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Traducción e interferencias comunicativas

Albaladejo Mayordomo, Tomás

Abstract

En este artículo me ocupo del papel del traductor en relación con la fidelidad del texto traducción al texto origen. Las interferencias de los traductores en la comunicación que tiene lugar mediante traducción son estudiadas de acuerdo con el tipo de texto. Las interferencias negativas excepcionales que hay en la traducción práctica se distinguen de las interferencias aceptadas que se dan en la traducción literaria. Se examinan situaciones comunicativas de traducción oral inmediata en Kosovo, de las que han informado los periódicos, como muestra de interferencias comunicativas en la traducción. Se toma en consideración la traducción de Carlo Emilio Gadda de uno de los Sueños de Quevedo al italiano como ejemplo de interferencias aceptadas incluidas en la práctica sistemática de la excepción comunicativa -siguiendo este concepto de Antonio García Berrio- en la traducción literaria, que se opone a la excepción comunicativa en la traducción no literaria

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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 TRADUCCIÓN E INTERFERENCIAS COMUNICATIVAS Tomás ALBALADEJO Universidad Autónoma de Madrid 1. La traducción es una actividad cuya finalidad es hacer posible o facilitar la comunicación cuando el productor utiliza una lengua que el receptor no conoce o de la que no tiene un conocimiento suficiente para garantizar un acto de interpretación válido. Ello, sin olvidar la posibilidad de que el receptor de la traducción conozca bien la lengua de partida y, a pesar de ello, decida o tenga que actuar como receptor del texto en la lengua de llegada. La traducción es una actividad de mediación en la comunicación, una actividad de interpretación mediadora, es decir, de mediación interna o textual (Albaladejo, 1998a). Es interpretación con función reproductiva o representativa (Betti, 1975: 40-55), que necesariamente atiende a la transmisión orientada a una nueva recepción del texto que es objeto de traducción. Es una forma de transducción (Doležel, 1986: 28 ss.; 1990: 167-175), de metacomunicación (Popovič 1979: 524-525; Aguiar e Silva, 1986: 330-331). La traducción es transformación y transferencia (Albaladejo, 1998a) en tanto en cuanto consiste en la transformación de un mensaje que es pasado de una lengua a otra y en la transferencia de este mensaje, ya transformado, a unos receptores que están en condiciones de interpretarlo en la lengua a la que ha sido traducido. Por tanto, la traducción es interpretación transitiva, interpretación que el intérprete que es el traductor y que actúa como receptor y como productor hace llegar a otros receptores. La interpretación como actividad hermenéutica y la traducción están estrechamente unidas (Gadamer, 1977: 462, 623-624; 1992: 330; Gabilondo, 1997: 227-230). Para George Steiner toda interpretación es una traducción en una misma lengua (Steiner, 1977: 17-48). Por su parte, Claudio Guillén considera que el traductor tiene mucho de crítico literario (Guillén, 1985: 353), al llevar a cabo una interpretación aclaradora del texto que traduce. Octavio Paz, en cambio, separa al traductor del crítico, por la tendencia a la analogía con el texto original que guía la labor del traductor (Paz, 1971: 17). Lo que está fuera de toda duda es que tanto el crítico como el traductor interpretan. Si interpretar es traducir, traducir es interpretar, pero es un interpretar para comunicar, es interpretar textos (o partes de textos, en el caso de la traducción de un diálogo, por ejemplo) para producir otros textos (o partes de textos). Traducir es, pues, una actividad fundamentalmente textual, es pasar del texto al texto (Albaladejo, 1982; 1998a). 2. La función mediadora de la traducción se asienta, por tanto, sobre la transformación y la transferencia. No obstante, en ocasiones dicha función mediadora resulta fallida a causa de que en el acto de traducir se da la presencia de interferencias comunicativas generalmente causadas desde el contexto y de su influencia en los traductores, o debidas a la voluntad de los propios traductores de condicionar, de acuerdo con sus intereses, la expresión resultante del acto de traducción, alterando, al traducir, el significado de la expresión que es objeto de traducción. - 1 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 2.1. En un trabajo anterior (Albaladejo, 1992b) me he ocupado del proceso de traducción del texto literario y he presentado una adaptación a la misma del modelo lingüístico-textual —la TeSWeST ampliada II (Albaladejo, 1983)— que construí a continuación y como desarrollo de la TeSWeST ampliada I (Albaladejo, 1981), elaborada a partir de la TeSWeST (Text-Struktur WeltStruktur Theorie, teoría de la estructura del texto y de la estructura del mundo) de János S. Petöfi (1971; 1973; 1975; 1979; 1992; Vitacolonna, 1999). El proceso de traducción es un proceso comunicativo formado por la recepción por el traductor del texto que ha sido producido por el productor en la lengua de partida y por la producción por el traductor en la lengua de llegada de un nuevo texto que es dirigido a los receptores de la traducción, por lo que es un proceso inserto en una serie comunicativa compleja de producción-recepción-producción-recepción (García Yebra, 1984; Tonfoni, 1982; Arcaini, 1992; Torre, 1994; Albaladejo, 1992b). En dicho modelo aplicado a la traducción literaria cabe la posibilidad de creación lingüística —de creación que en definitiva es literaria— que el traductor puede llevar a cabo en la traducción del texto, con la consiguiente posibilidad de una cierta interferencia en el proceso de traducción con intervención adicional —es decir, la intervención que se produce además de la intervención que consiste en transformar el texto de una lengua a otra— en el texto, que, sin adulterarlo, suponga en la traducción una plasmación de su visión del texto original. No en vano, el traductor literario tiene una importante vertiente de creador. 2.2. En cambio, la traducción no literaria, cuya finalidad es esencialmente práctica, se basa en la fidelidad al texto original, al texto del que se parte en la traducción. Por ello, el problema comunicativo se plantea cuando la interferencia se produce en la traducción de textos no literarios, en la que puede suponer la distorsión del mensaje que ha de ser traducido y que, con tal finalidad, es confiado al traductor. Las situaciones de conflicto bélico son propicias a las distorsiones en la traducción de mensajes. Ejemplo de ello es lo sucedido recientemente en Kosovo. Así, en una entrevista al patriarca Pavle, o Pablo, jefe de la Iglesia Ortodoxa Serbia, publicada en El País por Miguel González, enviado especial de este diario a Pec, se lee: «[...] De los 60.000 serbios que vivían en esta zona de Kosovo, sólo quedan 500 ó 600, afirma el metropolitano Anfiloquio, quien acompaña al patriarca durante la entrevista y al que hay que seguir atentamente para evitar que sus propios puntos de vista se mezclen con su tarea como intérprete. [...]» (Miguel González, en El País, 2 de julio de 1999: 6). La profesionalidad del enviado especial impide que se produzcan los efectos de la mezcla de las aportaciones del intérprete —traductor oral inmediato, que hace una traducción simultánea o sucesiva— con las palabras del entrevistado, que él traduce y que no debe modificar, puesto que de lo que se trata, dentro de la lógica objetividad que se pretende en la entrevista periodística, es conocer las opiniones de Pavle, puesto que es a éste a quien se hace la entrevista y no a Anfiloquio. Puede uno preguntarse si Anfiloquio sabe que su función no es otra que la de traducir a una lengua que entienda el periodista lo que dice el patriarca. Es seguro que lo sabe, pero difícilmente se mantiene dentro de los límites de su tarea, que es la de intervenir en la palabra ajena traduciéndola con fidelidad. Es éste un caso de interferencia, de intervención adicional, del intérprete en el - 2 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 discurso del interpretado o, al menos, de intento de interferencia ante el que el periodista nos pone sobre aviso. Lo que al metropolitano Anfiloquio se le pide es una interpretación mediadora de lo que comunica el patriarca Pavle, una interpretación que no es para él mismo, sino que, puesta en otra lengua, pasa al periodista, que la transmite a los lectores de la entrevista. La intervención en la palabra que se espera de él es la de traducir sin interferencias lo que dice Pavle. Pero la realidad es que la palabra cuya transmisión en una lengua distinta de aquella en la que es pronunciada se confía a alguien puede ser objeto de interferencias que en unos casos responden a una compulsiva necesidad de intervenir con aportaciones propias y en otros a una voluntad de modificación del discurso original para, con esta modificación, aproximarlo a los destinatarios del mismo en otra lengua. Las distorsiones son más frecuentes en la traducción de mensajes orales de comunicación inmediata y directa (es decir, no sujetos a la mediatez de una grabación magnetofónica o magnetoscópica), al no ser fácilmente contrastable la traducción con el mensaje original y al hacerse la traducción ante los destinatarios finales del mensaje. En el artículo Kosovo, la utopía de un Estado multiétnico (El País, 11 de julio de 1999), José Comas se ocupa, entre otros asuntos, de los problemas de comunicación de las fuerzas de la Organización de las Naciones Unidas en Kosovo (Kfor) causados por el desconocimiento de la lengua y la cultura de los albanokosovares y, tras referirse al asesinato de varias personas, escribe: «[...] Oficiales alemanes de la Kfor, encargados de proteger a minorías maltratadas por el ELK, se presentan en el lugar de los hechos, lanzan un enérgico discurso de advertencia a los mandos guerrilleros para fijar los límites que no pueden pasar y animan a denunciar cualquier tropelía. Se retiran satisfechos los militares, pero ignoran que el intérprete albanés suavizó de forma notable el mensaje a la hora de traducir por convicción o por miedo a la presencia de elementos del ELK de paisano. El despiste de los militares alemanes lo expresaba de forma gráfica un suboficial alemán cuando decía: "No sabemos si nos alaban o nos insultan". Resulta difícil encontrar una expresión más palpable de la impotencia de la Kfor ante una estrategia de los albanokosovares que tiende a la creación de un Estado independiente y con una sola etnia» (José Comas, en El País, 11 de julio de 1999: 8). Convicción y, en consecuencia, intento de adecuar a los propios planteamientos lo que está traduciendo o búsqueda de conveniencia a los intereses de los destinatarios en aras de una mayor aceptabilidad del mensaje por parte de éstos llevan al intérprete albanés de los oficiales alemanes de la Kfor a intervenir con interferencias en la palabra de éstos. Este intérprete traduce en una compleja situación comunicativa de poliacroasis, si se aplica a la traducción este concepto y término que he elaborado inicialmente para explicar la multiplicidad de receptores y de recepciones del discurso retórico (Albaladejo, 1988b): por un lado lo oyen los militares alemanes, que no pueden entender lo que dice el intérprete, al no conocer la lengua a la que éste traduce lo que ellos dicen, también lo oyen albanokosovares que no son miembros del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) y probablemente también albanokosovares que son miembros de éste, cuya presencia infunde al intérprete un temor que condiciona su traducción. Son precisamente estos oyentes, los miembros del ELK, los que constituyen el que se convierte para el intérprete en grupo central de oyentes en la situación de poliacroasis, de tal modo que hace su traducción en función de este grupo. En esta actividad comunicativa que es la traducción que hace el intérprete albanés subyace una relación de alteridad entre el hablante y los oyentes (Albaladejo, 1999), relación que es - 3 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 fundamental en toda comunicación y que adquiere una importante intensidad en la oratoria y en la traducción; en este caso la relación de alteridad lleva a la tendencia a la identificación entre el intérprete y el que para él es el oyente (o grupo de oyentes) central en el auditorio. Tanto el intento del metropolitano Anfiloquio de introducir sus puntos de vista cuando está traduciendo como la acción suavizadora del intérprete albanés de los militares alemanes suponen, en la inmediatez de la comunicación oral, intervenciones adicionales, interferencias, en discursos ajenos cuya transformación en expresiones en otra lengua les ha sido confiada con el presupuesto de que no alterarán el significado de lo que traducen y de que, por tanto, no inducirán a confusión a los oyentes sobre lo que han dicho aquellos cuyas expresiones traducen. En ocasiones al intérprete le resulta difícil dejar de modificar lo que traduce, desde la posición de quien considera que el discurso que interpreta no responde suficientemente a la realidad o está alejado de lo que esperan oír los destinatarios. Posiciones distintas, pero próximas, son la de Anfiloquio y la del intérprete albanés. Pretender introducir los propios puntos de vista es un intento de desvirtuar el discurso que es objeto de interpretación y suavizarlo tiene el riesgo de que no se cumpla la función de hacerlo llegar tal como es a los oyentes, a quienes se les está indicando que actúen, es decir, se les están dando instrucciones de actuación, en función de lo que ha sido dicho en la lengua de la que se traduce. En Kosovo se han repetido los casos en los que los intérpretes adquieren protagonismo debido a intervenciones en la palabra que van más allá de su función mediadora y que constituyen interferencias con consecuencias negativas para la convivencia. En una crónica de Jorge Marirrodriga, enviado especial a Pristina, publicada en El País de 27 de julio de 1999, se hace referencia al descontento de los vecinos de Gracko, donde habían sido asesinados catorce agricultores serbios, con los intérpretes: «[...] En Gracko, la tensión sigue creciendo. Los vecinos se muestran encolerizados por la actuación de los soldados británicos y acusan a los intérpretes —albanokosovares que hablan serbio— de "dar órdenes en vez de traducir". Los vecinos aseguran que los intérpretes albanokosovares realizan una traducción sesgada de sus palabras, lo que enrarece la relación con los soldados, y han exigido que se les faciliten intérpretes serbios. Sin embargo, varios vecinos han optado por no entrar en polémica con los soldados, ni escuchar los continuos llamamientos de Kouchner para que permanezcan en Kosovo, y han decidido huir de la zona. [...]» (Jorge Marirrodriga, en El País, 27 de julio de 1999: 5). En esta situación comunicativa, al contrario que en el caso anterior, la alteridad que supone la traducción lleva al distanciamiento entre los intérpretes albanokosovares y los oyentes serbios. Hay que observar que, tanto en este fragmento de texto periodístico como en el fragmento del texto de José Comas hay referencias a las consecuencias de la interferencia en la traducción que son muy negativas para la convivencia («Sin embargo, varios vecinos han optado por no entrar en polémica con los soldados, ni escuchar los continuos llamamientos de Kouchner para que permanezcan en Kosovo, y han decidido huir de la zona», «Resulta difícil encontrar una expresión más palpable de la impotencia de la Kfor ante una estrategia de los albanokosovares que tiende a la creación de un Estado independiente y con una sola etnia»). - 4 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 La tarea del intérprete es netamente práctica; consiste en trasladar a la lengua de llegada lo que se dice en la lengua de origen, sin añadir, quitar o modificar sustancialmente nada. Esto no quiere decir que haya de traducir necesariamente de manera literal, ya que para garantizar la comprensión de lo que traduce tendrá que llevar a cabo las adaptaciones imprescindibles para que los oyentes lo entiendan sin problemas, intentará traducir la variación lingüística (Mayoral Asensio, 1999), pero deberá mantener el significado completo de lo expresado en la lengua de origen. El traductor debe reconstruir el campo retórico (Arduini, 1991; 1996; 1998) en el que ha sido producido el texto original, es decir, debe volver a crear el conjunto de rasgos contextuales, expectativas, presuposiciones, etc. del texto original, con el fin de facilitar la comprensión del texto traducción. El traductor oral, el intérprete de textos orales, sin faltar a la fidelidad al texto original, no sólo puede, sino que debe buscar la adecuación de su traducción, es decir, del texto resultado, a la comprensión de los destinatarios desde diferentes puntos de vista, sociolingüístico, antropológico, social y cultural, manteniendo la equivalencia (García-Landa, 2000) con el texto original. 2.3. La actuación de quien traduce de una lengua a otra está estrechamente relacionada con el tipo de discurso que es objeto de interpretación y mediación. El traductor que traduce textos escritos que no son literarios está sometido a las mismas exigencias que los intérpretes o traductores orales. En cambio, el traductor literario tiene un margen de cierta amplitud para intervenir en la obra que traduce (Ortega y Gasset, 1964; Torre, 1994; 1999; Valesio - Díaz, eds., 1994). La libertad del traductor de obras literarias está unida a la dimensión de creación que tiene su actividad, pues puede considerarse con Ortega y Gasset que la traducción es un género literario (Ortega y Gasset, 1964: 449). No en vano, para Walter Benjamin, la obra original tiene en la traducción su expansión más amplia y renovada (Benjamin, 1994: 287). La libertad del traductor literario está basada en las posibilidades que abre a la traducción literaria la práctica sistemática de la excepción comunicativa, concepto propuesto por Antonio García Berrio (1994: 81-97) con un rendimiento muy alto en la explicación de lo que es la literatura. El traductor literario tiene mucho de autor y su traducción es una reescritura, una forma de creación, que permite que pueda llegar a una intervención con interferencia creadora en los diferentes niveles de la obra, aunque con el mantenimiento del significado o, al menos, de lo esencial de éste. Como el creador literario en los distintos niveles semiótico-lingüísticos de la obra literaria, en la que la literariedad viene dada por la práctica sistemática de la excepción comunicativa en uno o varios de dichos niveles y no necesariamente en la totalidad de los mismos, el traductor literario puede acogerse o no a la práctica sistemática de la excepción comunicativa, a la práctica de la excepción comunicativa aceptada. El traductor literario tiene la libertad de activar esta posibilidad de intervención adicional en la palabra del autor, intervención que en la literatura ya no sería considerada interferencia negativa para la comunicación. Piénsese, entre otros casos, en la traducción que Carlo Emilio Gadda hace al italiano de El mundo por de dentro de Francisco de Quevedo, de donde reproducimos el siguiente fragmento: «[...] En esto llegamos a la calle mayor; vi todo el concurso que el viejo me había prometido. Tomamos puesto conveniente para registrar lo que pasaba. Fue un entierro en esta forma: venían envainados en unos sayos grandes de diferentes colores unos pícaros, haciendo una taracea de mullidores; pasó esta recua incensando con las campanillas; seguían los muchachos de la doctrina, meninos de la muerte y lacayuelos del ataúd gritando su letanía, luego las órdenes, y tras ellos los clérigos, que galopeando los responsos, cantaban de portante abreviando porque no se derritiesen las velas y tener tiempo para sumir otro. Seguíanse luego doce galloferos - 5 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 hipócritas de la pobreza, con doce hachas, acompañando el cuerpo y abrigando a los de la capacha, que hombreando testificaban el peso de la difunta. Detrás seguía larga procesión de amigos que acompañaban en la tristeza y luto al viudo que, anegado en capuz de bayeta y devanado en una chía, perdido el rostro en la falda de un sombrero de suerte que no se le podían hallar los ojos, corvos e impedidos los pasos con el peso de diez arrobas de cola que arrastraba, iba tardo y perezoso. Lastimado deste espectáculo, - ¡Dichosa mujer -dije-, si lo puede ser alguna en la muerte, pues hallaste marido que pasó con la fe y el amor más allá de la vida y sepultura. Y dichoso viudo que ha hallado tales amigos, que no solo acompañan su sentimiento, pero que parece que le vencen en él. ¿No ves qué tristes van y suspensos? El viejo, moviendo la cabeza y sonriéndose, dijo: - ¡Desventurado! Eso todo es por fuera, y parece así, pero agora lo verás por de dentro y verás con cuánta verdad el ser desmiente a las apariencias. ¿Ves aquellas luces, campanillas y mullidores, y todo este acompañamiento? ¿Quién no juzgará que los unos alumbran algo y que los otros no es algo lo que acompañan, y que sirve de algo tanto acompañamiento y pompa? Pues sabe que lo que allí va no es nada, porque aun en vida lo era y en muerte dejó ya de ser, y que no le sirve de nada todo; sino que también los muertos tienen su vanidad y los difuntos y difunctas su soberbia. Allí no va sino tierra de menos fruto y más espantosa de la que pisas, por sí no merecedora de alguna honra, ni aun de ser cultivada con arado y azadón. ¿Ves aquellos viejos que llevan las hachas? Pues no las atizan para que atizadas alumbren más, sino porque atizadas a menudo se derritan más y ellos hurten más cera para vender: estos son los que a la sepultura hacen la salva en el difunto y difunta, pues antes que ella lo coma ni lo pruebe, cada uno le ha dado un bocado, arrancándole un real o dos. ¿Ves la tristeza de los amigos? Pues todo es de ir en el entierro, y los convidados van dados al diablo con los que los convidaron; que quisieran más pasearse o asistir a sus negocios. Aquel que habla de mano con el otro, le va diciendo que convidar a entierro y a misacantanos, donde se ofrece, que no se puede hacer con un amigo, y que el entierro solo es convite para la tierra, pues a ella solamente llevan que coma. El viudo no va triste del caso y viudez, sino de ver que pudiendo él haber enterrado a su mujer a un muladar y sin coste y fiesta ninguna, le hayan metido en semejante barahúnda y gasto de confadrías y cera, y entre sí dice que le debe poco y que ya que se había de morir pudiera haberse muerto de repente, sin gastarle en médicos, barberos ni boticas, y no dejarle empeñado en jarabes y pócimas. Dos ha enterrado con esta, y es tanto el gusto que recibe de enviudar, que va ya trazando el casamiento con una amiga que ha tenido, y fiado con su mala condición y endemoniada vida, piensa doblar el capuz por poco tiempo. Quedé espantado de ver todo esto ser así, diciendo: - ¡Qué diferentes son las cosas del mundo de como las vemos! Desde hoy perderán conmigo todo el crédito mis ojos y nada creeré menos de lo que viere. Pasó por nosotros el entierro como si no hubiera de pasar por nosotros tan brevemente, y como si aquella difunta no nos fuera enseñando el camino y, muda, no nos dijera a todos: “Delante voy donde aguardo a los que quedáis, acompañando a otros, y que yo vi pasar con ese propio descuido”. [...]»1 (Quevedo, 1627: 284-288). 1 Este pasaje de El mundo por de dentro corresponde a la primera edición de los Sueños (Sueños y discursos, Barcelona, Esteban Liberos, 1627). La siguiente edición de los Sueños que tiene importantes variantes con respecto a la primera es la de 1631 (Juguetes de la niñez, Madrid, Viuda de Alonso Martín, 1631); en esta edición el pasaje presenta las siguientes variantes, que son de interés a propósito de la traducción italiana: a)En lugar del fragmento «gritando su letanía, luego las órdenes, y tras ellos los clérigos, que galopeando los responsos, cantaban de portante abreviando porque no se derritiesen las velas y tener tiempo para sumir otro» de la edición primera, en la edición de 1631 aparece: «chirriando la calavera» (Quevedo, 1631: 489). b)En lugar del fragmento «¿Ves aquellas luces, campanillas y mullidores, y todo este acompañamiento? ¿Quién no juzgará que los unos alumbran algo y que los otros no es algo lo que acompañan, y que sirve de algo tanto acompañamiento y pompa? Pues sabe que lo que allí va no es nada, porque aun en vida lo era y en muerte dejó ya de - 6 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 La traducción de Carlo Emilio Gadda de El mundo por de dentro es de 1941 (Il mondo com'è). Su traducción del pasaje anterior es la siguiente: «[...] Si andava nella contrada grande, per mezzo la folla. Portandomi là, davvero che il vecchio non aveva mancato a promesse. A un dato momento, anzi, tant'era il pigiare e la calca, che fu d'uopo trarci da lato, e dar passo alle genti. Cercammo allora di piazzarci nel miglior modo: o che diavolo stava arrivando? Era un funerale. Ecco venir avanti per primi, insaccati ognuno nel suo saio, alcuni emeriti làzzeri: e quella sorta di zimarre ne' più differenti colori, o rossa, o gialla, o color pepe, facevano il più bizzarro musaico del mondo, una tarsia strana di chiericastri buggeroni, di sacrestanazzi allampanati, sbucati fuora un po' da ogni buco. E passò, questo primo segmento della processione, roteando i turiboli. Seguivano i regazzini della dottrina, promossi per la circostanza a paggi della morte, e a valletti del feretro: cantàvano nel naso, con le loro vocine acri, stonando le litanie alla facciazza del cadàvere. Dopo questa tiritera di ragazzi venivano gli Ordini, e dietro loro i chierici, tagliando corto sulle antistrofi e infilando i salmi al galoppo, per guadagnar tempo e accorciare l'ora del trasporto: così le candele eran buone per un'altra volta. E gli tenevan dietro una dozzina di finti accattoni, ipòcriti della finta miseria: con le lor torce fumose. Questi qua funzionavano, in certo modo, da guardia del corpo, sei per lato, col cadaverone in mezzo: salvando così dal pigiare della folla quegli altri sei disgraziati di San Giovanni, che s'arrabattàvano e arrancavano a spalla scema, peggio di Sisifo, sbilenchi sotto il peso della defunta. Da ultimo, subito dopo la bara, tutto un ciabattare di amici e di condolenti ad accompagnare nell'ora di tristezza e di lutto l'orbato marito, il Vedovo, il protagonista della carnevalata. Costui annegava dentro la cappa fúnebre, la solita cappa di lanetta nera che una simile circostanza impone ai più desolati vedovi. Quasi che ciò non bastasse, aveva anche scogitato di addipanarsi il collo nel mantellone di lutto, più nero della cappa; perduta la faccia sotto l'ala di uno spropositato cappello, ancora più nero di tutt'e due. Oh! Gli avresti voluto invano cercar gli occhi, al gomitolone! Niente da fare. L'andava così, tutto curvo e impedito, stremato dal peso di un settanta chili di coda che si doveva strascinar dietro, spazzando, con quello stràscico, tutto il lungo della contrada. Commosso da un tanto spettacolo: "Beata questa donna!" esclamai, "se mai donna ci può parer beata nella morte, che aveva trovato un marito a tal maniera! Uno che le serba intatti fede, amore, sino al di là dell'accompagno! E fortunato anche lui, il vedovo, se ha degli amici di questo calibro! Ve', non soltanto lo accompagnano nel suo lutto, ma addirittura lo vincono nel suo dolore. Ve', ve' come e' camminano tristi, accasciati..." Il vecchio lasciò dondolar la testa, ebbe un sorriso nei labbri: disse: "Ah! Poveretto te! tutto questo come te tu lo ricanti non è che il di fuori... Ma guàrdaci un ser, y que no le sirve de nada todo; sino que también los muertos tienen su vanidad y los difuntos y difunctas su soberbia» de la edición primera, en la edición de 1631 aparece: «¿Ves aquellas luces, campanillas y mullidores, y todo este acompañamiento piadoso que es sufragio cristiano y limosnero? Esto es saludable, mas las bravatas que en los túmulos escriben podrición y gusanos se podrían excusar. Empero también los muertos tienen su vanidad, y los difuntos y difuntas su soberbia» (Quevedo, 1631: 489-490). c)A continuación de «arrancándole un real o dos», en la edición de 1631 aparece «mas con todo esto tiene el valor de la limosna» (Quevedo, 1631: 490). d)En la edición de 1631 no aparece «y a misacantanos». Se trata de variantes que suavizan la crítica que hay en la primera edición y que son debidas principalmente a influencia del contexto sobre el texto, en el ámbito de la interdependencia de las dimensiones composicional y pragmática (Chico Rico, 1987: 141 ss.). Las restantes variantes de la edición de 1631 con respecto a la primera son de poca importancia: 1627, «Allí no va sino tierra»; 1631, «Allí va tierra» (Quevedo, 1631: 489). 1627, «con arado y azadón»; 1631, «con arado ni azadón» (Quevedo, 1631: 489). 1627, «Pues no las atizan»; 1631, «Pues algunos no las atizan», así como otras menores («doctrina»/«dotrina», «confadría»/«cofadría»). - 7 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 po' po' dal di dentro, se ti vien fatto: e imparerai che altra cosa è il parere, altra è l'essere. L'essere! che col ghigno della sua verità viene a smentir le apparenze. Sì, sì, le luci, i turiboli, i campanelli: e i chierici, e i regazzini, e la nenia, e la confraternita delle cappe scarlatte: e tutto l'accompagno e l'acciabattìo dei devoti, dei dolenti: sì, sì, bellissime cose a vederle, e a sentirle: un pio suffragio si adempie, e intanto la limòsina la corre a mano ai pitocchi, che un po' d'appetito glie lo aiuta a cavar di corpo anche lei. Va, va, te lo concedo, che tutto questo andrà tutto in tanta salute della buona anima. "Però, dico io, le bischeraggini che vanno scrivendo in sul marmo, sì, sì, tutte codeste bravazzate degli epitafî che le gallano al di sopra de' vermini e della putrèdine, quelle almeno, diobono, quelle potrebbono davvero tralasciarle di mettere, o cervelloni! Gli è che fino ai morti, dà retta, fino ai morti e alla morte, anche loro ci hanno pure loro la loro vanità: e appena possano, che ti montano volentieri in superbia, una superbietta minchioncella da andare a paro coi vivi. Laggiù al camposanto, senti, la è terra che frutto no dà, nòe? e l'è ancora più spaventosa di quest'altra, che te tu vai pestando co' tuoi piedi per tutto il tempo di vita: e in se stessa... di certo che non la merita onore: e nemmeno aratro, o vanga, o zappa che fosse. "E poi, e poi... anche quelli là che reggono i loro moccoloni dietro al morto, e ogni tanto li attizzano, te tu mi sai dire perché li attizzano? Credi a me, lo fanno perché così la candela la si strugge, e loro, i maiali, possano rubare un po' più di cera dello smòccolo: che poi la vendono e ci càvano una qualche sorsata di brucio. Al momento che la bara sta per andar giù nella fossa, son loro che ci fan l'assaggio, del morto, o della morta. Prima ancora che la terra ne abbia percepito il saporino, ognun di loro ci ha bell'e che dato il suo morso, al defunto, da tirarne quei due o tre baiocchi di limòsina, oh sì... dacché si tratta di una limòsina. Di una limòsina... “E la tristezza degli amici? domandi. La tristezza è tutta del dover intervenire al funerale: e gli intervenuti si mangiano il fegato non meno dei parenti che li hanno pregati d'intervenire. Quanto sarebbe stato preferibile andar a spasso a via Merulana, o abbadare invece ai negozî che ne hanno tanto bisogno, poverini! Già, quello là: vedilo come gesticola col su' vicino di quadriglia. Protesta che a funerale e a prima messa non si hanno da invitare gli amici, che l'è uno scherzo maiale: dal momento che a prima messa devi far l'offerta e cacciar fuori i baiocchi; e al funerale, poi, chi ci gode un tantinello è solamente la terra: è a lei sola che portano qualcosa da mangiare. E anche lui, il vedovo, stai certo che quei due palmi di muso non è certo dal dispiacere della vedovanza. È la rabbia. All'idea che poteva seppellir sua moglie nel primo letamaio, senza spese né cerimonie di sorta: e invece!... invece gli è toccato di mettersi in una baraonda compagna, buttando il denaro alla confraternita e struggendolo in tanti moccolacci, per quella candelata del demonio! E fra sé e sé, che te tu lo vedi come rimugina il dispiacere sotto al cappello?, fra sé e sé conclude che poco ci ha cavato, da moglie. E dal momento che l'era venuta nell'idea di crepare, crepare la poteva anche, diokàne, ma di colpo, senza fargli spendere un patrimonio in medici! e flebòtomi, e speziali: e lasciarlo pien di debiti fino al collo a forza di scialappe e decotti. "È ben la seconda che mette sotto terra, il briccone! Ci deve provare un tal gusto, a diventar vedovo, che scommetto è sta già mulinando il terzo matrimonio: con una amica del buon tempo, stavolta. Oh! ma ridotta uno straccio anche lei, non temere di nulla! e con una vita indiavolata. Sicché c'è a ridere: e puoi già far conto che la cappa funebre dovrà tenerla nella naftalina per poco". Tutto ciò mi faceva orrore. "Qual differenza" sclamai "nelle cose di questo mondo... tra come noi le vediamo e come di fatto le sono! Da oggi in poi non avrò più fede a' miei occhî: a nulla crederò, meno che a quel che vedo." Il funerale passò. Disparì, di là dal brulichio delle genti. Mi sembrò che quella povera morta ci desse indicazione del cammino, dicendo mutamente a noi tutti: "Vi precedo, amici, e vi attendo. Voi accompagnate male i vostri morti! Con l'uggia nel cuore. Col medesimo tedio con quale un giorno sarete accompagnati". [...]» (Gadda, 1977: 47-55). - 8 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 3 - Año 2001 Para su traducción Gadda partió del texto de la edición de Madrid de 1631, si bien tuvo en cuenta la edición primera o las ediciones que la siguen y que son anteriores a la de 1631, pues traduce al italiano las variantes de 1631 indicadas en el apartado b de la nota 1, así como la variante de 1631 indicada en el apartado c, mientras que sigue el fragmento de la edición primera consignado en el apartado a, en lugar de la variante de 1631 («chirriando la calavera») y traduce el fragmento del apartado d, «y a misacantanos» («e a prima messa»), que está presente en la edición primera y no en la de 1631. Esta traducción del escritor Carlo Emilio Gadda no es una reproducción fiel del texto de Quevedo en otra lengua. Es una traducción en la que el traductor ejerce la libertad del traductor literario y realiza una práctica sistemática de la excepción comunicativa, al hacer una traducción que no es fiel al original y en la que tiene interferencias comunicativas, haciendo uso de la opción que se le ofrece de practicar sistemáticamente en la lengua y en la comunicación literarias lo que es una excepción, con la consiguiente distorsión, en la lengua y en la comunicación no literarias. Gadda no sólo transforma la manifestación textual, la microestructura, sino que modifica el referente y la estructura de sentido, los elementos semánticos de la macroestructura textual. El escritor italiano hace una traducción expansiva, en la que la expresión se dilata con respecto al original; en la traducción introduce, entre otros, elementos como la comparación con Sísifo («che s'arrabattàvano e arrancavano a spalla scema, peggio di Sisifo, sbilenchi sotto il peso della defunta») al traducir el fragmento «que hombreando testificaban el peso de la difunta», o al incluir una muy concurrida calle de Roma, Via Merulana, en su traducción («Quanto sarebbe stato preferibile andar a spasso a via Merulana, o abbadare invece ai negozî che ne hanno tanto bisogno, poverini!») del fragmento «que quisieran más pasearse o asistir a sus negocios», o al incluir la expresión citada «che ne hanno tanto bisogno, poverini!» con su carga irónica. Carlo Emilio Gadda es un autor que en su creación literaria tiene una intensa actitud metalingüística (Guglielmi, 1975: 113). Esa misma actitud se aprecia en la traducción que hace de Francisco de Quevedo, en la que hay una constante reflexión sobre el lenguaje, reflexión que es muy importante en la obra del autor de El Buscón, y sobre la resolución de la traducción, que en gran medida es traducción de la variación lingüística en su dimensión estilística. 3. En la medida en que la interferencia comunicativa de Gadda en su traducción de Quevedo responde a la práctica sistemática de la excepción comunicativa, contrasta con la interferencia que se produce en la palabra de quien habla (o escribe) con una finalidad neta de utilidad en la comunicación. Las actitudes de Anfiloquio y de los intérpretes de los militares alemanes y británicos de la Kfor son excepciones comunicativas que, afortunadamente, no constituyen una posibilidad aceptada de comportamiento en la traducción. Si en todas las actuaciones de traducción simultánea o sucesiva, que son actuaciones comunicativas de índole práctica, se requiere que el intérprete transmita con fidelidad la palabra que se le confía, es precisamente en situaciones como la de Kosovo donde se hace más necesario que no haya interferencias comunicativas en la palabra por parte de quienes tienen la función de transmitirla a sus destinatarios en la lengua de éstos. El mantenimiento del intérprete en su función de mediador comunicativo hará posible, por un lado, que los ánimos de las partes enfrentadas no lleguen a encenderse aún más de lo que puedan estar y, por otro, que las instrucciones de las autoridades civiles y de las fuerzas militares a las que se les ha - 9 -