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EL ALCAIDE Y LA CÁRCEL DE LA CHANCILLERÍA
DE VALLADOLID A FINALES DEL SIGLO XVIII.
USOS Y ABUSOS
Ma ga i a To emocha He nández*
Uni e sidad de Valladolid
Fecha de ecepción: diciemb e 2013
Fecha de acep ación: mayo 2014
Valladolid cuen a con la cá cel de la ciudad, la de la Real Chancille ía, la gale a, la
de la Inquisición, la de la Uni e sidad y las inculadas a la jus icia eclesiás ica desde su
ibunal. La ealidad peni encia ia de es a ciudad es pues compleja du an e el An iguo
Régimen, a la ez que poco conocida1. Incluso si nos e e imos a la de la Chancille ía,
la cá cel de mayo impo ancia, po núme o de p esos y po el ibunal al que pe ene-
ce, apenas enemos conocimien o de su ealidad como espacio ju isdiccional2.
* IP del P oyec o HAR2012-31909, inanciado po el Minis e io de Economía y Compe i i idad. Miemb o
del GIE GR48UVAMAZ07.
1. Algunas e e encias de la cá cel uni e si a ia, la municipal o la gale a en: To emocha He nández, M.:
La ida es udian il en el An iguo Régimen, Mad id, 1998, pp. 267 y ss.; «Pob es p esos, p esos pob es.
Asis encia en la cá cel de la ciudad de Valladolid. Siglo XVII», en Ga cía Fe nández, M. y Sobale
Seco, M. A. (coo d.): Es udios en Homenaje al P o eso Teó anes Egido, T. I, Valladolid, 2004, pp. 403-
422; «La co idianeidad o zada de la ida emenina en p isión (siglo XVIII)», en A ias de Saa ed a, I.
(coo d.): Vida co idiana en la España del siglo XVIII, G anada, 2012, pp. 287-502; «Gale a y alle . El
u ili a ismo ilus ado según la «Ins ucción» de A. González Yeb a», en Oli e del Olmo, P., Lozano
U da, J.C. (coo ds.): P ime Cong eso de His o ia de las P isiones e Ins i uciones puni i as. Uni e sidad
de Ciudad Real. 2013.
He as de las, J. L.: «El sis ema ca cela io de los Aus ias en la Co ona de Cas illa», en S dia His o ica.
His o ia Mode na, nº 6, 1999, p. 524.
2. La Chancille ía de G anada cuen a con una apo ación. Gómez González, I.: «La cá cel Real de
G anada», en Co és Peña, A. L., López-Guadalupe Muñoz, M.L., Sánchez Mon es González, F.
(coo d.): Es udios en homenaje al p o eso José Szmolka Cla es, G anada, 2005, pp. 325-332.
DOI: 10.14198/RHM2014.32.06
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Ma ga i a To emocha He nández
En el An iguo Régimen, la cá cel ac úa como ga an ía p ocesal y la pena p i a i a
de libe ad se da en escasas ocasiones3. Exis ía una di e encia en e cá cel con ca ác e
p e en i o y p esidio con ca ác e puni i o4. La adminis ación de jus icia bo bónica a
inales del siglo XVIII de i ó las condenas de los a ones hacia las minas de Almadén,
los p esidios del No e de Á ica, las ob as públicas, a senales de Ca agena, el Fe ol
y Cádiz. Es os ue on los luga es más escogidos, ele ando al se icio en gale as, que
con an e io idad a es a echa había enido un ca ác e gene alizado5. Po ellos se decan-
a on los ibunales i memen e, en e a penas como cas igos ísicos, mu ilación o
des ie o. Penas u ili a is as, que como explicó Salillas p oducen un cambio adical en
la inalidad de la pena, al ans o mase es a en un se icio6.
A inales el A.R. se inicia un concep o de p isión, el con empo áneo, más ajus ado
a esa sociedad, en el que se ex o siona el iempo del eo po que el cas igo pasa a se
una economía de de echos suspendidos7. No en ano, la o ganización peni encia ia es
un e lejo social y polí ico de cada época8.
LA CÁRCEL DE LA REAL CHANCILLERÍA DE VALLADOLID
En la cá cel de la Chancille ía los p esos es aban en cus odia, mien as se seguían
sus p ocesos en la Sala. Pe o, como en el An iguo Régimen exis ían nume osas ju is-
dicciones que sen enciaban, aunque no odas enían la maquina ia su icien e pa a hace
cumpli sus sen encias, es as dejaban la ejecución de las penas en manos de la jus icia
eal o dina ia. Po ello, en es a cá cel es aban ambién p esos p oceden es de o os i-
bunales y de o as ju isdicciones incluso (como la mili a ), a la espe a de que llega a la
cue da de p esos, y en ella di igi les a los luga es en que debían cumpli su condena9.
3. He as de las, J. L.: «El sis ema …», p. 524. Peña Ma eos, J.: «An eceden es de la p isión como pena p i-
a i a de libe ad en Eu opa has a el siglo XVII», en Ga cía Valdés, Ca los (di .): His o ia de la p isión.
Teo ías Economicis as, Mad id, 1997, p. 64.
4. López Mele o, M.: Los De echos Fundamen ales de los p esos y su einse ción social, Tesis doc o al
Uni e sidad de Alcalá de Hena es, 2011, pp. 44 y siguien es.
5. Rod íguez Ramos, L.: La pena de gale as en la España Mode na, Salamanca, 1982; Alejand e, J. A.:
«La unción peni encia ia de las gale as», en His o ia 16, 1978, oc ub e, pp. 48-49.
6. Salillas, R.: La cá cel eal de escla os y o zados de las minas de azogue de Almadén y las ca ac e ís i-
cas legales de la penalidad u ili a is a, Mad id, 1919, p. 4.
7. Foucaul , M.: Vigila y cas iga . Nacimien o de la p isión, Mad id, 1981.
8. Vázquez González, Mª D.: Las cá celes de Mad id en el siglo XVII, Tesis doc o al, Uni e sidad
Complu ense de Mad id, 1992, p. 3.
9. A inales del siglo XVIII es e ema se uel e a egula . En 1797 se aco dó que las cadenas de sen enciados
saliesen dos eces al año, una po mayo y o a po oc ub e. A chi o de la Real Chancille ía de Valladolid
(en adelan e ARCHV) Gobie no de la Sala del C imen, Caja 8.0129. 23/6/1797. También se es ableció
un nue o mé odo pa a la conducción de las cadenas de p esidia ios, y se p ohibió que los eos en e mos
hicie an es e iaje pa a e i a que mu ie an en el camino. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja
9.0005. 1790-1815.
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El alcaide y la cá cel de la Chancille ía de Valladolid a inales del siglo XVIII. Usos y abusos
En uno u o o caso, las es ancias son p olongadas, o mando pa e de la li u gia de la
pena10.
En es e sen ido la cá cel e a un elemen o más de los ibunales, p eciso, y del que
se se ían en la Chancille ía los Alcaldes del C imen pa a pode lle a a cabo oda la
ami ación p ocesal con el iempo y cau ela p ecisa, sabiendo o c eyendo a los impli-
cados a buen ecaudo. Como a i mó Ce dán y Tallada
«Se ha en endido po necesa ia la cá cel en odas las Repúblicas bien gobe nadas del
mundo, en odos los iempos, pa a que una ez hecho el p oceso se pueda da un cas i-
go igual a la culpa, y ello no se puede hace bien, si la pe sona del delincuen e no es á
segu o»11.
La legislación así lo es ablecía. Como apa ece en las Pa idas, «la cá cel debe se
pa a gua da a los p esos no pa a o o mal». Algo que más adelan e ei e ó Ca los III
en 1788, al señala que las cá celes e an luga es pa a «la cus odia y no la a licción de
los eos»12.
Se ha de inido la jus icia en la Edad Mode na, como una jus icia de jueces, y no
una jus icia de leyes. En e ec o, en es a ma e ia e an los jueces los que de e minan la
p isión p ocesal de los indi iduos. Pos e io men e, la au o idad sob e los de enidos la
enía en odo momen o el juez o los jueces que en endie an en su causa. En ningún caso
el alcaide, aunque la ealidad co idiana hacía que se impusie a es a igu a a la de los
magis ados, pues e a la pieza in e media a la que ellos accedían con acilidad, y la que
sabía la si uación de cada uno de los p esos. Po an o, el alcaide se con i ió pa a los
encausados en la ca a ce cana y isible de la jus icia.
ALCAIDE
En la ju isdicción eal, como ha señalado José Luis de las He as, la co ona nom-
b aba di ec amen e los alcaides de las cá celes, muchos de los cuales accedían al o icio
po comp a o a endamien o del ca go. Si así e a, cons i uían una especie de asen is as
p i ados cuya mo i ación esencial esidía en la búsqueda de su p o echo p opio. De
es a ci cuns ancia se de i aban casi odos los abusos de la ida ca cela ia en el An iguo
Régimen13. No obs an e, dada la impo ancia de su unción, ya en las Co es de Toledo
de 1480 se apos ó po que es os se ido es de la mona quía u ie an las mejo es calida-
10. Focaul , M.: Op. ci . Mad id, 1984. An ón Oneca, J.: «Los ines de la pena según los penalis as de la
Ilus ación», en Re is a de Es udios Peni encia ios, 166, 1964.
11. Sando al, B.: T ac ado del cuidado que se debe ene de los p esos pob es... Toledo, Miguel Fe e ,
1564. Simila es a i maciones en o o au o pos e io . Pé ez Ma cos, R.: Un a ado de De echo
Peni encia io del siglo XVI. La Visi a de la cá cel y de los p esos de Tomás Ce dán de Tallada, Mad id,
2005, p. 34.
12. Pa ida VII, í ulo XXXI, Ley IV; No ísima Recopilación de las Leyes de España, Lib o XII, ley
XXXVIII, ley XXV.
13. He as, de las J. L.: «El sis ema …», p. 524.
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Ma ga i a To emocha He nández
des: «los o icios de ca cele os deben se de g an diligencia, y con iene que lo engan
homb es iables»14.
En la Chancille ía de Valladolid es e ca go es aba enajenado a la Co ona; e a p o-
piedad de los Condes de Adane o, que enían la egalía de nomb a lo15.
Su i ula ca ecía de una do ación ija, a di e encia, po ejemplo del alcaide de la
cá cel de la ciudad. En la Chancille ía los p esos debían paga al alcaide po su es an-
cia. De al mane a que és e necesi a eclusos pa a ga an iza sus ing esos. Una cá cel
con pocos inquilinos e a pa a él una quieb a. Pe o aunque es u ie a llena, no odos
disponían de en as
«Pa a un eo que pueda paga sus de echos en an a lo menos ein e los mas in elices
que no pueden sa is ace los…», «sa en odos que de los eos los menos ienen con que
paga al Alcaide».
Ello hacía que el alcaide hicie a su abajo con una disponibilidad dis in a, al y
como decía el i ula José Gil: «…quedo solo ligado con la esponsa ilidad de los o a-
jidos que nada me pueden p oduci mas que desazones y un sumo des elo»16.
En cualquie caso, su ac i idad y sala io siemp e había es ado egulado, desde los
iempos de Ca los I17. En 1774 se o mó un nue o a ancel, que es u o igen e has a
comienzos del siglo XIX, y que a juicio del alcaide José Gil Rueda, le asignaba unos
ecu sos insu icien es y po ello en 1782 solici ó o o a ancel pa a los alcaides18. Como
no se le dio en 1795 seguía p o es ando po sus co os de echos:
«El ecibo que engo pa a odos ellos y p emios de mis a igas, se educe a los de echos
p ecisos de ca celages, sin ene do ación alguna. Es os son an a eglados como que el
a ancel que se o mó en el año de se en a y qua o, quando las cosas se g adua an po la
mi ad de lo que alen en el día… end é que a andona en el úl imo pe iodo de mi ida
mi o icio y no de e a espe a haia quien lo admi a sa iendo lo que p oduce y pensando en
se bi lo con la hon adez que yo lo he hecho»19.
O icialmen e, en 1788, Ca los III en la Ins ucción de Co egido es, ad ie e a los
alcaldes que no eciban nada de los p esos «ni exijan de ellos más de echos que los que
se les deban po a ancel»20. En 1805 se elabo ó una nue a a i a, ac ualizada, con la que
se p e endía deja cla o lo que le co espondía al alcaide y po qué concep os, e i ando
14. No ísima…, Lib o XII, capí ulo XXXVIII, ley I.
15. Bennassa , B.: Valladolid, 1752, Según las Respues as Gene ales del Ca as o de Ensenada, Mad id,
1990, p. 65.
16. A i maciones e idas po el alcaide an e la Sala. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 28,2,
1795.
17. ARCHV, Sec e a ía del Real Acue do, Caja 2,9. Felipe II eguló las obligaciones de alcaldes y o os
o iciales de meno ango que a endían las cá celes y los p esos. Nue a Recopilación, Lib o IV, ley única,
Tí XXVIII.
18. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 102, 4. 20/3/1782.
19. ARCHV, Causas Sec e as, Caja 28,2.
20. No ísima…, Lib o XII, capí ulo XXXVIII, ley XXV.
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El alcaide y la cá cel de la Chancille ía de Valladolid a inales del siglo XVIII. Usos y abusos
así los abusos. Es os se habían cen ado en la úl ima e apa en pedi dine o a los p esos
«po azon de pa en es, escobas, qui a y pone g illos,…»21.
Los alcaldes de Chancille ía, además de la cus odia de los eos, enían en e sus
unciones in o ma a la Sala del C imen o a sus miemb os, de odo lo conce nien e a
la cá cel y a los p esos, cuando ue an eque idos pa a ello22. También la de conse a
los bienes que es os u ie an, que quedaban en depósi o bajo su igilancia. En sus
manos es aban los lib os de la p isión23 (dos de a olio, uno pa a las en adas y o o
pa a las salidas, más o o de las aciones suminis adas a los p esos24), los es manojos
de lla es, los pa es de g illos (en núme o a iable: en el mismo año de 1795 se habla
en una ocasión de 25 pa es y en o a de 67, de los cuales 4 e an sin ba a y 33 enían
pues os25) y dos pliegos de sello. Todos es os ins umen os, y los p esos, e an el caudal
del alcaide, y cuando es e dejaba el ca go empo almen e po en e medad, o e a apa a-
do po que iba a se in es igado, o e a sus i uido, debían se ans e idos a su suceso 26.
G acias a es os aspasos podemos conoce que esos lib os, que no se han conse -
ado, si que exis ie on, dejando de duda de su exis encia, po lo menos pa a el siglo
XVIII, como si lo ha hecho De las He as pa a la época de los Aus ias.
En el día a día, enía que ecibi a los p esos que le lle aban del T ibunal y los que
llegaban de o as ju isdicciones. La p ime a a ea e a hace con ellos una explo ación
exhaus i a,
« econociendo mui po meno así las opas que ahian es idas, como las que ahian
pa a muda se y unos cos ales llenos de paja, en los quales me ie on las manos en odos los
sen idos, sin queda la pa e mas pequeña de ellos y dichas opas que no examinasen»27.
Además
« odos los días se hace equisa a el anochece , y se epi e como dos o es ho as des-
pués, lo que se ejecu a po el Alcaide, acompañado del decla an e [lla e o] y de los p esos
que hay en el qua o de P esen ados, en cuyo ac o se econocen las p isiones de odos los
p esos, las pue as, y pa edes de odos los encie os, se ien an las opas, se en los a me-
llones de los ablados en que due men y inalmen e se obse a si hay alguna no edad que
deba da cuidado…»28.
21. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 19, 19, 1805.
22. Hacía la p opues a an e la Sala pa a el pe sonal subal e no. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja
101, 10, 1797.
23. Que desde 1795 debían es a hechos con papel sellado. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja
1.37. 18/4/1795.
24. ARCHV, Causas Sec e as, Caja 28, 2.
25. Según ci a Concepción Yagüe, cuando Howa d isi ó Valladolid había en es a cá cel 128 homb es y 13
muje es. Yagüe Olmos, C.: Mad es en p isión. His o ia de las Cá celes de Muje es a a és de su e -
ien e ma e nal. Col. de De echo Penal y C iminología, nº 82, G anada, 2007.
26. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 28, 2, 1795.
27. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 78, 4, 1795.
28. Ibid.
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Ma ga i a To emocha He nández
El alcaide mi aba ambién las pa edes y los echos de los calabozos, epa ando
incluso debajo de los ablados. Se hacían al menos dos « equisas» como es as en la
a de: una cuando se acababa de pone el sol y o a a eso de las ocho. Pe o, si bien es a
e a la eo ía, en la in es igación pos e io a alguna uga se pone de mani ies o que no
se enía an o cuidado, y es as negligencias e an ap o echadas po un pe sonal que
que ía libe ad.
Una ez admi idos, el alcaide enía que es a p epa ado pa a ecibi las Visi as que
hacía el T ibunal a la cá cel y a sus p esos, eniendo la obligación de p esen a los «a
cue po y esposados» cuando es o sucedía29.
Igualmen e, enía que con ola que es os p esos no abandonaban la cá cel has a
que el Acue do de la Sala del C imen, así lo aco da a, sin pode deja los en libe ad de
o a mane a, al y como se ecoge en la cédula eal de 171530. Po que, en ealidad, en
odo momen o e an los jueces de cada una de las causas seguidas con a esos indi i-
duos los que enían la capacidad pa a decidi sob e ellos una ez que es aban p i ados
de su libe ad31.
OFICIOS SUBALTERNOS AL SERVICIO DE LA CÁRCEL Y DEL ALCAIDE
Pa a el buen uncionamien o de la cá cel los alcaldes con aban con un pe sonal
del que se se ían. Po una pa e es aban aquellos que desempeñaban un o icio, e an
admi idos po el gobie no de la sala como ales abajado es y pe ciben un sueldo
(médico, bo ica io, mayo doma de los pob es de la cá cel, p o eedo e c.)32. Po o a
aquellos con los que cuen a el alcaide pa a de e minadas necesidades, y cuyo abajo
es empo al y eciben como paga lo que hubie an conce ado con él (c iada, he e os,
albañiles, e c.). Finalmen e, los que siendo p esos se les o o ga algún ipo de esponsa-
bilidad (demandade o, lla e o, en e me o).
Es e úl imo g upo, al es a o mado po eclusos cons i uye un cue po de p esen-
cia cons an e en la cá cel, y suele es a compues o po gen es que no ienen as de
sí una «c iminalidad de sang e». Su papel o ma pa e de la conside ada «penalidad
u ili a is a» pues o que algunos conmu an sus penas en los ya ú iles se icios de minas
o a senales po es as unciones.
Los ca gos pe manen es que se les asignan a los p esos son los de demandade o,
lla e o y en e me o, si bien es e úl imo iene un ca ác e di e en e y no siemp e exis-
ió. En los dos p ime os casos uncionan con unas condiciones que no pa ecen es a
es a uidas de o ma o icial, pe o que a juzga po el ipo de pe ición pa a cub i las y
su o ma de p o isión podemos conside a que en el Se ecien os es aban o almen e
29. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 1.10, 1/4/1738.
30. ARCHV, Cédulas y P agmá icas, Caja 22,4, 1715.
31. La in e ención de los jueces e a necesa ia ambién pa a asun os de ele ancia pa a los suje os, ales
como casa se. ARCHV, Cédulas y P agmá icas, Caja, 26,11, 12/10/1748.
32. Pa a la a ención de los p esos se se ían ambién de los abogados de pob es, pe o en endemos que el
pues o de es os es á más en los ibunales que en el espacio ju isdiccional de la cá cel.
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El alcaide y la cá cel de la Chancille ía de Valladolid a inales del siglo XVIII. Usos y abusos
implan adas. Al igual que no había una no ma acep ada po la Sala pa a su nomb a-
mien o, sus unciones enían es ablecidas po una p ác ica secula .
El o icio de demandade o enía sen ido eó icamen e «pa a que no ca ezcan los
p esos de lo necesa io pa a su se icio»33. Pe o, de su exis encia de i aban indudables
en ajas pa a el alcaide, que enía en ellos se ido es sin gas o alguno, al menos el de
la Real Chancille ía, como a i ma la Sala, « espec o que las acul ades que ha enido
es e o Alcaide de pode se se i de aquellos p esos de causas le es».
Así, pudo con a con el e ue zo labo al de algunos penados que, po no ene
deli os ue es a sus espaldas, me ecie on su con ianza. Cuando en 1797 se buscan
eclusos pa a es a unción, el alcaide hace p esen ación a la Sala de dos: uno, que
es aba en la cá cel po habe in en ado iolen a a cie a muje casada y o o, po habe
mal a ado al P io de San a C uz, y que es aba ema ado a dos años de A senales, pe o
que pe manecía en esos calabozos po que había suplicado su sen encia34. Esa misma
p e ención se iene a comienzos del siglo siguien e cuando el alcaide in e ino, an e la
misma consul a dice al espec o de o o indi iduo que apun a como idóneo:
«ha e me yn o mado de dicho Roman de la causa del ci ado Mayo al, me ha espon-
dido que ien puedo hace la p e ensión an e V.A. pa a que sea dicho mandade o pues la
e e ida su causa es muy poco lo que esul a de ella con a el,…»35.
En o as ocasiones, los p opios p esos, en e ados de que se necesi a quien desem-
peñe es e o icio, esc ibie on ellos mismos su pe ición pa a o ece se. Lo hace Manuel
A. de Cas añeda, que condenado a cua o años a bajeles, lle a ce ca de es en es a
cá cel sin que le hayan desplazado. Él mismo se ende como el candida o más a o-
able pues:
«…nunca du an e el ci ado iempo de su p ision ha dado el mas lebe mo ibo pa a se
ep endido en la meno cosa po ningun s . juez, alcayde ni o a pe sona, espec o su genio
paci ico, humilde y buen p ocede que ha enido en ella como pod a in o ma el ac ual
alcayde…»36.
Ello signi ica que enía en ajas, cuan o menos conmu a su pena en o o es able-
cimien o po es e, que ya les e a conocido y en el que enían una condición especial.
Se especi ica en el caso de José Texe a, cuando el alcaide in e ino dice que hace su
p opues a de un de e minado indi iduo
«…a endiendo además (según engo en endido) a la espues a de el S . Fiscal en que
dice que los qua o años que la sala le ympuso se le conmu en en se i de demandade o
po se eneme i o a ello; lo que pongo en no icia de V.A.…»37.
33. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 101,10, 1797.
34. Ibid.
35. Ibid. 1801.
36. Ibid. 1802.
37. Ibid. 1801.
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En 1803, o o ga on el pues o a Be na dino Sanz, sob ino del Alcaide Vicen e
Pe al. En p incipio podíamos pensa que se a a de una «ex e nalización» del o icio,
pe o p obablemen e no, ya que en 1796 su nomb e apa ece en la p opues a de Gil
Rueda jun o con el de o os cua o eclusos, pa a eje ce es e o icio. Po an o, a pesa
de la elación amilia , hemos de supone que Be na dino llegó a es e o icio po su
condición de p esidia io, y a p opues a de su ío, pe o de la misma o ma que o os lo
hicie on.
De hecho, a pesa de la mue e de su aledo siguió desempeñando el des ino,
pues en endemos que al igual que o os demandade os ocupaba su pues o a p opues a
del alcaide, pe o po nomb amien o de la Sala. Y siemp e lo hizo con la misma des-
conside ación que lo había hecho en ida de és e. Excediéndose «en lleba les mas que
lo jus o po los alimen os que espec i amen e le enca gaban». Vicen e Pe al había
que ido «que a ase con odo a eglo a los p esos que es a an a su ca go» pe o no lo
había conseguido
«…y an lejos es ubo de obse ba lo asi que he an muy con inuas las quejas que le
daban a dicho su hio, no solo del exceso que les lle a a en el pan y o os i e es y comes-
ibles que dia iamen e les ahia, si am ien en el p ecio a que co ia el ino, dandoles es e
gene almen e de agua…».
El males a de su ío/alcaide e a al que mandó a o a sob ina a comp a el ino y
lo midió incluso delan e del sob ino demandade o, y al igual que es o hizo odo lo que
pudo «pa a que subcesi amen e se a eglase a lle a les lo jus o» sin log a lo. Se supo-
ne que el ío que ía e i a que el sob ino pe die a el pues o. Los p esos se quejaban y
se lo no i icaban a los magis ados que hacían la Visi a. Ello dio luga a que se ab iese
una in es igación, que le causó una ep imenda, pese a lo cual, y aunque
«pa ecia Seño que es e demandade o ya ep eendido y cas igado po dicha Visi a ela-
i o a es os escesos, se enmendase y p ocediese con oda mode ación en los que a esp eso,
pues muy al con a io lo a echo que en ida del no ado su hio y pos e io a su mue e a
con inuado exijiendo a dichos p esos quan o a que ido lle a les po cada cosa que se le ha
enca gado po es os, en ales e minos que ademas de segui dandoles mezclado el agua al
co o ino que ao a consumen, igu a con especialidad en los dias de ie nes, que al p o-
beedo a al ado a echa en la olla las aciones conple as, y cau elosamen e aunque a is a
de alguno que lo a no ado, sepa a las aciones de Pescado que le pa ece y se las lle a a su
casa, dexando sin come po aquellos dias a el p eso que le acomoda,…».
El nue o suceso de su ío, al alcaide in e ino Thomás Ma heo, e incluso su muje ,
no u ie on an as a enciones con él y le denuncia on po su compo amien o, dando
oda se ie de de alles a los Alcaldes del C imen, en e ellos que salía de la cá cel pa a
hace sus asun os p opios sin ningún ipo de pe miso. Finalmen e, as muchas acusa-
ciones, es e demandade o ue sus i uido po la Sala que nomb ó a un ecluso, que ya
había eje cido es e ca go; Manuel A. Cas añeda, que enía una a anzada edad pa a odo
lo que se eque ía de él, y que incluso decía ene ya su indul o.
De hecho, las unciones de un demandade o e an nume osas y pa ecen eque i
salud y ju en ud. En e ellas es aban:
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El alcaide y la cá cel de la Chancille ía de Valladolid a inales del siglo XVIII. Usos y abusos
– «es a p on o a las ocu encias que a ha ido pa a la asis encia de dichos
p esos»38.
– «hace los ecados de los p esos».
– «da los llamamien os co espondien es pa a que el medico y ci ujano con-
cu an a isi a los en e mos»39.
– «aca ea el agua que consumen dia iamen e».
– Lle a la olla pa a los p esos desde la casa del p o eedo has a la cá cel40.
– A ende las necesidades esenciales de algunos p esos, como ue «i a un
meson a po la comida del Capellan p eso»; p i ilegiado que no comía de la
misma olla que el es o.
En 1803 esumía Cas añeda así su unción:
«…si biendo a los P esos de es a dicha Real Ca cel de Demandade o pa a quan o se
les o ece, y de iel gua da e cus odia al Alcayde de ella pa a la segu idad y esgua do de
los mismos P esos, cumpliendo y po andose en odo con el mayo esme o, idelidad y
cuidado…»41.
Po odo es e abajo no hay cons ancia de que ecibie an ningún sueldo. Se a-
aba de una pe mu a de años de eclusión en bajeles, p esidios, e c. po una condena
si iendo a los p esos bajo la au o idad del alcaide, pe o con cie as p ebendas. Sin
emba go, un demandade o asegu a que el que ocupa su mismo o icio en la cá cel de la
ciudad cob aba:
«Pa a se demandade o en dicha ca cel de ciudad es aba des inado y sen enciado po
la Sala don Joaquín Lozano que se ha quedado en la o a ca cel en dicho exe cicicio, po
qua en a eales que le dio u o ecio a el an e io demandade o de nacion alenciano que
ya ha cumplido»42.
Las a eas e an nume osas y el sala io p obablemen e ninguno, y aún así, como
hemos is o las pe iciones pe sonales pa a abaja como demandade os no al a on.
Pe o e an posibilidades escasas pues su núme o ue en el mejo de los casos de dos en
1795, al y como se especi ica en una elación de p esos43. Pe o solo un año más a de
el alcaide solo con aba con la ayuda de uno, An onio Baca, y es e además es aba a
pun o de cumpli el iempo de su condena.
A pesa de que la cos umb e pa ece que e a con a con uno o dos, en 1804 el alcai-
de José Texe a eclamó más.
38. Ibidem. 1803. In o me del Alcaide In e ino Thomás Ma heo.
39. Ibid. 1803.
40. Ibidem. 1801.
41. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 82, 16, 1803.
42. Ibidem. 1803. Memo ial de Manuel A. de Cas añeda, que quie e deja es e empleo que ha desempeñado
du an e años, pues dice que ha sido ya indul ado.
43. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 78, 4, 1795.
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Ma ga i a To emocha He nández
Ese mismo año se p oduje on al menos dos in en os se ios. La no icia sob e el
p ime o llegó del lla e o. Él asegu aba que el p eso Manuel, apodado indis in amen e
«el As u iano» o «el Mon añés», enía dos limas, una g ande y o a pequeña, con las
cuales abajaba pa a «ejecu a un ompimien o». El lla e o había sido in o mado po
o o p eso, que es aba en el mismo calabozo (el Calabozo g ande) en que pe noc aba el
«As u iano» y que había ecibido la jo nada an e io 200 azo es. La no icia e a de ia
pues o que al azo ado le había p opues o pa icipa en la uga
«que pa a ello queda ía ocul o en el pozo, que ya enía limada una a golla del made-
o donde se a ianza la cadena del calabozo g ande que es á po la pa e de ue a con el
animo de ende eza la y que le si iese de palanque a pa a a anca pied as pa a el común y
uga se: y que le ab i ía el calabozo donde es aba el dicho F ancisco y demás compañe os
median e ha ia de queda se ue a…»63.
La in es igación pe mi ió sabe que las limas las ocul aba a la en ada de la capilla
en la que se decía misa a los p esos, debajo de una losa «que ai a la misma en ada y
enia una endija en e ella y el enped ado del sopo al o pa io». Allí debajo del din el
de la pue a, había un escalón que había se ido de co e, y se encon ó «…un g an
hueco lleno de pied as mobedizas, que se saca on con acilidad a p oposi o pa a ocul a
en él qualquie lima u o o ins umen o de igual na u aleza», pe o no encon a on allí
las limas en ese momen o, ni ampoco cuando se egis a on los cos ales de paja que los
p esos u ilizaban pa a do mi , odas las opas que enían al uso, incluso los zapa os, las
chá a as o aba cas que u ie an pues as. Pe o en es a inspección, en la que pa icipa on
an o maes os he e os como maes os a qui ec os, no encon a on la lima, aunque si
que halla on una a golla de hie o que ab azaba un made o en el que había o a a golla
con que se asegu aba la made a, limada.
En e odo lo e isado pa a acla a la uga se hicie on con una ca a que había
llegado a un p eso donde sin duda se pone en e idencia la decisión de es e de uga se,
y la decidida in e ención de su esposa, que comunica con él po ca a, pa a que no lo
hicie a:
«Sab as como Ca doso es á des e ado en O iedo, y el Co zo el Chocola e o qua o
años al Fe ol, y Go in de la Jacin a escapose quando le i an a p ende , y con odo salio el
au o qua o años al Fe ol po un A anque de una con esion mala po a e le ecusado el
sueg o de Be na do Mayo ga, y ambién el Be na do se escapó».
La in o mación de la si uación de sus amigos no e a más que un an icipo pa a
solici a le que se con o ma a con su sue e:
«Amigo, sab as como es a de que u e quie es escapa según me esc ibis e, pe o yo
no e lo mando, ni e lo aconsejo, po que ya es oi bas an e ca gada de abajos y mise ias,
mejo e se a compli con u obligación y eni a us hijos pa a que en onces nadie e di a
nada y así mi a no hagas al dispa a e» 64.
63. El 12 de ma zo de 1797 se inició un au o de o icio sob e un in en o de uga. ARCHV, Sala de Gobie no
del C imen, Caja 82, 14, 1799.
64. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 78, 5, 1795.
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El alcaide y la cá cel de la Chancille ía de Valladolid a inales del siglo XVIII. Usos y abusos
Sin inaliza ese mismo año o os p esos se in en an e adi haciendo un boque e65.
La uga se p epa a al in o ma se p e iamen e de que la pa ed no e a de sille ía sino de
mala calidad y descalab ada. La si uación ue llama i a, pues pa a e i a la se oca on
las campanas y ino la opa y g an p o isión de gen e, algo no edoso en onces, que
sin emba go pos e io men e se epe i á.
En 1796 un nue o in en o de uga con una la lis a de implicados muy gene osa:
ca o ce homb es de dis in os o ígenes y o icios in en a on sali con ompimien o de
p isiones y o u as de pue as, lo que no pudie on consegui «po las p on as, opo unas
y e icaces p o idencias que pa a ynpedi an dep abados in en os ue on omados».
Todos ellos es aban p esos en la cá cel de Chancille ía y sus alcaldes del C imen, Don
Miguel O iz O áñez y don F ancisco Ja ie Du án, les acusaban de que el 9 de oc u-
b e de 1796, hacia las 8 de la mañana mien as se celeb aba la misa en dicha cá cel,
a mados con dos na ajas dos escope as, la hoja de un sable y una lima, se amo ina on
apode ándose del alcaide don José Gil Rueda, a quien eduje on en una habi ación, y
ambién a su hija Manuela Gil a pun a de na aja. Y a doña Pe a Oli e os huésped en
su casa, a quien con iolencia, conduje on a medio es i . Amenazándoles a odos y
diciéndoles palab as obscenas66.
La g a edad en es e caso es u o ligada en buena medida a la al a pa icipación, lo
que hizo necesa ia mucha ayuda – an o de los allisole anos, como del ejé ci o– pa a
acaba con el mo ín que se había desa ado:
«ha iendo los ci ados eos hecho en es a o ma an publica y obs inada y escandalosa
esis encia a en ega se y ab i las pue as, sin emba go de los epe idos eque imien os,
que a el e ec o les ue on hechos po odos y cada uno de dichos seño es, que ue p eciso
oca a eba o las campanas de las Pa oquias ynmedia as, con lo que ocu io la mayo
pa e del pueblo a la plazuela de dicha Real Cá cel y am ien la poco opa, que asi de
in an e ía como de caballe ía en la ac ualidad exis e en es a ciudad, a consequencia de los
ecados que pa a ello se pasa on a sus ge es, quienes manda on oca y se ocó la Gene ala
con las cajas po odo el pueblo, y ha iendo enseguida p o is o de a mas en el modo
posible a los na u ales, que sa ian maneja las pa a po es e medio p opo ciona el c ecido
ausilio y ue zas que se conside a an necesa ias …».
Se les ol ió a conmina a la endición, y no hicie on caso, po lo que ue p eciso
desce aja la p ime a sala del c imen, y al segui esis iéndose se hizo uego, hi iendo
a un p eso. El albo o o du ó desde que comenzaba la misa de las ocho has a la una de
la a de, en que se pudo ep imi les.
En 1797 se llegó a pone en la cá cel de la Real Chancille ía gua dia mili a «pa a
que de día y noche ele de la mejo cus odia de los p esos»67, y un año más a de as
o ma un expedien e sob e la insegu idad de es a cá cel y «los muchos eos que hay»
65. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 78, 4, 1795.
66. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 365, 1. 1796-99.
67. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 1.42. 14/11/1797.
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se mandó es ablece un ba allón de opa o una compañía de cien homb es con des ino
a la gua dia y segu idad de las cá celes y sus eos68.
En 1798 se ugó Ped o González, alias Pe iquillo, ecino de Ce ico de la To e
(Palencia), Juan An onio Ma quina (Vizcaya) y An onio Hila ión (Du ango, Vizcaya)
y el iscal ac uó con a el alcaide José Gil Rueda y Blas Román, ecino de la localidad
allisole ana de Mojados69. Fue es a la úl ima uga de la que u o que esponde es e
alcaide. Pues inalmen e, ese año, la acumulación de i egula idades (y puede ambién
que los muchos años que enía), de e minó que Gil de Rueda pe die a su o icio. Pa a
ello se si ie on los Alcaldes del C imen de odos los p ocesos que con a él había
seguido la Sala de Gobie no, que es aban cus odiados en el a chi o de la ins i ución y
es as causas si ie on de an eceden es pa a acaba con una igu a que se había omado
ei e adamen e la jus icia po su mano, en menoscabo del ibunal.
Aún así, es e homb e u o abie a una causa con a él has a después de su mue -
e. Falleció en 1801, pe o en 1799 se la había pedido que de ol ie a a la cá cel unos
bienes de su en e me ía. Al no hace lo se le emba ga (en e o as cosas unos bienes
do ales de su esposa), po se «lo obado» de mucha necesidad pa a los pob es. Se le
uel e a pone p eso y p o es a po es os p ocedimien os de los Alcaldes injus os pa a
su pe sona «y pone le en el más in eliz de los es ados, con su amilia, hallandose en la
edad de mas de se en a años…»70.
Cuando la pe sona de José Gil Rueda como alcaide se sus i uyó, ampoco la ida
mejo ó pa a los p esos, es más se ol ió más incómoda: «la al a de es o p ocede de
un Alcayde nada compasibo y al o de ca idad pa a los p esos…»71. Se a a de un
in e ino llamado Vicen e del Pe al, que hizo más c udas las condiciones de la ca ce-
le ía, en unción de pode ga an iza mejo la segu idad, con medidas como elimina
los je gones donde podían gua da limas y o os ins umen os con los que acili a su
uga. Ac uando incluso con a la opinión de los médicos que de endían que les e an
necesa ios pa a pode do mi con menos ío72.
Además es e nue o alcaide, Vicen e del Pe al, que accedió al o icio como in e-
ino, no a dó en solici a g a i icaciones y ayudas de cos a po los muchos gas os y
cuidado en la cus odia de los p esos du an e su in e inidad, aunque, como hemos is o,
se se ía pa a demandade o de un sob ino suyo, p eso, y de muy mala condición73.
Po o a pa e, ampoco acaba on con el nue o alcaide las ugas, pues en 1799,
es cán ab os y un palen ino in en a on una74. Sin duda, es muy p obable que en oda
68. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 1.44. 23/6/1798.
69. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 684, 1. 1798-99.
70. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 26, 4, 21/1/1799.
71. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 82. 13, 1798.
72. Ibid.
73. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 101.12, 1799-1803. Él e a el i ula de la cá cel de la ciudad,
donde dejó como in e ino a su sob ino polí ico. Plei os c iminales, Caja 684.1.
74. ARCHV, Sala de Gobie no del C imen, Caja 1989, 7. 1799-1806.
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El alcaide y la cá cel de la Chancille ía de Valladolid a inales del siglo XVIII. Usos y abusos
es a con lic i idad que se gene a a inales de la cen u ia u ie a mucho que e la
supe población peni encia ia75.
CONCLUSIÓN
La cá cel de la Real Chancille ía a inales del An iguo Régimen i ió una e apa de
ans o maciones y con ulsiones. La di igía y con olaba un alcaide, agen e de la jus i-
cia, pe o nomb ado po el conde de Adane o, que se man u o du an e un la go pe iodo
de iempo en su o icio. Es e pe sonaje, que an e io men e había eje cido como p ocu-
ado , no e a en ningún caso una pe sona ejempla . Ac uaba po su cuen a, al ma gen
de lo dispues o po la Sala del C imen, que e a la que en de ini i a enía que egi es e
espacio ca cela io y a odos sus miemb os. Fue sancionado de o ma ei e ada, an as
eces como lo e an sus incumplimien os, pe o de o ma le e. Como consecuencia ue
suspendido en no pocas ocasiones de su empleo, pe o empo almen e, sin llega a pe -
de en ningún caso el ca go de ini i amen e, que en úl imo luga y po es a enajenado
a la co ona enía un p opie a io pa icula . En esos pe iodos en que se le e i aba la
con ianza se le sepa aba ambién del ca go, eniendo que nomb a alcaldes in e inos.
Es o causaba al e aciones en la o ganización y ma cha de la cá cel, po el me o hecho
del cambio de manos en la di ección.
Pe o es a ealidad conc e a se p odujo al mismo iempo que en e los jueces de
lo penal se daba una con inua insis encia en modi ica , eglamen ando aspec os muy
di e sos de la ida de los p esos. Y, sob e odo, se pe cibe la pe i encia de iejas ó -
mulas de egi la cá cel con los usos y abusos de un alcaide que po lle a an o iempo
en el o icio hizo y deshizo a su an ojo, mien as que la eno ación llegaba a golpe de
expedien e desde el Gobie no de la Sala del C imen.
Todo ello dio luga a que la úl ima e apa del siglo XVIII y los comienzos del
siguien e la ida ca cela ia de la Chancille ía de Valladolid ue a especialmen e con-
ulsa, dando luga a p esen ación de pe iciones colec i as e indi iduales, que dejaban
e el descon en o de los p esos, y o as o mas más adicales de p o es a, que incluían
las ugas.
Po o a pa e, al mismo iempo que se man enían u inas peni encia ias del pasa-
do en la cá cel masculina, en la gale a los ju is as ilus ados inculados a la Sala del
C imen a icula on p opues as inno ado as pa a la ida de las eclusas, en las que el
u ili a ismo ilus ado se deja sen i a a és de la egula ización de sus jo nadas, en
las que se incluye una o mación p o esional y el desempeño labo al inculado a los
ela es.
75. ARCHV, Gobie no de la Sala del C imen, Caja 82.001. 1797.
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Ma ga i a To emocha He nández
Así, en es e pe iodo en que los ju is as e isan la elación en e deli o y pena
(Becca ia, La dizabal), Ben ham hace p opues as pa a la ealidad ca cela ia, o el inglés
Howa d, además de hace las, isi a algunas cá celes de la península, y González Yeb a
y Ma celino Pe ei a edac an sendas O denanzas pa a el uncionamien o de la Cá cel
Gale a dependien e de es e mismo ibunal, la de la Real Chancille ía –p obablemen e
una de las más consolidadas y g andes de Cas illa– p esen aba una decadencia mani-
ies a que se dejaba sen i en las cons an es al e aciones, las epidemias y las ugas.