esumen
en pocas ocasiones pensamos que los p ime os pasos del p oceso de ap endizaje inie on de
mano de la muje cas ellana, no solo a ni el domés ico, sino como didac a en cen os o icia-
les de enseñanza en los p ime os años del p oceso de descub imien o y conquis a del e i-
o io ame icano. en ocasiones, abajando jun o a los eligiosos que se enca gan en la zona de
educa y p ocu a el p oceso de acul u ación. P oceso que inalmen e ue de mul icul u ali-
dad en e dos mundos que después de odo mos a on no se an opues os.
Palab as cla e: educación, cul u a, cos umb e, lee , esc ibi , acul u ación, mul icul u alidad
WOMAN EDUCATOR: A DIDACTIC VIEW OF SETTLER WOMEN IN THE SIXTEENTH CENTURY
Abs Ac
a ely we hink he lea ning p ocess in Ame ican lands began wi h he p esence o he cas ilian
women, no only in daily habi s, bu also as a didac ic in o icial schools du ing he ea ly yea s o he
p ocess o disco e y and conques . some imes oge he o he o icially educa ion, accul u a ion o
eligious. P ocess ha inally was mul icul u al be ween wo wo lds ha we e shown o be no as
opposi es.
Key wo ds: Educa ion, cul u e, cus om, eading, w i ing, accul u a ion, mul icul u alism
VISIÓN DIDÁCTICA
DE LA MUJER
POBLADORA EN
AMÉRICA EN
EL SIGLO XVI
M.ª Mon se a León Gue e o
Uni e sidad de Valladolid
Recibido: 26 de no iemb e de 2013
Acep ado: 10 de eb e o de 2014
[
[
Re is a de Es udios Colombinos nº 10, junio de 2014 (pp. 65 - 74)
[
[
LA enseñanza, en endida como p o esión,
es ela i amen e ecien e. No obs an e,
desde la An igüedad, las sociedades que
hicie on a ances en el conocimien o del
mundo y su o ganización social, ue on aque-
llas en las que se designó especí icamen e a
pe sonas que asumían la esponsabilidad de
educa a los jó enes. Es os sis emas educa i-
os enían dos ca ac e ís icas comunes: ense-
ñaban eligión y man enían las adiciones del
pueblo. Analicemos es e p oceso desde el
pun o de is a de la muje española como
maes a, sin imposición de a mas, en la eme -
gen e sociedad que se aslada desde Cas illa,
y ambién en el p oceso de acul u ación que
su ie on los indígenas en los p ime os
momen os de la p esencia española en ie as
ame icanas.
PRIMERAS MUJERES CASTELLANAS EN
AMERICA.
Si es di ícil encon a egis os de pasaje os a
Indias has a 1508 de mane a gené ica, lo es
aun más en el caso de las muje es, no po que
no ue an, sino po que su igu a se dispe sa en
el núcleo amilia , con el ma ido como cabeza
isible de la misma. Son pe sonajes meno es,
que no malmen e no p o agonizan acciones
impo an es que queden e lejadas en docu-
men os o c ónicas, aunque en algunos casos
podemos ene pequeñas no icias como su
nomb e, p ocedencia, y aspec os aislados de
sus idas. Pues o que la mayo ía de las muje es
de siglos pasados se han dedicado a asegu a la
ida dia ia, apenas enían cabida en la c ónica
his ó ica (González del Campo, 2000). La si ua-
ción social que enían las cas ellanas en Indias
a unida a la p o esión de sus ma idos, pad es,
u o os amilia es con los que se asladan a las
nue as ie as (mili a es, ca gos de gobie no,
o iciales eales, e c.). De ellas no igu a p o e-
sión alguna, sal o en el caso de las c iadas.
El conocimien o de lo co idiano y las mani es a-
ciones de la ida p i ada cons i uyen una mag-
ní ica uen e pa a comp ende la sociedad y la
men alidad del pasado, y ayudan a expone lo de
mane a cla a y didác ica a odo aquel que se
ace ca a las bases de una cul u a, sus p ocesos
de socialización y educación. No obs an e, es a
a ea no esul a sencilla a causa de los escasos
es udios exis en es sob e las p ime as españo-
las en ie as ame icanas, pues la mayo pa e
de ellos se cen an en la población indígena
emenina.
Un ejemplo de es a endencia his o iog á ica es
el Segundo Simposio In e nacional “La Muje en
la His o ia de Amé ica La ina”
1
, que en su plan-
eamien o de obje i os exp esa que “El es ue zo
po econs ui el pasado emenino debe en en-
de se undamen almen e como un modelo con-
cep ual, que pe mi e descub i y analiza el o o
lado de la his o ia. Es deci , la condición de las
muje es, su si uación, sus pensamien os y accio-
nes, odo lo cual, a su ez, plan ea desa íos
me odológicos y concep uales. El p ime o es a i -
ma que la muje iene una his o ia. El o o, es la
ca encia de uen es. El e o consis e en ascen-
de la búsqueda de da os hacia una nue a con-
cepción y mane a de en ende la his o ia. Sin
emba go, no se a a de esc ibi una "his o ia
compensa o ia" a pa i de aquellas muje es
no ables que hicie on caso omiso a las no mas
es ablecidas; ampoco hace de la "his o ia de la
con ibución", el ema cen al de la his o ia de las
muje es, pues o que las elimina como suje o his-
ó ico” (And eo y Gua dia, 2002).
Habi ualmen e, el cen o de a acción de es a
ci ada endencia es la muje indígena, po lo
que aun exis en escasos abajos sob e la muje
española, como los de Cesá eo Fe nández
Du o, Richa d Kone zke, Jaime Delgado, Rosa
Ca asco Liga da, Analola Bo ges, e c.
2
Hecho
que di icul a asimismo que su es udio llegue a
las aulas.
Las no icias que enemos sob e las muje es que
emig a on a Amé ica en el siglo XVI son esca-
sas. Pese a la di icul ad que supone encon a
da os sob e ellas en los a chi os his ó icos, dis-
ponemos de cie os da os que nos pe mi en
conoce la igu a de algunas de es as muje es, y
si ua las en el luga y ambien e en que i ie on.
66
M ª M o n s e a • L e ó n •G u e e o
(1) Ha dado como esul ado la publicación de ANDREO y GUARDIA (Comp. y Ed.), (2002).
(2) FERNÁNDEZ DURO, Cesá eo (1922); KONETZKE, Richa d (1945); O'SULLIVAN-BEARE, Nancy (1960); DELGADO,
Jaime (1967); BORGES, Analola (1972) AROSEMENA, O ilia (1974); PAREJA, M.ª Ca men (1985); PUMAR, Ca men
(1988); LAURÍN, A. (1991); DELARRAME y GALLARD (1994); CARRASCO, Rosa (1995); PÉREZ CANTÓ, Pila (1997), y
algunas o as ob as que ci a emos a lo la go del abajo.
Las ca as que es as muje es esc ibie on a sus
amilia es suponen una excelen e uen e pa a
conoce sus cos umb es y men alidad, el alo
del dine o y el aho o, el concep o de amilia, la
alo ación de la hon a, e c. Asimismo, las “ca -
as de llamada” de los ma idos asen ados en
Indias pa a que sus muje es iajen a euni se
con ellos, conse adas en el A chi o de Indias,
nos dan in e esan es da os sociológicos (O e,
1988). Vemos mues as de a ec o, y p eocupa-
ción po que el iaje sea lo más sencillo posible.
Pa a ello en ían a sus muje es dine o y de alla-
das ins ucciones sob e cómo p ocede .
El Ca álogo de Pasaje os a Indias nos acili a
da os como los nomb es, edad, posición econó-
mica, ca ego ía social, cul u a (conocimien os
de esc i u a y lec u a) que enían es as muje-
es, y los pasaje os en gene al, en el momen o
de emba ca se. O as uen es conse adas en el
A chi o Gene al de Indias son los “lib os de
asien os de pasaje os”, se ie de “in o maciones
y licencias” que p opo cionan nomb es y da os
sob e los iaje os, y la sección de “Au os de
bienes de di un os”.
Los abajos de Boyd Bowman (1985) nos p e-
sen an la e olución de la emig ación emenina a
Indias a lo la go del siglo XVI. En e 1509 y
1519 pasa on a Indias 308 españolas. Can idad
que ue aumen ando p og esi amen e con el
siglo, a iando su po cen aje en el cómpu o
o al de emig ación, haciendo un o al de
10.120 muje es que o icialmen e iaja on a
Amé ica en el siglo XVI, siendo el pe íodo más
p olijo el comp endido en e 1560 y 1579 (28 %
y 5013 muje es emig an es).
Tomando como ejemplo el caso bu galés, del
que con amos con es udios monog á icos ex a-
polables en sus da os gené icos al es o de la
península, emos que du an e la p ime a mi ad
del siglo “no ue on muchas las muje es bu gale-
sas que se decidie on a emp ende la a en u a
ame icana, a excepción de 1536-1540, echas
que coinciden con el descub imien o del Pe ú y la
p ospe idad que pa ecía i acompañada al asen-
amien o en e i o ios de Nue a España. En la
segunda mi ad, cuando, a excepción de Chile y
del Río de la Pla a, los e i o ios conquis ados
e an más segu os pa a el asen amien o pe ma-
nen e un mayo núme o de éminas se anima on
a iaja al o o lado del A lán ico, coincidiendo
ambién con la emig ación de g upos amilia es”
(Pe eda, 2000)
.
SITUACIÓN JURÍDICA DE LA MUJER
CASTELLANA EN EL SIGLO XVI.
En el siglo XVI, la muje habi ualmen e se
encon aba bajo la u ela de un homb e: su
pad e, su ma ido, u o o pa ien e masculino.
Cuando no e a así, lo más ecuen e es que
ing esa a en un con en o de monjas o en casas
de ecogimien o en las que encon amos desde
p os i u as a epen idas a muje es sepa adas o
di o ciadas, o incluso amilias en e as que
du an e pe íodos la gos de iempo se eían des-
ampa adas de una p o ección masculina.
La ealidad social de la muje en el siglo XVI
gi aba en o no al ma imonio, excep o si se
op aba po la ida eligiosa en un con en o. Las
doncellas sin amilia que llegaban a Indias
du an e la época del descub imien o y conquis-
a, debían casa se ápidamen e. La elección no
e a lib e, co espondía al Gobe nado o al a
je a quía que se ocupa a en ese momen o del
asen amien o, quien decidía el soldado a o u-
nado. La legislación a ec aba a la muje de dis-
in a mane a dependiendo de su es ado ci il. A
pesa de las es icciones que a ec aba a las
mozas
3
sol e as, muchas jó enes iaja on a ie-
as ame icanas. Allí se casaban ácilmen e sin
ene en cuen a su belleza, o una o pasado, lo
único que impo aba es que e an cas ellanas.
Es más, a causa del escaso núme o de emi-
g an es casade as en los p ime os momen os,
es as pasaban ápidamen e a o ma pa e de la
eli e social, con i iéndose en esposas de enco-
mende os, unciona ios, amas de clé igos, e
incluso llega on a se abadesas o p io as.
Legalmen e, en Indias se dan nue as si uacio-
nes que es necesa io inclui en la legislación.
Un cla o ejemplo es el Tí ulo II del Lib o VII de
la Recopilación de Leyes de Indias (1973) e e-
en e a “De los casados y desposados en
España e Indias que es án ausen es de sus
muje es”, si uación an común que la ecogen
las leyes. La p omesa de ida en común e a a
eces ol idada po la libe ad que suponía la
67
V i s i ó n d i d á c i c a d e l a m u j e p o b l a d o a e n A m é i c a e n e l s i g l o X V I
(3) Una jo en a pa i de los 12 años se puede casa , y se conside aba mayo de edad a las muje es a pa i de los 25 años.
lejanía, donde muchas eces los homb es c ea-
ban nue as idas, e incluso nue os núcleos
amilia es ue a de la o icialidad.
An e la ecuencia con que los españoles deja-
ban a sus amilias en la península po iempo
inde inido, las au o idades ci iles dic a on leyes
pa a euni a las mismas. El 3 de mayo de 1509
se emi ió una eal cédula a O ando p ohibiendo
que en la isla de la Española pe manecie a nin-
gún homb e casado que no hubie a lle ado allí
a su muje en el plazo de es años. Es a o den
se ue ex endiendo a los demás e i o ios ame-
icanos, y en odos ellos mos ó di icul ades de
cumplimien o.
Ca los I ealizó un gi o en las ó denes ela i as
a la emig ación a ie as ame icanas. El 23 de
mayo de 1539 se p ohibió o o ga licencia “a
muje es sol e as pa a pasa a Indias, po que
es o queda a nos ese ado, y las casadas pasen
p ecisamen e en compañía de sus ma idos o
cons ando que ellos es án en aquellas
P o incias y an a hace ida made able”. Dos
años más a de, en 1541, se e ó el iaje a las
muje es sol e as, aunque an e io men e se
hubie a dic aminado lo con a io.
En 1544 una Real cédula manda a odas las
au o idades de Indias que los casados ausen es
de sus muje es sean obligados po la Audiencia
a emba ca se en el p ime na ío que za pe pa a
la península, o en su de ec o, se comp ome an
bajo las ianzas y penas del caso, a hace i a
sus esposas en el plazo de dos años.(Ripodas,
1977), no en ano enemos el ejemplo de Pe ú
en 1540, momen o en que había una muje
española po cada sie e u ocho homb es.
(Locha , 1982).
En 1549 se p ohibió pasa a los homb es casa-
dos sin su muje , exigiéndose además a la pa e-
ja la p obanza de elación y casamien o, y el
es imonio de se c is ianos iejos. El 29 de julio
de 1565 se p ohíbe a i eyes, p esiden es de
Audiencias y gobe nado es, da “licencia ni p o-
ogación a los casados en es os einos pa a
pode es a , ni esidi en los de Indias”. El 12 de
ene o de 1591 se p ohíbe que los españoles que
es u ie an casados y que ue an emi idos
desde Pe ú a la península po no cumpli las
o denanzas de ae a sus muje es se queda an
en Tie a Fi me.
An e oda es a sucesión de o denanzas, pode-
mos con empla la excepción hecha con los
me cade es. A es os se les au o iza a aslada -
se a las nue as ie as po espacio de es años,
o de o o pe íodo de e minado, aunque no lo
hicie an con sus muje es. No obs an e, el 14 de
eb e o de 1557 se dispuso que “si algún me -
cade hubie e pasado a las Indias sin su muje
po el é mino concedido, y después de cumpli-
do ol iese a es os einos, el P esiden e y
Jueces de la Casa no lo dejen, ni consien an
ol e a pasa po ninguna ía, ni o ma, si no
lle a e a su muje ”.
En los p ime os años del siglo XVI la Co ona
dedicó especial a ención al ma imonio de los
encomende os, c eando así las bases de la
nue a sociedad, p esionando la co ona a enco-
mende os y conquis ado es pa a que se casa-
sen y es ablecie an amilias, enseñando a los
indios así el sis ema de ida español con el
ejemplo. Po ello se a o ece la llegada de jó e-
nes sol e as. No en ano esc ibe el c onis a P.
Aguado que “los pueblos de Indias nue amen e
poblados no se ienen po ijos o es ables ni pe -
manecedo es has a an o que muje es españo-
las en an en ellos, y los encomende os y con-
quis ado es se casan” (Sánchez Rubio,
1993:139).
En cuan o a las muje es he ede as de enco-
mienda, ambién se en p esionadas a casa se
con un homb e “ap o pa a el Real se icio”,
pues así p es a ía los se icios mili a es a que
es án obligados los i ula es de encomiendas. A
mediados del siglo XVI se es ablece el ma gen
de un año pa a que la he ede a con aiga ma i-
monio, siemp e que enga la edad adecuada.
Los españoles que ocupan un ca go ele an e
pe o mal emune ado, suelen uni se en ma i-
monio con encomende as que apo en buenas
do es. Si son icos y pode osos, pe o no de
ascendencia noble, buscan muje es que po su
nacimien o les ans ie an p es igio social
.
LLEGADA DE MUJERES PENINSULARES
A TIERRAS AMERICANAS.
A pesa de que en los p ime os momen os del
descub imien o y conquis a la emig ación de
muje es ue a escasa, no se puede comp en-
de la o mación de una nue a sociedad en
ie as ame icanas sin la llegada a ellas de
muje es peninsula es. En la g an emig ación
68
M ª M o n s e a • L e ó n •G u e e o
hacia Amé ica p oducida en el siglo XVI oma-
on pa e muje es p oceden es de oda la geo-
g a ía española, aunque el g upo más nume-
oso, como ocu e con los homb es, ue el de
Andalucía. Es as muje es y amilias apo a on
sus ca ac e ís icas a la nue a sociedad que
en onces se es aba o mando en las nue as
ie as.
T adicionalmen e se ha dicho que el p ime
g upo de muje es se aslado a las nue as ie-
as en 1502, con O ando, que en los iajes
colombinos no pa icipó ninguna émina.
Has a hace poco conocíamos los oles del p i-
me iaje, y del e ce o y cua o, y en ninguno
de ellos encon amos cons ancia de p esencia
emenina a pesa de que los mona cas au o i-
za an pa a el e ce o el desplazamien o de 30
muje es. Sin emba go, al analiza el descono-
cido segundo iaje, encon amos nume osas
so p esas y cu iosidades, en e o as, la p e-
sencia emenina. (León, 2007).
Como hemos apun ado, la muje se desdibuja
habi ualmen e en la his o ia ocul a po la p e-
ponde ancia del pad e, ma ido, o cualquie
o a igu a masculina de la amilia. Po eso,
has a que u imos la sue e de encon a una
nómina de los pasaje os de es e segundo iaje
en el A chi o de Simancas, (León, 2006) no
u imos cons ancia de algunos nomb es de
es as muje es, pues de su p esencia ya enía-
mos no icia po palab as del p opio Colón al
ano a en la Ca a Relación del segundo iaje
que en egó un pequeño niño indígena “a una
muge que de Cas illa acá benía.” 4. Don
He nando (cap. LXI, p.201), al habla de la
en e medad de la mayo pa e de los españo-
les que pe manecen en la Isabela esc ibe
“sucedie on las cosas de los c is ianos an
p óspe amen e que, no siendo más de seiscien-
os ein a, la mayo pa e en e mos, y muchas
muje es y muchachos, ...” lo que indica la p e-
sencia de amilias comple as, al menciona a
los muchachos, algo pe ec amen e lógico en
una expedición de asen amien o. Po úl imo,
emi i nos a la nómina mencionada en la que
emos los nomb es p opios de algunas muje-
es como Ca alina Rod íguez, Ca alina
Vázquez y Ma ía de G anada.
Se a a de un iaje de asen amien o, en el que
encon amos una ep esen ación de la socie-
dad g emial de la Cas illa de inales del siglo
XV, po ello no debemos ol ida que muchos
de es os a esanos lle a ían consigo el núcleo
amilia , al menos algunos casos des acados
como los 22 homb es de campo o los 12 ca -
pin e os.
Las muje es cas ellanas lle an a Amé ica su
alo es mo ales de los bienes ob enidos con
es ue zo, pues sus pe sonalidades se han o -
mado en ambien es du os, buena pa e de las
muje es cas ellanas de ni eles in e io es p o-
ceden de amilias de ag icul o es. Y en su
nue o emplazamien o ambién es necesa io
abaja mucho pa a pode alcanza un cie o
bienes a económico.
Desde 1502 conocemos la llegada cons an e de
muje es españolas a ie as ame icanas, cuan-
do el comendado Nicolás de O ando lle ó con-
sigo algunos ma imonios de gen e p incipal.
Es aba dispues o que ni sol e as, ni casadas
acompañadas de su ma ido pasa an a Indias,
sin emba go, el 18 de mayo de 1504 se au o i-
zó a la Casa de la Con a ación pa a que
pudie an emba ca aquellas mozas que pa e-
ciese que no aje an mal ejemplo. Así, las p i-
me as muje es sol e as de que hay cons ancia,
llega on a San o Domingo en 1509, con Diego
Colón y su muje doña Ma ía de Toledo.
Según los es udios de José Luis Ma ínez
(1983: 168), el po cen aje de emig ación eme-
nina que llegó al Nue o Mundo a a és de
España llegó a se de has a un 28.5 % en el
pe íodo 1560-1579. "De las 5.013 muje es
egis adas que an a Amé ica en es a ein e-
na, 1.980 (ce ca del 40%) e an casadas o iu-
das, y 3024 (60%) sol e as". No es nada des-
p eciable la ci a de un 60% de muje es espa-
ñolas sol e as emig adas, algunas de ellas
acompañadas de niños, y que es e núme o sea
en o al más al o que el de las casadas. Con
espec o a es e pa icula , Richa d Kone zke
(1945:146) comen a: "Lo que se explica eco -
dando que en onces exis ía un exceso de
muje es y que a muchas de ellas les esul aba
imposible casa se". Es as ci as con adicen y
69
V i s i ó n d i d á c i c a d e l a m u j e p o b l a d o a e n A m é i c a e n e l s i g l o X V I
(4) RUMEU DE ARMAS, A. (1989): Lib o Copiado de C is óbal Colón. Mad id. Sob e el segundo iaje a an los documen-
os II, III, IV, y V, esc i os po Colón. Relaciones ecogidas ambién en Colección Documen al del Descub imien o. Vid
conc e amen e Ca a Relación del segundo iaje, p. 450.
desmien en la idea de que los españoles úni-
camen e u ie on acceso a muje es na i as del
ecién descubie o con inen e.
Buena pa e de las españolas llegadas a
Amé ica acep ó en sus casas a los hijos mes i-
zos de sus ma idos (Es e a, 1992). En un p in-
cipio se les acep ó y educó, pe o con el paso del
iempo es os se con i ie on en i ales de los
descendien es legí imos. Además los mes izos
e an conside ados hijos del pecado, y aunque
la Iglesia en un p incipio no condenó el concu-
bina o, se es o zó pa a que los españoles i ie-
an en ma imonio. Algo que ambién po en-
cia ía el Es ado, pues la amilia ayuda a c ea
asen amien os y a es ablece se. De es e modo,
acili ó el desplazamien o de jó enes cas ella-
nas a las ecien es poblaciones, omen ando la
co ona especialmen e los iajes de muje es
casadas que iban a euni se con sus ma idos,
que habían ma chado iempo an es a las nue-
as ie as (Vas Mingo, 1991).
De expediciones pos e io es, sabemos que 8
muje es llega on en 1519 con He nán Co és
a e i o io mexicano, y 4 poco después con
Pán ilo de Na áez. (al menos 8 en compañía
de sus ma idos), …, y una la ga elación que
no es momen o de ano a .
Las muje es cas ellanas ambién u ie on que
hace en e a la soledad al habe pe dido a su
pa eja y a sus hijos p ema u amen e. La iu-
dez ue algo muy común po lo que es as
muje es se ie on obligadas a a on a p oble-
mas de i ados de es a nue a si uación. Po lo
gene al ol ían a casa se bien po p oblemas
económicos, o po la necesidad de que un
homb e (en ocasiones un hijo o un he mano),
ges iona a la he encia amilia .
Es cie o que las expec a i as de mejo a la
posición e an g andes, an o si iban como
simples poblado es o abajado as al se icio
de un seño , como si e a esposas de unciona-
ios, pa a los que es des ino suponía un
ascenso en su ca e a.
LA MUJER, TRANSMISORA DE LA
CULTURA Y COSTUMBRES CASTELLANAS.
La educación no siemp e dependió de la ins i-
ución escola . Además de la ca equesis, la
acción in encionada de educa a la población,
especialmen e a las muje es, no e a un asun-
o impo an e. En ese ma co es donde si ua-
mos la a ea didac a de las muje es cas ella-
nas del siglo XVI, cen ándose en “la o ganiza-
ción de la casa, la educación de los hijos, el
lenguaje, el modo de es i y de compo a se,
el ho a io, las cos umb es, la mane a de coci-
na , e an aspec os que dependían de la muje ,
po lo que su in luencia e a g ande en aquel
nue o ambien e” (…).
“Todo ello suponía un asplan e cul u al
en e una y o a o illa del A lán ico, en el que
la muje enía un impo an e papel como
ansmiso a de cul u a. Enseñaban las cos-
umb es, el idioma y el modo de come y es-
i a muje es y niños indios acili ando así la
acul u ación indígena. La lejanía de su luga
de o igen ac uaba como impulso pa a epe i
de la mane a más iel posible el modo de ida
que había dejado en España, asladándolo a
ie as ame icanas”. (González del Campo,
2000:1143).
Las amilias de españoles cons i uían en las
nue as poblaciones un núcleo en o no al
cual es aba la población indígena que cul i a-
ba los campos o se ocupaba del se icio
domés ico en las casas p incipales. “A medida
que se consolidaba la colonización ue su -
giendo la sociedad c iolla y mes iza, que da á
luga a la ac ual sociedad ame icana. Sus aí-
ces, adiciones y cos umb es se emon an en
g an pa e a aquellas muje es que, al o o
lado del A lán ico, se p eocupa on de o ma
unos hoga es como os que habían conocido
en su ie a cas ellana” (González del Campo,
1998: 33).
El caso de cada muje que se desplaza a ie-
as ame icanas es dis in o. Como ya hemos
apun ado, unas iban al encuen o de sus
ma idos una ez allí asen ados, o as iajaban
jun o a algún miemb o masculino de su ami-
lia (ma ido, pad e, he mano), o lo hacían como
acompañan es de o os emig an es. Las muje-
es que iajaban solas casi siemp e lo hacían
acompañadas po un ma imonio o una pe -
sona de con ianza. De es e modo, las españo-
las lle a on a las nue as ie as el lenguaje
usado en la ida dia ia, el nomb e cas ellano
de los alimen os, de las u as, de los anima-
les domés icos, de los ejidos y p endas de
es i ue asmi ido po ellas a las pe sonas
de su en o no. (Pe eda, 2000). Uno de los
70
M ª M o n s e a • L e ó n •G u e e o
aspec os que les esul ó más di ícil ue el culi-
na io. No sólo había p oduc os que no podía
encon a ácilmen e, sino que an e ellas apa-
ecían o os nue os como la pa a a, el oma e,
el chocola e, e c., que se p esen aban como
algo exó ico y di ícil de asimila en la gas o-
nomía a la que es aban acos umb adas.
LA MUJER CASTELLANA, EDUCADORA
DE LA MUJER INDÍGENA.
Aunque su papel no ue solo el de ansmisión
de la cul u a cas ellana del siglo XVI, ambién
la encon amos a endiendo a los conquis ado-
es he idos. La sanidad en el ámbi o domés-
ico ue una pa cela ese ada a la muje . Las
cas ellanas conocían la p epa ación de nume o-
sas in usiones pa a los males de es ómago, ci -
culación, cocciones de hie bas medicinales pa a
aplica ca aplasmas, e c. Pe o, sin luga a
dudas, “donde las muje es desempeñaban la
labo médica más impo an e e a en los pa os”
(Llo e , 1990). Las mayo es y las pa e as asis-
i ían a las españolas que allí die on a luz, y
ambién las indígenas del en o no colabo a ían
en el pa o y apo a ían sus conocimien os
sob e las hie bas medicinales de la zona
(Sahagún, 1988).
Pe o cen ándonos ya de mane a especí ica en
la labo docen e de la muje , podemos asegu a ,
como Jose ina Mu iel (1992:60), que “las muje-
es de en onces u ie on conciencia de que sus
acciones ela adas an escue amen e e an mini-
mizadas po los his o iado es y de que los bene-
icios de la conquis a debían se ambién pa a
ellas. Con a esa injus icia se ebelan y esc iben
ca as al mona ca, in o mándole de sus ac os y
eclamando su a ención pa a ob ene el econo-
cimien o de mé i os y oda esa se ie de me ce-
des y demás bene icios económicos que ya se
habían dado a los homb es. Algunas lo consi-
guie on pa a su dis u e pe sonal, o as pa a
sus descendien es-”.
Un aspec o undamen al de la educación eme-
nina e a el denominado gené icamen e como
“ a eas muje iles”, que e a p incipalmen e
ap ende a “ egi la casa”, es deci , se una
seño a de su casa, esposa y mad e, además de
ap ende a bo da , hila , eje , e c. Además de la
educación de sus hijos, an impo an e o más
que la que es os ecibían en las pequeñas
escuelas que se ue on c eando jun o a las igle-
sias de las c ecien es poblaciones, la muje cas-
ellana se ocupó de educa a las niñas indíge-
nas (especialmen e las hijas de los caciques).
Con ello se acili aba el p opósi o de o ma una
sociedad a semejanza de la española.
De mane a some a, podemos a i ma la pues a
en ma cha de dos ipos de cen os educa i os
pa a las niñas indígenas en el siglo XVI, espe-
cialmen e en e i o io no ohispano: las escue-
las elemen ales ex e nas
5
, y los ecogimien os
pa a niñas indias con ca ác e de in e nado
6
.
Pa a log a la mencionada educación, se c ea-
on colegios especiales, sob e odo en México,
buscando pa a ellos maes as españolas. Con el
in de educa a las niñas indígenas en colegios
in e nados, los ailes busca on muje es espa-
ñolas, con ando con el in e és de la empe a iz
Isabel de Po ugal. Se en ia on a ias misiones
educa i as o ganizadas po el obispo
Zumá aga y los anciscanos (en un p incipio
con muje es sol e as y casadas) en 1530, 1534,
y en 1535, en las que ue on llegando muje es
cas ellanas pa a adoc ina y enseña a las
jó enes indígenas.
En Texcoco, la e cia ia Ca alina de
Bus aman e ue la di ec o a del colegio y p ime-
a maes a de la Nue a España. Es e cen o se
c eó po la donación de un palacio, el de
Nezahualcoyi zi, de F ay To ibio de Bena en e,
Mo olinía, en 1528, pa a que pudie a es able-
ce se el p ime colegio de niñas. Allí impa ió
educación humana y c is iana, comp ome ién-
dose asimismo en la de ensa de la dignidad de
las muje es.
Como ano a Jose ina Mu iel (1992:61)
“[Ca alina Bus aman e] u o la misión de ense-
ña a las niñas indígenas un nue o modo de
i i , dis in o al suyo en sus bases cul u ales,
en el cual se comp endían desde su medio de
71
V i s i ó n d i d á c i c a d e l a m u j e p o b l a d o a e n A m é i c a e n e l s i g l o X V I
(5) Como las undadas po el anciscano Diego Ma ín en Yuca án en e 1530 y 1569.
(6) Un ejemplo son los p omo idos po Zumá aga, encomendados a las bea as e cia ias llegadas en 1530, y las ocho
muje es en iadas en 1534 po la Empe a iz. Las di icul ades de es os p ime os pasos en la c eación de in e nados pa a
educa a la muje indígena hicie on que poco después las segla es ue an eemplazadas po monjas concepcionis as
pa a que se hicie an ca go de la ac i idad docen e del con en o.
exp esión, la lengua cas ellana, la modi icación
de su mane a de es i , la ealización de nue as
labo es emeninas y has a la o ma de p ac ica
las i udes humanas y conoce las c is ianas.
Les enseñó a memo iza el ca ecismo que los
ailes explicaban, a en ona el can o llano y
eza las Ho as de Nues a Seño a. …”
Es a p ime a maes a, Ca alina Bus aman e,
ue conscien e de que ella sola no podía conse-
gui su inalidad educa i a y buscó la ayuda de
o as muje es, de las que an sólo ci a emos
algunos nomb es: Elena Med ano, Ana de
Mesa, Luisa de San F ancisco, en e o as. El
esul ado ue la c eación de una ed de colegios
emeninos en Nue a España como los de
O umba, Coyoacan, Xochimilco, …, y así has a
diez, en los que du an e cua o años en e 300
y 400 niñas indígenas es u ie on escola izadas.
Poco más di emos sob e es os p ime os pasos
de la muje educado a en ie as ame icanas,
sal o o o b e e esbozo sob e qué ma e iales
didác icos u ilizaban. P obablemen e en es as
escuelas se u iliza an las ca illas de Valla-
dolid
7
, la Ca illa y doc ina c is iana, imp esa
con p i ilegio eal en la San a Iglesia de
Valladolid, que desde 1583, y du an e es
siglos si ió pa a enseña a lee y con a , el al a-
be o, la o mación de sílabas, las ablas de
suma y mul iplica , y o aciones como el pad e
nues o.
A MODO DE CONCLUSIÓN.
Muy poco se ha esc i o de la pa icipación de
la muje , y de su labo en el descub imien o,
colonización y e angelización de las nue as
ie as. El ol de la muje en el ma imonio, en
la amilia, en la educación o en las labo es de
asis encia social du an e el p oceso de coloni-
zación necesi a se es udiado con mayo p o-
undidad.
Como señala Jose ina Mu iel (2000:9) “[las
muje es] ue on las ac i as ansmiso as de los
alo es cul u ales que cons i uye on su mundo,
esos que oda ía llegan a noso os an honda-
men e como pene an en el alma las aguas del
bau ismo”. Ellas, a a és de la educación
eglada y no eglada, son las e dade as sin-
e izado as de dos cul u as di e en es, con aí-
ces p o undas en sus p opias adiciones
(B a o, 2012: 218). Las españolas apo a on
sus p opias cos umb es, que se an a p oyec-
a a oda la sociedad.
Tal y como indica B a o (2012: 215), “el papel
de la muje en Amé ica a a ene una impo -
ancia singula ya que las indígenas ue on
algunos de los más e icaces agen es de mes i-
zaje é nico y cul u al po que, en e o as cosas,
supie on u iliza el ehículo po an onomasia:
la lengua.” (…) “las muje es indígenas, como
nanas de los niños c iollos o mes izos colabo-
an e icazmen e pa a log a una mejo comu-
nicación”. Ac ua on como no ables mediado-
as en e la cul u a hispánica y la indígena, es
deci ue on c eado as de una nue a cul u a,
de un o den social cuya je a quía pa ece
depende , en e o os p incipios, del espe o
hacia los mayo es y los an epasados (Casey,
1983).
En e las muje es que iajan a Amé ica las
hay que an únicamen e po acompaña a sus
ma idos y ambién inquie as y emp endedo as
como aquellas que, en endiendo el papel de la
muje educado a, an a se i de maes as a
las niñas indias, mes izas y c iollas.
Elabo ando una eo ía pedagógica a pa i de
la expe iencia, abo da on los sabe es co idia-
nos, que aplicamos de mane a pe manen e en
nues a ida, pe o pa ecen in isibles y es án
excluidos del bagaje de conocimien os dignos
de se enseñados: la alimen ación, los cuida-
dos que necesi a una pe sona cuando es á
en e ma; el cuidado de los espacios comunes;
el alo de las elaciones, e c.
A lo la go del p oceso conquis ado , se com-
p obó la necesidad de o ma maes as indíge-
nas. En es e sen ido son cla as las palab as
de ay Be na dino de Sahagún (1938, omo
III, lib o X, cap. 27) “Ya las que nos pa ecía
que es aban bien ins uidas en la e y e an
ma onas de buen juicio, las hicimos p eladas
de las o as pa a que las igiesen y enseñasen
en las cosas de la c is iandad y de odas las
buenas cos umb es”. Lógicamen e, al a a se
de indígenas como ellas, las niñas las sen i í-
an más ce canas, más comp ensi as y, es de
72
M ª M o n s e a • L e ó n •G u e e o
(7) VARELA y GONZÁLEZ DEL CAMPO (1991), pp. 57-76. LEÓN GUERRERO, M. ª Mon se a (1994).
supone , que las obedece ían con más gus o y
p on i ud. Pe o el ehículo educa i o po an o-
nomasia ue sin duda la amilia y el mes izaje
que se p odujo en su seno.
Podemos conclui diciendo que aunque en la
mayo pa e de los casos no exis ió un sis ema
o icial de enseñanza, no quie e deci que la
enseñanza emenina es u ie a abandonada.
La muje española se enca gó de la conse a-
ción de las adiciones cas ellanas, la eligiosi-
dad domés ica, el modelo de ida amilia .
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