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La ciudad existente y la ciudad soñada: Consideraciones sobre el uso de la Historia Urbana en el Planeamiento Urbanístico

Mioni, Alberto

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CnJDADES, 3 (1996) LA CIUDAD EXISTENTE Y LA CIUDAD SOÑADA: CONSIDERACIONES SOBRE EL USO DE LA HISTORIA URBANA EN EL PLANEAMIENTO URBANISTICO. Alberto Mioni * Introducción y síntesis. En esta conferencia, se enlazan dos temas: El primero hace referencia, en cierto modo, al estado actual de la urbanística italiana: algunos problemas conceptuales y de método, relativos al Plan, a la calidad urbana, a la ciudad existente -que es, en definitiva, la del pasado, cuando éste avanza hasta hoy-, a la cuestión de la continuidad como factor determinante de éxito y legitimidad del Proyecto urbano, y al "genius loci" como origen de esta continuidad. En este contexto, me gustaría proponer algunas ideas sobre el Plan "adaptativo" y sus conceptos de adaptabilidad, legitimidad y valoración, para sugerir una actitud proyectual más encaminada a reducir las diferencias entre sueño y realidad, y más adecuada que aquellas que tienden a resolver dificultades de carácter operativo. Es una reflexión acerca del uso de la historia urbana por una urbanística "minimalista", de acuerdo con la naturaleza intrínsecamente "débil" del efecto que el Proyecto pueda tener en la transformación concreta de la ciudad. El segundo tema, fundamentalmente instrumental y, en cierto modo, ocasional, es el de la investigación sobre la "milanesidad" de Milán, en algunos momentos clave en la historia de la configuración actual de esta ciudad, un caso paradigmático. Trato de identificar el "genius loci" estructural de Milán estudiando de qué modo la ciudad del pasado es el resultado de los Proyectos urbanos más significativos y de la * ALBERTO MIONI, Arquitecto y Urbanista, es Profesor ordinario en el Politécnico de Milán. En la actualidad dirige allí el nuevo Programa de Licenciatura en Urbanismo. El presente texto corresponde a una conferencia pronunciada en la E.T.S. de Arquitectura de Valladolid en marzo de 1991, en el marco de un encuentro de profesores dentro del Programa ERASMUS. El número 9/1991 de la revista "Territorio" del Politécnico de Milán publicó una revisión de esta conferencia, nosotros hemos preferido mantener su forma original. La amplitud de algunas notas nos obliga, en este caso, a incorporarlas al flnal del artículo. 49 ALBERTO M!ONI práctica urbanística común en el transcurso -más o menosde las últimas ocho generaciones. El primer tema desarrolla algunas tesis que ya he esbozado en otros lugares y en otras ocasiones 1, ajustándolas a las circunstancias de este encuentro. El se gundo, traza las líneas de una investigación de la que, en realidad, queda todo por hacerse y, por eso, es aún un tanto provisional. La calidad urbana. En la actual coyuntura (en realidad, en los últimos 10 años, al menos), la urbanística italiana se enfrenta a la crisis de sus instrumentos canónicos principales: el Plan y el Proyecto urbano. Es una crisis conceptual 2, aunque también operativa, como lo demuestran el impás del marco normativo, las contradicciones entre las viejas y nuevas disposiciones de las leyes y los intrincados vericuetos legales, la sustancial ineficacia o falta de autonomía de los instrumentos y, sobre todo, sus decepcionantes resultados prácticos: Las ciudades actuales, muy por debajo de las expectativas de los ciudadanos. Muy esquemáticamente, hoy se pueden trazar tres líneas de pensamiento y de actuación, tres modos de entender el Planeamiento urbanístico: a) La funcionalista, que favorece la supuesta objetividad de los métodos cuantitativos y actúa con modelos lógico-racionalistas y procedimientos como el zoning, los estándares, las normas vinculantes, etc. -se habla, en este caso, de "generaciones", de Planes que evolucionan a medida que cambia el contexto político-económico-social, pero sin modificar sustancialmente su naturaleza-. b) La interpretativa, que favorece los valores cualitativos y actúa fundamentalmente mediante esquemas intuitivos y prefiguraciones formales -en este caso, se confiere peso específico a valores como las permanencias, las recurrencias de los tipos morfológicos, la importancia de la memoria y, por tanto, el "genius loci", etc.-. e) La proyectual, que resta importancia a la función estratégica del Plan, en favor de la creatividad de la arquitectura "urbana", más práctica, convincente y fiable (aunque también más fácil de instrumentalizar en la lógica de mercado, que es la consecuencia inevitable de la ambiguedad de esta postura). Los problemas planteados en todas estas posiciones son numerosos. Vistos los resultados prácticos, la eficacia del Plan es el principal desde una óptica operativa. Otros son el de su legitimidad, y el sistema de referencias y valores al que referirla y, por tanto, el de su valoración (objetivos, métodos, técnicas, etc.). Pero, a nivel conceptual, la cuestión principal es la calidad urbana que el Plan persigue o, bien, los objetivos, en función de los cuales se evalúa: cuestiones que quedan por encima del 50 CIUDADES, 3 (1996) problema de cómo llevarlo a cabo y, respecto a las cuales, las tres líneas mencionadas se pueden reclasificar en dos ámbitos fundamentales: objetivo (la primera) y subjetivo (la segunda y la tercera). Por otro lado, en la práctica, las tres posturas se superponen, al menos, dos a dos. 3 No son, por tanto, incompatibles, lo que genera ulteriormente complejidad o confusión. De cualquier forma, estas tres opciones atestiguan que las funciones y los resultados del Plan, en el marco real de la dinámica urbana, son limitados, y, por tanto, todas ellas se incluyen en la categoría calificada como de "declaraciones fuertes para una acción débil". Mi teoría -como veremoses, sin embargo, que la acción débil debe conllevar declaraciones débiles, aunque no por ello poco significativas: al contrario. Ciudad actual y ciudad del pasado. Otro tema a la orden del día es el de la "ciudad existente". Ciertamente, es evidente que debe tenerse en cuenta, pero, en este caso, se trata de una contraseña que indica que, actuar en ella y para ella, se convierte en la condición prioritaria del Proyecto urbano legítimo. El entorno en que fue concebida -L' ANCSAhace pensar que por ciudad existente se entiende la ciudad del pasado, que plantea, efectivamente, problemas complejos y de diversa naturaleza. 4 Desde un punto de vista funcionalista, la cuestión principal es cómo hacer que sea práctica, cómo usarla concretamente, de qué modo aprovecharla racionalmente como ventaja, en vez de considerarla sólo como una herencia inútil y gravosa. En cuanto a las otras aproximaciones proyectuales, de tipo adaptativo, la ciudad del pasado es siempre un valor a recuperar materialmente -pero ¿cómo?, ¿a qué precio?, ¿con qué ventajas y por quién?-, aunque también en este caso surgen problemas, pero es también una especie de texto histórico vivo que puede enseñar muchas cosas de utilidad a las necesidades del proyecto legítimo, el adaptativo: en concreto, permite descubrir el "genius loci" del lugar, que es su referencia principal. s Este es el punto que trato de desarrollar. De cualquier forma, en general, toda la cultura urbanística italiana sostiene hoy la exigencia de dar continuidad a los procesos urbanos, y se manifiesta sin excepciones a favor del Proyecto adaptativo que integra, recupera, recicla, etc., incluso si el concepto de adaptabilidad es bastante diferente en las tres posturas fundamentales que he indicado más arriba. Quizá es una postura un tanto virtual, aunque, de todas formas, es cierto que también en ese terreno muchas cuestiones están aún sin resolver, como las de la valoración de la inercia de la ciudad existente, frente a los esfuerzos de la dinámica político -s ocioeconómica, 6 de la calidad y de los valores actuales del pasado, y de la percepción del "genius loci" real a considerar como referencia. Por otro lado, es necesario verificar la efectividad operativa de estas tendencias continuistas y adaptativas. En efecto, si la historia nos enseña algo, tenemos bien pocas pruebas de su éxito o, mejor, tenemos las pruebas del éxito de una continuidad y de una adaptabilidad de diversa naturaleza, en las cuales la ciudad existente parece contar más bien poco. Creo que las tendencias proyectuales adaptativas, que 51 ALBERTO MIONI considero las más convincentes, deben dar fe de las exigencias de una adaptabilidad, no tanto morfológica como "estructural" del Proyecto a un "genius loci", cuya definición no es objeto de interpretación creativa de carácter artístico, sino, fundamentalmente, de investigación científica de carácter histórico-urbano. En busca de la milanesidad urbanística de Milán. En este caso, Milán es un mero ejemplo analizado, por otro lado, muy rápidamente. Considero que en los procesos material es de construcción de Milán en los últimos dos siglos, han sido expresados, sobre todo, una continuidad, un espíritu de la ciudad, un "genius loci", que no hacen referencia a las formas o figuras urbanas, sino a lo s caracteres de fondo en la conexión civil y cultural de la sociedad milanesa y sus estructuras. Creo también que los Proyectos para el futuro deben adaptarse -si quieren tener éxitoa la milanesidad de esta concretísima matriz morfogenética. Para demostrar mi teoría, debería comprender, entre otras cosas, cómo se ha entendido la ciudad del pasado (y/o la existente) en el vasto muestrario de aproximaciones técnicas y culturales, expresadas por la urbanística milanesa y, sobre todo, comprender cuáles de los mode lo s propuestos han tenido éxito, porqué y en qué circunstancias. En realidad, esta tarea está aún apenas esbozada. Naturalmente, sólo usaré algunos modelos casi emblemáticos y los obtendré, bien de los hechos reales y co ncretos -la ciudad material, el resultado edilicio de las elecciones urbanisticas-, bien de la solo aparente levedad de los sueños y de los Proyectos no realizados. La Milán "querida" o "conseguida" (o sea, la real) es, en algunos casos, -aunque no siempresólo un reflejo de aquella so ñada o deseada. De much os Proyectos quedan únicamente unos pocos restos "fósiles". ¿Qué reflejo y por qué só lo un reflejo?. ¿Por qué sólo fósiles aislados?. ¿Por qué sólo en algunos casos?. Cr eo que reflexionar sobre la ciudad soñada, sobre el peso específico que tiene también y sobre la diferencia existente -aunque no siempreentre lo que se desea y lo que, en realidad, se quiere o se consigue hacer, es muy útil para entender la naturaleza de aquel "genius loci" estructural o primario del que he hablado más arriba: en este caso, la rnilanesidad de Milán. Aunque en el ejemp lo , también la rnilanesidad soñada, a nivel de configuración, r es ulta igualmente importante, sino más importante que la real: de hecho, como posible referencia proyectual, el "genius loci" espacial concreto de Milán ha perdido, hace ya tiempo, cualquier potencial creativo. La calidad formal de nuestra ciudad es, por desgracia, bastante mediocre, modesta, elemental, no hermosa, aparentemente muy por debajo de cuanto la rnilanesidad estructural parece capaz de aspirar. El porqué de esta discrepancia, tan milanesa, se encuentra en la propia rnilanesidad que queremos señalar. Pero vayamos a lo s casos demostrativos para ver qué juicio podemos extraer de un ex am en, a la fuerza rapidísimo y -como ya he dichotodavía experimental. Hoy, en nu es tra Milán, tan opulenta como decadente espacialmente, surgen co ntinuamente grandes proyectos, tan bellos como ambiciosos. Obviamente, la ciudad existente es el punto de partida obligado para estos sueños, pero su referencia 52 CnJDADES, 3 (1996) formal no es nunca su tejido morfológico, su carácter espacial real, sino una prefiguración abstracta en la que dominan conceptos corno la innovación y la modernidad, y que se refiere, o a la moda internacional -una ciudad de yuppies, del todo extraña a las expectativas real es y concretas de la gente normal y un tanto improbable en sus manifestaciones-, o a los estilos compositivos de ésta o aquella escuela (aldorossiana, gregottiana, etc.). Cada gran Proyecto se agota en sí mismo, pero todos pretenden la reforma global de vastísirnos ámbitos en los que contextualizarse en función de la propia clave personal, frecuentemente con intención de "reformar" toda la ciudad para adaptarla a sus propios ideales. Esta última puede ser una exigencia de tipo ritual, pero el hecho es que lo que se hace realmente -cuando se hace algoes una mínima parte de lo proyectado. En cuanto a la ciudad del pasado que, en estos sueños, es, corno mucho, un cimiento, en realidad está, o bien abandonada a su ruina, o bien dejada a merced de la dinámica natural del mercado, que la valora -cuando la valoraexclusivamente corno mercancía. ¿Es una novedad, un signo de decadencia?. ¿El bueno y viejo "genius loci" milanés es tá muerto?. Yo no diría tanto. También, hace dos generaciones, Milán hervía con los debates y propuestas un tanto sugestivas sobre la configuración óptima de la ciudad post-fascista, que quería renovarse en cuerpo y alma. También entonces las ideas más brillantes quedaron en papel mojado o dejaron apenas pequeñas trazas, escasas, a menudo contraproducentes, y su función no fué más allá de la de manifiestos ideológicos, en los que la Arquitectura y la Urbaní st ica, entonces de nuevo cuño, fueron, lisa y llanamente, instrurnentalizadas con los intereses más banales. La verdadera reconstrucción fu e otra cosa y, en lo que respecta a la ciudad existente, sólo se hicieron desastres, en concreto con las intervenciones que se declararon adaptativas. En realidad, lo único que se hizo fue continuar con la línea de actuación precedente, la de la Milán fascista y, por desgracia -también entoncesa nivel de calidad edilicia, incomparablemente más decadente. La generación de la era fascista, de entreguerras, entendía la ciudad de dos formas: pura materia prima para rernodelar, en general, o documento de archivo para enmarcar, en el caso de los monumentos más importantes. En este caso, se hace un uso absolutamente instrumental del pasado y de la historia, en una lógica reconocida de máxima valoración de la mercancía edilicia. También aquí había dos modos: el de evocación de una presunta tipología morfológica y estilística imperial (arcos, columnas, obeliscos, estatuas, sistemas de particiones, materiales, decoraciones, etc.), y el de recuperación de un amaneramiento clásico o barroco en la composición urbanística (ejes, plazas geométricas, etc.). Uno y otro eran absolutamente extraños a la tradición milanesa. Si es verdad que este período dejó más huella que cualq ui er otro en la,apariencia de Milán, precisamente por el espíritu de "larga duración" que, en ese momento, impregnaba cada intervención urbanística y edilicia entendida corno definitiva, también es cierto que sólo una pequeñísima parte de lo que se proyectó y deseó fue llevada a cabo, de manera que el carácter de "incompleto" que hoy domina en la ciudad recibió entonces un grandísimo impulso. Pero se trataba sólo de un cambio de escala, no de una ruptura en la historia de la cultura y la civilización milanesa: también las tres generaciones precedentes se 53 ALBERTO Ml: ONI habían comportado del mismo modo respecto a la Milán existente en ese mom en to en el tratamiento general de la ciudad y en sus principales argumentos proyectuales, evidentemente con un gusto arquitectónico diferente y más acorde con el estilo de la gran burguesía de la primera gran ciudad industrial de Italia, su "capital moral", y más atento a reducir al minirno las diferencias entre el dicho y el hecho. En cuanto a la generación del período napoleónico -la generación que inició por primera vez la vía, que ya no se ría abandonada, de los "grandes pr oyectos"-, también entiende la ciudad existente como una oscura presencia accidental a remodelar, en la medida en que sus prioridades se concentraron casi exclusivamente en los aspect os innovadores de la ciudad soñada, en esta ocasión la única capital "de verdad". También entonces -y esto ocurre desde el principio de la llamada "Milán moderna"- el pasado fu e entendido en términos de manifiesto ideol óg ico, o fu e objeto de consumo lúdico: como mucho, sirvió para renovar la piel, el vestido a cualquier parte de la ciudad y, también entonces, la gran mayoría de los sueños se quedaron en el cajón o só lo produjeron fósiles más o menos aislados. ¿Qué se puede deducir?. Creo que, en definitiva, en la historia urbanística de la Milán contemporánea, la que, de tanto en tanto, ha sido la ciudad existente, no ha se rvido nunca de so porte, ni siquiera morfológico, a la creatividad de los Proyectos urbanos más importantes, sino que, por el contrarío, se ha asumido en ellos, como una antítesis o una ocasión para concretar propuestas intrínsicamente destructivas. Incluso hasta no hace mucho tiempo, hubiera sido fácil reconocer su "clave", había un nítido (también modesto) "genius loci" formal al que hacer referencia y había quien lo reconocía perfectamente y lo apreciaba. Pero las posiciones adaptativas quedaron siempre, sin excepciones, en el silencio o malinterpretadas e instrumentalizadas. Milán siempre se ha rebelado contra su "genius loci" formal, des de que existe -de todas formas hoy continúa rebelándose contra lo poco que queda de él-, y es, pr ec isamente, en esta rebelión, donde leo la auténtica milanesidad, el "genius loci" estructural de nuestra ciudad. La clave mo rf ogenética real, el estilo urbanístico de fondo de Milán, no está en una idea cualquiera de "forma" básica (que só lo tiene una co nnotación constante, etername nt e repetida: la monocentralidad que, s in embargo, no es una elección cultural, sino fruto de una total con ve niencia económica), sino en la actitud visceral de los milaneses en hacer de ella algo inútil. Esta es, a mi entender, la ley fundamental que actúa desde siempre en la morfogénesis de Milán. A buen seguro, está todo probad o: pero me parece que hay algunas constantes recurrent es que son, só lo en parte, contradictorias y, en las cuales, sería ad ec uado bas ar la reflexión, como, por ejemplo: 54 -La sustancial no disponibilidad de la clase dirigente milanesa a concebir una "política" urbana unitaria de gran ciudad. Quizá para expli car esta teoría y la de la "capital fallida", es necesario pensar en Milán co mo en una federación de pot entados, rangos y clases, en l as que se basa el funcionamiento y en las que, sólo raras veces, un.a parte consigue imponer plenamente su liderato y, cuando lo consigue, no es políticamente el más comprometido. -La consiguiente disponibilidad a entender la ciudad co mo un conjunto de partes susceptibles de ser tratadas por separado, r es petando siempre el férreo principio de monocentris mo . CIUDADES, 3 ( 1996) -La concentración del inter és en los "g randes proyec to s", producto de "firma s" igualmente grandes (aunque, en este caso, sólo se entiende por gran Milán a aquella acorde con el poder) y, por tanto, dignos del alto concepto qu e de sí misma tiene la ciudad. - Po r el co ntrario, la indiferencia ante los Proyectos -urbanos de "pequeña entidad" confiados a la iniciativa o al control de técnicos y comisiones municipales, siempre más grises y anónimas, y de consecuencias desastrosas en el ámbito de la práctica habitual de la técnica urbanísticlr ." -La prepotente y pr eva ricatoria pr es unción de estos "gra nd es pr oyectos" ( sus traídos a cualquier hipót es is de valoración), combinada con la s;erteza de que s ólo se ll ev ará a cabo una parte de lo pro yectado; la más descarada indiferencia hacia los efectos de esa parte en el contexto, hacia sus resultados, en otros aspectos difere nt es de lo s re la cionados co n el mercado, los únicos que son realmente importantes. - Como consecuencia, la diferencia entre la s grandes declaracion es y la pequeñísima voluntad real de ejecutarlas, o la deliberada n eg ligencia qu e los grandes Proyectos manifi es tan en la definición de la relación entre lo propuesto y la capacidad real de llevarlo a cabo, cuyos resultados son, precisamente, la parcialidad de las realizaciones y la producción sistemática e inevitable de fósiles o ruinas precoces, con los cuales la ciudad se comporta de forma tolerante. - La regular y su frida in strtlmentalizac ión de esa cantidad de cultura arquitectónica, de la que los Proyectos urbanos se hacen portavoc es en nombre de los ar g um entos más apartados de los intereses culturales. -La opulencia del est ilo de se me jant e Arquitectura instrumental y emblemática, que correspo nd e a una soc iedad en la qu e los valores má s apreciados son el poder económico y, sobre todo, su sabia exhibición, en contraste co n la más pálida mediocridad destinada a la edilicia común. -La despreocupación con que la utilidad pública y privada quedan d es dibujadas en el tratamiento civil de la ciudad, en función de las pocas pero fortísimas t en dencias qu e la colectividad reconoce como propias: el bienestar material, como fruto del beneficio (que es siempre, y de cualquier modo, el objetivo prioritario), la apreciación del espíritu negociador (un valor ideológico s upr emo que asume formas transmitidas en el transcurso del tiempo), y otros semejantes. -La subordinación y la impotencia de los intereses públicos fr en te a los privados, en función de una cesión del Municipio como instrumento de estos últimos, que es, en definitiva, originaria del siglo xm (Duecento ), y que ha permanecido inmutable durante siglos. Naturalmente, aunque poca s, hay excepciones, igualme nt e importantes y significativas de es ta s reglas. En todo caso, es evid ente que es te tipo de consideraciones implica aproximaciones, no tanto morfológicas como estructurales, cuyos instrumentos so n ese ncialme nt e lo s má s críticos de la hi st oria urbana. Así, podemos volver al tema inicial. El "genius loci", en el que convergen constantes como las que he descrito, aún es tá vivo, vi vo en la medida en que han mu erto las configuraciones de la ciudad del pa sa do remoto y las matric es formales, ya 55 ALBERI'O M!ONI históricas, de la Milán regia y, posteriormente, burguesa ochocentista, empresarial y fascista, del período de entreguerras, democrática de la postguerra, opulenta del "boom" y, así, sucesivamente. ¿Cómo debería ser entonces el Proyecto urbano, legítimo, adaptativo, estructural, etc., para la Milán del año 2.000, el Proyecto tan "milanés" para asegurarse las más altas probabilidades de éxito?. Planteado así el problema, la respuesta se manifiesta tan sufrida como desalentadora, si es solamente cínica. Considero que, en las actuales circunstancias milanesas, la categoría de proyectación adaptativa y el principio de la ciudad existente como su referencia fundamental, no pueden dar lugar a iniciativas de éxito, excepto a niveles mínimos: el mantenimiento de lo que hay (incluido el Plan, como institución), una digna y puntillosa defensa civil, en espera de los próximos desórdenes, funestos pero inevitables, algunos progresos razonables en la técnica urbanística cotidiana que, tal vez, sólo se limitan a imitar lo que se hace en el extranjero, y así sucesivamente. En definitiva, una estrategia de defensa a la espera de una revolución o una mutación estructural de la ciudad, de la que, sin embargo, por ahora, no existen tan siquiera los más mínimos indicios. Lo que sí es cierto es que, si existiera, no provendría de ésta o aquella sugerencia proyectual, sino de alguna metamorfosis del "genius loci" primario, de la quinta esencia estructural de la milanesidad. Por desgracia, no parece un problema de Arquitectura, ni siquiera indirectamente, a no ser que se quiera hacer del suelo proyectual una militancia o una misión: puede ser una elección personalmente gratificante, pero de escasa utilidad, a no ser al nivel más abstracto y, civilmente -en conjunto-, de menor responsabilidad. Minimalismo y Urbanística adaptativa: Problemas y líneas de investigación. Volviendo de Milán a los problemas más generales, vemos que siempre, efectivamente, cuando la cadena morfogenética de la ciudad no evoluciona con continuidad, sino que realmente se despedaza y cambia radicalmente, no sólo su aspecto urbano, sino el propio espíritu que la ha conformado, la proyectación adaptativa pierde sentido y la legitimidad del Proyecto debe buscar otros soportes. Referirse a nuevas expectativas aún por descifrar, a nuevos valores a la espera de se r representados, y a conceptos semejantes, significa volver a caer en el insípido racionalismo o en el pantano de la interdisciplinaridad con todos sus límites infranqueables. No hacerlo significa ser capaces de crear un nuevo estilo urbano aceptable por toda la sociedad a nivel institucional, asumiendo la metamorfosis del "genius loci" y de la invención de un anagrama morfogenético diferente, no de ésta o aquella escuela, sino de la nueva cultura urbana en su totalidad. Hoy todo eso parece un desafío muy difícil de aceptar. El problema es que, mientras parece abrirse un inmenso campo a la pura creatividad del urbanista interpretativo, no se entiende cuáles son las responsabilidades que ha de asumir personalmente y cuáles es posible delegar, a no ser en términos absolutamente ambiguos y, generalmente, prevaricatorios. 56 .~ . ,. - +- Figura l. Pl an Beruto, Milán a finales del siglo XIX. CruoADES, 3 ( 1996) . 'j' , ~ -- ' \ 57 ALBERTO MIONI 7. En el acercamiento objetivo a la calidad urbana, el pasado tiene una función instrumental para el futuro, pero éste no se estudia como proceso a interpretar, sino como producto a medir. La ciudad del pasado, la existente y los sucesos acaecidos y los presentes de la urbanística, proporcionan a la urbanística funcional materiales muy similares a lo s que usan como datos de laboratorio los ingenieros, lo s médicos, los biólogos, los físicos y, en general, aquellos que trabajan en las ciencias experimentales. En efecto, el único laboratorio posible de la urbanística son sus pruebas prácticas, el producto real de la construcción y del funcionamiento material del sistema de implantación. Se trata de poder extraer de los fenómenos objetivos (y, por tanto, de las mediciones de los componentes de la calidad urbana que, sucesivamente, se materializan) las leyes generales que, de tanto en tanto, regirian -en igualdad de condicionesla modalidad del se r felices en las ciudades en general, o sea, precisamente la calidad urbana relativamente absoluta de la que hemos hablado. Se supone que la proyectación urbanística debe tener en cuenta estas leyes universales y, por tanto, para la urbanística funcional es legítimo el proyecto que las respeta, el proyecto propiamente "legal". En éste, la ciudad del pasado es un conjunto de "extravagancias normales" a tratar paramétricamente y regular con normas ciertamente "ad hoc", pero de la misma naturaleza que las generales. En el acercamiento subjetivo, en cambio, cada ciudad es un organísmo cultural, material y funcional, cuya evolución depende de muchos factores generales, pero también de peculiaridades locales que son precisamente objeto de una mayor atención. En el acercamiento urbanístico interpretativo -donde las configuraciones urbanas son las de un organísmo-, se va en busca de la clave morfogenética de la ciudad, una especie de patrimonio biológico específico que regiria, de modo peculiar, la producción formal, un carácter personal capaz de operar constantemente, a menos que se trate de mutaciones precisamente genéticas. El hecho de que esto ya se haya expresado en la historia, permite al urbanísta "comprender" intuitivamente una ciudad del pasado y descubrir reglas morfogenéticas no universales sino específicas: precisamente aquellas que producen la típica cualidad de los lugares, su clave inefable, el estilo urbano latente de la cultura del lugar, etc. Deberian entrar a formar parte del proyecto como garantía de éxito: para el urbanista interpretativo, será, por tanto, legítimo el proyecto morfogenéticamente compatible, el que no produzca rechazo formal y cuyas principales cualidades serán el respeto del "genius Joci" espacial del Jugar, la continuidad de la linea evolutiva de las configuraciones, la estratificación estilísticamente asonante de las intervenciones, su "composición" en el organismo material, etc. En el proyecto urbanístico interpretativo tipo, la ciudad del pasado es tratada no como una parte especial, objeto de eventuales normas " ad hoc ", sino como un referente morfogenético del todo activo y de esencial importancia. Obviamente, el uso del "genius loci" es local, pero el principio es universal: es un auténtico y verdadero estilo de proyectar. 8. En realidad, Jos razonamientos adaptativos funcionalistas e interpretativos no se excluyen recíprocamente: en ambos, la calidad urbana a proyectar debe tener en cuenta aquella existente y, por tanto, la historia que la ha originado. Pero la cuestión de la permanencia no sólo de las viejas estructuras físicas, sino sobre todo de la gramática y de la sintaxis morfológica que las originan, cuya interpretación -por otro lado, intuitivaimpone tendencias y vínculos al proyecto y a su legitimidad, crea problemas más urgentes al acercamiento interpretativo que se apoya en una concepción orgánica de la ciudad-forma, en la que el papel de la clave morfogenética originaria es esencial y donde el peligro de las mutaciones es un peligro dramático muy real. En otras palabras, si la urbanística funcional es pobre y poco exhaustiva, la interpretativa -intrinsecamente adaptativa y de cualquier forma muy subjetiva-es tanto más un riesgo cuanto menos claros son los términos o Jos requisitos de la adaptabilidad formal y cuanto más se expone el proyecto a eventuales mutaciones de la clave morfogenética. ¿Cómo proyectar adaptativamente una ciudad que se ha vuelto morfogenéticamente ajena a sí misma?. ¿De qué sacar partido cuando el "genius loci" formal se hace indescifrable, se desvanece, ya no existe?. ¿Cómo inventar legítimamente una nueva morfología?. ¿En qué apoyar, con fiabilidad, este estilo de proyectar?. Creo que la proyectación urbanística debe siempre referirse a un "genius Joci", buscándolo, no tanto en Jos objetos materiales que constituyen la ciudad física en la ba se constante, aunque indirecta, del devenir de sus configuraciones materiales, sino en la actitud primaria de la sociedad 64 CIUDADES, 3 (1996) que, sucesivamente, las desea, las proyecta y las produce concretamente. Si el proyecto legítimo es el que corresponde a las necesidades reales, les da forma, estimula la evolución y, sobre todo, es factible, deberá adecuarse fundamentalmente a la continuidad estructural de fondo (de propósitos, de filosofía, de comportamientos, de cultura) que, caso a caso, denominamos, por ejemplo, la "milanesidad" de Milán o la "italianidad" de Italia, etc. Para poder integrarse en las líneas evolutivas de la ciudad sin peligro de rechazo, el proyecto legítimo debe ser adaptativo a este ni vel, obviamente sin negar la importancia (aunque secundaria) de la adaptabilidad formal. Todo esto implica que los intentos creativos, inventivos, del proyecto interpretativo, prevalezcan sobre aquellos normalizados de la urbanística funcional, con una condición: que no se basen en la intuición artística, sino en aspectos científicos más consolidados, como los empíricos típicos de la historia urbana. 65