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El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad?

Freán Campo, Aitor

Abstract

Se propone un análisis exhaustivo de la figura del catoblepas en la antigüedad. Para ello se revisarán y se estudiarán las principales fuentes textuales de la época. La búsqueda de paralelismos en la fauna africana actual permitirá formular la conclusión de que, tras un relato de apariencia fantasiosa, se esconde una posible descripción de una realidad biológica bien conocida en la actualidad: la fiebre catarral maligna propia, entre otros, de los ñus

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El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad? The Catoblepas in antiquity: fantasy or reality? AITOR FREÁN CAMPO Área de Historia Antigua. Departamento de Historia. Universidad de Santiago de Compostela. [email protected] Recibido: 9/10/2019. Aceptado: 30/10/2019. Cómo citar: Freán Campo, Aitor, “El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad?”, Hispania Antiqva. Revista de Historia Antigua XLIII (2019): páginas. DOI: https://doi.org/10.24197/ha.XLIII.2019.246-257 Resumen: Se propone un análisis exhaustivo de la figura del catoblepas en la antigüedad. Para ello se revisarán y se estudiarán las principales fuentes textuales de la época. La búsqueda de paralelismos en la fauna africana actual permitirá formular la conclusión de que, tras un relato de apariencia fantasiosa, se esconde una posible descripción de una realidad biológica bien conocida en la actualidad: la fiebre catarral maligna propia, entre otros, de los ñus. Palabras clave: Catoblepas; FCM; Imperio romano; Literatura romana; Ñu. Abstract: It is proposed an exhaustive analysis of Catoblepas in antiquity. For this purpose, we will review and study each of the main textual sources of the period. The search for correspondences in the current African fauna will make it possible to formulate one conclusion: behind a tale of fanciful appearance, it is a possible description of a biological reality well known today: the malignant catarrhal fever typical of gnus, among others. Keywords: Catoblepas; FCM; Gnu; Roman Empire; Roman Literature. Sumario: 1. Objetivos y metodología. 2. El Catoblepas en las fuentes textuales de la antigüedad. 3. El Ñu y la fiebre catarral maligna (FCM). 4. Conclusiones. Summary: 1. Objetives and methodology. 2. The Catoblepas in the ancient textual sources. 3. The Gnu and the Malignant Catarrh Fever (MCF). 4. Conclusions. 1. OBJETIVOS Y METODOLOGÍA El catoblepas no goza en la actualidad de la fama o el recuerdo de otras criaturas mitológicas y fantásticas de la antigüedad como el ave Fénix, el basilisco, el unicornio o el licántropo. De hecho, la imagen que podemos tener hoy en día de esta criatura dista bastante de la presente en la mentalidad de los ciudadanos del Imperio romano. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad? 247 Desde la Edad Media hasta el siglo pasado, autores como Bartholomeus, Leonardo da Vinci, Topsell, Jonston, Flaubert o Borges han ido redefiniendo la imagen que la antigüedad legó del catoblepas hasta alcanzar una especie de búfalo negro con cabeza de cerdo, mirada constante hacia el suelo, sabedor de la letalidad de esta y, por ello, dotado de un carácter bondadoso, melancólico e, incluso, simple, al ser capaz de devorarse a sí mismo sin ser consciente de ello. La interpretación y el uso del catoblepas en los últimos siglos ha sido la propia de un animal, en palabras de Vargas Llosa, “imposible”, y, en consecuencia, de un recurso literario ideal para expresar, fundamentalmente, tres tipos de metáforas: la del ser que se alimenta de sí mismo; la de aquel otro que analiza en profundidad y con obstinación su realidad terrenal y presente, y aquella que manifiesta el poder que otorga el levantar la mirada del suelo y observar, sin temor, lo que le negaban ver. Con todo, más allá de la literatura, el catoblepas apenas ha despertado interés en el mundo académico por sus escasas referencias, la ambigüedad de sus descripciones y la dificultad de su interpretación más allá de una mera fantasía. En este sentido, su alusión en este ámbito se ha hecho tradicionalmente en vinculación con la temática del mal de ojo en la antigüedad (Alvar, 2010) o en relación con la nómina de criaturas fabulosas que circulaba por la imaginación de los ciudadanos romanos y que, posteriormente, alimentaría los bestiarios medievales de la cristiandad. A lo largo de este breve trabajo trataremos de analizar en detalle la caracterización que la antigüedad ha legado de esta criatura a partir de cinco autores destacados: Mela, Plinio, Alejandro de Mindo, Solino y Eliano. El objetivo principal es contrastar, a partir del análisis de sus coincidencias y discrepancias debidamente contextualizadas, la hipótesis de que, tras un relato aparentemente fantasioso que no alcanza la categoría de mito (Bascom, 1965: 4-5), se esconde una realidad biológica, inalcanzable para los conocimientos de la antigüedad, pero que hoy en día sí estamos en condiciones de definir. 2. EL CATOBLEPAS EN LAS FUENTES TEXTUALES DE LA ANTIGÜEDAD Las referencias al catoblepas en la antigüedad son escasas y, en cierta medida, reiterativas. Todas coinciden en situar a la criatura en territorio africano, en un lugar próximo al nacimiento del río Nilo, y en HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 248 Aitor Freán Campo explicar su denominación como consecuencia de dirigir su mirada constantemente a la tierra. Mela, por ejemplo, tras describir el nacimiento y las fuentes del Nilo, afirma lo siguiente: Se cría entre éstos la “Catoblepa”, fiera no grande, pero que sostiene con dificultad una cabeza enorme, muy pesada y por esto con su boca muy inclinada hacia tierra; debe ser mencionada por su fuerza extraordinaria, porque, aunque no lucha nunca con acometidas y con mordiscos, es causa de muerte mirar sus ojos.1 Siguiendo la misma localización y en relación con la caracterización de animales igualmente extraordinarios como los axis y los monocerotes, Plinio ahonda en la descripción del animal y su singular poder: Entre los etíopes hesperios se halla la fuente Nigris, nacimiento del Nilo, según ha estimado la mayoría, como confirman los argumentos que hemos expuesto [Plin. Nat. 5. 52]. Junto a esta se encuentra una fiera llamada catoblepas, de tamaño mediano y débil en todos sus miembros, salvo en la cabeza, muy pesada, y a la que sostiene con dificultad –la lleva siempre humillada hacia tierra–; de otra forma es la perdición de la especie humana, ya que todos los que han visto sus ojos han expirado instantáneamente.2 De acuerdo con estos autores, de los que será deudor dos o tres siglos más tarde Solino (30. 22),3 estaríamos ante un ser de anatomía 1 MELA. 3. 98. Traducción de C. Guzmán Arias (Murcia, 1989): Ceterum spatio quo absconditur effici, ut hic alio cedere, ille aliunde videatur exsurgere. catoblepas non grandis fera, verum grande et praegrave caput aegre sustinens, atque ob id in terram plurimum ore conversa apud hos gignitur, ob vim singularem magis etiam referenda, quod cum impetu morsuque nihil umquam saeviat, oculos eius vidisse mortiferum. 2 PLIN. Nat. 8. 77. Traducción de I. García Arribas (Madrid, 2010): Apud Hesperios Aethiopas fons est Nigris, ut plerique existimavere, Nili caput, ut argumenta, quae diximus, persuadent. Iuxta hunc fera appellatur catoblepas, modica alioqui ceterisque membris iners, caput tantum praegrave aegre ferens. Id deiectum semper in terram; alias internicio humani generis, omnibus, qui oculos eius videre, confestim exspirantibus. 3 Cerca del río Nigris nace el catoblepas, animal de poca presencia e indolente; lleva trabajosamente su cabeza, muy pesada; su mirada es perniciosa: en efecto, quienes han cruzado la vista con sus ojos, pierden súbitamente la vida. Traducción de F. J. Fernández Nieto (Madrid, 2001): Iuxta Nigrim fluvium catoblepas nascitur modica atque iners bestia, caput praegrave aegre ferens, aspectu pestilenti: nam qui in oculos eius offenderint, protinus vitam exuunt. formicae ibi ad formam canis maximi harenas HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad? 249 frágil, incapaz de sostener el peso de su inmensa cabeza y con la capacidad de causar la muerte a toda persona que entrara en contacto visual con sus ojos. Con todo, en la misma centuria, Alejandro de Mindo, a través de Ateneo y su Banquete de los eruditos, hablaba con los siguientes términos de un ser que él denominaba Gorgona, pero que era conocida como catoblepas: Hablando de este tema, existen realmente unos seres capaces de convertir a los hombres en piedra, cuenta Alejandro de Mindo en el libro segundo de su Historia de las Bestias, de este modo: “La Gorgona es la criatura a la que lo númidas de Libia llaman, allí donde existe, katoblepon (mira-abajo). Según aseguran los más, que lo dicen basándose en su piel, se parece a una oveja salvaje o, según afirman algunos, a un ternero. Cuentan que tiene un aliento poderoso, que mata a todo el que se tropieza con el animal. Lleva una crin que le cae desde la frente sobre los ojos; cuando, tras sacudirla con dificultad, debido a su peso, pone la vista en algo, mata a quien está expuesto a su contemplación, no por medio del aliento, sino por la descarga que surge de la naturaleza de sus ojos, y lo convierte en cadáver. Se supo del siguiente modo. Unos hombres que participaban en la expedición de Mario contra Yugurta vieron a la Gorgona, y pensaron que se trataba de una oveja salvaje, ya que tenía la cabeza inclinada hacia abajo y se movía torpemente. Así que se lanzaron contra ella, creyendo que la matarían con las espadas que tenían. Pero ella, atemorizada, sacudió la crin que estaba sobre sus ojos, y al instante dejó cadáveres a los que se habían precipitado contra ella. Cuando una y otra vez resultaron muertos los demás que hicieron lo mismo, sucumbiendo siempre al acercarse, algunos se informaron por los nativos sobre la naturaleza del animal. Urgidos por Mario, unos jinetes numidios le tendieron una emboscada desde lejos, la abatieron a flechazos, y volvieron trayendo la fiera ante el general”. Que esto fue efectivamente así lo certifican la piel y la expedición de Mario [...] Después que Ulpiano dijo esto, lo confirmó Larensio, y en consonancia con su relato les contó que Mario había enviado a Roma pieles de esos seres, que nadie había podido saber a qué animal correspondían, debido a lo extraordinario de su aspecto. Dichas pieles fueron depositadas en el templo de Heracles, donde los generales que obtienen el triunfo agasajan a los ciudadanos, como han relatado muchos poetas e historiadores nacionales.4 aureas pedibus eruunt, quos leoninos habent: quas custodiunt, ne quis auferat, captantesque ad necem persequuntur. 4 ATHEN. 5. 221 b-f. Traducción de L. Rodríguez-Noriega Guillén (Madrid, 1998): φησὶν ὁ Βυζάντιος Παρμένων, ἢ ἀπολελίθωσθε ὑπὸ τῶν προειρημένων Γοργόνων; περὶ HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 250 Aitor Freán Campo Diferencias anatómicas aparte, lo interesante del testimonio de Alejandro de Mindo es la referencia inicial de que el catoblepas provoca la muerte a través de su aliento. En este punto del relato, sin saber si Ateneo sigue fielmente a Alejandro de Mindo o introduce nuevas fuentes o, tal vez, un recurso propio, lo cierto es que, inmediatamente después, esta afirmación es complementada o contradicha al señalar que la criatura mataría, “no por medio del aliento, sino por la descarga que surge de la naturaleza de sus ojos”. La propia denominación de Gorgona incidiría en este hecho, puesto que, como es sabido, estamos ante un término mitológico que, aunque puede aludir a cualquiera de las tres hijas de Forcis y Ceto, lo común es que se refiera a Medusa. Esta, entre otros atributos, se caracterizaba por poseer ojos chispeantes y una mirada penetrante capaz de convertir en piedra (ser inerte) a cualquier persona que la contemplara, acción que, por otra parte, sirve de introducción a la caracterización del catoblepas. ὧν 〈 ὡς 〉 ὄντως γεγόνασί τινα ζῷα ἀπολιθώσεως ἀνθρώποις αἴτια, ἱστορεῖ Ἀλέξανδρος ὁ Μύνδιος ἐν δευτέρῳ κτηνῶν ἱστορίας οὕτως· Τὴν γοργόνα τὸ ζῷον καλοῦσιν οἱ ἐν Λιβύῃ Νομάδες, ὅπου καὶ γίνεται, κατώβλεπον. Ἐστὶν δέ, ὡς μὲν οἱ πλεῖστοι λέγουσιν ἐκ τῆς δορᾶς σημειούμενοι, προβάτῳ ἀγρίῳ ὅμοιον, ὡς δ´ ἔνιοί φασι, μόσχῳ. Ἔχειν δὲ λέγουσιν αὐτὸ τοιαύτην ἀναπνοὴν ὥστε πάντα τὸν ἐντυχόντα τῷ ζῴῳ διαφθείρειν. Φέρειν δὲ χαίτην ἀπὸ τοῦ μετώπου καθειμένην ἐπὶ τοὺς ὀφθαλμούς, ἣν ὁπόταν μόγις διασεισαμένη διὰ τὴν βαρύτητα ἐμβλέψῃ, κτείνει τὸν ὑπ´ αὐτῆς θεωρηθέντα οὐ τῷ πνεύματι, ἀλλὰ τῇ γιγνομένῃ ἀπὸ τῶν ὀμμάτων φύσεως φορᾷ καὶ νεκρὸν ποιεῖ. Ἐγνώσθη δὲ οὕτως. Τῶν μετὰ Μαρίου τινὲς ἐπὶ Ἰογόρθαν στρατευσαμένων ἰδόντες τὴν γοργόνα δόξαντές τε διὰ τὸ κάτω νενευκέναι βραδέως τε κινεῖσθαι ἄγριον εἶναι πρόβατον ὥρμησαν ἐπ´ αὐτὸ ὡς κατεργασόμενοι οἷς εἶχον ξίφεσι. Τὸ δὲ πτοηθὲν διασεισάμενόν τε τὴν τοῖς ὄμμασιν ἐπικειμένην χαίτην παραχρῆμα ἐποίησε τοὺς ὁρμήσαντας ἐπ´ αὐτὸ νεκρούς. Πάλιν δὲ καὶ πάλιν τὸ αὐτὸ ποιησάντων ἑτέρων νεκρῶν τε γενηθέντων, ἀεὶ τῶν προσφερομένων ἀπολλυμένων, ἱστορήσαντές τινες παρὰ τῶν ἐπιχωρίων τὴν τοῦ ζῴου φύσιν, μακρόθεν ἐνεδρεύσαντες αὐτὸ ἱππῆς τινες Νομάδες Μαρίου κελεύσαντος κατηκόντισαν ἧκόν τε φέροντες πρὸς τὸν στρατηγὸν τὸ θηρίον. Τοῦτο μὲν οὖν ὡς ἦν ἄρα τοιοῦτο ἡ δορὰ ἥ τε Μαρίου στρατεία μηνύει· ἐκεῖνο μέντοι τὸ λεγόμενον ὑπὸ τοῦ ἱστοριογράφου οὔκ ἐστι πιστόν, ὡς εἰσί τινες κατὰ τὴν Λιβύην ὀπισθονόμοι καλούμενοι βόες διὰ τὸ μὴ ἔμπροσθεν αὐτοὺς πορευομένους νέμεσθαι, ἀλλ´ εἰς τοὐπίσω ὑποχωροῦντας τοῦτο ποιεῖν· εἶναι γὰρ αὐτοῖς ἐμπόδιον πρὸς τὴν τοῦ κατὰ φύσιν νομὴν τὰ κέρατα οὐκ ἄνω ἀνακεκυφότα, καθάπερ τὰ τῶν λοιπῶν ζῴων, ἀλλὰ κάτω νενευκότα καὶ ἐπισκοτοῦντα τοῖς ὄμμασι. Τοῦτο γὰρ ἄπιστόν ἐστιν, οὐδενὸς ἑτέρου ἐπιμαρτυροῦντος ἱστορικοῦ. Ταῦτα τοῦ Οὐλπιανοῦ εἰπόντος ἐπιμαρτυρῶν ὁ Λαρήνσιος καὶ συγκατατιθέμενος τῷ λόγῳ ἔφη τὸν Μάριον τῶν ζῴων τούτων δορὰς εἰς τὴν Ῥώμην ἀναπεπομφέναι, ἃς μηδένα εἰκάσαι δεδυνῆσθαι τίνος εἰσὶ διὰ τὸ παράδοξον τῆς ὄψεως· ἀνατεθεῖσθαί τε τὰς δορὰς ταύτας ἐν τῷ τοῦ Ἡρακλέους ἱερῷ, ἐν ᾧ οἱ τοὺς θριάμβους κατάγοντες στρατηγοὶ ἑστιῶσι τοὺς πολίτας. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad? 251 A nuestro entender, hemos de suponer que existe un matiz que diferenciaría la versión de Alejandro de Mindo de la de los autores anteriores en lo que a la muerte provocada por la mirada del animal se refiere: en Mela, Plinio y, posteriormente, en Solino, se intuye una cierta pasividad a la hora de ocasionar la muerte, mientras que en Ateneo se muestra a un catoblepas que es consciente de su poder y lo emplea deliberadamente cuando, por ejemplo, se ve acorralado por los soldados de Mario. Con todo, habrá que esperar a la transición del siglo II al III para que Eliano amplíe la información que nos ha legado la antigüedad sobre este ser con un testimonio que profundiza en las diferencias que intuíamos entre Alejandro de Mindo, Plinio, Mela y Solino: Libia cría muchas y diversas bestias salvajes e, incluso, parece que cría la bestia llamada catoblepon. Su aspecto recuerda el del toro, pero manifiesta una expresión más torva. Tiene las cejas altas y pobladas y, debajo de ellas, tiene unos ojos no tan rasgados como los del toro, sino pequeños y sanguinolentos. No miran de frente, sino a la tierra, y por eso se les llama catoblepon. Una melena parecida a las crines del caballo y que arranca de lo alto de la cabeza cae por la frente cubriendo su rostro, y esto infunde un terror más grande en la persona que se encuentra con él. Se alimenta de raíces venenosas. Cuando mira torvamente, como un toro, se estremece al instante y yergue la melena y, puesta ésta en erección y despejados sus belfos, exhala a través del garguero un aliento acre y maloliente que llega a contaminar el aire que está sobre la cabeza, y los animales que se acercan y lo aspiran se ponen gravemente enfermos, y se quedan afónicos y aquejados de convulsiones mortales. Esta bestia tiene conciencia de su poder. Lo conocen también los animales y huyen de él lo más lejos posible.5 5 AIL. Anim. 7. 5. Traducción de J. M. Díaz-Regañón López (Madrid, 1984): Ἡ γῆ ἡ Λίβυσσα πολλῶν καὶ ποικίλων θηρίων γόνιμός ἐστι, καὶ μέντοι καὶ τὸ κατώβλεπον οὕτω καλούμενον καὶ αὐτὸ ἡ αὐτὴ ἔοικε τίκτειν. καὶ ταύρῳ μέν ἐστι παραπλήσιον ὄσα ἰδεῖν, τὴν δὲ ὄψιν δοκεῖ βλοσυρώτερον. ὑψηλαὶ μὲν γὰρ αἱ ὀφρύες αὐτῷ καὶ δασεῖαι, οἱ δὲ ὀφθαλμοὶ ὑπόκεινται οὐ μάλα τι κατὰ τοὺς βοῶν μεγάλοι, βραχύτεροι δὲ καὶ ὕφαιμοι· καὶ ὁρῶσιν οὐκ εὐθύωρον, ἀλλὰ ἐς τὴν γῆν, ἔνθεν τοι καὶ κέκληται κατώβλεπον. λόφος δὲ ἄρα ἄνωθεν ἐκ τῆς κορυφῆς ἀρξάμενος αὐτῷ καὶ ἱππείᾳ τριχὶ παραπλήσιος διὰ τοῦ μετώπου κάτεισι, καὶ τὸ πρόσωπόν οἱ καταλαμβάνει, καὶ ἐργάζεται φοβερώτερον τῷ ἐντυχόντι. σιτεῖται δὲ ἄρα ῥίζας θανατηφόρους. ἐπειδὰν δὲ ὑποβλέψῃ ταυρηδόν, φρίττει μὲν παραχρῆμα καὶ ἐγείρει τὴν λοφιάν· ὑπανισταμένης δὲ ἄρα ταύτης καὶ ὀρθουμένης καὶ γυμνουμένων τῶν περὶ τὸ στόμα χειλῶν, ἐκπέμπει διὰ τῆς φάρυγγος ὀξειοβαρὲς καὶ βρομῶδες, ὡς καταλαμβάνεσθαι μὲν τὸν ὑπὲρ κεφαλῆς ἀέρα, τῶν δὲ ζῴων τὰ HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 252 Aitor Freán Campo En el aspecto físico, a la crin señalada en el texto de Ateneo, Eliano añade una mayor definición de los rasgos que compondrían su anatomía. Así, la debilidad física y la ambigüedad de los autores del siglo I parece corregirse hasta el punto de recurrir en tres ocasiones a la figura del toro como analogía más próxima a la hora de describir el animal. Pero, sin duda, lo más interesante es que el detalle de la caracterización física incluye también sus ojos. Este elemento es de suma importancia, ya que si podemos describir esta parte del cuerpo es por un motivo evidente: el catoblepas ya no mata con la mirada, sino con su aliento. De este modo, la referencia inicial de Alejandro de Mindo se retoma ahora con Eliano que, al igual que él, alude a unos gestos con los que el animal apartaría la melena del rostro con anterioridad a provocar la muerte del que se encuentra próximo, pero, en este caso, por inhalar el aire contaminado de su interior. El autor aporta también el origen de este poder negándole el carácter fantasioso que había acompañado hasta el momento al catoblepas: el consumo de raíces venenosas. Estas serían las responsables de la exhalación de unos gases que contaminarían el aire próximo a su cabeza dotándolo de una naturaleza mortal. Por último, otro elemento que se intuía en Alejandro de Mindo se afirma con rotundidad en Eliano: el animal es consciente de sus cualidades mortíferas. Como se ha podido observar, la mayoría de las referencias proceden del siglo I, ya que otras posteriores, como Solino, beberán directamente de las mismas. En este punto es necesario recordar que es en esta cronología cuando tienen lugar varias exploraciones con el objetivo de alcanzar las míticas fuentes del Nilo (SEN. Nat. 6.8; PLIN. Nat. 6. 181188). Así, la parte meridional de la África conocida por aquel entonces constituía un territorio del que se estaba obteniendo gran cantidad de información, incluyendo, como no podía ser de otra manera, aquella relativa a la fauna de la región y a la que, naturalistas y geógrafos de la época como los señalados tendrían acceso de primera mano. A este respecto, el mayor grado de conocimiento del que dispondría Eliano sobre esta realidad, tal vez, sea consecuencia del avance de las interacciones del Imperio con estos territorios y, a su vez, lo que explique πλησιάζοντα ἀναπνέοντα τοῦτον κακοῦσθαι σφόδρα, καὶ ἀφωνίαις τε καὶ σπασμοῖς θανατώδεσι περιπίπτειν, καὶ ἄνθρωπος εἰ παραπέσοι. συνίησί τε τῆς αὑτοῦ δυνάμεως ὅδε ὁ θήρ· οἶδε δὲ αὐτὸν καὶ τὰ ζῷα, καὶ ὡς ὅτι πορρωτάτω ἀποδιδράσκει.. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 El Catoblepas en la antigüedad: ¿fantasía o realidad? 253 el mayor número de detalles que ofrece y las discrepancias que mantiene con los autores del siglo I. No obstante, Eliano rara vez escribía a partir de observaciones directas y, de hecho, se decía que nunca había viajado fuera de Italia o que ni siquiera llegó a conocer el mar (PHILOSTR. 2. 31). En este sentido, a pesar de que su testimonio se asemeja en ciertos detalles a la descripción de Alejandro de Mindo, lo cierto es que se observan también discrepancias que parecen señalar a una fuente indirecta alternativa cuyo origen, en estos momentos, se nos escapa. A lo largo de su obra, Eliano trata de mostrar como los animales tienen sentimientos, raciocinio y mecanismos de compresión similares a los de las personas, aunque acordes a su naturaleza y a la función que los dioses les han reservado como elementos para castigar o premiar ciertas actitudes y comportamientos de los hombres. Para tal fin no duda en incorporar en sus descripciones determinados recursos literarios propios de las fábulas o los cuentos maravillosos que han provocado que muchos investigadores contemporáneos renieguen del valor científico de su obra. Sin embargo, no debemos olvidar que, junto a ese componente literario e imaginativo, se esconde también un Eliano capaz de intuir ciertos elementos de la naturaleza que con el tiempo se han demostrado verídicos: las acciones con las que los cazones protegen a sus crías (AIL. Anim. 9. 65), la capacidad de regeneración anatómica de ciertos animales (AIL. Anim. 1. 27), la idea de evolución a través del ejemplo de las abejas (AIL. Anim. 1. 11), el carácter venenoso del acónito (AIL. Anim. 4. 49) o ciertas noticias de carácter etnográfico como la fabricación de harina de pescado (AIL. Anim. 17. 31) o la creación en la India de vinos a partir de arroz y caña de azúcar (AIL. Anim. 13. 8) que pueden hacer referencia a variedades antiguas de diferentes licores, como el ron o el sake. A partir del análisis comparativo de las descripciones vistas hasta el momento y los estudios faunísticos de la África actual podemos extraer dos conclusiones. La primera es que la caracterización más completa y contrastada del animal se correspondería con el testimonio de Eliano. La segunda es que dicha descripción no remitiría a un recurso literario, fabuloso o fantasioso, sino a una realidad verídica que giraría en torno a la figura del ñu y a la enfermedad de la fiebre catarral maligna. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464 254 Aitor Freán Campo 3. EL ÑU Y LA FIEBRE CATARRAL MALIGNA (FCM) Si seguimos el testimonio de Eliano y tratamos de identificar, por analogía, a la criatura a la que se refiere e intentamos comprender la razón de las cualidades mortíferas de la misma, creemos posible esgrimir una hipótesis racional sobre la naturaleza de ambas realidades. Por la geografía y las características físicas del animal resulta plausible identificar al catoblepas con una especie perteneciente a la familia Artiodactyla Alcelaphinae, cercana a las diferentes variantes de ñus que habitan en la actualidad el continente africano. La proximidad fisiológica del catoblepas con el ñu se complementa si tenemos en cuenta una enfermedad característica de este animal, como es la fiebre catarral maligna (FCM) (Plowright, 1986; Whitaker et al., 2007; Russell et al., 2009; Rovid et al., 2011: 166-177; Wambua et al., 2016). Se trata de una enfermedad asociada a varios virus del género Rhadinovirus, de la familia Herpesviridae y de la subfamilia Gammaherpesvirinae. En el caso concreto de los ñus, la especie portadora que con mayor facilidad la transmite, se identifica con el Herpesvirus Alcelaphine 1 (AIHV-1), un virus generalizado en todas sus especies y que afecta tanto a aquellos individuos que habitan en medios naturales como a los que se crían en cautividad. Este tipo de virus, en condiciones normales, no provoca la enfermedad del huésped o portador, pero sí que puede originar infecciones mortales a otras especies que entran en contacto con ellos. A raíz de los estudios realizados en las últimas décadas parece haber cierto consenso en identificar a las crías de los ñus como las principales responsables de la transmisión de una enfermedad que contraerían en el útero materno. Así, entre el mes y los dos meses de edad, estas expulsarían de su organismo el virus a través de secreciones nasales y oculares que contendrían células portadoras del AIHV-1, capaces de pervivir en el ambiente durante tres días e, incluso, trece si la humedad es elevada y la radiación solar baja. Los síntomas que provoca la enfermedad se manifiestan a través de infecciones latentes y crónicas con consecuencias diferenciadas en función de la especie y del individuo que las contraigan, aunque siempre de rápida evolución y alta letalidad. Así se pueden observar fiebres repentinas y persistentes; episodios depresivos; congestiones severas, necrosis y erosiones de mucosas nasales y bucales; hipertrofias de HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 246-257 ISSN: 2530-6464