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Juglaría, Clerecía y traducción

Abstract

Los primeros textos narrativos versificados en lengua romance fueron probablemente redactados en la península ibérica como ejercicios que incluyen diversas formas de traducción a partir de fuentes latinas y francesas en las zonas más en contacto con Francia o habitadas por francos, sea el camino de Santiago, o camino francés, o ciudades como Toledo: la influencia que llega del norte de la mano de clérigos cluniacenses se hace general a partir de la conquista de esta ciudad en 1085. Estos ejercicios irían dotando de escritura a la lengua vulgar mediante ensayos de transcripción desde el latín y el francés basados en el aprendizaje gramatical, luego reelaborados como ejercicio retórico. En este proceso de cerca de un siglo se iría consolidando, no sin vacilaciones, la norma escrita llamada luego castellana por Alfonso X.Serían los clérigos, letrados o escolares, en las cortes de Alfonso VIII y Fernando III, los que inauguran esa literatura en romance a finales del XII y principios del XIII llamada luego castellana. Ellos serían, también -las dos cosas son inseparables- los que crean propiamente la lengua y legitiman con ella el reino desde entonces dominante, al dotarlo de un conjunto de textos que fundamentan ideológicamente sus orígenes.

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Juglaría, Clerecía y traducción

Author: Moreno Hernández, Carlos
Publisher: Universidad de Valladolid
Year: 2003
Source: https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/9409/1/Hermeneus-2003-5-JuglariaClereciaTraduccion.pdf
He mēneus. Re is a de T aducción e In e p e ación Núm. 5 - Año 2003
JUGLARÍA, CLERECÍA Y TRADUCCIÓN
Ca los MORENO HERNÁNDEZ
Uni e sidad de Valladolid
Los p ime os ex os na a i os e si icados en lengua omance ue on p obablemen e
edac ados en la península ibé ica como eje cicios que incluyen di e sas o mas de aducción a
pa i de uen es la inas y ancesas en las zonas más en con ac o con F ancia o habi adas de
ancos, sea el camino de San iago, o camino ancés, o ciudades como Toledo: la in luencia que
llega del no e de la mano de los clé igos cluniacenses se hace gene al a pa i de la conquis a de
es a ciudad en 1085. Esos eje cicios i ían do ando de esc i u a a la lengua ulga median e ensayos
de ansc ipción desde el la ín y el ancés basados en el ap endizaje g ama ical, luego eelabo ados
como eje cicio e ó ico. En es e p oceso de ce ca de un siglo se i ía consolidando, no sin
acilaciones, la no ma esc i a llamada luego cas ellana po Al onso X. Así, median e la
compa ación de ex os o documen os la inos y anceses sob e emas comunes –c ónicas y can a es
de ges a, idas de san os, deba es, u o os– i ían omando cue po en la segunda mi ad del siglo XII
en el ámbi o cle ical y cancille esco una se ie de ex os que se i án de modelo, a comienzos del
siglo XIII, pa a la edacción de o os más elabo ados, con base en la adición o al –mes e de
jugla ía– o como eje cicios e ó icos de escuela –mes e de cle ecía– en el S udium palen ino.
Los nume osos es udios que se han ealizado conje u ando sob e ex os supues amen e
pe didos (Deye mond 1995) apun an a odo ipo de hipó esis, con más o menos acue do, pe o
apenas conside an el papel que pudo juga la aducción como pa e del ap endizaje g ama ical y
e ó ico en el nacimien o de las li e a u as ománicas, algo nada ex año si enemos en cuen a que la
c í ica eu opea desde el oman icismo ha p i ilegiado la o iginalidad de los ex os de cada pa cela
nacional, ese espacio cul u almen e a aigado en la lengua que le se ía p opia, lengua en la que
esidi ía el espí i u del pueblo –Volkgeis – hecho ca ne, o cá cel, o calci icado, en su li e a u a.
Tan o la idea de li e a u a nacional asociada a una lengua como la canonización, o ex ualización, de
las ob as incluidas en ella, se dan hacia inales del siglo XVIII como esul ado del desa ollo de la
imp en a y de o os ac o es que pe mi en el uso y dis u e indi idual de lo esc i o; has a en onces,
en la mayo pa e de los casos, los ex os an ligados a su ejecución o al o a su lec u a en g upo y
son en buena pa e como una pa i u a, o un guión, que es p eciso in e p e a an e un público más o
menos amplio que escucha y e.
Es o conlle a que los ex os hoy llamados li e a ios, an es de su consumo me amen e p i ado
y some ido a los de echos de au o , apenas ue on is os nunca como ‘o iginales’ ijados po alguien
en un momen o de e minado, lo que implica que ampoco su aducción u ie a el sen ido mode no
que se da luego a la palab a, como dependencia es ic a, o secunda ia, espec o a un ‘o iginal’ al que
se ju a idelidad. Siguiendo a Bassne (39), en ez del discu so mo alizan e al ededo de la
idelidad y de la in idelidad al o iginal, al ez con end ía e la aducción –y la li e a u a en
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gene al– no como una ca ego ía en sí misma, sino como un conjun o de p ác icas ex uales con las
que el esc i o y el lec o se en en an, e i ando odas esas oposiciones bina ias que nos han sido
impues as po la eo ía.
En la Edad Media, los p ime os ex os omances su gi ían de la compe encia, po mo i os
polí icos, con un la ín ya sólo comp ensible po los clé igos le ados; y las llamadas lenguas
omances se ealiza ían p opiamen e en el p oceso que lle a a su ijación po esc i o, p oceso
insepa able de un as ase, o aducción, que a euniendo la g an di e sidad dialec al al ededo de
unas cuan as lenguas neola inas que son, a su ez, lenguas de cul u a. En el siglo XVIII, cuando el
la ín deje de se lengua in e nacional, los iejos o nue os es ados impond án con mejo o peo
o una sus iejas o nue as lenguas de cul u a que se án, en onces, lenguas nacionales e
in e nacionales.
En el p incipio, cuando lo esc i o en omance apa ece en España en e los siglos XII y XIII,
odo pa ece indica que es ob a u o icio de clé igos o le ados –cle ici– que u ilizan egis os
di e en es a pa i de ex os an e io es, en la ín o en o o omance de esc i u a más emp ana –
langue d’oc pa a la poesía lí ica, langue d’oïl pa a la épica–, ex os que son eelabo ados ambién
según eje cicios p e is os po la g amá ica y la e ó ica. En ambos casos, la mano del le ado que
esc ibe aslada o aduce, pe o casi nunca en el sen ido mode no de idelidad a un ‘o iginal’, o al o
esc i o. No es casualidad que los ex os denominados de jugla ía y de cle ecía sean más o menos
coe áneos; an es sólo se esc ibía en ‘la ín’, aunque al ez ese la ín, más o menos co ec o, se leye a
desde muy an iguo como ‘ omance’, es o es, según la mane a de habla de cada zona, si acep amos
las eo ías de W igh sob e las elaciones en e la ín y omance: su di e enciación se da ía sólo a
pa i de la e o ma ca olingia del siglo IX, que no llega a España has a inales del XI, y su
desa ollo esc i o a ligado a un e iden e impulso polí ico en di e en es pa es de Eu opa.
Po o a pa e, las eo ías más ecien es sob e la o alidad y su elación con la esc i u a
pe mi en e isa concep os an a aigados y a la ez p oblemá icos como el de ‘li e a u a o al’,
‘ adicional’ o ‘popula ’, con ex os o sin ellos, en oposición a una li e a u a cul a o cle ical.
Siguiendo a Zum ho (20-21) con iene dis ingui es ipos de o alidad, uno p ima io, sin con ac o
alguno con la esc i u a, que hab ía que es ingi al campesinado anal abe o más aislado; o o de
o alidad mix a en el que la in luencia de la esc i u a es me amen e ex e na o pa cial; y una o alidad
‘segunda’, cuando esa in luencia es impo an e y la exp esión o al es á condicionada po lo esc i o.
Si a es o añadimos odas las posibilidades in e medias que sugie e Mile ich (1986-7: 187-88) en e
olk adi ion –o alidad p ima ia– y lea ned adi ion o li e a u a cul a, la noción de o alidad mix a
co esponde ía a lo que él llama ipo quasi- olk s yle, con el Can a o Poema del Cid como ejemplo:
una ob a ( e)elabo ada en 1207 a pa i de la adición o al. Sin emba go, la p esencia indudable en
ella de elemen os de la épica ancesa pa ece suge i una pa e de aducción e ó ica o de
ec eación a pa i de e siones omances an e io es, al ez agmen a ias; lo mismo cab ía deci
del o o ex o épico conse ado, el agmen o de Ronces alles, echado aho a en e 1285 y 1325.
Tampoco se desca an uen es la inas en ninguno de es os dos ex os.
O as ob as echables en e los dos siglos, como los deba es, –la ‘Dispu a del alma y del
cue po’, o la ‘Razón de amo ’– pod ían clasi ica se como lea ned adi ion, pe o con ing edien es
jugla escos, cla amen e basadas en poemas anceses o la inos; o poemas hagiog á icos como la
Vida de San a Ma ía Egipcíaca, e sión de una Vie de Sain e Ma ie l’Égip ienne a la que sigue de
ce ca. Po úl imo, el mes e de cle ecía pe enece ía ya a la adición cul a, pe o con asgos de
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di usión o al p opios del medie o que la sepa an de la idea ex ualizada de li e a u a –la ob a esc i a
más o menos cul a des inada a un lec o p i ado– que se ab e paso en la Edad Mode na y se impone
en la con empo ánea. También es e úl imo g upo depende cla amen e de uen es la inas y ancesas,
que eelabo a o ec ea median e la ac a io e ó ica y la aemula io.
El nacimien o y desa ollo de las li e a u as omances se ía indisociable de una o alidad mix a
y/o segunda que no debe se con undida con la o alidad p ima ia. En e los siglos VI y XVI, dice
Zum ho (21), p e aleció una si uación de o alidad mix a o de o alidad segunda, según las épocas,
las egiones, las clases sociales o, simplemen e, según los indi iduos; pe o es o quie e deci que
hab ía ambién una o alidad p ima ia omance, sin elación ya con el la ín, al como a es iguan las
ja chas mozá abes; y luego, cuando la esc i u a omance apa ece, la o ma usual y p emedi ada de
di usión de los ex os es o al, median e su pues a en escena po medio de canciones, eci ados,
lec u as o ep esen aciones an e un público más o menos amplio, como espec áculo o di e sión
pública, po un lado; como adoc inamien o, po el o o. Y es o es así necesa iamen e has a la
in ención de la imp en a, pe o después ambién, has a el mismo siglo XIX, con la no ela como
excepción, en pa e. La locu a de don Quijo e iene mucho que e con su lec u a p i ada –
anómala– de los lib os de caballe ías.
En la si uación inicial debe hace se hincapié en que las lenguas ománicas –como sis emas de
comunicación sepa ados o sepa ables del la ín y en e sí– nacen, en sen ido li e a io, cuando nacen
los ex os y luego, p opiamen e, cuando esas lenguas son bau izadas, nomb adas, al hace se
o iciales, po mo i os polí icos. El papel de la aducción al omance en es e p oceso –insepa able
de la enseñanza g ama ical y e ó ica– es lo que a a emos aquí de esal a pa a el caso español
como ac o cla e en la apa ición de los p ime os ex os, pues luego, a mediados del siglo XIII, se
hace e iden e po el con ol ins i ucional que Al onso X eje ce sob e su p ác ica, unido a la
c ecien e bu oc a ización (Pym, 85) y al hecho de que es en onces cuando la lengua se nomb a, es o
es, queda iden i icada como no ma cul a o esc i a a la que se aduce. En España, has a inales del
siglo XII, no hay o a lengua que la e e ida a un con ex o común ománico de esc i u a en la ín y
a iedades dialec ales, o hablas, sin que a ninguna de esas a iedades, en ningún es adio e olu i o,
quepa a ibui de mane a anac ónica el nomb e que a la lengua se da á después de un p oceso en el
que in e ienen muchos ac o es, no sólo los p opiamen e lingüís icos. No hab ía, pues, lenguas
omances sepa adas has a que el la ín medie al se impone como nue a lengua cul a o e o mada,
as al e o ma ca olingia, y c ea una si uación diglósica, un p oceso que aba ca desde el siglo IX al
XIII, según las zonas.
Vá a o (103-4) había hecho no a que la di e enciación en e dialec os ománicos en gene al
y peninsula es en pa icula no e a en onces an e iden e como puede pa ece nos aho a. De hecho,
las pau as seguidas po Menéndez Pidal y su escuela pa a la edición de ex os an iguos han
exage ado las di e encias que pudo habe an es de mediados del siglo XIII en e las a iedades
omances desde León has a A agón, y el obsesi o empeño po iden i ica en los ex os un omance
cas ellano que se a imponiendo a odos los demás ha lle ado a odos los edi o es a in en a una
es au ación de los e o es o de u paciones de los copis as en los ex os conse ados en el sen ido de
ecupe a un supues o ‘o iginal cas ellano’ o un p oblemá ico es ado de lengua en al o al echa. En
España, desde los in en os más emp anos –las Glosas, siglo XI?– has a Al onso X, se esc ibe –o
mejo : se ensaya a esc ibi – en omance, con las a iedades que sean, no en ‘cas ellano’; luego, los
ex os más descuidados, o con dialec alismos, se ían los que se alejan de la no ma cul a –el
‘cas ellano d echo’– o los que se ace can a las a iedades de cada zona. Si, de acue do con
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Emiliano (244-246), la conciencia del ulga no su ge has a que se cumple un p oceso la go de
ees uc u ación y expe imen ación o og á ica que acaba dándole una apa iencia esc i a di e en e al
la ín, luego, la sepa ación en e omances es o o p oceso que, po causas polí icas, c ea un sis ema
de esc i u a di e en e a pa i del cual se nomb a la lengua, es deci , se la dis ingue, no al e és.
A una conclusión pa ecida llega W igh (2000: 96 ss.) as es udia en de alle el T a ado de
Cab e os (1206) i mado po Al onso VIII de Cas illa y Al onso IX de León y conse ado en dos
manusc i os con di e en e o og a ía, pe o sin que e lejen, al pa ece , di e encias oné icas en e un
omance ‘cas ellano’ y o o ‘leonés’ de en onces. Tampoco esa doble o og a ía se co esponde con
la de los ex os del Poema del Cid o de las co es de Toledo, edac ados ambos en 1207. Las
dis in as g a ías no se co esponden con los einos y sus supues as a iedades dialec ales
dominan es, sino con mane as de esc ibi locales oda ía no egula izadas; las e ique as de o igen
geog á ico que es ablecie on la idea de que había di e sas lenguas omances en onces son de la
segunda mi ad del siglo XIII.
Po las mismas azones se ía un anac onismo llama ‘le as cas ellanas’ (Rico 1985: 4) a lo
que esc ibe Be ceo, o la obsesión po iden i ica un omance o al cas ellano, como en la
in e p e ación que se hacía has a hace poco de la Ch onica Ade onsi Impe a o is en su pa e inal, el
Poema del Alme ía, –esc i a en la ín (1158?) pa a conmemo a la expedición mili a a Alme ía en
1147 po Al onso VII– según la cual es e poema incluye ya una di e enciación de la lengua hablada
po los cas ellanos de la expedición, la misma lengua a la que se alude como ‘nos a’ en o os
pasajes, algo insos enible, al como a gumen a W igh (1994: 282 ss.): la exp esión nos a lingua se
e e i ía al la ino- omance en gene al, y la e e encia al habla de los cas ellanos end ía más que e
con el ono de la oz que con di e encias lingüís icas sus anciales.
Uno de los a gumen os que u iliza U ía (2000) pa a in en a p oba que el mes e de cle ecía
p ocede de Palencia –con Es udio Gene al desde 1208– es el de que se esc ibió en el ‘cas ellano
iejo’ o del ‘no e’, a gumen o basado, en pa e, en Al a , pa a quien los iojanismos de los
manusc i os de Be ceo o bien son o mas a caizan es, o la inizan es, o no se ían del au o sino de
los copis as; en pa e, ambién, en Ala cos, con la idea de que los manusc i os conse ados más
an iguos con dialec alismos (siglo XIII) son ob a de copis as que al e an los ‘o iginales’. Palencia
se ía el oco de la nue a esc i u a e nácula, po necesidades eligiosas y polí icas, y en los poemas,
en conc e o, se u iliza un nue o sis ema o og á ico que pe mi i ía p onuncia las palab as según los
p incipios p osódicos del nue o sis ema de e si icación, con el i mo pausado impues o po la
diale a, que segmen a la lengua en unidades sin ác icas y, a la ez, í mico-melódicas.
Sin emba go, ya an es, desde mediados del siglo XII, a lo la go del camino de San iago o
camino ‘ ancés’, o al ez en o os luga es con a luencia de ancos, se ensaya ían dis in os ipos de
esc i u a omance a pa i de ex os en la ín y de ex os anceses, bien en o ma de ela os épicos,
bien en piezas co as como los deba es o idas de san os, odos ellos aducciones e ó icas.
Menéndez Pidal (1932/1941) llegó a supone que el poema ancés Maine , nomb e que adop a en
las leyendas épicas el jo en Ca lomagno e ugiado en Toledo, ue ob a de un poe a anco que i ía
en esa ciudad; luego, que los cua o omances iejos conse ados sob e Baldo inos,
complemen a ios en e sí, p ocede ían de la aducción de una ges a de Jean Bodel esc i a en el
úl imo cua o del siglo XII, la Chanson de Saisnes, a ibuyendo la ob a a un ‘jugla de ges a’
aduc o o adap ado que hab ía seguido con bas an e idelidad el ex o ancés en algunos pasajes,
según se deduce de la compa ación de algunos e sos de los omances y del o iginal; en o os en
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cambio se apa a ía bas an e y adap a ía (1951/1969: 200 ss.). O os es udiosos han suge ido
ambién la exis encia de e siones españolas de ges as ancesas (Deye mond, 107 ss.), lo cual no
se ía a o eniendo en cuen a la a luencia de jugla es, o ado es y clé igos a lo la go del camino de
San iago. Lo que no es á cla o es si esas e siones se ían comple as – al como supone Menéndez
Pidal– o me amen e agmen a ias, en o ma de ‘ omance’, con eelabo aciones pos e io es más
ex ensas.
La llamada ‘Dispu a del alma y el cue po’ es quizás, el ex o más emp ano que puede
echa se an es de que acabe el siglo XII, po la e e encia a unas monedas á abes en uso en e 1145
y 1172 (Mayol, 260). La uen e de las 37 líneas, copiadas en el monas e io de Oña al do so de un
ac a de donación de 1201, es un poema ancés i ulado Un samedi pa nui , basado en la Visio
Philibe i, en hep asílabos pa eados. De la compa ación que se ha hecho con la uen e ancesa se
deduce que aducción y eje cicio e ó ico son aquí insepa ables, aunque los p ime os e sos, que
al an en el o iginal, supongan una in omisión jugla esca pos e io pa a su ejecución pública. Igual
que pa a el caso de la épica, no es á cla o si hubo desde el p incipio una aducción comple a o se
a a de una e sión agmen a ia p oceden e de eje cicios escola es.
El Lib o de Alexand e, al ez el p ime ex o del mes e de cle ecía y del Es udio Gene al de
Palencia en una de sus dos e apas, es una eelabo ación de di e sas uen es, sob e odo de una ob a
la ina, el Alexand eis de Gau ie de Châ illon, y o a ancesa, el Roman d’Alexand e, sin desca a
adiciones o ales, según se desp ende de la es o a 265 de uno de los manusc i os: ‘la uno que
leyemos el o o que oyemos / de las mayo es cosas ecabdo os da emos’. Nunca hubo acue do
ace ca de su lengua o dialec o ‘o iginal’ –leonés, ‘cas ellano’ o a agonés–, eniendo en cuen a que
ninguna de las copias conse adas es á en la a iedad ‘cas ellana’ en la que se supone enía que
es a . Pa a Nelson, en su edición de 1979, es ‘ iojano’, pues a ibuía la ob a a Be ceo, aunque an es,
en 1972, opinaba que e a ‘a agonés’. Recien emen e decla a que su empeño ue p ime o elimina
los leonesismos de un manusc i o y luego los a agonesismos del o o. Todo ello, jun o con las
enmiendas que p opone a supues os e o es en la ansmisión, pa a es au a el ‘p ís ino esplendo
del poema’ (2001: 324; 377).
Si de la na a i a en e so nos asladamos a la p osa esul a que los p ime os ex os
c onís icos en omance p oceden de la zona na a oa agonesa, y el p ime ejemplo de na a i a
omance, la Fazienda de Ul ama (c. 1220-30), ob a en la que se mezclan di e sos ni eles
lingüís icos y esc i u a ios, es una aducción del la ín de una e sión sob e la Biblia heb ea de
mediados del siglo XII, una mezcla de lib o de iaje a Tie a San a y an ología bíblica, con una
inalidad cla amen e p opagandís ica en elación con p edicación de las c uzadas. Al comienzo, el
a zobispo de Toledo Raimundo, de o igen anco, mue o en 1151, enca ga su edacción al
p o enzal Alme ich, a cediano de An ioquia, lo que no impidió c ee has a hace poco que su au o
la había esc i o en cas ellano; sin emba go, la e sión la ina de la que p ocede sí que pudo se
edac ada, en lo que p ocede de la Biblia heb ea, po in e medio del omance, como o as e siones
desde el á abe en esa misma época.
El Lib o de Apolonio, quizás ambién de Palencia y esc i o en e 1230 y 1250, es cla amen e
o a aducción de un ex o la ino, la His o ia Apollonii Regis Ty i. Al a , en su edición, señala que
la única copia conse ada, de inales del siglo XIV, con iene mode nizaciones, e o es y asgos de la
lengua que al e an el me o y la ima del supues o o iginal ‘cas ellano’, hechas po un copis a
ca alano-a agonés; pa a o os, hab ía dos copias, una pe dida, esc i a po un a agonés, sob e la cual
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esc ibió un ca alán el manusc i o conse ado, que con iene ambién asgos occi anos que habían
pasado al a agonés y ambién al cas ellano (Monede o, 35-36). También aquí se a a de es au a un
ex o co up o o es opeado po el copis a, a endiendo a la egula idad mé ica supues amen e
pe dida y al es ado de la lengua de la época de su composición. El p oblema es, po un lado, que no
hay acue do ace ca de las i egula idades mé icas del mes e de cle ecía y de si hay que
a ibuí selas a un ‘o iginal’ nunca conse ado o al copis a, ‘o iginal’ cuya lengua se supone ya
‘cas ellano’ del siglo XIII; po o o, que ese es ado de lengua al ez no se ía o a cosa, en pa alelo
con lo dicho sob e el a ado de Cab e os, que un ensayo más de esc i u a en omance lle ada a
cabo po los schola es de Palencia, un eje cicio e ó ico, o p aexe ci amen, sob e un modelo, con
una ase de aducción li e al o in e p e a io y o a de pa á asis o ac a io.
Scola es quidem sun cle ici, es como de ine el Plane a (1218) de Diego Ga cía de Campos,
cancille de Al onso VIII, a los le ados de o mación o ocación uni e si a ia –no po ue za
o denados de mayo es– que ‘andan a uel as con los lib os, los aducen, comen an, exponen, i en
pa a ellos y mue en con ellos en las manos’ (Rico 1985: 6-7); pe o la sus i ución del la ín po el
omance supone sob e odo un cambio en la mane a de esc ibi , lo cual lle a a la di e enciación a
a és de un p oceso en el que ansc ipción y aducción son ac i idades insepa ables que
con ibuyen a la di e enciación pos e io de la lengua como no ma esc i a (Janson, 28; W igh 1994:
42 y 279). Así pues, los escola es de Palencia inaugu a ían con el Alexand e su p opia mane a de
esc ibi omance, en su a iedad local de esc i u a, a pa i del aslado de o o u o os ex os, en
la ín o en o o omance. Además, lo que ap endían esos schola es con el Ve biginale y o os a ados
de g amá ica –sob e odo la p osodia– y e ó ica –los menos– (Rico 1985: 17) ¿e a el nue o la ín
ca olingio, según W igh ? Así lo pa ece, si hacemos caso del uso igu oso de la p osodia la ina
aplicada a la p ohibición de la sinale a, uno de los asgos ca ac e ís icos del mes e de cle ecía
(Rico 1985: 20-23). Nue a maes ía, si aunamos Rico y W igh , se ía esc ibi el e so na a i o
omance aduciendo –imi ando o asladando, adap ando– del la ín, es deci , del nue o la ín que
enía de ue a, el la ín ca olingio medie al que enlaza con la cul u a clásica y con los pad es de la
iglesia, sin desca a o os ex os omances que si en de pun o de compa ación. W igh (2000: 105-
106) sospecha que ue Diego Ga cía, no a io eal desde 1208, quien se opuso a la nue a esc i u a
omance, en a o del la ín, pues después de 1208 no se encuen an ex os has a la e ce a década
del siglo y cuando es sus i uido po Juan Díaz en 1217, con Fe nando III, la si uación cambia y el
uso de la esc i u a omance se gene aliza desde 1240.
Además, la aducción del la ín al omance, inexis en e has a el siglo XII, pa ece habe se
o iginado ya desde el siglo X en el no e eu opeo en zonas bilingües del omance y o a lengua –
an iguo inglés o alemán– pues ya no se en endía lo que se leía en el nue o la ín y se aplica pa a el
omance la nue a o ma de p onuncia el la ín, le a a le a, impues a po los la inizados. En la
llamada escuela de aduc o es de Toledo del siglo XII es o no e a aún necesa io, pues según W igh
(1997: 14; 24 ss.) sólo había p opiamen e aducción –más bien in e p e ación– en e el á abe y el
omance; después se a a ía me amen e de a egla o pasa ese omance a la o ma esc i a
o malizada, la ina; sin emba go, ampoco se ía ex año que los p ime os pasos en la esc i u a
omance –en la aducción al omance, po an o– ue an dados allí a lo la go del siglo, po la
p esencia de bilingües de omance y o a lengua, ue an alemanes, heb eos o á abes jun o a los
nume osos ancos que poblaban la ciudad, con su p opio ba io en ella (Menéndez Pidal,
1932/1941: 103). El caso ci ado de la Fazienda de Ul ama pod ía se una mues a, y quizás el
p ólogo que esc ibió Juan de Se illa a la aducción de A icena –De anima– en 1140 pod ía se
explicado a a és de o o mucho más a dío, el de En ique de Villena a la de la Eneida (1428). Dice
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Villena que abaja p ime o sob e una ceda o ejempla de le a cu sada, sob e la que co ige; luego,
de es e bo ado o minu a glosa o ampli ica; en el o o caso el p ologuis a de alla que ha aducido
o almen e cada palab a desde el á abe al omance, –me singula e ba ulga i e p o e en e– y luego
Domingo Gudisal o ha pasado cada palab a al la ín –singula in la ino con e en e–. El hecho de
que en el í ulo de la ob a sólo igu e Domingo como aduc o puede debe se a que, como dice Foz
(89-90) selle con su i ma de miemb o de la Iglesia –el o o es un con e so– el abajo inal, pe o
ese abajo inal no se ía sólo la con e sión del omance al la ín, sino una cie a eelabo ación
e ó ica desde algún bo ado de la con e sión al la ín, en el que no cabe desca a la exis encia de
é minos omances copiados al dic ado cuando hubie a dudas sob e los la inos. El Poema de
Alme ía, po ejemplo, incluye nume osas acla aciones en omance (p. ej.: “ u es, quae lingua
nos a dicun ‘alcaza es’”, Rico 1969, 74). Hab ía, además, un pa alelismo e iden e en e es a o ma
de aduci y el comen a io o exégesis que se ha ía en la enseñanza a a és de la lengua e nácula,
con la pecia o cuade no del alumno como bo ado sob e la lec io del maes o, en la ín y omance, y
a iaciones pa ecidas en cuan o a la le a, al sen ido gene al –sensus– o al sen ido p o undo –
sen en ia–.
Luego, ya ce ca el siglo XIII, como ya an es en F ancia, encon amos a la ez a los nue os
le ados en el nue o la ín, y los p ime os ejemplos conse ados de esc i u a omance. En es e
con ex o, el mes e de cle ecía es, an es de Al onso X, la p ime a escuela de aduc o es en el
sen ido es ic o cice oniano – aducción e ó ica–, es ingida a un público, más o menos cul i ado,
que no sabe la ín. Po ello, las ob as de Be ceo, aunque no sean p opiamen e aducciones, no
pueden se juzgadas, como hace W igh (1997: 31-32), ‘composiciones independien es’, como si el
p oceso que lle a a ellas no dependie a de un ex o la ino di e enciado p ecisamen e al edac a las o
omancea las. Tal ez Be ceo con ibuyó a esc ibi el Lib o de Alexand e como eje cicio e ó ico en
el es udio palen ino, p oceso al que pudo llega se desde el ap endizaje g ama ical del la ín con el
Ve biginale de Alejand o de Villedieu al como sugie e U ía (70 ss.). Es a ob a del siglo XII,
di undida po odas pa es, mues a la diglosia que se había p oducido en e la ín y omance, pues
aconseja explica en lengua e nácula lo que el alumno no en ienda.
De es o cab ía deduci que el su gimien o de los p ime os ex os en omance end ía luga a
a és de la ena a io poe a um, o explicación de ex os, del g amá ico, que inclui ía la glosa li e al
en omance, pa a la cual cabe supone que se suge i ían di e sas mane as de ano a la en la pecia –el
cuade no del alumno copiado del ejempla del maes o– jun o a comen a ios in e linea es. El uso
gene alizado de la pecia desde las p ime as uni e sidades choca con la al a de es imonios
an e io es sob e ella, lo que sugie e que la p oli e ación de peciae, o copias agmen a ias de ex os,
pa a su uso en la enseñanza se desa olla ía du an e el siglo XII asociada a la diglosia en e la ín y
omance y a la necesidad, po an o, de glosas o ano aciones en lengua e nácula que es a ían en el
o igen de e siones omances, quizás ambién agmen a ias.
Además, la aducción como una o ma de exégesis que no se subo dina al o iginal, sino que
lo desplaza, se man iene a lo la go de la Edad Media desde sus o ígenes en la Roma clásica a pa i
de los ex os g iegos y es, po ello, como en Cice ón, deudo a de la e ó ica. Así,
Ve nacula ansla ion allies i sel wi h ancien he o ical models o ansla ion h ough i s
eco e y and ehabili a ion o exe ci a io, using ansla ion o de elop and pe ec li e a y
skills in he na i e language. (...) In e nacula ansla ion, exe ci a io is cons i u ed, no
as an explici heo e ical p inciple, bu as a p ac ice: we see i in he con inuing e o s o
ansla o s o de ine he ange o e nacula li e a y languages and o gene a e a
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e nacula canon which will subs i u e i sel o La in models in he e y p ocess o
eplica ing hem.
(Copeland, 92-93).
Los p ime os ex os o agmen os omances se da ían en el ámbi o escola y su dependencia
de los o iginales, an o en lo e e ido a la aducción p opiamen e dicha como a la eelabo ación,
se ía g ande. Se ía la o ma de aducción que Copeland (93-94) llama ‘p ima ia’ o emp ana, en el
sen ido de que el o iginal es aquí uen e de eje cicio, o exe ci a io, an o en el sen ido p opiamen e
g ama ical o léxico como en el e ó ico; más a de, cuando las écnicas se ue an pe eccionando –
en el S udium de Palencia, po ejemplo– como esul ado de es e eje cicio, se llega ía a un ipo de
aducción ‘secunda ia’ o más p opiamen e e ó ica (Copeland, 94-95), la que se da ía du an e la
p ime a mi ad del siglo XIII con la cle ecía del mes e , pa a desemboca en iempos de Al onso X
en la compilación de ob as como la Gene al Es o ia, basadas ambién en el comen a io o glosa de
di e sos o iginales y de una exe ci a io e ó ica muy igu osa (Rico 1984: 167 ss.).
En la p ime a ase del siglo XII se ían de g an u ilidad aquellos ex os la inos que u ie an
alguna e sión omance an e io , cuya p ocedencia no podía se sino ancesa. Al mismo iempo, el
llamado mes e de jugla ía hab ía que inclui lo en una adición lí ica o na a i a omance a la que
no cabe e e i se como ‘li e a u a o al’ o ‘poema o al’, pues no sólo depende ía de una o alidad
p ima ia, sino de o os ex os de la épica ancesa, quizás ex os pe didos con e siones españolas
de los emas ca olingios. A la p egun a, ya ópica, de la c í ica (Deye mond 1991: 54) de si los
ex os épicos son e siones pues as po esc i o de ‘poemas o ales’ o hay que a ibui los a poe as
cul os que echa on mano de la adición o al, una espues a se ía que no puede habe una me a
ansc ipción de lo o al a lo esc i o en una época en que se es á ap endiendo a esc ibi en omance,
cuando el omance, como lengua, se es á cons i uyendo: es necesa io un es udio y una escuela que
equie e el dominio de la g amá ica a a és del la ín y el manejo de o os ex os omances que
puedan se i de modelo o compa ación. Sólo los clé igos pod ían esc ibi , aunque haya jugla es
cul os, lec o es; con es o se quie e deci que ellos son los que es a ían capaci ados p o esionalmen e
pa a esc ibi y no me amen e pa a ansc ibi ‘poemas o ales’ al dic ado de jugla es (G ande
Quejigo 1998: 134 ss.; U ía 2000: 162 ss.).
Gómez Mo eno, basándose en las uen es ancesas, es ablece con cla idad la dis inción en e
la iabilidad de la uen e esc i a, que ansmi e e dad (‘mes e es sen pecado’), y la no iabilidad de
los jugla es, que al e an o modi ican a su an ojo. Po eso, la cle ecía se iden i ica con el sabe la ín,
lo que pe mi e la aducción de lo esc i o, es deci , la ansmisión de la e dad, inal e ada, jun o con
la ima y el i mo, el a e mé ica, que dis inguen al clé igo y al buen jugla del malo, o no el. La
di icul ad del mes e de cle ecía es a ía en sabe conjuga esa ansmisión de la e dad po medio de
la aducción con el a e mé ica, es o es, esc ibi sin des ia se o al e a sus ancialmen e la uen e.
Pe o el mes e de cle ecía no es sólo sabe la ín y mé ica, implica algo más, unos conocimien os de
las a es libe ales y de la e ó ica en pa icula , al como se desp ende de los conocimien os de
Alejand o (es o as 17-18 y 40-42). Y esos conocimien os se ponen al se icio de la aemula io o
supe ación del o iginal, un ipo de aducción ‘secunda ia’ (Copeland, 95) que desplaza a la uen e y
pe mi e conside a es as ob as como p oduc os independien es, emancipados del la ín y adap ados a
las nue as ci cuns ancias, a los p oblemas del eino de Cas illa en el siglo XIII.
En el Lib o de Alexand e, lo que dice Alejand o en elación con su a án conquis ado en la
es o a 2291 (pasaje que ci a Rico 1985: 13, compa ándolo con el Ve biginale y su elogio de la
cle ecía y su abajo: ‘plu ima noscen u quae nunc occul a enen u ’) puede se aplicado a la labo
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del aduc o , del clé igo escola : ‘en iónos Dios po es o en aques as pa idas / po descob i las
cosas que yacen so ondidas / cosas sab án po nos que non se ién sabidas’. Pe o si le añadimos el
úl imo e so, el enlace con la jugla ía como di uso a de hazañas queda pa en e: ‘se án las nues as
nue as en [co onicas] me idas’. Nelson, en su edición, enmienda el e so y el anac onismo
sus i uyendo co onicas po cán ico, basándose en la lec u a an igo del o o manusc i o. Y al inal
del poema, es o a 2668 se lee: ‘qui mue e en buen p ecio es de buena en u a / que lo me en los
sabios luego en esc ip u a’. Es deci : la hazaña del hé oe que co e de boca en boca y que algún
clé igo le ado pone po esc i o –mes e de jugla ía– es equipa ada a la hazaña del clé igo escola ,
que sabe la ín y aduce, glosa o in e p e a, o eelabo a, lo que yace escondido en o a esc i u a
–mes e de cle ecía–. De la ama de las a mas a la de las le as, en el mismo espacio de iempo en el
que nace la nue a esc i u a.
En el nue o con ex o de a ance hacia el su y dominio casi de ini i o sob e los mulsulmanes
a pa i de Fe nando III, el la ín e o mado en a en compe ición con el omance, que aspi a aho a a
se ambién lengua de cul u a sin sali de la cul u a mad e, la g ecola ina, y sin deja ampoco po
ello de se lengua de in e cambio y de comunicación a ni el peninsula , en e los di e sos omances
y las o as cul u as, judía y musulmana. El epi a io en la umba de Fe nando III en la ca ed al de
Se illa es bien exp esi o, edac ado en cua o lenguas: el omance que aduce con idelidad los
ex os en heb eo y á abe, y el la ino que ampli ica en sen ido ideológico, como lengua sag ada que
es de los encedo es. El uso del cas ellano d echo, la lengua cul a o esc i a, supone una decisión
po pa e del pode eal pa a con apesa el pode cle ical y ma ca así con cla idad los dominios
espec i os, el empo al y el espi i ual. Y el nomb e que se da a la lengua en iempos de Al onso X
iene que e menos con un p oblemá ico o igen geog á ico que con el nomb e del eino que a en
p ime luga en los í ulos eales desde Fe nando III.
El Lib o de Alexand e, además, puede se i de mues a de algunos pa alelismos en e la
cul u a medie al y la g iega en lo que a añe a las elaciones en e o alidad y esc i u a: po una pa e,
a ios ipos de lec u a apa ecen (G ande Quejigo 1998: 124) y sólo A is ó eles, el maes o, lee pa a
sí. Alejand o es p esen ado como un pe sonaje cul o, de cle ecía, en el con ex o de Fe nando III, en
pa alelo con el Cid como modelo ‘popula ’ o cas ellano, en e a León, en el con ex o de Al onso
VIII. Los dos modelos son uni icados en el Poema de Fe nán González, ya con Al onso X, en
cuan o ansmisión o aslado – ansla io s udii: aducción e ó ica, a la ez adap ado a y
supe ado a– de la cul u a an igua.
Po o a pa e, el pa alelo en e lo ocu ido en G ecia con la gene alización de la esc i u a
al abé ica y lo que pasa en la Edad Media con la dis inción en e la ín y omance puede e se en el
análisis compa a i o que hace Gaga in de ex os g iegos del siglo V a. C., a los que aplica la
dis inción de la Re ó ica de A is ó eles (3, 12) en e el es ilo de un discu so des inado a la ejecución
o al y o o des inado a la lec u a, pública o p i ada, desa ollando luego sus di e encias. La misma
dis inción se ía aplicable, g osso modo, al can a de ges a, po un lado, y al mes e de cle ecía, po
o o, sin que es o quie a deci que no puedan da se mezclados, como es el caso del Poema o Can a
de Mio Cid y el Poema de Fe nán González. El ‘es ilo jugla esco’ man end ía odos aquellos
elemen os de la o alidad que son más ap opiados pa a su ejecución o d ama ización en la plaza
pública, mien as que la me a lec u a en ámbi os más educidos o a un público más es ingido,
como en el caso del mes e de cle ecía (U ía 1990) lle a ía consigo una composición más compleja
desde el pun o de is a g ama ical y e ó ico, con mayo es inno aciones en odos los aspec os.
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