Ti an , 23 (2020), pp. 177-189
ISSN: 1579-7422
Ti an , 23 (2020), pp. 177-189
DOI: 10.7203/ i an .23.19172
Una bu la de Feliciano de Sil a sob e el homb e sal aje
en la Te ce a pa e del Flo isel de Niquea1
Feliciano de Sil a’s Joke Abou he Wild Man Played
in he Thi d Pa o Flo isel de Niquea
Albe o del Río Nogue as
(Uni e sidad de Za agoza)
Resumen
Es udio de un episodio de la Te ce a pa e del Flo isel de Niquea de Feliciano de Sil a (capí ulo 77) en el que se com-
binan una bu la ( ecaudo also) al legenda io homb e sal aje, en su unción de enan e en la he áldica, y las enseñan-
zas mo ales que de i an del asal o al Cas illo de Amo . Se esal a la simili ud con las ep esen aciones del mo i o en
able as de esc ibi , co ecillos y espejos de ma il de la época.
Palab as cla e
Homb e sal aje, lib os de caballe ías, Feliciano de Sil a, Flo isel de Niquea, Cas illo de Amo , He áldica
Abs ac
This pape ocuses on he chap e 77 om he Thi d pa o Feliciano de Sil a’s Flo isel de Niquea. The plo combines
a p ac ical joke ( ecaudo also) played on he legenda y wild man, used as he aldic suppo e , wi h he mo al lessons
de i ing om he Assaul on he Cas le o Lo e. I highligh s he simila i y wi h he con empo a y a is ic ep esen-
a ions o his mo i on i o y w i ing able s, caske s and mi o s.
Keywo ds
Wild man, Books o Chi al y, Feliciano de Sil a, Flo isel de Niquea, Cas le o Lo e, He ald y
Recibido: 01/09/2020
Acep ado: 10/10/2020
1. Es e abajo se insc ibe en el ma co del P oyec o de In es igación FFI2016-75396-P del Minis e io de Economía y Compe i i idad,
y en las a eas del g upo Cla isel, sub encionado po el Depa amen o de Ciencia, Tecnología y Uni e sidad del Gobie no de A agón
y po el Fondo Social Eu opeo.
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Pa a Pe, en su cas illo a las a ue as de la ciudad
El genio bu lón de Feliciano le encumb a como maes o indiscu ible del humo en los lib os
de caballe ías. Al in ui con su isión eno ado a las en ajas del a amien o jocoso, decidió ex-
plo a los indicios dispe sos en sus an eceso es e in oduci con acie o bu las y sales en busca
de la amenidad. C eó pa a ello una se ie de pe sonajes que han dejado un ecue do isueño en la
memo ia de los a icionados a sus lib os. El ío o mado po Busendo, Ximiaca y el pas o Da inel
pone en sol a los excesos de la pe spec i a na u alis a del sen imien o e ó ico con un pun o de
is a i ónico y dis anciado sob e la en e medad de amo y la ans o mación de los aman es, a la
ez que se da sin con emplaciones a esa e a d amá ica p ima ia de la isa en emesil, hecha de
puñadas, epelones y iolencia chusca. Pe o es F audado de los A dides quien, sin luga a dudas,
acapa a una bien me ecida ama al lle a al espacio pa adigmá ico de lo es as, enc ucijadas de
caminos y al ededo es de cas illos, los alsos ecaudos y el a e de mo eja p opios de las o mas de
sociabilidad cu ial. El ema ha sido a ado con acie o en el lib o pione o de C a ens (1976) y en
la excelen e monog a ía de Daniels (1992). En es a mínima no a, que o ma pa e de un es udio
en cu so sob e el a amien o del homb e sal aje en los lib os de caballe ías, p e endo exclusi a-
men e llama la a ención sob e un cu ioso episodio a uel as con el asal o al Cas illo de Amo y
con las unciones que el pe sonaje legenda io suele desempeña en el mundo é eamen e codi i-
cado de la he áldica2.
Resumo, an es de nada, las ci cuns ancias de la es i a a en u a que iene sus an eceden es en
la ba alla de Da aida con a el mons uo Ca alión. En el capí ulo 71 de la Te ce a pa e del Flo isel
de Niquea, ambién conocido como Rogel de G ecia I 3, se cuen a cómo de esul as del ex enuan e
comba e, la encedo a, que esconde a Agesilao dis azado de doncella gue e a, queda con a-
lecien e de sus he idas. Se á Gal azi a quien eciba el enca go de lle a el cue po disecado de la
bes ia, jun o con una ca a, a Diana, su mad e y p incesa de Guindaya. Pa a el la go iaje ha án de
escol as Moncano y Ba ba án, caballe os ancianos, según dela a la condición pa lan e de sus nom-
b es4, y iejos conocidos del lec o . Ac úan de ali io de caminan es en es a nue a expedición, con
sus excen icidades y conduc a deso denada. De hecho, no es la p ime a ez que su en las b omas
de F audado , pues en el capí ulo 56 se había enca gado de idiculiza sin ambages la p e ensión
de eju enece de los dos ejes o ios. El caballe o bu lado les engaña haciéndoles c ee que las
aguas de una uen e ce cana son e ec i as a al p opósi o:
Pues yendo Ba ba án e Moncano con el ca alle o de la lo es a, a poca pieça que u ie on
andado, llegando a un esco alle el ca alle o les dixo:
– Digo’s, seño es ca alle os, que aquí ayuso es á una uen e con una i ud que pienso
que no la sabe sino yo e la dueña mi sueg a, que a lo menos a ella assaz le ha ap o echado.
– ¿Qué i ud es éssa? –dixo Moncano.
2. Mon ane (1999) dedica unas páginas a la he áldica en los lib os de caballe ías que o ecen ambién excelen e undamen ación
eó ica y un ú il epaso diac ónico a la ciencia del blasón. Es modélico el abajo de Ma ín Pina (2014-2015) en su aplicación al
Mexiano de la Espe anza.
3. Uso la edición de Ma ín Lalanda (1999) y en e pa én esis indico el núme o de página, pe o engo en cuen a, al modi ica pun ua-
ción y mínimos de alles, la de Se illa, Juan C ombe ge , 1546. Véase pa a los p oblemas de denominación Eisenbe g-Ma ín (2000).
4. Codu as B una (2015).
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– Po lo que os p ecio os di é lo que no pensé dezi a ninguno. Y es que bebiendo d´ella
y la ando las ba bas y los cabellos o na a los homb es como de la p ime a edad (167).
En ealidad, la alsa Fuen e de la Ju en ud es una e a pa a oba les los caballos. Dibujados co-
mo p esun uosos y machuchos co esanos que no ap enden la lección, uel e a enga usa los bajo
pa ecidas excusas en un segundo encuen o, el del capí ulo 77. Me de end é en él po que ahí se
desencadena la bu la inal, obje o de mi a ención. El a anque del episodio iene un incon undible
ono de his o ia enga zada que ecue da los mecanismos de inse ción en las colecciones de cuen-
os: un g upo de pe sonas ecluidas en e ienen sus ocios escuchando his o ias a la ez amenas y
edi ican es; con una so p enden e no edad en es e caso: g acias a la ma a illa de una poma mági-
ca, los eunidos en la To e del Espejo pueden ambién e a las damas y caballe os de la a en u a.
Es el sabio Alqui e quien sugie e el ema de la elada:
A g an solaz es a an es os p íncipes en la Ínsula no hallada con Alqui e e U ganda y, po
haze les plaze , en an o que U ganda es a a ezia pa a su jo nada, cada día el sabio les
mos a a en el espejo de la o e muchas a en u as, en e las cuales un día les dixo que, si
que ían ene paciencia de no do mi una noche, que les mos a ía una a en u a de que
holgassen. Ellos dixe on que no holga ían de cosa más, po que si el sueño los aquexasse,
en su mano es a a i se a sus lechos. Y con es o, ya que a ían comido, él se sube con ellos a
la To e del Espejo y, pues os a su plaze , ie on la p esen e a en u a (237).
La p o agonizan los mismos pe sonajes de la an e io , que unciona como an eceden e de la
nue a e a, o eciendo, según pasan e is a al engaño, ma e ia de e lexión y solaz pa a en e e-
ne la jo nada: «Y caminando con mucho plaze , o o día que del pue o salie on, i an passando
iempo en la bu la que F audado de los A dides les a ía hecho. Y Ba ba án y Moncano dezían
que a ían quedado a isados pa a no se engañados o a ez [...], yendo en es a o ma passando
muchos donai es» (237-238).
En es e segundo encuen o, F audado encub e su iden idad in en ando una excusa caballe-
esca pa a no desp ende se del yelmo, lo que pe mi e el nue o engaño a los incau os. Es a ez les
ien a con la p esencia de dos damas acompañan es que dicen se sus he manas y en ablan una
con e sación de sob een endidos e ó icos con los ancianos. La ecues a de amo íos acaba con la
p omesa de un encuen o u i o en el que los p e endien es debe án se izados po las jó enes en
sendas cue das pa a sal a la gua da del cas illo en que se les ecluye po las noches. El esul ado,
aunque p e isible, se a p epa ando en e diálogos ingeniosos de unos y o as.
– Mis buenas seño as, no’s pa ezca que somos an iejos como cuidáis, po que en la ie a
donde somos odos ienen los cabellos y ba as blancas, que más moços somos de lo que
cuidáis.
– Assí me semeja a mí –dixo una d’ellas–, pues las palab as de amo mues an lo que dezís,
mas que la na u aleza de ues a ie a que no me semeja buena.
– ¿Po qué no’s semeja buena? –dixo Ba ba án.
– Po que –dixo ella– mejo me pa ecie a si en la ejez los homb es o na an moços que
en la niñez haze los iejos como me semejáis.
– Pues no os lo pa ezca –dixo Ba ba án– que a pun o es amos que, si omáis nues o con-
sejo, que os desengaña emos d’esse pensamien o.
La donzella se ió e dixo:
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–Si an segu as es u iéssemos de la bondad del desengaño como de la azón del consejo
ha íamos lo que pedís, po que ues a is a pide el consejo e niega el desengaño (238).
La sol u a del au o en el manejo de con e saciones plagadas de agudezas y equieb os a di i-
giendo la anécdo a hacia el clímax de una b oma que en la e minología de El co esano de Cas i-
glione co esponde ía a un ecaudo also, según aducción de Boscán de lo que es una bu la hecha
o po ob as5. La a imaña, que deja a los p e enciosos galanes suspendidos de las almenas y en
paños meno es, iene sus an eceden es clásicos: ecué dese a Vi gilio, en un episodio del Sa y icon
de Pe onio, expues o a la e güenza pública en cas igo po su deso denada inclinación hacia las
muje es. La leyenda la ecoge, en e o os, el A cip es e de Hi a pa a ilus a el pecado de luju ia
en su deba e con don Amo 6.
Feliciano hace gala de buen manejo de la cul u a a is oc á ica y, en un momen o p eciso de la
a en u a, pone la guinda con una alusión he áldica que no pasa ía inad e ida al público amilia-
izado con la ciencia del blasón. El episodio se p epa a minuciosamen e en sus de alles: como he
dicho, se debe supe a el mu o de la o aleza pa a sal a el encie o de las damas; los a en u e os
han de se izados has a las almenas y, en consecuencia, esuel en i lige os, «en calças y jubones».
El engaño deja a los dos suspendidos, «has a más de un es ado más al o que la pue a», en pe -
ec a sime ía a uno y o o lado del din el. Po que de esa mane a, y según ad ie en las bu lado as
(«seño es ca alle os, a ended, que ya os aemos la compañía que os haze menes e »), pueden
coloca en e ambos el pellejo disecado de la bes ia Ca alión. Se compone así un egocijan e es-
cudo de a mas con dos idículos enan es, cuya iliación acla a poco después F audado de los
A dides: «Y po lo mucho que amo y es imo a la seño a Da aida quie o pone essa bes ia, que
son sus a mas, sob e la pue a d´es e cas illo, y que las engan dos an he mosos sal ajes» (240).
La alusión no es g a ui a y da cuen a de cómo el es amen o nobilia io ha hecho suyos los aspec-
os posi i os de un pe sonaje ambi alen e, a medio camino en e el emo que inspi a su p esencia
amenazan e, de aspec o e oz, y su asociación o émica con los i os inculados a la e ilidad. Los
es ejos que an del sols icio de in ie no al esu gi de la p ima e a lo e igen en p o agonis a, po
cuan o es igu a inculada al bosque p imo dial y a las ue zas de eno ación, ci adas en el ciclo
de las cosechas y el e o no de la ida7. P ecisamen e po esa unción de alismán, la he áldica le
ese a a pa i del siglo XIV un pues o des acado como sopo e de escudos de a mas (Fig. 1):
conjuga ue za b u a y augu ios de ecundidad pa a la es i pe8. E iden emen e, la b oma de Feli-
5. Véase Mo eale (1959, ol. I: 218), quien llama la a ención sob e el desdoblamien o del é mino o iginal bu le. Pueden e se am-
bién: Ma ín Pina (2002) y Río Nogue as (2004).
6. En las es o as 261 ss. se encon a á el episodio que ue comen ado po Lecoy en 1938. Empleo la eimp esión (1974: 170-171)
con ma e ial añadido de Alan Deye mond. Véase la no a de la edición de Jose (1981) con bibliog a ía suplemen a ia y el ecue do de
o a mención, la del A cip es e de Tala e a en su Co bacho ( ol. I: 17). A los an eceden es pod ían añadi se, igualmen e, las secuelas:
el Caballe o Me abólico del Ci ongilio de T acia de Be na do de Va gas, inspi ado sin luga a dudas po F audado , deja colgado de una
ces a al escude o enca gado de negocia el esca e de las caballe ías sus aídas a sus amos. Eisenbe g ecue da el episodio en elación
con la b oma, de simila es esul ados, gas ada a don Quijo e po Ma i o nes en el capí ulo 43 de la P ime a pa e. Véanse Río Nogue-
as (2004) y las ma izaciones de Sa ma i (2008).
7. Es inexcusable ci a los dos abajos clásicos sob e el pe sonaje: Be nheime (1952) y Husband (1980). Es e úl imo con excelen e
apa a o de imágenes. Pou eau (2014) asciende con c eces el en oque iconog á ico que con iesa en el í ulo y en a po de echo
p opio a con o ma , jun o con los dos ci ados, la íada básica sob e el es udio del homb e sal aje. Pa a el ámbi o español se con-
sul an con p o echo el epaso pione o de Deye mond (1993), cen ado en la no ela pas o il, y el muy buen pano ama gene al de
López-Ríos (1999).
8. El adelan o a p incipios del siglo XIV de los da os c onológicos sob e he áldica se halla á en el lib o de Pou eau (2014).
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ciano juega en p incipio con ese empleo: Ba bacán y Mon ano son los enan es del escudo; és e
luce el o eo del mons uo aba ido como mo i o p incipal del campo. Pe o no ol ida, en abie a
amenaza de F audado a los bu lados, o as combinaciones posibles: «Y pues an o amo enéis
a Da aida, jus o es que la si áis po sal ages de sus a mas, ya que a mí a éis se ido, po el amo
que enéis a mis he manas, de an gen iles mancebos. Y quedad a la mala en u a si no que éis se
sal ajes po cabeças o pellejos de bes ias mue as como ess’o a bes ia, pues lo pide ues a edad»
(24). El ono an a ón de la ad e encia les conmina a es a ag adecidos po no habe acabado
con las cabezas expues as en algún cua el, según la cos umb e de an os o os escudos de a mas.
No obs an e, las implicaciones no se limi an al e eno de la he áldica. Admi amos que la apa-
iencia de Ba bacán y Mon ano poco iene que e con la habi ual en las ep esen aciones del
homb e sal aje, pues nada hay que aluda a lo hi su o de su p esencia o a la asociación con pám-
panos y hied as que suelen co ona su cabeza y ocul a sus e güenzas. Y habiendo cambiado la
inexcusable maza, o onco sin desbas a , po sus espadas, asgo disonan e en el conjun o9, su
adsc ipción a la ca ego ía de homb es sal ajes p ocede más bien de la p o e bial ijosidad de sus
conduc as. El da o, de nue o, apun a a lo ambi alen e: su ac uación como ap o es y asal an es
iolen os iene acompañada en el imagina io de la cul u a co esana de un innegable a ac i o
e ó ico. De ahí que se les haga pa icipa , como ac o es des acados, en es ejos donde no al an
lances comp ome idos pa a las damiselas palaciegas10. Ba bacán y Mon ano asedian a las jó enes
con su ape i o sexual explíci o, siguiendo las pau as de compo amien o del pe sonaje legenda-
io, aunque opo unamen e dis azadas aquí con los juegos de palab as y excesos de la eligión de
amo ; a empe ados, si acaso, al y como ma ca la e ó ica li e a ia, con los eu emismos y dobles
sen idos del lenguaje poé ico:
– La o den –dixo una d’ellas– se á pelig osa y abajosa pa a ós.
– No ay pelig o ni abajo pa a goza de al glo ia –dixo Moncano. [...]
– Al in ie no po ues o amo nos a e e íamos a baxa , cuan o más a subi donde es án
ales ángeles y goza de la glo ia pa a sali de la pena que ues a he mosu a nos da (239).
El encuen o, que iene luga , p ecisamen e, en el ámbi o p opio de los asal os so p esi os en
la lo es a, mo ada po excelencia del pe sonaje, se despliega con una in e sión malin encionada,
pues, en ealidad, son ellos los so p endidos po la compaña de F audado en su jo nada de cami-
no. Con píca as a es de seducción, las he manas del cua e o obligan a sus íc imas a desempeña
el papel de compa sas en una des e nillan e pues a en escena del asedio al Cas illo de Amo .
El mo i o es de sob as conocido en la li e a u a y las a es de la época y gozó di usión excep-
cional en la li e a u a alegó ica, así como en el cancione o cua ocen is a y sus de i ados. En las
a es deco a i as son abundan es las apa iciones de la escena, an o en pequeños co es de ma il
(Figs. 2 y 3) como en ablillas pa a esc ibi no as sob e ce a (Fig. 4) y en más de un peine (Fig. 5)
y algún que o o sopo e pa a espejo de mano (Fig. 6), po no habla de pin u as mu ales, apices
9. No obs an e, se encuen an excepciones en la ep esen ación de sus a mas. Así, po ejemplo, en las ilus aciones del manusc i o del
Roman d’Alexand e (B i ish Lib a y, Royal Ms. 20 B.xx) blanden espadas y jabalinas. Véase Husband (1980, n.º 5). En el olio 15 º. del
Lib o de ho as conse ado en la Biblio eca Beinecke se puede obse a a un homb e sal aje cabalgando un caballo y manejando una
espada; en el olio 92 º. se p esen a con una alaba da y en el olio 24 º. ca ga una balles a. Véase Cahn y Ma ow (1978: 173-284).
Pou eau (2014: 119-127) se ocupa b e emen e del con enido. Comen o algunos aspec os en Río Nogue as (en p ensa).
10. Recué dense los amosos es ejos de Binche en 1559 con ocasión del Felicísimo iaje del p íncipe Felipe. Los sal ajes i umpen
en el sa ao, ap an a las damas y las asladan a un cas illo del que hab án de se libe adas en la jo nada siguien e. Da de allada c ónica
Cal e e de Es ella (2001). Véase Río Nogue as (2012).
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y manusc i os ilus ados11. Sus p ime os egis os coinciden con el siglo XIV y llegan, en lo que
aho a nos in e esa, a alcanza la p ime a mi ad del XVI. P obablemen e, no es casualidad que esos
obje os compa an, jun o al mo i o cen al del asedio, igu aciones de Vi gilio colgado de la ces a
y bu lado po una dama (Fig. 7), de A is ó eles cabalgado po Filis (Fig. 8), de la Fuen e de la
Ju en ud (Fig. 9). Es la habi ual cons elación de emas que su ge cada ez que se a a del amo y
sus pelig os. Es ob io que no podían al a ampoco en los capí ulos del Rogel comen ados.
Pe o quie o de ene me en una cu iosa ep esen ación del mo i o ecogida en una id ie a ale-
mana con las a mas de la amilia Huppe, pa icios de la ciudad de Colonia (Fig. 10). Ha sido ex-
celen emen e comen ada po Husband en su ca álogo clásico12. Es, en ealidad, una asposición
del mo i o del asedio amo oso a la iconog a ía del homb e sal aje. En las escenas que odean el
blasón apa ecen es de es as igu as asal ando el Cas illo de Amo . Desde lo al o los eciben unas
damas que, po oda de ensa, a ojan diademas y pé alos de lo es desde las almenas13. Los dos
asal an es jó enes se enca aman a sendas escalas que ocupan los lancos o lóbulos de la id ie a.
El sal aje anciano, sin emba go, acasa en su in en o y queda malpa ado en la base del conjun o,
asido con mucho apu o a las mi ades o as de su escale a. La in ención sa í ica se comen a po sí
sola y no es muy di e en e, en el ondo, a la esg imida po Feliciano: idiculiza las p e ensiones
e ó icas de la ejez. Esa alusión inal a los sal ajes en el culmen de la b oma conjuga muy ingenio-
samen e una unción he áldica, p opia de la igu a legenda ia, con su p o e bial a acción po las
muje es y si e pa a us iga los in empes i os deseos de Ba ba án y Moncano en su asedio allido
al Cas illo de Amo . El genio del p olí ico esc i o acie a al p esen a los en una pues a en escena
que esal a los aspec os isuales de la a en u a. Compa iendo elada con los pe sonajes ecluidos
en la To e del Espejo, jun o a U ganda y Alqui e, asis imos al bocho no de los bu lados, de modo
no muy dis in o a como las dueñas de esas a qui as, peines y espejos dis u a ían de ellos: admi-
ando la exquisi ez del abajo a ís ico, pe o sin ol ida los cas igos mo ales escondidos en e sus
allas, azos y pe iles14.
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11. Desde el emp ano a ículo de Loomis (1919) y el in en a io con minucioso es udio de Koechlin, di e sos au o es se han ocupa-
do de su es udio y ca alogación. Resume bibliog a ía el abajo de Pé ez González (2016).
12. Husband (1980), n.º 13.
13. Es ese uno de los aspec os que han se ido a la c í ica pa a elaciona los con celeb aciones es i as ligadas an o a enlaces nupciales
como a i os p ima e ales. Véase la discusión en Husband (1980) n.º 12.
14. Roy (2003), en una cuidada a gumen ación, aboga po in e p e a las escenas de es os obje os como un speculum amo is comple-
men a io de los a ados mo ales.
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Una bu la de Feliciano de Sil a...
Fig. 2. Co e de ma il con escenas caballe escas (Pa ís, c. 1310-1330).
The Me Clois e s. Nue a Yo k
Fig. 3. Panel ase o del co e de la Fig. 2 con el asal o al Cas illo de Amo