ESCULTURAS
ROMANAS
EN
NUESTRO
MUSEO
ARQUEOLÓGICO
P oceden e
del
palacio
de
los
duques
de
Mi anda,
en
Peña anda
de
Due o,
ha
llegado
a
nues o
Museo
A queológico
una
colección
de
sie e
piezas
escul ó icas,
odas
ellas
en
es ado
muy
agmenía lo
y
sin
que
se
sepa
el
luga
de
su
emo a
p ocedencia,
pues
al
lado
de
su
posible
o igen
español,
o ece
ambién
isos
de
p obabilidad
el
que
hayan
sido
aídas
de
I alia,
ya
que
el
p ime
duque
de
Mi anda,
don
Juan
de
Ziíñiga,
desempeñó
en
Ñapóles
los
ca gos
de
gobe nado
y
capi án
gene al,
como
ambién
eje ció
el
de
i ey
en
el
mismo
país,
el
ma ido
de
la
e ce a
condesa
de
la
misma
casa,
don
Gaspa
de
B acamen e.
Las
piezas
son
odas
ellas
de
un
má mol
blanco
y
más
o
menos
ino,
según
los
dis in os
ejempla es.
De
g an
impo ancia
son
dos
de
ellas,
que
aun
cuando
se
nos
p esen an
como
copias
omanas,
el
espí i u
que
las
anima
es
ancamen e
helenís ico.
El
p ime o
de
es os
ejempla es
(Lám.
I)
nos
p esen a
una
escena
de
géne o
en
que
una
jo en
juega
a
las
abas,
ema
és e
que
ecuen emen e
inspi ó
a
los
a is as
g iegos,
que
an o
se
ec eaban
en
la
delicadeza
y
en
la
g acia
de
las
ac i udes
que
en
es a
di e sión
omaban
los
cue pos
ju eniles.
Así
enemos
no icia
de
una
pin u a
de
Poligno o
en
Dcl os,
así
como
de
un
g upo
escul ó ico
de
Poiicle o
en
que
el
juego
de
abas
cons i
uye
el
mo i o
de
inspi ación,
y
al
llega
al
pe íodo
helenís ico
es as
escenas
son
a adas
con
bas an e
ecuencia,
lo
mismo
en
pin u as
que
en
bajo elie es,
es a uas
y
pied as
g abadas
(1).
Como
quie a
que
las
alusiones
de
los
au o es
clásicos
son
bas an e
imp ecisas,
no
conocemos
con
mucha
exac i ud
en
qué
consis ía
es e
juego,
del
que
había
algunas
a ian es.
Desde
luego,
el
más
conocido
consis ía
en
coloca
den o
de
un
cí culo
cua o
(1)
V.
«Da ee Sas-.TalusV,
pág.
30.
390
MANUEL
FERNÁNDEZ
abas
conais en es
en
así ágalos
de
cab a
o
de
ca ne o
(cuya
igu a
se
imi ó
más
a de
con
me ales,
náca
o
pied as
p eciosas),
edon
deados
en
sus
ex emos
de
al
mane a
que
dos
esul aban
la gos;
el
uno
cónca o
y
el
o o
con exo,
y
dos
co os,
ma cando
la
misma
oposición
de
al
modo
que
el
meno
mo imien o
los
hacía
cambial*
de
pos u a,
ob eniéndose
así
has a
55
esul ados
di e en es
(1).
En
el
caso
de
nues o
ejempla ,
del
que
po
desg acia
al a
la
cabeza,
se
nos
p esen a
la
jo en
con
la
odilla
izquie da
en
el
suelo,
la
pie na
de echa
en
pie
y
el
i'onco
lige amen e
inclinado
hacia
delan e
como
si
es u iese
expec an e
del
mo imien o
del
as ágalo;
is e
una
única
cuyos
pliegues,
o mando
una
g an
masa,
son
ecogidos
pa a
pe mi i
la
genu lexión
en
que
pe manece.
En
la
palma
de
ia
mano
izquie da
apa ece
una
ba i a
de
hie o
que
p obablemen e
le
uni ía
el
i illus
pa a
agi a
los
asi ágalos.
Ejemplo
palpable
de
la
emoción
es é ica
que
en
los
g iegos
despe ó
el
aspec o
de
ios
bellos
miemb os
y
su
juego
a monioso
lo
enemos
en
el
caso
de
la
escena
báquica
(Lám.
II)
en
que
una
Ménade,
loca
del
u o
o giás ico,
ap isiona
una
cab a.
Es as
escenas
dlonisíacas
die on
luga
a
los
más
a iados
emas,
no
sólo
pa a
la
escul u a,
sino
ambién,
y
en
es e
sen ido
más
a iadas
aún,
pa a
la
pin u a.
Las
Ménades
son
las
Nin as
se ido as
de
Dionisos
que
en
o no
de
él
bailan,
le
ado an,
g i an
y
en
unión
de
los
Silenos
le
di ie en,
llegando,
en
una
de
las
a iedades
de
la
LI iasis,
abando
nadas
al
é igo
de
la
danza
o giás ica,
a
comba i
los
enemigos
del
dios
y
despedaza
animales
(2).
Nues a
i
gu a
nos
la
p esen a
desnuda,
con
una
odilla
en
el
suelo
y
la
o a
en
pie
buscando
el
mejo
modo
de
e ene
la
cab a.
A
pesa
de
al a
la
mi ad
supe
io
del
onco
de
ia
Ménade,
en
oda
la
ob a
esal a
la
sua i
dad
y
blandu a
de
modelado,
lo
que
le
da
una
g acia
y
encan o
admi ables.
Las
seis
es an es
i
gu as
son
p oduc os
de
la
mani es ación
más
o iginal
del
a e
omano
y
la
única
en
que
a en ajan
a
los
g iegos:
el
e a o.
La
escul u a
omana,
al
econoce
la
supe io idad
de
ios
modelos
helenís icos,
oma
de
ellos
el
ma e ial
y
la
écnica,
pudiendo
a i ma se
que
és os
son
los
mismos
empleados
po
los
g iegos.
Es o,
unido
a
la
endencia
ealis a
e usca,
da
luga
a
es a
mani es ación,
en
cuya
a iedad
de
p oducción
se
ad ie e,
an o
en
las
ob as
de
(1)
V.
«Cagnac.»,
pág.
490.
(2)
V.
«Da einbe
e
Saglio».
Maenades
III,
segunda
pa e,
1479
y
siguien es.
ESCULTURAS
ROMANAS
EN
NUESTRO
MUSEO
ARQUEOLÓGICO
391
e dade o
mé i o
como
en
las
que
lo
llenen
escaso,
el
cuidado
con
que
el
a íisía
a endió
al
e ismo,
no
sólo
en
el
conjun o,
sino
en
los
de alles,
p ocu ando
esc upulosamen e
acen ua
los
asgos
pe so
nales
de
las
acciones
y
la
exp esión,
sin
concesiones
a
la
anidad
de
los
e a ados,
dándonos
así
una
pe ec a
indi idualización
de
los
mismos.
En
el
caso
de
nues os
ejempla es
no
podemos
pe cibi
cla a
men e
nada
de
es o
po
al a les
la
cabeza,
no
conse ando,
pues,,
más
que
los
bus os,
los
que
po
o a
pa e
no
son
agmen os
de
es a uas,
sino
que
es án
allados
como
pa a
expone los
como
ales
bus os.
Una
de
es as
escul u as
(Lám.
III)
ep esen a
un
pe sonaje
ogado
con
la
oga
dispues a
en
la
o ma
más
p imi i a,
consis en e
en
echa
sob e
el
homb o
izquie do
un
ex emo
de
la
misma.
En
o o,
ep esen ado
en
la
lámina
IV,
el
bus o
es á
cubie o
con
una
clámide
p endida
en
el
homb o
izquie do
con
una
íbula,
dando
una
imp esión
de
bas an e
du eza.
Es e,
lo
mismo
que
el
siguien e,
e a
uno
de
an os
bus os
que
se
conse aban
con
una
oquedad
en
el
co e
del
cuello,
de
mane a
que
en
el
se
pudiese
encaja
cualquie
cabeza.
El
ep esen ado
en
la
lámina
V
es
ya
de
un
ipo
di e en e
en
que
los
pe sonajes
llegan
a
ep esen a se
como
dioses,
pa a
lo
cual
se
in oduce
una
inno ación,
consis en e
en
desp ende
al
pe sonaje
de
la
clámide,
echándola
no
más
que
sob e
el
homb o
izquie do,
pudiendo
así
luci
bien
la
desnudez
del
o so,
el
cual
se
nos
p e
sen a
con
un
modelado
de
lo
más
sua e
y
delicado,
que
nos
hace
pensa
en
el
enacimien o
del
a e
helénico
iniciado
en
iempo
de
Ad iano.
La
lámina
VI
nos
p esen a
un
bus o
emino
con
una
única
que
cub e
sus
espaldas,
cayendo
sob e
el
seno
de echo,
p endida
en
el
homb o
izquie do
con
una
íbula
muy
sencilla,
pe o
dejando
al
descu
bie o
la
axila
del
b azo
de echo
y
pa e
del
o so;
el
modelado,
sucin o
y
igo oso,
con
que
es á
a ada
es a
igu a,
in e p e ada
con
una
eno me
alen ía,
le
dan
una
exp esión
ex ao dina iamen e
ené gica,
pe o
con
una
udeza
en
algunos
de alles
genuinamen e
omana.
Po
úl imo
enemos
un
ejempla
ípico
de
la
es a ua
o aca ae
en
el
de
la
lámina
Vil,
donde
apa ece
an e
nues a
is a
uno
de
an os
bus os
impe iales,
an
abundan emen e
conse ados,
po
la
obligación
que
enían
odas
las
poblaciones
de
posee
a ios
e a os
del
sobe
ano
que
ocupaba
el
pode ;
en
nues o
ejempla
se
a a
de
un
8
392
MANUEL
FERNÁNDEZ
empe ado
del
siglo
ii
con
la
a madu a
consiguien e,
de
la
que
o man
pa e
la
co aza,
o namen ada
con
una
cabeza
de
Medusa;
el
baí eus,
deco ado
con
un
bello
en elazado
y
cubie o
con
el
paludawen uin
^
que
cae
po
el
homb o
izquie do
y
de echa
del
ien e,
dejando
así
al
descubie o
pa e
de
la
a madu a.
La
igidez
que
acusan
los
ca ac e es
ana ómicos
del
cuello
dan
la
imp esión
de
que
se
a a
de
un
anciano.
^
Manuel
Fe nandez
I;
j
Lámina
I.
—Niña
jugando
a
las
abas.
(Fo o
del
S.
E.
A.
A.).
Lámina
11.
—Ménade
sob e
un
cab i o.
(Fo o
del
S.
E.
A.
A
)
Lámina
IH.—Bus o
de
pe sonaje
ogado
(Fo o
del
S.
E.
A.
A.).
u
^Vi,
Lámina
V.—Bus o
con
clámide.
(Fo o
del
S.
E.
A.
A.).