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Paisaje y patrimonio vitivinícola en la Raya del Duero: nuevos actpres y nuevas estrategias productivas en la DO Arribes

Baraja Rodríguez, Eugenio,Herrero Luque, Daniel

Abstract

Producción Científica

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1 DETAILED PROGRAMME Your guide to AESOP Lisbon 2017 3 Coordenadores: José Alberto Rio Fernandes; Jorge Olcina; Maria Lucinda Fonseca; Eduarda Marques da Costa; Ricardo Garcia; Carlos Freitas Editor: Centro de Estudos Geográficos da Universidade de Lisboa Grafismo: Maria João Raimundo Editora: Lisboa, Centro de Estudos Geográficos da Universidade de Lisboa ISBN: 978-972-636-275-3 (E-Book) DOI: disponível brevemente Ano de Edição: 2018 1431 ID 651: PAISAJE Y PATRIMONIO VITIVINÍCOLA EN LA RAYA DEL DUERO: NUEVOS ACTORES Y NUEVAS ESTRATEGIAS PRODUCTIVAS EN LA D.O. ARRIBES 157 Eugenio BARAJA1; Daniel HERRERO2 Departamento de Geografía. Universidad de Valladolid; [email protected] Departamento de Historia, Geografía y Comunicación. Universidad de Burgos; dh[email protected] RESUMO: Los viñedos cultivados históricamente en los bancales de la frontera hispanoportuguesa, la raya húmeda del Duero, han experimentado, en su parte española, un proceso de abandono de tal magnitud que ha afectado gravemente a uno de los paisajes agrarios más singulares de la península ibérica. Sin embargo, desde hace dos décadas, los vinos de Arribes están apareciendo en la escena productiva asociados a nuevos actores que desarrollan iniciativas tan atentas a la calidad del vino como a los valores materiales e inmateriales del paisaje en el que se cultiva la viña. La presente aportación analiza los procesos de cambio en el territorio de la DO Arribes, e identifica y tipifica actores y estrategias para centrarse específicamente en aquéllas atentas a los valores patrimoniales de estos paisajes. Metodológicamente se ha recurrido a la cartografía de viñedos y bodegas, pero sobre todo al trabajo de campo que incluye entrevistas con los actores más representativos. Las conclusiones apuntan a que hay al menos cuatro tipos de perfiles productivos, pero no todos revelan similar compromiso con los valores patrimoniales y paisajísticos que giran en torno a la vid y al vino. PALAVRAS-CHAVE: patrimonio; paisaje; viñedo; Arribes; Duero 1. EL VIÑEDO EN UN ESPACIO AGRARIO SINGULAR: DE CULTIVO CLAVE A LA MARGINALIDAD Y EL ABANDONO Históricamente el viñedo ha formado parte del paisaje agrario del sector de la frontera entre España y Portugal que marca el Duero (la raya húmeda), y que en las provincias de Zamora y Salamanca se conoce como los/las Arribes. Junto al olivar, el almendro y los frutales, que servían de complemento, los viñedos eran un cultivo que otorgaba carácter a un sector donde el profundo 157 Esta aportación se inscribe en el Proyecto de Investigación I+D CSO2016-79756-P (AEI/FEDER, UE) Paisajes Culturales de la Lista del Patrimonio Mundial. Claves para la identificación y criterios para la gestión de los paisajes de los vinos y viñedos con valor patrimonial, Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de ExcelenciaSubprograma Estatal de Generación de Conocimiento, convocatoria 2016. 1432 encajamiento del Duero genera unas condiciones bioclimáticas propias de ambientes más cálidos, y los suelos, que derivan de la alteración de los granitos pizarrosos, proporcionan frescor y evitan enfermedades a la planta. Como consecuencia de ello, la actividad agraria en el arribe marcaba un contrapunto de feracidad con la penillanura, unidad morfológica de orientación ganadera y sinónimo, las más de las veces, de pobreza (Crespo,1968:4). No obstante, la dificultad venía dada porque el intenso abarrancamiento y las fuertes pendientes determinaban que el terrazgo debía ser enteramente construído a base del esfuerzo individual y colectivo. A pesar del duro trabajo que exigía, la “vinatería”, como se denominaba al conjunto de propiedades que constituía una viña (Elías, 2016), era un negocio floreciente allí donde el viñedo fue progresivamente concentrandose conforme a una lógica de especialización que, ya desde el siglo XVI, favoreció el sector más septentrional de la comarca, entre Aldeadávila de la Ribera y Fermoselle (Crespo, 1968:53), donde, mediado el siglo XVIII, alcanzaba el 30% de la superficie cultivada (González-Moro y Caldero, 1992:920). Lo espectacular de las plantaciones distribuidas en bancales que descendían hacía los profundos cauces del Duero y el Tormes no debía dejar indiferente a nadie. De hecho, en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de P. Madoz, el paisaje se describe de la siguiente manera: “…sobre un peñasco éntre los r. Duero y Tormes; los muchos cerros que se elevan por sus alrededores cubiertos de viñedo, forman una vista agradable y hasta cierto punto deliciosa…” (T. VIII: 38). A partir de su consolidación económica en el siglo XVIII, y con sus coyunturas favorables (apertura comercial hacia Portugal y noroeste ibérico) y sus retrocesos (filoxera), el viñedo de Arribes será la base económica de una agricultura que vivirá un quebranto radical en la segunda mitad del siglo XX, cuando estas comarcas, aisladas y periféricas, se sumieron en la espiral de la emigración y el abandono. En los años sesenta, la superficie del viñedo alcanzaba las 6.422,9 ha, de las que 5.822 ha se concentraban entre Fermoselle y Aldeadávila de la Ribera (Crespo,1968: 80). Treinta años más tarde, cuando entre 1996 y 1997 se inician los primeros trámites para poner en marcha una Denominación de Origen (DO), los documentos 1T elaborados por los servicios técnicos todavía cifraban su superificie en 4.000 ha. Pero, una década más tarde, aprobada aquélla, las plantaciones de viñedo habían descendido hasta las 3.150 ha y, por último, la cuantificación de las superficies de los recintos del SIGPAC de 2017 arroja un balance de 1.358 ha, a las que habría que agregar otras 91 ha en las que aparece asociado con cultivos como el olivar o el almendro. Los “brazos” que la emigración se llevó es una de las claves para entender el abando de un cultivo que exigía mucho esfuerzo. Los bajos precios de la uva, la política de estímulos al arranque de viñedos y la venta de derechos en momentos especiales de crisis, como los vividos en el sector cooperativo, han hecho el resto. 1433 Este proceso se traduce en abandono, pero un abandono selectivo que a la postre está generando una distribrución diferente a la tradicional, de tal forma que en la actualidad el 75% de la superficie se encuentra en la penillanura, frente al 25% del arribe. Así, la mayor parte de las plantaciones que perviven se están circunscribiendo a los sectores más accesibles, más fácilmente mecanizables y menos trabajosos, es decir, fuera de las pendientes más pronunciadas, donde también tienen lugar las nuevas plantaciones que siguen patrones y marcos propios de la agricultura productivista: mayor tamaño y regularidad de las parcelas, marcos alineados, conducción en espaldera, etc. A este abandono y reubicación, con notable impacto paisajístico, han contribuido las ideas que apuntan a que las formas de producción tradicionales no tienen futuro; las concentraciones parcelarias hacen el resto. 2. NUEVA COYUNTURA: LA APUESTA POR LOS VINOS DE CALIDAD Un jalón decisivo en la trayectoria de estos viñedos de frontera ha sido, como en otros territorios del Duero, la apuesta por la calidad como estrategia de integración en el mundo de la vitivinicultura moderna. Como se indica en las fichas correspondientes a las DO que divulga el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, “ya en la Orden ministerial de 1 de agosto de 1979 aparece el nombre geográfico de una serie de comarcas vitícolas españolas entre las que figuraba la comarca de la Ribera, en la provincia de Salamanca, que se extendía por parte de los municipios que en la actualidad integran esta zona de 'Arribes'. En 1986, en la Orden ministerial que se regula, por primera vez, los llamados 'vinos de la tierra', se cambia dicho nombre por el de 'Ribera de Salamanca', y desde 1992 se asocia a la mención 'vino de la tierra' con el nombre de 'Los Arribes del Duero-Fermoselle', que en 1998 cambia a 'Arribes del Duero'. En 2004, y teniendo como base la Ley 24/2003, de la viña y el vino, se reconoce como vcprd, pasando a denominarse Vino de Calidad de Arribes” (MAPA-MTE). Desde 2007 (27 años después de la primera declaración en el Duero), se constituye como D.O. Arribes del Duero, cuyo ámbito de producción se extiende por las localidades de Zamora y Salamanca ceñidas al Duero. No obstante, y a diferencias de otros territorios demarcados, la DO parece que llegó demasiado tarde a este sector de la raya, al menos para revertir la tendencia al abandono. Como indican las cifras generales ya comentadas y como lo corroboran las de la superficie inscrita, que ha caído a la tercera parte desde la campaña 2007/2008 hasta la 2016/17, pasando de las 724 a 245 ha. Bien es cierto que, por distintos motivos, una parte del viñedo esté pendiente de inscripción, pero las cifras reales no pasarían, en todo caso, de las 300 ha. Por otro lado, el número de viticultores ha descendido desde los 634 de la primera campaña a los 207 actuales. Entre estos no faltan quienes se 1434 dedican a la actividad agraria a título principal, ampliando la superficie y modernizando las formas de cultivo, pero son contados. Tan solo una explotación –al margen de una gran finca – sobrepasa las 10 ha, mientras que la mayoría gestiona entre 1 y 5 ha. Fragmentadas en algunos casos en decenas de parcelas dispersas por distintos pagos, la explotación del viñedo está, por lo general, en manos de agricultores cuya edad media ronda los 65-70 años, que ya están jubilados, tienen una dedicación parcial o se dedican a otras actividades pero que, por apego, siguen cultivándolas. En todo caso, la fragmentación hace que se siga planteando una concentración parcelaria para solucionar, al menos, el problema de los accesos a las fincas del arribe. Es una cuestión controvertida, pero recurrente. Las últimas operaciones realizadas en este sentido han tenido lugar en Aldeadávila de la Ribera y Pereña, y se anuncia la de Fermoselle. No obstante, la falta de transformación y la pervivencia de rasgos tradicionales tiene aspectos positivos. Ha permitido que se mantengan elementos de alto valor patrimonial y que aún se puedan encontrar viñedos muy antiguos, variedades singulares y bien adaptadas a las condiciones locales (Juan García, Rufete...), plantadas en vaso, siguiendo marcos ya en desuso, así como prácticas agrarias cercanas a las que rigen en la agricultura ecológica. Estos aspectos resultan claves para entender las estratégias desarrolladas por los nuevos bodegueros. En efecto, desde la DO se cifra la producción media de un millón de kilos de uva por campaña, de los que salen unos 800.000 l de vino elaborados en las 17 bodegas que, como rasgo también tradicional, todavía siguen produciendo graneles en una proporción significativa (11 son exclusivamente embotelladoras). Por el contrario, no resulta infrecuente la presencia de estos vinos entre los aclamados en las guías más exclusivas del sector. Es la evidencia de que lo tradicional y lo moderno conviven en un espacio en transformación. 3. ENTRE LO TRADICIONAL Y LO MODERNO: NUEVOS Y VIEJOS ACTORES, NUEVAS Y VIEJAS ESTRATEGIAS La DO Arribes es hoy un territorio vitivinícola en transformación, que no habiendo liquidado las estructuras tradicionales, intenta seguir los rumbos que marcan las tendencias del viñedo global. Esto explica que convivan, en espacio reducido, actores antiguos con estrategias tradicionales, y otros nuevos, con un perfil marcadamente distinto. Del trabajo de campo realizado podemos sintetizar (al margen de la elaboración casera) dos grandes conjuntos que, a su vez, agrupan al menos dos tipos de elaboradores. 1435 3.1. “DEL VINO DEL HAMBRE AL VINO DE PASTO”: COOPERATIVAS Y BODEGAS INDUSTRIALES El paso en los años cincuenta del “vino del hambre al vino de pasto (o vino industrial)” (Crespo, 1968), como en otros lugares del país, vino en Arribes de la mano del movimiento asociativo. Las cooperativas permitieron al sector vinícola la adaptación necesaria para atender a la nueva demanda de vinos homogéneos que la sociedad urbana imponía, alejados de los desiguales y asperos que salían de los lagares y bodegas ubicadas en los núcleos de población, bien horadadas en la roca, bien en la planta baja de las casas. Las cooperativas de producción y venta de vinos y orujos, fueron todo un revulsivo al ofrecer mejores precios que el que pagaban los alamacenistas leoneses (que prácticamente monopolizaban el mercado del noroeste), llegándose a señalar que “las cooperativas son la principal defensa del viñedo de los Arribes y en ellas se encuentra el porvenir” (Crespo, 91). Y en buena medida ha sido así, pero la dura crisis de la primera década de siglo ha hecho que de este modelo pervivan solo dos bodegas: las cooperativas Virgen de la Bandera, en Fermoselle (Zamora), y Arribes del Duero, en Corporario (Salamanca). La primera es la más antigua (1957/60) y en la actualidad cuenta con 50 socios de los que transforma 140.000 kg de uva para elaborar un 80% de vino a granel. La segunda es más reciente (1993), y transforma 300.000 kg de uva de las que el 20% son graneles. Por tanto, entre un 40 y un 50% de la producción de vinos y de la superficie adscrita a la DO responden a este modelo tradicional, donde los viticultores cooperativistas siguen entregando mayoritariamente unas uvas que, transformadas en vinos, se distribuyen, en su mayor parte, en el mercado de la provincia. Al lado de ellas, aún perviven otras bodegas que básicamente tenían la misma función que las cooperativas pero, en este caso, orientadas a “recoger la producción de aquellos viticultores no asociados”. De ellas algunas han permanecido al margen de la DO (La Peña...), otras han desaparecido, y otras han ido emergiendo recientemente, a veces como una evolución adaptativa hacia la empresa privada de las cooperativas históricas. Son bodegas industriales, de tamaño medio, que compran uva y la transforman en caldos mejor o peor adaptados a la demanda, pero con mercados principalmente provinciales, secundariamente nacionales y excepcionalmente internacionales. Es el caso de Viña Romana, en Villarino, que derivó de la cooperativa Campo de San Roque y compra la uva a los antiguos socios para elaborar unos 20.000 l de vino. O el de Bodegas las Gavias, que deriva de la cooperativa Nuestra Sra. Del Castillo, en Pereña, y que está vinculada como almacén, elaborador de graneles y línea de embotellado, a otro grupo industrial creado en 1984, Ribera de Pelazas, que además de la procedente de sus propios viñedos, compra la uva a 30 viticultores asociados, y transforma un total de 140.000 kg. Por lo común, este tipo de sociedades suele tener raigambre local: vinculadas a iniciativas de la comarca, contacto con 1436 productores locales, uvas de viñedos tradicionales, con variedades locales, etc. Pero también explican la introducción de variedades más “estándarizadas” (tempranillo) en el marco de formas plantación, conducción y trabajo semejantes a las de otras comarcas del Duero de mayor renombre. 3.2. PATRIMONIO Y PAISAJE: NUEVOS VALORES, PRÁCTICAS Y ACTORES Un hito destacable a la hora de entender la ruptura con las formas tradicionales de produción y elaboración de vino en Arribes fue la puesta en marcha de un proyecto nacido en el año 2000 vinculado al grupo bodeguero Arco, que luego devino en el complejo enoturístico Hacienda Zorita Natural Reserve. Se trataba de algo nuevo, diferente, todo un revulsivo en la comarca en unos momentos de franca descomposición del tejido asociativo. Un modelo de iniciativa exógena, que veía la oportunidad de inversión en un “entorno” propicio no solo para la plantación y elaboración de vino, sino para la explotación turística de otros valores patrimoniales de alto potencial, particularmente los asociados al Parque Natural Arribes del Duero (Douro Internacional en la orilla portuguesa del río). En la actualidad, esta bodega pertenece a la empresa The Haciendas Company, un grupo internacional dedicado al sector hotelero, restaurador y comercialización de bebidas y otros productos gastronómicos que “vende” experiencias de naturaleza y calidad gastronómica, y donde el viñedo es una pieza fundamental. Pero los viñedos y vinos tienen poco que ver con lo local: los primeros se distribuyen en una nueva plantación de 75 ha (nada que ver con el minifundismo y con la dispersión histórica del parcelario), con variedades exógenas (tempranillo, syrah, merlot, malbec, cabernet-sauvignon) y marcos y conducciones completamente adaptadas a las nuevas formas de producción vitícola. De ellos sale la uva para elaborar el Hacienda Zorita Crianza en una bodega de 2.500 barricas de roble francés y americano a la que se asocia un hotel de lujo (5 estrellas desde 2008) que cuenta con diez habitaciones, y que la empresa de e-commerce Booking anuncia como “un lugar mágico en medio de la naturaleza, donde parar el tiempo y desconectar”. Con todo, y a pesar de su importancia, se trata de un caso excepcional y disruptivo que se coloca en las antípodas de otro tipo de actores que están emergiendo hasta significarse como el fenómeno cualitativamente más relevante. Un tipo de bodegas y bodegueros que, al contrario del caso anterior, tiene como intención conectar, en el fondo y en la forma, con el momento en que en Arribes cada viticultor hacía su vino, y había tantos vinos como viticultores; es decir, con una fase de originalidad y singularidad convenientemente trasladada a los tiempos actuales. En esta línea, estos actores recuperan incluso los espacios de producción históricos o tradicionales, tanto en el campo como en la bodega, y desarrollan un discurso semejante de compromiso con el entorno y sus valores 1437 paisajísticos y patrimoniales. Este grupo integra la mayoría de las bodegas, unas diez, vinculadas a la DO Arribes (Ocellum Durii, La Setera, Quinta las Velas, Almaroja, Pastrana, Fontanicas, Hato y Garabato, Pardal y Punto, Peños, Frontío...), a las que habría que agregar otras cuatro que producen vinos elaborados con uvas de Arribes – vivimos en el tiempo de los enólogos – pero fuera de la DO (Alvar de Dios, Entrebancales, Daterra Viticultores y El Barco del Corneta), y otras tantas que, por diferentes motivos, se han quedado por el camino. En conjunto, no destacan por su capacidad productiva; de hecho, no llegan a las 100.000 botellas, pero tienen una serie de rasgos que les dotan de una personalidad muy desacada. De las entrevistas realizadas en las bodegas, podemos sintetizar aquellos más significativos y cualitativamente más relevantes: 1. Son de reciente constitución, pues se han puesto en marcha a partir del año 2000, especialmente tras la declaración de la DO Arribes, en 2007, y siguen creciendo en los últimos años. Es una tendencia que singulariza actualmente la dinámica de la comarca y conecta con los nuevos vientos de la producción del vino adquiridos, en muchos casos, en otros entornos vitivinícolas nacionales o internacionales. 2. Una proporción importante tienen raíces familiares en la comarca (Ocellum Durii, Hato y Garabato, Fontanicas, Pastrana, Peños...); en otros casos sus promotores han venido de diferentes ciudades y regiones (Setera, Pardal y Punto), e incluso de otros países (Almaroja, Frontío), pero todos tienen un factor común: han “enraízado” en la comarca y en su discurso subrayan su compromiso con la tierra. 3. Apuestan por la “pequeña escala”, por las tiradas cortas, por los espacios pequeños, por los viñedos acotados. Es excepcional que alcancen las 20.000 botellas, y lo general es que no lleguen a 10.000. 4. Parten del reconocimiento y del valor de las variedades tradicionales y de los viñedos viejos para elaborar un buen vino, en la seguridad de que tanto importa la bodega como la viña. Su máxima se sintetiza en elaborar vinos singulares en un entorno singular. 5. Son partidarios de prácticas agrarias tradicionales, confiando en las que realiza el viticultor local, a quien en muchos casos compran la uva, de quienes aprenden y cuyas enseñanzas asimilan y reelaboran con perfiles modernos para transmitir la singularidad del entorno. Es fácil que de ahí deriven prácticas ecológicas, pues no son viñedos que exijan demasiados tratamitenos; o se aproximen incluso a los parámtros de una agricultura biodinámicas. 6. Una parte significativa vincula su negocio vitivinícola con el turismo que se mueve atraído por unos valores naturales consolidados y reconocidos, y que aprovechan para el desarrollo