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Poder y cultura en el renacimiento napolitano: La biblioteca del virrey Pedro de Toledo

Hernando Sánchez, Carlos José

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Producción Científica

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Poder y cultura en el Renacimiento napolitano: La biblioteca del virrey Pedro de Toledo CARLOSJosÉ HERNANDO SÁNCHEZ Del conjunto de dominios que formaron la monarquía de los Austrias. el reino de Nápoles ha merecido una creciente atención en la historiogra - fía de los últimos años. Al mismotiempo, ha ido cobrando importancia el estudio de las mentalidades y de la ideología del poder como clave funda - mental del desarrollo del Estado moderno. Ambos hechos confluyen para dotar de especial significación el tema que ahora abordamos, al afectar a uno de los momentos más relevantes de la política cultural del Virreinato. El gobierno de Pedro Alvarez de Toledo (1532-1553) se presenta desde un principio —de acuerdocon las instmcciones de Carlos V— como un proyecto global de reorganización del reino, cuya grave situación hacía temer en su progresiva pérdida de rentabilidad militar y económica. De esta forma, las necesidades generales de la Monarquía acabarán generan - do una evolución política local de gran interés, según un modelo inicial de Estado moderno autoritario y centralizador La importancia de este proce - so. que ya puso de relieve B. Croce al hablar de Toledo como «jI viceré della nuova politica assolutistica» ‘.se ha visto reforzada por estudios más recientes de autores italianos como Galasso, Muto. De Rosa, Coniglio o Nne, que han aportado nuevos datos sobre la economía, la sociedad, la administración o el urbanismo de Nápoles en esta época 2 En España. el ¡ Sioria dcl Regno di Napoil. Bari. ¡975. p. 99. -IInl re estos trabajos pode mus destacar: (Ss, .AsSO. G,: Mon,enti c•~ prohícmi di gorja napa - letona núM cta di Carlo 1< Nápoles. 1962 y .Vt<zzogiorno n,edioeva/e e moderno, Tu rin. 1975: CoNIGIlo. G. V.: II regno di Napolí al ‘etapa di (‘arlo V Nápoles. 1956:1 Viceré .~pagnouli di Nopal,? Nápoles. 1967 e II viceregno di Pietro di ¡bledo. Nápoles. 1984 —recopilación de docu - mentos (leí Archivo de Simancas—: MuTo. G,: «Gestione política e controllo sociale odia (ooder,o,x de ttb;orio Moderno, nO ¡o. 9. Ecli. t.J ni y (.o mpt u te o se. M asín d. 1 958 14 Carlos J Hernando Sánchez papel de don Pedro en la defensa del virreinato, y ante la campaña de Túnez. fue destacado hace tiempo por Del Moral >• Pero, junto a estos aspectos, la política virreinal se manifiesta también en un intenso mece - nazgo, cuya ambición y envergadura supuso una auténtica renovación de la cultura napolitana, tal y como reflejan todos los cronistas desde el siglo XW~. Don Pedro era hijo segundo de don Fadrique de Toledo, segundo duque de Alba y, por tanto, tío del tercero de este título, el «gran» don Fer - nando, hecho que marcará profundamente sus relaciones con la Corte y su inserción en los intereses italianos, dentro del marco de clientelas de la gran casa castellana ~. En 1508 su boda con Maria Osorio Pimentel. segun - da marquesa de Villafranca, supuso un triunfo para la familia 6 dando lugar a una nueva rama que, asentada en Italia, continuarán sus hijos don Luis, que le sucederá como lugarteniente del reino, y don García, virrey de Sicilia bajo Felipe II. Por otro lado, el matrimonio de otra hija. Leonor, con Cosme 1 de Medicis, en 1539. reforzará su posiciónpersonal y supon - drá. a la vez, un hito esencial para la vida política y cultural del Virreina - to ~. Esta red familiar se completaba con la presencia en Roma del carde - nal Juan de Toledo, obispo de Burgos primero y. más tarde, de Santiago, protector de Domingo de Soto —quien le dedica varias de sus obras—y de los jesuitas e impulsor de la Inquisición en Roma en 1542, y en el propio Nápoles en 1547 8 Todo ello conforma un intrincado sistema de relaciones familiares y clientelísticas dentro de un «circuito» cultural y político entre Napoli spagnola>s. en Le rUta capita/i —dirigido por De Seta. C—. cd. Laterza: DAGOsTINo. G.: La capitale ambigua. Napolí dal /458 al 1580 Nápoles, 1979: Du ROSA: «Potere cd éiite nella sioria economica del viceregno». en Annuaria dc/l’ívtituto Siorico Italiano. núm. XXIX - XXX. 1977-1978, p. 309-333: PÁNE. R.: «Architetiura e urbanistica del Rinascimento’>. en Sto - ria di Napo/i. Nápoles. 1974. vol. IV. tomo 1. pp. 317-446 y PANE. G.: «Pietro di Toledo. viceré urbanista», Napolí Nobilissima, vol XIV. 1. 1979. pp. 81-95 y 161-182: PL~t)t(Y U: Napo/i e Spagna nc/la prima meto del Cinquecento. Ba,i, 1971. El virrey de Nápoles don Pedro de Toledo yla guerra contra el turco, Madrid, 1966. ‘Y id. Rosso. G.: Storia del/e cose di Napolí sotto 1 imperio di Carlo 1< cwnineiando dalí anno 1526. insino oIl anno 1537. súrira per modo di giorno/i. Nápoles. 1635: CASráLuo, A.: Historie del/e cose occorse ja Nopo/i nel ¡empo che/u vicere don Fierro —con un apéndice en castellano sobre la Vida de don Pedro de Toledo—. Biblioteca Nacional de Madrid, Ms. 2986: Míe - cío. 5.: «Vita di don Pietro di Toledo». Archiria Siorico Italiano. Florencia. 1842. Pp. 1-104: PARRINO, D. A.: Teatro eroico e política dci deere del regna di Napo/i. tomo 1. Nápoles. 1692. Vid. MALI BY W.: El gran duque de A/ha. Madrid. 1985. pp. 95-101. 6 Vid, el Asiento matrimonial en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. sección dc Osuna, legajo 418. núm. 3. asi como SOSA. F.. De: Notiejas genealógicas de los marqu¿ses de Vil/afranco. Nápoles. 1672. Sobre las relaciones de Nápoles con los Médicis vid. VV. AA..’ Napali riel (‘inquecenro e la Toscana dei Medie,. Nápoles. 198(1. Sobre las diversas actividades de mecenazgo del cardenal Joan de Toledo vid. DF MAlo. R.: Michelangela e lo Conrrorifr’rtna. Barí. 1981, Pp. 287-307. Poder y cultura en el renacimiento napolitano... 15 Nápoles. Roma y Florencia que favorecerá todo tipo de intercambios inte - lectuales y artísticos t Por lo que respecta al gobierno de don Pedro de Toledo. sus principales episodios están marcados por el enfrentamiento conla nobleza local, la represión de la delincuencia y el intento de establecer la Inquisición espa - ñola en 1547, que dió lugar a una grave revuelta. Similares criterios autori - tarios se extendieron a la esfera cultural, como demuestra la publicación de diversas medidas de censura y la supresión de las principales acade - mias literarias y filosóficasque, estrechamente unidas a los círculos aristo - cráticos, habían proliferado en los años 40 tO Sin embargo, su gestión no se limitó sólo a estas medidas represivas que darían lugar a su imagen pos - terior de «virreyde hierro», sino que, al igual que otros gobernantes italia - nos de la época, como su yerno Cosme de Médicis, la reforma del Estado por él emprendida abarcó los más diversos aspectos, desde la administra - ción de justicia hasta el trazado de una tupida red de fortificaciones a lo largo del país o la reformaurbanística de la capital. Para llevar a cabo estos objetivos, el Virrey impulsa las corrientes literarias y artísticas más avanzadas. 1-lace traer de Florencia al propio Vasari y de Roma al pintor español Pedro de Rubiales ti; protege al escultor Giovanni da Nola, a quien encargará su sepulcro, y a arquitectos especializados en cuestiones urbanísticas o defensivas, como el napolitano Fernando Manlio, el valen - ciano Pedro Luis de Escrivá o Juan Bautista de Toledo, que ocupará el car - go de «ingeniero mayor» bajo don Pedro 12 Estos hechos configuran ya la imagen de un gran señor del Renacimiento, en cuyo mecenazgoconfluyen los mejores logros de la cultura española e italiana de su tiempo, tal y como reflejan el inventario dc sus bienes y su biblioteca, que ahora nos proponemos analizar. Las bibliotecas de los grandes señores del Renacimiento han sido estu - diadas desde diversos puntos de vista. En el siglo XIX algunos emditos insistieron ya en su itnportancia como muestra del interés personal de cier - tos nobles por el humanismo ~ Más recientemente, distintos trabajos han abordado el tema desde los presupuestos de la historia de las mentalidades y de la cultura, para esclarecer las formas de vida, las ideas y el comporta - Vid. RivvRs. J.: Juan Bautista de ¡bledo Felipe II —la iníplanracirin del clasiehn>o en España—. Valladolid, 1984. p. 98. Vid. AMAnILtí: II Santo Oficio del/a Inquisizionev a Napoli. Cittá di Castello. 1982 y CRo- (Ev B.: «Laccadem i a dci Seren io. Árcl,ivio Starieo ocr le ttoviencie Napoletane. XLIV. 1919. Pp. 371 y ss.. entre otros estu dios, Vid. B< n SR.; NA. it: Ro walt’ Spagn uolo e la pu/Ura napoletat,a del (‘inqueccu;to. Nápoles. 1959 y PR LVIIAI.I.¡. (Y: La pittura del Cinquecerno a Napoli e ¡tel viceregno. Tu rin, 1978. ~ Vid. RIv[RA: Op. <it., pp. 92—100 y de DoM’ NIEl. B.: lite dei piuori,.wuhori cd arcltitetri ‘¡apolerani, Nápoles. 1742-1743. 13 Vid., por ejemplo, en época más reciente. FAR¡NI:ruí. A.: «La biblioteca del Santillana e Itimanesimo ilalo-spngnolo». en Italia eSpagna vol. J. Tutin. 1929. 16 Carlos J Hernando Sánchez miento de los sectores dirigentes de la sociedad y el Estado de la Edad Moderna. Al tratar un tema de estas características cabe preguntarse, en primer término, en qué medida puede deducirse una mentalidad específica a par - tir de una relación más o menos extensa de obras, cuyo único nexo es. muchas veces, su pertenencia a un mismo poseedor En este sentido, cobra especial importancia la distinción de elementos culturales diversos —reli - giosos. caballerescos, humanísticos, etc.— a partir de su contenido, que nos permitan relacionar al dueño de esas obras con corrientes esenciales de su tiempo e indagar su afinidad con los aspectos más tradicionales o avanzados de aquéllas. Asimismo,puede rastrearse la propia imagen que el noble —en este caso también gobernante— tenía de sus funciones socia - les o políticas y del carácter de la Corte o del país donde éstas se desarro - lIaban, lo cual resulta especialmente válido para una época en la que proli - feraron las obras quepretendían ofrecer un modelo de actuación. Natural - mente, habría que distinguirentre los gustos estrictamente individuales y las concepciones quepueden considerarse comunes a determinadas élitcs del poder o de la cultura t4. Por último, es necesario plantear la posible relación de esas lecturas con tníeiativas concretas de gobierno o mecenaz - go. Pero estos problemas,deducidos directamente de la relación o inventa - río de títulos, deben completarse. a su vez, con otros datos facilitados por las crónicas o la correspondencia, así como los testimonios literarios. En el caso que nos ocupa, resulta también de gran valor la comparación con otras bibliotecas contemporáneas de Italia y España. La biblioteca de don Pedro de Toledo nos es conocida a través de dos versiones: una copia defectuosa del siglo XVII de un inventario de bienes que fue reseñada por F. Nicolini en un artículo hace varios años 15 y el original del mismo Inventario que se conserva en el Archivo Histórico Na - cional de Madrid. hasta ahora inédito ‘<t Se trata de un testimonio inmejo - rable de la forma de vida. los gustos y la mentalidad de uno de los máxi - mos representantes de la nobleza castellana del siglo XVI. así como de la sociedad sobre la que ejerció su gobierno, en nombre de la Corona, durante mas de veinte años. El documento abarca todos los objetos que se encontraban en las (liver - sas dependencias palaciegas del virrey en el momento de su muerte en Flo - rencia, ocurrida en el transcurso de la campaña contra Siena, a principios de 1553. Fue realizado por algunos de los hombres más cercanos a don Pedro en sus últimos años,como Lope de Mardones, y en él más de cuatro « Vid. «Atti (leí coIioqtíio internazionale su Potere ed cutes odia Spagna e nelílsalia SpagnoI a o ci secol i XVI—XVI 1». Rom a. 1977. en .4 noario dell A/ilota 5/arico Italiana par lera moderna e Qn ten> paran ea, Roma. 1979. o La bibí i otee a de Doo Pc cIro de - Idi e cío>>. fle,isra (ieogrñ/iea Española. 1956. pp. 56—96. Poder y cultura en el renacimien/o napolitano... 17 folios se dedican a enumerar y describirsomeraínente la apariencia exter - na de los volúmenes que había ido reuniendo el Virrey para su uso personal. Antes de analizar las implicaciones intelectuales, debe insistirse en la especial importancia que poseen las bibliotecas de este tipo en la época que nos ocupa, cuando su posesión acaba de empezar y hacerse más fre - cuente en los medios aristocráticos de toda Europa y cuando, como apuntó F. Farinelli: «II libro aveva un’anima ahora, che ora on ha. e non saris mai pió per da - vere.» Los libros son, en efecto, parte del «tesoro», de la colección que el señor reúne afanosamente. Por ello, su aparíencta externa es. muchas veces, tan valiosa como su contenido. El Inventario de los bienes del marqués de Villafranca insiste especialmente en el formato y las cubiertas de los prin - cipales volúmenes. Materiales como el cuero, blanco o «leonado», el ter - ciopelo de diversos colores —verde y. más frecuentemente, negro—, así como el pergamino, son los más frecuentes en las encuadernaciones del Virrey. Los elementos heráldicos son, asimismo,esencialescomo motivos decorativos y como señal de posesión: así, un «Tratado de la caballería» aparececon unas tapas «de cuero a9ul con listas de oro», mientras que «las armas de su excelencia» están estampadas en volúmenes de toda índole, muchas veces con el nombre del Virrey. Algunas piezas presentan una gran profusión decorativa, como «otro libro escrito a mano en letras agules y de oro con las armas de su excelencia...» ‘~. El Inventario nos informa también de que los libros estaban reunidos en una cámara propia en el palacio real quedon Pedro había hecho cons - truir en Nápoles 19, Todo ello denota un interés másque aparente por las obras que poseía y que debió verse favorecido por el ambiente erudito napolitano 20, En ese ambiente y en el más tradicional castellano, donde se había formado el Virrey. hayque buscar la raíz de las preferencias intelec - tuales que reflejan sus libros~,en correspondencia con los grandes temas de la cultura renacentista y en un complejo equilibrio entre lo antiguo y lo nuevo, lo «clásico» y lo medieval. loleo/ario de los hie¡~ ¿~ del marqué’ de Villc,frcrnca. A II N. sccc. Os u tía. 1 cg. 425. núm. 3. lol>.3 5-41. lARtNF! 1: O~ <it., p. 112. Itt ‘enfurio.... fol. 40, Id.. fol. 35. 2< Eo ese am bicote el culto a los libros era ya normal, En 1535. por ejemplo, con ínoti yo de la visita del Emperador. el secretario Ctbos hab la regalado al hun, anisla R Giovio ¡tn manoscri lo azteca encuadernado en piel cíe tigre. rega lo. a sc’ ve,.. cíe II ero á o Cortes —ctt. por Kí . Nl 51< }N - H . : Fra,,cj.sco de los (obos, Ma ci ri cl. 1980. p. 167—. ¡8 Carías J Hernando Sánchez 1. CULTURA CABALLERESCA Y TECNICA MILITAR Pese al desorden con que fue realizado, el Inventario nos permite observar una selección de obras plenamente representativas del ambiente cortesano de la época. Del enunciado de los títulos se deduce una clara preeminencia de las obras de carácter militar, lo que ha hecho que, hasta ahora, se prestara escasa atención a otras áreas también ampliamente representadas en la biblioteca. Nicolini, por ejemplo, afirma que: «Al igual que un personaje que lArrea en el “Diálogo de la verdadera honra militar”, introduce como modelo del gentilhombre español del Renacimiento, D. Pedro había estudiado poco, como hombre que era más inclinado a las armas que a las letras» 21 Sin embargo. esta idea, de la que se hace eco también Pane 22, y que procede en última instancia del cronista Micio 23, debe ser corregida en profundidad a la luz de la calidad y cantidad de obras que poseía el Virrey. Entre éstas abundan, ciertamente, los libros de caballerías, cosa normal en la época y cuya difusión en el mismotiempo y lugar atestigua Juan de Val - dés 24 La presencia de este géneroen la biblioteca de Toledoparece des - bordar, sin embargo, la simple moda de las obras de ficción, ya que está acompañada de tratados «serios» de materia caballeresca, como el ya mencionado y anónimo Tratado de Cavallería, además de la Regla de la Orden de Santiago, a la que pertenecía el Virrey y a la que se propuso exaltar fundando una iglesia y un hospital dc ese nombre para los españoles de Nápoles 25, Don Pedro poseía, además, las obras de la antigua materia carolingia, como Historia del emperador Carlo Magno y de los doce pares de Francia, de Nicolás Piamonte —publicada en Sevilla. en 1528—. asi como el Morgante y el Guerin Meschino —Padua. 1473—. cuya gran difusión entre la nobleza italiana ya resaltó Farinelli 26 En el Inventario aparece tam - bién una Trebisonda historiata y un Remoldas de Montalván, obras quecita expresamente Valdés en su Diálogo de la Lengua, calificándolos como «libros mentirosísimos» y de «estilo desbaratado», aunque declara haber - los leído antes con pasión 2?, 2> NtcottN[: Arr, <ir.. pp. 86-88. 22 PANt.. (.i.: Arr. cir.. p. 85. Muto: Op. ¿ir.. p. It). 24 Diálogo de la lengua, Madrid. 1981. Ecl. Castalia. pp. 168—169. 25 Vi ci. Bo t&R í:L tít. R.: Memorie storiehe della <1> iesa di San Giacomo dci nolili spagn uoli e sta’ dipendenze Nápoles. 1903. (imannIol. 26 Crónica delnoble Caco/lera G,¡arino Mesquino. En la quol trata de las hazañas y avenruras que le acontecieron por rodas las panes <leí mundo. y en ci Purgatorio deSant Patricio cnt el ,,‘onte de Norca donde está la Sibila. Sevilla. 1518: vid. FARIN 1:1,11: op. <it., p. 149. 22 Op ¿it p. lbS. Poder y cultura en el renacimiento napolitano... 19 Otras obras del mismogénero tambiénpresentes son Cristalián de Espa - ña —Valladolid. 1540— y Valeriano de Hungría —Valencia. 1540—. Nicoli - ni cita, además, dos obras que no aparecen en el inventado del AUN de Madrid: Oliveros de Castilla yArtíes deAlgarve —Burgos, 1491— y la primera parte del Caballero de la Cruz —Valencia, 1521—. Asimismo, junto a una Domande di Santo Griallo, que aparece en los dos catálogos, don Pedro poseía las obras más características del ciclo español de la Reconquista. como la Crónica del noble caballero el conde Fernán González —Burgos, 1516—, La muerte de los siete infantes de Lara o la Crónica del rey Don Rodri - go, obras que pueden considerarse como auténticos modelos de valores aristocráticos y caballerescos y donde se funden elementos históricos y legendarios. El inventario nos habla también de un «Libro de Luis Alemant». ast como del Orlando Furioso, este último, según Nicolini, en la traducción de Urrea —Amberes. 1549—. De esta forma, la moderna poesía italiana apa - rece unida a las antiguas crónicas y a los libros de caballerías españoles. que entonces gozaban de gran fama en Italia. hasta el punto de que, según Croce, «entre las familias nobles se adoptaron los nombres de Palmerin y Esplandión» 28 Causapor ello especial extrañeza no encontrar el Amadís en ninguna de las dos relaciones. dada la difusión que alcanzó por ese tiempo en Nápoles. donde inspiró a Bernardo Tasso su poema heroico Amadigi, obra que, según Shearman. constituye «la quintaesencia de la cultura cortesana manierista» 29 y que se escrtbió en el círculo del princi - pal adversario político «interno» de don Pedro: el príncipe de Salerno. De cualquier forma, la influencia de los ideales caballerescos en la Corte virreinal parece fuera de toda duda, como continuación de una tra - dición local reforzadapor la presencia aragonesa y castellana. El propio Virrey había tomado parte en empresas como la «cruzada» paraliberar a los caballeros de Rodas del cerco turco, entrejulio de 1522 y enero de 1523, al lado del prior de la Orden de San Juan y de los poetas Boscán y Garcila - so. Este último había sido, además, armado caballero por el propio don Pedro, que apadrinó su ingreso en la Orden de Santiago durante el sitio de Pamplona, en septiembre de 1523 3Q Esta trayectoria personal aparece. pues. plenamente inmersa en una corriente general, social y literaria, que se va a ver reforzada por los intereses políticos del imperio de Carlos V, para el cual, como ha dicho R. Puddu: «La cultura caballeresca representó un eficaz instrumentumregni ideoló - gico. capaz de actuar como cemento supranacional para la nobleza» >~• 2< España en la vida italiana durante el renacimienra, Niaclrid. 1925. p. 146. 29 SOEARMAN, E.: El manierismo. Madrid. 1984. p. 166. Vid. CDoIN. tomo 16. El soldado gentilhombre Barcelona. 1984. p. 49. 20 Carlos 1 Hernando Sánchez Pero, junto a los antiguos valores caballerescos, el Virrey se muestra también muy interesado por una concepción «moderna», técnica y profe - sional de la guerra y, especialmente. de aquellos aspectos que, como las obras de fortificación, ocuparon gran parte de su actividad de gobierno. En su biblioteca aparece la obra de Vegecio. Dado que la defensa se convierte ahora en una suma de todos los conocimientos útiles para fortalecer el Estado, los propios gobernantes procuranaprender las nuevas técnicas de la guerra, recurriendo a obras de la antiguedad como los tratados de Re Militan. Uno de ellos, el de Vegecio. autor del siglo IV que gozó de cierta famadurante la Edad Media, aparece ahora en todas las bibliotecas de los grandes señores empeñados en dotar a sus Estados de nuevos sistemas defensivos 3=, Es el caso, en el siglo XV. de Segismundo Malatesta. que encarga a Valturio un nuevo tratado sobre elarte militar, y en el siglo XVI, de Pedro de Toledo. El libro de Vegecio, que también había influido en las obras militares encargadas a fines del siglo anterior por Federico de Mon - tefeltro a Francesco de Giorgio Martini. fue traducido al castellanopor fray Alonso de San Cristóbal y apareció publicado en italiano en Venecia en 1524. La obra se centrabapreferentemente en las técnicas de fortifica - ción. con varios capítulos dedicados a la elección del sitio, la perimetría quedebían tener las nuevas instalaciones y otros muchos detalles sobre su mantenimiento ~ Se configura así un saber fundado en criterios empíricos, pero no exen - to de contenido simbólico —patente. por ejemplo, en la forma de las cons - trucciones— que, junto a otras aportacioneshumanísticas,pasó a formar parte de la técnicageneral del «buen gobierno». EJ hecho deque la obra dc Vegecio aparezca en la biblioteca de Pedro de Toledo, y en dos versiones distintas, confirma la importancia concedida por el Virrey a las construc - ciones militares como tarea esencial del Estado M~ Junto al Re Militan figu - ra también un tratado anónimo con el titulo Coste/lo Ynevpugnabil¿- Sin embargo. es extraño que no aparezca la conocidaobra que el comendador Pedro Luis Escrivádedicó a don Pedro: la Apología en escusación y /ávor de lasfábricas que se hacen por designio del Comendador Escrivá en el revno de Nápoles y principalmente en el ca~tlla de San ¡dma ~. La obra, que se decía - < Sob re la in ti iteocia en el Reo aci,n enlo de esta obra de Flavi Vegeti Rena ni, cuyo litt,lo completo es Epitomo rei mdiraris, vi ci. (A ‘tít. u. E.: Le ingen ieur de Itt Re,’ aissa;I ce. Paris. 1964. HLRMANN. p. 49 y MIJRA¡ot{tí, G.: La ciudad re,,a<enrista Madrid. 198<>. Pp. 76-79. Una visión general del a rgu inenio cíe la obra se eticucol Fa en Zt UK1R. P.: £ «it ant] squar¼ Cambridge. 1959, MIT Press. pp. lOt) y ss. ~ Vid. PILR!: «La seicocia militare italiana cid Rinascimeoto,>. Buil aiim. (?o¡nníittee of iJiqochal .Sbieacec. 1933. para las bases tácticas que s uscita¡00 ht coíistttiCCiáíi ¿le las nuevas fortalezas. 3> Las noticias sob re este arquitecto soo muy esca sas. habiendo existido hasta el siglo pasado una grao con fusión sobre su identidad. Su tratado se creyó perdido hasta que. cn 1878, E. Ni a riátegui lo descubrió en tío manuscrito cte la BibliotecaNacional de Ni adí rid y lo publicó con un extenso prólogo. Poder y cultura en el renacimiento napolitano... 21 ra compuesta «en diálogo entre el vulgo que la reprueba y el comendador que la defiende», posee una evidente intención polémica y propagandísti - ca en función de los intereses de la política autoritaria del virrey y en ella confluyen los elementos prácticos e ideológicos más significativos de la cultura hispano-napolitana impulsada por éste. 2. «HUMANAE ET DIVINAE LITTERAE» El interés dc don Pedro desborda, conmucho, las cuestiones militares o políticas. Los libros ya mencionados no constituyenmás que una sec - ción especializada de su biblioteca, en la que figuran también diversas obras clásicas. Entre éstas, y junto a un poeta como Ovidio, muyconocido ya en la Edad Media, destaca principalmente el género histórico —Salus - tio, Tito Livio. Flavio Josefo. César, Valerio Máximo...—, cuyos modelos heroicos de guerreros y estadistas permitíanestablecer con la antiguedad un «paragone»legitimador del presente. tal y como vemos, por ejemplo, en los versos del poeta «oficial» de la Corte. Luigi Tansillo. quien. refiriéndo - se a don Pedro, afirma: «Sio desio saper come si regga Un regno ed un essercito. e impararme Cié che ne’libri antichi se ne legga, Come s’orni una terra. come <arme. Come possa un signor, s’egli é discreto, Farsi immortale. ancor che cessin larme. Mireré l’opre del maggior Toletto...» 36, La historia parece haber sido. de hecho, una de las principales inquie - tudes de Villafranca. así como el campo donde mejor se reflejan su origen y formacióncastellana. ya que la mayoría de las obras tratan de la historia recente o remota de Castilla. Así, encontramos en su biblioteca desde las Crónicas de España o la Crónica del rey don Rodrigo, hasta la Crónica del rey don Juan el Segundo, la Crónica de don Alvaro de Luna o los Claros varones de Castilla. de Hernán Pérez del Pulgar, auténtica galería de modelos aristo - cráticos del reinado de los Reyes Católicos, al que Villafranca estaba tan vinculadoporformación y concepciones.Asimismo, el inventario mencio - na una Crónica de Aragón, compuesta por fray Gauberte de Bagdad y publicada en Zaragoza. en 1499: con ella se cierra la «sección» histórica española de sentido político. Las otras obras del género histórico citadas por el Inventario pertenecen ya a un campo más general dc conocimientos 36 T.ANS[t.t.o. L.: ( Wpitoli gioco.’i e sa¡irici —ed. por 5. Volpicella—. Nápoles. 1870. cap. IX. página 156. Sobre el interés del Virrey por la historia es significativo, por ejemplo, que según Marioni éste le pidiera a Valeriano Castiglione. miembro de la Academia de los Ociosos —que Villafranca suprimiria poco después—, que describiera las gestas de 1-truando ci Católico en Italia. 28 Carlos J Hernando Sánchez el conocimiento del país al tiempo que ofrecía diversos modelos culturales y políticos ~. Pero la curiosidad de don Pedro por el espacio físico y humano no se limitaba a Nápoles. Así, encontramostambién un libro con el título Omnium gentis moria~ junto a las obras de Lucio Marineo Siculo y la Silva de Varia Experienfia, de Pedro Mexía —Sevilla, 1542—, obra que, según Bataillon, presenta una composición de raíz erasmista y cuyo éxito entre los lectores de la nobleza ha puesto de relieve cl mismo autor, elcual, refi - riéndose a la multitud de temas tratados por Mexía, ha afirmado: «La curiosidad chismosa del Renacimiento se orientaba hacia un conocl - miento enciclopédico de la humanidad en el espacio y el tiempo» >‘. Apreciación que coincide con ese dilettantismo enciclopédico, observado por Domínguez Ortiz en las bibliotecas de la nobleza española de los siglos XVI y XVII y que, en el caso de Pedro dc Toledo, puede asimilarse a un intento de justificación ideológica de su gobierno, fundado en el dominio, simbólico y efectivo, «del espacio y del tiempo», de la naturaleza y de la historia y. más específicamente. debido a la tradición local, de la mitología. La propia «Silva» presenta un notableconjunto de conocimien - tos mágicos y naturales, que el mismo Bataillon ha descrito como: «... una pueril filosofia natural, que se complace en disertar sobre seres fabulosos como los tritones y las nereidas o el pez Nicolao: mezciense, a las curiosidades naturales, las curiosidades de la historia y de la geografia (.4 afladanse a todo eso las maravillas del mundo moral, virtudes y vtcíos. costumbres peregrinas. embletuas. y se tendrá una idea de la Sylva» ~. No se babria podido describir mejor y más sucintamente lo que es el conjunto de la propia biblioteca de Villafranca. e incluso, el contenido concreto e iconológico de las principales empresasartísticas y literarias por él patrocinadas. Nápoles, sede de las especulaciones naturales y mági - cas de Bernardino Telesio o de Gian BattistaDellaPorta, no hará, por tan - to, más que enriquecer una disposición hacia esos temas que el Virrey podía asimilar en fuentes españolas como el libro de Mexía, quien, por >~ Sobre Antonio Beccadel u, el «Panorm ita», vid1.: tos It umanlttas dela Corte de .4i/hnso el Múgnanimo, Granada. 1956. pp. 92—11)6. dic A. Soria. el cual afirma que el famoso autor «ocu - pó un papel tii rigente. s>bre todo, en la biblioteca real». acttLandlo como jete dc la Corte hu m anistau<e s él quien recomienda a Alfonst las obras y los autores». p. 96. >‘ BAt.~¡ ‘A .< )N. Ni.: Op. <it.. p 638. >~ DoM N( t :• [Ti ORTIz. A.: I.¿,s clases privilegiadas en el Antiguo Régimen. Madrid, 979. p. 165. » Op. eh., p. 638. Poder y ¿‘u Itura en el renacimiento napolitano... 29 otra parte, era conocido en su tiempo como (<sabio, astrólogo y casi mago» ~. Pragmatismo, interés enciclopedista y gusto por lo exótico son otras tantas características de la cultura de los grandes señores de este momento que, desarrolladas al máximo en la segunda mitad del siglo, acabarán identificándosecon el conjunto de la culturamanierista. En don Pedro en - contramos un ejemplo temprano de esa mentalidad en la que conviven, lógicamente, elementos tradicionales y nuevas aportaciones y donde la continua tensión entre lo natural y lo artificial se concibe como un instru - memo tnás del poder. 5. LA POESíA Y LA CORTE El elementobásicamente español de la cultura del Virrey está represen - tado en su biblioteca, además de por los libros de caballería, por las obras poéticas, cuya finalidadeducativa era tan común en la épocacomo la del género histórico. Don Pedro poseía, porejemplo, un tomo con los versos de Juan de Mena. cuya cosmovisión medieval ha puesto de relieve O. Di Camillo. así como el sentido nacionalista de sus obras 60 El Cancionero general de muchos y diversos autores, compilado porFernando del Castillo e impreso en Valencia. en 1511, completaba la representación de la poesía tradicional castellana, junto a una edición de las obras del marqués de Santillanaquecita Nicolini,pero que en el inventario de AHN no aparece. Sin embargo. este gusto era compatiblecon el de las nuevas formas poéticas, representadas en la biblioteca virreinal por las «Obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega, repartidas en cuatro libros», editadas en Barcelona en 1543. Con ellas entramos en un capítulo esencial del mece - nazgo de don Pedro. sobre el que hasta ahora sólo se han resaltado los principales y escasos datos, sobre todo desde que en el siglo pasado. Fer - nández de Navarrete publicará diversas cartas del Virrey en las que testi - moniaba su estima por Garcilaso 6t Se ha insistido mucho en la amistad del poeta con el duque de Alba, a quien dedica su segunda égloga, además de una elegía por la muerte de su hermano. Sin embargo, la relación con don Pedro fue tanto o más decisiva que aquélla, ya que permitió a Garcila - so adentrarse en la cultura napolitana. En 1532 fue Villafranca quien entregó un memorial del propio poeta al emperador,solicitando el levan - tamiento del destierro 62 Ese mismo año, él y Alba consiguen que se auto - Íd.. p. 637. <“ Dr (‘AM ‘1.1.0. 0.: Op. <‘ir.. p. 119. Viti.. (‘t >0! N: lomo 16. especialmente Pp .34—35. 0 f<f p. 40. 30 Carlos 1 Hernando Sánchez rice a su protegido a acompañar al primero a su toma de posesión del car - go del virrey de Nápoles. Al llegar, don Pedro informa de los problemas más urgentes al emperador a través del poeta, quiendesde entonces de - sempeñará diversas misiones de esta clase. En una ocasión, el Virrey elogia expresamente las virtudes personales de su «agente»de confianza: «Garcilaso tiene abilidadpara entender y poner en execución qualquiera cosa que sea servido V Mt. porque servirá con toda fidelidad de buen criado de V Mi...» 63 Esta colaboración política se tradujo en la contribución del poeta espa - ñol a la exaltación cortesana de su señor, con quien le unía una amistad que sería resaltada por el humanistanapolitanoGirolamo Borgia al escri - bir un Praeludium ad dominos Petrum Toletanum et Garcilassuni viros melitos et doctissimos 64, Villafranca llegó. en su deseo por proteger al jovenescritor y soldado, a solicitar para él diversos favores a la Corte imperial, como la concesión de una de las castellanías del reino, la de Rixoles: «Porque sin falta cl sabrá servir tan bien como todos quantos acá están, y teniendo Garcilaso dicho castillo. pues V. Mt. ama tanto aquella cibdad. será mucha parte para que esté en toda fortificación y buena orden. por - que no hará lo que otros castellanos han hecho» 65 La intención del Virrey era conseguir que el poeta se estableciera allí con su familia «y se arygue’acá» 66, lo que, además de demostrar su estima por éste, atestigua el propio afincamiento de Villafranca en las tierras de su virreinato. La estancia de Garcilaso en Nápoles,especialmente a la vuelta de Túnez, fue, por otra lado, de una intensa actividad cultural, en la que la familia del Virrey participó de forma importante. Su propio hijo menor, don Luigi. ayudó al poeta a convencer a otro humanista napolitano, Sci - pione Capece. a publicar los Comentan, de Donato sobre la Eneida >~. En la dedicatoria de su primera égloga al Virrey. Garcilaso nos presenta a éste en su triple dimensión: bélica, política y cortesana, mediante una imagenheroica de reminiscencias clasicistas y mitológicas: don Pedro. que ganó «obrando / un nombre en todo el mundo», aparece: «Agora (...) atento solo y dado al inclito gobierno del estado A. Ci. 5.. Estado. Nápoles. ieg. 10i7. fol. 76. 64 Vid. Ni ‘d.F. F..:<,I.,is poesias latinas dic Garcilaso de la Vega». Ru//eón Ilívpanique. XXV. 1923. p. 1411. La obra aparece meo cion acta sin fecha ni lugar de edición. (‘vot N: tomo 16. p. 237. I¿l. Vid. NlFI.’i. E...’ ,4,i. ci,.. p. 139. Poder y cultura en el renacimiento napolitano... 31 albano. agora vuelto a la otra parte. resplandeciente. armado, representando en tierra al fiero Marte» 68 Puede hablarse. por tanto, de una perfecta adecuación del poeta a los intereses del régimen y del gobernante quelo protegieron y a quienes sir - vió. Como ha dicho E. Meregalli: «Por más auténtica que fuese la voz de Garcilaso, el triunfo de su escuela significó un alejarse de la poesía de todo compromiso de critica social y religiosa...» 69 Son precisamente esos rasgos los que pueden identificarsecon un as - pecto esencial del gobierno de Pedro de Toledoen Nápoles, perceptible también en el otro gran poeta de suCorte, Luigi Tansillo. cuyas obras, ade - más de las de Boscán y Garcilaso. poseía Villafranca en dos volúmenes distintos: los sonetos y un Capriccio o Capitulo dedicado, asimismo, al virrey. La figura de Tansillo acompaña a don Pedrodesde el comienzo de su gestión hasta su muerte en Florencia y. en cierta forma, podría equipararse su papel al desempeñado por suamigo B. Varchi en la Corte de Cosme 1 de Médicis. Sus obras transmiten, comodijo Croce, la Vida de la sociedad his - pano-italiana del Nápoles de su tiempo. Junto a Garcilaso es uno de los máximosrepresentantes de la política cultural impulsada por Toledoen todos los órdenes ~ ¡ Tansillo representa en Italia a la generación de capitanes-poetas de la España de Carlos V. Su afinidad con su gran amigo Garcilaso se extiende también a la común dependencia de un mismo mecenas. Amboseran «continuos» del Virrey. Este cargo, esencialmente honorífico, pero bien pagado. estaba desempeñado por 100 caballeros. 50 españoles y 50 napoli - tanos,encargados de acompañar al virrey tanto en tiempo de paz como de guerra ~‘. Al igual que Garcilaso. el poeta italiano forma parte, por tanto, de la complejared de agentes y funetonarios vírreinales en los que se con - funde el servicio personal y la funciónpública, y este hecho marca decisi - vamente su obra. EnLa Clorida, dedicada al virrey en 1547. la ninfa de este nombre invoca a don Pedro para que goce de la villa «fernandina» de su hijo don García, según la misma imagen clásica e ideal de Garcilaso: » Eglo«a 1. En Obras’ Camplet¿ts. Niadridí. 1970. p. 21. Ni R ‘i( A’.’.’: Las re/¿t<’ion es literarias entre España e It¿tlia en el Renar un iento. 11 ogol á. 967. p. 6i7. Vid.. (ih >N/ Á t EJ M« tEL. Ci.: Presencia n ¿tpolitana en el Siglo de Oro <ya <sol: tu igí 7h,,.s’k lío. Sala manca. 1979: BoR! ELLI. A..’ Luigi lhnsi/lo. Due Nati, Nápoles. 937. Vidí. Di~t.t A GArrA: 1 conuinul dei tenpi vic’eregnali. Nápoles. 1984. 32 Carlos J Hernando Sánchez «Signor, sotto il cui saggio alto governo Sovra ogni altro si gloria il mio Sebeto: Oh lungo onor del Tago. oh pregio eterno Dei chiaro sangue dAlba e di Toleto: ‘E voi. Signor. sovr’alta sede asstso, Date or leggi di pace, cd or di guerra: Or lun godete. or l’altro Paradiso Di tanti, onde per voi s’orna la terra: Or con la maestá del Real viso Date al buon gioia, e tema a colui, cherra: Cavalcando per l’inclita Cittade. Intento a lar maggior sua granbeltade» 72, Se trata de los mismos tópicos del gobernante justo y del mecenas que en esa época expresan también Varchi o Vasari en el ámbito academicista del manierismo toscano, donde todo gira en torno de la proyección públi - ca de las virtudes personales del príncipe. Tansillo. para quien la Corte es «le sue vere accademie e le sue scuole>s, supone un hito esencial en esa evo - lución cortesana del humanismo ~J todo un mundo de ideales y de «bue - nas maneras» en el que también nos introduce abiertamente la propia biblioteca de don Pedro. Así, la variedad de obras que recoge el Inventario abarca desde un «Libro de GiambattistaPaladino, cittadino romano, nel quale s’insegna a serivere ogni sorta di lettera», así como unas «Deyisiones gramati9i» y un «Consiliatorum gramatica». hasta una colección de pro - verbios en dialecto napolitano titulada Specilegium, publicada en 1511 y las Epístolas familiares; de Guevara. Pero es con El Cortesano, de B. de Casti - glione. como el conjunto de las obras citadasparecen encontrar una clave que las reúne en un mismo ámbito ideológico. No sabemos si el ejemplar de don Pedro era el original italiano o la tra - ducción de Juan Boscán. publicada en Salamanca en 1540. De cualquier forma, es indudable que constituyó un modelo para la Corte virreinal. El mismo Castiglione se refiere en la dedicatoria de su obra al obispo de Viseo a la difusión que había alcanzado ésta en Nápoles, aun antes de su publicación, en los años inmediatamente anteriores a la llegada de Don Pedro: —= 1 ANStt te. 1..: Poe,neui. Florencia. 1954. Sansotii. «La (‘lorida». Octava 1 y IV. La imagen que ofrece Tan sillo es at, n alegre y colorista, como en los versos citados por (‘roce, en sd[ España en la vida it¿tliana..,, p. 158: «Servitude &amor vagheggiainento portar peona, vcstirsi Or verde or giallo. gioco di canne. giostra. torneamento. m us’c he. maseherate. seene. ba 1 lo. <>gn i esta...». Poder y cultura en el renacimiento napolitano... 33 «Después —dice— supe que aquella parte del libro que habia hecho trasladar. se hallaba en Nápoles en manos de muchos y parecia que los más delIos anclaban ya por hacerla imprimir.» ‘~. Al trazar el panorama general dc la biblioteca de don Pedro de ‘Medo, hayque destacar la abundancia de edicionesposteriores a 1540. loque in - dica que las mayores adquisiciones de libros debieroncoincidir con el pe - nodo de mayoractividadconstructiva y reformadora. Una vez trazadas las líneas principales de la reforma del Estado. el Virrey se concentra en las obras palaciegas,con fines lúdicos o representativos. de Castelnuovo. Poz - zuoli o el nuevo <(Palacio Real» de Nápoles. Basándose en esta coinciden - cia, Ci. Pane ha apuntado la posibilidad de que el interésde Villafranca por los libros creciera tras una «pausa reflexiva» de su gobierno, idea que. sin embargo. parece poco sostenible, dado que en la segundaparte de su mandato la tensión política y militar no sólo no disminuye, sino que llega a producir crísts como la rebelión de 1547 o. en otro ámbito, la defección del príncipe de Salerno. en ¡552. Durante este tiempo. don Pedro desarro - lla las tendencias iniciadas en los primeros años e intensifica la utilización politica de todos los medios culturales y artísticos, a la vez que desarrolla una viva pasión por los libros, a los que tiene por el más valioso regalo. como sc despretide dc los versos de ‘lánsillo en los que éste recuerda: «Non erano i miei clon di gera me o doro Ma nel don a rvi mi bas tava solo Ayer riguardo al vostro e al mio decoro. 0v libro italiano. orn spagnttolo...» ~>. Es el encuentro de las dosculturas, española e italiana, lo que define mas acertadamente tanto la biblioteca como la Corte de don Pedro, como ya había ocurrido con la de Alfonso y en los primeros tiempos del huma - nismo. Sólo que ahora han desaparecido los libros en francés, catalán o provenzal y apenas hay tratados de escolástica ~ Impera. en cambio, un pragmatismo consciente que, como apuntó Maravalí. será uno de los prin - cipales rasgos del Renacimiento español. muchos de cuyos mejores logros. desde las obras de Juan cíe Valdés o la poesía cíe Garcilaso hasta la nueva técnica del bastión del comendador Escrivá o los primeros trabajos de Juan Bautista tic Toledo. tuvieron por escenario la Corte refinada y cosmo - polita del «Gran Virrey» de Nápoles. ~ Fil Cortesano. Barcelona. 1972. p. 62. 75 ]iAN St Ele:(apioli. cd. cit.. cap. XVI, « Al viceré di N a pol i, (‘a priccio d una anova fog - gia di bicchieri da lui dato al viceré di Napoli>s. PP. 253—261. ~‘ Sol, re la bibí ioleca cíe Al boso V vid. NiAuixr[NT[. (3.: La /,iblioteca dei Re ¿lA ragona lo Napoli. Roca San (a sci ano. 189<) y DF Nl A R N’ 5: l.a biblioteca o ¿tpo/eta>~ ¿t dei Re d 14 rogon¿t. Milán. 952.