer do sal (Portugal): los Platos revista onoba, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 Todos los ejemplares, ya sean los de la Travessa do Rato (Fig. 4, n.º 1 a 7), los de la fase III del Castillo (Silva et al., 1980-81, 183, Fig. 14) o los de la necrópolis (Gomes, 2016, Estampa XXXIV, nº 448 y 449), cuentan, como antes dijimos, con diámetros casi siempre diminutos, lo cual, sumado al ancho de los bordes, resulta en cocientes medianos, concretamente entre los 57 y los 38, valores que se acercan a los que se obtuvieron para los platos de engobe rojo de los niveles intermedios de Santarém (Arruda, 1999-2000, 184-85) y de Abul A (Mayet y Silva, 2000). Estos datos permiten admitir para los platos de engobe rojo del tipo P2 de Alcácer do Sal una cronología centrada en torno a la segunda mitad del siglo VII a.n.e., como demuestran también las estratigrafías de Medellín (Almagro Gorbea, Mederos Martín y Torres Ortiz, 2008), Huelva (Rufete Tomico, 1988/89), Toscanos (Schubart, Niemeyer y Pellicer Catalán, 1969; Schubart y Maass-Lindemann, 1984), Mezquitilla (Schubart, 1983; MaassLindenmann, 1997), Cerro del Villar (Aubet et al., 1999) y Castro Marim (Freitas, 2005). En los conjuntos de Alcácer do Sal los ejemplares que se pueden aproximar del tipo P3 de Rufete Tomico están presentes en la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires, donde se han agrupado en las formas I.3 y I.4 (Gomes, 2016, 175, Estampa XXXIV, Nº 450-453), en el Castillo (Silva et al., 1980-81, Fig. 14, nº 66) y, en menor número, en la Travessa do Rato (Fig. 4, n.º 8), aunque otros fragmentos mal conservados de este yacimiento podrían también integrar este tipo (Fig. 4, n.º 9 a 23). Habría sin embargo que señalar aquí que los bordes largos, oblicuos y cóncavos de los platos P3 de la necrópolis y del Castillo, se encuentran separados del cuerpo al exterior de las piezas por una carena bien marcada, mientras al interior se aprecia un resalto, particularidades que confieren al cuerpo una depresión central bastante profunda, lo cual los distingue del tipo clásico definido para Huelva (Rufete Tomico, 1988/89) y que cuenta con paralelos casi exactos en Oriente en niveles asociados a la Edad del Hierro Tardía (Late Iron Age – LIA), con cronologías situadas a partir de 550 a.n.e., por ejemplo en Beirut, Tell Keisan (Level 5) y Sarepta (Stratum Figura 3. Evolución de la cerámica de engobe rojo (según Gomes, 2019). Figura 4. Platos de engobe rojo de la Travessa do Rato. 111 AnA MArgAridA ArrudA • ElisA dE sousA rEvistA onobA, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 BB), donde corresponde al Tipo 3c (Núñez Calvo, 2017, 12, Fig. 3). Un ejemplar de esta misma forma de la Travessa do Rato presenta una acanaladura sobre el borde (Fig. 4, n.º 16), característica que permite atribuirle una cronología centrada sobre todo en el siglo VI a.n.e., aunque su origen se pueda remontar al siglo anterior (Rufete Tomico,1988/89; Recio Ruiz, 1990; Aubet et al., 1999; López Pardo y Habibi, 2001; Freitas, 2005; Torres et al., 2014). Un otro fragmento proveniente del santuario (Fig. 4, n.º 22) se distingue de los anteriores por la convexidad del labio, que es bastante acentuada. A pesar de que no resulte imposible incluirlo en el tipo P3, se debe considerar la posibilidad de que corresponda a la serie I de Gomes (2019, 117, Fig. 3.6), a la que se le atribuye una datación entre finales del siglo VII a.n.e. y principios del siguiente siglo. Este tipo concreto se incluyó en la necrópolis en el grupo de las copas, concretamente en la serie II.1 (Gomes, 2016, 175-176, Tabela 3). Platos idénticos, próximos del tipo P3, han sido reconocidos en otros sitios del estuario del Sado, concretamente en niveles del horizonte IC de Abul A (Mayet y Silva, 2000, Fig. 17, nº 51, Fig. 14, nº 66), y no es imposible que el borde del plato de la Rua Arronches Junqueiro, en Setúbal, en la desembocadura del río (Silva, Soares y Duarte, 2018, Fig. 5, nº1), pueda corresponder a esta misma forma. Puede así admitirse sin demasiadas reservas una cronología entre el último cuartel del siglo VII y la primera mitad del VI a.n.e.. Algunos, aunque no todos, los ejemplares de Almaraz, Almada (Barros, Cardoso, Sabrosa, 1993, 177), en la desembocadura del Estuario del Tajo, son también similares. Como hemos referido antes, estos ejemplares de plato de tipo P3 de la fachada occidental de la Península Ibérica tienen características que los distinguen de la forma “clásica” definida para Huelva (Rufete Tomico, 1988/89), apartándose de los de Andalucía – de Huelva (Rufete Tomico, 1988/89, 376) y del Castillo de Doña Blanca (Ruiz Mata y Pérez, 1995, Fig. 23), por ejemplo – y también de la necrópolis de Medellín, en Extremadura (Almagro Gorbea, Mederos Martín y Torres Ortiz, 2008, 606), que se acercan mucho más del prototipo. Se debe todavía resaltar que el modelo andaluz (¿y oriental?), está presente en la región, concretamente en la catedral de Lisboa (Arruda, 1999/2000, Fig. 70-71) y también en Almaraz (Barros, Cardoso y Sabrosa, 1993, 177-178). Todo indica, por ende, que a finales del siglo VII y sobre todo en la primera mitad del VI a.n.e. las producciones cerámicas empiezan a ganar, aunque tímidamente y en áreas muy concretas, características propias según las regiones en que se desarrollan, distinguiéndose entre sí, y ello a pesar de que los vasos, en este caso concreto los platos, compartan una matriz común que, en esta fase inicial, es aún muy visible. Este proceso se amplía en la centuria siguiente. Este fenómeno es particularmente perceptible en Alcácer do Sal, sitio en el cual existen platos que podemos considerar una evolución de los precedentes y que no tienen paralelo en cualquier otra región peninsular, presentando, sin embargo, similitudes con lo que podemos designar por plato de pescado, tipos I.D.2 y I.D.3 de Gomes (2019). Cuentan con un borde vuelto hacia al exterior y ligeramente espesado, un labio subhorizontal o ligeramente cóncavo, muy ancho, y una depresión central bastante profunda, troncocónica y estrecha, indicada en la pared externa por medio de un resalto. En el conjunto de los platos de engobe rojo de Travessa do Rato existen tres ejemplares de este tipo I.D.3 (Fig. 5), uno de ellos bastante completo. En el castillo, concretamente en los niveles 7 y 8, que se incluyeron en la Fase IV, se han recuperado dos otros ejemplares (Silva et al.,1980-81, 185, 177, Fig. 17, n.º 186, 187, 189, 191, 192). Habría que recordar que esta fase se ha fechado en los siglos IVIII a.n.e., datación que fue revisada en alta (siglos V-IV a.n.e.) (Arruda, 1999-2000, 71) a tenor de la presencia en estos niveles de un skyphos ático de barniz negro y de ánforas tipo Mañá Pascual A4 con características morfológicas que permitieron recular la cronología. También la necrópolis del Olival do Senhor dos Mártires ofreció algunas piezas que se aproximan de este grupo (Frankenstein, 1997; Gomes, 2016, 176178, Estampa XXXIV, 455-462), aunque el borde y la altura del cuerpo se diferencien de los anteriormente comentados (tipo I. D.2, de Gomes, 2019). Sin embargo, es posible que otros tres fragmentos de platos de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires (Gomes, 2016, Estampa XXII: 302, 303 y 306), considerados como cerámicas pintadas, integren estas morfologías tardías de la cerámica de 112 CerámiCas de la edad del Hierro de alCáCer do sal (Portugal): los Platos revista onoba, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 engobe rojo, aunque el revestimiento sea de calidad inferior (Gomes, 2016, 125). Este tipo, que corresponde a la forma I D.2. y I.D.3 de la reciente propuesta tipológica de F. Gomes para el estuario del Sado (2019, 116, Fig. 3.5), tiene algunas similitudes con los platos P3d de Rufete Tomico (1988-89) y 3c de Medellín (Almagro et al., 2008, 604-606), sobre todo a nivel del borde. Se observa, sin embargo, que los platos españoles con estas características son bastante más bajos que los ejemplares salacienses, ya que la depresión central es aquí más alta y estrecha. Quizás por ello los datos de Huelva permiten situar el plato con depresión central a partir del Tartésico Final II, aunque se refiera que dicha depresión se hace aún más honda en los momentos finales de la secuencia (Rufete Tomico, 1988-89, 31), es decir, a mediados del siglo VI a.n.e.. También en Medellín el mismo tipo de plato se ha fechado a finales del siglo VI/inicios del V a.n.e. Morfologías semejantes surgen también en la zona del Tajo, donde se incluyen en el tipo 4Aa del estuario del Tajo (Sousa, 2014, 2017), diferenciándose, sin embargo, por presentar detalles distintos, sobre todo a nivel de la base, que es más alta y desarrollada. Aun así, esta profundización y estrechamiento de la depresión central solo parece reforzarse en una fase más tardía, concretamente en el siglo V a.n.e. Cabe, sin embargo, destacar la singularidad de esta morfología, que no encuentra paralelos exactos en ninguna otra región, ni siquiera en la restante fachada occidental atlántica (Arruda, 1999-2000; Sousa, 2017), por lo que parece ser un tipo concreto del repertorio de la producción de cerámica de engobe rojo del estuario del Sado, que como se verá adelante, está también presente en cerámica gris y común. No podemos dejar de mencionar que esta forma parece resultar de una simbiosis entre un modelo de plato de engobe rojo de raíces fenicias muy evolucionado y el modelo griego de plato de pescado (Gomes, 2016, Sousa 2019), poniendo en evidencia la creatividad de los alfareros del Sado, que reflejan la convergencia de influencias culturales en este lugar tan particular. En este mismo sentido se puede mencionar otro plato con las superficies cubiertas con engobe rojo recogido en el santuario de la Travessa do Rato (Fig. 4, n.º 24), que cuenta con un labio pendiente y triangular semejante en la forma a los prototipos áticos de platos de pescado, fechados a partir del siglo IV a.n.e. No parece corresponder a una producción de tipo Kuass; resulta más probable que corresponda a una imitación local/regional inspirada también en el repertorio de la cerámica griega (con un tratamiento de las superficies a la manera fenicia), que está muy bien representada en el conjunto funerario de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires (Rouillard et al., 1988-1989). 3. los Platos de CerámiCa gris En Alcácer do Sal, los platos no son la forma más abundante en la categoría de la cerámica gris, en la que dominam los cuencos, como es frecuente en los yacimientos fenicios y/u orientalizantes. Los que sí existen reproducen mayoritariamente las formas de engobe rojo, como por ejemplo los platos de borde aplanado en todas sus variantes. Los más antiguos (siglos VII – VI a.n.e.), de escasa profundidad, tienen los bordes estrechos, por veces marcados por una carena más o menos suave en la superficie externa y un resalto en la interna, formando un labio. Están presentes en la necrópolis, encuadrados en el tipo I.3a y b de Gomes (2016, 146, Estampa XXVIII, nº 374, Estampa XXIX, nº 375 y 376), en el santuario de Travessa do Rato (Fig. 7, n.º 1 a 3) y en las fases III y IV del Castillo (Silva et al., 1980/81, Fig. 14 y 17). En el Bajo Sado, se encontran también en Abul A (Mayet y Silva, 2000, Figura 5. Platos de engobe rojo de la Travessa do Rato. Figura 6. Platos de cerámica gris (1 a 6) y común (7) de la Travessa do Rato. 113 AnA MArgAridA ArrudA • ElisA dE sousA rEvistA onobA, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 48-49). Más a norte, ya en el estuario del Tajo, están documentados en Lisboa – en la catedral (Arruda, 1999/2000, Fig. 81, nº 2 y 3; Arruda, Freitas y Vallejo Sánchez, 2000, 32), en la Rua de São João da Praça (Pimenta, Calado y Leitão, 2014) y en el Largo de Santa Cruz do Castelo (Sousa y Guerra, 2018) – y en Santarém (Arruda, 1999/2000, 199, fig. 135, nº 41; Sousa y Arruda, 2018). Recientemente, estos platos se han encuadrado en el tipo 2C de la cerámica gris del estuario del Tajo (Sousa, 2021). Este modelo, que reproduce en cerámica gris los platos de engobe rojo, se documenta en numerosos yacimientos de la costa meridional española, desde la región alicantina hasta Huelva, y también en Extremadura (Vallejo Sánchez, 2015). Otros dos platos de la Travessa do Rato (Fig. 7, n.º 4 y 5) tienen bordes ligeramente espesados, labios sub-horizontales o ligeramente cóncavos, muy anchos, y depresiones centrales bastante hondas, troncocónicas y estrechas, indicadas en la pared externa por medio de un resalto. Corresponden a reproducciones en cerámica gris de la misma forma identificada en cerámica de engobe rojo, que se incluye en la forma I.D.3 de Gomes (2019, 116, Fig. 3.5) y que se ha comentado anteriormente. Un fragmento de fondo (Fig. 7, n.º 6) corresponde seguramente al área inferior de uno de esos platos característicos de mediados del 1er milenio a.n.e. 4. los Platos de CerámiCa Común En Alcácer do Sal los platos de cerámica común están presentes sobre todo en la necrópolis del Olival do Senhor dos Mártires, en la que se han contabilizado 38 individuos (Gomes, 2016, 92, Estampa III). Tienen morfologías distintas al nivel del borde, que puede ser simples, apuntado, triangular, en bisel, horizontal o en aba. Muchos de ellos corresponden a reproducciones de vasos de engobe rojo y/o gris; a este nivel, debe señalarse la presencia de los tipos IB y ID de Gomes (2019), aunque, considerando el diámetro de la base, uno de los ejemplares publicados en 2016 (Estampa V, nº 72) puede corresponder a una tapadera. Otro fragmento de plato de cerámica común que se identificó entre el conjunto de Travessa do Rato (Fig. 7, n.º 8) se asemeja, genéricamente, al tipo I.1 de Gomes. Aunque raras en los contextos domésticos de Alcácer do Sal, estas reproducciones en cerámica común de modelos de platos de cerámica de engobe rojo y gris están bien documentadas en otras áreas del Occidente Atlántico, específicamente en la desembocadura del Tajo (Arruda, 1999-2000; Sousa y Arruda, 2018; Sousa y Guerra, 2018). 5. los Platos de CerámiCa griega Los platos de cerámica griega de Alcácer do Sal, de figuras rojas y de barniz negro, son conocidos desde hace mucho (Pereira, 1962; Trías, 1967; Mac Figura 8. Fotografía de los platos de engobe rojo del Castillo (en exposición en el Museu de Arqueologia e Etnografia do Distrito de Setúbal). Figura 7. Platos de cerámica común de la Necrópolis del Olival do Senhor dos Mártires (según Gomes, 2016). 114 CerámiCas de la edad del Hierro de alCáCer do sal (Portugal): los Platos revista onoba, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 Phee e Trendall, 1987; Rouillard, et al., 1988/1989), y proceden en su totalidad de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires. El conjunto de los platos pintados por el llamado pintor de Alcácer do Sal, individualizado en 1987 por MacPhee e Trendall, corresponde a la forma típica de plato de pescado, representada aquí por ocho piezas, ya que a los siete más completos y conocidos se añadió recientemente un fragmento del labio de otro más (Gomes, 2016, 186; 2017, Fig. 1), que permanecía olvidado en los depósitos de la Direcção Regional de Cultura do Alentejo. También los platos de barniz negro han crecido en número, totalizando en este momento nueve ejemplares (Rouillard et al., 1988/89; Gomes, 2016, 2017). Todos ellos se incluyen en el tipo Rolled rim plate de la Ágora de Atenas (Sparkes y Talcott, 1970, 147), también designado en la bibliografía de referencia como Jehasse 116 (Jehasse y Jehasse, 1973, 357-364). 6. los Platos HelenístiCos En Alcácer do Sal, la presencia de cerámicas de cariz helenístico es exclusiva de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires, en la que se identificaron siete fragmentos de bordes que se relacionan morfológicamente con los modelos áticos de platos de pescado (Gomes, 2016, 204, Lámina XXXVII, nº 477-483). Las características de sus pastas parecen indicar que la mayoría de estos envases forman parte de grupos de producción locales / regionales (Gomes, 2016, 198-203). A pesar de su indudable interés, estos ejemplares son un tanto problemáticos en cuanto a su filiación cultural, y no está claro si están directamente inspirados en prototipos áticos, o si pueden relacionarse ya con las producciones de la zona andaluza en las que esta misma forma fue producida en cerámica común (Sáez, 2005; García Fernández y Sáez Romero, 2014), gris (Sáez, 2014) y especialmente de tipo Kuass (Niveau, 2003). Los fragmentos de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires presentan un labio colgante y, en tres casos, ranuras en el borde, características que comparten tanto con las producciones griegas como con las manufacturas andaluzas (Forma II de Niveau, 2003). La mayor parte no tiene cualquier revestimiento superficial, notándose en solo uno vestigios de pintura roja en la superficie interna y en el borde. Lamentablemente, también hay pocos datos en cuanto a su cronología, ya que solo tres de los ejemplares de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires se han recogido en un contexto bien conservado (la Sepultura 160), fechado en finales del siglo IV / siglo III a.n.e. (Gomes, 2016). La escasez de elementos disponibles para la caracterización de estas producciones permite plantear diferentes escenarios para el surgimiento de estos platos. Por un lado, se puede suponer que las comunidades de Alcácer do Sal, tal como los grupos de la zona de Cádiz y del Bajo Guadalquivir, habrían intentado emular las características morfológicas de los platos de pescado griegos, bien conocidos en el yacimiento durante la primera mitad del siglo IV a.n.e., situación que permitiría proponer una cronología centrada entre los siglos IV y III a.n.e. para estas reproducciones. En contrapartida, si se asume una relación con las producciones andaluzas, en particular con las de tipo Kuass, ello conllevaría adelantar un poco la cronología de estos platos de Alcácer do Sal, considerando la asociación, en la mencionada Sepultura 160, de fragmentos con y sin ranura en el borde. Los platos de Kuass de la forma II de Niveau desprovistos de este detalle solo ocurren en fechas tardías (Niveau, 2003), a partir de finales del siglo III y, sobre todo, en contextos del período romano-republicano, como se aprecia especialmente a través de los datos contextuales de la región del Algarve (Sousa, 2009, 2010; Sousa y Arruda, 2013). A tenor de estos datos, sería posible avanzar la cronología de esta tumba 160 hasta finales del siglo III a.n.e. o, más probablemente, hasta momentos antiguos del período republicano. En este punto, debe también mencionarse que otra tumba en la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires, la 131, a pesar de la obvia mezcla de materiales de distintas cronologías, ofreció un borde de uno de estos platos helenísticos en asociación con fragmentos de cerámica campaniense (Gomes, 2016), acusando su convivencia. A pesar de todas estas incertidumbres, los platos helenísticos de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires, aunque poco representativos en el conjunto artefactual total (Gomes, 2016), reflejan las influencias helenísticas en el repertorio regional, aunque, en este caso concreto, queda por definir si estas ocurren durante la fase final de la Edad del Hierro o en el período posterior. 115 AnA MArgAridA ArrudA • ElisA dE sousA rEvistA onobA, 2022, Nº 10 http://dx.doi.org/10.33776/onoba.v10i0.5423 Queda por mencionar otra ocurrencia que se puede integrar en el grupo de platos helenísticos, que, sin embargo, también es problemática. Se trata de un fragmento, también de la necrópolis de Olival do Senhor dos Mártires, afiliado a la forma griega Jehasse 116. En este caso, se plantea la cuestión de si se trata de un intento de reproducir esta morfología en el contexto de las producciones locales, o si corresponde a un fragmento de producción ática alterado debido a procesos postdeposicionales (Gomes, 2016). Esta situación nos lleva a considerar este elemento con prudencia, aunque, si se confirma la primera posibilidad, permite ampliar el repertorio de influencias exógenas en la producción de platos locales. 7. disCusión La presencia de platos en Alcácer do Sal en contextos de la Edad del Hierro es una constante en todo tipo de contextos – funerarios, cultuales y domésticos – a lo largo de todo el primero milenio a.n.e. Esta forma, que en su morfología y dimensiones corresponde a una completa novedad en los repertorios formales conocidos en el occidente peninsular, refleja ciertamente nuevos hábitos sociales, que se manifiestan en este caso en el consumo a la mesa de alimentos solidos de forma individual. Sin embargo, las copas, las páteras y otras formas abiertas destinadas al consumo de alimentos son siempre mayoritarias en los mismos contextos, aunque sean casi siempre de pequeño tamaño (Silva et al., 1978/89; Gomes, 2016; Arruda et al., 2021), lo que presupone una preferencia por preparaciones más coloides. Otro de los aspectos que sobresale del estudio integrado de esta forma en Alcácer do Sal es la existencia de una evolución marcadamente regional del plato fenicio de borde largo y plano (o convexo y cóncavo), replicando una realidad observada en muchas otras áreas tocadas por la colonización fenicia en las que se crían tipos propios e individualizados que resultan de la evolución local de un modelo oriental, y que ponen en evidencia una progresiva desconexión entre dichas áreas, y entre estas y la madre patria. En efecto, las semejanzas entre los platos de engobe rojo de Oriente del Tipo 3c del Grupo 3 de Nuñez Calvo (2017) y los del tipo I.D.1. de Alcácer do Sal (Gomes, 2019) será seguramente una mera coincidencia, aunque ambos sean más o menos contemporáneos. Por otra parte, queda visible la importancia en estos momentos más tardíos de la inspiración en formas griegas, lo cual resulta en la existencia de dos tradiciones alfareras distintas que, a partir de mediados del milenio, se conectan dando origen a morfologías propias e individualizadas, cargadas de identidad. Los datos que se sistematizaron en este trabajo revelan, una vez más, la heterogeneidad de las soluciones adoptadas por alfareros de las diferentes comunidades fenicias que se instalaron en el litoral de la Península Ibérica. La puesta en común de ciertos esquemas mentales que subyacen a la producción de cerámica, y, en este caso particular, de los platos, fue aun así una realidad durante las primeras fases de la Edad del Hierro, como se aprecia por la considerable similitud a nivel de las producciones de engobe rojo, de cerámica gris y de cerámica común entre las regiones andaluzas y la costa atlántica occidental. Sin embargo, esta familiaridad se pierde de forma sustancial a partir de mediados del 1er milenio a.n.e., probablemente como resultado de las profundas transformaciones económicas, sociales y culturales que se produjeron con la ruptura de la red colonial fenicia y que forzaron evoluciones paralelas, pero diferenciadas, de los grupos que heredaron esta matriz orientalizante. Durante la 2ª Edad del Hierro, la variedad de influencias exógenas y la evolución interna de estos diferentes grupos crearon una panoplia de entidades culturales e identitarias a las que solo se puede acceder a través de los datos arqueológicos. En el caso particular de la fachada atlántica occidental, y a pesar de la proximidad geográfica de las desembocaduras del Sado, Tajo y Mondego, es posible identificar características individuales en cada una de estas áreas, que adoptan morfologías distintas en sus producciones alfareras, y más concretamente en los platos utilizados en el servicio de mesa. En este contexto, los datos de Alcácer do Sal, que corresponde a uno de los asentamientos más importantes del Bajo Sado durante la Edad del Hierro, revelan la particular evolución de esta morfología a lo largo del I milenio a.n.e., y la singularidad de sus producciones del siglo V a.n.e. en adelante. Esta misma realidad será probablemente común a otras formas de producción local que quedan todavía por definir con más detalle, pero cuya identificación será fundamental para comprender las particularidades que caracterizaron estas comunidades.