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La labor traductográfica y la filosofía traductológica de San Jerónimo en su marco biográfico

Vega Cernuda, Miguel Angel

Abstract

En el presente artículo esbozamos los rasgos biográficos de San Jerónimo que han podido determinar su filosofía de la traducción, describiendo el contexto histórico y su personalidad intelectual, como escritor y traductor. También se menciona su presencia en la historia del arte para pasar a continuación a analizar su actividad traductográfica y su traductología, utilizando pasajes de sus cartas como ejemplo de las líneas maestras de su pensamiento

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Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 LA LABOR TRADUCT OGRÁFIC A Y LA FILOSOFÍA TRADUCT OLÓGIC A DE SAN JERÓNIMO EN SU MARCO BIOGRÁFICO 1 Miguel Ángel VEGA CERNUDA Universidad Complutense de Madrid 1.- UN POCO DE HAGIOGRAFIA: PERFIL BIOGRÁFICO Y PERSONALIDAD HIST ÓRIC A Y LEGENDARIA DE SAN JERÓNIMO Decía el filósofo idealista alemán F i c h te que cada uno escoge la filosofía según el tipo de hombre que es . P o r eso , a la hora de presentar la filosofía traductológica de San J erónimo , justo será presentarle como hombre , es decir , como persona histórica y personalidad social, para así poder comprender la filosofía que puso en práctica. En cuanto a la persona de J erónimo de Estridón, los datos que nos permiten trazar su curriculum biográfico se encuentran dispersos en sus escritos . Son, sobre todo , apuntes autobiográficos esparcidos en sus nume rosas cartas . Nacido en 347 en una ciudad hoy en día inexistente y que podíamos situar en la actual Croacia, pasa su infancia en las posesiones paternas en unos años en los que el paganismo cede terreno ante el triun fo arrollador del cristianismo , consumado politícamente bajo Constantino unos 30 años antes . A la edad de 12 años se traslada a Roma. Allí su pasión por Cicerón hará de este joven un latinista que paulatinamente va adquiriendo un gran renombre entre los escritores de su tiempo . De Roma se trasladará a Tréveris , la ciudad del imperio en el limes germánico , constituida en una de las capitales de la anterior T e trarquía. V u elto a Roma y ya bautizado , emprende un viaje de estudios y de peregrinación al Oriente estableciéndose en Antioquía y después en Calcis . Allí experi menta una especie de conversión paulina que relata en una de sus cartas . Según este relato , en una especie de sueño o arrebato místico , se habría visto llevado ante un tribunal acusado de falta de fervor religioso y de excesiva afición a las letras paganas: "tú eres ciceroniano , no cristiano", le habría contestado el juez ante la confesión de fe cristiana hec h a por J e ró nimo . Durante unos años se dedicará a la vida ascética en el 1 El presente artículo es el texto de una conferencia pronunciada por su autor –documentada con el pertinente material visual– en la Facultad de Traducción y Comunicación de la Universidad Católica de Chile el día 30 de septiembre de 1998 con ocasión de la festividad de San J e róni mo , fec h a en la que se celebra el Día Mundial del Traductor . En esta ocasión, acudieron a la convocatoria de la Universidad Católica, la más antigua institución docente de Chile , tres Uni versidades santiaguinas en las que se imparten los estudios de la traducción. Dada la falta de información que se tiene sobre la figura y la significación de este epónimo de nuestra actividad hemos propuesto el texto de esta conferencia como artículo para esta revista que inicia su anda dura con los mejores deseos de éxito y continuidad. - 1 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 desierto que el monacato había convertido en lugar de encuentro con la esencialidad cristiana. P a ra llegar a la esencialidad de lo humano y conseguir la per cepción del mensaje cristiano en su pureza doctrinal, se impondrá una rígida ascética de renuncia a lo superfluo de la vida que va marcando su carácter hasta hacer de él una persona que vive para la práctica de los ideales cristianos . Con esta finalidad alternará sus ejercicios de piedad con el estudio de las lenguas bíblicas . V u elto a Roma en el 382 servirá hasta el 385 de secretario y consejero en cuestiones dogmáticas, bíblicas y filológicas al papa San Dámaso , quien le anima a traducir la Biblia. Esta actividad motivaría que posteriormente la imaginación artística le hicie ra figurar como cardenal de la Iglesia, dignidad a la que nunca llegó , ya que en aquel entonces no existía toda vía esta institución romana. A la muerte del papa, y ya objeto de envidias e iras a las que ha contribuido con su espíritu polémico , se sentirá incómodo en el ambiente de la curia, en la que llegará a ser acusado de relaciones ilícitas con P a ula, una de sus discipulas . En esta segunda época romana ha formado en torno a sí un cenáculo de hombres y mujeres cristianos , la ma yoría de gran influencia social y política, en los que trata de irradiar una concepción peculiar de la vida cristiana. Cuando la situación se haga insostenible en Roma emprenderá, acompañado por varios miembros de ese cenáculo romano , viaje a Oriente donde , previo viaje de estudio por el Egipto y Tie rra Santa, se establecerá en Belén para el resto de sus días , hasta su muerte , que ocurrirá en el 419. Allí llevará una vida de monje/ermitaño traduciendo y escribiendo alejado del mundo , pero no al margen de la his toria de su tiempo de la que será uno de los capítulos nuc leares . Fue en esta y con esta su polifacética circunstancia vital cómo empezó a fraguarse la imagen histórica y legendaria que después pasaría a la iconografía, que haría de él una de las figuras más familiares del cris tianismo y uno de los motivos más frecuentes de la historia del arte . Así, por ejemplo, 1. Sus escritos exegéticos y sus polémicas le hicieron pasar a la ico nografía como un erudito estudioso de los textos cristianos . 2. Su vida de retiro monacal no le hizo padre del monacato , ni siquie ra del occidental, pero sí uno de sus modelos , compartiendo canc ha en la iconografía monástica con San Antón y San P ablo ermitaño y ec lipsando a San Benito . A esta su faceta de monje eremita perte nece el episodio del león, que , sin embargo , correspondería propia mente a San Gerásimo . La proximidad onomástica de ambos haría que la imaginación medieval confundiera los personajes y , a partir de finales del XIII, el león es ya un acompañante fiel del penitente de Belén. 3. Su vida de penitente hizo de él el epónimo del ascetismo cristiano , oscurenciendo la personalidad del otro gran castigador de su cuer po , San Onofre. 4. S u participación en las luc has teológicas del tiempo y su defensa de la ortodoxia, le convirtieron en uno de los cuatro P a dres de la Igle sia latina junto con San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio Magno. - 2 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 Mientras la ma yoría de las figuras y personalidades de la historia religiosa del primer cristianismo fueron perdiendo perfil con el paso del tiempo , J erónimo fue haciéndose uno de los personajes más caseros y familiares del arte , la doctrina y la piedad cristianos . Y a a comienzos del pre-renacimiento , en el Trecento , empiezan a aparecer masivamente representaciones del penitente de Belén, del dignatario ec lesiástico o del traductor de la Biblia en los más diversos emplazamientos , situaciones y composiciones: ‒ En las iluminaciones y miniaturas de los libros , ‒ esculpido en los púlpitos y portones de las iglesias , ‒ en fresco o relieve en las pec hinas del crucero , en los inter columnios y en los intradoses de los arcos ‒ también esculpido , en las portadas de las catedrales y , por supuesto , ‒ en tablas , lienzos o tallas en los altares ma yores . Los franciscanos , que tenían en la docilidad del "hermano cuerpo" a tra vés del castigo un punto fuerte de su ideario , le pondrán como ejem plo de penitente , como demuestra, por ejemplo, la serie de terracotte de della Robbia en el cenobio del monte Alvernia donde San F rancisco habría recibido las llagas . La orden de los predicadores , llamada por su fundador Santo Domingo de Guzmán al cultivo de la reflexión teológica, le pondrá como ejemplo de intelectual cristiano que hace de la razón una sierva del dogma cristiano . El humanismo , inc luso el laico , tendrá en él un punto de referen cia y Durero llenará su estudio y los salones e iglesias de su ciudad natal (Nürnberg) de las figuras de este intelectual que encajaba perfectamente en los afanes toda vía conciliadores de lo nuevo y lo viejo , de lo medieval y lo humanista, de lo humano y lo cristiano que pretendía Durero . Más tarde , la Contrareforma propondrá la figura de J erónimo tra ductor e intelectual sometido a la tradición y a la autoridad papal como paradigma de actitud antiluterana y apelará a su ideario para reivindi car , frente al antropocentrismo del humanismo , la vuelta a la considera ción de las cosas sub specie aeternitatis . P e ro serán sobre todo el manierismo y el barroco italianos y espa ñoles los que encontrarán en la personalidad atormentada del penitente e intelectual un filón extraordinario para ensayar los más diferentes tra tamientos cromáticos , las más rebuscadas composiciones , las más esotéricas simbologías . Será tan grande la afición que su figura y su ideario , recogido en su epistolario , despierten en los medios religiosos de la Baja Edad Media que , a mediados del quatrocento, unos varones piadosos van a tomar como ejemplo de vida cristiana la de J erónimo y fundarán una serie de congre gaciones de cenobios independientes (los jesuatos , p . e .) que con el tiempo darán lugar a una orden religiosa propia, la Orden J e ronimiana, que , sometiéndose a la regla de S . Agustín, tendría en España su máxima expresión. Esta Orden toda vía subsiste hoy en día, siendo la propietaria, si no jurídica, sí moral de patrimonios históricos y religiosos como los del Monasterio de - 3 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 Y u ste , adonde se retiraría a morir Carlos V , el Monasterio del Escorial, adonde lo haría su hijo F e lipe II, o el Monasterio de Guada lupe , una de las referencias religiosas de la América hispana cristiana. 2.-EL INTELECTU A L CRISTIANO En el marco de esta personalidad polifácetica que hemos esbozado y que tan profusamente ha recogido la iconografía cristiana, destaca su amplio perfil de intelectual: en cuanto polemista, crítico, escritor y tra ductor , San J erónimo se revela como una de las grandes cabezas de la época. En su retiro de Belén es el oráculo al que acude la intelectualidad de ese cristianismo toda vía en formación. Sintomática de esa pasión intelectual es la recomendación que en más de una ocasión hace a sus discí pulos y discípulas acerca de la lectura: "que la noc h e te coja con el libro entre las manos", recomienda en cierta ocasión a P a ula, la noble romana que le siguió al retiro de Belén. En otra ocasión escribe a P a nmaquio y Océano: "!Ojalá tuviera yo las obras de todos los comentaristas para com pensar la torpeza de mi ingenio con la diligencia de la lectura" ("utinam omnium tractarum haberem volumina, ut tarditatem ingenii lectionis diligentia conpensarem", Bac 84 2 I, p . 90). A este su carácter intelectual de amplio espectro se debe , en parte , el que mantuviera contacto con toda esa pléyade de grandes nombres del cristianismo primitivo que fraguan en medio de apasionantes polémicas , no siempre , verbales , el destino doc trinal de la Iglesia: San Gregorio Nacianceno , patriarca de Constantino pla, San Dámaso , obispo de Roma al que sirvió de secretario y consejero, San Agustín, con el que se carteó en repetidas ocasiones , San Epifanio , etc . Interviene en las disputas dogmáticas de la época, sobre todo la que se desarrollaba en torno a la interpretación del apologeta Orígenes , muer to en Tiro un siglo antes de que J erónimo viniera al mundo , y quien, a pesar de sus doctrinas heréticas y de su autocastración 3 , era uno de los autores más considerados del cristianismo . Ha y , sin embargo , que señalar que estas sus relaciones no estuvieron siempre carentes de dificultades y tensiones , sobre todo con San Agustín, con el que acabaría en buena con cordia, con San Ambrosio , al que en más de una ocasión dirigió reproc hes de carácter traductivo , con su amigo Rufino, traductor , y con San J u an Crisóstomo , a cuyo destierro contribuyó de manera importante con una de sus cartas . Como polemista y apologeta participó activamente en las disputas pelagianas en cuyo contexto escribiría un Diálogo contra los pelagianos que le valdría, entre otras cosas , el que una banda de estos asaltara su convento o cenobio en Belén para prenderle fuego . En este ataque , acae cido el año 415, se vertería la sangre de un diácono de J erónimo y perece ría pasto de las llamas la biblioteca del santo , quien pudo salvarse gracias a que se refugió en una torre fortificada. Es este un dato que pone de relie ve el carácter a v enturero que en ocasiones tuvo , por fas o por nefas , su vida, cosa que , por otra parte , no tenía nada de extraordinario en un momento en el que el cristianismo se hallaba inmerso en conmociones doctrinales que conllevaban, en más de 2 Citamos según la edición del Epistolario realizada por la Biblioteca de Autores Cristianos a cargo de J u an Bautista V alero , S . J ., Madrid, 1993. 3 Fue célebre la autocastración de esta interesante personalidad de la Iglesia primitiva realiza da en aras de una interpretación literal del Evangelio: "si tu mano te escandaliza...". - 4 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 una ocasión, fuertes enfrenta mientos personales . Es este un dato que hoy en día nos alecciona acerca de cómo la disputa doctrinal debe hacerse siempre en un tono de concor dia para que la fuerza de la palabra sea exc l usivamente la de la razón que la sostiene , no la que le confieren la pasión o los intereses . Si en su amplio curriculum de polemista, J erónimo hubiera tenido un sentido más irénico y en ocasiones hubiera moderado sus expresiones , posiblemente habría salvado muc has amistades y , lo que es más importante , las pequeñas o grandes porciones de verdad que las doctrinas contrarias o heréticas pudieran tener . Sólo a v enturo un ejemplo. Una de las tesis del monje bri tánico P e lagio, establecido en Belén como J erónimo , una tesis que , por cierto , iba frontalmente en contra de la concepción agustiana del hombre como masa damnata, afirmaba que no era necesaria la gracia divina para la práctica del bien. Si el optimismo humanista que respiraba esta tesis se hubiera incorporado ya en los primeros momentos a la teoría oficial del cristianismo , no habríamos tenido que esperar a los tiempos postconcilia res de nuestro siglo para aceptar al no creyente como hijo de Dios y posi blemente la Iglesia hubiera recorrido otros caminos de tolerancia que habrían hec h o más risueño su rostro histórico . P e ro el verbo y la pluma de J erónimo eran tan pasionales como su personalidad y , llevados del celo y el entusiasmo de la verdad, posiblemente del orgullo propio de todo intelectual, a duras penas podían evitar , como tampoco lo hacían sus contri cantes , la descalificación y el insulto . T ambién intervendría contra J o viniano (393), contra los arrianos , los donacianos , etc ., siendo un acérrimo defensor tanto de la resurrección de la carne y de la Inmaculada Concepción como del culto a los mártires , es decir , de los santos y del bautismo de los niños . Como exégeta escribió numerosos comentarios a diversos libros de la Biblia (J eremías , Cantar de los Cantares , Ec lesiastés , Evangelios , etc .) y como historiador aportó o reelaboró numerosas monografias y estudios , tales como las biografías de San P ablo de T e bas , conocido más bien como San P ablo ermitano , de San Antonio, conocido como San Antonio Abad o San Antón, de San Hilarión de P alestina, etc . Hizo también un diccionario de varones ilustres del cris tianismo (de V i ris Illustribus ), un catálogo de escritores ec lesiásticos , etc . Como investigador filológico realizó un diccionario de nombres propios que se puede considerar ya como un intento de diccionario encic lopédico . 3.-EL INTELECTU A L Y LA TRADUCCIÓN P o r muy interesantes que sean estos rasgos de su personalidad histórica, por lo que a nosotros respecta más nos interesa su actividad como traductor , ya que en este aspecto su labor fue decisiva para nuestro entorno cultural y religioso. En una carta a uno de sus discípulos roma nos , el senador romano P a nmaquio , J erónimo distingue dos tipos de tex tos en las traducciones que él realiza: el de los "griegos" y el de las Sagra das Escrituras: "... in translatione graecorum, absque scripturis sanctis ... ", es decir , textos profanos y textos sagrados . P o r lo que respecta a los pri meros , se ha tratado fundamentalmente de los escritos apologéticos , hagiográficos y teológicos del cristianismo compuestos en los siglos ante riores por Orígenes ( P eri arc h on, comentarios biblicos ), Eusebio de Cesa rea ( Cronica ), Dídimo ( Sobre el Espiritu Santo ), - 5 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 de San P a comio (escritos ascéticos), etc . Es interesante destacar que su traducción del P e ri arc h on de Orígenes es una respuesta a la traducción, supuestamente errónea, hec h a por su amigo y , después , contricante , monje también en P alestina y después en Roma, Rufino. No se le conocen traducciones de los autores paganos griegos , cosa que no es de extrañar ya que , además de salirse del inmediato campo de interés de nuestro eremita, a saber , el campo doctrinal del cristianismo , estos circulaban en suficientes versiones latinas . Si ha centrado su activi dad traductora en los escritos griegos de los autores ec lesiásticos ha sido precisamente porque , en un momento en el que el Imperio Romano mos traba unas tendencias centrífugas materializadas , tras el período pre constantiniano de la T e trarquía, en la división definitiva bajo el empera dor español T eodosio , estas , obviamente , conllevaban el peligro de incomunicacion entre el cristianismo oriental, greco-parlante , y el occi dental, latinoparlante y producían importantes variantes interpretativas y pastorales de la doctrina cristiana. En este sentido , J erónimo realizó esa vocación fundamental a la que responde la tarea del traductor , a saber , la de ser puente entre culturas y lenguas . P ara ello tenía la mejor base . Edu cado en Roma, había vivido y continuado su formación largos años en Asia Menor y Constantinopla, por lo que conocía las dos orillas lingüístico-cul turales entre las que quería establecer el comercio textual. A esas orillas de la traducción aludiría más tarde expresamente el humanista italiano Leonardo Bruni cuando nos hizo aceptar de manera definitiva el término que hoy en día expresa nuestra actividad: traducere navem, es decir , pasar a la otra orilla la na ve textual. Al trasladar al latín los comentarios de Orígenes los estaba convertiendo en patrimonio de la iglesia de la parte occidental, ya latino-parlante; en acervo doctrinal que permitiría a ambos mundos tener puntos de referencia comunes . T al era lo que le advertía Agustín en la primera carta que le dirigió cuando toda vía no es obispo de Hipona, deseoso de entrar en contacto con él: la necesidad de tener en Occidente los tesoros de la doctrina cristiana oriental: "te pido y conmigo te pide toda la comunidad estudiosa de las iglesias africanas que no te canses de poner tu esmero y trabajo en traducir los libros de los autores que , en lengua griega, han tratado magníficamente de nuestras escritu ras . Con ello conseguirás que también nosotros conozcamos a estos hom bres extraordinarios y , muy especialemente a ese que tanto citas en tus obras . En cuanto traducir a la lengua latina las Santas Escrituras canó nica, yo no desearía que trabajaras en eso “( P e timus ergo , et nobiscum petit omnis Africanarum ecclesiarum studiosa societas , ut interpretandis eorum libris qui Graece scripturas nostras quam optime tractaverunt, curam atque operam inpender non graveris . P o tes enim efficere ut nos quo que habeamus tales illos viros et unum potissimum quam libentius in tuis litteris sonas . De vertendis autem in linguam Latinam sactis litteris cano nicis laborare te nollem... ", B A C . I, 536). He aquí formulada por Agustín - de manera específica que , sin gran esfuerzo , se puede generalizar - la misión del traductor: hacer de dos humanidades , en este caso la de Orien te y la de Occidente , un único espacio de fraternidad. P o r cierto que esta carta tardó varios años en llegar a su destinatario . Tras ser violada en Roma, nuestro eremita se enteraría de su contenido por los rumores que le llegaron de la capital a su retiro , lo que sería un primer motivo de tiran tez entre ambos , ya que en ella, el que después sería obispo de Hipona le aconsejaba que no siguiera con la traducción de la Biblia. - 6 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 Aunque estas traducciones de los escritores griegos ec lesiásticos hubieran sido el único trabajo de J erónimo , habrían sido suficientes para que su nombre hubiera pasado a la historia de la traducción. F r ecuente mente , cuando repasamos la historia de esta actividad que ha transmitido y universalizado las obras c l a v e de la ciencia y la literatura universales –piénsese en las obras que la Escuela de T o ledo hizo de curso legal en la Europa medieval–, se pierden de vista los enormes esfuerzos que ha y de trás de esa historia. Mientras se valora el esfuerzo titánico de la creación (los de un Goethe creando la imagen arquetípica de nuestra cultura, el F a usto , o los de un Einstein revolucionador de la imagen del mundo), pasa inadvertida para el gran público la labor callada y ascética del traductor que quizás posibilita con ella la presencia de esos otros grandes genios . En el caso de San J erónimo , para valorarla adecuadamente , ha y que inscribir esa su actividad traductográfica en el contexto de la agita dísima vida que le rodea inc luso en el cenobio belenita. Que el dignatario de la iglesia, escritor de tratados teológicos , viajero incansable , organiza dor monástico , tuviera tiempo para dejarnos la importante traductografía que hoy en día poseemos de su pluma no deja de ser edificante . P o r otra parte , la carencia de los medios de escritura –tinta, papiros , etc– y de a y uda lexicográfica, por ejemplo, de los que disponemos hoy en día ten drían que superarse con una dedicación por encima de las posibilidades normales de trabajo de cualquier persona. ¿Se suponen ustedes lo que sería para un traductor actual el encargo repentino de la traduccion de la Biblia? Imagínense ustedes el trabajo que tuvo que suponer para J e róni mo , por muy bien rodeado que estuviera de santas y solícitas mujeres que le servía de amanuenses , toda esa tarea traductiva que emprende en medio del tráfago mundano de Roma hacia el año 3820 y que continuará en su retiro belenita, no en último término por aliento de San Agustín, con el que a menudo se le representa en sacra conver satio . Solo el acarreo de la tinta, llegada ma yormente de Etiopía, o la disponibilidad de las plumas , la limitación laboral que le imponía la luz diurna a su trabajo o , en el caso del trabajo nocturno , la disponibilidad de sebo o aceite para las pestilen tes lámparas , tenían que suponer un cúmulo de dificultades enormes , añadidas a las inherentes a la versión textual y que debería superar , ade más de con ingenio , con muc h o esfuerzo . P e rsonalmente no me imagino traduciendo bajo esas condiciones . Añádase a esto la atención a los cultos religiosos en el monasterio belenita, cultos que suponían la ruptura de la cadena mental del trabajo , y uno tendrá un idea aproximada del trabajo que ha y detrás de esas traducciones y , sobre todo , detrás de la traducción de la llamada V ulgata, esa Biblia católica cuyo texto vierte J erónimo al latín entre los años 390 y 406 y que , dec larado texto sagrado oficial de la Iglesia por el Conciclio de Trento , sería fijado definitivamente en 1592. P e ro todo ese trabajo y esfuerzo de versión, de consulta textológi ca de las fuentes griegas y hebreas y de la subsiguiente fijación del texto tuvieron como resultado la entrega a la humanidad cristiana e inc luso a la agnóstica de un elemento de cohexión y referencia sobre el que los siglos posteriores irían elaborando una cultura común por encima de las peculiaridades raciales y cosmovisivas. Abandonando por un momento nuestro punto de vista cristiano-céntrico , al que , por supuesto , tenemos pleno derec ho, podremos imaginarnos el papel de esa traducción si consi deramos el papel que para el Islán ha representado el Corán. Bien que este no se traduzca y la Biblia ha ya - 7 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 experimentado innumerables versio nes en las diferentes lenguas a las que ha sido traducida, la V ulgata, es decir , la traducción jeronimiana representa el punto de referencia comu nitario de todas ellas y , en cuanto tal, es el factor de cohexión más impor tante de la cultura occidental, que tiene en la Biblia y en el mensaje evan gélico su motor fundamental. Es esta una consideración que nos da la dimensión de la obra traductiva de San J erónimo . T odo esto se potencia si se considera que en ese momento en el que apenas han pasado tres siglos de cristianismo , existe ya una serie de ver siones bíblicas al latín que se han tratado de integrar en la llamada V e tus Latina, derivada de las Hexaplas de Orígenes y que con sus divergencias textuales ponían en peligro una concepción homogénea del mensaje cris tiano . De hec h o , más de una de las herejías que pueblan el panorama de la historia de la Iglesia en estos años se debió a la carencia de una pauta textual común. De ahí la importancia de la Biblia jeronimiana, que , sin embargo , como se sabe , no dejó de tener contestatarios inc luso entre sus filas . 4.-LA FILOSOFÍA DE LA TRADUCCIÓN JERONIMIANA Precisamente a estas contestaciones técnicas , es decir , filológicas , responde la formulación expresa de su teoría de la traducción , expresada sobre todo en varias de sus cartas . Efectivamente , como en el caso de cual quier traducción –que se lea, por supuesto– y , sobre todo , como en el caso de la otra gran traducción bíblica de la historia, la luterana, tanto la V u l gata como sus otras traducciones provocaron un aluvión de críticas a las que tuvo que responder con energía y , en más de una ocasión, perdiendo los papeles de la modestia y la humildad religiosas que pretendía realizar en su eremitorio . Y es que el contexto en el que surgen estos apuntes de crítica y teoría de la traducción es de nuevo revelador de los modos y maneras de este cristianismo que , pretendiendo predicar el Sermón de la Montaña, se dejaba atrapar por la vis teorica de las cuestiones doctrinales y olvidaba la mansedumbre y el irenismo de aquel. Las diatribas que en ocasiones dirige a sus contrincantes por un quítame allá esas pajas filológicas no tienen nada que envidiar a las que siglos después , Lutero dirigiría a los que desde un punto de vista doctrinal o meramente filológico pensaban de manera distinta. En todo caso ha y que decir que en el caso de San J erónimo esta pérdida de papeles manifiesta la rica persona lidad, humanamente real, de este figura histórica que , a pesar de sus intentos de perfección cristiana, tenía bac hes suficientes como para seguir siendo una persona de carne y hueso , no un santo de peana. El fanatismo es en muc has ocasiones mera cuestión de fórmulas . P e ro ha y un fanatis mo , el textual, de los traductores que les hace creer que las versiones de los demás son malas . Me pregunto , por enésima vez, por qué los traducto res no podrán dirimir sus diferencias técnicas sin acudir a la aniquilacion intelectual del contrario: ¿ Interpres interpreti lupus ? Pues bien, para responder a las críticas , J erónimo coge la pluma en varias ocasiones , en las cartas 57, 84, 85, 106, etc ., y en ellas , además de hacer crítica de traducción, que ya es teoría, esboza c laramente los principios rectores que le han - 8 - Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Núm. 1 - Año 1999 servido de guía y método. P a ra no sobrepa sar los límites de esta exposición, voy a tratar de exponer los razona mientos , la filosofía traductológica de dos de ellas , la 84 y la 57, empe zando por esta última, para centrarme después en la 57, más importante . En el origen de toda la teoría de la traducción jeronimiana está la cuestión origenista. Cuando escribe la carta 84, hace tiempo que J e róni mo había prometido la traducción del P e ri arc hon de Orígenes , si bien, todos los problemas doctrinales y personales que le ha causado su admiración por la persona de Orígenes , al tiempo que su repulsa de sus doc trinas heréticas le han hec h o ir abandonado la idea. Rufino, el monje amigo del monasterio del Monte Olivete que , a finales de siglo , se trasla da a Roma, emprende esta traducción. Un segundón de los ambientes del cristianismo romano , Eusebio de Cremona, se hace amigo de Rufino y logra de él, obviamente a título confidencial, el manuscrito , no definitivo , de la traducción sobre la que toda vía está trabajando . Eusebio , defrau dando la confianza de amigo que Rufino ha puesto en él, hace circular ese borrador y lo pasa al senador P a nmaquio y a la matrona romana Marce la, quienes de inmediato perciben el tufillo herético que el texto disimula con interpolaciones y censuras , teorías que van contra catholicam regu lam y minus catholice dicta (Bac I, p . 885). Actuando de c h ivatos , ambos hacen llegar el texto de la traducción a J erónimo , que desde Belén irradia su influencia basada en el prestigio de su saber filológico y en su seguri dad doctrinal. Uno de sus "santos hermanos", escriben refiriéndose al Eusebio de marras , les ha entregado un texto que manifiesta ciertas sim patías por el ya abiertamente dec larado hereje y con el fin de que inter venga como crítico y como retraductor le envían la traducción de Rufino. Como se ve , ni siquiera en este caso en el que intervenían "santos varones", los traductores han estado al margen del juego sucio que toda ver sión provoca, bien en el mandante , bien en el público lector , bien en el cole ga y como a menudo sucede , se han convertido en víctimas y verdugos del unfair play . Esta jugarreta en la que intervienen Eusebio de Cremona y P a nmaquio como urdidores y Rufino y J erónimo como víctimas , causará nuevas desa v enencias en la relación de estos dos últimos , que ya se habí an enfrentado en P alestina. Esta es la acusación de P a nmaquio contra Rufino ante la corte que preside J e rónimo: se han suprimido de estos libros muc h os pasajes que podrían delatar impiedad manifiesta y se han interpolado pasajes . Ergo , J erónimo deberá como sentencia condenatoria de Rufino, "traducir el libro de Orígenes a partir del original y tal y como fue editado por su autor" (supra dictum librum Origenis ad fidem, quem admodum ab ipso auctore editus est, tuo sermone manifestes , Bac I, p . 885). J erónimo accederá a ello y acompañará el texto de una contestación a sus comunicantes romanos , que , sin atacar directamente a Rufino, cons tata la verdad fundamental de la traductología: que ha y varias maneras de traducir: "como intérprete y como autor". Como autores y no como intérpretes habrían traducido Hilario y V ictorino las obras de Orígenes . El, como solución intermedia, ha optado por un término medio, evitando tanto la "autoridad" que se apropia ilícitamente del texto ajeno , como la servidumbre que hace al traductor esc l a v o del mismo y no de la verdad: "Ahora, el trabajo que me ha costado traducir los libros peri arjon es cosa que dejo a vuestro juicio . Pues si por una parte , cambiar lo más mínimo del texto griego no sería versión, sino eversión, expresarlo todo palabra por palabra no sería propio de quien quisiera guardar la gracia del estilo" ( vestro iudicio derelinquo; dum et mutare quippiam de Graeco , non est ver tentis sed evertentis; et eadem ad verbum exprimere, - 9 -