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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 DOCUMENTACIÓN Y ADQUISICIÓN TERMINOGRÁFICAS BASADAS EN EL CONOCIMIENTO: EL CASO DE LA INTERPRETACIÓN1 Mercedes GARCÍA DE QUESADA Silvia MONTERO MARTÍNEZ Universidad de Valladolid 1. INTRODUCCIÓN En consonancia con Mayoral Asensio (2000: 148), a la hora de abordar el estudio de la Interpretación partimos de la idea de que se trata de una disciplina cuyo objeto es contribuir a la ejecución eficaz de una tarea racional, es decir, se trata de una disciplina técnica o tecnología en donde la descripción de cómo se desarrolla una tarea, en este caso el proceso de interpretación, no se considera el fin último sino un instrumento que permite ejecutar la misma de forma cada vez más eficaz. Así, en la interpretación de contenido especializado, en la que el intérprete normalmente no comparte el conocimiento experto del receptor ideal (Shlesinger 1995), aquél, partiendo de los elementos explícitos del discurso, emprende una labor de investigación, situando en primer lugar los términos dentro del sistema, o sistemas conceptuales, a los que pertenecen y, en segundo lugar, ampliando su propia base de conocimiento hasta el grado de especificidad necesario para incluirlos. En este caso, el análisis y organización de la terminología están motivados por el discurso a interpretar, que se toma como modelo del mundo, y la situación comunicativa en la que se enmarca. Por tanto, el intérprete se encuentra a menudo trabajando como terminógrafo ad-hoc (Wright 1997: 19; Faber 1999), estructurando sistemas conceptuales de parcelas del saber especializado y no de dominios completos. En este contexto, parece evidente que al traductor o intérprete no se le puede exigir “que ‘lo sepa todo’ sino que sepa ‘cómo saberlo todo’” (Mayoral Asensio et al. 1985: 270), un requisito al que se debe atender en el contexto docente: In addition to learning the techniques of consecutive and simultaneous interpretation, students should be taught how to acquire knowledge, and essential part of preparing for conferences... Comprehension, i.e. identification of the intended meaning, also requires the interpreter to match meaning conveyed by input against prior knowledge, thereby building up cognitive structures which make ‘sense’. Mackintosh 1999: 67, énfasis añadido 1 Este trabajo se ha elaborado dentro del marco del proyecto Evaluación de la Calidad en Interpretación de Conferencias: Parámetros de Incidencia (BFF 2002-00579) subvencionado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. - 1 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 Esta misma postura la mantiene Mayoral Asensio (2000: 156) al afirmar que en la formación de traductores e intérpretes éstos precisan no sólo de know-how sino también de conocimiento experto. Desde esta perspectiva, durante los últimos cuatro años se ha venido estudiando la metodología de documentación utilizada por los estudiantes de las asignaturas de Interpretación durante las prácticas ofertadas en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Valladolid2. El objetivo final era contar con datos empíricos que nos permitieran proponer soluciones plausibles a las necesidades cognitivas y terminográficas con las que se enfrenta el alumnado a la hora de llevar a cabo interpretaciones con un cierto grado de especialización. Partiendo de estas observaciones, se ha podido esbozar un marco metodológico para que el estudiantado realice una estructuración terminográfica operativa, gracias a una documentación y adquisición terminográficas basadas en el conocimiento, que no será más que un corte artificial lo más funcional posible de cara al proceso interpretativo en cuestión. En definitiva, se presenta una nueva concepción de la fase preparatoria, que debe incluirse en la formación del futuro intérprete, con el fin de obtener una documentación óptima en un tiempo limitado que permita realizar una interpretación de calidad, independientemente de la técnica utilizada. 2. CUESTIONES SOBRE INTERPRETACIÓN El proceso de la interpretación se define como “an interlingual communicative act carried out whenever a message orally expressed in one language is reformulated and retransmitted orally in another language” (Iliescu 2001: 307)3. Este acto comunicativo se caracteriza por tener un grado de complejidad muy elevado, ya que en él confluyen variables de muy distinta índole. Desde el punto de vista del intérprete, según Alonso Bacigalupe (2001: 9-19) se podría hablar de factores internos, relacionados con las operaciones mentales del propio intérprete, y factores externos, relacionados con las circunstancias de la situación comunicativa. Brevemente, en el primer grupo habría que tener en cuenta las dificultades que el intérprete afronta i) a nivel pragmático, en cuanto que la comunicación no se produce en el vacío, es decir, los discursos sólo tienen sentido en un contexto comunicativo de ahí que el intérprete se encuentre en un constante proceso inferencial de búsqueda de relevancia informativa en el discurso del orador (Iliescu 2001); ii) a nivel funcional, en cuanto que la interpretación es un proceso comunicativo intercultural que implicará para el intérprete la búsqueda del efecto deseado por el orador a través de mecanismos dispares; y iii) a nivel cognitivo, en cuanto que esta actividad implica un procesamiento de la información contenida en el discurso original en tres operaciones o esfuerzos 2 Las prácticas de interpretación han incluido temas como los siguientes: programas europeos juveniles financiados por la Comisión Europea (Fundación EUROJOVEN, Valladolid); planes de estudio en los programas de Fisioterapia (Cursos de Invierno de la Universidad de Valladolid, Soria); dimensión europea en educación (Visita ARION: Aplicación de las TICs en Centros Rurales, Soria); ingeniería forestal y agrícola (Seminario Organizado por DEYNA para la Protección del Suelo, Soria). 3 En nuestro caso, también tendríamos en cuenta la traducción a vista como técnica que se encuentra a medio camino entre la traducción y la interpretación, ya que parte de un original escrito y su reformulación oral en la lengua meta. - 2 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 (Gile 1995: 159-190), el de escucha y análisis, el de producción del discurso y el de memoria a corto plazo4. Por lo que se refiere a los factores externos, cabe mencionar, una vez más, que para el intérprete estas situaciones comunicativas presentan una desventaja en cuanto que carece del conocimiento compartido sobre el discurso tanto por la audiencia como por el orador. A este factor hay que añadirle las dificultades que se pueden encontrar para que los oradores u organizadores faciliten la documentación con la suficiente antelación; las mejores o peores dotes oratorias de los ponentes; la aparición de elementos inesperados en el discurso original (chistes, frases en otras lenguas, etc.); la existencia de problemas técnicos de cualquier tipo en la sala, etc. El discurso y el intérprete no se encuentran, por tanto, en una campana de cristal sino inmersos en un cúmulo de elementos y circunstancias que influyen y determinan la mediación antes de que ésta se produzca (ej. conocimiento de que ésta se va a producir en el campo), durante su producción (ej. adaptación durante la misma según se perciba la recepción por parte de los participantes) e incluso con posterioridad (ej. la valoración de la misma en función de los objetivos conseguidos o no por los participantes) (Collados 2000: 123). En otras palabras, el proceso interpretativo no comienza en la producción oral propiamente dicha, sino que ha de retrotraerse al momento del encargo del trabajo y ha de finalizar en una evaluación no sólo por parte del intérprete sino también por parte de la audiencia y del cliente, ya que, en definitiva, la interpretación profesional es un proceso económico5. Así, la disciplina de la Interpretación, en cualquiera de sus formas, no debe impartirse como un conjunto de normas y axiomas teóricos, sino como una serie de técnicas y prácticas interpretativas, apoyadas, si se quiere, en una metodología determinada pero encaminadas a una buena actuación profesional remunerada. En este sentido, a la hora de hablar de calidad de la interpretación habría que dilucidar qué calidad para quién (Pöchhacker 1994), ya que existen distintas percepciones de calidad en función de los partícipes en el proceso de interpretación6. Por ejemplo, el intérprete habla de una calidad general, que haría referencia a la interpretación perfecta que hipotéticamente puede existir (Altman 1994), cuyos parámetros incluirían, al menos, los siguientes (Gile 1995a; Pöchhacker 1994): i) la transmisión correcta y completa del sentido del discurso original; ii) la cohesión lógica de la interpretación; iii) un comportamiento socio-contextual apropiado; iv) el uso de una terminología y estilo adecuados; v) el uso gramaticalmente adecuado de la lengua de llegada y una entonación y voz que no distorsionen la transmisión del mensaje original (Bühler 1986). Pero, junto a este concepto general de calidad, existiría también una calidad concreta, referida a un acto de interpretación en una situación determinada, que podría ser vista como la suma ponderada de la fidelidad informativa y de la calidad de la presentación por parte del intérprete, estando los coeficientes en función de la naturaleza del mensaje y de la situación (Gile 1983). Los elementos situacionales juegan, por tanto, un papel primordial en la concreción de la calidad, al constituir una 4 Es obvio que esta casuística se establece únicamente por razones de claridad expositiva, dado que los tres niveles formarían un todo en la mente del intérprete difícil de segmentar. 5 García Landa (2001: 50) sostiene que el origen de la palabra “intérprete” se encuentra en los mercados de Roma, a finales de la República, cuando venían los mercaderes griegos a vender sus productos y necesitaban un mediador para los precios, para negociar el contrato posible de compraventa. Así apareció la figura del inter-pretium, o sea, el que media entre los precios, que evidentemente era un mediador bilingüe, cualquiera que fuera la transacción. 6 Para un estudio exhaustivo de este tema remitimos a los trabajos de Collados Aís (1998, 2000) en los que se abordan pormenorizadamente los conceptos de calidad general, calidad concreta, expectativas, éxito y evaluación. - 3 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 especie de marco de orientación para las valoraciones o las normas que afectan de forma esencial a la interpretación (Salevsky 1992). Sin embargo, desde el punto de vista de los receptores y organizadores, a menudo el éxito o el fracaso de la interpretación no es un concepto intrínsecamente relacionado con la calidad de la misma (Gile 1991), de forma que fracaso no equivale necesariamente a deficiente calidad, ni éxito a constatada calidad. A nuestro modo de ver, creemos imprescindible que desde las aulas se ponga de manifiesto esta realidad profesional (Mayoral 2000: 151) y se defina claramente el papel del intérprete (Gile 1995b) como profesional al servicio de unas necesidades concretas de su cliente7. En este sentido, al hacer frente a dos procesos de comunicación no solamente interrelacionados sino superpuestos en el acto de interpretación, en la persona del intérprete y en su producto interpretativo confluyen dos personalidades y dos mensajes, resultando un nuevo acto comunicativo que recoge rasgos y partes de uno y otro. El intérprete debe i) transmitir el mensaje resultante del primer acto de comunicación o discurso original, elaborado y expuesto por otra persona comunicadora; y ii) asumir su propia responsabilidad personal de intérprete profesional comunicador en el segundo acto de comunicación o transmisión del mensaje original que, si bien fue elaborado por el orador, ya no es expuesto por éste sino por el intérprete. En nuestra opinión, el intérprete debe interpretar contenido e intención comunicativa, no plasmar una presentación exagerada o deficiente que, por su propia posición en el segundo acto comunicativo, pueda ser entendida como propia o que traspasase los límites socioculturales que tiene marcados. Abogamos, por tanto, por la aceptación consciente del papel de comunicador activo que debe conjugar calidad y una percepción cualitativa adecuada por parte de los receptores, lo que implica realizar un producto comercial, en el marco contextual y social establecido, que satisfaga los parámetros concretos de calidad de cada encargo específico (Collados, 1998, 2000). En resumen, si bien las siguientes palabras están aplicadas a la Traducción, pueden fácilmente extrapolarse al ámbito de la Interpretación: Translation involves far more than finding target language equivalents for sourcelanguage words and phrases; it also involves dealing with clients, agencies, employers; networking, research, use of technology; and generally an awareness of the roles translation plays in society and society plays in translation. Robinson 1997: 192 Desde esta perspectiva, queremos abordar uno de los factores que contribuirían de forma más eficaz al buen hacer profesional en un acto de interpretación. Concretamente nos referimos a la fase de documentación, vista como un proceso paralelo al encargo de interpretación, que contribuye, entre otros, a disminuir el tiempo utilizado en la comprensión y producción oral, el nivel de stress ante lo desconocido y, en definitiva, a obtener unos resultados satisfactorios para ambas partes (Iliescu 2001: 313). La documentación se hace necesaria desde el momento en que el intérprete, al ejercer de mediador entre dos interlocutores, tiene que asumir, al menos en parte, sus competencias cognitivas y habilidades lingüísticas, es decir, el uso de una terminología apropiada al contexto que no obstaculice la comunicación. 7 Algunos autores afirman, incluso, que la calidad es algo que debe negociarse entre cliente e intérprete (Schaffner 1998). - 4 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 3. CUESTIONES SOBRE TERMINOGRAFÍA En los últimos años se han empezado a desarrollar trabajos acerca de la terminología como fenómeno que se da en un marco textual propio de la comunicación especializada y sujeto a las influencias lingüísticas de la cultura originaria. Es decir, las lenguas no son vistas sólo como herramientas sociales creadas por las distintas comunidades y mejoradas continuamente para cumplir los propósitos comunicativos, sino que también son agentes que condicionan el comportamiento individual a través de la interacción social que tiene lugar en una situación determinada por factores históricos, geográficos y culturales (Gaudin 1993, 1995; Pavel 1993a, b). Algunas de estas ideas se encuentran incluidas en la Teoría Comunicativa de la Terminología (Cabré 1999), que parte del principio de la variación discursiva como fenómeno que permea todo acto lingüístico; en la Teoría Sociocognitiva de la Terminología (Temmerman 2000), que sustituye la hipótesis objetivista de la terminología tradicional por una cognitiva en la que los conceptos no existen como entidades aisladas e independientes, sino que existen gracias a los textos donde los distintos autores dan testimonio de su forma de entenderlos; y en el enfoque de la Lexicografía Especializada o Lexicología Terminográfica (Faber y Jiménez Hurtado 2002), para la que tanto palabras como términos forman parte de una misma realidad lingüística, aun cuando pertenezcan a distintos niveles de la lengua. En esta nueva concepción de la terminología, que deja a un lado los inamovibles principios de la teoría wusteriana poniéndose en entredicho las afirmaciones de unitarismo, univocidad, monosemia y dicotomía palabra/término, es donde nuestra concepción del proceso de interpretación tiene cabida. Desde nuestro punto de vista, en la comunicación especializada no es necesario que se cumplan los requisitos de univocidad, ya que la polisemia es muy funcional y cuenta con un uso muy extendido en los dominios de especialidad (Kageura 1995). Dado que perseguir una uniformidad absoluta es un proceso artificial condenado a fracasar, se propone que la terminología se centre en la diversidad, creatividad e imaginación de la investigación científica (Meyer 1992). Además, la tradicional dicotomía entre palabra y término, que presupone una diferenciación entre lengua general/especializada y conocimiento general/especializado, se diluye. Ya no se puede hablar de los términos como unidades propias de un ámbito de especialidad utilizadas sólo en la comunicación entre especialistas. Por el contrario, el conocimiento especializado no puede guardarse en compartimentos estancos, cada uno con su terminología propia; el saber es un continuo y su segmentación en materias, puramente metodológica, en ningún momento responde a una segmentación en el conocimiento. La distinción respecto del conocimiento general habría que buscarla en una contextualización y unas presuposiciones diferentes en los enunciados que lo transmiten, es decir, la diferencia está en la perspectiva desde la que se conceptualiza la materia. Así, podríamos hablar de una escalera gradual en la que coexisten los dos polos, el general y el especializado, de tal manera que hay palabras o conceptos más o menos especializados o generales según el contexto y el uso que se les otorgue. De esta forma, se pueden encontrar niveles de especialización y generalidad en todos los textos y se pueden producir discursos a niveles diferentes, por cuanto la especialización de un texto no se basa tanto en la temática que comunica sino en cómo la comunica8. 8 Remitimos desde aquí al riguroso e interesante trabajo de Faber (1999) donde estudia la variación discursiva en dos textos con contenido similar pero con diferente destinatario final: lego y experto en medicina, paciente y médico, respectivamente. - 5 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 Esta falta de límites precisos la corrobora Estopá (1999: 177) al comprobar que un documentalista, un traductor y un médico tienen distinta noción de lo que constituye un término y, consecuentemente, si se les pide que los identifiquen en un texto para diferenciarlos de las ‘palabras del lenguaje general’, aportarán resultados distintos. La selección de la unidad léxica a utilizar depende por tanto de las necesidades reales de cada uno de los usuarios. Así, en nuestra opinión, la única diferencia entre estos dos conceptos está en función del contexto en el que se actualice una unidad léxica (UL) determinada, ya que, en consonancia con Cabré (1999a), creemos que la UL no es per se palabra o término, sino que se trata de una forma léxica a la que está asociada una gran cantidad de información semántica, sintáctica y pragmática, que puede tener un valor especializado o no según el contexto de uso. Así pues, la diferencia entre valor especializado y no especializado reside en los tipos de configuración semántica, sintáctica y pragmática activados y en las características de los factores de activación (Adelstain 2001: 12). Ante esta situación, el proceso de documentación del intérprete ha de incluir un trabajo terminográfico ad hoc, en cuanto que se enfrenta con problemas puntuales, y descriptivo, en cuanto que ha de enfrentarse con UL insertas en el discurso, por lo que tendrá que ser consciente de los dos niveles de actuación a la hora de representar y transferir el pensamiento especializado: el real y el estandarizado (Ahmad et al. 1994, Irazazábal 1996, Wright 1997b, Cabré 2000). Desde una perspectiva que no considera el proceso de documentación y adquisición terminográfica del intérprete como el estudio y elaboración de simples listados de términos sino, más bien, como el estudio del conocimiento transmitido por dichos términos, el concepto de competencia terminológica incluye procesos como la rápida adquisición de conocimiento especializado, su asimilación en las estructuras cognitivas ya existentes, que pasan a incluir niveles más específicos, y la habilidad para relacionar este conocimiento con formalizaciones linguísticas especializadas en una o más lenguas. 4. DOCUMENTACIÓN Y ADQUISICIÓN TERMINOGRÁFICAS BASADAS EN EL CONOCIMIENTO: LA COMPETENCIA TERMINOLÓGICA Según Faber (en prensa), la competencia terminológica, un módulo de la competencia traductora en general, comprende aspectos tales como el almacenamiento de conocimiento especializado en la memoria, los automatismos relacionados con el acceso terminológico, la creatividad a la hora de formar términos y la habilidad del traductor/intérprete para resolver los problemas de adquisición de conocimiento que se puedan presentar a lo largo del proceso traductor. Para desarrollar o mejorar su competencia terminológica, el intérprete ha de adquirir conocimiento y, por tanto, reestructurar el repositorio conceptual en el que almacena su visión sobre realidades externas e internas, es decir, su base de conocimiento (Givón 1995: 395). Ésta se amplía integrando nuevos conceptos y añadiendo relaciones entre los mismos, lo que le permite combinar ideas, hacer inferencias, extrapolar y utilizar la información de manera productiva y creativa. La representación mental de este conocimiento parece basarse en redes semánticas y de marcos (Faber en prensa) que se establecen a partir de la información recibida desde distintos sistemas perceptivos. Así, los conceptos o nodos están interconectados, de manera que la activación de uno implica la - 6 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 activación de aquellos relacionados: cuantas más conexiones tenga un concepto mayor será nuestro conocimiento sobre el mismo. La organización base de estos sistemas conceptuales gira en torno a las jerarquías, elemento definitorio de la cognición humana (Jackendoff 1997: 16), y las siguientes presuposiciones acerca de los elementos percibidos: 1. The existence of boundaries, allowing us to perceive portions of reality and treat them as separate or separable units. 2. The existence of enduring objects. 3. A basic difference between objects and processes. 4. The existence of categories of such objects and of processes and relationships Lamb 1998: 105-106 Según Sager (1990) y Kageura (1997), como resultado de estos supuestos, agrupamos los conceptos en función de clases o categorías ontológicas de cuatro tipos: i) entity concepts, obtenidos a partir de la abstracción de elementos de la experiencia externa que se perciben como independientes en el tiempo y el espacio, es decir, como elementos definibles en sí mismos. Este tipo de conceptos es necesario para la identificación y clasificación de las unidades de la experiencia y el conocimiento; ii) activity concepts, que surgen a partir de la abstracción de procesos, operaciones o eventos definibles en sí mismos y que se llevan a cabo por las “entidades” o con éstas; iii) property concepts, que se obtienen de la abstracción de cualidades, disposiciones o características de las “entidades” o “actividades” y sirven para diferenciarlas; iv) relation concepts, que son resultado de la abstracción de relaciones entre las entidades, entre las actividades o entre las entidades y actividades9. Tradicionalmente las relaciones se han clasificado en dos subgrupos, jerárquicas y no jerárquicas. Las primeras, como su propio nombre indica, contribuyen a la organización taxonómica anteriormente mencionada de los sistemas conceptuales. Se basan en la superordinación y la subordinación entre dos conceptos, caso de la relación genérico-específica (IS_A) y la meronímica (HAS_A). La primera implica que hay un concepto genérico como superordinado y un concepto específico como subordinado (ANTICANCER-DRUG IS_A DRUG). A su vez, un concepto específico puede considerarse como concepto genérico de otro más específico (ALKYLATING IS_A ANTICANCER-DRUG). Los conceptos específicos diferirán de su genérico al tener una o más características que éste o al tener al menos un valor más especializado en una de las características. Por esta razón, esta relación se suele expresar lingüísticamente como ‘X is a Y’ o ‘X is a kind of Y’. En otras palabras, X tiene todas las características de Y más, al menos, otra o una más especializada y, por tanto, decimos que X hereda todas las características de Y y añade o especializa al menos otra. Por último, algunos conceptos pueden tener más de un genérico por lo que habría que hablar de la herencia múltiple, un fenómeno directamente relacionado con el concepto de multidimensionalidad que implica que un concepto puede clasificarse de más de una forma dentro de un sistema conceptual (Bowker 1997: 133), es decir, en más de una dimensión. Este sería el caso de la clasificación de las neoplasias malignas bien histológicamente (EPITHELIAL CANCER) bien en función del órgano afectado (PROSTATE CANCER). 9 Esta clasificación se establece desde una aproximación transcategorial (Viegas et al. 1999: 12), es decir, las categorías sintácticas y las categorías ontológicas no se relacionan de manera automática. Aunque muchos verbos pertenezcan a la categoría actividades o eventos y muchos sustantivos estén representados por conceptos que pertenecen a la categoría entidades u objetos, no siempre es así; por ejemplo, los conceptos CÁNCER y TRATAMIENTO son eventos, a pesar de ser sustantivos, porque se entienden como procesos. - 7 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 Finalmente, la relación jerárquica de meronimia (HAS_A), o relación parte-todo, tiene lugar entre dos conceptos en donde uno se considera como comprehensivo, y por tanto superordinado, y otro es un concepto partitivo y por tanto subordinado (BODY HAS_A HAND). El concepto partitivo puede a su vez tomarse como concepto superordinado de otro partitivo. Pero las relaciones jerárquicas no son suficientes para representar todas las relaciones que se dan entre los conceptos, que a menudo presentan una estructura compleja imposible de reflejar a través de un criterio genérico o partitivo. Aparece, por tanto, un segundo tipo, las relaciones no jerárquicas, dependientes en gran medida del dominio conceptual, que pueden incluir casos como los siguientes pertenecientes al dominio biomédico: (1) BUSULFÁN HAS-SIDE-EFFECT DIARRHEA CARCINOMA AFFECTS-BODY-PART EPIDERMOID TISSUE Por último, las relaciones conectan conceptos de manera biunívoca, es decir, bidireccional, por lo que cada relación especificada cuenta con su inversa: RELACIÓN CONCEPTUAL cough lung cancer SYMPTOM-OF HAS-SYMPTOM lung cancer cough smoking lung cancer RISK-FACTOR-OF HAS-RISK-FACTOR lung cancer smoking Tabla 1: Ejemplos de relaciones y sus inversas Por tanto, los objetos y los eventos, como DRUG y CANCER respectivamente, se identifican o describen en función de sus propiedades o atributos y de las relaciones que se establecen entre ellos. Esta caracterización o estructura interna, basada en marcos (Fillmore y Atkins 1992, Minsky 1977), nos permite establecer rasgos comunes a una serie de conceptos, dando paso a la creación de categorías conceptuales. Así, el conocimiento, general y experto, se segmenta en categorías siguiendo patrones prototípicos recurrentes que dan cabida a los conceptos, que no son más que una formalización de una parte del conocimiento. De esta manera, un número limitado de categorías, específicas de cada dominio de especialidad, sirve para estructurar los conceptos que, a su vez, remiten a las unidades léxicas de cada una de las lenguas de trabajo. Por ejemplo, ante un encargo relacionado con los tratamientos oncológicos, el intérprete ha de interiorizar un sistema conceptual en el que aparece, entre otras, la categoría ANTICANCER-DRUG (el objeto que se refiere al fármaco utilizado en el tratamiento del cáncer), TREATMENT (el proceso o evento del tratamiento activado por enfermedad) y HAVE-NEOPLASM (el proceso o evento del cáncer). La caracterización o esquema categorial previos que el intérprete tenga de estos conceptos será más o menos complejo en función de su nivel de conocimiento de la materia. A continuación mostramos ejemplos referentes a estos conceptos que implican distintos grados de conocimiento. - 8 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 ANTICANCER-DRUG IS_A ➙DRUG (IS-A: MEDICAL-MATERIAL) HAS_TRADENAME ➙TRADENAME HAS_SIDE_EFFECT ➙DISEASE USED_IN ➙TREATMENT USED_IN_THE_TREATMENT_OF ➙DISEASE STATE-OF-MATTER: ➙liquid / solid TOXICITY: ➙0-5 WAY-OF-ADMINISTRATION: ➙oral/iv/ia/im Tabla 2: Esquema categorial de ANTICANCER-DRUG En las tablas 2, 3 y 4, a la izquierda y en versales se muestran las relaciones que ANTICANCER-DRUG, TREATMENT y HAVE-NEOPLASM, respectivamente, mantienen con los conceptos de la derecha, en mayúscula. Como podemos ver, la relación genérico-específico (ISA) sería la más básica y nos permitiría ubicar jerárquicamente el concepto adquirido, ANTICANCER-DRUG IS-A DRUG, TREATMENT IS-A MEDICALSERVE y HAVE-NEOPLASM IS-A DISEASE. A continuación, observamos una serie de relaciones no jerárquicas y de atributos que son los que contribuyen a enriquecer la base de conocimiento del intérprete. En la tabla 2, aparecen relaciones como HAS-SIDE-EFFECT, que conectaría el concepto ANTICANCER-DRUG con las enfermedades surgidas como efecto secundario del uso de un fármaco, caso de DIARRHEA, ANEMIA, etc. Por lo que se refiere a los atributos, observamos ejemplos como STATE-OF-MATTER, WAY-OF-ADMINISTRATION y TOXICITY. Los dos primeros se corresponden con valores literales, liquid/solid y oral/iv/ia/im, respectivamente, y el tercero con un valor escalar, 0-5. Estos esquemas categoriales le sirven al intérprete como plataforma para establecer las correspondencias entre los conceptos y sus distintas representaciones lingüísticas, ya que la relación 1:1 entre concepto y término no siempre es posible ni deseable. En la tabla 5, observamos ejemplos correspondientes a la categoría HAVE-NEOPLASM: TREATMENT IS_A ➙MEDICAL-SERVE AGENT ➙PHYSICIAN BENEFICIARY ➙PATIENT INSTRUMENT ➙DRUG/MEDICAL-MATERIAL/X-RAY COST: ➙>= 0 DURATION: ➙1 day-2500 days PAIN: ➙0-5 RELIABILITY: ➙yes/no SUCCESS: ➙<=0>=1 Tabla 3: Esquema categorial de TREATMENT - 9 -
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