He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
JUGLARÍA, CLERECÍA Y TRADUCCIÓN
Ca los MORENO HERNÁNDEZ
Uni e sidad de Valladolid
Los p ime os ex os na a i os e si icados en lengua omance ue on p obablemen e
edac ados en la península ibé ica como eje cicios que incluyen di e sas o mas de aducción a
pa i de uen es la inas y ancesas en las zonas más en con ac o con F ancia o habi adas de
ancos, sea el camino de San iago, o camino ancés, o ciudades como Toledo: la in luencia que
llega del no e de la mano de los clé igos cluniacenses se hace gene al a pa i de la conquis a de
es a ciudad en 1085. Esos eje cicios i ían do ando de esc i u a a la lengua ulga median e ensayos
de ansc ipción desde el la ín y el ancés basados en el ap endizaje g ama ical, luego eelabo ados
como eje cicio e ó ico. En es e p oceso de ce ca de un siglo se i ía consolidando, no sin
acilaciones, la no ma esc i a llamada luego cas ellana po Al onso X. Así, median e la
compa ación de ex os o documen os la inos y anceses sob e emas comunes –c ónicas y can a es
de ges a, idas de san os, deba es, u o os– i ían omando cue po en la segunda mi ad del siglo XII
en el ámbi o cle ical y cancille esco una se ie de ex os que se i án de modelo, a comienzos del
siglo XIII, pa a la edacción de o os más elabo ados, con base en la adición o al –mes e de
jugla ía– o como eje cicios e ó icos de escuela –mes e de cle ecía– en el S udium palen ino.
Los nume osos es udios que se han ealizado conje u ando sob e ex os supues amen e
pe didos (Deye mond 1995) apun an a odo ipo de hipó esis, con más o menos acue do, pe o
apenas conside an el papel que pudo juga la aducción como pa e del ap endizaje g ama ical y
e ó ico en el nacimien o de las li e a u as ománicas, algo nada ex año si enemos en cuen a que la
c í ica eu opea desde el oman icismo ha p i ilegiado la o iginalidad de los ex os de cada pa cela
nacional, ese espacio cul u almen e a aigado en la lengua que le se ía p opia, lengua en la que
esidi ía el espí i u del pueblo –Volkgeis – hecho ca ne, o cá cel, o calci icado, en su li e a u a.
Tan o la idea de li e a u a nacional asociada a una lengua como la canonización, o ex ualización, de
las ob as incluidas en ella, se dan hacia inales del siglo XVIII como esul ado del desa ollo de la
imp en a y de o os ac o es que pe mi en el uso y dis u e indi idual de lo esc i o; has a en onces,
en la mayo pa e de los casos, los ex os an ligados a su ejecución o al o a su lec u a en g upo y
son en buena pa e como una pa i u a, o un guión, que es p eciso in e p e a an e un público más o
menos amplio que escucha y e.
Es o conlle a que los ex os hoy llamados li e a ios, an es de su consumo me amen e p i ado
y some ido a los de echos de au o , apenas ue on is os nunca como ‘o iginales’ ijados po alguien
en un momen o de e minado, lo que implica que ampoco su aducción u ie a el sen ido mode no
que se da luego a la palab a, como dependencia es ic a, o secunda ia, espec o a un ‘o iginal’ al que
se ju a idelidad. Siguiendo a Bassne (39), en ez del discu so mo alizan e al ededo de la
idelidad y de la in idelidad al o iginal, al ez con end ía e la aducción –y la li e a u a en
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gene al– no como una ca ego ía en sí misma, sino como un conjun o de p ác icas ex uales con las
que el esc i o y el lec o se en en an, e i ando odas esas oposiciones bina ias que nos han sido
impues as po la eo ía.
En la Edad Media, los p ime os ex os omances su gi ían de la compe encia, po mo i os
polí icos, con un la ín ya sólo comp ensible po los clé igos le ados; y las llamadas lenguas
omances se ealiza ían p opiamen e en el p oceso que lle a a su ijación po esc i o, p oceso
insepa able de un as ase, o aducción, que a euniendo la g an di e sidad dialec al al ededo de
unas cuan as lenguas neola inas que son, a su ez, lenguas de cul u a. En el siglo XVIII, cuando el
la ín deje de se lengua in e nacional, los iejos o nue os es ados impond án con mejo o peo
o una sus iejas o nue as lenguas de cul u a que se án, en onces, lenguas nacionales e
in e nacionales.
En el p incipio, cuando lo esc i o en omance apa ece en España en e los siglos XII y XIII,
odo pa ece indica que es ob a u o icio de clé igos o le ados –cle ici– que u ilizan egis os
di e en es a pa i de ex os an e io es, en la ín o en o o omance de esc i u a más emp ana –
langue d’oc pa a la poesía lí ica, langue d’oïl pa a la épica–, ex os que son eelabo ados ambién
según eje cicios p e is os po la g amá ica y la e ó ica. En ambos casos, la mano del le ado que
esc ibe aslada o aduce, pe o casi nunca en el sen ido mode no de idelidad a un ‘o iginal’, o al o
esc i o. No es casualidad que los ex os denominados de jugla ía y de cle ecía sean más o menos
coe áneos; an es sólo se esc ibía en ‘la ín’, aunque al ez ese la ín, más o menos co ec o, se leye a
desde muy an iguo como ‘ omance’, es o es, según la mane a de habla de cada zona, si acep amos
las eo ías de W igh sob e las elaciones en e la ín y omance: su di e enciación se da ía sólo a
pa i de la e o ma ca olingia del siglo IX, que no llega a España has a inales del XI, y su
desa ollo esc i o a ligado a un e iden e impulso polí ico en di e en es pa es de Eu opa.
Po o a pa e, las eo ías más ecien es sob e la o alidad y su elación con la esc i u a
pe mi en e isa concep os an a aigados y a la ez p oblemá icos como el de ‘li e a u a o al’,
‘ adicional’ o ‘popula ’, con ex os o sin ellos, en oposición a una li e a u a cul a o cle ical.
Siguiendo a Zum ho (20-21) con iene dis ingui es ipos de o alidad, uno p ima io, sin con ac o
alguno con la esc i u a, que hab ía que es ingi al campesinado anal abe o más aislado; o o de
o alidad mix a en el que la in luencia de la esc i u a es me amen e ex e na o pa cial; y una o alidad
‘segunda’, cuando esa in luencia es impo an e y la exp esión o al es á condicionada po lo esc i o.
Si a es o añadimos odas las posibilidades in e medias que sugie e Mile ich (1986-7: 187-88) en e
olk adi ion –o alidad p ima ia– y lea ned adi ion o li e a u a cul a, la noción de o alidad mix a
co esponde ía a lo que él llama ipo quasi- olk s yle, con el Can a o Poema del Cid como ejemplo:
una ob a ( e)elabo ada en 1207 a pa i de la adición o al. Sin emba go, la p esencia indudable en
ella de elemen os de la épica ancesa pa ece suge i una pa e de aducción e ó ica o de
ec eación a pa i de e siones omances an e io es, al ez agmen a ias; lo mismo cab ía deci
del o o ex o épico conse ado, el agmen o de Ronces alles, echado aho a en e 1285 y 1325.
Tampoco se desca an uen es la inas en ninguno de es os dos ex os.
O as ob as echables en e los dos siglos, como los deba es, –la ‘Dispu a del alma y del
cue po’, o la ‘Razón de amo ’– pod ían clasi ica se como lea ned adi ion, pe o con ing edien es
jugla escos, cla amen e basadas en poemas anceses o la inos; o poemas hagiog á icos como la
Vida de San a Ma ía Egipcíaca, e sión de una Vie de Sain e Ma ie l’Égip ienne a la que sigue de
ce ca. Po úl imo, el mes e de cle ecía pe enece ía ya a la adición cul a, pe o con asgos de
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di usión o al p opios del medie o que la sepa an de la idea ex ualizada de li e a u a –la ob a esc i a
más o menos cul a des inada a un lec o p i ado– que se ab e paso en la Edad Mode na y se impone
en la con empo ánea. También es e úl imo g upo depende cla amen e de uen es la inas y ancesas,
que eelabo a o ec ea median e la ac a io e ó ica y la aemula io.
El nacimien o y desa ollo de las li e a u as omances se ía indisociable de una o alidad mix a
y/o segunda que no debe se con undida con la o alidad p ima ia. En e los siglos VI y XVI, dice
Zum ho (21), p e aleció una si uación de o alidad mix a o de o alidad segunda, según las épocas,
las egiones, las clases sociales o, simplemen e, según los indi iduos; pe o es o quie e deci que
hab ía ambién una o alidad p ima ia omance, sin elación ya con el la ín, al como a es iguan las
ja chas mozá abes; y luego, cuando la esc i u a omance apa ece, la o ma usual y p emedi ada de
di usión de los ex os es o al, median e su pues a en escena po medio de canciones, eci ados,
lec u as o ep esen aciones an e un público más o menos amplio, como espec áculo o di e sión
pública, po un lado; como adoc inamien o, po el o o. Y es o es así necesa iamen e has a la
in ención de la imp en a, pe o después ambién, has a el mismo siglo XIX, con la no ela como
excepción, en pa e. La locu a de don Quijo e iene mucho que e con su lec u a p i ada –
anómala– de los lib os de caballe ías.
En la si uación inicial debe hace se hincapié en que las lenguas ománicas –como sis emas de
comunicación sepa ados o sepa ables del la ín y en e sí– nacen, en sen ido li e a io, cuando nacen
los ex os y luego, p opiamen e, cuando esas lenguas son bau izadas, nomb adas, al hace se
o iciales, po mo i os polí icos. El papel de la aducción al omance en es e p oceso –insepa able
de la enseñanza g ama ical y e ó ica– es lo que a a emos aquí de esal a pa a el caso español
como ac o cla e en la apa ición de los p ime os ex os, pues luego, a mediados del siglo XIII, se
hace e iden e po el con ol ins i ucional que Al onso X eje ce sob e su p ác ica, unido a la
c ecien e bu oc a ización (Pym, 85) y al hecho de que es en onces cuando la lengua se nomb a, es o
es, queda iden i icada como no ma cul a o esc i a a la que se aduce. En España, has a inales del
siglo XII, no hay o a lengua que la e e ida a un con ex o común ománico de esc i u a en la ín y
a iedades dialec ales, o hablas, sin que a ninguna de esas a iedades, en ningún es adio e olu i o,
quepa a ibui de mane a anac ónica el nomb e que a la lengua se da á después de un p oceso en el
que in e ienen muchos ac o es, no sólo los p opiamen e lingüís icos. No hab ía, pues, lenguas
omances sepa adas has a que el la ín medie al se impone como nue a lengua cul a o e o mada,
as al e o ma ca olingia, y c ea una si uación diglósica, un p oceso que aba ca desde el siglo IX al
XIII, según las zonas.
Vá a o (103-4) había hecho no a que la di e enciación en e dialec os ománicos en gene al
y peninsula es en pa icula no e a en onces an e iden e como puede pa ece nos aho a. De hecho,
las pau as seguidas po Menéndez Pidal y su escuela pa a la edición de ex os an iguos han
exage ado las di e encias que pudo habe an es de mediados del siglo XIII en e las a iedades
omances desde León has a A agón, y el obsesi o empeño po iden i ica en los ex os un omance
cas ellano que se a imponiendo a odos los demás ha lle ado a odos los edi o es a in en a una
es au ación de los e o es o de u paciones de los copis as en los ex os conse ados en el sen ido de
ecupe a un supues o ‘o iginal cas ellano’ o un p oblemá ico es ado de lengua en al o al echa. En
España, desde los in en os más emp anos –las Glosas, siglo XI?– has a Al onso X, se esc ibe –o
mejo : se ensaya a esc ibi – en omance, con las a iedades que sean, no en ‘cas ellano’; luego, los
ex os más descuidados, o con dialec alismos, se ían los que se alejan de la no ma cul a –el
‘cas ellano d echo’– o los que se ace can a las a iedades de cada zona. Si, de acue do con
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Emiliano (244-246), la conciencia del ulga no su ge has a que se cumple un p oceso la go de
ees uc u ación y expe imen ación o og á ica que acaba dándole una apa iencia esc i a di e en e al
la ín, luego, la sepa ación en e omances es o o p oceso que, po causas polí icas, c ea un sis ema
de esc i u a di e en e a pa i del cual se nomb a la lengua, es deci , se la dis ingue, no al e és.
A una conclusión pa ecida llega W igh (2000: 96 ss.) as es udia en de alle el T a ado de
Cab e os (1206) i mado po Al onso VIII de Cas illa y Al onso IX de León y conse ado en dos
manusc i os con di e en e o og a ía, pe o sin que e lejen, al pa ece , di e encias oné icas en e un
omance ‘cas ellano’ y o o ‘leonés’ de en onces. Tampoco esa doble o og a ía se co esponde con
la de los ex os del Poema del Cid o de las co es de Toledo, edac ados ambos en 1207. Las
dis in as g a ías no se co esponden con los einos y sus supues as a iedades dialec ales
dominan es, sino con mane as de esc ibi locales oda ía no egula izadas; las e ique as de o igen
geog á ico que es ablecie on la idea de que había di e sas lenguas omances en onces son de la
segunda mi ad del siglo XIII.
Po las mismas azones se ía un anac onismo llama ‘le as cas ellanas’ (Rico 1985: 4) a lo
que esc ibe Be ceo, o la obsesión po iden i ica un omance o al cas ellano, como en la
in e p e ación que se hacía has a hace poco de la Ch onica Ade onsi Impe a o is en su pa e inal, el
Poema del Alme ía, –esc i a en la ín (1158?) pa a conmemo a la expedición mili a a Alme ía en
1147 po Al onso VII– según la cual es e poema incluye ya una di e enciación de la lengua hablada
po los cas ellanos de la expedición, la misma lengua a la que se alude como ‘nos a’ en o os
pasajes, algo insos enible, al como a gumen a W igh (1994: 282 ss.): la exp esión nos a lingua se
e e i ía al la ino- omance en gene al, y la e e encia al habla de los cas ellanos end ía más que e
con el ono de la oz que con di e encias lingüís icas sus anciales.
Uno de los a gumen os que u iliza U ía (2000) pa a in en a p oba que el mes e de cle ecía
p ocede de Palencia –con Es udio Gene al desde 1208– es el de que se esc ibió en el ‘cas ellano
iejo’ o del ‘no e’, a gumen o basado, en pa e, en Al a , pa a quien los iojanismos de los
manusc i os de Be ceo o bien son o mas a caizan es, o la inizan es, o no se ían del au o sino de
los copis as; en pa e, ambién, en Ala cos, con la idea de que los manusc i os conse ados más
an iguos con dialec alismos (siglo XIII) son ob a de copis as que al e an los ‘o iginales’. Palencia
se ía el oco de la nue a esc i u a e nácula, po necesidades eligiosas y polí icas, y en los poemas,
en conc e o, se u iliza un nue o sis ema o og á ico que pe mi i ía p onuncia las palab as según los
p incipios p osódicos del nue o sis ema de e si icación, con el i mo pausado impues o po la
diale a, que segmen a la lengua en unidades sin ác icas y, a la ez, í mico-melódicas.
Sin emba go, ya an es, desde mediados del siglo XII, a lo la go del camino de San iago o
camino ‘ ancés’, o al ez en o os luga es con a luencia de ancos, se ensaya ían dis in os ipos de
esc i u a omance a pa i de ex os en la ín y de ex os anceses, bien en o ma de ela os épicos,
bien en piezas co as como los deba es o idas de san os, odos ellos aducciones e ó icas.
Menéndez Pidal (1932/1941) llegó a supone que el poema ancés Maine , nomb e que adop a en
las leyendas épicas el jo en Ca lomagno e ugiado en Toledo, ue ob a de un poe a anco que i ía
en esa ciudad; luego, que los cua o omances iejos conse ados sob e Baldo inos,
complemen a ios en e sí, p ocede ían de la aducción de una ges a de Jean Bodel esc i a en el
úl imo cua o del siglo XII, la Chanson de Saisnes, a ibuyendo la ob a a un ‘jugla de ges a’
aduc o o adap ado que hab ía seguido con bas an e idelidad el ex o ancés en algunos pasajes,
según se deduce de la compa ación de algunos e sos de los omances y del o iginal; en o os en
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cambio se apa a ía bas an e y adap a ía (1951/1969: 200 ss.). O os es udiosos han suge ido
ambién la exis encia de e siones españolas de ges as ancesas (Deye mond, 107 ss.), lo cual no
se ía a o eniendo en cuen a la a luencia de jugla es, o ado es y clé igos a lo la go del camino de
San iago. Lo que no es á cla o es si esas e siones se ían comple as – al como supone Menéndez
Pidal– o me amen e agmen a ias, en o ma de ‘ omance’, con eelabo aciones pos e io es más
ex ensas.
La llamada ‘Dispu a del alma y el cue po’ es quizás, el ex o más emp ano que puede
echa se an es de que acabe el siglo XII, po la e e encia a unas monedas á abes en uso en e 1145
y 1172 (Mayol, 260). La uen e de las 37 líneas, copiadas en el monas e io de Oña al do so de un
ac a de donación de 1201, es un poema ancés i ulado Un samedi pa nui , basado en la Visio
Philibe i, en hep asílabos pa eados. De la compa ación que se ha hecho con la uen e ancesa se
deduce que aducción y eje cicio e ó ico son aquí insepa ables, aunque los p ime os e sos, que
al an en el o iginal, supongan una in omisión jugla esca pos e io pa a su ejecución pública. Igual
que pa a el caso de la épica, no es á cla o si hubo desde el p incipio una aducción comple a o se
a a de una e sión agmen a ia p oceden e de eje cicios escola es.
El Lib o de Alexand e, al ez el p ime ex o del mes e de cle ecía y del Es udio Gene al de
Palencia en una de sus dos e apas, es una eelabo ación de di e sas uen es, sob e odo de una ob a
la ina, el Alexand eis de Gau ie de Châ illon, y o a ancesa, el Roman d’Alexand e, sin desca a
adiciones o ales, según se desp ende de la es o a 265 de uno de los manusc i os: ‘la uno que
leyemos el o o que oyemos / de las mayo es cosas ecabdo os da emos’. Nunca hubo acue do
ace ca de su lengua o dialec o ‘o iginal’ –leonés, ‘cas ellano’ o a agonés–, eniendo en cuen a que
ninguna de las copias conse adas es á en la a iedad ‘cas ellana’ en la que se supone enía que
es a . Pa a Nelson, en su edición de 1979, es ‘ iojano’, pues a ibuía la ob a a Be ceo, aunque an es,
en 1972, opinaba que e a ‘a agonés’. Recien emen e decla a que su empeño ue p ime o elimina
los leonesismos de un manusc i o y luego los a agonesismos del o o. Todo ello, jun o con las
enmiendas que p opone a supues os e o es en la ansmisión, pa a es au a el ‘p ís ino esplendo
del poema’ (2001: 324; 377).
Si de la na a i a en e so nos asladamos a la p osa esul a que los p ime os ex os
c onís icos en omance p oceden de la zona na a oa agonesa, y el p ime ejemplo de na a i a
omance, la Fazienda de Ul ama (c. 1220-30), ob a en la que se mezclan di e sos ni eles
lingüís icos y esc i u a ios, es una aducción del la ín de una e sión sob e la Biblia heb ea de
mediados del siglo XII, una mezcla de lib o de iaje a Tie a San a y an ología bíblica, con una
inalidad cla amen e p opagandís ica en elación con p edicación de las c uzadas. Al comienzo, el
a zobispo de Toledo Raimundo, de o igen anco, mue o en 1151, enca ga su edacción al
p o enzal Alme ich, a cediano de An ioquia, lo que no impidió c ee has a hace poco que su au o
la había esc i o en cas ellano; sin emba go, la e sión la ina de la que p ocede sí que pudo se
edac ada, en lo que p ocede de la Biblia heb ea, po in e medio del omance, como o as e siones
desde el á abe en esa misma época.
El Lib o de Apolonio, quizás ambién de Palencia y esc i o en e 1230 y 1250, es cla amen e
o a aducción de un ex o la ino, la His o ia Apollonii Regis Ty i. Al a , en su edición, señala que
la única copia conse ada, de inales del siglo XIV, con iene mode nizaciones, e o es y asgos de la
lengua que al e an el me o y la ima del supues o o iginal ‘cas ellano’, hechas po un copis a
ca alano-a agonés; pa a o os, hab ía dos copias, una pe dida, esc i a po un a agonés, sob e la cual
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esc ibió un ca alán el manusc i o conse ado, que con iene ambién asgos occi anos que habían
pasado al a agonés y ambién al cas ellano (Monede o, 35-36). También aquí se a a de es au a un
ex o co up o o es opeado po el copis a, a endiendo a la egula idad mé ica supues amen e
pe dida y al es ado de la lengua de la época de su composición. El p oblema es, po un lado, que no
hay acue do ace ca de las i egula idades mé icas del mes e de cle ecía y de si hay que
a ibuí selas a un ‘o iginal’ nunca conse ado o al copis a, ‘o iginal’ cuya lengua se supone ya
‘cas ellano’ del siglo XIII; po o o, que ese es ado de lengua al ez no se ía o a cosa, en pa alelo
con lo dicho sob e el a ado de Cab e os, que un ensayo más de esc i u a en omance lle ada a
cabo po los schola es de Palencia, un eje cicio e ó ico, o p aexe ci amen, sob e un modelo, con
una ase de aducción li e al o in e p e a io y o a de pa á asis o ac a io.
Scola es quidem sun cle ici, es como de ine el Plane a (1218) de Diego Ga cía de Campos,
cancille de Al onso VIII, a los le ados de o mación o ocación uni e si a ia –no po ue za
o denados de mayo es– que ‘andan a uel as con los lib os, los aducen, comen an, exponen, i en
pa a ellos y mue en con ellos en las manos’ (Rico 1985: 6-7); pe o la sus i ución del la ín po el
omance supone sob e odo un cambio en la mane a de esc ibi , lo cual lle a a la di e enciación a
a és de un p oceso en el que ansc ipción y aducción son ac i idades insepa ables que
con ibuyen a la di e enciación pos e io de la lengua como no ma esc i a (Janson, 28; W igh 1994:
42 y 279). Así pues, los escola es de Palencia inaugu a ían con el Alexand e su p opia mane a de
esc ibi omance, en su a iedad local de esc i u a, a pa i del aslado de o o u o os ex os, en
la ín o en o o omance. Además, lo que ap endían esos schola es con el Ve biginale y o os a ados
de g amá ica –sob e odo la p osodia– y e ó ica –los menos– (Rico 1985: 17) ¿e a el nue o la ín
ca olingio, según W igh ? Así lo pa ece, si hacemos caso del uso igu oso de la p osodia la ina
aplicada a la p ohibición de la sinale a, uno de los asgos ca ac e ís icos del mes e de cle ecía
(Rico 1985: 20-23). Nue a maes ía, si aunamos Rico y W igh , se ía esc ibi el e so na a i o
omance aduciendo –imi ando o asladando, adap ando– del la ín, es deci , del nue o la ín que
enía de ue a, el la ín ca olingio medie al que enlaza con la cul u a clásica y con los pad es de la
iglesia, sin desca a o os ex os omances que si en de pun o de compa ación. W igh (2000: 105-
106) sospecha que ue Diego Ga cía, no a io eal desde 1208, quien se opuso a la nue a esc i u a
omance, en a o del la ín, pues después de 1208 no se encuen an ex os has a la e ce a década
del siglo y cuando es sus i uido po Juan Díaz en 1217, con Fe nando III, la si uación cambia y el
uso de la esc i u a omance se gene aliza desde 1240.
Además, la aducción del la ín al omance, inexis en e has a el siglo XII, pa ece habe se
o iginado ya desde el siglo X en el no e eu opeo en zonas bilingües del omance y o a lengua –
an iguo inglés o alemán– pues ya no se en endía lo que se leía en el nue o la ín y se aplica pa a el
omance la nue a o ma de p onuncia el la ín, le a a le a, impues a po los la inizados. En la
llamada escuela de aduc o es de Toledo del siglo XII es o no e a aún necesa io, pues según W igh
(1997: 14; 24 ss.) sólo había p opiamen e aducción –más bien in e p e ación– en e el á abe y el
omance; después se a a ía me amen e de a egla o pasa ese omance a la o ma esc i a
o malizada, la ina; sin emba go, ampoco se ía ex año que los p ime os pasos en la esc i u a
omance –en la aducción al omance, po an o– ue an dados allí a lo la go del siglo, po la
p esencia de bilingües de omance y o a lengua, ue an alemanes, heb eos o á abes jun o a los
nume osos ancos que poblaban la ciudad, con su p opio ba io en ella (Menéndez Pidal,
1932/1941: 103). El caso ci ado de la Fazienda de Ul ama pod ía se una mues a, y quizás el
p ólogo que esc ibió Juan de Se illa a la aducción de A icena –De anima– en 1140 pod ía se
explicado a a és de o o mucho más a dío, el de En ique de Villena a la de la Eneida (1428). Dice
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Villena que abaja p ime o sob e una ceda o ejempla de le a cu sada, sob e la que co ige; luego,
de es e bo ado o minu a glosa o ampli ica; en el o o caso el p ologuis a de alla que ha aducido
o almen e cada palab a desde el á abe al omance, –me singula e ba ulga i e p o e en e– y luego
Domingo Gudisal o ha pasado cada palab a al la ín –singula in la ino con e en e–. El hecho de
que en el í ulo de la ob a sólo igu e Domingo como aduc o puede debe se a que, como dice Foz
(89-90) selle con su i ma de miemb o de la Iglesia –el o o es un con e so– el abajo inal, pe o
ese abajo inal no se ía sólo la con e sión del omance al la ín, sino una cie a eelabo ación
e ó ica desde algún bo ado de la con e sión al la ín, en el que no cabe desca a la exis encia de
é minos omances copiados al dic ado cuando hubie a dudas sob e los la inos. El Poema de
Alme ía, po ejemplo, incluye nume osas acla aciones en omance (p. ej.: “ u es, quae lingua
nos a dicun ‘alcaza es’”, Rico 1969, 74). Hab ía, además, un pa alelismo e iden e en e es a o ma
de aduci y el comen a io o exégesis que se ha ía en la enseñanza a a és de la lengua e nácula,
con la pecia o cuade no del alumno como bo ado sob e la lec io del maes o, en la ín y omance, y
a iaciones pa ecidas en cuan o a la le a, al sen ido gene al –sensus– o al sen ido p o undo –
sen en ia–.
Luego, ya ce ca el siglo XIII, como ya an es en F ancia, encon amos a la ez a los nue os
le ados en el nue o la ín, y los p ime os ejemplos conse ados de esc i u a omance. En es e
con ex o, el mes e de cle ecía es, an es de Al onso X, la p ime a escuela de aduc o es en el
sen ido es ic o cice oniano – aducción e ó ica–, es ingida a un público, más o menos cul i ado,
que no sabe la ín. Po ello, las ob as de Be ceo, aunque no sean p opiamen e aducciones, no
pueden se juzgadas, como hace W igh (1997: 31-32), ‘composiciones independien es’, como si el
p oceso que lle a a ellas no dependie a de un ex o la ino di e enciado p ecisamen e al edac a las o
omancea las. Tal ez Be ceo con ibuyó a esc ibi el Lib o de Alexand e como eje cicio e ó ico en
el es udio palen ino, p oceso al que pudo llega se desde el ap endizaje g ama ical del la ín con el
Ve biginale de Alejand o de Villedieu al como sugie e U ía (70 ss.). Es a ob a del siglo XII,
di undida po odas pa es, mues a la diglosia que se había p oducido en e la ín y omance, pues
aconseja explica en lengua e nácula lo que el alumno no en ienda.
De es o cab ía deduci que el su gimien o de los p ime os ex os en omance end ía luga a
a és de la ena a io poe a um, o explicación de ex os, del g amá ico, que inclui ía la glosa li e al
en omance, pa a la cual cabe supone que se suge i ían di e sas mane as de ano a la en la pecia –el
cuade no del alumno copiado del ejempla del maes o– jun o a comen a ios in e linea es. El uso
gene alizado de la pecia desde las p ime as uni e sidades choca con la al a de es imonios
an e io es sob e ella, lo que sugie e que la p oli e ación de peciae, o copias agmen a ias de ex os,
pa a su uso en la enseñanza se desa olla ía du an e el siglo XII asociada a la diglosia en e la ín y
omance y a la necesidad, po an o, de glosas o ano aciones en lengua e nácula que es a ían en el
o igen de e siones omances, quizás ambién agmen a ias.
Además, la aducción como una o ma de exégesis que no se subo dina al o iginal, sino que
lo desplaza, se man iene a lo la go de la Edad Media desde sus o ígenes en la Roma clásica a pa i
de los ex os g iegos y es, po ello, como en Cice ón, deudo a de la e ó ica. Así,
Ve nacula ansla ion allies i sel wi h ancien he o ical models o ansla ion h ough i s
eco e y and ehabili a ion o exe ci a io, using ansla ion o de elop and pe ec li e a y
skills in he na i e language. (...) In e nacula ansla ion, exe ci a io is cons i u ed, no
as an explici heo e ical p inciple, bu as a p ac ice: we see i in he con inuing e o s o
ansla o s o de ine he ange o e nacula li e a y languages and o gene a e a
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e nacula canon which will subs i u e i sel o La in models in he e y p ocess o
eplica ing hem.
(Copeland, 92-93).
Los p ime os ex os o agmen os omances se da ían en el ámbi o escola y su dependencia
de los o iginales, an o en lo e e ido a la aducción p opiamen e dicha como a la eelabo ación,
se ía g ande. Se ía la o ma de aducción que Copeland (93-94) llama ‘p ima ia’ o emp ana, en el
sen ido de que el o iginal es aquí uen e de eje cicio, o exe ci a io, an o en el sen ido p opiamen e
g ama ical o léxico como en el e ó ico; más a de, cuando las écnicas se ue an pe eccionando –
en el S udium de Palencia, po ejemplo– como esul ado de es e eje cicio, se llega ía a un ipo de
aducción ‘secunda ia’ o más p opiamen e e ó ica (Copeland, 94-95), la que se da ía du an e la
p ime a mi ad del siglo XIII con la cle ecía del mes e , pa a desemboca en iempos de Al onso X
en la compilación de ob as como la Gene al Es o ia, basadas ambién en el comen a io o glosa de
di e sos o iginales y de una exe ci a io e ó ica muy igu osa (Rico 1984: 167 ss.).
En la p ime a ase del siglo XII se ían de g an u ilidad aquellos ex os la inos que u ie an
alguna e sión omance an e io , cuya p ocedencia no podía se sino ancesa. Al mismo iempo, el
llamado mes e de jugla ía hab ía que inclui lo en una adición lí ica o na a i a omance a la que
no cabe e e i se como ‘li e a u a o al’ o ‘poema o al’, pues no sólo depende ía de una o alidad
p ima ia, sino de o os ex os de la épica ancesa, quizás ex os pe didos con e siones españolas
de los emas ca olingios. A la p egun a, ya ópica, de la c í ica (Deye mond 1991: 54) de si los
ex os épicos son e siones pues as po esc i o de ‘poemas o ales’ o hay que a ibui los a poe as
cul os que echa on mano de la adición o al, una espues a se ía que no puede habe una me a
ansc ipción de lo o al a lo esc i o en una época en que se es á ap endiendo a esc ibi en omance,
cuando el omance, como lengua, se es á cons i uyendo: es necesa io un es udio y una escuela que
equie e el dominio de la g amá ica a a és del la ín y el manejo de o os ex os omances que
puedan se i de modelo o compa ación. Sólo los clé igos pod ían esc ibi , aunque haya jugla es
cul os, lec o es; con es o se quie e deci que ellos son los que es a ían capaci ados p o esionalmen e
pa a esc ibi y no me amen e pa a ansc ibi ‘poemas o ales’ al dic ado de jugla es (G ande
Quejigo 1998: 134 ss.; U ía 2000: 162 ss.).
Gómez Mo eno, basándose en las uen es ancesas, es ablece con cla idad la dis inción en e
la iabilidad de la uen e esc i a, que ansmi e e dad (‘mes e es sen pecado’), y la no iabilidad de
los jugla es, que al e an o modi ican a su an ojo. Po eso, la cle ecía se iden i ica con el sabe la ín,
lo que pe mi e la aducción de lo esc i o, es deci , la ansmisión de la e dad, inal e ada, jun o con
la ima y el i mo, el a e mé ica, que dis inguen al clé igo y al buen jugla del malo, o no el. La
di icul ad del mes e de cle ecía es a ía en sabe conjuga esa ansmisión de la e dad po medio de
la aducción con el a e mé ica, es o es, esc ibi sin des ia se o al e a sus ancialmen e la uen e.
Pe o el mes e de cle ecía no es sólo sabe la ín y mé ica, implica algo más, unos conocimien os de
las a es libe ales y de la e ó ica en pa icula , al como se desp ende de los conocimien os de
Alejand o (es o as 17-18 y 40-42). Y esos conocimien os se ponen al se icio de la aemula io o
supe ación del o iginal, un ipo de aducción ‘secunda ia’ (Copeland, 95) que desplaza a la uen e y
pe mi e conside a es as ob as como p oduc os independien es, emancipados del la ín y adap ados a
las nue as ci cuns ancias, a los p oblemas del eino de Cas illa en el siglo XIII.
En el Lib o de Alexand e, lo que dice Alejand o en elación con su a án conquis ado en la
es o a 2291 (pasaje que ci a Rico 1985: 13, compa ándolo con el Ve biginale y su elogio de la
cle ecía y su abajo: ‘plu ima noscen u quae nunc occul a enen u ’) puede se aplicado a la labo
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del aduc o , del clé igo escola : ‘en iónos Dios po es o en aques as pa idas / po descob i las
cosas que yacen so ondidas / cosas sab án po nos que non se ién sabidas’. Pe o si le añadimos el
úl imo e so, el enlace con la jugla ía como di uso a de hazañas queda pa en e: ‘se án las nues as
nue as en [co onicas] me idas’. Nelson, en su edición, enmienda el e so y el anac onismo
sus i uyendo co onicas po cán ico, basándose en la lec u a an igo del o o manusc i o. Y al inal
del poema, es o a 2668 se lee: ‘qui mue e en buen p ecio es de buena en u a / que lo me en los
sabios luego en esc ip u a’. Es deci : la hazaña del hé oe que co e de boca en boca y que algún
clé igo le ado pone po esc i o –mes e de jugla ía– es equipa ada a la hazaña del clé igo escola ,
que sabe la ín y aduce, glosa o in e p e a, o eelabo a, lo que yace escondido en o a esc i u a
–mes e de cle ecía–. De la ama de las a mas a la de las le as, en el mismo espacio de iempo en el
que nace la nue a esc i u a.
En el nue o con ex o de a ance hacia el su y dominio casi de ini i o sob e los mulsulmanes
a pa i de Fe nando III, el la ín e o mado en a en compe ición con el omance, que aspi a aho a a
se ambién lengua de cul u a sin sali de la cul u a mad e, la g ecola ina, y sin deja ampoco po
ello de se lengua de in e cambio y de comunicación a ni el peninsula , en e los di e sos omances
y las o as cul u as, judía y musulmana. El epi a io en la umba de Fe nando III en la ca ed al de
Se illa es bien exp esi o, edac ado en cua o lenguas: el omance que aduce con idelidad los
ex os en heb eo y á abe, y el la ino que ampli ica en sen ido ideológico, como lengua sag ada que
es de los encedo es. El uso del cas ellano d echo, la lengua cul a o esc i a, supone una decisión
po pa e del pode eal pa a con apesa el pode cle ical y ma ca así con cla idad los dominios
espec i os, el empo al y el espi i ual. Y el nomb e que se da a la lengua en iempos de Al onso X
iene que e menos con un p oblemá ico o igen geog á ico que con el nomb e del eino que a en
p ime luga en los í ulos eales desde Fe nando III.
El Lib o de Alexand e, además, puede se i de mues a de algunos pa alelismos en e la
cul u a medie al y la g iega en lo que a añe a las elaciones en e o alidad y esc i u a: po una pa e,
a ios ipos de lec u a apa ecen (G ande Quejigo 1998: 124) y sólo A is ó eles, el maes o, lee pa a
sí. Alejand o es p esen ado como un pe sonaje cul o, de cle ecía, en el con ex o de Fe nando III, en
pa alelo con el Cid como modelo ‘popula ’ o cas ellano, en e a León, en el con ex o de Al onso
VIII. Los dos modelos son uni icados en el Poema de Fe nán González, ya con Al onso X, en
cuan o ansmisión o aslado – ansla io s udii: aducción e ó ica, a la ez adap ado a y
supe ado a– de la cul u a an igua.
Po o a pa e, el pa alelo en e lo ocu ido en G ecia con la gene alización de la esc i u a
al abé ica y lo que pasa en la Edad Media con la dis inción en e la ín y omance puede e se en el
análisis compa a i o que hace Gaga in de ex os g iegos del siglo V a. C., a los que aplica la
dis inción de la Re ó ica de A is ó eles (3, 12) en e el es ilo de un discu so des inado a la ejecución
o al y o o des inado a la lec u a, pública o p i ada, desa ollando luego sus di e encias. La misma
dis inción se ía aplicable, g osso modo, al can a de ges a, po un lado, y al mes e de cle ecía, po
o o, sin que es o quie a deci que no puedan da se mezclados, como es el caso del Poema o Can a
de Mio Cid y el Poema de Fe nán González. El ‘es ilo jugla esco’ man end ía odos aquellos
elemen os de la o alidad que son más ap opiados pa a su ejecución o d ama ización en la plaza
pública, mien as que la me a lec u a en ámbi os más educidos o a un público más es ingido,
como en el caso del mes e de cle ecía (U ía 1990) lle a ía consigo una composición más compleja
desde el pun o de is a g ama ical y e ó ico, con mayo es inno aciones en odos los aspec os.
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