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Michel Ballard. Le nom prope en Traduction.

Adrada Rafael, Cristina

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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 Michel Ballard, Le nom propre en traduction, Paris-Gap, Ophrys, 2001, 231 pp. Cristina ADRADA RAFAEL Universidad de Valladolid Los estudios sobre el nombre propio empiezan a cobrar protagonismo en el mundo de la traducción, y no sólo en España –donde recientemente se han publicado La traducción de los nombres propios, de Virgilio Moya (Cátedra, 2000), o La traducción condicionada de los nombres propios, de Javier Franco (Almar, 2000). Así lo demuestra la reciente publicación Le nom propre en traduction de Michel Ballard, traductólogo y Profesor Catedrático en la Universidad francesa de Artois, quien satisface con este estudio una inquietud que ya había mostrado en artículos como “Le Nom Propre en Traduction” (Babel, 39, 1-4, 1993). Dirigido a un público francófono o estudioso de francés, este libro trata a lo largo de tres grandes capítulos el problema del trasvase del nombre propio en la traducción del inglés al francés y viceversa. En el primero, el autor se centra en el nombre propio como significante, como elemento meramente identificador, y en la traducción del mismo. Así, estudiará aquellos casos en los que el sentido no es un problema para el traductor, quien se servirá entonces del préstamo (Hyde Park, permanece invariable en francés), la transcripción (Popoff) y la transliteración (Popov), la asimilación fonética y gráfica (Edinburgh, Edimbourg), la traducción literal en sus diferentes grados (The Dead Sea, La Mer Morte) –siendo estos tres últimos, procedimientos de equivalencia que se quedan fuera del campo de acción del traductor–, la désignation distincte o doble denominación – formas distintas de llamar al mismo referente en las dos culturas (The Straits of Dover, le Pas-deCalais)– y la diferencia de concentración (Mike, Michael). Todos estos procedimientos, que corresponden a los diferentes grados de resistencia del término ante la traducción, son tratados desde el punto de vista del antropónimo, del topónimo y de los referentes culturales. Excepto en el caso del préstamo, las demás estrategias llevan al lector a tomar conciencia de la importancia del factor “oralidad” como elemento diferenciador en las transferencias de los nombres propios. La segunda parte está dedicada a la gramática del nombre propio y a su inserción en el texto. Ballard define la categoría de nombre propio para pasar después a estudiar todo el sistema de relaciones gramaticales que conlleva en las dos lenguas, especialmente con los determinantes: ausencia de éstos cuando sea utilizado como designador rígido antroponímico y presencia diversa en lo referente a topónimos y referentes culturales. La modalización origina usos distintos mientras que en otro tipo de casos, como la metonimia o la metáfora, coinciden. Poco a poco llegaremos a un nombre propio lleno de sentido, dejando atrás el mero significante y enlazando así con la última parte del estudio. También trata el autor, en este capítulo, la densidad onomástica en diferentes tipos de textos, relacionándola con dos fenómenos: la discursividad y la sociolingüística de la traducción, - 1 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 y concluye esta parte distinguiendo dos gramáticas del nombre propio: la primera, puramente lingüística, en la que el traductor sigue reglas o usos; la segunda es la gramática del texto, en la que el traductor crea o interviene. En la tercera parte, la más extensa, el autor estudia los problemas relacionados con el sentido del nombre propio tomando como pauta los grandes ejes de la referencia, la etimología, la connotación y la metasemia o cambio de sentido. Cada uno de estos ejes cobrará diversa importancia según se trate de referentes culturales, de topónimos o de designadores de personas. De este modo, el autor muestra cómo debajo de la función de mero designador subyace el sentido del nombre propio. La traducción aparece entonces en sus dos extremos opuestos: adaptar el término a la lengua de llegada o preservarlo en la lengua original, y no hace sino abrir al traductor las puertas a este signo que, por su resistencia al trasvase, ha sido dejado de lado por gran parte de la comunidad traductora –de manera consciente o inconsciente–, encasillándolo en lo que se ha venido llamando “lo intraducible”. Completa el libro una extensa bibliografía que recoge tanto manuales de referencia como aquellas obras y documentación que, además de variadas, han servido de fuente para los numerosísimos ejemplos con los que el autor acompaña su exposición. Asimismo, el campo de investigación no se restringe únicamente a la lengua inglesa, pues tanto los ejemplos como las referencias utilizadas se abren a otras culturas. Nos encontramos ante un estudio muy completo que analiza oportunamente las distintas variantes del nombre propio y su traducción, y que rompe con el convencionalismo de la notraducción del nombre propio, propugnado por autores como Moore, Mounin o Delisle. A la cuidada y sobria presentación le acompaña una redacción en un francés muy accesible al público interesado en el nombre propio, y es muy recomendable tanto para su lectura como para su consulta. En definitiva, un interesante y atractivo estudio para aquellas personas, francófonas o estudiosas del francés, que deseen adentrarse o profundizar en este problema. - 2 -