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LA TRADUCCIÓN MONACAL
VALOR Y FUNCIÓN DE LAS TRADUCCIONES DE LOS RELIGIOSOS A TRAVÉS DE LA
HISTORIA
Coloquio In e nacional, Con en o de la Me ced, Aula Magna “Ti so de Molina”
So ia, 7-10 no iemb e 2001
ÍNDICE
Discu so de p esen ación
An onio BUENO GARCIA
Con e encias y comunicaciones
Julio Césa SANTOYO MEDIAVILLA, Los inicios de la aducción monacal en Eu opa (s. VI): Roma,
Dume, Vi a ium...
Jesús CANTERA ORTIZ DE URBINA, An iguas e siones la inas de la Biblia y su epe cusión en las
aducciones al español.
José Manuel SÁNCHEZ CARO, In e ención de la Iglesia en la labo aduc o a. El Caso de la Biblia en
España.
Michel BALLARD, Pou oi , cul u e, église e aduc ion en F ance de la Renaissance ca olingienne au
ègne de Cha les V.
Raymond VAN DEN BROECK, William o Moe beke, (C.1215-1286) as T ansla o o A is o le. A
Rema kable S epping-s one in he T adi ion o Li e ali y.
Ch is ian BALLIU, Cons an ino el A icano, o cuando el monas e io e isi a la medicina.
Hugo MARQUANT, Los aduc o es monacales de Te esa de Jesús (Ca meli as, Agus inos,
F anciscanos,...)
Pío DE LUIS VIZCAÍNO, Las aducciones al cas ellano de San Agus ín.
F ancisco Ja ie CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, El agus ino En ique Fló ez, aduc o .
Lie e BEHIELS, Ve hole We cken (1693), San Juan de la C uz en nee landés.
Manuel GARCÍA TEIJEIRO, La aducción como p e ex o: el caso de F ay An onio de Gue a a.
Juan ZARANDONA FERNÁNDEZ, La labo aduc o a de la o den cla e iana en la Guinea Española
(1883-1968).
Joaquín GARCÍA-MEDALL, G ama ización eligiosa de lenguas ame indias: iempo y aspec o en
gua aní.
Mohamed EL-MADKOURI MAATAOUI, La mo i ación eligiosa y la eo ía de la aducción.
An onio BUENO GARCÍA, El sen ido de la aducción de los eligiosos.
F ancisco Ra ael DE PASCUAL, T aducción y con emplación: escucha de la palab a y ansmisión de la
sal ación.
Pía SENENT DÍEZ, El monas e io je ónimo de San a Ma ía Guijosa en Espeja de San Ma celino. Un
ejemplo de pé dida de pa imonio his ó ico en la p o incia de So ia.
DISCURSO DE PRESENTACIÓN
Excelen ísimas e Ilus ísimas au o idades, seño as y seño es:
El Coloquio In e nacional, La aducción monacal. Valo y unción de las aducciones de los
eligiosos a a és de la his o ia, es una apo ación cien í ica de la Facul ad de T aducción e
In e p e ación de So ia de la Uni e sidad de Valladolid, que me hon o en coo dina .
No pod ía empeza mi in e ención sin ag adece muy since amen e, en mi nomb e y en el de
odo el equipo, la ines imable ayuda pa a lle a lo a cabo ecibida, an o po pa e de la Uni e sidad
de Valladolid, a a és de la Facul ad de T aducción e In e p e ación y de los ice ec o ados del
Campus de So ia y de In es igación, como po la de los copa ocinado es del e en o, Jun a de Cas illa
y León, esponsable además de la o ganización de la exposición documen al y a ís ica, El sabe y la
c uz:la cul u a en la Iglesia en la Edad Media y Mode na , que ha pe mi ido da una más ace ada
dimensión de la con ibución de los monas e ios a la cul u a, y Caja Due o. Que mis palab as de
ag adecimien o lleguen igualmen e a o as en idades y emp esas colabo ado as que han hecho posible
con su ayuda es e acon ecimien o académico y cul u al: Dipu ación P o incial de So ia, Funda-
ción Duques de So ia, A me Valladolid, Mon eal, A ipe , Las He as y Canal 4 Cas illa y León.
La cul u a y la in es igación son bienes que epo an inmensos bene icios no sólo a la
Uni e sidad que hace de ellas su au én ica azón de se , sino ambién a la sociedad, en quien odo
e ie e. La colabo ación en e la Uni e sidad y la sociedad es undamen al pa a consegui ese mu uo
en endimien o y ese apoyo que se hace necesa io cada día. La ciencia ha de es a siemp e al se icio
del homb e y basa en él su e dade a azón de se . Hoy se ab en aquí las pue as de nues as aulas
pa a hace les pa ícipes de nues o abajo y de nues as inquie udes, espe ando que dis u an con
noso os de la a en u a. Du an e es as jo nadas So ia se con e i á en un s udium y sen i á en ella la
p esencia ce cana de monjes y monas e ios. Códices iluminados, documen os y ob as de a e de la
Iglesia, jun o con can os g ego ianos, c ea án la a mós e a idónea pa a en ende más y mejo la labo
monacal. Las sesiones académicas y ce adas de es e Coloquio se complemen a án así con una ac i i--
dad cul u al y pa alela, abie a a odos, en la que comp ende emos con imágenes y sonidos o que aquí
se á p onunciado con palab as.
La pe sonalidad de nues os es udios de T aducción, eminen emen e humanís icos, el abajo
ma e ializado en p oyec os a medio y la go plazo sob e el pa icula po pa e de algunos g upos de
in es igación, han hecho iable y aconsejable la celeb ación de es e Coloquio en nues a Facul ad que
es además una deuda con la his o ia de la aducción. El p o eso D .Julio Césa San oyo, que nos
hon a con su p esencia, y al que econocemos el mé i o de se unos de los pad es de la in es igación
en nues o país sob e His o ia de la aducción, sabe cuán o silencio y cuán os sec e os gua dan los
monas e ios y cómo espe an a se des elados.
El papel de los eligiosos en la con o mación de nues a cul u a ha sido y sigue siendo
undamen al, y la aducción ha ep esen ado pa a ellos una de sus he amien as más ú iles y iel
aliada. No se puede, en buena lógica, econs ui la his o ia o sen a las bases del discu so eó ico de la
aducción sin ene en cuen a su apo ación de muchos siglos. La ob a de Cluny, del Cís e y de o as
innume ables ó denes se nos an oja undamen al en la o mación de la iden idad cul u al eu opea. Los
monas e ios que jalonan el Camino de San iago son mucho más que ecóndi os luga es de o ación o de
albe gue del pe eg ino, son an o chas i as de la cul u a que guían en la p og esión de o os especiales
caminos.
En una época de ensión eligiosa y de mundos en en ados, como la que i imos, econoce la
labo de odos ellos y hace lo con espe o es ele a su dignidad y la de odos y apos a po el mé i o de
la conco dia y de la paz, del C is ianismo al Islam, del Budismo a la eligión de cualquie ecóndi a
ibu, la huella cul ual dejada po los se ido es de Dios dice mucho de quienes la imp imie on y de
los homb es a quienes es aba des inada.
Lo que aquí se á mo i o de deba e es el alo de las aducciones de los eligiosos, el
signi icado de su mediación, la unción que han desempeñado en la con o mación de nues a cul u a,
los p oblemas y ensiones habidos y la mane a de supe a los a lo la go de la his o ia.
Les deseo a odos una uc í e a expe iencia y un buen ap o echamien o de es as jo nadas.
An onio Bueno Ga cía
Coo dinado del Coloquio
So ia, 7 de no iemb e de 2001
LOS INICIOS DE LA TRADUCCIÓN MONACAL EN EUROPA
ROMA, DUME, VIVARIUM... (S. VI)
Julio Césa SANTOYO MEDIAVILLA
Uni e sidad de León
El 15 de agos o de 1911, hace aho a algo más de no en a años, Geo ge San ayana, el ilóso o,
poe a y ensayis a mad ileño, p o eso ambién en Ha a d, p onunció una con e encia en Be keley, en la
Uni e sidad o Cali o nia, sob e el ema 'The Gen eel T adi ion in Ame ican Philosophy'. Y es as ue on
en aquella ocasión sus p ime as palab as, que yo aho a adop o, y adap o:
Seño as y seño es -comenzó San ayana-: Muy g a o me esul a el p i ilegio de di igi me
hoy a us edes, y no sólo po el hono que signi ica, g ande sin duda, ni ampoco po los place es
del iaje, que son muchos cuando es So ia lo que uno iene a isi a , sino ambién po que hay
algo sob e lo que desde hace iempo he que ido habla y es a pa ece se ocasión pa icula men e
a o able pa a ello...
Ocasión pa icula men e a o able, en nues o caso, pa a a a de aduc o es y
monas e ios en los p ime os momen os de la Eu opa medie al, pa a a a de la p ime a ac i idad
aduc o a monacal que conoció es e con inen e.
Tiempos di íciles
Ca los Dickens dio a una de sus no elas más conocidas el í ulo de Ha d Times ( iempos du os,
iempos di íciles). Un í ulo que bien pod ía esumi la si uación eu opea del siglo VI.
El Impe io Romano de Occiden e había desapa ecido an sólo ein icinco años an es de que
comenza a es e siglo: en el 476 Odoac o, el je e de los hé ulos me cena ios en el ejé ci o omano, deponía
al úl imo empe ado , Rómulo Augús ulo, y en iaba a Cons an inopla las insignias del enecido Impe io,
que desde iempo a ás había enido con i iéndose en un o um e olu um de nue os es ados ines ables.
A lo la go del siglo, en la an igua Galia la dinas ía de los me o ingios di ide y eúne el eino una y
o a ez; en la península ibé ica dos einos, sue o y isigodo, con i en has a casi inales del siglo VI,
cuando Leo igildo acaba uni icándolos bajo la misma co ona; los bizan inos ocupan du an e decenios una
buena po ción del le an e peninsula , Mu cia y g an pa e de Andalucía incluidas; las Islas B i ánicas
egis an en sus c ónicas la legenda ia de o a del ey A u o en la ba alla de Camlann, un país di idido en
sie e mic oes ados y muy a inales de siglo el comienzo de la c is ianización de Ingla e a, Gales y Escocia,
con Columba y Agus ín de Can e bu y.
La península i aliana ue un con inuo campo de ba alla: la p ime a mi ad del siglo VI (493-552)
es á ocupada po el eino os ogodo: Teodo ico in ade I alia, asesina a Odoac o en un banque e en el 493 y
eina has a el 526; le sigue unos meses su iuda Amalasun a, que mue e asesinada, y luego, has a el 552,
sie e mona cas más has a Teias, el úl imo ey os ogodo. En el 552 Bizancio se apode a de Roma y de la
península i aliana y gobie na I alia desde Ra enna. Tampoco Bizancio ajo la paz. En el 568 los
lomba dos in aden el no e de la península y comienzan a a anza hacia el su : diez años más a de ya
es aban a las pue as de Roma.
La Iglesia no i ió du an e esa cen u ia momen os pa icula men e boyan es, ni dignos ampoco
de pa icula ecue do. Ca o ce papas se sucedie on con pasmosa apidez en la sede omana, alguno de los
cuales ni siquie a llegó a ocupa la du an e doce meses: a comienzos del siglo (506) el papa Símaco ue
es au ado en la sede omana de la que an es se le había apa ado (+ 514); le sucedió Omisdas (514-523) y
luego Juan I (523-526), que mu ió p isione o de Teodo ico en Ra enna. El mismo año de su mue e el
p opio ey Teodo ico nomb ó papa a Félix IV, quien cua o años más a de (530), an es de mo i ,
designaba suceso suyo al a chidiácono Boni acio II, papa an sólo du an e dos años (+ 532). Le sucedió en
el 533 Juan II, y Agapi o I en el 535, y Sil e io en el 536, y Vi gilio en el 537: seis papas en ocho años.
Luego inie on Pelagio I (556-561), Juan III (561-574), Benedic o I (575-579), Pelagio II (579-590) y
inalmen e G ego io I (590-), llamado Magno, con el que concluyó el siglo.
En cuan o a o os ámbi os his ó icos, cabe eco da que es e siglo VI io las p ime as aducciones
al chino de los ex os budis as; y la clausu a po Jus iniano de la Academia pla ónica de Cons an inopla
(529); y la cons ucción allí del emplo de San a So ía (532-537), al iempo que a la misma ciudad llegaba
desde O ien e la indus ia de la seda; y la clausu a ambién en el 550 del emplo de la diosa Isis en Philae,
úl imo educ o supe i ien e de cul os paganos; y en o no al 570 el nacimien o de Mahoma en La Meca...
Cien años e uel os, iempos di íciles...
*
En los que ni la aducción ni los monas e ios ue on, cie amen e, ninguna no edad.
La labo aduc o a, aunque disminuida en los úl imos siglos del impe io omano de Occiden e, no
había quedado in e umpida, si bien es cie o, en lo que Occiden e se e ie e, que quedó casi oda en manos
de eclesiás icos c is ianos. Bas a ía ci a el caso de Eusebio Je ónimo, que en Roma e isó, con as ada con
el ex o g iego o iginal, una an e io e sión la ina de los E angelios, e isión que en egó al papa Dámaso
en el año 384. Años después, ya en O ien e, lle a ía a cabo su magna ob a aduc o a.
No ue el único. Su con empo áneo Ru ino (ca. 345-410), amigo de Je ónimo p ime o, enemigo
después, e ió en Pine um, en Roma y en Sicilia, del g iego al la ín, ob as de O ígenes, de Basilio y de
Eusebio de Cesa ea, de Pan ilio, G ego io Nacianceno, Clemen e de Roma y Clemen e de Alejand ía, las
Sen encias de Xis o y de E ag io del Pon o y la ob a del má i Pán ilo Con a los ma emá icos.
Y el clé igo A i o (+ 440), poco pos e io a él, p obablemen e el p ime hispano aduc o de que
enemos no icia cie a y nomb e conocido, a comienzos del año 416 adujo del g iego al la ín el ela o del
hallazgo del sepulc o del p o omá i san Es eban, ocu ido en diciemb e del año an e io (415).
Y el ambién clé igo Gennadio de Ma sella (+ ca. 500), en la segunda mi ad del siglo V, en su ob a
De i is illus ibus (ca. 475) nos dejó es imonio de habe aducido del g iego al la ín al menos cinco
lib os: uno "muy pe suasi o" que Timo eo, obispo de Alejand ía, había di igido al empe ado Leo; y o os
cua o del monje E ag io del Pon o (el a ado Con a los ocho p incipales pecados, e sión que hizo "con
la misma sencillez que encon é en el ex o g iego"; los Cien sen imien os, "que aduje y es au é, en pa e
ol iéndolo a aduci y en pa e co igiéndolo, pa a mani es a así la e dade a in ención del au o , po que
i que la aducción [an e io , de Ru inus] es aba iciada y con usa"; un esumen del an e io , los
Cincuen a sen imien os, "que ui el p ime o en aduci al la ín"; y una cua a ob a de E ag io, de la que no
conocemos el nomb e, colección de opiniones "muy oscu as..., que sólo los co azones de los monjes
podían en ende ").
Y, cómo no, Boecio (480-525), que a comienzos del siglo VI adujo del g iego, con comen a ios,
los a ados de lógica de A is ó eles y el Isagogue de Po i io.
Son sólo unas pocas mues as, en e o as muchas ci ables.
En cuan o a monas e ios, ya Juan Casiano (Johannes Cassianus), 360-435, monje del o ien e
medi e áneo, buen conocedo de los núcleos monás icos de Egip o, se había es ablecido en Ma sella en el
415, undando allí dos monas e ios, uno pa a homb es, o o pa a muje es, iniciando así una la ga cadena de
undaciones monacales pa icula men e lo ecien e en Eu opa a lo la go de odo el siglo VI: B ígida de
Kilda e (+ 525) undó en I landa el p ime con en o de monjas, seguido más a de en la misma isla y en
Escocia y F ancia po las undaciones de Columba, I a y Cia an. Y en el 529 Beni o de Nu sia undaba el
p ime monas e io benedic ino en Mon e Cassino.
*
Hubo, pues, monas e ios an es del siglo VI, cómo no, y hubo aduc o es, cómo no, an es de esa
cen u ia. Pe o la conexión en e ambos, que es lo que hoy nos eúne en So ia, el monas e io como luga de
aducción, el monje como agen e aduc o ..., al conexión aún no se había dado en Eu opa an es de es e
siglo.
Fue una impo an e no edad cul u al que se inició casi a ien as y de la que apenas nos quedan
es igos ex uales, po que muchos han desapa ecido con el paso del iempo y la incu ia de las gene aciones.
Pe o es en esos p ime os es imonios de ac i idad aduc o a en los monas e ios de Occiden e en los que
aho a desea ía de ene me, y no pa a mos a nada nue o que de ellos no se sepa, sino como obe u a
p ime a, an esala c onológica de los emas que en es e cong eso an a a a se, p ólogo o in oi o a las
ponencias y comunicaciones que an a sucede se sob e Cons an ino el A icano, Willem an Moe beke,
An onio de Gue a a, En ique Fló ez...
En un luga de Roma de cuyo nomb e...
Las p ime as no icias de aducción monacal en es e siglo VI nos llegan de la mano de un monje,
de nomb e Dionisio el Exiguo, esiden e du an e la p ime a mi ad de la cen u ia en un monas e io de
Roma, que llegó a gobe na en calidad de abad. El é mino 'exiguo' (en la ín exiguus) que él aplicaba a su
nomb e de pila, y que la his o ia ha conse ado, no pa ece habe hecho e e encia a su es a u a, sino a la
poca opinión en que él mismo se enía. Había nacido en Esci ia, en echa no de e minada del úl imo e cio
del siglo V, i ió la mayo pa e de su ida en Roma y en su monas e io omano alleció en los años
mediane os del siglo VI, dejando as sí una ob a ingen e de aducción, sob e odo si la con emplamos a la
luz de la época: e siones odas del g iego al la ín, odas de ema eligioso: la Vida de san Pacomio [Vi a S.
Pacomii], po enca go de una dama anónima de al o ango; el ela o de la Peni encia de san a Thaïs, a
solici ud del abad Pas o ; y el ela o ambién de la In ención de la cabeza de san Juan Bau is a (Cou celle
1948: 314), a ins ancias del abad Gauden ius.
En su habe se cuen a asimismo una ins ucción de san P oclo de Cons an inopla; y una ca a de
P o e io de Alejand ía al papa León, que la ecibió en g iego sin e sión la ina; y la Ins ucción de san
G ego io de Nissa (Pe i ka askeiês anz ôpou), a ins ancias de Eugippius, abad de un monas e io de
Nápoles, en cuyo p e acio con iesa que "le había cos ado mucho es ue zo pasa al la ín la lengua de la
iloso ía g iega"; y a ios í ulos ela i os a polémicas con a las g andes he ejías, "en pa icula -comen a
Cou celle (1948: 314-315)- las ca as de Ci ilo de Alejand ía".
Una ob a (como ya he dicho) so p enden e pa a su época, a la que hay que añadi es dis in as
e siones la inas de cánones de a ios sínodos y concilios o ien ales, de una de las cuales an sólo el
p e acio se ha conse ado.
¿Quién ue ese monje humilde, que se p oclamaba 'exiguo' y que an o abajo lle ó a cabo en e
g iego y la ín? Muy poco sabemos de él como pe sona, y nada sab íamos de no habe sido po la pluma y
los ecue dos de un con empo áneo suyo, Casiodo o, que llegó a conoce lo muy bien. T as la mue e de
Dionisio, Casiodo o azó de él un pe il biog á ico escue o, pe o muy elocuen e, del que no es á ausen e la
admi ación más since a. En sus Ins i u iones (XXIII.2 y XXIII.3) esc ibe Casiodo o:
Hubo en nues o iempo un monje, de nomb e Dionisio, de e nia esci a pe o
comple amen e omano en sus cos umb es, que ue sumamen e expe o en las dos lenguas [g iego
y la ín]... Los dos es udiamos jun os iloso ía [dialéc ica]... Su la ga ida anscu ió en el mejo
es ilo de un maes o... Su sabidu ía iba unida a una g an sencillez, su ciencia igualaba su
humildad, y su elocuencia iba pa eja con su concisión en la palab a... Que quien ezó con
noso os ece ambién aho a po noso os... A pe ición de S ephanus, obispo de Salona...,
compuso según modelos g iegos los Cánones eclesiás icos, y lo hizo con espléndida elocuencia,
pues su pluma e a cla a y luida, y la Iglesia omana sigue hon ando hoy con el uso dia io ales
cánones. Debié ais lee los...
Ins an es después, Casiodo o se de iene un momen o en el sabe lingüís ico del monje Dionisio y
en su acilidad aduc o a:
También adujo del g iego al la ín -añade- o as muchas ob as que pueden adap a se al
se icio de la Iglesia; e a an e iden e su g an des eza en el uso del la ín y del g iego que
aducía al la ín sin acilación alguna cualquie clase de lib o g iego que u ie a en e las
manos; y a su ez [imp o isaba] de al mane a la aducción de lib os la inos al g iego que uno
llegaba a pensa si las palab as que salían de su boca sin la meno pausa no es aban ya
esc i as...
Pa a conclui con es e comen a io:
Muy la go se ía na a odo lo que a es e homb e se e ie e... Poseía un conocimien o
no able de cualquie clase de in o mación que un lec o pueda busca en a ios au o es...
Has a aquí las palab as de Casiodo o en ecue do de su condiscípulo de ju en ud.
No ue la aducción, como queda dicho, la única ocupación de Dionisio. También con ibuyó
no ablemen e a la compilación de cánones y ue de hecho el iniciado del De echo Canónico en la
c is iandad occiden al.
Y en c onología y cómpu o del iempo hizo una impo an e con ibución que, con a ian es y
co ecciones, ha llegado has a nues os días. Has a su época enía u ilizándose el cómpu o de los años
según la 'e a de Diocleciano'. C eía Dionisio que no e a p opio que el nomb e de un empe ado impío,
yunque y ma illo de c is ianos, pe du a a así en la memo ia de las gene aciones y p opuso, en
consecuencia, un nue o cómpu o, según la e a c is iana, a pa i del año de la Enca nación de C is o, con la
echa del 25 de ma zo pa a al momen o y, lógicamen e, nue e meses más a de, la del 25 de diciemb e
pa a la Na i idad o Na idad. Tal cómpu o comenzó a p opaga se po Occiden e a pa i , p ecisamen e, de
su a ado De pascha e [Sob e la Pascua] (Cou celle 1948: 315).
En un pequeño incón...
Roma e a el cen o de la C is iandad. Dume, en los lími es de la Lusi ania y Gallaecia a lán icas,
e a -y sigue siéndolo hoy en día- una pequeña aldea a la somb a de la ciudad de B aga, B ácca a Augus a
oda ía en los años medios del siglo VI.
Ma ín había nacido en Panonia, solapable g osso modo a la ac ual Hung ía, en o no al año 515.
Con aba, pues, algo menos de cua en a años cuando llegó a la península ibé ica, en el año 550. Pa a
en onces había es udiado g iego, pe eg inado a Tie a San a, quizá ambién isi ado Roma y la umba de
san Ma ín de Tou s. En alguno de es os iajes debió ene conocimien o de la condición he é ica y oda ía
medio pagana del pueblo ge mánico de los sue os, en el no oes e de la Península Ibé ica, y hacia allí
encaminó sus pasos, pa a acaba es ableciéndose, mediados del siglo VI, en la capi al de aquel eino
oda ía independien e, la B acca a Augus a de la Hispania omana, la ac ual B aga.
En sus p oximidades, en el puebleci o de Dume, Ma ín undó un pequeño monas e io, del que ue
p ime abad. Seis años después de su llegada, el 5 de ab il del 556, ue consag ado obispo de Dume, luego
nomb ado a zobispo de B aga y en al condición p esidió allí el sínodo del año 572. Fue un g an homb e
de eligión y un g an homb e de le as. Su con empo áneo G ego io de Tou s, au o de una His o ia de los
F ancos, le indió homenaje de admi ación cuando esc ibió de él que "in an um se li e is inbui , u nulli
al la ín, e siones odas ejecu adas po clé igos, odas ambién de ema eligioso (hagiog a ía, cánones,
homilías, ex os bíblicos...). Las únicas excepciones ienen de la mano de Gaudencio y su a ado sob e
música y las An igüedades judías de Fla io Jose o, pe o ambién en es e caso su aslado desde el g iego
hubo de debe se, con oda segu idad, a la elación di ec a de es a ob a con el ema c is iano.
*
P on o, en los siglos inmedia os, segui ían a és os o os monjes aduc o es en dis in os
monas e ios de Eu opa: el ene able Beda, a inales del siglo VII y comienzos del VIII, en el monas e io
inglés de Ja ow; las e siones del g iego al la ín del i landés Sco o E iugena a mediados del IX; las glosas
(¿qué son sino aducciones?) que en el siglo X hallamos en los monas e ios españoles de Silos, San Millán
y Vale ánica; y sob e odo la no able ob a aduc o a, a inales ya del siglo X, de los monjes de Ripoll, en
Ca aluña.
Pa a conclui odo ello, en los aledaños del año 1000, con la ob a so p enden e de No ke Labeo
(ca. 950-1022), en el monas e io de Sank Gallen, en la ac ual Suiza, p ime monje aduc o de ex os
p o anos de la an igüedad, que en soli a io y sin apenas medios as asó al alemán ob as de A is ó eles,
Vi gilio, Te encio, Ca ón, Boecio, Ma ciano Capella y G ego io Magno, además de los Salmos y el Lib o
de Job.
Pe o de ellos, sin duda, se ha á ambién memo ia en es e cong eso que hoy nos eúne.
Mien as an o, pa a aquellos sencillos monjes de Roma, Dume y Vi a ium (Dionisio, Ma ín,
Pascasio, Muciano, Bella o , Epi anio...), pa a ellos nues o ecue do a los quince siglos de su labo
pione a.
NOTAS
1 Los núme os hacen e e encia a los co espondien es epíg a es en las Ins i u iones di ina um e humana um
lec ionum de Casiodo o.
2 Cou celle 1948: 382, no a 3: "Dom de B uyne, 'Les anciennes aduc ions la ines des Macchabées', dans Anecdo a
Ma edsolana, . IV (1932), pp. xl -xlix e l ii, a mon é que l'une des anciennes aduc ions des Maccha-bées,
conse ée dans l'Amb osianus E-26 in ., é ai sans dou e de Bella o , qui, au émoignage de Cass., Ins ., pp. 26, 24 e
27, 19, éc i i pou Vi a ium un Commen ai e des Macchabées en dix li es".
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Regis um Epis ula um Lib i VIII-XIV (Co pus Ch is iano um Se ies La ina, CXL-A), Tu nhou : B epols,
975-976 ( egis um XII, 6)
ANTIGUAS VERSIONES LATINAS DE LA BIBLIA Y SU REPERCUSIÓN EN LAS
TRADUCCIONES AL ESPAÑOL
Jesús CANTERA ORTIZ DE URBINA
Uni e sidad Complu ense de Mad id
1. NECESIDAD DE LAS TRADUCCIONES BÍBLICAS.
Así pa a el judío como pa a el c is iano, la Sag ada Esc i u a cons i uye una enseñanza y un
alimen o espi i ual1. Pa a pode ap ende lo que enseña y pa a pode ap o echa lo que o ece el ex o
bíblico es necesa io que és e sea asequible y en cie o modo ácil y amilia . Si es o ecido en una
lengua desconocida, y po ende inin eligible, di ícil esul a á saca p o echo. Po eso, en cada
momen o han ido su giendo las dis in as aducciones.
2. LAS ANTIGUAS VERSIONES BÍBLICAS AL ARAMEO, AL SIRÍACO Y AL GRIEGO.
Pasa emos po al o las an iguas e siones a ameas, si íacas y g iegas pa a ija nos en las
la inas sob e las cuales se ían hechas, siglos más a de, muchas de las aducciones al español.
No deja emos, sin emba go de llama la a ención de una mane a especial sob e la e sión
g iega llamada de los Se en a. Y lo hacemos, en e o as azones, po las siguien es:
a. Fue hecha po judíos y pa a judíos en iempos de P olomeo Filadel o en el siglo III an es de
C is o.
b. Fue usada como Biblia o icial po el judaísmo helenís ico.
c. Fue adop ada con en usiasmo y como muy iable po el c is ianismo pa a los lib os
p o ocanónicos del An iguo Tes amen o.
d. En ella es án p incipalmen e basadas las an iguas e siones la inas an e io es a San
Je ónimo.
Y eniendo en cuen a que es amos en unas jo nadas sob e la aducción, no deja emos de
menciona , aunque sólo sea a mane a de ecue do, las hexaplas de O ígenes (h.185-h.254). Se a a de
una p esen ación del ex o bíblico en seis columnas. En la p ime a igu aba el ex o heb eo; en la
segunda, el mismo ex o heb eo pe o ansc i o en ca ac e es g iegos; en la e ce a, la e sión g iega de
Áquila; en la cua a la de Símaco; en la quin a la de Sep uagin a; y en la sex a la de Teodoción. Algo
ex ao dina io pa a la his o ia de la aducción: un ex o en lengua o iginal acompañado de su
ansc ipción y de cua o aducciones a una misma lengua. De es a sue e esul aba ácil compa a y
con as a esas cua o e siones g iegas con el ex o heb eo. Y además, en la e sión de Sep uagin a
in odujo O ígenes unos signos diac í icos con los que p e endía ma ca y hace esal a las a ian es
de Sep uagin a con espec o al ex o heb eo. Desg aciadamen e, de es a ob a anscenden al (aunque
inacabada) de c í ica ex ual an iguo es amen a ia emp endida po O ígenes, sólo nos quedan
agmen os que, sin emba go podemos conside a como au én icos eso os.
3. LAS ANTIGUAS VERSIONES BÍBLICAS LATINAS.
3.1. Ve siones bíblicas la inas an e io es a San Je ónimo.
Reducido el conocimien o del g iego en el Impe io omano a p i ilegio de le ados, y hablado
an sólo po los come cian es de sus ciudades ma í imas, el pueblo no conocía sino el la ín y las
lenguas del luga . Es e desconocimien o del g iego en el Impe io omano hizo que se dejase muy
p on o sen i la necesidad de una e sión de la Sag ada Esc i u a al la ín, necesidad que se hacía an o
más p ecisa cuan o mayo e a el desen ol imien o del p oseli ismo y del cul o c is iano.
Las p ime as e siones la inas pudie on ene su o igen en una e sión o al que acompañaba la
lec u a del ex o g iego de los Se en a en los o icios del cul o c is iano. Lo mismo que había ocu ido
con las e siones a ameas.
El se decla ada la Vulga a ex o o icial de la Iglesia occiden al hizo que se ue an pe diendo
es as an iguas aducciones, cuyos es os hemos de busca hoy en a ios códices que se nos han
conse ado, en nume osas ci as de los San os Pad es y de los esc i o es eclesiás icos, en algunos ex os
de la li u gia, y ambién en algunas insc ipciones que se an descub iendo, así como en las
in e polaciones y no as ma ginales que o ecen algunos códices de la Vulga a.
El núme o de e siones bíblicas la inas an e io es a la Vulga a ue al que en nues a esis
doc o al, allá po los ya lejanos años 50 del siglo pasado, señalábamos es g upos p incipales con sus
co espondien es subdi isiones: a. el g upo del no e de Á ica con sus cua o amilias; b. la I ala,
impulsada bajo el celo de San Amb osio de Milán; y c. la eu opea, excluida la I ala, g upo en el que
cabe señala po lo menos es amilias: la omana, la galicana y la hispana. A pesa de su eno me
in e és pa a noso os como españoles, no podemos de ene nos en hace conside aciones ace ca de la
Ve us La ina Hispana; pe o no deja emos de e oca la memo ia de nues o buen amigo el sego iano
D. Teó ilo Ayuso Ma azuela que es udió las nume osas ci as bíblicas en Te uliano y las in e esan es y
e elado as in e polaciones y no as ma ginales p eje onimianas en códices españoles de la Vulga a.
3.2. La e sión la ina de la Vulga a.
Es ob a del dálma a San Je ónimo, una de las g andes igu as de la Iglesia occiden al en la
segunda mi ad del siglo IV y p ime os años del V, jun o con el númida San Agus ín (354-430).
San Je ónimo nació hacia el año 347 en Es idón de Dalmacia, en e Aquileya y Ljubijana.
Muy jo en se asladó a Roma pa a es udia le as humanas; y en el año 365 ue bau izado po el papa
Libe io. Pasó una empo ada en T é e is. Y luego, con la decisión esuel a de eemplaza su
dedicación a la lec u a y es udio de ob as p o anas po el es udio de las Sag adas Esc i u as, se di igió
a Je usalén, de eniéndose en An ioquía po causa de una en e medad y dedicándose al es udio del
g iego. Del año 375 al 378 i ió como anaco e a en el desie o de Calcis es udiando heb eo con un
monje judío con e ido, econociendo que le cos aba mucho. Después de una es ancia en
Cons an inopla, ol ió a Roma (382-385), donde es u o muy en con ac o con el papa español San
Dámaso quien le enca gó una aducción de la Biblia al la ín pa a a a de emedia la p oblemá ica
su gida po las di e en es e siones que se habían enido haciendo omando como base el ex o g iego
de los Se en a pa a los p o ocanónicos del An iguo Tes amen o. A la mue e de es e papa abandonó
Roma po e se du amen e a acado po clé igos empapados de espí i u mundano. Se es ableció en
Belén a pa i del año 386, dedicándose a la o ación y al es udio y a la aducción de la Sag ada
Esc i u a du an e 34 años, has a su mue e, a los 73 años de edad en el año 420.
Aun co iendo el iesgo de que se nos acuse de pa ece anclado en el pasado, no sen imos el
más mínimo ubo al con esa nues as admi ación y en usiasmo po la Vulga a, la e sión la ina de
San Je ónimo. Y eso, sin enuncia ni un ápice al g an ca iño que p o esamos no sólo al ex o heb eo
de los p o ocanónicos del An iguo Tes amen o, sino ambién a las e siones la inas p imi i as a las
que hace ya muchos años dedicamos du an e un decenio muchas ho as de es udio y de e lexión.
No se nos ocul a que la e sión de San Je ónimo ue, ha sido, es y se á una labo muy
c i icada. Lo ue ya en ida del san o aduc o . Se le acusó de un no disimulado apego al judaísmo,
basando es a acusación p incipalmen e en es hechos: a. el habe p o undizado en su conocimien o de
la lengua heb ea con maes os judíos; b. su escaso in e és po los lib os deu e ocanónicos del An iguo
Tes amen o, limi ándose a una simple e isión un an o supe icial; c. mos a i o in e és po el
Ta gum a ameo y po las e siones g iegas judías de Áquila, Símaco y Teodoción, que habían sido
ealizadas como oposición a la e sión de los Se en a po conside a la a o able al c is ianismo. En
con as e con es a acusación, se le acusa ambién de insis i en pone de elie e los ex os mesiánicos
a o eciendo su aplicación a C is o Jesús.
Sin emba go, poco a poco, es a e sión la ina llamada la Vulga a, log ó impone se. Al
impone se, se mul iplica on las copias. Copias hechas la mayo ía, po no deci odas, en monas e ios y
algunas en escuelas ca ed alicias. A pesa de la labo pacien e, anquila, sosegada y muy conscien e
de los copis as en los "sc ip o ia" de los monas e ios, se ue on p oduciendo no pocas a ian es.
Algunas e an debidas a la in oducción de ases o de exp esiones de las an iguas e siones, muchas
eces po el hecho de que e an así conocidas y ci adas, al como igu an en los San os Pad es. El
mismo San Je ónimo llegó a conoce algunas de esas a ian es; y se lamen aba de ello. Con el
anscu so del iempo, las a ian es ue on na u almen e aumen ando. Nos cons a de epe idos in en os
de "pu i ica " el ex o de San Je ónimo. Reco demos, en e o os: a. Casiodo o2 en el siglo VI; b.
Alcuino, en la segunda mi ad del siglo VIII; c. Teodul o, inales del siglo VIII y p incipios del IX; d.
el p elado inglés de o igen i aliano Lan anco de Can e bu y3, en el siglo XI; e. San Es eban Ha ding,
e ce abad del Cís e en la p ime a mi ad del siglo XII, del que había sido undado con San Robe o
de Molesme.
El concilio de T en o en 1546 (sesión IV, can. II) adop ó y consag ó la Vulga a como ex o
o icial de la Iglesia; pe o no dejó de pone los medios más idóneos pa a una e isión p o unda.
Sabemos que el ca denal Ca a a o eció al g an papa Pío IV (1559-1565) un ex o de la Vulga a
cuidadosamen e e isado. Más a de Six o V (1585-1590) hizo una e isión po su cuen a y azón,
dando o igen a la que se llamó Biblia Six ina que no llegó a publica se po habe mue o el papa an es
de que hubie a podido hace lo. Re isada es a Biblia Six ina po enca go de G ego io XIV (1590-1591)
siguiendo el consejo del ca denal Bela mino, ue publicada en 1592 po decisión de Clemen e VIII
(1592-1605) y es conocida como Biblia Six o-Clemen ina.
En iempos de la Re o ma y en nues os días es ecuen e deci que San Je ónimo ue un mal
aduc o . Y se alegan di e en es pasajes en los que una palab a o una exp esión de su e sión la ina no
se co esponde exac amen e con el ex o heb eo. A quienes hacen hoy es a c í ica, les eco da emos
que la Vulga a de San Je ónimo en su edacción p imi i a ue una e sión la ina del ex o heb eo
p emaso é ico, no p ecisamen e el ex o heb eo que hoy solemos maneja po ejemplo en la excelen e
Biblia heb aica de Ki el - Kahle.
Pa a se jus os se han de ene en cuen a dos hechos innegables:
a. El ex o la ino de la Biblia Six o-Clemen ina ue ijado a inales del siglo XVI, aunque –eso
sí– a ando de adap a lo lo más exac amen e posible al que sald ía de las manos de San Je ónimo.
b. El ex o maso é ico ue ijado de ini i amen e, con sus ocales y pun os diac í icos, a
inales del siglo X y p incipios del XI, espondiendo – ambién es cie o– a una labo que se hab ía
p olongado du an e dos siglos y medio y espondiendo a una la ga adición4 que se había iniciado ya
an es de la e a c is iana.
San Je ónimo –no lo ol idemos– es del siglo IV y p ime os años del V (347-420). Seis siglos,
po consiguien e, an e io a la ijación del ex o maso é ico. No es jus o, po consiguien e, ni en modo
alguno cien í ico, p e ende juzga la exac i ud y idelidad de su e sión compa ándola con un ex o
ijado seis siglos más a de. No debemos ol ida , po o a pa e, que los maso e as, pa a asegu a el
p edominio absolu o y has a exclusi o de su abajo e impone su ex o, a a on de que desapa ecie an
odos los manusc i os an iguos.
Pa a es udia hoy el ex o heb eo p emaso é ico, se ha de ecu i a los pocos es imonios que
han quedado. En e ellos los que o ecen algunas "guenizás"5 y algunos de los ex os que hace medio
siglo apa ecie on en Qum án, jun o al Ma Mue o6.
No deja emos de consigna un hecho que juzgamos de suma impo ancia en la his o ia de la
aducción y en a o de muchos de los an iguos aduc o es de la Biblia: así el ex o g iego de los
Se en a como los ambién g iegos de Áquila, Símaco y Teodoción, como el Ta gum a ameo y ambién
la Peshi a si íaca suelen coincidi en lo undamen al. Y lo que más nos in e esa aho a: ambién la
Vulga a y en gene al las an iguas e siones la inas p eje onimianas. Cabe descub i ma ices de es ilo y
un mayo o meno apego a la le a del ex o o una cie a libe ad pe i ás ica. Pe o en lo esencial, son
aducciones co ec as y ieles al ex o.
An es de juzga a San Je ónimo como aduc o se ha de ene p esen e que son impo an es
los ex os de la Vulga a que deben se conside ados más o menos ajenos a San Je ónimo. Reco demos:
a. Los deu e ocanónicos, a excepción de Tobías y Judi , esponden esencialmen e a la I ala. b. El
Sal e io la ino de San Je ónimo no ue inco po ado a la Vulga a, po el g an a aigo de las e siones
an e io es en la li u gia y en los ezos en gene al. c. En cuan o al Nue o Tes amen o, San Je ónimo
e isó los ex os de las e siones an e io es, especialmen e la I ala, con o mándolas al ex o g iego.
Hemos dicho más a iba que el ex o maso é ico con sus a ian es y pun os diac í icos quedó
ijado a inales del siglo X y p incipios del XI. Reco demos que ya en el siglo I se había buscado una
uni icación del ex o consonán ico. Y añadamos que, si bien las di e gencias no son de impo ancia,
p ocede habla de po lo menos dos adiciones maso é icas: la de Ben Hayyim y la de Ben Ashe que
nues o iejo amigo el benemé i o Paul Kahle consiguió in oduci en la Biblia heb aica de Ki el.
A las dos obse aciones que hemos hecho más a iba espec o al ex o la ino de la Biblia Six o
Clemen ina y espec o a la ijación del ex o maso é ico, añadi emos que la Vulga a es una aducción
hecha en su edad madu a po un homb e san o, juicioso y ecuánime, un homb e do ado de una
olun ad de hie o g acias a la cual llegó a conoce pe ec amen e el heb eo y el g iego (lenguas de
o igen), un homb e cul o que dominaba el la ín (lengua a la que aducía), un homb e in eligen e que
disponía y supo u iliza un aliosísimo y muy copioso ma e ial (heb eo, g iego, a ameo y si íaco) del
que nos pa ece posee un mundo cuando disponemos noso os de algún ex o mu ilado y ca comido,
sucio y bo oso en el que nos es o zamos a eces pa a a a de descub i o de adi ina lo que pudo allí
esc ibi el copis a.
Vol iendo a la his o ia de la Vulga a no ol idemos que los anglicanos Wo dswo h y Whi e
p epa a on una edición c í ica de ella basándose en los más an iguos manusc i os. Po o a pa e, el
papa San Pío X enca gó a los benedic inos que a a an de es au a el ex o de la Vulga a en la o ma
más p óxima posible a la edac ada po San Je ónimo. En 1933 el papa Pío XI p opo cionó a la
comisión el monas e io de San Je ónimo, ce ca del Va icano. El in e és po la Vulga a y el empeño po
es ablece su ex o en la mayo pu eza siguie on seguido i os du an e muchos siglos.
Después de es as conside aciones con iene ija po un momen o la a ención en la pene ación
y igencia de la Vulga a en España. Un hecho de g an impo ancia y muy signi ica i o es que en el
úl imo decenio del siglo IV, cuando aún i ía San Je ónimo, ue en iada a Belén una misión de la
Bé ica pa a pedi a nues o san o aduc o que les pe mi ie a copia los ex os que ya había aducido.
La pe ición ue a endida a o ablemen e po San Je ónimo quien dio oda clase de acilidades y e isó
las copias haciendo además las co ecciones que conside ó pe inen es. De odo ello enemos
cons ancia po la espues a de San Je ónimo que podemos lee en la Pa ología la ina (22, 668-672).
Fue on copiados odos los ex os que ya había e minado: el Nue o Tes amen o y los p o ocanónicos
del An iguo, menos el Pen a euco. De es a copia se hicie on nue as copias en España; y de es a sue e
el ex o la ino de la Vulga a se ue in oduciendo e imponiendo en España en sus i ución de los que
co espondían a las an e io es e siones la inas.
Como muy bien señala el Doc o Ayuso Ma azuela, San Pe eg ino dio a conoce es e ex o
la ino de la Vulga a de acue do con esos códices aídos de Belén, en iqueciéndolos con no as
ma ginales y a ian es de la Ve us La ina. A p incipios del siglo VII San Isido o e isó el ex o de la
Vulga a p ocu ando ol e lo a su p imi i o es ado sup imiendo las a ian es in oducidas en él po
San Pe eg ino.
4. VERSIONES BÍBLICAS LATINAS EN LA EDAD MODERNA.
Aunque en es a dise ación hayamos de ija nues a a ención en las e siones la inas an iguas
pa a es udia su in luencia en las aducciones españolas, no deja emos de señala algunas de las que
conside amos más signi ica i as en e las de los siglos XVI y XVII:
4.1. La de E asmo (1469-1536). Nue o Tes amen o. Publicada en 1523 en Es asbu go7.
4.2. La de San es Pagnini, dominico i aliano, (1470-1551). An iguo y Nue o Tes amen o. Publicada
p ime o en Lyon en 1527; y luego en Colonia en 1541. Reedi ada en Lyon en 1542 as habe sido
e isada po Miguel Se e . En 1557 conoció una nue a eedición, es a ez en Gineb a, as se
e isada po Robe o Es é ano, quien pa a el Nue o Tes amen o adop ó la aducción del cal inis a
Teodo o de Beza. De la impo ancia que se dio a es a e sión la ina de San es Pagnini dice mucho,
además de es as eediciones, el hecho de que ue a empleada po A ias Mon ano pa a la Políglo a de
Ambe es. Después ue i ada en edición apa e, siendo publicada has a diez eces en menos de ein e
años. Cabe señala que las co ecciones in oducidas po A ias Mon ano pa a es as eediciones, en ez
de mejo a la calidad de la lengua la ina, la empeo a on po un excesi o deseo de li e alidad.
4.3. La de Sebas ián Cas alión8 (1515-1563), helenis a y eólogo cal inis a ancés, que había
p opues o la eliminación del Can a de los Can a es po conside a lo de con enido obsceno. Después
de da a conoce dis in as pa es de la Biblia en la ín y ancés, publicó su amosa Biblia Sac a La ina
en Basilea en 1551.
4.4. La de Teodo o De Bèze, cal inis a ancés. (1519-1605). En 1565 apa eció su No um
Tes amen um, (cujus g aeco con ex ui esponden in e p e a iones duae, una Ve us9, al e a Theodo i
Bezae).
4.5. La de Manuel T emelio, heb aís a de aza judía, nacido en Fe a a hacia el año 1510. Con e ido
al ca olicismo, se hizo más a de p o es an e. En 1579 publicó en F anc o del Meno su e sión la ina
del An iguo Tes amen o a pa i del heb eo, u ilizando el Ta gum a ameo y la Peshi a si íaca. Se le
acusa de hace una aducción excesi amen e lib e.
4.6. La de Tomás Val e de, dominico español, nacido en Já i a en 1566 y allecido en Valencia en
1628. Su e sión la ina de la Biblia ue publicada en Lyon en 1650.
4.7. La de S. Schmid . An iguo y Nue o Tes amen o. Publicada en Es asbu go en 1696.
[Aunque ya del siglo XX, no deja emos de señala la boni a aducción la ina del Sal e io
publicada en Roma en 1928 po el g an abino de Roma F. Zo ell, con e ido al ca olicismo].
5. TRADUCCIONES BÍBLICAS ESPAÑOLAS.
5.1. TRADUCCIONES BÍBLICAS ESPAÑOLAS ANTERIORES AL SIGLO XVI.
5.1.1. Biblia p eal onsina.
Conse ada en el monas e io de San Lo enzo de El Esco ial. Elabo ada bajo los auspicios del
aduc o de la Escuela de T aduc o es de Toledo He mann el Alemán.
5.1.2. Biblia Al onsina.
Así llamada po se u o de un enca go del ey Al onso X el Sabio. Realizada la aducción
po los años 1260. Se conse a un ejempla en la biblio eca del monas e io de San Lo enzo de El
Esco ial, en cinco omos, con el í ulo de His o ia gene al donde se con iene la e sión española de
oda la Biblia, aducida li e almen e de la la ina de San Je ónimo.
5.1.3. Biblia de la Casa de Alba10.
Así llamada po conse a se el manusc i o en la Casa de Alba. Enca gada la aducción po el
maes e don Luis de Guzmán, el 5 de ab il de 1422, al abino Moshé A agel de Guadal aja a (=
Guadalaja a). Fue acabada el 2 de julio de 1430. Publicada po el duque de Be wick y de Alba, en
Mad id en 1920-1922.
5.1.4. Biblia po enca go del ey Al onso V de A agón.
De p incipios del siglo XV. Conse ada en el monas e io de San Lo enzo de El Esco ial en un
ejempla en i ela, desg aciadamen e bas an e mu ilado.
5.1.5. Biblia del Ca denal Qui oga.
Así llamada po habe sido donada po es e ca denal al ey Felipe II. Sólo con iene el An iguo
Tes amen o. Muy p obablemen e ue ealizada po un judío con e so.
5.1.6. Biblia de Juan II de Cas illa.
De p incipios del siglo XV.
5.1.7. Biblia alenciana de Boni acio Fe e .
Un agmen o se conse a en la Ca uja de Po a Caeli. Fue esc i a a p incipios del siglo XV
po el p io de la Ca uja Boni acio Fe e , he mano de San Vicen e Fe e . Fue publicada en 1478 en
Valencia después de habe sido cuidadosamen e e isada y co egida po el dominico Jaime Bo ell,
inquisido gene al del eino de Valencia.
5.1.8. Biblia de Ma ín de Lucena, "el Macabeo".
Fue hecha po es e judío con e so, po enca go del ma qués de San illana Don Íñigo López de
Mendoza. Has a el siglo XVIII es u o en el monas e io de San Lo enzo de El Esco ial.
5.1.9. Biblia medie al omanceada.
Conse ada en el monas e io de San Lo enzo de El Esco ial. Comenzada a publica po el
Pad e Llamas a pa i de 1950.
5.2. TRADUCCIONES BÍBLICAS ESPAÑOLAS DEL SIGLO XVI.
5.2.1. Biblia de Fe a a.
Apa ecie on dos ediciones simul áneas: una pa a judíos y o a pa a c is ianos. Llamada "de
Fe a a" po habe sido allí imp esa la p ime a ez, el 1 de ma zo de 1553 (el 16 de ada de 5313 del
calenda io judío). Es ob a de dos judíos po ugueses: Dua e Pinel y Je ónimo de Va gas. La edición
judía lle a po í ulo Biblia en lengua española, aducida palab a po palab a de la e dad heb ayca
po muy escelen es le ados. Es ampada en Fe a a a cos a y despensa de Jom Tob A hias, hijo de
Le í A hias, español, en 14 de Ada de 5313. El í ulo de la segunda es el siguien e: Biblia en lengua
española, aduzida palab a po palab a de la e dad heb ayca po muy escelen es le ados. Vis a y
examinada po el O icio de la Inquisición. Es ampada en Fe a a a cos a y despensa de Ge ónimo de
Va gas, español, en p ime o de ma zo de 1553. Cabe eco da la eimp esión po Menassé ben Is ael,
judío po ugués, en 15 de seba h de 5390 (= 1630), sin que igu e luga de eimp esión. Y una nue a
eimp esión en Ams e dam, en 1661, en casa de José A hias po R. Samuel de Cáce es.
5.2.2. Biblia del Oso.
Así llamada po el oso que igu aba en su po ada. Es la e sión de Casiodo o de Reina, de
o igen mo isco, que ue monje je ónimo de la ama de los "Isid os"11, de donde se salió pa a hace se
p o es an e, emig ando seguidamen e a Ingla e a12. En 1567 se publicó en Basilea la e sión española
comple a de es a Biblia, excluidos los deu e ocanónicos, hecha a base de las lenguas o iginales. En
1602 apa eció en Ams e dam la e sión de Cip iano de Vale a, que esponde a una adap ación del
ex o de Casiodo o de Reina.
5.2.3. O as aducciones bíblicas españolas del siglo XVI.
5.2.3.1. Ca ólicas.
5.2.3.1.1. De Fe nando Ja aba.
El lib o de Job y algunos salmos. En 1540 en Ambe es. El Can a de los Can a es y sie e
salmos peni enciales en 1543 ambién en Ambe es.
5.2.3.1.2. De F ay Amb osio de Mon esinos.
P edicado de los Reyes Ca ólicos. Los E angelios y las Epís olas. En 1512. Reedición en
1601.
5.2.3.1.3. De Juan de Robles.
Monje benedic ino de Mon se a . Los E angelios en 1573. No publicados has a 1906.
5.2.3.1.4. De Juan de Sigüenza.
Monje je ónimo. Fallecido en el Monas e io de San Lo enzo de El Esco ial en 1606. Los
E angelios de San Ma eo y San Lucas. Inédi os.
5.2.3.1.5. De F ay Luis de G anada.
Dominico. 1504-1588. Los Salmos; los E angelios; las Epís olas.
5.2.3.1.6. De Juan de la Puebla.
Monje je ónimo. Los Salmos.
5.2.3.1.7. De Juan de So o.
Agus ino. Los Salmos.
5.2.3.1.8. De Beni o Vila.
Monje benedic ino de Mon se a . Los Salmos.
5.2.3.1.9. De An onio de Cáce es y de So omayo .
1555-1618. Con eso de Felipe III. Obispo de O iedo. En 1616 apa eció publicada en Lisboa
su Pe í asis de los salmos peni enciales de Da id.
5.2.3.2. P o es an es.
5.2.3.2.1. De Juan de Valdés.
El au o del amoso Diálogo de la lengua. Mue o en 1541. T adujo los Salmos con o me al
heb eo. Manusc i o conse ado en Viena. Publicado en 1880.
5.2.3.2.2. De F ancisco Enzinas (o Encinas)13.
Nacido en Bu gos en 1520 en el seno de una noble amilia. Mue o en Es asbu go en 1570.
T adujo el Nue o Tes amen o que ue publicado en Ambe es en 1543. Su aducción es á no ablemen e
in luida po la de E asmo.
5.2.3.2.3. De Juan Pé ez de Pineda.
Nue o Tes amen o (1556) y los Salmos (1557), en Gineb a, con alsa da a de Venecia.
5.2.3.3. Judía.
Anónima.
Isaías y Je emías, en heb eo y en español, en Es asbu go en 1569.
5.3. TRADUCCIONES BÍBLICAS ESPAÑOLAS DEL SIGLO XVII.
5.3.1. Ca ólicas.
5.3.1.1. De F ay Luis de León.
1528-1591. El Can a de los Can a es y el lib o de Job.
5.3.1.2. Del Pad e Al onso Ramón.
Me ceda io. El lib o de los P o e bios, publicado en Mad id en 1629.
5.3.2. Judías.
5.3.2.1. De Juan de Quesne.
Los Salmos. En 1625.
5.3.2.2. Anónimo.
Los Salmos. En Ams e dam. En 1626.
5.3.2.3. De Manasés ben Is ael.
El Pen a euco. En Ams e dam. En 1627 y 1655.
5.3.2.4. De Juan Pin o Delgado.
Po ugués. Es e , Ru y Samuel. En Rouen en 1627.
5.3.2.5. De Da id Cohen.
El Can a de los Can a es. En 1631. Inédi o; conse ado en La Haya.
5.3.2.6. De Da id Abena a .
NOTAS
1Pa a los judíos sólo los p o ocanónicos del An iguo Tes amen o. Pa a los c is ianos, los Tes amen os
Nue o y An iguo, incluidos pa a los ca ólicos los deu e ocanónicos.
2Fla io Magno Au elio Casiodo o (h. 480 - h. 575). Esc i o la ino. Después de habe sido cónsul y
p e ec o en iempos de Teodo ico, se e i ó al monas e io de Vi a ium en I alia, y allí esc ibió a ias
ob as de eclesiología.
3En la abadía benedic ina de Le Bec - Hellouin, en el depa amen o de Eu e.
4La palab a heb ea "maso a" se co esponde p obablemen e con " adición".
5La "guenizá" e a una especie de cáma a en la sinagoga en la que se deposi aban los códices ya ue a
de uso pa a se lle ados desde allí con oda pompa y el mayo espe o a una " ie a sag ada" donde
e an en e ados, quedando así a sal o de cualquie p o anación. Valo especial ienen pa a noso os los
ex os del lib o deu e ocanónico del Eclesiás ico encon ados en la "guenizá" de El Cai o en la que
debie on queda ol idados jun o con o os códices.
6Reco demos, po ejemplo, el Cán ico de Habacuc que es udiamos en nues o lib i o El Comen a io de
Habacuc del Ma Mue o. Mad id, C.S.I.C. 1960. 46 páginas.
7 La an igua A gen o a um.
8 En ancés: Châ eillon. Después de una g an in imidad con Cal ino, se apa ó de él po no es a de
acue do con su excesi o igo y su in ansigencia y po el suplicio a Miguel Se e po o den de
Cal ino y de Bèze.
9 Se e ie e aquí al ex o de la Vulga a.
10 En el núme o 73 (1925) de la e is a Razón y Fe (III, 224-236) apa eció un in e esan e es udio de R.
Galdós sob e es a Biblia.
11 La ama de los "Isid os" esponde a una especie de escisión su gida a p incipios del siglo XV. Es e
nomb e les ue dado po habe es ado su cen o p incipal en San Isid o de Campo de San iponce, jun o
a Se illa.
12En Ingla e a se casó y ecibía una sub ención de la eina Isabel a cambio de algunos se icios a la
Co ona. Acusado de sodomía, huyó de Ingla e a y se e ugió en los Países Bajos, de donde pasó a
Es asbu go p ime o y luego a Basilea pa a la publicación de la e sión española de la Biblia.
13 Pa a e i a cae en manos de la Jus icia ue a de España, adop ó según los si ios y las ci cuns ancias
dis in as adap aciones de su apellido: la g iega D yande ; la ancesa Duchesne; la lamenca Van Eick;
la alemana Eichmann …
14Po ejemplo en casos como "la mi niña", y los que eníamos en el Pad e Nues o: "san i icado sea el
u nomb e" o " enga a nos el u eino"
15 A pesa de se inquisido gene al, ha sido acusado con bas an e undamen o, de "jansenismo".
16 San Ma eo 27, 35; San Ma cos 15, 25; San Lucas 23, 33; San Juan 19, 18: "c uci ixe un " en la ín;
σταυρώσαντες, έσταύρωσαν, έσταύρωσαν έσταύρωσεν en g iego espec i amen e.
17 O "han pe o ado", o "han ho adado", o "me ca an" (como aduce Alonso Schökel).
18 En unas jo nadas sob e la aducción ale la pena eco da y censu a la aducción que se dio al
í ulo de la desdichada película Je ous salue, Ma ie.
19 “Domine, audi i audi ionem uam e imui. Domine, in medio anno um i i ica illud: in medio
anno um no um acies: cum i a us ue is, mise ico diae eco dabe is”
INTERVENCIÓN DE LA IGLESIA EN LA LABOR TRADUCTORA.
EL CASO DE LA BIBLIA EN ESPAÑA
José Manuel SÁNCHEZ CARO
Uni e sidad Pon i icia de Salamanca
1. In oducción
En el conjun o de la his o ia de la aducción en España, la apo ación monacal y de las
ó denes eligiosas ha enido una singula impo ancia. Pe o esa ac i idad, así como la de o os
aduc o es, se e ela especialmen e in e esan e en el caso de la Biblia. Un caso conc e o, que o ece
quizá el ejemplo más ilus a i o, an o pa a descub i las g andes apo aciones a nues a cul u a de
impo an es aduc o es, como la in e ención -posi i a y nega i a- de la Iglesia y de la sociedad en la
labo aduc o a. No cabe espe a en la exposición que sigue una his o ia siquie a mínimamen e
comple a de la in e ención de la Iglesia en la aducción de la Biblia. Tal his o ia, pa a asomb o y
e güenza de nues a cul u a, no ha sido oda ía es udiada de mane a comple a. Ace ca de la
aducción de la Biblia en España sólo exis en es udios pa ciales, aunque no pocos de ellos sean
excelen es. En cuan o a la in e ención de la Iglesia en es a a ea oda ía se encuen an menos
es udios, sal o los ela i os a la publicación de índices de lib os p ohibidos con ocasión de la e o ma
p o es an e y de la publicación de las disposiciones sob e aducción de la Biblia del Concilio de
T en o. En es e ensayo me limi o a hace unas calas his ó icas cen adas en es a pe spec i a conc e a,
escogiendo algunos momen os especialmen e impo an es y signi ica i os, que pueden ene in e és
pa a el lec o es udioso. En odo caso, espe o que si an al menos pa a indica campos de abajo
inexplo ados y de cie o in e és pa a los es udiosos de la li e a u a española y de la aducción en
España1.
2. Recepción de las p ime as e siones la inas
La Biblia llega a España no en sus lenguas o iginales (heb eo, a ameo, g iego), sino en las
aducciones que co ían en el occiden e omano, hechas a la lengua la ina, que e a en el siglo III
lengua plenamen e ex endida po odo el impe io occiden al.
Los da os más an iguos: la Ve us La ina
Los da os esc i os más an iguos que enemos ace ca de la p esencia de la Biblia en España
pe enecen a la ca a 67 de Cip iano. Se a a de una ca a di igida al obispo Félix de León, al diácono
Elio y a los ieles de Mé ida, en espues a a una ca a de és os, que no conse amos. Es un esc i o
i mado po los obispos eunidos en el concilio de Ca ago del 254 y se esponde en ella a una consul a
sob e el a o que había de da se a los libella i Basílides y Ma cial, dos obispos que habían i mado el
documen o ac edi a i o (libellum) de habe hon ado a los dioses, aunque en ealidad no lo hubie an
hecho2. La ca a es el p ime documen o en el que se supone la exis encia y el conocimien o de la
Biblia en España, aunque no se alude a ninguna aducción en conc e o.
En una línea pa ecida, encon amos ambién menciones di ec as de la Biblia en las ac as del
ma i io de F uc uoso, obispo de Ta agona, y de Augu io y Eulogio, sus diáconos, ma i izados el 16
de ene o de 259. Pa ece que el au o de las ac as ue es igo p esencial del hecho, quizá un mili a de la
Legio VII Gemina, po lo que gozan de g an c edibilidad his ó ica. En ellas se menciona ya el
minis e io li ú gico de lec o , lo que supone conocimien o y uso de la Biblia en la li u gia. Se cuen a,
además, que F uc uoso celeb a la s a io (es a palab a oda ía signi ica ayuno) en la cá cel, donde
bau iza a Rogaciano y donde uno de los que allí es án lee la Sag ada Esc i u a. Po o a pa e, al habla
de los má i es, se hace e e encia al cán ico de los es jó enes, que es un pasaje deu e ocanónico del
lib o de Daniel (3, 51-90; Ac a IV). Lo mismo había hecho an es Cip iano en su ca a (Ca a 67, 8, 1).
Todo ello pa ece indica que la e sión la ina manejada en ambos casos p ocede de la e sión g iega
de los LXX. Es deci , que an o Cip iano, como el au o hispano de esa c ónica de ma i io usan una
e sión la ina an igua3.
Se a a sin duda de la aducción conocida como Ve us la ina, bajo cuyo nomb e se esconden
las e siones la inas que ci culaban en Eu opa y el no e de Á ica, an es de impone se la e sión
Vulga a. Se suele habla de un ipo de ex o a icano (po se usado po los esc i o es a icanos,
especialmen e Cip iano) y de un ipo de ex o eu opeo, más a iado, en el que en an las ecensiones o
e siones i alianas, ancesas e hispanas. Si exis ió o no un ipo especí ico de aducción hispana,
como de iende T. Ayuso -más allá de una me a ecensión-, es discu ible, aunque el sabio in es igado
a agonés desplegó un inmenso apa a o e udi o en sus abajos sob e la Ve us la ina hispana, con lo que
nos ayudó a conoce mejo la se ie de manusc i os bíblicos la inos de o igen hispánico, lo cual no
quie e deci que necesa iamen e ue an aducciones hechas en es as ie as. Sea como ue e, una
e sión o una ecensión de la Ve us la ina es la p ime a aducción de la Biblia que se usa en España.
Es posible, que el comen a io al Can a de los Can a es de G ego io de El i a (+ inales del siglo IV)
e leje un ex o especial de la Ve us la ina, que, en opinión de T. Ayuso, se ía ípicamen e hispano4,
aunque no odos compa en hoy es a opinión5.
In oducción de la Vulga a La ina
La segunda g an e sión bíblica de que enemos no icia en España es la Vulga a, que en a en
nues a pa ia p ecisamen e debido al in e és de Lucinio, un ico mecenas laico de la Bé ica, que en ía
a Belén un g upo de seis amanuenses, pa a copia la e sión la ina de Je ónimo. De hecho, es lo que
hacen, si bien no pueden ae aún el Oc a euco, po no es a concluido. Así lo e ie e el mismo
Je ónimo en su ca a 716. Si exis e una edición de la Vulga a que ap o eche es os manusc i os y sea
debida al supues o obispo Pe eg ino en el siglo V, o si la ecensión de Isido o hab ía usado es os
manusc i os, es algo di ícilmen e demos able.
Conside aciones al hilo de los hechos
Pa a nues o p opósi o, bas e aquí eseña que la p ime a e sión de la Biblia, haya sido hecha
di ec amen e en España o ue a he encia del no e de Á ica (con las a ian es y adap aciones
opo unas), ha nacido de la necesidad que enía la Iglesia c is iana hispana del siglo III de un ex o
bíblico, especialmen e pa a la li u gia. La pos e io e sión Vulga a en a en España muy p on o, ya en
ida de Je ónimo, pe o a da á en se acep ada po odos. Nó ese que no llega po inicia i a de la
Iglesia o icial, sino de un mecenas laico, que que ía ene la mejo e sión de la Biblia que exis ía en el
momen o. Es e ipo de inicia i as se da á cons an emen e en la Iglesia y la sociedad española, incluso
a con apelo de los deseos de la Iglesia o icial, como e emos enseguida.
Encon amos ya en es os p ime os da os dos elemen os que se con e i án en una cons an e a
lo la go de la his o ia de la aducción de la Biblia en España. Po una pa e, la Iglesia o icial española,
es deci , la je a quía a o ece á siemp e una e sión co ec a la ina de la Biblia, pa a se usada
p incipalmen e con una doble inalidad, la li u gia y la e lexión eológica; po ello, no sen i á especial
necesidad de cambia el ex o bíblico, que los ieles pueden conoce con odas las ga an ías en la
celeb ación li ú gica y en la p edicación. Po o a pa e, las inicia i as de cambio ienen de dis in as
gen es de la Iglesia (en es e caso de Lucinio), pe o no malmen e no de ins ancias o iciales.
3. El medie o: nacimien o y ecepción, con epa os, de las biblias omanceadas
Las dos p ime as e siones bíblicas
Las dos p ime as e siones cas ellanas de ex os bíblicos, que conocemos, es án ligadas a dos
obispos, aunque po di e sas ci cuns ancias. La más an igua, p obablemen e, sea la aducción
cas ellana de algunos ex os bíblicos que se encuen a en la c ónica del iaje a Tie a San a, que
Alme ich o Aime ich de Mala aida, “a cediano de An ioquía”, en ía al a zobispo don Raimundo de
Toledo (+1151), uno de los impulso es de la escuela de aduc o es de Toledo. El iaje, edi ado po
Moshé Laza con el nomb e, sacado del manusc i o, de “la azienda de Ul amaa”, ecoge algunos
ex os bíblicos del AT y NT, pa a ilus a algunos de los luga es de Tie a San a isi ados po quien
llega ía a se e ce pa ia ca de An ioquía (+ 1167-69) y había o mado pa e como aduc o de
g iego de la escuela pa ocinada po el a zobispo Raimundo. La ob a, compues a en e los años 1126 y
1142, es con empo ánea del Poema del Mío Cid7.
Es cu ioso e in e esan e obse a , que las dos más p imi i as aducciones cas ellanas de ex os
bíblicos es án hechas po ex anje os. Po que, e ec i amen e, el siguien e ex o bíblico más an iguo es
p obablemen e la aducción del sal e io, lle ada a cabo po He mann el Alemán, cuando e a obispo de
As o ga. Se a a en es e caso de un uni e si a io, que había es udiado en Pa ís, donde conoció al papa
que le ha ía obispo de As o ga hacia 1266. Pe enecía a la o den eu ónica y ue aduc o p es igioso
de A is ó eles y de A e oes, además de miemb o del g upo de aduc o es de Toledo. Don He mano,
como se le llamaba en As o ga, aduce el sal e io hacia 1270, quizá pa a la “Gene al Es o ia” de
Al onso X el Sabio. Lo aduce “segund cuemo es á en el eb aygo”, a eno de sus p opias palab as, si
bien no es ácil deci si la e sión se hace di ec amen e del heb eo o, como e a cos umb e en muchos
casos, de la Vulga a la ina, aunque se u iese en cuen a al menos en algunos casos el ex o heb eo. La
ob a había sido edi ada en 1983 po Ma k G. Li le ield den o de su edición del códice Esco ial I.I.8.
Y ha sido es udiada y eedi ada po Mª.W. Diego Lobejón, de la Uni e sidad de Valladolid, quien ha
pues o de elie e oda su impo ancia8. El manusc i o es cla amen e del siglo XIV, pocos años después
de que uese ealizada la e sión y mani ies a con cla idad que se a a de una e sión di ec a al
cas ellano, si bien se no an algunos a agonesismos, que la edi o a, como ya an es o os es udiosos,
a ibuye al copis a na a o-a agonés del manusc i o. Es e comp ende la aducción de los salmos con
algunas glosas has a el salmo 70,18. La au o a de iende con a gumen os con incen es que és a es la
ob a bíblica aducida al cas ellano más an igua has a aho a conocida. Según ella la Fazienda de
Ul ama no se ía p opiamen e una e sión de la Biblia, sino una desc ipción de Pales ina, en la que se
in e calan algunos ex os bíblicos que, según la au o a, no es án en cas ellano, sino en lengua
a agonesa. “Po odo lo dicho -a i ma la au o a- podemos conclui que el Sal e io de He mann el
Alemán es el p ime in en o conocido de aducción cas ellana hecha del heb eo, y p obablemen e
ampoco hubo o o an e io ”. Si bien es e dad, que aún no es á demos ado de mane a con incen e
que la aducción se hicie a plena y di ec amen e de la lengua heb ea, como la misma au o a admi e9.
Biblias omanceadas medie ales en cas ellano
Cuan o acabamos de deci , nos in oduce de lleno en la inmensa ob a cul u al p omo ida po
Al onso X el Sabio en la escuela de aduc o es de Toledo. In e esa pa a nues o caso la Gene al
Es o ia, in en o de hace una comple ísima his o ia del mundo desde sus o ígenes has a la ac ualidad
que él i e. ¿Qué uen e más iable pa a ello que la Biblia, lib o san o que habla de los o ígenes del
uni e so y a na ando la his o ia san a conocida y ene ada po el pueblo c is iano? Es a es la azón
po la cual se p oyec a una aducción comple a de oda la Biblia, en p incipio hecha de la Vulga a
la ina. Luego se a en elazando con o os ex os au o izados en una especie de cen ón de ex os y
da os, con los que se cons uye es a peculia isión medie al enciclopédica de la his o ia. La ob a
nunca ue e minada, pues el ey mu ió an es de que se le die a culmen, y los aduc o es y esc ibien es
se dispe sa on después. Po ello no pudo se leída en su iempo. Pe o, lo que es más lamen able,
ampoco podemos lee la noso os en el nues o, pues, pa a e güenza de nues a cul u a, aún no hemos
sido capaces de hace una edición comple a de es a magna ob a de nues a lengua. Debemos, sin
emba go, elici a nos po que la Fundación J.A. de Cas o ha iniciado lo que quie e se la p ime a
edición comple a de la ob a10.
Como dice su edi o , la ob a es un c uce de modelos que se solapan: el de la his o ia uni e sal
y el de las Biblias omanceadas, según había señalado ambién la g an es udiosa i aliana de es a
li e a u a M. Mo eale. Y aún hab ía que añadi o os dos pa ones: las Biblias his o iales y la e sión
de lib os dedicados a la his o ia de los gen iles11.
El esponsable de la edición de es a p ime a pa e de la Gene al Es o ia había ya edi ado una
selección de la e ce a pa e12. En ella se pone a disposición del lec o no sólo una impecable edición
c í ica (pa cial) del ex o cas ellano de la e ce a pa e de la ob a del Rey Sabio, sino que se
econs uye y edi a ambién el supues o o iginal la ino, del que los al onsinos hab ían aducido los
ex os bíblicos. Es o añade un nue o alo a la edición, en cuan o pe mi e obse a la écnica de
aducción de los hacedo es de an magna ob a. Así, aunque con ábamos has a aho a con es udios
pa ciales sob e las écnicas de aducción de los colabo ado es del ey Al onso, los “al onsinos”, como
suele designá selos13, es e abajo nos enseña muchas cosas más. De él deducen sus au o es una se ie
de in e esan es consecuencias. La p ime a es que el modelo la ino a pa i del cual se e ec úa la
aducción es el ex o de la Vulga a conocido como “Biblia de Pa ís”, ep esen ado po a ios
manusc i os, de los cuales el más in e esan e pa a nues o caso es el Codex Uni e si a is o So bonicus
(Pa isinus la . 15.467 de la Biblio eca Nacional de F ancia, da ado en 1270, aunque pa ece con ene
una adición ex ual que emon a ía a 1250. Pe o no sólo es o, nues os au o es log an demos a , al
menos pa a los lib os bíblicos con enidos en es e olumen, que los al onsinos usan asimismo la glosa
o dina ia, jun o con los comen a ios de Hugo de san Ca o, in eg ándolo odo pe ec amen e en el ex o
de la aducción. De es e modo puede habla se de una aducción li e al, en la cual las ampli icaciones,
acla aciones o a ian es que se obse an son en su inmensa mayo ía no son pa á asis de los
aduc o es -como se pensaba- sino iel aducción de la glosa o dina ia medie al. Sólo el Can a de los
Can a es se apa a de es a no ma, en cuan o que sus glosas son muy pocas, quizá debido a que se usa
un manusc i o la ino di e en e en es e caso. En conjun o, el uso de es as glosas -p e e en emen e las
llamadas li e ales, que son las más ecuen es- in en a acla a el ex o, sob e odo explici ando
elemen os g ama icales, aunque no siemp e mejo e la comp ensión del ex o14. Es amos pues an e una
e sión bíblica ín eg a y ma cadamen e li e al, que, al menos pa a es e caso, nos pone en gua dia an e
lo que pod íamos conside a pa á asis de los aduc o es. Si el mismo esquema si e o no pa a la
aducción de ex os bíblicos na a i os his ó icos, es un asun o que aquí no se conside a. En
conclusión, es a nue a edición nos ayuda mejo a comp ende los modelos bíblicos usados en el
medie o, el uso na u al de algunas glosas, casi como algo pe enecien e al mismo ex o bíblico, y la
li e alidad de los aduc o es al onsinos, al menos pa a es e conjun o de lib os.
Po lo demás, a la Gene al Es o ia deben añadi se o as a ias e siones de la Biblia en
omance, que aquí no podemos conside a en de alle. Así, sabemos que en e los siglos XIII y XV
nace oda una se ie de biblias omanceadas, aducidas an o del la ín como del heb eo, que o man un
conjun o e dade amen e admi able. No son pocos los judíos que colabo a on en es a magna emp esa.
Muchas de ellas se conse an en di e sos manusc i os de la Biblio eca Regia del monas e io de El
Esco ial desde los iempos de Felipe II. Sob esalen y son conocidas algunas de es as e siones, como
la llamada Biblia de Guzmán o de Alba -po su pe enencia ac ual a es a casa noble- enca gada po
Luis de Guzmán, g an maes e de la o den de Cala a a, al abino Mosé A agel de Guadalaja a, quien
concluyó la aducción del heb eo el año 1430. Se a a de un in e esan e modelo de colabo ación en e
judíos y c is ianos y una mues a, an o del in e és in elec ual de un c is iano iejo po la Biblia
heb ea, como del conocimien o po pa e de un judío in elec ual del ex o y la adición la inas15. Pe o
no debe ol ida se la Biblia de Fe a a, “Biblia en lengua española, aducida palab a po palab a de la
e dad heb aica po muy excelen es le ados, is a y examinada po el o icio de la Inquisición”, como
eza la po ada de la edición imp esa en esa ciudad i aliana, allá po 1553, aducida po Ab aham
Usque y Yom Tob A ías. Ni ampoco el denominado “Pen a euco de Cons an inopla”, imp eso po
Soncino el año 1547 en Cons an inopla y esc i o en ladino, esa lengua eligiosa de los judíos se a díes,
que se con i ió en el dialec o de los judíos españoles de O ien e, as su expulsión de los einos
hispanos; en es e caso además el ex o es á esc i o en ca ac e es heb eos16.
T aducciones alencianas y ca alanas de la Biblia
El caso de las biblias alencianas y ca alanas es de cie o in e és pa a nues o ema. En e o as
cosas, po que las dos más impo an es e siones medie ales p o ienen de un eligioso dominico y de
un monje ca ujo, espec i amen e. Po lo demás, es sin omá ico que la p ime a no icia que enemos
ace ca de es as e siones es p ecisamen e una p ohibición de Jaime I de A agón (1234), in eg ada
después en las Cons i uciones de Ca aluña ela i as a la des ucción de biblias en omanç. La
p ohibición es con i mada po el concilio de Ta agona del año 1235: ne aliquis lib os e e is e no i
es amen i in omancio habea. La e e encia es con oda p obabilidad no a e siones ca alanas de la
Biblia, que en es e momen o aún no se conocen, cuan o a e siones occi anas, que co ían en manos de
cá a os y aldenses17. Es signi ica i o que la decisión sea del ey y de un concilio, ambos de mu uo
acue do. No debe ol ida se que en es e momen o el pode polí ico es p ác icamen e b azo secula de la
Iglesia y que de e minadas cues iones eligiosas son p ác icamen e asun os de Es ado. Y es que una
e sión de la Biblia podía ene an a impo ancia en la o mulación de la e, como en la conse ación
del o den público, sob e odo si enemos en cuen a las azones de es a p ohibición, que posiblemen e
no hacían o a cosa que secunda las indicaciones del concilio de Tolosa (1229) con a los
albigenses18.
Dejando apa e el es udio de allado de las e siones p opiamen e ca alanas de es e iempo, nos
bas a aquí sub aya en un p ime momen o la aducción ca alana imada del Sal e io, pa a de ene nos
un momen o después en la p ime a biblia alenciana imp esa. En cuan o a la p ime a, ue ealizada po
el dominico Romeu Sab ugue a (+1313) a inales del siglo XIII o p incipios del siglo XIV. De ella se
conse an ap oximadamen e dos e ce as pa e ( e mina en Sal 113,10). Pa ece la aducción ca alana
más an igua y los juicios que ha me ecido son muy posi i os: “ abajo ace ado, legible y lexible, con
una lengua genuina y un es ilo de aducción po lo gene al li e al”19. Con iene no a , que se a a de
una aducción hecha no pa a el uso li ú gico -pa a ello se seguía usando el la ín- sino pa a uso
de ocional, p obablemen e espondiendo a la necesidad de o a con ex os bíblicos de no pocos laicos
piadosos y económicamen e capaces de ene una copia de la ob a. La ob a es á aducida de la
Vulga a, p obablemen e del ex o pa isino que e a el habi ual y el de mayo p es igio. Es a e sión
u o una g an in luencia en las pos e io es ediciones de los salmos en ca alán, incluso en ediciones
pa a con e sos judíos, si bien ue cons an emen e modi icada, pa a adap a la quizá al lenguaje o a los
gus os de cada momen o.
P obablemen e -aunque no es á aún plenamen e demos ado- algunos de los o os sal e ios
ca alanes conocidos a pa i del siglo XIV sean de o igen judío y aducidos de la lengua heb ea o al
menos de o ien ación judaizan e. A es e úl imo ipo de aducciones pe enece ían los sal e ios, hoy
incomple os, de la Biblia ca alana del Museo B i ánico (Ege on 1526) y de la Biblio eca Nacional de
Pa ís (manusc i o de Pei esc), que o ecen la misma aducción, al pa ece de o igen judío, si bien no
ol idan la e e encia a la Vulga a, que ambién se pe cibe. P obablemen e se a a de ex os que
p o ienen de ambien es judaizan es y no es ic amen e c is ianos, po lo que, quizá con la base de la
Vulga a, ha su ido sin emba go una e isión desde el ex o heb eo y con c i e ios judíos. De o igen
más plenamen e heb eo quizá sea la aducción del sal e io con enido en el manusc i o de la misma
Biblio eca Nacional de Pa ís (esp. 244), que pa ece se de mediados del siglo XV y p esen a una
aducción li e al del heb eo al es ilo de las aducciones judías que conocemos ambién en cas ellano,
como po ejemplo la Biblia de Fe a a. Aún puede encon a se algún o o es o de sal e io de o igen
judío con e sión pu amen e li e alis a y con endencias judaizan es cla as, a pesa de que en la e sión
ca alana a cada salmo se le había añadido, segu amen e pa a disimula , un glo ia pa i inal. Al menos
eso pa ece si nos a enemos al es imonio de los inquisido es Jaume Bo el (el mismo de la Biblia
alenciana) y Ausías Ca bonell, que lo ecogie on como poco iable el año 1492, a poco de habe se
concluido la e sión.
Pe o, sin duda, la e sión más conocida de odas es la Biblia a omançada de lengua la ina en
la nos a alenciana, po lo mol e e en Mice Boni aci Fe e (+1417), p io de la ca uja de Po a
Caeli y he mano de Vicen e Fe e , imp esa en Valencia as cuidadosa e isión del inquisido Jaume
Bo ell, el año 1478. Es un ejemplo señe o de lo que supuso la in luencia de la Iglesia, p ime o en la
aducción, después en su o al desapa ición20. El o igen de la Biblia es la aducción ealizada po un
equipo de monjes de la ca uja de Po a Caeli, bajo la esponsabilidad del p io , Boni aci Fe e ,
he mano del p es igioso san o dominico Vicen e Fe e , en e 1396 y 1402. El ex o ue escogido pa a
lle a a cabo la publicación comple a de la Biblia en Valencia. La inicia i a pa e de un g upo de
con e sos alencianos y de algunas pe sonalidades de la Iglesia alenciana, en e o os el inquisido
dominico Jaume Bo el y el obispo auxilia de Valencia Jaume Pe es, además de algunos o os. El
capi al lo pusie on los he manos Jaume y Felip Vizland , alemanes. Fue la cua a biblia imp esa
comple a, as la alemana (1466), la i aliana (1471) y la holandesa (1477). Se publica on 600
ejempla es en e 1477 y 1478. Las ci cuns ancias de su imp esión son pa a noso os bien
signi ica i as. En p ime luga , se elige es a Biblia po que es aba esc i a en alenciano y no es aba
“co ompida, como la de Llagos e a” -según dice el inquisido Bo ell-, si bien no sabemos
exac amen e qué biblia uese és a. Inmedia amen e se lle a a cabo una e isión de allada, pa a que
pudie a se conside ada, como dice el colo ón, una Biblia mol e a e ca hòlica. El poseedo de la
Biblia, Be engue Vi es de Boíl, leía en al o el ex o, mien as que el inquisido , Bo ell, enía delan e
un ex o au o izado de la Vulga a e indicaba las co ecciones que debían hace se. No oda pudo
co egi se así, pe o ya es e hecho nos da una idea de los c i e ios de aducción: o al idelidad a la
Vulga a.
La Biblia, que debía ene en e 400 y 450 olios ue some ida en el siglo XVI a un se e ísimo
juicio po la inquisición. De nada alie on ni el solemne colo ón, que e a como un nihil obs a del
inquisido , ni la au o idad de Boni acio Fe e , ni la idelidad a la Vulga a. El p oceso inquisi o ial
comienza a poco de imp imi se, el año 1483. Conocemos el es imonio del inquisido alenciano
Mon emayo en 1497, pa a quien la quema de Biblias es aba jus i icada, po que “ aduci la dicha
Sag ada Esc i u a co ec amen e a nues a lengua... e a di ícil y casi imposible de hace se sin e o ”,
pues la lengua e nácula po sí sola no podía ep oduci “el e dade o sen ido y la e dade a sen encia
de la Sag ada Esc i u a”21. De la Biblia sólo han quedado los cua o olios inales, donde se encuen a
el colo ón. Conocemos además el Sal e io, po habe sido publicado ambién apa e, como se ha dicho.
Y un manojo de e sos suel os del An iguo y Nue o Tes amen o22.
La p esión eclesiás ica y polí ica -es amos en el momen o de lle a a cabo la unidad del eino
po medio de la unión de las co onas de A agón y de Cas illa en los Reyes Ca ólicos- obligó, p ime o,
a ajus a los ex os lo más posible a la Vulga a; después, ha á desapa ece es a Biblia, como an as
o as. Y es que, en e ec o, odo heb aísmo e a sospechoso en un momen o en que acababan de se
expulsados los judíos. El esul ado es un li e alismo es ic o, apa e o as ci cuns ancias sin ác icas que
no son aquí del caso. Ine i ablemen e, la e sión alenciana se llena de la inismos. Las no mas
seguidas pod ían esumi se en dos: a cada é mino la ino debía co esponde uno alenciano y,
además, el é mino alenciano-ca alán debe se en lo posible de la misma aíz que el la ino del que se
aducía. Se a a p obablemen e no an o de una écnica de aducción apoyada en el genio de la
lengua, cuan o sus en ada po azones eológicas y polí icas: la aducción debe se lo más p óxima
posible a la lengua sag ada, que en es e caso es el la ín (y que en o os se á el heb eo, como se ía más
adelan e el caso de la Biblia de Fe a a y del Pen a euco Cons an inopoli ano). Es e dad que es as
no mas se e as ienen sus excepciones, lo que hacen que no se a e de una me a aducción
in e lineal: la in oducción de pa á asis y glosas (és as úl imas en pa e asmi idas con el mismo ex o
bíblico) y el desdoblamien o de algunos la inismos. Po ejemplo, luci e um (Sal 109,3) se aduce:
lucí e , ço és, s el de l’alba. Has a al pun o es así, que, con palab as de Miquel d’Esplugues, pod ía
deci se que los aduc o es de Po a Caeli le an a on un monumen o a la lengua la ina, al modo como
la Biblia abínica de Fe a a es un monumen o al heb eo23.
Po o a pa e, Puig i Tà ech ha señalado, a mi modo de e con acie o, que as es e modo de
aduci hay además un p oyec o ideológico. Es deci , quie e se olun a ia exp esión de un
mo imien o de espi i ualidad de ca ac e ís icas muy conc e as, cuyo cen o e a la ca uja de Po a
Caeli. Se a aba, en e ec o, de o ece una aducción segu a, en e a las aducciones co ompidas de
las “ alsas biblias”. Y hay que ene en cuen a que, p obablemen e, biblia alsa y biblia co up a enía
a se lo mismo que biblia no ablemen e di e gen e de la ulga a. Di e gencias que podían ene su
o igen en una lengua omance más ajus ada al genio de la lengua y menos li e al, o a e o es de los
copis as, o a ampliaciones del ex o a causa de e isiones de es ilo hechas sin c i e ios conc e os o,
inalmen e, a e siones de ipo judaizan e. Todo es o debía se e i ado en un momen o en el que se es
conscien e del pelig o de di isión. An e es os pelig os un sec o de la Iglesia, que p opugna un
c is ianismo espi i ual y aus e o, a a de ecupe a en su aducción bíblica el espí i u y la le a del
la ín de san Je ónimo, que, según la adición, hab ía hecho su e sión en espí i u de mo i icación y
peni encia en Belén. P obablemen e la ca uja de Po a Caeli es el pun o de e e encia espi i ual de esa
co ien e espi i ual y ello se e leja en la e sión ca alano- alenciana de es a p ime a Biblia imp esa.
Se a aba en e ec o de ecupe a la lec u a de la Biblia como alimen o del espí i u pa a aquellos
g upos de laicos que no conocían el la ín y se sen ían ce canos a es os cen os de espi i ualidad. No
ol idemos que el mismo Boni aci Fe e es un homb e de amplia imagen pública, que lo ha dejado
odo pa a en a en la ca uja; es deci , un ejemplo i o de lo que es e ex o p e ende se . De aquí que,
en pa e al menos, la opción po la li e alidad es ic a se ía e lejo y consecuencia de un mo imien o
espi i ual conc e o, que quie e undamen a se en un ex o bíblico au én ico. Un ex o que, en su
desnuda li e alidad, e leja ía un ideal de pe ección cen ado en el mensaje sus ancial de la palab a de
Dios, no en los mundanos ado nos de li e a u as ag adables a los oídos. Es a explicación de la
li e alidad de la aducción no es desechable. Pe o debemos eco da que no es la única. En el ondo,
se a aba ambién de asegu a se la o odoxia en e a la co upción. Ambos obje i os pa ece habe los
conseguido es a Biblia.
Y sin emba go, ni siquie a así subsis i ía. Según el es imonio de Al onso de Cas o y
Ba olomé de Ca anza, los Reyes Ca ólicos hab ían p ohibido las aducciones de la Biblia en lengua
ulga p ecisamen e con ocasión de la expulsión de los judíos24. No se conoce el documen o o iginal.
Tampoco se conoce una disposición semejan e que hab ía exis ido en iempos de Ca los V. En
cualquie caso, las disposiciones del ibunal de la inquisición española a pa i del índice de lib os
p ohibidos de 1551 no dejaban duda: se p ohibían odas las e siones de la Biblia en lengua omance,
cas ellana o cualquie o a. La labo del al o ibunal ue en es a ocasión pe ec a. Ninguna Biblia de
Boni aci Fe e ha sob e i ido. Sólo el Sal e io, que, según hemos dicho, po habe se edi ado apa e
unos años después de la Biblia, y algunos ex os suel os. Nada más.
Re lexiones sob e los da os
Cuan o acabamos de ela a obliga a e lexiona sob e los hechos. Así, po lo que se e ie e a
las p ime as e siones de ex os bíblicos apa ecidas en lengua cas ellana, obse emos que nacen de
dos homb es de Iglesia, pe o en el con ex o de ob as cul u ales que no se ci cunsc iben a la Iglesia.
Ambas, esc i as po Aime ich y He mann el Alemán, se elacionan con escuelas de aduc o es. La
p ime a, con la escuela de aduc o es de Toledo en iempos del a zobispo D. Raimundo; la segunda,
con oda p obabilidad, pe enece al cí culo de las ob as que se p epa aban en el en o no de las escuela
de aduc o es en iempos del ey Sabio. Así pues, al en e de las p ime as e siones de ex os bíblicos
en omance apa ecen homb es de Iglesia, pe o ni es án pa ocinadas o icialmen e po la Iglesia, ni son
ex os o iciales en ella. O a obse ación cu iosa: ambas ob as son o iginales de ex anje os,
cómodamen e aclima ados en la mejo lengua cas ellana del momen o. Lo que nos lle a a medi a
ace ca de los bene icios que p oduce la colabo ación de pe sonas de dis in as lenguas, cuando la
emp esa cul u al que se lle a a cabo es de amplios ho izon es.
En cuan o a las biblias omanceadas cas ellanas, bas e los da os apun ados, pa a pode a i ma ,
que ninguna de es as biblias pa ece habe nacido de impulsos di ec amen e eclesiás icos. La Biblia
al onsina o ma pa e de una emp esa cul u al de amplios uelos. La Biblia de Alba es el deseo de un
c is iano noble, ico y piadoso, de ene el ex o bíblico, quizá pa a que le ue a leído, quizá sólo
po que e a signo de pode y iqueza. La Biblia de Fe a a y el Pen a euco de Cons an inopla son ob as
di ec amen e de judíos, aunque en el p ime caso in e inie a la licencia de la Iglesia, po se edi ada
en e i o io c is iano. Y ci cuns ancias semejan es son las que hicie on posible el es o de las biblias
omanceadas. Hemos de supone que en es e momen o oda ía no se había despe ado en la Iglesia el
in e és o la necesidad de ene un ex o bíblico en omance. El ex o la ino e a su icien e pa a las
inalidades li ú gicas y pas o ales del momen o, como lo e a ambién pa a la e lexión eológica en las
uni e sidades. Consecuencia de odo ello, la in luencia de es as biblias en la lengua cas ellana, al
menos de mane a inmedia a, no ue muy g ande. Dicho de o o modo, ninguna de ellas ue popula . Y,
aunque como señala el ecien e edi o de la Biblia al onsina, algunos é minos especí icos en a on a
o ma pa e de la lengua cas ellana a pa i de la Gene al Es o ia, la e dad es que su in luencia, al
menos po lo que se e ie e al lenguaje bíblico, no ue decisi a en la lengua.
Nos queda, inalmen e, una úl ima e lexión ace ca de la biblia alenciana imp esa. Aquí
ol emos a encon a nos con un ex o que, en su o igen, nace de una necesidad de ocional (la
co ien e espi i ual de que hemos hablado, cen ada en la ca uja de Po a Caeli) y cuya edición se
lle a a cabo po inicia i a de una se ie de c is ianos, laicos y eclesiás icos, pe o sin que sea una
inicia i a o icial de la Iglesia. El ex o es siemp e un ex o pa a la lec u a p i ada y como al es
au o izado po el inquisido local. Pe o, cuando ap ie an los pelig os de disg egación del eino y las
di icul ades doc inales sob e enidas po causa de la e o ma p o es an e, la Iglesia o icial, jun o con el
Es ado, oma ca as en el asun o y elimina la Biblia, no po que su aducción sea algo malo en sí
misma, sino po que puede aca ea pelig os pa a la e y di isiones y e uel as pa a la nación.
Desg aciadamen e, es a si uación se á a pa i de aho a demasiado ecuen e y condiciona á no sólo el
mundo de la aducción bíblica, sino indi ec amen e odo nues o mundo li e a io y cul u al.
4. Tiempos de e o ma: echazo a las biblias en lenguas omances
Renacimien o bíblico
La uel a a las uen es, la apa ición de la imp en a y un cla o mo imien o de e o ma
espi i ual, que en no pocas ocasiones lle a consigo una o ien ación hacia la lec u a de la Biblia, hacen
que a lo la go del siglo XV y du an e g an pa e del XVI pueda habla se de un e dade o
enacimien o bíblico25. En es a línea hay que si ua , en e o as ealizaciones, la publicación de la
Biblia Políglo a Complu ense, imp esa ya en pa e en 1514 -año en que publica E asmo su Nue o
Tes amen o g iego, que se con e i ía andando el iempo en el ex o ecibido y acep ado po odos- y
publicada en 1520; y la eedición ampliada de B. A ias Mon ano, la Biblia Regia, publicada en las
p ensas de Plan ino (Ambe es 1569-73), culminación de una de las ealizaciones más impo an es del
humanismo hispano26.
Pe o lo que ealmen e llegaba al pueblo, que aho a empieza a lee de mane a pe sonal y en oz
baja, po que la imp en a hace posible i eniendo los p opios lib os, e an las aducciones popula es de
po ciones de la Biblia, como las hechas pa a las epís olas, e angelios y p o ecías en un p ecioso
cas ellano nada menos que po ay Amb osio Mon esino; o su e sión de la Vi a Ch is i del ca ujo
medie al Ludol o de Sajonia27. El ni el cul u al en e las clases nobles y de p o esionales acomodados
ambién había c ecido no ablemen e y se o man buenas biblio ecas pa icula es, sob e odo en
ciudades con adición cul u al, como Se illa, Valladolid, Alcalá, Salamanca y o as28. Es momen o
ambién de nue as e siones de la Biblia, al menos de in en os pa ciales, especialmen e de los
e angelios y el Sal e io, los más leídos y gus ados po odos. No es el caso de p esen a aquí una lis a
de las que se conocen29, lis a que ha de amplia se y sis ema iza se con da os p o enien es de di e sas
uen es, en e o as, de los di e sos índices de lib os p ohibidos.
La c isis bíblica de la Re o ma
Todo es e p e isible enacimien o bíblico se e uncado de mane a ab up a y decisi a a causa
de la eacción con a la e o ma p o es an e. E ec i amen e, la e o ma p o es an e se había apoyado
sob e odo en la Biblia, a i mando el p incipio de la sola Sc ip u a, es deci , que la e c is iana ha de
undamen a se únicamen e en la Esc i u a Sag ada, sin necesidad de con a con la Iglesia, que po
humana es alible. A causa de ello, y con la mejo de las in enciones del mundo, se ol e á imposible
an o la madu ación de las e siones bíblicas en omance, como su lec u a en e el pueblo. La
discusión ace ca de si es aba pe mi ido aduci a las lenguas omances la Biblia o no, se con ie e en
es os momen os en una cues ión que a más allá de las con eniencias li e a ias; es un asun o eológico
y, además, una cues ión casi de o den público. No obs an e, has a 1559 hubo lib e discusión sob e es e
pun o y se acep aban di e sos ma ices. E asmo había hecho la más b illan e p oclama de la época, al
a i ma que e a necesa io ol e a los e angelios y, en consecuencia, e a p eciso ene acceso di ec o a
los ex os bíblicos. En es a línea, el aduc o español del Enchi idion de iende el acceso a la Biblia en
Finalmen e, con iene deja cons ancia ambién de la nue a aducción in e con esional de la
Biblia en Ca aluña, oda ía en ma cha, y de la emp endida en cas ellano, así como menciona la nue a
edición de la Biblia en asco, hecha in e con esionalmen e y e minada en 1994, y las ecien es
ediciones de la Biblia en ca alán y en gallego, és a la p ime a comple a exis en e en esa bella lengua54.
Re lexiones sob e el asun o
Todas es as e siones comple as, más o as muchas pa ciales que aquí no se han eseñado,
nacen como u o de la p epa ación de especialis as a lo la go de los años cincuen a y sesen a del siglo
XX. Pe o, sob e odo, alcanzan una g andísima compe encia y dignidad como consecuencia de la
e sión de los ex os li ú gicos de la Iglesia omana a las lenguas e náculas. En e ec o, con iene
sub aya que la mayo apo ación a nues a cul u a española en el campo de la aducción, ealizada
po es e enacimien o bíblico -p obablemen e el mayo de nues a his o ia- ha sido la e sión li ú gica
de los ex os bíblicos, que se p oclaman en la li u gia en nues as lenguas españolas. Po p ime a ez
en nues a his o ia se ha c eado un lenguaje que no exis ía y se ha hecho de mane a conscien e,
compe en e y bella. No en o aquí en lo que es o ha signi icado pa a odas nues as lenguas hispanas.
Me limi o al cas ellano y al español de Amé ica. La his o ia di ícil de aduci la Biblia ha sido y sigue
siendo sob e odo la emp esa de hace posible que se escuche mejo y plenamen e la Biblia. En nues a
ie a española no se podía en ende la p oclamación de la Sag ada Esc i u a en la li u gia desde
ap oximadamen e el siglo VI. Ca o ce siglos sin un lenguaje bíblico público, sin un lenguaje li ú gico
y sin un lenguaje eológico en nues a lengua ulga , el cas ellano o español. La g an emp esa de c ea
es os lenguajes se ha hecho en España en los úl imos cua en a años. Se ha hecho en silencio, casi sin
que el mundo cul u al hispano se diese cuen a55. La llamada Biblia pa a la iniciación c is iana56 es un
p ime in en o, aunque incomple o, de econs ui el ex o bíblico a base de la aducción li ú gica y
p ecisamen e és a es la nue a emp esa que es á en ma cha en es e momen o, la e isión del ex o
li ú gico y la aducción comple a de la Biblia en la misma línea, lle ada a cabo po un g upo de
biblis as españoles, a inicia i a de la Con e encia Episcopal Española, y en colabo ación con o as
pe sonas de nues a cul u a española, pa a hace posible una Biblia, que sea ajus ada a los o iginales y
ag adable de lee . Una emp esa di ícil, pe o apasionan e y, a es as al u as, plenamen e o iginal en la
Iglesia y en la cul u a española.
7. Conclusiones
El eco ido hecho nos pe mi e ya saca algunas conclusiones, que podemos o ganiza en dos
clases: aquellas que se e ie en a los hechos his ó icos es udiados y aquellas que se cen an más en la
na u aleza de la aducción, y conc e amen e de la aducción de un ex o an especí ico y singula
como es la Biblia en el mundo occiden al.
Conclusiones desde la pe spec i a de la his o ia
1. El ex o bíblico p ime o que la Iglesia española conoció y acep ó ue el ex o la ino an iguo
(Ve us la ina e sio), aunque no sabemos exac amen e si se ecibió sin más de o as la i udes
(p obablemen e de Á ica en la Bé ica y de la Galia en la Ta aconense), con pequeñas a ian es
locales, o si ealmen e nació una e dade a e sión hispana. P on o ue sus i uido po el ex o la ino de
la Vulga a, que en a en España -al menos pa cialmen e- ya en ida del mismo san Je ónimo. Es e
ex o ha cons i uido el ex o bíblico o icial en la Iglesia española has a la segunda mi ad del siglo XX.
2. Las p ime as e siones de ex os bíblicos al cas ellano no nacen po inicia i a de la Iglesia
o icial. El p ime conjun o de ex os bíblicos lo encon amos en una publicación ocasional, como es la
Fazienda de Ul ama . El segundo, el sal e io de He mann el Alemán, p o iene de una inicia i a
cul u al, aunque en ambos casos los aduc o es son al os eclesiás icos. Ninguno de es os ex os ue
o icial en la Iglesia hispana. Ambos ex os, ci cuns ancia no able, p o ienen de dos aduc o es
p o esionales, ninguno de los cuales e a de o igen español.
3. Las biblias omanceadas medie ales en cas ellano nunca son inicia i a o icial de la Iglesia.
Nunca ue on biblias popula es en e la gen e, sino que nacen o po inicia i a de pe sonajes nobles,
cul os y icos, o po necesidades de comunidades especí icas, como e an la comunidad judía se a dí de
Fe a a o de Cons an inopla. Incluso la Biblia al onsina de la Gene al Es o ia no llegó a ene g an
in luencia ni en la Iglesia, ni en el ambien e cul u al español, ya que nunca ue edi ada y nunca ue
leída po el g an público. Po ello, no han sido decisi as ni pa a el ocabula io eligioso, ni pa a la
lengua española en gene al.
4. El caso de las biblias omanceadas en ca alán (o alenciano) es muy semejan e. Las
e siones exis en es nacen odas po inicia i a pa icula . En el caso de la Biblia de Po a Caeli pa ece
e leja una espi i ualidad especí ica, que se podía plasma de la mejo mane a -en el sen i de los
aduc o es- en una ex ema idelidad al la ín. Esa idelidad p esidió la co ección de los manusc i os a
la ho a de pasa a la imp en a en Valencia. Tenemos así una biblia que es monumen o de li e alidad al
la ín de la Vulga a, an o po con icción de los aduc o es, como po exigencias de la o odoxia, es
deci , pa a e i a que uese una biblia co ompida. Es a li e alidad de aducción del la ín de la
Vulga a, se mani es a á cons an emen e en las pos e io es aducciones bíblicas, en unción de la
o odoxia del ex o, has a mediados del siglo XX. Ha impedido una aducción lexible, una
in es igación y conocimien o de los o iginales y la c eación de un lenguaje eligioso, que hubie a sido
capaz de c ea lenguaje, como ocu ie a con las e siones alemana de Lu e o o inglesa del Rey Jaime.
5. La Re o ma p o es an e ocasionó en oda la c is iandad una eacción, que puso en
en edicho la lec u a de la Biblia en lengua ulga , p ecisamen e en el momen o en que se llegaba a la
madu ación de la lengua y del sabe , pa a habe podido hace una e sión clásica de la Biblia. En
España es a eacción, lide ada po el T ibunal de la Inquisición y a o ecida no sólo po la Iglesia,
sino po el pode ci il, ue aún más ex emosa que en o as pa es. Es o impidió que u ié amos una
e sión clásica de la Biblia que hubie a in luido en nues o c is ianismo y en nues a lengua. Hizo que
el lenguaje eligioso hispano ue a poco bíblico, se cen a a más en la eligiosidad popula y di icul ó
la ansposición del lenguaje eológico al lenguaje de la piedad y de la li u gia, c eando un di o cio
no able.
6. La única e sión comple a de la Biblia en cas ellano del siglo XVI es una e sión que hubo
de publica se ue a de España y se conside ó como ob a he é ica, digna de se des uida. Dejando
apa e los mé i os lingüís icos y los acie os y desacie os que enga, de hecho no in luyó ni en la
lengua, ni en la piedad, ni en la eología, ni en la cul u a española. Sencillamen e po que no exis ió
en e el pueblo.
7. La si uación desc i a, lle ó a la Iglesia y al pueblo español a la con icción de que la Biblia
no e a un lib o pa a se leído en di ec o. De hecho, no o ma pa e del bagaje cul u al de los españoles
( ampoco de los ilus ados, ni siquie a de los clé igos) has a bien en ado el siglo XX. Los únicos
in en os de aducción que conocemos en el siglo XVIII y XIX, apa e las e siones de que a
con inuación se habla, son inicia i as pa icula es, hechas siemp e con g an emo an e una posible
in e ención de la inquisición, en idelidad a la Vulga a y sin apa a se demasiado de las
in e p e aciones adicionales que se ansmi ían en las glosas pa ís icas.
8. La p ime a inicia i a posi i a, eal y eclesiás ica, de aduci la Biblia comple a al cas ellano
es la que ealiza el escolapio Felipe Scío de San Miguel en 1790. Su e sión, acep ada po la Iglesia,
hubo de ajus a se es ic amen e a la Vulga a, nunca ue o icial y no llegó p ác icamen e nunca al
pueblo, debido al p ecio de los lib os, a la incul u a gene al y al poco in e és de clé igos y laicos po la
Biblia. Algo pa ecido ocu e con la e sión de To es Ama , el cual, no lo ol idemos, e a un
eclesiás ico libe al e ilus ado, como lo e a su ío. Lo más que pudo log a en su diócesis de As o ga es
que hubie a una Biblia en cada pa oquia. Y aquello ya se conside aba una ic o ia. No obs an e, la
Iglesia o icial, que pe mi ió es as e siones con oladas, siguió sin usa la Biblia en cas ellano ni en la
ca equesis, ni en la li u gia, ni en la p edicación. El conocimien o bíblico de la gen e en es e iempo es
el adqui ido básicamen e po el es udio epe i i o de la his o ia sag ada en la ca equesis.
9. La p ime a edición e dade amen e popula de la biblia comple a -apa e o as e siones de
los e angelios y del NT lle adas a cabo po los di e sos mo imien os bíblicos ca ólicos- es la e sión
de Náca y Colunga, apa ecida en 1943. Sin se una e sión o icial, encon ó sin emba go el ambien e
adecuado y la edi o ial ágil p epa ada pa a una di usión masi a del ex o bíblico.
10. Sólo en el siglo XX, y especialmen e en su segunda mi ad, la Iglesia española ha omado
la inicia i a con espec o a la e sión de la Biblia en las lenguas hispanas. Conc e amen e, y po lo que
se e ie e al cas ellano, la labo de aduci odos los ex os li ú gicos (de los cuales 2/3 son ex os
bíblicos) ha sido la emp esa de aducción más impo an e en la España del siglo XX. La impo ancia
de es as e siones, su in luencia en el lenguaje popula (li u gia, escuela, ca equesis) y la c eación de
una e minología que e a en g an pa e desconocida pa a la mayo ía de los españoles, no han sido
enidos en cuen a con la se iedad que me ecen. Es a a ea con inúa en es e momen o, sob e odo con la
e isión de los ex os bíblicos y la c eación de una biblia cas ellana, que sea elemen o de e e encia en
la Iglesia española.
11. En consecuencia, la his o ia de la aducción de la Biblia y de la in e ención de la Iglesia
en ella (y no sólo de la Iglesia, sino ambién de los pode es públicos) es un ejemplo de nues a di ícil
con i encia, que ha hecho imposible algunas c eaciones cul u ales, posiblemen e de mucha
ascendencia. La nue a ac i ud en es e campo es, segu amen e, signo de una nue a ac i ud abie a de
diálogo y de acogida sin miedo de odas las ace as de la lengua pa a exp esa una e, que no iene
miedo de dialoga con la cul u a ambien al.
Conclusiones desde la na u aleza de la aducción
La his o ia que acabamos de e e i , aunque haya sido esumidamen e, nos ayuda a saca
algunas conclusiones sob e la na u aleza de la aducción, especialmen e cuando se a a de aduci
ex os au o izados, y la na u aleza del con ol sob e ella po pa e de quienes ienen la au o idad, sea
és a eligiosa o polí ica.
1. T aducción y o odoxia.
T aduci , según nues o dicciona io más au o izado, el de la Real Academia, es an o como
con e i , muda , oca , explica , in e p e a . En e ec o, aduci se dice en la ín in e p e a i, que ha
dado en cas ellano “in e p e a ”. Signi ica, en su p ime a acepción, “explica o decla a el sen ido de
una cosa, y p incipalmen e el de ex os al os de cla idad”. Pe o ambién puede signi ica “explica ,
ace adamen e o no, acciones, dichos o sucesos que pueden se en endidos de di e en es modos”, e
incluso “concebi , o dena o exp esa de un modo pe sonal la ealidad”. Es o nos pone an e una
cualidad ine i ablemen e unida al concep o y a la ealidad p opia de la aducción: como cualquie o a
in e p e ación, la aducción es una in e p e ación de la ealidad, en la que en an en juego muchas de
las ealidades in e io es del aduc o . Es deci , no hay una pu a aducción obje i a. De aquí que la
aducción haya se ido en no pocos casos como ehículo de ideas p opias y pe sonales, con la en aja
de usa pa a ello ex os de p es igio o au o izados. Na u almen e, es o puede engend a -y de hecho así
sucedió- p oblemas de o odoxia. De aquí la igilancia an es ic a a la ho a de au o iza aducciones
de un ex o an au o izado como la Biblia. Y, sob e odo, de aquí la cons an e -que se obse a a lo
la go de oda la his o ia- de ene un ex o de e e encia au én ico (en el caso de los judíos, la e sión
heb ea acep ada, es deci , la maso é ica; en el caso de los c is ianos, la e sión la ina an igua, p ime o;
la Vulga a, después).
2. T aducción y sac alidad
T aduci es an o como des ela el sen ido de palab as y ases, que nos esul an inin eligibles,
a causa de nues o desconocimien o del idioma en que es án esc i as. En ese sen ido, de e minados
lenguajes se con ie en en a canos. Es o sucede con ecuencia en el ámbi o eligioso -aunque no es el
único-, y especialmen e en el ámbi o de las eligiones con lib o. Los ex os sag ados, una ez
econocidos como ales, gozan de especial au o idad y se man ienen en su lengua o iginal, aunque la
mayo ía del pueblo no los en ienda. Así sucedía con los ex os de la Biblia heb ea, cuando ya no
esul aban de ácil comp ensión pa a el pueblo judío, que hablaba más bien a ameo. Así sucede
ambién en la c is iandad, cuando el la ín deja de se la lengua del pueblo. Los ex os eligiosos, y en
especial la Biblia, se man ienen en la ín, po que así se han ansmi ido desde an iguo, en ellos se han
undado las p ecisiones doc inales de los maes os y con ellos abajan los especialis as ( eólogos).
Toda ía esul a es o más acen uado, si la lengua sag ada -el la ín- esul a además lengua de p es igio,
es deci , lengua de la ciencia, como ocu ió p ác icamen e has a el siglo XVI en Eu opa. T aduci se
con ie e aho a en des ela el mis e io de lo con enido en la lengua a cana. Si se aduce, los sabios y
los sace do es pie den el monopolio del ex o y és e a su ez se desac aliza, se democ a iza. En es e
con ex o, man ene la au o idad del ex o la ino de la Biblia supone man ene la au o idad, el pode
in elec ual y eal, pues en úl imo é mino sólo quien iene acceso a ese ex o iene acceso a la
in e p e ación. En consecuencia, se impide o se e i a la aducción; o, si és a se da, no se le concede
o icialidad.
3. T aducción y ansmisión
T aduci es an o como ansmi i . La palab a la ina aduce e, de la que p o iene nues a
aducción, iene su o igen en ans-duce e, que signi ica an o como a a esa , hace pasa los
pensamien os de uno a o o. T aduci es así una ope ación necesa ia pa a ansmi i el sabe . Tomás de
Aquino necesi a que le aduzcan las ob as de A is ó eles, pa a ap opia se del sabe en ellas ence ado.
Es o lo sabían bien los p ime os misione os c is ianos, que aduje on ápidamen e la doc ina y la
Biblia a lenguas como el la ín, el si íaco, el cop o, el á abe, c eando incluso en algunos casos la
li e a u a de esos países (así sucedió con las e siones a menias y paleoesla as). Aho a bien, cuando se
a a de ansmi i con enidos doc inales impo an es, los enca gados de la ansmisión de la e cuidan
de mane a especial esa ansmisión. Esa es una de las unciones que ienen las glosas, la p edicación,
la ca equesis. Po ello, no se au o iza cualquie aducción de la Biblia. En momen os de pelig o
doc inal (p. ej. du an e la e o ma p o es an e), mejo no au o iza aducción alguna. Y, cuando se
au o iza (p. ej. a inales del siglo XVIII) se ha á de un ex o p eciso, con no as ga an izadas que
asegu en la in e p e ación o odoxa del ex o y as habe sido examinadas con enien emen e (es el
caso de las e siones de Scío y To es Ama , en e o as).
4. T aducción y mes izaje
En su p ime a acepción, el dicciona io de la RAE, de ine la palab a “ aduci ” como “exp esa
en una lengua lo que es á esc i o o se ha exp esado an es en o a”. En es a de inición apa ece con
cla idad que el obje i o de oda aducción es as asa el signi icado de una palab a o ase a o a
lengua. Desde el pun o de is a de la lengua inal, el esul ado es una mezcla de ambas lenguas y
ambas cul u as. Ni se puede as asa el signi icado pleno de un é mino a o a lengua, ni se puede
e i a o almen e la imp egnación cul u al del é mino as asado po la cul u a de la lengua ecep o a.
En es e sen ido, oda a ea aduc o a p oduce siemp e un esul ado mes izo, en el que la lengua o igen
en iquece a la lengua ecep o a con nue os signi icados, pe o a la ez e ine i ablemen e la ans o ma.
El p oblema, po an o, que plan ea la aducción de de e minadas ob as es que puede pone en pelig o
la iden idad de la cul u a que se exp esa en la lengua ecep o a. De aquí el con ol sob e la aducción
de de e minadas ob as, al como hemos is o en la his o ia an e io ; y, po azones semejan es, el
con ol de las aducciones bíblicas. E ec i amen e, no sólo hay pelig o de malen ende la lengua
o igen - el pelig o de ansmisión-, sino que ambién exis e pelig o de modi ica la a consecuencia de
su con ac o con la cul u a de la lengua ecep o a. Y es que en oda aducción se da ine i ablemen e
una mezcla de cul u as, que lle a consigo, al menos en un p ime momen o, el pelig o de desdibuja
los signi icados p ecisos de la lengua o igen y, po an o, de di umina la iden idad de la o odoxia en
esa lengua plenamen e a i mada.
5. T aducción y au onomía
Siguiendo nues a e lexión sob e el esul ado de la ope ación aduc o a, con ecuencia
el nue o ex o p oducido alcanza plena au onomía has a con e i se en ex o de e e encia, con
ol ido incluso de la lengua o igen. Es e es un enómeno que se ha dado con mucha ecuencia
en las aducciones bíblicas. El p ime caso ue el de la aducción g iega de la Biblia heb ea, la
llamada aducción de los Se en a o Sep uagin a (siglos III-I an es de C is o). Es a aducción se
con i ió en no ma i a pa a el c is ianismo nacien e, lo que obligó a los judíos a e isa una
e sión que ellos mismo habían hecho, pe o que se habían ap opiado los c is ianos. El segundo
caso ue el de las e siones la inas an iguas (la llamada Ve us la ina), has a el pun o de que no le
ue ácil a la aducción de san Je ónimo impone se en el Occiden e c is iano. El e ce o, y el
más impo an e pa a noso os, es p ecisamen e el caso de la Vulga a, e sión la ina que
adqui ió, sob e odo a pa i del concilio de T en o, el es a u o de “au én ica” en la Iglesia,
es a u o que ha enido de mane a e ec i a p ác icamen e has a mediados del siglo XX. O os
casos pa ecidos pueden encon a se en las e siones clásicas a dis in as lenguas, como ocu ió
en la an igüedad con el si íaco ( e sión peshi a o co ien e) y en los iempos mode nos con la
King James e sion. De odo es o se deduce que cuando un ex o aducido es ecibido po el
pueblo, se con ie e a su ez en au o idad y su ge la necesidad de con ola el ex o de nue o.
La azón pa ece se , que cada ex o aducido se con ie e en ex o independien e y con su
p opia his o ia, c eando a su ez una p opia cul u a. En consecuencia, puede p oduci una nue a
o odoxia, si no o ma pa e de un sis ema más amplio, lo que jus i ica el con ol del nue o
ex o, al como ha sucedido.
6. Con ol o sal agua dia
De las e lexiones an e io es nace el con encimien o de que un ex o au o izado, como
es la Biblia, en el que los c eyen es en la exp esión de la palab a de Dios esc i a en lenguaje
humano, es un ex o decisi o pa a la exp esión co ec a de la e de la comunidad c eyen e
(o odoxia), es un ex o sag ado, ansmiso de e, mix u ado de cul u as, capaz de e igi se en
ex o au ónomo y au o izado a medida que cada aducción es ecibida como ex o p opio del
g upo o comunidad. Es as son, po an o, las azones de ondo que, a mi juicio, han hecho an
singula la his o ia del con ol de la labo aduc o a en el caso de la Biblia po pa e de la
Iglesia y, en no pocas ocasiones, del Es ado. Es e con ol en sí mismo no es malo y,
p obablemen e, sea necesa io, si se quie e en ega el ex o con odo su signi icado a cada
gene ación. El p oblema ha enido cuando pa a con ola lo se ha conculcado la libe ad y, en no
pocos casos, se han u ilizado medidas coe ci i as y iolen as, an o pa a con los lib os, como
pa a con las pe sonas. Apa e las conside aciones his ó icas, que nos pe mi an en ende
de e minadas ac i udes de con ol en momen os y épocas de e minados, pa a que deje de se un
con ol de censu a y se con ie a en sal agua dia legí ima de un ex o iden i icado , debe exis i
diálogo cons an e en e la au o idad de la comunidad, los aduc o es y la comunidad misma.
Todos deben conoce las azones po las cuales no puede u iliza se el ex o aducido en
de e minadas ocasiones, ni aduci se de nue o de cualquie mane a. Todos deben acep a que
exis a una igilancia sob e el ex o aducido, de mane a que siga exp esando, en la medida de
lo posible, idén ica e e idén icos alo es que el ex o au o izado aducido. Si es o se hace así,
es a emos an e una legí ima ac i ud de sal agua dia del ex o aducido, no an e un con ol que
a en a a los alo es de la libe ad y dignidad pe sonal. Quien compa a el mismo sis ema de
alo es (la misma e) en la comunidad, acep a á como legí ima y necesa ia es a labo de
sal agua dia. Quien no lo haga así, debe sabe que el ex o que él aduce e in e p e a puede
llega a se su ex o, pe o puede deja de se el ex o el de la comunidad. Desde el pun o de is a
pe sonal es o es legí imo. Desde el pun o de is a de la e compa ida es o puede lle a a c ea
no solamen e un nue o ex o, sino una nue a o mulación de la e y, en consecuencia o a
comunidad.
Desde el pun o de is a de la si uación ac ual, odas es as conside aciones in i an a las
comunidades de la Biblia (judíos y c is ianos de di e sas denominaciones) a in en a
aducciones a las dis in as lenguas hechas en común. De es e modo, se ha á más iable un
e dade o diálogo ecuménico e in e eligioso y el se icio de la aducción ol e á de nue o a
consegui su más al a me a, la mejo comp ensión y el diálogo más luido en e los humanos.
NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
1 En el p esen e abajo u ilizo con ecuencia ma e iales de mi an e io ensayo La a en u a de lee la
Biblia en España (Uni e sidad Pon i icia, Salamanca 2000).
2 Véase Ob as de San Cip iano, ed. bilingüe de J. Campos, BAC 241 (Mad id 1964) 631-40.
3 Véanse R. Ga cía Villoslada (ed.), His o ia de la Iglesia en España I (BAC, Mad id 19 ) 372-400; las
Ac as de es e ma i io pueden consul a se en la edición bilingüe de D. Ruiz Bueno, Ac as de los
má i es, BAC 75 (Mad id 41987) 781-94.
4 C . Biblica 40 (1959) 135-59; pa a un es udio más comple o éase T. Ayuso, La Ve us la ina
hispana. I: P olegómenos. In oducción gene al (CSIC/BAC, Mad id 1953); un buen esumen de es a
cues ión en K. Reinha d , Die biblischen Au o en Spaniens bis zum Konzil on T ien (Uni e sidad
Pon i icia, Salamanca 1976) 16-30; pa a una exposición sin é ica del abajo de T. Ayuso, puede e se
T. Tomé Gu ié ez, “La Ve us Hispana. Un desa ío en c í ica ex ual bíblica”, Cuade nos Bíblicos
(Valencia 1978) 30-53.
5 C . la edición del Cán ico hecha po J. Pascual To ó en la colección Fuen es Pa ís icas (Ciudad
Nue a, Mad id 2000); pa a nues o asun o, 16-8.
6D. Ruiz Bueno, Ca as de San Je ónimo. Edición bilingüe I (BAC, Mad id 1962) 677-84; éase
ambién pa a más de alles la ca a 75, di igida a la iuda de Lucinio, Teodo a (ibid. 712); ecué dese
que po Oc a euco se en ienden los cinco p ime os lib os de la Biblia (Pen a euco) más los lib os de
Josué, Jueces y 1-4 Reyes. Pa a más da os sob e la Vulga a en España. c . S. Be ge , His oi e de la
Vulga e pendan les p emie es siècles du moyen âge (Pa ís 1893; ed. anas á ica G. Olms,
Hildesheim/Nue a Yo k 1976) 8-28; A. Ga cía Mo eno, La neo ulga a. P eceden es y ac ualidad
(Uni e sidad de Na a a, Pamplona 1986) 115-22, con bibliog a ía; una isión de conjun o con
alo ación y bibliog a ía, en J. T ebolle, La Biblia judía y la Biblia c is iana. In oducción a la
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7 M. Laza , Alme ich, A cidiano de An iochia. La Fazienda de Ul a Ma . Biblia omanceada e
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8 M.G. Li le ield (ed.), Biblia Romanceada I.I.8. The 13 h-Cen u y Spanish Bible Con ained in
Esco ial MS. I.I.8 (The Hispanic Semina y o Medie al S udies, Madison 1983) 295-324; Mª.W. de
Diego Lobejón, El Sal e io de He mann el Alemán. P ime a aducción cas ellana de la Biblia
(Valladolid , Uni e sidad de Valladolid 1993) 174 p.
9 El Sal e io op.ci . 57; éase ambién p. 52; como pa e del mismo es udio y complemen o de él, la
au o a ha esc i o ambién un amplio ensayo sob e los salmos en la li e a u a española, Mª.W. de Diego
Lobejón, Los Salmos en la li e a u a española (Valladolid, Uni e sidad de Valladolid 1996). La ob a
se compone de 307 ichas de au o es con sus espec i as ob as desde inales del siglo XIII -el p ime o
na u almen e es el Sal e io de He mann el Alemán- has a el año de 1996. Se añade una amplia
bibliog a ía clasi icada, un apéndice de aducciones de los salmos y de c eaciones li e a ias inspi adas
en ellos, con e e encia de au o es y años, y un u ilísimo índice inal de au o es.
10A.G. Solalinde edi ó la p ime a pa e (Jun a pa a Ampliación de Es udios e In es igaciones
Cien í icas, Mad id 1930) y algunos colabo ado es suyos edi a on la segunda pa e (CSIC, Mad id
1961); en disco compac o ha sido edi ada oda ella, menos la e ce a pa e, po The Hispanic Semina y
o Medie al S udies, The Elec onic Tex s and Conco dances o he P ose Wo ks o Al onso X. el
Sabio (Madison 1997); de la e ce a pa e Sánchez-P ie o y Ho cajada Diezma han edi ado algunos
lib os bíblicos (G edos, Mad id 1994); c . J.M. Sánchez Ca o, “Pa a una his o ia de la Biblia” op. ci .
654-7. Acaba de publica se la p ime a pa e en edición p omo ida po la Fundación J.A. de Cas o:
Al onso X el Sabio, Gene al Es o ia. P ime a pa e, edi ada con un in e esan e es udio p elimina po
Ped o Sánchez-P ie o Bo ja (Mad id 2001) 2 ol.
11 Gene al Es o ia. P ime a pa e op. ci . XLVIII sg.
12 Al onso el Sabio, Gene al Es o ia. Te ce a Pa e, ol. IV, Lib os de Salomón: Can a de los
Can a es, P o e bios, Sabidu ía y Eclesias és. Edición de Ped o Sánchez-P ie o Bo ja y Bau is a
Ho cajada Diezma (Mad id, G edos 1994); puede e se sob e la ob a J.M. Sánchez Ca o, “Pa a una
his o ia de la Biblia en España, a ia no i ia”, Es udios Bíblicos 57 (1999) 643-64.
13 Pa a una ap oximación bibliog á ica al ema c . Gene al Es o ia. Te ce a Pa e, op. ci .113-4.
14 C . Gene al Es o ia. Te ce a Pa e, op.ci . 89-91.
15 De ella se hizo una monumen al edición acsímil, pa ocinada po la casa de Alba y di igida po A.
Paz y Meliá (Mad id 1920-22); c . pa a una p ime a ap oximación M. Mo eale, “La Biblia de Alba”,
A bo 47 (1960) 47-54.
16 Sob e las biblias omanceadas hay abundan e li e a u a; éase el a ículo básico de M. Mo eale,
“Apun es bibliog á icos pa a la iniciación al es udio de las biblias medie ales en cas ellano”, Se a ad
20 (1960) 66-109; y G.M. Ve d, “Las Biblias omanizadas, c i e ios de aducción”, Se a ad 31 (1971)
319-51; más bibliog a ía en la ob a de Reinha d , ci ada en no a 4, y en la más ecien e, K. Reinha d /
H. de San iago, Biblio eca Bíblica Ibé ico-Medie al (CSIC, Mad id 1986); éase ambién mi es udio
sob e la Biblia en España, en J. González Echega ay y o os, In oducción al Es udio de la Biblia. 1.
La Biblia en su en o no (Ve bo Di ino, Es ella 31996) 560. Añádanse la edición acsímil La Biblia de
Fe a a (1553), a ca go de I.M. Hassán y U. Macías (Sociedad Es a al Quin o Cen ena io, Mad id
1992), así como la edición c í ica de M. Laza , Biblia de Fe a a (Fundación J.A. de Cas o, Mad id
1996) y el olumen de es udios, edi ado po I.M. Hassán, In oducción a la Biblia de Fe a a. Ac as
del Simposio In e nacional (Sociedad Es a al Quin o Cen ena io, Mad id 1994).
17 Pueden e se P. Wunde li, La plus ancienne aduc ion p o ençale (XIIe siècle) des chapî es XIII à
XVII de l’É angile de Sain Jean. Ms Ha ley 2928. Biblio hèque F ançaise e Romane, D/4 (Pa ís
1969); P. Bohigas, “La Bíblia a Ca alunya”, en II Cong és Li ú gic de Mon se a (1966), ol II
(Ba celona 1982)125-40.Sob e biblias medie ales ca alanas y alencianas, éase el a ículo básico de
M. Mo eale, “Apun es bibliog á icos pa a la iniciación al es udio de las aducciones bíblicas
medie ales en ca alán”, Analec a Sac a Ta aconensia 31 (1958) 271-90, y las in e esan es no as de F.
Pé ez, “La Biblia en España”, en B. O cha d y o os, Ve bum Dei. Comen a io a la Sag ada Esc i u a.
I: In oducción Gene al (He de , Ba celona 1956) 87-9; in o mación ac ualizada en el in e esan e
es udio de A. Puig i Tà ech, La Biblia a Ca alunya, València i les Illes ins al segle XV (Ins i u
Supe io de Ciències Religioses San F uc uós, Ta agona 1997); c . ecensión de J. Pe a nau en A xiu
de Tex os Ca alans An ics 17 (Ba celona 1998) 621-623.
18 Véase La Biblia en su en o no 561, pa a un pano ama gene al; sob e es a p ohibición, con
documen os y bibliog a ía, c . J. Enciso, “P ohibiciones españolas de las e siones bíblicas en
omance an es del T iden ino”, Es udios Bíblicos 3 (1944) 523-60, esp. 531-34.
19 El Sal e io no ha sido aún publicado comple o; éase la bibliog a ía básica sob e es e ex o en Puig i
Tà ech, La Biblia a Ca alunya 17 sg.
20 Pa a odo es o, además de la ob a de Puig i Tà ech ya ci ada 77-87, éase J. Ven u a, La Bíblia
alenciana. Recupe ació de la his ò ia d’un incunable ca alá (Ba celona 1993), quien edi a el sal e io
de Po a Caeli, el único lib o que se ha sal ado de la des ucción de es a biblia, al habe sido publicado
independien emen e de la Biblia en Ba celona el año 1480 po Nicolau Spindele , edición de la que se
conse a un solo ejempla en la Biblio eca Maza ina de Pa ís (Ms 1228).
21 Ven u a, Biblia Valenciana 124; Puig i Tà ech, La Biblia a Ca alunya 87.
22 Puede e se una desc ipción de allada de los agmen os, así como de los luga es en que han sido
publicados en Puig i Tà ech, La Biblia a Ca alunya 81-2.
23 Puig i Tà ech, La Biblia a Ca alunya 85.
24 Véanse los da os en J.M. de Bujanda (di .), Index de li es in e di s. V: Index de l’inquisi ion
espagnole. 1551. 1554. 1559 (Cen e d’É udes de la Renaissance, She b ooke, Québec 1984) 42.
25 Pa a es a época y la in luencia de E asmo en el enace bíblico y espi i ual de España, c . la clásica
ob a de M. Ba aillon, E asmo y España (Fondo de Cul u a Económica, Mad id/México 21966);
además, M. And és, La eología española en el siglo XVI (BAC, Mad id 1976) 2 ol.; N. Fe nández
Ma cos, “Biblismo y e asmismo en la España del siglo XVI”, en M. Re uel a/C. Mo ón (eds.), El
e asmismo en España (San ande 1986) 97-108; A. Sáenz-Badillos, La ilología bíblica en los
p ime os helenis as de Alcalá (EVD, Es ella 1990).
26 Sob e la Políglo a Complu ense c . el clásico es udio de M. Re illa, La Políglo a de Alcalá. Es udio
his ó ico-c i ico (Mad id 1917) y el Anejo a la edición acsímile de la Biblia Políglo a Complu ense
(Valencia 1987), publicado po la Fundación Bíblica Española y la Uni e sidad Complu ense; pa a la
Biblia Regia y A ias Mon ano c . el núme o especial dedicado al biblis a ex emeño de Cuade nos de
pensamien o 12 (Fundación Uni e si a ia Española, Mad id 1998), con bibliog a ía ac ualizada.
27 F ay Amb osio Mon esino publica dos ob as de es e ipo, que u ie on a ias ediciones: Epís olas,
E angelios, Lecciones y P o ecías (Ambe es 1512 y 1608); y la más céleb e y conocida, E angelios y
Epís olas pa a odo el año (Toledo 1512 y 1601; Ambe es 1550 y 1558); su Vi a Ch is i ue publicada
la p ime a ez po el imp eso polaco Es anislao Polono en Alcalá de Hena es el año 1502; éase el
es udio de A.M. Ál a ez Pelli e o, La ob a lingüís ica y li e a ia de F ay Amb osio Mon esino
(Uni e sidad de Valladolid, Valladolid 1976). San a Te esa enía una edición en cua o olúmenes, a
los que llama ca iñosamen e “mis ca ujanos”, c . L. Pie a Delgado (ed.), Cas illo in e io . Te esa de
Jesús y el siglo XVI. Ca álogo de la Exposición, Ca ed al de A ila 1995 (A ila 1995) 218. Pa a el
modo de lee en es e iempo, c . X.G. Ca allo/R. Cha lie (eds.), His o ia de la lec u a en el mundo
occiden al (San illana Tau us, Mad id 1998); sob e la lec u a de la Biblia, J.M. Sánchez Ca o, “Lee la
Biblia en el siglo XXI”, en J.M. Sánchez Ca o/B. Méndez Fe nández (eds.), Se c is iano en el siglo
XXI. Re lexiones sob e el c is ianismo que iene, Biblio heca Salman icensis 231 (Uni e sidad
Pon i icia, Salamanca 2001) 209-40.
28 Véanse algunos ejemplos en H. Escola , His o ia del Lib o español op. ci . 116-28.
29 Véanse algunas ob as en F. Pé ez, “La Biblia en España” op. ci . 93; J.M. Sánchez Ca o, “La Biblia
en España”, en J. González Echega ay y o os, In oducción al Es udio de la Biblia. 1. La Biblia en su
en o no op.ci .563-5; pueden consul a se igualmen e los abajos de K. Reinha d , Die biblischen
Au o en op. ci . 171sg.; M. And és (ed.), His o ia de la Teología Española op. ci . I, 634-46.
30 C . los da os en M. Ba aillon, E asmo y España op. ci . 75, 134, 192-9, 359; pa a la exposición que
sigue en o no a la pos u a de Ca anza, c . J.I. Tellechea, “Bible e Théologie en “langue ulgai e”.
Discussion à p opos du “Ca échisme” de Ca anza”, en L’Humanisme dans les le es espagnoles. XIX
Colloque In e na ional d’ É udes su l’Humanisme. Tou s 1976 (Pa ís 1979) 219-31.
31 Véase la edición de J.I. Tellechea, Ba olomé Ca anza de Mi anda. Comen a ios sob e el
Ca echismo Ch is iano (BAC, Mad id 1972) I, 111-5; se a a de la in oducción al ca ecismo, que -no
lo ol idemos- había sido esc i o en Ingla e a, pa a a o ece un ex o de doc ina sana con a los
pelig osos esc i os lu e anos, que llegaban a las islas desde la e ia de lib os de F anc o , c . ibid. 49-
50.
32 La a i mación se con e i á en un ópico de la discusión; éanse los da os, jun o con o as cues iones
de in e és pa a nues o caso, en J. Enciso, “P ohibiciones españolas de las e siones bíblicas en
omance an es del T iden ino”, Es udios Bíblicos 3 (1944) 523-60, esp. 544-52.
33 Véase la excelen e colección di igida po J.M. de Bujanda, Index des li es in e di s (Cen e
d’É udes de la Renaissance, Quebec 1984-96) 12 olúmenes; los índices de la inquisición española se
encuen an en los olúmenes V (1984) y VI (1993).
34 Véase el es udio de D. de Pablo Ma o o, “El índice de lib os p ohibidos en el Concilio de T en o”,
Re is a Española de Teología 36 (1976) 39-64, donde se encon a á uen es y bibliog a ía. Pa a odo
es e asun o es ob a impo an e la monog a ía de J.L. González No alín, El inquisido gene al
Fe nando de Valdés (O iedo 1968) I, 261-86 (índice de 1559); una exposición sin é ica del mismo
au o en R. Ga cía Villoslada (ed.), His o ia de la Iglesia en España. III, 2º: La Iglesia en la España
de los siglos XV y XVI (BAC, Mad id 1980) 187-90.
35 “Todos y qualesquie Se mones, Ca as, T ac ados, o aciones o o a qualquie esc ip u a esc ip a de
mano que hable o ac e de la sag ada esc ip u a o de los Sac amen os de la Sanc a mad e Yglesia y
eligión Ch is iana, po se a i icio que los he eges usan pa a comunica se sus e o es”; índice de
1559, n. 597; éase ambién n. 605; J.M. de Bujanda, Index V, 547; c . 194-202; pa a las icisi udes
con la inquisición del lib o de A. Mon esino, E angelios y Epís olas, c . A.M. Ál a ez Pelli e o, La
ob a lingüís ica 58-63.
36 C . C. Ca e e Pa ondo, Heb aís as judeocon e sos en la Uni e sidad de Salamanca (siglos XV-
XVI). Lección inaugu al (Uni e sidad Pon i icia, Salamanca 1983).
37 C . J.L. González No alín, “Inquisición y censu a de Biblias en el Siglo de O o. La Biblia de
Va ablo y el p oceso de F ay Luis de León”, en V. Ga cía de la Concha/J. San José Le a (eds.), F ay
Luis de León. His o ia, humanismo y le as (Uni e sidad de Salamanca/Jun a de Cas illa y León,
Salamanca 1996) 125-44; c . J.M. Sánchez Ca o, “Pa a una his o ia de la Biblia” op. ci . 659-60.
38 Véase la espléndida edición del p oceso, jun o con su in oducción, hecha po A. Alcalá, El p oceso
inquisi o ial de F ay Luis de León (Jun a de Cas illa y León, Valladolid 1991)
39 Sob e la aducción bíblica de F ay Luis al cas ellano c . L. Alonso Schökel/ E. Zu o, La aducción
bíblica: lingüís ica y es ilís ica (C is iandad, Mad id 1977) 324-52.
40 Exis e una edición acsímil bas an e accesible, C. de Reina, La Biblia, que es los sac os lib os del
Viejo y Nue o Tes amen o asladada en español, eimp esión acsímil de 1569 (Sociedad Bíblica,
Mad id 1986); sob e Casiodo o, c . A. Go do Kinde , Casiodo o de Reina. Spanish Re o me o he
Six een h Cen u y (Tamesis, Lond es 1975); sob e la aducción, en e o os, G.M. Ve d, “Casiodo o
de Reina, aduc o de la Biblia”, Es udios Eclesiás icos 46 (1971) 511-29; J. Alonso Díaz/A.
A aujo/J. Guillén, “La e sión española de la Biblia del p o es an e Casiodo o de Reina”, El lib o
Español 12 (1969) 571-87 = Cul u a Bíblica 27 (1970) 277-92.
41 No hay es udios a ondo sob e la e sión cas ellana de Casiodo o de Reina; c . una ap oximación
in e esan e de N. Fe nández Ma cos, “La Biblia de Fe a a y sus e ec os en las aducciones bíblicas al
español”, en I.M. Hassán, In oducción a la Biblia de Fe a a op. ci . no a 25, 445-71.
42 Se dan no icias de eediciones en 1586, 1587, 1596, 1602 y 1622, aunque es di ícil cons a a el
hecho; la e isión de Vale a lle a po í ulo La Biblia, que es los sac os lib os del Viejo y Nue o
Tes amen o. Segunda edición. Re is a y con e ida con los ex os Heb eos y G iegos y con di e sas
nou eaux maî es, mais le la in (même sous des o mes modi iées) demeu e la langue d’une pa
impo an e de la popula ion e c’es de plus la langue de cul u e, c’es la seule à posséde une éc i u e.
On oi alo s se p odui e un phénomène pa iculie de aduc ion, celui des lois ba ba es que les ois
on me e pa éc i en la in.
La con e sion des F ancs, symbolisée pa le bap ême de Clo is (496 ou 499) asseoi
l’in luence de l’Eglise e de la langue la ine non seulemen comme langue de la majo i é de la
popula ion mais aussi comme langue adminis a i e, cul u elle e de p édica ion.
L’éca en e langue éc i e e langue o ale ne ai que c oî e à la in du VIe siècle. G égoi e de
Tou s (538-594) pa le du la in de son emps comme d’une langue mêlée (So : 39). Au cou s du siècle
sui an , la langue éc i e elle-même se dég ade : une Vie de sain Riquie éc i e à la in du VII siècle
« ou mille de au es pa appo à la g ammai e classique » (So : 39). Ces éca s son le signe de la
o ma ion d’une langue nou elle qui se déma que de plus en plus du la in.
La es au a ion de la langue la ine classique pa les cle cs de Cha lemagne es l’indice que l’on
ne pa lai plus, ni n’éc i ai plus ce e langue la ine sous sa o me pu e. En es au an un la in plus
con o me aux no mes classiques, la Renaissance ca olingienne joue « un ôle de ca alyseu dans la
naissance e la econnaissance de la langue ançaise » (Ce quiglini ci é pa So :39).
Si ce e es au a ion d’un la in soigné ne pose pas p oblème au ni eau de l’éc i , elle p o oque
une up u e de communica ion au ni eau de l’o al dans la mesu e où la majo i é de la popula ion ne
sui pas, pa ce qu’elle pa le main enan un dialec e qui es en ain de de eni une langue spéci ique.
Pou ê e comp is, le cle gé doi s’ad esse au peuple dans la langue qu’il pa le e c’es ainsi que le
canon 13 du concile de Tou s [813] énonce « que chaque é êque dans ses homélies, donne ai les
exho a ions nécessai es à l’édi ica ion du peuple e qu’il s’applique ai à adui e ces homélies en
langue omane us ique ou udesque [langue ge manique], a in que les idèles puissen plus aisémen
en comp end e le con enu » (So : 41)
Ainsi donc, la Renaissance ca olingienne, en es au an le la in e les o mes de li é a u es
éc i es a ec ce e langue, c euse l’éca en e les cle cs le és e le peuple qui pa le un e naculai e
oman.
Un pas décisi se a anchi en 842 a ec le se men de S asbou g, qui pou la p emiè e ois
o e une ansc ip ion éc i e de la langue omane. En 840, ap ès la mo de Louis le Pieux, l’empi e
es pa agé en e ses ois ils : Lo hai e, Louis le Ge manique e Cha les le Chau e. Dans ce se men ,
les deux è es se ju en aide e p o ec ion con e Lo hai e e ce chacun dans la langue de la égion
dé olue à l’au e : le oman e le udesque (aucun des deux p inces n’é ai omanophone).On peu oi
dans « ces ex es éc i s en deux langues au es que le la in un ac e poli ique onda eu de deux é a s
eposan su deux langues » (So : 43)
Il es é iden que la langue omane es en ain de change de s a u : à pa i de 813, elle es
une langue e s laquelle les cle cs aduisen leu s homélies ; en 842, elle accède au s a u de langue
d’é a . A pa i de la p emiè e moi ié du IXe siècle, on édige des ex es en oman, aduc ions
d’homélies d’abo d, puis composi ions o iginales, géné alemen de ex es eligieux.
Conclusion pou la enaissance ca olingienne
Le ègne de Cha lemagne es indéniablemen ma qué pa « un enou eau des a s e des le es
la ines ainsi que pa la éo ganisa ion de l’enseignemen an à la cou impé iale que dans les milieux
eligieux » (Pica d 1998 : 25). Il n’es pas ques ion de aduc ion mis à pa des en ep ises ès
limi ées comme celle de Théodul e. L’in é ê pou le g ec demeu e ma ginal même s’il donne
naissance à quelques en ep ises de aduc ion su ou sous le ègne de Cha les le Chau e, e là aussi il
s’agi de ex es eligieux. L’e o pou é abli le con ac a ec l’an iqui é e su ou a ec les au eu s
non ch é iens es p esque nul ; il au sans dou e y oi sinon l’in e en ion di ec e de l’Eglise ou au
moins l’éno me in luence qu’elle a au ni eau des décisions e de la pe cep ion de la cul u e
Dans le cad e de la es au a ion d’un la in de quali é, l’un des aspec s impo an s de la é o me
ca olingienne a é é de a o ise indi ec emen la naissance des langues e naculai es, e de ce poin de
ue l’Eglise a joué un ôle posi i en encou agean leu u ilisa ion dans l’Eglise anque. « Le concile
de F anc o en 794 au o ise les idèles à p ie Dieu en ou e langue e non plus seulemen dans les
ois langues sac ées » (Pica d : 25). En alidan la langue omane comme langue de communica ion
eligieuse elle a en acili e l’u ilisa ion comme langue de li é a u e ( eligieuse d’abo d puis p o ane)
pou en ai e en in un écep acle de aduc ion, c’es ce que nous e ons main enan a ec le
dé eloppemen de la aduc ion en F ance du XIIIe au XVe siècle.
2. LA TRADUCTION EN FRANCE DU XIIIe AU XVe SIECLE
Ce e pé iode es incon es ablemen dominée pa les ac i i és de l’Ecole de Cha les V, mais on
ou e, a an e ap ès ce momen b illan , des a aux qui l’annoncen e le p olongen .C’es une
pé iode où l’on oi se dé eloppe un mécéna p incie axé su des commandes d’ou ages o iginaux
e de compila ions en langue ulgai e mais aussi de nomb euses aduc ions. En ou e, nomb e de ces
aduc ions son p écédées de p é aces qui indiquen les di icul és des aduc eu s, les op ions ou les
impé a i s auxquels ils on é é soumis pa le P ince.
2.1. PREMISSES
On peu pa le de é i ables p émisses au ègne de Cha les V dans la mesu e où dès le XIIIe
siècle, les sou e ains on amo cé une poli ique cul u elle a o isan l’u ilisa ion du ançais comme
langue d’exp ession li é ai e e de ulga isa ion. Ce e olon é anspa aî dans des commandes de
aduc ion pa Philippe le Bel (le de nie g and capé ien), Philippe VI e Jean le Bon (les p emie s
Valois), mais il con ien de ne pas néglige des cen es d’ac i i é que l’on peu quali ie de
pé iphé iques.
2.1.1. Les cen es pé iphé iques
Nous considé ons comme els les cen es si ués ho s du e i oi e ançais ou/e ho s de la
ju idic ion oyale. On y p a ique la aduc ion d’ oeu es classiques ou eligieuses, e ces a aux ne
manquen pas d’in é ê pa les émoignages qu’ils con iennen su la maniè e de adui e.
Au XIIIe siècle, un ançais a aillan au P oche-O ien , un ce ain Jean d'An ioche (ou de
Ha enc), e ec ue, dans des domaines di e s (ju idique, poli ique, hé o ique), des aduc ions du la in
e s le ançais, pou un Hospi alie de Sain -Jean de Jé usalem, F è e Guillaume de Sain -E ienne.
Dans le domaine de la hé o ique il adui le De in en ione de Cicé on e la Rhe o ica ad
He ennium (qui aujou d’hui n’es plus a ibué à ce au eu ), e il les éuni sous le i e : Re o ique de
Ma c Tulles Cyce on, le ou accompagné d'une pos ace da ée de 1282. Il y décla e qu'il a essayé de
adui e l'au eu au plus p ès mais a é é amené à s'exp ime pa ois d'au e açon en aison de la
di é ence des langues :
[...] il [le aduc eu ] ne po mie po si e l’auc o en la manie e dou pa le , ca la
manie e dou pa le au la in n’es pas semblable gene aumen à cele dou ançois, [...].
(Jean d’An ioche in Ho guelin 1981 : 29)
Au nom de la cla é, il écuse le mo à mo e jus i ie les é o emen s e les dé eloppemen s. Il
es sensible égalemen aux aménagemen s que dic en le signi ian e l'agencemen o al des mo s. Il
me donc en ga de ceux qui, à p emiè e lec u e, oud aien le c i ique e le ep end e. Ses ema ques
ne manquen pas de pe spicaci é e il a un ce ain sens de la digni é du aduc eu .
La aduc ion anonyme du Psau ie de Me z, da ée de 1365, a é é éalisée du la in en dialec e
lo ain ; elle con ien dans sa p é ace un émoignage in é essan su la aduc ion d'un ex e eligieux.
L'op ion adop ée es p oche de celle de Jean d’An ioche, e se a ache à une adi ion pe cep ible dès
les a aux d'Al ed le G and : on a adui « au plus p es dou la in qu'on peu bonnemen »
(Ho guelin : 32), c'es -à-di e pa ois mo à mo , pa ois ph ase à ph ase e pa ois en modi ian les
pa oles pou ga de quelque cla é. Le aduc eu ai ensui e é a de ce qui se a un des lei mo i s de la
aduc ion jusqu’à la Renaissance à sa oi la di icul é qu'il y a à adui e du la in en une langue
ulgai e, qui es plus pau e. En in il souligne les di icul és e les isques d’e eu liés à la na u e du
ex e sac é, don le sens es di icile d'accès en aison de sa ichesse même (Ho guelin 1981 : 32-33.).
2.1.2. Les ac i i és commandi ées pa le pou oi oyal.
Le pou oi à la in du XIIIe siècle es ep ésen é pa les de nie s Capé iens (Philippe IV le Bel
e ses ils) auxquels on succéde les Valois.
- a - Les de nie s Capé iens : Philippe IV le Bel ( oi de 1285 à 1314) e ses ils.
Nous nous in é esse ons à deux aduc eu s du ègne de Philippe le Bel (Jean de Meung e
Hen i de Cauchy) pa ce qu’ils émoignen d’une ac i i é di e si iée dans des champs di é en s où l’on
ép ou e le besoin d’a oi des ex es en ançais, p eu e que le ançais s’a i me comme langue de
cul u e e de sa oi .
Jean de Meung (1250-1305) mène une double ac i i é d’homme de le es e de aduc eu ,
selon un schéma qui se épé e a équemmen au cou s de l’his oi e de la aduc ion.
A la demande de Philippe le Bel, il adui , ou e le T ai é de l’a mili ai e de Végèce, la
Consola ion de Boèce ; c’es -à-di e des ou ages à endance mo ale ou philosophique e un ou age de
ype ai é mili ai e. Dans sa p é ace à la Consola ion philosophique ( . 1300), Jean de Meung
commen e sa maniè e de adui e :
Si p ie a ous ceulx qui ce li un si leu semble en aucuns lieulx que je me soye op
esloingnie des pa olles que Fac eu ne ai ou aulcunes ois moyns quilz me pa donnen : ca
se jeusse declai e e expose mo à mo le la in pa le ancois le li e en us op obscu a
gens laiz e les cle s mesmes moyennemen saichans li e ne pensen pas legie emen
en end e le la in pa le ancois.(J. de Meung in La will 1934 : 8)
Il es ime donc a oi é é obligé de ne pas adui e li é alemen pou ê e clai , c'es une
aduc ion qui ne s'ad esse pas à des le és mais au « gens laiz », néanmoins il c ain la c i ique des
cle cs e c'es à eux que s'ad esse sa p é ace, plus qu'à ses lec eu s.
En an que li é a eu , il ep end le Roman de la Rose, commencé en e 1225 e 1230 pa
Guillaume de Lo is, e y ajou e 18 000 e s, don 5 000 son adui s ou imi és du De Planc u Na u ae
d'Alain de Lille, philosophe du XIIe siècle. On oi donc la aduc ion onc ionne comme sou ce
d’inspi a ion, selon le mode de l’imi a ion exposé pa Ho ace. Ce e oeu e es un des émoignages du
dé eloppemen d’une cul u e p o ane, ai an de hèmes non p op emen ch é iens. Il es de plus
in é essan de no e que ce e c éa ion ainsi que les ac es d’éc i u e e de é lexion qui la suppo en
s’accompagnen d’une alo isa ion du le é :
Les cle cs son plus enclins pa leu s é udes à ê e gen ils, cou ois e sages [...] que
ne le son les p inces ni les ois qui n’on pas d’é udi ion, ca le cle c oi dans les ex es,
a ec les sciences p ou ées, aisonnables e démon ées, ous les maux que l’on doi ui e
ous les biens qu’il au eche che ; il li dans l’his oi e des anciens les ilenies de ous les
ilains e les ac ions des g ands hommes e la somme des cou oisies. B e , les li es lui
app ennen ou ce que l’on doi ai e ou é i e : pa quoi ous les cle cs, mai es e élè es
son nobles ou le doi en ê e. ( ad A. Ma y in So : 121)
Nous e ons que ce e alo isa ion de l’indi idu pa l’é ude se a ep ise ul é ieu emen
comme a gumen dans des éc i s poli iques.
L’au e aduc eu auquel s’es ad essé Philippe le Bel, alo s qu’il n’é ai pas enco e oi es
Hen i de Gauchy, qui adui pou lui en 1282, un ou age que Gilles de Rome a édigé à son
in en ion en 1279 : le De egimine p incipum .
On assis e, dès le XIIIe siècle, à une edé ini ion de l’idéologie du pou oi . Pa adi ion, le
pape, dé en eu de la sou ce du pou oi spi i uel es à la base du pou oi empo el : que l’on songe au
pa cou s de Cons an in, puis à ceux des empe eu s omains ch é iens e plus écemmen à la maniè e
don Cha lemagne s’es placé sous l’égide de la papau é pou é abli l’empi e. Le pape end à
in e eni di ec emen dans les a ai es des Eglises na ionales dès le milieu du XIIIe siècle ; s’y
ajou en le dé eloppemen de l’Inquisi ion e des o d es mendian s, en pa iculie sous le pon i ica de
Boni ace VIII.
Les sou e ains éagissen a ec l’aide de leu s ju is es, quelqu’ un comme Accu se me en
a an le ai que la héologie n’a ien à oi a ec la socié é ci ile. Pa mi les ou ages qui s’e o cen de
héo ise ce e éac ion à la sup éma ie du pou oi pon i ical igu e le De egimine p incipum de
l’e mi e de sain Augus in, Gilles de Rome. Ce e oeu e d’un héologien ne se a ache pas à la
li é a u e ch é ienne mais plu ô à l’a is o élisme. Il se ai l’a oca d’une « cul u e poli ique conçue
comme un sa oi a ionnel » (So : 290) :
C’es en ega d du bien commun, aleu di ine, que Gilles de Rome si ue l’ac ion du
gou e nan . Eclai é pa la loi di ine e la aison na u elle, le oi, à l’ins a du législa eu
d’A is o e, doi de eni le p omo eu d’une mo ale sou e aine. Maî e de lui-même, il peu
de eni maî e de sa maison e de son oyaume. (So : 290)
On s’en a e s une concep ion absolu is e du oi sou ce de e u ; ce e concep ion ne pou ai
que plai e à Philippe le Bel e se a ep ise pa Cha les V, qui possédai e admi ai ce ou age. Le oi
es ina aquable, le mal ne peu ê e ai que pa un memb e de son en ou age : un mau ais conseille ,
un mau ais se i eu du oyaume. « Un ce ain posi i isme enu d’A is o e impose égalemen une
concep ion de la socié é e du pou oi . L’E hique à Nicomaque e les Poli iques in oduisen la no ion
de bien commun, la gemen u ilisée pa les héologiens du XIIIe siècle. Il es apidemen acquis que la
loi a pou obje de le p omou oi [...] Le p ince, qui ep ésen e l’E a , a la cha ge de ce bien commun
e il dispose de la puissance de ai e les lois. B e , une héo ie de l’é a s’élabo e e l’in iolabili é de la
loi se é ac e su la pe sonne du p ince, lui donnan une conscience plus aigue de sa p op e
sou e aine é. » (Paul 1998 : 332). Ce n’es donc pas un hasa d si ces oeu es d’A is o e se on au
p og amme de aduc ion de Cha les V.
Les ils de Philippe le Bel n’on pas o iciellemen pa onné d’en ep ise (no oi e) de
aduc ion ; le goû pou la cul u e pa con e es un ai commun aux Valois, e même si les déboi es
des débu s de la gue e de cen ans les empêchen de se consac e pleinemen à ce gen e d’ac i i é, on
peu no e l’exis ence de quelques aduc ions.
- b - La dynas ie des Valois
Ap ès la mo de Philippe le Bel en 1314, ses ois ils se succèden apidemen su le ône. A
la mo de Cha les IV le Bel , en l’absence de descendan mâle, les Ba ons du oyaume élisen Philippe
de Valois, ne eu de Philippe le Bel (pa son è e Hen i) comme oi, c’es le débu d’une nou elle
dynas ie : les Valois.
Sous le ègne de Philippe VI de Valois, Jean de Vignay, eligieux hospi alie dominicain de
l’o d e de Sain -Jacques-du-Hau -Pas, éalise pou le oi un nomb e assez impo an de aduc ions ; il
a aille égalemen pou la eine, Jeanne de Bou gogne, e d’une açon assez signi ica i e pou no e
p opos. Pou la eine, il achè e en 1332 la aduc ion de Speculum his o iale (le mi oi his o ial) de
Vincen de Beau ais, œu e monumen ale que celui-ci a ai composée au siècle p écéden à la
demande du oi Sain -Louis. Ce e de niè e aduc ion nous semble signi ica i e d’une con inuï é,
celle du mécéna de la amille oyale e de l’a is oc a ie, mais aussi d’une é olu ion du lec o a : la
pe i e ille de sain Louis ai adui e en ançais ce que son g and-pè e a ai ai édige en la in, de
même que Philippe le Bel a ai ai adui e en ançais une oeu e o iginellemen éalisée pou lui en
la in.
Du ègne de Jean II le Bon, nous e iend ons la aduc ion des Décades de Ti e-Li e pa
Pie e Be sui e, è e mineu , puis bénédic in, qui édigea pa ailleu s une oeu e la ine considé able.
Ce a ail de aduc ion, éalisé pou le Roi, du a de 1354 à 1356.
Dans la p ésen a ion de l'ou age, Be sui e ai é a de ses di icul és, qu'il a ache à la
dis ance exis an en e le la in classique e le la in médié al. Il no e la concision de l'o iginal ainsi que
l'é ange é de ce ains mo s. Il es signi ica i qu'il ai placé en ê e de sa aduc ion « un lexique
d'en i on soixan e-dix mo s qui isquaien d'ê e obscu s ou mal comp is » (Ho guelin : 31).
Ce e aduc ion u alo s es imée idèle puisque Jean de la Vigne aduisan Léona d A é in
pou Cha les VIII (1483-1498) décla a a oi p is pou modèle la aduc ion de Be choi e qui
« ansla a de mo à mo du la in en ancoys les oys decades de Ti us Li ius qui de p esen son en
usaige sans aucune chose y a oi adious é du sien » (La will : 8). La c i ique mode ne en jugea
au emen : Jean Rychne a po é su ce a ail un jugemen plus nuancé e ci cons ancié.
Rychne , dans son a icle, e ec ue un sondage conce nan une pa ie de l’œu e : «la p é ace
de Ti e-Li e e les chapi es XXII e XXIII du li e I de la p emiè e décade» (Rychne 1964 : 170). Il
oulai à l’o igine é udie la langue de Be sui e pou elle-même, mais il s’es i e endu comp e qu’elle
« é ai si o emen une ‘langue condi ionnée de aduc ion’ qu’il allai l’é udie à pa i des ai s
la ins » (Ibid.), si bien que son é ude es axée su l’adéqua ion de la p ose de Be sui e à l’exp ession de
la pensée de Ti e-Li e en la in. Il p a ique donc une es ima ion des capaci és de Be sui e mais aussi du
po en iel o e pa le ançais de l’époque (XIVe siècle) pa appo au la in classique. Selon lui les
é udes, ela i emen a es su la langue des aduc eu s de l’époque on peu in e eni la ph ase. Il a
donc exclu de ses obse a ions le ocabulai e e s’es concen é su la syn axe. Il eg oupe ses
ema ques en ois ub iques : cohé ence du dé eloppemen au a e s des ph ases a iculées ;
o ganisa ion de la ph ase ; économie des moyens. Nous en end ons comp e ou à ou .
Cohé ence du dé eloppemen :
Rychne ou e d’abo d que Be sui e (sous l’e e du ex e o iginal?) ai un mau ais usage
des conjonc ions ançaises, qui b ouille l’a gumen a ion de Ti e-Li e dans sa p é ace ; c’es un dé au
que l’on e ou e dans une aduc ion i alienne du De in en ione de Cicé on da an de la même
époque. Pa ailleu s, pou ce qui es de la cohé ence :
Quand Be sui e explici e des appo s en e ph ases ou en e p oposi ions sa
p é é ence a aux appo s logiques de cause e de conséquence. En e anche - e
l’obse a ion s’appuie su des exemples nomb eux e clai s - il néglige sou en les appo s
empo els, qu’ils soien exp imés en la in pa des conjonc ions, des ad e bes ou des emps
e baux, comme s’il ne conce ai pas na u ellemen le dé oulemen des ai s dans le ps e
les ela ions qui en ésul en . (Rychne :173)
O ganisa ion de la ph ase :
La ph ase chez Ti e-Li e es igou eusemen agencée a ec « p édominance de la subo dina ion
su la coo dina ion » (Rychne : 174) ; Be sui e conse e pa ois ce agencemen mais « dénoue
sou en la subo dina ion en coo dina ion ou même en jux aposi ion. »(Ibid.). Be sui e a égalemen
endance à ne pas conse e la o me des pa icipiales e les apposi ions explica i es, qu’il ans o me
ou es deux en p oposi ions complè es, mais c’es une endance du ançais du XIVe siècle, de même
que l’u ilisa ion de la coo dina ion dans les oeu es na a i es (Rychne donne en exemple le cas de
F oissa ), cependan il y eu à l’époque de Ch é ien de T oyes (XIIe siècle) des maî es de la
subo dina ion. Il au donc adme e l’idée de deux cou an s en ancien ançais pou ce qui es de
l’usage de la subo dina ion e de la coo dina ion : « un cou an plus li é ai e, de adi ion la ine e un
cou an plus spéci iquemen ançais e ‘ ulgai e’, é ange à l’in luence la ine, auquel se
a ache aien les ch oniqueu s é udiés, sous l’in luence pe sis en e du s yle épique. » (Rychne : 179),
ce qui eu di e que Be sui e se a ache ai au cou an ulgai e, su ce poin . E Rychne conclu :
Un des p emie s ansla eu s, Be sui e, au mileu du XIVe siècle, quand il adui les
pa ies na a i es de Ti e-Li e, ne che che guè e à modele sa ph ase su le ype la in e se
a ache plu ô à la adi ion de la p ose na a i e en langue ulgai e, du moins sous le
appo de la coo dina ion, qui y é ai habi uelle. (Rychne : 180 ; c’es nous qui soulignons)
Economie des moyens :
Dans l’ensemble, les aduc eu s du Moyen Age on é é appés pa la concision du la in pa
appo au ançais, à la ois en aison de la syn axe e du goû de l’ellipse ; les aduc ions o en donc
un ce ain nomb e de di é ences qui g a i en au ou de l’é o emen e de l’explici a ion. C’es ainsi
que Be sui e explici e de nomb eux appo s syn axiques qui é aien implici es en la in. On no e
égalemen : le passage de syn agmes in odui s pa ab à des p oposi ions causales, l’explici a ion de
p ocès implici es dans des subs an i s (a p imo dio U bis es populi Romani : les choses ai es pa les
Romains des le commencemen que Rome u ondee). « Dans de nomb eux cas, Be sui e explici e des
subs an i s qui l’é aien su isammen pa le con ex e e la si ua ion » (Rychne : 184) pa exemple en
un end oi le mo sc ip eu es dé ini, implici emen , pa opposi ion à nou eaux sc ip eu s, e lui di
« de sc ip eu s qui les di es choses on esc ip es a an moy » (Ibid.) ; ou en s’in e ogean su la
nécessi é de ces explici a ions, Rychne es ime que Be sui e au ai pu en ai e moins pa un a ail
plus se é su le ex e. Be sui e p a ique égalemen équemmen l’inc émen ialisa ion explici an e
a ec les noms p op es :
Numae mo e : si a in que li oys Numa mou u
Impe i aba um Gaius Cluilius Albae : e es oi lo s si es e oys du oyaume d’Albe un
que l’en apeloi Gaius Ci ilius. (Be sui e : 185)
Ce qui, à no e a is, semble ou à ai judicieux é an donné la dis ance cul u elle sépa an le
ex e du public.
En ésumé, dans l’his oi e de l’humanisme, la aduc ion de Be sui e ep ésen e une é ape pa
son souci de idéli é qui omp a ec les adap a ions des p édécesseu s. Mais Rychne pense que ce
souci de idéli é a sans dou e nui à la quali é de la aduc ion, on pe çoi le aduc eu comme c ispé,
malad oi dans ses mou emen s e dans l’u ilisa ion de sa langue ma e nelle. C’es une aduc ion qui
pa ois sen le la in, on y ou e de nomb eux calques lexicaux : sc ip eu s, cu e, ou be. Les
aduc eu s de la Renaissance (du XVIe siècle) on enonce au calque e même au ans e des
é é en s cul u els, es iman que les oeu es an iques se on mieux se ies pa le ans e e
l’adap a ion aux moyens ançais. « Conséquence ema quable : le sys ème d’Amyo ejoin celui des
adap a eu s de l’ancien Moyen Âge » (Rychne : 187). Comme modèle de ce e p emiè e açon de
ai e, Rychne donne pou exemple Les Fai s des Romains, manuel d’his oi e omaine anonyme
(1212-1214) qui es une compila ion de Sué one, Sallus e, Lucain e Césa , con enan égalemen des
aduc ions de passages p is à ces di é en s au eu s ; cependan le ansla eu se sen plus lib e e ai
da an age oeu e d’au eu . Be sui e es l’a isan d’un e ou aux sou ces, même s’il end à op
explici e ou à décons ui e les ph ases de l’o iginal. Les aduc ions on eu une in luence su le
ançais mais l’in luence du la in a sou en aussi é é di ec e pa imp égna ion des éc i ains a ec les
o iginaux e Rychne en donne pou exemple un passage du p ologue de Be sui e (donc oeu e
pe sonnelle), isiblemen in luencé pa le s yle de Ti e-Li e (Rychne : 191).
2.2. L’AGE D’OR DU REGNE DE CHARLES V
Cha les V ( oi de 1364 à 1380), égalemen appelé Le Sage, assu e la égence du oyaume de
1361 à 1364, pendan la cap i i é de son pè e, Jean le Bon ; à la mo de celui-ci en 1364, il de ien
e ec i emen oi.
Nous sa ons que le oi « aimai la compagnie des cle cs de l’Uni e si é » (Bo dono e
1985/1990 :125-126) e les li es. Son amou des li es le poussa à c ée des biblio hèques, alo s
appelées : « lib ai ies ».
2.2.1. Les biblio hèques
Celle qui u c éée au Lou e en 1367, dans la ou de la Fauconne ie, u la p é igu a ion de la
Biblio hèque Na ionale. Elle con enai « un peu plus de neu cen s manusc i s e lé an les in é ê s ès
di e s du oi, no ammen en ma iè e de héo ie poli ique e de sciences » (Beaume 1989 : 10).
Le con enu des collec ions es connu g âce aux in en ai es qui en a aien é é d essés à
l’époque. Si la majo i é ep ésen ai des acquisi ions ex é ieu es, un nomb e non négligeable u éalisé
à la demande du Roi e é ai cons i ué p écisémen pa les aduc ions qu’il a ai commandées aux
le és de son en ou age. Fai ema quable, le aduc eu es sou en ep ésen é a ec le oi dans une
scène de dédicace illus an le p ologue de la aduc ion.
2.2.2. Les aduc ions du ègne
Cha les V s’in é essai donc à la aduc ion dès l’époque où il é ai le dauphin, mais l’on peu
di e que ce in é ê s’épanoui e ou e une aison d’ê e plus puissan e enco e a ec son accession au
ône. P ince éclai é, il ien à ce que son en ou age soi ins ui , e pou a eind e ce objec i il
a o ise la aduc ion des oeu es anciennes. Au cou s de son ègne il a ai appel aux se ices d’une
dizaine de aduc eu s : Jean Golein, Raoul de P esles, Nicolas O esme e Simon de Hesdin, e c.
La pa icula i é de ce e en ep ise es qu’elle es p og ammée. Les oeu es elles-mêmes
po en su un é en ail la ge de domaines : ex es eligieux aussi bien qu’encyclopédiques. Dans le
domaine eligieux : Les Colacions des Sains Pe es anciens, La Ci é de Dieu de sain Augus in ; dans
le domaine encyclopédique : des oeu es d’A is o e, de P olémée, de Fla ius Josèphe e Valè e
Maxime, e c.
Ou e son éclec isme ce p og amme a ai pou pa icula i é de compo e des
ecommanda ions spéci iques conce nan la lisibili é du ex e d’a i ée. Ces p incipes, édic és pa le
P ince lui-même, son sans cesse appelés dans les p é aces de ses aduc eu s, qui cons i uen à nos
yeux l'Ecole de Cha les V, au même i e qu'il y eu une Ecole de Tolède sous le ègne d'Alphonse X,
c'es -à-di e un cen e in ellec uel où l'on aduisai selon des p incipes clai emen énoncés e don la
sou ce é ai le sou e ain.
Nous é oque ons, successi emen , les ac i i és de plusieu s de ces aduc eu s, e nous
examine ons plus en dé ail le a ail de l’un d’en e eux, Jehan Co bichon, pou e mine a ec une
syn hèse conce nan les hèmes pe cep ibles dans les p ologues de ce ains de ces aduc eu s.
- a - ac i i és de di e s aduc eu s
Cha les V cha gea le anciscain Denis Foulcha de adui e en ançais le
Polic a ius/Polic a ique de Jean de Salisbu y, sec é ai e de Thomas Becke , puis é êque de Cha es
de 1176 à 1180 ; ce e aduc ion u ache ée en 1372. Il s’agi d’un ai é de é lexion e de mo ale
poli ique. Une pa impo an e de ce e œu e us ige les ices e les i oli és de la ie de cou , que
l’au eu connai bien pou a oi équen é celle d’Hen i II Plan agenê . (Beaume 1989 : 18).
Fils d’un légis e du emps de Philippe le Bel, ju is e lui-même, Raoul de P esles i ca iè e
aup ès de Cha les V, qui le nomma maî e des equê es de son hô el en 1373. De 1371 à 1375 il
a ailla, à la demande du oi, à la p emiè e aduc ion en ançais de l’œu e majeu e de sain
Augus in, le De ci i a e Dei (La Ci é de Dieu). Ce son des considé a ions poli iques qui mo i aien
l’in é ê du oi pou ce ex e où le Pè e de l’Eglise dé eloppe sa concep ion de l’his oi e humaine,
soumise à un plan di in, e ses héo ies poli iques de la nécessai e ha monie en e pou oi spi i uel e
pou oi empo el.
Dans le p ologue de ce e aduc ion, Raoul de P esles souligne que la cla é suppose un
ce ain nomb e d'éca s pa appo à l'o iginal, cependan , dans une no e placée à la sui e de la able
des ma iè es du ome II le aduc eu p écise, a ec p udence, qu'il ne se pe me a d'explique que ce
qui ouche à l'his oi e e à la poésie : « e non pas de ouche a ce qui ega de la héologie : ca elles
choses ne cheen pas en exposi ion quan à nous [...] » (La will :11).
Nicole d’ O esme, ap ès a oi é udié la héologie à Pa is (1347), de ien G and maî e du
collège de Na a e (1356), maî e de héologie (1356) puis doyen du chapi e de Rouen (1364).
O esme a laissé des se mons e des ou ages de héologie (mal connus). Mais il es su ou
célèb e pa les ai és scien i iques qu’il a composés su des p oblèmes ma héma iques e
as onomiques. Il es l’au eu d’un ai é des monnaies (De mu a ionibus mone a um, 1356) e d’un
au e des iné à comba e l’as ologie (T ac a us con a judicia os as onomos) qu’il a ensui e lui-
même adui s en ançais (T ai é du commencemen e p emiè e in en ion des monnoies, 1360, e
Li e de di inacions, 1366) ; il ep ésen e donc un cas d’au o- aduc ion.
Ayan adui en ançais plusieu s li es d’A is o e e ce ains de ses p op es ou ages, il
in é esse au plus hau poin les his o iens de la langue ançaise, qu’il a commencé à plie à
l’exp ession de la philosophie e des p oblèmes echniques.
Dans sa p é ace à la aduc ion des ai és d'A is o e (1370), Nicolas O esme mon e que
ce ains mo s ne peu en ê e adui s au e d'équi alen s :
De ous les langages du monde (P escian le di ) la in es le plus habile pou mieux
exp ime son in en ion. O il a é é impossible de adui e ou A is o e, ca y a plusieu s
mo s g ecs qui n'on pas de mo s qui leu soien co espondans en la in. E comme il soi
que la in es a p esen plus pa ai e plus habundan langage que ancois, pa plus o e
aison l'on ne pou oi ansplan e p op emen ou la in en ancois.(N. O esme in La will
1934 : 12)
La solu ion qu'il p éconise de an ce e insu isance es l'in oduc ion de mo s nou eaux en
ançais pou pou oi exp ime ce qui es di en la in.
Toujou s à la demande de Cha les V, Simon de Hesdin, eligieux hospi alie de S Jean de
Jé usalem e maî e en héologie, commence une aduc ion de l’oeu e de l’his o ien omain Valè e
Maxime (égalemen appelé Valè e le G an ; Ie siècle a an e ap ès JC) ; il s’agi de Fac a e dic a
memo abilia (Fai s e di s mémo ables) dédié à Tibè e. Les qua e p emie s li es son o e s à
Cha les V en 1375. La aduc ion es in e ompue, pa la mo du oi (1380) ou du aduc eu , au
sep ième li e, chapi e des S a agèmes ; elle se a ep ise pa Nicolas de Gonesse qui l’achè e en
1401 pou le duc Jean de Be y. « Le li e u imp imé pou la p emiè e ois en 1489 a ec l’épî e
dédica oi e composé pa Hesdin à l’in en ion de Cha les V, e a ec une p é ace de Nicolas de
Gonesse » (La will : 13).
Dans son « p ohesme », Simon de Hesdin commence pa s’excuse des é en uelles
inexac i udes de sa aduc ion, les a ibuan à la di icul é du la in, à sa concision, ainsi qu’au s yle de
l’ou age. Sa aduc ion n’es donc pas li é ale, elle es ai e « sen ence à sen ence », son obje é an
de ai e « de o la in, clai e en endable oman , si que chacun le puis en end e » ( de Hesdin in
Cha y : 1313). Mais il ajou e d’au es ypes de considé a ions. Tou d'abo d il es ime le mo à mo
impossible du ai de la concision e des pa icula i és idioma iques du la in. Pa ailleu s, il s'excuse de
ne pas ai e de dig essions e de di isions selon la mé hode scolas ique ca , aduisan pou des gens
lais qui son p essés e eulen alle di ec emen aux ai s, il s'es sen i obligé d'adop e un s yle plus
concis. En in il s’es ime au o isé à ajou e des élémen s au ex e lo squ’ils peu en le se i ; l’ou age
de Valè e Maxime é an un ecueil d’anecdo es à isée mo ale ou ins uc i e, il décla e : « Vale ius ne
peu pas ou a oi en mémoi e e , pou ce, je eul à la ois me e aucuns exemples qui ne son poin
en ce li e, quan il me semble on p op es à la ma iè e duquel Vale ius pa le. » (de Hesdin in Cha y :
1313).
- b - Le cas de F è e Jehan Co bechon es à la ois in é essan e é éla eu de la maniè e de adui e
les ex es à ca ac è e encyclopédique.
De Jean Co bechon nous sa ons peu de choses. Un ac e du 6 juin 1369 indique que ce :
« e mi e de sain Augus in, depuis six ans lec eu à l’Uni e si é de Pa is où il p o essai la Bible
(comme l’a ai ai Ba hélémy) es admis à enseigne les sen ences » (Sal a dans B ucke : 1997 :
36). Lo sque ois ans plus a d (donc en 1372) il e ec ue, pou Cha les V, sa aduc ion du
P op ie a ius de Ba holomaeus Anglicus, il indique, lui-même, qu’il es chapelain, onc ion a ibuée
pa le oi à de nomb eux sa an s e aduc eu s.
L’au eu , Ba hélémy l’Anglais (Ba holomeus Anglicus) es un F anciscain p obablemen né
en Angle e e e s 1190. Il i peu -ê e ses é udes à Ox o d sous le maî e anciscain Robe
G osse es e, il équen a peu -ê e L’Ecole ca héd ale de Cha es, il a ce ainemen ini ses é udes à
Pa is où il p o essa un cou s su la Bible, il meu ap ès 1250.
Son oeu e, le De p op ie a ibus e um, (Li es des p op ié és des choses) es une so e
d’encyclopédie des inée à ulga ise un sa oi eligieux e scien i ique ; elle a é é composée en e
1225 e 1250 ou 1240 e 1260. C’es « un ésumé des connaissances du débu du XIIIe siècle, ès
comple mais dans ce ains domaines assez en e a d su son emps [...]. Son g and mé i e es d’ê e
une oeu e cons ui e pa ce qu’à isée pédagogique. » (Sal a 1997 : 35). On es ime que c’es « l’une
des encyclopédies médié ales les plus accessibles pa sa simplici é s uc u ale e la cla é de son
exposé » (Ibid :36). C’es un ou age qui a ouché un la ge public comme en émoignen les quelques
200 manusc i s qui nous son pa enus ainsi que les six aduc ions en langue ulgai e qui on pu ê e
ecensées (i alien, ançais, p o ençal, anglais pou le XIVe siècle, née landais e espagnol pou le XVe
siècle).
Dans sa dédicace du Li e des P op ié és des Choses, Jean Co bechon loue le goû de son
commandi ai e, Cha les V, pou le sa oi , condi ion d’un gou e nemen jus e. C’es ce dési de sa oi
qui lui a ai commande la aduc ion d’une « somme géné ale con enan ou es les ma iè es de
l’époque ».
Sa mé hode de aduc ion es ep ésen a i e de celle de ses con empo ains e en pa iculie de
celle du g oupe de Cha les V : p odui e un ex e clai , lisible, qui ienne comp e de la di é ence
d’époque e de des ina ai e. Il appelle, dans sa dédicace, le p incipe de cla é que lui a donné le oi :
« Il a plu à os e oyale majes é de comande à moy [...] que je ansla e ce li e de an di de la in en
ancoys le plus cle emen que je pou ay » (Co bechon in La will 1934 : 11). Co bechon ise donc à
end e ce ex e (de 19 li es) accessible à un public qui ne connaî pas le la in e ne posséde pas les
é é ences cul u elles des cle cs du XIIIe siècle : il lui a i e donc de modi ie le ex e, de l’éclai e , de
l’élague . Il p a ique des coupu es, in odui des adjonc ions, ed esse pa ois quelques no ions. Le ai
de adui e le ex e en ançais es l’indice d’une olon é de ulga isa ion ; o ce e echnique ne a pas
sans simpli ica ion.
Co bechon conse e la di ision en 19 li es e , à l’in é ieu des li es, la di ision en chapi es.
Il donne des i es aux chapi es, ce que n’a ai pas ai Ba hélemy, e il ménage plus sou en que lui
des ansi ions en e les chapi es. Pa con e, il néglige sou en « les en ois à d’au es pa ies de
l’ou age que l’au eu , dans son souci didac ique, a ai soigneusemen no és » (Sal a : 40)
Co bechon élimine sou en les mo s op sa an s. Il n’hési e pas à ajou e un e me, une
explica ion, oi e un b e dé eloppemen . Il ajou e des exemples e n’hési e pas à commen e le cas
échéan . Il éclai e pa ois pa une glose des noms de pe sonnages ou de dieux de l’An iqui é. Au e
signe de l’é olu ion des men ali és en e le débu du XIIIe siècle e la in du XIVe siècle : il end à
élimine des poèmes que Ba hélemy ci e comme au o i é ; o me de censu e, il end à élimine les
é é ences à Vi gile, « qui au XIVe siècle es considé é comme le modèle de l’au eu païen pa bien
des mo alis es » (Sal a : 42). Il end à ac ualise son li e e même à in e eni , comme dans le
passage où Ba hélemy pa le des gens de Pica die comme ayan un langage g ossie e où il ec i ie,
é an peu -ê e lui-même Pica d, disan qu’ils on un beau langage.
En conclusion, Co bechon a aille dans la ligne des aduc eu s des cou s p inciè es du XIVe
siècle : il s’agi de me e à la disposi ion d’un public nou eau (sou e ain, en ou age oyal, seigneu s,
g ands bou geois) –don les besoins son di é en s de ceux des u ilisa eu s di ec s de l’oeu e de
Ba hélemy (jeunes cle cs de l’Uni e si é, p édica eu s)– un sa oi encyclopédique leu pe me an
d’acqué i une cul u e géné ale qui main enan semble nécessai e à l’exe cice du pou oi . On oi
naî e ou se dé eloppe l’idée (en pa ie hé i ée de sain Augus in) que la onc ion oyale s’assimile
« pou une bonne pa à une onc ion mo ale que l’ins uc ion con o e nécessai emen . Le oi es la
ê e du oyaume comme la ê e, ‘le che ’, gou e ne le co ps humain ; il es ‘le che ’ de ses suje s di
Co bechon. » (Sal a : 44-45). E ceci nous amène à l’examen de ce hème el qu’il anspa aî dans les
choix d’oeu es e les décla a ions des p é aces de plusieu s de ces aduc eu s.
- c - Sa oi e pou oi : essai de syn hèse au a e s des p é aces e p ologues des aduc eu s de
Cha les V.
Les p ologues me en l’accen su le p o i que le sou e ain e i e a de l’oeu e adui e. Ce e
démons a ion emp un e deux oies : la oie é hique e la oie cumula i e ; en in ce ains des
aduc eu s pensen le p oblème de la aduc ion comme changemen de lieu d’exis ence pou le
sa oi .
La oie é hique : elle mon e ou souligne que l’oeu e a con ibue à la o ma ion poli ique
ou/e mo ale du sou e ain e que « pa conséquen , celui-ci en i e a le plus g and p o i pou
l’exe cice de sa onc ion » (Lusignan : 307). Elle es l’applica ion du p incipe énoncé pa Jean de
Salisbu y, équemmen ci é pa les aduc eu s dans leu s p ologues : « un oi ille é es comme un
âne cou onné » (Polyc a icus, IV, 6 ci é pa Sal a : 45), au eu que Denis Foulecha a adui pou
Cha les V en 1372.
On ou e ace de ce e déma che dès la aduc ion de Végèce pa Jean de Vignay, qui pose la
cul u e du sou e ain pa appo à celle des philosophes. Dès l’an iqui é, ce ains s’in é essen à la
na u e des choses (c’es -à-di e la mé aphysique), d’au es aux choses na u elles (la physique) e
d’au es en in au gou e nemen de « la chose commune e de leu s suje s »non seulemen pa les
a mes mais « pa mesu e e pa conseil » (de Vignay in Lusignan : 307) « il exis e donc un sa oi
mo al e poli ique qui éclai e la condui e de la chose publique e qui appa ien en p op e aux p inces »
(Lusignan : 307).
Dans son p ologue à sa aduc ion des Décades de Ti e Li e, Be sui e insis e su l’impo ance
pou le oi de connaî e l’his oi e ; c’es la aison pou laquelle d’ailleu s Jean le Bon lui a commandé
NOTES
1 C. Bozzolo, Manusc i s des aduc ions ançaises d’oeu es de Boccace - XVe siècle, Pado a, 1973,
p 34
2 F. B uno , His oi e de la langue ançaise, . I, ééd. Pa is, 1966, p. 577 . (ci é pa Biancio o : 196)
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WILLIAM OF MOERBEKE (C.1215 –1286) AS TRANSLATOR OF ARISTOTLE
A Rema kable S epping-s one in he T adi ion o Li e ali y*
Raymond VAN DEN BROECK
Lessius Hogeschool, An we p
In oduc ion
Li e ali y nowadays is gene ally conside ed an inadequa e ansla ion p ocedu e. Ou s uden s,
o example, ha ing he choice be ween a li e al ende ing o , say, a ph ase o sen ence and a ee one,
will almos in a iably choose he la e e en when he li e al one migh u n ou o be he be e
solu ion. So much hey a e inhibi ed by ea o commi ing hemsel es o wha he champion o
mode n ansla ion s udies Eugene A. Nida has e med ' e bal co espondence ' as being
diame ically opposed o he p inciple o ' dynamic equi alence ', whose p omo o he is.
In o de no o be misunde s ood le me i s elucida e he concep o ee ansla ion as i is
used he e. Wi h he be e pa o ou con empo a y ansla o s i does no mean ha he a ge ex
en isaged should be a andom ep oduc ion o i s sou ce, a so o linguis ically and/o cul u ally
libe al adap ion o i , o he like. I a he seems o me ha hey unde s and ' ee ' in he sense which
Nida has gi en i when s a ing : “T ansla ing consis s in ep oducing in he ecep o language he
closes na u al equi alen o he sou ce-language message, i s in e ms o meaning and secondly in
e ms o s yle.”1 A key e m in his de ini ion is indubi ably ' na u al (equi alen ) ', which u ns in o
he maxim : “The bes ansla ion does no sound like a ansla ion.”2 As a basis o judging wha
should be done in speci ic ins ances o ansla ing Nida hough i essen ial o es ablish ce ain
undamen al se s o p io i ies, he majo among which a e : 1) con ex ual consis ency has p io i y o e
e bal consis ency, 2) dynamic equi alence has p io i y o e e bal co espondence, and 3) he needs
o he ecep o s ha e p io i y o e he o ms o language.3 Especially he las o hese p io i ies has
become he pi o al p inciple in p esen -day ansla ing. Mos con empo a y ansla o s o li e a u e, o
example, y o p ese e he o iginal aes he ic quali ies in a simul aneous a emp a gi ing he a ge
ecep o he imp ession ha he is eading a ex w i en in his na i e ongue and acco ding o he
li e a y con en ions o he a ge li e a y sys em. In he domain o li e a u e such a p ocedu e may be
e e y hing bu as ounding. Howe e , when sac ed o o he wise ' sensi i e ' ex s a e conce ned, he
issue may become p oblema ic, i no con o e sial – as I shall y o demons a e in he cou se o my
con ibu ion.4
Since ancien imes ee ansla ion has been heo e ically opposed o he li e al mode. Le us,
howe e , no be misled by ce ain mode n p ejudices abou he ue na u e o he la e . Fi s o all he
concep o li e ali y as i will be used he e, has no hing in common wi h he clumsy and de icien
manne in which o eign ex s a e ende ed by hose who, o lack o in ellec ual abili y and/o
linguis ic knowledge, p oduce mons uosi ies. Li e al ansla ion, on he con a y, should be ega ded
as he esul o a delibe a e choice and well-conside ed s a egy, he al e na i e o which migh ha e
led o ee and elegan e sions. Secondly, i would be highly e oneous o hink ha li e ali y (as a
so o p imi i e ansmission) came i s and ha eedom eme ged only la e as a eac ion agains i .
Al hough we know li le abou i s o igins, he ea lies specimens o ansla ion known o us a e hose
o Li ius And onicus and Ennius (3 d cen u y B.C.), who ende ed G eek ex s in o La in. Thei
ende ings we e a he libe al adap ions han ansla ions in he usual sense. Fu he mo e, he concep
o li e ali y i sel is no uni ocal. I appea s o be a mo e a luc ua ing concep whose conc e e
in e p e a ion is liable o e e changing his o ical and socio-cul u al a iables.
I William o Moe beke igu es in he i le o my pape i is chie ly o wo easons, he i s
being ha he was a monk whose me i s as ansla o we e no only app ecia ed by ou s anding schola s
o his own days, bu a e nowadays uni e sally acknowlegded. The second eason is ha his ansla ing
ac i i y dese es o be conside ed an impo an link in he long chain o li e alism om An iqui y o
mode n imes. Fo , a e all, i is my chie pu pose o h ow some ligh on he e olu ion o he concep
o li e ali y as opposed o al e na i e modes o ansla ing. Tha I use William a he as a p e ex , I
hope my audience will o gi e me. Bu who was his William, and how does he i in o he adi ion o
monachal ansla ion?
William o Moe beke: a sho biog aphy
William, whose da e o bi h is unce ain (abou 1215), was o Flemish o igin. His su name
sugges s ha he was bo n in Moe beke, a Flemish illage be ween Ghen and An we p. He en e ed he
Dominican p io y a Ghen and la e s udied in Pa is and Cologne, whe e he p esumably wo ked wi h
Albe us Magnus.
A e an assignmen c. 1260 o he Dominican p io y in Thebes, and in Nicaea, nea
Cons an inople, he was appoin ed chaplain and con esso o Pope Clemen IV (1265 – 68), and o i e
succeeding popes. A p oponen o eunion be ween he Eas e n and Wes e n chu ches, William ook
pa in he Council o Lyon (1274) as an ad ise o Pope G ego y X. In 1278 Pope Nicholas III named
him a chbishop o Co in h, whe e he li ed un il his dea h (1286).
Schola , o ien alis , philosophe , William mus ha e been one o he mos dis inguished men
o le e s o he hi een h cen u y. His knowlegde o G eek was p o ound, he mas e ed La in as only
ew in his ime did. The eupon he held in ellec ual in e cou se wi h he philosophe Thomas Aquinas,
he ma hema ician John Campanus, he na u alis physician Wi elo, and he as onome Hen i Ba e o
Mechlin. A he u ging o Thomas Aquinas, whom he knew a he I alian Dominican houses a Vi e bo
and O ie o, William in 1260 made a li e al La in ansla ion o A is o le´s On he Hea ens and
Me eo ology. Du ing he nex wo decades he ansla ed pa s o A is o le´s Me aphysics, Poli ics,
Rhe o ic and His o y o Animals, oge he wi h cogna e ea ises on animal psychology and
physiology, concluding in 1278 wi h Poe ics. He e ised exis ing La in e sions o o he A is o elian
w i ings, including On Memo y and Recall, Physics, and o he s.
The Flemish Dominican ansla ed no only om A is o le, bu also ma hema ical ea ises,
philosophical commen a ies (e.g. Themis ius´ commen a y on De Anima), a ea ise by P olemy, and
he ' Theological Elemen s ' o P oclus, se e al wo ks o whom no longe exis sa e in he La in
e sions o Moe beke. His main cul u al p esen o he La in Wes was undoub edly A is o le´s
Poli ica, which he was he i s o ansla e and commen upon.
William o Moe beke hus appea s as a mind o high cul u e and ex ensi e ela ions, a
o e unne o humanism, who s udied all his li e and encou aged o he s in he pa h o knowledge.
Moe beke´s p edecesso s on he pa h o ansla ing
I is gene ally acknowledged ha William ansla ed li e ally. No wonde ! since li e ali y was
he common me hod o ansla ing in he Middle Ages. Le us, he e o e, pay some close a en ion o
ansla ing as i was p ac ised be o e him.
When speaking abou p axis we mus no o ge ha p axis is o en accompanied and
sus ained by some heo izing. O independen heo e ical ea ises on ansla ion in he Middle Ages
he e a e none. And in ea ises on he o ic only sca ce a en ion has been paid o he subjec .
The e o e we ha e o go back o la e An iqui y in o de o ge some clea e insigh in o he a gumen s
and mo i es which inspi ed ansla o s o ake hei cou se o ac ion.
In he ou h cen u y A.D. wo o he mos lea ned schola s o hei age engaged in a spi i ed
deba e abou he bes manne o ansla ing. One was Je ome, chie ly known o us as ansla o o he
Heb ew and G eek Sc ip u es in o La in (his ansla ion a e wa ds being called Vulga e) ; he o he
was Ru inus o Aquileia, ansla o o many w i ings o he G eek Fa he s o he Chu ch and a mos
se e e c i ic o ansla ions made by his con empo a ies. A he co e o he deba e was he e e nal
con lic be ween an ideal ansla ion and one which is easible. Ideally, a ansla ion is expec ed o be
an exac copy o he o iginal no only wi h ega d o he con en bu also wi h ega d o wo ds, e en o
he poin ha e e y wo d o he o iginal should ind i s coun e pa in he ansla ion. Al hough bo h
Je ome and Ru inus we e awa e ha such a ma ch is ha dly possible in p ac ice, hey pu sued hei
common ideal o ideli as as being he ansla o ´s i s and o emos du y. The wo ds, acco ding o
bo h, we e an elemen o he o iginal ex o which u mos a en ion should be paid.
Ru inus, howe e , much mo e han Je ome ook he e m ' ideli y ' in he na owes sense,
and hus demanded an adhe ence o all aspec s o he o iginal and p ima ily o wo ds. On se e al
occasions, he e o e, he accused Je ome o un ai h ulness, and e en o alsi ica ion, because he la e
had indulged in ansla ing ce ain w i ings o he Fa he s wi h some eedom, paying mo e a en ion o
he sense han o he wo ding as such.
Je ome coun e ed Ru inus´ accusa ion in his amous Le e o Pammachius (' De op imo
gene e in e p e andi '). A cen al passage o his le e is he s a emen in which he desc ibes he
ansla o ´s dilemma: i a ansla o is ying o be ai h ul o he o iginal by aking e e y wo d in o
conside a ion, he esul is a poo ex ; i on he o he hand he mus pe o ce (“ob necessi a em”) make
changes in he wo ding, he gi es he imp ession o neglec ing his du y as a ue in e p e e . (“Si ad
e bum in e p e o , absu de esona ; si ob necessi a em aliquid in o dine el in se mone mu a e o, ab
in e p e is idebo o icio ecessisse.”)5 As a ma e o cou se ideli y o he wo ds and ideli y o he
meaning o he o iginal, hough hey may coexis in a ha monious ela ionship, a e no o be equa ed.
And whene e hey clash wi h one ano he , one should lend p io i y o he sense. Such was Je ome´s
solu ion o he dilemma, a leas wi h ega d o his ansla ions o he G eek Fa he s. Fo wi h ega d o
he Holy Sc ip u es he main ained he p inciple o ideli y o he wo ds – an a i ude which he oiced
as ollows :
Ego enim non solum a eo , sed libe a oce p o i eo , me in in e p e a ione
G aeco um, absque Sc ip u is sanc is, ubi e e bo um o do mys e ium es , non e bum e
e bo, sed sensum exp ime e de sensu.6
This s a emen o Je ome d aws a qui e adical dis inc ion be ween secula ex s (philosophy,
commen a ies, he lea ned wo ks o he Fa he s) on he one hand, and sac ed ones (pa icula ly he
Sc ip u es being God´s wo ds) on he o he hand. The dis inc ion has su i ed o cen u ies, hough
sho ly a e Je ome, i was b oadened o he con as be ween wo ks in which ' knowlegde o ma e '
(pu ely in ellec ual in o ma ion) was being ansmi ed, in opposi ion o ce ain wo ks in which ' he
cha m o s yle ' ep esen ed an essen ial elemen . Thus Manlius Boe hius (c.480 – 524), om whom
his dis inc ion s ems, demands wo d- o -wo d ansla ion o he o me wo ks in o de o exp ess he
' inco up ed u h '.7
A e Boe hius medie al ansla ion was ha dly conce ned wi h any hing bu in ellec ual
in o ma ion and so had li le use o any unc ion o language bu he e e en ial-in o ma i e one.
Which does no mean, howe e , ha he p e ailing mode o li e alism, especially when i s excessi e
p ac ice ailed o come o e ms wi h ue ideli y, was ne e being c i isized du ing he Middle Ages.
A ound 850, o example, Anas asius Biblio heca ius (he was papal lib a ian) accuses ce ain
con empo a y schola s o no only dis o ing he a ge language (La in) by oo li e al ansla ion, bu
also o pu ing he eade o . And Thomas Aquinas in his o ewo d o Con a mo es g aeco um
accuses he li e al school o sac i icing cla i y o o mal ma ching.8
Such we e, conside ed in a somewha wide his o ical pe spec i e, he cul u al ci cums ances
in which Moe beke unde ook his La in ansla ions o A is o le.
Moe beke´s ansla ion me hod: p os and cons
Apa om he p e ailing mode o li e alism, he ack o which he ollowed, William mus
ce ainly ha e had mo e pa icula easons o ansla ing li e ally.
One o hese easons migh be eadily deduced om his ansla ional mo i a ion. Since he
s a ed his wo k a he explici eques o Thomas, whose G eek was oo poo in o de ha he migh
ully unde s and wha A is o le had w i en, his La in ende ing was chie ly des ined as a help o
Thomas, who had se up he ambi ious p ojec o econcile A is o elian philosophy wi h Ch is ian
heology. Wha Thomas wan ed was no an independen a ge ex bu a he an in e media y e sion
which he could sa ely ely upon. Thus William´s me hod, which he sha ed wi h many o he medie al
ansla o s, was ha he did no p ima ily aim a lea ing behind a inal e sion o be conside ed as he
o icial ex . (A compa able bu much la e ins ance o his subse ien ansla ing is he li e al e sion
o he Pe sian poe Ha iz which was made by Ge man o ien alis Joseph on Hamme a he eques o
J.W. Goe he. As Goe he did no know enough Pe sian, he had o ely on Von Hamme ´s
in e media ion in o de o ' ec ea e ' he poems o Ha iz in his Wes -Ös liche Di an (1819). The e
a e many mo e simila examples).
Ano he and mos p esumable eason o William´s li e ali y mus be connec ed wi h
A is o le´s manne o w i ing. While he was himsel an unequalled mas e in o de ing and explaining
ac ual phenomena, he eligious impulse o his mas e Pla o was o eign o him. Unlike Pla o,
A is o le was no a poe . His idiom lacks he exp essi e powe o Pla o´s language, hough he knew o
wo d his hinking wi h he u mos exac i ude. His s yle is in pe ec acco d wi h his con en . I is
nei he cha ming no elegan , bu only ' unc ional ' as we would cha ac e ize i nowadays. The e o e
William could concen a e his a en ion almos exclusi ely on A is o le´s ' knowledge o subjec -
ma e ', o which pu pose he Boe hian ecommenda ion o li e ali y seemed mos app op ia e.
Ye how li e al we e Moe beke´s ansla ions ? And how us able we e hey ? In o he wo ds,
wha was hei in insic alue ? One way o answe ing such ques ions is o le his con empo a y c i ics
ha e hei say ; ano he is o lis en o p esen -day schola s whose ho ough and sys ema ic esea ch
enables hem o p onounce an objec i e and ai judgmen .
To begin wi h he i s ca ego y, one could ha dly imagine a mo e ac imonious c i ic o
Moe beke´s ansla ions han his con empo a y Roge Bacon, who ejec ed hem o ally as unclea ,
unexac , and e en ha m ul ins umen s. Bacon´s own wo ds a e wo h quo ing he e since hey
illus a e how scholas ic discussions o en degene a ed in o iolen i ades;
Wi h he excep ion o Boe hius and Roge G osse es e, all ansla o s acco ding o Bacon we e
be aye s, and especially he Fleming Moe beke :
Maxime is e Willielmus Flemingus qui nunc lo e . Cum amen no um es omnibus
Pa isius li e a is, quod nullam no i scien iam in lingua G aeca, de qua p aesumi . E ideo
omnia ans e alsa e co umpi sapien iam La ino um. […] hic Willielmus Flemingus, qui
nihil no i dignum neque in scien iis neque in linguis ; amen omnes ansla iones ac as
p omisi immu a e e no as cude e a ias. Sed eas idimus e scimus esse omnino e oneas e
i andas.9
And nei he did he humanis s pu o wa d any posi i e app ecia ion o Moe beke´s
ansla ions. Leona do B uni, o example, who in his heo e ical ea ise De in e p e a ione ec a
(1420) called a en ion o he sua i as o he li e a y language o he ancien s, and who hough i
essen ial o he ansla o o p ese e he o iginal ha mony o sense, sound , and hy hm in i s o ali y,
i mly opposed o William´s ambigui y (semig aecus – semila inus).
Bacon´s se e e c i icism, hough ce ainly biased and undese ed, is somehow
unde s andable, especially i one akes he ollowing in o accoun . Th ough his accu a e knowledge o
languages, his c i ical s udy o ex s and expe imen al me hods Bacon (c. 1212 – 1294) owe ed abo e
all his con empo a y schola s, who called him he e o e ' doc o mi abilis '. Since he ixed on scien i ic
compe ence as he essen ial issue in ansla ions – a compe ence which he seldom encoun e ed – he
os e ed a p o ound dis us o ansla ion as such. He mo e han once wa ned agains ansla ions and
simila means o communica ion as dange ous ins umen s h ough which he sec e s o science we e
made a ailable o e e yone, so ha some migh use hem o e il pu poses. In he same ein he
adically opposed o William´s A is o eles La inus e en o he deg ee o decla ing ha , i he necessa y
powe we e gi en him, he would sen ence all hese wo ks o be bu ned a he s ake (“ ace em omnes
c ema i”).10 Al eady in Aquinas he had disapp o ed he ac ha he la e had w i en on A is o le
wi hou knowledge o G eek, physics, and ma hema ics. No wonde so, ha his condemna ion o he
g ea mas e was passed on o he humble se an .
E en i William´s mas e y o he wo languages migh ha e s ayed beyond doub , he ques ion
emains whe he he had su icien knowledge o A is o le´s subjec ma e . And he e we ind ou sel es
in a icious ci cle. I William did no ha e any a p io i knowledge o ha ma e , only his linguis ic
compe ence could ha e supplied him wi h i ; bu in o de o eally unde s and A is o le´s ex e en he
mos exquisi e bilingualism would ha e been insu icien .
Apa om his heo e ical and p ac ical objec ions agains ansla ion as such he e may also
ha e been ' poli ical ' easons o Bacon o ejec he ansla ions o Moe beke. (And i is well-known
ha in he hie a chy o causes ha p eclude o hampe ansla ion, poli ical ac o s may play a
p edominan pa .) We mus no o ge , a e all, ha Moe beke and Bacon – he o me a Dominican,
he la e a F anciscan – we e membe s o compe ing monachal o de s which in he 13 h and 14 h
cen u ies did no coexis on peace ul, le be ' iendly ' e ms. Those among us who ha e ead Umbe o
Eco´s The Name o he Rose will p obably emembe he i s chap e (Ad p imas) o he Fi h Day, in
which a b o he ly discussion be ween F anciscans and Dominicans abou he po e y o Ch is
g adually de elops in o a hos ile qua el, and e en ually degene a es in o a e i ic b awl.
Much mo e eliable han he biased c i icism o William´s con empo a ies is he e alua ion o
his wo k by mode n schola s who, a e yea s o p o ound desc ip ion and compa ison, a e able o
o mula e a balanced judgmen . One o he mos p ominen among hem was he la e Gé a d Ve beke,
p o esso a he uni e si y o Leu en (Belgium) and a o emos specialis on Moe beke. Acco ding o
him William´s li e al me hod was essen ially inspi ed by a p eoccupa ion wi h exac i ude, p ecision,
ideli y o he G eek o iginal, and espec o he model, o which he did nei he wan o al e he
con en no ied o a es y he o m by embellishmen . I is ob ious ha he did no ha e any li e a y
ambi ion. The e we e no easons o him o s i e a e an elegan s yle since his model (as we ha e
al eady obse ed) excelled nei he in cha m no in beau y o exp ession.11
Wi h ega d o Moe beke´s usage o La in one ough o say ha i di e s ema kably om he
classical La in o he ancien s. I is p ima ily a ' echnical ' language app op ia e o se e he needs and
pu poses o science and philosophy. One o i s main cha ac e is ics consis s in anspa ency (“sa
limpidi é anspa en e”, as Ve beke pu s i ) o he e y deg ee ha he G eek con en and o m emain
somewha angible, shine h ough he La in e en o he de imen o idioma ic usage.
On he o he hand William´s ansla ions do no dese e he blame o being excessi ely li e al
and oo s e eo yped, as was o me ly belie ed. A jux aposi ion o his wo La in e sions o De
in ellec u ( he second being a e ision o he i s which he made a yea be o e), o example, clea ly
demons a es he use o se e al a ian s. “William´s e sions a e no mechanical ansposi ions o
wo ds”, acco ding o he specialis ´s posi i e app ecia ion. On he con a y, “in o de o ende he
same G eek e m [he] uses se e al La in equi alen s.”12
Moe beke´s me i s: ' Mise ia y esplendo '
I would be qui e useless o ask : a e Moe beke´s ansla ions pe ec ende ings o hei
o iginals ? A ' pe ec ' ansla ion, hough admissable as a heo e ical abs ac , is a nonexis en
phenomenon. Pe ec ansla ion is almos a con adic io in e minis, also in e ms o heo y, since all
ansla ions, e en he g ea es ones known o us, a e me ely en a i e s epping-s ones on he ne e
ending oads o inal u h, which will ne e be a ained.
William´s ansla ions, despi e hei in insic alue, abound wi h impe ec ions : w ong
in e p e a ions o ce ain G eek cons uc ions, e oneous ende ings o pa icula wo ds, and
g amma ical mis ende ings. (Dis ega ding La in g amma he o en p ese ed he cases ha a e used in
G eek). “E en whe e his ansla ion is co ec , i is some imes ambiguous.”13 Such a e he indings o
D . Guy Gulden ops, one o he membe s o he A is o eles La inus Leu en Resea ch Cen e, who a e
p epa ing a c i ical edi ion o Moe beke´s wo ks.
Acco ding o Gulden ops, howe e , he app op ia e c i e ia by means o which o e alua e
Moe beke’s ansla ion canno be hose o ou p esen age. Fo hey “mus be sea ched in he
expec a ions o Moe beke´s con empo aneous eading public. I is e iden ha his ansla ion was no
based on a linguis ic and his o ical s udy o a c i ical ex edi ion.”14 The eupon a Moe beke´s ime
Wes e n schola s could no a ail hemsel es o scien i ic ins umen s ei he o s udy o eign languages
o o ansla e om one ino he o he . (And le us no o ge ha e en La in, he a ge language, was
no William´s na i e ongue.) Dic iona ies – ei he monolingual o bilingual, and mul ilingual –
g amma s (s uc u al and/o cons as i e) handbooks o compa a i e s ylis ics, c oss-cul u al s udies,
and he like: all o hem ools which p esen -day ansla ion s uden s deem necessa y be o e hey make
an a emp o ansla e e en he simples piece o discou se, we e o ally nonexis en in he 13 h
cen u y. And, las bu no leas , he ansla o mos ly had a his disposal only one manusc ip which
o en was co up , incomple e o damaged. Thus he was compelled in many cases o a emp a
elabo a ing as well as he could a kind o La in ' in e p e a ion ' h ough his pe sonal s udy o he ex .
Taking in o accoun “ he linguis ic po e y o Moe beke´s cul u al en i onmen ”, we ough o
conclude wi h Gulden ops ha “one mus acknowledge his gigan ic me i s. E en hough many pa s o
his e sion mi o he G eek ex only in a ain o dis o ed manne , he has a leas succeeded in
disclosing [ …] ancien G eek philosophy, and by doing so s imula ed he hinking o scholas ic
philosophe s.”15
Decline o li e ali y a e William
Wi h he ise o he Renaissance and Humanism in he 15 h and 16 h cen u ies he success o
li e alism began o decline. La in, “which had enjoyed p edominance du ing he Middle Ages in all he
public ac s o he p incely cou , in he chu ch, in he school, and in he cou s o jus ice”, was s ill he
in e na ional medium o communica ion among he humanis schola s. As La in had o ages been
associa ed wi h he mos impo an lea ned ac i i ies, na ional languages, s ill being in ull g ow h
owa d ma u i y, “we e conside ed no only poo bu e en unwo hy o dealing wi h many subjec
ma e s, especially hose o highe scien iae such as heology and philosophy”.16
Ye he eme gence o he Eu opean e nacula s as a ge languages o ansla ing was
una oidable. Lea ning and he lo e o le e s emained no longe he p i ilege o a happy ew bu we e
ambi ioned mo e and mo e by he membe s o an in ellec ual middle class who did no know La in.
We mus no o ge , howe e , ha in his pe iod he p e ailing eeling was ha one´s na i e ongue
was poo when compa ed o G eek and La in as languages wi h an abundan ocabula y and a ich
li e a y adi ion. This eeling was oiced, o ins ance, by he F enchman Es ienne Dole in his essay
La maniè e de bien adui e d´une langue en aul e (1540), he ea lies independen ea ise o be
published in a mode n Eu opean language on he p inciples o ansla ion. Dole was only one o many
who belie ed ha ansla ing om La in o G eek migh con ibu e o enhancing he e nacula in
communica i e powe and exp essi e alue. In o de o his aim o be ealized, howe e , he
conside ed a li e al ende ing insu icien and, wha is mo e, pe nicious. Le me quo e his own wo ds :
[…] in ansla ing one mus no be se ile o he poin o ende ing wo d o wo d.
And i someone does ha , he is p oceeding om po e y and lack o wisdom. […] He e I do
no wan o o e look he olly o some ansla o s who submi o se i ude in lieu o libe y.
Tha is o say, hey a e so oolish as o make an e o o ende line o line o e se o e se.
By which hey o en co up he sense o he au ho hey a e ansla ing and do no exp ess
he g ace and pe ec ion o he one and he o he language. You should diligen ly a oid his
ice, which demons a es no hing bu he ansla o ´s igno ance.17
The no el end o ansla ing eely ound i s culmina ing poin du ing he 17 h and 18 h
cen u ies in F ance and, o a ce ain ex en , also in England and Ge many. Nicolas Pe o d´Ablancou
(1606 – 1664), membe o he ecen ly ounded Académie Royale, was he pionee and endse e o
an imp essi e amoun o F ench ansla ions which a he cos o ideli y o hei sou ces enjoyed he
p es ige o being ully ledged li e a y c ea ions in he a ge language. In o de o please he
ashionable eade ship hey had in iew, he ansla o s did no hesi a e o d ess up An iqui y in a 17 h
cen u y disguise. The e o e d´Ablancou ´s e sions we e called ' les belles in idèles ', a label which
may be s uck on he majo i y o ansla ions o he pe iod.
No wonde , so, ha such an ex a agan concep ion o a ge -o ien ed app op ia ion o ancien
sou ce ex s elici ed p o ound disapp o al on he opposi e pa . Fo , in spi e o he p e ailing clima e
o libe y, he ad oca es o ideli y had no been slumbe ing. They ound hei main spokesman in
Hue ius (Pie e Daniel Hue 1630 – 1721), who in 1661 published his De in e p e a ione lib i duo, he
i s book o which is en i led (a e Je ome ?) De op imo gene e in e p e andi. In his heo e ical
ea ise Hue ius akes an unequi ocal s ance. O he basic dicho omy : ' ei he he ansla o b ings he
au ho o he eade , o he mo es he eade owa ds he au ho ', only he second mo e mee s his
app o al. The bes manne o ansla ing is he one by which he ansla o i s ende s he sense and
consequen ly, inasmuch as he idioma ic di e ences be ween bo h languages allow, also ollows he
o iginal wo ding as accu a ely as possible ; and e en ually ende s he pe sonal s yle o he au ho in
he bes possible manne , his only aim being : o gi e a ai h ul image o he au ho in a pe ec
ep oduc ion wi hou any omissions o addi ions.18
This de ini ion ob iously con on s one wi h an ex ended concep o li e ali y, one ha di e s
om medie al wo d- o -wo d ansla ion in a suscep ible way. Hue ius neu alizes, so o say, Je ome´s
s ic opposi ion be ween e bum e e bo and sensum de sensu in an a emp o econcile hem.
Fu he mo e he emphasizes he impo ance o s ylis ic equi alence. Someone, o example, who
ende s A is o le, ' a a he scan y and d y au ho ' (sic), wi h he ich Cice onian eloquence and
he o ical opulence, is an impos e who gi es his eade a o ally alse image o his sou ce.
The e en plea in a ou o ansla ions as li e al as possible cha ac e izes Hue ius as a la e
ep esen a i e o he g ea humanis adi ion. Being one he mos dis inguished in ellec uals o his
ime, in 1670 he was appoin ed ' sousp écep eu du Dauphin '. This unc ion in ol ed ha he was
made esponsible o p o iding he so-called ad usum Delphini adap a ions o he classics. Thus he
c uel i ony o a e obliged him o do p ecisely he p ac ical opposi e o wha he had o me ly de ended
in heo y : hence o h i had become his gloomy ask o ' bowdle ize ' (F ench ' expu ge ' o ' épu e ')
he wo ks des ined o be ead by he young p ince. In 1692 Hue ius was awa ded o his se ices wi h
he bishop ic o A anches. Tha was he end o a ca ee o which, a ying on an old dic um, one
migh say : sic ansi glo ia in e p e is !
F om Roman icism o he p esen age: li e ali y in a new key
I is my pe sonal con ic ion ha Hue ius was a pionee in p o essing a concep o li e ali y
ha was no only app op ia e o coun e balancing he dominan libe al endencies o his own ime,
bu s ill p o es o be a aluable al e na i e o ansla ing in he p esen age.
F om heo y as well as p ac ice i appea s ha li e al ansla ion - a leas wi h ce ain
es ic ions - ound a a ou able clima e in 19 h cen u y Eu ope, and mo e especially in Ge many.
The age o Roman icism, indeed, es eemed exo ic and ancien wo ks o be undamen ally di e en
om hose ha we e amilia and con empo a y. In con as o he a e age medie al monk who
adop ed he s aigh and simple wo d- o -wo d me hod, ideli y had now become a mo e complex ,
and e en a mul idimensional concep . He de in his ende ings o old songs and ballads, o example,
sough i no only by allowing he wo d o de o he o iginal o in luence he s uc u e o his
ansla ions, bu also by imi a ing he o iginal s anza o ms, hy ms and ocal ha mony. Goe he
demands u h h ough subjec ion no me ely o he ideas o he au ho bu o his ipsissima e ba.
F ied ich Schleie mache (Übe die e schiedenen Me hoden des Übe sezens 1813) and Wilhelm on
Humbold , he main heo e icians, de ine ' T eue ' ( he ansla o ´s ai h ulness) as he ' e i able
cha ac e o he o iginal ' ha con inues i s li e h ough he e sion.19 To Schleie mache i seemed
essen ial, he e o e , ha he e y a ge language be somehow aliena ed om i sel , and ha he
ansla o should display “a eeling o language which is no only colloquial, bu also causes us o
suspec ha i has no g own in o al eedom bu a he has been ben owa ds a o eign likeness […]
by ying o keep us as close o he o eign language as his own language allows”. By applying his
me hod, which undoub edly expec s some labou and exe ion on he pa o he eade o he
ansla ion, he la e “will become he equal o he be e eade o he o iginal only when he is able
i s o acqui e an imp ession o he pa icula spi i o he au ho as well as ha o he language in he
wo k.”20
Fo he emainde le me su ice o men ion only he names o he mos ou s anding ad oca es
o his ' highe ' so o li e ali y/ e bali y in he 20 h cen u y. All o hem, i canno be said exp essly
enough, sha ed he i m belie ha he indi idual cha ac e o he sou ce ex can only be p ese ed i
as well as being ai h ul o he sense (' sinnge eu '), he ansla ion is ai h ul o he wo ding
(' wo ge eu '). Wi h espec o Bible ansla ing Ma in Bube , Wal e Benjamin, Hen i Meschonnic
and And é Chou aqui c i icize no only mos con empo a y ende ings bu also he au ho i a i e
Biblical ansla ions ( he Vulga e, he Lu he Bible, he King James’ Ve sion, he Du ch S a enbijbel)
“ o being so chie ly conce ned wi h meaning ha hey do no gi e a ue senso y imp ession o he
o iginal Heb ew and G eek.”21 Fo hese mode n ad oca es o li e alism, ob iously, exal he ma e ial
aspec s o language, he speci ic manne o signi ying o e signi ica ion i sel .
Also in he domain o p o ane wo ks , and especially when ancien ex s o g ea his o ical,
cul u al, and li e a y alue a e conce ned, his app oach had, and s ill has, i s p oponen s. O ega y
Gasse (Mise ia y esplendo de la aducción 1947) was one o hem ; no o o ge Ma in Heidegge ,
Vladimi Naboko , and Jacques De ida – all o hem con inced ha “ he ansla o , he exegis , he
eade is ai h ul o his ex , makes his esponse possible, only when he endea ou s o es o e he
balance o o ces, o in eg al p esence, which app op ia i e comp ehension has dis up ed.”22
Concluding ema ks
To conclude his su ey – which by necessi y and con e en ial ag eemen was o be b ie ,
alas ! – le me summa ize he main oo s o a gumen a ion o wo opposing camps wi h ega d o
ansla ing as a b idge be ween cul u es.
The ad oca es o li e ali y as well as hose o ee ansla ion conside he di e ences be ween
languages and cul u es o be p ima y causes o un ansla abili y. As a ma e o cou se bo h he
p ac i ione s o ee and li e al ansla ing y hei bes o come o e ms wi h hese di e ences, each
in hei own manne . F ee ansla ion being ini ially a ge -o ien ed, se les he p oblem by maximally
submi ing o he wan s o he a ge audience and, hus, p oducing a a ge ex ha does no ead like
a ansla ion. Li e al ansla ing, on he con a y, does no smuggle away he di e ences bu makes
hem an in eg al elemen o a a ge ex which, in i s undamen al anspa ency, le s he o eign
language ' shine h ough ' he na i e idiom. The esul o such a li e al a emp is mos ly a linguis ic
(and some imes also ex ual and cul u al) hyb id, in which a maximun o sou ce cha ac e is ics is
being p ese ed.
Pa adoxically enough, he wo opposi e camps appeal o he eade , each in i s own way, o
jus i y hei s a egies. Ob iously a ge -o ien ed ansla ing make allowances o he linguis ically lazy
eade e en o he expense o o he wise impo an sou ce cha ac e is ics. Likewise, howe e , sou ce-
o ien ed ansla ing, e en when demanding a se ious e o on he ecep o ´s pa , wan s o se e he
la e by con on ing him wi h he ue pe sonali y o he o eign au ho , and by deli e ing a ex which
A la luz de lo que acabo de explica , pa ece ob io que la enseñanza médica de Sale no sólo
podía exis i g acias a las apo aciones cien í icas de las aducciones, siendo incapaces los médicos de
la escuela de lee lib os en el idioma á abe. La p opia p oducción cien í ica sale ni ana e a insu icien e
como pa a alimen a una e lexión p o unda y me ódica sob e el a e de cu a . Po o a pa e, las
aducciones sólo podían se la ob a de clé igos, po se los monas e ios los únicos p opie a ios de
manusc i os an iguos, ecopilados y copiados muchas eces en los sc ip o ia15:
Ces sc ibes, oujou s des moines, son le b as le é de Dieu; nomb e d'enluminu es
ep ésen en le couple indé ec ible du sc ibe, oû é su son éc i oi e, e du p ophè e ou du
sain qui lui dic e la jus e o aison. Le sc ibe é ai donc un a isan, e non un c éa eu , dé oué
ad animum à la mission qui lui a ai é é con iée. Son dé ouemen , qui le dispu ai à son
é udi ion, inclina les g ands seigneu s à s'adjoind e ses se ices, de enus pou la cause
beaucoup plus p o anes. La copie de manusc i s e la di usion des œu es de iennen une
é i able indus ie, indissociable de l'ac i i é enseignan e des uni e si és au sein des illes. Il
é ai en conséquence iné i able que plusieu s copis es s'a ellen à la con ec ion d'un même
manusc i , mul iplian de la so e les isques de coquilles e éca s en ou gen e pa appo à
un o iginal ai é dans sa mou ance. L'humili é du sc ibe es ba ue en b èche pa la plu ali é
des in e en ions, sans oublie la aleu ma chande des ou ages en commande. Pou
ep end e l'exp ession de Jacques Le Go , jusqu'au XIIe siècle "les li es ne son pas
considé és au emen que les aisselles p écieuses", ce qui es le legs de la enaissance
ca olingienne. Le labeu du moine, quan à lui, ne conce ne que peu le con enu des ou ages,
pou s'a ache à la o me, aux enluminu es e à la callig aphie. C'es un a ail de pié é e de
péni ence, don le zèle lui assu e a le ciel. Ses bé ues, qui ne e on qu'accen ue son séjou
au pu ga oi e, son l'œu e de Ti i illus, son démon u élai e.
Le s a u de la au e n'es donc pas philologique, le copis e n'é an qu'un ins umen au
se ice d'un commandi ai e. Le péché so l'e eu du cad e s ic emen linguis ique pou
ma que la no me au sceau di in.
El monje que iba a aduci el doble legado g iego y á abe al la ín y a o ece así el auge de la
escuela de Sale no es p ecisamen e Cons an ino el a icano.
LA VIDA DE CONSTANTINO EL AFRICANO
Pocas son las uen es biog á icas ace ca de Cons an ino que enemos a nues a disposición. De
o ma que los acon ecimien os de su ida siguen odeados po una nube de mis e io. Su bióg a o más
ci ado y el que me pa ece más idedigno es Pe us Diaconicus, quien ela ó la ida de Cons an ino
menos de 30 años después de su mue e, aun cuando su ob a se pa ece más a un boni o ela o que a la
na ación de una ida en unción de elemen os obje i os. Según Pe us Diaconicus, Cons an inus
A icanus nació en Cá ago (Túnez) hacia el año 1010. Desde allí y as muchas pe ipecias, llegó a
I alia donde se hab ía es ablecido a los 39 ó 40 años. Mien as an o Cons an ino hab ía isi ado
Egip o, Bagdad, la India, E iopía, es udiando al mismo iempo el heb eo, el si iaco, el caldaico, el
g iego e incluso el e íope. Luego, hab ía uel o a Túnez. Allí, los celos de algunos lo hab ían obligado
a deja el país y za pa pa a Sicilia (de ahí su o o apodo Siculus) pa a sal a se la ida.
Sin emba go, según Ka l Sudho 16, un his o iado con empo áneo, Cons an ino hab ía ido a
I alia de come cian e (a Sale no más p ecisamen e) y hab ía en ablado elaciones con el he mano del
p íncipe Gisul II que e a médico, «pe op imus medicus, a e p incipis, qui abbas de cu ia
nuncupaba u »17. Al en e a se de la pob eza de la li e a u a médica en lengua la ina, decidió ol e a
Túnez donde es udió medicina du an e es años. T as euni nume osos a ados de medicina á abe18,
salió en ba co pa a Sale no. So p endido po un empo al a la al u a del gol o de Policas o, hab ía
pe dido muchos de sus lib os, en e los cuales algunos de P ac ica Pan egni. Finalmen e llegó a
Sale no en el 1076 ó 1077, donde se con i ió al c is ianismo, ap endió el i aliano y el la ín y eje ció
du an e muy poco iempo el a e de la medicina. Después de echaza la cá ed a de medicina que le
o ecie on los médicos de Sale no, se e i ó a Mon e Casino donde empezó su ca e a de aduc o
médico. Lo cual pa ece con i ma Magis e Ma haeus en su glosula del siglo XIII, como demues a el
comen a io a con inuación:
Sed dum huc enisse e Romanam (e ) La inam linguam didicisse , e Ch is ianum se
aciens ad sanc um Benedic um de Mon e Cassino se monachum op uli e lib os illos in
nos am linguam ans uli .19
O o pun o de is a es el de Max Meye ho 20, quien a i ma que Cons an ino ocupó du an e
algún iempo la cá ed a de medicina de la escuela de Sale no an es de hace se monje. En Sale no
hab ía empezado a aduci ob as médicas á abes a ines pedagógicos, al no exis i p oducción
cien í ica p opia en Sale no. Uno de sus discípulos e a Joannes A lacius Sa acenus (A lacio).
De odas o mas, pa ece ob io que en Sale no Cons an ino llegó a se el sec e a io del duque
Robe Guisca d, quien conquis ó Sale no en el 1077. El p íncipe Rica do de Capua (quien mu ió el 5
de ab il de 1078) le encomendó la iglesia de San a Aga a en A e sa, en ag adecimien o po sus
se icios. O eció la iglesia a Mon e Casino cuando ing esó en el monas e io:
… quam dudum Cons an inus A icanus, sicu sup a axa imus, bea o Benedic o ob ule a .21
Mu ió en Mon e Casino un 22 de diciemb e, «plenus die um», sin que sepamos si ue en el
1085 ó 1087.
LA LABOR TRADUCTORA DE CONSTANTINO
Las aducciones más impo an es de Cons an ino son las que hizo al la ín de las ob as g iegas
e idas al á abe po Hunayn ibn Ishaq (Honein ben Isaak) y su equipo de la escuela de Bagdad:
a o ismos (Libe Apho ismum), p onós icos (Libe P ognos ico um) y die a en las en e medades
agudas (Libe die a um) de Hipóc a es, acompañados po los co espondien es comen a ios de Galeno.
La G an e apéu ica (mega echné) de és e y la Pequeña (mic o echné o Tegni) a Glaucón.
Pa ece que Cons an ino llegó a Mon e Casino con una ca a de ecomendación a Deside io, en
la que Alphanus en e a a su amigo de que Cons an ino ae consigo lo que pudo se su p ime abajo,
una aducción de Tegni (Τέχνη ίατφική [A s pa a]). Además A phanus men a que dicha aducción
a acompañada po el Libe ysagoga um, que es su in oducción esc i a po «un al Johannicius».
Johannicius no es más que el médico á abe Hunayn ibn Ishaq (808-873), un nes o iano quien i ió en
Bagdad la mayo pa e de su ida22.
Pe o ol amos a los comen a ios de Galeno a los A o ismos de Hipóc a es. Su aducción la
dedica Cons an ino a Azo, o o discípulo (llamado A o po Pe us Diaconicus) que se hizo monje en
Mon e Casino. Su pos u a queda muy cla a en el p ólogo:
Lice pe i ionibus uis con inuis, ili mi Azo, mihi saepius dice es, u ex opusculis
Galieni aliqua La inae linguae aduce em ex A abica lingua, diu amen mul um nega i,
hesi ans an i ans e e ope a philosophi.
Vemos aquí la modes ia del aduc o quien se p egun a si iene la capacidad pa a a on a a un
au o de mucha ca ego ía como es Hipóc a es. Es e modus ope andi ecue da sin luga a dudas el
opos de la excusa io an ecuen e en las aducciones medie ales e incluso enacen is as, en el que el
aduc o (clé igo ambién) duda en acep a la labo de e e las Auc o i a es. Leamos a con inuación
lo que esc ibe Jacobo Amyo a modo de in oducción a su e sión de las Vidas Pa alelas de Plu a co
(1559):
[…] Si po lo demás en algunos luga es he comp endido equi ocadamen e, como es
algo no mal en au o an oscu o y en ob a an la ga, sob e odo en alguien de an poco sabe
como yo, oga ía que quien me leye a acep e en mi a o la excusa que b inda el poe a
Ho acio cuando dice:
En ob a la ga no hay que gua da igo
Si el en endimien o a eces pie de esón
Hay que conside a ambién que son muchas las gen es de bien y de ciencia que han
in en ado aduci lo an es que yo, pe o que ninguna o a, sino yo sólo, lo ha conseguido
o almen e en ninguna lengua, al menos que yo sepa y haya is o; y aquellos que se han
pues o a aduci lo, incluso al la ín, han es imoniado cla amen e de la di icul ad que en aña,
al como pod á ácilmen e comp oba lo quien quisie a oma se la moles ia de co eja
nues as aducciones.23
Tal en en amien o en e o iginal y e sión an icipa la clásica oposición es ablecida po Pe o
d’Ablancou en e méchan e copie y admi able o iginal24.
Las o as aducciones son las que Cons an ino hizo a pa i de los ex os de medicina á abe.
Es os ex os los compagina con la e c is iana y las concepciones occiden ales de la medicina. Po
ejemplo, el Pan egni, ambién llamado Pan egni Theo ica, así como el Pan egni P ac ica son una
adap ación en 20 olúmenes del Ki ab-al-Maliki, el Libe Regalis de Ali ibn Abbas († 994), que es el
manual de medicina más impo an e has a A icena (980-1037). El capí ulo Auc o i as Ypoc a is
quales debean esse discipuli ( í ulo dado po el p opio Cons an ino) del Pan egni asemeja ju amen o
hipoc á ico y espí i u de la Regula Sanc i Benedic i:
Quemcumque e o magis e e udiendum suscepe i , idea u discipulus secundum se
si dignus, dignos que pos modum e ipse docea , e hoc sine pecunia… e indignos ab hac
scien ia epelle e sa aga . Labo e au em ci ca in i mi ecupe andam sani a em, neque hoc
acia p op e pecuniae spem, neque di i es plus conside e quam paupe es neque nobiles plus
quam ignobiles. Po ionem noci am neque ipse docea neque docen ibus acquiesca , ne quis
idio a audiens ex auc o i a e sua mo is miscea po ionem. Neque docea quomodo abo us
ia .25
Además el Pan egni ue publicado sin nomb e del e dade o au o . Se conside ó en onces
como un genio de su época y no se descub ió la e dad has a 1127, año en que Es e án, uno de sus
es udian es, se dio cuen a de la cosa y esc ibió un lib o i ulado Libe Pan egni en el que demues a la
men i a de su maes o.
En e los esc i o es á abes que dio a conoce , mos ó p edilección po Ali ibn Abbas, del
acabamos de habla , así como po Isaac Is aelí y Hunayn ibn Ishaq, cuyas ob as ecopiló, adujo y a
eces adap ó. En e es as ob as des acan el Cons an in Libe de oculis de Hunayn ibn Ishaq, el Libe
oculis, el Libe de u inis y el Libe de eb ibus de Isaak Is aelí.
En el Libe de u inis Cons an ino se mues a más explíci o sob e sus uen es. Admi e que es e
lib o se undamen a en el a ado de Isaak, un médico egipcio que i ió en Egip o († 932):
In La inis quidem lib is nullum auc o em in eni e po ui qui de u inis ce am e
au en icam cogni ionem dede i . Unde ad linguam A abicam me di e i, in qua quendam
lib um in huiusmodi no icia admi andum eppe i. Quem ego, Cons an inus A icanus, Mon is
Cassianensis monachus, La inae linguae ad ans e endum des ina i da e, u de labo e
p emium animae adipisce e … Libe is e de an iquis collec us e exce p us es auc o ibus, pe
quem cognoscendae u inae pa en adi us e e iam di isiones ipsius e signi ica iones. Feci
au em eum ilius adop i us Salomonis Ysaac in A abica lingua, e eum di isi in decem
pa iculas.26
En el Libe de eb ibus sigue la misma pau a y epi e el opos de la excusa io:
[…] an i lice ope is labo em hesi ans diu ace e denega e am; mul o amen ac
supplice p ecamine moni us, quod u nullo modo cessa e as, uae lexus pe i ioni hunc lib um
ans uli ex A abica lingua in La inam.27
Tales ejemplos si en pa a demos a que Cons an ino, que enía ama de ap opia se de los
o iginales, no se me ece odos los ep oches que se le hicie on. Bien es e dad que el Libe au eus de
emedio um e aeg i udinum cogni ione que se le a ibuye se ía en ealidad ob a de un maes o
sale ni ano llamado A lacio, que se dice discípulo suyo. También se apode a de Zād al-Musa i de
ibn al-Djazza (siglo X), que publica bajo el nomb e de Via icum. Ya he mencionado el Pan egni de
al-Abbas y el Ki āb al-Malīkhūya de Ishāk ibn Im ān al que da el í ulo De Melancholia.
Po in es án los lib os esc i os po el p opio Cons an ino, basándose en sus p opios
conocimien os o inspi ándose en ob as de o os médicos amosos. La ob a suya que u o un impac o
inmedia o en el a e de cu a de Sale no es el An ido a ium, al que Pe us Diaconicus alude en su
c ónica. Es e lib o ecoge sus ece as en las uen es del décimo lib o de la P ac ica (la segunda pa e
del Pan egni). He aquí un ejemplo de la mane a en que Cons an ino e isi a la medicina del Pan egni
al come e e o es de aducción:
Pa ailleu s, il es in é essan de souligne combien les e eu s d'in e p é a ion des
ex es d'Hippoc a e e de Galien on pu in luence les héo ies médicales de l'École de
Sale ne. La Ci i as Hippoc a ica p o essai le dogme de la "suppu a ion louable", c'es -à-di e
que ou e plaie doi p ocu e suppu a ion, au moyen de pommades e ca aplasmes s'il éche . Il
es amusan de cons a e que, su la base des mêmes ex es d'Hippoc a e e de Galien, e pa
pu esp i de con adic ion dogma ique, l'École de Bologne adop ai la posi ion in e se :
«c'es le sec qui, plus que l'humide, app oche le plus de l'é a sain», a i men Théodo ic e
B unus.28
Así que ya en el siglo XII Cons an ino e a conside ado como un aduc o poco iable. Es e án
de An ioquia no dudó en da una nue a e sión de la suma médica de Ali ibn Abbas unos 50 años
después de la e sión de Cons an ino. El maes o i aliano del siglo XIII, Taddeo Alde o i, lamen aba
ene que ecu i a la e sión de Cons an ino pa a consul a los A o ismos de Hipóc a es:
E ansla ionem Cons an ini p osequa , non quia melio sed quia communio ; nam
ipsa pessima es e de ec i a e supe lua quandoque; nam ille insanus monachus in
ans e endo pecca i quan i a e e quali a e.29
A pa i del siglo XII, y el Via icum ue de uel o a su e dade o au o , ibn al-Djazza , y el De
Melancholia a Ishāk ibn Im ān.
CONSTANTINO DURANTE LA EDAD MEDIA Y EL RENACIMIENTO
En sus Quaes iones na u ales (h. 1107-1112) Adela d de Ba h a i ma conoce las ob as de
Cons an ino30. Guille mo de Conches, el maes o de la amosa Escuela de Cha es, ecu ió a los
a ados de Cons an ino en sus dos ob as maes as, el De Philosophia (h. 1122-1127) y el
D agma icon (1146-1149).
Du an e el Renacimien o, la di usión de las aducciones de Cons an ino g acias al A icella
( ecopilación de sus aducciones) se plasma en la p ime a (1515) y la segunda edición (1536 y 1539)
de su ob a. Sabemos que es a edición no se p epa ó po mo i os his ó icos, sino po se aliosísima
pa a los médicos de la época. En e ec o el «galenismo» de Cons an ino, plasmado no sólo en las
e siones del médico g iego del Siglo II después de J.-C. sino ambién en los comen a ios que ag egó
a sus aducciones de Hipóc a es, sigue siendo la doc ina médica po excelencia del Renacimien o. El
amoso Amb oise Pa é se inspi a en Galeno, median e la aducción la ina de Cons an ino. Se a a
además de un Galeno e isi ado po la e c is iana y acep ado po ende po la Uni e sidad31.
Podemos deduci de lo que acabo de explica que la i ma de las aducciones no cob a mucha
impo ancia (sob e odo du an e la edad Media, como lo ha demos ado Jacques Le Go ), a o io i si
se la compa a con la solidez del con enido, es deci la doc ina. La labo de Cons an ino ha pe mi ido
colma un hueco, el de la La ino um cogen e penu ia. Y la exp esión «escuela de Sale no» debe
en ende se, a imagen de la escuela de Toledo, como una escuela de pensamien o, que o ma discípulos
capaci ados pa a ansmi i los conocimien os32.
EL LEGADO DE CONSTANTINO
Se no a p ime o una p e e encia po Issak-Is aelí y Hunayn ibn Ishaq. No duda en sup imi los
nomb es que suenan o ien ales.
Sus conocimien os en ana omía son casi equi alen es a los de Galeno, pe o más g ose os.
Cons an ino esuel e los p oblemas ana ómicos más po las p opiedades gene ales de la ma e ia que
po la es uc u a de los ó ganos. Su isiología espalda en las ue zas co po ales que son i ales (el
co azón), animales (el ce eb o) y na u ales (el hígado). Su pa ología es galénica: la al e ación de los
cua o humo es del cue po gene a la apa ición de las en e medades. Es el sínd ome del
empe amen um33, o sea el necesa io equilib io de los humo es. En lo que a ci ujía a añe, es en
ealidad un esumen de la eo ía de Pablo de Égina, sin mención de és e.
Cons an ino u o ambién una apo ación indi ec a pe o de suma impo ancia: a pa i de 1134,
Roge II some e a los médicos a una policía no muy dis in a a la de los á abes. Cuan os quie an eje ce
el a e de cu a en sus Es ados debe án solici a la au o ización exp esa de la Au o idad.
Po añadidu a Cons an ino in odujo la dis inción undamen al en e medicina eó ica y
p ác ica que ya se encon aba en A is ó eles y Galeno pe o que cayó en el ol ido. Al desc ibi los
p incipios pa ológicos y al busca sus causas, es ableció la di e encia en e sin oma ología y e iología.
La medicina p ác ica necesi aba, sin luga a dudas, une eo ía isiológica gene al pa a e isi a la ísica
a is o élica de los cua o elemen os y del mo imien o. G acias a la labo de Cons an ino, la medicina
log ó escapa del simple empi ismo pa a elaciona se di ec amen e con la iloso ía na u al.
Más aún, Cons an ino ue, an es que la escuela de Toledo, el p omo o de la p ime a g an
emp esa occiden al de aducción sis emá ica de los ex os cien í icos á abes. En endió que el eb o e
de la cul u a occiden al no podía se me amen e au óc ono sino que inducía una ans e encia masi a
de conocimien os, an iguos u o ien ales, has a en onces sólo alcanzables en á abe o g iego.
P omo o en Occiden e de la medicina como ciencia y pione o de las g andes aducciones
cien í icas, Cons an ino ue el p ime hi o de es a doble e olución epis emológica. T as su mue e, sus
discípulos de Mon e Casino comple a on y di undie on sus aducciones en Sale no, cuyo apogeo se
si úa en el siglo XII. La Ci i as Hippoc a ica siguió edac ando o os a ados de medicina o ci ujía
p ác ica pa a desc ibi ope aciones o ece as a macéu icas. Pe o, en el ma co de la enseñanza,
o ganizada en adelan e según un p og ama bien de inido, la medicina eó ica ocupa ía un luga
anscenden e.
La medicina medie al, cuya he ede a es la medicina mode na, nació en Sale no, g acias a la
labo aduc o a de Mon e Casino, ob a de Cons an ino y o os monjes e udi os. Cons an ino nos ha
acili ado la p ime a sín esis de medicina, que cub e más de milenio y medio. No pa ece exage ado
deci que sin Cons an ino la ac i idad de la amosa uni e sidad de Mon pellie 34 y los descub imien os
de Amb oise Pa é no hubie an sido los mismos. A modo de ejemplo, Rabelais, quien – dicho sea de
paso - ambién e a benedic ino35, impa ió un cu so en la Facul ad de medicina de Mon pellie en
1531, basado en los A o ismos de Hipóc a es y el A s pa a de Galeno.
Todo ello me pa ece mucho más impo an e que el hecho de que sus aducciones se hubiesen
hecho en un la ín bas an e medioc e y lleno de exp esiones á abes sencillamen e ecopiadas.
NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1 Chauce , The Can e bu y Tales, Lond es, Penguin Books, 1975, p. 31.
2 Ibid., p. 510-511.
3 B. Lewis, Ch. Pella e J. Schach , Encyclopédie de l’Islam, Leyde, E. J. B ill, 1965, . II, p. 60.
4 Acke mann, S udii medici Sale ni ani his o ia.
5 Ch onique des É êques de Ve dun.
6 Damiani opusc. Lib. V, epis . XVI ad Pandulphum cle icum.
7 Romuald. Ch onica, 1075, p. 172.
8 C. Balliu, «La aduc ion médicale au XVIe siècle: une maladie de aduc eu s», en Nos adamus,
aduc eu adui , Ac es du colloque in e na ional de aduc ologie, B uxelles, Les Édi ions du
Haza d, 2000, p. 20.
9 L. Thomas, Dic ionnai e encyclopédique des Sciences médicales.
10 J. Ve ge , «Les médecins de Sale ne», en Les Cahie s de Science e Vie. Le Moyen-Âge, Pa is, 1998,
n° 43, p. 31.
11 Sabemos que es a adición pe du ó has a el Renacimien o. Nos adamus (1503-1566) esc ibió una
ob a que u o el mismo éxi o que sus P o ecías: se a a de Le T ai é des a demen s e con i u es.
12 El An ido a io es un conjun o de p esc ipciones en el que encon amos po ejemplo la desc ipción
de una esponja sopo í ica, u ilizada pa a in e enciones qui ú gicas. Lee al espec o: C. Balliu, op. ci .
13 T adujo 35 ob as médicas de Galeno al á abe y un cen ena del mismo au o al si iaco. Las
aducciones a pa i del g iego ue on posibles en Bagdad g acias a los nes o ianos que lle a on
consigo, al hui del impe io bizan ino, los lib os cien í icos g iegos, sean de iloso ía, medicina,
ma emá icas o de o as amas del sabe .
14 G. Os ogo sky, His oi e de l’É a byzan in, adui pa J. Gouilla d, Pa is, Payo , 1983, p. 363-372.
15 C. Balliu, «T aduc ion ançaise e scolas ique à la in du Moyen-Âge: un ma iage de aison», en
L’His oi e e les héo ies de la aduc ion, Genè e, ASTTI e ETI, 1997, p. 133-142.
16 K. Sudho , Kons an in de A ikane und medizinische on Sale no, en Sudho s A ch. d. Gesch. d.
Medizin, XXIII, p. 293-298.
17 Magis e Ma haeus, glosula sob e la aducción de Die ae uni e sales de Isaac po Cons an ino (s.
XIII). Publicada po R C eu z, S ud. Und Mi . Des Bendik . O d., XLIX, 1931, p. 40-43.
18 G acias a la p ime a C uzada se anuda on elaciones in elec uales con el Islam y Cons an ino se
lle ó muchos lib os de medicina á abe a Occiden e, allí desconocidos, de modo que pudo e e los sin
menciona el nomb e del e dade o au o .
19 Ibid.
20 Encyclopédie de l’Islam, supl., p. 51-52, a . Cons an in l’A icain con su bibliog a ía, po Max
Meye ho .
21 León de Os ia, Ch on., lib. III, cap. 56.
22 Cabe señala al espec o que el p og ama de aducciones de la escuela de Bagdad iene alimen ada
po los nes o ianos quienes, a aíz de su condena du an e el Concilio de É eso en 431, se an a Bagdad
donde llegan con nume osos ex os g iegos de la An igüedad, a los que hay que suma ob as bizan inas
del bajo Medioe o. Así se explica que las aducciones al á abe se hacían en Bagdad pasando po el
si iaco, idioma in e medio, ya que los nes o ianos e an en su mayo ía p oceden es de Si ia, luga de
encuen o en e la e c is iana y el Islam.
23 T aducción de An onio A güeso, en Miguel Ángel Vega (ed.), Tex os clásicos de eo ía de la
aducción, Mad id, Cá ed a, 1994, p. 130.
24 Nicolas Pe o d’Ablancou , «P é ace». L’Oc a ius de Minucius Felix, Pa is, Camusa , 1637.
25 Cons an ino l’A icano, L’a e uni e sale della Medicina, pa e I, ed. M. T. Mala o y U. de Ma ini,
Roma, 1961, p. 41.
26 Ci ado en: H. Bloch, Mon e Cassino in he Middle Ages ( ol. I), Roma, Edizioni di S o ia e
Le e a u a, 1886, p. 103.
27 Ibid.
28 C. Balliu, «La aduc ion médicale au XVIe siècle: une maladie de aduc eu s», en Nos adamus,
aduc eu adui , Ac es du colloque in e na ional de aduc ologie, B uxelles, Les Édi ions du
Haza d, 2000, p. 22.
29 Ci ado po D. Jacqua , «Rema ques p éliminai es à une é ude compa ée des aduc ions médicales
de Gé a d de C émone», en T aduc ions e aduc eu s au Moyen Âge, Pa is, Édi ions du CNRS, 1989,
p. 109-110.
30 Tal a i mación la con adice B. Lawn en The Sale ni an Ques ions, Ox o d, 1963, p. 20-30.
31 Me pa ece impo an e eco da el papel decisi o de la escolás ica medie al en la adap ación
ilosó ica y eligiosa de las ob as cien í icas de la An igüedad.
32 En el ju amen o hipoc á ico se encuen a ambién la obliga o iedad de ansmi i el a e médica.
33 Del la ín impe ial: «jus a p opo ción».
34 En es a uni e sidad es udia on nume osos médicos ilus ísimos, en e los cuales Rabelais y
Nos adamus.
35 En ó en la O den en 1525, es años an es de empeza la ca e a de médico.
LOS TRADUCTORES MONACALES DE TERESA DE JESUS
Hugo MARQUANT
Ins i u Lib e Ma ie Haps
Hau e Ecole Léona d de Vinci
0. In oducción
An onio Sánchez Moguel, en su impo an e es udio sob e «El lenguaje de San a Te esa de
Jesús» nos lo dice cla amen e: «San a Te esa, digámoslo de una ez, San a Te esa en ancés, en
inglés, en alemán, aún en i aliano, no pa ece ya la nues a, la española, la au én ica» 1. Es e juicio, que
nos pa ece, po cie o, ace adísimo, plan ea, sin emba go, un p oblema que no sólo a ec a a las
múl iples aducciones de la San a en pa icula , sino que undamen a una de las cues iones esenciales
de oda ac i idad aduc o a: la idelidad. F ancisco de Ayala ya lo dijo en 1943 en su B e e eo ía de
la aducción: exis en dos mane as pa icula es de aduci : «aquella que se p opone conduci a los
lec o es hacia el o iginal aducido, asladando con la máxima idelidad su es uc u a ex e na, y
aquella o a que p e ende acomoda el sen ido insi o en dicho o iginal a las modalidades cul u ales
p opias del medio idiomá ico al que se ie e»2. La p ime a se cali ica de « aducción li e al» y la
segunda de « aducción lib e». En el p esen e es udio in en amos ca ac e iza el concep o de
« aducción monacal» desde un doble pun o de is a his ó ico (po ejemplo, la elación en e laicos,
eligiosos y sace do es) y me odológico (mic oanálisis/mac oanálisis) con aplicación conc e a a es
aducciones de las Ob as comple as de Te esa de Jesús.
1. Me odología
1.1 Me odología gene al
Todo es udio aduc ológico p esen a dos e ien es cons i u i as: la p ime a, de índole
mac oanalí ica, analiza los condicionamien os ex e nos de la aducción, es deci la aducción como
enómeno his ó ico de inido po un conjun o de «ca ac e izaciones» de ipo obje i o: impac o social y
éxi o de la aducción (en elación con el público, las endencias del momen o y la calidad a ís ica del
p oduc o), (no-)pe sonalidad del aduc o (po ejemplo, sus compe encias lingüís icas y emá icas) o
del equipo aduc i o (iden i icación, o ganización y uncionamien o), cualidades del ex o o iginal
(TLO) y cali icación de la na u aleza p opia de la labo aduc o a ( edacción, ans e encia, e isión,
documen ación,…). La segunda, de ca ác e mic oanalí ico, analiza las dimensiones e minológica s
« edaccional»3 de los ex os. Se a a undamen almen e de la lec u a del ex o de la lengua e minal
(TLT) 4 como p oduc o de aducción (aquí dis inguimos el p oceso del esul ado, las cualidades de la
calidad).
1.2 Me odología especí ica
Técnicamen e, nues o análisis conc e o comp ende una lec u a global, ín eg a, de la
aducción (TLT) al mismo iempo que una selección de elemen os pe inen es (mues eo) de índole
ex ual y es ilís ico- e minológica. La p ime a, ealizada po hablan es na i os de la LT, se á
idealmen e monolingüe, pe o, en ealidad, el in es igado c í ico conoce á gene almen e an o la LO
como el TLO. Se a a, en e o as, de alo a el «impac o global» y la «calidad a ís ica gene al» de la
aducción, al mismo iempo que es e ipo de lec u a pe mi e delimi a unos elemen os an conc e os
como el con enido obje i o y la a iculación lógica de los TLT. Pensamos ambién en la lec u a de los
p ólogos e in oducciones, ablas e índices y de los en o nos documen ales. La segunda,
undamen almen e compa a i a, incluye una selección de ex os (TLT) ep esen a i os y a iados
(na a i os, a ís ico-li e a ios, a gumen a i os, pedagógicos, doc inales,…) y el análisis de algunas
«pe inencias» o «cons ancias» es ilís icas y e minológicas pa icula es 5.
Más conc e amen e aún, pa a el p esen e es udio hemos elegido cua o ex os e esianos
(TLO), ep esen a i os del Lib o de la Vida: el p ime o, na a i o, co esponde a los pá a os 5.7 y 5.8
de la edición del Pad e Tomás Al a ez 6 (Es u e…e a ecio o men o); el segundo, a ís ico-li e a io,
al pá a o 19.6 de la misma edición (Con es as lag imillas…y no in e esal); el e ce o, a gumen a i o-
pedagógico, al pá a o 25.1 (Pa éceme…poco me ap o echa) y, po úl imo, el cua o, e minológico-
doc inal, al pá a o 40.9 (Es ando…que lo gocen). Es os ex os han sido obje o de un igu oso examen
aduc ológico, esencialmen e cali ica i o, encaminado a de ini no sólo cómo unciona la ac i idad
aduc o a (el p oceso y las cualidades de la aducción), sino ambién a alo a el esul ado de la
misma (el esul ado y la calidad de la aducción). Es e examen, cen ado en el concep o cla e de la
« idelidad», analiza la densidad de los elemen os u ilizados po el aduc o como «gene ado es» de
aducción (selección-compensación: exhaus i idad), la pe inencia/adecuación de las equi alencias
(co ección) y la dis ancia de la aducción (TLT) con espec o al o iginal (TLO) (conc e amen e, en e
o as, la ep oducción de la pa icula es uc u a sin ác ica de la San a y su calidad a ís ico-li e a ia).
En un p incipio, odos los elemen os documen ados en el TLO pueden se i le al aduc o , pe o és e
elige (en unción de la LT, po ejemplo) y es a elección se á un p ime ac o de cali icación de la
aducción:
TLO/LDL 7
Es uue/en/aquel/luga / es/meses/con/g andissimos/ abajos/,/(61)
TLT/BRE
Ie us/en/ce…/lieu/…là/ ois/mois/,auec/ es g ands/ auaux/,/(29 )
La secuencia e e encial, ca ac e izada po el axioma de la linealidad comunica i a, cons i uye
una en idad en esencia ilimi ada (en el sen ido de que odo elemen o cons i uyen e –segmen al o
sup asegmen al, onológico, mo osin ác ico o semán ico,…- puede unciona , al menos en eo ía
como gene ado de aducción), aco ada solamen e po el es ue zo ep oduc o del aduc o en
unción de ca ac e ís icas inhe en es a la LT, al es ilo pe sonal del aduc o y a su en oque
aduc ológico. En el p esen e ejemplo, el aduc o ancés (BRE) elige 9 elemen os gene ado es de
aducción, po lo menos si nos a enemos es ic amen e al ni el léxico («mo à mo »), lo que p oduce
una densidad 8 del 100%. Si compa amos con la aducción de B andsma (BRA), ob enemos el
siguien e esquema:
TLO/SIL
Es u e/en/aquel/luga / es/meses/con/g andísimos/ abajos/,/(31)
TLT/BRA1
D ie/maanden/b ach ik.../daa /in/de he igs e/pijnen/...doo /,/(27)
Aquí el aduc o elige 7 gene ado es de aducción. En es e sen ido, la aducción de
B andsma (BRA1) es algo menos li e al que la de B é igny (BRE), po que aduce en aquel luga
simplemen e po la pa ícula daa en luga de una exp esión de ipo *op die plaa s (densidad del 77%).
In e iene así un segundo elemen o: el isomo ismo s la adecuación de las equi alencias.
TLO/DLF
Es u e/en/aquel/luga / es/meses/con/g andísimos/ abajos/,/(39)
TLT/CLAM1
Mon séjou …/en/ce/lieu/… u de/ ois/mois/.J’y endu ai/d’indicibles/sou ances/,/(82)
A p ime a is a, la aducción de Ma ie du Sain Sac emen (CLAM1) esul a an li e al como
la de B é igny (BRE), pe o Ie us se ans o ma en Mon séjou … u de y la p eposición auec en J’y
endu ai. Po o a pa e, abajos se aduce po auaux 9 (BRE), sou ances (CLAM1), sou ances
(CLAM2) y pijnen (BRA1 y BRA2). En 1995, los edi o es de CLAM2 cambian la exp esión
d’indicibles sou ances po d’excessi es sou ances (mode nización lingüís ica). Todo es o indica la
impo ancia del papel « edaccional» del aduc o que elige ambién en el epe o io de su p opia
lengua (LT) en e aducciones «mo ológicas» y elemen os más genuinos y o iginales. Y cuando es os
elemen os pe enecen a la sin agmá ica gene al del ex o, la elección a ec a di ec amen e a la calidad
a ís ico-li e a ia de la aducción. Po o a pa e, la dis ancia en e el TLO y el TLT se mide ú ilmen e
a pa i de unidades aduc ológicas mínimas 10 que el aduc o dis ingue en el TLO y luego ep oduce
en el TLT en una cons an e in e acción LO-LT-LO-LT-…, ca ac e izada po la subje i idad y la cuasi-
simul aneidad de sus composiciones. El esquema esul an e se puede ep esen a me odológicamen e
como un iángulo isósceles cuya base coincida con un segmen o de e minado del TLO y cuya al u a
sea igual a la misma base. La localización/ubicación ela i a de es as unidades con espec o a sus
gene ado es co espondien es cons i uye o o ac o cali ica i o de p ime a impo ancia:
TLO/LDL es u e / en aquel luga …
TLT/BRE Ie us / en ce lieu là…
TLO/LDF Es u e en aquel luga / es meses…
TLT/CLAM1 Mon séjou en ce lieu u de/ ois mois…
TLO/SIL Es u e en aquel luga es meses con g andísimos abajos/…
TLT/BRA1 D ie maanden b ach ik daa in de he igs e pijnen doo /...
au óg a os como, po ejemplo, en e los dis in os manusc i os del Camino de Pe ección: ag a uelos
(CE,63,3/311)(Esco ial) y cosi as que se llaman ag a ios (C,36,3/311)(Valladolid), cosillas
(CE,17,1/230) y cosas (C,12,1/230), en alguna cosi a (CE,19,3/234) y en algo (C,13,3/234), el au o
muy muy ap o ado (CE,35,4/261) y el au o muy ap o ado (C,21,4/261) 31.
No cabe deci lo mismo – los aduc o es se a ienen gene almen e a los TLO – de las
a iculaciones y suba icula iones lógicas de los capí ulos. LDL sigue ielmen e los au óg a os y no
in oduce sino excepcionalmen e algún que o o pá a o o iginal. B é igny (BRE), en el capí ulo VII
de la Vida, po ejemplo, in oduce (sólo) 9. Pe o con Vicen e de la Fuen e (DLF) el núme o de
pá a os pasa a 13 y en CLAM1 a 33. Sil e io (SIL) dis ingue 22 y sus aduc o es holandeses 37
pá a os (además nume ados). Aguila (AG) pone 21 y CLAM2 sigue el doble sis ema de pá a os
nume ados (22) y sin nume a (16) de Tomás Al a ez. Todo ello pa ece indica que si bien la
o ganización lógico- o mal del ex o incumbe p e e en emen e al edi o en lengua o iginal (y has a al
mismo au o ), ambién o ma pa e ín eg a de la labo p opiamen e dicha del aduc o quien la incluye
a su ez en su pa icula mane a de abo da el TLO. Po ejemplo, en e Pues ansí comencé … y Oh
g andísimo mal… (BAC,V,7,43-44) BRE pone un solo pá a o en Pa éceme de los des en u ados de
los he ejes ( ambién en TA y en los aduc o es holandeses, pe o no en SIL ni en DLF-CLAM). En
cambio, en SIL, TA, CLAM2 y BRA1-2 hay pá a o en Digo que me hace g an lás ima…, mien as
que no lo hay en DLF ni en CLAM1 32.
3.2 Análisis mic oanalí ico
3.2.1 Dimensión ex ual gene al
a) En cuan o al p ime o de los es c i e ios me odológicos, la densidad, ob enemos pa a
nues as es aducciones la p opo ciones siguien es: BRE, 56,19% (226/127), CLAM, 44,08%
(245/108) y BRA, 23,3% (244/57). Es o con i ma que la aducción de BRE es e ec i amen e más
li e al que la de CLAM, que, a su ez, supe a en li e alidad ampliamen e a la de B andsma. Las ci as
demues an ambién cla amen e la impo ancia de la lengua e minal (LT). Po ejemplo, la aducción
de desde los pies has a la cabeza (V,5,8). BRE y CLAM aducen espec i amen e depuis les pieds
iusques à la es e (30, °) y des pieds à la ê e (83). BRA, eniendo en cuen a las p opiedades de la
lengua holandesa, p opone: an he hoo d o de oe en (27), lo que educe d ás icamen e el núme o de
gene ado es elegidos (de 6 a 2). En cuan o a la dis ancia p opiamen e dicha, las ci as son oda ía más
elocuen es: BRE 1,7; CLAM 2,2 y BRA 4,2. Es o signi ica que BRE se si úa a una dis ancia media de
1,7 unidades aduc ológicas con espec o al ex o o iginal; CLAM a una dis ancia de 2,2 unidades y
BRA de 4,2.
b) Un segundo aspec o es el de la comp ensión del lenguaje p opio de la San a, desde un doble
pun o de is a lingüís ico gene al (la lengua cas ellana de la gene ación de Te esa de Jesús con odas
sus ma izaciones sociales, egionales, cul u ales,…) y es ilís ico pa icula (el es ilo p opio de la
San a). Un p ime ejemplo de es e segundo aspec o es el siguien e: «C eo, si el Seño ue a se ido
ie a es o en o o iempo y si lo iesen los que le o enden, que no end ían co azón ni a e imien o
pa a hace lo» (V,40,9/TA, 400) [elemen os con ex uales: ie a = yo; es o = cómo se en en Dios odas
las cosas y cómo las iene odas en Sí; lo iesen = es o; le = el Seño ; hace lo = o ende le]. El
p oblema de lec u a es el de la elación en e yo y end ian. BRE lo esuel e de la mane a siguien e:
«Ie c oy que s’il eus pleu à no e Seigneu que i’eusse eu cela en au e emps, ie n’eusse eu an de
ha diesse de l’o ense , & c oy enco e que si ceux qui l’o ensen le oyoien /426 °/ Ils n’au oien ny
le cœu , ny la ha diesse de l’o ense » (426 °- °). CLAM1-2 p opone a su ez la solución siguien e:
«Oui, j’en suis con aincue, s’il a ai plu au Seigneu de me donne ce e ue plus ô , e s’il l’a ai
acco dée à ous ceux qui l’o ensen , ni eux ni moi nous n’au ions jamais eu le cœu ni la ha diesse de
péche » (147-334). BRE comple a la idea ex ualmen e (yo – end ía / ellos – end ían), mien as que
CLAM1-2 se limi a a inclui el yo en el end ían, dando luga así a yo – ellos/ end íamos. En la
misma línea, BRA in oduce el elemen o impe sonal men: «Indien he den Hee behaagd had, mij di
oege e doen aanschouwen en ook ande en, die Hem beleedigen, di zouden zien, ik geloo , men
zou nie mee den moed hebben o he wagen, di nog e doen” (375-624). O o ejemplo (V,5,7) en
elación con el léxico gene al e esiano: “Con la al a g ande de i ud (po que ninguna cosa podía
come , si no e a bebida, de g ande has ío) calen u a muy con inua, y an gas ada, po que casi un mes
me había dado una pu ga cada día, es aba an ab asada, que se comenza on a encoge los ne ios con
dolo es an incompo ables, que día ni noche ningún sosiego podía ene . Una is eza muy p o unda.»
(TA,33). BRE aduce los es é minos sub ayados espec i amen e po : (de au des) o ces
na u elles, desseichee & b uslée y se e i e (30, °). CLAM: aiblesse (= al a de i ud; gene ado ), un
eu in é ieu si iolen y se con ac e (83). Po in BRA aduce: «Ik was in hooge ma e e zwak en
zoo ui ge ee d, da mijn zenuwen begonnen samen e sch ompelen» (BRA1, 27). La in e p e ación
adecuada de es as aducciones plan ea el p oblema de la signi icación exac a de es as palab as an o
en la LO como en la LT. BRE esc ibe a inales del siglo XVI y en e CLAM1 y CLAM2 miden
muchas pequeñas adap aciones lingüís icas. Según el Vocabula io de J. Poi ey, i ud = ue za, igo ,
alo (3888/Au , ac.3a); ab asado = que expe imen a una sensación de a do isiológico, sequedad o
ac i ud (15) y encoge se = c ispa se, aga o a se, a uga se, con ae se (1520). Pe o es as de iniciones
(o mejo «sinonimias”) no esuel en una se ie de dudas como: la in e p e ación isiológica del é mino
i ud, la signi icación de se e i e con espec o a se con ac e de BRE y del holandés samen-
sch ompelen con espec o a encoge se de BRA. Y, sob e odo, la al e nancia desseichee & b uslee/
ui ge ee d s un eu in é ieu y ab asa -se (encende se de amo )/ab asa (aniquila po medio del
uego, quema ) 33. En es e sen ido pueden apa ece e dade os «e o es» de aducción. Po ejemplo,
la aducción de cha qui os po kleine wa e s aal jes die opspui en (CE,33,2/258; C,20,2/258;
BRA1,85;BRA2,132).
c) Po in, cabe insis i en la calidad a ís ica espec i a de las aducciones analizadas. Y en
es e sen ido, la p eeminencia de CLAM con espec o a BRE es e iden e. Bas a con compa a el
ejemplo de nues o apa ado 1.2: Ie us en ce lieu là ois mois, auec es g ands auaux,… (BRE,
29 °) / Mon séjou en ce lieu u de ois mois. J’y endu ai d’indicibles sou ances,… (CLAM1, 82).
Po o a pa e, las modi icaciones apo adas espec i amen e po CLAM2 y BRA2 a CLAM1 y BRA1
son mínimas y esencialmen e lingüís icas, mien as que la elación en e BRE y Elisée de Sain
Be na d – Cyp ien de la Na i i é, sus «con inuado es», esul a mucho más compleja 34. Po in, la
di icul ad de de ini co ec amen e el alo « edaccional» de BRA depende necesa iamen e de la
combinación de la lec u a del TLO con una adecuada e aluación his ó ica del mismo.
3.2.2 Ca ac e ís icas pe inen es
En el capí ulo de los diminu i os, los aduc o es p e ie en las aducciones analí icas (I) a las
o gánicas (II) y muchas eces ni siquie a los aducen (IV). En algunas ocasiones u ilizan aducciones
léxicas (III):
I. T aducciones analí icas
Muje ci a: pe i e emme (CLAM1, I,153); enca celadi a: pe i e p isonniè e (CLAM1, I, 154);
cen ellica: pe i e é incelle (BRE, 124 °; CLAM1, I, 190); conside acioncillas: conside a ions basses
(BRE, 131 °), pe i es é lexions (CLAM1, I, 199); lag imillas: pe i es la mes (BRE, 160 °), pau es
la mes (CLAM1, I, 233) (pe i es la mes: CLAM2, 134), de weinige anen (BRA, 140); de ocionci as:
pe i es deuo ions (BRE, 229 °), pe i s mou emen s de dé o ion (CLAM1, I, 318) (pe i es mo ions de
l’âme: CLAM2, 186); ai eci o: pe i en (BRE, 229 °); lo eci as: end es leu s (BRE, 229 °),
pau es leu e es (CLAM1, I, 318) (+II); amillas: pe i s ameaux de ueilles (BRE, 81 °), pe i es
b anches (CLAM, VI, 139); boquillas: pe i es bouche es (BRE, 81 °)(+II), pe i e bouche (CLAM1,
VI, 139); capuchillos: pe i es pelo es (BRE, 81 °), pe i es coques (CLAM1, VI, 139), klein omhulsel
(BRA, 264); ma iposica: pe i papillon (BRE, 81 °), pe i papillon (CLAM1, VI, 139) (un papillon
CLAM2, 1042);con en illos: pe i s con en emen s (BRE, 102 °), pe i es sa is ac ions (CLAM1, VI,
165), kleine genie ingen (BRA, 283);cosillas: pe i es choses (BRE, 40 °), pe i es ép eu es (CLAM1,
VI, 89), kleine dingen (BRA, 226); palomilla u ma iposilla: pe i papillon (BRE, 186 °), no e pe i e
colombe, ou no e pe i papillon (CLAM, VI, 266)) (no e pe i papillon (CLAM2, 1126), he dui je o
de kleine linde (BRA, 359) (+II); pensamen illos: pe i es menues pensees (BRE, 75 °), pe i es
pensées (CLAM1, VI, 131), kleine e s ooiïngen (BRA, 258) (+III); suspencioncilla: pe i e
suspension (BRE, 96 °), pe i e suspension (CLAM1, VI, 157), kleine opge ogenheid (BRA, 278);
cosi as: pe i es chose es (BRE, 198, °) (+II), pe i s iens (CLAM1, V, 261); palab illa: pe i e pa ole
(BRE, 43 °), pe i e pa ole (CLAM1, V, 84); bandillos: pe i es pa iali ez (BRE, 43 °), pe i es co e ies
(CLAM1, V, 84); pun i o: pe i poinc (BRE, 43 °), pe i s poin s (CLAM1, V,84); cosillas: pe i es
choses (BRE,63 °), pe i s iens (CLAM1, V, 108); de e minacioncilla: ne pe i e de e mina ion (BRE,
81 °), pe i e ésolu ion (CLAM1, V, 130), zwak oo nemen (BRA, 66); pun i o: kleine zaak (BRA,
66); cha qui os: pe i s andons (BRE, 104 °), kleine wa e s aal jes (BRA, 85); pob eci o: pau e pe i
(en an ) (BRE, 156 °), pe i Pau e (CLAM1, V, 223); pas o ci o: pe i be ge (CLAM1, V, 174),
nede igen he de (BRA, 96) (nede ig he de je: BRA2,147) (+II); culpilla: pe i e coulpe (BRE, 220 °).
II. T aducciones mo ológicas
Muje ci a: emmele e (BRE, 89 °); cen ellica: onkje (BRA, 109); conside aciocillas:
edenee inkjes (BRA, 114); de ocionci as: god uch ige ge oelen jes (BRA, 200); ai eci o: och je
(BRA, 200); lo eci as: pau es leu e es (CLAM1, I, 318), bloempjes (BRA, 200); a oicos: beekjes
(BRA, 199); amillas: akjes (BRA, 264); boquillas: pe i es bouche es (BRE, 81 °) (+I); palomilla u
ma iposilla: dui je o de kleine linde (BRA, 359) (+I); cosi as: pe i es chose es (BRE, 198 °) (+I);
pas o ci o: be ge o (BRE, 116 °), nede ig he de je (BRA2, 147).
III. T aducciones léxicas
Ai eci o: sou le (CLAM1, I, 318); a oicos: uisseaux (BRE, 8 °) (+IV); boquillas: bek
(BRA, 264) (+IV); pensamen illos: kleine e s ooiïngen (BRA, 258) (+I); cosillas: kleinigheden
(BRA, 53); culpilla: péché éniel (CLAM1, V, 296), dagelijksche zonde (BRA, 181); paji as: b ins de
paille (CLAM1, V, 261), pailles ou b e illes (BRE, 198 °).
IV. Casos de omisión
Muje ci a: ouw (BRA, 77); enca celadi a: p isonnie e (BRE, 91 °), ge angene (BRA, 78);
a oicos: uisseaux (BRE, 8 °) (+III) (CLAM1, VI, 50); boquillas: bek (BRA, 264) (+III); ma iposica:
linde (BRA, 264); palab illa: woo d (BRA, 37); bandillo: pa ijdigheid (BRA, 37) (+III); pun i o (de
hon a): he e langen… mee geëe d e wo den (BRA, 37); cha qui os: laques d’eau (CLAM1, V,
159); lab ado ci o: n labou eu (BRE, 115 °), paysan (CLAM1, V, 173), we kman (BRA, 95);
pob eci o: a me kind (BRA, 129); culpilla: péché (BRE, 220 °); paji a: huisjes an s oo (BRA, 159);
cosillas: au es choses (CLAM1, V, 103).
La di icul ad de la aducción y de la c í ica eside esencialmen e en el p oblema de la
in e p e ación exac a del diminu i o an o en el TLO como en el TLT. Po ejemplo, la palab a
de ocionci as (V,25,11/113). El ex o de Te esa pa ece cla o: «que unas de ocionci as de el alma, de
lag imas y o os sen imien os pequeños – que al p ime ai eci o de pe secucion se pie den es as
lo eci as – no las llamo de ociones,…». Y, en e ec o, los aduc o es se han dado cuen a. B é igny,
con un ala de algo excepcional, aduce: «& non de pe i es deuo ions de l’ame, & au es pe i s
sen imen s & end es leu s qui lais issen & se pe den au p emie pe i en de pe secu ion» (BRE,
229 °). Pensamos casi na u almen e en las «dé o ionne es à l’eau de ose» 35 de San F ancisco de
Sales (T ai é de l’Amou de Dieu). B andsma, oda ía más explíci o: «Ik sp eek hie nie an sommige
god uch ige ge oelen jes, welke de ziel anen doen s o en, o an ande e lich e aandoeningen. He
ee s e och je an e olging doe die bloempjes a allen. Ik noem di nog geen gods uch ”
(BRA,200). Es e iden e que la acumulación de diminu i os e esianos encuen a una eliz
con apa ida en su equi alen e holandés: ge oelen je, och je, bloempje. La impo ancia de la LT se
desp ende ambién de las di e encias en e CLAM1 y CLAM2. Po lo is o, en 1995, la e olución de
la lengua equie e algunos cambios, como la aducción de lag imillas (BAC,87) po pau es la mes
en 1907 (233,I) y po pe i es la mes (135) en 1995. En 1601, B é igny ya había pues o pe i es la mes
(160, °). Y ¿qué pensa de emmele e (89, °), bouche e (81 °) y chose e (198, °) en B é igny? ¿O
de weinige anen como equi alen e de lag imillas en B andsma (140)? De odos modos, la ecuencia
del diminu i o o gánico en BRA se explica po la iqueza del diminu i o mo ológico holandés.
El segundo c i e io concie ne a las al e nancias e minológicas que pa icipan del sis ema
concep ual e esiano. Conc e amen e hemos analizado es secuencias e minológicas desde el doble
pun o de is a de su homogeneidad y adecuación aduc i as. La p ime a, gus o(s) s con en o(s) se
aduce sis ema icamen e po gous (s) (49 °, 26 °) s con en emen (s) (48 °) (M,IV,1,5/383;
M,VI,11,7/436; M,IV,1,4/382; M,IV,1,4/382) en B é igny. CLAM (VI,99; 270-1; 98; 70) al e na
goû s (gus os); ce e joie, ce e consola ion (con en o y gus o); consola ion (con en os) y douceu s
(gus os). B é igny ya había in oducido el é mino consola ions: gus os (gous , & des consola ions)
(26 °/MII,1,7/374). B andsma, po su pa e, equipa a gus os a genie ingen (geno ) (234, 365) y
con en os a oldoening(en) (234,363,233). También u iliza e oos ingen (214) po gus os. Los es
aduc o es cambian el o den de con en o y gus o (M,VI,11,7/436) en gous & con en emen
(BRE,190 °); ce e joie, ce e consola ion (CLAM,VI,99) y die oldoening en da geno (BRA,363)36.
La segunda, a obamien o s a eba amien o (M,VI,11,3/435; M,IV,3,11/390; M,VII,3,12/445) se
aduce indis in amen e po auissemen (188 °, 70 °,113 °) en BRE. CLAM al e na a issemen
(VI,268; 124; 300) (a obamien o) y enlè emen (VI,300) (a eba amien o). Pe o ambién
documen amos a issemen po a eba amien o (2,1088). En BRA apa ecen e oe ing (361)
(a obamien o), e ukking (253) (a obamien o), e ukking (314) (a eba amien o), e oe ing (385)
(a obamien o), e ukkingen (385) (a eba amien os) 37. La e ce a, de ca ác e más gene al, plan ea
pensa (pensamien o) y en ende (en endimien o). Según Poi ey, el p ime o signi ica: «Discu i sob e
una cosa; e lexiona (ob a con el en endimien o), imagina (ob a con la imaginación), opina »
(2474). El segundo: «Conoce , sabe lo que se piensa, pene a , e cla o» (1296) 38. En los ex os
analizados los aduc o es p esen an el siguien e cuad o:
BRE CLAM BRA
M,VI,9,9
piensan (430) pensee pensen denken
176 ° VI,253 350
M,IV,3,7
pensa pense pense denken
(389) 65 ° VI,119 249
pensamien o pensee esp i e beelding
(389) 65 ° VI,119 249
pensa pense pense denken
(389) 65 ° VI,119 249
M,VI,7,10
pensa pense pense ons oo e s ellen
(425) 161 ° VI,235 337
M,VI,7,10
en endimien o en endemen en endemen e s and
(425) 161 ° VI,235 337
en endimien o en endemen en endemen e s and
(425) 161 ° VI,235 337
en endéis en endez sa ez beg ijp
(425) 161 ° VI,235 337
M,VI,1,9
en ende en endoi - beg eep
(406) 110 ° 290
M,VI,7,10
en endimien o en endemen en endemen gedach e
(425) 161 ° VI,235 337
Todo es o nos deja bas an e pe plejos a pesa de las múl iples e lexiones e minológicas, an o
en LT como en LO: «la di é ence qu’il y a en e los consola ions qu’on ou e dans l’o aison e les
goû s spi i uels» (CLAM,VI,98); «la di é ence qu’il y a en e les con en emen s ou les gous s qu’on
eçoi en l’o aison: il me semble que les con en emen s se peuuen di e de ce que nous acque ons nous
mesmes pa no e medi a ion & pa les p ie es que nous aisons à nos e Seigneu ,…» (BRE,48 °);
««a obamien o», da m.i. he bes doo e oe ing wo d e aald… he eenigszins s e ke e woo d
«a eba a », da m.i. be e doo “in e ukking” dan doo “in e oe ing b engen” e aald”
(BRA2,459); y la misma Te esa: “La di e encia que hay de a obamien o y a eba amien o es que el
a obamien o a poco a poco mu iéndose a es as cosas es e io es y pe diendo los sen idos y i iendo a
Dios. El a eba amien o iene con sola una no icia que su Majes ad da en lo muy ín imo del alma, con
una elocidad que la pa ece que la a eba a a lo supe io della, que a su pa ece se le a del cue po »
(Cuen as de conciencia, 54,8/482); «Pa ece os ha que con en os y gus os(os) odo es uno, que pa a qué
hago es a di e encia en los nomb es. A mí pa éceme que la hay muy g ande» (M,III,2,10/380).
La impo ancia de la e minología en la aducción a eces se e ela de mane a casi
impe cep ible. B andsma aduce la p oposición e esiana que pone Dios en el alma (M,VI,11,7/436)
po doo God den zielen inges o (363). Aho a bien, an es de se una eliz me á o a, inges o es un
é mino o mal que e oca inges o e genade con espec o a e wo en genade. Es deci , oda la
p oblemá ica de la g âce in use, la g âce e icace e la g âce su isan e 39.
Pa a el e ce c i e io es udiamos uno de los ejes simbólicos más impo an es de Te esa de
Jesús: la simbología del cas illo. Una de sus al e nancias más ca ac e ís icas es la de
cas illo/palacio/aposen os/piezas – cielo/alma/pa aíso/mo adas 40. B é igny p opone : chas eau (1 °),
Chas eau (7 °, 11 °)/ - / es ages (1 °), chamb es & demeu es (42 °)/ lieu (4 °), chamb e (11 °) - ciel
(1 °)/ ame (1 °)/ pa adis (1 °)/ demeu es (1 °, 11 °,11 °) ; CLAM, châ eau (VI,42,48,54)/ palais (VI,
54)/ appa emen s (VI42,54,91)/ pièce (VI,45,54) – ciel (VI,42)/ âme (VI,42)/ pa adis (VI,42)/
demeu es (VI,42, 54), Demeu es (VI,54) y BRA, kas eel (286, Kas eel (294,299)/ palais (299)/
e blij en (286), e ekken (336)/ kame (290), e blij (299) – hemel (286)/ ziel (286)/ pa adijs
(286)/ woningen (286), e blij en (299,299). A pesa de cie a con usión, apa ecen ambién algunas
sis ema icidades como, po ejemplo, la in eg ada po el é mino ancés demeu es basado en
e e encias bíblicas (Juan, XIV,2) e his ó icas (Pie e de Bé ulle, Discou s de l’E a e des G andeu s
de Jésus) 41.
Po in, los aduc o es, en gene al, no pueden con la ue za exp esi a de Te esa. Reducen el
impac o de su léxico (BRE, po ejemplo, aduce bes ialidad (M,I,1,2/364-5) po ne pe i e bes ise
(2 °) y BRA2, 287-8, po een onwe endheid als an een adeloos die ) y empob ecen el o malismo de
la insis encia lexicológica: mucho y muy mucho (CE,71,3/326 – C,41,3/326) (BRE,220 °: g ande &
… o g iesue; CLAM, V, 296: g a e e ès g a e; BRA,181: g oo en zel s zee g oo ); laqueza an
laca (CE,35,3/261) (BRE, 109 °: oiblesse … oible & debile; CLAM, 779: aiblesse … g ande;
BRA, 90: zwakheid… g oo ); ingenios … ingeniosos (CE, 35,4/261 – C,21,4/261) (BRE, 109, °:
esp i s … ingenieux; CLAM, V, 165: esp i s … ingénieux ; BRA, 90: e he en gees en …
sche pzinnig); emo es … eme (CE, 36,6/263 – C,21,10/263-4) (BRE, 113 °- °: c ain es … c aind e;
CLAM, V, 169: c ain es … c aind e; BRA, 93: angs en … eezen); su e y su i á (CE,62,2/308 – C,
35, 2/308) (BRE, 186, °: il endu e ou & endu e a ou ; CLAM, 157: il sou e ou ,… il es p ê à ou
sou i ,…; BRA,157: e d aag alles en wil alles lijden), pa a siemp e, pa a sin in (CE,70,4/325 – C,
40,9/325) (BRE, 216 °-217 °: pou iamais & e e nellemen ; CLAM, V, 293: é e nelle e sans in;
BRA,179: oo al ijd, zonde einde) y monas e ios adonde hay pun os de hon a; nunca se hon a en
ellos mucho Dios (CE: CLAM,V,262, no a(a): des monas è es où il exis e des poin s d’honneu ?
Jamais Dieu n’y es o hono é).
4. Conclusiones
a) Li e alidad no es sinónimo de calidad. Es a depende del g ado que se le a ibuye a alguno o
algo den o de una escala es ablecida y se apoya en un análisis de ini o io (mac o y mic oanalí ico) de
la idelidad de la aducción. La segunda engloba la p ime a y plan ea las al e nancias p oceso s
esul ado, uncionamien o s alidez, isomo ismo s adecuación, en in, cualidades s calidad. En
es e sen ido es e iden e que BRE es más li e al que CLAM y que CLAM a su ez es más li e al que
BRA. También hemos is o que es o se explica en g an pa e po las di e encias ca ac e ís icas de las
dos LT. Globalmen e las es aducciones cons i uyen, den o de la eno me di icul ad de la a ea y con
las nume osas incógni as que pe sis en, una e dade a hazaña que se puede cali ica sin duda alguna
como de al a idelidad. Casi esul a una ocu encia. Es que hay o as dimensiones que en an en juego.
b) La lec u a de las Ob as de Te esa ep esen a un elemen o esencial de la ida monás ica
cameli ana. En es e o den de ideas, la aducción de las mismas apa ece como una consecuencia
na u al de la p ime a. ¿La mejo mane a de lee un lib o no es acaso aduci lo? Y pa icula men e en
el caso de la San a donde cada lec u a es un descub imien o o iginal, la aducción pe mi e econs ui
paso a paso la dinámica p og esi a de la lec u a. En o as palab as, la lec u a de Te esa de Jesús es un
au én ico descub imien o, una comp ensión po e apas que coincide pe ec amen e con la labo
aduc o a. Así ambién es como las es aducciones analizadas pueden cali ica se de plenamen e
monacales. BRE, a pesa de su es a u o de sace do e, es Ca meli a de acción y de co azón, en con ac o
di ec o y exis encial con las hijas de la San a; Ma ie du Sain Sac emen pe soni ica a una Comunidad
descalza conc e a, la del p ime monas e io de Pa ís y T. B andsma enca na a oda una Comunidad
egional, el Ca melo de Holanda. Los colabo ado es, ya sean eligiosos como los Ca ujos o el Pad e
Tomás Al a ez, sace do es como Manuel Ma ía Póli o laicos como Be na d Sesé, pa icipan
ac i amen e del mismo espí i u y en an en equipos que son au én icas pequeñas comunidades unidas
po la lec u a de los ex os e esianos. La di e encia con los alle es de calig a ía medie ales es iba en
que es as comunidades no uncionan de mane a ho izon al (simul aneidad ísica) sino que o ecen una
o ganización e ical en el iempo (sucesión c onológica) o en el espacio (simul aneidad uncional).
Técnicamen e se de inen en é minos de e isión y coo dinación. Todo es o se explica po una
ca ac e ís ica inhe en e a la aducción: el indi idualismo de la « ans e encia».
c) Po que, en e ec o, la labo aduc o a, como la lec u a, sigue siendo una ac i idad
in ensamen e indi idual y en es e sen ido esul a más monacal que monás ica o monas e ial. Es a
ca ac e ís ica coincide con la aduc ología mode na donde p edominan p ecisamen e los concep os de
equipo, desa iculación del p oceso, especi icidad de la ans e encia y casi imposibilidad de de ini la
en é minos « edaccionales». Po un lado es án los ac o es mac oanalí icos de iempo, espacio,
o ganización, in aes uc u a, … que ac úan como condicionan es ex e nos de la aducción; de o o
lado se adi inan in e p e aciones, i encias o expe iencias es ic amen e pe sonales, a iculadas desde
den o y ela i amen e independien es con espec o a las p ime as. Una delimi ación igu osa de los
asgos dis in i os y cali ica i os de la aducción esul a así p ác icamen e imposible. Es que además
de lee , el aduc o esc ibe…
d) En cuan o al alo es é ico de las aducciones analizadas, p e e imos la aducción de
CLAM a la de BRA y la de BRA a BRE. El úl imo p oduce un ex o a i icial, cuya única e e encia es
el ex o de Te esa (LDL). B andsma saca p o echo de la di e enciación lingüís ica de la lengua
holandesa mien as que CLAM in en a mejo a el ni el de idelidad de Bouix al mismo iempo que
p e ende iguala su calidad « edaccional». Pa a e mina , un ejemplo CLAM – BRA, a pa i de uno de
los pá a os más dinámicos de la Vida (V,19,6 /80):
Oh, Jesús mío, qué es e un alma que ha llegado aquí caída en un pecado, cuando
Vos po ues a mise ico dia la o náis a da la mano y la le an áis! Como conoce la
mul i ud de ues as g andezas y mise ico dias y su mise ia, aquí es es deshace se de e as y
conoce ues as g andezas; aquí el no osa alza los; aquí es el le an a los pa a conoce lo
que os de e; aquí se hace de o a de la Reina del Cielo pa a que os aplaque, aquí en oca los
san os que caye on después de ha e los Vos llamado pa a que la ayuden ; aquí es el pa ece
que odo le iene ancho lo que le dais, po que e no me ece la ie a que pisa, el acudi a los
Sac amen os, la e i a que aquí le queda de e la i ud que Dios en ellos puso, el alaba os
po que dejas es al medicina y ungüen o pa a nues as llagas, que no las sob esanan, sino que
del odo las qui an. Espán anse de es o, y quién, Seño de mi alma, no se ha de espan a de
mise ico dia an g ande y me ced an c ecida a aición an ea y abominable?, que no sé
cómo no se me pa e el co azón cuando es o esc i o, po que soy uin.
CLAM2, 133-4:
Quel spec acle, ô mon Jésus! que celui d’une âme pa enue à ce e hau eu e ombée
ensui e dans quelque péché, lo sque, dans a misé ico de, u la elè es en lui endan de
nou eau la main! Comme elle econnaî , d’une pa la mul i ude e la magni icence de es
misé ico des, e de l’au e, sa misè e! Comme elle s’anéan i en con essan es in inies
pe ec ions! Elle n’ose le e les yeux, e pou an elle le ai , a in d’app end e ce qu’elle e
doi . Elle se me sous la p o ec ion de la Reine du ciel, lui demandan de ’apaise ; elle
in oque les sain s qui son ombés ap ès a oi é é appelés pa oi, e elle implo e leu
assis ance. En chacun de es dons elle oi un excès de libé ali é, ca elle se econnaî indigne
de la e e qui la sou ien . Comme elle cou aux sac emen s! Comme sa oi de ien i e à la
ue de la e u que u y as en e mée! Comme elle e béni d’a oi laissé à nos plaies un el
emède, un baume qui leu appo e une gué ison, non supe icielle, mais complè e. Tou cela
la empli d’admi a ion. E qui donc, ô Seigneu de mon âme, ne se ai saisi d’é onnemen en
e oyan épond e pa une pa eille misé ico de, pa une si excessi e bon é, à une ahison si
a euse, aussi abominable? Non, je ne sais commen mon cœu ne se b ise pas, en éc i an
cela! Sans dou e, c’es que je suis op mau aise.
Y BRA2,291:
O mijn Jesus, welk een schouwspel, als Gij een ziel die, o dezen ap e he en, in
zonde is ge allen, in uw ba mha igheid wede de hand eik om haa op e ich en. Hoe
duidelijk zie zij dan den ijkdom an uw goedheid en ba mha igheid en haa eigen ellende!
Op di gezich e zink zij geheel in he nie en e ken zij uw g oo heid; zij du haa oogen
nie ophe en, zij open ze slech s oo de e kenning an he geen zij U e schuldigd is; zij
ge oel dan de innigs e gods uch o de Koningin des Hemels, opda deze uw oo n
e zoene; zij oep de Heiligen aan, die ook, nada Gij hen ge oepen had , nog ielen: zij
moe en haa helpen; alwa Gij haa schenk , schijn haa e eel, wan zij zie , da zij nie
waa dig is, de aa de e be eden; zij snel o de Sac amen en en haa geloo daa in wo d
e le endigd, wijl zij zie , welk een k ach God daa in hee nee gelegd; zij loo U, omda Gij
oo onze wonden een geneesmiddel, een zal nalie , die deze nie slech s heel , doch alle
spo en e an wegneem . –
De ziel s aa geheel e baasd en wie moe ook nie e baasd s aan, O Hee mijne
ziel, o e zoo g oo e ba mha igheid, o e zoo e ged e en welwillendheid na zoo laag en
a schuwelijk e aad? Ja, ik beg ijp nie hoe, e wijl ik di sch ij , mijn ha nie b eek , omda
ik zoo slech ben.”
5. Epílogo
Lo impo an e es es a 42 con Te esa, compa i una expe iencia con ella, simplemen e
po que “un agua ae o a” y el iempo no iene p ecio.
NOTAS
1. SANCHEZ MOGUEL, A., El lenguaje de San a Te esa de Jesús, Mad id, Imp en a Clásica
Española, 1915, p.95.
2. AYALA, F., La es uc u a na a i a y o as expe iencias li e a ias, Ba celona, Edi o ial
C í ica, 1984, p. 68.
3. En el sen ido de una « ex ualidad ac i a» de ca ác e sin agmá ico y lineal.
4. TORRE, E., Teo ía de la aducción li e a ia, Mad id, Sín esis, 1994, p.7 (LO: lengua
o iginal; TLO: ex o de la lengua o iginal; LT: lengua e minal; TLT: ex o de la lengua e minal).
5. La me odología del doble en oque (globalidad s mues eo/selección) se jus i ica den o de
una pe spec i a de ealismo y de ajus e de pa áme os an di e gen es como: (T)LO/(T)LT,
lec u a/es udio, edacción/ aducción, in eg idad/ca ac e ización. La p o eso a L. Behiels, en una
con ibución a es e mismo coloquio («'Ve hole We cken' (1693), San Juan de la C uz en nee landés»),
ci a a es e espec o una e lexión an in e esan e como an i aduc i a de Cyp ien de la Na i i é de la
Vie ge, en la Dedica o ia al p íncipe Hen i d’O léans, publicada en su aducción de Les oeuu es
spi i elles d B. Pe e Iean de la C oix (1652, A4 °): «ceux qui p end on la peine de con on e
l’o iginal en ie auec le F ançois» (el sub ayado es nues o).
6. San a Te esa de Jesús, Lib o de la Vida, P esen ación y ansc ipción paleog á ica de Tomás
Al a ez, Bu gos, Pa imonio Nacional – Mon e Ca melo, 1999, Tomo II, págs 33, 159, 213-214, 400-
1.
7. Explicación de las ab e ia u as u ilizadas:
1) Ob as de Te esa de Jesús:
CE: Camino de Pe ección, au óg a o de El Esco ial;
C: Camino de Pe ección, au óg a o de Valladolid;
M: Las Mo adas;
V: Lib o de la Vida.
2) Ediciones de Te esa de Jesús:
LDL (Luis de León) Los Lib os/ de la Mad e/ Te esa de Ies s/… Salamanca,
Guillelmo Foquel (1588) (ed. acsímil de 1970 ealizada po
Espasa-Calpe, Mad id y Bu gos, Mon e ca melo, 1984).
DLF (De la Fuen e) Vida/ de/ San a Te esa de Jesús/ publicada/ po la Sociedad
Fo o- ipog á ica-ca ólica,/ bajo la di ección del D . D.
Vicen e de la Fuen e,/… Mad id/ Imp en a de la Vda. E Hijo
de D. E. Aguado.- …/ 1873.
TA (Tomás Al a ez) Ob as comple as, edición e in oducción de Tomás Al a ez,
Bu gos, Mon e Ca melo, 1982.
SIL (Sil e io) Ob as/ de/ S a. Te esa de Jesús/ Edi adas y ano adas po el/
P. Sil e io de San a Te esa, C.D./ - / Tomo I/ Lib o de la
Vida/ …/ Bu gos: / Tipog a ia de «El Mon e Ca melo»/ 1915.
AG (Aguila ) San a Te esa de Jesús/ Ob as/ Comple as/… Aguila / Mad id
– 1957
3) T aducciones:
BRE (B é igny) -La Vie/de la Me e Té èse/ de Iesus/Fonda ice des
Religieuses/ e eligieux Ca mes/ deschaussès e de la/
p emie e egle./ Nouuellemen / ad ic e/ D’espagnol en/
F ancoys/ pa / I.D.B.P./ e / L.P.C.D.B. / Chez Guillaume/ de
la Noüe, Rue/ S. Iacques à l’en/ seigne du nom de / Ies s. A
Pa is 1601.
-Le Chemin de/ Pe ec ion/ compose pa / la Me e Te ese de
Ies s/ Fonda ice des Religieuses/ e Religieux Ca mes/
deschaussès e de la/ p emie e ègle./ Nouuellemen
aduic e/ D’espagnol en F ancoys./ pa / .I.D.B.P./ e /
.L.P.C.D.B./ Chez guillaume/ de la Noüe, Rue/ S. Iacques a
l’en/seigne du nom de/ Ies s. A Pa is/ (1601).
-T aic e/ Du chas eau/ ou/ Demeu es de l’ame/compose pa /
la Me e Te ese de IESVS./ Fonda ice des Religieuses/ e
Religieux Ca mes/ deschaussès e de la/ p emie e egle./
Nouuellemen aduic / D’espagnol en F ancoys/ pa /
I.D.B.P./ ET/ L.P.C.D.B./ Chez Guillaume/ de la Noüe, Rue/
S. Iacques à l’en/ seigne du nom de/ Ies s. A Pa is/ (.1601.)
CLAM1 (Clama ) Œu es Complè es de Sain e Té èse de Jésus. T aduc ion
nou elle pa les Ca méli es du P emie Monas è e de Pa is.
-T. I e II: Vie de Sain e Té èse éc i e pa elle-même sui ie
des Rela ions Spi i uelles a ses Di ec eu s, Pa is, Vic o
Re aux, 1907;
-T.II e IV: Les Fonda ions, sui ies des Ac es e Mémoi es,
Pa is, Gab iel Beauchesne & Cie, 1909;
-T.V: Le Chemin de la Pe ec ion.- Exclama ions. Pensées
su le Can ique des Can iques.- A is, Pa is, Gab iel
Beauchesne, 1910;
-T.VI: Le Châ eau in é ieu . – Poésies, Pa is, Gab iel
Beauchesne, 1910.
CLAM2 (Clama ) The ese d’A ila/ Œu es comple es/ T aduc ion pa Mè e
Ma ie du Sain -Sac emen ,/ ca méli e déchaussée/ Edi ion
é ablie, é isée e anno ée/ pa les Ca méli es de Clama e
Be na d Sesé/ In oduc ion géné ale pa le Pè e Tomás
Al a ez,/ ca me déchaux/ */ Les Edi ions du Ce / Pa is/
1995.
na u aleza a la ez eligiosa y polí ica, pues o que Lu e o, al ei indica a san Agus ín, había dado
o igen a una disidencia a la ez eligiosa y polí ica20. Se ha epe ido has a la saciedad que el con ol de
la Inquisición ahogó muchas inicia i as du an e bas an e iempo. Has a dónde llegaba dicho con ol, lo
indica el hecho de que incluso una edición de la aducción de las Con esiones de P. de Ribadenei a ue
denunciada al San o O icio, a causa de un pá a o al pa ece no bien aducido21.
Pe o ampoco hay que achaca lo odo al pelig o p o es an e ni al miedo a la Inquisición. Hay
que añadi oda ía el ac o pa idis a. Piénsese que, pa a pone o den en el mul iplica se de cá ed as en
unción de las di e en es escuelas ya bien en ado el s. XVII (a. 1627), se p opugnó sin éxi o impone el
ju amen o de lee y comen a a san Agus ín y a san o Tomás. El acaso hay que a ibui lo únicamen e a
que el espí i u in ansigen e de escuela y de a ención desmedida a lo especula i o sob e lo posi i o
había dado pasos deso bi ados desde el comienzo de las con o e sias sob e la libe ad y la g acia y
sob e los sis emas mo ales22. «Cuando la Iglesia necesi aba eología bíblica, in es igación his ó ica y
ilológica y es udios de eología posi i a, nues as acul ades ea i a on el deso bi ado espí i u de
escuela»23. De nue o, pe o aho a po dis in as azones, apa ecían enos al es udio di ec o de san
Agus ín e indi ec amen e a la di usión y aducción de sus ob as.
Dis in as son las causas que lo explican, pe o el hecho es i e u able: en el pe íodo indicado no
hubo en España quien aduje a y publica a ninguna de las ob as eológicas del Doc o de la g acia, el
obispo de Hipona.
Con odo, san Agus ín no esul ó desconocido pa a los imp eso es en lengua española. ¿A qué
mó iles espondía la edición de las p ime as ob as del San o, o a ibuidas a él, en cas ellano? En su
o igen no se halla ni el espí i u humanis a, ni el in e és eológico, ni una espi i ualidad especí icamen e
monás ica, sino más bien un ipo de piedad dominan e en aquel pe íodo. Indicado inequí oco son las
ob as e idas al cas ellano: los Soliloquios, que no hay que con undi con el céleb e diálogo ilosó ico
de Casiciaco; el Manual, que ampoco se iden i ica con la homónima ob a agus iniana, sín esis
dogmá ica compues a al inal de su ida; las Medi aciones 24 y, más a de, los Suspi os25. Se a a de
esc i os apóc i os, cuyo con ex o espi i ual y doc inal se ubica en la Edad Media y cuyos au o es
conocen sin duda las ob as del obispo de Hipona. Tienen en común el o ece o aciones o medi aciones
de ma cado ca ác e pe sonal e in imis a, muy del gus o de las obse ancias y e o mas que se die on en
las amilias eligiosas. El ono a ec i o es asgo común a los lib os de lec u a espi i ual más es imados
en la época, de donde le llega su p e e encia po san Agus ín o san Be na do en e o os; o ien ación
debida en buena pa e a la in luencia anciscana26. Las di e sas aducciones y las múl iples ediciones
de es as ob as e lejan cuán g ande e a el núme o de aquellos cuya sed saciaban. Po o a pa e, e elan
el p isma bajo el que se con emplaba a san Agus ín: los consumido es de ales ob as no eían en él ni al
g an eólogo dogmá ico o mo al, ni al p o undo in é p e e de la Esc i u a o al incansable apologis a de
la e ca ólica, sino más bien al homb e espi i ual y maes o de con e sión. Como dice un au o : «Los
ex os de es as ob as es imonian un agus inismo esencialmen e psicológico, en la línea de san Anselmo
o san Buena en u a, que undamen a el desequilib io del mundo sob e el inhe en e a la pe sona
humana»27.
En es e mismo con ex o espi i ual hay que ubica la aducción de las Con esiones28. Lo p ueba
el hecho de que, con ecuencia, los esc i os mencionados hayan sido edi ados jun o con es a ob a
maes a. Tan o el ono o an e que la a a iesa de p incipio a in como el anhelo de Dios que in ade al
alma de su p o agonis a hacen de ella el lib o más pe inen e pa a aquellos espí i us sedien os de Dios.
Nadie discu e que la ob a puede sa is ace los gus os an o del ilólogo o his o iado de la an igüedad,
como del li e a o, del psicólogo, del ilóso o o del eólogo. Pe o sus p ime os lec o es en cas ellano la
leían an e odo como ob a de honda espi i ualidad. En ella buscaban y encon aban un camino de
con e sión. San a Te esa lo exp esó sin ambages. Si la monja ca meli a sin onizó an pe ec amen e con
el san o a a és de la ob a, se debió a e en él un pecado a epen ido, un caso semejan e al suyo29.
En su e sión cas ellana, las Con esiones se leye on du an e siglos con ese mismo espí i u y
sen ido. Lo p ueba el que ambas aducciones, en odas sus ediciones, salie an a la luz incomple as, es
deci , sin los es úl imos lib os, a excepción al ez de los dos capí ulos iniciales del lib o undécimo,
conside ados oda ía como «au obiog á icos». Las e lexiones ilosó icas sob e el iempo del lib o 11 o
las explicaciones exegé icas de los dos siguien es se suponía que no en aban en los in e eses de los
lec o es. Los aduc o es no callan las azones de la mu ilación. S. Toscano, el p ime o en aduci la
ob a, dice al espec o: «lo que queda no hace a es e p opósi o (na a la ida del san o) ni es de calidad
que, pues o en omance, se deja ía en ende de odos»30. Se en iende, pues, que ales lib os equie en
lec o es más capaci ados que aquellos pa a los que se des inaba el es o de la ob a. Es el mismo pa ece
de P. de Ribadenei a, su segundo aduc o : «po que las ma e ias que en ellos se a an no son pa a
odos»31. Ul e io e idencia la apo an las in oducciones o p ólogos a las espec i as aducciones que
abundan en dicha mo i ación pu amen e espi i ual32.
El mó il que impulsó la aducción de las Con esiones e a, pues, pu amen e espi i ual y
piadoso. Pensa que en onces pudie an habe exis ido o os in e eses se ía cae en el anac onismo. Po
eso ninguna de ellas lle a no as e udi as de ningún ipo. Al menos S. Toscano e a Maes o en Sag ada
Teología, homb e cul i ado pues; pe o su aducción de la ob a agus iniana no ue u o di ec o de su
p opio Magis e io. Ninguno la emp endió de p opia inicia i a. S. Toscano la lle ó a cabo a pe ición de
una al a dama po uguesa33; P. de Ribadenei a habla ambién de las p esiones que ecibió pa a hace la
nue a aducción.
S. Toscano e a miemb o de la O den de san Agus ín (en onces «E mi años de san Agus ín»).
Pe o si adujo las Con esiones ue a pe ición de una pe sona en onces segla , aunque en la ó bi a
espi i ual de la Compañía de Jesús y de la O den anciscana34. P. de Ribadenei a, po el con a io, ue
jesui a. Son da os que colocan a las Con esiones en su au én ica dimensión eclesial y ecuménica, ue a
del espí i u co po a i o de la O den que lle a su nomb e. El magis e io del obispo de Hipona es
demasiado uni e sal pa a se pa imonializado po nadie.
Una ob a puede se alo ada po los c í icos de o icio o se lo po los lec o es de la misma. Al
espec o, es elocuen e que la aducción de S. Toscano u o co a ida; ue eimp esa a ias eces35,
pe o sólo has a que apa eció la de P. de Ribadei a. Es a anuló o almen e a su p edeceso a. La de P. de
Ribadenei a, en cambio, conci ó la adhesión de los lec o es de la ob a po siglos y ue capaz de con i i
con o as que le siguie on.
T as el juicio de los lec o es, eamos el de los «c í icos». A p opósi o de S. Toscano hay que
an icipa que e a po ugués y, en consecuencia, el cas ellano no e a su lengua ma e na36. P. de
Ribadenei a no emi e juicio di ec o de alo sob e la de su an eceso ; al con a io, a i ma que «po a e
un Pad e an g a e pues o la mano en es e lib o, no quise yo pone la mia en el»37, a pesa de las
insis encia con que se le pedía que hiciese o a. Puede se ó mula de co esía o puede esponde a
e dad; en odo caso, el que haya accedido puede in e p e a se en el sen ido de que la ob a e a
mani ies amen e mejo able. En e los mode nos, o bien se le ep ocha es a hecha con demasiada
sujeción a la le a y en un lenguaje no del odo cas izo y luido38, o bien se alo a posi i amen e su
léxico y concisión39.
Aunque se a e de un ex o sumamen e b e e, no hay que pasa po al o la Regla, o a ob a
en e las p ime as en se aducidas40. Habiéndose cons i uido en no ma de ida pa a a ias Ó denes
eligiosas no ex aña el hecho. Pe o es con enien e ano a que su e sión e nácula es á inculada a la
exis encia en e los que la p o esaban de es g upos cuyo desconocimien o del la ín e a g ande o
absolu o: Las Ó denes mili a es, las Ó denes no cle icales y la ama emenina de las Ó denes
mendican es. De hecho, sólo ela i amen e a de encon amos aducida la Regla pa a la ama
masculina de es as úl imas41. Po o a pa e, lo no mal e a que apa eciese publicada jun o con las
espec i as Cons i uciones. De nue o apa ece el Agus ín maes o de ida espi i ual, aho a de ida
« eligiosa».
Pa a su edición de las ob as comple as de san Agus ín, E asmo con ió al alenciano Juan Luis
Vi es la edición y comen a io de La ciudad de Dios42. Pe o sus Comen a ios ue on acogidos en España
con ecelo, cuando no con hos ilidad, has a acaba incluidos en 1583, po lo que a España se e ie e, en
los Índices y ca álogos de lib os p ohibidos. El hecho no signi icaba p ecisamen e un es ímulo pa a
emp ende la a ea de aduci al cas ellano el opus magnum agus iniano. No obs an e, en 1614 apa ece
la p ime a aducción, lle ada a cabo po An onio Roys y Roças43. En el paisaje cul u al- eligioso que
enimos con emplando esul a ex aña la apa ición de es a ob a, que no se puede con a en e las ob as
de espi i ualidad. El plano que p ime o sal a a la is a es el his ó ico y el eológico, sin ol ida el
ilosó ico. De habe se aducido y publicado quince o ein e años an es, su apa ición se pod ía
elaciona con la de o a de la A mada In encible, juzgada en España como una au én ica ca ás o e,
habida cuen a que la ob a agus iniana su gió como espues a a la oma de Roma po Ala ico, que
sacudió no menos los espí i us de en onces. Igual que P. de Ribadenei a op ó po compone su T a ado
de la T ibulación, al menos la segunda pa e, como espues a a la agedia, ci ando epe idamen e la
mencionada ob a agus iniana, A. Roys y Rozas hab ía elegido aduci la pa a mos a que la
P o idencia ilumina odos los a a a es de la his o ia, po eneb osos que puedan pa ece . Pe o
p e e imos busca el mo i o impulso de la aducción en el p opio ex o de la edición. En el mismo
í ulo, sin e iza así su con enido el aduc o : «con ienen los p incipios, y p og esos des a Ciudad con
una de ensa de la Religion Ch is iana con a los e o es y calumnias de los gen iles». Si el au o
sub aya, pues, el ca ác e apologé ico de la ob a, cabe pensa que ahí eía su alo pa a aquel momen o
en que la Iglesia se hallaba sacudida no ya po los gen iles, sino po los e o mado es. Con el escudo de
la apologé ica podía sen i se segu o. Po o a pa e, la cuali icación de licenciado, se supone que de
De echo, de su au o o ien a la in e p e ación de la ob a más hacia la polí ica que hacia la eología44.
Lejos de odo in e és po el conocimien o his ó ico y sin duda mi ando únicamen e al se icio que
pudie a hace a los gobe nan es, el au o no pa ece su i mucho po que la al a de is a le impidiese
in oduci algunas no as acla a o ias de pun os oscu os45. Da o llama i o es que, jun o a la aducción
cas ellana, man enga las ci as bíblicas en la ín, es ando impo ancia al desconocimien o de es a
lengua46.
En el s. XVIII se ad ie e un mayo es ue zo po hace accesible al público que no en endía
la ín las iquezas del pensamien o agus iniano. De hecho se mul iplican las e siones, an o de ob as ya
aducidas con an e io idad, como de o as nunca has a en onces aducidas.
Como ya he indicado, en la luz dos nue as e siones de las Con esiones. Un hecho obje i o
podía jus i ica las: la apa ición de la magní ica edición de las ob as de san Agus ín e ec uada po los
Benedic inos de la Cong egación ancesa de san Mau o, los llamados Mau inos. La no able mejo a del
ex o que o ecía hacía deseable la nue a e sión. Sin emba go, la p ime a de las nue as aducciones,
la de A. de Gan e47, pa ece desconoce la ci cuns ancia. Según con esión p opia, su aducción ue u o
de la obediencia48. Como sus p edeceso es, excluye ambién los es úl imos lib os, aduciendo es a
azón: «Has a aquí se pueden llama con essiones de san Agus ín los lib os que quedan esc i os po que
los es an es aunque ienen es e í ulo no son Con esiones, sino Exposiciones... y no siendo pa a odos
unos pun os an delicados, ningún aduc o ha que ido pone los en Lengua Española. Lo que queda
esc i o oca a la de oción, lo es an e a la cu iosidad, ò mas al a sabidu ía»49. Aunque el mo i o de
ondo es pas o al50, pa a hace la suya aduce ambién demé i os de las aducciones que exis ían. Les
censu a habe a en ado in encionadamen e con a la in eg idad, no po exclui de la aducción los es
úl imos lib os, cosa que hace ambién él, sino po pasa po al o ex os di íciles51. Reconoce, sin
emba go, que la de P. de Ribadenei a es á hecha «en lengua más cul a y más co esana», mien as que la
p opia apa ece «con menos peynado es ilo»52. Dejando apa e la obediencia, si, a pesa de econoce su
in e io calidad li e a ia, emp ende una nue a aducción, es en bien de la in eg idad que echaba de
menos en las an e io es53. Su es ue zo, sin emba go, no ob u o la compensación de gana se las
p e e encias del público lec o 54.
E. Ceballos, muy conscien e de la opo unidad que o ecía la nue a edición de los Mau inos,
emp endió una nue a e sión con o me a su ex o55. En la época se ía oda ía impensable des incula la
emp esa de un in e és espi i ual, pe o el aduc o ya e ela o as p eocupaciones y o os mé odos. De
una pa e, es á al día de e siones hechas a o as lenguas y las compulsa; de o a, además de hace uso
de un ex o la ino más co ec o, el de los Mau inos, comple ado además po él con apo aciones de o os
manusc i os, aduce la ob a en la in eg idad de sus ece lib os, eba e el pa ece con a io de sus
an eceso es e in oduce no as eológicas y c í icas, omadas unas de o as ediciones ex anje as y
sacadas o as de su pe sonal e udición. El aduc o con iesa habe enido un pa icula y eligioso
cuidado de da exac amen e el sen ido y concep o del o iginal56. El público al que, como a juez, apela el
aduc o 57 le hizo jus icia, pues su aducción se impuso sob e las an e io es y las ediciones se
sucedie on sin cesa en su siglo y los dos siguien es. A. C. Vega le ep ocha el se más bien una
aducción de la e sión ancesa que del o iginal, pe o la juzga esc i a «en buen cas ellano, y
o dina iamen e muy iel y exac a en cuan o al sen ido, se lee con e dade o gus o... Su de ec o p incipal
es se pe i ás ica o lib e»58. Y mucho an es había esc i o M. Menéndez y Pelayo: «la muy bella y
cas iza del P. Ribadenei a, sus i uida..., sin en aja de la lengua, aunque sí de la exac i ud de e sión
(como undada en ex o más co ec o) po la del P. Eugenio Zeballos»59.
Idén ico a gumen o, un ex o la ino más co ec o, le lle ó ambién a aduci de nue o es as es
ob as: Medi aciones, Soliloquios y Manual60, no obs an e con a ya con dos e siones. Se desconoce el
aduc o de la p ime a, siendo la segunda de P. de Ribadenei a, que cosechó un no able éxi o de
lec o es, eedi ándose a ias eces. Fiel a su p og ama, ambién en és a busca an e odo la idelidad al
o iginal61.
La nue a edición de los Mau inos epe cu ió ambién en La ciudad de Dios. Ya a inales del
siglo XVIII, en 1793, apa eció una nue a aducción de la ob a, lle ada a cabo po José C. Díaz de
Bey al y Be múdez62. Digno de no a es que, en un p ime momen o, la aducción de la ob a uese
p oyec ada den o de un ma co más amplio. Su au o e ie e su p ime obje i o de p esen a al público
una Biblio eca Española de los Pad es la inos y g iegos. Di e sas ci cuns ancias hicie on in iable el
p oyec o, pe o él con inuó con la aducción de las ob as agus inianas aún no e idas al cas ellano. Sin
que ue a obs áculo la aducción de Roys y Rozas, comenzó con la de La ciudad de Dios, que publicó
en 12 omos. El plan e a segui con o os esc i os «ya dogmá icos, ya mo ales, ca as, a ados
pa icula es, ques iones y o as ob as del san o, que sob e a ios asun os engo pendien es»63. Sueño que
nunca llegó a hace se ealidad.
La aducción no ha de in e p e a se en cla e de in e és eológico, sino más bien «polí ico». Así
se puede de i a de los da os que el au o apo a sob e sí mismo y de la loa que hace de la ob a. A sí
mismo se p esen a como «indi iduo del Es ado de Caballe os Nobles de es a Co e» y con iesa que sus
conocimien os no son los p opios de un eólogo, sino los de un ilóso o, un ju is a, un polí ico, un
canonis a y un humanis a»64. A la ob a la e «... como un ondo de e udición sag ada y p o ana, donde
han hallado siemp e los más segu os ecu sos, pa a de ende los p incipales pun os del dogma, ealiza
la au o idad de la Iglesia, pun ualiza la po es ad eal, sabe el es ado, o igen, e o es, y el modo más
sencillo de comba i las he egias, ce cio a se de la elaxación de las cos umb es en los siglos de la Ley
na u al, de la Mosáyca, del Gen ilismo y de la E angélica has a el quin o siglo»65. Au o idad de la
Iglesia, po es ad eal, e o es, comba i he ejías, e c.: pun os doc inales que ocaban di ec amen e a la
mona quía.
El au o con iesa que le mue en i os deseos en a o de la humanidad, que le lle an a pone
odo el esme o en que la edición salga «no sólo co ec a, sino en iquecida de ap eciables
documen os»66. Es e in e és documen a io es nue o en las aducciones de las ob as de san Agus ín,
supe ando al de E. Ceballos. De hecho in oduce dos se ies de no as, unas a pie de página, o as al inal
del omo («apéndices», una especie de no as complemen a ias). En las p ime as p e alecen las
e e encias li e a ias, en las segundas o os da os, sob e odo de ca ác e his ó ico, sea de his o ia bíblica
o p o ana, pa a hace comp ensible el ex o67. «Mi único obje o, esc ibe, ha sido p esen a al Público
una ob a an comple a y acabada, que en solos XII omos halle lo que es á espa cido en muchos
cen ena es»68. Con ese in ha enido a la is a cuan os esc i os y documen os le han pa ecido necesa ios,
pa a desempeña el enca go con la p ecisión y exac i ud que deseaba69.
La ob a de Díaz de Bey al se coloca, pues, en pa áme os muy dis in os a los de Roys y Rozas.
Es laudable su olun ad de o ece oda la in o mación posible pa a la in eligencia del ex o, log ada en
buena medida, pe o hubie a ganado aún más si la in oducción hubiese con ex ualizado la ob a en e a.
Jun o a es e in e és especí ico, hay que señala la p eocupación po dispone de un ex o la ino iable.
Aunque su aducción se basa en el mejo ex o de la edición de los Mau inos, a i ma habe enido en
mano los códices y manusc i os an iguos que con ienen las ob as del San o pa a que salgan a la luz
pu gadas de cualquie ye o o de ec o emediable70. En es os aspec os conside a que su ob a supe a a la
de su an eceso , de la que dice, además, que «padece el no able de ec o del es ilo»71. Compa adas
ambas aducciones, la de Bey al no pa ece se o a que la de Roys y Rozas con algunas co ecciones
casi sólo de léxico, man eniendo al cual la ase. En odo caso, los lec o es y edi o es pos e io es
ap ecia on su abajo72, pues las ediciones se sucedie on en un b e e espacio de iempo y se han
ep oducido has a hace poco más de una década73.
El es ue zo aduc o del siglo XVIII, además de busca mejo a las aducciones p eceden es,
se aplicó ambién a á eas de la p oducción agus iniana has a en onces in ocadas: la de las ob as mo ales,
de he menéu ica bíblica y de p edicación, en las que el magis e io de san Agus ín se conside aba
cuali icado.
Al ámbi o mo al co esponde la aducción, po ob a del P. C is óbal de San José y O'Mely, de
La san a i ginidad74, edi ada en un olumen, y de El bien del Ma imonio, El bien de la Viudez, La
O ación y La paciencia75, en o o. El epa o en olúmenes de las ob as es imonia la olun ad de
o ien a la ida de quienes op a on po los dos caminos que o ece la exis encia c is iana: el del celiba o
y el del ma imonio. La in ención p ime a que animó al au o a pone esos opúsculos en omance ue
pas o al, es deci , da los a conoce a segla es que no suelen en ende el la ín ni bien ni mal, pe o no es á
ausen e la apologé ica. En su pun o de mi a es án ambién los «sec a ios del No e», pues, según él,
«uno de los a ículos capi ales de la Re o ma, es la he egia de Jo iniano»76. El au o se complace en
señala , además, o os nume osos pun os doc inales de la Re o ma, que apa ecen e u ados po los
esc i os aducidos. O ece únicamen e el ex o agus iniano sin más adi amen os que las e e encias
bíblicas. Es signi ica i o que el impulso pa a aduci le llega a de una ci cuns ancia ex e io : habe
opado acciden almen e con una e sión ancesa de es os a ados y habe conocido alguna aducción
de se mones del san o en i aliano77. En cuan o a la aducción, él mismo a i ma habe se p opues o
segui el c i e io de san Je ónimo según el cual se ha de « ene más a ención a lo o mal del sen ido que
a lo ma e ial de las palab as, con o me a aquello de Ho acio: nec e bum e bo cu abis edde e
idus»78. En la p ác ica, el c i e io se aduce en amplia libe ad pa a in oduci palab as o ases co as o
sup imi o as, lo que conlle a al e a el sen ido o iginal. En con apa ida, el cas ellano co e muy
luido.
Exis e ambién una e sión de la ob a Las cos umb es de la Iglesia Ca ólica, «p imicias de mis
es udios», de Luis de Rebolledo de Pala ox79. Aba ido po la co upción de cos umb es que p esenciaba
y mo ido po la nos algia de «aquellos iempos elices y aquellos siglos biena en u ados de la p imi i a
Iglesia», el au o , con cie o complejo de segla que eme in adi eudos ajenos, juzgó «con enien e
hace ecue do de aquellos años a los ieles pa a que no echen en el ol ido memo ias que pueden se les
de g an p o echo»80 Llega a odos los c is ianos, has a a los no ins uidos, ue lo que le impulsó a
ealiza la aducción81. Sob a deci que no le mue e el mínimo in e és his ó ico como podía se el de
conoce a los maniqueos, con a quienes a di igida la ob a82. La aducción es espe uosa con el ex o
la ino, ep oduce especialmen e su concisión, pe o sin escla iza se a él.
Al ámbi o de la he menéu ica bíblica hay que e e i la e sión de E. Ceballos de los cua o
lib os sob e La doc ina c is iana83. De ás de la aducción de es a ob a se halla un cambio que se a
p oduciendo en la men alidad de los ieles. Es el mismo aduc o quien lo indica: «I como en es os
iempos no solamen e se ha a i ado mucho en el co azon de los Fieles el deséo de maneja i lee es os
di inos Lib os, sino que ambién se ha acili ado à odos su lec u a, po médio de la T aducción que se
a publicando de oda la Biblia en lengua Cas ellana: pa ece consiguien e i opo uno, que ambien se
publiquen aducidos al cas ellano es os Lib os, que son ò deben se un P e acio legí imo de aquellos: i
que los mismos Fieles que se dedican à aquella lec u a y es údio an saludable, eciban con ap écio la
aduccion de és a Ob a...»84. Pe o, dada la na u aleza de la ob a, el aduc o iene ambién en men e
se i a los p edicado es. Pa a la his o ia de la aducción iene su signi icado que ue a « u o de mis
ocios» y salie a a la luz a expensas de un noble al que el aduc o se ía como capellán85. La
in oducción deja e al homb e cul o que e a E. Ceballos, al día de las dis in as ediciones y
aducciones de la ob a den o y ue a de España; al maes o, que en la in oducción expone con
cla idad el «designio» del obispo de Hipona en su esc i o, aunque sin en a en aspec os his ó icos; al
aduc o , a en o a cues iones lingüís icas y o og á icas y pe plejo an e la di icul ad de pasa al
cas ellano «la ue za, g acia y he mosu a del O iginal La ino», pues o «que ahun aducido bien, pa ece
que no quedaba bien acabado de aduci »86. Ese a án de cla idad le lle ó a añadi no as acla a o ias,
c onológicas o his ó icas, jun o con o as c í icas pa a con la aducción ancesa que enía an e sí.
Incluye la aducción del p ólogo de los Mau inos a la ob a, así como del ex o espec i o de las
Re ac aciones.
A caballo en e el ámbi o esc i u ís ico y el de la p edicación se hallan la aducción de algunos
T a ados sob e el e angelio de san Juan y de los Se mones del san o que explican los Salmos que
dia iamen e se can aban en las ho as meno es del o icio di ino y en las Comple as, ob a una y o a de
D. Manuel Rosell87. A caballo po que, aunque e ec i amen e es amos an e ac a us88 y se mones89, el
in e és del aduc o no es á en o ece modelos de p edicación, sino en se i al lec o haciendo
comp ensible el ex o bíblico a que se e ie en. Es el mismo aduc o quien esc ibe a p opósi o de la
segunda ob a: «muchas pe sonas, aunque en iendan la lengua en que es án esc i os, cosa que no se
e i ica en g an pa e de las des inadas al co o, muy bien pueden deci lo que a S. Felipe... dixo el
Eunuco de la Reyna de E iopía...: cómo pod é en ende lo si no hay alguno que me lo decla e»90. El
con ex o es doble: de una pa e, los salmos se can aban en la ín, que muchos no en endían; de o a, las
aducciones al cas ellano del Sal e io «como an ceñidos bas an emen e á la le a, quedan los salmos
po la mayo pa e con la misma oscu idad na i a; de modo, que siendo necesa ios o os conocimien os
de los que egula men e se ienen pa a la in eligencia de los mis e ios, pa ece que aquellas ob as solo se
hicie on pa a los doc os»91. El se icio que al espec o hacía el comen a io agus iniano es mani ies o.
Tal ue el mo i o, bien p ác ico, de su aducción. El au o no iene la más mínima p e ensión de luci
e udición. Al ex o sólo le acompañan escasas y, po lo gene al, b e es no as explica i as de algún que
o o é mino. La aducción hace gala de no able cla idad.
Po las azones que ue an, no odas las ob as aducidas llega on a la imp en a. En e ellas
me ece mención especial el es ue zo ealizado po Manuel de Fominaya y Mon e oso, O.S.A., quien,
en e 1742 y 1757, adujo buena pa e de la p oducción li e a ia de san Agus ín. Muchas de sus
e siones se conse an en a ios manusc i os de la Biblio eca Nacional92. En e o as, al an la de La
ciudad de Dios, la de las ob as an idona is as y de ca ác e exegé ico, así como las de p edicación. Poco
se sabe sob e el au o y menos sob e el mó il de su aducción, ni po qué no llegó a imp imi se93. Po su
pa e, Basilio Tomás Rosell, O.S.A. adujo los cua o lib os de Doc ina Ch is iana a pa i del ex o de
los Mau inos, añadiendo a las no as de es os o as de su cosecha; adujo igualmen e una pa e del lib o
II de El O den (a pa i del capí ulo no eno), con el í ulo O den de e udición94. Al menos del p ime o
sabemos el mo i o po el que no se publicó: po que le omó la delan e a, un año an es, la ya
mencionada aducción de la misma ob a po Eugenio Ceballos en 179295. Se sabe ambién que José
Bella O.S.A. lle ó a cabo una aducción del epis ola io comple o del san o según el ex o de los
Mau inos, con las no as del ancés Dubois, cuya aducción u o ambién p esen e96. Po úl imo hay
que eseña la aducción de Juan Ba ea, en 1785, de las ob as El O den, La dimensión del alma y
Con a el maniqueo Faus o97. Aunque no llega an a publica se, pa ece jus o pone de elie e es as ob as
po a a se de ob as ilosó icas, las dos p ime as, y una an imaniquea, la e ce a, ue a de los in e eses
de los aduc o es has a ese momen o.
La endencia a aduci cada ez más se ompió en el s. XIX. El hecho se explica en buena
medida po la si uación c í ica en que se encon a on las Ó denes eligiosas. La desamo ización de
Mendizábal con la disolución de las mismas en España y la o zada exclaus ación de sus miemb os,
jun o con la an e io expulsión del eino de España de la Compañía de Jesús po ob a de Ca los III,
hacía imposible dicha ac i idad a los eligiosos. De hecho, en el s. XIX se siguen eedi ando algunas
aducciones an e io es98, pe o como aducción nue a sólo cabe con a las e siones de dos p esbí e os,
F ancisco Camine o y F ancisco Ja ie Besalú y Ros. El p ime o adujo algunos T a ados sob e el
e angelio de san Juan y de ocho Se mones, den o de una colección de ex os homilé icos de los San os
Pad es99. La aducción su ge, de una pa e, del con encimien o de que la p edicación c is iana debe
ene po base el conocimien o y uso amilia de la Esc i u a y de los San os Pad es, y de o a, de los
desno ados mé odos de p edicación del momen o que an e icazmen e había c i icado el P. Isla en su
céleb e ob a F ay Ge undio de Campazas100. Pe o el au o no pone su mi a sólo en los p edicado es,
pues en al caso —dice— le hubie a sido más ácil y ba a o edi a los mismos ex os en la ín; desea
ambién o ece a las amilias c is ianas una lec u a sólida y sob emane a ú il101. Con ese obje i o, el
edi o selecciona de di e sos San os Pad es, en e ellos san Agus ín102, un ex o pa a cada domingo y
día es i o del año li ú gico. Se desconoce quiénes ue on los aduc o es; el edi o a i ma habe
e isado la aducción con de enimien o pa a hace la «lo más iel y lo más sencilla que pudo». Él
mismo mues a no sen i se muy a gus o al añadi que «en las ci cuns ancias que pe sonalmen e nos
odean, no hemos podido hace más» y que c ee que la colección «sale en cas ellano». De hecho, no
des aca ni po la cla idad de los concep os ni po la luidez de la p osa103.
Si a F. Camine o le lle ó a aduci a san Agus ín el calami oso es ado de la p edicación
c is iana, el con encimien o de «la impo ancia inmensa de la p ime a ins ucción c is iana» con i ió a
F. Besalú en el p ime aduc o de la ob a La ca equesis de los p incipian es 104 como medio pa a
« emedia cuando nos sea posible la negligencia, el indi e en ismo y la igno ancia de la Doc ina
c is iana que an o a lige a los homb es de bien, desdo a al siglo p esen e, cub e de lu o a la
Iglesia...»105. Al se icio de ese e o ca equís ico pone su habilidad pa a e e ielmen e al cas ellano
el pensamien o del san o sin que ascienda el e lu io de la ase la ina.
Así concluye un pe íodo de más de cua o siglos. El balance no es excesi amen e posi i o. Las
aducciones publicadas son pocas y más bien ob a de anco i ado es, ue a de odo p oyec o de
conjun o o ma co académico. Después de cua o siglos y medio de uncionamien o de la Imp en a,
quien no conocía el la ín seguía p i ado de la posibilidad de conoce al Agus ín ilóso o, eólogo y
con o e sis a; sólo enía acceso, muy pa cial, al Agus ín mo alis a y maes o monás ico; más pa cial
aún al in é p e e de la Esc i u a y al p edicado ; las pue as se le ab ían al Agus ín «polí ico» de La
ciudad de Dios y al Agus ín espi i ual, aunque lamen ablemen e conocido sólo a a és de ob as
espu ias si se excep úan las Con esiones. In luenciados po aducciones e ec uadas en el ex anje o, en
el s. XVIII los au o es ienden ya a en iquece su ob a con no as explica i as.
Segundo pe íodo (siglo XX)
Comenzamos con lo más signi ica i o espec o de lo que nos ocupa, a sabe , la e ec i a
aducción comple a de las ob as de san Agus ín106, con i iéndose así el cas ellano en lengua pione a al
espec o. Como odo e ec o, ambién es e hecho u o sus causas. En e ellas ano amos: la celeb ación,
en 1930, del XVº Cen ena io de la mue e de san Agus ín; el sucede se de la gue a ci il española y la
segunda mundial; el impulso de un cie o núme o de agus inos y agus inos ecole os de econocido
p es igio in elec ual y la undación de la Biblio eca de Au o es C is ianos.
La celeb ación del mencionado Cen ena io ea i ó en la O den de san Agus ín la conciencia
agus iniana y susci ó la idea de una edición española de las ob as comple as del san o107. Las dos
gue as mencionadas dejaban cons ancia de una quieb a de alo es y de que an o España como Eu opa
necesi aban un e ulsi o espi i ual. Un de e minado núme o de eligiosos de sólida p epa ación
in elec ual, homb es aman es del es udio y amilia izados con san Agus ín, pe o con el ojo a izo al
mundo que les odeaba108, es aban con encidos de que san Agus ín enía una palab a que deci en aquel
momen o ágico de la his o ia. Lo pensaban y lo esc ibían abie amen e109. Ellos die on el impulso y
ellos pusie on el es ue zo inicial.
Po p ime a ez apa ecía un p oyec o compa ido, aunque aún pa cial, de aducción de las
ob as de san Agus ín al cas ellano. E a, sin duda, una no edad. Pe o posiblemen e el p oyec o hubiese
quedado sólo en eso de no habe exis ido un cauce que acili ase hace lo ealidad. Dicho cauce se lo
b indó la Biblio eca de Au o es C is ianos que comenzaba a da los p ime os pasos. Su p opues a de
o ece a los lec o es «el pan de la cul u a ca ólica» equi alía a ab i de pa en pa sus pue as a las
ob as de san Agus ín: biog á icas, ilosó icas, apologé icas, eológicas, exegé icas, homilé icas,
epis ola es, mo ales, e c. El p oyec o inicial es aba limi ado a las ob as más signi ica i as, pe o p on o
ue modi icado pa a in eg a un núme o mayo , aunque siemp e una selección110. Al é mino del mismo,
un c í ico ex anje o esc ibía: «aquí acaba una bella emp esa, hon a de sus iniciado es»111.
El seno en que se ges ó y nació el p oyec o no ue ningún ámbi o académico conc e o, sino el
de las amilias eligiosas que lle an el nomb e del San o. Pe o lo animaba un espí i u de ho izon es
abie os. Se p e endía se i , po supues o, a los miemb os de dichas amilias, pe o ambién al conjun o
de la Iglesia y de la sociedad; a la piedad, pe o ambién a la ciencia; a eólogos, pe o igualmen e a
ilóso os y a la cul u a en el sin in de amas que encuen an campo de cul i o en la oluminosa y
a iada ob a del obispo de Hipona. Los des ina a ios de la colección en su conjun o no e an los
especialis as en san Agus ín; sin se una colección es ic amen e écnica, ponía en manos de los
ca ólicos y no ca ólicos cul i ados los ins umen os de o mación y cul u a sumamen e ú iles pa a el
momen o112.
Es a nue a edición se dis inguía de las an iguas po su ca ác e bilingüe, al i acompañada del
ex o la ino la aducción española. Con o me a lo es ipulado en el con a o, cada ob a lle a su
in oducción pa icula , además de la gene al, cuando el olumen incluye a ias ob as de idén ico
a gumen o. Pe o no odas alcanza on el mismo ni el. Algunas e an pa icula men e icas y o ecían,
desde pe spec i as p opias de cada au o , el es ado de la in es igación agus iniana has a en onces,
e e ida al ámbi o en que se encuad aba la ob a113; o as, menos e udi as, no desme ecían del conjun o;
algunas, sin emba go, no pasaban de me as p esen aciones. P on o se pe cibió la al a de «mano de
ob a» especializada; quienes enían capacidad pa a hace las con compe encia no daban abas o. No odos
los colabo ado es se ubicaban en el ámbi o de la docencia supe io . En un pe íodo en que el
conocimien o del la ín e a habi ual en los clé igos, el pa icipa o no dependía en buena medida de la
disponibilidad pe sonal, aún sin una p epa ación especí ica.
Las no as explica i as se con emplaban ambién en el con a o, pe o no se siguió un c i e io
uni o me. Sólo las ienen aquellas ob as, y no odas, cuyo aduc o se mo ía habi ualmen e en el campo
de los es udios agus inianos. De iciencia lamen able, po que nada aleja an o de la lec u a de un ex o
como el ca ece de una ayuda cuando po dis in as azones se uel e oscu o, algo que acon ece a
menudo en las ob as an iguas. Las publicadas en la p ime a e apa ca ecen de índices de ma e ias, hecho
que ep esen a un e oceso espec o de algunas ediciones de siglos pasados, además de incumpli lo
es ipulado114.
En oda ob a colec i a es ine i able que unas pa es alcancen más alo y o as menos, según
los di e sos colabo ado es. Es el caso de las aducciones en cuan o ales. A ni el li e a io, como los
es ilos suelen i muy inculados a la pe sona, hay aducciones elegan es y descuidadas, sob ias y
lo idas, escla as de la palab a y ase la ina y lib es espec o de ellas. La idelidad al con enido, en
cambio, depende ya más del ni el de p epa ación especí ica, no able en algunos, buena en o os y quizá
algo de icien e en o os. No obs an e dis a mucho de se una ob a pe ec a, el se icio que p es ó la
edición bilingüe ue conside able, den o y ue a de España en e o as cosas po que, debido a su
módico p ecio, accesible has a pa a los bolsillos más modes os, o ecía jun o a la aducción, el ex o
o iginal de la edición de Migne115.
Apenas publicada ya la mi ad de las ob as del san o, u o luga el acon ecimien o más
impo an e de la Iglesia en el siglo XX: la celeb ación del Concilio Va icano II. En e sus mensajes
es aba la in i ación a ol e a las uen es de la ida eclesial y, en conc e o, a los Pad es de la Iglesia. El
hecho c eó una nue a conciencia. El público de habla hispana disponía ya, es cie o, de las ob as más
impo an es del san o en lengua e nácula. Pe o p on o se conside ó insu icien e y se planeó aduci la
o alidad de su ob a. Los que habían impulsado el p ime p oyec o aún se hallaban en ida, pe o su
a anzada edad no les pe mi ía se ya p o agonis as de la nue a e apa. Les bas ó se animado es del
nue o p oyec o. O os miemb os de las dos amilias eligiosas oma on el ele o y die on los pasos
opo unos. La nue a e apa se planeó como con inuidad y no edad, a la ez, espec o de la an e io . La
con inuidad en cuan o a su ca ác e bilingüe y a la Edi o ial que las acoge ía, con la que se i mó, en
1983, el nue o con a o pa a la publicación de odas las ob as del san o que aún al aban en la
colección, en la olun ad de o ece in oducciones gene ales y pa icula es que ambien asen
adecuadamen e cada ob a según el es ado ac ual de los es udios agus inianos, y no simples
p esen aciones; de inco po a no as explica i as de di e sa índole, ya a pie de página, ya al inal como
no as complemen a ias más ex ensas, y de elabo a cuan os índices pa ecie an opo unos. La no edad se
mani es aba en el deseo de o ece , cuando ue a posible, el ex o la ino de una edición c í ica, aunque
sin su apa a o c í ico116 y, pa a acili a la consul a, in oduci las e e encias a o as ediciones ya
clásicas.
Dos ci cuns ancias a o ecie on y, en o o sen ido, en o pecie on la edición. Una, la
cons a ación del p og esi o desconocimien o del la ín, incluso en ámbi os, como el cle ical, que
adicionalmen e lo habían cul i ado. Al i mo que lle aba, p on o se ían habas con adas quienes
pudiesen lee las ob as del san o que no es u ie an aducidas, lo que signi ica ía un empob ecimien o
y, en ámbi o eclesial, un con a eni las ecomendaciones concilia es. Si no se hacía en aquel momen o,
más di ícil se ía hace lo en época pos e io . O a ci cuns ancia ue la inminencia, a muy pocos años
is a, del XVI cen ena io de la con e sión de san Agus ín. Has a se soñó con pode p esen a la edición
comple a pa a la clausu a de al e emé ides, algo que luego se mos ó como lo que e a, un sueño. La
ci cuns ancia acili ó que el p oyec o ue a asumido po quienes, además de comulga con él, debían
inancia la edición117. La misma ci cuns ancia u o, sin emba go, sus e ec os nega i os. «Nunca las
p isas ue on buenas conseje as», sos iene la sabidu ía popula . El abajo se io iene sus i mos p opios
que, si no se espe an, pasan ac u a. Sin duda, más de una ob a hubiese ganado mucho en calidad si se
hubiese p epa ado con más eposo y se hubiese some ido a ul e io es e isiones.
La ealidad e idenció que el p oyec o no podía cumpli se en an co o plazo de iempo, y an o
menos habida cuen a que incluía la eedición, con o me a las nue as pau as, de las ob as ya ago adas
del p oyec o an e io . En unos casos, encon a colabo ado es con un mínimo de ga an ía cons i uía un
p oblema; en o os, quien había acep ado la colabo ación sólo podía ese a le el poco iempo que le
quedaba lib e de o as ocupaciones. Con odo, pudo acaba se sin que el e aso llegase a una década con
el olumen 40, publicado en el 1995118.
Con sus mé i os y demé i os, ahí es á al se icio de cuan os se sien en a aídos, po un mo i o o
o o, po la pe sonalidad y pensamien o del san o. Se podía habe hecho mejo , sin duda; pe o había que
impedi que lo óp imo se con i ie a en enemigo de lo bueno». Y lo bueno en ese con ex o e a dispone
de un ex o que pe mi iese al acceso a la ez a las pe sonas que supiesen la ín y a las que no lo supiesen,
dado que la edición e a bilingüe. A ene se a un ele ado ideal de pe ección, en la p ác ica hubiese
signi icado, no ya que muchas ob as del san o no es u iesen aún en las lib e ías a mano de quien quie a
usa de ellas, sino que ampoco se supiese cuán o iempo hab ía de pasa pa a que se hiciese ealidad.
Pe o la ac i idad aduc o a espec o de las ob as de san Agus ín no se limi a a las publicadas
po la Edi o ial Ca ólica. A lo la go del siglo XX, el me cado edi o ial español ha conocido o as
aducciones, pe o siemp e de modo aislado, es deci , ue a de oda colección de ex os agus inianos.
Con odo, aunque jun o a o os ex os de los Pad es, la colección Excelsa de la edi o ial Aspas publicó,
a mi ad de siglo, a ias nue as e siones. Se a aba de las siguien es ob as: El bien del ma imonio, De
la san a i ginidad y del bien de la iudez; Los cua o Lib os sob e la ciencia c is iana; T a ados sob e
el e angelio de san Juan y T a ados sob e la p ime a ca a de san Juan, de las cuales sólo es a úl ima
ob a lo e a po p ime a ez119.
Como cabía espe a , las Con esiones siguie on siendo la ob a con mayo eclamo pa a los
aduc o es. An es digamos que sólo la nue a espi i ualidad que se ab ió camino con el Va icano II ue
capaz de de ene el paso a nue as ediciones de las Medi aciones, Soliloquios y Manual apóc i os120.
Vol iendo a las Con esiones, en es e siglo se siguie on eedi ando aducciones an iguas121, al mismo
iempo que a ias o as nue as122. Sólo una, la de A. C. Vega, apa ece hecha sob e un ex o c í ico del
mismo au o de la aducción, con abundan ísimas no as123. Las demás an di igidas odas al más
amplio público y las hay pa a odos los gus os: ín eg as o mu iladas, ya de los es úl imos lib os, ya de
los ex os no na a i os124; más o menos ieles al ex o y ase la inos125; más b illan es desde el pun o
de is a li e a io o menos126. A excepción de la de Vega, en líneas gene ales, las demás ediciones
apo an muy poco, sal o en algunos casos el mejo cas ellano; de o dina io, los aduc o es no son
pe sonas amilia izadas con la ob a del san o, las in oducciones a eces son me as p esen aciones; las
no as —cuando las ienen— ca ecen de oda o iginalidad; en algún caso, el ex o con iene más lagunas
de las ole ables. Las colecciones en que apa ecen son de con enido a iado: de li e a u a, de iloso ía,
de ex os clásicos o de ex os de espi i ualidad, e c.
El a án cien í ico de que ca ecen las mencionadas aducciones de las Con esiones se halla
p esen e en la nue a aducción y edición de La ciudad de Dios, incluida en la Colección hispánica de
au o es g iegos y la inos, que se suma a las dos ya conocidas de los siglos XVII y XVIII127, y a la
apa ecida en la Biblio eca de Au o es C is ianos. Rep esen a una no edad po cuan o la colección que
la cobija deja e que sale del ámbi o eligioso pa a ubica se en el campo de los es udios del mundo
clásico. Aunque p oyec ada en a ios olúmenes, sólo ie on la luz los dos p ime os, que con ienen los
cinco p ime os lib os 128.
O as ob as han ido apa eciendo de o ma aislada en di e sas edi o iales. En pocos casos el
in e és es ilológico129; en la mayo pa e, con inúa es ando el u o espi i ual pa a el lec o po encima
de cualquie o a conside ación, po lo que las ediciones a amen e apo an no edad signi ica i a al
conocimien o de la ob a y del san o. De hecho, casi en su o alidad apa ecen en con ex os eligiosos y
eclesiales, como ediciones di igidas a un as o público130.
Concluimos es e elenco mencionando la aducción de la ob a De cu a p o mo uis ge enda.
Llama la a ención po habe se ealizado no desde el la ín sino desde o a aducción ancesa131.
inalmen e di e sos los i ulos de odos los Capí ulos ù de quasi odos: po oda és a di e sidad y
mejo ía, pa eció jus o el hace una T aduccion nue a de és as Ob as, según la mencionada edicion de
SAN MAURO: pa a que no es u iese mas iempo de audado el Público de las mejo as que iene dicha
edicion, compa ada con odas las an e io es» ( . 9 ).
61. «No me con en é con aduci y decla a sus pensamien os, usando lib emen e de mi es ilo, sino
a ándome lo más posible al es ilo, ases y oces del o iginal, pa a que an o más conse ase de su
p ime a ene gía, ne io y solidez, cuando más pa ecidas uesen mis palab as y exp esiones á las de San
Agus in» (ed. de 1851, p. 137).
62. La Ciudad de Dios del Pad e y Doc o de la Iglesia S. Agus ín, Obispo de Hipona, di idida en 22
lib os; aducida del la ín al cas ellano po el D . D. José Caye ano Diaz de Bey al y Be múdez, del
g emio y Claus o de la R. Uni e sidad de Huesca, oposi o a sus cá ed as de Leyes y Cánones,
indi iduo del es ado de Caballe os y Nobles de es a Co e... Mad id 1793. Imp en a eal, 8 omos. Se
eedi ó en 1795. 1796. 1797 (se mandó expu ga po dec e o del 13 de no . de 1794 y edic o de ab il de
1799), 1843 ( omos 173-175 de la Biblio eca clásica. T as se esc upulosamen e e isada, la edi ó el
Apos olado de la P ensa, Mad id 1939).
63. Ib., p. XVI.
64. P ol. I, p. VII.
65. P ol. I, p. XXIV.
66. Ib. I, p. XVII.
67. Así lo expone el au o : «... decla ando en ellas quan o apa ece ambiguo, con uso ó di icil de
comp ende . El o den que se obse a en ellas es el siguien e: odos los pun os que el San o oca, ya
pe enecien es al dogma, ya á la e dade a in eligencia de odos los lib os del an iguo y nue o
Tes amen o, á la elacion his ó ica y c onológica de ellos, sus peculia es e siones, esolución de las
cues iones que se a an en ellos, y suma ios de los p incipales hechos, y acciones glo iosas de los
Jueces, Reyes y P íncipes de Judá é Is ael, a icinios de los P o e as y sucesos memo ables, se han
p ocu ado ilus a con no as y apéndices, que acla an cualquie a di icul ad que pudie a esul a de su
lec u a, y exponen cla amen e la sana doc ina del San o» (I, pp. XVII-XVIII).
68. Ib., I, p. XXII.
69. Ib. I, p. XXXII.
70. Ib. I, p. XXIII.
71. Ib.
72. También en es e caso los juicios a ían de au o a au o . Disc epando de los jesui as que op a on po
la aducción de Díaz de Bey al pa a eedi a la, con las co ecciones opo unas, en el «Apos olado de la
P ensa», esc ibe P. Ma ínez Vélez en la ecensión de es a úl ima: «Pa a noso os ni una ni o a e sión
son buenas, pues al aban a sus au o es dos condiciones indispensables: el conocimien o p o undo de la
lengua cas ellana y el del pensamien o y es ilo de las ob as de san Agus ín... Pe o..., pues os a elegi ,
p e e imos la aducción del p ime o (Roys y Roças) a la del segundo (Díaz de Bey al), po es a más
ceñida al ex o y ene más sabo cas ellano. Po eso nos pa ece bien que se ep odujese du an e la
segunda mi ad del s. XIX en Valencia, y nos pa eció mal que la pe i ás ica y a eces a igan e de Díaz
de Bey al se eedi a a en la Biblio eca clásica de la benemé i a Lib e ía He nando» (La ciudad de Dios
de san Agus ín, en Religión y Cul u a 1 (1930) 447-452: 450-451).
73. En 1989 ue eedi ada en Buenos Ai es po «Club de Lec o es».
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