Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social?
Abstract
El presente trabajo presenta un análisis crítico sobre la relación que la historiografía tradicional presupone entre la Iglesia donatista y el movimiento de los circumcelliones, partiendo de los móviles teológicos que determinaron el surgimiento del donatismo y una propuesta de caracterización de los circumcelliones, con el objetivo de estudiar la imagen que las fuentes nos han legado sobre ellos y comprobar si detrás de la figura del campesino fanaticus violento y sanguinario, se escondía un problema social más complejo que, en algunos puntos, podemos observar en otras partes del Imperio.
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Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? Donatists and circumcelliones in Roman Africa: a theological, political or social problem? FERNANDO BLANCO ROBLES1 Universidad de Valladolid [email protected] Recibido: 30/9/2019. Aceptado: 30/10/2019. Cómo citar: Blanco Robles, Fernando, “Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social?”, Hispania Antiqva. Revista de Historia Antigua XLIII (2019): páginas. DOI: https://doi.org/10.24197/ha.XLIII.2019.258-283 Resumen: EL presente trabajo presenta un análisis crítico sobre la relación que la historiografía tradicional presupone entre la Iglesia donatista y el movimiento de los circumcelliones, partiendo de los móviles teológicos que determinaron el surgimiento del donatismo y una propuesta de caracterización de los circumcelliones, con el objetivo de estudiar la imagen que las fuentes nos han legado sobre ellos y comprobar si detrás de la figura del campesino fanaticus violento y sanguinario, se escondía un problema social más complejo que, en algunos puntos, podemos observar en otras partes del Imperio. Palabras clave: Iglesia, donatismo, circunceliones, África romana, Tardoantigüedad. Abstract: This work presents a critical analysis of the relationship that traditional historiography presupposes between the Donatist Church and the movement of the circumcelliones, starting from the theological motives that determined the emergence of donatismo and a proposal for the characterization of the circumcelliones, with the aim of studying the image that the sources have bequeathed to us about them and to check whether behind the figure of the violent and bloodthirsty peasant fanaticus was hidden a more complex social problem that, in some points, we can observe in other parts of the Empire. Keywords: Church, Donatist, Circumcellions, Roman Africa, Late Antiquity. Sumario: 1. Origen y conformación del problema doctrinal del donatismo; 2. El cisma donatista. Entre lo teológico y lo político; 3. Circumcelliones ¿Una secta religiosa o una minoría social disidente?; Conclusiones. 1 Investigador contratado a través del programa de Formación del Profesorado Universitario, con referencia FPU18/00503, del Ministerio de Educación y Formación Profesional. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 259 Summary: 1. Origin and conformation of the doctrinal problem of donatism; 2. The donatist schism. Between the theological and the political; 3. Circumcelliones. A religious sect or a dissident social minority?; Conclusions. El periodo de la Tardoantigüedad en África, como otros espacios geográficos del Imperio Romano tardoantiguo, se vio especialmente afectado por los movimientos religiosos disidentes derivados del cristianismo y por los conflictos sociales.2 El denominado Donatismo o Iglesia Donatismo es el principal movimiento religioso que marcó la historia del África romana de una manera especial pues, a diferencia de otros como el montanismo, el priscilianismo o el maniqueísmo, logró consolidar una posición de poder sobre las provincias de la Proconsular, Numidia y Mauretania Cesariana, y en menor medida en la Byzacena y la Mauretania Tingitana, que obligó a las autoridades imperiales a contar siempre con su aquiescencia e incluso haciendo retroceder a la Iglesia Nicena. Parejamente al desarrollo del donatismo, aunque unas décadas después, surgió el movimiento de los llamados circumcelliones. La historiografía ha vinculado, a veces demasiado estrechamente, este movimiento con el donatismo y aunque, indudablemente, son muchos los momentos de alianza y colaboración también son muchos los momentos de enfrentamiento o de incomprensión mutua. Lo que es evidente, es que generaron una situación de conflicto en el África romana casi permanente que suscitó la intervención de las autoridades imperiales, sin demasiado éxito, e incluso hizo rentable a ojos de algunos generales rebelarse contra los emperadores. 1. ORIGEN Y CONFORMACIÓN DEL PROBLEMA DOCTRINAL DEL DONATISMO El cisma donatista no se produjo de modo casual en el año 313-314 por una simple disputa entre dos facciones de la Iglesia africana por ver quién ocupaba el obispado de Cartago. Aunque en parte pueda parecer que así fue, lo cierto es que desde hacía casi 100 años en la Iglesia africana se había ido conformando una doctrina paralela, como era normal en esas fechas en otros lugares del Imperio, que estaba especialmente vinculada al problema de la integración nuevamente de 2 Véase las aportaciones a este debate realizadas por Raúl Serrano Madroñal en su tesis doctoral (2018) y en su artículo de 2018 (especialmente las páginas 127-129). HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
260 Fernando Blanco Robles aquellos fieles y clérigos que, a causa de una persecución por decreto imperial,3 hubieran apostatado de la fe cristiana. Si este problema es muy evidente en Cipriano de Cartago hacia el 251, en realidad para poder entender esta valoración doctrinal alejada de la que se estaba fraguando en Roma, debemos remontarnos a Tertuliano. Tertuliano, a principios del siglo III, es ejemplo de ese debate doctrinal y en parte teológico que ocupaba a la Iglesia, especialmente porque su evolución intelectual desde posturas más “ortodoxas” hasta posturas cercanas al montanismo, conformarán el inicio de un sistema de pensamiento doctrinal que será característico de la Iglesia de África y que ayuda a entender las posturas donatistas posteriores. Como señalábamos, el gran problema y debate de la Iglesia era si a los pecadores se les negaba o no una segunda penitencia que les devolviera a la comunitas christiana, es decir, si se establecía una postura rigorista o si se practicaba el valor fundamental del cristianismo paulino, el perdón y la misericordia.4 Tertuliano en sus primeros escritos, como el De paenitencia, consideraba que todo pecado era perdonable y, en consecuencia, debía permitírseles una segunda penitencia para recuperar la gracia bautismal perdida. Hay que aclarar que estos pecados tan graves eran los de negar la fe ante las autoridades civiles, apartarse de la fe cristiana auténtica por falsas doctrinas, la herejía y comer carne de los sacrificios a los “ídolos paganos”.5 Sin embargo, en sus escritos posteriores, como De pudicitia o De baptismo, Tertuliano se acerca a las posturas rigoristas del montanismo6 y niega la capacidad de la Iglesia para que, con una sencilla celebración, se vuelva admitir a aquellos que han cometido pecados tan graves como la idolatría, el adulterio o el homicidio, ante lo cual establece una dura y larga penitencia hasta que el obispo con el perdón (venia) lo rehabilitará (restitutio) en la comunidad eclesiástica y lo volverá a bautizar en la fe. Principios que quedaron sancionados en el concilio de Cartago del año 220 con la participación de los obispos del África Proconsular y Numidia.7 Como vemos, Tertuliano dejó asentado ya el principal problema doctrinal que será esgrimido por los donatistas: el necesario “rebautizo” de aquellos que habían negado su fe en el cristianismo. Pero debemos 3 Ste Croix (1981: 237-252), Frend (1981: 298 y ss.), Mateo (2016: 25-54). 4 Sirva como ejemplo la carta primera a Juan de Pablo de Tarso (1 Jn). 5 Llorca, 1964: 311; Diego, 1969: 92-5. 6 Jedin, 1965: 468-473; Vicastillo, 2008: 90-5. 7 García, 1994: 148. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 261 comentar brevemente en qué consistían los principios doctrinales de la, posteriormente, herejía que influyó en los escritos de Tertuliano. Hacia el 172 en Frigia, Montano y dos profetisas, Prisca y Maximila, inician la predicación de un movimiento profético que llamaba a llevar una vida cristiana recta y rígida ante la inminente venida de Cristo y el Juicio Final. Aparentemente, este movimiento, que no contravenía la interpretación mayoritaria de la ortodoxia cristiana, no podía ser tratado de herejía, pues ideales de vida como la ascesis, el ayuno diario o la castidad se entendían deseables para una buena vida cristiana y, además, eran los que las primitivas comunidades cristianas habían ejercitado; por ello en África, en la Galia e incluso parece que en Hispania arraigó en algunas comunidades. El principal problema que los obispos achacaron al montanismo fue la carencia de toda clase de organización o jerarquía, lo que la hacía ingobernable, y la promoción de la división de la Iglesia, por lo que fue condenada a fines del siglo II en un concilio en Lugdunum, aunque perduró como secta en su lugar de origen hasta finales del siglo VI. Desde el punto de vista doctrinal, el montanismo no admitía a aquellos que una vez bautizados habían caído en los pecados del adulterio o el asesinato, ni siquiera la penitencia estaba contemplada o un segundo bautizo.8 Sin duda, estas posturas tan rigoristas debieron ser conocidas por Tertuliano el cual las reelaboró estableciendo una rígida segunda penitencia que debía terminar en un rebautizo para estos pecados considerados imperdonables.9 Hasta qué punto estas posturas de Tertuliano, sancionadas por la Iglesia de África, fueron cumplidas no lo sabemos. No parece que tuviera mucho predicamento, pues no se suscitó un debate interno entre los diferentes obispos del Imperio. El revulsivo de la vigencia de sus teorías tuvo lugar treinta años después con la persecución que estalló en tiempos del emperador Decio (250-251). La huida de Cipriano, obispo de Cartago, dejó un vacío de poder que fue ocupado por los confesores y los mártires de la persecución, vistos por esa grey de apóstatas como campeones de la fe por encima de la jerarquía eclesiástica, incapaz de hacerse con el control de la comunidad y de prestar atención a las órdenes dadas por Cipriano.10 Confesores y mártires hicieron, entonces, entrega de unas cartas a estos lapsi (“caídos”) que les concedía 8 Blázquez, 1996: 101-2; Piñero, 2007: 124-127. 9 Czesz, 1994: 85-89. 10 Novas, 1995: 184-89; García, 2017: 122-123. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
262 Fernando Blanco Robles automáticamente el perdón y su reintegración en la comunidad. Por otra parte, estos confesores se apoyaron en la facción de los eclesiásticos de Cartago, liderados por Novato y Felicísimo, que estaban enfrentados a Cipriano y eran partidarios de una actitud más conciliadora, de manera que se daba el libellus paci incluso sin haber llevado a cabo una penitencia.11 El cese de la persecución dejó a una iglesia en Cartago dividida entre aquellos contrarios a Cipriano, que habían conseguido atraerse a un número importante de fieles, y los partidarios del obispo. A su regreso, Cipriano, trató de recuperar el control de la ciudad y trajo redactados sus dos tratados más importantes de cara al concilio que se celebraría en la primavera del 251, De lapsi y De unitate ecclesiae.12 Por lo que aquí respecta, es de mayor interés De lapsi pues Cipriano recupera las nociones doctrinales que expuso Tertuliano ante el gran problema que se encuentra el obispo en su ciudad, con un gran número de apóstatas que esperaban incorporarse de nuevo a la comunidad cristiana y otros que habían sido perdonados sin seguir las directrices que estimaba necesarias. En De lapsi, Cipriano achaca que muchos de estos “caídos” lo son por razón de su amor desmedido a su hacienda y sus propiedades, incapaces de abandonar los asuntos materiales en pos de su fe como “esclavos de sus rentas”,13 frente a aquellos que han renunciado a Cristo por la tortura y el tormento, por lo que estos merecen ser comprendidos pues su espíritu sigue con Dios;14 pero dado que en ambos casos hay una manifiesta voluntariedad en el crimen no pueden ser perdonados con una simple imposición de manos, como estaba ocurriendo también en Roma; sólo una dura reprimenda puede ayudarles en su salvación.15 A partir de aquí, Cipriano comienza a denunciar las actuaciones de algunos clérigos de Cartago y empieza a plantear su visión doctrinal de cómo debe afrontarse el problema. Para Cipriano, estos lapsi que han sacrificado a los “ídolos” (sacrificati) y se les ha concedido el perdón y la gracia de nuevo por unos miembros de la comunidad que han aflojado la disciplina penitencial, conduce a una falsa paz. Y tanto estos, al no hacer pública confesión de su crimen, como sus benefactores, no sólo se perjudican a ellos mismos, sino que también están condenando a la comunidad.16 11 Santos, 2018: 19-25. 12 Jedin, 1965: 476. 13 CYPR. laps. XII. 14 CYPR. laps. XIII. 15 CYPR. laps. XIV. 16 CYPR. laps. XV-XVI. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 263 Tanto para los sacrificati como para los libellatici era esencial que durante un largo tiempo llevaran a cabo una penitencia pública y privada que implicaba sobriedad en el vestido y los adornos, moderación en la comida, mostrarse siempre angustiado y apesadumbrado, practicar la caridad, ayunar, orar y suplicar constantemente, etc.17 Si bien, Cipriano exponía un principio que, pocos años después, tuvo que concretar ante el cisma de Novaciano. Según el obispo de Cartago, sólo Dios tenía la capacidad de perdonar tal pecado tan grave y ningún sacerdote podía, por medio de la indulgencia, conceder la paz y consuelo a los lapsi pues quedaba también manchado por ese pecado.18 Cipriano parece señalar que el clérigo que estuviese manchado, bien directa o indirectamente, con el pecado de la apostasía no podía administrar los sacramentos y en caso de hacerlo estos serían inválidos.19 La trascendencia de estos argumentos se comprobará precisamente cuando pocos meses después, Novaciano, que no había sido elegido nuevo obispo de Roma frente a su rival Cornelio, se hace nombrar obispo por sus seguidores acusando a Cornelio de una moral relajada al admitir a los lapsi con una penitencia pública poco exigente.20 Para Novaciano, la Iglesia no tenía la capacidad para dar ese perdón pues sino quedaría corrompida y sólo un segundo bautizo podía devolver al apóstata a la comunidad, en la idea de que la Iglesia debía mantenerse pura. Además, Novaciano estableció como normas de vida de la comunidad aquellos principios del primitivo cristianismo como la ascesis, la abstinencia y el ayuno. Ciertamente, el principio de una exigente penitencia e incluso el del rebautizo eran compartidos con Cipriano y, de hecho, hasta el año 251 ambos mantenía una relación de amistad, pero Cipriano y la Iglesia de África, a pesar de los intentos de Novaciano solicitando su apoyo, se mantuvieron firmes en apoyar a Cornelio y, al final, fueron excomulgados21 y su herejía se diluyó progresivamente, ayudada también por la persecución posterior de Valeriano (257-258);22 aunque sus partidarios en Asia trataron de consolidar el cisma a través del concilio de Antioquía.23 Tanto los hechos ocurridos durante la persecución de 17 CYPR. laps. XXVII-XXX, XXXV. 18 CYPR. laps. XVII. 19 Jedin, 1965: 513-14; Novas, 1995: 192-201. 20 EUS. Hist. VI.43.1. 21 EUS. Hist. VI.43.2-3. 22 Santos, 1995: 204-209. 23 EUS. Hist. VI.46.3. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
264 Fernando Blanco Robles Decio como durante el cisma de Novaciano, ponen de relieve que en estas discusiones internas de la Iglesia antigua siempre se conjugan tanto discusiones teológico-doctrinales como enfrentamientos de poder político entre los miembros de la jerarquía, pero uno no excluye al otro y deben ser ambos tenidos en cuenta para poder entender adecuadamente y, sin caer en reduccionismos, fenómenos como el novacianismo, el arrianismo, el nestorianismo o, nuestro caso de estudio, el donatismo. 24 Como ya se señaló, Cipriano dejó redactados en dos cartas fundamentalmente el que debía ser el gran principio doctrinal que iba a diferenciar a la Iglesia de África con la Iglesia de Roma y, posteriormente, con la nicena. La epístola 69, que dirige en consulta de un laico, Magno, sobre qué debía hacerse con los que provenían de la herejía novaciana, deja bien claro que puesto que la Iglesia “católica” es la única legítima estos heréticos debían ser bautizados de nuevo, puesto que han de ser considerados como si fueran “paganos” (ethnici) y “publicanos” (publicani),25 ya que sólo esta Iglesia y su jerarquía es la única capaz de administrar con certeza ese sacramento.26 Ambos argumentos, serán reiterados en la epístola 7027 y en los sucesivos concilios entre el año 255-256 que confirmarán, con el apoyo de los obispos desde las Mauretanias hasta la Proconsular, los principios elaborados por Cipriano. Esta postura de la Iglesia de África le hizo ganar prestigio entre las iglesias de Occidente y, en parte, entre las de Oriente donde también se había asumido el postulado de la rebautización, lo cual parece ser la principal motivación, en este caso más allá del asunto sacramental, de que el obispo de Roma, Esteban, mantuviese un duro enfrentamiento dialéctico con Cipriano.28 Quedaba, entonces, para el año 255 un marco de actuación sacramental y doctrinal bien definido que la Iglesia africana tomo como propio y que estaba sólidamente apoyado por los grandes padres de la Iglesia, no sólo africana sino del Imperio, Tertuliano y Cipriano.29 Esta característica es esencial pues ayuda a comprender por qué la Iglesia, cuando se produjo el cisma donatista, a diferencia del novacianista u otros, no pudo declarar a la nueva Iglesia de Donato como hereje y 24 Piñero, 2007: 274-275; García, 2017: 125-126 25 CYPR. epist. 69.I.1; XI.3; Gil-Tamayo, 2008: 294-301. 26 CYPR. epist. 69.II.2. 27 CYPR. epist. 70.I.2; II.3. 28 Frend, 1965: 402; García, 1999: 480-86; García, 2017: 126-128. 29 Darío, 1976: 6-14. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 265 excomulgarla, tan solo condenarla formalmente y, al final, tener que admitir un statu quo que perduró hasta principios del siglo V. En origen, por tanto, las tesis que sostenía el donatismo en realidad ya habían sido formuladas 50 años antes y parece que en este caso pesó mucho más el elemento político que el teológico, aunque a medida que avance el tiempo el donatismo se fue dotando de una doctrina de carácter rigorista que le permitió diferenciarse, más si cabe, de la Iglesia oficial. 2. EL CISMA DONATISTA. ENTRE LO TEOLÓGICO Y LO POLÍTICO El origen de la querella donatista parte, como en anteriores casos, de una nueva persecución contra los cristianos en este caso la decretada por Diocleciano (303-304), a raíz de la cual emerge la figura del traditor, es decir, el clérigo que había entregado los libros sagrados a las autoridades imperiales para su quema, el cual había sido anatemizado en un “concilio” improvisado por los eclesiásticos encarcelados en Cartago. El hecho de que estos traditores fuesen excomulgados implicaba necesariamente que, a partir de ese momento, los sacramentos que impartieran no podían considerarse como válidos, pues estaban manchados del pecado, y, según los escritos de Tertuliano y Cipriano, tanto estos traditores como todos los fieles que hubieran sido bautizados por ellos tenían que limpiar ese pecado con el segundo bautizo. Sobre este principio teológico, se sustentarán los argumentos de los futuros donatistas. El año clave es el 311. El diácono Félix de Abthugui es perseguido por Majencio a causa de un escrito insidioso contra él por las medidas represivas que había ordenado a resultas del levantamiento de Domicio Alejandro, vicario de África, y que habían afectado a las aristocracias africanas que le habían apoyado. Domicio Alejandro había sido un fiel aliado de su padre, Maximiano, pero a la muerte de éste no reconoció a Majencio como su sucesor, cuando este le pidió ayuda contra Constantino. Finalmente, fue derrotado y ejecutado en Cirta por el prefecto del pretorio Rufio Volusiano; hechos que tuvieron lugar entre el 309-311.30 El diácono Félix se refugió con el obispo Mensurio y Majencio le ordenó acudir a Roma para que el diácono se retractase de lo escrito, pero a su camino de regreso de la Urbs, Mensurio muere. Se inicia, por tanto, el proceso de sucesión del obispado, donde participa Félix y, sin mayores sorpresas, el designado por el clero cartaginés fue el 30 Frend, 1952: 142-143; Escribano, 2003: 401-2. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
266 Fernando Blanco Robles archidiácono Ceciliano. Pero el primado de Numidia, dirigido por Silvano, obispo de Cirta elegido en el 305 con el amparo de Segundo obispo de Tigisi,31 niega la validez de la elección en un concilio en ese mismo año de 312 ya que Félix estaba acusado de ser traditor y, por tanto, debía ser anulada. Se elige, en su lugar, al lector Mayorino y se le comunica a todo el clero africano como el nuevo obispo de Cartago y dado que Ceciliano no dimitió, se produce automáticamente un cisma en la Iglesia africana.32 Parece evidente que, en este caso, los argumentos teológicos, aunque sólidos, son una mera excusa que oculta un enfrentamiento entre las diferentes jerarquías eclesiásticas y concretamente entre los obispados de la Proconsular y Numidia. Hay dos hechos que no debemos perder de vista: 1En el 311, una noble cartaginesa, Lucila, parece que había tenido un encontronazo con el entonces archidiácono Ceciliano y contra Mensurio cuando el primero se negó a darle la eucaristía por su excesiva devoción a los mártires. Lucila generó un grupo de oposición contra Mesurio y Ceciliano con el apoyo de otros obispos entre los que se encontraba Donato −que sucedió poco después a Mayorino, convirtiéndose en el líder de los “donatistas”−. Quién se aprovechó de quién es difícil de discernir, pero es evidente que los obispos de Numidia aprovecharon la posición de esta mujer con posibles y aprovecharon, igualmente, la muerte de Mensurio en el 311 para intentar dar un golpe de fuerza y hacerse con el poder de la Iglesia de África, tratando quizás de arrebatar el poder al clero de Cartago que tradicionalmente había sido el dominante. 2Es posible que este cisma nunca se hubiera llegado a producirse si no fuera porque Ceciliano estaba apoyado nada más y nada menos que por Constantino, que desde el 312 se había hecho con el control de Occidente, y por el obispo de Roma, Silvestre y por Osio de Córdoba.33 Prueba de ello son las cartas que Eusebio de Cesarea en su Historia Ecclesiae reproduce, donde podemos comprobar cómo Constantino mantenía una relación personal con Ceciliano al que le permite incluso acudir al procónsul Anulino y al vicario Patricio para enfrentarse a los donatistas.34 Desde cuándo tendría relación Constantino con los clérigos de Cartago es difícil de precisar, bien pudo ser por 31 Frend, 1965: 501-2. 32 Fernández, 2013: 33-37; García, 2014: 124-8. 33 Fernández, 2013: 33-37. 34 EUS. Hist. X.6, especialmente, 4-5. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 273 eorum illo tempore concursus est flagitatus, quórum dementia paulo ante ab ipsis episcopis impie uidebatur esse succensa. Nam cum huiusmodi hominum genus ante unitatem per loca singula vagarentur, cum Axido et Fasir ab ipsis in sanientibus sanctorum duces appellarentur, nulli licuit securum esse in possessionibus suis; debitorum chirographa amiserant vires, nullus creditor illo tempore exigendi habuit libertatem, terrebantur omnes litteris eorum, qui se sanctorum duces fuisse iactabant, et si in obtemperando eorum iussionibus tardaretur, advolabat súbito multitudo insana et praecedente terrore creditores periculis vallabantur, ut qui pro praestitis suis rogari debuerant, metu mortis humiles impellerentur in preces. Festinabat unusquisque debita etiam maxima perdere et lucrum computabatur evasisse ab eorum iniuriis, etiam itinera non poterant esse tutissima, quod domini de vehiculis suis excussi ante mancipia sua dominorum locis sedentia serviliter cucurrerunt. Illorum iudicio et imperio inter dominos et servos conditio mutabatur. Unde cum vestrae partis episcopis tunc invidia fleret, Taurino tunc comiti scripsisse dicuntur huiusmodi homines corrigi in Ecclesia non posse; mandaverunt, ut a supra dicto comite acciperent disciplinam. Tunc Taurinus ab eorum litteras ire militem iussit armatum per nundinas, ubi circumcellionum furor vagari consueverat (OPTAT. III.4.). Los circumcelliones aparecen vinculados con los nundinae, unos mercados estacionales para los intercambios que facilitaban la comunicación entre los pequeños y grandes propietarios y donde podía concentrarse la producción anual y la annonae para dar al Estado. De la misma forma, eran espacios de control del mundo rural por parte de las autoridades romanas. Estos nundinae actuaban también como una suerte de mercados de trabajo donde cuadrillas de jornaleros ofrecían su trabajo a los latifundistas, en función de las diferentes campañas agrícolas. Por otra parte, Optato señala que poseían líderes (sanctorum duces) y dado que enviaban escritos amenazantes a los potentes para que anulasen las deudas que los campesinos hubieran contraído con ellos, confirma que nos encontramos ante un grupo de hombres organizado y con gentes bien formadas, pues parece que desarrollan una especie de red de extorsión contra estos aristócratas vagando por los campos y atemorizándolos en sus propiedades y en los caminos. Optato comenta con horror cómo incluso se dedicaban a invertir el orden social haciendo al siervo dominus y viceversa. Extorsión de la que tampoco se libraban los donatistas, como se ha señalado. Parece que podemos relacionar a estos circumcelliones HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
274 Fernando Blanco Robles con estos temporeros que trabajaban a sueldo de los latifundistas, lo cual implicaba que estaban bajo la dirección de un capataz.61 Este hecho se confirma cuando, en enero del 412 Honorio62, decreta una ley relativa a la multa que se establece para diferentes ordines que se mantuvieran en la fe donatista: Idem aa. Seleuco praefecto praetorio. Cassatis, quae pragmaticis vel adnotatione manus nostrae potuerint impetrari, et manentibus his, quae iam dudum super hoc definita sunt, et veterum principum sanctione servata, nisi ex die prolatae legis omnes donatistae, tam sacerdotes quam clerici laicique, catholicae se, a qua sacrilege descivere, reddiderint, tunc illustres singillatim poenae nomine fisco nostro auri pondo quinquaginta cogantur inferre, spectabiles auri pondo quadraginta, senatores auri pondo triginta, clarissimi auri pondo viginti, sacerdotales auri pondo triginta, principales auri pondo viginti, decuriones auri pondo quinque, negotiatores auri pondo quinque, plebei auri pondo quinque, circumcelliones argenti pondo decem. 1. Qui nisi a conductoribus, sub quibus conmanent, vel procuratoribus executori exigenti fuerint praesentati, ipsi teneantur ad poenam, ita ut nec domus nostrae homines ab huiuscemodi censura habeantur inmunes. 2. Uxores quoque eorum maritalis segregatim multa constringat. 3. Eos enim, quos nequaquam illata damna correxerint, facultatum omnium publicatio subsequetur. 4. Servos etiam dominorum admonitio vel colonos verberum crebrior ictus a prava religione revocabit, ni malunt ipsi ad praedicta dispendia, etiam si sunt catholici, retineri. 5. Clerici vero ministrique eorum ac perniciosissimi sacerdotes, ablati de Africano solo, quod ritu sacrilego polluerunt, in exilium viritim ad singulas quasque regiones sub idonea prosecutione mittantur, ecclesiis eorum vel conventiculis praediisque, si qua in eorum ecclesias haereticorum largitas prava contulit, proprietati potestatique catholicae, sicut iam dudum statuimus, vindicatis. Junto a estos ordines y en entre las posiciones sociales inferiores, aparecen los circumcelliones quienes tenían que remitir sus tributos a los conductores o procuratores. No son, por tanto, elementos marginales, ni esclavos ni colonos fugitivos sin estatus legal,63 sino trabajadores 61 García, 2012: 251-251. 62 CTh. XVI.5.52. 63 Un resumen de todos estos estereotipos puede encontrarse en el artículo de Beaver (1935: 125-6). HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 275 asalariados organizados y dependientes de unos superiores cuya actividad parece característica del África romana, aunque no se pueda precisar si nos encontramos ante un ordo propiamente dicho o una simple categoría laboral, como en realidad parece. Igualmente, es extraño que no aparezca el término en la documentación jurídica con anterioridad, aunque sabemos por las noticias de Optato y de la epigrafía64 que este tipo de trabajadores existían en África.65 A la vista de todo ello, parece que las fuentes cristianas nicenas, dada su vinculación con los donatistas, pudieron desvirtuar el significado original del término intencionadamente, como se delata en Agustín.66 Por otra parte, con estas características podríamos suponer que los circumcelliones podían ser convocados para acciones específicas, que evidentemente podían derivar en excesos, siendo una “resistencia campesina” puntual, como puede interpretarse de las palabras de Optato, mientras que otros movimientos como la bagauda tienen un origen y función totalmente diferente;67 si bien, ambos podrían compartir el objetivo de contestar el poder constituido, tanto las autoridades imperiales como, particularmente, las locales, es decir, los potentes, los ejércitos y la propia Iglesia. Así pues, debemos preguntarnos qué es lo que lleva a que estos grupos de trabajadores asalariados estacionales, cuyo número debía ser lo 64 Por ejemplo, CIL VIII.11824 = AE 2012, 32 (=EDCS-23200467) (Mactaris, Africa Proconsularis, ss. III): “Caeselia Namina [- - -] / [- - -]lianus pius [vix]it / pia vixit annis [- - -] / [- - -] annis /5 [-6-] / VE[- - -]AIIIS[- - -]MA[- - -] fui / paupere progenitus lare sum parvoq(ue) parente / cuius nec census neque domus fuerat / ex quo sum genitus ruri mea vixi colendo /10 nec ruri pausa nec mihi semper erat / et cum maturas segetes produxerat annus / demessor calami tunc ego primus eram / falcifera cum turma virum processerat arvis / seu Cirtae Nomados seu Iovis arva petens /15 demessor cunctos anteibam primus in arvis / pos(t) tergus linguens densa meum gremia / bis senas messes rabido sub sole totondi / ductor et ex opere postea factus eram / undecim et turmas messorum duximus annis /20 et Numidiae campos nostra manus secuit / hic labor et vita parvo con(ten)ta valere / et dominum fecere domus et villa paratast / et nullis opibus indiget ipsa domus / et nostra vita fructus percepit honorum /25 inter conscriptos scribtus et ipse fui / ordinis in templo delectus ab ordine sedi / et de rusticulo censor et ipse fui / et genui et vidi iuvenes carosq(ue) nepotes / vitae pro meritis claros transegimus annos /30 quos nullo lingua crimine laedit atrox / discite mortales sine crimine degere vitam / sic meruit vixit qui sine fraude mori // D(is) M(anibus) s(acrum) / C(aius) Mulceius / Maximus / vixi(t) an(nos) XXX // D(is) M(anibus) s(acrum) / S(extus) Au[reli]/us F[- - -]/nus vix(it) / an(nos) XL”. 65 Gómez, 1998: 89-90; García, 2012: 253-256. 66 AVG. In psalm. 132.3. 67 García, 2012: 257-258. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
276 Fernando Blanco Robles suficientemente importante, deciden rebelarse e iniciar una actividad de subterfugio contra los propietarios para los que trabajaban. Una vez más es Agustín el que parece dar algunas claves interpretativas al respecto. Aunque afirmar que durante los siglos IV y V hubo una crisis productiva en el Norte de África no está lo suficientemente probado, pues más parece que en zonas como la Proconsular y Numidia oriental hubo una intensa actividad productiva, es posible que los grupos populares, particularmente los rurales, no se vieran beneficiados de ese crecimiento económico. Agustín da testimonio de la labor asistencial y caritativa que tuvo que llevar a cabo en su jurisdicción eclesiástica ante la situación de pobreza de diversas familias y evidencia un problema de concentración fundiaria así como de prácticas acaparadoras en detrimento de los pequeños campesinos (problemas que encontramos en otras partes del Imperio). También da testimonio de casos de colonos que caían en la servidumbre al no poder hacer frente a sus deudas o que entregaban a sus hijos como garantía de las mismas; ambas prácticas condenadas sistemáticamente desde Septimio Severo. Agustín documenta, por añadidura, que existían bandas organizadas (mangones) dedicadas a secuestrar habitantes de las zonas rurales para ser vendidos como esclavos y cuyo principal mercado, paradójicamente, era Oriente debido a la escasez que había allí de mano de obra. Bandas en las que los propios potentes debían de estar vinculados de alguna forma.68 CONCLUSIONES El problema doctrinal que se había fraguado en África en relación con la integración de los lapsi de nuevo en la Iglesia, que partía de las doctrinas de Tertuliano, y de si se negaba o no una segunda penitencia para estos individuos, dejó planteado el principal argumento que esgrimirán los donatistas: el necesario rebautizo de aquellos que habían negado su fe en el cristianismo. La época de la persecución de Decio y las disposiciones resultantes de Cipriano de Cartago en De lapsi terminó por conformar unas directrices doctrinales que ponían en cuestión la validez de los sacramentos administrados por un clérigo que hubiera apostatado o hubiera quedado manchado por dar indulgencia a un lapsus, así como, la necesidad del rebautizo. 68 Rodríguez, 2012:173-183; Brown, 2018: 91. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
Donatistas y circumcelliones en el África romana ¿Un problema teológico, político o social? 277 La evolución que observamos de la Iglesia donatista evidencia que no se trataba de un movimiento de resistencia frente a Roma ni de revolución social apoyando a los considerados como grupos marginales, pues la Iglesia donatista, como otros cismas de la época, aunque pudiera diferenciarse y enfrentarse desde el punto de vista doctrinal con la Iglesia de Nicea, ciertamente siempre trató de mantener una relación con el poder imperial para, cuanto menos, mantener su hegemonía sobre África. Sólo cuando los emperadores apostaron decididamente por la Iglesia nicena, el donatismo trató de aferrarse a esos militares rebeldes que, a su vez, necesitaban del donatismo para que su insurrección pudiera tener algún éxito. Obviamente, tampoco hay intención de crear una Iglesia nacional, pues se intentaron crear colonias de donatistas en Roma, por ejemplo, aunque nunca consiguió arraigar fuera de África. En todo caso, esa cerrazón geográfica puede que tenga que ver con la religiosidad propia de la población africana y el hecho de que algunas de las doctrinas donatistas probablemente se venían desarrollando desde la primera mitad del siglo III. La relación que el movimiento de los circumcelliones establece con el donatismo es igualmente compleja de desentrañar, máxime cuando sabemos que entre ambos parece que nunca se estableció una alianza sólida ni podemos sostener que los primeros son el resultado de los segundos. Un momento clave parece ser el 347, la primera noticia que tenemos de su colaboración mutua. Colaboración que, al igual que en las décadas posteriores, por parte tanto de los circumcelliones como de los obispos donatistas, respondía meramente a acontecimientos puntuales: en 347 por el contexto de la persecución ordenada por Constante, en 372373 por la rebelión de Firmo y en 393 por la de Gildón. De hecho, después del 393, parece que estos circumcelliones escaparon totalmente al control de los donatistas pese a las reiteradas denuncias de Agustín de Hipona. En el caso de las revueltas de ambos generales africanos, parece evidente que los donatistas llegaron a un acuerdo con ellos asegurándoles el control de África y ofreciéndoles el apoyo de los circumcelliones, a cambio de su reconocimiento, y probablemente tanto Firmo como Gildón buscaron esa necesaria colaboración si deseaban que su sublevación triunfase. Por otro lado, es cierto que los circumcelliones debieron tomar algunos elementos litúrgicos del donatismo, particularmente el bautismo y la adoración a los mártires, es decir, que el donatismo debió HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
278 Fernando Blanco Robles proporcionar un elemento religioso de cohesión entre sus miembros, especialmente la idea del martirio como la vía directa de ascenso a los Cielos que hundía sus raíces en la tradición religiosa del África romana. No obstante, tanto en la adoración de los mártires como en el bautismo, a juzgar por las palabras de Agustín, parece que los donatistas no tomaron partido y, por tanto, no podemos asegurar que los clérigos donatistas fueran los líderes de los circumcelliones ni que los circumcelliones fueran el brazo armado de los donatistas. En consecuencia, podríamos resumir que ambos fueron dos movimientos, uno teológico-político y otro social, que estuvieron condenados a entenderse debido a que ambos sufrieron la represión por parte de las autoridades imperiales y coincidieron en el mismo espacio geográfico-temporal. BIBLIOGRAFÍA Acerbi, S. (2016), “El obispo y los concilios”, en Silvia Acerbi, Mar Marcos y Juana Torres (eds.), El obispo en la Antigüedad Tardía. Homenaje a Ramón Teja, Madrid, Trotta, pp. 53-68. Beaver, R. P. (1935), “The Donatist Circumcellions”, Church History: Studies in Christianity and Culture 4, nº 2, pp. 123-33. Beltrán Lloris, F. (2011), “Lengua e identidad en la Hispania romana”, Palaeohispánica: Revista sobre lenguas y culturas de la Hispania antigua 11, pp. 19-59. Blázquez Martínez, J. María (1996), El nacimiento del cristianismo, Madrid, Síntesis. Bravo, G. (2006), “Minorías disidentes en Occidente tardorromano: sobre la teoría del conflicto, de nuevo”, en Bravo, G. y González Salinero, R. (eds.), Minorías y sectas en el mundo romano, Madrid, Signifer, pp. 107-124. Brown, Peter (2018), El culto a los santos, Salamanca, Ediciones Sígueme. HISPANIA ANTIQVA. REVISTA DE HISTORIA ANTIGUA, XLIII (2019): 258-283 ISSN: 2530-6464
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