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Estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosméticos hallados en una píxide malacológica en Augusta Emerita (Mérida, Badajoz)

Bajarano Osorio, Ana M.,Bustamante-Álvarez, Macarena,Navarro Gascón, José V.,Marras, Susanna,Arteaga Rodríguez, Ángela

Abstract

En el presente artículo se da a conocer un hallazgo excepcional localizado en una de las áreas funerarias de la antigua capital de la Lusitania, Augusta Emerita. Concretamente se analizan funcional, tipológica y arqueométricamente una pixide malacológica que contenía durante el momento de su exhumación restos de su contenido. Además se aprovecha la ocasión para realizar un análisis contextual del hallazgo y se pone en relación con el fenómeno del cuidado femenino en época romana

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177 Texto recibido el 02/10/2018 Texto aceptado el 20/01/2019 SAGVNTVM (P.L.A.V.) 51, 2019: 177 - 195 ISSN: 0210-3729 ISSN online: 2174-517X DOI: 10.7203/SAGVNTVM.51.13121 Copyright: © 2019 Ana M. Bejarano et al. This is an open access paper distributed under the terms of the Creative Commons License, (CC BY-NC-SA 3.0), which permits unrestricted use, distribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited. Resumen: En el presente artículo se da a conocer un hallazgo excepcional localizado en una de las áreas funerarias de la antigua capital de la Lusitania, Augusta Emerita. Concretamente se analiza funcional, tipológica y arqueométricamente una pyxis malacológica que contenía durante el momento de su exhumación restos de su contenido. Además, se aprovecha la ocasión para realizar un análisis contextual del hallazgo y se pone en relación con el fenómeno del cuidado femenino en época romana. Palabras clave: Augusta Emerita, Pecten maximus, cosméticos, arqueometría. AbstRAct: In the present article an exceptional finding is presented. This was located in one of the funeral areas of the ancient capital of the Lusitania, Augusta Emerita. Specifically, a malacological pyxis was analyzed functionally, typologically and archaeometrically. It contained remains of its products during the exhumation. In addition, we carry out a contextual analysis of the finding and it is related to the phenomenon of female care in Roman times. Key words: Augusta Emerita, Pecten maximus, cosmetics, archaeometry. (1) Consorcio Ciudad Monumental Histórico-Artística y Arqueológica de Mérida. [email protected] (2) Dpto. Prehistoria y Arqueología. Universidad de Granada. [email protected] (3) Instituto de Patrimonio Cultural de España. ANA M. BEJARANO OSORIO1, MACARENA BUSTAMANTE-ÁLVAREZ2 , JOSÉ V. NAVARRO GASCÓN3, SUSANNA MARRAS3, ÁNGELA ARTEAGA RODRÍGUEZ3 estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosmético hallados en una pyxis malacológica en augusta emerita (mérida, badaJoz) Archaeological and Archaeometrical Study of the Cosmetic Remains Contained in a Malacological Pyxis from Augusta Emerita (Mérida, Badajoz) 178 ana m. beJarano osorio, macarena bustamante-álVarez, José V. naVarro gascón, susanna marras, ángela arteaga rodríguez pyxidas invenias et rerum mille colores Ovidio Rem. 353 INTRODUCCIÓN En el año 2000, y dentro de las labores de seguimiento arqueológico que realiza el Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida (CCMM), se procedió a la supervisión de los trabajos de cimentación destinados a la construcción de una nave industrial en el actual “Polígono Industrial Princesa Sofía” (n.º de reg. 2264). En estas zanjas de control se identificaron diversas estructuras de carácter funerario, incineraciones e inhumaciones, así como parte de la cimentación de una edificación de época romana no definida (Sánchez 2003: 247-250, lám. 9). En dicho contexto se encontró una pyxis malacológica bivalva que contenía restos de cosméticos, concretamente, una pequeña bola de conglomerado pulverulento de coloración rosácea parcialmente desmigada en algunos puntos. Ante la naturaleza del hallazgo y su débil consistencia se inició un protocolo de toma de muestras que permitiera, primero, su conservación y, segundo, que favoreciera un análisis arqueométrico compositivo posterior. En este trabajo se presenta el estudio integral de este excepcional hallazgo1. Se analiza, por un lado, el contexto de su aparición no sólo desde un punto de vista estructural sino de igual modo cronológico y de praxis. Por otro lado, se examina la pyxis funcional y tipológicamente, pero además, en este estudio se presentan los resultados de los análisis arqueométricos desarrollados en colaboración con el Instituto del Patrimonio Cultura de España (IPCE). También aprovechamos la ocasión para hacer un estudio comparativo con otras piezas de similar naturaleza localizadas en otros puntos del orbe romano, estableciendo posibles pautas comunes y divergentes en su uso. El trabajo que presentamos se motiva en la excepcionalidad del hallazgo, único en suelo emeritense y por los nuevos datos que los análisis arrojan sobre el mundo de los cosméticos en época romana y su naturaleza. LA INTERVENCIÓN EN EL ÁREA FUNERARIA DE LA ZONA N DE MÉRIDA El hallazgo se sitúa en un área periférica de la Colonia Augusta Emerita, concretamente al NE de la ciudad, un espacio que en los últimos años ha sido ampliamente urbanizado, permitiendo a la arqueología la obtención de interesantes datos para el conocimiento diacrónico de la zona. Partiendo de los recientes estudios llevados a cabo en esta área, algunos de ellos en fase de publicación, podemos determinar un uso inicial de la zona como espacio de carácter funerario, alejado del centro neurálgico de la ciudad de Augusta Emerita. Esta zona se encontraba articulada por un eje viario que, a tenor de lo documentado, presentaba una superficie de tránsito de piedras de diorita y cantos rodados compactados que quedó cubierta con una superficie de tierra. Además, cuenta en algunos puntos con resaltes pétreos en los laterales a modo de margines (Delgado 2017: 571-576; Méndez 2017: 634-637). Dicha vía extramuros se dirigía a la Colonia Metellinensis (Medellín) (Sánchez 2010: 140-141). De esta calzada se conoce gran parte de su trazado, al menos, en el entorno más próximo a la ciudad desde la que se encamina (fig. 1). La citada via salía por una de las puertas de la ciudad al SE del anfiteatro y atravesaba las áreas funerarias de “El Disco”, donde aparecía asociada a un pórtico (Ayerbe y Márquez 1998: 142-147), y el solar denominado “la Campsa”, donde se bifurcaba siguiendo la orientación del circo (Bejarano 2000: 317-319; Bejarano 2002: 230231). Esta calzada continuaba en su trazado bajo el actual edificio de Confederación Hidrográfica del Guadiana (Márquez 2017: 189-191, fig. 3). Separados de la vía por una pequeña banda de terreno, a ambos lados se disponían las estructuras funerarias, mausoleos y/o recintos de carácter individual o colectivo, así como numerosas sepulturas, mayoritariamente de cremación. A estos enterramientos y edificios se accedía a través de caminos secundarios o de servicio, que articularon un paisaje funerario similar a lo reconocido en áreas más próximas a la ciudad como la citada zona funeraria de “la Campsa” o “El Disco” (Márquez 2008: 450-451) La calzada debía estar en uso ya en los primeros decenios de la Colonia, y así lo pone de manifiesto su trazado, las sepulturas y edificios que se desarrollan en sus márgenes, cuyas dataciones, en base a los depósitos materiales asociados, se sitúa entre mediados del s. I y el s. II d.C. (Delgado 2017: 549-570; Méndez 2017: 583-627; Heras 2017: 171-185; Márquez 2017: 189199; Picado 2017: 207-220). A unos 50 m de este espacio funerario, sumamos los enterramientos hallados en la intervención que nos ocupa (Sánchez 2003: 247-250, lám. 9), uno de los cuales, la incineración A6, es objeto de este estudio. 179 estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosmético hallados en una pyxis malacológica en augusta emerita (mérida, badaJoz) La excavación, tal y como hemos indicado, estuvo limitada en su desarrollo por las necesidades de la obra enmarcada en una actuación de urgencia, aunque no obstante se pudieron documentar un total de seis enterramientos, así como vestigios de una superficie de opus signinum y parte de un muro. Entre todas las sepulturas identificadas, centra nuestra atención la A6. En función de los datos aportados por el arqueólogo, nos encontramos con una incineración de carácter primario en fosa de planta rectangular, bustum, excavada en la roca natural y delimitada por una línea negra-rojiza fruto de la termoalteración directa durante el proceso de cremación. Se registró parcialmente ya que se situaba bajo el perfil de la zanja y, por consiguiente, se perdía su extensión total bajo el mismo. Las dimensiones reconocidas se reducen a 1,53 m de longitud y 93 cm de anchura y presentaba una orientación E-O (fig. 2). El bustum aparecía colmatado con paquetes de rellenos generados por la pira funeraria. En dichos estratos, macroscópicamente, aparecían entremezclados fragmentos de hueso cremado, carbones de la combustión, así como restos cerámicos muy degradados. Sobre este nivel se colocaron los objetos que componían el depósito funerario, posicionados una vez que la pira había combustionado. Dicho conjunto apareció ordenado a lo largo del perímetro de la fosa dando la sensación de que existiese un proyecto premeditado en su colocación. En la zona más al O se ubicaron dos recipientes cerámicos, concretamente, una copa en paredes finas locales del tipo Mayet LXII decorada con lúnulas y Mayet XLII con aplicación de mamelones, ambas piezas datables en la segunda mitad del s. I d.C. (fig. 3). Al SO apareció un Pecten maximus completo (vulgarmente conocido como vieira) con sus dos valvas selladas por la charnela, que será analizado pormenorizadamente en los apartados venideros (fig. 4) y un vaso de vidrio azul decorado con brotes fitomorfos del tipo Isings 31 (fig. 5) (Sánchez 2018: 203-204, fig. 133); a lo largo del límite SE de la fosa se colocaron distintos objetos de vidrio, Fig. 1: Situación de la sepultura en Augusta Emerita (Consorcio Ciudad Monumental de Mérida). 180 ana m. beJarano osorio, macarena bustamante-álVarez, José V. naVarro gascón, susanna marras, ángela arteaga rodríguez concretamente cuatro pequeños frascos que se asocian a tres anforiscos, un ungüentario tubular Isings 8 (fig. 6, 6), y otro ungüentario Isings 82 a1 (fig. 6, 9), sendas jarras Isings 15 (fig. 6, 1 y 2), una botella Morin 13 (fig. 6, 10), dos jarras Caldera 38 (fig. 6, 3 y 4) y varios fragmentos de vidrio calcinado asociados a un ungüentario indeterminado. En el centro de la fosa se recogieron los objetos de hueso, concretamente un posible removedor con remate de piña (tipo Béal AXXI, I, fig. XXXIX, 728, fig. 3), otro culminado con remate a modo de balaustrada (tipo Béal AXX, 10, fig. XXXVI, 705-706, fig. 3), una ligula, un acus y tres botones de hueso (tipo Béal AXXXIII, 6, fig. LII, n.º 1085-1157, fig. 3). Destaca, además, la aparición de una pequeña caja de hueso de forma cuadrangular desmontable y con tapa corredera, formada por seis fragmentos que componen un pequeño recipiente de unos 4 cm por 5 cm (fig. 7). Cajas con similares características las encontramos en diversos enterramientos emeritenses como el hallado en el área funeraria de “la Campsa” o la c/ Leonor de Austria (Bejarano 2000: 315; Márquez 2005: 289, fig. 15). Un objeto similar es el arca localizada en uno de los ajuares de una tumba de la necrópolis de Cádiz (López de la Orden 2007: 86-87). Ésta además de presentar similares piezas a ensamblar, contaba con una abigarrada decoración que en el caso que nos incumbe parece haber desaparecido. También se han hallado varios objetos broncíneos, todos ellos en mal estado de conservación. Así, se registra una placa, coticula, un remate o aplique circular, un Fig. 2: A: Planta de la sepultura de incineración (Ana M. Bejarano, CCMM); B: Fotografía de los restos arqueológicos (P. D. Sánchez, CCMM). 181 estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosmético hallados en una pyxis malacológica en augusta emerita (mérida, badaJoz) medidor de bronce plegable (Feugère 1983: 39-43) (fig. 8), una ligula de pequeño formato y una moneda frustra. Finalmente son varias las piezas de hierro donde destacan fúrculas, clavos y pequeñas tachuelas que asociamos al lectus funerario. Junto a estas piezas, además, aparece un elemento tubular muy degradado de funcionalidad imprecisa que, a priori, también se podría asociar al lecho. En relación al cuerpo cremado, los restos conservados, muy obliterados y termoalterados no permiten hacer una adscripción antropológica del difunto en cuestión, ni por franja de edad ni por género. A esto hay que sumarle que, al estar ante un enterramiento parcialmente intervenido, los restos que han quedado sin exhumar podrían haber sido las partes más diagnósticas de este tipo de prácticas funerarias. Sin embargo, como abordaremos en puntos venideros, el depósito funerario creemos que es lo suficientemente significativo para establecer la posible adscripción del individuo cremado a una mujer. UNA PYXIS EN SOPORTE MALACOLÓGICO CON RESTOS DE COSMÉTICO De todas las piezas que aparecen en el conjunto, la más significativa por su singularidad es un ejemplar de Pecten maximus completo (fig. 4), que apareció aún cerrado durante el proceso de excavación, con sus dos valvas unidas por su charnela. Este ejemplar malacológico medía ca. 10 cm en su eje transversal partiendo desde el umbo por ca. 11 cm en su eje central. La valva convexa presenta unos ca. 3 cm de grosor. Una vez concluida la intervención se procedió a la abertura y limpieza del ejemplar. Como ya hemos indicado ambas valvas se preservan en un buen estado de conservación. Únicamente, en las zonas más distales de la línea paleal de la valva plana se puede advertir el deterioro y desgaste por el paso del tiempo. La valva plana presenta diez costillas radiales salientes y en sus dos orejas y en eje con el umbo del molusco se practicaron Fig. 3: A: Dibujo de algunas de piezas localizadas en el depósito: cerámicas y elementos en hueso; B: Imágenes de las piezas cerámicas y metálicas (Macarena Bustamante). 182 ana m. beJarano osorio, macarena bustamante-álVarez, José V. naVarro gascón, susanna marras, ángela arteaga rodríguez antrópicamente dos orificios circulares gemelos con otros dos posicionados en la valva convexa y que habrían servido para recibir un hilo metálico que enlazara ambas piezas, favoreciendo que su contenido interior no se hubiera perdido. Retirada la valva plana, que habría actuado de tapadera de lo que consideramos una caja, se pudo observar cómo la valva convexa estaba colmatada por la tierra que había amortizado el bustum (fig. 9). Tras la recogida y cribado de la primera capa sedimentaria se pudo documentar el pequeño fragmento de hilo de plata (fig. 10) así como una pequeña bola de morfología oblonga de escasamente 1,2 y 0,9 cm que resaltaba por su cromatismo rosáceo. Tras este hallazgo se procedió a la toma de una muestra con el fin de analizarla y así confirmar la hipótesis de trabajo que hemos barajado desde la aparición de este objeto, es decir, que estábamos ante una pyxis para contenidos cosméticos. LOS CONTENEDORES COSMÉTICOS: FORMAS Y USOS La utilización de este tipo de piezas para albergar productos cosméticos es un recurso ampliamente usado en aquellos productos de consistencia sólida y semisólida, sobre todo, ante el coste y el difícil acceso del soporte estrella, el alabastro –reclutado casi en exclusividad en las canteras de Naukratis en Egipto–, y que por sus características de opacidad lo hacían el idóneo para la contención de estos productos –Plin. Nat. XIII, 3– (Virgili 1989: 74). Por ello, pronto hubo que darle solución a este tipo de escasez, bien por medio de alabastrones de terracota o a partir de una tipología especial de recipientes, los aryballoi. Ya en época tardorepublicana y primo-imperial se comienzan a difundir los ungüentarios en vidrio y de cerámica, generando que los otros tipos de recipientes se redujeran a la mínima expresión (Camilli 1999). Fig. 4: A: Imagen de la vieira con restos de pigmentos; B: Imagen de la vieira limpia (Consorcio Ciudad Monumental de Mérida). Fig. 5: Dibujo y fotografía de la copa (Macarena Bustamante). 183 estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosmético hallados en una pyxis malacológica en augusta emerita (mérida, badaJoz) Para productos sólidos o semisólidos, como mascarillas, pigmentos o polvos se usaban pequeños botes de variada morfología y soporte. Estos recipientes, principalmente destinados a contener sombras y coloretes, ya eran comunes en época griega, respondiendo algunas de sus formas a prácticas y simbología más profundas que la propia decoración corporal (Grillet 1975: 3 y 55), caso de las conchas con una fuerte carga simbólica vinculado al mundo de la mujer. El uso del soporte malacológico como recipiente de cosméticos es antiquísimo, existen ejemplos en la ciudad sumeria de Ur en el 2500 a.C. con minúsculas conchas que contenían ya pigmentos usados con fines cosméticos. Fig. 6: Dibujo de los vidrios (Macarena Bustamante). Fig. 7: Dibujo y fotografía de la caja desmontable (Ana M. Bejarano, CCMM). 184 ana m. beJarano osorio, macarena bustamante-álVarez, José V. naVarro gascón, susanna marras, ángela arteaga rodríguez En el 1200 a.C., como demuestra la caja de belleza de Tutu, la esposa del escriba, el soporte conchífero se muta apareciendo a partir de ahora recipientes cerámicos con formas malacológicas (Virgili 1989: 74), quizás ante la necesidad de conseguir un soporte con mayor consistencia, robustez y capacidad. En relación a la naturaleza de las conchas, mayoritariamente, se usa el tipo Pecten (Virgili 1989: fig. 80, Fig. 9: Detalles de las distintas fracciones granulométricas del relleno de la vieira y de los granos de cosmético de mayor tamaño (Marras, Arteaga y Navarro, IPCE). Fig. 8: Dibujo y fotografía del medidor broncíneo (Ana M. Bejarano, CCMM). 185 estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosmético hallados en una pyxis malacológica en augusta emerita (mérida, badaJoz) Museo de Taranto) tanto en su soporte original malacológico como reproducido en otros materiales. Ejemplos de lo indicado los tenemos en Roma donde, en una sepultura infantil en Grottarossa, se hallaron dos valvas manufacturadas en alabastro que se encontraban unidas por un hilo de oro (Ascenzi et al. 1996: 205-218; Virgili 1989: fig. 81). También se encuentran ejemplares en ámbar o en metales preciosos, destacándose la argéntea localizada en el denominado como tesoro de Boscoreale (Giordiano y Casale 2007: fig. 11, 27), la concha de la sepultura de la tumba n.º 2 de la necrópolis de Vallerano y en la propia Mérida con una caja en plata hallada en la cercanía del lugar de aparición del ejemplar que traemos a colación, en el denominado como solar de “El Disco” (Márquez 2012: 164-165. n.º 54). De igual modo, en suelo emeritense se ha localizado, en su soporte malacológico y en un área funeraria al N de la ciudad, otra similar que conserva sus dos valvas y que se asociaba a un enterramiento femenino fechado a mediados del s. I (Márquez 2000: 530-531) (fig. 11). En la zona S, igualmente en contexto funerario, se halló otra cajaconcha similar, igualmente asociada a una incineración (Rodríguez, n.º reg. 8190, A35). Destacar también la presencia de un estuche formado por dos valvas así como tres conchas o valvas de molusco, estriado del área funeraria de la zona conocida como Viviendas protegidas (Álvarez Sáenz de Buruaga 1948: 42, lám. V, 3), dos ejemplares completos del entorno del Albarregas (Álvarez Sáenz de Buruaga 1956: 4) y uno procedente de la zona de El Servicio Nacional del Trigo vinculado con otros elementos asociables a la farmacopea (Álvarez Sáenz de Buruaga 1946: 5 46). El uso de estas píxides cosméticas con forma malacológica y el sexo de la mujer, han sugerido un juego metafórico sexual desde tiempos prehistóricos (Richlin 1995: 195). La concha, por su morfología, al tener dos valvas, presenta amplios paralelos con la forma del sexo femenino. Además, existe todo un sinfín de pasajes mitológicos en los que la concha adquiere fuerte significación con los ciclos reproductores. De igual modo, el uso de estos recipientes, también radica en la creencia generalizada de que el sexo de la mujer era desagradable y que el maquillado podría ayudar a mitigar dicha repulsión (Richlin 1995: 195), por consiguiente, la utilización de este tipo de recipientes ya nace con un carácter peyorativo hacia el sexo femenino. Fig. 10: Filamento de plata localizado en el sedimento de la vieira (Marras, Arteaga y Navarro, IPCE). Fig. 11: Caja-concha de la sepultura de incineración (Márquez 2000; Consorcio Ciudad Monumental de Mérida). 192 ana m. beJarano osorio, macarena bustamante-álVarez, José V. naVarro gascón, susanna marras, ángela arteaga rodríguez Propercio (Elegia i, 2, 21-22) es bastante claro al acusar a Cynthia de la excesiva ornamentación y sugiere que es mejor la belleza natural de Hipodamia: sed facies aderat nullis obnoxia gemmis / qualis Apelleis est color in tabulis (Sharrock 1991: 39). Horacio (Epodas 12, 10) viene a referirse a lo mismo en su opinión contraria al uso de estos productos debido a su poca durabilidad. También el uso de los maquillajes en conjunto con el peinado se asoció al mundo del erotismo (Wyke 2002), incluso algunos se manifestaron afirmando que el maquillaje no era más que un signo en contra de los dioses. Estas ideas reticentes sobre su uso estaban en parte amparadas en la idea de que la mujer por sí misma tenía un cuerpo imperfecto y que no tenía por qué ser reparado (Richlin 1995: 205). Platón (Gorg. 465b), en concreto, se refiere a su aplicación como una práctica viciosa e indigna de un hombre libre que se aleja de las prácticas moralistas romanas y de la belleza verdadera. Séneca (Ep. 114, 9), explícitamente, condena el culto al cuerpo. Todo ello parecía poner de manifiesto unas licenciosas prácticas sexuales no acordes con la moral romana y que algunos autores no dudan en tacharlo como una tradición anti-cosmética (Olson 2008: 59). Además, para otros escritores, el hecho de que se centrasen en su cuidado personal les distraía de su verdadera función de cuidadoras del fuego del hogar (Jenof. Economia X, 1-12). Según recogen las fuentes clásicas el color en algunas ocasiones se apoderaba de las caras, incluso hasta en los ojos (Plin. Nat. XI, 154). Como ya hemos esbozado previamente, son múltiples las fuentes textuales y tratados que nos hablan sobre cómo debía maquillarse la mujer empleando previamente una base inicial, una cataplasma a modo de máscara que tersaba la piel. También algunos autores como Ovidio (Ars Amand. III, 209-218) inciden que todos los preparados tienen que ser secretos, a modo de “arma” exclusiva de éstas. En relación al colorido, por ejemplo Ovidio en su Ars Amand. (III, 199-204), aconseja la creta blanquecina con miel y grasas que aportara brillo juvenil. Además exhorta a usar coloretes en determinadas partes del cuerpo para resaltarlo, como en los ojos, indicando que la palidez estaba más bien asociada al mal de amores. En ocasiones el color blanco, a modo de mármol, se asimila a las mujeres acicaladas y cándidas (Plin. Nat. XXXIV, 176). Si se quería colorido se le adjuntaba salitre o tierra rosa de Selina, también los posos de vino, ocre rojo, los intestinos del cocodrilo / crocodilea (Plin. Nat. XXVIII, 28), o un estrato de alga denominada como fucus (Plin. Nat. XXVI, 103). También se habla del uso del rojo (Ovid. Ars Amand. III, 269-270) como otro de los productos que les aportarían cromatismo a las figuras. En cuanto a los labios, se desconoce si había práctica sobre pintárselos pues no hay evidencias específicas sobre ello (Balsdon 1962: 262). Para hacer resplandecer la cara se ponía un polvo que era cristal triturado, de color gris-azul. También se usaba antimonio o stibium /tizne para las cejas y pestañas. Éste era aplicado con un delgado stick impregnado en aceite y/o agua (Juv. Sátiras 2, 94). Independiente del producto usado, algunos autores hablan de verdaderas obras de arte (Ovid. Ars Amand. III, 201). Todos estos productos eran de costosa adquisición y, desde muy pronto, hubo leyes que penalizaban las copias e imitaciones de estos lujosos artículos llegados desde oriente, tal y como se reproduce en las leyes de Solón (Virgili 1989: 9). Esto, sin embargo, no supuso que se lanzaran “líneas” de productos con precios más económicos y asequibles para el pueblo denominados por “docenales” (Plauto Poenulus, 267). En cuanto a si fueron o no colores tenues, no se puede precisar nada al respecto (Sharrok 1991: 39), quizás estamos bastante influenciados por la exageración por parte de los escritores detractores de estas prácticas. Junto a estos productos, existían remedios para mitigar determinadas imperfecciones, desde manchas (maculae), pecas (lentigines) o cicatrices (cictrices) –Plin. Nat. XXX, 28-30–. Algunos de estos remedios estaban hechos por el método do it yourself (Grillet 1975: 55). Pero los consejos de los textos no quedaban ahí, Marcial (IX, 37), por ejemplo, habla de cómo desmaquillarse proponiendo soluciones no agresivas para las usuarias. Esta práctica se complementaba con una higiene poco profusa. Ovidio, por ejemplo, nos describe que los brazos y las piernas debían lavarse diariamente (Ars Amand. III, 195-198). Sin embargo, Séneca incide en solo una vez a la semana en coincidencia con las nundinae o día de mercado (Sén. Ep. 86. 12). Es evidente que habría excepciones y casos excéntricos, caso de Poppea que se podía permitir un baño de leche de burra producido por 500 animales (Plin. Nat. XI, 238). En cuanto a la dentición también aparece recogido su cuidado en las fuentes (Ars Amand. III, 255-256). La práctica más difundida era el uso del nitrum, el sodio, el bicarbonato de sodio y la orina por sus propiedades blanqueantes (Plin. Nat. XXVIII, 178) , (VV.AA. 2010: 31). 193 estudio arqueológico y arqueométrico de restos de cosmético hallados en una pyxis malacológica en augusta emerita (mérida, badaJoz) Los ungüentos también fueron ampliamente usados por los romanos. En relación a su origen, Plinio (Nat. XIII, 3) indica que los ungüentos fueron inventados por los persas, tanto líquidos como secos / diapasmata. Según las fuentes, una de las fábricas más afamadas se encontraba dentro del templo de Herodes el Grande, una plaza codiciada por Cleopatra y que le fue ofrecida por Antonio (Virgili 1989: 21). Otros cuidados podía ser los depilatorios, bien a partir de pinzas / volsellae o bien a partir de cremas depilatorias psilothrum / dropax (Ars Amand. III, 194). Era tal el interés por esta práctica que había individuos dedicado en exclusividad a la depilación (alipibus). Algunos hombres también se depilaban, tenemos claro ejemplos en los mandatarios César (Suet. César, XLV) y Augusto usando una cáscara de nuez ardiendo (Suet. Augusto, LXVIII). CONCLUSIONES A lo largo de estas páginas se ha presentado un hallazgo que calificamos como excepcional, una pyxis malacológica con restos cosméticos en su interior. Recordemos que apareció en una cremación en bustum en el área funeraria oriental de la ciudad en la que, además de los restos del difunto, se localizó un copioso depósito funerario que hemos podido datar en la segunda mitad del s. I d.C. De todos los restos allí exhumados destaca por su excepcionalidad un ejemplar malacológico de Pecten maximus completo que presentaba en su interior restos de sedimento, así como resquicios de productos cosméticos. Ante eso se decidió enviar para su análisis las muestras que, a partir de las técnicas antes definidas, han podido caracterizar que estamos ante una pequeña bolita rosácea compuesta por laca de granza “rose madder” obtenida a partir del uso del alumbre frío como fijador. Esta receta viene a confirmar que la fórmula usada en la península Ibérica presenta fuertes rasgos comunes con los resultados obtenidos en las analíticas procesadas de Zaragoza (Pérez et al. 1996; Pérez et al. 2009). Aunque el uso del cosmético en la Antigüedad no quedó recluido en exclusividad al mundo de las mujeres, como se extrae en conclusión por las referencias textuales clásicas, sí hay autores que apuntan directamente a su asociación con el mundus muliebris. Ante la ausencia de efectividad en los posibles estudios antropológicos que permitan definir si estamos o no ante una mujer, tenemos algunos elementos materiales que sí podrían aportarnos indicios de esta indudable asociación. En primer lugar, la caja cosmética, no sólo por su funcionalidad sino por su propia morfología malacológica. En segundo lugar, la presencia abultada de frascos asociables a ungüentos y perfumes. En tercer lugar, la aparición de algunas piezas ebúrneas (caso de agujas o botones) claramente vinculables a actividades de mantenimiento de corte femenino. Sin embargo, existe un elemento, el medidor broncíneo que quizás se escape de la esfera femenina y pudiera ser alguna reminiscencia de alguna actividad familiar. Además del sexo de la difunta tampoco creemos que haya dudas sobre la capacidad adquisitiva de la misma. La parquedad de la estructura funeraria daba pie a pensar inicialmente en este dato, sin embargo, la confirmación del mismo viene por el análisis del depósito funerario donde no se localizó ningún elemento suntuoso. Aunque las piezas que se localizan pueden inferir que estamos ante un ajuar individual, tampoco es descartable que estemos ante una ancilla/esteticien atendiendo a los objetos allí localizados (Stewart 2007: 114) ya que los depósitos funerarios, en múltiples ocasiones, reproducen la esfera socioprofesional del difunto. Sin embargo, el número de variantes tipológicas asociadas a esta profesión es muy amplia, ponemos como ejemplo la figura de Psecas entendido como el profesional encargado de untar específicamente el aceite sobre la cabellera del cliente (Juv. Sat. 6, 491). Independientemente de ante quién estemos, es indudable que este tipo de ajuares y prácticas cosméticas se asocian con la sexualidad y sensualidad femenina de época antigua (Olson 2008: 58-59). NOTA 1. Agradecemos a D. Pedro D. Sánchez Barrero, arqueólogo del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida y responsable de la intervención, la posibilidad de estudiar el depósito material de esta sepultura. BIBLIOGRAFÍA ÁLVAREZ SÁENZ DE BURUAGA, J. (1946): Museo Arqueológico de Mérida (Badajoz), Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales, 1945 (Extractos), V, 4-10. ÁLVAREZ SÁENZ DE BURUAGA, J. (1948): Museo Arqueológico de Mérida (Badajoz), Memorias de los Museos Arqueológicos Provinciales, 1947 (Extractos), VIII, 39-45. 194 ana m. beJarano osorio, macarena bustamante-álVarez, José V. naVarro gascón, susanna marras, ángela arteaga rodríguez ÁLVAREZ SÁENZ DE BURUAGA, J. 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