Mº José Hernández Guerrero, Marcel Schwob escritor y traductor.
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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 6 - Año 2004 Mª José Hernández Guerrero, Marcel Schwob escritor y traductor, Ed. Alfar, Sevilla 2002, 270 pp. Mª Azucena MACHO VARGAS Universidad de Zaragoza Por sus trabajos como escritor, Marcel Schwob apreciado en los círculos literarios, no pasó de ser un desconocido para el gran público, y encontrar un lugar de honor en las historias de la literatura resulta una labor harto complicada si tenemos en cuenta la galería de grandes escritores que pueblan el siglo XIX en Francia. A pesar de todo, con el paso del tiempo comienza a ocupar un lugar privilegiado, y por ello la principal virtud de la obra que nos ocupa es, sin lugar a dudas acercarnos la figura de Marcel Schwob que, como la autora del estudio señala, solamente a partir de la segunda mitad del siglo pasado comienza a despertar verdadero interés entre los críticos. Por otro lado, también se trata otro aspecto de la obra de este autor que siempre se ha considerado secundario: sus trabajos como traductor y sobre todo sus teorías acerca de la traducción. El estudio se estructura en cinco capítulos precedidos de una breve introducción. En el primero se pretende básicamente situar al autor en su tiempo, una época dominada en la novela por la estética naturalista y que en el terreno de la poesía veía las últimas manifestaciones del Simbolismo. Precisamente una de las mayores preocupaciones de la autora es demostrar que se equivocan todos aquellos críticos que, sin duda debido a un conocimiento superficial de su obra, se apresuraron a clasificar a Schwob como un escritor simbolista, algo que carece de rigor; en efecto si por algo destaca la figura de Marcel Schwob es precisamente por ser capaz de mantener su originalidad en una época dominada por grandes corrientes literarias. Desgraciadamente, su delicado estado de salud le impidió desarrollar su actividad literaria y su temprana muerte truncó una carrera que se anunciaba prometedora. Destaca también su conocimiento de la literatura anglosajona y su amistad con algunos autores que le impulsó a traducir al francés las obras que más apreciaba. En “Las obras literarias de Marcel Schwob” se hace un análisis detallado de las obras narrativas de Schwob y la profesora Hernández insiste en su singularidad. En efecto, el hecho de vivir una época rica en cambios literarios, de conocer profundamente la literatura en lengua inglesa y de tener peculiar manera de entender la literatura le lleva a anunciar la vanguardia narrativa. Así, aunque algunas de sus obras por su temática o sus formas se emparentan con sus contemporáneas del Realismo o del Simbolismo, e incluso pueden presentar ciertas influencias decadentistas, queda perfectamente demostrado en el estudio que algunas de sus algunas características formales apuntan el camino que la narrativa seguirá en el siglo siguiente. En efecto, el conjunto de su obra narrativa se puede ver, según Mª J. Hernández, como un proceso de depuración de sus planteamientos - 1 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 6 - Año 2004 estéticos, en el que su personalidad se aprecia en una temática propia, como su gusto por “les jeunes filles” cuyo máximo exponente es Le livre de Monelle. Su estilo evoluciona para hacerse más personal en cada obra, y a la vez más moderno, presentando también algunas innovaciones desde el punto de vista formal como, por ejemplo, el juego de perspectivas que caracteriza La croisade des enfants. Si como escritor la obra de Schwob no logró despertar el interés que realmente merecía, en tanto que traductor y como teórico su labor ha sido completamente ignorada, a pesar de que algunas de sus traducciones se encuentren entre las mejores realizadas de autores en lengua inglesa como Shakespeare. Los capítulos finales, “Marcel Schwob, traductor” y “Las traducciones literarias de Marcel Schwob” se centran en su faceta traductora, que empezó muy joven y nunca abandonó, hasta el punto de consagrarse a ella en exclusiva cuando ya su estado de salud era precario. El primero de estos capítulos pretende ofrecer una aproximación a las teorías del autor acerca de la traducción. Es cierto que Schwob en ningún momento se planteó escribir una obra teórica que recogiese su manera de entender este fenómeno, sin embargo, el hecho de que a este erudito le gustase acompañar siempre sus publicaciones de prólogos y comentarios para compartir con los lectores los mecanismos del proceso traductor que lleva a cabo, nos permite conocer sus reflexiones teóricas y el resultado al que le condujeron. En este sentido el trabajo también es interesante ya que por el hecho de partir de los presupuestos de un autor del siglo XIX nos ofrece una visión del fenómeno de la traducción con una perspectiva histórica. Viene además a colmar algunos huecos en la perspectiva histórica de las distintas aproximaciones a la tarea traductora. Las teorías de Marcel Schwob acerca de la traducción se podrían resumir en una sola palabra: fidelidad. En efecto, el objetivo prioritario para el traductor es mantenerse siempre fiel al texto de partida y al estilo del autor y para lograrlo pone en práctica un método de traducción que denomina “analogía de las lenguas y literaturas en los mismos grados de formación” y que él mismo resume en un intento de traducir “les mots sont représentés par des mots les phrases par des phrases”. En realidad, como señalaba acertadamente la autora del estudio, este intento de definir su método de traducción peca de reductora y no hace sino confundir acerca de sus teorías al respecto, porque el fue un crítico feroz e incisivo de la traducción literal. Al proponer “le mot par le mot” Schwob nos puede hacer pensar que es un defensor a ultranza de la traducción literal, algo que, como bien nos muestra la profesora Hernández por medio de numerosos ejemplos, no es en absoluto cierto. Esta afirmación debe entenderse como una manifestación de su profundo respeto por el estilo de su autor y de su deseo de mantenerse fiel al texto. En efecto, el punto de partida de sus planteamientos es que si lo que hace singular a un autor y lo diferencia de otros es su forma de escribir, la labor del traductor consistirá también en respetar esa originalidad manteniendo un estilo similar en la obra traducida. Por otro lado, su teoría acerca de la necesidad de aproximar la lengua del texto de llegada a la del texto de origen, es bastante discutida por las corrientes actuales de traducción. Habría que precisar además que se trata de un método de difícil aplicación, pues para utilizarlo con acierto sería necesario alcanzar la amplia erudición y los completos conocimientos de las lenguas en sus diferentes momentos históricos que Schwob poseía. Por consiguiente, aunque interesante por los buenos resultados que el autor obtuvo con él, parece evidente que se trata de un método que no se puede aplicar de forma habitual sin caer en errores históricos o pecar de afectación. Además, como en el propio estudio se reconoce, a pesar de representar un trabajo meritorio, esta manera de - 2 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 6 - Año 2004 entender la traducción aparece trasnochada cuando la contemplamos desde la óptica actual. En efecto, prima en nuestros días otra tendencia que lleva al traductor a desmarcarse en cierto sentido de la lengua de partida para intentar acercar más el texto al lector actual. Así, si bien se permiten ciertas licencias lingüísticasa la hora de traducir un texto de otras épocas -básicamente el empleo de términos arcaizantes lo más habitual es no buscar todas las equivalencias en el estadio de la lengua de llegada contemporáneo de la obra, sino básicamente del lector. Por otro lado, hay que destacar que no es posible aproximarse a las traducciones literarias de Schwob sin tener presente que en ningún caso se trató de trabajos realizados simplemente por encargo; se limitó siempre a traducir aquellas obras que realmente le parecían interesantes, y partía con la ventaja de poseer además de amplísimos conocimientos lingüísticos, un profundo conocimiento del autor, que en algunos casos, llegaba a la estrecha relación personal. Esta es sin lugar a dudas la situación ideal en la que el traductor debería hallarse al acercarse a una obra ya que, como en el caso de Schwob, esta relación afectiva con la obra y el autor tiene influencias muy positivas en el resultado final. El último capítulo está consagrado a un estudio más detallado de las traducciones literarias de Schwob, que realizó versiones de gran belleza, hasta el punto que más de un siglo más tarde algunas aún siguen vigentes. Así, por ejemplo, en los años noventa se han reeditado sus versiones de algunas obras, como sus traducciones de Shakespeare, que tuvo el acierto de no intentar poner en verso, pues se trataba de una labor casi imposible por el diferente ritmo de las lenguas implicadas. - 3 -