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Los impresos sevillanos del siglo XVIII. Pautas de un estudio

Vega García-Luengos, Germán

Abstract

Producción Científica

Full text

IMPRESOS TEATRALES SEVILLANOS DEL SIGLO XVIII: PAUTAS DE UN ESTUDIO Por Germán VEGA GARCÍA-LUENGOS Las palabras que siguen pretenden dar cuenta sucinta de una tarea en la que me intereso desde hace algunos años: la localización de los impresos tea trales seviJlanos del siglo XVIII y su consideración desde distintos aspectos e implicaciones. Para los estudiosos de la bibliografía del teatro antiguo español, Sevilla es una referencia obligada y constante. En sus prensas se estampa una dila tadísima lista de textos dramáticos, que colocan a esta ciudad en los prime ros puestos del panorama peninsular. El esfuerzo editorial desarrollado en el siglo XVH se prolonga durante la siguiente centuria, en la que se perpe túan tanto las fórmulas dramáticas como las tipográficas. Esta venturosa ac tividad de las prensas sevíllanas establece, por otra parte, un llamativo con traste con el silencio que durante buena parte del siglo XVIll las recalci trantes prohibiciones imponen a los escenarios1• Desde la perspectiva de la Tipografía hispalense, la importancia de tales impresos resulta igualmente incontrovertible: suponen como conjunto el blo que más nutrido de la producción conocida, no sólo literaria, de las prensas dieciochescas, alcanzando casi el 30 por 100 del total. Es decir, se trata de un material de sumo interés, y pertinencia, a la hora de aproximarse a la cultura de la capital andaluza en este siglo XVIII. Las ediciones teatrales sevíllanas conocidas entran todas en la categoría de sueltas2 • C�mo tales, sus características responden a la fórmula habitual con la que desde los inicios de la revolución teatral barroca se difunden los 1 Para estas cuestiones es inexcusable la referencia al trabajo de F. Aguilar Piñal, Sevílla y el teatro en d siglo XV/fl, Oviedo, Cátedra Feijoo, 1974. 2 La única variación, y no completa, la constituyen los entremeses desglosables editados por Francisco de Leefdael y su viuda. Las características y l.. trayectoria histórica de las co medias sueltas son abordadas en d excelente estudio de E. M. Wilson y C. W. Cruickshanlt, «The comedi;i suelta: History of a formab, en Samue/ Pepy's Spanish Plays, London, The Bibliographical Society, 1980, págs. 85-120. 367 textos individualmente, primero en competencia con la fórmula adocenada, m�s adelante, a medida que se alcanza el siglo XVIII, en dominio abruma dor sobre ella. Sevilla, junto con Madrid, Barcelona y Valencia, se consti tuye en preeminente centro productor de estos objetos impresos que buscan una clientela nutrida, apoyados por su bajo precio. Naturalmente, éste guar da relación con el bajo costo de fabricación, que posibilita la ínfima calidad de los materiales. Las comedias sudcas fluyen por los mismos circuitos de la literatura de pliegos sueltos. El físico las delata, también las afinidades es pirituales. Su tamaño y fragilidad, así como la consideración que merecen de sus compradores, las convierten en fungibles bienes de consumo, de per vivencia difícil. Son tres los géneros básicos sevillanos y a cada uno de ellos le corres ponde su formato específico: -Comedias y -en menor cuantiaautos, zarzuelas y otras piezas de relativa extensión: tamaño cuarto y texto a dos columnas. El volumen más habitual es de cuatro pliegos (32 páginas), que puede mermar o aumentar en una o dos mitades de pliego más. Las páginas, con excepción de la pri mera, suelen estar numeradas, y, según el impresor, puede existir un filete obanda separando las dos columnas; que, a veces, son tres, en aras del ahorro. La tendencia general a lo largo del siglo es a economizar papel: ca da vez se usarán tipos más pequeños y menos pliegos para dar cabida a los mismos textos dramáticos. Es más o menos frecuente en las ediciones sevi llanas jugar con dos tamaños de caracteres. El menor se utiliza en los finales con esta voluntad de ajuste. -Entremeses: tamaño octavo y texto a una sola columna. La exten sión es de medio pliego o entero {8 ó 16 páginas). -Relaciones de comedias: son éstas uno de los puntos más peculiares del panorama editorial sevillano. El fenómeno de las relaciones viene a cir cunscribirse al área andaluza, con Sevilla como foco fundamental y, al pa recer, generador'. En ellas se estrechan hasta la identificación las relaciones del teatro con la literatura de cordel. Se trata de impresos de dos hojas cuar to que recogen largas tiradas de versos en romance, lo que en argot teatral se llaman relaciones, correspondientes a monólogos de los personajes. Éstos relatan acontecimientos de los que han sido testigos o explayan sus sentimientos. En la producción de estos bienes de consumo participaron los grandes im presores de la capital hispalense en e) siglo XVIII, que recogen el relevo de la tradición de la capital andaluza en la centuria anterior. Algunos, como >Su gestación y función han sido objeto de interesantes y debatidas explicaciones. Ver J. Moll, cUn tomo facticio de pliegos sueltos y el origen de las relaciones de comedias», Segis mundo, núm. 23-24 (1976), págs. 143-167; M. G. Profeti, «Comedias e relaciones: La ricezio ne deviata», Colloquium Calderonianum /nrernar1ona/c. Atti, L'Aquíla, 1983, págs. 91-114; M. C. García de Enterría, «Literatura de cordel en tiempos de Carlos 11: Géneros pantca trales», Di4/ogo s hüpánicos de Amm:rdam. El teatro espalfol a fines del siglo XVII. Histo riJ, cultura y teatro en la España de Carlos 11, Amstcrdam, 1989. vol. I, págs. 137-154. 368 los Hermosilla o los López de Haro, ya estaban en el negocio en los finales del siglo XVII. Es norma hacer constar el nombre de la imprenta y el domicilio social en los colofones. La presencia del año,.en cambio, es rarísima. Las acota ciones cronológicas deberán realizarse a partir del conocimiento que tene mos de los afios de producción de cada uno de los impresores, en uno o en más de un domicilio\ Mayores precisiones padrán alcanzarse analizando el papel y la letrería, para tratar de relacionar estas impresiones con las debi damente fechadas de cada imprenta. También ayudan en una datación rela tiva los números de serie con que la mayoría de los empresarios sevillanos ordena sus comedias -y a veces también sus entremesesen secuencias más o menos dilatadas. Son nueve las series de comedias que podemos intentar recomponer. Las diferencias de tamaño son manifiestas. A la cabeza, por volumen de edicio nes, y de reediciones también, se sitúa la de los Leefdael, en cuyos colofones ap.necen nombrados, según las épocas, Francisco de Leefdael, su Viuda, Im prenta del Correo Viejo e Imprenta Real. Prescindiendo de algún que otro número extrasecuencial, producto claro de errata, el más alto que he llega do a ver en sus portadas es el 324. De alguna comedia, he loc.llizado hasta cuatro ediciones, siendo muchas las que alcanzan tres. A continuación, pero a notable distancia, se coloca la de los Hermosilla (Lucas Martín de Her mosilla, José Antonio de Hermosilla, Francisco Lorenzo de Hermosilla y su Viuda), con el 250 como número más subido de los controlados. También el 250 es el último de los de José Padrino. El 68 en los de Manuel Nicolás Vázquez. El 57 en los de Diego López de Haro y sus herederos. El 55 en los de Navarro y Armijo. El resto de las series -Pedro Joseph Díaz, los Gó mez, la Vallestillano sobrepasaría la decena de títulos. En cuanto a los entremeses, son cuatro las series: la de López de Haro, con el 50 como nú mero más alto de los conservados; la de Manuel Nicolás Vázquez, con el 46; la de Navarro y Armijo, con el 9; y la de Padrino, con el S. El primer intento de dar cuenta de esta rica parceJ¡¡ de la industria im presora sevillana lo encontramos en la pionera Tipografía Hispalense de F. Escudero y Perosso (1894), cuyo «Suplemento» consigue reunir 271 edicio nes, distribuidas por imprentas y con mención tan sólo del título y nombre del autor. El repertorio de ediciones conocidas crece considerablemente en el tra bajo de F. Aguilar Piñal hasta superar las 650, que, a diferencia de las de su 4 Todos estos aspectos pueden consultarse en la utilísima síntesis de F. Aguilar Pif'ial, Im presos sevillanos del siglo XVIII. Adicfones .a l.a Tipo grall.a Hispalense, Madrid, CSIC, 1974, págs. 12-20. s Tipogr.afl.a Hispale=. An.ales bibliogr4ficos de la cíud.ad de Sevilla desde el est.ableci miento de /a imprenr.a basta fin.a/es del siglo XVlll, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1894, págs. 609-24. No afectan a nuestro campo de interés los trabajos de S. Montoto (Impresos sevillanos, Madrid, CSIC, 1948) y A. P�re2 G6mez «Impresos sevillanos no mencionados por Escudero ni Montoto», Revista Bibliogr4fica y Documenr:a/, 111 (1949), pág1. 1%-214. 369 predecesor, se describen sucintamente y aducen las signaturas topográficas6• Con idénticos criterios catalográficos, Agustín de la Granja, ha listado otro medio centenar de impresos, de los que ha encontrado ejemplares en la Bi blioteca Nacional de Lisboa7 • Mi trabajo de localización y catalogación de impresos teatrales sevilla nos ha tenido como primeros referentes estos dos repertorios. En lo que a catalogación se refiere, he modificado radicalmente el sis tema abreviado de descripción que ellos utilizan en las diferentes entradas para acomodarlo -críticamentea las normas que se van imponiendo en el tratamiento de las sueltas teatrales. Con mayor o menor renuencia los úl timos catálogos aparecidos están tomando conciencia del «problema biblio gráfico»• que las sueltas suponen. El sistema adoptado quiere ser concordante con estas últimas líneas de trabajo que afinan sus criterios descriptivos para evitar los problemas de identificación inequívoca, provocados por la parquedad de datos de impren ta y las semejanzas entre las diferentes copias de un mismo texto. Quiere ser, además, claro -se ha pretendido una cierta capacidad de figuración-, suficiente y económico. Efectivamente, por economía y por no verles una especial pertinencia en estas sueltas sevillanas, donde existe en la práctica totalidad de los casos un colofón que aduce la imprenta responsable, se ha prescindido de consignar algunos datos -reclamos, titulillos, etc.-, cuya rentabilidad en otros supuestos aconsejaría su atención. Las distintas entradas incluyen la transcripción del encabezamiento, don de consta el titulo, el autor, el número de serie, etc., de los versos inicial y final, así como del colofón. Todo ello con escrupulosa atención a las gra flas, cambios de línea y adornos tipográficos. El siguiente apartado consigna las variables de formato: tamaño, signaturas de los pliegos, paginación, co lumnas, tipos de adorno entre las mismas, cambios de los tipos, etc. La ter cera sección corresponde a las signaturas topográficas de las bibliotecas don de se localizan ejemplares. Se concluye cada unidad con las referencias bi- • Impresos sevillanos ... , ob. cit. 1 «Cincuenta impresos sevillanos del síglo XVlll•, Archivo Húpa/ensc, núm. SS: 200 (1982}, págs. 107-114. Uno de los ap,mados en activo dentro de la mgcnte impresa del Wes tern Hemispbere Short Tirle Cara/og, que patrocina el Departmcnt of Modero Languages aod Literarures de la University of Western Ontario, es precisamente el de los impresos tea trales sevillanos del siglo XVlll. A la localización y descripción de ejemplares se ha dedica do el meritorio esfuerzo de William J. Cameron. Por esta historia del teatro impreso sevillano se ha interesado Hannah E. Bergman ( •Cal derón en Sevilla. Apuntes bibliográficos», Homena1c a R. MacCurdy, Albuquerque-Madrad, 1983, págs. 125-33). Se trata de un avance de su estudio inconcluso sobre la imprenta de los Hermosilla. En el empello sigue, al parecer, su compañera de tareas bibliográficas, Sylvia Szmuk. 8 El sintagma se ha consagrado tras el capital artículo de E. M. Wilson, «Comedias suel tas: A bibliographical problem», en The Criticism of Calderón s Comedias, vol. t. de Pedro Calderón de Ja Barca: Comedias. A (acsimile edition. cds. D. W. Cruickshank y J. E. Varey, London, Grcgg lnternational Publishers-Tamesis .Books, 1973, págs. 211-219. 370 bliográficas a los repertorios de autores, en los que es posible encontrar otros testimonios de la obra descrita. Las entradas se ordenan según los títulos normalizados de las piezas. Cuand� éstas presentan más de una edición, su colocación responde a la cro nología relativa que los datos de los réspectivos colofones permitan estable cer. Se ha prescindido de agrupar las células por autores, como hacen los repertorios sevillanos precedentes. Los enrevesados problemas de atribucio nes, refundiciones, etc., que presenta nuestro teatro antiguo aconsejan apo yarse en los títulos. No puede ser función de los trabajos de este tipo san cionar sobre cuestiones tan arduas. El título normalizado de la pieza prece de a las descripciones correspondientes, acompañado, como orientación, de los nombres de los autores que se consideran más aceptables hoy día, aun que en la descripción de los encabezamientos se consignen otros; lo que ocurre con cierta frecuencia en este tipo de testimonios, bien poco respe tuosos con la propiedad intelectual. Asimismo, entre corchetes se consigna rá la categoría dramática de la pieza: comedia, zarzuela, entremés, relación, etc. En el firme convencimiento de que la utilidad de estos trabajos es di rectamente proporcional al número y a la cualidad de las vías de acceso a los materiales inventariados, el repertorio se remata con una serie de índi ces, que proponen diversas ordenaciones: autores y obras -diferenciando las atribuciones apócrifas de las legítimas-, de géneros, de imprentas, de números de serie dentro de éstas, etc. Por lo que se refiere a las localizaciones, la cifra de ediciones distintas ha crecido considerablemente en relación con las de Escudero-Aguilar Granja. Los tres cuartos de millar (750 -760), aproximadamente, han sido casi duplicados (1.453). La búsqueda se ha centrado fundamentalmente en las tres bibliotecas que, con mucha probabilidad, presentan una mayor riqueza en este tipo de fon dos: la Nacional de Madrid, la del Institut del Teatre de Barcelona y la de Menéndez Pelayo de Santander. También han sido de especial ayuda los ca tálogos de diferentes fondos teatrales, sobre todo los respetuosos de la es pecificidad de las sueltas. Por su calidad como tales bibliografías y por el importante volumen de piezas editadas en Se·villa de los autores inventaria dos, cabe destacar entre los utilizados los de K. y R. Reichenberger sobre Calderón9 -a su nombre está más del 15 por 100 de los impresosy el de M. G. Profeti sobre Pérez de Montalbán10 • Por orden de mayor a menor producción teatral, éstas son las imprentas implicadas en. el negocio y sus cifras11 : 9 Manual bibliográfico calderoniano. Vol. 1 y 111, Kassel, Edition Reichenbcrger, 1979-81. 10 Per una bibliografia di Juan Pérez de Montalbán, Verona, Univ. degli Studi di Padova, 1976. 11 El afán de síntesis que ha presidido la elaboración del cuadro conlleva la simplificación de distintos puntos. Asi, rt'spccto a los géneros, el encabezamiento de comedias incluye otras piezas extensas, como autos sacramentales y de nacimiento, zarzuelas, óperas, etc., muy in feriores en número -una treintenaa las propiamente comedias. De igual manera, el de 371 Toral ComnPM Eorr,,DXst:I R�Kioctes ,- impttDfU " Lccfdad (1701-1753) 546 38 112 696 47,9 P�dnno (1747-1772) 231 33 s 269 18,S Hcrmos,112 (168S-1739) 13S 4 22 161 11, 1 López de Haro (167S-1760) 64 35 47 146 10 Vbquccz (1758-1775) 57 34 9 100 6,9 Otras imprencasn 49 31 81 S,6 Toral de ediciones por srncros 1.082 175 196 1.453 Las cifras del cuadro corresponden a ediciones. Las piezas diferentes son 802 (551 comedias, 126 entremeses y 125 relaciones). Las reediciones, por tan to, son 651 (531 de comedias, 49 de entremeses y 71 de relaciones). Si dividimos la centuria en dos mitades, encontraremos en cada una de ellas el dominio absoluto de una imprenta en el panorama teatral sevillano: La de los Leefdael (t?Oi-1753) en la primera. La de Padrino {1747-1772) en la segunda. Ambos contabilizan más del 66 por 100 de la producción total. Tanto desde el costado cuantitativo, como del cualitativo, la parte del león le corresponde a los Leefdael, con un 47,9 por 100 de las ediciones totales. Atendiendo sólo a las piezas mayores, de los 551 títulos diferentes, 373 fue ron impresos en las oficinas de esta familia de origen alemán, el 67,7 por 100. A pesar de haber conseguido un notable aumento de las ediciones con troladas, siguen existiendo evidencias incontestables de que falta por loca lizar un número más o menos crecido. Éste aumenta o disminuye de acuer do con la categoría dramática y como impreso de las distintas ediciones. La caducidad se acentúa más en el caso de los entremeses y de las relaciones de comedia; de ahí que �can muchos menos los encontrados, y los huecos en las series sevillanas de entremeses -López de Haro, Navarro y Armijo, Pa drino y Vázquezsuperen a las existencias. De las 141 ediciones que, al menos, deberían sumar las cuatro, hoy sólo he logrado localizar 44, menos de la tercera parte. En cuanto a las relaciones, las conservadas ponen en evi dencia la frecuencia de las reediciones. Todo hace sospechar que son bas tantes las que se han perdido. Pienso qut> es posible propont>r una cifra, con s6lidos visos de acercarse a la real, de lo que fue la producción teatral de las imprentas sevillanas du rante el siglo XVIII, y, por tanto, de lo que se ha perdido o, simplemente, de lo que aún no se ha localizado. Los puestos sin cubrir en las series, cuan tificables con exactitud, proporcionan coeficientes aplicables al resto de la producción, siempre que escrupulosamente se diferencien los distintos géneentremeses contabiliza otras piezas, pocas, de carácter cómico y de corta extensión. Las im· prenus, por su parte, se han encabezado con los apellidos que aglutinan a los distintos miem bros familiares que las regentan sucesivamente. 12 Juan de Basoas, Juan A. Caballero, Pedro Josef Díaz, Espinosa de los Monteros, Gó mcz. Navarro y Armijo, Imprenta de las Siete Revueltas, de la Vallestilla, etc. 372 ros de impresos; porque, como se ha apuntado, difieren ostensiblemente en sus esperanzas de vida. Si los huecos en las series de comedias se sitúan en tomo al 18 por 100 y nuestro repertorio ha logrado juntar 1.082 ediciones, puede deducirse una pérdida de algo menos de 200 edicione�º. En cuanto a los entremeses, los 175 conservados y los índices de pérdi das, hacen pensar en una cifra de no localizados que supera los 385, más del doble. En el caso de las relaciones de comedias no existen series, por lo que las deducciones, si se quieren hacer, deben partir de su similitud, en fragilidad corporal, con los anteriores. Operando con las 196 relaciones como con los entremeses, se deducen 432 ediciones perdidas. Es decir, la producción debió de estar en torno a las 2.500 ediciones di ferentes. Está localizado más del 80 por 100 de las comedias, el género más emblemático y abundante, con un número total en torno a las 1.250. Las mer mas se sienten fuertes en entremeses y relaciones. Donde sólo contaríamos con la tercera parte de lo producido: en torno a las 600 ediciones de cada tipo. Las perspectivas de estudio que se abren ante la consideración de estos materiales son amplias e interesantes, por más que el espacio y el propósito de estas líneas sólo permitan insinuarlas". En lo que a la letra de los textos se refiere, algunas de las ediciones se villanas se manifiestan de especial pertinencia, al ser testimonios únicos de las piezas que transmiten. En los casos en que no, las sueltas denotan lo que es la práctica normal para su producción en todos los centros: la copia flui da y sin escrúpulos de unas a otras. Sin embargo, la pureza de los procedi mientos ecdóticos exige su inclusión en la collatio siempre, porque a priori no podemos desechar que esa edición hispalense transmita un texto más cer cano al original que el de otros testimonios más antiguos y de presunta ma yor solvencia15 • En relación con esto, y desde la consideración de la industria impresora, cabe llamar la atención sobre el interés que tendría perfilar un mapa de la transmisión de textos teatrales. Para tal empresa es de gran servicio un co nocimiento exhaustivo de la producción de un foco de la importancia de Sevilla. 13 Aguilar Piñal (Sevilla y el teatro ... , ob. cit., pág. 28) estima en un millar y medio el número de comedias producidas en Sevilla durante el siglo XVIII. 14 Algunas de ellas son atendidas en la Comunicación presentada al 11 Congreso de la As ciación Internacional de Siglo de Oro (Salamanca-Valladolid, del 23 al 27 de julio de 1990), «Lectores y espectadores de la comedia barroca: los impresos teatrales sevillanos del siglo xvm •. 15 De hecho -tómese como mero apuntealgunas calas muestran que las ediciones de Francisco de Lcefdael preceden en el stemma a las de otros impresores peninsulares del XVlll Je tanta difusión como los Sanz. 373 Desde la sociología, son muchas las evidencias y las sugerencias que este material nos proporciona sobre gustos y actitudes del público lector. La línea continuista con el teatro del XVII atraviesa el siglo de una a otra parte, abraza tanto los productos de la primera mitad, como los de la segunda. Ninguna diferencia sustancial notamos en lo editado por López de Haro o Lcefdael y Padrino o Vázquez, no siendo raro encontrar títulos com partidos entre los ejemplares conservados16 • Otra interesante posibilidad que propocionan los materiales recolecta dos es la de cotejar el teatro que se imprime con el que se representa en los pocos años en que esto es factible. También deberán atenderse las huellas que en el teatro del papel han marcado las persistentes prohibiciones que an gostan el de las tablas: cuño más o menos arcaizante, fórmulas alternativas de compensación, etc. Hay también cuestiones concretas que pueden ser abordadas con más apoyos: tal es la de las debatidas relaciones de comedias. Sobre su nacimien to y trayectoria arrojará más luz la consideración de un mayor número de especímenes de diferentes imprentas, y, por tanto, épocas. Asimismo, debe rá aportar claves la atención a los lazos que establecen con las ediciones rea lizadas por la propia imprenta de las comedias de donde se han extraído. El estudio tendrá que tomar en consideración tanto las relaciones de comedias propiamente dichas, como otros tipos -las llamadas relaciones nuevas, mo nólogos ad hoc, soliloquios, etc.-, que, sin duda, mantienen con ellas co nexiones de filíación. 16 Algunos nombres y cifras de las cabezas de las listas concretarán con claridad lo apun tado: el autor más editado, con amplio margen, es Calderón, con 221 ediciones (15,2 % del total). Le siguen Moreto con 100 (7 %} y Pérez de Montalbán con 79 (5,6 %). Entre los vein ticinco dramaturgos con mayor número de ediciones sevillanas, sólo dos pertenecen al si glo XVIII: Callizares, en el noveno puesto, y Salvo y Vela, en el décimoquinto. 374