Los Mendoza y lo sagrado. Piedad y símbolo religioso en la cultura nobiliaria
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Cuadernos de Historia Moderna IssN: 02144018 2000, 25, monográfico: 233-269 Los Mendoza y lo sagrado. Piedad y símbolo religioso en la cultura nobiliaria Adolfo CARRASCO MARTÍNEZ Universidad Complutense de Madrid RESUMEN La aristocracia castellanasupo integrar lo religioso dentro de su sistema cul - tural. La intensa actividad de patronato ejercida sobre órdenes religiosas, con - ventos y parroquias cumplia la función de asociar la memoria del linaje con lo sagrado hasta monopolizar algunos espacios de culto. Entre las múltiples formas que adoptó esta actividad, la construcción de panteones y capillas expresó de manera eficaz el mensaje de sacralización de la familia. Al mismo tiempo, las ceremonias funerarias servian para combinar diversos elementosplásticos, esce - nográficos, sonoros y hasta lumínicos—permanentesunos, efimeros otros— que ligaban las virtudes del finado y los valores de su estirpe con las verdades de la fe. En Guadalajara, los Mendoza tejieron lazos duraderos con distintas institu - ciones eclesiásticas de la ciudad y las incluyeron en el discurso de la fama de su linaje. Las intervenciones de los duques del Infantado se centraron en el convento de San Francisco, transformado en potente expresión de las señas de identidad del linaje y eje central de la dimensión sagrada de su sistema de representación. Palabras clave: Linaje Mendoza, duques del Infantado, duques de Pastrana, Guadalajara en la Edad Moderna, franciscanos, patronatonobiliario, mecenazgo, funerales, panteones nobiliarios, culto a las reliquias. ABSTRACT The Castilian aristocracy was able to integrate religiousness within its cul - tural systcm. The intense activity of patronage exerted on religious orders, con233
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado vents and parishes led to associate the memory of lineage with the sacred mat - tas, monopolizing sorne worship areas. As an example of this activity, the cons - truction of pantheons and chapeis effectively expressed the family’s sacred mes - sage. At the same time, funeral ceremonies combined diverse artistic, scenographic, sonorous aud even Iighting elements —sorne permanent, sorne ephemeral — which bound the defunct’~ virtues and values of bis ancestry with the truths of faith. In Guadalajara, the Mendoza enduringly linked with different ecciesiastical institutions from the city, and they included them as part of te fame in their lineage. The interventions of the Dukes of the Infantado were focused on the convent of San Francisco, which acquired the identity signs of lineage, and was the central axis of the saered dimension of their system of repre - sentation. Key words: Mendoza’s lineage, dukes of te Infantado, dukes of Pastrana, Guadalajara at the Modern Age, franciscans, noble patronage, funeral, nobiliary pantheons, worship of te reiles. 1. LA FAMA Y LAS DIMENSIONES DEL PATRONATO ECLESIÁSTICO DE LOS MENDOZA El patrocinio, en todas sus modalidades y ámbitos, tuvo para la aris - tocraciadurante la Edad Moderna un cúmulo de funciones que explican la abundancia de sus manifestaciones. Patrono por definición, el gran noble, por fortuna personal y por posición social, entendió como uno de los ejercicios obligados por su rango la protección de sus familiares, de sus clientes, de sus empleados, de sus criados, de sus vasallos; de igual modo, el patrocinio de las artes, de las letras, y, quizás uno de los aspectos más importantes, el referido al ámbito de la liturgia y la piedad, llenó gran parte de su actividad. Ahora bien, el patrocinio no fue sólo afirmación del decoro debido a la posición social, sino que rindió, en cada caso, frutos de gran valor para los intereses nobiliarios como elemento de particular importancia dentro de la política de prestigio que, con gran eficacia, se desarrollópor parte de todos los linajes. El ámbito de la fe y de la piedad ofrecía no pocos atractivos para estas prácticas de consideración social y, siguiendo las pautas de conducta dictadas por la Corona, en éste como en 234 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
,ldolfi Carrasca Martínez Los Mendoza y lo sagrado tantos otros aspectos, la nobleza se preocupé por cultivar estrechas rela - ciones con lo religioso’. Entre las diversas modalidades que adopté esta vinculación y que mereceríanser destacadas, el mecenazgo artístico ocupa un lugar de primer orden, ya que sólo comprendido en cl contexto de la política de prestigio se entiende la multitud de expresiones que en este sentido abundan desde Ja Edad Media. De Ja misma forma, debe entenderse Ja memoria funeraria, reflejada en enterramientos y ceremonias, que ponía colofón a la vida del noble y le permitía disponer en torno a su figura de los símbolos del caballero cristiano, el modelo acorde con el ideal de fama nobiliaria destinado a perdurar2. Ambas cuestiones, mecenazgo y ritual funerario, deben ser insertadas en la másamplia estrategia de canalizar la influencia que sobre la sociedad disfrutaba la Iglesia como mediadora ante Dios. Por ello, la fundación de conventos, iglesias y capillas, el interés por procurarse sepulcros espectaculares en lugares sagrados, la profusión de las armas de los linajes en los templos, las donaciones en dinero, objetos de culto y paramentos, en suma, la capitalización de los símbolos y de los espacios religiosos, eran signos visibles de la fama familiar o individual ante los ojos de los fieles y vinculaban el prestigio de la nobleza con las verdades de la fe. Luisa María de Padilla, condesa de Aranda, autora que no sólo por origen y ambiente tenía una opinión razonada sobre cuáles eran las vir - tudes que debían adornar al noble, consideraba que la famapóstuma era corolario de una vida virtuosa y de una actitud digna ante la muerte. A estas cuestiones postreras del decoro nobiliario dedicó no pocas páginas de su Idea de nobles3, un denso tratado sobre la conducta y las virtudes que había de reunir quien por nacimiento disfrutaba de una posición pri - vilegiada. Padilla defendía una idea de nobleza basada en el esfuerzo per - ¡ Sobre el patronato, desde sus múltiples perspectivas, véase el trabajo de Ale - jandro LÓPEZ ÁLVAREZ, Ideología, control social y conflicto en el Antiguo Régimen: el derecha de patronato de la Casa ducal sobre la procesión del Corpus Christi de Béjar, Béjar, 1996. 2 JARA FUENTE, José Antonio: «Muerte, ceremonial y ritual ttnerario: procesos de cohesión intraestamental y de control social en la alta aristocracia del AntiguoRégimen (Corona de Castilla, siglos XV-XVIII»>, en Hispania, LVI/3, n.0 194 (1996), pp. 861-883, queutiliza como ejemplo precisamente la casa ducal del Infantado. PADILLA MANRIQUE Y ACUÑA, Luisa María de, condesa de Aranda: Idea de nobles. Sus desempeños en aforismos. Parte Quan a de nobleza virtuosa. Zaragoza, 1644. 235 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado sonal y no en la herencia, pues «el triunfo es del árbol y no de la tierra en que está plantado»4, y reducía las opciones del noble de cuna a ser un héroe o un santo y, cualquieraque fuese la carrera elegida, habria de «flo - recer con propios actos heroycos», ya que «dicha y no virtud es tener ilus - tres progenitores: esto no está en mano de nadie, no podemos escoger el ser natural, el moral sí, que es la calidad verdadera, gloria y lustre»5. Lle - vada por su afán de mostrar este estrecho y dificil programa vital, al comienzo de su libroproponía un ejemplo del pasado, bien conocido por el público a quien se dirigía. El modelo elegido era Iñigo López de Men - doza, primer marqués de Santillana, quien compendiaba, según la autora, la suma de principios de conducta, acciones en su vida y buen morir que servia de espejo en el que mirarse6. Si la condesa de Aranda tenía en tan alto lugar la memoria del primer Santillana, como ejemplo que sintetizaba las virtudes nobiliarias de tipo religioso, moral, militar y político7, más aún entre los miembros del linaje de Mendoza su recuerdo constituía una de las principales señas de iden - tidad. Los escritores del entorno mendocino no dejaron de enaltecer su fama y le invocaron como modelo. Un descendiente del marqués, el cuarto duque del Infantado, cultivó las letras como lo había hecho el primer Santillana, y dedicó un Memorial de cosas notables a su hijo y heredero Diego Hurtado de Mendoza; el texto, centrado en el valor ejem - plarizante de la historia antigua y trufado de citas de autores clásicos, comenzabacon un elogio al antepasado, «que la fama de todos se la llevó toda (y con mucha razón) solo uno, que fue el marqués don Iñigo López de Mendoza, vuestro agúelo»8. Así quedó en la memoria familiar un espacio preferente para Santi - llana, no sólo por ser un antepasado de brillante trayectoria, sino por adquirir un profundo valor simbólico al personificar en su persona un modelo de actuación y de virtudes. Por tanto, aunque la condesa de Aranda se esforzase por desligar la idea de nobleza de la herencia de los Ibid., p. 55. 6 Al comienzo de la obra hayuna «Recopilación sucinta de la exemplarvida, vir - tudes heroicas y feliz tránsito de don Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, digna idea de todo Príncipe y noble», PP. 1-46. «Prólogo» de la misma obra, sin paginar 8 LÓPEz DE MENDOZA, Iñigo, cuarto duque del Infantado, Memorial de cosas nota - bIes, Guadalajara, ¡564, «Prólogo», fol. 1. 236 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasca Martínez Los Mendoza y lo sagrado antepasados, ésta fue cimentada por los Mendoza, como hicieron los demás clanes aristocráticos, en la memoria de sus más significados ante - cesores. Aunque no en todos los casos los linajes nobiliarios diseñaron, y posteriormente ejecutaron, programas completos que resaltasen las vir - tudes vinculadas al apellido y a los antepasados que las corroboraban con su trayectoria,todos, en alguna medida, trataron de aprovechar las opor - tunidades que en este sentido se les presentaron. El ritual en torno a la muerte cristiana, enriquecido por los humanistas con la incorporación de la tradición clásica, pasó a ser un vehículo adecuado de expresión de poder. Desde el siglo XV, siempre a partir de las formas ensayadas por la corona, la nobleza castellana encontró en lo funerario un conjunto de manifestaciones propicias para proyectar la memoria del finado y reforzar la imagen del linaje9. La elección de un espacio religiosoconcreto —monasterio, convento o iglesia para albergar los restos de los parientes fue, por tanto, una decisión que tenía mucho que ver con la pro - longación de la política de prestigio del noble después de la muerte y tam - bién con la proclamación de la pervivencia del apellido más allá de los individuos. Pero, además, la vinculación con un espacio sagrado produjo consecuencias para las comunidades religiosas que, de alguna manera, quedaban ligadas al noble y su descendencia. De esta forma comenzaron a tejerse relaciones entre la nobleza y las órdenes religiosas o cabildos de sacerdotes que no se limitaron a la celebración de la liturgia de la muerte y al recuerdo del fallecido a través de las misas previstas en las mandas testamentarias. Con la elección de enterramiento por parte de Pedro González de Mendoza se inauguró una relación estrecha entre este linaje y el con - vento de San Francisco de Guadalajara. Desde fines del siglo XIV Pedro González y sus descendientes aportaron su patrocinio y, a cambio, la orden franciscana les proporcionó un espacio para recordar la fama de sus muertos y una tribuna para publicitar las virtudes del linaje. Fue esta una costumbre no sólo observada por el tronco principal del linaje men - docino, pues otras ramas del mismo buscaron también la conversión de Acerca de estas cuestiones en el siglo XV véase YARZA LUAcEs, Joaquín: «La imagen del rey y la imagen del noble en el siglo XV castellano», en RUCQUOT, Adeline (ed.), Realidad e imágenes de/poder España afines de la Edad Media, Valladolid, 1988, PP. 268-269 y 280-287. 237 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrada determinados templos en panteones familiares’0. En esta línea de con - ducta debe entenderse la merced concedida por el emperador Carlos y a la marquesa del Cenete, Mencia de Mendoza, para que ella, sus padres y sus descendientes fuesen enterrados en la capilla de los Tres Reyes de la iglesia de los dominicos de Valencia, obtenida en 153511, o la amplia - ción y reforma de la colegiata de Pastrana, emprendida por Pedro Gon - zález de Mendoza, hijo del primer duque de Pastrana, un verdadero monumento fúnebre a sus padres y a sus abuelos, los condes de Mélito’2. 2. UN ESPACIO PARA LO SAGRADO EN LA GUADALAJARA DE LOS MENDOZA. SIGLOS XV Y XVI Todos los autores arriacenses que tratan del convento de San Fran - cisco se hacen eco de la tradición del origen templario de su fábrica. La reina Berenguela, señora de Guadalajara trasabandonar el trono a su hijo Fernando III, habría sido quien costeó la erección del cenobio para los caballeros y monjes de la Orden del Temple. Tras la supresión de la obe - diencia templaria en Castilla, en 1313, habría quedado abandonado hasta que, en 1330, llegaron los primeros franciscanos conventuales, patroci - lO Una obra de conjunto sobre eí mecenazgo del linaje desarrollado en Guadalajara y su provinciacuyo principal valor reside en catalogar de manera exhaustiva todas las manifestaciones, es la de FERNÁNDEZ MADRID, MA Teresa: El mecenazgo de los Mendoza en Guadalajara, Guadalajara, 1991. En este trabajo se presta especial atención a las rela - cionescon las distintas familias de la comunidad franciscana. Licencia otorgada en Barcelona el 18 de mayo, Archivo Histórico Nacional (AHN), Sección Nobleza (Nobleza), Toledo, Fondo Osuna (Osuna), leg. 1847, n.0 6. Hasta allí fue trasladado el cadáver de su padre, Rodrigo de Mendoza, desde el convento de la Santisima Trinidad, también de Valencia, donde había sido depositado el 23 de febrero de 1523, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1847, n.0 5. 2 HERRERA CASADO, A.: Pastrana, una villa principesca, Guadalajara, 1992, Pp. 59 y 55. ~ El origen templario delconvento de San Francisco es referido sin ninguna en - tica por SALAZAR, Pedro DE (O.EM.), Coronica y historia de lajiundación y progresso de la Provincia de Castilla de la Orden del Bienaventurado Padre San Francisco, Madrid, 1612, p. 222. Sin embargo, TORRES Y PÉREZ, Francisco, en su Historia de la MuyNoble Ciudad de Guadalaxara, Guadalajara, 1647, matiza en algo la tradición generalmenteaceptada: «En la villa de Torixatres leguas de Guadalaxara—escribe Torres— hubo un convento de la religión de los templarios llamadoSan Venito (assí 238 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Ádolf¿ Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado nados por la infanta Isabel de Castilla, hija del rey Sancho 1V’3. Sin embargo, no contamos con ningún soporte documentalque apoye esta explicación y, como señaló hace tiempo Francisco Layna Serrano, la tra - dición presenta numerosas incongruencias, pues, en primer lugar, existía un monasterio templario en la vecina localidad de Torija y es dudoso que tan cerca se hubiese fundado otra comunidad; además, se sabe que los bienes del Temple no fueron abandonados tras la supresión, sino que fuerontransferidos a los hospitalarios de San Juan de Jerusalén; final - mente, concluye Layna, tampoco hay documento en el que se haga men - ción de la llegada de los franciscanos propiciada por la infanta Isabel’4. Destruidas la biblioteca y el archivo del convento por los franceses durante la Guerra de la Independencia, sólo se conservan algunospapeles que tras la desamortización pasaron distintas vicisitudes hasta recalar en la Sección de Clero del Archivo Histórico Nacional y los escasísimos documentos que quedaron en poder de los Mendoza, incorporados luego al archivo de la casa de Osuna y hoy depositados en la Sección Nobleza del AHN, situada en el Hospital Tavera de Toledo. A falta de las cartas de fundación, las constituciones y de cualquier otroregistroque date la llegada de los franciscanos a Guadalajara o explique la construcción del edificio, el documento más antiguo entre los conservados es un albalá de Pedro 1 fechado el 8 de febrero de 1364 por el cual se concedía a la comunidad franciscana la mitad de la renta del peso de la harina de la villa de Guadalajara’5. En ese momento la actividad del convento debía estar plenamente integrada en Ja vida local, a juzgar por las razonesque se aducen para la concesión, en plena salida de la crisis en los años cen - trales del siglo XIV, motivadapor una «cruel pestilencia» que asoló la ciudad, durante la cual el concejo hizo procesión y promesa de conceder lo nombra una bula del papa Alexandro 3n); éstos tenían otra cassa en Guadalaxara, o para vivir alguna parte del año o por tener hacienda en la ciudad que requiriese assís - tencia, o por su saludable o deleitosso sitio servirse de ella para amena granja, por algunas de estas causas la tubieron. La zertidumbre de esto es notoria tradícíon...», fol. 112 r. ~ LAYNA SERRANO, Francisco: Los conventos antiguos de Guadalajara, Madrid, 1943, Pp. 128-129. Sin embargo, ARTEAC,A Y FALGUERA, Cristina: La Casa de/Infantado, cabeza de los Mendoza, tomo 1, Madrid, 1940, p. 55, repite la tradición templaria sin más comel3tano. 15 El privilegio real está transcrito por Pedro DE SALAZAR, op. cit., Pp. 224-225 y por ToRREs, Francisco, op. dM fois. 52v-SJr; también lo reproduce LAYNA SERRANO, E, op. cii., p. 129. 239 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado la renta a los frailes de San Francisco; una vez finalizada la epidemia, se pidió licencia al rey para llevarla a efecto’6. Por tanto, ya establecido el convento franciscano en la ciudad, Pedro González de Mendoza (1340-1385), cuya fortuna se ligó durante la guerra civil castellana a los Trastámara, cuando fundó el primer mayorazgo de la familia en 1380, se preocupó por desarrollar los elementos simbólicos de su fama y eligió Guadalajara, la ciudad donde había nacido y que también desde esta misma época sería objeto de conquista política por los Men - doza’7, como marco espacial donde distribuir los símbolos del linaje para las generaciones venideras. Entre las muchas acciones que emprendió para justificar su vida y su posición —y de cuya rentabilidad disfrutaron sus descendientes ocupan un destacado puesto las relativas al patrocinio religioso y eclesiástico,particularmente las referentes a proporcionarse el tránsito a la vida eterna. Así escogió como lugar para ser enterrado junto con su mujer y que, en adelante sirviese de panteón a sus sucesores, el convento de San Francisco, situado extramuros de la ciudad’8. En su tes - tamento mandó ser allí enterrado, amortajado con el hábito franciscano’9, y que los restos de su segunda mujer descansasen a su lado. Para su eterno 16 Francisco TORRES la justifica por el papel que los frailes franciscanos había jugado en la «aflicción» sufrida por la ciudad, op. cit., fol. 52v. Sobre el motivo de la limosna, comoagradecimiento por la finalización del azote de la epidemia de peste, véase un extracto de la «Crónica de la Santa Provincia de Castilla, libro cuarto, capítulo segundo. De una limosna que la ciudad de Guadalajara dio a este convento», en AHN, Sección de Clero (Clero), leg. 2099. Fn los siglos siguientes, desde los Reyes Católicos hasta Carlos 11, se renovaron en distintas ocasiones las contribuciones del ayuntamiento de Guadalajara al convento de San Francisco, en AUN, Clero, leg. 2099. 7 Sobre la ocupación del poder por los Mendoza en la ciudad de Guadalajara, véase LORENZO CADARSO, Pedro L. y GÓMEZ URDÁÑEZ, José Luis: «Los enfrentamientos entre el patriciado urbano y la aristocracia señorial: Guadalajara y los Mendoza, siglos XVXVII», en Norba, 15 (1995); véase también, MIGNOT, Caroline: «Le municipio de Gua - dalajara au XX’éíne siécle. Systeme administratif et économique (1341-1567)», en Anuario de Estudios Medievales, 14(1984), Pp. 58 1-609. ~ Sobre la importancia que para la nobleza tienen los sepulcros y las capillas fune - rarias en el siglo XX’, como expresión de su poder, como seña de identidad del linaje y, en ocasiones, comoconsecuencia de una notable sensibilidad estética, véase YARZA LUACES, Joaquín, op. cit., Pp. 280 y ss. ‘~ La costumbre de hacerse enterrar con el hábito franciscano por parte de los reyes, en VARELA, Javier: La muerte del rey El ceremonia/funerario de la Monarquía españa/a (ISOO-I800), Madrid, 1990, Pp. 18 y 81-82. Véase esta obra, en general, para comparar el ritual funerario de los monarcas con el de los grandes nobles. 240 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado descanso, dotó «quatro capellanías perpetuas para siemprejamás, en que seancantadas misas en cada un año para siempre jamás por los frayles del dicho monasterio»20 con el dinero que rentaba el pecho de la aljama de los judíos de Guadalajara, derecho que se encontraba en poder del Men - doza21. Asimismo, ordenaba que a costa de sus bienes se construyese un claustro para el convento: «... que sea fecha e labrada y edificada de los mis vienes toda la claustra del dicho Monesterio de Sant Franzisco de Quadalfajara, según que yo y la dicha Aldonza Fernández mi muger lo tenemos mandado»22. El sucesor y primogénito de Pedro González, Diego Hurtado de Men - doza (1365-1405), Justicia Mayor y Almirante de Castilla, mantuvo la línea emprendida por su padre y siguió favoreciendo al convento. A su costa se rehizo tras el incendio que lo destruyó casi por completo a fines del siglo X1V23, aprovechando la ocasión paraedificarlo con mayores pro - porciones24. Como su padre, en su testamento manifestó el deseo de ser enterrado en el convento con el hábito de San Francisco, junto a su mujer: «Primeramente, ofresco mi ánima a Dios Padre que la crió y el cuerpo a la tierra onde es finado. E mando que quando fuere la voluntad de Dios de me lebar deste mundo en que yo agora so, que el mí cuerpo sea enterrado en el monasterio de sant Franzisco de Guadalfajara, en el su hávito, en par de la sepultura de DA Maria mi muger, fija del rey D. Enrríque, que Dios perdone» 25~ Como en el momento de otorgar testamento la reconstrucción no estaba aún concluida, ordenó a sus herederos que la continuasen —men - cionaba en especial la capilla mayor— y, lo que es más importante, con20 Testamento otorgado el 9 de agosto de 1383, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1762, nY 5 (2). Las capellanias fueron fundadas por su viuda el 11 de diciembre de 1385, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1842, nY 3. 21 La rentamontaba 11.000 maravedies al año. 22 AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1762, n.” 5 (2). 23 Se consideran dos fechas para el incendio, 1394 ó 1398. 24 LAYNA SERRANO, E, op. cit., p. 131. 25 Testamento del Almirante de Castilla Diego Hurtado de Mendoza, fechado en El Espinar (Segovia), el 2 de abril de 1400, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1762, n.0 7. 241 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Fray Antonio de Mendozaunía la pertenencia al linaje el hecho de ser miembro de la Orden y ocupar puestos de gobierno en la misma. Pero no fue este el único Mendoza que desempeñó cargos en la provincia francis - cana de Castilla. En 1598 fue elevado al provincialato, en el capítulo cele - brado en el convento de Torrelaguna, Pedro González de Mendoza (15101639), hijo de Ruy Gómez de Silva y de Ana Mendoza de la Cerda, príncipes de Eboli y Mélito y duques de Pastrana y Estremera, que había sido guardián del convento de Talavera y era consultor del Consejo de la Jnquisición46. Estos fueron sólo los primeros pasos de una larga y fructí - fera carrera dentro de la jerarquía eclesiástica. Después ocupó la sede episcopal de Burgo de Osma, fue nombrado arzobispo de Granada (1610) y posteriormente de Zaragoza (1615), paraterminar sus días como obispo de Sigiienza. El hecho de concluir su vida eclesiástica en la sede segun - tina vino a poner el broche a una trayectoria en la cual el punto de referencia desde el primer momento había sido la figura del cardenal Pedro González de Mendoza, su antepasado.Bautizado por sus padres los duques de Pastrana como Fernando de Silva, cuando profesó la regla fran - ciscana se lo cambió por el de Pedro González de Mendoza, en recuerdo de su antecesor y, como éste, patrocinó muchas obras en las distintas sedes que ocupó, sobre todo en Sigúenza y en la villa ducal de Pastrana, sede de su familia, los Silva Mendoza. En Pastrana reformó y amplió la iglesia de la colegiata en 1637, en cuya cripta construyó, sin duda tomando como modelo el de los duques del Infantado en el convento de San Francisco de Guadalajara, un panteón para el linaje. Los epitafios de sus padres y de sus abuelos ~—condesde Mélito—, que decoran el templo, completaron un programa de memoria familiar similar al de sus parientes 4.7 Mendoza de Guadalajara 46 Ibídem, p. 95. ‘~ Sobre el obispo Pedro González de Mendoza, véase HERRERA CAsADo, A.: Pas - trono, una vi/la principesca, Guadalajara, 1992, Pp. 122-123, acerca de las obras reali - zadas por el prelado en la colegiata, PP. 59 y Ss.; también, BOYDEN, James M.: The caur - tier and the King. Ruy Gómez de Silva, Phi/¡p II and the Court of Spain, Berkeley, 1995, Pp. 147-148, y SANTAGLALLA LLAMAS, M.: Pastrana. apuntes para su historia, arte y tra - diciones, Tarancón, 1979. 248 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado 3. EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO, TEMPLO DE LA MEMORIA DE LOS DUQUES DEL INFANTADO EN EL SIGLO XVII 3.1. El programa de reformas en la iglesia del convento: el primer panteón ducal, el retablo de las reliquias y el transparente Durante el siglo XVII se realizaron las intervenciones más impor - tantes de los duques del Infantado en la iglesia del convento de San Fran - cisco desde el punto de vista de la transformación del templo en monu - mento funerario de la familia. Fue la sexta duquesa Ana de Mendoza (1554-1633) quien abordó la transformación de la capilla mayor y la cons - trucción de una cripta debajo de ésta destinada a panteón ducal.Cierto es que el Seiscientos supuso el oscurecimiento de Guadalajaracomo espacio representativo de los Mendoza, pues la familia se trasladó a la corte, pri - mero a Valladolid y luego a Madrid; sin embargo esta decisión política no implicó el abandonocompleto de Guadalajara, que en virtud de las obras emprendidas pues la duquesa Ana en la iglesia de San Francisco reforzó su papel de seña de identidad del linaje. El paso inicial fue la plenaintegración de la comunidad franciscana de los observantes de Guadalajara en la órbita de Infantado, producida en 1605, cuando la duquesa Ana obtuvo la extensión de su patronato a todo el convento, concedido por la provincia de Castilla «por las muchas obli - gaciones que aquel convento y toda la Orden tiene a su casa [del Infan - tado] y personas>08, hecho que tenía una segunda lectura, pues «así más obligados los duques acudieron al aumento del convento ayudando con magnificencia»49. El plan de obra propiciado por Ana de Mendoza incluía primero la cons - trucción de la cripta panteón y la colocación encima de ésta de un nuevo altar mayor, que tuvo que ser adelantado sobre la posición del precedente para dar cabida a un transparente que se abriría en el ábside del templo. Hacia 1625 los trabajos más gruesos debieron estar completos, y se trasladaron vados cuerpos que hasta el momento estaban en distintos puntos de la iglesia, la mayor parte en la capilla mayor. Así lo narra el jesuita Hernando de Pecha: 48 SALAZAR, E DE, op. cit., p. 226. ‘~ TORRES, F., op. df, fol. 1 13n 249 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado «A la bóveda referida hizo trasladar la duquesa los cuerpos de sus padres, de sus dos maridos, de sus hijos y hijas, de la duquesa niña doña Ysabel de Mendoza, marquesa de Montesclaros, hija unica de sus padres, casada con matrimonio rato con el duque don Rodrigo que oy vive, dispensando su sanetidad en la edad y antes de llegar a los onge años murió. En esta bóveda, que por ser pequeña no cupieron más cuerpos, dexó la duquesa doña Ana lugar para sí.»50. Según esta relación de cuerpos depositados en el panteón, sólo entraron en él parientes directos de la duquesa con los que, lógicamente, debía sentir lazos personales más fuertes y que, por otro lado, ya no podían encontrar acomodo digno en la capilla mayor, pues, como dice Pecha, «abríanse seportulas (sic) en el suelo, parecióle a la duquesa Doña Ana que estava aquello en poca auctoridad>01. En la capilla mayor de la iglesia se decidió la duquesa a sustituir el altar existente, que databa de tiempos del tercer duque, quien lo había trasladado desde el Salón de Linajes del palacio ducal52. Quizá la obra más importante sea el nuevo retablo, encargado a un arquitecto francis - cano, fray Francisco Mir, perteneciente al cenobio de Guadalajara entre 1622 y 1626. No disponemos de más datos biográficos de este artista, y tampoco se le conocen más obras que el retablo de la parroquia de ~ Hernando DE PECHA, 5.1., Historia de Guadalajara y cómo la religión de San Gerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos. Guadalajara, 1977 (primera impresión del manuscrito dc 1632), p. 342. Si Ibídem. 52 Según PECHA, op. cit., pp. 271-272: «Desde su tierna edad se mostró nuestro Diego Hurtado de Mendoza [tercer duque del Infantado], pío deboto, christianíssimo, y hubo tan grande afiqión a los officios y ceremonias de la iglesia, que hizo su cassa unaiglesia o capilla real, donde tenía sus capellanes, cantores, menestriles, órgano y otros instrumentos músicos concernientes al officio divino. Dedicó por capilla suya la sala grande de los linajes, cuyo techo con artesones dorados (queentonces estaba casi nuevo) hecho un asqua de oro, en el testero de la manoderecha un altar con un retablo de figuras pequeñas de talla entera, y media talla a la usanca de aquel tiempo, que después quando se deshizo la capilla, se lo dieron al conbento de San Francisco de la dicha ciudad donde sirbió de retablo en el altar mayor, hasta que la duquesa doña Ana de Mendoza les hico el que oy tienen». 250 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Nuestra Señora de la Fuente, terminado en 1624, la arquitectura del túmulo funerario del sexto duque del Infantado —del que se hablará a continuación—, el retablo mayor de la iglesia de San Francisco y la res - tauración de la iglesia de La Piedad53, también una fundación mendo - cina54. En cuanto al retablo de San Francisco, sólo disponemos de las des - cripciones de quienes tuvieron la oportunidad de contemplarlo, pues fue destruido durante la ocupación francesa en la guerra de la Independencia. El jesuita Pecha así lo retrata: «[La sexta duquesa del Infantado] hizo un retablo para el altar mayor, ex~elente obra de emsamblaje y escultoria, muy bien dorado, y esto todo con tal artifiqio que por tramoyas los tableros de pintura suben unos y bajan otros, y en lo interior del retablo des - cubren unos relicarios admirables, llenos de reliquias en urnas doradas, en medios cuerpos de sanctos, en brazos curiosamente adornados»55. ~“ Sobre la fundación del beaterio por Brianda de Mendoza, hija del segundo duque del Infantado, véase la nota 41. ~ La identificación de fray Francisco Mir se debe a José Miguel MUÑOZ JIMÉNEZ, La arquitectura del manierismo en Guadalajara,Guadalajara, 1987, Pp. 96-99; sobre las distintas intervenciones de Mir en la iglesia de San Francisco propiciadas por la sexta duquesa del Infantado, Pp. 294 y ss. ~ H. PECHA, op. cit., p. 342. Alonso NÚÑEZ DE CASTRO, en su Historia eclesiás - ticay seglar de la muy noble y muy leal ciudad de Guadalaxara, Madrid, 1653, que en su mayor parte es unareproducción de la obra de Pecha —Luis DE SALAZAR Y CASTRO considera la obra una «apropiación» por parte de Núñez de Castro, en su Biblioteca Genealógica Española, BN, Mss. 18121, ed. de E. SORIA MESA, Córdoba, 1997, p. 84— se expresa en los siguientes términos: «... el retablo del altar mayor, que hoy campea en el convento de San Francisco, tan rico, tan curioso y tan descollado, que sube su altar desde la mesa del mayor hasta la eminencia de la techumbre. Adornanle tres cuerpos de colunas ricamente labradas y doradas con santos de bulto y quadros de pinturas y un gallardo tabernáculo con su transparencia; detrás [hay] una capillacuriosamente pintada, debaxo de la cual está la bóbeda con los cuerpos de los señores de la casa. Fuera de la grandeza y riqueza del retablo es de tal artificio su fábrica que, descubriendopor la primera faz la pintura de los quadros, puede subir y baxar con tramoya, descubriendo bistosos relicarios llenos de urnas con cuerpos y reliquias de santos; de manera que es un santuario de reliquias en lo interior y, en lo exterior, liencos de extremadopincel» (pp. 74-75). 251 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y la sagrado Y años más tarde Francisco Torres se entretiene en los detalles del mecanismo que permitía alternar las pinturas del retablo con la exposición de relicarios: «El retablo es riquísimo de hermosas columnas que se lebantan sobre bellos pedestales rematándose en aliviadas comisas, flisos y capiteles. Su traza es linda y su obra perfetta. Está en mitad del retablo la ymagen de Nuestra Señora y los ángeles que a la exma. señora doña Ana le embiaron uno y otro de Nápoles, cosa rara y de escultura prima, adonde están ricas piedras entalladas. Los quatro quadros principales del retablo están con artificio, pues en días festivos y solemnes con yndustria se hunden los lienzos de pinzel y quedan descubiertosquatrorelicarios quadrados grandes y vien dispuestos y en cada uno se manifiestan urnas doradas con vidrieras de christal, adonde están cuerpos de santos con sus rótulos; y todos los demás concabos están llenos con relicarios y otras muchas reliquias, de suerte que no ay cosa vazia y vienen a quedar los quatro quadros conformes ofreciendo vna vera vista. Y 56 todo esto lo dio y lo mandó hazer la gran duquesa» En ambas descripciones destaca la insistencia en las reliquias y relica - rios que se guardaban en el retablo, todas ellas donadas por la sexta duquesa y sus antecesores. Ya Diego Hurtado de Mendoza, tercer duque del Infantado, había mostrado especial afición a coleccionar y venerar reliquias ricamente engastadas, custodiadas en la capilla en la que había convertido el Salón de Linajes del palacio ducal, y las exhibía en la cele - bración del Corpus57 como parte de los actos que organizaba: «el primero día de la octaba hacia una processión muy solemne alre - dedor de los corredores altos de su cassa, que los tenía aderecados con ricas colgaduras y quadros, con quatro altares en las quatro esquinas adornados con imágenes, reliquias y piezas de oro y plata»58. 56 TORRES, E, op. ch., fol. 113. Una descripción del retablo, basada en todos los tes - timonios disponibles, en MUÑOZ JIMÉNEZ, J.M.: La arquitectura del manierismo., p. 97. ~ Petición elevada en 1522 por el tercer duque del Infantado a Adriano ví que le permitiera tener en su palacio el Santisimo Sacramento durante el octavario y el dia del Corpus, y que se concediese indulgenciaplenaria a los fieles que entrasen a visitarlo, en Al-IN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1842, n.0 31. » PECHA, H., op. ciÉ, p. 272. 252 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Estas formas de piedad combinaban el patrocinio ducal de la liturgia -—--una actitud personal piadosa— con la participación en el culto de un círculo amplio de personas: la familia directa, los parientes, los clientes, los criados de la casa, los vasallos y, eventualmente, miembros de otros linajes. Como complemento de las ceremonias litúrgicas, las reliquias del palacio eranexpuestas ante el público en las grandes fiestas, que tenía de esta manera oportunidad de integrarse en una representación en la cual la vinculación entre el prestigio del apellido Mendoza y los grandes miste - rios de la fe se convertía en un todo indisociable. Así, la creación de un determinado clima religioso, formando un todo con la fama del linaje, se veía potenciado por efectos escenográficos tan eficaces como la profusión de relicarios y reliquias59. A la muerte del tercer Infantado, sus sucesores desmontaron la capilla del Salón de los Linajes e iniciaron la donación de la colección de reliquias a las distintas comunidades religiosas de Guada - lajara —clarisas, el convento de la Piedad, la Merced, las Bernardas, Santo Domingo— y a otras en las que la familia tenían fundaciones, como el monasterio de San Bartolomé de Lupiana, los dominicos de Sopetrán y el hospital de Buitrago—. Ello no indica per se un cambio en los comporta - mientos devocionales de los Mendoza, ni siquiera tiene que ver conuna hipotética disminución del valor instrumental de las reliquias dentro del sistema de representación del poder familiar en su vertiente religiosa. Por el contrario, la donación de reliquias a comunidades de frailes y monjas significa una reutilización del valor simbólico de aquellas, que ahora se convertían en difusores de la piedad y generosidad ducales, extendidas por los centros de culto del espacio urbano de Guadalajara y de otras pobla - ciones. Aunque no han quedado testimonios de la forma en que se realizaron estas traslaciones, pues sólo contamos con la certificación de las entregas y su recepción por los superiores de los conventos, es presumible que en más de un caso se aprovecharía laocasión para organizar una ceremonia de cierto relieve, en menor escala de las promovidas por Felipe II en esos mismo años, como la del cuerpo de Santa Leocadia a la catedral de Toledo60. >~ Sobre la devoción a las reliquias del tercer duque del Infantado, E LAYNA SERRANO, op. cit., p. 148. 60 Las ceremonias de traslación de restos de santos celebradas en tiempos de Felipe II, como la de San Eugenio a Toledo, en 1565, la de los Santos Justo y Pastor a Alcalá de Henares y la de Santa Leocadia también a Toledo, en CHECA, E, Felipe IL mecenas de las artes, Madrid, 1992, Pp. 288-290. 253 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Es seguro que algunas de las reliquias de la colección ducal fueron colocadas por fray Antonio de Mendoza en su capilla de la iglesia de San Francisco, pero todavía debieron quedar suficientes para llenar los huecos practicados en el nuevo retablo que costeó la sexta duquesa. A esta nume - rosa colección de reliquias se sumaron luego las que, a su muerte, Ana de Mendoza ordenó a sus albaceas testamentariosdepositar en la iglesia del convento franciscano junto con dos imágenes, un Niño Jesús «que me dio el inquisidor general Juan de Pacheco, obispo de Cuenca, con la [a]seberayión que de mano de este niño abía recibido una santa monja carmelita descalza muchas mercedes», y una Concepción «que fue del Sr. cardenal don Juan de Mendoga, que el Papa le dio para mi mayorazgo». Las reli - quias de esta partida son las siguientes: «Un relicario de otro pedaco de Linum Crucis que es de mi mayorazgo. Otro relicario de las espinas y gota de sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Otro relicario con un dedo de San Fran - cisco de Borja que está puesto en cabeca del relicario grande»61. Están registradas dos entregas posteriores, ordenadas por Rodrigo Díaz de Vivar Sandoval y Mendoza, su nieto y sucesor en el título ducal, al convento de San Francisco. En 1637, se envían a la iglesia del cenobio, en cumplimiento del testamento de su antecesora: «Seis cuerpos en sus humas doradas de los santos mártires Salucio, San Lelio, San Esteban papa y mártir, San Biride (sic), San Félix, San Florido. Y anssí mismo seis cabe~as de las honce mill bírjenes con algunos huesos dellas metidas en ocho humas doradas. Y quatro cabecas de los Santos Tebeos. Y un braco de los Santos Tebeos. Y otro de las honce mill bir - genes. Otro braco de San Simón apóstol. Otro de San Clemente mártir Otro de San Bíctor mártir, metidos en bracos de madera dorados. Una relichia de San Juan mártir. Otra de San Marcelino mártir. Otro de Santa Dorotea birgen y mártir Otro de Santa Adela birgen y mártir Otro de San Juan Crisóstomo, dotor y confesor Otro de 61 Cláusula extraída del testamento de la duquesa Ana de Mendoza,AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 2242, n.0 20. 254 Cuadernos de Historía Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adotfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado San Aureliano, obispo y confesor. Otro de San Leonardo, obispo y confesor. De cada una de estas reliquias un gúeso y todas ellas metidas en sus humas y bracos con todo adorno»62. La siguiente entrega de reliquias,realizada por uno de los contadores de la casa del Infantado, está fechada en 1639, y se compone de siete cuerpos y cabezas de santos —sin especificar los nombres— «con sus humas y adornos, que dejaron puestas en el retablo del altar mayor de dicho combento, para que sean beneradas de los fieles con beneración pública»63. Estas remesas de reliquias depositadas en San Francisco no impidieron que continuasen las cesiones a otras comunidades religiosas —tal debía ser la inmensa colección ducal—; así, en 1638, recibieron restos de santos, entregados por el séptimo Infantado, el convento de Santo Domingo de la Cruz y las carmelitas descalzas de San José64. Al calor de la religiosidad contrarreformista, la veneración de los «preciosos despojos»65 vivió una época de popularidad, porque constituía una seña de identidad específicamente católica que distanciaba a sus prac - ticantes de la piedad austera propugnada por las confesionesprotestantes. El culto a los santos, y especialmente a los mártires, cobró importancia por el carácter ejemplarizante que la Iglesia atribuía a sus vidas y por la posición de intermediariosentre el hombre y Dios otorgada por la teología tridentina. Asimismo, la reivindicación de la virginidad de María ——que había sido objeto de fuertes ataques desde el bando reformado— y la insistencia en el dogma de la Eucaristía —igualmente un asunto de enfrentamiento entre los cristianos—, fueron todos temas en los que se insistía desde el pálpito y a los cuales, en consecuencia, se aplicaron los métodos e instrumentos de propaganda de la fe. Esto es evidente en las formas artísticas habituales, renovadas por un fuerte sentido pedagógico de la obra de arte y por la intención de persuadir con la imagen. Además de manera explícita se insistía en que lo visual debía conmocionarpara provocar la oración y transportar hacia lo espiritual, según una auténtica teoría de las emociones puesta al servicio de las verdades de la fe. 62 AHN, Clero, 2089. 63 Ibídem. ~ Al-fN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1842, n.0 40 y 41. 65 Cit. por MARTíNEZ-BURGOS GARCÍA, Palma: Ídolos e imágenes La controversia del arte religioso en el siglo XIII español, valladolid, 1990, p. 119. 255 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Dentro de este sistema de representación, el recurso a lo dramático tenía papel primordial y por ello el culto a los restos de los santos o de Cristo y de la Virgen, acomodados en relicarios que en sí mismos consti - tuían obras de arte, debeinsertarse en el contexto de la piedad de la época, en una búsqueda de la «AntigUedad cristiana» que tenía una significación militante muy clara. En este culto, como en otros aspectos devocionales expresados a través del arte, la impronta de Felipe II resultó decisiva. Sabido es que el Rey Prudente, profundamente convencido de las propie - dades taumatúrgicas y del valor doctrinal militante de las reliquias, fue un coleccionista apasionado de restos y, lo que tuvo más consecuenciasentre la aristocracia que luego imita al monarca, las dotó de un papel relevante, tanto decorativo como funcional, en el amueblamiento de El Escorial66. En este contexto, es fácil comprender el efecto que sobre el espectador debía producir el retablo de San Francisco durante las fiestas mayores, cuando se abatían los tableros pintados y surgían los relicarios convir - tiendo la pieza en un dramático testimonio, nada alegórico sino bien fisico, de las verdades de la fe católica. 66 Sobre el arte barroco y lo religioso, véase, entre otras cosas, CHECA, F. y MORAN, i.M.: El Barroco, Madrid, 1994, Pp. 211-234. Acerca del arte puesto al servicio de la Contrarreforma, es clásico el trabajo de WITTKOWER, R.: Arte y arquitectura en Italia, 1600-1 750, Madrid, 1983 (1958), sobre todo Pp. 21 y ss. En cuanto al valor otor - gado por Felipe II a las reliquias en el programa ideológico y decorativo de El Escorial, véase CHECA, E., Felipe IL mecenas..., PP. 284-290, yMARTiNEz-BUROOs GARcIA, P., op. cii., Pp. 119-141 (en especial, la devoción de Felipe II a las reliquias, en Pp. 124127); en este mismotrabajo se cita la presencia del quinto duque del Infantado y otros Mendoza en la traslación del cuerpo de Santa Leocadia a Toledo, Pp. 142-143. La rela - ción de Felipe II con las reliquias en El Escorial, también en VARELA, J., op. cit., PP. 41-42. Además, son imprescindibles las páginas que dedica FrayJosé de SIGOENZA a la colección de reliquiasdel Monasterio de El Escorial, así como a la decoración de los armarios y su ubicación, en La fundación del Monasterio de El Escorial, prólogo de A. Fernández Alba, Madrid, 1988, Pp. 358-368 (descripción de las reliquias y sus relica - rios) y pp. 312 y 314 (la ubicación de los armarios de los relicarios). De la abundante literatura sobre las reliquias, su manipulación, culto y valor teológico, dan ejemplo las obras de ÁvILA Y TOLEDO, Sancho de (también aparece como Sancho Dávila), obispo de Plasencia, De la veneración que se eleve a los cuerpos de los sanctas y a sus reli - quías, y de la singular que se a de adorar el cuerpo de Jesús Christo en el Sanctíssimo Sacramento, Madrid, 1611, y Doménico AuroNso, Ele Sacrorum reliquiarium curtu veneratione, transíatione, atque identitate, Brescia, 1610. sobre la leyenda de lasOnce Mil Virgenes, FERREIRO ALEMPARTE, 3.: La leyenda de las once mil vírgenes: sus reli - quías, culto e iconografia, Murcia, 1991. 256 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Pero el programa de reordenación del espacio del templo proyectado por la duquesa Ana de Mendoza no finalizócon el panteón y el retablo, sino que se completó con otra intervención igualmente efectista, como fue la apertura de un transparente con un pequeño altar en la perpendicular del panteón. Su ubicación obligó a recolocar el altar mayor y el nuevo retablo, con objeto de otorgarle el mínimo espacio para oficiar y permitir la contemplación del efecto generado por la luz. La obra, compleja, incluyó la necesario ruptura del muro y la reformulación del techo: «Primeramente acer un arco en el gruesso de la pared a todo el alto que fuere menester y asentar la ventana a la parte de afuera y cerrar todo lo demás de un asta de ladrillo asta el texado, lo qual a de estar rebotado por la parte de afuera asta que llegue a la uentana asta la custodia. Y hacer dos cañones de vóveda por las entradas de las puertas del trasparente asta la bóveda principal. Y en las esquinas de la pared que se a de romper a de quedar todo cerrado y blanqueado con ieso y solar y chapar (...) Para todo lo qual le an de dar toda la madera que hubiere menester El qual se obliga de lo ager por quatrocientos y 9inquenta reales»ó?. El transparente, siguiendo la ortodoxia tridentina, venía a reforzar el «triunfo de la Eucaristía», a potenciar con el efecto de la luz la presencia central de la custodia y, junto con el retablo, a conducir la mirada de los espectadores hacia el altar68. De esta manera, el panteón, el retablo de las reliquias y el transpa - rente, tres intervenciones contemporáneas sobre el espacio de la iglesia, respondían a un único proyecto dirigido a unir el prestigio del linaje con los misterios de la fe69. La materialización de esta idea a través de tres propuestas integradas aportó una gran riqueza de matices simbólicos, civiles unos, religiosos otros, a cuyo servicio se empleó el repertorio esté - tico y los recursos técnicos del momento. Francisco Torres es consciente 6? Carta de obligación de Sebastián Pérez, maestro albañil, para la construcción del transparente de la iglesia del convento de San Francisco, Guadalajara, 23 de enero de 1625, AHN, Clero, leg. 2099. 68 CHECA, E y MORÁN, J.L.: El Barroco, PP 258-259. 69 A estas tres obras hayque sumar en 1623 la construcción de un nuevo claustro, mayor que el erigido en tiempos del cardenal Mendoza, investigado, descrito y fecbado por MUÑOZ JIMÉNEZ, J.M.: La arquitectura del manierismo..., PP. 297-299. 257 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolió Carrasco Mottínez Los Mendoza y la sagrado y difundida como ejemplo para sus descendientes y también como argu - mento de prestigio social. Sin embargo, los descendientes de la sexta duquesa no se limitaron a mantener el sistema escenográfico elaborado por ésta. Algunos lo modi - ficaron, otros lo completaron y hubo también quienes, directamente, lo ignoraron. 4. CAMBIOS EN LAS ACTITUDESANTE LA MUERTE Y EN LA DISTRIBUCIÓN DEL PATRONATO Buena prueba de que no se debe cargar exclusivamente en los valores colectivos del linaje y de la tradición la explicación de las conductas de la aristocracia, y de que las características individualestenían no poca inci - dencia en las decisiones adoptadas en este sentido, es la actitud de los sucesores de la sexta duquesa del Infantado en el momento de decidir su sepultura y el ceremonial de su entierro. Trasladada la residencia ducal a Madrid de forma permanente, el sép - timo duque, Rodrigo de Mendoza, y su mujer, María de Silva y Guzmán, mantuvieron la costumbre de hacerse enterrar en San Francisco de Gua - dalajara,pero no dispusieron el traslado de sus restos al panteón acompa - ñados de un cortejo numeroso. En concreto, el duqueespecificó su deseo de ser llevado a Guadalajara por «cuatro o cinco criados», aunque su pre - ocupación por ser suficientemente encomendado le llevó a ordenar por su memoriacuarenta mil misas en todos sus estados82. Pese a no residir habi - tualmente en Guadalajara, la vinculación de la casa duca[ con la ciudad y en particular con el convento de San Francisco no se vio erosionada, con lo cual se conservaba lo esencial del símbolo. Pero la situación cambió con la siguiente titular del Infantado, Cata - lina Gómez de Sandoval y Mendoza, hermana del anterior, que había con - traído matrimonio con el duque de Pastrana, Rodrigo de Silva y Mendoza. Como ya se ha mencionado, los Silva disponían de su propio panteón en 82 Testamento de Rodrigo de Mendoza y Sandoval, séptimo duque del Infantado, otorgado en Madrid el 14 de enero de 1657, Al-fN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1763, nY 23 (1-2). Traslado de! testamento de su mujer, Maria de Silva y Guzmán (en el docu - mento aparece apellidada Mendoza por su marido), firmado en Madrid el 27 de julio dc 1662, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1763, n.0 24. 264 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado la iglesia de la Asunción de Pastrana y en su última voluntad el duque don Rodrigo ordenó ser enterrado junto a sus antepasados83. Su viuda, optó por dejar la decisión sobredónde reposar al criterio de su heredero, quien ya por entonces era duque de Pastrana. Es más, también rompió con la antigua tradición mendocina de vestir como mortaja el hábitofranciscano, ya que eligió el del Carmelo Descalzo, orden más vinculada a los Silva que a los Mendoza, y además ordenó ser depositadatemporalmente en el convento de las carmelitas descalzas de Madrid hasta que se tomase la decisión definitiva sobre la ubicación de sus restos84. Su heredero, que unió en su persona los mayorazgos de las casas de Mendoza y de Silva, mantuvo en sus titulaciones la precedencia del apellido de su padre y de su título ducal, haciéndose llamar Gregorio «de Silva y Mendoza, duque de Pastrana y del Infantado». Sin embargo, en su testamento mandó ser depositado en primera instancia en la Almudena de Madrid, donde ya des - cansaba su mujer, María de Haro y Guzmán, para luego ser trasladados a San Francisco de Guadalajara85. Este muestrario de decisiones personales, que en algunos casos seguían la tradición y en otros obedecían a las cir - cunstancias individuales de piedad o de cualquier otra índole, obligan a considerar Ja importancia de lo particular frente a] peso de la costumbre familiar. Está claro que las actitudes en algo tan intimo como la muerte superaban la mera repetición mecánica de las pautas fijadas por los ante - pasados. De la misma forma, las estrategias de patronato eclesiástico no man - tuvieron una única dirección, pues las iniciativas personales también tuvieron que ver tanto con la piedad de cada uno como con los intereses coyunturales. Bajo estos condicionantes debecontemplarse la iniciativa de Catalina Gómez de Sandoval y Mendoza, octava duquesa del Infantado, de fundar una comunidad de capuchinos en su villa de Jadraque bajo la advocación de San Nicolás de Bari. La cláusula de patronato de la escri - 83 Testamento otorgado por Rodrigo de Silva y Mendoza, duque de Pastrana, en Madrid el catorce de octubre de 1659, y codicilos fechados el 21 ye) 23 de diciembre de 1675; AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1766, n.0 10 (1-4). 84 Testamento de Catalina Gómez de Sandoval y Mendoza, octava duquesa del Infantado, fechado en Madrid el 5 de noviembre de 1681, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1766, n.0 11(1-2). 85 Testamento de Gregorio Maña Silva y Mendoza, noveno duque del Infantado y quinto de Pastrana, autentificado en Madrid el 4 de septiembre de 1693; AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1766, n.0 13 (1-3). 265 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado tura de fundación especificaba la exclusividad de la facultad de enterrar y de colocar las armas ducales en cualquier lugar de la iglesia y el convento: «Que el patronato del dicho convento ha de quedar para Su Exce - lencia por los días de su vida y para después de ellos para todos los demás sus successores en su casa, estados y mayorazgos del Infan - tado. Y han de poder poner sus armas en qualesquier partes que les pareciere, assí del convento como de la Iglesia de él y capilla mayor, y hazer entierros en ella o en la parte que les pareciesse, sin que sobre ello se les pueda poner ni ponga impedimento ni embaraco alguno»86. En la misma cláusula se detallaba el protocolo que la comunidad capuchina debeobservar en las visitasducales, convertidas de esta manera en ceremonias litúrgico-civiles que subrayaban en todos sus detalles la preeminencia de los fundadores: «Y siempre y en qualquier tiempo que Su Excelencia y los demás señores que la succedieren en este dicho patronato fueren al dicho convento han de ser obligados sus religiosos a recibirlos con capa y cantar el Te Deum Laudamus, y los han de acompañar desde la puerta de la iglesia hasta las gradas del altar mayor o en la parte donde quisieren hazer oración. Y en ella han de tener una almohada y silla y lo han de poder poner los dichos señores patronos siempre que les pareciere. Y en los días que asistieren dichos señores patronos a la missa mayor se les ha de dar la paz. Assitiendo en los de la Purificación y Domingo de Ramos se les aya de dar por el convento su vela y palma, vno y otro antes que a la comunidad ni a otra ninguna persona. Y han de poder si quisieren enterrarse en el dicho convento y todas las personas de su casa. Y assimismo, si Su Excelencia o demás señores patronos que la sucedieren en este patronato quissieren hazer casa o quarto contiguo al dicho con - vento, se les aya de permitir romper tribuna a él»87. 86 Escritura de fundación del convento de capuchinos en Jadraque, 21 de noviembre de 1676, impreso, AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1842, n.0 45, fol. lv. ~ Otras obligaciones de los capuchinos consistían en decir misa diaria perpetua por el alma de la duquesa cuando falleciese, además de nueve misas con responso y honras espe - ciales en el dia del aniversario de su muerte; también, en la octava del Día de los Difuntos, se bariamemoria de la duquesa, y el provincial capuchino se comprometia a comunicar la muerte de los patronos a losconventos de la provincia para que les encomendasen a Dios en sus oficios ordinarios. AI-IN, Nobleza (Toledo), Osuna, Ieg. 1842, n.0 45, fols. lv-2r. 266 C ¿adernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Ada/Ji, Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado Sin embargo, a pesar de las prerrogativas que se reservaba el patrono del convento, parece que las relaciones entre los sucesores de la duquesa y la comunidad capuchina no fueron fáciles. La renta que había asignado doña Catalina para el sostenimiento del cenobio dependía de un juro situado en el tercer uno por ciento de la misma villa de Jadraque. Esta dis - posición, que obligaba a sus sucesores,quedó puesta en entredicho cuando en la primera década del siglo XVIII el juro dejó de cobrarse. Entonces los capuchinosreclamaron al décimo duque del Infantado, don Juan de Dios, que se hiciesen efectivas las cláusulas de hipoteca de bienes que en la carta de fundación aseguraban las percepciones del convento, pero el duque se negó a hacerlo. Fue iniciado un largo pleito por parte de los frailes contra la casa ducal, en el cual todas las sentencias fueron favorables a los deman - dantes. Por fin, en 1774, el duque don Pedro de Alcántara reconoció su deuda y la satisfizo, según un acuerdo en el que se comprometía a entregar al convento de San Nicolás de Barí 12.000 reales al año88. Sólo entonces los capuchinos permitieron que el patrono tomase posesión oficial de la comunidad, en una ceremonia solemne de entrega de llaves y oficio reli - gioso celebrados según se fijaba en el texto de fundación89. Este conflicto entre patrono y patrocinados indica que las relaciones entre ambos no siempre fueron armoniosas. Pero, sobre todo, señala que la vinculaciónconuna comunidad religiosa podía resultar extraña a los sucesores del fundador. Una vez más, por tanto, hay que poner acento en lo individual. Otro caso que abunda en la complejidad de las decisiones adoptadas por la casa ducal del Infantado en el ámbito del patrocinio eclesiástico lo encontramos en la construcción del nuevo panteónfamiliar en la cripta de San Francisco, abordada por el décimo duque en la transición del siglo XVII al XVIII. El antiguo panteón, construido por la sexta duquesa, era de reducidas dimensiones y ya en las postrimerías del Seiscientos se encontraba saturado. El duque Juan de Dios se encontró con la imposibi - lidad de cumplir las últimas voluntades de sus abuelos y de sus padres, por lo que se decidió a buscar una solución. Además, como explicaba su secretario, «se a reconozido no estar capaz ni dezente, a caussa de quecon el tiempo se a undido dicha bóbeda y nezesitarse de discurrir nueba forma ~ Distintos papeles del pleitoentre el convento capuchino de San Nicolás de Barí en .ladraque y los herederos de la octava duquesa del Infantado, en AUN, Clero, leg. 2139 (2). 89 AUN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1847, n.0 30. 267 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado de entierro, para todos los aszendientes del duque»90. La obra, comenzada en 1696 por Felipe Sánchez y rematada en l’728 por Felipe de la Peña9t, consistió en la construcción de una nueva cripta debajo de la nave de la iglesia, dejando como capilla el panteón antiguo. El nuevo enterramiento estaba compuesto por tres piezas: una sala prin - cipal de planta elíptica convertida en poligonal por pilastras, el pudridero y la capilla. El panteón de San Francisco tenía similitudes evidentes con el Panteón de Reyes de El Escorial92, no sólo en su disposición sino también en la decoración de paredes, techos y suelos, mediante la combinación de mármoles de color rosa, gris negro y blanco. La idea de dinastía expresada en el panteón escurialense era sustituida aquí por la idea de linaje, en clara emulación de los enterramientos reales. A él fueron trasladados los cuerpos de los Infantado desde la duquesa Ana de Mendoza y sus dos maridos, junto con los hijos muertos en edad infantil del duque don Juan de Dios y su mujer María Teresa de los Ríos, que habían sido depositados hasta el final de las obras en San Francisco el Grande de Madrid93. A pesar de haber patrocinado el nuevo panteón, el duque Juan de Dios y su mujer, ordenaron ser enterrados en el convento de San José de Gua - dalajara, de las carmelitas descalzas, por lo que es lógico pensar que su intención al construirlo se limitó a cumplir los testamentos de sus antepa - sados y a guardarcon el debido decoro la memoria de su linaje, reser - vándose como decisión personal el lugar donde ser enterrado con la duquesa94. Tampoco su sucesora fue enterrada en San Francisco, y ni siquiera en Guadalajara, sino que eligió la basílica de Atocha en Madrid, donde ya reposaban los restos de su marido95, y, rompiendo aúnmás con ~ Escritura de fundación del convento de capuchinos en Jadraque, 21 de noviembre de 1676, impreso, AUN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1842, nY 45. ~‘ LxyN~ SERRANO, E, op. cít., Pp. l5&151. 92 Han señalado el parecido con el panteón escurialense E LAYNA SERRANO, op. cít., Pp. 140-153, y JA. JARA FUENTE, op. cit., pp. 869-870, conreferencia al simbolismo de la planta y la ubicación del enterramiento debajo del altar mayor. Véase también sobre el panteón de El Escorial VARELA, 1, op. cit, Pp. 92-98. ~ Los niños eran Maria Francisca Javiera, fallecida en 17 13 a los tres años, Agustín Francisco Gregorio Joaquín, desaparecido en 1714, con siete meses, y Gregorio, de un año de edad, muerto en 1716; AUN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1766, ni’ 13 (1-3). ~ Testamento del décimo duque del Infantado, otorgado en Madrid el 21 de mayo de 1737, AUN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1766, a.0 15 (1-7). ~ Testamento de Maria Francisca de Silva Sandoval y Mendoza, undécima duquesa del Infantado, otorgado en Madrid el 21 de febrero de 1770, AUN, Nobleza (Toledo), Osuna, Ieg. 1766, n.0 18 (1-6). 268 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269
Adolfo Carrasco Martínez Los Mendoza y lo sagrado la tradición,tampoco fundó memoria o capellanía en San Francisco. Pero si enterró en el convento de Guadalajara a los hijos muertos en edad infantil96. Para terminar de demostrar que la autonomía personal en la toma de decisiones en materia de enterramiento no carecía de impor - tancia, los últimos duques del Infantado antes de que el título recayese en la casa de Osuna, escogieron distintos lugares. El duodécimo duque, que había muerto en Alemania, fue sepultado en San Francisco de Guadala - jara y su hijo, Pedro de Alcántara de Toledo, escogió San Isidro de Madrid97. Para acabar de disolver definitivamente la relación de los Infantado con el convento de San Francisco, durante la ocupación francesa el cenobio sufrió un completo expolio. Se destruyó el retablo de las reli - quias, se saquearon las tumbas de los primeros Mendoza, se quemaron los altares de las capillas laterales, las urnas del panteón fueron abiertas y sus restosesparcidos por el suelo. Por fin, en 1859, una vez que había recaído la herencia de los Infantado y Pastrana en los duques de Osuna por muerte del decimotercer duque sin descendencia legítima, los despojos de los Mendoza fueron trasladados a Pastrana, a una sencilla cripta en la Cole - giata98. Para entonces, la idea del noble como héroe cristiano había sido arrinconada y muchos conventos, como el de San Francisco, habían sido desamortizados. 96 Entrega a fray Francisco Aguirre, guardián del convento de San Francisco en Guadalajara, de distintas caias de plomo que contienen los restos de cinco niños, hijos de la undécima duquesa del Infantado,desde San Francisco el Grande en Madrid, colocados en el pudridero del panteón ducal el 9 de septiembre de 1761; AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1847, n.0 29 (1-2). ~ AHN, Nobleza (Toledo>, Osuna, Jeg. 1766, nY 20 (1-15). 98 Noticia del traslado en AHN, Nobleza (Toledo), Osuna, leg. 1766, n.0 26. 269 Cuadernos de Historia Moderna 2000, 25, monográfico: 233-269