Michel Corajoud
Full text
Michel Corajoud POR MARÍA GOULA Nacido en Annency, Francia, en 1937, Corajoud es Paisagista diplomado por el Ministerio de Agricultura francés además de ser profesor en diversas escuelas de paisaje. Desde 1975 trabaja asociado a Claire Corajoud. Obtiene, entre otros reconocimientos, el Grand Prix Urbanisme en el año 2003 y el Grand Prix du Paysage en 1992. Entre sus obras destacan, entre otras, los parques de Gerland en Lyon de 1999 y el Parc du Sausset en Seine-Saint Denis, de 1997 o espacios públicos como el “amenagement” de muelle (quai) de la margen izquierda de Burdeos, en el año 2000 o la cobertura de la autopista A1 en Saint Denis, en 1998. También ha realizado distintos estudios paisajísticos: 1995, estudio y esquema director de la aglomeración de Soisson; estudio de la recualificación de la Entrada Sud del Grand Lyon. Además de variados estudios urbanos: 1991-1999, proyecto urbano de la Plaine Saint-Denis (con Souto de Moura, arquitecto y Alphaville, economista) y en 1998: estudio de paisaje y urbanismo del sector del “murs à pêches”, quartier SaitAntoine en Montreuil
48 REVIEW Michel Corajoud Michel Corajoud, paisajista francés, profesor de varias generaciones de paisajistas en la École Nationale Supèrieure de Paysage de Versailles, recoge, en la obra que ha realizado junto a Claire Corajoud, la esencia tanto de la tradición hortícola francesa como la del espacio público del estado de bienestar de postguerra europeo, así como la de la reciente línea de trabajo de recuperación de espacios abandonados y en proceso de deterioro. Michel Corajoud estuvo en dos ocasiones en la ETSAB impartiendo sendas conferencias: la primera dentro del marco de la 2ª Bienal Europea de Paisaje (2001), y la segunda, invitado por el Master de Arquitectura de Paisaje para llevar a cabo el taller Internacional. (2002) En la primera insistió en el papel social del paisajismo; un papel educativo, activo y clarificador de los complejos asuntos contemporáneos entre la naturaleza y la cultura, lo local y lo global, e incluso, la forma y la función. En la segunda, desmenuzando su obra reciente, reivindicó la especificidad del paisajismo, la mirada radical propia de una disciplina abierta, y, al mismo tiempo, exigió transversalidad horizontal. Sin proponer que cada disciplina deje de profundizar en su campo, postuló la necesidad de fabricar códigos comunes, traspasos de ideas, construir puntos de vista y enfoques comunes. Explicó su obra desde la racionalidad, confiando en la geometría; el desarrollo de los proyectos genera materiales a veces convencionales pero cuando se experimentan los espacios el resultado es generoso, incluso espléndido, tanto con el lugar como con los usuarios. Humanista y hombre de la palabra, Corajoud divulgó un texto suyo, publicado ya en el catálogo de la 2ª Bienal Europea de Paisaje, Jardins Insurgents, con el siguiente curioso largo título “Las nueve conductas necesarias de una propedéutica para un aprendizaje del proyecto sobre el paisaje dedicado a los estudiantes de arquitectura de paisaje”. Se trata de un texto donde se reflejan los pensamientos de Corajoud, sobre todo su precisión en la descripción del proceso proyectual, su convicción absoluta por las diferencias intrínsecas del proyecto de paisaje, y la experiencia pedagógica de un proyectista que ha hecho y, sigue haciendo, de la docencia una intensa prolongación de su experiencia profesional. Aquí, solamente voy a apuntar unos temas con la ambición de provocar la lectura del original. Entre las nueve conductas que describe Corajoud –ponerse en estado de efervescencia, recorrer el lugar en todos los sentidos, explorar los límites, sobrepasarlos, marcharse para volver, atravesar las escalas, anticipar, defender el espacio abierto, abrir el proyecto, ser el guardián de vuestro proyecto– se detiene más en aquellas que a lo mejor hacen más explícita la particularidad del proyecto del paisaje: el primer contacto con el lugar que transformar, la exploración de éste y su superación como entidad limitada y autónoma. Es interesante cómo se refiere Corajoud al segundo paso de la exploración de lugar, la búsqueda de las formas: “Todos sabemos que los momentos más agradables para estar afuera no son aquellos en los que hay una luz intensa. Nosotros, los profesores, deberíamos recordarlo cuando en el primer año iniciamos a los estudiantes al descubrimiento de un lugar. La luz del pleno día dibuja los perfiles, expone todo en la separación, mientras que la penumbra está hecha de adherencias de contaminaciones, y de sobreimpresiones. El postulado, evidentemente, es que debe comenzar por lo más difícil, lo cual se opone a la tradición tenaz del profesor. Y, sin embargo de pequeños aprendimos a ver de esta manera, pero con el tiempo lo hemos olvidado”. Corajoud, que estudió primero artes decorativas, mantiene todavía, en pleno auge de los procesos operativos, datascapes, etc., e incluso potenciación de los procesos naturales, una relación animal con la forma; pues él mismo propone en el texto que, aunque ciertamente es imprescindible el contacto visual con el lugar, un siguiente paso para aproximarse es entrar en aquella penumbra, en el acto de entrever, donde el pensamiento evoca las imágenes entre la memoria y la imaginación, y fija, en definitiva, las formas. De las preguntas iniciales que se deben hacer en el lugar del proyecto, destacaría, seguramente porque definen una de las líneas de trabajo de la propia titulación de paisajismo, las dos siguientes: ¿A cuánto se remonta su declive? ¿Y en qué enlace de espacios está inscrito? En cuanto a la primera, hace hincapié en el cambio de paradigma importante que sufrió el proyecto del espacio abierto respecto del reciclaje de entornos sin identidad. La otra se relaciona con esta mirada intrínseca del paisajismo que últimamente parece tener mucha consideración: la de encajar el espacio de proyecto en un sistema de espacios abiertos, dentro del mosaico territorial y ecológico al cual pertenece. El tema de los límites y la defensa del espacio abierto son los otros dos temas donde me gustaría insistir. Dice Corajoud, como tantos otros, que en el paisaje no hay límites, ni en la percepción ni tampoco en su representación. Y asocia esta inexistencia con un elemento fugaz, siempre presente pero variable, el horizonte. A lo mejor Corajoud es de los paisajistas que más tiempo han dedicado a este aspecto del paisaje y lo han vinculado con la defensa del espacio abierto. Desde el título de aquel articulo famoso “Le paysage c’est l’endroit où le ciel et la terre se touchent”, hasta cualquier oportunidad, como ésta última visita en el Master de Arquitectura de Paisaje no deja de reivindicar que hay que abrir los espacios al horizonte. El horizonte, entendido desde su raíz griega orion, promete algo más allá, no un fin sino un principio. Y como Corajoud escribe, desde una resistencia en contracorriente a una sociedad excitada por la tecnología y la movilidad: “Un paisaje en el que los componentes sólo mantienen relaciones distendidas. Territorios inmensos, siempre inacabados sobre la desmesura del cielo, generosidad de los vacíos..., remansos que me compensan. El encadenamiento de los espacios nómadas..., vagabundeo y libertad”. MARÍA GOULA cobertura de la autopista saint-denis