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MedievalisMo, 30, 2020, 527-531 · issN: 1131-8155 527 FerraN esquilache Martí, Els constructors dE l’Horta dE València. origEn, EVolució i Estructura d’una gran Horta andalusina EntrE Els sEglEs VIII i XIII, PublicacioNs de la uNiversitat de valèNcia, col·lecció història, valèNcia, 2018, 451 Págs. isbN: 978-84-9134-372-1. viceNt royo Pérez Universidad de Zaragoza La obra de Ferran Esquilache aborda un tema tratado hasta ahora con una cierta amplitud y la misma disparidad. Como el autor reconoce en la introducción, el análisis del espacio conocido como l’Horta de València ha ocupado a muchos investigadores desde del siglo XIX y, además, las aproximaciones realizadas han sido muy variadas. Geógrafos, ingenieros, arabistas e historiadores, entre muchos otros, han intentado esclarecer el origen, la morfología y la funcionalidad de este amplio espacio de regadío, que ha caracterizado el paisaje pasado y presente de la ciudad de Valencia y su entorno más inmediato. En la amplia atención suscitada por la Huerta, dos han sido los temas que han acaparado de manera preferente el interés de los especialistas en diferentes disciplinas. En primer lugar, se ha tratado de discernir su origen romano o musulmán y, una vez asumida su construcción a partir de la conquista árabe, el foco se ha dirigido a descifrar si su concepción y articulación correspondieron al estado o a los grupos de campesinos que se instalaron tras la ocupación. En relación con ambos temas, se han sucedido agrias discusiones que han generado posiciones muy contrapuestas, todavía hoy vigentes e igualmente contradictorias. Estas mismas controversias historiográficas surgidas alrededor de la Huerta y de los espacios irrigados andalusíes están detrás de la investigación de Ferran Esquilache, decidido a realizar un análisis profundo del paisaje y la sociedad que lo modeló. Una motivación y una intención que se perciben nítidamente desde el inicio de su obra, cuando tilda de “falsos debates” la discusión generada acerca de las líneas de interpretación antes mencionadas. Para desmontar muchas de las ideas preconcebidas y las posiciones férreamente asumidas por una parte de la historiografía, Ferran Esquilache realiza una ingente tarea de análisis que le lleva a perfilar con mucha precisión el origen, la caracterización y la evolución de esta gran huerta fluvial. Sin lugar a duda, se puede afirmar que su estudio constituye el primer análisis sistemático y global de la Huerta, DOI: http://dx.doi.org/10.6018/medievalismo.455751
Vicent Royo PéRez MedievalisMo, 30, 2020, 527-531 · issN: 1131-8155528 del mismo modo que es uno de los primeros estudios sistemáticos de un amplio espacio irrigado a partir de un río. El libro de Ferran Esquilache es producto de su tesis doctoral, que fue defendida en la Universitat de València en 2016. Eso sí, el mismo autor expone que, tras el trabajo inicial, ha introducido sustanciales modificaciones en ciertos aspectos porque, como bien sostiene a lo largo de la publicación, aunque se presente como un producto ya acabado en forma de libro, la tarea de investigación continúa abierta todavía. De hecho, el autor reconoce en diferentes ocasiones que, ahora mismo, no es posible confirmar con rotundidad ciertas hipótesis por falta de fuentes documentales, paradigmas interpretativos y datos arqueológicos, unas ideas que tendrán que ser ratificadas, precisadas o desmentidas tras otras investigaciones sistemáticas. En este sentido, es necesario resaltar la perpleja sinceridad con la que se expresa el autor durante toda la obra, impropia muchas veces del ámbito académico. Como ya se ha dicho, la obra se abre con una introducción (pp. 17-40) en la cual el autor sintetiza las contrapuestas posiciones historiográficas articuladas en las últimas décadas sobre los espacios agrarios andalusíes. También aquí describe con una gran sencillez la metodología utilizada para llevar a cabo el trabajo de campo, basada en la aplicación de las técnicas pertenecientes a la conocida primero como arqueología hidráulica y, posteriormente, de una manera más global, como arqueología agraria. Además de la prospección y el análisis de la morfología de los espacios agrarios, Ferran Esquilache maneja también los datos aportados por distintas excavaciones arqueológicas ejecutadas en la ciudad de Valencia y su entorno más inmediato, una importante cantidad de fuentes escritas –árabes y feudales– y diferentes interpretaciones antropológicas de los grupos bereberes realizadas básicamente en los dos últimos siglos. En este apartado, el autor también anuncia con rotundidad su objetivo: conocer la sociedad andalusí a través del estudio de los espacios agrarios irrigados. Sigue a esta introducción un primer capítulo (pp. 41-115) que sirve a Ferran Esquilache para realizar un extenso estado de la cuestión sobre la sociedad rural andalusí. En este apartado, el autor analiza las diferentes interpretaciones existentes sobre los grupos campesinos andalusíes e intenta resolver algunas de las cuestiones fundamentales que todavía no tienen una respuesta contundente, como puede ser el proceso de “destribalización” de la sociedad andalusí a partir de la constitución de un estado fuerte. Declarado desde el inicio firme partidario de las tesis interpretativas de Miquel Barceló, Thomas F. Glick y Pierre Gichard, esta contraposición entre comunidades campesinas organizadas mediante un sistema tribal y el estado vehicula la obra de Ferran Esquilache. Si bien reconoce que ambas estructuras no son excluyentes, defiende desde las primeras palabras de la obra el absoluto protagonismo de las tribus bereberes en la construcción original de los diferentes sistemas de irrigación que componen la Huerta de Valencia. El segundo capítulo (pp. 117-136) está dedicado a presentar la zona de estudio, fundamentalmente a partir de la descripción del medio natural y la red viaria histórica. En este punto, se hace especial hincapié en algunas de las estructuras romanas, sobre todo
Ferran esquilache Martí, Els constructors dE l’Horta dE València. origEn, EVolució i… MedievalisMo, 30, 2020, 527-531 · issN: 1131-8155 529 los caminos que sobreviven durante el periodo visigodo y, posteriormente, determinan la planificación de la red de alquerías y zonas de cultivo articulada por los musulmanes. Porque, en efecto, el autor sitúa en la etapa andalusí el momento de construcción de las bases físicas e hídricas de los ocho sistemas hidráulicos que conforman la Huerta de Valencia. Esquilache acomete en el tercer capítulo (pp. 137-220) un amplio y sistematizado análisis morfológico de cada uno de ellos, un estudio que se complementa con un magnífico cuerpo de gráficos, ilustraciones y mapas situado al final de la obra (pp. 435-451). Hecha la descripción, el autor expone en el cuarto capítulo (pp. 221-243) los criterios morfológicos que sirven para distinguir los parcelarios andalusíes y los feudales. Gracias a ello, Ferran Esquilache es capaz de identificar un total de 90 espacios agrarios construidos por los musulmanes instalados en la región a partir del siglo VIII. Más aún, el autor combina este análisis morfológico con las diferentes fuentes escritas y arqueológicas para establecer las fases de construcción de la Huerta. Esta cuestión se aborda en los capítulos quinto y sexto (pp. 245-276 y 277-303, respectivamente), ambos fundamentales en el conjunto de la obra para conocer los cambios sociales acontecidos a lo largo de los siglos y, de su mano, la evolución que experimenta el paisaje. El propio Ferran Esquilache reconoce que la falta de más datos arqueológicos impide establecer con más rotundidad y precisión la cronología. Aún así, propone la existencia de tres etapas distintas entre los siglos VIII-XIII, que relaciona con diferentes procesos sociales, políticos y también económicos. La primera se extendería entre la conquista del 714 y principios del siglo X, coincidiendo con el final del emirato. La segunda se desarrollaría entre este momento, cuando las tribus bereberes son sometidas por la autoridad omeya, y el comienzo del siglo XI, hasta el principio del periodo taifa. Finalmente, la tercera fase llegaría hasta la conquista cristiana del siglo XIII y conocería la ruptura de la proporcionalidad de los sistemas hidráulicos implantada en origen por los grupos tribales a causa de la intervención de la aristocracia estatal. Llegados a este punto, Ferran Esquilache aborda el otro tema central de la investigación: el papel de la ciudad y el Estado en la sociedad andalusí. En el séptimo capítulo (pp. 305-333) analiza la caracterización de la ciudad de Valencia, un centro urbano prácticamente abandonado durante el periodo visigodo y los años posteriores a la ocupación islámica. De hecho, a partir del siglo VIII Valencia se constituye como un pequeño mercado rural situado en medio de la red de alquerías que dominan el espacio y, sólo tras la intensificación de la presencia del poder en el siglo XI, se convierte en un centro político, social y económico de primer orden. Según sostiene el autor, detrás de esta consolidación de la ciudad sobre el espacio rural circundante se esconde la voluntad del Estado, el centro de atención del octavo capítulo (pp. 335-383). Expone que el poder crea una serie de estructuras de dominio del territorio que, en este caso concreto, consiguen romper la tradicional organización de los sistemas hidráulicos y el reparto del agua entre los grupos tribales a causa de la introducción de ciertos elementos que distorsionan el sistema original. En este sentido,
Vicent Royo PéRez MedievalisMo, 30, 2020, 527-531 · issN: 1131-8155530 Ferran Esquilache atiende muy especialmente la habilitación de nuevas huertas en forma de rafales, que define como posesiones concedidas por el Estado a la aristocracia que acaban desvirtuando el diseño inicial de los espacios irrigados. Lo mismo ocurre con la modificación del trazado de las acequias, en ocasiones alterados para satisfacer ciertas necesidades urbanas. Por todo ello, el autor concluye en el último apartado (pp. 385-399) que el origen de la Huerta de Valencia es claramente andalusí. Más aún, la construcción y la articulación del diseño original corresponden a los grupos campesinos bereberes que se instalaron en la región después de la conquista del sigo VIII. Forjaron, entonces, un sistema de canales y gestión del agua que sólo se vio alterado en cierto modo tras la consolidación del poder estatal en el ámbito urbano y, sobre todo, tras la conquista cristiana, cuando se ampliaron los espacios irrigados mediante parcelarios ortogonales que rompieron definitivamente la proporcionalidad. Sin embargo, a pesar de los cambios, el principio de rigidez permite que se conserven intactas las estructuras iniciales y que, asimismo, sea posible discernir las transformaciones introducidas a lo largo de los siglos en el complejo mosaico que constituye la Huerta de Valencia. Expuestas muchas de las virtudes del estudio, es necesario también realizar una crítica constructiva, que seguramente el autor aceptará de buen grado, según declara durante muchas páginas del libro. A nuestro parecer, se pueden hacer dos grandes objeciones, íntimamente relacionadas. En primer lugar, se anuncia ya al principio de la obra el protagonismo hegemónico de las tribus de campesinos bereberes en la planificación y construcción de la Huerta de Valencia, de modo que, cuando se llega a las conclusiones, la principal ya se conoce desde el comienzo. Por ello, en segundo lugar, parece que la crítica de las fuentes y la discusión de las teorías de interpretación son aspectos secundarios y que sólo vienen a justificar un posicionamiento asumido incluso de manera previa al inicio de la investigación. Además, en ciertas ocasiones se elaboran complejas teorías de interpretación a partir de datos muy concretos, unas argumentaciones que parecen muy forzadas a tenor de las pocas informaciones de que dispone el autor y que vienen a reforzar ese posicionamiento ya inicial. A pesar de todo esto, una lectura atenta permite observar que la crítica y la discusión existen y son profundas, aunque muchas veces se diluyen por la forma de construir el discurso. De manera generalizada, los planteamientos de Ferran Esquilache están caracterizados por la flexibilidad y la combinación de diferentes tipos de fuentes e interpretaciones. Además, es muy meritoria la labor que desarrolla para aportar explicaciones coherentes y, hasta cierto punto, contundentes de procesos sociales muy complejos y muy poco conocidos, como la secuencia de construcción de los espacios irrigados de la Huerta. Detrás, se esconde una enorme agudeza intelectual y una precisión casi clínica a la hora de interpretar los procesos sociales y elaborar teorías explicativas bastante lógicas. Cuenta, además, con un amplio y excelso conocimiento de una vasta bibliografía, que cita de manera recurrente a lo largo del estudio y que también consigna en un extenso apartado final (pp. 401-433).
Ferran esquilache Martí, Els constructors dE l’Horta dE València. origEn, EVolució i… MedievalisMo, 30, 2020, 527-531 · issN: 1131-8155 531 Por todas estas razones, la obra de Ferran Esquilache constituye una magnífica contribución al conocimiento de la sociedad andalusí y los espacios irrigados a través de la metodología de la arqueología agraria. Como el propio autor reconoce en multitud de ocasiones, muchas de las ideas vertidas en esta publicación deben estar sometidas a un profundo proceso de revisión en los años próximos, para ser confirmadas o desmentidas fundamentalmente desde el ámbito de la arqueología. Del mismo modo, todavía existen importantes procesos sociales y políticos que tienen que ser analizados y precisados, como por ejemplo la colonización de al-Ándalus o el impacto real del fortalecimiento del Estado sobre las tribus. Por todo ello, el autor presenta su obra como un estudio aún abierto, necesariamente sometido a cambios y nuevas interpretaciones. Ahora bien, su aportación al tema es descomunal, pues construye una excelente base sobre la que seguir trabajando.