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Ecos de Rosaura (para leer mejor el inicio de La vida es sueño e incrementar el repertorio calderoniano)

Vega García-Luengos, Germán

Abstract

Producción Científica

Full text

CRITICÓN, 87-88-89, 2003, pp. 887-898. Ecos de Rosaura (para leer mejor el inicio de La vida es sueño e incrementar el repertorio calderoniano) Germán Vega García-Luengos Universidad de Valladolid En los versos inaugurales de La vida es sueño Rosaura expresa su enfado y su crisis vital al ser derribada por su caballo desbocado. Constituyen uno de sus parlamentos más famosos, cuajado de locuciones plenamente barrocas, repetidas aquí y allá en la literatura posterior desde Moratín padre a Valle Inclán. Lo que en ellos se dice es calderoniano hasta la médula: no hay palabra, imagen, idea, que no sea eco de otras ya pronunciadas en obras anteriores del poeta o no resuene en las posteriores. Identificar y estudiar estas reverberaciones permite conocer mejor el arte creativo del escritor1. Lo que en esta ocasión nos aprovechará para dos objetivos concretos: reflexionar sobre su responsabilidad en las disyuntivas que establecen las dos versiones de la comedia2; contemplar, y en ello cifro la principal aportación del trabajo, la posibilidad de que Calderón compusiera otros versos fuera de las piezas reconocidas oficialmente por él y por sus estudiosos, desde Vera Tassis hasta la actualidad. LAS PALABRAS DE ROSAURA EN LAS DOS VERSIONES Para facilitar el seguimiento, será útil tener delante el texto de la frimera parte de comedias de don Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1636), conocida como QCL (por las iniciales de los apellidos de la impresora y los editores: María de Quiñones, 1 Para ello ha sido fundamental la utilización de herramientas de búsqueda informáticas y textos digitalizados como los que proporciona Teatro español del Siglo de Oro (TESO), 1998. 2 De sus entidades y relaciones se ha ocupado especialmente Ruano de la Haza (1992). CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... 888 GERMÁN VEGA GARCÍA-LUENGOS Criticón, 87-88-89, 2003 Pedro Coello, Manuel López), tal como lo interpretan la mayoría de las ediciones actuales3: Hipogrifo violento que corriste parejas con el viento, ¿dónde, rayo sin llama, pájaro sin matiz, pez sin escama, y bruto sin instinto 5 natural, al confuso laberinto de esas desnudas peñas te desbocas, te arrastras y despeñas? Quédate en este monte, donde tengan los brutos su Faetonte; 10 que yo, sin más camino que el que me dan las leyes del destino, ciega y desesperada, bajaré la cabeza enmarañada de este monte eminente, 15 que abrasa al sol el ceño de su frente. Mal, Polonia, recibes a un extranjero, pues con sangre escribes su entrada en tus arenas, y apenas llega, cuando llega a penas. 20 Bien mi suerte lo dice; mas ¿dónde halló piedad un infelice? Los estudiosos concuerdan en la autoridad de QCL, origen último de la enorme prole de impresos antiguos de la segunda versión. Es frecuente considerar, además, que detrás de José Calderón, quien figura como responsable de la edición, estuvo el propio don Pedro. Tanto los que aceptan la existencia efectiva de una primera versión con diferencias netas sobre la segunda debidas a la voluntad de Calderón4, como los que son más escépticos, asumen la existencia en ella de abundantes deformaciones (que para los escépticos serían la razón única de las diferencias). Y, sin embargo, por lo que atañe al fragmento que se analiza, QCL se lleva la palma en errores evidentes, que los editores, incluso los más partidarios del texto madrileño, no han dudado en corregir. Son los casos de los v. 7 («sus» por «esas»), 19 («tus» por «sus») y 20 («a penas ... apenas» por «apenas ... a penas»). Ante tal concentración, es legítimo preguntarse si no habrá en esos versos otras propuestas ajenas a Calderón, aunque no se detecten a primera vista por no romper definitivamente la métrica o el sentido. Tal interrogante puede atenderse en parte con la consideración de las variantes entre las dos versiones a la luz del usus scribendi del poeta. Veamos las de los v. 5 al 8, en los que la primera versión lee: 3 Me he servido en concreto de la valiosa y reciente de M. Rodríguez Cáceres, 2001. 4 Ruano de la Haza ha identificado y cotejado para elaborar su texto crítico (1992) hasta ocho testimonios, de los que el más conocido tradicionalmente ha sido el de la Parte treinta de comedias famosas de varios autores (Zaragoza, 1636). CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... ECOS DE ROSAURA 889 y bruto sin instinto, al fragoso, al desierto laberinto desas desnudas peñas, te arrastras, precipitas y despeñas. En otras obras de Calderón hay formulaciones que pueden respaldar ambas disyuntivas con más o menos fuerza (cualitativa o cuantitativa). El «instinto» del «bruto», se califique o no de «natural», como en QCL, significa la facultad que regula su comportamiento, su actividad mental (y no sólo su conservación, como apuntan algunos estudiosos). En los textos con expresiones más cercanas al parlamento de Rosaura, Calderón suele utilizar el sustantivo solo, como en la primera versión. A ello, y a otros aspectos también presentes en el parlamento de Vida5, se refiere Rugero en la comedia temprana Lances de amor y fortuna [c. 1625]é: Este, pues, aire sin plumas, rayo sin luz; este, pues, ocupaba tan señor de mis acciones y del, que su instinto no tenía más obediencia o más ley que el gobierno de las manos y la elección de los pies. (1, 849-856)7 En El médico de su honra [1629], de fecha tan próxima, aparece también una asociación de términos semejante (2, 103-115). A un «instinto» como el del caballo de Rosaura alude, años más tarde, el protagonista del auto La lepra de Constantino [1660-1663]: Tú despeñado me arrojas desde la cumbre al abismo, porque no deba a su ceño más piedades que a tu instinto... (393-396) Pueden verse más casos en Saber del mal y del bien [1628], El príncipe constante [1629], El mayor encanto amor [1635], Los tres mayores prodigios [1636], El árbol de mejor fruto [1665-1669], Y hay otro aspecto a considerar: cuando el sustantivo se acompaña del adjetivo, éste siempre —salvo en QCL— va antepuesto: «natural 5 A partir de la segunda mención, los títulos se reducirán a las primeras palabras significativas. 6 He considerado oportuno para los objetivos de este trabajo consignar entre corchetes las fechas de composición de las comedias que se citan. No hay que recordar a quien conoce los problemas de datación del teatro de Calderón, y, en general, del Siglo de Oro, que en bastantes casos son sólo aproximados. Para unificar criterios, me atengo a las propuestas de Hilborn (1938), para los autos, y de K. y R. Reichenberger (1999), para las comedias. 7 Las citas proceden de TESO (1998), aunque he modernizado la ortografía para facilitar la lectura. También es suyo el sistema de localización: la primera cifra corresponde a la jornada en el caso de las comedias y la segunda al número de líneas (no de versos). CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... 890 GERMÁN VEGA GARClA-LUENGOS Criticón, 87-88-89, 2003 instinto»: Tres mayores [1636], Eco y Narciso [1639], Los misterios de la misa [1640], El tesoro escondido [ca. 1662] y Los alimentos del hombre [1676]. El v. 6 de la primera versión —«al fragoso, al desierto laberinto»— combina términos que no van juntos en ninguna otra obra del poeta. Sí que lo hacen la pareja «fragoso» y «desierto»: La aurora en Copacabana [1651-1652] y El monstruo de los jardines [1661]. De «fragoso» y «laberinto» hay sólo dos ocurrencias en TESO y pertenecen a Calderón: La humildad coronada de las plantas [1644] y Hado y divisa de Leonido y Marfisa [1680]. Debe notarse que en la primera «laberinto» también recibe diáble adjetivo: Por los fragosos, espesos laberintos de la vida va de nosotros huyendo. (354-356) No se registra ningún caso de asociación de «desierto» y «laberinto». QCL, por su parte, ofrece en este verso un sintagma habitual en Calderón: «confuso laberinto». En el mismo orden de términos, en singular o en plural, se encuentra hasta en ocho ocasiones: Amar después de la muerte [1633], La hija del aire (I) [1653], Vida (auto) [1673], La siembra del señor [1673-1675], La nave del mercader [1674], A tu prójimo como a ti [1676-1677], La semilla y la cizaña [1678] y en otro momento de Vida. Ninguna es anterior a la fecha de primera escritura de ésta. Además, se trata de un sintagma menos exclusivo, que también se registra en otras ocho ocasiones en dramaturgos del siglo xvn. Respecto al v. 8, los hábitos controlados en Calderón se inclinan más (cuantitativamente) por la opción de QCL —«te desbocas, arrastras y despeñas»— que por la de la primera versión —«te arrastras, precipitas y despeñas»—, aunque no la repudian (cualitativamente). De todas formas, la asociación de los tres verbos de ambas versiones no se produce en ningún otro pasaje. Tampoco aparece la de «arrastrar» y «precipitar» de la primera; pero sí hay tres casos de «precipitar» y «despeñar»: El alcaide de sí mismo [1627], Lo que va del hombre a Dios [1671-1673], La primer flor del Carmelo [1674-1675]. Los pares posibles de QCL se encuentran todos constatados («desbocar» y «arrastrar», solo una vez: Las manos blancas no ofenden [1640]). Pero, sobre todo, domina en Calderón la pareja «desbocar» y «despeñar». No obstante, todos los casos localizados son posteriores a Vida: La señora y la criada [1635], Tres mayores [1636], Agradecer y no amar [1650], Amado y aborrecido [1656], Las armas de la hermosura [después de 1652], Céfalo y Pocris [1660], Fieras afemina amor [1669], El santo rey don Fernando (II) [1671]. También es interesante constatar cómo hay algún pasaje que combina los verbos en exclusiva de una u otra versión: Señora [1635] (2, 772-778). El v. 13 opone la variante «sola» a «ciega». Los usos de Calderón se alian decididamente con esta segunda opción de QCL. Mientras que de la agrupación de adjetivos «sola-o y desesperada-o» no hay ningún testimonio, existen múltiples de «ciega-o y desesperada-o» desde sus primeras obras: Amor, honor y poder [1623], El purgatorio de san Patricio [1624-1628], La devoción de la cruz [1625-1630], El galán CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... ECOS DE ROSAURA 891 fantasma [1630-1635], El mayor monstruo del mundo [a. de 1635], Celos aun del aire matan [1660], Apolo y Climene [1661], Fineza contra fineza [1671]. En el v. 14 se encuentra otra de las variantes más significativas: «bajaré la aspereza enmarañada» vs «bajaré la cabeza enmarañada». Lo normal es que los editores modernos mantengan la lectura de QCL, justificándola con la aparición más adelante de los términos «ceño» y «frente». Y, sin embargo, el teatro controlado de Calderón no ofrece ningún otro pasaje en que se mencione la «cabeza» de un monte, mientras que sí que aparecen por doquier alusiones a su «aspereza»: Devoción [1625-1639], Luis Férez el Gallego [1628-1629], Eco [a. de 1639], El gran mercado del mundo [1645-1650], La fiera, el rayo y la piedra [1652], El pastor Fido [1654-1656], Amado [1656], En esta vida todo es verdad y todo mentira [1659], El viático cordero [1663], El segundo Escipión [1677], Ni Amor se libra de Amor. En El Golfo de las sirenas [1657], incluso, el sustantivo se acompaña del mismo adjetivo que utiliza Rosaura: «la enmarañada aspereza» (1,125). ¿Cómo explicar que Calderón, si verdaderamente él hubiera corregido el texto de QCL, decidiera cambiar «aspereza», que había utilizado antes y utilizará después, por «cabeza»? Una posible justificación sería que las enmiendas se hicieron sobre un ejemplar de uno de los testimonios de la primera versión en que se leyera extravagantemente «esperanza» (así ocurre en el de Zaragoza, 1636). Pero sigue en pie buena parte de la duda: cómo el poeta, tan proclive a asociar con el monte la «aspereza» (por otra parte, más cercana fonéticamente a «esperanza» que «cabeza») optó por enmendar con un término alejado de sus usos. Semejante es el caso del v. 16: «que arruga al sol el ceño de su frente» vs. «que abrasa al sol el ceño de la frente». ¿Por qué habría de trocar el poeta el término «arrugar», que ha usado antes y después, por «abrasar», que no utiliza nunca? No faltan lugares en sus obras donde la «frente» del «monte», o el «monte» a secas, tiene el «ceño» «arrugado». Así ocurre en una comedia de escritura bien cercana como Luis Pérez [1628-1629]: Este monte eminente, cuyo arrugado ceño, cuya frente es dórica coluna en quien descansa el orbe de la luna con majestad inmensa, nuestro muro ha de ser, nuestra defensa. (3, 1-6) O en el auto El veneno y la triaca [1634]: Altos montes que al cielo, gigantes de esmeralda, alzáis con ceño la arrugada frente... (173-175) También hay ocurrencias en Armas [después de 1652] y A tu prójimo [1677?]. Sin embargo, nunca en Calderón aparecen ceños ni frentes de monte «abrasados» por el CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... 892 GERMÁN VEGA GARCÍA-LUENGOS Criticón, 87-88-89, 2003 sol8. Ni siquiera la nueva imagen conviene al contexto: el atardecer no es el momento más adecuado para hablar de «abrasamientos» y sí de las «arrugas» que provoca la crecida de las sombras. En resumidas cuentas, en este primer parlamento de Vida saldría mejor respaldada la escritura de la primera versión. Más aún: los errores claros de la segunda (que no parecen tanto erratas como el resultado del descuido supino de alguien al que no le preocupaba el sentido de los versos), unidos a las variantes isovalentes (para las que, por lo general, la primera no encuentra tanto impedimento en el usus scribendi del Calderón de antes y de después), podrían incluso hacernos dudar sobre la intervención directa del poeta en la preparación del texto publicado al frente de la Frimera parte en 1636. Lo que se da la mano con lo que sabemos sobre algunas comedias de la Segunda parte, publicada al año siguiente9. ROSAURA Y SAN JUAN DE DIOS Los paralelismos de las palabras vistas no acaban en las obras que se le reconocen oficialmente a Calderón. Todos los contemplados hasta aquí en respaldo de cada una de las versiones (y los muchos otros que hay en los términos coincidentes, a los que no aludiremos en esta ocasión por falta de espacio) se ven superados, en extensión e intensión, por los del pasaje inicial de El mejor padre de pobres, comedia que dramatiza diferentes episodios de la vida del campeón hospitalario San Juan de Dios. Distintas listas del teatro antiguo español —Huerta, Mesonero, La Barrera, etc.—, de las que la más antigua sería la de Medel [1735], proponen a Pérez de Montalbán como su autor; mientras que la atribuyen a Calderón los encabezamientos de las cuatro ediciones conservadas, siendo la única fechada la de la Parte quince. Comedias famosas de los mejores ingenios de España (Madrid, 1661 )10. La existencia de distintos documentos en apoyo de una u otra autoría no debe confundir. Todo parece indicar que en última instancia se remiten a uno sólo en cada caso. Por lo que se refiere a Montalbán, hay que advertir que los autores de listas acostumbran a copiar lo que encuentran en las previas. Es decir, bastaría que Medel hubiera dado una atribución errónea para que los demás la perpetuasen. Otro tanto puede decirse sobre el sustento de Calderón: las cuatro ediciones están muy ligadas entre sí; su texto se ha transmitido a plana y renglón, incluyendo los campos del encabezamiento, a partir muy probablemente de la edición de 1661. La comedia ha merecido la atención de estudiosos eminentes. V. Dixon, buen conocedor de Montalbán, no la cree suya, sin que se plantee la autoría alternativa11. Como tampoco lo hacen E. M. Wilson y D. W. Cruickshank12 o K. y R. 8 Sólo un ejemplo, en Amigo, amante y leal, puede asociarse muy de lejos: «Pues ya el sol los pirámides abrasa / de ese monte eminente...» (1, 707-708). 9 Ver G. Vega, 2002. 10 Proferí consigna con detalle otras tres sueltas, que parecen de finales del siglo xvn (1976, pp. 466-468). 11 Aducen esta opinión E. M. Wilson y D. W. Cruickshank, 1980, pp. 163-164. 12 1980, pp. 162-164. CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... ECOS DE ROSAURA 893 Reichenberger13, cuatro egregios calderonistas. ¿Qué se lo impide?: el propio Calderón y Vera Tassis, que la incluyeron en sus listas de apócrifas14. Únicamente Profeti deja abierta la posibilidad de la candidatura calderoniana, con el argumento de que nada apoya a Montalbán, salvo las listas, y al menos hay ediciones en favor de Calderón, y nota el parecido de su comienzo con el de Vida: «A lui riportano anche certe charastteristiche di stile (si pensi per esempio alPesordio, cosí simile a quello della Vida es sueño)»15. Así es, los inicios de ambas obras son de una cercanía tal, que bajo ningún concepto puede considerarse casual: Fugitivo corcel, sañuda fiera,16 cuyo indómito ardor, cuya carrera aún más que [t]e desboca, segundo alado bruto te provoca; polaco enfurecido, 5 que con curso veloz has presumido hacer de cada clavo de tus plantas alas con que a la esfera te levantas: quédate en este prado adonde te despeñas irritado, 10 que yo de tu coraje libre y solo, deste infeliz a más propicio polo, cuerdo en mis desengaños, volveré la carrera de mis años. Mal, oh, Marte divino, 15 amparas un soldado peregrino, que afecto a tus banderas, por imitarte fuerte, se alista en ellas a buscar la muerte. Mas ¿para qué me quejo... 20 Debemos analizar fríamente la cuestión, sin dejar que interfieran demasiado los escrúpulos por el rechazo de Calderón y Vera Tassis, ante las pruebas obtenidas más o menos recientemente de que el escritor también tuvo que ver en la escritura de otras obras excluidas17. Fijémonos primero en la situación dramática y recordemos la frecuencia con que los caballos de Calderón se desbocan y arrojan a sus jinetes. Lo han notado sus estudiosos, 13 1979, pp. 788-789. 14 Éste, en la Verdadera quinta parte (1682), nombra explícitamente El mejor padre de pobres. En cambio, Calderón, en la Cuarta Parte (1672), menciona San Juan de Dios; lo que deja un margen de duda. No nos consta que la presente comedia recibiese este título y la lista suele llamarlas por el que lleva la copia: hasta el punto de negar alguna auténtica con el nombre cambiado. !5 1976, p. 468. 16 He modernizado las grafías y la puntuación del texto que presenta el ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid T-4443, correspondiente a una suelta sin datos de imprenta. Lo he cotejado por encima con otras dos de las tres ediciones restantes y no he apreciado variantes en estos versos y apenas en los restantes. 17 Ver G. Vega, 2001. CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ... 894 GERMÁN VEGA GARCÍA-LUENGOS Criticón, 87-88-89, 2003 que han buscado razones y sentidos18. Más aún, hay una propensión clara a que se produzca en los comienzos de las comedias (y esporádicamente de algunos autos). Así ocurre hasta en una docena de ocasiones: Amor [1623], Alcaide [1627], Médico [1629], Auristela y Lisidante [1637], Gustos y disgustos son no más que imaginación [1638], El conde Lucanor [1650], Céfalo [1660], Lepra [1660-1663], Santo rey (I) [1671], Duelos de amor y lealtad [1678], Hado [1680]. Cierra la nómina Amado [1656], cuyo descabalgamiento se da al comienzo del segundo acto. Comparemos a continuación con detenimiento los 22 versos de Rosaura con los 20 de San Juan de Dios. La dispositio del discurso es muy semejante: los dos personajes se expresan en silvas, apelan al caballo que les ha tirado durante ocho versos: se ha desbocado, le imputan rapidez y alas. Al noveno, le repudian con la misma fórmula («Quédate...»); ellos seguirán su rumbo («que yo...»). A renglón seguido interpelan a Polonia o a Marte con el mismo comienzo («Mal...»). Terminan los versos seleccionados admitiendo su destino («Mas...»). No obstante, lo visto hasta aquí no excluye que otro autor que no fuera Calderón (ni Montalbán, del que no se encuentran rasgos en ninguna parte de la pieza) se hubiera aprovechado de un pasaje tan brillante como el de Rosaura. Decidido a comenzar su drama sobre el santo por el episodio, que no falta en ninguna de las relaciones, en que pone fin a su etapa de soldado tras caer del caballo y quedar malherido, habría considerado que le venía como anillo al dedo el arranque de Vida, y habría procedido a remedarlo. Las coincidencias con esta comedia podrían justificarse así, pero ¿cómo explicar también las estrechísimas e inequívocas relaciones que otros términos del parlamento de San Juan no presentes en Vida establecen con otras obras de Calderón (y sólo con ellas, en lo que se alcanza)? Considérese, en primer lugar, la acotación que precede a las palabras del protagonista: «Sale san Juan de Dios de soldado con botas y espuelas, ensangrentada la cabeza, bajando de la eminencia de un risco». El único caso que he localizado de «eminencia» de un «risco» es el de Aurora [16511652] (1, 717). En realidad la asociación del término «eminencia-s» al teatro calderoniano es muy alta: de las 106 ocasiones que aparecen en TESO, 76 son suyas. Y aún se puede precisar más: las 17 de Lope tienen la acepción de preeminencia moral, nunca de cúspide física. Otro tanto puede decirse de Montalbán, Tirso, Guillen de Castro o Moreto. Sólo aparece con el significado material de nuestro texto en Calderón, y en contadas ocasiones en Diamante, Matos y Zamora. Ya en el v. 1 tenemos «corcel», término relativamente raro en el siglo xvn. CORDE lo registra una sola vez (en el Coloquio de los perros de Cervantes). TESO, en trece: dos en Guillen de Castro, una sola en Lope y las diez restantes en ocho obras de Calderón: La Puente de Mantible [1630], Basta callar [1639-1640, 1652], Armas [a p. 1652], Fiera [1652], El lirio y la azucena [1660], Mujer, llora y vencerás [1660], Fieras [1670], Hado [1680]. En tres de estas ocasiones «corcel» se asocia con «polaco», voz que designa a un tipo de equino, y cuya rareza es aún superior. Son muy escasas las ocurrencias en textos del XVII, a pesar de haber sondeado un número considerable. En concreto, he 18 Ver Á. Valbuena Briones, 1976, pp. 694-713. CRITICÓN. Núms. 87-88-89 (2003). Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS. Ecos de Rosaura (para le ...