La evolución demográfica de Castilla y León: una trayectoria que refleja los rasgos y manifiesta las contradicciones del modelo español
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3. La evolución demográfica de Castilla y León: una trayectoria que refleja los rasgos y manifiesta las contradicciones del modelo español Pedro Caballero Fernández-Rufete, José María Delgado Urrecho y Luis Carlos Martínez Fernández Departamento de Geografía Universidad de Valladolid
3. La evolución demográfica de Castilla y León: una trayectoria que refleja los rasgos y manifiesta las contradicciones del modelo español 3.1 Introducción Una vez planteadas desde una amplia perspectiva espacio-temporal las líneas maestras de la evolución y características demográficas de nuestro país, es posible profundizar adecuadamente en estos mismos aspectos referidos a la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Un contexto que nos da la perspectiva suficiente para comprender hasta qué punto la interpretación de los hechos y las realidades sociodemográficas de esta Región ha sido (intencionadamente o no) sesgada, pues el carácter “extremo” que adquieren en ocasiones algunos de los indicadores más utilizados se han tratado de mostrar como ejemplo de “anomalía demográfica”, cuando en realidad no se trata sino de un aspecto más o una de las diferentes ópticas o ángulos en que se materializa un modelo más general, que implica a su vez el desarrollo de una serie de movimientos de fondo, cuya cadencia sólo puede adecuarse muy parcialmente a los rápidos cambios que, en múltiples órdenes nos proporcionan nuestros acelerados estilos de vida. El propósito del presente epígrafe es, pues, explicar cuál ha sido la trayectoria y, en consecuencia, cuáles han sido los procesos demográficos que a lo largo del tiempo han ido conformando la situación y características que actualmente presenta la población castellana y leonesa, adoptando al igual que en el capítulo anterior esa amplia perspectiva temporal que nos retrotrae hasta comienzos del siglo XX, cuando ya se venían registrando trayectorias que, a la postre, serán altamente significativas en la configuración demográfica regional. Unas trayectorias o tendencias cuyos rasgos generales y componentes nos sirven para diferenciar tres grandes períodos a la hora de abordar las explicaciones referidas al espacio castellano y leonés. Cómo ya se ha adelantado en el capítulo anterior, existen ciertas dificultades para el análisis diacrónico de los efectivos demográficos, en virtud de la heterogeneidad de la información disponible. De este modo, para un análisis evolutivo general a escala provincial al que se incorporan otros elementos como el movimiento natural, a fin de poder cuantificar de manera indirecta el saldo migratorio, aconseja utilizar los referidos a la población de hecho, tal como se ha considerado en otros estudios, 301LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
al menos hasta 1991, debido a que el “subregistro censal”, especialmente llamativo en la población de derecho de 1991, puede llevar a conclusiones completamente alejadas de la realidad, cuando, el objetivo esencial es identificar procesos y trayectorias que nos permitan explicar y comprender la situación actual. Finalmente, para los años 2001 y 2010 se han utilizado los datos del Padrón Municipal de Habitantes a 1 de enero de cada año, basados en un registro permanente de población más homogéneo y fiable. Figura 3.1 Evolución de la Población de España y de Castilla y León en números índice. 1900=100 Fuente: INE. Series históricas de Población y Padrón Municipal de Habitantes. Elaboración P. Caballero. La evolución en la cuantía de los efectivos demográficos en el espacio que actualmente conforma la Comunidad Autónoma de Castilla y León ha mostrado de forma permanente y continuada una trayectoria más o menos divergente (o, al menos no convergente) respecto a la que ofrecía el conjunto español, tal como se muestra en la figura 3,1, lo que nos permite considerar la pérdida de significado demográfico como una “constante histórica” en ese espacio del interior peninsular, al haberse convertido en “abastecedor de recursos humanos” a otras circunscripciones más afortunadas, tanto dentro del país como también (aunque en menor medida) allende nuestras fronteras. Una situación que, como podremos ir comprobando a lo largo de los siguientes epígrafes, ha determinado que los castellanos y leoneses no sólo sean menos, sino que adquieran también unos rasgos estructurales que acentúan al máximo algunos elementos distintivos de nuestra composición por edades, conformando un panorama que extrema las dificultades de revitalización demográfica, al margen las posibles aportaciones de población foránea. 302 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 300 200 175 150 125 100 225 250 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010 España Castilla y León
En virtud, precisamente, de las líneas maestras de esa trayectoria evolutiva, y sin perjuicio de ulteriores matizaciones, el período considerado se puede dividir en tres grandes etapas. División que tiene, ante todo, un carácter instrumental o de “primera aproximación”, ya que, aun cuando resaltemos algún rasgo, situación o tendencia como distintivos de unas u otras fases, éstas en realidad distan mucho de ser homogéneas, tanto temporal como espacialmente, e incluso si se estudiasen separadamente las circunscripciones infra-regionales, la división en grandes fases o etapas podría no ser, ni mucho menos, la misma para unas u otras. En consecuencia, no se debe, ni se pretende, “compartimentar” el análisis evolutivo, se trata, simplemente, de organizarlo y (siempre dentro de la adecuada contextualización descrita en el capítulo anterior) atender en cada momento, tanto a los elementos comunes como a los rasgos diferenciadores. La primera de ellas se refiere a toda la primera mitad del siglo XX y vendría caracterizada, en general, porque las cifras arrojadas por los recuentos censales casi siempre superan las ofrecidas por el anterior. Es decir, con independencia del ritmo o la intensidad, se trataría de una etapa de progresivo incremento demográfico, al final de la cual se alcanza el máximo poblacional dentro de este espacio (2.864.378 habitantes), aspecto en el que difiere del resto de las actuales Comunidades Autónomas españolas, la mayoría de las cuales registran la mayor cuantía de su población en la última fecha considerada. En las que no se cumple esta premisa se continuó registrando aumentos cuando menos hasta el decenio siguiente, confirmándose, pues, para nuestro espacio regional un carácter regresivo más temprano que en el conjunto del país, cuyos principales factores y manifestaciones deberemos resaltar. La segunda de las fases que hemos distinguido abarca la segunda mitad del siglo XX, en la que, tal como se aprecia en la figura 3.1, las líneas trazadas por nuestra Región y el conjunto del país adoptan trayectorias opuestas, siendo éste el rasgo fundamental. El conjunto español, pese a la intensificación en la intensidad emigratoria, ya comentada, registra las mayores ganancias de todo el siglo XX, tanto en términos absolutos como relativos, mientras el conjunto territorial que hoy constituye Castilla y León ha visto cómo se producía una considerable inflexión a la baja en la cuantía de sus efectivos, de tal modo que al finalizar el siglo XX se configuraba como la Comunidad Autónoma con menor crecimiento demográfico de la pasada centuria, pues la variación positiva apenas ha alcanzado el 8%, cuando en el conjunto español los efectivos se han multiplicado por 2,2. Esto se traduce, obviamente, en que la comparación de las tasas de crecimiento medio anual acumulativo de ambos espacios arrojan una relación de más de 10 a 1 a favor del conjunto español. Unas diferencias debidas, aunque no sólo, a lo sucedido en esta etapa, en la que España 303LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
acelera sus ganancias, a pesar de los procesos migratorios244, en tanto que Castilla y León pierde en esta segunda mitad de siglo dos tercios de las ganancias acumuladas durante la primera. Procesos tan bruscos y acelerados que han provocado que al final del período la explicación causal de las pérdidas deba modificarse, pues en la última de las décadas la salida de efectivos tiene una significación mínima y la regresión demográfica es causada mayoritariamente por el carácter negativo del balance natural al que se deben más de las tres cuartas partes de ese descenso de efectivos. Por último, el comienzo del nuevo siglo viene marcado por una clara inflexión en la evolución de los efectivos castellanos y leoneses, al tornarse en positivo el signo del último balance, con una ganancia neta de más de 80.000 residentes, lo que significa un crecimiento medio anual acumulado de un 0,35%. Es decir, una intensidad sensiblemente inferior a la del conjunto español pero, al menos, la evolución se manifiesta en el mismo sentido y además nuestra Región deja de estar a la cola de los incrementos poblacionales, a pesar de encontrarse lastrada por esa regresión en el crecimiento vegetativo muy vinculada a las transformaciones estructurales derivadas de procesos más antiguos. Al igual que en el resto del país, pero con menor intensidad, la llegada de inmigrantes foráneos ha hecho incrementarse el número de residentes. Un aporte foráneo que ha conseguido compensar el desfavorable balance natural y cuya disminución a partir de la crisis económica ha vuelto a situar a la Región en “números rojos” en los últimos dos años, reafirmando la necesidad de no desistir en las iniciativas conducentes a la revitalización demográfica. Todo en virtud de una situación y circunstancias en cuya configuración tienen mucho que ver, como vamos a explicar, unos procesos “de fondo” muy antiguos, que dotan a la evolución demográfica de Castilla y León de un componente inercial que hace realmente difícil revertir la situación. Ahora bien, en el marco de un informe como el presente, no podemos realizar un análisis exhaustivo de todos los aspectos de la evolución de la población castellana y leonesa, máxime cuando muchas de las cuestiones ya han sido planteadas en el capítulo correspondiente a la población española. Dejaremos a un lado, o trataremos de forma muy tangencial algunos aspectos, como la dinámica interna, en el que los planteamientos generales, la trayectoria evolutiva y los argumentos explicativos no difieren significativamente de los que se han apuntado para el conjunto del país. Nos centraremos, por tanto, en las principales “líneas de fuerza”, en los fenómenos y/o procesos que tienen un verdadero carácter explicativo, centrándonos en la configuración del la Región como un ámbito claramente emigratorio, en el que la continuidad 304 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 244 Hemos de señalar que en las cifras de población al final de esta etapa (2001) el proceso migratorio español no tiene mucho impacto ya que en esta última fecha ya sean producido la mayor parte de los retornos correspondientes a dicho proceso.
temporal y la intensidad de las salidas de población han tenido un impacto tal que han condicionado y siguen condicionando en gran medida, tanto los rasgos estructurales como las propias posibilidades de recuperación demográfica, tal y como tendremos ocasión de comprobar. Así en sucesivos epígrafes iremos analizando el desarrollo de estos intensos movimientos de población, que han incidido decisivamente, en la cuantía, dinámica y características de los efectivos residentes en el territorio que actualmente conforma la Comunidad de Castilla y León, para finalizar con las transformaciones en las estructuras demográficas, muy vinculadas al fenómeno anterior, que hacen del envejecimiento un rasgo distintivo de nuestra Comunidad, lo cual merecerá una consideración más pormenorizado en el capítulo final de este informe. 3.2 Una muy temprana configuración como región emigratoria. La importancia de las salidas de población en la primera mitad del siglo XX Aunque encontrar los orígenes de los acontecimientos y situaciones socio-demográficas siempre exigirá remontarse a etapas anteriores, el espectro temporal considerado nos permite comprobar cómo al territorio que hoy conforma Castilla y León le ha correspondido, con una continuidad más que secular, desempeñar el papel de “cenicienta” en los procesos de crecimiento y redistribución de los efectivos demográficos en nuestro país. Así, desde que existe una disponibilidad más o menos regular y homogénea de información sobre la cuantía de las personas residentes en las distintas circunscripciones provinciales españolas, cada una de las operaciones censales revelaba un peso demográfico ininterrumpidamente decreciente para el conjunto de las nueve provincias castellanas y leonesas, que al comenzar el siglo XX albergaban a más del 12% de los residentes nuestro país, proporción que se redujo en más de dos puntos porcentuales a lo largo de esta primera fase, que, en términos generales, puede calificarse de “crecimiento ralentizado”, un rasgo que distingue no sólo al conjunto regional, sino también a la mayor parte de sus demarcaciones, siendo especialmente llamativos los casos de Soria y Zamora, que han registrado unos ritmos de crecimiento medio anual por debajo del 0,3%, encontrándose ambas en el grupo de las 10 provincias españolas con un menor crecimiento. Pero más que la existencia de casos extremos lo que otorga los rasgos distintivos de este período a Castilla y León es su generalización espacial, ya que todas y cada una de las demarcaciones provinciales han registrado tasas de crecimiento medio anual acumulativo sensiblemente inferiores a las del conjunto nacional (0,83%); tan solo León y, apuradamente, Salamanca han conseguido alcanzar o superar el medio punto porcentual, estando el valor de las demás provincias en torno a, o por debajo de, la mitad del valor nacional, tal como se puede comprobar en la Figura 3.2. 305LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
Figura 3.2 Tasas de Crecimiento Medio Anual Acumulativo en el período 1900-1950 Fuente: Censos de Población de 1900 y de 1950 (INE). Elaboración P. Caballero. Figura 3.3 Intensidad del crecimiento de la población en los municipios de Castilla y León. Período 1900-1950 Fuente: Censos de Población y Viviendas años 1900 y 1950 (INE). Elaboración P. Caballero. 306 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN España Segovia Ávila Valladolid Castilla y León Soria Salamanca León Palencia Burgos Zamora 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 0,9 Kilómetros 100050 Intensidad del Crecimiento Mayor que el conjunto nacional Mayor que el conjunto regional y menor que el nacional Menor que el conjunto regional Negativo
Generalización que se ratifica de forma clara y contundente si descendemos en el análisis a escala municipal245, que se ha resumido en la figura 3.3. En ella podemos constatar la amplísima extensión de las circunscripciones que registraron crecimiento negativo, es decir, una tendencia inversa a la detectada tanto en el conjunto nacional como regional. Un total de 936 municipios vieron cómo se reducía su número de habitantes en la primera mitad del siglo XX; representan casi el 42% del total, abarcando una extensión total muy cercana a los 36.000 km2, es decir el 38% del total regional. Una regresión que lejos de estar focalizada se extiende a muchos ámbitos del espacio castellano y leonés. Tanto en las montañas como en las llanuras, así como en la práctica totalidad de las provincias encontramos extensas áreas en las que la regresión demográfica ha sido la tónica dominante, con una tasa negativa de crecimiento medio anual acumulativo del 0,33%. De este modo, si al comenzar el siglo XX este grupo de municipios albergaba más del 35% de los castellanos y leoneses, a mediados de dicha centuria eran menos de la cuarta parte. Para hablar de los municipios con una evolución claramente desfavorable, a los de signo negativo debemos añadir aquellos otros que aun habiendo ganado habitantes lo han hecho en proporciones muy reducidas. La tasa de crecimiento medio anual acumulativo ha sido en ellos de 0,22%, la mitad de la registrada en el conjunto regional (0,44%). Se trata de un grupo de considerable entidad, al estar integrado por un tercio de los actuales municipios (concretamente 744), a los que se adscribe un porcentaje ligeramente superior de la superficie regional (casi el 35%). En definitiva, podemos afirmar que las escasas ganancias regionales, derivan de la contraposición entre lo que sucede en el 75% del espacio regional, donde la tónica dominante es el abandono y un escaso 25% restante, donde la intensidad de crecimiento consigue “equilibrar” los resultados generales, integrado, aparte de por los ámbitos urbanos, por otra serie de áreas en las que la diversidad de recursos y actividades económicas o las posibilidades de intensificación de la actividad agraria, ha permitido soportar un mayor número de habitantes adicionales, siendo especialmente significativo en El Bierzo, el Páramo leonés o las campiñas del Sur del Duero y Tierra de Pinares. Esta temprana e intensa pérdida de entidad demográfica de Castilla y León en el contexto nacional no deriva, ni mucho menos, de una menor vitalidad en cuanto al dinamismo natural de los castellanos y leoneses, sino de que la Región ha sido de las que más temprana e intensamente se ha convertido en abastecedora de mano obra a otras áreas más dinámicas del espacio nacional, al no 307LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 245 La base municipal que se ha utilizado para la cartografía, con independencia de los períodos a los que se refiere es la de los municipios existentes en 2001, tal y como se ha explicado en el capítulo primero.
Tabla 3.2 Saldos migratorios en distintos ámbitos (Cifras absolutas y % respecto a población inicial) 1901-1910 1911-1920 1921-1930 1931-1940 1941-1950 Número % Número % Número % Número % Número % Ávila -13.801 -6,88 -15.411 -7,38 -14.894 -7,11 -7.420 -3,35 -12.861 -5,48 Burgos -23.921 -7,06 -32.346 -9,33 -22.683 -6,74 -5.515 -1,55 -22.904 -6,05 León -32.466 -8,41 -11.404 -2,88 -25.967 -6,30 9.398 2,13 -4.778 -0,97 Palencia -13.438 -6,98 -18.307 -9,34 -9.729 -5,07 -7.025 -3,38 -8.602 -3,96 Salamanca -24.683 -7,70 -37.815 -11,31 -19.752 -6,14 17.012 5,02 -24.145 -6,18 Segovia -11.931 -7,49 -16.032 -9,56 -17.136 -10,26 -4.047 -2,32 -10.792 -5,70 Soria -11.550 -7,68 -16.846 -10,77 -12.756 -8,41 -9.393 -6,01 -14.340 -8,97 Valladolid -22.560 -8,10 -23.099 -8,12 -11.286 -4,02 7.095 2,35 -20.025 -6,02 Zamora -26.450 -9,60 -21.279 -7,80 -10.779 -4,05 -4.464 -1,59 -14.336 -4,80 CyL -180.800 -7,85 -192.539 -8,15 -144.982 -6,20 -4.359 -0,18 -132.783 -4,93 España -393.061 -2,11 76.333 0,38 8.128 0,04 825.311 3,49 -227.947 -0,88 Fuente: Censos de Población y Vivienda y Anuarios Estadísticos de España (INE). Elaboración P. Caballero. Esa implacable continuidad temporal viene determinada por la existencia de un comportamiento similar en una parte absolutamente mayoritaria del territorio castellano y leonés. Así, en una consideración a escala provincial reflejada en la figura 3.5, vemos cómo las nueve demarcaciones (con independencia de que globalmente puedan haber tenido ganancias demográficas) han registrado pérdidas por emigración, en general bastante significativas; únicamente en León el balance migratorio de esta primera mitad de siglo ha representado menos de la cuarta parte de la población inicial. 314 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
Figura 3.5 Saldos Migratorios Provinciales. Período 1900-1950 Fuente: Censos de Población y Movimiento Natural de la Población (INE). Elaboración P. Caballero. Hemos de señalar, sin embargo, que no hay una correlación exacta entre las cifras absolutas y el impacto de las pérdidas, pues las que han arrojado saldos migratorios menos abultados no son precisamente las que han tenido cifras relativas más bajas, siendo el de Soria el caso más significativo, pues una pérdida neta por migraciones de poco menos de 65.000 personas en un espacio ya de por sí poco poblado representó algo más del 43% de la población inicial. En cualquier caso, las cifras absolutas son, sin duda, de consideración, dado que las pérdidas medias anuales siempre han estado por encima de las 50.000 personas y en la provincia con menor impacto relativo (León), la diferencia entre emigración e inmigración ha superado las 65.000 personas, para sobrepasar las 100.000 en Burgos o prácticamente alcanzar las 90.000 en el caso Salmantino. De otro lado, en lo tocante a la generalización espacial de las salidas no deja de ser significativo que en la provincia de Valladolid, con la capital más dinámica de la Región250, el saldo migratorio negativo de estos cincuenta años se acerca a las 70.000 personas. 315LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 250 Según los datos aportados por A. García Barbancho, la capital vallisoletana tuvo en el período 19011950 un saldo migratorio positivo de 55.199 personas. % respecto a la población inicial Positivo -10 a 0 -28,1 a -10 -40 a -20 menos de -40 Saldo migratorio 1900-1950 -10.000 -50.000 -100.000 050 kilómetros 100
Figura 3.6 Saldo migratorio por partidos judiciales. Período 1900-1950 (Porcentaje respecto a la población inicial) Fuente: GARCÍA BARBANCHO, A. Las migraciones interiores en España. Elaboración P. Caballero. Generalización espacial que se ratifica aún más si efectuamos una consideración a escala infra-provincial. Como ya se apuntó anteriormente, la escala municipal no puede ser utilizada para este período, debiendo conformarnos con la referida a los antiguos partidos judiciales, única posible, gracias a la aportación de A. García Barbancho. Una información que para el conjunto del período ahora considerado hemos reflejado en la figura 3.6, de la que se pueden sacar algunas conclusiones interesantes para comprender los procesos y situaciones posteriores. La observación, siquiera superficial, de este mapa ratifica esa gran generalización espacial pues de las 71 demarcaciones representadas, tan solo seis (apenas el 8,5%) presentaron ganancias migratorias en la primera mitad del siglo XX. En el extremo contrario, 27 partidos judiciales (el 38%) perdieron por emigración una cantidad de población equivalente a más de la mitad de la inicial y en otros 30 (el 42%) dichas 316 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 0 Kilómetros 10050 % Respecto a la población inicial Más del 25 de 0 a 25 de -0 a 25 de -50 a -25 inferior a -50
pérdidas se situaron entre la mitad y la cuarta parte de ésta, al tiempo que únicamente 8 sufrieron pérdidas de carácter moderado (inferiores a la cuarta parte de la población inicial). En definitiva, se pone de manifiesto el carácter secular del actual territorio de Castilla y León como un ámbito no sólo claramente expulsor de población, sino también la antigua conformación de un modelo de poblamiento progresivamente más desequilibrado. En efecto, ese carácter expulsor no sólo se manifiesta a través de las cifras globales, sino alcanza mayor expresividad mediante un análisis más “territorializado”. En efecto, a través de la figura 3.6 podemos vislumbrar o deducir la debilidad y, sobre todo, el desequilibrio en la red de núcleos capaces de ofrecer a los habitantes de esta Región alternativas a la emigración. Como hemos dicho los partidos judiciales con saldos migratorios positivos en la primera mitad del siglo XX han sido sólo seis, los cuales tienen su cabecera en otras tantas capitales de provincia; es decir, ni siquiera todos los núcleos de este tipo han sido capaces de retener a los habitantes, cuando menos de su entorno inmediato. Así en los entornos de Ávila, Segovia y Soria predominaron con claridad las fuerzas expulsoras, al tiempo que en el caso zamorano, aun siendo positivo, podemos hablar prácticamente de estancamiento, pues las ganancias medias anuales de todo el partido judicial apenas alcanzaron las 40 personas, representando, en todo el período, menos del 4% de la población inicial. Ciertamente, si consideramos exclusivamente los datos correspondientes a las capitales de provincia, podemos apreciar como todas y cada una de estas ciudades arrojaron saldos positivos en el período considerado, lo cual no impide, sin embargo, ratificar su escasa capacidad de atracción pues la limitada cuantía positiva de los balances no alcanza para compensar la intensidad de las “fuerzas expulsoras” existentes en su entorno inmediato. Éstas simplemente atenúan su impacto pues, como podemos comprobar, las pérdidas “moderadas” coinciden con aquéllos partidos cuyas cabeceras son bien capitales (Ávila, Segovia y Soria), bien centros industriales y urbanos de cierta entidad (Ponferrada, Miranda de Ebro251), con sólo las excepciones de los partidos de Benavente y Alcañices que, por distintas razones, han presentado un “cierto retraso” en sus procesos de vaciamiento, como se comentará en el siguiente epígrafe. En definitiva, el secular carácter expulsor del territorio que hoy forma la Comunidad Autónoma de Castilla y León viene determinado por la exigüidad, en número e intensidad, así como la escasa articulación de la red de núcleos capaces de atraer a 317LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 251 Ni la obra consultada ni los datos disponibles permiten conocer el saldo migratorio para estos núcleos urbanos no capitales. Es de suponer que los municipios hayan presentado saldos positivos, aunque no demasiado importantes.
la población procedente de unos entornos rurales que, en virtud de sus características técnico-productivas, estructurales y socio-económicas, no pudieron retener unos efectivos demográficos cuya dinámica natural era claramente positiva. De este modo, a la hora de determinar la intensidad y, sobre todo, el destino de nuestra emigración “tradicional”, han intervenido no sólo las condiciones internas sino también dinámicas ajenas a la Región que contribuyeron a conformar los principales focos de atracción para los habitantes de estas tierras. En efecto, un análisis más detenido desde el punto de vista espacio-temporal, que aparece recogido en la figura 3.7, nos permite apreciar cómo, siempre dentro de un panorama de amplia generalización espacial, se produce una cierta variación en cuanto a los focos con mayor intensidad expulsara o de atracción. En el primer decenio destaca claramente el cuadrante noroccidental (provincias de Zamora, Valladolid, y León), que en conjunto registró casi la mitad las pérdidas regionales en estos diez años, valores relativos superiores al 8% y cuantías por encima de los 22.500 personas, e incluso superando las 30.000 en el caso leonés, donde ninguno de sus partidos judiciales registró ganancias por inmigración. Todo ello en una década en que las llamadas “migraciones clásicas” con destino allende el Atlántico tuvieron un claro protagonismo y marcaron de forma inequívoca a algunas de nuestras comarcas, lo que explica la mayor intensidad, tanto relativa como absoluta del sector Oeste y Noroeste de León, cuyos rasgos migratorios tienden a asimilarse a los de Galicia252. Lo mismo es aplicable, aunque sólo en parte, a la provincia de Zamora, donde la generalización de las pérdidas es la tónica dominante, pues la “mancha roja” de ganancias que en el mapa refleja el partido judicial de Alcañices es algo engañosa, ya que su cuantía total es de 90 personas (menos de 10 al año), para cuya explicación resultaría necesario un análisis pormenorizado a escala local que escapa al marco general de este informe. Por su parte, Valladolid también registró saldos negativos de intensidad apreciable. Aún cuando el partido judicial de su capital experimentó ligeras ganancias migratorias, fue incapaz de retener el gran número de salidas provenientes de su entorno, que por doquier se configuraba como un ámbito claramente expulsor, siendo especialmente acusado el de algunas comarcas como Tierra de Campos o El Cerrato Vallisoletano (partidos judiciales de Villalón de Campos, Medina de Ríoseco y Valoria la Buena). No podemos entrar ahora en detalladas explicaciones causales de tamañas pérdidas, pues exigiría rea318 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 252 Aunque la provincia, en general no ha registrado una intensidad relativa de las perdidas tan importantes, esta misma explicación cabría aplicar, al menos en buena parte, al caso del partido judicial de Villarcayo, que en este decenio alcanzó el saldo negativo más elevado de nuestra Región, con unas pérdidas de casi 9.000 personas, aunque, en este caso también interviene la proximidad a los entonces incipientes núcleos industriales del País Vasco.
lizar un análisis de la estructura económica regional de la época. Sin embargo, en un contexto en que ésta presentaba una indudable debilidad, uno de los elementos a tener en cuenta es el terrible impacto de la plaga filoxérica al comenzar el siglo XX, que acabó con la mayor parte de un cultivo que, por aquél entonces, empleaba una gran cantidad de mano de obra. Lo que a su vez contribuye a explicar la intensidad absoluta de las migraciones en Valladolid, Zamora y Burgos (las que más viñedo tenían), a las que se añade León donde el modelo migratorio incluye otros elementos que, como ya hemos dicho, lo asimilan al “modelo gallego” muy partícipe de la migración exterior. Figura 3.7 Saldos migratorios provinciales en los distintos decenios de la primera mitad del siglo XX 319LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 1901-1910 1911-1920 1921-1930 1931-1940 Continúa
Fuente: Censos de Población y Vivienda (INE). Elaboración P. Caballero. En la siguiente década (1911-1920) se va a producir, en líneas generales, una intensificación de las salidas registrándose además mayores diferencias entre unas provincias y otras. En primer lugar, por el acrecentamiento de los valores extremos en algunas provincias donde las pérdidas por emigración respecto a la población inicial superaron el 10%, proporción a la que no había llegado ninguna de las demarcaciones durante el decenio anterior. Ocurre así en Salamanca, la mayoría de cuyas comarcas ven incrementadas sus cifras de emigración, tanto en valores absolutos como relativos253. También Soria perdió por emigración más del 10% de su población inicial, debido sobre todo a la intensificación del proceso en torno a la capital y en el partido de Ágreda. La irregularidad se manifiesta asimismo en el importante cambio registrado en León, donde el dinamismo de algunos centros minero-industriales del Norte y Noroeste convirtió el saldo de la provincia en el menor de toda la Región durante esta fase, cuando había sido el más elevado en el decenio anterior. Si las fuerzas expulsaras marcan un contexto de salidas intensas y generalizadas, el movimiento se hace más acusado allí donde se dejan sentir de forma más directa las fuerzas de atracción procedentes de unos centros de destino que ahora son, sobre todo, nacionales, debido a la expansión económica de que gozaron ciertas regiones gracias a la favorable coyuntura que supuso para la industria española la Primera Guerra Mundial. 320 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 1941-1950 % respecto a la población inicial Positivo -2 a 0 -4 a -2 -8 a -4 menos de -8 Saldo migratorio (número) -25.000 -12.500 -2.500 2.500 12.500 25.000 Continuación 253 De todos los partidos judiciales el único que no incrementa la intensidad de sus pérdidas respecto al decenio anterior es el de Béjar, que ya desde comienzos de siglo ha sufrido el éxodo un una especial intensidad. Resulta igualmente revelador que éste sea el único decenio de toda la primera mitad del siglo XX en el que el partido judicial de la capital registra valores negativos.
La tercera década del siglo supuso, como se aprecia en la tabla 3.2 y en los mapas de las figuras 3.7 y 3.8, una atenuación de las pérdidas, pues 7 de las 9 provincias vieron reducirse su cuantía tanto en cifras absolutas como relativas. Las únicas excepciones son León y Segovia. La primera de ellas vuelve a registrar las mayores pérdidas de la Región en cifras absolutas, aunque sus valores porcentuales son casi iguales a los del conjunto debido al brusco cambio de signo registrado en las comarcas del Norte y Noroeste, donde se sitúan los centros minero-industriales, que el decenio anterior anotaron saldos positivos; únicamente el partido judicial de la capital mantiene este rasgo durante la década de los veinte. El caso segoviano es diferente, se puede hablar de un aumento generalizado de las pérdidas en casi todas las áreas (excepto la de Cuéllar), lo cual podría atribuirse a la proximidad de Madrid, que mantiene su capacidad de atracción, a lo que se une la relativa debilidad de su capital provincial. Ahora bien, la atenuación general de las pérdidas durante la década de los veinte no reviste, ni mucho menos, un carácter reequilibrador, puesto que se debe, en buena medida, al incremento en la capacidad de atracción de unos pocos núcleos con mayores ganancias por inmigración, al tiempo que continúan las pérdidas relativamente intensas en casi todo el territorio. En estos años el conjunto de las capitales de provincia vio cómo se duplicaba la cuantía de sus saldos migratorios, cuando el total de las capitales provinciales españolas sólo lo incrementó en un 28,7%. En resumen, podemos decir que la década de los veinte constituye una fase en la que lo positivo de esa atenuación de pérdidas en el conjunto regional se ve contrarrestado por lo negativo de un creciente desequilibrio en la distribución de los efectivos demográficos, vinculado, sobre todo a los movimientos intrarregionales. Ciertamente, tal y como se ha señalado para el conjunto español, el siguiente período intercensal, 1931-1940, es una fase anómala por razones que a nadie se le escapan, lo cual imposibilita extraer conclusiones definitivas sobre las tendencias y procesos a partir de datos que difícilmente pueden reflejar con exactitud la realidad de unos años tan turbulentos, junto a la ya comentada falta de fiabilidad del Censo de 1940. En cualquier caso, el balance migratorio del conjunto regional ve reducidas las pérdidas a menos de la mitad con respecto al decenio anterior, con diferencia las cifras más bajas de toda la primera mitad de siglo, registrándose igualmente un incremento del número de partidos judiciales con saldo positivo, aunque sus valores absolutos sólo son apreciables en los de algunas capitales provinciales que ya habían destacado en el decenio anterior y en Ponferrada, mientras en el resto las ganancias son insignificantes. Aunque el período de la posguerra (decenio 1941-1950), en un contexto de política autárquica férrea, no presentó inicialmente un marco propicio para los desplazamientos, el proceso va ganando importancia a medida que transcurre el tiempo, para alcanzar en el conjunto de la década un saldo migratorio superior a las 321LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
125.000 personas, inferior aún a las de otras etapas ya analizadas, pero cuyo crecimiento progresivo no hace sino esbozar las dinámicas que se van a seguir en décadas posteriores. Si bien, como hemos dicho, la intensidad de las pérdidas es algo más reducida, se mantiene la amplísima generalización espacial de los saldos negativos, pues la totalidad de las provincias vuelven a presentar esta característica, así como la inmensa mayoría de los espacios comarcales. Únicamente 11 de los 71 partidos judiciales tuvieron ganancias, al registrar un impulso considerable las capitales de provincia, que sumaron unos saldos considerables (casi 70.000 personas en total), sólo superadas por las cifras “anómalas” de los años treinta254. Ocho de los partidos juridiciales con saldo positivo corresponden a los de otras tantas capitales de provincia y sólo el encabezado por Soria registró pérdidas, aunque, a decir verdad, las ganancias de otros como Segovia o Ávila fueron insignificantes, por debajo de las 100 personas al año. También registraron ganancias aquéllos que, al menos en parte, abarcan áreas minero-industriales de la provincia de León, Ponferrada, Murias de Paredes y La Vecilla, pero únicamente el primero de ellos tuvo un saldo apreciable, por encima de las 7.000 personas, en tanto que ninguno de los otros dos llegó a superar las trescientas. En el resto del territorio se contabilizaron pérdidas por emigración, que fueron más intensas tanto en las áreas más desfavorecidas como en las de influencia inmediata de las principales capitales de provincia, reproduciendo el tradicional modelo de “succión”, según el cual, en virtud del dinamismo de un centro de atracción dinámico, su entorno inmediato registra pérdidas con intensidad superior a la de otros espacios más alejados. 322 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 254 Las dificultades para el registro de los acontecimientos de dinámica natural así como el “sobreregistro” del Censo del 40, nos indican que, en ciertos casos no sería erróneo pensar que las ganancias de las capitales de provincia en estos años fueron similares o, en algunos casos superiores, a las del decenio anterior.
Figura 3.8 Saldos migratorios por Partidos Judiciales en la primera mitad del siglo XX Fuente: Censos de Población y Vivienda (INE) y de los datos de A. García Barbancho. Elaboración P. Caballero. 323LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 50 100 Kilómetros 0 Saldo Migratorio -9.000 -4.500 -900 900 4.500 9.000 Porcentaje del Saldo Migratorio respecto a la población inicial Positivo -5 a 0 -10 a -5 -15 a -10 -20 a -15
detenida y más “territorializada”. En primer lugar, habría que excluir aquéllos en los que la modificación en el número de residentes ha sido insignificante, con tasas anuales inferiores a 0,1%, pues no revelan una trayectoria positiva, sino más bien un absoluto estancamiento, los cuales ascienden a un total de 10 municipios que han ganado 307 habitantes en 50 años. Figura 3.9 Tasa de Crecimiento Medio Anual Acumulativo en los municipios de Castilla y León. Período 1950-2001 Fuente: Censo de 1950 y Padrón Municipal de Habitantes de 2001 (INE). Elaboración P. Caballero. El contrapunto claro, no sólo respecto a este grupo de estancados, sino, sobre todo, respecto al panorama regional, lo protagoniza de forma casi exclusiva el dinamismo de las capitales provinciales y, concretamente, de las capitales de mayor tamaño de la Región. En el mapa sólo podemos apreciar que gran parte de las demarcaciones con signo positivo se concentran en torno a las capitales y otros (muy pocos) centros urbanos, pero al referirnos a los datos podemos hacer una valoración más precisa. A fin de no alargar demasiado las explicaciones citaremos únicamente las cifras absolutas 330 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Kilómetros 100050 Tasa de Crecimiento Anual (%) Valor de Castilla y León = -0,29% Positiva (109) (33) (55) (196) menor de -1,2 (1855) 0 a -0,3 -0,3 a -0,6 -0,6 a -1,2
que, a nuestro juicio, mejor expresan la magnitud del desequilibrio. En primer lugar, debemos resaltar el hecho de que de ese casi centenar de municipios que ganan población de manera mínimamente perceptible, muy pocos lo hacen en cantidades significativas. Se limitan a 19 las circunscripciones que han crecido a un ritmo medio anual de al menos 100 personas, es decir, que ha aumentado en al menos 5.000 personas en toda la segunda mitad del siglo XX, Dentro de este grupo el protagonismo de las capitales es no sólo incuestionable, sino claramente abrumador, pues las nueve han sumado casi 600.000 habitantes, concentrando casi las tres cuartas partes (el 73%) de las ganancias totales registradas. Sin embargo este dato no revela más que parcialmente tal protagonismo, pues a las ganancias registradas en sus términos municipales debemos añadir las contabilizadas en aquellos que forman parte de su área periurbana, cuya razón de ser es exclusiva o casi exclusivamente el dinamismo de la ciudad principal. En algunos de ellos la entidad de las variaciones resulta bastante considerable, como ocurre en San Andrés del Rabanedo en León, Laguna de Duero en Valladolid o Santa Marta de Tormes en Salamanca, todos ellos con ganancias superiores a los 10.000 habitantes. Si a las ganancias de las nueve capitales les añadimos, pues, las de sus áreas periurbanas debemos afirmar que el incremento demográfico más directamente vinculado a estas ciudades asciende a más de 664.000 personas y representa más de las cuatro quintas partes (el 81,6%) del registrado en los municipios con evolución positiva de nuestra Comunidad262. La otra cara de la moneda es la escasez de crecimiento en los municipios no capitales, cuyo incremento representa sólo el 18 de los valores positivos en Castilla y León, valores que, a su vez, también se encuentran bastante concentrados, pues casi un tercio de esas ganancias (30,15%) corresponden a cuatro municipios del área minero-industrial del Bierzo-Alto Sil (Ponferrada, Bembibre, Villablino y Fabero). No es necesario, pues, profundizar más en las cifras de evolución demográfica para demostrar no sólo lo acertado de calificar a esta etapa como la del “vaciamiento demográfico” de Castilla y León, sino también de los atributos dados a ese proceso tremendamente generalizado en el espacio y profundamente desequilibrador en cuanto al reparto de los efectivos. Ahora bien, por más que los resultados generales sean los descritos y, a diferencia de la primera mitad de siglo, sea una fase de continuada y persistente regresión demográfica, sería erróneo considerarla como un todo homogéneo. Los procesos que han operado para concluir en ese descenso del 331LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 262 En esta consideración sólo hemos incluido 20 municipios que han sido calificados como periurbanos, descartando las llamadas “áreas de influencia urbana”, que se han desarrollado de forma mucho más reciente, por lo que sería excesivo incluirlas en esta consideración. Sobre estas calificaciones véase: “Dinámica Demográfica”, en CONSEJO ECONÓMICO Y SOCIAL DE CASTILLA Y LEÓN: Situación Económica y Social de Castilla y León en 2010. Valladolid: Edita, Consejo Económico y Social de Castilla y León, 2011. Cfr. Tomo I. pág. 623.
número de habitantes no han sido los mismos, sino que podemos distinguir dos etapas diferenciadas, con una duración muy similar entre una y otra. Y aunque al hablar de procesos sociales siempre es peligroso establecer divisiones cronológicas tajantes, se acepta de forma generalizada tomar como referencia la fecha de 1975 como punto de inflexión en la trayectoria socioeconómica y demográfica de nuestro país, al ser éste el momento en que se deja sentir, con cierto retraso respecto a la Europa más desarrollada, “la primera crisis del petróleo”, lo cual alterará por completo toda la dinámica económica hasta entonces vigente, influyendo directamente en el comportamiento demográfico y especialmente, en la movilidad de la población. La consideración por separado de los dos últimos cuartos del siglo XX, unida a las reflexiones hechas sobre la primera mitad, vuelve a resaltar la continuidad temporal como rasgo distintivo de la negativa trayectoria demográfica seguida por el territorio castellano y leonés. Como se observa en la figura 3.10, a escala general del país, los últimos 25 años del siglo pasado se han caracterizado por una reducción drástica del crecimiento, pues a pesar de que se ralentiza de forma considerable la emigración exterior, la reducción se vincula a la rápida reducción de los valores registrados en las variables de dinámica interna. En cualquier caso, si en el período 1950-1975 hay otras regiones que pierden un número de habitantes más o menos similar al de Castilla y León, ésta es la única de las actuales comunidades autónomas donde la disminución del número de residentes se mantiene también para el período 1975-2001. En efecto, los gráficos muestran de forma muy genérica un cambio de tendencia en el sentido de que las alteraciones son menos intensas y en los grupos con ganancias tienden a ser estas más moderadas, al tiempo que las pérdida, allí donde se dan, cambian de signo, salvo en el caso de nuestra Comunidad, donde, bien es cierto, se reducen considerablemente. La alteración estas trayectorias evolutivas se debe, sin duda alguna, a una drástica modificación de las líneas maestras registradas en las migraciones interiores españolas, las cuales, de una forma que podríamos calificar de “convulsa”, han conformado la distribución y características de la población en las distintas regiones del país. Son de sobra conocidas las consecuencias que la llamada “fase del desarrollismo” han tenido en la redistribución de los efectivos a escala nacional. La conformación de unos focos altamente dinámicos de crecimiento muy brusco, que obtienen los recursos humanos necesarios realizando una verdadera “succión” de los habitantes de aquellas regiones menos favorecidas con limitados procesos de industrialización, donde la crisis de la agricultura tradicional generó grandes excedentes de población. De tal manera que, como veremos a continuación, la emigración, ahora intensificada, sigue siendo en el período 1970-1975, más que en ningún otro ,la triste protagonista en el panorama demográfico de Castilla y León, donde, al ser limitada la cuantía e intensidad de los núcleos dinámicos, se pasa del crecimiento contenido al vaciamiento demográfico. 332 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
Figura 3.10 Variaciones de población en las CCAA españolas en la segunda mitad del siglo XX Fuente: Censos y Padrones de Población. Años respectivos (INE). Elaboración P. Caballero. 333LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Número de habitantes Madrid Andalucía País Vasco Canarias Baleares C. Valenciana Cataluña Murcia Asturias Navarra Cantabria Galicia Aragón La Rioja Castilla La Mancha Extremadura Castilla y León -500(miles) 0 500 1.000 1.500 2.000 2.500 Tasa de Crecimiento Anual Acumulativo Madrid País Vasco Cataluña C. Valenciana Murcia Baleares Canarias España Navarra Cantabria Andalucía Asturias La Rioja Aragón Galicia Castilla y León Castilla la Mancha Extremadura -1 -0,5 0 0,5 1 1,5 2,0 2,5 3 3,5 1950-1975 1975-2001
Por otra parte, el frenazo que experimenta el crecimiento económico a partir de mediados de los setenta reduce enormemente la capacidad de atracción de las áreas de destino, al tiempo que se deja sentir un “cierto agotamiento” de los recursos demográficos disponibles, por lo que el signo positivo retorna a la mayor parte de las comunidades autónomas. Y donde no ocurre así el balance migratorio va perdiendo progresivamente importancia como elemento explicativo; por el contrario, cada vez más, son los valores negativos de la dinámica interna los que contribuyen a explicar la ausencia de crecimiento. En definitiva, la diversidad de situaciones aconseja considerar una y otra fase en epígrafes distintos. Sin embargo, sería excesivo intentar abordar, en el marco de este informe, todos los aspectos demográficos (migraciones, dinámica interna, dinámica externa, estructuras) para cada uno de los períodos, siendo suficiente con aludir a las “líneas de fuerza” con verdadera capacidad explicativa. 3.3.2 La espectacularidad del fenómeno migratorio en el período 1950-1975 Si se puede señalar una etapa que ha marcado de manera absolutamente decisiva el devenir de la población en Castilla y León ésta es, sin duda, el tercer cuarto del siglo XX, no porque tengan lugar procesos nuevos o muy poco conocidos en este espacio, sino por la dramática espectacularidad que en esos años adquiere algo que ya entonces podría ser calificado de “constante histórica” en el espacio castellano y leonés: la emigración. Ya la hemos mostrado como responsable de un “crecimiento muy contenido” en los cincuenta años anteriores. Hecho que, ni mucho menos, ha impedido que la Región pueda equipararse a otras que, por el contrario, sí irrumpen ahora como grandes espacios expulsores de población, como son los casos de Castilla La Mancha o Andalucía, donde la mayor cuantía de incrementos anteriores contribuyó a engrosar la magnitud de lo que, en un nuevo escenario económico, pasarían a ser excedentes demográficos. Amén de que podamos describir posteriormente otras implicaciones, hemos de afirmar inicialmente y con rotundidad que la magnitud de la regresión descrita se explica única y exclusivamente por la sangría emigratoria sufrida en la mayor parte del espacio regional. Ciertamente las fuentes estadísticas disponibles para el análisis de los movimientos migratorios ni son suficientes ni son homogéneas para valorar el fenómeno en toda su dimensión y en todo el período. Por ello, para una visión general debemos conformarnos con el simple pero ilustrativo cálculo de los saldos migratorios, única información disponible para el decenio 1950-1960. Para los años más representativos de este período recurriremos, bien directamente, bien a través de elaboraciones ya publicadas, a una fuente específica, Las migraciones interiores en España, 334 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
publicadas por el INE para el decenio 1961-1970 y para el quinquenio, 19711975263. Un primer vistazo a los resultados del cálculo elemental de los saldos migratorios, que en su valor medio anual aparecen consignados en la tabla 3.5, evidencia que a partir de 1950 nos encontramos claramente en una nueva etapa, la cual tan solo se distingue de las anteriores por la magnitud de las pérdidas por emigración, hasta el punto de que consiguen hacer declinar la curva que representa los efectivos totales de Castilla y León. El valor medio anual del saldo migratorio entre 1950 y 1960 fue para estas nueve provincias superior a las 35.000 personas. Ello significa una ruptura de ritmo muy considerable respecto a etapas anteriores, ya que multiplica por más de 2,6 el saldo medio de la primera mitad de siglo, por 2,7 la del decenio inmediatamente anterior y por casi 2 (1,82) la del que, hasta entonces, había registrado la máxima intensidad migratoria, el de 1910-1920. Un balance negativo que se incrementará en la dedada siguiente para atenuarse en el quinquenio posterior, aunque con pérdidas superiores a las 30.000 personas. Así en esta etapa de máxima movilidad poblacional Castilla y León perdió por emigración casi un millón de personas (981.243), más de un tercio de la población inicial. Tabla 3.5 Saldo migratorio medio anual por CCAA en distintos períodos 190119511961197119761951197619511950 1960 1970 1975 1981 1975 2001 2001 Andalucía -2.846 -58.349 -84.377 -45.062 -10.878 -66.103 7.980 -29.061 Aragón -2.673 -6.762 -3.435 -2.692 1.880 -4.617 853 -1.882 Asturias -387 216 -3.135 2.869 -742 -593 90 -252 Baleares 264 255 7.371 9.147 5.499 4.880 7.204 6.042 Canarias 1.157 -628 1.942 23.701 -7.678 5.266 4.508 4.887 Cantabria -1.181 -2.632 -1.449 339 -365 -1.565 910 -327 CyL -13.109 -35.241 -46.640 -32.487 -5.497 -39.250 -3.561 -21.405 335LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 263 Los primeros se han basado en la comparación de residencia declarada en los censos de 1960 y 1970, lo cual, si bien omite los movimientos de ida-retorno al mismo municipio dentro del período intercensal, son bastante adecuados para hacer una valoración relativamente precisa. Por su parte, el cuadernillo referido al quinquenio 1971-1975 se basa en los partes de altas y bajas padronales, pero sometidas a una depuración y una corrección compleja y exhaustiva, mediante complejos cálculos estadísticos, con lo que, al menos en parte, se compensa la falta de fiabilidad original. Una información que al presentarse como tabla de doble entrada nos permite ver el origen y destino de las personas que cambia de residencia y, por tanto, cuantificar las principales corrientes migratorias, desde y hacia nuestra Comunidad. Las elaboraciones publicadas se encuentran en CABALLERO, P.: “Los Movimientos Migratorios”, en La Población. Geografía de Castilla y León. Tomo II. Valladolid: Ed. Ámbito, 1987, págs. 22-65. Continúa
190119511961197119761951197619511950 1960 1970 1975 1981 1975 2001 2001 CastillaLa Mancha -5.208 -30.360 -45.843 -23.711 -11.561 -35.224 231 -17.496 Cataluña 19.050 43.978 72.000 46.308 6.683 55.653 10.147 32.900 C. Valenciana 3.374 -1.826 30.267 34.905 13.513 18.357 18.584 18.470 Extremadura -1.548 -17.460 -37.817 -23.173 -8.864 -26.745 -2.780 -14.763 Galicia -6.605 -23.734 -22.917 2.301 -3.025 -18.200 1.263 -8.469 Madrid 16.907 41.170 68.655 37.539 28.915 51.438 15.524 33.481 Murcia -2.776 -7.119 -10.165 -1.610 3.058 -7.236 5.249 -993 Navarrra -1.572 -2.050 1.851 -499 939 -179 1.534 678 País Vasco 1.669 15.223 25.610 13.056 -8.444 18.944 -4.842 7.051 Rioja, La -973 -2.114 -1.254 -581 893 -1.463 851 -306 Ceuta 933 417 -1.596 -840 23 -640 -278 -459 Melilla 1.445 -1.282 -2.271 -1.696 -663 -1.760 -244 -1.002 España 5.775 -88.297 -53.202 37.814 3.688 -49.037 63.221 7.092 Fuente: Censos, Padrones de Población y Movimiento Natural de la Población (INE). Elaboración P. Caballero. Sin modificarse el papel jugado hasta ahora por Castilla y León en los procesos de redistribución de efectivos a escala nacional, lo que sí se altera, aunque no drásticamente, es la posición ocupada dentro del conjunto de las regiones emisoras. En efecto, si bien el modelo es básicamente el mismo y la situación de unas y otras no ha cambiado, salvo pequeñas alteraciones, el territorio castellano y leonés ya no ostenta una primacía tan clara entre las regiones emisoras. Ahora irrumpen con grandísima fuerza otras regiones donde los movimientos de fondo no han sido tan profundos y prolongados durante décadas anteriores, al tiempo que su balance natural acumulaba progresivamente una gran cantidad de potenciales emigrantes, que se convierten en tales cuando a la eclosión de los centros urbano-industriales más dinámicos se une la crisis de la agricultura tradicional, expulsando, en primer lugar y sobre todo, a la población asalariada del campo. Resulta lógico, pues, que Andalucía, con mucha más entidad demográfica, arrebate a Castilla y León la primacía en cuanto a las pérdidas por emigración, pues con un saldo medio anual negativo de poco más de 45.000 personas sitúa el balance total de estos cinco lustros en más de 1,6 millones. Con todo, el mayor número de emigrantes no significa necesariamente mayor intensidad migratoria, pues aun con balance negativo inferior en un millón, las pérdidas del territorio castellano y leonés representaron el 34,3% de la población inicial, frente a un escaso 30% en el caso 336 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Continuación
andaluz. Ahora bien, tampoco va a continuar registrando la primacía emigratoria en cifras relativas, como se puede observar en los gráficos de la figura 3.11, que corresponderá a regiones en las que la sangría demográfica ha sido claramente superior, como Extremadura y Castilla-La Mancha, donde superó el 40% de la población inicial. La misma dinámica y diferencias numéricas que no implican en ningún caso significados o situaciones cualitativamente diferentes entre unos y otros ámbitos, pero eso sí, con una mayor continuidad de los “movimientos de fondo” en Castilla y León, lo que incrementa el alcance y las implicaciones de un proceso que no hace sino traducir el cambio de modelo económico, social y territorial operado en el país. Figura 3.11 Importancia del Saldo Migratorio en las CCAA españolas. Período 1950-1975 337LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Saldo migratorio en cifras absolutas Cataluña C. Valenciana Canarias Baleares Navarra País Vasco Madrid Asturias La Rioja Cantabria Aragón Murcia Galicia Extremadura Castilla La Mancha Castilla y León Andalucía -2(millones) -1,5 -1 -0,5 0 0,5 1,51 Continúa
Fuente: Censos, Padrones de Población y Movimiento Natural de la Población (INE). Elaboración P. Caballero. Resulta indudable que el denominador común del proceso migratorio español, y especialmente del castellano y leonés, es el éxodo rural, pues, como afirmaba hace ya muchos años Víctor Pérez Díaz, se produce un cambio de función en la vida rural. En el pasado la emigración operó como una válvula de escape para los excesos de población agrícola y tuvo, por tanto, un efecto estabilizador del sistema. En los últimos años ha sido y es, en cambio, un factor extremo de desequilibrio264. Lo que no podía imaginar este autor es hasta qué punto fue desequilibrador, por su impacto, en la dinámica y en las estructuras demográficas, aspectos a los que aludiremos en sucesivos epígrafes. Ahora tampoco vamos a entrar en la valoración la magnitud del despoblamiento rural, ya que el tema será tratado al hablar del cambio en el modelo de poblamiento y ha sido asimismo analizado a escala nacional en el capítulo anterior, pero sí insistir en ese denominador común que afecta de forma 338 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Continuación Porcentaje respecto a la población inicial Madrid Baleares C. Valenciana Canarias Navarra Cataluña País Vasco Asturias España Cantabria Aragón La Rioja Galicia Murcia Andalucía Castilla y León Extremadura Castilla La Mancha -50 -40 -10-20-30 0 5040302010 7060 264 En PÉREZ DÍAZ, Víctor: Emigración y sociedad en Tierra de Campos. Estudio de un proceso migratorio y de un proceso de cambio social. Madrid: Estudios del Instituto de Desarrollo Económico, 1969, 307 págs.
generalizada a todas las provincias. La evolución del número de residentes por municipios demuestra claramente la generalización de un nuevo modelo de distribución espacial de la población, basado sustancialmente en trasvases del ámbito rural al urbano. Tabla 3.6 Importancia del Saldo migratorio en distintos períodos de la segunda mitad del siglo XX Saldo Migratorio en Porcentaje respecto cifras absolutas a la población inicial 190119511976195119011951197619511910 1975 2001 2001 1910 1975 2001 2001 Ávila -64.387 -109.781 -21.768 -131.549 -32,12 -43,73 -6,09 -52,40 Burgos -107.369 -132.420 -10.405 -142.825 -31,69 -33,35 0,73 -35,97 León -65.217 -163.066 -25.841 -188.907 -16,89 -29,93 -3,86 -34,68 Palencia -57.101 -95.658 -8.461 -104.119 -29,67 -41,00 -1,77 -44,63 Salamanca -89.383 -159.948 -2.358 -162.306 -27,87 -38,83 2,88 -39,40 Segovia -59.938 -93.051 -6.669 -99.720 -37,64 -46,19 -3,57 -49,51 Soria -64.885 -76.777 -8.361 -85.138 -43,12 -47,63 -5,42 -52,82 Valladolid -69.875 -13.543 4.875 -8.668 -25,08 -3,89 3,02 -2,49 Zamora -77.308 -136.999 -15.892 -152.891 -28,06 -43,37 -3,68 -48,40 Castilla y León -655.463 -981.243 -94.880 -1.076.123 -28,47 -34,26 -1,12 -37,57 España 288.764 -1.225.064 1.654.817 425.643 1,55 -4,36 0,07 1,51 Fuente: Censo, Padrones de Población y Movimiento Natural de la población (INE). Elaboración P. Caballero. A mediados del siglo XX el balance natural era aún positivo en la mayor parte de los municipios castellanos y leoneses y, por tanto, sólo las migraciones fueron responsables de los descensos de efectivos tan ampliamente generalizados, aun cuando, como se ve en la tabla 3.6, existan provincias con centros de atracción lo suficientemente importantes como para arrojar en alguna de las fases un saldo migratorio positivo. Pero en una visión conjunta de todo el período el signo resultó negativo y absolutamente generalizado a escala provincial. Se trató de un proceso migratorio que, como se ha mostrado en diversas ocasiones, es universal por la diversidad de la población que participó en él, familiar por la forma en que se produjeron los desplazamientos y nacional por la situación de los núcleos de destino fundamentales265. 339LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 265 Estos calificativos han sido utilizados inicialmente por Víctor Pérez Díaz en su trabajo sobre Tierra de Campos, llegando a las mismas conclusiones José Ortega Valcárcel en su estudio sobre las montañas de Burgos. Todas estas consideraciones se han recogido con mayor detenimiento y con explicaciones más detalladas en: CABALLERO, P.: “Los Movimientos Migratorios”, op.cit. Cfr. págs.: 42-47.
para las personas que en esos años abandonaron Castilla y León; allí se dirigieron más de 125.000 personas, casi la cuarta parte de los flujos inter-regionales con origen en la Comunidad Autónoma. En tercer lugar Cataluña, que pese a haber sido durante el período analizado la Región con una inmigración más cuantiosa, por su distancia ha tenido una influencia relativamente menor, acogiendo a poco más de 70.000 personas, que no representan ni siquiera el 15%, del total. Como ya se ha indicado, los comportamientos migratorios descritos no responden a una situación homogénea en todo el espacio regional. Aun cuando los mencionados se erigen como los focos principales, la proximidad –y por consiguiente la capacidad de influencia– resulta determinante a la hora de configurar las distintas corrientes. Así, más de siete de cada diez los abulenses y segovianos que abandonaron la Comunidad lo hicieron para asentarse en Madrid, mientras la proporción para cualquier otro destino extra-regional se mantiene por debajo del 10%. Si bien de forma mucho más atenuada, este efecto-proximidad conduce a una cierta polarización de las corrientes en los casos burgalés y palentino con destino hacia el País Vasco, que acogió al 43% y 37% de los emigrantes extra regionales de cada una de estas provincias. No sería del todo correcto decir que en el resto de las provincias el panorama de las corrientes migratorias extra regionales se presenta poco polarizado, simplemente se observa un mayor equilibrio entre los dos principales núcleos de acogida, como ocurre en Zamora, Valladolid y Salamanca, cuyos emigrantes aun variando la primacía, se dirigieron de forma claramente mayoritaria hacia Madrid y el País Vasco. Únicamente dos provincias presentan una menor polarización de los saldos y en ellas los tres focos mencionados tuvieron una importancia relativa menor. Para explicarlo debemos aludir a “razones de vecindad” y a “vinculaciones tradicionales” con regiones donde se localizan centros que en aquellos años tuvieron una capacidad de atracción más o menos significativa. Tal es el caso soriano, que reparte sus destinos con importancia relativamente similar entre Madrid, Cataluña y Aragón, debido a la capacidad de atracción de Zaragoza, dejando muy poco lugar al destino vasco. León ha presentado unos destinos más diversificados y aunque los prioritarios fueron también Madrid y País Vasco, entre ambos no llegaron a acoger el 40% de las migraciones interregionales procedentes de la provincia, pues otros destinos tradicionales para los leoneses (Asturias y Galicia) dejaron sentir también en esos años una cierta fuerza de atracción, captando en torno a la cuarta parte de las salidas. En definitiva, en la fase de mayor movilidad de la población española, Castilla y León desempeña de forma casi podríamos decir “dramática” el papel de abastecedor de recursos humanos, alimentando ese proceso profundamente desequilibrador en el que muy pocos centros receptores llegan a succionar los excedentes demográficos que el cambio en el modelo económico-productivo ha generado en amplísimos territorios sobre todo del interior peninsular. Un aporte castellano y leonés que en esos 346 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
años no es ni el más intenso ni el mayor en cifras absolutas, pero, en uno y otro caso, de primera magnitud y se produce tras décadas de estar a la cabeza de los centros emisores, por lo cual va a tener un impacto apreciable en otros aspectos, que trataremos más adelante, como la dinámica interna o las estructuras. Como no podía ser de otra manera, este “modelo desequilibrador” de las migraciones interregionales se reproduce también en los desplazamientos intrarregionales, que son los segundos en importancia, por encima de las migraciones internacionales. En el contexto de alta movilidad que caracterizó las décadas estudiadas, los cambios de municipio sin sobrepasar los límites de la actual Comunidad Autónoma adquirieron una relevancia considerable, al tiempo que reprodujeron las características de un modelo general en un territorio donde los centros de atracción eran escasos y de reducida entidad. Si en conjunto y a lo largo de estos tres lustros se produjeron en la Región, según las fuentes ya comentadas, más de 1,4 millones de desplazamientos, de ellos más de 350.000 no sobrepasaron los límites de la actual Comunidad Autónoma, lo que equivale a decir que poco más de la cuarta parte de los cambios de municipio con origen en Castilla y León son desplazamientos intrarregionales. Representaron una importancia considerablemente mayor que los dirigidos al extranjero (recuérdese que estos supusieron en torno a una décima parte), aunque se situasen sensiblemente por debajo de los cerca de 550.000 dirigidos hacia otras regiones españolas, el 64% del total. Con independencia de su importancia relativa, los rasgos del proceso migratorio intrarregional son los mismos que para el modelo nacional, es decir, el éxodo rural como fenómeno dominante frente al dinamismo de unos pocos centros urbanos que asisten en esos años a la etapa de mayor crecimiento económico y demográfico conocida hasta entonces. Este tipo de desplazamientos tuvo en los ámbitos de origen unos efectos similares a los interregionales, pero sirvieron para consolidar una red urbana regional, que se vio “frenada” en cuanto a su expansión demográfica y territorial por la proximidad de centros de gran relevancia a escala nacional. Unos centros urbanos regionales que en la mayoría de los casos adquirieron una capacidad de atracción limitada, cuya área de influencia no se extendía mucho más allá del ámbito provincial o, a lo sumo, afectaba a provincias limítrofes. Sería demasiado prolijo, para las pretensiones del presente informe, comentar detenidamente los distintos “campos migratorios” de Castilla y León. Sin embargo, es posible reflejar claramente la realidad apuntando los dos rasgos más sobresalientes de este tipo de desplazamientos, el absoluto protagonismo de los movimientos intraprovinciales y la importancia de Valladolid como centro receptor a escala regional. En lo tocante al primer aspecto, el análisis de los datos contenidos en la tabla 3.10 muestra la primacía clara de los “desplazamientos de corto radio”, a pesar de lo que podría hacer pensar la entidad de los movimientos inter-regionales tratados anteriormente. Cierto es que los destinos extra regionales considerados en conjunto son 347LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
claramente mayoritarios para casi todas los migrantes originarios de Castilla y León. Sin embargo, al considerar de forma desglosada los diferentes destinos (comparación de las tablas 3.9 y 3.10), podemos constatar cómo en seis de las nueve circunscripciones castellanas el cambio de municipio de residencia es la opción más numerosa, afectando en el menor de los casos en torno a una cuarta parte de las salidas hacia territorio español. Tan solo en Ávila, Segovia y Zamora existen otros destinos más importantes que la propia provincia y en los dos primeros casos está claro que la gran proximidad de un foco de atracción de la magnitud de Madrid eclipsa cualquier otra opción incluida la propia capital de provincia. En cuanto a Zamora, la debilidad de los núcleos urbanos provinciales y el relativo alejamiento de los grandes núcleos nacionales equilibran más las opciones de los migrantes, influyendo de forma importante las corrientes previas. Sea como fuere, los desplazamientos intraprovinciales desempeñan un papel fundamental. Tabla 3.10 Migraciones intrarregionales en Castilla y León, según provincia de procedencia y destino. Período 1960-1975 Provincia de destino Provincia de Áv Bu Le Pa Sa Se So Va Za CyL procedencia Número de desplazamientos Ávila 15.030 438 273 154 1.372 811 123 2.469 240 20.910 Burgos 271 41.935 502 1.784 512 470 605 4.045 107 50.231 León 173 1.130 58.171 2.314 761 162 123 7.337 1.119 71.290 Palencia 159 3.329 1.600 22.838 376 152 78 11.503 269 40.304 Salamanca 957 813 828 542 31.616 453 313 5.021 1.563 42.106 Segovia 588 1.521 203 137 241 16.362 165 4.384 119 23.720 Soria 105 1.177 153 181 180 211 15.076 782 80 17.945 Valladolid 531 1.797 1.424 2.381 1.098 1.080 119 47.770 887 57.087 Zamora 219 641 2.207 717 2.079 147 133 8.837 15.521 30.501 CyL 18.033 52.781 65.361 31.048 38.235 19.848 16.735 92.148 19.905 354.094 Porcentaje respecto al total de cada ámbito Ávila 83,35 0,83 0,42 0,50 3,59 4,09 0,73 2,68 1,21 5,91 Burgos 1,50 79,45 0,77 5,75 1,34 2,37 3,62 4,39 0,54 14,19 León 0,96 2,14 89,00 7,45 1,99 0,82 0,73 7,96 5,62 20,13 Palencia 0,88 6,31 2,45 73,56 0,98 0,77 0,47 12,48 1,35 11,38 Salamanca 5,31 1,54 1,27 1,75 82,69 2,28 1,87 5,45 7,85 11,89 Segovia 3,26 2,88 0,31 0,44 0,63 82,44 0,99 4,76 0,60 6,70 Soria 0,58 2,23 0,23 0,58 0,47 1,06 90,09 0,85 0,40 5,07 Valladolid 2,94 3,40 2,18 7,67 2,87 5,44 0,71 51,84 4,46 16,12 Zamora 1,21 1,21 3,38 2,31 5,44 0,74 0,79 9,59 77,98 8,61 CyL 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 Fuente: Las Migraciones Interiores Españolas. Períodos 1960-1970 y 1970-1975 (INE). Elaboración P. Caballero. 348 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
En este tipo de migraciones el protagonismo recae sobre todo en las respectivas capitales, que en la mayoría de los casos se erigen en los únicos focos donde el crecimiento por inmigración es significativo. Además de algunos núcleos periurbanos donde en esos años se había iniciado ya un crecimiento vinculado al dinamismo de las mayores ciudades de la Región, son pocos los municipios con una capacidad de atracción apreciable, limitándose prácticamente a algunos minero-industriales del Norte y Noroeste de León (entre los que destaca Ponferrada), a los focos industriales de Aranda de Duero, y Miranda de Ebro y, en mucha menor medida, Medina del Campo y Astorga. Por consiguiente, al igual que ocurría a escala nacional, las migraciones en el interior de las provincias también contribuyen a acentuar los desequilibrios en la distribución espacial de los efectivos, al potenciar un número muy reducido de núcleos (cuando no uno sólo) a costa de la mayor parte del territorio. El segundo de los rasgos destacados para las migraciones intrarregionales también resulta en cierto modo desequilibrador. Valladolid se erige en el único centro receptor cuya capacidad de influencia puede ser calificada de “supra-provincial”. En efecto, aun cuando la “atracción vallisoletana” no se deja sentir en la totalidad de una Región tan extensa como ésta, su influjo sobrepasó claramente los límites de su propia circunscripción provincial, desarrollando el suficiente dinamismo económico para captar excedentes demográficos de las provincias circundantes. La distribución de los desplazamientos intrarregionales según la provincia de destino (figura 3.12) muestra claramente la primacía de la provincia vallisoletana, que fue el objetivo de más de la cuarta parte de todos los desplazamientos intrarregionales durante el período 1960-1975. Lo cual no deja de ser significativo, pues en este caso se altera la correlación entre entidad demográfica y destino, dado que León, Salamanca y Burgos tenían al inicio del proceso más población que Valladolid e incluso al final del mismo León seguía superándola en este aspecto. Empero, cualquiera de las otras recibieron muchos menos migrantes intrarregionales a lo largo de esos tres lustros. Valladolid, con una población inicial inferior a los 375.000 habitantes, captó más de 93.000, un 41% más que la segunda perceptora, León, cuya población de partida era cercana a las 600.000 personas. Ahora bien, la conformación de Valladolid como principal centro receptor a escala regional se refleja mucho mejor en la figura 3.13, en la que se ha representado la distribución de los migrantes intrarregionales que sí han cambiado de provincia de residencia. En este caso el protagonismo vallisoletano es abrumador, pues la mitad de los desplazamientos interprovinciales ocurridos dentro de Castilla y León tuvieron como destino Valladolid, que entre 1960 y 1975 recibió más de 44.000 nuevos vecinos procedentes de las otras ocho provincias, cantidad muy próxima a los 47.000 desplazamientos intraprovinciales registrados. Como es lógico el mayor aporte lo efectuaron las provincias más próximas a la ciudad de Valladolid y además carecían de centros de atracción significativos durante esos años, contabilizándose 349LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
más de 11.500 llegadas procedentes de Palencia y cerca de 9.000 desde Zamora. Del mismo modo, una parte del ámbito rural leonés abasteció de mano de obra y de residentes a la mayor ciudad de la Región, aportándole más de 7.000 nuevos vecinos268. El resto de las provincias, bien por su alejamiento, bien por sentir más el influjo de grandes centros nacionales o bien por contar también con algunos núcleos relativamente dinámicos en la propia provincia, realizaron aportes más limitados, inferiores, en todo caso a las 5.000 personas, siendo especialmente llamativo el caso de Soria, que no ha llegado ni siquiera a los 1.000. Figura 3.12 Distribución de los migrantes intra-regionales según provincia de destino. Período 1960-1975. Todos los migrantes intra-regionales Fuente: Las migraciones interiores españolas. Períodos 1960-1970 y 171-1975 (INE). Elaboración P. Caballero. En cuanto al resto de las circunscripciones, se puede apreciar con claridad la inexistencia de centros de atracción de alcance supraprovincial, limitándose la mayoría de estos intercambios a algunos tipos de “movilidad profesional” así como a las típicas “transferencias de población por vecindad”, más marcadas cuando en los límites provinciales existen centros de cierto dinamismo, como es el caso de Aranda de Duero, capaz de atraer población del ámbito rural más oriental de Valladolid. Al igual que Burgos, otras provincias, como es el caso de León, tenían algunos núcleos dinámicos pero no con un alcance mayor de los límites provinciales, cuyo ámbito rural contaba además con unos excedentes demográficos suficientes para satisfacer sus “requerimientos” de mano de obra. 350 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 268 Sobre la inmigración hacia la ciudad de Valladolid, puede consultarse PASTOR ANTOLÍN, L.J.: El proceso inmigratorio vallisoletano (1960-1985): factores, dinámica de flujos y estructura socio-profesional. Valladolid: Junta de Castilla y León, 1992, 386 pp. g 26% 5% 5% 6% 5% 18% 15% 11% 9% Ávila Segovia Zamora Soria ValladolidLeón Burgos Salamanca Palencia
Figura 3.13 Distribución de los migrantes intra-regionales según provincia de destino. Período 1960-1975. Migrantes que cambian de provincia de residencia Fuente: Las migraciones interiores españolas. Períodos 1960-1970 y 171-1975 (INE). Elaboración P. Caballero. En definitiva, la magnitud y características de los procesos migratorios operados en el tercer cuarto del siglo XX se conforman como una de las claves explicativas más importantes de la actual situación demográfica en Castilla y León y siguiendo el modelo imperante a escala nacional, fueron profundamente desequilibradores y desestructurantes. Debemos recordar que aunque esta etapa ha sido calificada de fuertemente emigratoria a escala nacional, los valores relativos (-4,36%) nada tienen que ver con los de la Región, donde el saldo migratorio negativo de esos 25 años representó una cantidad equivalente a más de un tercio de la población inicial. Este hecho justifica el calificativo de “etapa del vaciamiento demográfico” utilizado para describir el período analizado, durante el cual se gestaron buena parte de los problemas de despoblación que hoy sufre Castilla y León. Y no sólo porque las pérdidas presentaron, desde el punto de vista espacial, una generalización casi absoluta, sino también porque su entidad y características significaron comprometer en gran medida, las potencialidades de revitalización demográfica en la mayor parte de las comarcas, al tratarse de migraciones permanentes o de muy larga duración que afectaron mayoritariamente a una población adulto-joven que trasladó su capacidad reproductora a otras regiones del país. En un sentido amplio y figurado podemos decir que la magnitud de las pérdidas no es sólo la que representan las cifras referidas al saldo migratorio o al número de salidas, sino que habría que contabilizar también el “coste de oportunidad” en término de “incorporaciones no producidas”. En efecto, aun cuando, tal como se ha apuntado en ocasiones, se trata de una “emigración universal” en la que participa todo tipo de población, la participación de los adultos jóvenes es mayoritaria, en 351LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Valladolid Burgos Palencia León Salamanca Zamora Segovia Ávila (3%) Soria (2%) 50% 12%9% 8% 7% 5% 4%
proporciones superiores a las que representan en el conjunto total de la población, lo cual comprometió seriamente las posibilidades de formación de familias y por tanto la incorporación de nuevos efectivos. Un impacto que se fue dejando sentir cada vez en mayor medida a medida se acercaba el final de siglo. Nada mejor para describir la situación del gran parte del medio rural castellano y leonés a finalizar este periodo que las palabras de D. Jesús García Fernández en su obra Desarrollo y atonía en Castilla, de título más que significativo: “Rara es la comarca donde no haya pueblos en que algunas casas se hayan derrumbado, y son muchas más las que presenta signos claros de estar deshabitadas y abandonadas. En otras, especialmente en las marginales y en algunas de la Castilla de las montañas más inmediatas a las llanuras, los síntomas de despoblación son patentes. Hay pueblos donde sólo quedan algunos vecinos, generalmente de edad mayor; y no faltan tampoco aquellos en que no queda ya nadie. La hierba y la maleza invaden las calles. En unos y otros el número de casas derrumbadas es numeroso; dejan ver, tras los boquetes del tejado, su osamenta de grandes vigas en posiciones muy dispares. Aquí, sí estamos ante una Castilla en escombros”269. 3.3.3 La pérdida de protagonismo de los movimientos migratorios en el último cuarto del siglo xx Si bien, en una diferenciación general hemos agrupado, en la llamada fase del “vaciamiento demográfico” de Castilla y León, los dos últimos cuartos del siglo XX, no debemos pensar en ambos de manera homogénea o “unificada”, ya que los factores intervinientes y los argumentos explicativos deben ser diferentes para uno y otro caso. Por expresarlo de forma clara diremos que, obviamente, lo que ocurre en el primero influye decisivamente en el segundo pero “no suceden las mismas cosas” en una y otra etapa o, al menos no suceden de la misma manera, por más que el denominador común sea la continuidad en la pérdida de los efectivos demográficos. En efecto, la crisis económica internacional iniciada en 1973, cuyos efectos se dejan sentir en España, sobre todo a partir de 1975, marca un nuevo hito en el proceso migratorio español y, por tanto, en el devenir demográfico de Castilla y León. Si a escala general del país el anterior cierre de los destinos extranjeros se dejó sentir con fuerza, para nuestra Región tuvo mucho más significado el descenso en la capacidad de absorción de los hasta entonces centros neurálgicos de la economía nacional, con lo cual se ven frenadas las salidas desde los núcleos emisores tradicionales. 352 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 269 GARCÍA FERNÁNDEZ, J. (1981): “Desarrollo y atonía en Castilla”. Barcelona: Ed. Ariel, 262 pp. Cit. Pág. 22.
Ciertamente, no podemos decir, ni mucho menos, que ni en este tipo de regiones ni en el medio rural en general se haya producido un “agotamiento de las reservas demográficas”; aún existen emigrantes potenciales aunque, eso sí, la menor fuerza de atracción transforma el anterior carácter masivo de las salida en una pérdida de efectivos más pausada y selectiva, pero con un impacto igualmente negativo en la trayectoria demográfica de este territorio. Figura 3.14 Importancia del Saldo Migratorio en las CCAA españolas. Periodo 1976-2001 353LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Saldo migratorio en cifras absolutas C. Valenciana Andalucía Baleares Murcia Canarias Cataluña Madrid Navarra Galicia Cantabria Aragón La Rioja Castilla La Mancha Asturias Extremadura Castilla y León País Vasco -100(miles) -50 0 50 100 150 200 250 300 350 500400 450 Continúa
Fuente: Censos y Padrones de Población y Movimiento Natural de la Población (INE). Elaboración P. Caballero La información sobre los saldos migratorios en este último cuarto del siglo XX, que aparece representado en la figura 3.14 muestra cambios muy importantes tanto en los “campos migratorios” como en la intensidad en los desplazamientos intrarregionales; ésta última se ha reducido de forma muy considerable, tanto en lo que se refiere a las ganancias como a las pérdidas, lo que salta a la vista si comparamos las figuras 3.11 y 3.14. En el tercer cuarto del siglo XX se registró un volumen de pérdidas superior al millón y medio en Andalucía, entre 800.000 y un millón en las dos Castillas y más de 600.000 en Extremadura, cifras que, en el menor de los casos representaban, como vimos, prácticamente, el 30% de la población inicial; en cambio en los últimos cinco lustros del pasado siglo las comunidades con mayores pérdidas registraron saldos situados en torno las 100.000 personas, es decir, los valores extremos se redujeron a una décima parte. Diferencias que no son tan exageradas en el caso de las ganancias, pero sí sustanciales, pues frente a más de un millón y cuarto de personas ganadas por inmigración en Cataluña y Madrid durante la fase anterior, en el último cuarto del siglo XX el saldo positivo se situó entre medio millón y un cuarto de millón, no alcanzando esa cantidad tampoco la Comunidad Autónoma que entre 1976 y 2001 fue la más inmigratoria de todas, la Valenciana. 354 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Porcentaje respecto a la población inicial Baleares Madrid La Rioja Canarias Navarra C. Valenciana Murcia Cantabria Cataluña España Andalucía Aragón Galicia Castilla La Mancha Asturias Castilla y León Extremadura País Vasco -10 -5 0 20151053025 Continuación
La última afirmación realizada nos pone ante las siguientes cuestiones a comentar: no sólo se trata de cambios en la intensidad, sino también, como ya anticipábamos, cambios importantes en los campos migratorios, En efecto, podemos constatar cómo, al considerar en conjunto todo el periodo, la mayor parte de las actuales comunidades autónomas han perdido su carácter de “emigratorias”; de las 11 que registraron saldos migratorios negativos en el tercer cuarto del siglo XX, nueve pasaron en la siguiente fase a una situación de ganancias o prácticamente de estancamiento. Por su parte una de las que habían registrado mayores ganancias, tanto en términos absolutos como relativos, pasa a ser la que sufrió mayores pérdidas. Se trata concretamente del País Vasco, donde el impacto de la crisis económica fue especialmente duro, produciéndose el retorno de muchos de los antiguos emigrantes hacia sus ámbitos de origen, hasta el punto de que esta Comunidad Autónoma ha registrado un saldo negativo superior a las 120.000 personas; lo cual resulta significativo para Castilla y León, pues una buena parte de esas pérdidas vienen causadas por los movimientos de retorno hacia los ámbitos de origen, conformados por activos que se han quedado sin empleo o por jubilados y prejubilados que vuelven a engrosar la población inactiva de las antiguas áreas emisoras. Tabla 3.11 Saldo migratorio medio anual en distintos periodos de la segunda mitad del siglo XX 1951197619811991197619511975 1981 1991 2001 2001 2001 Andalucía -66.103 -10.878 13.989 11.762 7.980 -29.061 Aragón -4.617 1.880 351 825 853 -1.882 Asturias -593 -742 -2.461 3.118 90 -252 Baleares 4.880 5.499 3.500 11.862 7.204 6.042 Canarias 5.266 -7.678 8.152 7.194 4.508 4.887 Cantabria -1.565 -365 670 1.824 910 -327 Castilla y León -39.250 -5.497 -4.752 -1.336 -3.561 -21.405 CastillaLa Mancha -35.224 -11.561 -2.988 9.686 231 -17.496 Cataluña 55.653 6.683 795 21.467 10.147 32.900 C. Valenciana 18.357 13.513 14.631 25.260 18.584 18.470 Extremadura -26.745 -8.864 -3.517 1.160 -2.780 -14.763 Galicia -18.200 -3.025 -5.389 10.272 1.263 -8.469 Madrid 51.438 28.915 4.844 19.357 15.524 33.481 Murcia -7.236 3.058 3.313 8.365 5.249 -993 Navarra -179 939 368 3.031 1.534 678 355LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Continúa
nacional, para ocupar una posición media-alta en la jerarquía de dinamismo demográfico a escala de Comunidades Autónomas. Una situación de vitalidad relativamente intensa que no es aplicable sólo a los valores de conjunto, sino también a las distintas circunscripciones provinciales. Figura 3.17 Valor medio de la Natalidad, Mortalidad y Crecimiento Vegetativo para el periodo 1900-1950 en las Comunidades Autónomas españolas (expresado en los tres casos en tantos por mil) Fuente: Censos y Padrones de Población y Anuarios Estadísticos de España (INE). Elaboración P. Caballero. Los actuales problemas para la revitalización demográfica de Castilla y León no cabe por tanto atribuirlos a los valores o la situación tradicional de actitud procreadora o de condiciones de lucha contra la muerte, sino que derivan de la trayectoria desencadenada por la movilidad antes descrita, pues a medida que Castilla y León se va configurando a lo largo del siglo XX como ámbito “emisor” de población hacia otras áreas, se percibe cómo las diferencias en cuanto a una mayor vitalidad demográfica se atenúan, debido a la salida continuada de población relativamente joven en plena edad productiva y reproductora. Así, volviendo esa visión comparativa representada en la figura 3.16, podemos apreciar cómo, en cierto modo, la “trayectoria” de la curva que representa el número 362 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Natalidad Mortalidad Crecimiento vegetativo Castilla La Mancha Andalucía Cantabria Murcia La Rioja Castilla y León Extremadura Canarias España Galicia Aragón Navarra Asturias País Vasco C. Valenciana Madrid Baleares Cataluña 0 10203040 Extremadura Andalucía Aragón La Rioja España Castilla La Mancha Castilla y León Murcia Cantabria Galicia Asturias C. Valenciana Madrid Cataluña Navarra País Vasco Baleares Canarias 0 5 10 15 20 25 Canarias Extremadura Andalucía Murcia Castilla y León Castilla La Mancha Cantabria País Vasco Navarra La Rioja Galicia España Asturias Aragón C. Valenciana Baleares Madrid Cataluña 0 5 10 15
total de nacimientos muestra una incuestionable y continuada tendencia a la baja, aun cuando la evolución inmediatamente posterior a los grandes accidentes demográficos (gripe del 18, Guerra Civil) pueda hacer pensar que existen fases de importante recuperación en las que el aumento de la natalidad es un hecho. Prueba de ello es que los diez años que registraron los valores más elevados han sido en Castilla y León los de 1901 a 1910. Obviamente, son los de tasas de natalidad más elevadas, pero eso ocurre también en el conjunto español y, en este caso, la evolución del número total de claramente distinta. En efecto, sólo el año 1903 (particularmente fecundo en todo el país) se cuenta entre los diez con mayor número de nacimientos, que se sitúan en los años centrales de la década de los sesenta y la primera mitad de los setenta; es más, si en lugar de considerar la serie de valores absolutos consideramos una serie de medias móviles de tres años (que reflejan minuciosamente la tendencia pero atenúan las oscilaciones puntuales), constatamos que en el caso castellano y leonés no hay variación alguna en cuanto a los años de máximas incorporaciones, lo que sí ocurre en el conjunto español en que las diez medias móviles más altas corresponden a fechas entre 1965 y 1975 (ambos inclusive). Ciertamente, se podría argumentar que en esos últimos años las tasas de natalidad castellanas y leonesas ya se han situado por debajo de los valores españoles. No obstante, hemos de insistir el carácter diferenciado de las dinámicas, pues aun cuando en ambos casos la tendencia continuada de las tasas de natalidad y fecundidad es a la baja, en el caso español el número de nacimientos tiende a aumentar o, cuando menos, a mantenerse hasta mediados de los setenta, mientras que en la Comunidad descienden continuadamente, siendo muy perceptible la inflexión desde finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, fechas en que las tasas aun son claramente más elevadas en Castilla y León que en el conjunto nacional. La única explicación, por tanto, de esa diferente dinámica que desde principios del siglo XX ha determinado una incorporación de efectivos menos cuantiosa y con menor dinamismo respecto al conjunto nacional, hay que buscarla sin duda alguna en el progresivo debilitamiento de las generaciones de castellanas y leonesas situadas en edad reproductora. En efecto, en las regiones más dinámicas y también en el conjunto español, la tendencia a la baja de los valores relativos de natalidad y fecundidad se ha visto compensada por las ganancias en la cuantía de las cohortes reproductoras, con lo cual aunque desciendan las tasas, la incorporación de efectivos será, en términos absolutos, mayor. Para hacernos una idea baste decir que en las dos primeras décadas del siglo XX, fase de especial intensidad emigratoria para Castilla y León (aunque también algunos años para España), la cuantía de las “generaciones reproductoras”273 se 363LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 273 Cuando hablamos de cohortes reproductoras nos referimos a las mujeres entre 15 y 49 años, que estadísticamente se consideran mujeres en edad fértil.
incrementó apenas un 1,6%, cuando en el conjunto nacional este porcentaje fue más de diez veces superior (el 17,2%). No se ha registrado ningún periodo en el que el incremento en la cuantía de los “elementos reproductores” en Castilla y León haya superado al conjunto nacional; incluso en las fases de mayor intensidad emigratoria de los años sesenta y setenta su número descendió de forma muy importante, a un ritmo, obviamente, mayor de lo que lo ha hecho la población total, dada la participación mayoritaria de adultos jóvenes de ambos sexos en los flujos de salida. En la década de los sesenta, mientras el total de población se redujo a un ritmo medio anual del 0,82%, las generaciones reproductoras lo hicieron al 0,94%, aumentando considerablemente las diferencias en la década siguiente debido al cambio de tendencia registrado a partir de 1975. Las pérdidas generales fueron del 0,18% anual, mientras que la cuantía de mujeres de 15-49 años menguó un 0,79% cada año. En definitiva, durante las primeras fases del periodo estudiado Castilla y León presenta unos rasgos de dinámica interna algo más “atrasados” o “tradicionales” que los existentes en buena parte de las CCAA, lo cual no es óbice para registrar una destacada capacidad de crecimiento vegetativo, cuya eficacia, de cara a la vitalidad demográfica regional, se ve ahogada por una emigración de la cuantía y características ya descritas y que incide de manera especial sobre las generaciones reproductoras, cuya trayectoria no consigue compensar la tendencia descendente de las tasas. En este aspecto, Castilla y León no presenta una evolución sustancialmente distinta a la del conjunto nacional, pero ejemplifica un proceso que, a diversas escalas, se ha repetido bastante: los ámbitos de “evolución demográfica algo más tardía”, que partiendo de tasas algo más elevadas, descienden muy rápidamente hasta situarse el valores inferiores a los de otros espacios de evolución más temprana. En el caso de la Comunidad Autónoma, precisamente por la mencionada incidencia de los movimientos migratorios en las generaciones reproductoras, no sólo desciende el número total de nacimientos, sino que al perder esas cohortes entidad relativa en el total de población, bajan también los valores relativos, las tasas de natalidad, que ya en el tránsito de los sesenta a los setenta caen por debajo de los valores nacionales para no volver nunca a sobrepasarlos, como se puede apreciar en la figura 3.18274, de la que se obtiene la impresión general de un claro paralelismo evolutivo, aunque se percibe con toda claridad cómo la fase de mayor intensidad emigratoria en Castilla y León incide en un descenso más acelerado de los valores, mientras que en el conjunto español la dinámica se acelera más a partir de 364 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 274 Para las fechas 1951-1974, ambas inclusive, las tasas se han elaborado a partir de las cifras de nacimientos y defunciones, consignadas en el Movimiento Natural de la Población: Series desde 1941, calculándolas con referencia a la población estimada a 1 de julio de cada año, que aparece recogida en los Anuarios Estadísticos de España.
finales de los setenta en virtud de la transformación acelerada y definitiva de los comportamientos reproductores, lo que se traduce en una cierta convergencia con respecto a los inferiores valores de Castilla y León, pero sin llegar nunca a situarse por debajo de ellos. Figura 3.18 Evolución de las tasas brutas de natalidad y mortalidad en España y Castilla y León, 1951-2010 Fuente: Movimiento Natural de la Población y Anuarios Estadísticos de España (INE). Elaboración P. Caballero. Figura 3.19 Evolución de las tasas brutas de nupcialidad en España y Castilla y León, 1951-2009 Fuente: Movimiento Natural de la Población y Anuarios Estadísticos de España (INE). laboración P. Caballero. 365LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 1950 1952 1954 1956 1958 1962 1964 1966 1968 1960 1972 1974 1976 1978 1970 1982 1984 1986 1988 1980 1992 1994 1996 1998 1990 2002 2004 2006 2000 2008 2010 25 23 21 19 5 13 17 15 11 9 7 T.B.N. España T.B.M. España T.B.N. Castilla y León T.B.M. Castilla y León 1951 1953 1955 1957 1959 1963 1965 1967 1969 1961 1973 1975 1977 1979 1971 1983 1985 1987 1989 1981 1993 1995 1997 1999 1991 2003 2005 2007 2001 2009 10 9 8 7 0 4 6 5 3 2 1 España Castilla y León
Un paralelismo que, como no podía ser de otro modo, se manifiesta también en otra de las variables de dinámica interna que influye decisivamente en la incorporación de efectivos, la nupcialidad, cuyo comportamiento no difieren sustancialmente en uno y otro de los ámbitos considerados, por lo que la desigual efectividad en la incorporación de efectivos sólo puede achacarse en una pequeña parte a esta variable. Los valores relativos de la intensidad en la formación de uniones son algo más bajos, pero con una trayectoria absolutamente similar en uno y otro (figura 3.19), apreciándose una diferencia algo mayor a partir de mediados de los setenta pues, también por efecto de la dinámica migratoria, se manifiestan los desajustes en el equilibrio por sexos, lo que dificulta la formación de parejas. La convergencia en los años finales es ya menos significativa, dado que en ese momento los regímenes de nupcialidad habían perdido buena parte de su capacidad explicativa como determinantes de los niveles de natalidad-fecundidad. En cualquier caso, podemos decir que algunas pequeñas diferencias, como un régimen nupcial ligeramente menos intenso, la importancia relativa algo menor de las generaciones reproductoras y sobre todo, una situación de “incertidumbre, cambios y expectativas” como la que se generó para buena parte de la población castellana y leonesa en la época del desarrollismo, han conducido a una “menor eficacia” en la incorporación de efectivos y a unas actitudes reproductoras algo más restrictivas. De este modo, en el momento que se produce en España la inflexión decisiva en el descenso de los valores de natalidad-fecundidad, la Región ya había avanzado más en ese proceso. El análisis de indicadores más precisos o, mejor dicho, que reflejan con mayor claridad los comportamientos reproductores no hacen sino avalar el más temprano y mayor alcance de esa actitud que restringe cada vez más el tamaño de las generaciones que alimentan la base de la pirámide. El índice sintético de fecundidad nos muestra cómo el número medio de hijos por mujer era más bajo en Castilla y León que en el conjunto español, llegando a situarse un año antes por debajo del nivel de remplazo –2,1 hijos por mujer– y presentando siempre cifras más bajas (figura 3.20). Ciertamente las diferencias no son exageradas, pero dado el “carácter acumulativo” que tienen los procesos y tendencias demográficas, implica que un cambio al alza debería ser muchísimo más drástico para poder invertir la tendencia regresiva de la base de la pirámide. Ese cambio parece apuntarse a partir del nuevo siglo, aproximadamente, pero es bastante tímido y, según parece deducirse de los últimos datos registrados, de dudosa continuidad. Como apuntaremos más adelante al hablar de las estructuras, si en España se ha conseguido un limitado aumento en el tamaño de las últimas generaciones, en Castilla y León se ha logrado, a lo sumo, contener la “mengua” de los escalones inferiores. 366 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
Figura 3.20 Evolución del índice sintético de fecundidad en España y en Castilla y León, 1975-2010 Fuente: Indicadores Demográficos Básicos. Series desde 1975 (INE). Elaboración P. Caballero. El patrón de modificación de la fecundidad en Castilla y León ha presentado la evolución típica registrada en la mayor parte del ámbito desarrollado y, por supuesto, muy similar a la del conjunto del país. Es en una primera etapa a partir de mediados de los setenta cuando, con la generalización de los métodos anticonceptivos y el cambio de los comportamientos reproductores y del modelo familiar, auspiciando la “calidad” frente a la “cantidad” de la descendencia –tal como se ha descrito al hablar de la población española–, se reduce drásticamente el número de hijos, pero salvo en la atenuación de algunas irregularidades (como el “pico” de la fecundidad a los 30 años) no se altera la distribución etaria de las maternidades. Así en 1986 el máximo de fecundidad se da a la misma edad que diez años antes, en las mujeres de 26 años275, aunque el valor de la tasa se sitúe en 103‰, en lugar de 170‰, reduciéndose un 40%, a un ritmo medio de casi el 5% anual. En una segunda fase continúan reduciéndose los valores de las tasas pero lo hacen, lógicamente, a un ritmo menor y lo que más destaca es el retraso en la edad de tener hijos. En 1996 (fecha extrema en cuanto a comportamientos restrictivos276) el máximo de fecundidad se registraba a una edad cuatro años superior, los 30, y los valores de la tasa han descendido un 14%, una reducción relativamente apreciable pero que pierde significado en comparación on los descensos anteriores y con el 367LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Número de hijos por mujer 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 3 2,5 2 1,5 0 1 0,5 Total nacional Castilla y León Valor de reemplazo 275 Incluso, si en lugar de considerar la edad de máxima fecundidad, consideramos la edad media a la maternidad, vemos como se ha producido un ligerísimo descenso, pasando de 29,1 a 28,8 años. 276 Como se puede apreciar en la figura 3.20, el año en que “toca fondo” el descenso de la fecundidad es 1998, con 0,94 hijos por mujer, pero la de 1996 es muy similar, con 0,96.
cambio cronológico del esquema reproductor277. Un cambio de esquema que ratifica y refuerza sus características en los últimos años, en los que, tanto a escala regional como nacional, se detecta una cierta recuperación cuyas causas y características ya se han explicado para el conjunto del país, siendo aplicables también para Castilla y León. En efecto, la figura 3.21 nos muestra cómo esa leve recuperación no se produce simplemente elevando los valores y manteniendo una misma distribución de la fecundidad por edades (lo que se reflejaría en una curva paralela a un nivel superior), sino que se ha conseguido mediante el incremento de las tasas en edades posteriores, registrándose máximos a los 33 años en 2006. Los valores registrados en mujeres de más de treinta años son siempre muy superiores en ese año respecto a los de 1996, lo cual avala con claridad la afirmación de que se trata de una recuperación protagonizada sobre todo por quienes tienen los hijos en una edad ya avanzada de su periodo fértil. Figura 3.21 Tasas de Fecundidad por Edad en Castilla y León en diversos años Fuente: Indicadores Demográficos Básicos. Series desde 1975 (INE). Elaboración P. Caballero. Al igual que hemos mostrado para otros procesos y para otros indicadores, debemos situar la “evolución de los patrones reproductores” manifestados a través de las tasas de fecundidad por edad en el contexto español en el que se enmarca, y, al hacerlo, se aprecia un acusado paralelismo en los casos de ambas trayectorias, pero con un mayor alcance y profundidad para el caso castellano y leonés, como evidencia la figura 3.22, en la que destaca la importante similitud en la forma de ambas curvas. Sin embargo, en todas edades y en cualquiera de las fechas consideradas, 368 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 277 En el decenio 1986-1996 la edad media a la maternidad, según el INE, pasó de 28,8 a 30,6 años. 180 <15 17 19 21 23 25 27 29 31 33 35 37 39 41 43 45 47 >49 160 140 120 0 100 80 60 40 20 2006 1996 1986 1976
las mujeres castellanas y leonesas han sido menos fecundas que las españolas en general, mostrándose igualdad únicamente durante los tramos finales de la vida fértil, que presentan valores marginales. Del mismo modo, la figura 3.22 y de forma más precisa la tabla 3.13 muestran que, aun sin grandes diferencias, la Región muestra en todas las fechas consideradas una fecundidad algo más tardía. Figura 3.22 Tasas de fecundidad por edad en Castilla y León y España, 1976 y 1996 Fuente: Movimiento Natural de la Población (INE). Elaboración P. Caballero. Tabla 3.13 Descendencia alcanzada en distintas edades del periodo fértil en Castilla y León y España Año 1976 Año 1986 Año 1996 Año 2006 Hijos/ % de Hijos/ % de Hijos/ % de Hijos/ % de mujer ISF mujer ISF mujer ISF mujer ISF Castilla y León 15 0,002 0,07 0,002 0,14 0,001 0,06 0,003 0,23 20 0,133 5,60 0,104 7,40 0,038 3,97 0,057 5,13 25 0,776 32,66 0,000 0,00 0,000 0,00 0,000 0,00 30 1,561 65,71 0,941 67,23 0,507 52,53 0,451 40,49 35 2,063 86,81 1,240 88,59 0,838 86,92 0,876 78,62 40 2,296 96,64 1,369 97,85 0,950 98,53 1,085 97,44 Final 2,376 100,00 1,399 100,00 0,964 100,00 1,114 100,00 369LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 225 <15 17 19 21 23 25 27 29 31 33 35 37 39 41 43 45 47 >49 200 175 150 0 125 100 75 50 25 España 1976 Castilla y León 1976 España 1996 Castilla y León 1996 Continúa
Año 1976 Año 1986 Año 1996 Año 2006 Hijos/ % de Hijos/ % de Hijos/ % de Hijos/ % de mujer ISF mujer ISF mujer ISF mujer ISF España 15 0,004 0,15 0,003 0,17 0,002 0,14 0,003 0,21 20 0,214 7,64 0,127 8,18 0,053 4,57 0,087 6,31 25 1,058 37,82 0,527 33,88 0,216 18,59 0,268 19,45 30 1,947 69,57 1,086 69,78 0,649 55,97 0,642 46,64 35 2,457 87,79 1,396 89,68 1,024 88,34 1,130 82,11 40 2,721 97,23 1,525 98,00 1,144 98,63 1,345 97,68 Final 2,799 100,00 1,556 100,00 1,160 100,00 1,377 100,00 Fuente: Indicadores Demográficos Básicos. Series desde 1975 (INE). Elaboración P. Caballero. Para percibir en qué medida los comportamientos reproductores se han hecho más tardíos, así como los matices existentes entre ambos conjuntos, resulta ilustrativo examinar el dato referido a la descendencia alcanzada a los treinta años (tabla 3.13), edad a la cual las mujeres españolas ya habían tenido más de los dos tercios de la descendencia total (69,5%), mientras en Castilla y León quedaban ligeramente por debajo de ese límite (65,7%). En el momento de fecundidad más restrictiva, cuando su índice sintético se había reducido casi dos veces y media (1,16 hijos por mujer en España y 0,96 en Castilla y León), las mujeres de 30 años apenas habían alcanzado el 56% de su descendencia en el primer caso y el 52,5 en el segundo. Ahora bien, la última de las fechas consideradas demuestra hasta qué punto se encuentra arraigado el patrón demográfico de maternidad tardía, pues incluso en un contexto de incremento de la fecundidad (año 2006) la descendencia alcanzada en ese momento central del periodo fértil ya es menos de la mitad de la descendencia final (el 46,6% en España y el 40,5% en Castilla y León). En definitiva, una evolución extrema que retrae y retrasa la actitud reproductora hasta unos límites desde los cuales es más difícil abordar una revitalización. Las tendencias y situaciones descritas responden a unos valores globales o de conjunto que, en líneas generales, pueden aplicarse a la mayoría de las provincias. Ciertamente, resulta complicado encontrar la homogeneidad en un espacio variado y extenso como el de Castilla y León, lo que no impide afirmar que los adjetivos de restrictiva y tardía atribuidos a la fecundidad castellana y leonesa con respecto al conjunto nacional presenten una amplísima generalización espacial y pueden aplicarse también a la totalidad de las provincias y años considerados. Prueba de ello es la información que, a título de muestra y sin afán de exhaustividad, aporta la tabla 3.14, en la que se ha recogido, para los cuatro años de referencia, el índice 370 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Continuación
sintético de fecundidad y la edad media a la maternidad, referidos a las nueve provincias y al conjunto de Castilla y León, así como al total nacional. Tabla 3.14 Evolución de algunos indicadores de fecundidad en Castilla y León y España Índice sintético de fecundidad Edad media a la maternidad 1976 1986 1996 2006 1976 1986 1996 2006 Ávila 2,02 1,61 1,11 1,25 30,21 29,21 30,29 31,10 Burgos 2,59 1,38 0,98 1,21 29,07 29,33 30,96 31,90 León 2,19 1,40 0,88 0,98 28,71 28,15 30,01 31,45 Palencia 2,11 1,44 1,02 1,07 29,60 28,88 30,32 31,63 Salamanca 2,21 1,45 0,93 1,05 29,70 29,13 30,60 31,69 Segovia 2,61 1,47 1,15 1,29 29,37 29,23 30,80 31,24 Soria 2,04 1,50 1,02 1,19 30,01 29,76 31,36 31,56 Valladolid 2,85 1,28 0,93 1,17 28,75 28,87 30,94 31,93 Zamora 2,06 1,45 0,99 0,95 29,45 28,69 29,99 31,47 Castilla y León 2,38 1,40 0,96 1,11 29,14 28,85 30,57 31,65 España 2,80 1,56 1,16 1,38 28,51 28,53 30,19 30,90 Fuente: Indicadores Demográficos Básicos. Series desde 1975 (INE). Elaboración P. Caballero. El primero de los indicadores, que sirve para valorar el carácter más o menos restrictivo de los comportamientos reproductores, muestra cómo son absolutamente excepcionales las provincias y las fechas en las que los valores de alguna provincia de la Comunidad Autónoma superan los registrados para el conjunto español. Tan solo se pueden apuntar dos, el de Valladolid en 1976, en el que su capital se encuentra aún en fase de recepción inmigratoria, con aporte de población joven, y el caso abulense de 1986, provincia que suele presentar valores de fecundidad entre los más altos de la Región, pero sólo en una ocasión y por muy poco (cinco centésimas) se alzan por encima de los nacionales. Por su parte, la edad media a la maternidad sirve para mostrar el sesgo más o menos tardío del patrón de fecundidad. En este caso la generalización espacial del rasgo atribuido a la Comunidad Autónoma se cumple también de forma absolutamente generalizada en el espacio. En efecto, de los 36 datos referidos a las 9 provincias tan solo tres son inferiores a los de España en sus respectivas fechas. Como media, León presentó una maternidad más joven que la española en los años 1986 y 1996, mientras Zamora hizo lo propio en 2006. Sin embargo, las diferencias fueron muy poco significativas y en ningún caso superaron el medio año; en un contexto, además, en el que los ámbitos de maternidad teóricamente más joven son 371LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
circunscriben básicamente a parte de los ya enumerados y que disfrutan de una natalidad relativamente alta en comparación con la media regional, pero ni siquiera en todos ellos los nacimientos son capaces de superar en número a las defunciones. Sucede así en el norte de Burgos, las Merindades, donde la elevada acumulación de efectivos en la cúspide de la pirámide de edades se traduce en tasas de mortalidad que superan a las de natalidad. Igual situación acontece en muchos de los municipios enclavados en los valles leones y palentinos, e incluso en Tierra de Pinares, en la zona más occidental de la Ribera del Duero o en las franjas meridionales de Ávila y Segovia. En general, las tasas de mortalidad superiores al 10‰ son más abundantes en estas áreas que las de natalidad de similar cuantía, por lo que el territorio caracterizado por un crecimiento natural positivo es mucho más reducido que el dotado de una natalidad media o medio-alta. De los 228 municipios donde la natalidad supera el 10‰, solamente 139 tuvieron un saldo natural favorable. Figura 3.26 Crecimiento vegetativo en los municipios de Castilla y León en 2010 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes y Movimiento Natural de la Población (INE). Elaboración P. Caballero. 378 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 10050 kilómetros 0 Crecimiento vegetativo por cien habitantes Media nacional = 0,23% Inferior a -1 Más de 1 0,5 a 1 0 a 0,5 -0,5 a 0 -1 a -0,5
Hay que aclarar, no obstante, que de esa evolución de la mortalidad, más negativa en Castilla y León, y con serias repercusiones en el balance natural, no debe inferirse, ni mucho menos, que nuestra Comunidad Autónoma presente unas “condiciones de lucha contra la muerte” peores, en términos relativos, de las que disfrutan los españoles, considerados en conjunto. Ello se demuestra si recurrimos a indicadores más precisos o, mejor dicho, que son capaces de reflejar mejor esas condiciones de lucha contra la muerte, como son la mortalidad infantil y la esperanza media de vida al nacer. Las tasas de mortalidad infantil reflejan perfectamente las condiciones a las que nos estamos refiriendo, pues, más que para ningún otro grupo edad, la supervivencia de los menores de un año depende de la capacidad que tiene su “entorno social” para protegerlos. Figura 3.27 Evolución de las Tasas de Mortalidad Infantil en Castilla y León y España Fuente: Movimiento Natural de la Población. Series desde 1941 (INE). Elaboración P. Caballero. La figura 3.27 muestra claramente cómo en una trayectoria descendente, iniciada incluso antes del periodo al que se refiere el gráfico, Castilla y León había evolucionado de forma tardía con respecto al conjunto español, registrando a primeros de los sesenta unas tasas de mortalidad infantil situadas casi siempre por encima del 40‰ e incluso de 50‰, es decir, en torno a 15 puntos por encima de las españolas283. Sin embargo, a partir de entonces se va a producir una aceleración en el ritmo 379LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 1960 1962 1964 1966 1968 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 70 60 50 0 40 30 20 10 España Castilla y León 283 El Anuario Estadístico de España ofrece datos de mortalidad infantil desglosados por provincias al menos desde los años treinta, pero para el propósito que nos planteamos consideramos suficiente con iniciar la observación en la fecha a partir de la cual se dispone de datos informatizados del Movimiento Natural de la Población en la página Web del Instituto Nacional de Estadística.
del descenso, que conduce a la equiparación de los valores de ambos conjuntos en 1981, sin que posteriormente se produzcan desviaciones significativas entre uno y otro, salvo la presencia de mayores oscilaciones en el caso regional al tratarse de un ámbito con una entidad demográfica mucho menor284. La evolución descrita para el conjunto regional es aplicable a la mayor parte de su territorio, tal como muestran los datos reflejados en la tabla 3.15, en la que se consignan los valores de mortalidad infantil por provincias en diversos años. Hemos de resaltar el hecho de que, al tratarse de valores absolutos muy inferiores, las oscilaciones espacio-temporales son relativamente amplias y dificultan las comparaciones, pero una lectura general muestra cómo se ha producido el proceso de convergencia mencionado, pues, en la primera fecha no sólo el conjunto, sino también todas las provincias se situaban claramente por encima del valor español y casi todas superaban el 40‰. Diez años más tarde los índices se habían reducido a menos de la mitad, al tiempo que tendían a aproximarse al promedio nacional, con valores muy bajos en todas las provincias, inferiores 7‰. Tabla 3.15 Evolución de las tasas de mortalidad infantil en las provincias de Castilla y León y en España 1966 1976 1986 1996 2006 Ávila 39,93 25,84 7,73 7,13 5,15 Burgos 43,18 19,80 7,82 2,72 5,12 León 54,80 21,09 13,26 6,48 4,25 Palencia 52,54 31,33 8,62 5,23 4,81 Salamanca 41,49 26,28 8,00 8,94 3,42 Segovia 42,05 13,25 8,39 4,83 2,11 Soria 49,49 15,60 4,32 9,30 4,17 Valladolid 42,53 18,98 6,96 5,42 2,09 Zamora 43,81 25,83 11,51 3,03 6,72 Castilla y León 46,05 21,74 9,06 5,74 3,84 España 35,85 17,11 9,16 5,51 3,49 Fuente: Movimiento Natural de la Población Española e Indicadores Demográficos Básicos (INE). Elaboración P. Caballero. 380 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 284 El descenso real de la mortalidad infantil fue incluso mayor al señalado en la tabla 3.15, dado que hasta 1975 no se contabilizaban en el cálculo los que habiendo nacidos vivos, mueren al nacer o en las primeras 24 horas posteriores. Los “picos” y “mesetas” que aparecen en la curva correspondiente a Castilla y León anteriores a ese año pueden deberse precisamente a la homogeneización de las series realizada por el INE para subsanar el mencionado error.
Es conveniente recalcar, no obstante, que las cifras consignadas como ejemplo para la evolución general de la mortalidad en las provincias de Castilla y León nos sirven, en este caso, únicamente para constatar la no existencia de espacios altamente desfavorecidos y para ratificar la amplia transformación que ha presentado todas las provincias en las condiciones de lucha contra la muerte, pero en ningún caso pueden utilizarse para establecer una “jerarquización” de esas condiciones entre las distintas provincias de la Región, debido precisamente a las oscilaciones espacio-temporales a las que antes aludíamos. Un ejemplo que sirve para avalar esta afirmación es el caso de Zamora, que en 1996 presentó el segundo valor más bajo y, por el contrario, en 2009 registraba la mayor tasa de mortalidad infantil de toda la Región. En general, tanto el conjunto como los distintos espacios de la Comunidad han evolucionado en el mismo sentido y con similar alcance que el proceso de transformación nacional. Figura 3.28 Evolución de la esperanza de vida media al nacer en Castilla y León y España Fuente: ZOIDO NARANJO, F. y ARROYO PÉREZ, A. (2004): Tendencias demográficas durante el siglo xx en España e Indicadores Demográficos Básicos (INE). Elaboración P. Caballero y J. Delgado. Podemos ir incluso más allá al hablar de las condiciones de lucha contra la muerte para apuntar que Castilla y León se encuentra en mejor situación que el promedio nacional, como parece mostrar la que quizás sea la variable más precisa para valorar estos extremos, la esperanza de vida media al nacer, indicador sintético que resume en una sola cifra los riesgos de muerte existentes no sólo en la etapa más vulnerable 381LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL España (hombres) Castilla y León (hombres) España (mujeres) Castilla y León (mujeres) edad 2005 2006 2007 2008 2009 1972 1973 1974 1975 1976 1977 1978 1979 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 86 85 69 84 83 82 81 80 76 75 77 78 79 74 73 72 71 70
de la vida, sino a lo largo de toda ella. Es cierto que actualmente Castilla y León presenta un panorama satisfactorio en el contexto nacional, pero no siempre fue así. Hasta comienzos de los años setenta, cuando la esperanza de vida era de 69,8 años en España, todavía la mayor parte de las provincias de la Región mostraban valores inferiores y solamente en Salamanca, Soria y Zamora los varones sobrepasaban el promedio, mientras en las dos primeras provincias citadas y Valladolid lo hacían las mujeres. Una vez mediada esa década la esperanza de vida regional superó a la nacional, aunque con índices ligeramente inferiores en León y Palencia285. En 1981 la población castellana y leonesa destacaba ya en este aspecto, pues con 76,34 años de esperanza de vida superaba sobradamente la media española (75,51 años) y tras Cataluña (76,88) y Aragón (76,54), era la tercera CCAA con valores más elevados y los ha seguido manteniendo hasta la actualidad, tanto en el caso de los varones como en el de las mujeres (figura 3.28). A comienzos de la década de los noventa la mejora en las condiciones generales condujo a los varones castellanos y leoneses a tener una esperanza de vida superior a los 75 años, superior en más de un año y medio al conjunto de los españoles. Y entre las mujeres se alcanzaban los 82 años, mientras la media de las españolas era de 80,67 (1,2 años menos). A partir de entonces, ambos conjuntos se han beneficiado de forma similar de los avances logrados, especialmente en lo tocante a mortalidad senil, de tal manera que se consiguen superar unas cotas ya de por sí realmente favorables, apreciándose cómo las curvas correspondientes a los dos conjuntos considerados evolucionan con un acusado paralelismo, aunque percibiéndose un ligero proceso de convergencia en el caso de los varones y un mantenimiento, en líneas generales, de las distancias en el de las mujeres. Igualmente, los valores representados en el gráfico dejan sentir una muy paulatina disminución de la distancia existente entre varones y mujeres, muy difícil de eliminar en virtud de las causas que determinan tal diferencia (en buena medida biológicas). 382 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 285 COHEN, A. (1989): “Las disparidades geográficas de la mortalidad en España (1970-1980)”, en Análisis del desarrollo de la población española en el periodo 1970-1986. Madrid: Ed. Síntesis, 460 pp, págs. 261 a 281. Para un análisis a más largo plazo, véase GOERLICH GISBERT, F.J. y PINILLA PALLEJÀ, R. (2006): Esperanza de vida en España a lo largo del siglo XX. Las tablas de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística. Madrid: Ed. Fundación BBVA, 43 pp. También en ZOIDO NARANJO, F. y ARROYO PÉREZ, A. (coords.) (2004): Tendencias demográficas durante el siglo XX en España. Madrid: Ed. INE, 296 pp.
Figura 3.29 Esperanza de vida al nacer en las Comunidades Autónomas Españolas, 2009 Fuente: Indicadores Demográficos Básicos (INE). Elaboración P. Caballero. La destacada situación de Castilla y León en las condiciones de lucha contra la muerte se realza no sólo en una comparación directa con el conjunto español, sino también al presentar una visión panorámica de los valores registrados en las distintas Comunidades Autónomas de nuestro país286 (figura 3.29). Podemos apreciar cómo la Región presenta una posición preeminente, ocupando el tercer lugar tras Navarra y Madrid en el caso de las mujeres, aunque las diferencias respecto a esta última son prácticamente imperceptibles (85,66 frente a 85,62). Aunque la situación concerniente a los varones puede parecer relativamente peor, pues ocupan la quinta posición, las diferencias son mínimas, con 79.54 en las dos Castillas y 79.55 en La Rioja. Junto a las dos mencionadas anteriormente, estas cinco comunidades 383LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Hombres Madrid Castilla La Mancha Castilla y León Aragón Cataluña La Rioja Navarra España País Vasco Canarias Baleares Cantabria C. Valenciana Murcia Galicia Extremadura Asturias Andalucía 75 7977 81 83 85 87 Mujeres Navarra La Rioja Cantabria País Vasco Aragón Castilla y León Madrid Castilla la Mancha Cataluña Galicia España Extremadura Asturias C. Valenciana Baleares Canarias Murcia Andalucía 75 77 79 81 83 85 87 286 Al igual que en ocasiones anteriores, hemos preferido no incluir en la comparación a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, con unos rasgos específicos, que lejos de clarificar las cosas, aportarían mayor confusión a las reflexiones.
constituyen en el caso de los varones una especie de “grupo de cabeza”, situado entre los 79,5 y los 80 años, cuando en ninguna de las restantes alcanzan los 78. En cualquier caso las diferencias son demasiado pequeñas y la casuística demasiado compleja para extraer conclusiones más precisas o diferenciar grupos en función de sus desiguales valores. Simplemente podemos señalar, en primer lugar, la privilegiada situación no sólo del conjunto español sino de todas y cada una de las comunidades, teniendo en cuenta que el hecho de que todas superen los 77 años para los hombres y 83 para las mujeres refleja una situación altamente favorable, incluso considerando sólo un contexto de países desarrollados. En este marco de profunda transformación Castilla y León está lejos de ocupar las posiciones más rezagadas. Con ello queda ampliamente demostrada la afirmación de que la evolución desfavorable en lo tocante al número de defunciones y a las tasas de mortalidad no obedece, ni mucho menos, a un empeoramiento en las condiciones sino que deriva, tanto en el caso español como castellano y leonés, de la profunda transformación de la estructura por edades, que lleva a la conformación de sociedades claramente envejecidas, lo cual, si ya resulta preocupante a escala general del país, lo es mucho más en el caso de Castilla y León, donde el alcance del proceso se nos presenta, en ocasiones, como sobrecogedor. 3.3.5 Un acelerado y profundo cambio en las estructuras demográficas Tratar las transformaciones que experimentan las estructuras demográficas en Castilla y León, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, significa adentrarnos en el complejo análisis del envejecimiento demográfico; un tema que, bajo cualquier perspectiva que se aborde, ha sido a lo largo de las últimas décadas uno de los capaces de suscitar mayor preocupación tanto por parte de los estudiosos de las ciencias sociales, como por los organismos e instituciones públicas, debido a sus múltiples implicaciones económicas y en políticas sociales287, En este caso 384 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 287 Prueba de ello son los Informes a Iniciativa Propia realizados por el Consejo Económico y Social de Castilla y León en los últimos años. Aunque en un amplio número de ellos se alude a cuestiones sobre este particular, los más directamente vinculados al tema son: Consejo Económico y Social: Informe a Iniciativa Propia 5/02 sobre La situación de las personas mayores en Castilla y León. Valladolid: Ed. Consejo Económico y Social de Castilla y León, 219 pp. Consejo Económico y Social: Informe a Iniciativa Propia 1/09 sobre Perspectivas del envejecimiento activo en Castilla y León. Valladolid: Consejo Económico y Social de Castilla y León. 463 pp. Ambos incluyen amplias consideraciones referidas al envejecimiento como proceso demográfico así como a la situación de las estructuras por sexo y edad. Igualmente, una atención especial al proceso de envejecimiento en el apartado de “Dinámica demográfica” correspondiente al Informe sobre la situación económica y social de Castilla y León en 2007. Valladolid: Ed. Consejo Económico y Social de Castila y León, Cfr. págs. 584-593.
adoptaremos, inicialmente, una perspectiva diacrónica con la suficiente amplitud para dar cuenta de cómo han actuado de manera simultánea y recíproca los procesos de dinámica (tanto migratoria como natural) y cambio de estructuras para conformar el panorama demográfico actual, “sacrificando” el análisis de detalle a favor de la identificación de grandes hitos factores e interconexiones que, en una visión de más largo plazo, permitan comprender la situación actual. En líneas generales hemos caracterizado la segunda mitad del siglo XX como la del “vaciamiento demográfico de Castilla y León”; vaciamiento que responde primero y de forma principal a la “sangría migratoria” que se produjo en la llamada fase del desarrollismo, pero también se ha constatado la continuidad de las pérdidas en virtud de la una profunda transformación de los elementos de dinámica interna, coincidente, pero con mayor alcance que la operada en el conjunto del país. Todo ello ha provocado una transformación de la estructura por edades en la Comunidad Autónoma, generando un proceso de envejecimiento de tal calado que, aparte de otras implicaciones, dificulta la revitalización y cabe preguntarse: ¿ha sido distinto el punto de partida en Castilla y León y en España?, ¿cuál ha sido el ritmo de ese envejecimiento?, ¿cuáles las fases decisivas? y ¿con la concurrencia de qué factores? El estudio de los datos históricos permite realizar dos afirmaciones contundentes y claras: el punto de partida, como no podía ser de otro modo, viene marcado por unas estructuras completamente tradicionales y, en segundo lugar, ese punto de partida es prácticamente idéntico en Castilla y León y en el conjunto español, percibiéndose sólo leves matices diferenciales. En efecto, las pirámides de población correspondientes a 1900, punto de partida de nuestras explicaciones anteriores, muestran, efectivamente, esos rasgos de estructuras completamente tradicionales, con un predominio absoluto de las generaciones más jóvenes, fruto de una dinámica demográfica expansiva, al tiempo que se observa también una apreciable diferencia entre adultos jóvenes y maduros así como una leve acumulación de ancianos. En la figura 3.30 puede apreciarse también la veracidad de la segunda afirmación: la tremenda similitud en las estructuras demográficas españolas de ambos conjuntos, con los perfiles de ambas pirámides prácticamente superpuestos, salvo por una amplitud ligeramente mayor de la base en la pirámide de Castilla y León, atribuible a los comportamientos reproductores de principios de siglo eran más expansivos en la Región que en el conjunto nacional. En todo caso, la traducción a datos numéricos de estas distribuciones (véase tabla 16), muestran hasta qué punto se trata de diferencias insignificantes, dado que el grupo de población más joven no llega a diferir ni siquiera a un punto porcentual entre una y otra pirámide. 385LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
Figura 3.30 Pirámides de Población de España y Castilla y León a 31 de Diciembre de 1900 Fuente: Series Históricas de Población y Censo de 1900 (INE). Elaboración P. Caballero. Tabla 3.16 Indicadores de la Estructura por Edad en Castilla y León y en España, 1900 Importancia de los grandes España Castilla y León Grupos de edad Número % Número % Menores de 15 años 6.233.748 33,52 791.522 34,40 De 15 a 64 11.395.866 61,28 1.389.012 60,37 De 15 a 39 6.955.703 37,40 823.556 35,80 De 40 a 64 4.440.163 23,88 565.456 24,58 De 65 y más 967.774 5,20 120.209 5,22 De 65 a 79 852.389 4,58 109.473 4,76 De 80 y más 115.385 0,62 10.736 0,47 Indicadores España Castilla y León Índice de envejecimiento (Mayores de 65 / Menores de 15) 0,16 0,15 Tasa de sobre envejecimiento (% mayores 80 sobre mayores 65) 1,92 8,93 Edad Media 28,45 28,38 Proporción de activos (Población 15-64/Población total) 61,28 60,37 Fuente: Censo de Población de 1900 (INE). Elaboración P. Caballero. 386 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Hombres Mujeres 756 43210 0 95 y + 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 % sobre la población total 12345 76 EspañaCastilla y León
387LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 1900 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567 La misma diferencia, pero en sentido contrario, se presenta en las generaciones de adultos, que en ambos casos suponen en torno al 60-61% del total, aunque este grupo mayoritario de población resulta, en líneas generales, algo más joven en el conjunto español que en Castilla y León, como muestra la disposición de las barras de la pirámide, así como los porcentajes correspondientes a adultos-jóvenes (15-39 años) y adultos-maduros (40-64 años). Por su parte, algo propio de estructuras tradicionales, la acumulación de ancianos es bastante reducida, el 5,2% en ambos casos, aunque en el total nacional es un grupo algo más envejecido y la importancia de los octogenarios sensiblemente mayor, lo que se aprecia, sobre todo, a través de la tasa de sobre-envejecimiento, único de los indicadores genéricos en que se manifiestan diferencias sensible, siendo insignificantes en el resto de ellos. Figura 3.31 Pirámides de población de Castilla y León, 1900, 1910, 1920 y 1930 Continúa
Figura 3.35 Pirámides de población de Castilla y León, 1950 y 1960 Fuente: Censos de Población de los años correspondientes (INE), Elaboración J. Delgado. 394 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 1950 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567 1960 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567
Tabla 3.17 Indicadores de la Estructura por Edad en Castilla y León y en España, 1960 Importancia de los grandes España Castilla y León Grupos de edad Número % Número % Menores de 15 años 8.347.387 27,37 829.050 29,14 De 15 a 64 19.612.190 64,30 1.778.027 62,50 •De 15 a 39 11.699.778 38,36 1.054.720 37,07 •De 40 a 64 7.912.412 25,94 723.307 25,42 De 65 y más 2.543.095 8,34 237.854 8,36 •De 65 a 79 2.136.190 7,00 203.622 7,16 •De 80 y más 406.905 1,33 34.232 1,20 Indicadores España Castilla y León Índice de envejecimiento (Mayores de 65 / Menores de 15) 0,30 0,29 Tasa de sobre envejecimiento (% mayores 80 sobre mayores 65) 16,00 14,39 Edad Media 32,09 31,59 Proporción de activos (Población 15-64/Población total) 64,30 62,50 Fuente: Censo de Población de 1960 (INE). Elaboración P. Caballero. Las afirmaciones realizadas para el conjunto regional pueden aplicarse de forma generalizada a las distintas provincias, como se puede apreciar en la tabla 18, en la que a título de muestra se han elegido algunos indicadores simples, pero significativos, de la estructura por edad. Los datos muestran con claridad el carácter común del punto de partida, en todos los casos con unas estructuras claramente tradicionales y con alto grado de homogeneidad, con escasas diferencias entre los valores extremos. El porcentaje de jóvenes en ningún caso baja un tercio del total, los mayores oscilan entre el 5,8 y el 4,5%, al tiempo que la edad media se mueve en una horquilla de menos de un año y medio, en torno a los 28. Tampoco hay un patrón fijo e inmutable en lo concerniente a dónde se encuentran los valores más altos y los más bajos. Bien es cierto que algunas provincias que tenían dinámicas relativamente más expansivas tendían a configurarse como espacios relativamente más jóvenes, caso de Ávila, aunque las diferencias son escasas y la calificación de las provincias más “envejecidas” a principios de siglo variará en función del indicador que se utilice; sea como fuere, todas estas diferencias no son, en realidad, más que meras apreciaciones de matiz en un punto de arranque de estructuras plenamente tradicionales. En lo que se refiere al alcance del proceso de transformación estructural durante la primera mitad del siglo XX, en una apreciación genérica se mantiene lo enunciado 395LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
para el conjunto regional, en el sentido de que el “punto de llegada” en 1960 está constituido en todos los casos por un tipo de estructura demográfica con las mismas pautas para todas y cada una de las provincias, es decir una evolución hacia un mayor grado de madurez, como evidencia el hecho de que en todas ellas se hayan superado los 30 años de edad media; sin embargo, no se puede hablar aún de procesos de envejecimiento en ninguna de estas demarcaciones, con índices de envejecimiento inferiores a 0,4 o tasas de vejez que o llegan al 10%. Tabla 3.18 Indicadores de la estructura por edad en las provincias de Castilla y León y España, 1900-1960 Tasa de Tasa de Edad Índice de Porcentaje Juventud Vejez Media Envejecimiento de Octogenarios 1900 1960 1900 1960 1900 1960 1900 1960 1900 1960 Ávila 35,36 29,26 4,40 8,74 27,69 31,66 0,12 0,30 0,37 1,29 Burgos 34,04 29,67 5,86 8,25 28,71 31,45 0,17 0,28 0,71 1,10 León 35,76 29,61 5,20 7,38 28,09 30,81 0,15 0,25 0,51 1,26 Palencia 34,10 30,62 5,14 8,16 28,61 31,17 0,15 0,27 0,47 1,07 Salamanca 34,15 28,22 5,57 9,39 28,51 32,11 0,16 0,33 0,65 1,67 Segovia 35,28 28,59 4,83 8,99 27,92 31,99 0,14 0,31 0,39 1,37 Soria 34,12 26,76 5,46 9,67 28,53 33,41 0,16 0,36 0,46 1,76 Valladolid 33,54 29,57 5,00 8,36 28,37 31,05 0,15 0,28 0,56 1,36 Zamora 33,08 28,17 5,64 9,05 29,12 32,25 0,17 0,32 0,52 1,39 Castilla y León 34,40 29,14 5,22 8,36 28,38 31,59 0,15 0,29 0,47 1,20 España 33,52 27,37 5,20 8,34 28,45 32,09 0,16 0,30 0,62 1,33 Fuente: Series Históricas de Población. Censos de 1900 y 1960 (INE). Elaboración P. Caballero. Ahora bien, lo que si permite apreciar una consideración a escala provincial es que comienza a incrementarse la diferenciación en las conformaciones estructurales. En efecto, amén de la mayor irregularidad y variabilidad de la dinámica interna, los procesos de pérdida de efectivos han incidido de forma diferencial en unos y otros ámbitos, lo cual se ha traducido en un inicio de las tendencias de diferenciación espacial de las estructuras demográficas. Un primer indicio de ello es que, en todos los indicadores, la amplitud –la “horquilla de valores” que presentan unos y otros– se ha hecho mayor en 1960 con respecto a comienzos de siglo, y lo ha hecho tanto en términos absolutos como relativos, lo que traduce (dentro de unos parámetros comunes) una mayor heterogeneidad de situaciones estructurales: van conformándose espacios más o menos envejecidos en función de la desigual intensidad en la incidencia de los procesos migratorios. A este respecto, resulta tremendamente ilus396 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
trativo el caso soriano, que en 1900 registraba unos valores genéricos tremendamente parejos a los del conjunto regional sin destacar en ningún sentido; no obstante en 1960, debido sobre todo al tremendo impacto de las pérdidas de población288, se conforma claramente como la provincia más envejecida al situarse en primer lugar en todos y cada uno de los indicadores considerados, con los valores más bajos en cuanto a juventud y los más elevados en los referidos a la vejez. A la hora de considerar cuáles son los ámbitos más jóvenes no existe tanta claridad, pues depende de los indicadores que utilicemos, pero Palencia y León (menos afectadas por la emigración en la primera mitad del siglo XX) suelen destacar en el extremo opuesto a Soria. Sea como fuere, debemos insistir en que el hablar de un inicio de diferenciación espacial en las configuraciones estructurales no debe interpretarse aún como la existencia de situaciones altamente contrastadas, al menos a escala provincial, aunque ya se perciban con toda contundencia los contrastes estructurales entre los ámbitos rurales y urbanos. No es necesario entrar en comentarios más detallados para comprender que la “trayectoria diferenciada” (dentro del contexto español) seguida por la Región durante la primera mitad del siglo XX por su temprana conformación como área emigratoria, aun siendo, obviamente, muy importante en otros aspectos, no se ha producido con la suficiente intensidad ni rapidez como para actuar de “palanca de cambios” en la transformación de las estructuras demográficas. A escala general del país la aceleración del proceso tendrá lugar tras la transformación profunda y acelerada de las variables de dinámica interna, que, en Castilla y León, han tenido, como vimos, un mayor alcance; de ello es en buena medida responsable la tremenda intensificación de los flujos migratorios, que “trasladaron” la capacidad reproductora de Castilla y León a otras regiones españolas, forzando aún más lo que se ha denominado “envejecimiento por la base”. De este modo se abre una fase en la que, aun no pudiendo hablar de evoluciones contradictorias, sí tiene lugar un agrandamiento de las diferencias estructurales, como vamos a ver a continuación. Cuando la exacerbada incidencia de las migraciones exteriores se deja sentir en España, sus repercusiones (de uno u otro signo) en las estructuras demográficas se van a manifestar de forma contundente. Ya hemos visto que las tendencias de la dinámica interna, en virtud de una evolución a la baja en ambas variables, introdujeron un cambio estructural con tendencia a la madurez. Sin embargo, el incremento del balance natural gracias a la mejora de las condiciones de vida y a una ralentización 397LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 288 A partir de 1910 la proporción que el saldo migratorio representaba respecto a la población inicial del periodo registró en la provincia de Soria los valores más elevados de toda la Región.
en el descenso de las tasas de natalidad, debería conducir en el conjunto del país a un cierto rejuvenecimiento de las estructuras o, al menos, a no incrementar los niveles de envejecimiento, pero en realidad a lo que se asistió durante el tercer cuarto del siglo XX fue a conformaciones, en cierto modo, contradictorias, en función del signo que presentaba el balance migratorio. En unos casos, la llegada de generaciones en plena edad reproductiva acentuó considerablemente esas “posibilidades de rejuvenecimiento”; en cambio, donde el proceso es inverso, como en Castilla y León, se forzaron a la baja las tendencias y los efectos de la dinámica interna, pues al menguar considerablemente las generaciones de adultos jóvenes, provocaron de inmediato la existencia de una base muy acusadamente regresiva. Tabla 3.19 Evolución de los indicadores de la estructura por edad en Castilla y León y en España 1960 1970 1981 1991 2001 Castilla y León Tasa de Juventud 29,14 26,31 22,24 16,89 11,65 Tasa de Vejez 8,36 10,93 14,05 17,67 22,71 Proporción de Activos 62,50 62,76 63,70 65,44 65,63 Edad Media 31,59 33,86 36,45 39,72 43,59 Índice de Envejecimiento 0,29 0,42 0,63 1,05 1,95 Porcentaje de Octogenarios 1,20 1,74 2,50 4,15 5,90 Tasa de sobre-envejecimiento 14,39 15,92 17,76 23,46 25,97 España Tasa de Juventud 27,37 27,79 25,70 19,38 14,23 Tasa de Vejez 8,34 9,67 11,24 13,82 17,12 Proporción de Activos 64,30 62,54 63,05 66,81 68,66 Edad Media 32,09 32,75 33,98 36,94 40,09 Índice de Envejecimiento 0,30 0,35 0,44 0,71 1,20 Porcentaje de Octogenarios 1,33 1,54 1,92 2,95 3,97 Tasa de sobre-envejecimiento 16,00 15,92 17,12 21,37 23,20 Fuente: Censos de 1960,1970, 1981 y 1991 y Padrón de 2001 (INE). Elaboración P. Caballero. Con estas premisas es absolutamente lógico que partir de la década de los sesenta se perciba un cambio acelerado y profundo en la estructura por edades de Castilla y León, que podemos calificar, sin ninguna duda, como el arranque del proceso de envejecimiento, el resumen de cuya trayectoria se ha consignado en la tabla 3.19. A partir de la información en ella contenida se aprecia cómo el cambio de ritmo en la evolución de las estructuras es mucho más temprano y brusco. No deja de ser significativo el hecho de que a lo largo de la década de los sesenta se incremente 398 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
(aunque sea muy ligeramente) la tasa de juventud en el conjunto español, al tiempo que en Castilla y León se reduce en casi un 10%. Cierto es que la mayoría de los indicadores de estructura utilizados también esbozan una tendencia al envejecimiento en el caso español, pero el cambio ha sido muchísimo más brusco en la Comunidad Autónoma, a pesar de que en algunos de ellos partía de valores más bajos. Así, la tasa de vejez aumentó entre 1960 y 1970 un 30%, frente a un 16% en el conjunto nacional, la edad media lo hizo en España 0,7 años y en Castilla y León más del triple (en 2,3 años). En definitiva, todos los indicadores muestran cómo coincidiendo con la época de mayor emigración se produce el cambio sustancial y definitivo hacia unas estructuras claramente envejecidas. Junto a los datos numéricos aportados, esa evolución diferencial se percibe muy claramente a través de la figura 3.32, que representa la transformación de las estructuras por edades en Castilla y León y en España en la fase álgida del desarrollismo, cuando los movimientos migratorios alcanzaron su máxima intensidad. Apreciamos cómo en el caso español el proceso de cambio es más pausado, revistiendo en cierto modo las mismas características de lo descrito para la primera mitad de siglo. Se anuncia un cierto envejecimiento por la cúspide, con mayor acumulación de efectivos y también por la base, estable en los escalones correspondientes a los grupos de 5 a 19 años de edad, pero ya regresiva en el correspondiente a las generaciones más jóvenes, consecuencia de la mencionada caída en picado de los niveles de natalidad y fecundidad desde la segunda mitad de los setenta. Figura 3.36 Transformación de la Estructura por edades en España y en Castilla y León entre 1960 y 1981 399LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Hombres Mujeres 645 32100 80 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123456 España Continúa % sobre la población total 19601981
Fuente: Censos de Población de 1960 y 1981 (INE). Elaboración P. Caballero. Por su parte, el gráfico correspondiente a Castilla y León manifiesta unos cambios mucho más bruscos, apreciándose con toda nitidez el impacto de la emigración en la profunda “escotadura” que dibuja el perfil a ambos lados de la pirámide, correspondiente a las generaciones de 20-44 años, las de mayor potencialidad productiva y reproductora, lo cual se traduce de inmediato en un perfil profundamente regresivo de la base de la pirámide, que comienza a serlo una década antes que para el conjunto español. Por expresarlo de una forma “plástica” diremos que esa tremenda mengua en las generaciones adulto-jóvenes constituye un auténtico “impacto en la línea de flotación de la vitalidad demográfica de Castilla y León”, e induce ya a un proceso de transformaciones con un alto componente inercial, que resultará muy difícil de modificar a corto y medio plazo. El proceso de emigración y consecuente desnatalidad, acelerada a partir de 1975 por el descenso de la fecundidad, se sigue perfectamente a través de las pirámides de población de 1960 hasta 1991, etapa en que las tendencias no varían. El tamaño de cada nueva generación es inferior al de la precedente y en consecuencia, el estrechamiento de la base del gráfico, continuo. En 1970 afectaba a las cohorte de 0 a 9 años y en 1991 a todas las presentes por debajo de los treinta. Y si los peldaños de 20 a 29 años parecen estables en 1991 –de similar cuantía–, es debido solamente a que se han reducido con respecto a años anteriores por la emigración. Mientras en 1960 apenas se había iniciado el vaciamiento de los grupos de adultos jóvenes, ya mermados, eso sí, al tratarse de generaciones huecas nacidas durante 400 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN % sobre la población total 19601981 Hombres Mujeres 6543210 0 80 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123 546 Castilla y León Continuación
la Guerra Civil, en las siguientes pirámides la pérdida de efectivos aumenta y se hace notar, rompiendo el perfil a ambos lados de la figura. Porque la emigración afectó intensamente a ambos sexos, con mayor virulencia primero a los varones, cuyas cohortes de 30-34 años se ven reducidas en mayor proporción en 1970, pero posteriormente la incorporación de las mujeres igualó e incluso superó esas cifras, marcando un desequilibrio entre sexos en las edades correspondientes a la formación de familias, En 1981 las mujeres eran minoría hasta alcanzar las cohortes de 40 años de edad y en 1991, hasta los 50 años. Figura 3.37 Pirámides de población de Castilla y León, 1960, 1970, 1981 y 1991 401LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 1960 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567 1970 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567 Continúa
402 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Fuente: Censos de Población de los años correspondientes (INE), Elaboración J. Delgado. A partir de 1981 las tendencias demográficas van a ser muy semejantes en España y la Comunidad, pero sin que podamos atisbar una convergencia importante que tienda a equiparar su alcance e intensidad, manteniéndose siempre en cotas de envejecimiento más elevadas los indicadores en la Comunidad Autónoma. En este sentido, hemos de señalar que el decenio 1981-1991 fue el periodo en que se detectan menos diferencias en la evolución estructural de uno y otro conjunto, pero Continuación 1981 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567 1991 Hombres Mujeres 756 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 1234567
tampoco se allanaron las ya existentes. Esta evolución “armónica” se comprende por las explicaciones causales que hemos venido exponiendo para dar cuenta de los cambios, reforzándolas. En efecto, es precisamente en esa penúltima década del siglo XX cuando se produce una actuación más coincidente de los factores determinantes del cambio estructural, ya que se ha atenuado considerablemente la intensidad en los movimientos migratorios interregionales, al tiempo que la dinámica interna todavía no ha manifestado su carácter regresivo289; es lógico, por tanto, que los valores registrados en estos indicadores evolucionen de forma más acompasada en uno y otro ámbito. En cualquier caso, eso no debe hacer perder la perspectiva. Está claro que en el desarrollo inequívoco, acelerado y profundo del proceso de envejecimiento español, al que asistimos desde hace por lo menos tres decenios, Castilla y León no sólo se ha caracterizado por un arranque más temprano, sino también por contar con las condiciones para que la transformación estructural sea de mucho mayor alcance, tal como se puede apreciar en el gráfico comparativo reflejado de la figura 3.33. Figura 3.38 Transformación de la Estructura por edades en España y Castilla y León entre 1981 y 2001 403LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Hombres Mujeres 5432100 80-84 85 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 12345 España Continúa 289 Recuérdese que Castilla y León comienza a tener crecimientos vegetativos negativos a partir de 1988. % sobre la población total 19812001
Figura 3.41 Indicadores de la Estructura por edades en las Comunidades Autónomas Españolas, 2011 Fuente: Padrón Municipal de habitantes de 2011 (INE). Elaboración P. Caballero. 410 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Tasa de vejez Castilla y León Aragón País Vasco Extremadura Cantabria Galicia Asturias La Rioja Navarra Castilla La Mancha Cataluña España C. Valenciana Madrid Andalucía Baleares Murcia Canarias 0105152025 Índice de envejecimiento Asturias Aragón País Vasco Cantabria La Rioja Galicia Castilla y León Extremadura Navarra Castilla La Mancha España Cataluña C. Valenciana Madrid Andalucía Baleares Canarias Murcia 010,5 1,5 2 Edad media Asturias País Vasco Cantabria Aragón La Rioja Galicia Castilla y León Extremadura Navarra España C. Valenciana Cataluña Castilla La Mancha Madrid Baleares Canarias Andalucía Murcia 20 3025 35 40 45 50 % de octogenarios Castilla y León Aragón Cantabria La Rioja Extremadura Galicia Asturias Castilla La Mancha País Vasco Navarra Cataluña España C. Valenciana Madrid Andalucía Baleares Murcia Canarias 021345678
Este rasgo demográfico fundamental de Castilla y León en el panorama de las regiones españolas se ve acentuado claramente si tenemos en cuenta los indicadores que valoran el sobre-envejecimiento, pues a pesar de que en este aspecto se produce una mayor variación en cuanto a las “posiciones del ranking”, aparece de forma clara y destacada en primer lugar. El porcentaje que representan los octogenarios respecto a la población total se aproxima al 8%, mientras Asturias se queda medio punto por debajo. Además, la condición de Comunidad más sobre-envejecida aparecería realzada si consideramos otros indicadores complementarios al reflejado en el gráfico. La edad media de los mayores es la más elevada de todas, con 77,2 años, seguida de Aragón con 76,9 y a gran distancia en de los valores españoles, situados justo un año por debajo de los correspondientes a Castilla y León; más de un tercio de ellos ha superado ya los 80 años (el 34,2%), proporción a la que, escasamente, llega Aragón, mientras que en el total nacional ni siquiera son el 30%. En resumen un proceso amplio, de mucho alcance y que otorgan a Castilla y León unas características destacadas en un marco de evolución general coincidente con el conjunto español. No obstante, a la propia problemática vinculada al gran alcance del proceso, debemos añadir también la derivada de que el mismo se produce de una manera bastante desequilibrada desde el punto de vista espacial. Destaca ante todo no ya la mencionada profundidad y alcance del proceso, sino también su generalización espacial, pues ninguna de las provincias de Castilla y León presenta en ninguno de los indicadores que miden el envejecimiento valores inferiores a los del promedio nacional y solamente Valladolid, claramente destacada por su dinamismo en el contexto regional, registra guarismos equiparables a los promedios nacionales. Sobresale asimismo nítidamente el carácter extremo de los rasgos estructurales en algunas de las provincias menos favorecidas, con tasas e índices que raramente se repiten en otras demarcaciones del país. Tabla 3.21 Indicadores de la estructura por edades en las provincias de Castilla y León y en España, 2010 Tasa de Tasa de Edad Índice de Porcentaje de Juventud Vejez Media Envejecimiento octogenarios Ávila 12,05 24,25 45,46 2,01 8,60 Burgos 12,63 20,72 44,01 1,64 7,20 León 10,72 24,52 46,22 2,29 8,46 Palencia 11,12 22,73 45,57 2,04 8,19 Salamanca 11,74 23,79 45,36 2,03 8,19 Segovia 13,40 21,16 43,52 1,58 7,61 Soria 12,27 24,85 45,69 2,03 9,39 411LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Continúa
412 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Hombres Mujeres 5432100 80-84 85 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 12345 % sobre la población total Castilla y LeónZamora Tasa de Tasa de Edad Índice de Porcentaje de Juventud Vejez Media Envejecimiento octogenarios Valladolid 12,94 18,60 43,04 1,44 5,55 Zamora 9,83 28,53 48,12 2,90 10,16 Castilla y León 11,88 22,59 44,97 1,90 7,73 España 14,75 16,87 41,07 1,14 4,90 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de 2010 (INE). Elaboración P. Caballero. Los indicadores mostrados en la tabla nos permiten establecer unas primeras “agrupaciones” o “tipologías” en cuanto los grados de envejecimiento existentes en el territorio castellano y leonés. En primer lugar, podemos distinguir un grupo de cuatro provincias muy claramente envejecidas, formado por Ávila, León Soria y Zamora, con valores que se encuentran entre los más altos no sólo de Castilla y León, sino de todo el país. Otras dos provincias, Palencia y Salamanca, presentan un envejecimiento más atenuado pero superior a la media regional. Por último, inmediatamente por encima de Valladolid (la provincia más joven) se encuentran Burgos y Segovia, que “alternan sus posiciones” según del indicador considerado, pero siempre con registros inferiores al promedio. Figura 3.42 Pirámides de población de población de Castilla y León y de Zamora en 2011 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de 2011 (INE). Elaboración P. Caballero. Continuación
Dentro del primero de los grupos distinguidos destaca con claridad Zamora, cuyos valores pueden ser calificados de extremos en el contexto regional, nacional e incluso europeo291, al tiempo que su pirámide muestra un perfil espectacular, tal como se refleja en la figura 3.42. En ella se aprecia una base muy estrecha correspondiente a generaciones que en términos relativos son aún menores que las ya muy menguadas del conjunto regional, hasta el punto de encontrarse entre las pocas provincias españolas en las que los menores de 15 años representan menos del 10% de los residentes, lo cual no permite prever una incorporación significativa de personas a las edades productiva y reproductora en los próximos años. Por el contrario, las generaciones situadas en la cúspide de la pirámide se encuentran entre las más numerosas de los residentes provinciales, como atestigua la longitud de las barras correspondientes a 75-79 años, que, concretamente entre las mujeres, es el grupo de edad más numeroso. Un grado de envejecimiento que, posiblemente, no se incremente demasiado a lo largo de los próximos años, ya que las generaciones que están accediendo a la “tercera edad” se han visto profundamente afectadas por los procesos migratorios durante el desarrollismo y, en consecuencia, son, en términos relativos, poco numerosas. Ello no significa, sin embargo, que se garantice, el remplazo de la población activa, por el carácter extremadamente regresivo de la base al que ya hemos aludido. Las otras tres provincias incluidas en el grupo de “las más envejecidas”, Ávila, León y Soria, presentan rasgos similares, hasta el punto de que se sitúan a continuación de la anterior, no sólo en el ranking regional sino también en el conjunto nacional, de modo que este grupo de cuatro provincias castellanas y leonesas se encuentra entre las seis con mayor tasa de vejez de toda España. Igualmente, aun cuando la ordenación jerárquica está clara dentro de Castilla y León, en el continuo formado por las provincias españolas es difícil establecer un hiato claro con las situadas a continuación, Salamanca y Palencia, que no bajan del décimo puesto en lo tocante al porcentaje de ancianos. En definitiva, estas dos demarcaciones que, sin ser las más envejecidas de Castilla y León, se encuentran en la cúspide de las provincias españolas, reproducen fielmente los rasgos estructurales del conjunto regional, tal como se refleja en la figura 3.43 donde podemos ver cómo, salvo ligerísimos matices, prácticamente no existen diferencias entre uno y otro perfil, afirmación que podría hacerse extensiva a la provincia de Palencia. 413LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 291 Bajo cualquiera de los principales indicadores para medir el grado de envejecimiento, Zamora se encuentra entre las tres primeras provincias españolas, siendo las otras dos Orense y Lugo.
Figura 3.43 Pirámides de población de población de Castilla y León y de Salamanca en 2011 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de 2011 (INE). Elaboración P. Caballero. Figura 3.44 Pirámides de población de población de Castilla y León y de Burgos en 2011 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de 2011 (INE). Elaboración P. Caballero. 414 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Hombres Mujeres 5432100 80-84 85 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 12345 % sobre la población total Castilla y LeónSalamanca Hombres Mujeres 5432100 80-84 85 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 12345 % sobre la población total Castilla y LeónBurgos
Por último el grupo que presenta un menor alcance del proceso de envejecimiento con respecto al conjunto regional integra tres provincias, Burgos, Segovia y Valladolid. Las dos primeras, aunque registran valores inferiores, pueden ser calificadas sin ambages de envejecidas en el contexto nacional, al encontrase entre las 15 primeras en cuanto a tasa de envejecimiento. El perfil de Burgos no presenta excesivas diferencias con el regional, percibiéndose únicamente una acumulación de ancianos ligeramente menor, al tiempo que los adultos entre 25 y 50 años (sobre todo los varones) y los niños menores de 10 son, en proporción, algo más numerosos que en la Región. De ahí que, como se ve en la tabla 3.20, los valores no sean excesivamente dispares entre uno y otro ámbito. Incluso en el caso de Segovia la acumulación de ancianos es muy similar y se dan diferencias sólo en la importancia relativa de adultos y niños. Valladolid, por su parte es la única provincia de la Región con una estructura por edades algo más próxima al patrón nacional, como atestigua la posición intermedia que ocupa en el conjunto de las provincias españolas, al situarse en vigésimo lugar en cuanto a la tasa de vejez, al tiempo que el resto de los indicadores presenta valores próximos, aunque ligeramente superiores, a los españoles. En consecuencia, la pirámide muestra una acumulación de ancianos sensiblemente menor respecto al conjunto regional, al tiempo que los adultos menores de 40-45 años son claramente más numerosos. Es la única de las provincias castellanas y leonesas en las que el “repunte” de la base de la pirámide es algo más claro, aunque no excesivamente destacado si lo comparamos con el nacional. Además, el caso vallisoletano es de los pocos en los que no se percibe un acusado déficit en las generaciones afectadas por los procesos emigratorios, ya que la capital constituyó, como hemos visto, un foco de atracción de alcance supraprovincial. Las generaciones que acaban de acceder o que accederán en un futuro inmediato a la tercera edad constituyen grupos relativamente numerosos; ello, unido a la espectacularidad en la regresión que se detecta a partir de las cohortes de 20-24 años, determina que la tasa de remplazo de la población activa sea la más baja de la Región, pues cada 100 personas en el “tramo de salida” del mercado laboral (60-64 años) sólo hay 70 en el “tramo de acceso” (15-19 años), por lo que es de prever un envejecimiento relativamente más rápido de la población vallisoletana, a menos que se mantenga y/o se intensifique ese ligero repunte en la base de la pirámide. 415LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
Figura 3.45 Pirámides de población de población de Castilla y León y de Valladolid en 2011 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de 2011 (INE). Elaboración P. Caballero. Ahora bien, si el conocimiento de las diferencias interprovinciales tiene un apreciable significado, sobre todo en lo relativo a la organización y planificación de las actuaciones en materia protección y servicios sociales, lo que en última instancia explica la diferencias descritas es la dinámica socio demográfica experimentada por unos u otros tipos de espacios, que con mayor o menor generalización se hayan presentes todas las demarcaciones provinciales. Por ello se hace necesario descender a la escala municipal para dar cuenta de forma más completa de esas desigualdades territoriales que, indudablemente, están presentes en una Comunidad tan extensa292. Ya se había señalado incluso en fechas anteriores, concretamente en el informe sobre la Situación Económica y Social de Castilla y León en 2007, que el proceso de envejecimiento o, más aún, el auténtico descoyuntamiento de las estructuras por sexo y edad, presenta una amplísima generalización a lo largo del territorio castellano y leonés. Es más, podemos constatar, sin ningún género de dudas, que se 416 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Hombres Mujeres 5432100 80-84 85 y + 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 12345 % sobre la población total Castilla y LeónValladolid 292 Para una información más detallada véase Informe a Iniciativa Propia 1/09 sobre: Perspectivas del envejecimiento activo en Castilla y León. Valladolid: Consejo Económico y Social de Castilla y León. 463 pp.
registra una íntima asociación espacial entre los dos grandes problemas demográficos de Castilla y León, la despoblación y envejecimiento293. Hasta tal punto es así que el mapa que representa la edad media de la población refleja casi a la perfección el negativo del referido a la densidad, ambos consignados en la publicación antes mencionada294. De la virulencia con que han actuado algunas dinámicas demográficas en determinados ámbitos es de donde deriva precisamente el mencionado “descoyuntamiento” de esas estructuras por edad. Nos referimos al mundo rural castellano y leonés, en la mayor parte del cual resulta ya imposible una recuperación demográfica a partir únicamente de sus propios recursos humanos. Si lo que ha conducido a tal situación es el éxodo de sus residentes hacia otros territorios, sólo el aporte de efectivos foráneos puede revertir la brutal alteración estructural de estos ámbitos. El análisis de la distribución y características de la población según tipo de municipios evidencia la mencionada asociación espacial de los rasgos más negativos de la Comunidad desde el punto de vista demográfico. En primer lugar, nos fijaremos en la situación del ámbito rural en sentido estricto, refiriéndonos con ello a todos los municipios que cuentan con menos de 2.000 habitantes y además se encuentran fuera del área de influencia de los centros urbanos295. Aquí vaciamiento y envejecimiento demográfico se encuentran indisolublemente unidos, alcanzando una magnitud difícilmente imaginable en otros tiempos y en otros ámbitos. El medio rural, así entendido, abarca a nueve de cada diez municipios castellanos y leoneses (2.017 de los 2.248). En 78.389 km2residen 606.565 habitantes, el 23% de la población regional, ocupando el 83% de la superficie. Se trata de un porcentaje no despreciable de población dispersa en un inmenso territorio, que se caracteriza además por unas estructuras tremendamente envejecidas y sin visos de rejuvenecimiento, tal como muestran los indicadores expresados en la tabla 3.21. 417LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 293 Esta afirmación no debe inducir a pensar que despoblación y envejecimiento son única y exclusivamente problemas demográficos, pues son de sobra conocidas sus implicaciones en otros muchos campos. Ni tampoco son únicos de Castilla y León, sino frecuentes en otras CCAA donde el medio rural ha padecido un vaciamiento extremo, como se analizó en el capítulo anterior sobre la población española. 294 Véase CES. Situación Económica y Social de Castilla y León. Tomo I. Economía, Mercado Laboral, Calidad de Vida y Protección Social. El Mapa referido a la densidad de población y el que representa la edad media de la población. 295 Para una visión más precisa puede consultarse el informe mencionado en la nota anterior, donde aparece un mapa con la tipología municipal.
Tabla 3.22 Indicadores de la estructura por edad según el tipo de municipio en 2002 y en 2010 y su variación relativa entre las dos fechas T. Juv. T. Vej. I. Env. E. Media % Oct. E.M.M. Valores a 1 de Enero de 2002 Menos de 500 hab. 6,56 37,78 5,75 52,22 10,95 76,43 de 500 a 1.000 hab. 8,46 33,59 3,97 49,54 9,45 76,23 de 1.000 a 2.000 hab. 10,12 27,88 2,75 46,40 7,60 76,03 Total Rural 7,87 34,58 4,40 50,25 9,81 76,29 de 2.000 a 5.000 hab. 11,26 25,21 2,24 44,79 6,63 75,84 de 5.000 a 10.000 hab. 13,54 19,94 1,47 41,60 4,95 75,58 Total Centros de Servicios 12,22 22,98 1,88 43,44 5,92 75,75 Capitales 12,46 18,25 1,47 41,59 4,61 75,56 Ciudades no capitales 13,29 19,20 1,45 41,40 4,55 75,31 Total Urbano 12,61 18,43 1,46 41,56 4,60 75,51 Periurbano 15,02 11,62 0,77 37,30 2,61 75,04 Área de influencia urbana 15,02 11,62 0,77 37,30 2,61 75,04 Total Castilla y León 11,47 22,94 2,00 43,87 6,06 75,85 Valores a 1 de Enero de 2010 Menos de 500 hab. 5,88 37,78 6,43 54,09 14,50 78,02 de 500 a 1.000 hab. 7,86 32,92 4,19 51,01 12,17 77,78 de 1.000 a 2.000 hab. 9,13 28,29 3,10 48,41 10,30 77,62 Total Rural 7,21 34,13 4,73 51,86 12,84 77,87 de 2.000 a 5.000 hab. 11,61 23,77 2,05 45,45 8,32 77,37 de 5.000 a 10.000 hab. 13,41 19,05 1,42 42,65 6,29 76,98 Total Centros de Servicios 12,39 21,74 1,75 44,24 7,45 77,22 Capitales 12,69 20,15 1,59 43,84 6,46 76,67 Ciudades no capitales 12,96 19,75 1,52 43,25 6,43 76,89 Total Urbano 12,74 20,07 1,58 43,72 6,45 76,71 Periurbano 17,13 10,29 0,60 37,68 2,94 76,02 Área de influencia urbana 17,65 10,98 0,62 37,63 3,37 76,38 Total Castilla y León 11,88 22,59 1,90 45,06 7,73 77,16 Variación relativa de los valores entre 2002 y 2010 Menos de 500 hab. -10,49 0,01 11,73 3,58 32,44 13,83 de 500 a 1.000 hab. -7,15 -2,01 5,53 2,95 28,86 13,80 de 1.000 a 2.000 hab. -9,79 1,47 12,48 4,34 35,57 14,49 Total Rural -8,29 -1,30 7,62 3,21 30,82 14,04 418 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Continúa
419LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL T. Juv. T. Vej. I. Env. E. Media % Oct. E.M.M. Variación relativa de los valores entre 2002 y 2010 de 2.000 a 5.000 hab. 3,08 -5,69 -8,51 1,46 25,50 14,10 de 5.000 a 10.000 hab. -0,92 -4,43 -3,55 2,53 27,00 13,14 Total Centros de Servicios 1,33 -5,40 -6,64 1,84 25,74 13,71 Capitales 1,90 10,39 8,33 5,39 40,03 10,49 Ciudades no capitales -2,48 2,86 5,48 4,46 41,36 15,26 Total Urbano 1,05 8,92 7,79 5,21 40,28 11,38 Periurbano 14,06 -11,46 -22,38 1,02 12,63 9,77 Área de influencia urbana 17,49 -5,51 -19,58 0,88 29,20 13,35 Total Castilla y León 3,64 -1,53 -4,99 2,73 27,70 12,12 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de los años respectivos (INE). Elaboración P. Caballero. Este “inmenso” mundo rural presenta indicadores realmente espectaculares. Más de un tercio de sus habitantes (el 34,13%) ha entrado ya en la “tercera edad” y casi una de cada diez personas ha superado los ochenta años, mientras los que aún no han cumplido quince son menos del 7,5%. En consecuencia, la media de edad en la población rural supera en casi dos años el medio siglo. Unos datos que son tanto más negativos cuanta menor es la entidad demográfica de los municipios, tal como se muestra en la mencionada tabla. A través de la misma se puede constatar cómo las tendencias registradas en los últimos años no apuntan precisamente a una mejora de la situación. Es cierto que, al igual que sucede en buena parte de la Región, están accediendo a la tercera edad generaciones mermadas por la emigración, lo que hace descender en nuestros pueblos tanto el número ancianos como tasas de vejez, pero el descenso ha sido mucho mayor para la tasa de juventud, lo que, obviamente ha elevado en los últimos años otros indicadores que miden el grado de envejecimiento. Continuación
Fuente: Padrón Municipal de Habitantes de 2010 (INE). Elaboración J. M. Delgado. 426 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Municipios de 5.000 a 9.999 habitantes Hombres Mujeres 6543210 0 85 y + 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123456 Municipios de 2.000 a 4.999 habitantes Hombres Mujeres 6543210 0 85 y + 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123456 Municipios menores de 2.000 habitantes Hombres Mujeres 6543210 0 85 y + 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123456 Continuación
En resumen, diferencias territoriales en las estructuras por edad muy marcadas según el tamaño y la localización de los núcleos de población, pero también por sexo. La emigración diferencial afectó, como se ha indicado anteriormente, en mayor proporción a las mujeres desde mediados a los años setenta y aunque en menor medida, lo sigue haciendo en la actualidad. Las jóvenes prolongan su formación más que los varones, sus desplazamientos a las ciudades para cursar estudios universitarios son asimismo más numerosos y encuentran mayores oportunidades en el mercado laboral urbano, ya sea dentro de la Región o fuera de ella, que en el rural, por lo que a la postre lo que eran desplazamientos temporales se convierten en cambios de residencia definitivos. Unos desequilibrios por sexo y edad que, como puede apreciarse en las correspondientes pirámides de población, difieren considerablemente entre los grupos de municipios analizados. En definitiva, estas breves reflexiones sobre el envejecimiento nos manifiestan cómo un problema socio-demográfico de gran calado como éste no puede contemplarse al margen de que toda la complejidad y toda la problemática que introducen tanto la magnitud superficial de la Región como la diversidad de la dinámicas socio-territoriales, vinculadas a los distintos tipos de espacios. Solamente “una perspectiva de tiempos largos” y una amplitud de miras para enfrentarse a los retos socio-demográficos desde una concepción integral e integradora del territorio, permitirán aproximarse de manera cabal al tratamiento de una realidad que se presenta como uno de los grandes retos de la sociedad castellana y leonesa. Las tendencias leves pero perceptibles de “revitalización demográfica” a los que se ha asistido, tanto a escala regional como nacional, resultan de todo punto insuficientes para revertir una situación estructural con la que hay que contar y a la que hay que adaptarse, máxime si tenemos en cuenta que las perspectivas, que se dibujan a través de las proyecciones demográficas, no auguran cambios en unas tendencias ya consolidadas desde hace muchas décadas. 3.4 La incidencia de la inmigración extranjera Como ha quedado expuesto en apartados anteriores, los flujos migratorios procedentes del exterior y protagonizados por extranjeros tuvieron en Castilla y León una escasa importancia hasta comenzado el siglo XXI. Salvo contadas excepciones relacionadas por una parte con la población activa procedente de Portugal o Cabo Verde, su llegada no comienza a repercutir sensiblemente en la población autóctona hasta aproximadamente un lustro después de que lo hiciera en otras regiones españolas. A lo largo del último quinquenio del siglo XX su peso relativo en la población total se mantuvo en torno al 0,6%, frente al aumento, mayor o menor, experimentado en todas las demás CCAA Con unos 90.000 inmigrantes cada una, Cataluña, Madrid, Valencia y Andalucía eran las principales receptoras en 1996 en 427LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL
cifras absolutas y juntas sumaban el 68% de los residentes foráneos en España, una elevada concentración de destinos que se mantiene hasta la actualidad con un ligero aumento en las dos primeras comunidades y descenso es las segundas. La importancia de Castilla-La Mancha, Murcia y Aragón en comparación al conjunto nacional fue en ascenso, mientras mermaba la de ambos archipiélagos, por citar los cambios más significativos, pues los flujos migratorios de trabajadores en la península superaron ampliamente a los de jubilados que nutrían en años anteriores el elenco de residentes en las islas y las costas levantinas. Desde la perspectiva de la impronta en el crecimiento de la población autóctona son sin embargo estas últimas CCAA quienes mantienen los índices más elevados, a las cuales se han añadido, si bien con porcentajes de extranjeros algo inferiores con respecto a la población total, las de Cataluña, Madrid, La Rioja y Aragón, superando todas ellas el promedio nacional en 2011. La evolución de estos flujos migratorios, pese a las diferencias indicadas, señala un aumento generalizado en el número de extranjeros que tras una primera atapa de lento crecimiento, acelera su ritmo a partir de 2001 y lo mantiene elevado hasta 2008, año a partir del cual la caída de la inmigración se verá agravada por el incremento de la emigración, frenando primero el aumento de la cifra de residentes para, finalmente, comenzar ésta a reducirse a escala nacional300. A lo largo de este período de conversión de España en un país de inmigración el papel de Castilla y León pasó a cobrar importancia de forma lenta pero continuada. Así, en los primeros años, la Comunidad se enclavaba junto a otras del interior y sobre todo, de la cornisa septentrional, caracterizadas por su escasa relevancia en este aspecto. Son los casos de Asturias, Extremadura y Galicia, que aún en 2011 mantenían una reducida presencia extranjera, pero también de Cantabria y el País Vasco, cuyo discurrir ha sido semejante al castellano y leonés, frente al de CastillaLa Mancha, La Rioja y Navarra, con un incremento notable en la segunda mitad de la década del dos mil. A partir del nuevo siglo Castilla y León aceleró el ritmo de acogidas pero aún así, en 2011 la presencia relativa de población extranjera (el 6,7%) apenas sobrepasaba la mitad de la correspondiente a la media nacional (12,2%). Otras regiones del interior la habían superado ampliamente en este aspecto, mientras Cataluña y Madrid se colocaban en los primeros lugares junto a los archipiélagos y el Levante. 428 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 300 MONTORO, C., LÓPEZ, D., PONS, J.J. y BARCENILLA, M.C. (Ed.): La inmigración internacional: motor de cambios sociodemográficos y territoriales. Pamplona: EUNSA, 2009, 437 pp.
Figura 3.49 Porcentaje de población extranjera según diferentes ámbitos territoriales, 1996-2011 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. Tabla 3.23 Evolución de la población extranjera en España y sus CCAA, 1996-2011 Población extranjera residente Tasa de crecimiento medio anual 1996 2001 2006 2011 1996-00 2001-05 2006-10 España 542.314 1.370.657 4.144.166 5.730.667 20,37% 24,77% 6,70% Andalucía 89.641 164.145 488.928 727.176 12,86% 24,40% 8,26% Aragón 6.848 25.132 105.361 170.421 29,70% 33,20% 10,10% Asturias 5.518 10.848 30.258 50.310 14,48% 22,77% 10,70% Baleares 32.102 73.614 167.751 242.578 18,06% 17,91% 7,66% Canarias 43.649 107.930 233.447 306.307 19,85% 16,68% 5,58% Cantabria 2.804 6.833 23.834 38.863 19,50% 28,39% 10,27% CyL 13.813 26.572 106.159 171.554 13,98% 31,92% 10,08% CastillaLa Mancha 8.579 27.887 132.725 231.810 26,59% 36,62% 11,80% Cataluña 97.789 257.354 913.757 1.182.957 21,35% 28,84% 5,30% Comunidad Valenciana 90.626 199.574 668.075 877.678 17,10% 27,33% 5,61% Extremadura 5.207 11.627 27.467 41.460 17,43% 18,76% 8,58% Galicia 18.157 33.058 73.756 109.994 12,73% 17,41% 8,32% 429LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 18 16 14 0 12 10 8 6 4 2 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 % España Castilla y León Archipiélagos Cataluña y Madrid Aragón y La Rioja Asturias, Extremadura y Galicia Continúa
430 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN Población extranjera residente Tasa de crecimiento medio anual 1996 2001 2006 2011 1996-00 2001-05 2006-10 Madrid 94.896 305.656 800.512 1.062.026 26,36% 21,23% 5,82% Murcia 8.469 55.458 189.053 240.749 45,62% 27,80% 4,95% Navarra 3.224 19.497 55.444 71.380 43,32% 23,25% 5,18% País Vasco 13.220 27.438 85.542 144.551 15,72% 25,54% 11,06% Rioja (La) 2.083 8.193 35.037 46.084 31,51% 33,73% 5,63% Ceuta 3.108 3.281 3.078 4.736 1,09% -1,27% 9,00% Melilla 2.581 6.561 3.982 10.033 20,51% -9,50% 20,30% Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. La tasa quinquenal de crecimiento medio acumulado de la población extranjera refleja fielmente esta evolución disimilar dividida en tres períodos. Durante los comienzos del proceso inmigratorio en Castilla y León es de las más bajas registradas, junto a las otras CCAA ya citadas, destacando en cambio los altos índices que ya manifestaban otros territorios del interior peninsular, aunque la cuantía inicial de sus residentes extranjeros fuera igualmente reducida o incluso inferior301. Por el contrario, entre 2001 y 2005, colapsado en parte el mercado de obra en los principales centros receptores, se multiplican los destinos, favoreciendo en general a todas las regiones interiores, algunas de las cuales marcan las tasas más elevadas, como sucede en Castilla y León. Por último, el último quinquenio analizado se caracteriza por el derrumbe del proceso inmigratorio, descendiendo la acumulación media anual de población extranjera desde el 25% de la primera mitad de década a menos del 7%. Frente a tal situación y al igual que en otras CCAA donde la presión relativa de este grupo era todavía reducida, en Castilla y León la caída es menor, manteniendo tasas del 10%302. Continuación 301 Son los casos de Aragón, Castilla-La Mancha, Navarra y La Rioja, con un número de extranjeros muy inferior al de residentes en Castilla y León y cuyo peso relativo con respecto a la población total era semejante, en torno a un 0,6% en 1996. Incluso en las CCAA de la cornisa cantábrica la tasa de crecimiento fue mayor que en Castilla y León entre 1996 y 2000, siendo Extremadura la única con un índice inferior. 302 Para 2001-2005 ver Informe a Iniciativa Propia 1/06 sobre: La inmigración en Castilla y León tras los procesos de regularización: aspectos poblacionales y jurídicos, Valladolid 2006, Ed. Consejo Económico y Social de Castilla y León, 539 pp.
Figura 3.50 Población extranjera en 1996 y 2011 y porcentaje sobre la población total por CCAA Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. En conclusión, el proceso inmigratorio castellano y leonés fue algo más tardío que en otras muchas CCAA, pero también más concentrado en el tiempo y de mayor intensidad. Si el número de extranjeros se multiplicó a escala nacional por 10 entre 1996 y 2001, aquí lo hizo por 12, pese a lo cual no llego a los extremos protagonizados por Aragón, Castilla-La Mancha, Navarra o La Rioja, donde se rebasaron los índices nacionales en más del doble. Con todo, en 2011 era la novena Comunidad en cifras absolutas, sin que ello repercutiese en una presencia relativa elevada en comparación al promedio español. Y aún así, sus efectos sobre el devenir demográfico fueron decisivos. Castilla y León contaba a comienzos de 2011 con un 4,4% menos de habitantes de nacionalidad española de los presentes en 1996, pero su población total era un 1,9% superior. En efecto, había pasado de 2.508.496 residentes a 2.559.515 en 2010, cuando se alcanzó el máximo de este período, pese a la merma de autóctonos, desde los 2.494.693 de 1996 a 2.390.017 del último año citado. Desde una perspectiva general, la incidencia de la inmigración parecería reducida, pero supuso el paso del decrecimiento propio de décadas precedentes a una nueva etapa de crecimiento, escaso pero positivo. 431LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 300150 kilómetros 0 % de extranjeros sobre la población total en 2011 Más del 20 15 a 20 10 a 15 5 a 10 Menos del 5 Número de extranjeros en 1996 y 2011 1.200.000 600.000 120.000
Figura 3.51 Evolución de la población española y extranjera en Castilla y León (cifras absolutas) Figura 3.52 Evolución de la población española y extranjera en Castilla y León (números índice) Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. 432 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 2.600 2.400 0 2.200 2.000 1.800 1.600 1.400 1.200 1.000 800 600 400 200 1996 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 (miles) ExtranjerosEspañoles 1.300 1.200 1.100 0 1.000 900 800 700 600 500 400 300 200 100 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 20132011 Españoles Extranjeros
Tabla 3.24 Evolución de la población extranjera en las provincias de Castilla y León 1996 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 Número de extranjeros residentes Ávila 488 1.248 2.350 3.514 4.448 6.073 7.026 8.500 11.782 12.423 12.613 13.350 Burgos 1.829 4.386 7.777 10.908 13.331 17.357 20.875 23.680 32.073 34.671 34.566 34.742 León 5.980 7.778 9.527 11.475 11.577 14.184 17.201 19.265 23.380 25.080 25.963 25.699 Palencia 539 1.177 1.724 2.237 2.765 3.524 4.029 4.631 5.998 6.873 7.209 7.403 Salamanca 1.664 3.684 4.867 7.034 8.838 11.080 12.504 12.307 15.355 17.319 17.506 17.571 Segovia 943 2.480 5.335 7.470 9.370 11.933 12.810 15.729 20.451 21.512 21.074 21.136 Soria 215 1.394 2.329 3.375 4.209 5.370 6.233 6.855 8.420 9.483 9.870 10.062 Valladolid 1.317 3.230 7.178 11.325 14.139 18.080 20.793 23.087 29.674 32.288 32.656 33.185 Zamora 836 1.195 1.553 2.102 2.623 3.717 4.688 5.727 7.669 7.992 8.041 8.406 CyL 13.811 26.572 42.640 59.440 71.300 91.318 106.159 119.781 154.802 167.641 169.498 171.554 Porcentaje sobre el total de población Ávila 0,3 0,8 1,4 2,1 2,7 3,6 4,2 5,0 6,9 7,2 7,3 7,8 Burgos 0,5 1,3 2,2 3,1 3,7 4,8 5,7 6,5 8,6 9,2 9,2 9,3 León 1,2 1,6 1,9 2,3 2,3 2,9 3,5 3,9 4,7 5,0 5,2 5,2 Palencia 0,3 0,7 1,0 1,3 1,6 2,0 2,3 2,7 3,5 4,0 4,2 4,3 Salamanca 0,5 1,1 1,4 2,0 2,5 3,1 3,5 3,5 4,3 4,9 5,0 5,0 Segovia 0,6 1,7 3,6 5,0 6,1 7,7 8,2 9,9 12,5 13,0 12,8 12,9 Soria 0,2 1,5 2,5 3,7 4,6 5,8 6,7 7,3 8,9 10,0 10,4 10,6 Valladolid 0,3 0,6 1,4 2,2 2,8 3,5 4,0 4,4 5,6 6,1 6,1 6,2 Zamora 0,4 0,6 0,8 1,1 1,3 1,9 2,4 2,9 3,9 4,1 4,1 4,3 CyL 0,6 1,1 1,7 2,4 2,9 3,6 4,2 4,7 6,1 6,5 6,6 6,7 433LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL Continúa
434 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 1996 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 Porcentaje sobre el total de extranjeros en Castilla y León Ávila 3,5 4,7 5,5 5,9 6,2 6,7 6,6 7,1 7,6 7,4 7,4 7,8 Burgos 13,2 16,5 18,2 18,4 18,7 19,0 19,7 19,8 20,7 20,7 20,4 20,3 León 43,3 29,3 22,3 19,3 16,2 15,5 16,2 16,1 15,1 15,0 15,3 15,0 Palencia 3,9 4,4 4,0 3,8 3,9 3,9 3,8 3,9 3,9 4,1 4,3 4,3 Salamanca 12,0 13,9 11,4 11,8 12,4 12,1 11,8 10,3 9,9 10,3 10,3 10,2 Segovia 6,8 9,3 12,5 12,6 13,1 13,1 12,1 13,1 13,2 12,8 12,4 12,3 Soria 1,6 5,2 5,5 5,7 5,9 5,9 5,9 5,7 5,4 5,7 5,8 5,9 Valladolid 9,5 12,2 16,8 19,1 19,8 19,8 19,6 19,3 19,2 19,3 19,3 19,3 Zamora 6,1 4,5 3,6 3,5 3,7 4,1 4,4 4,8 5,0 4,8 4,7 4,9 CyL 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. Continuación
Una evolución totalmente opuesta de la población propia y la foránea, que queda de manifiesto estudiando mediante números índice su discurrir. La primera, asignando a la existente en 1996 el valor 100, había descendido en 2011 a 95, mientras en la segunda el ascenso llegó al 1.242. Algo sólo comprensible si se considera que a mediados de los noventa el número de residentes extranjeros se limitaba a 13.813 y al finalizar la década del dos mil ya estaban empadronados 171.554. Al igual que durante el período emigratorio anterior pero en sentido opuesto, las cifras absolutas de la inmigración son superadas en muchas otras comunidades autónomas, pero el impacto relativo es más relevante en ésta, si no en el peso relativo de la población alóctona, sí como se acaba de indicar en su capacidad para tornar en positivo el signo de la evolución demográfica seguida en la primera mitad del nuevo siglo y en el elevado ritmo de incremento de los asentamientos. Naturalmente, la capacidad de atracción a escala provincial muestra claras disimilitudes así como cambios destacados a lo largo de estos quince años. En 1996 León concentraba el 43% de los extranjeros y junto a Salamanca y Zamora, son las únicas provincias que pierden importancia relativa con respecto al conjunto regional. En las tres la respuesta a tal evolución se encuentra en su localización geográfica, fronterizas con Portugal y receptoras de los inmigrantes procedentes del vecino país desde décadas anteriores. Como señala López Trigal, la oferta de trabajo en las explotaciones mineras leonesas a partir de los años setenta, propiciada por la crisis energética de 1973 y la revalorización del carbón, se unió al auge de la construcción y de la industria, ante el rechazo de los autóctonos a estos trabajos303. A ellos se sumaron los caboverdianos, pues desde la antigua colonia portuguesa los flujos migratorios hacia la metrópoli ya existentes con anterioridad se intensificaron tras la descolonización en 1974 y la independencia un año después, desplazándose asimismo hacia las cuencas leonesas. Los nuevos flujos migratorios generados en otras regiones del mundo desde finales de siglo, sobre todo los procedentes de Latinoamérica, eligieron como destinos prioritarios en Castilla y León otras provincias, mermando la importancia de las citadas. De las que concentraban más de una décima parte de los residentes en la Comunidad solamente Burgos mantuvo –e incrementó– su importancia relativa, ya destacada antes de 1996 gracias a que la ruta seguida por portugueses y caboverdianos hacia Europa Occidental atravesaba la localidad de Miranda de Ebro, donde acabaron asentándose (también en Aranda de Duero y Briviesca, aunque en menor cuantía). 435LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 303 LÓPEZ TRIGAL, L.: “Portugueses y caboverdianos en España”, en Estudios Geográficos, nº 210, 1993, págs. 75 a 96. También en LÓPEZ TRIGAL, L. y Informe a Iniciativa Propia 1/06: La población inmigrante en Castilla y León, Valladolid 2002, Ed. Consejo Económico y Social de Castilla y León, 143 pp.
incremento de la inmigración latinoamericana, que desde 2002 iguala en cuantía a la europea, manteniéndose la paridad hasta mediada la década. Figura 3.58 Procedencia de la población extranjera en Castilla y León, 1996-2010 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. Al igual que en el resto de España, surgen nuevos flujos desde países de Europa del Este ya miembros de la UE o que lo van a ser en pocos años, fortaleciendo sobre todo la llegada de búlgaros y rumanos a partir de 2005. Pero a diferencia de otras CCAA, en ésta son dominantes los primeros, como consecuencia del asentamiento en Segovia capital y Tierra de Pinares de emigrantes cuyo primer destino había sido Madrid. Con posterioridad, la corriente se intensifica gracias a las redes sociales (familia, amistad o lugar de origen) y Castilla y León se convierte en su primer destino, localizándose asimismo en Burgos y Valladolid305. Salamanca, donde la inmigración procedente de Portugal y Latinoamérica era más destacada, se verá perjudicada por estos cambios, al igual que sucede en León y Zamora, pues la nueva oleada tardará en llegar a ellas y lo hará en cuantías reducidas. Desde 2001 aumenta asimismo la inmigración africana, con escasa presencia en años precedentes, beneficiando sobre todo a Soria y el norte de Burgos. En general, se diversifican los lugares de origen. Con todo, al finalizar la década el predominio de búlgaros y rumanos continúa, concentrando el 34% de los extranjeros residentes, el doble que 442 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN UE (25) Bulgaria Rumanía Europa no comunitaria Latinoamérica EE.UU. y Canadá África Asia Otros 180 160 140 0 120 100 80 60 40 20 (miles) 2005 2006 2007 2008 2009 2010 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 305 Sobre la importancia de la inmigración búlgara en Castilla y León véase , S.: Del Este al Oeste. Geopolítica fronteriza e inmigración de la Europa Oriental a España. Salamanca: Ed. Universidad de Salamanca, 2010, 278 pp. Págs. 186 a 196.
en España, en menoscabo de la importancia relativa de otras nacionalidades. La crisis económica afectó sin duda al total de flujos, pero no de manera uniforme. En 2010 la población búlgara había iniciado una lenta reducción, al igual que la latinoamericana, mientras el aumento de las restantes en ese último año fue mínimo, pero se mantuvo. Las diferencias entre el medio urbano y rural se extienden a la composición por nacionalidades de la población inmigrante. En las ciudades la diversidad de orígenes es mayor, al concentrarse en ellas los grupos minoritarios, por lo que los europeos suponen el 43% de los extranjeros residentes, cuando en el medio rural son un 64%. Los africanos muestran en cambio una mayor paridad y alcanzan proporciones semejantes, en torno al 15% del total con independencia del tipo de municipio, mientras entre latinoamericanos la preferencia por las capitales es mayor. Influye asimismo el tiempo de estancia, pues cuanto más prolongada sea, mayor es la posibilidad de trasladarse a las ciudades para quienes se asentaron primero en el campo por ser mayores allí las probabilidades de encontrar trabajo, en especial tratándose de inmigrantes en situación administrativa irregular. La proporción de marroquíes, por ejemplo, es muy elevada en los pueblos burgaleses cercanos al valle del Ebro, a donde han llegado procedentes de Cataluña. En otros casos, un primer asentamiento facilita el crecimiento del grupo nacional, como el de los pakistaníes en la localidad leonesa de Bembibre, atraídos en los años setenta por la oferta de empleo en el sector del carbón. Figura 3.59 Pirámide de extranjeros en 2001 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. 443LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL % sobre la población total Hombres Mujeres 95687 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123456 987
Figura 3.60 Pirámide de extranjeros en 2011 Fuente: Padrón Municipal de Habitantes (INE). Elaboración J. M. Delgado. La afluencia de inmigrantes a lo largo de los últimos quince años no sólo tornó en positivo el crecimiento demográfico de la Comunidad, sino que ayudó a frenar temporalmente el proceso de envejecimiento de su población. Más de la mitad de los extranjeros afincados en Castilla y León tienen entre 15 y 39 años de edad (58%) y la proporción de jóvenes menores de 15 aumentó entre 2001 y 2011 del 13 al 16%, consecuencia de la reagrupación familiar, consolidándose la base de su pirámide de edades. Frente a una edad media de los autóctonos en constante incremento, que en el último año era 46,1 años, la de los foráneos descendió de 32,7 a 31,1. Los cambios en el origen de los recién llegados implicaron asimismo modificaciones en la distribución por sexos. En 2001 el 52% eran mujeres, coincidiendo con la mayor intensidad de los flujos latinoamericanos, caracterizados en esas fechas por su elevada feminización. Por el contrario en 2011 predominaban los varones (53%), debido en parte a las nuevas oleadas de inmigrantes de Europa Oriental asentados a partir 2005, cuya distribución por sexos era más equilibrada pero aún así con mayoría de hombres y por otra, por el aumento de los flujos africanos, caracterizados por su alto índice de masculinidad, que ha ido reduciéndose conforme aumentaba también entre la nacionalidad principal, la marroquí, la reagrupación familiar. El aumento a un ritmo creciente de la inmigración hasta 2008 permitió que las cohortes de adultos jóvenes y por tanto, la población activa añadida, continuara 444 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN % sobre la población total Hombres Mujeres 95687 43210 0 100 y + 95-99 90-94 85-89 80-84 75-79 70-74 65-69 60-64 55-59 50-54 45-49 40-44 35-39 30-34 25-29 20-24 15-19 10-14 5-9 0-4 123456 987
dibujando los escalones más destacados de la pirámide. Una estancia que antes de la crisis económica se pensaba que, si no definitiva, sí iba a ser a largo plazo, incentivó además tanto el traslado de los hijos que habían permanecido en el país de origen como la formación de nuevas familias, engrosando el grupo de jóvenes. A ellos se unieron los hijos de matrimonios mixtos entre autóctonos y extranjeros, potenciando así la natalidad, cuya tasa bruta ascendió desde el 7,2‰ de comienzos de siglo hasta un máximo del 8,5‰ en 2008306. Cierto es que la natalidad se concentra en las ciudades, pero los efectos en el medio rural en este aspecto han sido también positivos, pese a que las cifras globales lo enmascaren. El Movimiento Natural de la Población indica que el número de nacimientos en los municipios menores de diez mil habitantes descendió en un 17% entre 2001 y 2008, si bien eliminando del cómputo los espacios periurbanos, ajenos al fenómeno de la inmigración, la cifra se mantuvo estable, cercana a los cinco mil anuales e incluso aumentó un 16% en el medio rural profundo307. Es cierto que en el conjunto de la Comunidad Autónoma el incremento de la natalidad fue mayor (+21%), pero aún así resulta significativo que en municipios menores de dos mil habitantes, con un saldo natural muy negativo, se elevara el número de nacimientos tras décadas de declive.308. Finalmente, la repercusión de la inmigración en el mercado laboral ha sido igualmente notable. Al finalizar 2010 la cifra de extranjeros dados de alta en la Seguridad Social era de 58.008, el 6,4% del total, guarismos ambos inferiores a los logrados en 2007 antes de la crisis económica. En ese año se logró el máximo con 65.161 (6,7%) pero la pérdida de empleo afectó más duramente a este grupo que a los autóctonos. Mientras la afiliación de estos últimos descendió en un 5,1%, la de los extranjeros lo hizo en el 9,6%, debido a la concentración de activos masculinos en los sectores más afectados y especialmente, en el de la construcción. Las elevadas cifras de paro entre los varones dieron paso a un fenómeno ya conocido en épocas de crisis, el de una mayor penetración de las mujeres en el mercado laboral para compensar la falta de ingresos familiares (efecto del trabajador adicional). 445LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 306 En cifras absolutas el número de nacimientos pasó de 17.579 en 2001 a 21.311 en 2008, un 16% de los cuales fueron de madre extranjera (3.299). A partir de entonces las cifras comenzaron a reducirse, con totales de 20.553 en 2010 (3.072 de madre extranjera). 307 La natalidad en las franjas periurbanas y áreas de influencia urbana también aumentó, pero el incremento se concentró en los municipios de mayor entidad, con escasa o nula repercusión en los más alejados de las ciudades, donde la presencia de nuevas urbanizaciones es más reducida. Allí donde los asentamientos de población urbana son más antiguos el aumento de la edad media de las parejas hizo reducirse el número de nacimientos, pese a que en conjunto estas áreas periféricas a los núcleos urbanos conserven las tasas de natalidad más altas de la Comunidad Autónoma. 308 Los efectos de la inmigración en los municipios menores de dos mil habitantes localizados en el medio rural comenzaron a sentirse desde la perspectiva de la natalidad a partir de 2004, pasando de un total de 2.020 nacimientos a 2.338 en 2008.
Así, la proporción de éstas entre los inmigrantes dados de alta en la Seguridad Social pasó del 36,5% en 2007 al 43,4% al acabar 2010, aumentando incluso en términos absolutos309. Las diferencias interprovinciales resultan muy marcadas, correspondiendo a Segovia los mayores índices de participación, con un 13,8% del total de afiliados en 2007 frente a tan sólo un 4,5% en Palencia o Zamora. Con una población muy envejecida, el mercado laboral soriano se vio también beneficiado en gran medida por dicho aporte, que asciende a una décima parte del total. Las restantes provincias se sitúan cercanas al promedio regional, con la excepción de Burgos, donde el impacto de la inmigración en este sentido la supera claramente, aunque sin alcanzar los porcentajes de las dos primeras mencionadas (en torno a un 8% en los últimos años). Tabla 3.26 Extranjeros afiliados a la Seguridad Social en Castilla y León, 2006-2010 Número de extranjeros afiliados Porcentaje sobre el total a la Seguridad Social de afiliados 2006 2007 2008 2009 2010 2006 2007 2008 2009 2010 Ávila 3.478 4.508 4.127 3.648 3.451 6,0% 7,5% 7,2% 6,6% 6,4% Burgos 10.578 13.580 12.560 12.086 12.109 6,9% 8,6% 8,3% 8,2% 8,3% León 8.108 9.636 8.993 8.271 7.983 4,7% 5,4% 5,2% 4,9% 4,9% Palencia 2.392 2.983 3.142 2.964 3.070 3,8% 4,5% 4,8% 4,7% 4,9% Salamanca 4.955 6.357 6.218 5.876 5.681 4,0% 5,0% 5,1% 4,9% 4,8% Segovia 7.519 8.881 7.904 7.576 7.336 12,0% 13,8% 12,8% 12,6% 12,4% Soria 3.041 3.851 3.969 3.907 3.875 8,1% 9,9% 10,4% 10,3% 10,3% Valladolid 9.875 12.413 12.076 11.534 11.409 4,6% 5,6% 5,7% 5,5% 5,6% Zamora 2.190 2.952 2.991 3.035 3.094 3,5% 4,6% 4,8% 4,9% 5,1% Total 52.136 65.161 61.980 58.897 58.008 5,5% 6,7% 6,6% 6,4% 6,4% Nota: Afiliados a fecha 31 de Diciembre de cada año. Fuente: Ministerio de Trabajo e Inmigración (Estadísticas de Afiliación y Alta de Trabajadores, Seguridad Social). Elaboración J. M. Delgado. 446 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 309 Entre ambas fechas (31 de diciembre de 2007 y de 2010) el número de extranjeras dadas de alta en la Seguridad Social pasó de 23.765 a 25.154 (un 5,8% más), mientras el de varones descendió un 20,6%, de 41.396 a 32.854, según los datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración (Estadísticas de Afiliación y Alta de Trabajadores, Seguridad Social).
Figura 3.61 Tasas de actividad por nacionalidad Fuente: Encuesta de Población Activa (INE). Elaboración J. M. Delgado. Figura 3.62 Tasas de paro por nacionalidad Fuente: Encuesta de Población Activa (INE). Elaboración J. M. Delgado. Los residentes extranjeros en edad laboral se caracterizan además por mantener tasas de actividad muy superiores a las de la población española, en consonancia con la distribución por cohortes de edad de los mayores de 16 años, entre los cuales ya se ha visto el predominio aplastante de los más jóvenes, con escaso margen para jubilados o personas cuya edad dificulte una adaptación relativamente rápida a un mercado cuyas necesidades varían constantemente. Desde 2005 hasta finales de 447LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 2005TI 2005TII 2005TIII 2005TIV 2006TI 2006TII 2006TIII 2006TIV 2007TI 2007TII 2007TIII 2007TIV 2008TI 2008TII 2008TIII 2008TIV 2009TI 2009TII 2009TIII 2009TIV 2010TI 2010TII 2011TI 2011TII 2010TIII 2010TIV 90 60 50 0 70 80 40 30 20 10 Españoles Extranjeros 2005TI 2005TII 2005TIII 2005TIV 2006TI 2006TII 2006TIII 2006TIV 2007TI 2007TII 2007TIII 2007TIV 2008TI 2008TII 2008TIII 2008TIV 2009TI 2009TII 2009TIII 2009TIV 2010TI 2010TII 2011TI 2011TII 2010TIII 2010TIV 40 25 20 0 30 35 15 10 5 Españoles Extranjeros
década la tasa de actividad de los castellanos y leoneses ha aumentado del 51 al 54%, manteniéndose cuatro puntos por debajo del promedio español. Para los inmigrantes los porcentajes ascendieron del 77 al 80% entre ambas fechas y en el último año superaban en tres puntos la media del conjunto nacional. Aunque la tasa de actividad es también menor para las mujeres, en 2010 el 76% de las mayores de 16 años eran activas, cuando las españolas en similar situación suponían un 45%. En definitiva, se trata de grupo definido no sólo por su juventud, sino asimismo por unas aportaciones relativas al mercado laboral de gran importancia. Pero también es un grupo de activos duramente golpeado por el paro, que incluso antes de la crisis afectaba ya al 16% de ellos y en 2010 llegó a superar el 34%, cuando entre los españoles era del 14%. Si entre la población local las diferencias de género perjudican a la mujer, con una proporción de paradas superior a la masculina (16% frente a 13%), por las razones indicadas sucede lo contrario con respecto a los trabajadores extranjeros, para quienes la diferencia es también más amplia (35% frente a 29%). La incidencia de la inmigración extranjera en Castilla y León se ha hecho notar por tanto no sólo en haber hecho posible un cambio en el signo en la evolución de su población durante nueve años, entre 2000 y 2009, sino también en un fortalecimiento de su población activa, dando a la par una base más estable a su pirámide de edades gracias a la reagrupación familiar y al aumento de la natalidad. Este proceso sufrió una ruptura con la crisis económica de 2008 y dos años después la Comunidad Autónoma experimentaba nuevamente un ligero retroceso en el número de sus habitantes, no por la reducción de residentes extranjeros, los cuales y a diferencia de lo ocurrido a escala nacional continuaron asentándose al menos hasta finalizada la década, sino por la pérdida de intensidad de los flujos de entrada y el comienzo de los desplazamientos de retorno, debilitando el saldo migratorio final que a postre resultó incapaz de compensar los balances negativos derivados de la dinámica natural y las migraciones interiores. No es sin embargo la inmigración extranjera el único fenómeno y ni siquiera el más importante desde la perspectiva de la potenciación demográfica del medio rural castellano y leonés. Éste puesto corresponde a la población vinculada, una población flotante no empadronada que habita temporalmente en un municipio distinto al de su residencia habitual. Sus cifras superan con mucho los aportes migratorios e implican el desarrollo de nuevas actividades relacionadas con el turismo, a la par que sirven al mantenimiento del sector servicios en general, contribuyendo por tanto a la economía local y a fijar población. 448 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN
3.5 El auge de la población no residente vinculada a los núcleos rurales: un fenómeno emergente El Censo de Población de 2001 incorporaba un nuevo concepto a las estadísticas ofrecidas por anteriores encuestas demográficas, el de población vinculada. Esta población, empadronada en el municipio donde tiene su vivienda habitual, pasa no obstante una parte del año en otro diferente, bien sea por motivos de trabajo, realización de estudios o aprovechamiento del tiempo de ocio310. El fenómeno es bien conocido en los núcleos costeros de turismo de playa, cuya población se multiplica en la temporada estival, y en las últimas décadas ha mantenido una progresión creciente también en el interior peninsular, acrecentando durante fines de semana y períodos vacacionales el número de habitantes en el mundo rural e incrementando en consecuencia una demanda de infraestructuras y servicios de amplia gama (hostelería, transporte, comunicaciones, comercio, sanidad, ocio, etc.). Se trata de desplazamientos de carácter temporal incluidos en dos tipos de turismo, el colectivo o reglado, en el cual las pernoctaciones quedan registradas a través del pago del servicio (hoteles, pensiones, campings, casas rurales, etc.) y el privado o residencial, que admite asimismo múltiples opciones (segunda residencia, alquiler de vivienda, vivienda familiar, cesión del alojamiento, etc.). El turismo reglado puede analizarse a través de las estadísticas recogidas por diversos organismos, pero el residencial presenta varios problemas para ser cuantificado, al depender de datos indirectos y encuestas, a la par que suma el turismo interior y parte del exterior. Mientras en el caso de los extranjeros el alojamiento privado es minoritario (30,6% de los viajes), entre los españoles resulta predominante (88,2%), en gran parte debido a la importancia de los desplazamientos de corta estancia (fines de semana y “puentes”)311. En Castilla y León la importancia del turismo no reglado es aún mayor como consecuencia del mantenimiento de lazos familiares entre residentes en el medio 449LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 310 “No obstante, para conseguir una mejor estimación de la carga real de población que debe soportar, por ejemplo, cada municipio, en este censo se crea un nuevo concepto, que viene a sustituir ventajosamente, en este sentido, al desaparecido de población de hecho; se denomina población vinculada y se define como el conjunto de personas censables (es decir, con residencia habitual en España) que tienen algún tipo de vinculación habitual con el municipio en cuestión, ya sea porque residen allí, porque trabajan o estudian allí, o porque, no siendo su residencia habitual, suelen pasar allí ciertos periodos de tiempo (veraneos, puentes, fines de semana…)”. INE: Censo de Población y Viviendas 2001. Proyecto. Madrid, 2001, 125 pp. cfr. pág. 22. 311 RODRÍGUEZ-SALMONES, CABEZA, N., ARANDA PALMERO, E. y GARRIDO GONZÁLEZ, B.: “El alojamiento turístico privado en el contexto del sistema de estadísticas de turismo”, en Estudios Turísticos, nº 155-156, 2003, págs.732. El concepto de alojamiento colectivo o privado es confuso (una casa rural puede considerarse alojamiento colectivo por la Administración y privado por el turista), el encuestador puede errar al asignarlo a una tipología determinada, la naturaleza jurídica del propietario también influye (alquiler de una casa particular que esté registrada como casa rural o no), etc.
urbano y rural en una proporción que, al tratarse de una Región emigrante, supera a otras en este aspecto, al igual que sucede en cuanto a la retención de la propiedad de viviendas rurales en manos de emigrantes afincados desde hace décadas en el medio urbano, ya residan actualmente dentro o fuera de la Comunidad Autónoma, todo ello en un país donde la tenencia de una segunda residencia es un fenómeno relativamente generalizado312. Se trata además de un territorio de elevada capacidad de atracción turística, el tercer a escala nacional en 2010, cuyos municipios recibieron un total de 17.433.260 personas procedentes de otros núcleos de la misma o de de otras CCAA, siguiendo una tendencia al alza que sólo se vio interrumpida de forma puntual en el año 2007313. Figura 3.63 Turismo interior en Castilla y León. Evolución mensual del número de turistas, 2005-2010 Fuente: FAMILITUR (Instituto de Estudios Turísticos). Elaboración J. M. Delgado. Al igual que en el resto de España, encontramos importantes variaciones mensuales en este tipo de desplazamientos, que muestran picos destacados en torno a los meses de abril, por la Semana Santa y agosto, debido a las vacaciones estivales. El 450 POBLACIÓN Y POBLAMIENTO EN CASTILLA Y LEÓN 312 GARCÍA GONZÁLEZ, J.A., CEBRIÁN ABELLÁN, F. y PANADERO MOYA, M.: “El turismo de segunda residencia en el interior peninsular”, en Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Vol.XII, nº 270, 2008. En 2006 el 20,7% de los hogares españoles disponían de al menos una segunda vivienda. 313 INSTITUTO DE ESTUDIOS TURÍSTICOS: Balance del Turismo Año 2010. Resultados de la actividad turística en España. Madrid: Ed. IET, 2011, 110 pp. Castilla y León recibió en 2010 el 11,9% de los viajes internos y emitió el 7,2%. enero 2005 marzo 2005 mayo 2005 septiembre 2005 julio 2005 noviembre 2005 enero 2006 marzo 2006 mayo 2006 septiembre 2006 julio 2006 noviembre 2006 enero 2007 marzo 2007 mayo 2007 septiembre 2007 julio 2007 noviembre 2007 enero 2008 marzo 2008 mayo 2008 septiembre 2008 julio 2008 noviembre 2008 enero 2009 marzo 2009 mayo 2009 septiembre 2009 julio 2009 noviembre 2009 enero 2010 marzo 2010 mayo 2010 septiembre 2010 julio 2010 noviembre 2010 2.500 1.000 500 0 1.500 2.000 (miles)
máximo anual corresponde a estas últimas, que concentran entre julio y agosto el 20,8% de las visitas (3,6 millones en 2010), una proporción algo inferior al promedio nacional, el 22,5% y por supuesto, alejada de la correspondiente a los principales destinos del turismo de playa, como Baleares, donde en estos dos meses suman el 31,7% de su afluencia turística, Valencia (26,3%) o Canarias (25,8%), entre otras314. El mes de agosto es sin duda el más destacado y en 2010, con 2,2 millones de visitantes, colocó a Castilla y León en el cuarto lugar en términos absolutos, tras Andalucía, Cataluña y Valencia, después de haber experimentado un crecimiento interanual del 15,9%, frente a la evolución negativa de las otras comunidades mencionadas315. Figura 3.64 Turismo interior en Castilla y León. Distribución mensual media entre 2005 y 2010 Fuente: FAMILITUR (Instituto de Estudios Turísticos). Elaboración J. M. Delgado. En cambio, durante la Semana Santa se supera con creces la media española. Tomando como referencia el mes de abril, Castilla y León recibe el mismo un 9,4% 451LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE CASTILLA Y LEÓN: UNA TRAYECTORIA QUE REFLEJA LOS RASGOS Y MANIFIESTA LAS CONTRADICCIONES DEL MODELO ESPAÑOL 314 Los porcentajes corresponden a la media de visitantes nacionales registrados entre 2005 y 2010 y han sido obtenidos a partir de los datos de la encuesta de movimientos turísticos de los españoles (Familitur, Instituto de Estudios Turísticos, Ministerio de Industria, Turismo y Comercio). Son datos referidos a cada mes, con independencia del tipo de desplazamiento (fin de semana, puente, vacaciones, etc.). 315 INSTITUTO DE ESTUDIOS TURÍSTICOS: FAMILITUR: Encuesta de Movimientos Turísticos de los Españoles, Nota de Coyuntura Agosto 2010. Andalucía retrocedió un 18,3% en el número de turistas españoles, Cataluña un 7,1% y la Comunidad Valenciana un 7,5%. En el conjunto de las restantes CCAA el retroceso fue del 0,7% frente al indicado aumento del 15,9% en Castilla y León. Residentes en otras CC.AA. (2008)Residentes en CyL (2008) enero febrero marzo abril mayo junio julio agosto septiembre octubre noviembre diciembre 14 0 13 12 11 10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 % EspañaCastilla y León