Desarrollo didáctico de las nociones de "coherencia" y "cohesión" y su aplicación a los estudios de traducción
Abstract
El presente artículo pretende revisar desde un punto de vista teórico y didáctico las nociones de coherencia y de cohesión, así como su relación con otros conceptos cercanos, como son los de discurso y texto. Así, partiremos desde una aproximación lingüística a estos conceptos para finalizar en la utilidad que ambos tienen como herramienta de análisis lingüístico no sólo en la comprensión de un texto origen, sino también en la producción de un texto meta.
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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 DESARROLLO DIDÁCTICO DE LAS NOCIONES DE «COHERENCIA» Y «COHESIÓN» Y SU APLICACIÓN A LOS ESTUDIOS DE TRADUCCIÓN Fernando J. CHUECA MONCAYO Universidad de Valladolid 1. INTRODUCCIÓN La importancia de las nociones de “coherencia” y “cohesión” dentro de la Lingüística y de las ramas de las que esta disciplina está compuesta es, ciertamente, una cuestión nada desdeñable a juzgar por el volumen de páginas que los distintos investigadores en el campo de la Lingüística, así como de áreas próximas a ésta, han dedicado al estudio de estos conceptos, no sólo a través del soporte tradicional (i.e. el papel) sino además en esa enorme biblioteca virtual que es Internet: es cuestión solamente de introducir los términos anteriores en la base de datos de una buena biblioteca universitaria o en alguno de los muchos motores de búsqueda disponibles en la red y comprobar los cientos y miles de referencias y vínculos relacionados con ellos, lógicamente no todos del mismo valor, pero que dan buena muestra del interés que suscitan estos conceptos. Ciertamente, las nociones de “coherencia” y “cohesión” han ocupado un lugar de tratamiento privilegiado dentro de disciplinas de la Lingüística como son la Lingüística del Texto o el Análisis del Discurso. Nuestro objetivo en el presente artículo es realizar una revisión crítica de ambas nociones desde un punto de vista fundamentalmente teórico y didáctico dentro del marco de la Lingüística, sin olvidar la utilidad obvia que la aplicación de ambos conceptos puede tener para otras disciplinas como puedan ser los Estudios de Traducción, cuestión ésta que, aun no siendo novedosa, ha recibido menor atención, lo cual no implica que no haya habido interesantes estudios como los de Larson y Shreve & Neubert para la lengua inglesa o los de Tricás para la lengua española, entre otros. A pesar del desarrollo “teórico” de este estudio, la idea que subyace al mismo es la de ofrecer a aquellos/-as alumnos/-as en formación en traducción (principales destinatarios de este artículo) una perspectiva de aplicación de estos conceptos. En otras palabras, pretendemos convencer a nuestros posibles receptores de la utilidad como herramienta de análisis de las nociones de “coherencia” y, fundamentalmente, de “cohesión” y desterrar en la medida de lo posible cualquier compresión de ambas como elementos que hay que estudiar para determinadas asignaturas y que, en un determinado momento, se olvidan sin más. La aplicación de las categorías cohesivas al análisis lingüístico de un texto origen y la posterior producción de un texto meta posee una utilidad evidente en la labor traductológica de nuestros/-as alumnos/-as. Es nuestra intención complementar el desarrollo teórico expuesto en el presente artículo con aplicaciones prácticas en posteriores investigaciones. Por el momento, creemos que es suficiente suscitar en nuestros receptores la conciencia práctica que ambas nociones encierran. - 1 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 Para alcanzar nuestro objetivo, procederemos a desarrollar algunos conceptos básicos: en primer lugar, realizaremos algunas consideraciones previas acerca de la noción de “cohesión”, principal foco de interés de este estudio (apartado 2); en segundo lugar, tendremos oportunidad de analizar la relación que mantiene este concepto con otros conceptos importantes como son los de “discurso” y “texto” (apartado 3); en tercer lugar, abordaremos la noción de cohesión en relación con otro concepto cercano: la coherencia (apartado 4); en cuarto lugar, analizaremos las posibilidades de aplicación de la cohesión, en sus vertientes de relación y de categoría, al proceso de traducción (apartado 5); por último, recogeremos las principales aportaciones de esta investigación, así como algunas posibles futuras líneas de estudio en un último apartado dedicado a conclusiones. 2. CONSIDERACIONES GENERALES Durante una gran parte del siglo pasado, la Lingüística estuvo muy preocupada por el análisis y descripción de lo que tradicionalmente se han denominado las unidades menores del sistema lingüístico: fonemas, morfemas y lexemas, sintagmas, cláusulas y oraciones. Las distintas corrientes lingüísticas del siglo XX (estructuralismo europeo y americano, formalismo ruso, funcionalismo de la Escuela de Praga, la gramática generativo-transformacional) han dado buena muestra de su interés por la investigación de dichas unidades, que parecían tener su límite en la oración. Por otro lado, a pesar del reconocimiento de la dicotomía básica langue/parole o competence/performance o lengua y habla, el énfasis de estas corrientes parece recaer en la descripción de las unidades de la lengua como sistema, por lo que los datos utilizados por aquellos lingüistas corresponden en la mayoría de las ocasiones a ejemplos construidos al efecto para dar cuenta de la competencia de un hablante/oyente ideal. La parte aplicada de la disciplina recibe, por tanto, una menor atención que la parte teórica de la misma. En la última parte del siglo pasado, el interés de los lingüistas se desplaza hacia el estudio de lo que sucede más allá de la oración, hasta llegar al análisis de unidades mayores como el texto. Esto no quiere decir, por supuesto, que el término “texto” no hubiera sido manejado con anterioridad1, tanto en Lingüística como en otras disciplinas (Retórica o Estudios Literarios), pero la concepción del mismo difiere del sentido que éste empieza a adquirir. De esta forma, como afirma Gutwinski (1976: 15), hay acercamientos tempranos (década de los 50) a la nueva noción de texto, principalmente a partir de la preocupación por el estudio de las relaciones entre los enunciados dentro del discurso2 como son los trabajos de Z. S. Harris. 1 Entre otros, Hjemslev utiliza el término “texto” para referirse en un sentido amplio a un enunciado cualquiera, hablado o escrito, largo o breve, antiguo o moderno, según se recoge en Bernárdez (1982: 78). Halliday & Hasan (1976: 1) retomarán, en un primer momento, una definición similar a ésta para reformular su concepción de lo que es un texto. 2 Las nociones de texto y discurso, al igual que otras configuraciones lingüísticas, son muy difíciles de definir y delimitar. Como tendremos ocasión de apreciar posteriormente, las posiciones de los investigadores ante éstos y otros conceptos próximos son en ocasiones contrapuestas o, al menos, diferentes. En el presente contexto de enunciación al que está unida esta cita y de manera introductoria, hemos utilizado las denominaciones “texto” y “discurso” como intercambiables y, por tanto, sinónimos. A medida que avancemos en la presente investigación, iremos perfilando de una manera más precisa cada uno de ellos, hasta llegar a la conclusión de que ambos términos obedecen a conceptos diferentes, aunque relacionados, por lo que no podremos considerar a partir de entonces a ambos términos como sinónimos. - 2 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 A finales de los 60 y comienzos de los 70, el interés por el estudio de la estructura del discurso empieza a adquirir un cierto protagonismo dentro del marco de la Tagmémica, la Gramática de Casos, la Lingüística Sistémica o la Gramática Estratificada. Esta preocupación por el texto y el discurso se refleja en la aparición de nuevas áreas de estudio como la Lingüística del Texto o el Análisis del Discurso. Asimismo, en un área afín a éstas, los Estudios de Traducción, el debate sobre cuál debe ser la unidad de traducción, que hasta este momento había sido equiparada con la oración, comienza a mostrar su interés por unidades superiores a ésta, fundamentalmente el texto. Si anteriormente, los datos eran inventados para confirmar la competencia lingüística de un hablante/oyente ideal, la investigación en este momento se centra en datos reales, los textos, tal y como son usados por sus usuarios naturales. Del énfasis en la parte teórica de la Lingüística se pasa a un énfasis en la parte aplicada: lo fundamental es cómo utilizan el lenguaje los hablantes de una comunidad lingüística/comunicativa y qué medios emplean para llevar a cabo la comunicación. Es en este entorno de la Lingüística Textual y del Análisis del Discurso, en el que los investigadores sienten la necesidad de observar las relaciones que se establecen más allá de los límites de la oración. Dentro de este marco de estudio de la organización del texto y la estructura del discurso, cobra significación el concepto de cohesión. Sin embargo, la noción de cohesión ya existía con anterioridad a su auge dentro del estudio del texto y del discurso en determinadas ramas de la Lingüística. Es decir, que mientras el interés sistemático por parte de los lingüistas acerca de los problemas de la organización del texto y la estructura del discurso es relativamente reciente, esos problemas ya habían sido objeto de estudio dentro de otras disciplinas como la Crítica Literaria o la Retórica (Gutwinski 1976: 22). Por tanto, como consecuencia del desplazamiento del interés de los lingüistas hacia el análisis y descripción del texto como unidad, el término “cohesión” (cohesion), así como otro concepto cercano a éste (“coherencia”o coherence), se convierten en denominaciones muy populares dentro de algunas ramas de la Lingüística como el Análisis del Discurso, la Lingüística del Texto o la Estilística (Wales, 1994: 603). Pero a menudo su utilización ha resultado un tanto confusa. Como afirma Wales: “they [cohesion and coherence] are not always easily distinguished or distinguishable: coherence, for example, is defined as ‘semantic cohesion’ and cohesion as ‘textual coherence’; they are related etymologically and share the same verb cohere. But their adjectives (coherent, cohesive), hint at different shades of meaning, even in everyday usage, which can be exploited in a useful technical distinction” (1994: 603). Efectivamente, en la elaboración de este estudio hemos podido comprobar, no sólo que hay cierta confusión acerca de estos términos en la utilización por parte de los distintos autores, sino también cierta inconsistencia en el uso de los mismos dentro de la terminología de un mismo autor, bien sea ésta debida a una inconsistencia conceptual o a una inconsistencia meramente denominativa. Sea como fuere, la noción de “cohesión” ha llamado significativamente la atención de numerosos investigadores dentro de la Lingüística, en un primer momento, y dentro de otras disciplinas, posteriormente. - 3 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 3. DISCURSO Y TEXTO Como hemos tenido oportunidad de ver en el apartado anterior, las nociones de “cohesión” y “texto” están íntimamente relacionadas. Antes de proceder a la definición de “cohesión”, es interesante establecer de antemano qué se entiende por texto y el vínculo que mantiene éste con otra configuración lingüística cercana: el discurso. Veíamos en la nota 2 del presente artículo que la dicotomía texto/discurso, al igual que otras configuraciones lingüísticas, presentaba dificultades con respecto a su definición y delimitación. La pregunta que surge de inmediato al tratar los términos3 “texto” y “discurso” es: ¿hacen referencia al mismo concepto? ¿Son, por tanto, sinónimos? Grosso modo, se distinguen al menos cuatro aproximaciones diferentes a este respecto: 1) Una primera aproximación considera ambos términos más o menos sinónimos a efectos prácticos y, por consiguiente, intercambiables4; 2) Una segunda aproximación, en la que el término “texto” se refiere al lenguaje escrito y el término “discurso”, al lenguaje oral5; 3) Una tercera aproximación distingue asimismo ambas nociones: el texto es el resultado de la combinación de elementos lingüísticos (léxicos y gramaticales) en un nivel de superficie, mientras que el discurso es el resultado de la combinación de configuraciones semánticas (conceptos y relaciones) en un nivel de estructura profunda6; 4) Una cuarta y última aproximación que también diferencia texto y discurso, pero no desde el punto de vista estructural, sino desde un punto de vista procedimental: el texto como producto y el discurso como proceso7. En esta investigación, nosotros nos acercamos a estos conceptos desde la dicotomía de “discurso” como proceso en el que se combinan diferentes configuraciones semánticas que dan lugar al “texto” como producto, es decir, el resultado de la combinación de esas estructuras 3 Nuestro deseo en el presente artículo es emplear la terminología de una manera consistente. Para ello comenzaremos aquí por establecer que utilizaremos la denominación “término” para aquellas unidades léxicas que se materializan en unidades especializadas de acuerdo no sólo con criterios lingüísticos sino también pragmáticos; en este caso, nos encontramos dentro de un dominio especializado (la Lingüística), con unos receptores especialistas o aprendices de especialistas en la materia y una perspectiva especializada. Por otro lado, utilizaremos la etiqueta lingüística “palabra” para todas aquellas unidades léxicas que pertenecen al conocimiento de la mayoría de los hablantes. Como puede apreciarse, “unidad léxica” es tratado aquí como un hiperónimo tanto de “término” como de “palabra”. Con respecto a “término”, se plantea además otro interrogante: ¿es el término exclusivamente la etiqueta lingüística de un concepto o la asociación de ambos? Nosotros optaremos por una visión amplia de la cuestión y trataremos el término como la asociación de denominación lingüística y concepto. Por último, y a diferencia de Sager, Dungworth & McDonald (1980) y Sager (2000), trataremos las unidades léxicas “noción” y “concepto” como sinónimos y, por tanto, intercambiables. Evitaremos, en la medida de lo posible, hablar de “palabras” para referirnos a unidades ortográficas. 4 Tal es el caso, por ejemplo, de Mederos Martín (1988: 25), quien además, en su análisis de la cohesión, no aprecia la necesidad de “adentrarnos en el espinoso problema de la caracterización del concepto de texto” (1988: 25), entendiendo por este último “el mero registro verbal de un comportamiento lingüístico” (1988: 25), concepto éste que parece acercarse a la concepción que se tenía del mismo dentro de lo que podríamos denominar la lingüística formal tradicional. 5 Así aparece reflejado en Trosborg (1997: 4). 6 En esta línea de comprensión del texto como estructura formal y discurso como estructura semántica, se encuentra la posición de Edmondson (1997: 251), quien además asocia utterance y sentence a discourse y text, respectivamente. 7 Seidlhofer & Widdowson (1997: 206) proponen una aproximación similar al entender el texto como el producto lingüístico de un discurso y el discurso como un proceso de formulación conceptual, al igual que Bublitz & Lenk (1997: 154) o Brown & Yule (1993: 44). - 4 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 semánticas plasmadas en estructuras formales y léxicas en la superficie del texto. Como se puede observar, nuestra postura, de algún modo, resulta de la fusión de las tercera y cuarta aproximaciones a las que hacíamos alusión en los párrafos anteriores. Pero, ¿a qué hace referencia habitualmente el término “texto”? Las definiciones que podemos encontrar en las distintas disciplinas son numerosas. Nosotros citaremos aquí tres en concreto, correspondientes a autores procedentes de la Lingüística Textual y los Estudios de Traducción. Según Halliday & Hasan (1976: 1), “the word TEXT is used in linguistics to refer to any passage, spoken or written, of whatever length, that does form a unified whole”. Esta primera definición, que recuerda en gran medida a la postura de la lingüística tradicional, se ve matizada posteriormente: “A text is best regarded as a SEMANTIC unit: a unit not of form but of meaning” (1976: 2) (...) “A text, then, can be thought as the basic unit of meaning in language. It is to semantic structure what the sentence is to lexicogrammatical structure and the syllable to phonological structure” (1976: 25). Por su parte, Beaugrande & Dressler (1981: 3) definen el texto como “a COMMUNICATIVE OCCURRENCE which meets seven standards of TEXTUALITY. If any of these standards is not considered to have been satisfied, the text will not be communicative. Hence, non-communicative texts are treated as non-texts”. La tercera y última definición procede de Fernández Antolín (2000: 23): “any communicative written passage8, of any length, maximally cohesive and coherent for its pragmatic occurrence, at both linguistic and functional levels”. Las tres definiciones recogen el conjunto múltiple de factores fundamentales que intervienen en la noción de texto desde la perspectiva de la Lingüística Textual, según Bernárdez (1982: 85): “1) carácter comunicativo: actividad, 2) carácter pragmático: intención del hablante, 3) carácter estructurado: existencia de reglas propias del nivel textual”. Respecto a este último factor, nosotros tenemos ciertas reservas acerca de si el texto presenta una estructura o una organización, ya que, como afirma Hoey (1991: 193), si el texto está estructurado, eso implica que es susceptible de ser descrito en términos predictivos, cuestión ésta peliaguda dada la naturaleza compleja del texto. Creemos, por tanto, tomando como base los postulados de Hoey, que quizás sea más apropiado hablar de organización del texto, puesto que todo texto presenta una disposición de los elementos formales en función del propósito del mismo. El texto es, por tanto, una unidad de la lengua en uso dentro de un contexto de situación, una actualización del discurso que, a su vez, está determinado por el tipo textual, entendido este último concepto como la clase (kind) o clases de textos que Beaugrande & Dressler denominan “TEXT TYPES as classes of texts with typical patterns of characteristics” (1981: 10) o “classes of texts expected to have certain traits for certain purposes” (1981: 182). Dado que un texto es una unidad semántica (además de formal), no hay un límite en cuanto a su extensión, ya que puede variar desde un mero sintagma nominal, verbal, adverbial o preposicional a todo un libro, como sucede, en 8 Desde nuestro punto de vista, no tiene que ser necesariamente un fragmento escrito, podría ser oral también, pero en cualquier caso esta definición se acopla perfectamente a nuestros propósitos, ya que nosotros trataremos con lenguaje escrito en el presente artículo. - 5 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 opinión de Halliday & Hasan (1976: 294), en géneros como la ficción. Puesto que se trata, además, de una unidad semántica, el texto no se compone de oraciones, sino que se actualiza por medio de ellas. 4. COHERENCIA Y COHESIÓN A pesar de que ambos términos representan fenómenos de algún modo relacionados, en este apartado trabajaremos, en primer lugar, de forma individual con cada uno de ellos, para terminar estableciendo la relación entre ambos. El término “coherencia” no sólo ha sido utilizado dentro del campo de la Lingüística, sino en otras disciplinas como la Psicología, principalmente para estudiar desórdenes como la esquizofrenia, o incluso para comprobar el grado de veracidad de acusados y testigos en un proceso judicial. Lógicamente, en esta investigación nosotros abordaremos el concepto de coherencia desde un punto de vista exclusivamente lingüístico en cuanto a su contribución a la interpretación del significado transmitido por el texto, cuestión ésta que trataremos de perfilar de una manera precisa y consistente en este apartado. En el apartado 2 hablábamos de la confusión que a menudo provocan las nociones de coherencia y cohesión. Además del desconcierto asociado a ambas, en el caso de la coherencia Bublitz (1999: 1) alude a la “mystifying aura” que parece haber rodeado a este término, sobre el cual comenta: “coherence is a concept which in its complexity is still not fully understood and a matter of continuing debate. While after the publication of Halliday and Hasan’s book ‘Cohesion in English’ in 1976 the notion of cohesion was widely welcomed and accepted as a well-defined and useful category for the analysis of text beyond the sentence, coherence was regarded or even dismissed as a vague, fuzzy and ‘rather mystical notion’ (Sinclair 1991: 102) with little practical value for the analyst” (Bublitz 1999: 1). Las observaciones de este investigador no son, ni mucho menos, baladíes. De la documentación recogida en la realización de este estudio se desprende que la cuestión de qué se entiende exactamente por “coherencia” no esté en absoluto cerrada. Entre los numerosos intentos por definir este fenómeno, nosotros hemos recogido tres aportaciones que representan perspectivas parcialmente coincidentes y, al mismo tiempo, diferentes. La primera de ellas procede de Beaugrande y Dressler (1981: 4), quienes definen “coherencia” de la siguiente forma: “The second standard [of textuality] will be called COHERENCE and concerns the ways in which the components of the TEXTUAL WORLD, i.e. the configurations of CONCEPTS and RELATIONS which ‘underlie’ the surface text, are mutually accessible and relevant”. De la anterior definición se desprende la existencia en el modelo de Beaugrande & Dressler de dos niveles: un primer nivel superficial (que, para estos autores, tiene mucho que ver con el fenómeno de la cohesión); y un segundo nivel, al que Beaugrande & Dressler asignan la denominación de textual world, que se caracteriza por mostrar una continuidad de sentidos, entendidos estos últimos como el conocimiento que se manifiesta a través de las expresiones de un - 6 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 texto. A esta continuidad de sentidos en el mundo textual es a lo que estos autores se refieren como coherence. La coherencia es, por tanto, el resultado de una combinación de conceptos y relaciones, que se expresan mediante una red de espacios de conocimiento (knowledge spaces) centrada en unos determinados nodos o centros de control (control centres). De acuerdo con Beaugrande & Dressler (1981: 95), existen dos tipos de conceptos candidatos a convertirse en nodos: los denominados conceptos primarios (primary concepts) y los conceptos secundarios (secondary concepts). La segunda definición procede de Shreve & Neubert (1992), para quienes la coherencia es “[a property] which defines the semantic connections between information units in the text” (1992: 93). La coherencia, como mecanismo de conexión entre conceptos, añade a palabras y otras construcciones más significado del que éstas contienen cuando las consideramos de manera aislada. La coherencia es, en opinión de estos autores, una conexión entre elementos de información individuales que permite crear estructuras globales de significado. La tercera y última definición tiene su origen en los postulados de Hatim & Mason (1989), quienes definen la coherencia como “the procedures which ensure conceptual connectivity including (1) logical relations, (2) organisation of events, objects and situations9, and (3) continuity in human experience” (1989: 195). Para estos autores, la coherencia se convierte en el significado pretendido por el productor del texto y que el receptor interpreta en función del material textual. De lo aportado en las tres definiciones anteriores, podemos extraer dos interpretaciones distintas de la coherencia: 1) La coherencia es una propiedad del texto. 2) La coherencia es el resultado de la intención de un emisor. Sin embargo, la escena no está del todo completa. Hay una tercera interpretación que considera que la coherencia es el resultado de una negociación entre los participantes de la comunicación (Bublitz, 1999: 3; Seidlhofer & Widdowson, 1999: 210), observándose este aspecto con mayor facilidad en el discurso oral que en el escrito. Cuando se establece una comunicación entre un emisor y un receptor, en teoría, esa interacción responde al principio de cooperación de Grice, por lo que el emisor tratará de que su discurso tenga sentido para el receptor en función de su intención y de los factores situacionales que rodean ese acto de comunicación. El receptor, por su parte, tratará de buscar la coherencia pretendida por el emisor del enunciado, teniendo también en cuenta sus expectativas ante el propósito de la interacción. Entendida de esta forma, la coherencia, como noción interpretativa en la negociación del significado del texto entre emisor y receptor, se convierte más en un proceso que en un producto o estado. Por tanto, la noción de coherencia hace referencia a tres interpretaciones distintas: 1) La coherencia es una propiedad del texto. 2) La coherencia es el resultado de la intención de un emisor. 3) La coherencia es el resultado de un proceso de negociación entre emisor y receptor. A pesar de las dificultades a la hora de definir la coherencia, debido a su naturaleza más o menos subjetiva, parece que la posición más común a este respecto es considerar la coherencia 9 Estos tres conceptos, junto con el denominado actions, constituyen los llamados “conceptos primarios” a los que hacían referencia Beaugrande & Dressler. - 7 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 como la propiedad de las estructuras o configuraciones semánticas que subyacen a la superficie del texto. Hasta aquí hemos tratado acerca del primero de los dos conceptos que ocupan este apartado. Es momento, por tanto, de pasar al segundo de ellos: la cohesión. Pero, ¿qué se suele entender habitualmente por cohesión dentro de los estudios lingüísticos? ¿Cómo se manifiesta la cohesión dentro del texto? ¿Qué relación mantiene con ese concepto cercano que es la coherencia? Comenzaremos por responder a la primera cuestión, para lo cual tomaremos como referencia las aportaciones que se han realizado, como ya hemos hecho anteriormente, desde la Lingüística del Texto, el Análisis del Discurso o los Estudios de Traducción. De acuerdo con Halliday & Hasan (1976: 4): “the concept of cohesion is a semantic one; it refers to relations of meaning that exist within the text, and that define it as a text. Cohesion occurs where the INTERPRETATION of some element in the discourse is dependent on that of another. The one PRESUPPOSES the other, in the sense that it cannot be effectively decoded except by recourse to it”. De acuerdo con Halliday & Hasan, hay factores objetivos que determinan que un determinado fragmento de discurso10 sea considerado un texto, por lo que su intención es identificar esos factores, para establecer cuáles son las propiedades del mismo y qué es lo que distingue un texto de una secuencia de oraciones inconexas. Para comprender adecuadamente la aproximación al concepto de cohesión de ambos investigadores, es importante distinguir entre la naturaleza de las relaciones cohesivas y los recursos formales que se utilizan para expresar dichas relaciones: la naturaleza de las relaciones cohesivas es semántica, pero, como todos los componentes del sistema lingüístico, según Halliday & Hasan, se materializan a través del sistema lexicogramatical11 (1976: 6). Dentro de la naturaleza de las relaciones cohesivas distinguen tres tipos de relaciones: las que expresan relatedness of form12, relatedness of reference o semantic connection13 (1976: 304). Estas relaciones cohesivas semánticas se manifiestan en el nivel lexicogramatical, bien a través de la gramática (conjuntos cerrados de la lengua) o bien a través del vocabulario (conjuntos abiertos de la lengua), de ahí que se produzca la distinción entre grammatical cohesion and lexical cohesion, y clasifiquen un tipo u otro de relación cohesiva (referencia, sustitución, elipsis, conjunción y cohesión léxica) en función de la distinción anterior14. 10 Utilizamos en este caso la terminología empleada por Brown & Yule (1993: 37). 11 Halliday & Hasan parten de una organización estratificada del lenguaje en tres niveles o estratos: el nivel semántico, el nivel lexicogramatical y el nivel fonológico y ortográfico. 12 Hemos optado por mantener la terminología original para evitar una mala interpretación de lo que son los conceptos originales. 13 En nuestra opinión, el término utilizado para designar este tipo de relación cohesiva puede conducir a interpretaciones erróneas, dado que en cierta medida los dos anteriores tipos de relaciones también mantienen una determinada conexión semántica entre los elementos que conforman la relación cohesiva. 14 De esta forma, la clasificación de unos tipos y otros de relaciones cohesivas queda a grandes rasgos de la siguiente forma: —Cohesión gramatical: referencia, sustitución y elipsis. —Cohesión léxica: cohesión léxica. La conjunción queda en la frontera de los dos tipos: principalmente gramatical, pero con un componente léxico. - 8 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 El uso que hacen Halliday & Hasan del término “cohesión” se refiere específicamente a los medios lingüísticos que expresan relaciones semánticas, que constituye una de las tres formas de crear textura15 desde un punto de vista lingüístico y, por lo tanto, de crear texto. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que el modelo de cohesión que proponen estos autores no es un modelo de compartimentos estancos y fronteras definidas claramente: es un modelo flexible, en el que hay casos de formas cohesivas que permanecen en la frontera de uno u otro tipo de relación y que pueden ser interpretados de una forma o de otra. De esta forma, la noción de “cohesión” va más allá del concepto de oración. En la práctica, lo que realmente interesa a estos investigadores son las relaciones cohesivas que se establecen entre oraciones entre un elemento del texto y algún otro elemento dentro del mismo que es imprescindible para la interpretación del primero de ellos. La cohesión se convierte, por consiguiente, en uno de los factores fundamentales para determinar que un determinado fragmento de discurso sea considerado un texto y no una sucesión de oraciones inconexas. El análisis lingüístico de la cohesión se convierte para Halliday & Hasan en un medio para explicar por qué un texto significa lo que significa para un emisor y un receptor determinados. El análisis lingüístico de la cohesión no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un fin específico, que vendrá determinado por las necesidades de cada investigador. Para Beaugrande & Dressler, la cohesión se convierte en el primero de los parámetros de textualidad, al que definen como “the ways in which the components of the SURFACE TEXT, i.e. the actual words we hear or see, are mutually connected within a sequence” (1981: 3). Al utilizar el término “cohesión” en este sentido, Beaugrande & Dressler enfatizan la función de la sintaxis en la comunicación. Para situar adecuadamente el lugar de la cohesión dentro de la teoría de los textos de ambos autores, es necesario distinguir entre dos niveles del texto: un nivel superficial, que se manifiesta en unidades formales, como puedan ser entes léxicos, frases, cláusulas y oraciones; y un nivel subyacente, compuesto por conceptos y las relaciones que se establecen entre éstos. El concepto de cohesión de estos autores “rests on the presupposed coherence of the textual world” (1981: 71). La cohesión se produce en el primer nivel y se manifiesta tanto en lo que Beaugrande & Dressler denominan close-knit units (1981: 54), como pueden ser frases, cláusulas y oraciones, como en long-range stretches of text (1981: 54). En el primer caso, los componentes de superficie del texto dependen los unos de los otros de acuerdo con las formas y convenciones gramaticales, por lo que la cohesión descansa en lo que ellos llaman grammatical dependencies, tales como, por ejemplo, subject-to-verb o modifier-to-head (1981: 50). En el segundo caso (long-range stretches), la cohesión progresa a través de la utilización de elementos previos en el texto. La tercera y última definición procede de los postulados de Larson (1984), para quien la cohesión es “a linear [phenomenon] running through the discourse, weaving it together” (1984: 389). 15 Para estos lingüistas la textura es la propiedad que permite distinguir lo que es texto de lo que no lo es (1976: 2). Las otras dos formas de crear textura a las que hacíamos alusión son (a) lo que tradicionalmente se conoce como information structure y que se refiere a la ordenación del texto en unidades de información sobre la base de la distinción entre “dado” y “nuevo”; y (b) mediante la estructura del discurso, entendiendo por ello una estructura mayor que tiene que ver con la noción tradicional de “género”. - 9 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 codifica el mensaje anterior por medio del código 2, (12) selecciona el canal, (13) transmite la señal 2 que contiene el mensaje, (14) un receptor 2 recibe la señal 2 que contiene el mensaje, (15) reconoce el código 2, (16) descodifica la señal 2, (17) recupera el mensaje y (18) comprende el mensaje. Si la traducción fuera, por tanto, una mera cuestión de codificar en una segunda lengua unos signos lingüísticos expresados en una primera lengua, la traducción no sería en sí una actividad excesivamente compleja. La verdadera complejidad es que el traductor no es sólo un mediador entre lenguas, sino también entre culturas, entendida esta última palabra en un sentido amplio. De esta forma, el traductor es un mediador entre dos textos distintos (TO y TM) de dos lenguas diferentes (LO y LM) que representan dos culturas distintas (CO y CM), que perciben la realidad de modo diferente. Una de las primeras cuestiones que puede presentar diferencias entre lenguas/culturas, y que el traductor debe tener muy en cuenta es el género/tipo textual26. En opinión de Larson (1984: 365), cada lengua tiene sus propias formas de expresar un propósito a través de lo que ella denomina géneros discursivos (discourse genre). Además, éstos poseen estructuras semánticas diferentes que se reflejan en unidades de agrupamiento distintas en función del propósito comunicativo que el emisor pretende cumplir, que se manifestarán en diversas formas de discurso en un nivel de superficie de acuerdo con cada lengua. A este problema que se le plantea al traductor de reconocer el género del TO para elegir apropiadamente el género del TM, se suman las funciones primaria y secundaria de cada género (Larson, 1984: 387); es decir, los géneros tienen una función primaria a la hora de transmitir un propósito que corresponde básicamente con las intenciones asociadas a cada género27. Pero, en ocasiones, el productor del TO elige un género determinado para transmitir un propósito que no es el que generalmente se asocia a aquél, con objeto, por ejemplo, de crear un determinado efecto sobre el receptor de ese texto. En opinión de Larson (1984: 385), la función primaria del género no suele plantear excesivos problemas al traductor, aunque sí suele suceder con la función secundaria del género. Es por todo ello de gran importancia que el traductor sea capaz de reconocer el género/tipo textual del TO antes de elegir el correspondiente género/tipo textual del TM. Además de reconocer el género, el traductor, como mediador en el proceso textual que conecta un sistema de conocimiento con otro, necesita un principio que le sirva como guía en ese proceso (Shreve & Neubert, 1992: 69). El TM tiene que competir en el mundo textual de la LM como un ejemplo natural de texto en el polisistema de esa lengua/cultura, por lo que debe mostrar todos los rasgos que lo hagan reconocible como cualquier texto original en esa lengua/cultura; es decir, el TM debe reunir todos los parámetros de textualidad. Ésta se convierte en ese principio que necesita el traductor, ya que “textuality integrates translation procedure and world knowledge with 26 Aunque no consideramos que ambos términos sean sinónimos, optamos por adoptar esta postura para aclarar el significado de lo que estamos diciendo. 27 Respecto a esta noción, Larson distingue seis géneros discursivos o discourse genre, cada uno de los cuales obedece a un propósito retórico: “six basic contrasting genre will be discussed: narrative, procedural expository hortatory descriptive, and repartee. The differences between these genre can be best seen by thinking of the purpose of the writer. In narrative discourse, the author’s purpose is to ‘recount’; in a procedural discourse, to ‘prescribe’; in expository discourse, it is to ‘explain’; in a descriptive discourse, to ‘describe’; in hortatory discourse, to ‘propose, suggest, or command’; and in repartee discourse to ‘recount speech exchange’. When narrative and repartee are found intermingled in the same discourse, the result is dialogue discourse which is a special surface structure form” (1984: 3865). - 16 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 the text as product” (1992: 69). De acuerdo con estos lingüistas, “in the context of translation studies, the principle of textuality can be used to define the conditions under which an L1 text and its L2 counterpart can be said textually equivalent” (1992: 70). El principio de textualidad adquiere tal significación en el modelo de traducción de estos autores, que incluso llegan a decir que “we can only understand translation if we understand textuality” (1992: 145). Los parámetros de coherencia y cohesión, por su parte, juegan un importante papel dentro de ese principio de textualidad. Manipulando ligeramente los postulados de estos autores (1992: 93), podemos decir que un modelo de traducción basado en el texto debe intentar restablecer en el TM unos patrones de coherencia y de cohesión funcionalmente paralelos a los del TO. Shreve & Neubert (1992) y Larson (1984) comparten la idea de que cada lengua posee sus propios mecanismos de dar coherencia28 y cohesión al texto, es decir, de crear textura. Esto implica que el traductor puede verse obligado a crear nuevos patrones de coherencia y cohesión distintos o parcialmente distintos a los patrones que refleja el TO. Lógicamente, si se producen cambios en el patrón de coherencia del TM, éstos se verán probablemente reflejados en la estructura lingüística del texto. El traductor, por tanto, como receptor del TO debe conocer los mecanismos que producen coherencia y cohesión en el TO y, como emisor o productor del TM, debe tener un total conocimiento de los recursos existentes en la LM para crear coherencia y cohesión en el TM. El desconocimiento de esta serie de recursos puede originar lo que Shreve & Neubert denominan cohesion interference y que podríamos hacer también extensivo para la coherencia: “this condition [cohesion and coherence interference] is caused by the intrusion of L1 cohesion [and coherence] patterns into L2 texts” (1992: 104). Si, como decíamos anteriormente, el traductor pretende que su TM compita en el mundo textual de la LM como un ejemplo natural de texto en el polisistema de esa lengua/cultura, es imprescindible que, desde un punto de vista lingüístico, su texto “suene” natural y es aquí donde las relaciones y categorías cohesivas intervienen de manera decisiva. Para ello, el traductor dispone de la estimable herramienta de los textos paralelos, que Shreve & Neubert definen de la siguiente forma: “parallel texts [are] texts of similar informativity which are used in more or less identical communicative situations. True parallel texts are not the results of previous translation. They are the results of a process of parallel evolution” (1992: 89). Así, el análisis lingüístico de un texto por medio del estudio de las relaciones y categorías cohesivas se convierte no sólo en un criterio para la interpretación del significado de un TO, sino también en una herramienta fundamental para el traductor para la producción de un TM. 6. CONCLUSIONES A pesar de la gran cantidad de investigaciones que los conceptos de coherencia y cohesión han generado, nuestra experiencia docente nos ha permitido inferir que la distinción entre uno y otro no está siempre del todo clara, cuestión ésta que constata un hecho habitual como señalaban las palabras de Wales citadas al final del apartado 2. Por ello, hemos intentado hacer una revisión didáctica de ambos conceptos, llegando a la conclusión de que ambos son recursos de creación de 28 Hemos de matizar que Larson no habla abiertamente de “coherencia”, sino más bien de estructuras semánticas del discurso. - 17 -
Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 5 - Año 2003 significado y se entienden mejor desde una perspectiva integradora más que excluyente. Ambos son, por tanto, manifestaciones de un mismo fenómeno: la creación de un mensaje por parte de un emisor y la adecuada interpretación del mismo por parte de un receptor. En definitiva, dos factores esenciales en el proceso de comunicación. Esta situación tiene repercusiones obvias para otras formas de comunicación humana como puede ser la traducción. De ahí nuestro interés en resaltar el beneficio que las nociones de coherencia y de cohesión, y fundamentalmente ésta última por los recursos objetivos empleados para la creación de textura y que dan lugar, a su vez, a las distintas categorías cohesivas señaladas en el apartado 4, pueden tener para el análisis lingüístico de un TO y la producción de un TM por parte de un mediador lingüístico, y, en especial, para aquellos futuros traductores que en la actualidad se encuentran en proceso de formación. Esperamos sinceramente que todo lo expuesto hasta este momento, a pesar de no ser novedoso, sí que haya resultado útil para despejar las posibles dudas que ambos conceptos pudieran ofrecer, así como para sensibilizarse de la gran utilidad que ambas nociones pueden tener en el conocimiento de los textos, ya sean estos de carácter general o especializado. Es nuestro deseo plasmar lo expuesto en el presente artículo en ejemplos concretos que validen nuestros postulados, todo lo cual esperamos poder realizar en posteriores investigaciones. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BEAUGRANDE, R. de & DRESSLER, W.U. (1981), Introduction to Text Linguistics, London: Longman. BELL, R. (1991), Translation and Translating, London: Longman. BERNÁRDEZ, E. (1982), Introducción a la lingüística del texto, Madrid: Espasa-Calpe. BROWN, G & YULE, G. (1993), Análisis del Discurso, Madrid: Visor Libros (Traducido por Silvia Iglesias Recuero). BUBLITZ, W. & LENK, U. (1999), “Disturbed Coherence: ‘Fill me in’”. In BUBLITZ, W. et al. (eds.)(1999), Coherence in Spoken and Written Discourse, Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins, pp. 153-174. BUBLITZ, W. (1999), “Introduction: Views of Coherence”. In: BUBLITZ, W. et al. (eds.) (1999), Coherence in Spoken and Written Discourse, Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins, pp. 1-7. EDMONDSON. W.J. (1999), “If Coherence is Achieved, Then Where Doth Meaning Lie?”. In: BUBLITZ, W. et al. (eds.)(1999), Coherence in Spoken and Written Discourse, Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins, pp. 251-265. - 18 -
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