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La traducción del Epodo II de Horacio (Beatus ille)

Torre, Esteban

Abstract

En este trabajo se hace un estudio comparativo del Epodo II de Horacio y el Beatus ille de Fray Luis de León. El poema es a la vez una descripción de la delicias de la vida del campo (con la imagen del descanso en un locus amoenus) y un ataque satírico contra los hombres que nunca están satisfechos con su suerte, y que sin embargo no desean cambiar de forma de vida. Fray Luis acometió la ardua empresa de sustituir los senarios y los cuaternarios por versos endecasilábicos y heptasilábicos. De esta manera, muchos detalles fueron necesariamente omitidos o comprimidos en la versión luisiana. Se hace aquí un esfuerzo por transformar los senarios en alejandrinos y los cuaternarios en endecasílabos, a fin de obtener un número adecuado de sílabas, y en consecuencia una traducción fiel y completa

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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 LA TRADUCCIÓN DEL EPODO II DE HORACIO ( BEA TUS ILLE ) Esteban T O RRE Universidad de Sevilla La traducción de la poesía, en especial si nos referimos a su mani festación más genuina, esto es , el verso , ha logrado conformar una rara unanimidad de criterios por parte de los tratadistas: todos están de acuer do en que la adecuada traducción -en versode un poema es una empresa ciertamente quimérica 1 . La traducción, para ser fiel, tendría que resignarse a ser en todo momento algo de menor calidad, una sombra, un remedo , un mero suce dáneo del auténtico “texto”, cuya intangible unicidad quedaría así celosa mente salvaguardada. En el caso concreto de los textos latinos , se ha podi do escribir que se encuentran separados de nosotros , además , “por milenios de tiempo , que vale como decir , de pensamiento y comporta miento” 2 . Son textos que pertenecen a una lengua en la que “el poeta emplea diez términos diferentes para decir barco , algo así como trabs , prora, pinus , ratis , nauis , lignum, carina, etc . ” 3 . El problema de la tra ducción sería, así pues , teóricamente insoluble . Y esto sin tener en cuenta las cuestiones de métrica, de ritmo , de eufonía. No obstante , en la práctica, las traducciones , las adecuadas tra ducciones -“bellas” y “fieles” al mismo tiempo-, existen. Un ejemplo muy ilustrativo , perennemente aleccionador , es la traducción del Epodo II de Horacio, cuyo comienzo ( Beatus , o Beatus ille ) dio título a la famosa ver sión poética de F r a y Luis de León. Creo que puede ser de utilidad para el lector interesado en la literatura, y en los a vatares de su traducción, el ofrecer aquí los textos -el original latino y algunas versiones españolasque faciliten su estudio comparativo . 1 Me he ocupado por extenso de estos extremos en el libro T e oría de la traducción literaria, Madrid, Síntesis , 1994; en especial, en el capítulo 5, "La traducción del verso", págs . 159-207. 2 B . Segura: "El ser de la traducción", en M. Rodríguez-P a ntoja (ed.): La traducción de textos lati nos: Cinco estudios , Córdoba, Universidad, 1998, pág . 14. 3 Ibíd., pág . 18. - 1 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 Es bien sabido cómo el Epodo II de Horacio, redactado hacia el año 37 a.C . 4 , es el más c laro exponente de la exaltación de la vida del campo frente a la de la ciudad, presentando una cumplida “alabanza de aldea” que constituye una descripción idílica de las actividades del campesino . P e ro , al mismo tiempo , mediante una pincelada irónica en los versos fina les , viene a ser también una recia censura contra la actitud vital de aque llos hombres que nunca están contentos con su suerte . No ha y que olvidar que la mempsimoiría , la “queja contra el destino”, es efectivamente uno de los temas centrales en la obra de Horacio. “Dic hoso aquél -nos diceque , lejos de los negocios , de los présta mos, de los intereses monetarios , labra con sus propios bueyes el campo que cultivaban sus padres ”. Al campesino no le despierta, como al soldado, el toque de la trompeta; ni le aterran, como al comerciante , las tormentas que puedan hacer zozobrar sus na ves . Nada tiene que ver con los afanes de la vida pública, ni con los compromisos de la ciudad. V ive feliz, dedica do a las tareas agrícolas , a la caza y a las delicias de un paraje encanta dor: “Le gusta descansar bajo una vieja encina, o sobre el tupido césped, mientras se deslizan las aguas por sus cauces profundos , los pájaros se quejan en los bosques y las fuentes murmuran en sus manantiales , invi tando a una leve somnolencia” 5 . A las cuitas del amor , desordenado y apremiante , se oponen los atentos cuidados de una mujer pudorosa, pudica mulier . Los manjares más exquisitos y exóticos -ostras , escaros , rodaballos , la gallina africana, el francolín de J o niason ampliamente superados por una sencilla comi da casera, elaborada con productos de la granja, donde no faltarán ni la lec h e recién ordeñada, ni el buen vino del año , ni las sabrosas aceitunas . Además , el campesino sabe hacer buen uso de las plantas digestivas y medicinales , y su frugalidad no precisará de continuos banquetes , sino que se verá suficientemente saciada con el sacrificio de una cordera en días de fiesta muy señalados , o con el cabrito que se logró rescatar de las fauces del lobo . Ahora bien, todas estas consideraciones son hec has por un usure ro , que parecía estar dispuesto a convertirse en un feliz labrador; pero que , finalmente , vuelve a 4 En fec h a, por lo tanto , muy próxima a la del libro segundo de las Geórgicas de V i rgilio . Algunos críticos han creído ver precisamente en el Epodo II una parodia de V irgilio , Georg . 2, 458-459: O f o rtunatos nimium, sua si bona norint / agricolas ...!, "¡Qué dic h osos serían los labradores , si supieran / los bienes que poseen!" Cfr . Quinti Horatii Flacci opera, Interpretatione et notis illustra vit Ludovicus Desprez, P arís , F ridericus Leonard, 1691, pág . 430: Pleraque hujus Odes lumina mutuatus est Horatius a V i rgilio Georgic . 2. sub finem, "Horacio tomó de V i rgilio , hacia el final de Georg . 2, la ma yor parte de los rasgos estilísticos de esta oda." En cualquier caso , ha y que tener en cuenta la intención de ridiculizar a aquellos que siguen exageradamente los impe rativos de la moda. A este respecto , véase G . Boissier: Horace et V i rgile , P arís , 1886, págs . 16-25. P e ro no parece haber duda sobre la sinceridad de los 66 primeros versos del epodo , expresión de los sentimientos personales de Horacio. Cfr . Horace: Odes et Epodes, T e xte établi et traduit par F . V illeneuve , P arís , Les Belles Lettres , 1990, pág . 205. 5 He aquí una perfecta síntesis del "paraje ameno" o locus amoenus , tópico literario que consti tuye , según E. R. Curtius , el motivo central de todas las descripciones de la naturaleza, desde los tiempos del Imperio romano hasta el siglo XVI. Sus elementos esenciales son, justamente , "un árbol [...], un prado y una fuente o arrollo; a ellos pueden añadirse un canto de a v es [...]": Literatura europea y Edad Media Latina , 2ª reimp ., México , F o ndo de Cultura Económica,, 1976, pág . 280. - 2 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 invertir todas sus ganancias en nuevos y usu arios préstamos 6 . He aquí el texto original, que está dispuesto en dísti cos , formados por un senario y un cuaternario yámbicos: 1 B eatus ille qui procul negotiis , ut prisca gens mortalium, paterna rura bobus exercet suis solutus omni faenore 2 n eque excitatur c lassico miles truci neque horret iratum mare forumque vitat et superba civium potentiorum limina. 3 e rgo aut adulta vitium propagine altas maritat populos aut in reducta valle mugientium prospectat errantis greges 4 i nutilisque falce ramos amputans feliciores inserit aut pressa puris mella condit amphoris aut tondet infirmas ovis . 5 v el cum decorum mitibus pomis caput Autumnus agris extulit, ut gaudet insitiva decerpens pira certantem et uvam purpurae , 6 q ua muneretur te , Priape , et te , pater Silvane , tutor finium. libet iacere modo sub antiqua ilice , modo in tenaci gramine: 7 labuntur altis interim ripis 7 aquae , queruntur in silvis a v es 6 Y a P o rfirión, comentarista de Horacio en los siglos III-IV , había anotado a propósito del dístico final: Exigit, inquit, a debitoribus pecuniam comparaturus praedia, cogitans scilicet iocundita tem uitae illius , quam in rusticis laudat. Sed rursus stimulatus cupiditate usurarum quaerit eam faenori dare: el usurero Alfio "rec lama a sus deudores el dinero para comprar una granja, imaginando la felicidad de esa vida que alaba en los campesinos; pero le vuelve atrás la a vari cia, y decide seguir prestando con usura su dinero" (P omponi P o rphyrionis Commentum in Horatium Flaccum, Recensuit A. Holder , Hildesheim, 1967 [Innsbruc k , 1894], pág . 190. 7 En unos manuscritos , ripis; en otros , riuis . Cfr . Q . Horatius Flaccus, Cum notis et emendatio nibus Ric hardi Bentlei, Leipzig, Theophili Georgi, 1764, pág . 312. Como quiera que la escena parece corresponder al topos del verano , sería preferible la lectura altis ... ripis , "entre altas riberas", es decir , "por profundos cauces". P odría también tratarse de "ríos profundos", "ríos caudalosos", altis ... riuis , en el marco de una eterna prima vera, que el poeta situaría en su locus amoenus . Cfr . S . J . Heyworth: "Horace's Second Epode", American J o urnal of Philology, V ol. 109, No . 1 (1988), págs . 71-85. - 3 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 fontesque lymphis obstrepunt manantibus , somnos quod invitet levis . 8 at cum tonantis annus hibernus Iovis imbris nivisque conparat, aut trudit acris hinc et hinc multa cane apros in obstantis plagas 9 a ut amite levi rara tendit retia turdis edacibus dolos pa vidumque leporem et advenam laqueo gruem iucunda captat praemia. 10 quis non malarum quas amor curas habet haec inter obliviscitur? quodsi pudica mulier in partem iuvet domum atque dulcis liberos , 11 Sabina qualis aut perusta solibus pernicis uxor Apuli, sacrum vetustis exstruat lignis focum lassi sub adventum viri 12 c laudensque textis cratibus laetum pecus distenta siccet ubera et horna dulci vina promens dolio dapes inemptas adparet: 13 non me Lucrina iuverint conc hylia magisve rhombus aut scari, siquos Eois intonata fluctibus hiems ad hoc vertat mare , 14 non Afra a vis descendat in ventrem meum, non attagen Ionicus iucundior quam lecta de pinguissimis oliva ramis arborum 15 aut herba lapathi prata amantis et gra vi malvae salubres corpori vel agna festis caesa T e rminalibus vel haedus ereptus lupo . 16 has inter epulas ut iuvat pastas ovis videre properantis domum, videre fessos vomerem inversum boves collo trahentis languido - 4 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 17 positosque vernas , ditis examen domus , circum renidentis Lares . 18 haec ubi locutus faenerator Alfius , iam iam futurus rusticus , omnem redegit idibus pecuniam, quaerit kalendis ponere 8 . Una buena traducción española, no sólo desde el punto de vista de la fidelidad filológica, sino también en lo que concierne a la limpieza del estilo , es la siguiente versión de V . Cristóbal López: 1. D ic hoso aquél que , lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales , labra los campos heredados de su padre con sus propios bueyes , libre de toda usura, 2. y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trom peta de guerra, ni se asusta ante las iras del mar , mantenién dose lejos del foro y de los umbrales soberbios de los ciudada nos poderosos. 3. Así pues , ora enlaza los altos álamos con el crecido sarmiento de las vides , ora contempla en un valle apartado sus rebaños errantes de mugientes vacas , 4. y amputando con la podadera las ramas estériles , injerta otras más fructíferas , o guarda las mieles exprimidas en ánforas limpias , o esquila las ovejas de inestables patas . 5. O bien, cuando Otoño ha levantado por los campos su cabeza engalanada de frutos maduros , ¡cómo goza recolectando las peras injertadas y vendimiando la uva que compite con la púr pura, 6. p ara ofrendarte a ti, Príapo , y a ti, padre Silvano , protector de los linderos! Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina, otras sobre el tupido césped; 7. c orren entretanto las aguas por los arroyos profundos , los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar , invitando con ello al blando sueño . 8 Q . Horatius Flaccus: Opera (Carmina, Epodi), ed. F . Klingner , Leipzig, T e ubner , 1959. P ara la numeración, he seguido la usual disposición de las odas de Horacio en estrofas de cuatro ver sos, con excepción del antepenúltimo dístico , que aparece aislado , c l ausurando la descripción idílica y precediendo a la ironía de la estrofa final. - 5 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 8. Y cuando la estación invernal de J ú piter tonante apresta llu vias y nieves , ya acosa por un sitio y por otro con sus muc has perras a los fieros jabalíes hacia las trampas que les cierran el paso , 9. ya tiende con una vara lisa sus redes poco espesas , engaño para los tordos glotones , y captura con lazo la tímida liebre y la grulla viajera, trofeos que le llenan de alegría. 10. ¿Quién, entre tales deleites , no se olvida de las cuitas desdi c h adas que el amor conlleva? Y si, por otra parte , una mujer casta, cumpliendo con su oficio , atiende la casa y a los hijos queridos 11. -como la sabina o la esposa, abrasada por el sol, del ágil ápulo- , enciende el fuego sagrado del hogar con leños secos un poco antes de que llegue su fatigado esposo 12. y , encerrando la bien nutrida grey en la empalizada del redil, deja enjutas sus ubres repletas; si, sacando vino del año de la dulce tinaja, prepara manjares no comprados , 13. no serán más de mi gusto las ostras del lago Lucrino , o el roda ballo o los escaros -si tronando la tempestad en las olas orien tales desvió algunos hacia este mar -, 14. ni el a v e africana ni el francolín jónico caerán en mi estómago más placenteramente que la aceituna recogida de las ramas más cargadas de los olivos , 15. o la hoja de la acedera, amante de los prados , o las malvas salutíferas para el cuerpo enfermo; o que la cordera sacrifica da en las fiestas T e rminales , o que el cabrito arrancado al lobo . 16. Entre estos manjares , ¡qué gusto da contemplar las ovejas que vuelven rápidas al aprisco después del pasto , contemplar los bueyes cansados arrastrando con su cuello lánguido el arado vuelto del revés , 17. y los esc l a v os , enjambre de la fecunda casa, colocados en torno a los Lares relucientes! 18. Cuando el usurero Alfio hubo así discurseado , dispuesto a con vertirse de inmediato en labrador , recogió en los Idus todo su dinero , decidido a renovar sus préstamos en las Calendas 9 . Es obvio que una traducción española -en prosadel poema hora ciano supone siempre una labor útil y meritoria. Es , por supuesto , abso lutamente necesaria para 9 Horacio: Epodos y Odas , Traducción, introducción y notas de V . Cristóbal López, Madrid, Alian za, 1990. La numeración de los párrafos corresponde a la de las estrofas del original latino . - 6 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 aquellos lectores que desconozcan por completo la lengua latina. P ara ellos , esa traducción puede representar la única forma de acceso al original. P e ro lo que así se recibe ya no es un poema. Es tan sólo un documento , que nos transmite meras formas del contenido . El valor monumental, artístico , del texto queda totalmente difuminado . V e amos , en contraste con el aspecto simplemente informativo de la traducción en prosa, otra manera de acercarnos al texto original. Como quiera que se trata de un texto que está escrito , precisamente , y no por azar , en verso , un principio básico de fidelidad en la traducción podría con sistir en la elaboración de un nuevo texto que también, y ante todo , fuera un poema, inexcusablemente redactado en verso . Ésta fue la actitud de F r a y Luis de León cuando se propuso traducir “de otras lenguas , de auto res assí profanos como sagrados [...], sin añadir ni quitar sentencia” y pro curando “guardar quanto es possible las figuras del original y su dona yre , y hazer que hablen en castellano y no como estranjeras y advenediças , sino como nacidas en él y naturales” 10 . Y así fue como procedió en su ver sión del Epodo II de Horacio, el célebre Beatus ille 11 . Sustituyó F r a y Luis los senarios por endecasílabos , y los cuaternarios por heptasílabos , enlazados ambos por rima consonante cruzada, con el remate de un pareado final: 1 D ic hoso el que de pleytos alexado qual los del tiempo antigo , labra sus heredades no obligado 12 al logrero enemigo. 2 Ni el arma en los reales le despierta, ni tiembla en la mar bra va, huye la plaça y la sobervia puerta de la ambición esc l a va. 3 S u gusto es , o poner la vid crecida al álamo ajuntada, o contemplar quál pace , desparcida, el valle su bacada 13 . 10 F r a y Luis de León: "Dedicatoria", en P o esías completas , Edición de C . Cuevas , Madrid, Casta lia, 1998, pág . 83. 11 Sigo el texto de la citada edición de C . Cuevas . Son bien conocidas las analogías , y los con trastes , entre el Beatus ille y la Oda I de F r a y Luis: "¡Qué descansada vida / la del que huye el mundanal ruido / y sigue la escondida / senda..." Sobre el código expresivo y metafórico de la poesía mística en el que se inserta la "escondida senda", cfr . R. Senabre: "La 'escondida senda' de F r a y Luis", en T res estudios sobre F r ay Luis de León, Salamanca, Universidad, 1978, págs . 7-36. P o r lo que respecta al tratamiento de la sustancia fónica en la poesía de F r a y Luis , véase , de este mismo autor , "Aspectos fónicos en la poesía de F r a y Luis: voces y ecos", en V . García de la Conc ha (ed.): Academia Literaria Renacentista. I. F r ay Luis de León, Salamanca, Universidad, 1981, págs . 249-269. 12 En las Anotaciones del Brocense , no obligado . En la edición princeps de Quevedo , olvidado . 13 En "pace , desparcida, el valle su bacada", pace es verbo transitivo , siendo el valle complemento directo . La edición de G . Ma yans y Siscar de 1785 (que reproduce la de 1761) ofrece la siguien te lectura: "pace , desparcida al valle , su vacada". Aquí pace es verbo intransitivo . V é ase Obras propias i traducciones de latín, griego i toscano , con la paráphrasi de algunos Salmos y capí tulos de J o b, V alencia, J o seph y Thomás de Orga, 1785, págs . 167-168. - 7 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 4 Y a poda el ramo inútil, y ya ingiere en su vez el estraño; o castra sus colmenas o , si quiere , tresquila su rebaño . 5 P ues quando el padre Otoño muestra fuera su cabeça galana, ¡con quánto gozo coge la alta pera, y ubas como grana! 6 Y a ti, sacro Silvano , las presenta, que guardas el exido; debaxo un roble antiguo ya se sienta, ya en el prado florido . 7 El agua en las hazequias corre , y cantan los pájaros sin dueño; las fuentes , al mormullo que levantan, despiertan dulce sueño . 8 Y ya que el año cubre campo y cerros con nieve y con eladas , o lança el ja valí con muc h os perros en las redes paradas , 9 o los golosos tordos , o con liga o con red engañosa, o la estrangera grulla en laço obliga, que es presa deleitosa. 10 Con esto , ¿quién del pec ho no desprende quanto en amor se passa? ¿Pues qué , si la mujer honesta atiende los hijos y la casa, 11 qual haze la sabina o calabresa, de andar al sol tostada; y , ya que viene el amo , enciende apriesa la leña no mojada, 12 y ataja entre los çarços los ganados , y los ordeña luego y pone mil manjares no comprados , y el vino como fuego? - 8 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 13 ni me serán los rombos más sabrosos , ni las ostras , ni el mero , si algunos , con levantes furïosos , nos da el invierno fiero . 14 Ni el pabo caerá por mi garganta, ni el francolín greciano , más dulce que la oliva que quebranta la labradora mano , 15 la malva o la romaça enamorada del vicïoso prado , la oveja en el disanto degollada, el cordero quitado 16 al lobo . Y mientras como , ver , corriendo , quál las ovejas vienen, ver del arar los bueyes que bolviendo apenas se sostienen, 17 ver de esc l a villos el hogar cercado, enxambre de riqueza. 18 Ansí, dispuesto un cambio y 14 al arado loa va la pobreza; a y er puso en sus ditas todas cobro; mas oy ya torna al logro . Se le ha reproc hado a F r a y Luis , basándose en la autoridad de Menéndez P e la yo , que , en su afán por imitar el metro horaciano , alguna estrofa sea oscura, otra incompleta 15 . Don Marcelino , efectivamente , llega a afirmar que “en sus versiones , propiamente dic has , abundan los versos flojos , las frases desma yadas , y aun las torcidas inteligencias del sentido” 16 . Aunque , más adelante , encomia la exquisita poesía que se desprende de cualquiera de sus audacias de lenguaje: “Léase con especial atención el Beatus ille . P ara quien tiene ojos y alma, cada palabra del traductor es una revelación. Otro cuente los versos duros y las rimas falsas; por mi parte , aseguro que nunca llegaremos los españoles a penetrarnos del sabor de lo antiguo , hasta que rompamos con la tradución altisonante y académica [...] de los Quintanas y Gallegos, y aprendamos a estimar el tesoro que tenemos enterrado en nuestro más grande y menos entendido poeta” 17 . 14 En la citada edición de Ma yans , en lugar de y aparece ya. 15 Cfr . C . Á. Zorita: "F ra y Luis , traductor de Horacio", en C . Morón Arroyo y M. Revuelta Sañu do (eds .): F r ay Luis de León. Aproximación a su vida y su obra , Santander , Sociedad Menéndez P e la yo , 1989, págs . 281-310. 16 M. Menéndez P e la yo: Odas de Q . Horacio Flaco traducidas e imitadas por ingenios españoles , Barcelona, Biblioteca "Artes y Letras", 1908, pág . V . 17 Ibíd., págs .V -VI. Es exacta reproducción de lo ya publicado en Horacio en España, tomo I, Madrid, Colección de Escritores Castellanos , 1885, pág . 23. - 9 -