He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
Na isa ou Dia DIOUF, El ci co de Missi a
T aducido po Rocío Anguiano Pé ez y Oli ie Ál a ez Seco
Uni e sidad de Valladolid
Relegadas p ác icamen e al ol ido du an e mucho iempo, las li e a u as a icanas han
expe imen ado en las úl imas décadas un no able impulso a alado po a ias gene aciones de
esc i o es que, p o undizando en las uen es de una adición o al ca gada de sensualidad y o gullo,
han desa ollado una abundan e ob a.
He ede os de au o es de la alla de Léopold Séda Sengho , Nadine Go dime o Bal asa
Lopes, es os esc i o es aspi an a in eg a el espí i u de los maes os cuen is as con lo mejo de la
cul u a de los países colonizado es, e omando el lema de los undado es del Mo imien o de la
Neg i ud “asimila , no se asimilados”.
En es a co ien e in eg ado a podemos si ua a Na issa ou Dia
Diou . Nacida en 1973, es a jo en esc i o a senegalesa ocupa un
luga des acado den o de la eme gen e li e a u a emenina
a icana. Licenciada en Langues E angè es Appliquées (LEA) po
la Uni e sidad Michel de Mon aigne de Bu deos y con un Te ce
Ciclo en Logis ique Indus ielle ob enido en la misma uni e sidad,
Na issa ou Dia Diou posee una amplia ob a publicada. En e sus
abajos p emiados podemos ci a Balade i uelle au ou de la
planè e ancophone (Radio-Canadá, 1999); Pou le meilleu e
su ou pou le pi e, (Cen e Cul u el F ançais de Daka , 1999);
Sables Mou an s (P ime P emio 2000 Fonda ion Léopold S.
Sengho ) y Un si long exil (p incipal candida a al p emio ancés de
lengua ex anje a del “22ème Salon du Li e de Pa is”, 2002).
El ela o Ci que de Missi a, cuya aducción p esen amos a con inuación, ha sido publicado
únicamen e en o ma o elec ónico; sin emba go, su au o a p oyec a inclui lo den o de su p óximo
lib o de cuen os.
- 1 -
He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
EL CIRCO DE MISSIRA
Oc ub e de 1982
Es aba sen ada en aquella pied a ugosa, en medio de aquella sel a. Como si ue a un
elemen o más de la na u aleza, insigni ican e, pe o al mismo iempo indispensable pa a su
equilib io. Como cualquie plan a, cualquie liana de las que allí c ecían, casi al aza , en apa en e
con usión, delicadamen e enlazadas unas con o as. Y escuchaba con a ención el dogma mágico de
las palab as de Mame Soukey1 que me pene aban como esa llu ia ina que empapaba la ie a. Si
hubie a sabido que yo llamaba dogma a sus e lexiones, se hab ía en adado...
Con su oz ocosa, pe o inc eíblemen e pu a, como la isa del agua, como el mu mullo de un
ío, decía señalando el cielo:
— Mi a como se desp enden las no as has a alcanza el lími e del cielo, mi a, mi a esas
pequeñas bu bujas ab i se y libe a una melodía, nunca la misma, impe inen e, inespe ada. La
na u aleza es la o ques a; si sabes habla le, in e p e a u melodía y acompaña u can o a capella.
Escucha el susu o de la somb a, el albo o o del ien o, la isa del lui de agua, escucha los
go iones dispe sa se en desbandadas. A es del pa aíso, ejedo es, colib íes. Y los pája os
noc u nos, buscado es de o o del cielo, que ecogen las es ellas pa a ilumina sus nidos...
Escucha, pequeña.
Yo aguzaba el oído. La oz de Mame Soukey se ele aba has a la bó eda celes e y mil uidos
in adie on el ci co de Missi a, el eco de los acan ilados nos de ol ía el can o de las cascadas, de las
go as que se en echocaban, bailaban, in ineaban aleg emen e. Su can o e a lige o como las
diá anas alas de las alenas. Como el can o sag ado de Coumba Bang2.
Casi me hacía ol ida mi huida. Las e é eas no as disipaban poco a poco los g i os de mi
mad e:
— Pedazo de inú il, como sigas yendo con esa ieja loca, as a acaba como ella...
Es ábamos en la choza que se ía de cocina a icana. Yo había cogido mal una olla y, al
ins an e, la cena se encon aba espa cida po el suelo de ie a ba ida. Esqui é hábilmen e una
á aga de u ensilios y bajo una llu ia de insul os, mis piececi os descalzos se pusie on a aplana el
suelo i egula , insensibles a las quemadu as que p oducía el calo y a las mo dedu as de las
pied as.
Llegué jadeando al linde o del bosque y me deslicé po un sende o has a el uni e so en el que
sabía que me espe aba. El suelo de hie ba seca c ujía bajo mis pasos. Las pesadas hojas de los
mangos libe aban algunas lág imas de llu ia que cen elleaban, so p endidas po un ayo de sol que
había conseguido a a esa la e de bó eda, y después se deshacían en ino pol o acuoso sob e
alguna pied a musgosa. A lo lejos, las cascadas descendían po las pa edes ocosas de los
1 Abuela Soukey.
2 Diosa del agua.
- 2 -
He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
acan ilados. Encon é a Mame Soukey sen ada en un onco de he ea, como si se alimen ase de su
sa ia. Llegué po de ás y la obse é un momen o. Pa ecía pensa i a. Su espalda e elaba una lige a
cu a u a.
— ¿Es ás ahí, pequeña?
So p endida a ancé ímidamen e.
— Sí, Mame, es oy aquí.
— Sién a e a mi lado, dijo ol iéndose hacia mí. Tenía el os o ex ao dina iamen e e so,
eco ido po algunas inas a uguillas. Su pelo, cenizas de luna como le gus aba llama lo,
enma caba su os o como una au eola.
Me sen é en e a la anciana.
A a és de la espesu a de los al os á boles se di isaba la pues a de un sol es iado. Y
pe manecí allí, como cada día, escuchándola eligiosamen e du an e ho as, ascinada po la iqueza
de una ciencia que no encon aba en los lib os de la escuela. En onaba con ella los can os
adicionales de nues o bosque opical, golpeando apasionadamen e las cañas de bambú y las
aíces ad en icias de los nopales pa a ma ca mejo la medida.
Cuando ol ía a casa, el sol hacía ya mucho que se había pues o.
Al ededo de nues a concesión, la opa se e ol ía y bailaba alocadamen e en la cue da
ensada como un a co al que me sen í en ada de ex ae dos o es no as. Llegué a escondidas po
miedo a que al ad e i mi llegada me cas iga an. Oía a mi mad e g uñi en eco adamen e:
— Es a niña nunca se ha á una muje , en e la escuela de los blancos y esa ieja medio loca
que quie e con e i la en un mono, odo el día en la sel a.
Me ponía a anosamen e a hace uego en un incón pa a coce las hojas de lalo3 que había
ecogido pa a ella. Al no a mi p esencia, se en u eció de nue o e hizo como que no me había is o
pa a mos a mejo su desp ecio.
Todas las noches, la misma escena.
Ene o de 1997
Llegué sin alien o al si io que indicaba el anuncio del pe iódico. El suelo de susu an e hie ba
es aba cubie o de nie e. La cabeza me daba lige amen e uel as. Me apoyé en un pos e de la luz
que po un momen o había con undido con un onco de eucalip o. Ti é de mi go o de lana pa a
apa me las o ejas, soplé mis dedos a a és de los guan es pa a calen a los. El ien o me helaba los
3 Pol o de hojas de baobab que si e de espesan e en la p epa ación de algunos pla os.
- 3 -
He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
iñones y hacía que me llo a an los ojos.Las lag imas que ya no e enía se ijaban y c is alizaban
como es alac i as.
La ila ondulan e se pen eaba a lo la go de a ias decenas de me os, a apada en uno de sus
ex emos po una pue a coche a. En el o o ex emo, yo...
No sé si habían pasado segundos u ho as, pe o el mons uo no dejaba de emo e sus ipas.
Luego, yo ambién a a esé la pue a coche a y as una e e nidad subía, uno a uno, los peldaños de
la escale a oscu a que conducía has a una pue a en la que se leía en le as capi ales:
“SALA DE AUDICIÓN”
En lo al o de la escale a expe imen é un é igo ma í imo y me aga é con ue za a la
ba andilla. La jo en que es aba delan e esbozó una pequeña son isa bu lona. A a és de la pue a
mal insono izada se escapaban algunos aco des desa inados.
De p on o, la pue a se ab ió y una cabeza cal a apa eció en el hueco que quedaba en e el
ma co y la pue a en eabie a.
— La siguien e.
B uscamen e me encon é sume gida en una sala descolo ida, inmensa y ía. F en e a mí,
media docena de pa es de ojos que me juzga on, me calib a on, me desnuda on du an e algunos
segundos. Con una oz sin imb e y neu a, el cal o ompió el silencio:
— Tiene un minu o.
Silencio. La luz de los ocos e a c uda y hacía que me llo a an los ojos.
— Cua en a segundos, añadió impe u bable, con el b azo doblado en ángulo ec o, mi ando
el eloj, al cabo de un iempo que me habían pa ecido dos acciones de segundo. El segunde o
gi aba y mi ga gan a pe manecía muda.
Es aba pe i icada. Ce é los ojos. La cúpula del cielo dominaba el uni e so. Mame Soukey
me mi aba apoyada en las aíces ad en icias que se le an aban algunos cen íme os del onco de un
á bol de con o siones nudosas. Sen ía como me subía la sa ia en a bo escencia y como me i igaba
has a las capila idades de lo más hondo de mi se , como una desca ga de ad enalina. Mi oz ex aía
del ondo de mí la sa ia opical que co ía po mis enas. El eco de los bosques a luyó súbi amen e
a mis labios en un caudal modulado. Queb ó b u almen e el hielo de mi ga gan a y mis labios se
inunda on de cálidos sonidos que ompían las ama as del iempo.
Mi ágil osamen a ib aba al unísono con mis cue das ocales en un impulso mágico. Me
encon aba de nue o en la sel a, es emeciéndome con las ca icias de las hojas, econ o ada po la
humedad y el olo de la ie a mojada, bajo la son isa cómplice de Mame Soukey.
- 4 -
He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
Mis pies se hundían en los líquenes de la moque a. Ol idé los ocos, el iempo. Bajo mis
pá pados ce ados, la noche ex endía su dominan e elo y yo me dejaba gana po ese dulce
embo amien o. Mi ma imba4, que había sacado ímidamen e, ib aba aho a con el pe ume de la
noche opical, de los inos de los g illos y de los insec os de las inieblas húmedas de helechos y
de agua. Mi oz eco ía las sendas húmedas del pasado.
Can é du an e an o iempo que me pa ecie on ho as. A cada ins an e, c eía mo i y ol e a
nace . Como esa melodía sincopada de oquedades de mi sel a na al, como mi ida en es e país de
ien o, desde el día en que desemba qué con una pequeña male a y un ab igo demasiado g ande.
Can aba mi ida, mi pasión, mi desespe ación, mis lág imas. Can aba mi ida... en un mundo
anes esiado de con eniencias en el que no acababa de encon a mi si io.
Po in, mi oz se posó y un silencio elado in adió la sala. ¿Cuán os minu os habían pasado?
La cuen a a ás pa ecía aga o ada o más bien... pul e izada. Pasa on unos segundos sin que
ninguno de los miemb os del ju ado pudie a habla .
Saliendo de su le a go hipnó ico, eajus ando la mon u a de sus ga as, el cal o del eloj se
acla ó la oz un b e e ins an e y dijo:
G a... g acias, seño i a.
4 Xiló ono, en el que cada lámina posee su p opio ubo esonado .
- 5 -