La merced de la isla de Cozumel al Almirante de Flandes por parte del rey don Carlos: las gobernaciones de Cuba y de Yucatán en 1518
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La merced de la isla de Cozumel al Almirante de Flandes por parte del rey don Carlos: las gobernaciones de Cuba y de Yucatán en 1518 István Szászdi León-Borja Profesor Asociado de Historia del Derecho Universidad de Valladolid La merced hecha por el Rey don Carlos al Almirante de Flandes, Laurent Gorrevod, de la conquista y gobernación de México en 1518, constituye uno de los episodios más interesantes y más ilustrativos de cuáles eran los intereses de la camarilla flamenco-borgoñona en la Corte de España. Apenas teníamos una fuente exclusiva al respecto, el testimonio de fray Bartolomé de las Casas. Al haber encontrado en el Archivo General de Simancas la documentación principal estamos en condiciones de aproximarnos a la dicha concesión con más seguridad. Hemos querido ofrecer el espectro de posibilidades e intereses que existían en pugna y que clarifican algunas lagunas historiográficas sobre la conquista mexicana. Uno de los capítulos más apasionantes para la Historia del Derecho Indiano es la conquista del territorio que sería denominado como Nueva España. Los problemas técnico-legales que entrañó la incorporación de aquellas tierras con naturales que habían alcanzado un impresionante grado de evolución cultural, cuya industria y recursos asombraron a la humanidad europea, son siempre objeto de estudio entusiasta. La percepción del Nuevo Mundo que tenía la Cristiandad, cambió, brusca y favorablemente, a partir del descubrimiento y conquista de los pueblos ribereños al Golfo de México. A esta realidad se une la del difícil proceso de adaptación de la nueva dinastía, la de los Habsburgo, al reino de Castilla a raíz de la muerte de Fernando el Católico en 1516. La llegada del archiduque Carlos, para asumir su herencia, con su séquito de nobles borgoñones, conocidos entonces como flamencos, constituyeron la causa de una mayor complicación del gobierno indiano debido a su insaciable codicia, o sed de mercedes reales. El Almirante de Flandes y sus intereses indianos En el período anterior a la muerte de Fernando el Católico brillaban en la Corte de Flandes de Carlos, hijo mayor de Felipe el Hermoso, junto Tomo LVIII, 1, 2001 13
al famoso Guillermo de Croy, señor de Xebres, nombrado desde 1509 preceptor del archiduque por su abuelo el emperador Maximiliano, un número importante de nobles pertenecientes a los estados que había heredado el joven príncipe de su abuela María de Borgoña, más que de su padre. El primero de éstos era Laurent Gorrevod, que tenía el oficio de camarero, además de “Grand Majordome”, y que gozaba de la mayor consideración por parte de Carlos, el cual le haría Almirante de Flandes.1 De 1502 a 1503 los archiduques niños —Leonor, Carlos e Isabel— estuvieron bajo la vigilancia de Margarita de York, hasta su muerte. Entonces se unió a aquella pequeña corte la noble navarra doña Ana de Beamonte, quien ya había servido de gobernanta de doña Leonor.2Desde su nombramiento el 18 de marzo de 1507 como “Procuradora General Especial e Irrevocable” de su padre, el Emperador, en los Países Bajos, la archiduquesa Margarita mudó la corte de Bruselas a Malinas, para así estar próxima a sus sobrinos, los hijos de Felipe el Hermoso.3En 1507 Maximiliano había encargado a su hija, la archiduquesa Margarita, el cuidado de don Carlos y de sus hermanas. Margarita de Habsburgo había regresado a Flandes al enviudar de su segundo marido, el duque de Saboya. A la antigua Princesa de Asturias le acompañaron dos de sus consejeros saboyanos —que tanta influencia ejercerían sobre Carlos— Mercurino Gattinara y Laurent Gorrevod. En Malinas, en el palacio de Margarita, Gorrevod había iniciado su servicio junto al hijo nacido en Gante de Juana de Castilla. El joven Carlos recibió una educación borgoñona y su primera lengua fue el francés. Esos primeros años vividos en Flandes bajo la vigilancia de su tía, la archiduquesa Margarita, y de sus consejeros, marcaron en buena medida su visión del mundo y del lugar que ocupaba en él. En 1515, con quince años, y por orden de su abuelo Maximiliano, don Carlos fue declarado mayor de edad y se mudó a la capital de Brabante, donde mandó acondicionar para su hermana mayor habitaciones propias e independientes en el palacio de Bruselas, cercanas a las suyas.4Junto a ellos les seguía Gorrevod. Es también a partir de esta fecha cuando la privanza de 1 Giménez Fernández, Manuel: Bartolomé de las Casas. Delegado de Cisneros para la reformación de las Indias, I. Sevilla, 1953, págs. 16, 18. 2 Fagel, Raymond: “Charles of Luxembourg the future Emperor as a young Burgundian Prince (1500-1516)”, en Pedro Navascués Palacio (ed.), Carolus V Imperator, Barcelona, 2000, pág. 9. Kohler, Alfred: Carlos V 1500-1558. Una biografía. Madrid, 2000, pág. 31. 3 Fagel, “Charles of Luxembourg”, pág. 11. 4 Keniston, Hayward: Francisco de los Cobos. Secretario de Carlos V. Madrid, 1980, págs. 24-26. ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 14
Xebres alcanza su plenitud, pero no era el único. Los consejos de Laurent Gorrevod siempre eran apreciados por el futuro rey de España, quien veía en él a un fiel servidor de su tía y no sólamente a un hábil consejero. Por ello Carlos le colmó con honores, cargos y privilegios. El camarero fue elevado a gobernador de Bresse, señor de Beures, almirante de Flandes y, cuando murió en 1527, era conde de Pont –-de— Vaulx (Pontevaulx).5 Don Carlos, antes de partir para España, le impuso el collar del Toisón de Oro a finales del año de 1516 en compañía de otros afortunados, entre los que se encontraban, aunque ausentes, el rey de Francia, el infante don Fernando, el conde Palatino, el marqués de Brandeburgo, el conde de Mansfelt y otros.6Tanto era el valimiento de Laurent Gorrevod. Estas circunstancias se deben tomar en cuenta para comprender los sucesos que inmediatamente vamos a narrar. Durante el efímero reinado de Felipe el Hermoso, éste otorgó a Jean de Luxembourg, su camarero mayor, el cargo de más prestigio en la Corte de Borgoña, “todos los oficios de las Indias”, incluyendo aquéllos de Hacienda. La inoportuna muerte del Hermoso impidió la ejecución de la provisión. Al morir Luxembourg en 1509, le sucedió en el oficio su deudo Guillermo de Croy, cuya madre era una Luxemburgo. Xebres consiguió que Carlos, por una real provisión de 20 de abril de 1516, le concediera en Bruselas todas las mercedes que su padre había otorgado al anterior camarero mayor. Con ello se hacía con la importante merced indiana otorgada a Jean de Luxembourg.7La dicha, constituía un atropello al derecho castellano que prohibía tradicionalmente la concesión de oficios a extranjeros no naturalizados en los reinos, y a la política que habían marcado los Reyes Católicos en el Nuevo Mundo. La dicha cédula fue uno de los primeros documentos que don Carlos firmó como rey de España, sembrando de malos augurios y temores tanto la Corte de Castilla como las propias Indias. Particularmente agraviado quedaba don Diego Colón y los de su casa. Tampoco podía estar contento don Juan Rodríguez de Fonseca, quien 5 Van Durne, Maurice: Les Archives Générales de Simancas et l´Histoire de la Belgique (IXXIX siècles), III. Bruselas, 1968, pág. 835. Su influencia duró por muchos años en la corte de Carlos. 6 Vital, Laurent: Primer viaje a España de Carlos I con su desembarco en Asturias. Oviedo, 1992, pág. 67. 7 Otte, Enrique: “El joven Carlos y América”, en Homenaje a Don Ramón Carande, I. Madrid, 1963, pág. 158. Tomás y Valiente llamaba la atención sobre que en la real provisión se indicaba que Guillermo de Croy podía ocupar cuantos oficios quisiere y que los restantes “nombrase personas que los sirviesen”, lo que autorizaba la reventa privada de oficios. Tomás y Valiente, Francisco: La venta de oficios en Indias (1492-1606). Madrid, 1982, pág. 46. LAS GOBERNACIONES DE CUBA Y DE YUCATÁN EN 1518 Tomo LVIII, 1, 2001 15
con diplomacia eclesiástica, sin oponerse frontalmente, era el único que trataba de estorbar los proyectos de intromisión extranjera en las Antillas. Los demás favoritos “flamencos” no se quedaron atrás en su intento de medrar, y de hincarle el diente a las apetitosas Indias de Castilla. Cuenta fray Bartolomé de las Casas un episodio del que fue testigo y protagonista por aquélla época que es la única fuente contemporánea conocida sobre las apetencias cubanas y mexicanas del almirante de Flandes, y que Giménez Fernández creía ocurrido en febrero de 1518:8 “En estos días el Almirante de Flandes, que había venido con el Rey, gran señor y de gran estado, inducido por algunos españoles de los que habían ido de acá y que por cobrar la benivolencia y favor de los flamencos andaban solícitos en dalles avisos harto culpables, suplicó al Rey le hiciese merced de aquella tierra o isla grande que se había descubierto, que llamaban Yucatán (y ésta era toda la que agora llamamos Nueva España), porque él la quería ir o enviar a poblar de gente flamenca, de su tierra, y se la diese en feudo, recognosciendo siempre a Su Alteza, como vasallo a su señor; y para que mejor la pudiese poblar y proveer de lo que conviniese, le diese la gobernación de la isla de Cuba; de donde pareció que el que le dio el aviso había ido de Cuba y sabía bien lo que avisaba. El Rey, libremente como si le hiciera merced de alguna dehesa para meter en ella su ganado, se la otorgó por no saber Mosior de Xevres que era el consultor principal de las mercedes, lo que éstas Indias eran y lo que al Rey importaban, mayormente tierra nuevamente descubierta, que debiera considerar poder ser alguna cosa grande y de que después de la haber concedido podía mucho al Rey pesarle”.9 El fraile predicador sevillano se encontraba en excelentes relaciones con el partido flamenco, como veremos más adelante. Casas tuvo que navegar por procelosas aguas cortesanas, que le obligaban a sonreir y a informar a los nobles de Flandes de los secretos de la tierra indiana y a la vez poner en guardia a don Diego Colón del ultraje de sus derechos hereditarios. Dada la importancia y calidad del testimonio, como de la viveza de su narración, escuchemos la versión de los hechos en su integridad con los comentarios del dominico: “como es cierto que le pesaba si por la industria del clérigo no se estorbara, y fue desta manera: que como ya entre los flamencos el clérigo sonaba y comenzaba a tener autoridad por ser clérigo y por su demanda, aconsejaron los caballeros flamencos al dicho Almirante de Flandes que hiciese buscar al clérigo y de su parte le rogasen que fuese a comer con él (que era manera y uso de flamencos cuando 8 Giménez Fernández, Bartolomé de las Casas, II, Sevilla, 1960, pág. 613. 9 Casas, Bartolomé de las: Historia de las Indias, II (texto fijado por Juan Pérez de Tudela y Emilio López Oto). Madrid, 1961, págs. 413-414. ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 16
querían negociar), y que dél sabría lo que valía y era la merced que el Rey le había hecho de la tierra de Yucatán, y como para la enviar a poblar de flamencos y para todo lo que a esto perteneciese debía guiarse. Fue al llamado del Almirante convidado el clérigo y dél rescebido con grande alegría e humanidad, y a la mesa se le hizo gran fiesta; y la cortesía y favor que suelen hacer por aquella tierra de Flandes cuando dicen: “Yo bebo a vos, moyseñor”, a los amados convidados, le hizo el mismo Almirante; y alzada la mesa quísose mucho informar del clérigo de lo arriba recitado. El clérigo le declaró y encareció con verdad qué cosa eran las Indias y en especial lo que de aquella tierra nuevamente descubierta se esperaba de riquezas, según la muestra que había dado y cuán necesaria era la gobernación de la isla de Cuba para quien aquella tierra hobiese de tractar y señorear, con todo lo demás que para el fin que el Almirante pretendía, con verdad debía declarársele. Quedó contentísimo y gozosísimo el Almirante de Flandes de la relación tan particular que le hizo el clérigo Casas, y por ella el Almirante quedole muy obligado; y como si le hobiera hecho merced el Rey de alguna viña, que de su casa estuviera un tiro de ballesta y en la plaza los cavadores para cultivalla, con la misma facilidad despachó a Flandes, y dentro de cuatro o cinco meses vinieron creo que cinco navíos al puerto de Sanct Lucar de Barrameda, cargados de gente labradora para venir a poblar la dicha tierra. Entre tanto como el clérigo vido la merced hecha a ciegas y en violación de la justicia que al Almirante de las Indias pertenecía por sus privilegios, según los cuales, no sólo en la tierra destas Indias descubiertas pero en las por descubrir pretendía, y justamente, derecho, mayormente en lo que no había duda ninguna, como era la isla de Cuba, que su padre personalmente había descubierto el año de mill y cuatrocientos y noventa y cuatro... cuya gobernación actualmente poseía, denunció la dicha merced al Almirante de las Indias el clérigo, doliéndose de aquella manifiesta injusticia. Reclamó luego el Almirante de las Indias al Rey y a mosior de Xevres y al Gran Chanciller el cual iba ya entendiendo los servicios que el Almirante viejo, su padre, en el descubrimiento deste orbe a los Reyes de Castilla había hecho, y a los agravios grandes que había rescebido; y viendo su justicia, que era manifiesta, suspendiose luego la merced al Almirante de Flandes hecha, cumpliendo con él diciéndole que hasta que se determinase el pleito que el Almirante de las Indias traía con el fiscal real sobre pretender derechos por sus privilegios a todas las tierras que en el Mar Océano se descubriesen, no podía el Rey hacer merced semejante de ninguna dellas; cuanto más que había sido informado que la isla de Cuba, de que ninguna duda se tenía pertenecelle la gobernación della y cuya posesión pacífica ya tenía, no pudo concederle a otro sin su gran perjuicio. Y así se quedó el señor Almirante de Flandes sin Yucatán ni la Nueva España, que por ventura, si el clérigo Casas no avisara con tiempo y ayudara lo que con el Gran Chanciller ayudó, hoy la tuviera y el Rey lo menos della poseyera”.10 10 El propio fray Bartolomé termina por narrar el fracaso del proyecto poblador de Gorrevod con el siguiente comentario: “Venidos sus cuatro o cinco navíos, cargados de labradores flamencos a Sant Lucar y desbaratado todo su fundamento, hallándose burlado o de enojo y angustia desto, o que los probó la tierra, murieron parte dellos y los que escaparon con la vida volviéronse a su tierra perdidos; y en esto pararon los avisos que los españoles que a la sazón estaban en la corte, destas Indias, por buscar favor contra el clérigo daban y dieron al Almirante de Flandes y a los otros flamencos.” Casas, Historia, págs. 414-415. El poblamiento o colonización de flamencos en las islas del Atlántico LAS GOBERNACIONES DE CUBA Y DE YUCATÁN EN 1518 Tomo LVIII, 1, 2001 17
Hasta ahora todos aquéllos que hemos leído a fray Bartolomé hemos hecho acto de fe, creyendo en su sinceridad y exactitud. El episodio no podía ser contrastado y teníamos que limitarnos a valorar los sucesos aceptando los hechos como una verdad absoluta, incuestionable. Sobre este particular escribió Giménez Fernández: “De ninguna de estas decisiones contradictorias, ha quedado rastro en el Registro General de Cédulas... sin duda porque la primera concesión feudal a Gorrevod fue meramente verbal”.11 La Real Cédula a favor de Gorrevod sí existió Diremos aquí que en esto se equivocó el ilustre maestro, pues trabajando en el Archivo General de Simancas tuve la suerte, hace más de una década, de encontrar el traslado de una cédula que se creía no había existido nunca. Con fecha de 29 de marzo de 1518 don Carlos firmó en San Martín de Rubiales, entre Peñafiel y Aranda del Duero, camino de Zaragoza, la siguiente real cédula a favor del almirante de Flandes, cuyo texto corresponde a la noticia lascasiana: “El Rey. Por la presente, acatando los muchos y buenos y señalados servicios que vos Mossior de Breues, Almirante de Flandes, mi primo, hizistes al Serenísimo Rey tenía un importante precedente que no podemos ignorar pasándolo por alto, se trata del poblamiento de las islas de los Azores por campesinos flamencos en el siglo XV. El infante don Henrique aceptó la colaboración de doña Isabel, duquesa de Borgoña, para poblar las islas de Fayal y de Pico con flamencos. En 1430 el Infante Navegante había otorgado la capitanía de la isla Tercera a Jácome de Brujas con la misión de poblar la isla a cambio de la décima de todas las décimas pertenecientes a la Orden de Cristo. En 1466 Jacob von Hurter, natural de Nuremberg, se encargó de colonizar Fayal con flamencos. Dicen algunas fuentes que fueron unas 2.000 personas. Desde esa isla los flamencos pasaron a las de Pico, San Jorge y Flores. A finales de siglo, Martín de Behaim inscribía en su globo de Nuremberg las Islas Azores como Islas Flamencas, debido a la naturaleza de su poblamiento. Serrâo Veríssimo, Joaquim: História de Portugal (1415-1495), I. Lisboa, 1980, págs. 147-148. El Tratado firmado en Colonia el 23 de junio de 1494 entre el Rey de Romanos y su hijo Felipe con el rey D. Joâo II de Portugal, recientemente estudiado por la gran especialista en el Príncipe Perfecto, la Dra. Mendonça, es un acuerdo de no agresión y mutuo socorro ante enemigos terceros. Su sentido se ha enmarcado correctamente en el contexto previo a las capitulaciones firmadas a comienzos de ese mes en Tordesillas por Castilla y Portugal. Mendonça, Manuela: As Relaçôes Externas de Portugal nos finais da Idade Média. Lisboa, 1994, págs. 91-124. Es muy posible que la población extranjera del archipiélago de Azores fuera causa de preocupación para el rey portugués en una época en que se temía que se librara una acción ofensiva por parte de la Armada de Vizcaya contra las islas lusitanas. Un tratado con los señores de Flandes resultaba muy conveniente por entonces. Para la Armada de Vizcaya véase mi trabajo: “El origen de la Armada de Vizcaya y el Tratado de las Alcáçovas”, en Historia, Instituciones, Documentos, 26, Sevilla, 1999, págs. 547-574. 11 Giménez Fernández, Bartolomé de las Casas, II, pág. 615, nota 2.072. ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 18
don Felipe, mi Padre que santa gloria aya, y los que avéys fecho a mí, en especial en esta venida que avéys venido comigo a estos mis Reynos de España y espero que me haréys de aquí adelante y en alguna hemienda y rremuneraçión de(*llos) todo ello y por otros buenos y justos rrespetos conplidos a mi Real Persona, tengo por bien y es mi merçed e voluntad que si el pleito que agora pende en Nuestro Real Consejo entre Nuestro Procurador Fiscal y don Diego Colón, Almirante de las Indias, sobre la gouernaçión de la Ysla de Cuba, que el dicho Almirante pretende que le perteneçe por virtud de las letras y previllejos conçedidas al Almirante su padre ya difunto y a él por el Rey y la Reyna Cathólicos mis señores y Ahuelos, que santa gloria ayan, fuere servido y declarado en nuestro fauor y que perteneçe a Nos proueer de la dicha governaçión o a quien nuestra merçed e voluntad fuere, syn perjuizio del dicho Almirante e de otro terçero alguno, os prometo y doy mi fee e palabra Real de vos proveer e hazer merçed a vos, el dicho Almirante de Flandes, de la gouernaçión de la dicha Ysla de Cuba para que la tengáys y poseáys durante vuestra vida con todos los salarios, preheminençias e otras cosas a la dicha governaçión, anexas e perteneçientes y según y de la manera que hasta aquí la ha tenido y al presente la tiene el gouernador que agora es de la dicha Ysla, y asy mismo aviendo consideraçión a los dichos serviçios es mi merçed e voluntad de vos hazer gracia y merçed de la conquista de la Ysla de Coçumel para que la podáys conquistar e adquerir, e asy adquerida se avrá y de vuestros herederos y subçesores para agora y para sienpre jamás, y tengáys la gouernaçión della rreservando como rreservamos para Nos la superioridad y señorío y suprema jurediçión de la dicha Ysla y la quinta parte de todo el oro y otras cosas que en la dicha Ysla se vbieren y adquirieren en qualquier manera y por qualquier causa y rrazón agora y en qualquier tienpo, lo qual asy mismo se entienda syendo primeramente declarado y sentençiado que Nos podamos hazer lo susodicho syn perjuizio de los previllejos e cartas del dicho Almirante o de otro terçero; y siendo sentençiado en nuestro fabor el pleyto que sobre lo susodicho agora esta pendiente en el dicho Consejo entre nuestro Procurador Fiscal y el dicho Almirante, como dicho es, para lo qual todo mandaré que el dicho pleito se vea y determine por el Nuestro Consejo lo mas breuemente que ser pueda conforme a justiçia y vos prometo que durante el dicho tienpo de la dicha litis pendençia, y fasta que se determine como dicho es, Yo no proueeré ni faré merçed a persona alguna de la dicha gouernaçion de Cuba, ni daré la dicha conquista de Coçumel syno que se estará en el punto y estado que agora está, de lo qual vos mandé dar la presente fyrmada de mi nonbre. Fecha en San Martín de Ruviales. A XXIX días del mes de março de mill e quinientos e diez e ocho años. Yo el Rey. Por mandado del Rey, Luys de Liçaraço. Señalada del Chanciller. Obispo de Badajoz. Don García de Padilla”.12 La real cédula se inicia, así, justificando don Carlos el hacerle merced a Laurent Gorrevod como premio a los buenos servicios que le había hecho a su augusto padre, como: 12 AGS. Cámara de Castilla, Libro General de Cédulas y Provisiones 38, folio XCVIII (r-v). El Gran Chanciller era Jean Sauvage. LAS GOBERNACIONES DE CUBA Y DE YUCATÁN EN 1518 Tomo LVIII, 1, 2001 19
“los que avéys fecho a mí, en especial en esta venida que avéys venido comigo a estos Reynos de España”.13 También decía, don Carlos, esperar nuevos servicios de su almirante de Flandes. Esta introducción justificatoria de la merced forma parte de la real cédula original a favor de Gorrevod, anterior a la conversación con fray Bartolomé de las Casas, de ser cierta su intervención como narra el dominico sevillano. La cual considero clave en lo referente a la concesión al almirante de Flandes del gobierno de Cuba, lo que constituía una violación de los derechos del Almirante de las Indias. ¿El interés que movía al almirante Gorrevod era la codicia de aumentar su patrimonio, por medio de rentas y beneficios en Indias? ¿O es que por ser almirante de Flandes consideraba que el nuevo rey de Castilla, el hasta hacía poco conocido como Carlos de Luxemburgo, duque de Borgoña y conde de Flandes, le debía, por razón de su dignidad, el hacerle merced de islas en el Mar Océano tal como el almirante de Indias poseía por gracia de los Reyes Católicos? Creo que sí, que Gorrevod creía que entrañaba a su título el gozar de un señorío parecido al que se otorgó a Colón en 1492. Cabe pensar que el hecho que perturbó las ambiciones del almirante de Flandes fue el fallecimiento del Gran Chanciller, Jean le Sauvage, en Zaragoza el 7 de junio de 1518, dos meses después que éste señalara la real cédula a su favor.14 También había sido Sauvage quien había señalado la 13 Durante el viaje, en el verano de 1517, que llevó a don Carlos desde Flessinga al puerto de Tazones, en la costa de Asturias, se temió por la vida del almirante, confundiéndose la nao de la armada que le llevaba con la nao donde iban los palafreneros, caballerizos, y mancebas de la Corte, que zozobró en el viaje. Dice un miembro del pasaje de la dicha armada que: “En este viaje, de ordinario, tanto de noche como de día iba el barco del Almirante delante del del Rey, sin alejarse apenas, para mostrarle el camino”. Por ello y debido a la cercanía del fuego del barco en la mar se temió ser la nao del almirante de Flandes. Chièvres al despertar a don Carlos, después de preguntarle si había dormido bien, le comentó al rey: “Os lo preguntaba, señor, a causa de que en la noche pasada ha habido mucho ruido y murmullo en vuestro navío por un barco de vuestra armada que han visto perecer y quemarse, pero no se sabe todavía bien cuál de los vuestros, y hemos temido toda la noche que fuese el del Almirante.” A lo que respondió el rey: “Ay, pobre de mí.” Y dice el testigo: “Esto lo dijo el rey por amor hacia el Almirante y la gente principal que con él estaba.” En la nao del almirante de Flandes iban las joyas del rey, y después de la que llevaba al rey, su hermana doña Leonor y su séquito, que era donde se embarcó Chièvres, el Obispo de Badajoz y don García de Padilla, entre otros; era la que llevaba gentes de mayor calidad. Vital, Primer viaje a España, págs. 110, 119-122. 14 Jean le Sauvage dirigía desde 1517 el Grand Conseil de don Carlos. Era caballero y señor de Escanbere. También era el protector de Erasmo de Rotterdam. En 1518 presidió las Cortes de Valladolid, y el rey le confió los asuntos de Indias. Domínguez Casas, Rafael: Arte y etiqueta de los Reyes Católicos. Artistas, residencias, jardines y bosques. Madrid, 1993, págs. 614-615. Sauvage fue enterrado en el convento jerónimo de Santa Engracia, de aquella capital, a orillas del Ebro. Allí permanecía su impresionante sepulcro labrado por el inmortal Alonso de Berruguete en alabastro aragonés ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 20
real cédula de 1 de abril de 1518, en Aranda, por la cual el rey ordenaba a Velázquez a desistir en el envío de armadas exploratorias al seno mexicano y costas de Yucatán —sobre esa cédula nos referiremos más adelante. La muerte jugaba una vez más su papel de inesperada protagonista cambiando el curso de la Historia.15 Ciertamente se trata de un caso ilustrativo, como dijo Giménez Fernández, de la “ignorancia por parte de los definidores de la política real de qué cosa eran las Indias”, allá por 1518.16 Pero habría que apostillar que los flamencos de don Carlos no eran ingenuos extranjeros acompañantes de su príncipe, y que por tanto eran perfectamente conscientes de que las mercedes indianas prometían un interesante incremento de sus haciendas a costa de los castellanos. Su ignorancia no era bien intencionada. Y como se ha escrito la gestión del chanciller Sauvage creó el malestar del Reino de Castilla, pues favoreció la rapiña flamenca recordando lo ocurrido once años atrás durante el efímero reinado del rey Felipe.17 La merced de Yucatán era uno de esos hechos que llenaron de razón el discurso de los comuneros. En lo tocante a la gobernación de Cuba, la merced hecha a Gorrevod, que damos a conocer, se trata técnicamente hablando de una real cédula condicionada al éxito de la Corona frente a Diego Colón en el pleito que hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando fue desmontado. En el Museo de Bellas Artes zaragozano se conservan algunos elementos del monumento, como un escudo con las armas de Carlos I. La sepultura del Chanciller fue ordenada por el rey al maestro castellano el 20 de diciembre de 1518, acabándolo éste el año siguiente. Silva Maroto, Pilar: “Ángel con Escudo, Alonso de Berruguete”, en Catálogo de la exposición Carolus, Toledo, 2000, pág. 244. Sobre la responsabilidad de Sauvage en la concesión hecha a Gorrevod de la conquista, señorío y gobernación de México, recuérdese lo que el padre Casas decía en su Historia al narrar la reacción del almirante don Diego Colón: “Reclamó luego el Almirante de las Indias al Rey y a mosior de Xevres y al Gran Chanciller...” 15 No así lo entendía el obispo de Chiapas, quien en su Historia hemos visto que se atribuía el mérito de haber convencido al chanciller de impedir el cumplimiento de la merced favorable a Gorrevod: “que por ventura, si el clérigo Casas no avisara con tiempo y ayudara lo que con el Gran Chanciller ayudó”. Hace treinta años Ramos Pérez, siguiendo muy de cerca las informaciones de fray Bartolomé de las Casas, vio más que en la muerte de Sauvage —como sostengo— en su sustitución, a la hora de firmar junto al Rey, por Rodríguez de Fonseca y por el secretario Cobos quien refrendaba con su firma. Ramos, Demetrio: “El problema de la fundación del Real Consejo de las Indias y la fecha de su creación”, en El Consejo de las Indias en el siglo XVI. Valladolid, 1970, págs. 22-25. Dudo que el fraile dominico, a pesar de su amistad, hubiera podido cambiar la actitud favorable del Gran Chanciller respecto del almirante de Flandes, dado el valimiento de que gozaba ante el rey. La muerte de Jean le Sauvage fue definitiva para enterrar la ejecución de la real cédula, fechada en San Martín de Rubiales el 29 de marzo de 1518, a favor del almirante de Flandes. Fonseca y Cobos dejarían que los acontecimientos se desarrollaran por sí solos. Ni siquiera el nuevo chanciller, Mercurino Arborio, marqués de Gattinara, amigo de Gorrevod desde Saboya (como hemos visto), pudo evitar el que el rey repensase y desistiera de autorizar su feudo con pobladores flamencos en el Nuevo Mundo. 16 Giménez Fernández, Bartolomé de las Casas, II, pág. 653. 17 Domínguez, Arte y etiqueta, págs. 614-615. LAS GOBERNACIONES DE CUBA Y DE YUCATÁN EN 1518 Tomo LVIII, 1, 2001 21
y por ser el día de la Santa Cruz, llamamos así aquella tierra... Y al otro día por la mañana nos hicimos a la vela para ver una punta que allí aparecía, y dijo el piloto que era la Isla de Iuchathan. Entre esta punta y la punta de Coçumel, donde estábamos, encontramos un golfo en el que entramos, y llegamos cerca de la tierra de la dicha Isla de Coçumel, y la andamos costeando desde la dicha primera torre...”.29 Pero la real cédula de 19 de marzo de 1518 favorecedera de Gorrevod nombra la isla de Cozumel, refiriéndose a Yucatán, lo que significa que la noticia proviene de los informantes indios tomados en Cotoche, según Bernal Díaz, el año anterior por Hernández de Córdova, los indios Julianillo y Melchorejo, quienes debieron dar noticia de la riqueza e importancia de la isla ceremonial de Cozumel, lo que llevaría a la confusión de Alaminos y del resto de la hueste extendiendo el nombre a toda la tierra descubierta y por descubrir.30 No olvidemos que la Punta de Cotoche, hoy Cabo Catoche, se encuentra no muy lejana, al norte de Cozumel. La insularidad equívoca de Yucatán quedaría confirmada por el parecer del piloto Alaminos, quien al alcanzar la Boca de Términos creyó haber encontrado el estrecho que separaba la ínsula de Tierra Firme.31 Mas cuando en la Corte de España se trataba de la conquista y del gobierno de Cozumel se entendía por ella a toda la tierra nuevamente descubierta. Con pocos días de separación, entre la real cédula a favor del almirante de Flandes, firmada en San Martín de Rubiales, el 29 de marzo de 1518, se encuentra asentado en el mismo Libro otra real cédula, a mi entender desconocida y que desvela claramente los planes del joven Habsburgo para las tierras yucatecas y del golfo. “El Rey. Diego Velazques, nuestro Governador de la Ysla de Cuba, porque por algunas causas conplideras a mi serviçio es neçesario que por agora no se entienda en la conquista de la Ysla de Coçumel syno que se esté en el estado que agora está, Yo vos mando que no enbyéis a la dicha Ysla de Coçumel ninguna Armada ni gente para la conquistar, ni déys lugar que en ello se haga ynovaçión alguna hasta tanto que Yo provea sobre ello como más convenga a mi servicio; y sy por caso ante questa rreçibiéredes, huviéredes enbiado allá alguna Armada o gente a entender en la dicha conquista hagáys que luego se buelvan y no prosigan más adelante en ello y que dexen los yndios 29 J. Díaz, A. Tapia, B. Vázquez y F. Aguilar: La conquista de Tenochtitlán. Edición de Germán Vázquez. Madrid, 1988, págs. 37-38. 30 Para la narración de lo sucedido en Cotoche véase a Bernal Díaz. Díaz del Castillo: Historia verdadera, pág. 71. 31 Martínez, José Luis: Hernán Cortés. México, 1992, pág. 121. Voy a apostillar que la obsesión de tratar de islas a los territorios desconocidos recién descubiertos fue el resultado de la experiencia. Recordemos cómo en el segundo viaje, Colón hizo jurar a su tripulación que Cuba era tierra firme. Cabía la prudencia antes de incurrir en lamentables errores cosmográficos. ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 28
de la dicha Ysla paçíficos y con el mayor contentamiento que ser pudiere e vos procurad que asy se haga por la mejor manera que os paresçiere que convyene como Yo de vos confío, y no fagades ende al porque asy cunple a my servicio. De Aranda de Duero a primero día del mes de Abril de mill e quinientos e diziocho años. Yo el Rey. Señalada del Chançiller e don Garçía. Refrendada del secretario Liçaraço”.32 Se reservaba así Yucatán y sus tierras colindantes para la conquista del almirante de Flandes. Noticias al respecto también tenía Velázquez, pues Bernal Díaz del Castillo dice: “cuando llegó el capitán de Alvarado a Santiago de Cuba con el oro que hubimos en las tierras que descubrimos, y el Diego Velázquez temió que primero que él hiciese relación a Su Majestad, que algún caballero privado en Corte tenía relación dello y le hurtaba la bendición...”.33 Diego Velázquez había enviado a España a su capellán para prevenir tales peligros, un clérigo hábil llamado Benito Martín, quien llevaba relación de lo descubierto por Fernández de Córdova y de las riquezas prometedoras de la tierra. Su actividad fue tan acertada ante Fonseca, el licenciado Zapata y Conchillos, que consiguió el nombramiento de Velázquez como adelantado de la isla de Cuba y gobernador y capitán general de la tierra de Santa María de los Remedios, es decir Yucatán, y de Cozumel, por una capitulación, fechada en Zaragoza el 13 de noviembre de 1518. Llama la atención que a diferencia de lo prometido a Gorrevod, Velázquez sólo obtuviera como una merced especial la concesión perpetua y hereditaria de la vigésima parte de las riquezas obtenidas para el rey en la nueva “Isla”.34 Ello malograba, en apariencia, los esfuerzos de Gorrevod, mas lo que realmente descalabró a los flamencos —como también al hidalgo de Cuéllar— fue la actuación de Hernán Cortés y la importancia de su conquista ante la opinión pública. La armada de Cortés partió de Cuba un 18 de febrero de 1519, en la Instrucción que Velázquez dio al de Medellín, y que lleva por fecha 23 de octubre de 1518, en Santiago de Cuba, Velázquez figura como “Adelantado 32 AGS. CC. Libro General de Cédulas y Provisiones 38, ff. XCIXv. Al margen se escribió resumiéndola: “Para que no se entienda en la conquista de la Ysla de Coçumel.” 33 Díaz del Castillo, Historia verdadera, pág. 106. Sin caer en la cuenta de la relación de este pasaje con el almirante de Flandes, Ramos Pérez supo ponerlo de relieve. Ramos, Demetrio: Hernán Cortés. Mentalidad y propósitos. Madrid, 1992, pág. 50. 34 J. Díaz, A. Tapia, B. Vázquez y F. Aguilar, La conquista, pág. 32. Ramos, Demetrio: Audacia, negocios y política en los viajes españoles de descubrimiento y rescate. Valladolid, 1981, págs. 541-545. Dice Bernal Díaz que el capellán de Velázquez fue muy obsequioso en la Corte, mientras el rey estaba en Flandes, con el fin de prevenir el que Ulúa y Yucatán cayeran en manos de un cortesano poderoso y desaprensivo, es decir Gorrevod. Díaz del Castillo, Historia verdadera, pág. 106. LAS GOBERNACIONES DE CUBA Y DE YUCATÁN EN 1518 Tomo LVIII, 1, 2001 29
y Gobernador de las Islas e tierra nuevamente por su industria descubiertas e que descubrieren”.35 Lo que significa que en el uso se adelantaba a su nombramiento, dándolo por hecho. Si recordamos que en el contenido de la real cédula fechada en Aranda el 1 de abril de 1518 se le ordenaba al gobernador de Cuba que no enviara armadas a Yucatán y que si no hubiera regresado Grijalva mandase una expedición a buscarlo, podemos dar una nueva interpretación a la Instrucción que le dio Velázquez a Cortés y que tiene por fecha el 23 de octubre de 1518. El de Cuéllar, aunque en apariencia enviaba al extremeño tras Olid y las naos de Grijalva, en realidad buscaba ganar tiempo —desobedeciendo la voluntad real— para desvelar el secreto de la tierra sin molestar a los naturales.36 En aquella época Diego Velázquez sabía el peligro que corría, y como cuenta el propio fray Bartolomé de las Casas por confesión del propio Grijalva, cuando éste volvió a Cuba tuvo que sufrir la ira del gobernador quien no cesó de afearle su poca iniciativa al no quebrantar la Instrucción que le había dado antes de salir. Es decir, quería que hubiere poblado y por tanto desobedecido al rey.37 El levantamiento de Cortés, y el envío de procuradores a la Corte de España, con ricos presentes y memoriales, complicó aún más la situación. En octubre de 1519, sorteando las iras de Velázquez, Montejo arribó a Sanlúcar. El rey don Carlos recibió en el palacio de Tordesillas, donde se encontraba visitando a su madre, la Reina doña Juana, a los emisarios de Cortés y de su hueste en marzo de 1520, quienes llevaron consigo indios totonacas. A comienzos de abril, en Valladolid, aceptó el presente mexicano y leyó las cartas enviadas desde Veracruz.38 Mientras, Velázquez desesperaba y lanzaba una campaña contra Cortés a quien tildaba de criado desleal; así le llamaba en la carta del 17 de noviembre de 1519 que escribió al licenciado Figueroa para que hiciera relación al rey del alzamiento de Cortés. Poco antes, Benito Martín acusaba a Hernán Cortés de traición a su majes35 Documentos cortesianos (1518-1528). Edición de José Luis Martínez. México, 1990, vol. I, pág. 45. 36 La Instrucción en los capítulos 15 al 17 ordenaba sin dilación a Hernán Cortés que buscara a Grijalva. Aunque de su lectura se extrae que el gobernador Velázquez no tenía interés de su pronto regreso a Cuba. Ibídem, págs. 52-53. 37 Martínez, Hernán: Cortés, págs. 142-143. 38 Ibídem, págs. 181-182. En mayo de 1522 se despacharon desde México nuevos regalos para santuarios y personajes de la Corte de España. Uno de los beneficiados fue “el mayordomo Mayor Moriu de Urre”, quien por el oficio debe tratarse de Laurent Gorrevod. El obsequio estuvo compuesto de “Dos rodelas, la una el campo azul con una sierpe de oro e pluma colorada en medio, la otra el campo encarnado e un cigarrón de oro e azul en medio.” Documentos cortesianos, pág. 248. ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 30
tad, en carta dirigida desde Sevilla al César.39 Toda esta publicidad fue contraproducente, y debilitó la postura del gobernador de Cuba, quien había perdido el control de la expedición que causaba la admiración de todos. Como las moscas a la miel, los cortesanos miraban hacia la Nueva España. Así no nos debe causar sorpresa alguna que Cobos pretendiera sacar tajada de tan excelente oportunidad. En el otoño de 1519, Cobos, recientemente ordenado caballero de Santiago, recibía del rey la gobernación y el adelantamiento de Yucatán. El 20 de noviembre de 1519 don Carlos le hizo merced del oficio de fundidor y marcador del oro y plata de Yucatán, y todas las tierras conquistadas por Velázquez.40 Los desvelos del Almirante de las Indias Mas queda un cuarto en discordia, el propio almirante de las Indias, don Diego Colón, quien veía cómo su antiguo lugarteniente de gobernador, Diego Velázquez intentaba obtener para sí la gobernación de un territorio que los Colón consideraban parte natural de su señorío. Pero el inicio de los esfuerzos del segundo almirante para hacer valer sus derechos sobre México tiene su historia. En Lisboa, el 7 de marzo de 1517, falleció la reina de Portugal, doña María, la hija de los Reyes Católicos que había felizmente casado con don Manuel el Afortunado.41 Entonces el rey viudo volvió a elegir esposa entre sus parientes cercanos de la vecina España. Los desposorios con la archiduquesa Leonor, hermana del rey Carlos, fueron por poderes y tuvieron lugar en Zaragoza. Por parte castellana intervino en aquella negociación el cardenal Adriano, Croy y Sauvage. La boda se celebró en la villa de Crato el 24 de noviembre de 1518. Acompañó a la Infanta, en su séquito, don Diego Colón.42 El cortejo fue brillante y numeroso, allí se encontraba la mujer de Xebres, la cual regresó a España con gran cantidad de presentes valiosos.43 En aquella atmósfera festiva y dis39 Documentos cortesianos, págs. 95-101. 40 Keniston, Francisco de los Cobos, pág. 53. 41 Ezquerra, Ramón: “María, reina de Portugal (1482-1517)”, en Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. Madrid, 1968, vol. 2, pág. 910. 42 Ramos, Los Colón, pág. 30. 43 Keniston, Francisco de los Cobos, pág. 62. La generosidad de don Manuel con los acompañantes de su mujer fue extraordinaria. El propio rey don Carlos, entonces, obtuvo de su cuñado portugués un préstamo de 50.000 ducados para poder continuar la campaña africana. Fernández Álvarez, Manuel: Carlos V, el César y el hombre. Madrid, 1999, pág. 146. LAS GOBERNACIONES DE CUBA Y DE YUCATÁN EN 1518 Tomo LVIII, 1, 2001 31
tendida el almirante de las Indias pudo tratar con los flamencos sus derechos sobre las nuevas tierras descubiertas en el Nuevo Mundo. Don Diego reclamó el décimo de las rentas que se obtuvieran de la Nueva España. También envió al licenciado Zuazo a Cuba para residenciar a Velázquez en 1521, aunque los gobernadores del reino, al tener noticia de ello, ordenaron a Zuazo por una cédula de 10 de septiembre que se inhibiera de residenciar al gobernador. Días después escribían al propio virrey “maravillándose” de su osadía al intervenir en una jurisdicción ajena. Hay indicios para creer que el segundo almirante de las Indias buscó un entendimiento con Cortés. Con el nombramiento por el cual Cortés podía gobernar los territorios de su conquista, en 1522, parecía desaparecer la coyuntura favorable a don Diego en el frente novohispano de su demanda. Incluso después de ser desposeído de sus poderes virreinales no renunció al sueño de la gobernación de la Nueva España. En 1525, Gonzalo Fernández de Oviedo cuenta que en la Corte corría el rumor de la inminente provisión de la gobernación mexicana a favor de don Diego Colón, debido al malestar contra Cortés entonces. Y se decía que don Diego debía ir “a le descomponer”. De nuevo la diosa Fortuna sonrió al de Medellín y frustró las esperanzas colombinas, pues para cerrar este anillo de ambiciones gubernativas moría el segundo almirante de las Indias al año siguiente en Montalbán, en febrero de 1526.44 Unas últimas reflexiones El peligro de crear un feudo en Indias, en México, con un señor forastero no fue una anécdota pintoresca de Las Casas. Es por el temor a que el rey hiciere merced a un extranjero de la Nueva España —es decir al almirante de Flandes— lo que llevó a los procuradores Francisco de Montejo y Diego de Ordaz a pedir a don Carlos que no se pudiera enajenar aquel territorio de la Corona Real de Castilla. Petición a la que atendió el rey por una real provisión fechada en Pamplona a 22 de octubre de 1523.45 A punto estuvo México de convertirse en tierra poblada por flamencos... 44 Incluso en su testamento don Diego no se resignaba a perder el señorío mexicano, pues en él consta: “me es debida la décima parte de todo el oro, perlas, piedras preciosas e otras qualesquier cosas quen estas partes se ganaren e granxearen, asy en las yslas como en Tierra Firme... e de todo lo que se a abido en Tierra Firme e Yucatán e los almoxarifasgos nunca se me a pagado cosa alguna, por manera que todo se me debe...” Ramos, Los Colón, págs. 54-63. 45 Documentos cortesianos, págs. 272-274. ISTVÁN SZÁSZDI LEÓN-BORJA Anuario de Estudios Americanos 32