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Papeletas sobre primitivos en Castilla: I: una tabla de Van der Weyden en nuestro Museo

Antón Sánchez, María Luisa

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PAPELETAS SOBRE PRIMITIVOS EN CASTILLA 1. UNA TABLA DE VAN DER WEYDEN EN NUESTRO MUSEO De ení e los cuad os que se conse an en el Museo Nacional de esculiu a, descuella con mucho una abla lamenca, cuyo asun o, sencillísimo, es és e: la Vi gen, poco más que de bus o, sen ada, amaman ando al Niño. Es á la Seño a de en e, con la cabeza algo inclinada hacia su Hijo, mi ándole, y, po consiguien e, con los pá pados semicaídos; los ojos, g andes; la boca, pequeña, de labios g uesos; en e despejada, al a y ancha, en con as e con la mi ad baja de la ca a que acaba es echando, aunque el men ón es ca noso y edondo. El pelo, pa ido po aya, y lle ado hacia a ás, cae luego, en c enchas ondu ladas, a los lados. Es a cabeza, no bella, pe o sí de exp esión dulce y se ena, como ensimismada, plegada sua emen e bajo un complejo de e nu a y de esignación, peca de excesi a, esul a desp opo cionada con elación a los homb os y a los b azos. Su ca nación es sua e y pálida; sólo las mejillas es án animadas po un osa enue e imp eciso. Pálidos asimismo los labios, cuyo dibujo es magis al, y en eso acompañan a o as pa es de la igu a, como la ba ba y el pelo. Es e, cas año con e lejos ubios, minucioso, p eciso y p ecioso, semeja, has a la ealidad, l exible y ma a illosamen e lige o. La inclinación de la cabeza, p oduce en el cuello de la Vi gen una le e in lexión, cuyo i mo es pe ec o, y se acusa, no sólo en la línea cu a del con o no, sino en el juego de los músculos, apenas indi cado, y ello es acaso la más cla a concesión de es a pin u a a la ana omía ealis a. La colo ación del cuello y del pecho sigue los onos de la ca a en su palidez naca ada y ina, con la misma le edad de las somb as, sólo pe cep ibles desde lejos. Se cub e la Vi gen con oca y man o. Aquélla, de lino, blanca, 84 . PAPELETAS SOBRE PRIMITIVOS EN CASTILLA plegada y bo deada de un ino izado de ul anspa en e; el man o, de e ciopelo e de obscu o p o undo y algo azulado en los oques luminosos de los pliegues. Toca y man o, dejan descubie a casi oda la cabeza, y caen plegados con la maes ía ípica en el au o . Se deco a el man o con una o la de lo ecillas bo dadas en seda pa do- ama illen a, Túnica oja, de pliegues g uesos, como de elludo, y cuya bocamanga, a la al u a del codo, lle a gua nición de piel g is, y el es o del b azo apa ece cubie o po la manga ceñida de un co pino de b ocado, ondo ama ilado y labo es de amos e dioscu os. T es bo ones ab ochan la manga en la muñeca de la Vi gen. Del seno de echo, medio cubie o po un ex emo de la oca y o ecido a la al u a que obligaban los ele ados enco se amien os del siglo XV, bajo la sua e p esión de los dedos de la Vi gen, a a b o a un hili o de leche que el Niño pa ece espe a con la boca en eabie a y medio son ien e. Su igu a es menos a ac i a, como la de odos es os In an es del g upo, obedien es a un ipo casi ópico: desp opo ciones e iden es, ígida sequedad, imp opia de miemb os i os e in an iles. Sin emba go, la escualidez de b azos y pie nas en es e Niño esponde a un p opósi o que se e idencia en las manos de la Vi gen, exage adamen e la gas y a iladas, como buscando un a que ipo de elegancia, que esul a amane amien o. Las ca nes del Niño, pálidas ambién y naca adas, apenas modelan y sus somb as, como las de la Mad e, son siemp e le es y anspa en es. El In an e, apenas exp esi o, mi a hacia lo al o sin ijeza y como al acío. * * * Todos los ca ac e es de la ob a desc i a co esponden exac a men e al a e de Roge io Van de Weyden en su p ime a época; es deci , an es de su iaje a I alia. Pe o, además, se con aen a ob a documen ada, que es el g upo de la Vi gen y San Lucas, c eado po Roge io pa a la «Guilda» de pin o es de B uselas. De ese g upo sepa a luego el au o a la Vi gen y al Niño y los ep oduce en una se ie de éplicas, en e las cuales se halla la de B ujas, la del Museo de B uselas y la de aquí. Tal ez la de B ujas inicie la se ie; la de Valladolid o ece ca ac e es de iden idad con la del museo b uselense, sal o las au eolas de ayos, que aquí al an. Y ambién en apa iencia su ondo di ie e, pe o es po que en nues o g upo ué, de an iguo, eco ada la abla, con lo cual se le supiimió la en ana y el paisaje. I.—UNA TABLA DE VAN DER WEVDEN EN NUESTRO MUSEO 85 quedando sólo las hojas de made a cla e eadas, que se hallan igual men e en el cuad o de B uselas. Resul ó, pues, en nues o cuad o, incomple a la cabeza de la Vi gen, que ino a ocupa el cen o de la pin u a y co lados el codo izquie do de la Seño a y una pie na del Niño. Ya se e po la abla de B uselas cómo se ía la de aquí. Po lo demás la iden idad en e ambas ob as es absolu a. Con a el supues o o den de p e e encia cabe opone que es as eplicas ue an como es udios pa a el g upo de San Lucas, pe o pa ece p e e ible pensa en de i aciones de él, enca gos epe idos, is o el éxi o eliz de la ob a «g ande», sacando de ella las imágenes de mayo impo ancia y de oción. No es a en u ado supone que en las éplicas y copias pusie an sus manos discípulos y ayudan es del maes o, bajo su di ección y igilancia acaso. Pe o hay o as p oximidades que no con iene ol ida ; po ejemplo, la de Jacques Da e , el supues o maes o de Flemalle. Ac e- dí anla ob as como la San a Bá ba a del P ado, con sus hojas de en ana iguales a las de nues o cuad o, la Anunciación de Me ode y o as del mismo au o , aunque no hace al a sali de las pin u as del p opio Van de Weyden pa a halía epe ido el ípico ondo, y así, en la Anunciación del Lou e, no obs an e duda se sob e la pa e nidad de es a ob a, pues no al a quien la a ibuye a un maes o in e medio en e Van de Weyden y el de Flemalle. .Y sigue las huellas del p ime o, po lo que hace a la se ie comen ada, Hans Memling: ejemplo, la Vi gen de la Manzana en el hospi al de San Juan, de B ujas; y aun las céleb es po ezuelas de en ana, an aídas, seducen a Memling, y las pin a en el e a o de Ma ín de Nieu- wenho c, pa ejo de la ob a an e io ... Aunque en es o de aquila a in luencias en e con empo áneos y compañe os, hay que ene ien o. De odos modos, es bas an e de endible el c i e io de que Memling, sob e odo en sus p ime as pin u as, se some e demasiado a la suges ión de Van de Weyden. * * * La abla de nues o Museo debió se , pues, en su es ado p imi i o, de análogas p opo ciones a la de B uselas. P olongada en lo al o deja ía comple a la cabeza de la Vi gen y aun cie o espacio de ondo sob e ella, y en lo bajo, la pie na en e a del Niño y el egazo de la Mad e, has a sus odillas. A la de echa, el g an ozo que al a, comp endía la en ana abie a a un paisaje, sob e ella un bas ido cillo 86 PAPELETAS SOBRE PRIMITIVOS EN CASTILLA de id ie a blasonada y además el codo izquie do de la Vi gen, con algo de su manió. Así e a la pin u a, según indicios elocuen es: se co íó la abla po es lados, al o, bajo y de echo; a la izquie da no se co ó nada y po eso quedó la cabeza de la Vi gen en el eje del cuad o, cuando p imi i amen e es a ía como en el de B uselas. Todo en el de aquí ac edi a la pa e nidad del maes o ou na- siano: el dibujo seco, anguloso y queb ado de su p ime a época; el colo ambién, cla o, pálido y naca ado, en las ca nes, cuyas somb as son más bien eladu as; sólo p o undo en cie as opas e des y ojas, de calidad insupe able; la maes ía en la in e p e ación de las elas blancas, como la oca de la Vi gen, cuyo bo de izado es ca ac e ís ico en el maes o Roge io y en el de Flemalle; la endencia al ala gamien o, exage ada en las manos de la Vi gen; su exp esión ensimismada y dulce, que se hace es upo dolo oso y pa é ico en o as ob as del au o que lo equie en; la igu a oda del Niño, a ancada en e amen e del g upo de San Lucas y epe ida después en o as pin u as de Van de Weyden. Exp esión, azado, ana omía, odo, en una palab a, ale en es a igu i a incon undible, como una i ma del g an pin o de Tou nay. C eo, en in, con bas an e undamen o, que la abla comen ada es una ob a au én ica de Van de Weyden o, po lo menos, de su alle y bajo su maes ía; una de las éplicas que salie on de aquel es udio de B uselas, donde Roge io pin a a a la Vi gen e a ada po San Lucas, log ando pa a el g upo boga an ex ao dina ia que Jus i ica ía la demanda de es as copias, hechas p obablemen e an es de 1450. Después end ían acaso Madonas más a anzadas, ya in luidas po lo i aliano que sedujo al maes o; po ejemplo, la Vi gen Man- celle, del Museo de Caen, ya más dulce y g aciosa, con las manos Jun as, en ado ación de un Niño ca noso, lexible y son ien e. No había sido ana la es ancia del l amenco en I alia. Ma ía Luisa An ón Sánchez c '1 I 11 K . ; ; "- ' lámina I.-Van de Weyden.-^; La Vi gen y el Niño. (Museo de B uselas).-/); La Vi gen y el Niño. (Museo de Valladolid.) (Fo os del S. E. A. A.) e