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Más noticias acerca de la segunda estancia de Costa en Huesca (1877-1879) continuadas por dos raros artículos del período: "La moralidad en el siglo XVII" y "Lo grande y lo pequeño"

Ara Torralba, Juan Carlos

Abstract

El objetivo de este artículo es investigar aspectos desconocidos de la vida personal e investigadora de Costa en Huesca entre los años 1877 y 1879. Allí Costa vivió un fracaso sentimental con Conchita Casas, alternó la escritura seria de artículos con charadas y, finalmente, hubo de sufrir persecución política. This paper deals with Costa's life and works in Huesca during the years 1877-1879. Costa's failed romance with Conchita Casas is reported, as well as the activities of Costa writing charades and serious inquiries. This period ended with a political persecution because of Costa's democratic ideology Ara Torralba, Juan Carlos

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Más noticias acerca de la segunda estancia de Costa en Huesca (1877-1879) continuadas por dos raros artículos del período: "La moralidad en el siglo XVII" y "Lo grande y lo pequeño" POR J UAN CARLOS ARA TORRALBA' El objetivo de este artículo es in vestigar aspectos desconocidos de la vida personal e investigadora de Costa en Huesca entre los años 1877 y 1879. Allí Costa vivió un fracaso sentimental con Conchita Casas, alternó la escritura seria de artícu lo s con charadas y, finalmente, hubo de sufrir persecución política. This paper deals with Costa's life and works in Huesca during the years 1877-1879. Costa's failed romance with Conchita Casas is reported, as well as the activities of Costa writ in g charades and serious inquiries. This period ended with a political persecution because of Costa's democratic ideology. El haber disfrutado de acceso cómodo a la colección completa de El Diario de Huesca hubiera allanado, y mucho, el camino a las pesquisas de George 1. G. Cheyne en torno al tranco cronológico de la biografía costista comprendido entre 1877 y 1879. Hoy, los que empleamos parte de nuestros afanes eruditos en revisar aquellos años y contamos con mayores facilidades al respecto, no podemos sino anotar con asombro el acrecentamiento del valor que aquellas investigaciones de Cheyne, tan distantes como modélicas, van adquiriendo tras el tiempo transcurrido. Tal es así, que no queda sino completar y precisar, en su caso, la exposición biográfica de Cheyne. Con ese talante, quien suscribe estas líneas ya añadió datos bien sobre la primera estancia de Costa en Huesca,' bien acerca de la auténtica identidad de la poetisa Susana Lacasa2 y del médico y escritor Serafín Facultad de Fi losofia y Letra s. Universidad de Zaragoza. Juan Carlos ARA TORRALB A, "Pesquisas sobre la ac ti vidad cultural del joven Costa en Huesca", Anales de la Fundación Joaquín Costa 14, 1997: 5-52. Juan Carlos ARA T ORRALBA, "Quién fue en verdad Susana Lacasa y cómo Joaquín Costa no pudo jamás firmar poemas con ese nombre", La Campana de Huesca 10 , 2 -11-1 996: 13-15, y "La poetisa Susana Lacasa Catevilla (1858-1926), A Escala. Letras oscenses (siglos XIX y xx), Zaragoza, Rolde, 19 99, pp. 81-86. -5- Casas/ personajes de grave importancia en la vida de Costa durante este periodo. Y es que, como bien señaló Cheyne en su biografia de Joaquín Costa, la razón por la que el autor de La vida del Derecho decidió trasladarse de Guadalajara a Huesca al producirse una vacante de oficial letrado en esta localidad fue enteramente sentimental: el enamoramiento de la hija del médico Casas, Concepción. Costa llegó a Huesca en julio de 1877, Y no en junio como afirmó Cheyne: quien tuvo a la vista un recorte de El Diario de Huesca. Concretamente, un gacetillero de El Diario correspondiente al 18 de julio de 1877 regalaba a los lectores el siguiente suelto: Ayer hemos tenido el gusto de saludar en esta capital al nuevo oficial letrado de la administración económica, D. Joaquín Costa y Martínez, muy antiguo y cariñoso amigo nuestro y uno de los jóvenes que por su talento y erudición honran más a la provincia de Huesca, de la que es hijo. Había cierta verdad tras el afectuoso saludo, allende las recetas periodísticas al uso. Quiero decir que a la sazón del verano de 1877 Joaquín Costa sí podía considerarse compañero -quizá mejor que amigode los redactores de El Diario de Huesca y de su director, Manuel Camo. En los dificiles inicios de El Diario, hostigado por los gobiernos conservadores de la alta Restauración, Manuel Camo hubo de arrimarse, desde su oficial posibilismo republicano, al abigarrado espectro liberal, de izquierda dinástica -al menos hasta el comienzo de los gobiernos fusionistas sagastinos. Por ello, la llegada a Huesca de un activo miembro de la Institución Libre no podía sino suscitar simpatía e interés en Camo: el futuro cacique castelarino podría obtener de la colaboración de Costa prestigio intelectual e ideológico para el periódico republicano, y al montisonense se le ofreCÍa un lugar donde hacer propaganda de la Institución Libre, de sus propias investigaciones y, ante todo, donde ostentar una nombradía literaria a los ojos de su adorada Conchita Casas. Lo de antiguo, sin embargo, no era tan cierto. El Costa de 1877 ha cambiado bastante respecto del Costa que hubo de fundar el Ateneo Oscense en 1866. Por aquellas calendas Costa andaba más próximo, ideológica y personalmente, del reaccionario CÍrculo de personas frecuentado por Serafin Casas o por León Abadías, mientras que el joven farmacéutico en ciernes Camo participaba en las algaradas del 66, preludio de la Gloriosa. Esta circunstancia no le importaba a Camo, por descontado, pero tal vez hubo de ser fatal para las pretensiones sentimentales de Costa, en tanto que, según veremos, su conversión ideológica le haría aparecer a los ojos del severo Serafin Casas como un peligroso deraciné. Juan Car los ARA T ORRALBA , introducción a la edición de Serafín CASAS AB A D, Guía de Hu esca (1886), Hu esca, La Val de Onsera , 1996. George J. G. CHEYNE, Joaquín Costa, el g ran desconocido, Barcelona, Ariel, 1972, p. 93. -6- Sea como fuere, el caso es que en aquel verano de 1877, y al poco de fijar su residencia en Huesca, Costa debió de diputar como no inconveniente para sus anhelos sentimentales el inicio de sus colaboraciones para El Diario, ignorante quizá de la polarización política que se iba produciendo en la capital y de que desde abril de 1878 tendría al progenitor de su amada como contrincante y enemigo periodístico en el periódico católico La Provincia de Huesca. Ahí era nada. De momento, los artículos en El Diario servían de presentación social y etiqueta erudita en las tertulias y bailes a los que Costa acudía, a veces en el salón de los Tolosana, en ocasiones en el mismísimo de los Casas. s Una versión de "La religión de los celtas españoles", ampliada respecto de la aparecida en los números 3 (4 de mayo de 1877) y 5 (17 de junio de 1877) del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: fue el texto elegido por Costa para dar inicio a sus colaboraciones en El Diario. Cheyne lamentó no haber podido verlas,' pero las entregas que al poco darían origen a la edición exenta Cuestiones ibéricas: religión (Huesca, Imprenta de Castanera, 1877) y con el tiempo formarían el capítulo 1 de La religión de los Celtíberos y su organización política y civil (Madrid, 1917, 2a ed.), aparecieron en los números de El Diario de Huesca correspondientes a los días 1, 5 Y 12 de septiembre de 1877. Ese mismo día 12 un redactor de El Diario actuaba de propagandista interesado de Costa en los siguientes términos: En este número publicamos el último de los notables artículos que sobre La Religión de los Celtas españoles ha escrito expresamente para El Diario nuestro erudito paisano el Sr. D. Joaquín Costa, tan ventajosamente conocido y reputado en los centros científicos y literarios de la corte. A semejante elogio respondió Costa solicitando un poco más de mesura y modestia, cosas que aceptó El Diario a través del suelto publicado el 13 de septiembre: El autor de la Monografia histórica que ha visto la luz recientemente en nuestro Diario, ha reclamado contra nosotros por el suelto en que ayer celebrábamos el mérito de su trabajo y su saber, diciendo que ni ventajosa ni desventajosamente es conocido ni reputado en los círculos literarios y científicos de la corte ni de ninguna otra parte. Complacemos a nuestro amigo y colaborador declarándolo así, y retirando nuestra primera calificación, que habíamos creído justa. Ibidem, pp. 93 Y ss. Vid. G. J. G. CH EYNE, Estudio bibliográfi co de la obra de Joaquín Costa (1846-1911), Zaragoza, Guara, 1981, p. 56. Ibide m. -7- Aparte la humildad, afectada o no, lo cierto es que Costa se servía de El Diario y de la imprenta que lo tiraba -entonces, la de Mariano Castanerano solo como apéndice para sus trabajos de polígrafo, sino también de vehículo para los juegos de sociedad imprescindibles en el cortejo a Conchita Casas. Así ha de entenderse lafrívola o eutrapélica actividad de Costa como hacedor de charadas, pasatiempo común de la época. Desde septiembre de 1877, precisamente, menudea la firma J C. entre las que aparecen como responsables de las charadas de El Diario, junto con las de otros miembros del círculo de Conchita Casas, como la S. L. de Susana Lacasa. Esta que sigue, y que he espigado entre el puñado de las de J c. , delata al autor de La religión de los Celtas españoles: CHARADA Mi casa está dos te rc e ra En la calle Población, y aunque algo primera tres Está a tu disposición le. Resulta dificil imaginarse a este Costa cortesano entretenido en salones y ocios eutrapélicos, pero cualquier método era bueno para acercarse a Concepción. Bien ofreciendo a sus amigos su modesto piso de la calle Población (actual Padre Huesca: "M i casa está SI TA l En la calle Población ,! Y aunque algo RO TA l Está a tu disposición"; solución de la charada: ROSITA), bien elaborando un ejercicio retórico en principio muy peregrino publicado en El Diario de Huesca (dos entregas, del 6 y 7 de septiembre de 1877): "La moralidad en el siglo XVII, según Damián de Vegas", una peculiar reseña de los discursos de la Razón para llorar y la canción De la mala crianza que algunos padres dan a sus hijos de fray Damián de Vegas, escritor del siglo XVI. La curiosidad del artículo -archivado por Costa entre sus papeles8 pero no recuperado para volumen posterior alguno, de ahí que lo reproduzcamos al final de estas líneas-se disipa, a mi entender, si lo situamos en el contexto de la relación de Costa con los Casas. La moralidad en el siglo XVII -que debería ser en el XVI, sig lo de Damián de Vegas-trata de un escritor muy mariano - y devoto de la Corte de María oscense era Serafin Casas; mariano es el nombre de Concepción -; pero además las dos entregas de la revista resultan bien diferentes. La primera es una oración retórica perfecta y un pelín ostentosa; es muy de salón. Trata de moral práctica, tan del gusto de Costa, pero bien mirado - el lector podrá advertirlo a las primeras de cambio-este introito no es sino exposición de los excesos que entraña la elección de cualquiera de los extremos de una dicotomía muy de moda en lo s debates acadéIbidem, p. 141. -8- micos y ateneísticos de la segunda mitad del siglo XIX: el neísmo frente al misoneísmo. A un año vista de la polémica edición de la Doña Perfecta galdosiana, este discurso lanzado a la orbajosiana sociedad oscense suponía una declaración de los principios eclécticos de Costa: no quería ser visto como un petulante neísta, amigo de krausistas y ateos (a pesar de que su positivismo historicista y la mención del "cuadro patológico-social" le delataban), pero tampoco iba a dar su brazo a torcer frente a los misoneístas amigos de la tradición más rancia, como era el caso de Serafín Casas. Aunque había más; la segunda parte es una tosca, y aun torpe, expolición de pasajes de los textos de Damián de Vegas, mal enhebrados en tanto que extraídos directamente de las fichas de lectura personal, sin apenas elaboración, salvo la temática. Sobrevuelan el texto, sin embargo, varias ideas clave para Costa: no son las menores la puesta en tela de juicio de que cualquier moral pasada fue mejor y la importancia de la educación moral de los hijos; ideas y preocupaciones que parecen escritas para el círculo de amigos de los Casas, y señaladamente para el severo don Serafín. Creemos sinceramente que este tipo de ejercicios intelectuales eran contraproducentes con las pretensiones de Costa de ablandar el misoneísmo de Casas, máxime cuando Camo y su Diario no hacían sino apropiarse, cada vez con más ahínco, del prestigio liberal e institucionista del montisonense. Por ejemplo, el día 14 de septiembre de 1877 El Diario de Huesca reproducía el artículo "Otro viajero español en África (Joaquín Gatell)" -aparecido poco antes en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza9 añadiendo como subtítulo el solemne "Por el profesor Don Joaquín Costa" y explicando por extenso en el número del Diario del día siguiente (15 de septiembre) los motivos de su edición: Hace poco tiempo publicó El Imparcial una interesante reseña de los atrevidos viajes que en los últimos años llevó a cabo el malogrado D. José de Murga por el Magreb Alaksa, en el Imperio marroquí. Formando juego con él, trae otro el último número del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza en que, bajo el título de Otro viajero español en Africa, se da sucinta noticia de la exploración del Tekna y al Onad Noun, al Oeste del Sahara, emprendida por D. Joaquín Gatell, a la raíz de la guerra de África, lamentándose al propio tiempo de que tanto la expedición como su infortunado autor hayan pasado desapercibidos para España, a quien tan de cerca interesan los descubrimientos en el continente líbico. En el número de ayer hemos reproducido aquel artículo con algunas erratas que se escaparon al Boletín de donde lo tomamos, y que habrán corregido fácilmente los discretos lectores. Sabemos que la "Sociedad Española para las exploraciones en África", constituida en Madrid hace algunos meses bajo la presidencia del rey, pidió noticias al Sr. Costa, autor de aquel artículo, acerca del paradero de 1. Gatell, deseosa de celebrar con él una entrevista; pero el Sr. Costa Ibidem, p. 151. -9- no pudo facilitarlas, por no haber sabido más de él desde 1870 en que accidentalmente lo conoció en Madrid. Excitamos a nuestros colegas a que den publicidad a esta noticia, a fin de que llegue a oídos del intrépido viajero, caso de que ya no haya fallecido, víctima de su amor por la geografía y de la indiferencia de su patria, y pueda la expresada Sociedad Española utilizar sus servicios en la expedición que está preparando para el invierno próximo. y otro ejemplo más revelador: la propaganda de la Institución Libre de Enseñanza a través de tres artículos que, a pesar de no estar firmados, se deben a la pluma de Costa. En ellos, a pocos días de la inauguración del segundo curso de la Institución, Costa ponderaba las excelencias del nuevo establecimiento (señaladamente su carácter aconfesional, lo que tanto disgustaría a Serafin Casas), y excitaba a la adquisición de acciones de la sociedad privada y liberal. G. J. G. Cheyne los reprodujo en su estudio biográfico'o a partir de los recortes conservados por Costa; estas entregas de La Universidad Libre de Madrid aparecieron en los números de El Diario correspondientes a los días 19 y 22 de septiembre de 1877, a las que hay que añadir una breve nota del 23 y un nuevo artículo el 15 de noviembre, suelto y ensayito también editados en su día por Cheyne. Lo que no pudo registrar el investigador inglés fue la continua atención que, instigada por Costa, El Diario de Huesca iba dispensando a la Institución Libre a través de numerosos sueltos o anuncios. Tal el caso del feliz final de las gestiones de Costa respecto de Joaquín Gatell y Folch -quien al año siguiente comandaría la expedición al sur de Marruecos, pero que moriría repentinamente en Cádiz el 13 de mayo de 1879: Gracias al artículo que hace pocos días tomamos del Boletin de la Institución Libre de Enseñanza, nuestro amigo D. Joaquín Costa está ya en rastro del viajero D. Joaquín Gatell, con quien desea conferenciar la "Sociedad Española para las exploraciones en África". 11 o el del anuncio publicitario a tres cuartos de página, ni más ni menos, de la Institución Libre de Enseñanza' 2 y su apertura de estudios para el 15 de octubre de 1877 (a 20 reales mensuales la matrícula por asignatura); bien las cumplidas informaciones de los avances en la toma de acciones de la Institución por parte de particulares españoles y altoaragoneses,'3 acompañadas aquellas, usualmente, de elogios a la Institución debidos, entre otros, a Eugenio Montero Ríos o Manuel de 10 11 ,) G. J. G. CHEYNE ,Joaquín Costa ... , op. cit., pp . 175-19l. El Diario de Huesca, 22 de septiembre de 1877. El Diario de Huesca, 2 de octubre de 1877. El Diario de Huesca, 6 y 19 de octubre de 18 77. -10- la Revilla. Evidentemente, detrás de esta labor de propaganda institucionista en la provincia estaba Joaquín Costa: Tenemos preparada, y daremos a conocer en breve, la lista de suscritores a la Universidad Libre de Madrid (Institución Libre de Enseñanza), en la cual figuran hasta hoy diez y nueve nombres de esta provincia. Los periódicos de Madrid reproducen o extractan el brillante discurso pronunciado por el Excmo. Sr. D. Eugenio Montero Ríos, al tomar posesión del grado de rector, en el acto de apertura de que ya dimos ayer cuenta; el cual versa sobre la enseñanza laica!. Acerca del criterio religioso y científico de la Institución, encontramos en ese discurso el siguiente notable párrafo: "El vínculo que nos une es puramente científico, nuestro fin es el progreso y la difusión de la ciencia humana, nuestro criterio el que la razón, moviéndose en sus propias esferas, nos inspira. La conciencia religiosa de cada cual queda completamente a salvo. Aquí puede levantar su cátedra para enseñar los conocimientos humanos que posea el más fervoroso miembro de los institutos religiosos que existen en el seno de la Iglesia, al lado de la cátedra en que también venga a exponer sus científicas ideas el libre pensador, porque el uno y el otro, cualesquiera que sean las creencias de su alma, no ha de profanar ciertamente la conciencia de sus discípulos, ni ha de faltar a la confianza que en la Institución depositan los padres cuando le entregan la dirección de las juveniles inteligencias de sus hijos. El sacerdote no puede franquear nuestras puertas para imponernos su criterio por medios de carácter temporal o político; pero puede influir, valiéndose de la eficacia que tienen los que son esencialmente religiosos y a que libremente se somete la inteligencia humana, sobre la conciencia de los que pertenecemos al gremio de la iglesia, y que como maestros o discípulos frecuentamos estas aulas, si el error llegase a perturbar la ortodoxia de la fe que profesamos. " Habiéndonos ocupado estos días de la "Institución Libre de Enseñanza" o Universidad Libre de Madrid, nuestros suscritores leerán con gusto el juicio que esta ha merecido al reputado crítico Manuel de la Revilla, catedrático de la Universidad Central, y el lugar preeminentísimo que le asigna en la historia de la cultura nacional, y en el renacimiento científico de nuestra patria: lo tomamos del trabajo que ha consagrado el Almanaque de la Ilustración a reseñar el Movimiento intelectual de España en 1876-77: "Indudablemente, los dos grandes focos de nuestro movimiento intelectual son: el Ateneo de Madrid y la Institución Libre de Enseñanza. Dominado el primero por amplio y tolerante espíritu, que le hace ser palenque abierto a toda opinión honrada: inspirada la segunda en las más libres corrientes del pensamiento, ambos contribuyen al desarrollo y prosperidad creciente de la cultura española. Tercian en los debates de aquel y regentan sus cátedras, así como las de la Institución, los más eminentes pensadores y los oradores más brillantes de nuestra patria, y en su recinto hallan cabida las más encontradas escuelas y las direcciones más recientes del pensamiento europeo. En las cátedras de la Institución Libre se exponen ampliamente todo género de ciencias, se dilucidan los más arduos problemas, y se dan a conocer los últimos adelantos del saber humano ... Cuantos hombres notables en ciencias y letras posee nuesEl Diario de Huesca, 19 de octubre de 1877. -11- tra patria, concurren a hacer de la In stitución uno de nuestros más importantes centros de cultura. Bástale al año que nos ocupa la gloria de haber producido asociación tan importante, para contarse como fausto en la historia de nuestra civilización." En este contexto de difusión institucionista y, por qué no, de cierto orgullo por la condición de ateneísta y profesor de la Universidad Libre, se sitúa el tiempo de publicación del segundo de los curiosos artículos de Costa aparecidos en El Diario y no reeditados hasta los días que corren. En los que discurrían entonces continuaba la predisposición sentimental de Costa hacia Conchita Casas y tal vez la selección de las palabras de Montero Ríos en El Diario, recogidas poco más arriba, tenga mucho que ver en los últimos intentos de Costa por persuadir a don Serafin de que la pertenencia a la Institución Libre no significaba necesariamente apostasía del catolicismo. De ahí que cuando Costa entrega a El Diario de Huesca un nuevo original para la sección de Vari edades ha elegido con cautela -redoblada respecto de la relectura de Damián de Vegassu contenido. Por de pronto, Costa desempolvó y actualizó para su artículo "Lo grande y lo pequeño" viejas cuartillas fechadas en 1869 -Costa por entonces era todavía católico practicantebajo el título "Los términos medios"; J(, contando con este pretexto, el artículo aparecido en El Diario de Huesca del 6 de noviembre de 1877 resulta un ejercicio de tiempos y cuadernos estudiantiles que se avenía muy bien, al menos en su primera parte, con la afición de los diarios a exponer todo tipo de curiosidades científicas. Cierto es que esta primera parte de la colaboración hablaba, una vez más (recuérdese lo dicho en relación a la dicotomía neísmo / misoneísmo), de relativismos y de términos extremos, pero su factura es de una liviandad y blancura ideológica extremas. Circunstancias que no concurren en los tres últimos apartados del artículo, donde Costa vuelve a ocuparse de cuestiones morales mediante nuevas expoliciones y citas de autoridad (conviven Giner y Comte con san Francisco y Malón de Chaide, entre otros), y parece alejarse de la banalidad eutrapélica del primer capítulo. Parece también (y esto se evidencia claramente en el tercer apartado "Lo negativo de lo positivo") como si Costa se afanara por ofrecer una armonía creíble (a ojos de Serafin Casas e incluso del hermano de este, el sacerdote, también neo, Bruno Casas) entre el intelectualismo krausista y la moral católica, como si pretendiera persuadir a algunos de la existencia no beligerante de esa ética racional y laica, tan puritana, que él mismo aplicaría al resto de su existencia. Según apuntamos más arriba, la selección de las palabras de Montero Ríos en el suelto de El Diario no fue en absoluto inocente, y en todo caso condecía con la transacción que subyace en expresiones del tipo "el Deber, este mensajero del cielo" con las que Costa sazonó la tercera parte de "Lo grande y lo pequeño". " El Diario de Hu esca, 18 de noviembre de 1877. Descritas sucintamente por G. J. G. Cheyne en la página 31 de su Estudio bibliográfic o; a Cheyne se le escapó la relación con "Lo grande y lo pequeño" (inventariado en la pág in a 45 del citado Estudio) tal vez por haber trabajado solo con el suelto de El Diario de Hu esca del 6 de noviembre de 1877. - 12- Precisamente entre noviembre de 1877 y enero de 1878 comienza la agonía de las esperanzas de relación y boda de Costa con Concepción Casas. Como bien relató Cheyne, 17 el recelo de Serafin y Bruno Casas por el librepensamiento costista, el consejo cauteloso de Giner y, sobre todo, la desafección de la madre de Conchita al conocer la pobreza de la familia Costa Martínez, coadyuvaron a que Costa, lentamente, se distanciara de Conchita. Por si fuera poco, en abril salía al estadio de la prensa La Provincia de Huesca, católico diario enemigo de El Diario, y donde colaboraba Serafin Casas. Coincide este tranco temporal con el de una menor atención de El Diario a la Universidad Libre, tal vez por los dudas de un Costa que seguía cortejando, pero ya de lejos, a Conchita; el II de enero de 1878 una gacetilla de El Diario decía, lacónicamente: Ha visitado nuestra redacción el Boletín de la In stitución Libre de Enseñanza, que desde hace algún tiempo ve la lu z en Madrid. La importancia de esta revista bajo el punto de vista científico, es por todo extremo interesante, pues publica, aunque en extracto, las conferencias que tienen lugar en aquel Instituto, del que es su eco oficial. y al mes siguiente, el día 12 de febrero, otro suelto de El Diario daba cuenta de la propaganda institucionista insertada en El Turolense a través de un artículo quizá de autoría costista, puesto que nuestro polígrafo habría de colaborar al pOC0 18 en el periódico de la ciudad del Iuria: En un interesante artícu lo titulado La Institución Libre de En señanza excita El Turolense a sus lectores, a que presten su concurso moral y material al de sar rollo y progreso de un centro que tanto influye en la prosperidad del país y en su adelanto científico, imitando a la provincia de Huesca, la que, gracias a una propaganda activa e inteligente, ha dado recientemente veintidós accionistas a tan beneficiosa Institución. En la primera quincena de julio de 1878 se consumaba la ruptura definitiva de las relaciones entre Concepción Casas y Joaquín Costa. En aquellas sazones la atención a Costa -y su propio interés en colaboraren El Diario había disminuido lo suficiente como para que él apareciese solo en tópicos cumplimientos de saludo (en el regreso de sus viajes por el nordeste de la provincia estudiando las costumbres y los dialectos de transiciónl9) o la Institución voceada a través de terceros, como La G. 1. G. Ci - IEYNE , Joaquín Costa ... , op. cit., pp. 95-97. Joaquín COSTA, "Las dos barquillas", El Turolens e, 84, 85 Y 86 (del 17, 19 Y 22 de mayo de 1878, respectivamente ). "Ha regresado a la capital el distinguido publicista, oficial letrado de la Administración económica de esta provincia, D. Joaquín Costa y Martíne z" (El Diario de Hu esca, 22 de agosto de 1878). -13- fue, y prefieren hacerle decir y dar por hecho lo que a su juicio debió haber sido, tendrán que aguardar la acción amarga, pero saludable, de los desengaños. Dos órdenes de vida existen, no obstante, en los cuales han venido a darse la mano los lacrimosos laudatores de lo pasado y los ilusos utopistas que pretenden anticiparse con sus líricos arrebatos a las revelaciones del porvenir: en el orden industrial, dicen unánimes aquellos y estos, hemos adelantado; en el moral hemos retrocedido. Contra este que, a mi entender, es un prejuicio, no privativo de nuestro siglo, sino lugar común de todas las edades, alzó ya su autorizada voz el clarísimo Feijóo, y ha levantado la suya en nuestro tiempo el insigne Cantú con toda la fuerza que le presta su vasta e incomparable erudición histórica. Escuchemos atentos su desapasionado dictamen, sigamos sus huellas al través de los pasados siglos, y aprendamos en ellos el arte de vivir en paz con este en que nos ha cabido la suerte de nacer. Librémonos de aquella contagiosa dolencia: ahuyentemos los sueños que a todas horas nos acosan; abandonemos al juicio de la Historia lo pasado, y a la Providencia los arcanos que guarda en su seno el porvenir, y reconciliémonos con el presente, y vivamos en él, si no gozosos, al menos satisfechos de haber nacido herederos de la más cuantiosa herencia moral que hasta hoy ha poseído la humanidad, y dotados de medios potentísimos para acrecentarla. Trabajemos todos, cada cual en su esfera y en la medida de sus fuerzas, no mecánicamente y como a remolque, por la fría consideración del deber, ni por el incentivo del premio, no estimándonos cual desterrados de otra vida; sino con buena voluntad, y hasta con complacencia, imitando a Dios, que ejecuta el bien fuera de toda condición temporal, como una necesidad de su naturaleza, poseídos de aquel viril entusiasmo y de aquellos briosos alientos que inspira la fe en los destinos de la humanidad, y la certeza de que no han de ser estériles para los demás nuestras ejemplares obras, como no lo ha sido para nosotros la penosa labor moral de nuestros progenitores. Templemos el alma para estos fructuosos combates en el yunque de la Historia, adquiriendo, merced a ella, esa confianza que es prenda segura de victoria, y aquel entrañable afecto hacia su siglo que hace leves y llevaderos los más pesados trabajos. Confrontremos las costumbres de las pasadas centurias con las nuestras, utilizando a este propósito las crónicas, el teatro, la poesía popular, los sermonarios, las pragmáticas y cuadernos de Cortes, los novelistas y escritores de costumbres, etc., y al encontrar que no hemos retrocedido, sentiremos más vivos los deseos de adelantar. Hagamos el balance moral de las generaciones que fueron, para que al ver amenguado por nosotros el déficit que dejaron en la cuenta de su vida, cobremos alientos para extinguirlo en totalidad. No hemos vivido ayer, no viviremos mañana; sirvamos al hoy, que por algo nos ha hecho nacer en este siglo, y no en otro, la Providencia. Vamos a dar una pequeña muestra de lo que fue la moral práctica en uno de los siglos en que más exaltados se supone que estuvieron los principios de religión y de virtud, los respetos sociales y la dignidad humana; reproduciendo, a este propósito, el negro cuadro pintado d 'aprés na/ure por el presbítero Damián de Vegas, escritor piadoso y autor de poesías didácticopopulares. Como poeta vale poco, pero mucho como sacerdote. El vuelo de su musa es corto, pero ardiente e ingenua su piedad. Es un engendro de Demócrito y de Juvenal cristiano: flagela los vicios, pero sin cólera: no amenaza con el fuego del cielo, gime y solloza como desesperado de la enmienda: escribe con lágrimas y con sangre del corazón. El registro patológico de la sociedad del siglo XVII que encierran los tres Discursos de su Razón para llorar y la Canción De la mala crianza que algunos padres dan a sus hijos no tiene nada que envidiar al - 20- que de esta o de cualquier otra centuria pudiera formar el más atrabiliario tradicionalista, y apenas encuentra igual en el corrompidísimo siglo XIV, con tan sombríos colores pintado en el "Poema" de Juan Ruiz, en la "Danza de la Muerte", en el "Rimado de Palacio" y en otras semejantes sátiras sociales. 27 He aquí las repugnantes figuras del cuadro patológico-social pintado por Damián de Vegas, tales como él las diseñó, desleído en prosa el verso, pero conservados el estilo y lenguaje con la posible fidelidad. El padre gozándose en oír desvergüenzas al niño, lejos de corregirlas, y excusando con criminal indulgencia los vicios, juegos y profanos amores del mozo, fiado en que los dejará con la edad. La madre, más bien madrastra que madre, educando a sus hijas para damas y no para cristianas; enseñándoles, tamañuelas aún como el dedo, a bailar y ser locas; adiestrándolas más bien en copete y verdugado que en puntos de credo, más en el ademán y mesura que "han de hacer a los galanes" que en el modo como han de adorar al Santísimo Sacramento; y pugnando por adquirir belleza, galanura y agradable conversación más que por acaudalar virtudes y frecuentar la comunión; con lo cual, vienen a verlas malogradas y afrenta de su linaje, antes madres que mari dadas, que es cuando se acuerdan de apalearlas. El padre y la madre no vacilando en escoger el infierno, con tal de dejar a sus hijos gran hacienda, y no de honestidad, y en buscarles para casarlas, no nueras virtuosas y recatadas, sino cuantiosa dote; si no es la lujuria lo que los incita al matrimonio, pero en ningún caso cristiana intención ni movimiento de piadoso deber conforme a los fines esenciales del matrimonio. Miles y miles de personas que viven gordas y contentas y duermen a pierna suelta sin saber el Ave María, cuanto menos los Mandamientos y el Credo, ni dárseles un ardite de la cuenta que han de rendir al soberano juez, ante quien ignorancia no excusa, siendo tan crasa y afectada como la suya es. May or número pecan de malicia y, lejos de dolerse de sus pecados, hacen de ellos ostentoso alarde, y se mueren de pesar y envidia si ven pecar a otros con más fortuna. Maridos que "aporrean y muelen a coces" a sus mujeres por el más leve suspiro o mirada al aire sereno, mientras ellos les son adúlteros y traidores, como si solo ellas hubieran contraído al casarse los deberes de la fidelidad conyugal: mientras no hacen alto en sus propias maldades ni se duelen de ellas, reconvienen con acritud las ajenas. La gran mayoría de los niños henchidos de bellaquería y de malicia, duros, desvergonzados, incorregibles, "en la virtud sin razón, mas en el vicio maduros", y todo por el descuido de los padres y maestros, por el mal ejemplo, el demasiado regalo y la blandura del castigo. Mozuelos tan pervertidos, que no hubo de haberlos peores en los tiempos de atrás, carnales, lascivos y afeminados, enrizados, afeitados, volcanes de lujuria, que apetecen cuantas agradan a sus ojos, y que no dejan viudas, casadas ni doncellas libres de sus solicitaciones, billetes, embajadas, rondas, músicas, dádivas y celestinas, con que promueven y levantan alborotos, odios, celos, puñaladas y muerte de maridos y mujeres, falsos testimonios, prisiones, afrentas, escándalos, horcas, etc. Viejos arrugados, sostenidos en bastón, con un pie en la huesa, que sin acordarse de la proximidad de la muerte, perseveran en los mismos vicios de su mocedad, y si alguno han dejado por impotencia o los ha dejado a ellos, han los reemplazado con otros equivalentes, con lo cual apenas pueden sufrirlos sus propios hijos: con extraños artificios encubren las canas, disimulan los años, fingen robustez; tan verde el seso Hasta aquí, y señalado con el cumplido (Concluirá.) de rigor, se editó la primera entrega de este artículo de Joaquín Costa en el número de El Diario de Huesca correspondiente al 6 de septiembre de 1877. - 21 - como en la primera edad, suspiran tiernamente por su Nise o su Belisa; si casados, se amanceban, porque sus mujeres les hieden a viejas; si viudos, se casan con mozas pobres, las cuales, puestos los ojos en la dote que de ellos reciben, aceptan, calculando que con una caldera vieja se puede comprar una nueva. Abogados que moverían pleito al cielo por el atractivo del interés; y como en la confusión de autores y opiniones a cualquier sinrazón puede hallarse apariencia de derecho, tuercen a fuerza de mentiras y falsedades la vara de la justicia. Procuradores y escribanos avarientos, cuyas desatinadas cifras y letra disforme y oscura serían de sufrir si no echasen diez renglones a la plana y diez letras al renglón, a costa de la bolsa de los litigantes. Lo que más le irrita es que mientras al rico y al regidor vende el carnicero la mejor carne, y esta sin hueso y con peso corrido, vio dar a un sacerdote una libra en la cual faltaban tres onzas y cuya mitad era hueso, amén de haberle insultado y héchole esperar una hora: a él, añade, ¡que les da la carne de Dios, siempre que van a pedirla! Este hecho causa en él tan honda impresión, que, después de pedir a las justicias que ordenen en sus respectivos distritos cómo se honre a los ministros del altar (indicio cierto de que no serían muy honrados por las gentes), quiere dar tregua al espíritu hastiado y fatigado por el inicuo hecho del mal carnicero, y tornar a la carrera después de haber llorado. y con efecto, prosigue la exhibición en otro Discurso, principiando por la vanidad suma y poca caridad "que hoy en el mundo se usa; -¡Cuán corta y mendiga mano -para lo que Dios encarga, - y cuán pródiga y cuán larga -para lo del mundo vano!" Para cosas buenas, cortos y miserables; para trajes, fiestas, caballos, cacerías y celestinas, el dinero a manos llenas; dan más en una semana a un vil adulador por una vil lisonja, que a Dios en un año; a un truhán, por un donaire, cien ducados; y luego les toma calambre dar un cahíz de trigo al pobre, deudo o amigo que está pereciendo de hambre en un rincón; sobra el oro para tragar y jugar , y falta hasta la plata para cumplir sus obligaciones, porque saben que en llegando la cuaresma no faltará clérigo que los absuelva. ¿Dónde está (se pregunta) "en estos tiempos crudos" la fe, si la fe no se compadece con tanta crueldad, que a los pobres deja desnudos, mientras viste lujosamente las paredes y los caballos, que deja comer pan de salvado al vecino necesitado, mientras se tiene las trojes henchidas de flor de harina? Revuelven todo el orbe para engalanarse con joyas, perlas, seda, oro, púrpura, ámbar y argentería, y cuando un pobre les pide, si por ventura le dan, danle un mendrugo de pan negro o una monedilla de cobre, y ufanos con esto, juzgan haber ganado el cielo; siendo así que según el precepto cristiano, cada cual debe derramar los beneficios en la proporción de su caudal; y si se hiciere así, según es debido, no solo por caridad, sino por justicia, no habría tantos hambrientos, desnudos, cautivos, presos, padeciendo tormentos y desdichas sin cuento. Dios da el mundo para todos, dice, pero los ricos se alzan impíos con las sobras. Pues, ¿y qué tal estaría la amistad en estos venturosos siglos, cuando se cree obligado a recomendar a sus lectores, que así parezcan San Pablos los amigos, les pongan raya y los vigilen, porque vendiéndose por tales, no piensan sino en cómo deshonrarlos en la persona de su hija, o mujer, o hermana, dueña, esclava o religiosa, las cuales, como son de barro, luego al punto se rinden con los falsos juramentos que les hacen de firme y acendrado amor? ¿Y aquellas otras gentes que con la ocasión más leve escupen horrendas maldiciones contra sí propios y contra su prójimo -que mueran de mala muerte y sin confesión, que Dios se niegue a perdonarlos, que los lleven de demonios, que ardan en los infiernos- , o que maldicen a sus inocentes hijos, a las bestias, aves y plantas, que son obra de Dios, y de igual modo a las gentes -22- culpables? ¿Y la manera de rezar y comunicar con la majestad divina? Con solo la boca dan ave-marías al viento, mientras la mente se halla enfrascada en vanidades y devaneos, de manera que en vez de agradar, enojan y ofenden a Dios: no saben estar media hora de rodillas en el templo, ni una de pie escuchando un sermón, así sea un San Pablo el predicador, y los días se les hacen minutos en sus entretenimientos: corren a tomar sitio a la comedia dos horas antes de que principie, para estar presenciándola durante otras seis sin que se les hagan pesadas; pero a las cosas de devoción, siempre llegan tarde, y lo más insignificante se les hace pesado: van a la misa cuando ya está principiada, al sermón cuando va por mitad, y si se detiene un poco más de lo ordinario el celebrante o predicador, parece que tienen azogue en los huesos, si es que no les rinde el sueño: irán cien días seguidos a bailes y comedias, pero a ejercicios provechosos para el alma, una vez y menos;" acuden de muchas leguas para ver matar bestias inocentes y hombres sin confesión, con riesgo de condenarse, en los circos taurinos, y hasta los ministros del altar, obligados a dar buen ejemplo a los legos por razón de su oficio, engólfanse en la corriente y corren a los toros, sin hacer caso del pontífice que lo s ha prohibido. Duélese del mundo, que llama santeros en son de afrenta a lo s que siguen humildes las vías del Señor y frecuentan los sacramentos; que so lo se complace en libros profanos y llenos de vanidad, menospreciando las leyendas de lo s santos; que se huelga con cantos profanos, tanto más agradables para él cuanto más vanidad y lujuria encierran. Igualmente saca a la vergüenza a los beneficiados, que, olvidando que el cielo únicamente se gana con el sudor de la frente, y desdeñando el ejemplo santo que nos dio el Redentor mientras vivió en la tierra, buscan el descanso y el ocio en ricos y bien dotados beneficios simples, exentos de toda obligación: si se presenta una prebenda pingüe y desembarazada de trabajo, cien mil correrán tras ella; pero si pobre y laboriosa, todos la huirán y harán asco de ella, porque el objetivo de sus aspiraciones no es la salud de las almas, sino las efímeras temporalidades, ni su oficio se cifra en administrar los negocios de Cristo, sino los propios negocios. Ni los reyes se ven libres de su punzante y bien intencionada sátira: si bien de un modo indirecto, censúrales el que hayan usurpado los vanos títulos de "Muy alto y muy poderoso Señor, Alteza y Sacra Magestad", que solo cuadran a la grandeza de Dios. En una sociedad semejante, no es maravilla que llegase el piadoso escritor más allá que Hobbes (horno homini lupus), deprimiento a tal punto la bestial condición de muchos, que a su juicio eran para los demás peores que Satanás. Si alguno se sintiere tentado a tildar de parcialidad y apasionamiento a Damián de Vegas, acójase al P. Mariana y lea su tratado sobre los espectáculos. Eran muy frecuentes en su tiempo los cantares torpes y lascivos, tan preñados de maldad que lenguas honestas no pueden declararlo; y el piadoso jesuita se dolía de que esos cantares hubiesen penetrado en el templo sin que lo s sacerdotes lo impidieran, "pretendiendo ser tenidos por benignos y palaciegos y populares, a costa de la afrenta que se hace al culto divino y a la religión cristiana". Por aquel entonces se inventó la zarabanda, obscena danza que, a juzgar por las ponderaciones y noticias del sabio historiador, no cedía en nada, antes bien superaba, al moderno can-can, que los franceses en mal hora importaron en nuestra patria, "tan feo en los meneos, que bastaba para pegar fuego a las personas más honestas, y en el cual se imitaban lo s actos más torpes y sucios de l8 [ NOTA DEL AUTOR] Esto mismo echaba en cara a la sociedad de un tiempo (1551), Fr. Luis de Alarcón en su Camino del Cielo. -23 - los burde le s". Pues ya en el sig lo XV II lo llevaron los españoles a París, y causaron con él gran estrago en las costumbres; y menos mal si no hubiese penetrado también en los templo s, con asentimiento del clero y de los tribunales. "¿Q ué dirán Dios y todo el mundo, exclama el autor citado, cuando sepan que en España, en la cual nos gloriamos de haber conservado la religión en su puridad y entereza, estas deshonestidades han entrado en lo s templos consagrados a Dio s, y los han mezclado en el culto di v in o? ¿ Pu édese con palabras encarecer tan grande maldad y desorde n, principalmente que ni juece s seglares ni eclesiásticos lo castigan, como se rí a razón, por ventura favoreciendo unos aquello en que se deleitan, excusándose otros con el favor que dicen tiene esta gente y oficio en los más altos tribunales del reino? Sabemos por cierto haberse danzado este ba il e, en una de las más ilustres ciudades de España, en la mi sma procesión y fiesta del Smo. Sacramento del cuerpo de Cr isto, dando a su magestad humo a narices con lo que piensan honrralle. Po co es esto; después sabemos que en la mesma ciudad, en di versos monasterios de monjas y en la mesma festividad, se hizo, no solo este son y baile, sino lo s meneos tan torpes, que fu e menester se cubriesen los ojos las personas honestas que a llí estaban ... "." Di gan, después de esto, los espíritus desapasionados si rea lm ente somos peores que nuestros antepasados. Es cierto, por desgracia, que todavía la conciencia moral del individuo v iv e esclavizada por los mismos vicios; pero la sociedad no tolera tan fácilmente el escándalo, se paga menos de las apariencias, y suple la falta de motivos puramente éticos con un formulario de conveniencias y de estilos que son como el tributo rendido a la virtud por los que no se sienten bastante fu ertes para seguir por propio impulso sus caminos. Esas conveniencias y prácticas, así como van arraigándose, abren en el a lc ázar antes in expugna bl e del egoísmo individual, anchos caminos y brechas por donde se precipita a raudales el espíritu moral y cristiano a que aspiramos todo s, y que no ha sido hasta el presente sino un id eal jamás rea li zado, di ga lo que quiera en contrario ese romanticismo tí s ic o y misántropo que mira la hi stor ia por el prisma engañoso de sus ideas, o más bi en de su pasión, y no por el cristal incoloro de los hechos. Mejor fuera que se lo grasen esos progresos por la espontaneidad de las voluntades individuales; pero no muda la humanidad s in transiciones; la hi storia humana, como la hi sto ri a n at ural, no procede nunca por saltos; y es una fortuna que la sociedad actual, menos complaciente con la maldad que lo fueron las sociedades pasadas, principie a tener fuerza bastante para enfrenar los alardes y la comunión del pecado, que componen de suyo la mitad del pecado, obligándole a esconderse y a avergonzarse de la lu z. 1. Costal O [N OT A DEL AUTOR] Iguales escándalos denunciaron en el siglo pasado D. Jorge Juan y D. Antonio U ll oa con referencia a la s iglesias y conventos de América (Noticias secre ta s del viaje a América, p. 497 Y 501). Fin de la segunda entrega del artículo (El Diario de Hu esca, 7 de sep ti embre de 1877). - 24- Lo grande y lo pequeño El hábito de los términos medios que nos son comunes en las relaciones cuotidianas, convierte en raro y fenomenal, y en motivo de meditación o de placer para nosotros, la aproximación de los extremos entre los cuales mueven su gama infinita el mundo de la Naturaleza y el mundo de la Sociedad. He aquí algunos de esos extremos, representantes de lo grande y de lo pequeño en diversos órdenes de la realidad. Las Matemáticas miden espacios tan diminutos como el que recorre la saeta de un reloj de bolsillo, y tan dilatados como la elipse que describe el sol en 200.000 siglos, caminando sin descansar a razón de 480 kilómetros por minuto; movimientos tan lentos como el de un continente que se levanta, haciendo retirar el mar media legua en 2.000 años, y velocidades tan estupendas como la de la electricidad, que corre 80.000 leguas por segundo; tipos cronométricos tan encontrados como la pulsación de un calenturiento, apenas apreciable, y la "acanthia" de los indios, compuesta de tantos años como representa la unidad seguida de 63 ceros. La Botánica clasifica vegetales microscópicos que crecen apretados como bosques en los ojos del pan o entre la uña y la carne de un dedo de la mano, y "sequoias" de 90 metros de altura, en cuyo tronco puede abrirse una sala para abrigar a 100 niños; o árboles enanos chinos para las macetas de las chimeneas, y el fresno Hygdrasil de las mitologías germánicas, cuyas ramas cubrían todo el Universo: registra crecimientos tan rápidos como el del hongo, que se desarrolla en un cuarto de hora, y el de aquellos árboles americanos que tardan dos mil años en alcanzar su plenitud de vida. La Zoología describe aves que ponen solo dos huevos, como la tórtola, y peces que llevan en su seno más de diez millones, como el bacalao: huevos de ave como los del colibrí, no más voluminosos que un garbanzo, y otros como los del "aepiornis" en cuya cáscara caben 50.000 de aquellos. La Hidrografia terrestre registra ríos tan imaginarios como el Isuela, para pasar el cual no necesitan puente las hormigas en el verano, y ríos tan positivos y tan caudalosos como el Amazonas, de 22 leguas de ancho en la desembocadura, más ancho que largo es aquel. La Geografia política conoce repúblicas tan diminutas como la de Andorra, de 16 leguas cuadradas de superficie y menos población que Barbastro, y tan gigantescas como la de los Estados Unidos de América, de 9 millones de kilómetros cuadrados y 40 millones de habitantes; poblaciones como Quicena, compuestas de unas cuantas mal llamadas casas, y ciudades como Londres donde habitan 3.000.000 de almas, donde no se notaría apenas un aumento tan considerable como el de toda la población de la provincia de Huesca, donde se perdería por entre el laberinto de barrios la villa y corte de Madrid, si pudiera trasplantarse entera a las ori ll as del Támesis. La Economía apunta remuneraciones tan desiguales como la de un secretario de lugar, que tiene consignados 25 duros anuales en el presupuesto municipal, y la de Adelina Patti, que gana 20.000 reales en una noche; sueldos tan desproporcionados, como el de un maestro de escuela, que cobra, si los cobra, 4 reales al día, y el de un rey que recibe 4.000 reales por hora; capita le s tan distantes como el de un vendedor de La Correspondencia, que oscila entre una y dos pesetas, y el del marqués de Westminster, calculado en 5.600 millones, la fortuna mayor del mundo; cosechas tan sin relación, como la del trigo en nuestro país, tenida por abundante cuando rinde ocho semillas por una, y la de C. Müller, que hizo producir a un solo grano en un año, por medio de sucesivos esquejes y acodos, 566.840 gramos. La Industria ofrece productos tan insignificantes como esos quesitos de -25 - a onza que fabrican en las confiterías de Madrid para postre de los niños, y quesos tan colosales como el famosos "Mammouth" de Filadelfia, de 14 toneladas de peso, y con materia bastante para dar una onza a cada uno de los soldados de un ejército de 450.000 hombres; toneles tan diminutos como los que llevan al hombro las cantineras de los batallones, y tan monstruosos como el de Heidelberg, exhibido en Viena en 1874, semejante a una casa, alto de tres toesas y tres pies, y dentro del cual cabían holgadamente 12.250.000 litros de vino, suficiente para dar una botella diaria por espacio de un mes a cada uno de los habitantes de la provincia de Huesca; talleres de tan diferente extensión como el de un zapatero remendón que ocupa vara y media del portal de una casa, donde trabaja solo un hombre, yeso a ratos, y las forjas de Krupp, que ocupan 400 hectáreas, 25 de ellas edificadas, y donde trabajan 17.000 personas, en más de 1.000 hornos de fundición, 268 máquinas de vapor, 16.500 mecheros de gas, 37 kilómetros de ferro-carril, 30 estaciones telegráficas, una compañía de 70 bomberos, 2 hospitales, una fotografia y una imprenta. El Comercio marítimo se sirve de embarcaciones tan leves como las piraguas de piel, o de corteza de árbol, donde caben escasamente dos hombres, y tan gigantescas como el "Leviatán", de 22.500 toneladas, suficientemente capaz para albergar cómodamente y llevar desde España a América en un solo viaje a todos los habitantes de Huesca. El Bello arte lo cultivan coros tan microscópicos y desacordados como el que forman el ciego de mi pueblo y su hija, cantando por la calle las proezas de José María al compás de su destemplada guitarra, y coros tan nutridos como el del festival de Haendel, en Inglaterra, compuesto de 800 músicos y 5.000 cantores de ambos sexos; lo representan pequeños poemas de cuatro versos, como algunos del Cancionero popular, y epopeyas como el "Mahabarata", cuyos miembros o cantos son colosales poemas de millares de estrofas, y entre cuyos 200.000 versos se perdería la Ilíada de Homero, como se pierde un capítulo en el organismo de un voluminoso libro. La cultura humana alcanza en una misma generación límites tan apartados, como los que representan las 300 palabras que, según cálculos de los filólogos, suelen bastar al aldeano para significar todas las relaciones de su vida, y las 16.000 ó 20.000 que constituyen el vocabulario de los más abundantes y egregios literatos, como F. Luis de León, Víctor Hugo, y otros. El Derecho procesal recuerda actos de conciliación tan breves como el de un propietario que pide medio duro por desperfectos, y que se termina en un cuarto de hora, y litigios tan obstinados y reñidos como el famoso de Tichborne, cuya sola vista ante los tribunales ingleses absorbió 400 largas sesiones. La amistad celebra banquetes tan modestos como el de dos camaradas que al despedirse para siempre entran a almorzar juntos en una cantina, y tan concurridos y ruidosos como el que celebra anualmente la Sociedad Agrícola de Norfolk, con 10 .000 convidados. Para concluir: se ha visto una gota de rocío, morada de millares de seres, suspendida sobre un Océano; un gramo de arena volando encima de un planeta; glóbulos de sangre, 25.000 veces más pequeños que un gramo de arena; se ha visto, por último, sentados en un mismo Congreso, diputados tan gigantescos y descomunales como Coronel y Ortiz, y tan hiperbólicamente homeopáticos e infinitesimales como Muzquiz. Lo POSITIVO DE LO NEGATIVO Ciertamente, la negación es algo: la nada es el Ser, dicen los hegelianos: menos multiplicado por menos da más, dicen los matemáticos. Continuamente andamos en la vida a vueltas con la negación, dándole valor de cantidad positiva, y aun reputándola en ocasiones por superior. Las más sublimes virtudes, son negativas. El no-andar, cuando todo anda, es retroceder. -26- El no-hacer, constituye en derecho una institución importante (las servidumbres); el no-creer, en Filosofia, un sistema de todos los tiempos (el escepticismo); la ausencia del placer (el dolor), constituye la felicidad en el sistema del ascetismo. Las tinieblas son la ausencia de la luz; el frío con exceso, quema como el fuego; el odio es el grado extremo del amor; la humildad, el grado extremo de la grandeza; los vacíos del corazón pesan más que el corazón saturado de sentimientos y lleno de preocupaciones. La mejor medicina es no tomar ninguna: optima medicina, non uti medicina (Celso). El gran hábito es habituarse a resistir los hábitos cuando la razón y el deber lo ordenan (Monlau). El hombre no tiene otro derecho que el de cumplir siempre su deber (Comte). El método de enseñanza de Jacotot consiste en no tener ninguno (Carderera). El carácter de la literatura francesa es no tener ninguno (Giner). Rousseau, para educar a su Emilio, no hace sino impedir que se haga cosa alguna. El privilegio de mi Orden es no tener ningún privilegio (San Francisco). La ra zón del amor es no tenerla, que no es mucho amor el que se deja gobernar por razón (Malón de Chaide). El hombre no está desocupado cuando se extasía; los brazos cruzados, trabajan: Thales estuvo cuatro años inmóvil, y fundó la filosofia (Y. Hugo). La palabra es de plata, el silencio de oro, dicen los árabes. Y el mejor de los dados es no jugarlos. Lo NEGATIVO DE LO POSITIVO: BENEFICIOS QUE OFENDEN Quiere la Ética, demanda la razón, que se obre el bien por el bien mi smo, con pureza de ánimo, obedeciendo al imperativo categórico del deber, sustantivamente; no por fines interesables, no por satisfacción interior que engendran en el alma las buenas obras, menos aún por granjearse agradecidos y beneficiar las deudas del agradecimiento, menos aún por ostentar a los ojos del mundo acendrada piedad, o por hacer alarde de desprendido y generoso: me iustum esse gratis oportet, dijo acertadamente el filósofo cordobés. El bien y el mal no están tanto en los resultados de la acción, cuanto en los motivos de la voluntad que hubo de determinarla : el mal causado sin intención dañada, no es imputable a su autor, ni le acarrea nota de malhechor; y de igual modo, el bien ejecutado sin intención pura, no lo imputamos como tal bien al que lo hizo, ni gana para él legítimamente el título de bienhechor, ni de bondadoso. Los fines de cada uno están doquiera que hay fines humanos, en nuestro foro interno o en los demás hombres; y estándolo los fines, por lógica necesidad lo están igualmente los deberes. El bienhechor, por tanto, favoreciendo a otro, se favorece a sí mismo: ayudando a otro a cumplir sus deberes, cumple con los propios. En el bien no debe proponerse más el que lo practica, sino el bien mismo, que es el reino de Dios: la gratitud viene solo por añadidura: si esta falta, no por esto se extingue, ni desmerece, ni se desvirtúa, el deber del beneficio, y el que entonces se arrepiente de haberlo hecho, lo despoja de todo su mérito ante Dios, y demuestra que no sabe ser bueno como nuestro padre celestial. El que recibe el beneficio, en cierto modo lo paga al aceptarlo y satisfacer con él una necesidad legítima, porque abre camino por donde el bienhechor cumple sus deberes, contribuye a su santificación, y lo hace semejante a Dios y como providencia suya en el plan de la creación. El bienhechor que se queja de desagradecimiento, se hace merecedor de él. El que pregona sus beneficios por ensalzarse, será humillado; el que se los cobra en elogios y satisfacciones de amor propio, no espere otra recompensa; el bien que hizo no se le tomará en cuenta, porque lo ahogó y emponzoñó con el virus de su soberbia: el que una vez retrae al beneficiado el beneficio, tal vez con intento de -27- afligirlo y mortificarlo, porque atento a la voz de su deber solicitó el amparo de sus hermanos, que a todos es debido, o porque no sacrificó en aras suyas la libertad de su alma, deprime la virtud, convirtiéndola en título de humillación, glorifica el vicio, obliga al beneficiado a arrepentirse de haber ejecutado a arrepentirse de haber ejecutado una acción buena, y comete mayor pecado que si desde un principio se hubiese resistido a prestar el auxilio o la protección que se le pedía. Declina de bienhechor en mal-hechor. Hubiera ganado má s, o mejor dicho, hubiese perdido menos, si en vez de abrir la mano cerrada con estrépito para que lo viese la izquierda, la hubiera conservado cerrada. Con semejante conducta, el beneficio se convierte en un simple préstamo, y el favorecido adquiere el derecho de desatarse de toda obligación devolviendo el tanto material del servicio que le fue prestado. Falta la buena voluntad en el uno; no hay materia para el agradecimiento en el otro. Maléase la voluntad de aquel, por soberbia, por vanagloria, por despecho, etc ., y su beneficio se convierte en injuria: in iniuriam beneficium conver/il, como dice un antiguo moralista; y el favorecido puede reclamar contra ella o perdonarla. Publicar lo s beneficios que se dispensan, es echarlos en cara (Demóstenes); y lo s beneficios que se echan en cara, son otras tantas ofensas hechas al que los recibió: un bienjail reproch é, lien/ loujours li eu d'offense (Racine). Quien recibe con ag radecimiento un beneficio, puede decirse que con eso solo lo ha pagado: no sé qué es peor, si negar un beneficio o echarlo en cara: al bienhechor que esto hace, bastante agradecimiento es perdonarle su beneficio: se lo ha cobrado tantas veces cuantas lo ha pregonado y cacareado: recibe beneficio el que lo hace a quien lo merece: qui gra/e beneficium accepi/, primum eius pensionem solvi/: qui liben/er accepi/ beneficium, re(lidit.· necjacile dixerim, virum /urpius sil inficiari, an repe- (ere beneficium: satis adversus il/um gra/ us es/ qui beneficio eius ignosci /: dice/U! ' en im, quod illi ubique iac/anli beneficium suum: NU/1c negabi s, inquit, le accepisse? E/ quum respondisse/, Quando? Saepe quidem, inqui/, e/ mul/is locis, id es/, quo/ies e/ ubicumque narras /i (Séneca). Quien ensalza el bien que él mismo ha ejecutado, hace sospechar que no se ufana de él por haberlo hecho, sino que lo ha hecho para alabarse de él: ii qui benejacla sua ve rbis adornan/, non ideo praedicare, quia jecerin/, sed ul praedicarenl jecisse credun/ur (Plinio el Joven). Los servicios más insignes se reducen a nada con lo s indiscretos pregones del que los hace: quamvis ingen/ ia, dona, auc/oris pereunl garrulilale sui (Yal. Marcial). El espíritu maligno, cuando no puede impedir una acción buena, procura destruirla después de hecha, in sinuando pensamientos de vanagloria, con que el hombre se complace y se admira de lo mucho que hizo, y merece con esto oculta soberbia que Dios le prive de su gracia y del mismo premio con que antes la había enriquecido (Gregorio Magno a Recaredo). Contra este vicio real con apariencias de virtud, solo un remedio existe: hacer bien sin mirar a quien. Nos obligan lo s fines racionales humanos, independientemente de los sujetos en quienes radican: atendamos a aquellos y no a estos. Así lo manda el Deber, este mensajero del cielo. EL DOLOR Y EL PLACER P ASADOS SON PLACER Y DOLOR PRESENTES Esta verdad, que atribuye a la memoria una gran participación en lo s goces y en los infortunios de la vida, ha sido repetidas veces enunciada por poetas y moralista s, si bien siempre de un modo parcial y fragmentario. He aquí algunos bellos ejemplos: Ya Boecio hizo esta profunda observación: //1 omni adversi/a/e jorlunae, infelicissimum genus es/ inf orluniifitiss eje licem. -28 - A Dante (Commedia, canto V) se debe aquella tan repetida sentencia: ... Nessun maggior dolare Che ricordarsi deltempo felice Nella miseria .. No tan conocida es la conclusión de aquella copla de Jorge Manrique: Cuán presto se va el placer' Cómo después de acordado Da dolor! Por el contrario, Virgilio pone en boca del héroe troyano, al término del gran naufragio que lo arroja contra las playas inhospitalarias de la Libia: O socii, neque enim ignari sumus ante malorum, o passi graviora ... forsan et haec olim meminisse iuvabit. Análogas a estas son las palabras con que, en el Poema del Cid, anima a los suyos Rodrigo de Vivar, cuando sale desterrado de Castilla: ... En los días de vagG/; Todas nuestras rancuras sabremos contar. JOAquíN COSTA" JI El Diario de Huesca, 6 de noviembre de 1877. - 29-