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Impresos vallisoletanos del siglo XVIII. Ciento treinta adiciones al Catálogo de Alcocer. I

Vega García-Luengos, Germán

Abstract

Producción Científica

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BOLETIN DE LA BIBLIOTECA DE MENENDEZ PELA YO Año LXVI GERMAN VEGA GARC1A-LUENG0S Impresos teatrales vallisoletanos del siglo XV 111. Ciento treinta adiciones al Catálogo de Alcocer. Enero-Diciembre 1990 SANTANDER IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL SIGLO XVIII. CIENTO TREINTA ADICIONES AL CAT ALOCO DE ALCOCER En 1926, Mariano Alcacer Martínez daba a la luz su Catálo go razonado de obras impresas en Valladolid, 1481-1800.1 A pe sar de sus carencias -pago obligado al estado· de la ciencia ca talográfica de su época y a las limitaciones que el autor tuvo para acceder a un mayor número de fondos-, el mérito y el in terés del trabajo se imponen al usuario que acude a sus pági nas. Sus dos mil seiscientas entradas son fruto notable de una investigación calificada de «penosa y delicada» por su respon sable, que refleja, de una manera o de otra, tres siglos largos de cultura -de vida, en general-, en una capital castellana de marcados altibajos. Una buena parte de los impresos reseñados pertenecen al siglo XVIII. Las razones de esta supremacía son obvias: fue ron más de partida y dieron menos oportunidades al tiempo para diezmarlos. Casi la mitad -mil ciento noventa y dos 2lo son fehacientemente, al constar el año de impresión. Otros, una porción importante de los trescientos que no llevan fecha, presentan indicios claros sobre su adscripción a este último tramo cronológico del Catálogo.3 Dominan, naturalmente, las Valladolid, Imprenta de la Casa Social Católica, 1926. Con mención de impresor (n.0 1037-1693) y sin ella (n.0 2062-2596). 3 Sin año (n.0 1694-1890) y sin pie de imprenta (n.0 1891-1993). 271 GERMÁN VEGA GARCfA·LUENGOS BBMP, LXVI, 1990 piezas ocasionales y de escasa foliación: novenas, cartillas, or denanzas, etc. Pero tanto las' extensas como las breves, las de cariz literario como las funcionales, son testigos locuaces en los que se han apoyado los trabajos que, desde distintas cla ves, han querido descifrar la historia dieciochesca de la capi tal castellana.4 En principio, cabe pensar que ese casi millar y medio de ediciones localizadas por Alcocer ofrece un panorama suficien temente completo y representativo de las distintas esferas en las que la industria impresora atendió a la demanda ciudadana durante el siglo XVIII. Sin embargo, creemos que deben intro ducirse ciertas matizaciones en esa pintura conjunta de acti vidades relacionadas con la letra impresa. Efectivamente, el Ca tálogo de Alcocer no permite atisbar en la capital castellana la florescencia de una oferta de literatura popular de romances y coplas, con cuerpo de pliego suelto, tan característica de las ciudades más dinámicas de la centuria. Las nueve entradas de este género de impresos en el repertorio del bibliotecario y ar chivero de la Universidad de Valladolid 5 dejan francamente desarropados los testimonios antiguos que perfilan un volu men crecido de impresos de esta categoría.6 4 Ver J. M. Palomares, Imprenta e impresores de Valladolid en el siglo XVIII (Valladolid, Universidad, 1974); C. Almuiña, Teatro y cul tura en el Valladolid de la Ilustración. Los medios de difusión en la segunda mitad del siglo XVIII (Valladolid, Ayuntamiento, 1974); VV AA, Valladolid en el siglo XVIII, t. V de la Historia de Valladolid (Vallado lid, Ateneo, 1984), en especial los trabajos de L. M. Enciso, «La Vallado lid ilustrada» (pp. 13-156), T. Egidio, «La religiosidad colectiva de los vallisoletanos» (pp. 157-260) e I. Vallejo, «Ambiente cultural y literario en Valladolid durante el siglo XVIII» (pp. 373-406). 5 Siete de romances (n.0 1586, 1782, 1783, 1784, 1866, 1867 y 1885) y dos ele coplas (n.0 1895 y 1915). 6 R. Floranes, por ejemplo, predica de Alonso del Riego, el más notable de los impresores vallisoletanos de los dos primeros tercios, que «se hizo famoso y conocido en los rincones más apartados del Reyno por el torrente de coplas y romances que le inundó» (Memoria de los impresores de Valladolid desde el principio de la imprenta en la Ciudad hasta oy, Biblioteca Nacional, Ms. n.0 10.501). De todo ese «torrente» sólo reseña Alcacer cinco pliegos de romances. Eri el testamento de este mis272 BBMP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL S. XVIII Sin abandonar la literatura de pliegos, pero yendo ya a nuestro núcleo de interés, hay que mencionar al teatro como una de las parcelas más oscurecidas dentro de ese panorama. Evidentemente, las tres fichas de piezas dramáticas que Alco cer nos muestra 7 no permiten, en absoluto, conceder a la ca pital castellana un espacio en esa geografía de impresos teatra les, de comedias sueltas, tan significativa de la cultura ochocen tista peninsular. Y sin embargo, ese espacio le corresponde, aunque sea más humilde que el de los grandes focos de difusión, como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia. Ahí están para reclamarlo estas ciento treinta y cuatro entradas de la tipo grafía vallisoletana del siglo XVIII que ahora ofrecemos al estudioso y que permitirían, además, especulaciones sobre ele vadas cifras de ediciones sin localizar.8 Así pues, durante el siglo XVIII, en el área castellana, Va lladolid compartiría con Salamanca 9 la tarea de servir «a buen precio» -tal como consta en algunos colofonesun número mo empresario, extractado por J. M. Palomares (o. c., p. 54), figuran, como parte de «las impresiones de la casa en papel» que debe recibir su hija María, «73 resmas y 8 manos de 'Romances'». Asimismo cons tan, entre los impresos de la misma categoría «146 resmas y 17 manos ele 'Comedias'». 7 n.0 1714, 1717 y 1853. Dejamos fuera la edición de La juventud triunfante (Valladolid, Imprenta de la Congregación de la Buena Muer te, 1746). porque se resiste a ser considerada como las otras, aunque contiene algunos diálogos (n.0 1219). s Vid. infra, p. 283, donde se habla de los números de serie exis tentes en algunas de las ediciones conocidas. 9 En atención a los ejemplares hoy conocidos, la palma se la lleva Salamanca, merced a la dilatada producción de la Imprenta de la Santa Cmz. De sus tórculos salió una difundida serie numerada de comedias -brillantemente reconstruida y analizada por Julián Martín Abad («Se ries numeradas ele la Imprenta salmantina de la_ San Cruz», Revista Provincial de Estudios (Salamanca), n.o 20-21 (1986), pp. 147-200)-, amén de sendas colecciones de entremeses y autos, y otras ediciones extra secuenciales. En el panorama castellano, fuera de estas dos ciudades -y de Burgos, escasamente representada por las sueltas salidas de la Imprenta de la Santa Iglesia-, el volumen de impresos teatrales loca lizados es mínimo. 273 GERM,{N VEGA GARCÍA-LUENGOS BBMP, LXVI, 1990 nutrido de piezas dramáticas, urdidas según las fórmulas end 1 . t . 10 sayadas y consagra as en a centuria an enor. LAS LOCALIZACIONES Y LAS PÉRDIDAS Sea cual sea la interpretación que se dé a indicios como el de las ediciones numeradas, es evidente que las ciento treinta y cuatro fichas de nuestro repertorio no recogen la producción teatral completa de las prensas vallisoletanas. Estos impresos conocidos tinen desperdigados sus ejemplares aleatoriamente por los diferentes fondos constituidos con la paciencia colecto ra de curiosos y eruditos. Si cotejamos sus índices de conserva ción con los que alcanzan los procedentes de otras imprentas, se destaca su rareza. Esto puede venir del volumen menor de las tiradas o de la mayor circunscripción de su mercado. Aña dido todo ello, por supuesto, a esa caducidad consustancial que les impone su formato. El cuerpo en el que estas piezas se en carnan, reducido y débil, no les dota de las armas necesarias para defenderse del tiempo. Esto aún se acentúa más en el cas� de los entremeses; de ahí que sean muchos menos los locali zados. Tampoco su destinatario les presta demasiada ayuda. El público no las compra para coleccionar, sino para consumir, como hace con esos productos que comparten mención en los colofones: Coplas, romances, relaciones. Es decir, literatura de cordel, literatura de diario. Es tarea difícil calcular cuántas ediciones se nos escapan, por no haber dado aún con ellas o porque se han perdido para siempre. Nos tememos que hay más en este segundo supuesto 10 En otro lugar hemos intentado analizar las relaciones que se ·establecen entre los dos canales de difusión de los textos dramáticos -los escenarios y las prensasen Valladolid. La ciudad castellana ofre ce buenas posibilidades para un estudio de este tipo, al contar con.la información suficiente sobre fechas y títulos de todas las comedias representadas «oficialmente» en el Patio de Comedias durante la etapa ·en que se produce la emisión de sueltas («El teatro barroco en los es cenarios y en las prensas de Valladolid durante el siglo XVIII», en Teatro del Siglo de Oro. Homenaje a Alberto Navarro González, Kassel, Reichenberger [en prensa)). 274 BBMP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL S. XVIII que en el primero. La búsqueda se ha llevado a cabo en un número de ficheros y de catálogos notable. Y con este califica tivo no queremos aludir únicamente a su número, sino también -y sobre todoa su condición: entre ellos están los de las tres bibliotecas que con bastante probabilidad se sitúan a la cabeza en la custodia de este tipo de fondos del teatro español antiguo: la Biblioteca Nacional de Madrid, la del Institut del Teatre de Barcelona y la de Menéndez Pelayo de Santander. Respecto a los repertorios bibliográficos consultados, se ha contado con la inapreciable ayuda de los dedicados a Calderón, Lope de Vega, Mareta y Pérez de Montalbán, amén de otros de autores menos representativos.11 A los mencionados, y en ese mismo orden, les corresponden los primeros puestos en la lista de autores más veces editados en Valladolid 12 y en otros centros durante los dos primeros tercios de la decimoctava centuria.13 Además de las ciento treinta y cuatro ediciones incluidas, hay otras cinco que presentan una situación especial. Se trata de otros tantos entremeses sueltos reseñados en las listas de A. Durán 14 y E. Cotarelo,15 con la única especificación de Va11 Ver más adelante el apartado «Claves de las bibliotecas y de las referencias bibliográficas». Estos repertorios, naturalmente, son de desi gual fiabilidad. 12 Ver el «Indice de autores y obras» al final del trabajo. IJ En el caso vallisoletano, Calderón acapara el 20 % del teatro que se imprime y se representa (Ver G. Vega, l. c.). Pues bien, este dra maturgo cuenta con el admirable catálogo de K. y R. Reichenberger, que ha controlado la presencia de textos calderonianos en un plantel de fondos crecidísimo. Las adiciones a este repertorio se presentan como una tarea muy ardua. Otro tanto puede predicarse del que sobre Pérez de Montalbán ha realizado M. G. Profeti, aunque el volumen de impresos de este autor suponga una tercera parte en relación con el de Calderón. 14 Inventario de la Librería que fue del Excmo. Sr. D. Agustín Du rán comprada por el Gobierno de S. M. con destino a la Biblioteca Na cional en virtud de R. O. fecha de 27 de junio de 1863, en Memoria re mitida al Excmo. Sr. Ministro de Fomento ... , Madrid, Rivadeneyra, 1865, pp. 30-114. 15 Bibliografía y catálogo de entremeses, loas, bailes, jácaras, mo275 GER�IÁN VEGA GARCÍA-LUENGOS BBMP, LXVI, 1990 lladolid como ciudad de emisión: El maestro de niños (Cota relo, nº 31), La mariquita (Durán, p. 83a), El melonar y la res pondona (Cotarelo, n.º 31), Los porfiados (Cotarelo, n.º 31), y El zahorí (Durán, p. 84a y Cotarelo, n.º 31). Hoy día son iloca lizables los veinticuatro volúmenes colecticios de la Biblioteca Nacional (T-1.258-81) consignados por Cotarelo en el n.º 31 de su catálogo y los legajos en 4.º y 8.º con entremeses de los fondos de A. Durán adquiridos por dicha institución en 1863. Muy probablemente estas ediciones vallisoletanas pertenecen al siglo XVIII: así lo indican, entre otros factores, las fechas de las colindantes en los volúmenes y legajos que las acogen. Sin embargo, ante la posibilidad de que hayan salido de la impren ta de los -Santarén ya en el siglo XIX, hemos preferido men cionarlas aquí y no incluirlas en el catálogo. Los IMPRESORES La historia del teatro impreso en Valladolid aparece asocia da a una sola familia,16 cuyo egregio primer representante, Alonso del Riego, acapara más del 90 % del total. Su nombre consta en ciento veintidós de las ciento treinta y cuatro edicio nes localizadas. Las restantes salieron de los talleres conecta d�s familiarmente a través de sus hijas Tomasa y María, ca sadas respectivamente con Tomás de Santander y Andrés Gue rra Mantilla.17 Alonso del Riego ejerce su profesión entre 1714 y 1762: ambas fechas son las más extremas que aparecen en sus impre sos. Su domicilio social y particular se ubica en la calle de la Librería, «junto a la Universidad». En el Catálogo de Alcacer jigangas y fines de fiesta. Manuscrito inédito de la Biblioteca Nacional. Ms. 21.621/1-10. t6 La única excepción es la edición n.0 44, en la que no consta el nombre del impresor. 11 En J. M. Palomares (o. c., pp. 44-58) pueden encontrarse intere santes datos sobre la trayectoria de estas do·s imprentas. 276 DDMP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL S. XVIII se registran ciento veinticinco ediciones de este empresario que ostentará los títulos de impresor de la Universidad, del Santo Oficio y de la Catedral. Dominan con claridad los contenidos re ligiosos: escritos ascéticos, teológicos, hagiográficos, novenas, sermones, bulas, villancicos, ctc.18 Las entradas de Alcacer dan la espalda a una faceta fundamental del proyecto editorial de Alonso del Riego: la literatura de pliegos sueltos. Las diez do cenas largas de sueltas que aquí se reseñan conceden a este tipo de impresiones una primacía ventajosa sobre cualquier otro, llegando incluso a igualar al resto de la producción conocida. Como suele ocurrir en los restantes testimonios de literatu ra de pliegos del empresario vallisoletano y de muchos otros ele la península, es raro que figuren fechas en las sueltas. Tan sólo seis la hacen constar: una en 1720 y cinco entre 1749 y 1751.19 Para el resto está la acotación harto amplia de los años aducidos más arriba. Los análisis detallados del papel, ele la letrería, ele la decoración tipográfica, del texto de los colofo nes, ayudarán a agrupar y datar con márgenes aceptables la mayor parte de este corpus. En Alonso del Riego encuentran arranque otros talleres fa miliares. Tal es el caso del comandado por Andrés Guerra Man tilla, casado con María del Riego, hija menor de nuestro li brero. Su oficina se encuentra instalada en el Ochavo; así reza en algunos colofones. El matrimonio se ve decididamente res paldado por Alonso del Riego, como puede apreciarse en algu nas disposiciones referentes a la herencia.20 Según consta docu mentalmente, entre los bienes recibidos por María como hijue la materna, estarían las existencias de almacén de distintos ti pos de «impresiones ele la casa», con las 'Comedias' y los 'Ro mances' ya mencionados como conjuntos más numerosos. En Alcacer sólo constan once impresos con su nombre. Se extraña J. M. Palomares del escaso rendimiento que Andrés Guerra le saca a las facilidades concedidas por su suegro; lo que -en 1s Ibíd., pp. 43-44. 19 1720: n.º 115; 1749: n.0 68 y 69; 1751: n.0 128. 20 lbíd., pp. 54-55. 277 GERM�N VEGA GARCÍA-LUENGOS BBl\lP, LXVI, 1990 su opiniónpodría explicarse por una escasa afección hacia un oficio en el que se ve introducido tardía y fortuitamente, o por la corta permanencia al frente del negocio, a causa de su prematura muerte.21 Creemos que es más bien ésta la causa de su exigua producción localizada. Las fechas consignadas en sus impresos sólo cubren el breve lapso que va de 1764 -el año siguiente de morir su suegroa 1769. Así pues, lo que en cifras absolutas puede parecer escaso, no lo es tanto en una consideración comparativa: Las once entradas de Guerra Man tilla presentes en Alcocer para seis años constatados configu ran una ratio no tan lejana de la que marcan las ciento veinti cinco de Alonso del Riego para cuarenta y nueve (1,83 ediciones por año, frente a 2,55). Por otra parte, hay indicios de que se produjo un truncamiento en su trayectoria empresarial. Pre cisamente, en el impreso de fecha más tardía -un tratado de derecho en obligado latín (Alcocer, n.º 1.408)- le atisbamos es calando posiciones en su oficio, al ser la única vez que su nom bre se acompaña de algún título: «Typographum Ciuitatis & Sanctae Inquisitionis». Después el silencio. Son nueve las entradas novedosas de nuestro repertorio en relación con este impresor, correspondientes a otros tantos en tremeses sueltos (núms. 3, 4, 33, 66, 99, 123, 125, 127 y 134), cuya datación, considerando lo anteriormente apuntado, pue de hacerse con bastante mayor precisión. Así pues, Andrés Gue rra Mantilla parece haber heredado el testigo teatral de su suegro, no sólo poniendo a la venta los materiales heredados, sino también editando nuevos textos. Hay que considerar estos impresos localizados como especímenes rarísimos, desde una doble perspectiva: son ediciones que conocemos a través de un único ejemplar,22 y a la vez, suponen -en buena parte de los 21 Ibíd., p. SS. 22 Todos ellos se encuentran encuadernados en un tomo colectivo junto con otros entremeses provinientes de Salamanca y Burgos. El tomo se custodia actualmente en la Biblioteca del Institut de Teatre de Barcelona (Vitrina A, Estante 6), y fue propiedad de Emilio Cotarelo, quien lo reseña en el n.0 107 de su Bibliografía y catálogo de entre meses ... 278 BBMP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS_ DEL S. XVIII casos 23-los únicos testimonios conocidos de las piezas res pectivas. La tradición teatral en esta rama de la familia no acaba aquí, sino que alcanza a María del Riego, cuya regencia en el negocio se nos presenta aún más fugaz. Precisamente, el único impreso que conocemos con su nombre es el titulado El botica rio (n.º 9), drama jocoso traducido del italiano.24 Las diferencias con lo publicado por sus antecesores son notables: Se trata de un texto operístico, que rompe con la tradición de piezas barro cas y postbarrocas de Alonso del Riego y Andrés Guerra Man tilla. Por otra parte, siguiendo una pauta que se va imponiendo en el último tramo de la centuria,25 la impresión de los textos está conectada con su representación local. El cambio, en fin, afecta también al formato: presencia de portada, tamaño 8.0, número superior de páginas, etc. El otro ramal familiar de los Del Riego que se dedica al negocio de las prensas es el que encabeza Tomás de Santan der, casado en primeras nupcias con Tomasa del Riego. Parti cipa en los negocios de su suegro en un principio, aunque las 23 Con excepción del de La duca (n.0 33) y el de La manta de Bena vente (n.0 66), cuyos textos reproducen una serie más o menos dilatada de manuscritos y ediciones antiguas. 24 N. Alonso Cortés la considera anterior a 1774, año en que la com pañía de Teresa Penchi y Bartola Torri -cuyo reparto aparece en la segunda página del impresopresenta una instancia para representar ópera en Valladolid. Esta petición suscita un interesante debate sobre la aceptación de este tipo de representaciones, ajenas a la tradición española, y costosas para una ciudad y unos ciudadanos en decadencia, según apreciación de uno de los contendientes. En el Archivo del Ayun tamiento de Valladolid hay documentación al respecto, que el propio N. Alonso Cortés ha extractado (El teatro en Valladolid, Madrid, Tipo grafía de la Revista de Archivos, 1923, pp. 139-41). Ver también C. Al muiña, o. c., p. 117. Conocemos otra edición de la pieza a cargo de la imprenta sevillana de Manuel Nicolás Vázquez. Esta, en la que no figura ningún reparto, lleva fecha de 1764; lo que también puede servirnos de referencia. 2s V. g. la Colección de las mejores comedias nuevas que se van representando en los teatros de esta Corte (Madrid, Manuel González Ramón Ruiz-Antonio Cruzado, 1789 y ss.). 279 GERMi<N VEGA GARCÍA-LUENGOS BBMP, LXVI, 1990 relaciones con los miembros de esta familia se irán compli cando. Es patente el progresivo apoyo de Alonso del Riego en Andrés Guerra Mantilla. La separación se sanciona con la muer te de su mujer por el tiempo en que también sobreviene la de su suegro. Establecido por cuenta propia, pone en marcha una de las imprentas más venturosas de la ciudad. Al morir en 1782, la regentará su viuda, María Benita Fernández Chiscano. En los talleres de los Santander sólo se imprimió una pieza dramática, que conozcamos, siendo también la última de la centuria en la capital castellana: La conquista de Valladolid por el Rey Don Alfonso el Magno (n.º 18), dramón histórico a la moda, del que es autor Paulino Antonio Fernández, actor de la Compañía encargada de su representación en febrero de 1787.2, El impreso, con el pie de la Viuda de Santander, lleva esta misma fecha. Nos encontramos, pues, ante otro caso en que la estampación sigue a la exhibición, intentando atender la demanda de un público atraído por el tema iocal. También su formato difiere del utilizado en las sueltas más rancias. Los FORMATOS Las ediciones vallisoletanas se acomodan fielmente a las pautas generales vigentes en todos los centros difusores de co medias y entremeses sueltos. Como ocurre con las fórmulas dramáticas e incluso con los propios textos, también los forma tos son herencia antigua.27 Con variaciones poco significativas, este tipo de soporte impreso del teatro barroco ha ido atrave sando la centuria anterior, aumentando su ritmo de crecimiento en el avance, para desembocar en el siglo XVIII, y experimen tar aquí su gran apogeo.28 26 Nos son conocidos· diferentes datos acerca de su exhibición, así como la crítica despiadada que Beristáin Je dedica en el Diario Pinciano. Ver N. Alonso Cortés (o. c.), pp. 174-76 y C. Almuiña (o. c.), pp. 147 y 159. 21 Existen dos casos, ya vistos, que presentan diferencias: n.0 9 y 18. 2a Ver E. M. Wilson, «Comedias sueltas: A bibliographical problem», en The Criticism of Calderón's Comedias, vol.. I de Pedro Calderón de la Barca: Comedias. A facsimile edition, eds. D. W. Cruickshank y J. E. 280 BBI\IP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL S. XVIII Dependiendo de los géneros, existen dos formatos básicos: Tamaño cuarto y texto a dos columnas para comedias y autos; tamaño octavo y texto a una sola columna en los entremeses. Uno y otro mantienen características comunes. Por lo general, no presentan portada. El título de la pieza en mayúsculas .ocupa la parte superior de la primera página. En las comedias, �l género más abundante en testimonios, éste suele ser precedi do de la fórmula habitual de «COMEDIA FAMOSA», pero tam bién «GRAN COMEDIA» o «COMEDIA NUEVA». En esto Alon so del Riego, sobre cuya producción, obviamente, debemos cen trar estas consideraciones generales, es menos constante que otros impresores. Al título le sigue el nombre del autor en. m� yúsculas cursivas y la relación de las dramatis personae distri buida en un número de columnas que varía de dos a cuatro. Tras la fórmula de «JORNADA PRIMERA» arranca el texto. Se cierra éste con la palabra «FIN» y un colofón en el que aparece el nombre del impresor, sus títulos como tal, la propaganda de otros productos de la misma imprenta, con especial énfasi� ,en los que guardan estrecho parentesco en for�ato Y funci�n. También puede aludirse a la baratura de los mis�os y menci?· narse el domicilio, para completar con coherencia el mensaJe publicitario.N Una buena parte de los colofones de Alonso del Riego se agruparía en torno a tres modelos básicos. Análisis más �eta llados, que consideren la producción fechada de nuest�o libre ro, las calidades del papel, etc., permitirán la ordenación cro nológica -relativa, al menosdel material. Trataremos de Varcy (London, Gregg International Publishers -Tamesis Boo�s, 1973)'. pp. 211-219; E. M. Wilson y D. W. Cruickshank, «The comedia suelta: History of a format», en Sanzuel Pepy's Spanish Pl�ys (London, The B1bliographical Society, 1980), pp. 85-120; D. W. Cru�ckshan�, «Calderón y el comercio español del libro», en K. und R. Re1c?enbe1ger, !"1anual bibliográfico calderoniano, vol. III (Kassel, Ed. Re1chenberge1, 1981), pp. 9-16. . A 29 En líneas generales, el parentesco entre Alon�� del Riego Y ndrés Guerra se refleja también en los elementos utilizados en los colofones. 281 GERMÁN VEGA GARCÍA-LUENGOS BBMP, LXVI, 1990 ofrecer estos modelos tal como aparecen en casos concretos. La mayor parte de los restantes se asociarían con variantes poco significativas a éstos: a) En Valladolid: en la Imprenta de Alonso del Riego, en donde se hallara esta, y otras distintas, Libros! E_ntre meses, Coplas, Historias, y Estampas. b) Impressa en Valladolid, en la Imprenta de Alonso del Riego, donde se hallara esta Comedia, y otras de dife rentes titulos; y assimismo Libros, Coplas, Historias, Entremeses, y Estampas, todo a buen precio. Vive en la Libreria, enfrente de la Real Universidad. c) Impressa en Valladolid: En la Imprenta de Alonso del Riego, Impressor de la Real Universidad, y del Santo Oficio de la Inquisicion, donde se hallara esta, y otras de diferentes titulas: Y Entremeses, Historias, Coplas, Estampas, y diferentes generas de Libros. Vive a la Calle de la Libreria. En cuanto a la extensión, la tendencia es a utilizar entre cuatro y cinco pliegos 4.º en las comedias (16-20 hojas, 32-40 páginas) y medio o uno entero 8.0 (4-8 hojas, 8-16 páginas) en los entremeses.30 Muchos de los pliegos utilizados para las suel tas por Del Riego presentan un papel característico, tosco y de mayor gramaje que el que suelen utilizar otras imprentas pa ralelas. Dicho papel bien pudiera proceder del propio molino que para tal fin tiene en el término municipal de Ibeas, a ori llas del Arlanzón.31 El aspecto de las sueltas de Alonso del Riego es muy vario pinto, más de lo que permite explicar la amplitud del período en el que pudieron ser compuestas. Si quien está habituado a trabajar con este tipo de impresos le puede bastar con un vis30 En Alonso del Riego predominan las ediciones sin numeración de páginas. En cambio la mayoría de los entremeses de Guerra Mantilla sí que la tienen. 282 31 Ver J. M. Palomares (o. c.), pp. 36 y ss. BBi\lP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL S. XVIII tazo superficial para averiguar la imprenta de procedencia, eso no es tan fácil hacerlo con las de este librero. Sus productos se manifiestan poco constantes a la hora de mantener un mis mo tipo de decoración tipográfica, ele distribuir y presentar los títulos, de paginar, de dar o no un número de serie a las distin tas ediciones. Es este último punto mencionado uno de los más llama tivos de la producción teatral de Del Riego. La práctica de nu merar sueltas, enhebrándolas en series, viene también de la centuria anterior.32 Los números -patentes en uno de los án gulos superiores de la primera páginaparecen buscar el que los clientes, en su afán coleccionista, queden obligados a nue vas compras, a la vez que sugieren una ordenación en un posi ble volumen. Con el siglo XVIII la costumbre se difunde hasta afectar a buena parte ele las imprentas dedicadas a la publica ción de sueltas. Son treinta y cinco las ediciones de Del Riego que presentan número en el presente repertorio, de un total de ciento treinta y cuatro. Todas ellas son comedias. No es extraña la combinación de sueltas con y sin número en la pro ducción de una imprenta,33 lo que es más extraño es la abun dancia de huecos, una vez que la rebusca de ediciones se ha llevado a cabo en un amplio y significativo número de bibliote cas y catálogos. En el apartado de índices del final, se puede apreciar la desoladora situación de la presunta colección. No conocemos ninguna otra serie del siglo XVIII tan negada a su reconstrucción. De haber existido en su integridad, y teniendo en cuenta que el 241 es el número más alto de los conservados, 32 Ver K. Reichenberger «El 'Jardín Ameno'. Primeros pasos hacia la reconstrucción de una colección de comedias de finales del siglo XVII hasta comienzos del siglo XVIII», en El teatro español a fines del si glo XVII. Historia, Cultura y Teatro en la Esvaña de Carlos II (Amster dam, Rodopi, 1989) vol. 11, pp. 287-97. 33 Así ocurre, por ejemplo, con la mencionada imprenta salmantina de la Santa Cruz, o con la sevillana de los Hermosilla. Por contra, hay imprentas de las que únicamente conocemos sueltas numeradas: la de los Leefdael, la de Padrino, la de los Orga, etc. 283 GERMÁN VEGA GARCÍA-LUENGOS BBMP, LXVI, 1990 faltarían aún por localizar doscientas seis ediciones,34 demasia das para el siglo XVIII, aunque se trate de impresos de tan eva nescente factura.35 Los TEXTOS DRAl\.JÁTICOS Centrándonos ya en la letra de los textos, podrían sinteti zarse algunas notas caracterizadoras del material incluido en el repertorio 36: a) La primacía de los textos de la centuria anterior: Tal aserto surge de inmediato al consultar el índice de autores y obras del final: las cifras son harto elocuentes. Como ocurre en los escenarios, pero aún <le forma más marcada en las pren sas, los dos primeros tercios del siglo XVIII presencian la vi gencia plena de los dramaturgos del Seiscientos, con Calderón claramente a la cabeza, según apuntamos. Le siguen a distan cia, y en este orden: Lope, Moreto, Montalbán, Monroy, Rojas Zorrilla, Matos y Luis Vélez. Todos ellos son autores cómicos del siglo XVII y acaparan, con más de seis ediciones cada uno, los primeros puestos. Pero si continuásemos el descenso, per sistirían en su dominio los nombres del siglo anterior. En rea lidad, de los cuarenta y nueve autores identificados, sólo una docena podrían asignarse al siglo XVIII; y ninguno de ellos cuenta con más de un título en la lista, si exceptuamos a Cañi zares con tres. b) La preferencia por el teatro religioso: Una treintena de ediciones entran de lleno bajo esta etiqueta; amén de mu34 En cambio, dos ediciones de comedias diferentes llevan el nú mero 21. 35 Parece más adecuado pensar que nuestro impresor -no dema siado escrupuloso en ninguno de los niveles de su trabajoutilizó los números un poco caprichosamente, salteándolos o utilizando algunos tramos de numeración y renunciando a otros. Tocio ello en un afán de acomodarse superficialmente a los usos vigentes. 36 Para un mayor desarrollo de los distinto_s puntos, consúltese G. Vega, l. c. 284 BBMP, LXVI, 1990 IMPRESOS TEATRALES VALLISOLETANOS DEL S. XVIII chas otras que tienen en lo religioso un tema fundamental. Au tos de Nacimiento y Sacramentales, comedias bíblicas, de san tos, marianas y de leyendas piadosas alcanzan en la capital cas tellana una especial aceptación, que tiene que ver con la pie dad, pero también con la aparatosidad y fantasía que las hace triunfar, junto con las de magia, en los corrales.37 c) La relativa desconexión entre el teatro representado y el impreso: Menos de un 40 % de las piezas editadas conocidas tiene atestiguada su exhibición en el Patio de Comedias durante los dos primeros tercios del siglo. A pesar de que las tendencias sean comunes en líneas generales, ambas modalidades de difu sión manifiestan cierta independencia en la elección de los tex tos concretos. Alonso del Riego parece estar más pendiente de lo que otros imprimen que de lo que se representa en su lo calidad. d) La utilización de otras sueltas como modelos: Las edi ciones controladas de nuestro impresor más prolífico parecen guardar una relación estrecha con el producto de otras im prentas españolas. En este mapa ele relaciones, Del Riego se si túa en régimen de dependencia.38 e) La escasa fiabilidad en las atribuciones y en la letra de los textos: Estamos ante un producto comercial que hace depender su aceptación del reclamo que algunos dramaturgos puedan ejercer sobre los clientcs.39 Esto incita a trocar las auto rías, beneficiando a los dramaturgos más cortocidos, con Cal derón y Lope a la cabeza en el caso vallisoletano. Es cierto que esto es prática generalizada en el teatro español, pero pocos 37 Ver I. Vallejo, «El teatro en Valladolid durante el siglo XVIII: Autores y obras más representados», Castilla, n.0 6-7 (1983-1984), pp. 143-150. 3S El resto de las ediciones vallisoletanas, por contra, manifiestan una notable autonomía, como se ha ido apuntando. 39 En la difusión impresa del teatro parece cobrar importancia la mención de la autoría, frente a los usos que en la esfera de las exhibi ciones tienden a primar como reclamo los títulos y la clasificación ge nérica de las piezas. 285