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Idea y realidad de una corte periférica en el Renacimiento. Aproximación a la dialéctica público-privado del poder virreinal en Nápoles durante la primera mitad del siglo XVI

Hernando Sánchez, Carlos José

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Producción Científica

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renovación del culto a los restos santos presenta, no obstante, una diferencia con respecto a épocas anteriores, ya que ahora no se Pata tanto de poseer algunos a nivel particular, cuanto la de dirigir oraciones y limosnas hacia santos nuevos cuya particularidad estriba en su presencia física, realzada además por su aspecto externo ya que sus restos venían embutidos en estatuas de cera, que ante los ojos del vulgo pasarán por cuerpos incorruptos reforzando así su prestigio. Esta reactivación presenta sin embargo un cierto cambio de matiz, y es que hasta entonces la concentración y el culto a las reliquias había sido algo fundamentalmente urbano, salvo determinadas excepciones como el caso de San Andrés de Teixido, a partir de ahora estos nuevos cuerpos santos van a distribuirse a lo largo y ancho del mundo rural, incentivando aquí el fenómeno de la veneración a las reliquias. Se aprecia como a partir de las últimas décadas del siglo XVI, y como consecuencia de las posturas adoptadas por los padres conciliares reunidos en Trento, el culto a las reliquias pasa por un nuevo período de esplendor especialmente observable a lo largo del siglo XVII. Se despierta y aviva una nueva fiebre por descubrir y poseer reliquias, que lleva a excavar en las viejas catacumbas, o a privar de fragmentos a todo lo que parezca santo, tanto vivo como difunto. Una avidez que se atemperará conforme entremos en el XVIE momento en el que decrece el ánimo de atesorar reliquias de foima indiscriminada, y se abre paso una mayor preocupación por conocer su origen y legitimidad. Unos restos que serán buscados por todos los miembros de la escala social y que se utilizarán para multitud de ceremonias, tanto litúrgicas como particulares, buscando la consecución de fines espirituales y temporales, en ocasiones rozando lo grotesco y la superstición, si bien este tipo de actitudes se irán desvaneciendo conforme nos vayamos acercando a las últimas décadas del setecientos. Ante los ojos de un extranjero la situación se mantiene uniforme, sin cambios, pues se limita a recoger aquello que le llama la atención y que contrasta con lo que es su realidad vital cotidiana. Sin embargo, y aunque haya un sustrato común, la situación que vive y conoce Catalina Le Jumel en el último tercio del XVII, es bien distinta de aquella en que se mueve R. Ford ciento cuarenta años más tarde. Se ha ridiculizado, y en ocasiones con justicia, la exageración alcanzada en el culto a los restos y objetos santos, pero no hay que perder de vista que un mundo lleno de amenazas y donde el milagro era algo cotidiano, como es la época del Bassoco la reliquia se veía revalorizada y se conveitía en una posible fuente de prodigios en favor de su poseedor, dándole a su ánimo amedrentado un poco de luz para poder afrontar las tinieblas de la inseguridad. IDEA Y REALIDAD DE UNA CORTE B~IFÉWICA EN EL RENACIMIENTO. APROXIMACIÓN A LA DIALÉCTICA PÚBLICO-PRIVADO DEL PODER VlRRElNAL EN NÁPOLES DURANTE LA PRIMERA MlTAD DEL SIGLO XVl Carlos José Hernando Sánchez Universidad Complutense de Madrid Hablar de la corte en el siglo XVI supone referirse a una realidad viva. Ante todo, es el ámbito del príncipe, el espacio privilegiado que rodea al poder, se nutre de él y le transmite, a su vez, las más diversas con-ientes de su tiempo. Se trata de u11 coinplejo sistema de intereses, ideas, influencias y hábitos de difícil delimitación, pero imprescindible para comprender la mentalidad, la sociedad y el Estado. En Nápoles, la creciente evolución de las formas cortesanas, como ámbito superior de estilización de la vida aristocrática y ritualización del poder, había alcanzado gran brillantez en el siglo XV, a partir del reinado de Alfonso V de Aragón. Tras la crisis que supuso la pérdida de la independencia de la única gran monarquía italiana, desde 1504, el visseinato español asumió esa herencia, adaptándola a la nueva situación perifésica en el conjunto de la Monarquía Católica, de modo que el desarrollo ideológico y protocolario del centro de ésta se reflejaría también en las ideas, cargos e intereses fraguados en torno a sus máximos representantes. Bajo Carlos V la estsuctura de la coste virreinal alcanzaría su primera madurez durante el largo gobierno del IZ marqués de Villafranca, Pedro de Toledo (1532-1553), de acuerdo con un ambicioso programa de reforzamiento de los poderes del Virrey, centralización y reforma autoritaria del Estado. A partir de su corte y al servicio de las necesidades internacionales y defensivas del Imperio, se desarrolló una intensa política clientelar y de mecenazgo que producirían la fijación de los recursos ideológicos y foimales para la legitimación del sistema. Más allá del modelo ideal descrito por Castiglione y sus seguidores -tempranamente difundido en el ámbito napolitano-, podemos acercarnos a la corte a través de una serie de círculos concéntsicos cuyo eje es la cercanía y la confianza con el príncipe, en este caso el Virrey, a partir de su familia y los servidores o «criados», seguidos por los cargos de la administración en contacto asiduo con el Virrey -secretarios, consejeros, algunos funcionarios que gozan de especial favor ...-; los nobles adeptos; los clérigos más próximos, que sirven en su capilla o gozan de su protección y, por supuesto, confundidos entre los criados, los poetas y artistas que protagonizan el mecenazgo privado u oficial y crean las obras más diversas para expresar la idea de «magnificencia» que requiere un poder cuyo «decoro» se hace cada vez más exigente. Este sistema social de dependencia hace muy difícil separar sus distintas manifestaciones, desde la música, la poesía, la decoración interior y el marco de la vida cotidiana hasta las más consistentes realizaciones artísticas y arquitectónicas o, incluso, urbanísticas, puesto que también la ciudad en su conjunto y, en concreto, la capital -radicalmente ampliada y transformada por Pedro de Toledo-, se concebirá como proyección del escenario cortesano. Aspectos en apariencia tan diversos formaban parte de un todo consagrado a la exaltación del poder y al embellecimiento y, por lo tanto, la idealización de sus formas sociales y políticas, hasta el punto de que, con frecuencia, fueron los mismos agentes, cortesanos y artistas a un tiempo, qulenes protagonizaron esas realizaciones. Como un noble más, el Virrey tiene su propia casa, un conjunto de bienes y de servidores, en función de su hacienda personal y de las tradiciones de su linaje. Pero, a la vez, como representante máximo del monarca, debe asumir el protocolo de un funcionario excepcional, así como el control o la protección de aquellas esferas de la vida social y cultural que la tradición había vinculado de distintas formas a la Corona. Todo ello conllevaba que debiera moverse continuamente entre dos esferas, la psivada y la oficial, en la práctica ambiguas e interdependientes. Son conocidos los rasgos generales de la sociedad cortesana, tal y como floreció en la Italia renacentista, aunque el predominio de los grandes centros creativos del norte y el centro de la Península ha hecho, una vez más, que los estudios concretos tiendan a marginar el espacio meridional'. Pese a ello, la corte aragonesa ha sido objeto de cierta atención, así como algunos 1 Entre la amplia bibliografía sobre la sociedad cortesana vid., por ejemplo, la ya clásica obra de ELIAS, N.: La societd di corte, Bolonia, 1980 (trad. ital. ) y La civiltd delle birone maniere, Bolonia, 1982; BRUNNER, O.: Vita riobiliare e cirltitra europea, Bolonia, 1972; BARBERIS, W.: «Uomini di corte ne1'500 ha il primato della famiglia e il governo dello stato)), en VV.AA.: Storia d'ltalia, A~inali, IV, Turín, 1981, pp. 855-894; BUCK, A.: Eirropaische Hoflultirr inz XVI irnd XVll Jalirhitndert, Wolfenbüttel, 1981; DICKENS, A. G.: Tlie cotrrts of Eitrope, Londres, 1977; GREEN, R. F.: Poets arid Princepleassers, Toronto, 1980; JAEGER, C. S.: Tlie origins of Coirrtliness, Filadelfia, 1985; LYTLE, G. F.-ORGEL, S. (ed.): Patronage ir1 tlie Reriaissance, Pnnceton, 1981; OSSOLA, C. (ed.): La corte e il cortegiano, Roma, 1980, y Da1 'Cortegiano' al1"Uonio di morido'. Storia di irrr libro e di ioi niodello sociale, Turín, 1987; QUONDAM, A. (ed): Le corti farriesiane, Roma, 1978; REBHORN, W. A.: Coirrtly Performarices, Detroit, 1978; SMITH, P. M.: The Anti-Courtier Trerid in 16th Ceritztry Frericli Liter.atui.e, Ginebra, 1966; TENENTI, A.: «La corte nella storia dell'Europa moderna (1300-1700)», en Le corti farnesiane ... ; VASOLI, C.: La citihrra delle corti, Bolonia, 1980; BURKE, P.: «El cortesano», en El hombre del Renacimierrto, (dir por E. GARIN), Madrid, 1990 (1-d. Roma-Bari, 1988), pp. 133-162; GETTO, G.: La corte stense, litogo d'iricoritro di zrria ciiiilta letteraria, 1953 BATTAGLIA, S.: La letteratirra del coniportaniento e ['idea del cortigiario, Milán 1937. De especial relevancia para nuestro estudio son las diversas contribuciones realizadas en la colección de la editorial Bulzoni, a cargo del «Centro di Studi 'Europa delle corti'n, al que pertenencen algunos de los trabajos citados, así como el vol. 1: La sceria del testo, a cargo de C. Ossola, Roma, 1980 y el vol. 11 del citado Le corti farriesiane ... : For71ie e istituziorii della proditziorie cirlturale, a cargo de QUONDAM, A. Roma, 1978. Para seguir la trayectoria del concepto en la tradicción historiográfica, vid.VV.AA.: La corte riella cirltirra e riella storiogr.afia. Inirnagirii e posiziorii tra Otto e Noi~ece~ito (a cargo de MOZZARELLI, C.-OLMI, G.), Roma, 1983. Vid. también KOENIGSBERGER: «Republics and courts in Italian and European culture in the Sixteenth and Seventeenth Centuriesn, Past and Present, no 83, 1979, pp. 33-56 -donde destaca la conjunción de la corte y las grandes ciudades como determinante del desarrollo cultural, en cuanto fuente de «mecenazgo y audiencia dual, cortesana y urbana» (p. 45) y, más recientemente, ELLIOTT, J.: «La corte de los Habsburgos españoles: Luna institución singular?)), en Espaíia y sir niitndo, Madrid, 1990 (1"d. Yale Unv., 1989), pp. 179-200 y LISON TOLOSANA, C.: La iniagen del rey. Monarqiría, realeza y poder ritital en la Casa de los Alrshias, Madrid, 1991. de los importantes centros aristocráticos y parte de la amplia reflexión realizada por la literatura napolitana sobre ese ámbito a lo largo del siglo XV12. A la hora de analizar los distintos aspectos de la corte virreinal debemos tener en cuenta esas fuertes tradiciones locales, así como los propios precedentes familiares de Pedro de Toledo, que habían alcanzado ya un alto grado de desarrollo cultural en la corte de su padre, el 11 duque de Alba y que, a partir de 1539, se verían enriquecidos con el matrimonio entre la hija del Virrey, Leonor de Toledo y Cosme de Medicis. Al igual que otros casos, las fuentes para el estudio de la vida cortesana virreinal son muy amplias: inventarias, testamentos, correspondencia, órdenes de pago y una extensa gama de testimonios literarios y artísticos, tanto españoles como italianos. 1.- Si atendemos a los rasgos locales a los que se adaptó la actuación del Virrey, debemos partir de la imagen que los propios contemporáneos tuvieron de Nápoles como encrucijada de influencias diversas, lugar donde los gustos, las costumbres y las ideas experimentaban una continua mutación, de modo que, como dirá B. Di Falco en su descripción de la capital, ésta «sempre fu e sari nova, cosi nell'habitare, come anco d'huomini, di costumi, di habito, di parere, d'usanze, e d'ogni altra cosa ... n3. A la diversidad cultural se unía la difusión de hábitos sociales aristocráticos y refinados, basados en el lujo y la ostentación, como uno de los tópicos que sobre el carácter meridional desarrollarían los demás italianos, de acuerdo con las críticas florentinas al modo de vida de la nobleza partenopea -Bracciolini, Landino, Maquiavelo ...- que, todavía en 1553, llevarían a O. Landi a afirmar que <<e questa nantione molto dedita all'otio, et alle delitie, et alle attilature ...»4. La corte de los reyes aragoneses causó la admiración de su tiempo y siguió siendo un modelo obligado en el siglo XVI. En 1536, un funcionario de la administración virreinal como Bartolomeo Camerario declaraba sentirse «spesso admirato che vol dire che quelli piccoli 15 de prima dispendevano piil in la caccia, cavallariza et spese de casa che v. Mt. non ne have da1 regno ... Pero, aunque la ausencia de la corte real determinó una disminución de los gastos suntuarios, estos alcanzaron enorme desarrollo en los núcleos aristocráticos y siguieron manteniendo viva una fuerte tradición de lujo y de mecenazgo en la que se confundían los elementos más cotidianos de la vida señorial con las producciones más elaboradas del arte y la literatura. A principios del siglo XVI Pontano desassolló en su tratado «De Magnificencia» una teoría sobre las funciones áulicas y propagandísticas de la «liberalita» y la «magnanimiti» del príncipe que, aunque directamente inspirada en su experiencia de la corte aragonesa, siguió vigente a lo largo de la centuria, de modo que sus ideas pueden encontrarse en los más diversos autores napolitanos, como fuente de inspiración humanística para legitimar el nuevo régimen6. A mediados de siglo, por ejemplo, Mario Galeota, uno de los personajes más destacados de la vida intelectual y espiritual del Nápoles virreinal bajo Pedro de Toledo, incluirá en su tratado «De Fortificazioni~ una amplia reflexión sobre las implicaciones morales y políticas del esplendor 2 Cfr. GOTHEIN: 11 Rinascinie~ito riell'ltalia meridioriale, Florencia, 1915; CROCE, Espaíia eri la vida italiaria del Renaciiiiie~ito, Madrid, 1925; RYDER, El reino de Nápoles eri la época de A[foiiso el Magnáriiriio, Valencia, 1987; LEPRE: Storia del Mezzogioriio d'ltalia. vol. 1. Nápoles, 1986, pp. 147 y SS.; QUONDAM, A,: ~L'ideoligia cortegiana di Giulio Cesare Capaccio)), en La parola riel 1abii.irito: societd e scrittitra del Manier,isriio a Napoli, Roma, 1975, pp. 187-226. 3 DI FALCO, B.: Descrittiowe di Iitoglii aritiqlri di Napoli e de1 silo anieriessinio distretto, Nápoles, 1549, p. 22. 4 LANDI, O.: Coriirrientario delle piir riotabili et riiostrztose cose d'ltalia, Venecia, 1553, p. 12. 5 Bartolomeo Camerario a Carlos V, A.G.S., Est., Nap., 1025,88, en CONIGLIO: 11 Viceregno di Pietro di Toledo, 1, Nápoles, 1984, p. 81. 6 Cfr. GOTHEIN: Op. cit. (sobre Pontano y «De Magnificentian). cortesano y afiimará que los buenos gobernantes «deveno vivere della sua liberalita, et esso esser buon dispensatore della richezza, et abundantia che Dio gli ha data a questo effetto ... ». A estos conceptos, procedeiltes de la obra pontaniana, Galeota unía la idea de «Piacevolezza», como expresión de las formas de sociabilidad recomendadas ya por Castiglione, tanto para los asuntos públicos coino privados7. Tal principio era, sin embargo, de difícil aplicación práctica en el caso de la corte visreinal, ya que a la más estricta reglamentación de las audiencias impulsada por Pedro de Toledo sé unían los recelos e intrigas políticas, que habían llevado al cardenal Gascía de Loaysa -uno de los principales valedores del nombramiento de aquéla recomendar en sus Instrucciones privadas de 1532 al nuevo Virrey «que muestre buena casa y alegre a todos», si bien con una doble advertencia, tendente a delimitar la esfera pública y privada de sus relaciones, ya que, si por una parte se admitía que «podrá tener sus tiempos para se retiras a hablar y holgar con quien le pluyere y pareciere» -Con una expresa referencia al criterio de la corte imperial, ya que «es razón de reyr y holgar y dar parte de sus cosas: pues esto sabe lo tiene en estremo su magestad cesarea»-, por otro lado se encarecía que «siempre que saliere sea con gran gravedad, porque esto es causa de non poner desacatamiento en ninguno», al tiempo que señalaba: «para su conversación y en su casa tenga personas virtuosas y de buena vida y costumbres y con tales platique [...] porque en esto se mira mas en Italia que en ninguna parte del mundo...»8. En esas Instrucciones podemos apreciar ya todos los temas esenciales del gobierno de Pedro de Toledo, con recomendaciones concretas sobre el desenvolvimiento personal del Virrey en la sociedad napolitana y como expresión de las grandes preocupaciones de los grupos diligentes de la Monarquía en cuanto a los deberes y la imagen virreinales, de acuerdo con la mentalidad de la época, para la que toda virtud personal del gobernante es fuente de bien colectivo, un principio que no podían dejar de desarrollar clérigos ortodoxos como Loaysa, antiguo confesor del Emperador. De esta forma, aconseja sobre delicados detalles de protocolo, desde la etiqueta de las comidas o las audiencias, hasta la forma de vestir o el culto religioso y la protección de los conventos y hospitales de la capital. De todo ello se desprende la impoitancia social y política del culto a las formas y, sobre todo a la presentación pública del poder, minuciosamente descrita, de manera que, al tiempo que se intenta respetar los usos locales, cada acto cotidiano del Virrey aparece revestido de un significado político o moral concreto. En conjunto, esos criterios responden a una actitud general de distai~ciamiento, en la que una sutil combinación de gravedad y ostentación refleja la idea del «sosiego» castellano, como expresión de la autoridad superior e indiscutible de la Monarquía. 7 GALEOTA, M.: Delle Fortificaziorii, libro 11, B.N.N., Msc. XII-D-21, fol. 104v. «Et in un signo la principal piacevolezza & la facilita dell'adito, che senza difficultk chi gli vuol dire i suoi bisogni hab-/bis l'adito senza fatiga aperto e facile con paciente audientia [...l. Questa piacevolezza & cara nel conversar anchora; et che/ con gli amici, con i familiari, et con quelli che oltre i negotii trattano con lui per mo-/do di visite, et di conversatione nella guerra, nella caccia, o in altro conto non sem-/pre sia severo et tetrico,ne parli come dicea quella gran signora, sempre da verol ma spesso di burle, allego, piacevole, et si adatti spesso agli humon di coloro con chilhatta ... » 8 Instrlrccióri del Cardenal Loaysa para el setor don Pedro de Toledo, 2hiarqicés de V" fi-arica Virey de Nápoles, para el goviertio de este En~pleo, Archivo Ducal 1 de Medina Sidonia, leg. 5103, fol. 2v. 9 Vid. por ejemplo, el «retrato» idealizado que del Marqués hazwá AMMIRATO a finales de siglo, como nlodelo de cultura y elegancia «alcanzo tutti gli altri huomini dell'eth sua di bellezza di corpo [...] non solo intendente delle cose della guerra al par di qualunque altro capitana, et coraggioso et ardito, ina il quale havea cognitione et gusto delle belle lettere, et scrisse ancor egli versi toscani da non essere punto disprezzati, affabile, cortese, liberale; et se I'andar molto vago et pomposo et trovar hitto di nuove foggie di vestire non l'havesse appresso i giudici severi scemato alquanto di gravitá, io non saprei agevolmente vedere che cosa si fusse in lui potuto desiderare...)) «Ritratti», en Opuscoli, 1, Florencia, 1640, p. 238. Junto a tales requerimientos, la corte vin-einal debía desenvolverse en un ámbito en el que 1 imagen de la vida cortesana dentro del tópico diálogo renacentista de las mas y las letras , sería intensamente cultivada por algunas de las principales figuras de la nobleza napolitana del período, como el marqués del Vasto o el príncipe de Saleino. El primero, Alfonso de Avalos y Aquino, elevado por Giovio y otros autores de la época a la categoría de modelo cortesano y caballeresco, se distinguió como continuador de la intensa política clientelas y de mecenazgo familiar, reuniendo una de las más espléndidas cortes aristocráticas en su posesión de Ischia, la mayor de las islas cercanas a la capital, frente a la que actuaría como refugio y alteiilativa señorial, idealizada por iiitelectuales como Scipione Capece, enfrentado como el Marqués a la política autoritaria del Visrey Toledo. Igual actitud política se encuentra en Fe~rante Sanseverino, príncipe de Salerno. Hombre culto, poeta, a cuyo servicio estarían humanistas y literatos tan destacados como sus secretarios Luodovico y Vinceilzo Maitelli y, sobre todo Bernasdo Tasso, el Príncipe -miembro de un linaje de antigua lealtad anjevinaalternó sus estancias en sil gran palacio de la capital con una atención permanente a sus estados desde el castillo de Salerno y se rodeó de la más brillante corte napolitana, «osteiltando in tutte le cose magnificenza realen, en un claro intento de rivalizar con el mecenazgo virreinal y favorecer así su protagonismo social y político, coino mediador entre las facciones locales e interlocutor privilegiado con la Corona, rasgos que determinarían su célebre actuación en la revuelta de 1544 y su defección final del bando imperial en 1552, tal y como evocaría años después el hijo de su consejero, Torquato Tasso, en su diálogo «11 Nifo overo del piacere onesto»l0. Todas las crónicas y biografías del Visrey destacan como los acontecimientos políticos esenciales de su mandato la visita del Emperador en 1535-36 y el largo enfrentamiento personal entre don Pedro y Salelno. Si por un lado la importancia concedida a la Entrada triunfal y la larga estancia del soberano en la capital forma parte del concepto reverencia1 y sacro de la Monarquía, así como de la fuerza de la relación personal entre el monarca y sus súbditos -que, de hecho, tendría coilsecuencias políticas y culturales decisivas para el porvenir del reino-, por otra parte, la estsuctura nasativa de las crónicas, basada en la contraposición del Vh-rey y Salerno, rinde culto, simultáneamente, a la tradicióri heróica del humanismo -bajo las infiuencias de las «Vidas Paralelas» de Plutarcoy al aun floreciente hábito caballeresco del duelo y el torneo, que llevaba a plantear la rivalidad política en términos de honor -como entre Carlos V y Francisco 1-. Pero esa ambivalencia ideológica refleja, a su vez, la grave contradicción política que enfrentaba a la vieja nobleza feudal con los nuevos planteamieiltos del Estado moderno. Cuando Pedro de Toledo se hizo cargo del virreinato en 1532, las instituciones que lo sustentaban estaban ya definidas, aunque ciertos rasgos, como el propio «oficio» y, sobre toclo, la «dignidad» de Virrey, verlan reforzado su valor y alcanzarían su personalidad definitiva bajo su mandato. Las atribuciones viireinales, establecidas por Fernando el Católico al conceder al Gran Capitán, en diciembre de 1504, «poder de nuestro visosrey y lugarteniente general», ampliado en marzo de 1505 por unos «nuevos poderes nostros», habían evolucionado según la coyuiltura política y la capacidad de actuación de los sucesivos visseyes -muy limitados durante las dos primeras décadas por la continua tensión bélica-. Junto a sus funciones militares y a las oscilantes relaciones con las otras instituciones, la auténtica medida de la autoridad del Virrey venía dada por su carácter de núcleo de unión entre el centro de la Monarquía y el 10 CONIGLIO: «Note sulla societk napoletana ai tempi di Don Pietro di Toledo)), Stzcdi Ili orrore di Riccardo Filangieri, v II. Nápoles, 1959, pp. 348-249. 265 gobierno y la sociedad locales. De esta forma, en él confluía una doble condición, como vasallo del Rey, obligado a obedecer sus órdenes y a transmitirle las demandas de sus súbditos, y como suprema autoridad <<residente» del Estado, en cuanto representante personal del monarca, cuya voluntad debía interpretar conforme a su propio criterio, dada la lejanía de a corte. Pero en el mismo plano legal, la condición formal del Virrey como «alter ego» del soberano resultaba plenamente efectiva tan sólo en los ámbitos de la defensa de representación, -. como encarnación de la imagen pública del poder, lo que, pese a todas las limitaciones, le permitía imprimir un fuerte sello personal a las diversas facetas del Estado y, más allá de sus funciones políticas -más estrictamente reglamentadas-, al conjunto de la sociedad y la - cultura locales. Uno de los aspectos más discutidos del período fue, precisamente, el de las gribuciones legales del Virrey, continuamente contestadas por los poderes locales. De ahí que una de las prioridades de la nueva etapa inaugurada por el marqués de Villafsanca fuera el , reforzamiento de sus poderes, como representante directo e indiscutible de la Corona, encarnación de valores permanentes, superiores y absolutos. Ese proceso se manifestó, en primer lugar, en los aspectos formales y de imagen. Ya en su viaje desde Ratisbona para tomar posesión del cargo, don Pedro recibió excepcionales muestras de deferencia de los distintos gobernantes italianos y de los principales agentes imperiales, uno de los cuales, el duque de Amalfi -gobernador de la guarnición española de Sienale otorgó entonces por primera vez el título de excelencia, «que da quell'ora fu a lui ed a tutti i capi dell'esercito e vicerk de'reami dato». Asimismo, la entrada del nuevo Virrey en Nápoles fue cuidadosamente organizada para que todos los sectores sociales participasen en una ceremonia procesional y urbana de excepcional solemnidad, que tendría continuación cuando, dos años, después, fue recibida la Virreina -María Osorio Pimentel-, por primera vez en el puesto, con un puente-baldaquino especialmente decorado que inaugurará el ritual utilizado desde entonces en la recepción de los sucesivos virreyes. De hecho, el protagonismo asumido por la Virreina en la vida social sería otro signo de un protocolo más complicado, donde se refleja esa inquietud por la imagen del poder que ya aparece en las Instrucciones de Loaysa y que, junto al gran desasrollo del mecenazgo oficial, se expresará también en la nueva asolemnidad de las audiencias virreinales y, en general, en todas las apariciones públicas del Visrey, cuya corte rivalizaría con los citados centros aristocráticos, en un proceso de centralización cultural paralelo a las reformas políticas. Los testimonios al respecto son abundantes. Ya en 1535, el embajador de Mantua, conde Maffei, describe sus audiencias públicas en Castel Nuovo «con una gravita et maesta grande», rodeado por numerosos señores y damas, sentado xsotto il baldacchino, tenendo da un lato la moglie, da l'altro le due figliuole [Leonor e Isabel] di conveniente bellezza, ma riccamente vestite...», mientras la Visseina «ne sta con menor gravita del mai-ito, non va men in ordine di que1 che gli conviene»". La «gravedad» solemne de las audiencias resulta inseparable de la «liberalidad» de los festejos: juntos componen las dos facetas en que se substenta la vida de corte y expresan las necesidades simbólicas del poder, desde el distanciamiento hasta la ostentación y la propaganda, en una permanente utilización del ocio como vehículo de cultura y de política. También a finales de 1535, por ejemplo, Juan de Valdés afirmaba, a propósito del recibimiento preparado al duque de Penara, que «su exg será muy servida y acariciada de todos y más del Señor 11 VALDÉS, J.: «Cartas inéditas al Cardenal Gonzagan, Revista de Filología Espafiola, (ed. de F. Montesinos), Madrid, 1931, carta XXV, p. 58, Nápoles, 27 de noviembre de 1535. MICCIO, «Vita di Don Pietro di Toledo», Arcliiilio Srorico Italiario, IX, 1846, p. 89. Visosrey, porque es cavallero, y en esto remítome a la obra...». Miccio, por su parte, no desaprovechará esa imagen para exaltar también a don Pedro como «liberalissirno in alloggiare e onorare forestieri, in presentase ad amici, e in remunerar li servitori ... », así como «splendidissimo nell'apparato e nell'ornamento di sua persona e di sua casa, e grand'amico di politezza, e uniforme nel suo govern~»'~, mientras que Castaldo afirmará que «era egli dotato di maniere Reali [...] oltre il vivere splendido ed i1 trattarsi da gran Principe, con una corte corrispondente alla sua grandezza ... » y, más tarde, Summonte repetirá casi textualmente similares rasgos: «haveva parti reali, perche oltse il vives splendido, et il trattarsi di gran Principe, e tener Corte honorata, [...] con una placida e signorile gravita, ni? negotii accorto, d'ingegno acuto [...] Fuor di negotii era affabile, giocondo, e trattabile, et in tutto gran corteggiano ... »13. Asimismo, Filonico destaca el despliegue de elementos caballerescos y cortesanos llevado a cabo por el Virrey durante la visita de Carlos V, con quien participó en los continuos festejos entonces realizados en la capital y sus alrededores, «sempre in le giostre dei/ suoi compagni, nella caccia de'suoi a- /desenti e nelle poste e staffette amoro-/se de'suoi seguaci, tenuto in tanta ri-/putazione d'accorto e considerato cortigia-/no», lo que, según el biógrafo, respondía a una de sus principales ocupaciones: «senda da lui le giostre bandite, gli esercizi/ trattati, i gentiluomini intertenuti, le mu-/siche nudrite e le persone virtuoso acca-lrezzate e ridotte in grado di.conoscimento e d'onore ... »14. Tales características serían compartidas y desarrolladas por sus hijos, partícipes de una común actitud aristocrática, presidida por la ostentación e, incluso, el despilfarro. De García de Toledo, por ejemplo, escribía Enríquez de Guzmán, cuando aquél se encontraba desterrado en Madrid en 1546: «no sé en qué parará su hazienda. Os sé dezir que no puede dexar de parar presto, según la gasta largo, porque bibe y gasta como un valeroso príncipe y gran señor, así en arreos y aderecos de su casa y palacio como en gran compañía de señores de título y cavallerajes, con gran mesa abundante y sabrosos manjares con la mas pequeña persona ... »15. 7 1 De acuerdo con la tratadística de la época, el gasto suntuario se insertaría dentro del ámbito ' de la magnificencia -«domus magnificencie»-, mientras que la atención a las necesidades más cotidianas, con sus correspondientes oficios, pertenecerían al marco más estrictamente privado de la «provisión» -«domus providencia»-. Sin embargo, sobre todo cuando se trataba de un «príncipe» o de un gobernante, ambos espacios resultaban difíciles de distinguir. Pese a ello, la organización de la corte virreinal se ajustaba a esa división, al menos en teoría, de modo que podemos comenzar por aproximamos a su estsuctura'oficial, para adentrarnos luego en el escenario privado de la Casa del señor, si bien con la clara conciencia de que, con frecuencia, ambos espacios se superpusieron. i D.- A finales del siglo XVI Torquato Tasso reflejaría en su diálogo «I1 Padre di Famiglia» las convenciones de su época sobre la organización de las casas privadas, así como el esplendor de las grandes cortes principescas y, muy particularmente, de los máximos representantes del dominio español en Italia, cuya ostentación criticaba implícitamente al afirmar que «se bene i tempi nostri sono dagli antichi in molte cose differenti, veggo ch'i govemi delle case del vicerk di Napoli e di Sicilia e del govemator di Milano cosi per proporzione corrispondono a que110 12 CASTALDO, A.: Historia di Napoli, Biblioteca Nazionale di Napoli, Msc, XV-G-22, fol. 98 y SUMMONTE, Dell'Historia della citth e regno di Napoli, Nápoles, 1675, vol. IV, Lib. IX, p. 174. 13 FILONICO ALICARNASEO (Costantino Castriota): Vita di dori Pietro di Toledo, Biblioteca Nazionale di Napoli, Msc, X-B-67, fol. 4v. 14 ENRÍQUEZ DE GUZMÁN: Libro de la Vida y costrrmbres de ... (e$. de H. Keniston), Madrid, 1960, pp. 293-294. 15 TASSO, T.: «Il Padre di Famiglia~, Dialoglii, Florencia, 1958, t. 1, p. 388. delle case reali com'anticamente que110 de'satrapi ... »16. En realidad, esas cortes fueron evolucionando a lo largo de la centuria, en función de los criterios de la época y de las aportaciones de los sucesivos virreyes, pero sólo alcanzarían una definitiva codificación en la siguiente centuria, como reflejo de los más estrictos criterios protocolarios del Barroco, tal y como aparecerán expresados en Nápoles por las conocidas Etiquetas de José Raneo17. Con todo, el siglo XVI desarrolló tanto una praxis como una teoría de la corte de importantes dimensiones que, en el ámbito vineinal, partió de la precedente corte aragonesa, si bien con notables modificaciones, dado que, tras los años de conflicto y cambio que culminaron en la conquista del Gran Capitán, los miembros más destacados del círculo real se vieron sometidos a una dispersión paralela a la crisis de la dinastía. La Casa Real había sido reorganizada por Alfonso V de Aragón siguiendo las pautas catalano-aragonesas y, en última instancia, las famosas Ordenanzas de Pedro el Ceremonioso -que estsucturaban la corte en cuatro ámbitos, bajo la autoridad jerárquica de «mayordomens», «camarlenchs», «canceller» y «maestre racional»-, adaptadas al esquema local que presidían los «Siete Oficios del Reino» -especialmente el Gran Senescaly respetando al mismo tiempo ciertos cargos menores de la época anjevinaI8. Después de 1504, muchos de los numerosos oficios que habían ido desarrollándose a lo largo del siglo XV -con funciones concretas de asistencia y representacióndesaparecieron o se trasformaron, de acuerdo con la nueva situación del reino, de modo que, si la administración general se mantuvo prácticamente intacta, el ámbito cortesano, en función de su dependencia personal del monarca, fue uno de los más afectados por el cambio de régimen. Surnmonte se haría eco de esa transformación al afismar: cdapoi che i Re abbandonarono Napoli, trasferendo altrove la los sede Regia, e reggendo la citth ed il Regno un suo Luogotenente detto Vicere, restasono sopressi que'tanti ufficiali cosi maggiori, come minori della Casa del Re subordinati per la maggior parte al Gran Siniscalco; ed altri nuovi ne sursero nel Palazzo Reale, subordinati non gih piu al Gran Siniscalco, ma assolutamente al Vicerk, a cui, come al di lui Palazzo seivivano [...] S'estinsero i Ciambellani, i Grassieri, nomi francesi, i panettieri, gli Arcieri, gli scudieri, e tanti altsi ufficiali; e ne furono all'uso di Spagna altsi intsodotti, che dovevano aver cura del Palazzo Reale, e servire al Vicere, ed alle sue Segretarie, con indipendenza del Gran Siniscalco ... »19. Según señala el mismo historiador, dos cargos habían alcanzado especial relevancia: el «Maestro delle Razze Regie» y el «Maestro delle Foreste e della caccia», dada la importancia que los caballos y las actividades cinegéticas poseían en el conjunto de la cor-te, mientras que «sotto il regno degli spagnoli questi due uffici furono trasformati e pressero altse sembianze»: 17 RANEO: «Etiqueta», en Libro doirde se trata de los virreyes lirgarteiiie~ies del Reitio de Nápoles y de las cosas tocaiites a su grarideza, 1634, CDOIN, vol. XXIII. 18 Vid. RYDER: Op. cit., pp. 29-30 y 71-111; MONTALTO, L.: La corte di Alfoliso I d'Aragona. Vesti e gale, Nápoles, 1922 y «Cortiggiaiii, paggi, famigli alla corte araagonesen, Napoli Nobilissiiria, fasc. 5, mayo de 1921, pp. 71-75. 19 SUMMONTE: Op. cit., El, p. 551. Sobre el Gran Senescal afirma TARCAGNOTA que «ha particolare cura di provedere tutte le cose che al vitto ordinario del Re et della corte sono di per di necessarie. Hoggi noi Maiordomo o Mastro di casa il cliiamo. Et nelle feste principali soleva gia anco, come Scalco maggiore, servire il suo Re a tavola [...] haveva gih cura de'boschi, et delle defese et caccie regie, et aurorith di potere servitori della corte castigare de'loro eccessi. Hoggi 2 fuori di queste cure...», Del sito et lodi della cittd di Napoli coti itria breve Iiistoriri del gli 1.2 sitoi, e delle cose piii degr~e altroi'e ne'medesirni tenipi avenirte di Gioi>a~ini Tnrcagiiota di Gaeta, Nápoles, 1366, p. 22. según el modelo castellano, pasaron a ser, respectivamene, el «Cavallerizzo Maggiore» y el «Montiere Maggiore», si bien fue un cargo de mayor utilidad práctica y de amplias atribuciones generales el que alcanzó ahora nueva importancia, ya que «sopra tutti questi uffici niuno a questi tempi s'innalzb tanto quanto il Maestro delle Osterie, e delle poste, chiamato ora comunemente il Corriere Maggi~re»~O. Ese proceso de hispanización y especialización técnica de ciertos oficios -en relación con las necesidades estatales-, paralelo a la reducción de cargos, fue el rasgo más destacado de las modificaciones introducidas por el Virreinato en la antigua Casa Real. Asimismo, muy pronto aprecieron nuevos oficios que tendían a parangonar el más estricto ceremonial de la corte castellana, cada vez más influenciado por las elaboradas foimas protocolarias de la corte borgoñona, definitivamente implantadas en 1548, dentro del marco de la «casa» del príncipe Felipe y, precisamente, bajo la supervisión del nuevo Mayordomo Mayor de éste, el duque de Alba, sobrino del Virrey Toledo2'. Se revalorizaon así figuras como el «Aposentados», al tiempo que las prácticas habituales de los primeros virreyes -en parte procedentes de los usos de los monarcas aragoneses y en pai-te innovadoras-, referentes, por ejemplo, a la participación regular en cabalgatas, procesiones y todo tipo de festejos y actos públicos, tendían a permanecer como un cuerpo estable de usos cortesanos, bajo la atenta supervisión de los mismos cargos de palacio. El desarrollo de la etiqueta y los más estrictos hábitos protocolarios, que afectó al conjunto de las instituciones y la vida social napolitana, tuvo en la corte visseinal su centro de irradiación, a causa de la necesidad de afirmas por todos los medios la autoridad de la Corona, por encima de la distancia real que la separaba de sus delegados. Ese proceso, así como el distanciamiento de la figura del Visrey respecto al resto de los súbditos, hizo que la corte napolitana tendiera a asimilarse a una auténtica corte real, sobre todo cuando, en gran paste debido a la política de don Pedro, los principales nobles del reino comenzaron a residir permanentemente en la capital, alejados de sus bases feudales, mucho más propensos a la rivalidad personal por cuestiones de honor o «precedencia» protocolaria y, por tanto, más fácilmente controlables por el poder. Si la brillantez de la corte virreinal tendría su principal manifestación en los festejos ' públicos y privados, necesitaba también una estructura que garantizase la continuidad de su rango supremo a través de un sistema jerárquico de cargos y oficios. Gracias a los pagos de la " Tesorería conocemos los nombres y salarios de «diversi offitiali particulari che serveno ordinariamente», es decir, cargos permanentes de la corte virreinal, desde el Montero Mayor o los secretarios, hasta los múltiples porteros, «trombones» y otros oficios menores. En 1536, por ejemplo, el importante cargo de Montero Mayor era ocupado por Troylo de Spes, con un sueldo de doscientos ducados, mientras el emagnifico Antonio de Puente secretario de mandamiento que tiene las cifras», cobraba 180 ducados; el «Uxer mayor», Ioan Battista Saidia, 144 ducados y el «regio apposentatore», Pedro del Aquila, tan sólo cuarenta, si bien éstos eran «ultra lo soldo che tira sua lanza de homo Cinco años después, en 1541, su salario había ascendido hasta ciento cincuenta ducados, signo evidente de la consolidación de sus funciones protocola20 SUMMONTE: Op. cit., p. 554. 21 Cfr. ELLIOTT: «La corte de los Habsburgos españoles...»; RODRÍGUEZ VILLA, A.: Etiquetas de la crrsa de Austria, Madrid, 1913; Relacióii de la fornia de vivir que se tetiía eii la casa del Etnpei,ndor doii Carlos riirestro seño r... el afio de 1545 y se avía tenido algirrios años antes, B.N.M., Msc. 1080; LISÓN TOLOSANA: Op. cit. 22 «Consuntivo da1 1 Settembre 1535 al Agosto 1536, A.G.S., Est., Nap., 1027, 88 y «Consuntivo di entrate e spese da1 1 Settembre 1536 al 31 Agosto 1537», Savignano, 15 de julio de 1536, A.G.S., Est., Nap., 1027, 92, en CONIGLIO: il Vicei.egiio ..., 1, pp. 168 y 188-189, respectivamente. I rias, que llevaría, al final del período, a crear la figura del «Ayudante del Aposentador», tal y como refleja un pago de cincuenta ducados un Gregorio Pérez en 155223. La práctica de simultanear diversos oficios cortesanos y militares refleja la extensión de influencias en otros ámbitos estatales a partir del núcleo palaciego. En éste destacan también otros oficios importantes, como el Lugarteniente del Caballerizo Mayor o el «Cappellano Maggiore», con amplias funciones sobre diversos aspectos de la vida social y religiosa del reino, concentradas de este modo en el círculo más inmediato del Virrey, mientras que, por otro lado, se mantiene la costumbre de los reyes aragoneses de conceder privilegios de «familiares» o «comensales» de la Casa Real, con preixogativas palaciegas similares a las de los pajes o «contínuos» no militares, como recompensa económica y honorífica por servicios prestados, pero sin función concreta alguna24. Uno de los principales sectores de la corte era el de los cargos militares, encargados de la custodia personal del representante del monarca, según una organización que, configurada en los inicios del Visseinato, permanecería con escasas modificaciones hasta el final del período. Tal y como aparece descrita en 1579, por C. Porzio, la guardia virreinal estaba formada por «quaranta Alabardieri Spagnuoli, cento gentilhuomini a cavallo, cinquanta regnicoli, e cinquanta spagnuoli, che si chiamano continovi, e per guardia del suo palazzo vi stanno soldati Spagnuoli al numero de ~inquanta»~~. Los famosos «continuos» constituían un cuerpo de élite, de lejanos precedentes españoles y napolitanos, al que pertenecerán algunos de los principales agentes culturales de Don Pedro de Toledo, como el propio Garcilaso de la Vega o Luigi Tansillo. Nombrados por el soberano, a propuesta del Virrey, con carácter vitalicio, sólo podían ser 23 ((Preventivo di spesen, Nápoles, 12 de septiembre de 1541, A.G.S., Est., Nap., 1030, 179, en CONIGLIO: 11 Viceregno ..., 11, p. 468 y Pago, el 12 Septiembre de 1552: «a Gregorio perez aiuttante del regio apposentatore maiorel ducati cinquanta correnti li sono comandati pagare per suo salario/ del mese de augusto proximo passato a ragione de ducati cinquanta corren-/ti lo mese per liberanza del regio scrivano de ragione expedita a primo/ del presente mese quelli ho pagati in carlini tosi ... » (seguido por otros pagos similares el 8 de octubre y el 10 de diciembre del mismo año), Citaritas del Tesorero Aljonso Súnchez, Biblioteca del Palacio Real de Madrid, vol. 11, msc, 597, fol. 233 v., 271 v. y 371 v. 24 La Capellanía Mayor tenía a su cargo diversos capellanes del palacio, cargos honoríficos de gran prestigio, que serían renovados en 1542 con cuatro nuevos nombramientos de obispos próximos al marqués de Villafranca: Francesco Mateo Gastaldo, obispo de Pozzuoli, -la residencia habitual del Virrey, que éste controlaba por completo-; Julio de Gennaro, obispo de Nicotera; Marco de Medici -familiar del duque de Florencia-, obispo de Marsico Nuovo y Francisco de Tecca, presbítero de Montorone, Archivo de la Corona de Aragón, Privilegiorum, reg. 3946, fol. 150 v., 145 v., 140 v. y 148 , respectivamente, en MARTÍNEZ FERRANDO, Privilegios otorgados por el Emperador Carlos Ven el reino de Núpoles, Barcelona, 1943, pp. 119-130, 125, 167 y 251. En cuanto a los privilegios a «familiares» del monarca, estos parecen haberse concedido con carácter familiar, pues suelen ir destinados a hermanos o parientes, por distintos servicios militares administrativos. Los testimonios más abundantes corresponden al inicio del mandanto de don Pedro. En Ratisbona, en abril de 1532, por ejemplo, el Emperador concedió tal merced a los hermanos Mariangelo 'y Jeronimo Acursio -este último recién nombrado secretario de la Audiencia de Abruzzo-, como recompensa a su «genelis ingeni et eruditionis nobilitatem)), con «todos los honores, prerrogativas, franquicias ... correspondientes», A.C.A., «Privilegiorum», reg. 3940, fol. 8 v.; un mes después concedía igual privilegio de ((familiares y domésticos» del monarca a los también hermanos Estaban, Antonio, Bemardino y Jerónimo Gallucio -tras otorgarles otras muchas gracias, como rentas a cobrar directamente en la Tesorería del Rein-, «como recompensa a su brillante comportamiento en la reconquista de Capuan durante la guerra de 1528, Ibideni, fol 170 v., en los mismos términos y fechas se procede a otra concesión a Francesco del Palazzo, «como recompensa a los servicios prestados por su padre Jacobo», Ibidem, fol. 335 v y, en febrero de 1536, durante la visita imperial, a los hermanos Jano y Horacio Anisio -miembros de una importante familia intelectual, de poetas y humanistas ligados a la alta nobleza y a las autoridades virreinales-, Ibideni, reg. 3944, fol. 55 v. Cfr. MARTÍNEZ FERRANDO, p. 6, 117, 187 y 16, respectivamente. 25 PORZIO, C.: ((Relazione del Regno di Napoli al Marchese di Mondesciar Vicert? di Napoli, tra il 1577 e 1579», en L'Isioria d'ltalia nell'arrno MDXLVII, N~POGS, 1839, p. 141. removidos de su cargo por causas graves. Con un sueldo inicial de cien ducados, bien armados, y «continuamente» junto al resto de la corte virreinal, sus principales beneficios eran de carácter honorífico y como punto de partida para ocupar otros cargos o recibir nuevas mercedes personalesZ6. Sin embargo, el abuso de éstas últimas llevó al marqués de Villafranca a intentar regularizar sus funciones, de acuerdo con la racionalidad perseguida en el resto de los oficios del reino2'. El aumento de su salario no impidió que continuara la ocupación simultánea de diversos oficios, mientras en las filas del cuerpo ingresaban los españoles y napolitanos más próximos al Virrey, quien parece haber controlado así los nombramientos, como medio de recompensa para sus partidarios. En 1552, aparecen consignados los salarios del secretario personal de don Pedro, Jerónimo Insausti, de su mayordomo, Lope de Mardones y de su propio hijo, García de Toledo, entre los cincuenta contínuos españoles que, poco después, acompañarían al Virrey a la campaña de Siena2*. El reforzamiento de sus privilegios e influencia produjo recelos y una cierta relajación en el antes riguroso ingreso en el cuerpo, hasta el punto de que en 1556 el Parlamento del reino solicitaría al duque de Alba que su salario fuera reducido y se pusiera fin al alojamiento gratuito del que disfrutaban, así como que se cumpliera la orden imperial por la que deberían ser «tutti cavalíeri», pues éste precepto «gran tempo 6 stato osservato e dapoi si ritrova che sono stati provisti d'essi officii di continui molte persone non di quella qualith che si dove~a...»~~. II1.- Junto a los cargos oficiales, que representan el marco institucional del centro del poder, el eje de la corte estaba constituido por la Casa particular del Virrey. Al mismo tiempo que los primeros se redimensionaban, las casas privadas de los sucesivos virreyes, formadas por «familiares» o criados de su lugar de orígen, se insertaron en las estructuras palaciegas locales y asimilaron muy pronto los usos más extendidos en las demás cortes italianas de la época, tal y como aparecen reflejadas por la abundante tratadística contemporánea. Obras como la famosa «Institutione di tutta la vita de l'huomo», de Alessandro Piccolomini, que don Pedro de Toledo poseía en su biblioteca, nos permiten conocer detalladamente el marco ideal y empírico de organización doméstica, pese a proceder de un ámbito distinto al napolitano. Tal y como ha estudiado D. Frigo, esta y otras obras similares plantean la importancia de la supervisión personal del señor sobre los oficios de su casa, así como el estado de sus rentas y dominios, 26 Vid. DELLA GA'ITA, E.: «I continui dei tempi viceregnalin, Arachii>io Siorico Gent. del Napoletario, 1, 1894, fasc. 2-3, p. 75 y sigs. y ROSALBA, G.: Nitoili docirmenti sir11 lita di Pirigi Tansillo, Napoli, 1903, Cfr. MICCIO: Op. cit., p. 248; CAPACCIO, II Forastiere, Nápoles, 1634, pp. 399, 400 y 404: afirma que cobraban en su tiempo 3636 ducados al año, además de una serie de apiazze morten, equivalentes a puestos vacantes en cada una de las quince compañía de «gendarmi» que había en el reino, cuyo sueldo y alojamiento correspondientes debían repartirse entre tres personas. Ferrante DELLA MARRA: Discorsi della faniiglie esisteriti forastiere o 1ion corriprese nei seggi di Napoli, Nápoles, 1641, remonta el origen de este cuerpo a 1309, cuando el rey Roberto de Anjou estableció una cmilizia di uomini che, essendo per origine regnicoli e per nobilta e valore preclarin deberían estar «di continuo armati perla difesa del Reame e della Real personan, bajo el mando de un «Guidone». 27 Bartolomeo Camerario a Carlos V, Nápoles, 30 de Septiembre de 1536, A.G.S., Est., Nap., 1025, 47 en CONIGLIO: Ii Vicererigo ... 1. p. 223. Cfr. «Preventivo di entrate e spese da1 1 Set. 1536 al 31 Agosto 1537», A.G.S., Est., Nap., 1027, 92, CONIGLIO, II Viceregno ..., 1, p. 173. 28 Vid., por ejemplo, pagos del año 1539 o, en 1540, a Jerónimo de Fonseca «uno deli cinquanta continui spagnolin, en Archivio di Stato di Napoli, Sezione Amministrativa, Tesoreria Antica, Cehole di Tesoreria, nV.58, I fasc., fol. 18 y 2 fasc., fol. 40 v.; en 1549 el sueldo era ya de ciento cincuenta ducados: ((Relación de gastos de Septiemre de 1549 a Agosto de 1550», A.G.S., Visitas de Italia, Nap., n"54; los pagos a Mardones, Insausti y García de Toledo, en Cireritas del Tesorero Alforiso Súrichez, B.P.M., msc. E-1597, fol. 347-352 v., 361 v., 362 v. y 363. 29 «Grazie sollecitate al Vicert? duca d'Alba da1 Parlamento generale del regnon, Cap. XVIIi y XXXVI, en CERNIGLIARO, A.: Sover.anita e feirdo riel regno di Napoli, Nápoles, 1983,II, Ap. XXXM, pp. 975 y 982. dentro de un continuo intercambio entre elementos públicos y privados que tiende a presentas la «casa» como una «pequeña ciudad» o Estado, sometidos a iguales criterios de «buen gobierno», bajo la suprema autoridad del «padre-señor» o del príncipe, tendencia cuya consolidación corre paralela a la del autositasismo político, como reflejará más tarde el citado diálogo de T. Tasso30, así como los otros tratadistas de la época, como L. Zambelli, que tienden a distinguir dos grandes ámbitos de la composición de la Casa: la «familia», en un amplio sentido -incluidos los «criados» y sirvientesy las «cosas familiases»: los bienes. De ahí que el Señor deba desempeñar, a su vez, cuatro clases de «gobierno»: conyugal, paternal señorial y «económico» o patrimoniaP1, mientras que en el espacio meridional, por ejemplo, un autor como el palesmitano Paolo Caggio asimila claramente la figura del padre-señor a la del príncipe-gobernante32. Una autoridad tan amplia necesita de mediadores e intérpretes que transmitan las órdenes a los cada vez más numerosos estratos inferiores. De ahí la proliferación de cargos y oficios con funciones específicas y la necesidad de una figura que supeivise el conjunto de la administración doméstica: el Mayordomo o «Mastro di Casa», que irá adquiriendo así creciente importancia, como representante personal del Señor, al tiempo que los oficios tienden a especializarse con mayor rigor. A mediados del siglo XVI el proceso estaba aún en formación, pero resulta ya evidente la tendencia a separar la casa del Señor y la de la Señora, como espacios separados del personal masculino y femenino, dividido éste último, según los tratadistas, en «damigelle» -que atienden al cuidado de la Señora y de la ropa, así como de la cocinay «fantesche» -encasgadas del lavado y de la limpiezabajo el cuidado de una «governatrice». T. Tasso, por su paste, distinguid entre dos clases de sirvientes: un primer g~upo de «soprastanti», «sopraintendenti» o «mastri» -bajo el «mastro di casa» para los asuntos domésticos en la ciudad, y el «fattore», ocupado de todas las «cose di villa»--, frente a «operaii» -técnicos o sirvientes-, mientras que liberatos, caballeros y secretarios entrarían en una categoría diferente, en viitud de sus funciones más elevadas, basadas en la confianza que les une al Señor, por encima de la mera subordinción seivil, si bien esa distinción no sería siempre tan neta como en la visión ideal de los trata dista^^^. En el ámbito napolitano contamos con un testimonio de primera magnitud sobre la organización de la casa real y señorial, gracias al famoso «Libro de Cozina» de Roberto de Nola, gestado en la época de Fei~ante 1 de Aragón y donde se detallan las atribuciones «de los officios necesarios que comunmente ay en casa de los señores para el regimiento de la casa de los grandes y cavalleros, el principal de los quales es el mayordomo, y despues camarero y 30 PICCOLOMINI, A,: De la iiistitirtiorie di firtta la vita de l'ironio riato riobile e iti cittb liber~a, libri X..., Venecia, 1549; FRIGO, D.: 11 padre di fariiiglia. Goi~ertio della csa e goverrio civile riella tradizione dell'econoniica h.a Cinqrre e Seicerito, Roma, 1985. 31 Ibideni, p. 89. 32 CAGGIO, P.: Icorioniica, Venecia, 1552. 33 Sobre la tipología de las varias formas de corte, así como sobre la servidumbre doméstica y sus límites, no siempre claros, con el funcionario o el simple «cortesano» vid. CATTINI, M.: «Le corte paralelle: per una tipologia delle corLi padane da1 XII al XVI secolo», en La Corte e lo spazio, vol. 1, pp. 47-48. Reflejo del proceso citado sería la cada vez más abundante txatadística específica sobre cargos y oficios particulares, como, por ejemplo, BUONPIGLI DA MONTE VARACHI, P.: Iirstriittioire a ifri iiiaestro di casa di qiraliirzqire pricipe con il niodo di goverriare e aniiriistrare qirella iltirtto coi! ordirie di scrittzrra. Utilissiriia ad ogrii pr.incipe, Florencia, 1569. Una visión general se encuentra también en ROBB, N. A,: «The fare of princes. A Renaissance manual of domestic economy», ltaliari Stirdies, VII, 1952, pp. 36-61. La culminación barroca de las experiencias precedentes aparece reflejada en el célebre trarado de FRIGERIO (di Ferrara), Bartolomero: L'ecorioi~~o przrdeiite, riel qirale cori I'autorita della Sacra Scr,ittura, d'Aristotele, e d'altri graiii scrittori si mostra I'arte irifallibile d'acqiristar e corise~.var la robba e la ripiitatiorie d'irria fairiiglia e tf'zrria corte, Roma, 1629. guasdaropa maestresala, copero, trinchante, cavallerizo, veedor, despensero y cozinero Durante la época de Pedro de Toledo estos oficios seguían siendo los dominantes en el ámbito napolitano, al igual que en el resto de Europa. En este sentido, el tránsito del marco señorial castellano al del Virseinato en Nápoles -realizado además a través del decisivo intermedio de la coite imperial, permanente modelo de gustos y costumbresno debió suponer niptura alguna de los critesios organizativos de la casa del marqués de Villafranca. Aunque don Pedro llegó a Nápoles en 1532 acompañado de un escaso coitejo, en el que sólo Garcilaso destacaba como figura de relieve y vinculaba a su linaje, muy pronto comenzaron a llegar familiares y «criados» ligados a la administración señorial en el Bierzo o en Alba, hasta determinas un auténtico fenómeno de emigración a pequeña escala, que se reforzasía con la llegada del personal femenino junto con la Vir-reina y sus hijas en 1534. Sin embargo, resulta difícil conocer con exactitud la composición exacta de la casa privada del Virrey en los primeros años, salvo por los datos de la corte señorial de Villafranca. Muy pronto aparecen nombres ligados a la familia, como, en 1534, un don Feinando de Toledo, a quien se le paga «in contum salarii officii prothonotasii» o Pedro de Toledo, primo hermano del Virrey y que sería nombrado castellano de Castel San Telrn~~~. Ya en 1533 aparecen pagos de Tesorería a Gutierse de Toledo, «mayordomo mayore del illmo. señor vicese don Pedro de Toledo», sin duda otro pariente, que ocuparía ese importante casgo hasta su muerte en 154636, fecha en la que debió sustituirlo Lope de Mardones, que se convertisía en el principal agente privado del Vissey durante sus últimos años. Por encima de la preeminencia de su cargo -definido por Roberto de Nola como «mayor de la casa, por quanto despues de la persona del señor a de ser acatado por todos los de la casa como el padre de sus hijos y tiene de ver sobre officios de la casa...»37-, Mardones gozó de la absoluta confianza de don Pedro, hasta el punto de que figuraría entre sus albaceas testamentarios y, antes de morir, encargaría expresamente que no se le pidieran cuentas de su gestión al frente del «govieino de mi casa y gasto», así como a «los otros oficiales que él ha puesto por mi mandado, porque el es tal persona y tan de verdad que lo que dixere no abra falta e ansi de todo lo que dixere en este caso me doy por contento y no quiero que se le demande otra cosa»38. De condición hidalga, el servicio en la casa del Vii-rey supondría para el Mayordomo un medio privilegiado de ascenso social. Nombrado castellano de la importante fortaleza de Capua en 1551, cuando se intensificaron las labores de fortificación que luego dirigiría el propio García de T~ledo~~, su acumulación de beneficios acompañó a los múltiples servicios prestados al 34 NOLA, Ruperto de: Libro de cozitia conipiresto por niaestre Rirperto de Nola coziriero qitefire del seretiissinzo sefior doti Hernando de Nápoles: de niirclios potages y salsa y qnisados para el tietiipo cartial y de la qiraresnia: y tiiarijares y salsas y caldos para dolierites de iiiiry gran sirstaricia y fr-irtas de surten y ii~azapáii y otras cosas iriiry provechosas y del servicio officios de las casas de los reyes y grarides sefiot.es y cai~alleros: cada irtio conio a de servir a sir cargo, y el triricliarrte corno a decor.tar todas iiiatieras de carnes y de aves y otms r~irrclias cosas en el afiadidas rtiiry proi~ecliosas ... Dirigido al sereriissimo rey dori Hernatido cie Nápoles. Coriipzresto por niaestiz Rirperto de Nola sir cozinero ttiayor, publicado en catalán, en Barcelona, en 1520 y en castellano, en Toledo, en 1525, Edición de Madid, 1969 (a cargo de C. IRANZO). 35 A.S.N., Camera della Sommaria, Notamentorum, n"2, fol. 167 v. 36 «Movimiento di Tesoreria da1 1 Gennaio al 19 Novembre 1533», A.G.S., Est. Nap. 1025, 87, en CONIGLIO: 11 Vicei.egtio ..., 1, p. 28. 37 NOLA, R. de: Op. cit., p. 37, Cfr. EVITASCANDOLO, C.: 11 Dialogo del tiiastro di casa, Roma, 1598. 38 Testariietito del virrey Pedro de Toledo (Pozzuoli, 8 de enero de 1552), Archivo Histórico Nacional, Osuna, leg. 418, n9, fol. 26. 39 Cfr. Citeritas del Tesorero Aiforiso Sáricliez, B.P.M., msc. II 1598, fol. 291v. Destaca los pagos por obras de fortificación en el castillo, desde noviembre de 1552, «de ordine et parere del magnifico lope de mardones castellano/