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Inquietudes en la parte española de la isla sobre la sublevación de los esclavos en Saint-Domigue

Porro Gutiérrez, Jesús María

Abstract

Producción Científica

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INQUIETUDES EN LA PARTE ESPAÑOLA DE LA ISLA, SOBRE LA SUBLEVACIÓN DE LOS ESCLAVOS EN SAINT-DOMINGUE. Jesús M* Porro Gutiérrez. Universidad de Valladolid. No es nuestra intención ocuparnos en este trabajo de las causas desencadenantes de la sublevación de los esclavos en Saint-Domingue, a partir de los acontecimientos revolucionarios acaecidos en Francia, sino que pretendemos analizar las inquietudes que provocaron dichos hechos -desde su inicio hasta el final de la guerra con Francia-, a través de la correspondencia oficial del Brigadier Joaquín García, Gobernador en Santo Domingo -dirigida al Conde del Campo de Alange-, completada con algunas cartas de los generales negros dirigidas al propio García. Una vez conocida en Saint-Domingue la noticia de la toma de la Bastilla, los mulatos y hombres de color libres reivindicaron para sí la igualdad de derechos, respecto a los blancos. Tras los intentos fallidos de sus diputados ante la Asamblea Nacional, los debates parisinos tuvieron su reflejo en la colonia^ y, los sentimientos de hostilidad hacia los mulatos y determinadas personas que representaban la autoridad del Antiguo Régimen fueron evidentes. La negativa actitud de la Asamblea Nacional - presionada por los integrantes del Club Massiac - provocó la insurrección de un grupo de mulatos, acaudillados por Ogé y Chavannes. En esa delicada situación comenzó a manifestarse el clima de inquietud en la vecina colonia española, pues ya con fecha de 25 de noviembre de 1790, el Gobernador García remitió un informe a la península, explicando las primeras disposiciones que tomó, para asegurar la frontera, ante la sublevación^. Desarticulados los alzados por el Coronel de Cambefort, la represión fue brutal, pero no produjo el resultado deseado por los blancos^. Los mulatos del Sur y el Oeste se organizaron militarmente en torno a Bauvais, Lambert y Rigaud, y en agosto de 1791 consiguieron su primera victoria frente a los colonos blancos. ¿Cual era la situación de la población esclava en Vísperas de la sublevación? Los investigadores que se han ocupado del tema, coinciden en afirmar que las condiciones d^ vida eran extremadamente duras y miserables para los negros, sometidos a trabajos excesivos y con frecuencia extenuantes, así como a la intemperancia, cólera, crueldad y brutal represión por parte de sus amos*. ' Estos hechos aparecen bien reflejados en la obra de José Luciano FRANCO: H* de la Revolución de Haití. La Habana. 1966. p. 185-196. También son interesantes las exposiciones de Jean JAURES: H* Socialista de la Revolución Francesa. Tomo II (La obra de la Asamblea Constituyente). Buenos Aires. 1946 y Jean Chrisosforme DORSAINVILE: Manuel d'Histoire d'Haitf. Port-au-Prince. 1949. ^ Archivo General de Simancas. Guerra Moderna (en lo sucesivo A.G.S. G.M.), leg. 7,149, n* 396. Informe de García al Conde del Campo de Alange. El Gobernador ordenó que fueran aprestadas las tropas de lanza y machete; además, debían reunirse las Cías, de Dragones y otras dos del Batallón de la Plaza reforzarían la frontera por el lado sur. ' Ogé y Chavannes se refugiaron en territorio español, pero al ser reclamados por la Asamblea del Norte, García decidió entregarlos a los agentes franceses. Ambos cabecillas fueron cruelmente ejecutados en Cap-Fran9ais, en febrero de 1791. Vid. FRANCO [11, p. 200. * Al respecto la información existente es realmente patética. Vid. la mencionada obra de FRANCO [1 ], p. 137-140 y 203- 204. En lo tocante a la vida de los esclavos en las plantaciones, vid. P. GASTON-MARTIN: Histoire de l'esclavaqe dans les colonias francaises. París. 1.948, y también Gabriel DEBIEN: Les esclaves aux Antillas f rancaises (XVir-XVIll* siécles). Basse- Terre/Fort-de-France. 1.974; el autor ofrece una completa visión sobre los esclavos: orígenes, lugares y tipos de trabajo, vestidos, casas, creencias, estado sanitario, cimarronaje, etc. Hay dos obras antiguas que conviene consultar, las de Antoine METRAL: Les esclaves. 2 vol?. París. 1.836 y Víctor SCHOELCHER: Esclavaoe et Colonisatión. París. P.V.F. 1.848. 165 Hacía más de un año que los blancos y mulatos de Saint-Domingue dirimían sus profundas diferencias y hablaban de sus privilegios, cuando algunos esclavos se organizaron en busca de la libertad, ideándose un plan para sublevar las plantaciones del Nordeste^, en torno a Cap-Fran^ais'. Toussaint Louverture organizó a los negros, conectando con Boukman, Jeannot, Jean Fran^ois y Bíassou, reservándose él el papel de intermediario entre los cabecillas y el grupo de realistas franceses que instigaron el movimiento. A finales de agosto de 1.791 estalló la revuelta que, en pocos días, alcanzó formidables proporciones: Acul y Limbé en el Norte, Arcábale y Cul-de- Sac en el Oeste, Léogane y Jacmel en el Sur - en las dos últimas zonas Hyacinthe y Lamour Dérance eran los principales jefes -^; el temor de los sublevados a los atroces castigos que les infligían sus amos, así como la brutal represión de los blancos, fueron los principales motivos que ocasionaron la extensión de la rebelión". El propio Gobernador García juzgó la situación tan crítica que, junto con el informe destinado al Conde del Campo de Aiange, envió un expediente completo dirigido al Ministerio de Gracia y Justicia, con la idea de que fuera analizado en la Junta Suprema de Estado. García señalaba los hechos a grandes rasgos, denotando la confusión y profunda impresión que le produjeron las primeras noticias recibidas: "La noche del 22 al 23 de agosto último se manifestó en las inmediaciones del Guáríco... una sublevación de los negros esclavos, algunos mulatos libres Y blancos (según aseguran), dando principio con el depravado hecho de incendiar las habitaciones azucarerías, matando a todo hombre blanco y proclamando la libertad"*. En efecto, las ricas plantaciones azucareras del Cap fueron reducidas a cenizas, pues "ha corrido el fuego por la banda del Leste y parte del Oeste", destacando según el Gobernador las acciones de los mulatos^" y la ' Algunos realistas contrarrevolucionarios que deseaban aprovechar la inquietud de los esclavos en varias plantaciones, para provocar disturbios que entorpecieran la labor de la Asamblea Colonial -empeñada en declarar la independencia de la colonia facilitaron el plan para la sublevación. ° Vid. al respecto la copia -firmada por Garcíade un documento en favor de Toussaint, con instrucciones generales, refrendado por Esteve Senescal del Guárico; lleva fecha de 6-XI-1790. A.G.S. G.M. Leg. 7.157, n* 8. ' Vid. FRANCO 11), p. 209 y 210. ' En esta época la población esclava de Saint-Domingue era muy numerosa, oscilando los cálculos entre los 500.000 y ios casi 700.000 individuos. F. Franco da las siguientes cifras para la colonia: 30.000 blancos -la mayoría funcionarios de le burocracia colonial, soldados y artesanos-, 40.000 mulatos y 500.000 esclavos negros. En contraste, para la parta española da: 35.000 blancos, 38.000 libertos -fundamentalmente artesanos y jornaleros mulatos- y 30.000 negros y esclavos. Vid. Frankiyn J. FRANCO: Los negros, los mulatos v la nación dominicana. Santo Domingo. 1.984; p. 72. Por su parte. Cordero Michel ofrece las siguientes cifras para Samt-Domingue: 46.000 blancos, 56.000 libertos mulatos y 670.000 esclavos negros y mulatos. Vid. Emilio CORDERO MICHEL: La revolución haitiana v Santo Domingo. Santo Domingo. 1.974; p. 28-30. Para la parte española, Moya alega que el censo parroquial de 1.782 da un balance de 119.600 personas, pero no desglosa la cantidad. Vid. Frank MOYA PONS: El pasado dominicano. Santo Domingo. 1.986; parte 1*, aptdo. 2*: Una historia de la población dominicana; p. 36. Yacou contrasta la situación en los territorios franceses y españoles de las Antillas, y da las siguientes cifras: para Saint Dominge (1789) 30.826 blancos, 27.548 libertos y 465.429 esclavos; para Santo Domingo (1788), 30.000, 80.000 y 150.000 respectivamente. Vid. Alain YACOU: La exelavitud en las Antillas francesas y españolas en vísperas de la Revolución Francesa: estudio comparativo. En La América Española en la Época de las Luces. Ed. Cultura Hispánica. Madrid. 1988; p. 327-347. Vid. cuadro en la última página. Respecto al alzamiento de los esclavos vid, Antoine METRAL: Hlstoíre de l'insurrection des esclaves dans de Nord de St.- Domingue. París-Génevé. 1818. * A.G.S. G.M. Leg. 7.149; n* 439. Informe de García al Conde del Campo de Aiange, fechado en Santo Domingo, en septiembre de 1.791. '° *En esta confederación se hallan muchos blancos tiznados, que son los que dirigen los hechos más atroces y delitos de la mayor gravedad'. 166 alarma que cundió entre los blancos - muy inferiores en número -, ante la auténtica avalancha humana que se les echaba encima. Como los primeros enfrentamientos armados no decidieron nada, pese a que el Gobernador Militar General Blanchelande se trasladó al Guárico, para evitar la caída y destrucción del enclave, las autoridades francesas solicitaron ayuda a las de Cuba, Jamaica y Santo Domingo. En lo que respecta a García, éste se mostraba sumamente cauto al analizar la situación; desestimó atender las repetidas peticiones de socorro, justificándose con la falta de instrucciones que, le impedían atender asuntos de tal índole ^^ y, además, consideraba que disponía de pocos efectivos para resguardar la parte española^^, ante la posibilidad de que 'tantos enemigos intenten derramarse por nuestras montañas y pasar a nuestros terrenos a ejercitar el robo, la atrocidad y todos los hechos que son capaces de discurrirse de unos hombres feroces'. Pese a los argumentos de Blanchelande respecto a que para unos y otros la causa debía ser común, pues el objetivo de los insurrectos era el dominio de la isla entera. García expresaba al Ministro que no sabía que actitud tomar, ante la evidente confusión de la situación política en la metrópoli francesa y su colonia ^^. Por último, informaba sobre las disposiciones que tomó para asegurar la frontera, 'poniendo sobre las armas las Milicias... haciendo marchar las compañías del fijo' y, enviando al Brigadier Andrés de Heredía a Dajabón - para que dirigiera las posibles operaciones en la frontera norte -, así como al Coronel Joaquín Cabrera, como Comandante de las zonas Sur y Oeste. Al mes siguiente, escribió García al Conde del Campo de Alange, enviando más información sobre los enfrentamientos en la zona del Guárico. El bando que publicó Blanchelande exhortando a los esclavos a volver a las plantaciones no obtuvo los resultados deseados y, en vista de los apuros pasados, la Asamblea de Port-au-Prince había solicitado ayuda, tanto a las autoridades británicas de Jamaica, como a las españolas de Cuba y Santo Domingo, pero el Gobernador de La Habana - Brigadier Vaillant - manifestó sus reservas sobre el caso, al desconocer los planteamientos de la Corte. El propio García expresaba sus dudas, alegando encontrarse en la misma situación^^. Es preciso señalar la compleja personalidad de García, hombre inteligente, al cual sus ideas de Antiguo Régimen - absolutista y esclavista convencido - no le impidieron negar - en un primer momento, entre septiembre y noviembre de 1.791 - la entrada a colonos franceses en la parte española - excepto mujeres, ancianos y niños -, ateniéndose a la neutralidad y alegando que así los realistas se verían obligados a combatir el desorden en Saint-Domingue, actitud con la que él evitaría 'abrir la puerta a muchos que sólo buscarían refugio por indolentes y pusilánimes"^^; ni tampoco fueron obstáculo para que colaborara solapadamente con los esclavos insurrectos, intentando así erosionar la posición de los revolucionarios franceses o evitar un '^ 'Me faltan las reglas que tanto he deseado para gobernarme'. " Delve opina que García se negó a auxiliar a la Asamblea Colonial, ateniéndose, por un lado a las instrucciones que recibió y, por otro e lo molesto que se sentía con la grave erosión de la concepción absolutista en Francia, así como con la Constitución Civil del Clero. Vid. Carlos Esteban DEIVE: Los refugiados franceses en Santo Domingo. U.N.P.H.U. Santo Domingo. 1.984. Vid. p. 80. " 'Todo es un caos, un desorden y un misterio, que ignoro si mis precauciones y cautelas han de ser con los blancos, con los de color o con todos. No sé como debe mirar la Colonia desde que la Francia en general ha trastornado el orden de sus primeras leyes'. " A.G.S. G.M. Leg. 7.149; n" 442. Informe de García a Campo de Alange, Santo Domingo, 17-X-1.791. Tras las deliberaciones de la Suprema Junta de Estado, por R.O. del 17-IV-1.792 firmada por Campo de Alange, se autorizaba a García para que en caso de necesidad, pidiera ayuda militar a otros gobernadores españoles de las Antillas. "Vid. DEIVE [121, P. 79. 167 posterior dominio de la colonia por parte de los británicos, sabedores de las grandes riquezas de su economía de plantación. Con el paso del tiempo, a pesar de lo expuesto respecto a los esclavos, las noticias de García dejaban traslucir su creciente preocupación en lo tocante al avance de la sublevación. Denunciaba el cariz de los asuntos militares y políticos, así como la incapacidad del gobierno francés en su labor de contención^*; según el gobernador, el entendimiento entre negros y mulatos, trajo como consecuencia nuevos incendios y asesinatos en las personas de los blancos, que quizás se hubieran evitado, de haber mostrado mayor flexibilidad la Asamblea Colonial. Por el Norte y el Oeste los negros habían llegado ya a la frontera y, mostraban una actitud conciliadora hacia los españoles, pero García no se fiaba de ellos^^. En ese sentido, en carta a Heredia del 24 de diciembre, el Gobernador le recomendaba obrar con cautela, pero la protección y el asilo a los buenos hombres de Saint-Domingue debía ser eficaz y notable^". Comenzando el año 1.792 las autoridades españolas de diversos territorios del Caribe recibieron instrucciones del Conde de Floridablanca, relativas a la actitud que debían adoptar respecto al contencioso surgido en el Santo Domingo francés^*: observarían el mantenimiento de una neutralidad absoluta en su trato con todos los blancos franceses, auxiliándolos - por motivos humanitarios - con víveres, armas y municiones, para aliviar su situación. Se hacía especial énfasis en que la insurrección no afectara a territorios de soberanía hispana; consecuentemente. García procuraría que el cordón de tropas en la frontera garantizara contra cualquier posible contagio. Se trataba, en suma de evitar tanto la acción de los revolucionarios franceses, como de ios negros alzados. El último informe de 1.791, que García escribió con fecha de 25 de diciembre, revelaba con claridad el pesimismo del Gobernador respecto al futuro de la vecina colonia francesa: "Corre con velocidad a su total ruina ... cada momento se aumentan los partidos y se toca la anarquía, la guerra civil y la inconstancia. No tienen fe entre sí, ningún acuerdo ni disposición. Los blancos hacen paces ... con los mulatos y estos ... vuelven a su inquietud, y se destruyen a porfía"^". Además, García criticaba a los soldados del Regimiento de Artois, gente insubordinada y corrupta, a quienes hacía responsables del incendio de Port-au-Prince^\ estos sucesos - que él adjetivaba como criminales y atroces - obligaban a una mayor vigilancia, manteniendo a las guarniciones de frontera atentas ante cualquier eventualidad. Las primeras noticias del año 1.792 eran sumamente preocupantes, pues, tras un corto período de tranquilidad - que coincidió con la llegada de los Comisarios Civiles franceses al Guárico -, los colonos hostigaron a los negros y éstos, irritados, arrasaron todo a su paso'^. A los " A.G.S. G.M. Leg. 7.150; n" 206. Informe de García a Campo de Alange. Sar)to Domingo, 25-XI-1.791. " 'No nos han incomodado hostilmente hasta el presente y quieren infundir confianza y amistad... Yo estoy con el ánimo de no dejarlos pasar las líneas... A cada rumor nos ponemos sobre las armas para precaver toda sorpresa'. '" Vid. OEIVE (121, p. 84 y 85. " Vid. FRANCO (1J, p. 216 y 217. ^ A.G.S. G.M. Leg. 7.149; n* 458. Informe de García al Conde del Campo de Alange. " 'Esta tropa ... anhelaba un saqueo general ... y el día 21 del mes pasado de noviembre pegaron fuego a las casas y almacenes del Puerto del Príncipe inmediatas a la mar ... arruinando cuanto les pareció y cometiendo muchas muertes'. " A.G.S. G.M. Leg. 7.150; n* 207. Informe de García a Campo de Alange, fechado en Santo Domingo el 25-1-1792. García expone que los esclavos 'volvieron en sí con ardor a sus atroces delitos, pegando fuego a las habitaciones, azucarerías y demás de los ingenios, robando y matartdo a discreción cuantos blancos caían en sus manos'. 168 ojos de los españoles fue especialmente sensible la acción de los insurrectos en el pueblo de Juana Méndez (Ouanaminthe) - próximo a la frontera por el lado de Dajabón -, tomado a sangre y fuego, tras masacrar a sus habitantes^^. Ante el patetismo de tal hecho, perpetrado en las cercanías de una población española. García se alarmó, ordenando reforzar la frontera con las Compañías de Milicias de la ciudad de la Vega y disponiendo que fueran aprestadas las dos Compañías de Granaderos y cuatro de fusileros del Regimiento de Cantabria - llegado pocos meses antes de Puerto Rico, al mando del Coronel D. Gaspar de Casasola-, para operar allí donde lo exigieran las circunstancias. Las noticias sobre los acontecimientos que vivían en la parte francesa, fueron complementadas por el informe de un particular^^. En la zona Norte, en torno al Guárico, hubo diversos enfrentamientos entre las tropas de Campefort y Daisais y los insurrectos, saldándose con una situación poco ventajosa para los franceses - con una retirada general de sus campamentos, a causa de diversas enfermedades-, que decidieron mantenerse a la defensiva, esperando la llegada de refuerzos de la metrópoli. Los Comisarios Civiles llegaron al Guárico investidos de amplias facultades - para solucionar los disturbios acaecidos en la Colonia - pero ignorantes de la realidad del territorio. Ante la novedad de la llegada de dos compañías de tropa reglada procedentes de Brest y los rumores sobre el próximo arribo de 18.000 hombres más, hubo inquietud en el campo rebelde, en la Grand Riviere y, faltos de víveres, los generales insurrectos intentaron negociar con la Asamblea Colonial y los Comisarios Civiles. Es evidente que cundió el desánimo entre los alzados, pues a cambio de su petición de concesión de libertad para su plana mayor, en un primer momento, algunos jefes estuvieron dispuestos a una sumisión prácticamente absoluta^^; sin embargo, no todos los cabecillas debían compartir éste criterio, pues pocos días después, ante la negativa de la Asamblea Colonial a pactar, se reanudaron las hostilidades: el primer día del año los sublevados levantaron el campo de la Grand Riviere, dirigiéndose a Fort-Dauphin^'. Los habitantes del Guárico, desmoralizados, acusaron al propio Gobernador Blanchelande de complicidad con los negros^^. En el partido de la Plaine du Cap los ingenios fueron pasto de las llamas y, en los de Fort-Dauphin y Maribaroux se perdieron casi la mitad. Diferente suerte corrieron los partidos del Port-de-Paix, Mdle Saint Nicolás, Jean Rabel (en el Norte), Jeremie, Les Cayes, Petit-Goflve (en el Sur), Saint Marc y Port-au-Prince (en el Oeste), donde, gracias a la abundancia de propietarios mulatos las haciendas fueron preservadas, puesto que la hostilidad era contra los blancos. " 'Sin haberse salvado otras personas que las que tuvieron la suerte de acelerar su huida a nuestro terreno, procediendo los negros con tanta inhumanidad que ni a los inocentes perdonaron la vida". " A.G.S. G.M. Leg. 7.150; n* 227-2. Se trata de las noticias dadas por Juan Luis de la Cuesta, Capitán del bergantín La Descubierta, abarcando desde el 1-XII-1.791 hasta el 4-1-1.792. El informe fechado en La Habana el 8-11-1.792 está firmado por Ignacio de Acosta. '^ "Acordaron ... hacer entrar los negros en las habitaciones y devolver los prisioneros blancos que tenían en su campamento ... disculpándose que ellos habían sido puesto(s) en movimiento maliciosamente y con engaño, y que la sangre derramada había sido efecto del desenfreno que en aquel entonces reinaba por la multitud de la plebe desordenada". " 'Diciendo estaban persuadidos que los 18.000 hombres anunciados de Francia venían en socorro de ellos, y que su libertad pendía en subsistir aún 15 días más, por lo que habían tomado el arbitrio de matar todo el ganado que había quedado en los campos y distribuirlo entre ellos económicamente'. " "Fundados en que todos los papeles que circulaban de los negros, se conocía ser dirigidos por uno muy inmediato al Gobierno'. 169 En el mes de enero las operaciones bélicas fueron constantes, alcanzando la guerra caracteres de particular crueldad y salvajismo^', aspecto en el que rivalizaron unos y otros. Los hombres de Jean Frangois tomaron Ouanaminthe y Viassoy intentó, sin éxito, apoderarse de Cap- FranQois. En esa situación, cundió el pánico entre los cultivadores franceses y comenzó el éxodo'"; muchos colonos emigraron: algunos recalaron en Luisiana, Georgia, Virginia o los puertos de Nueva Inglaterra, pero la mayoría se quedaron en los territorios próximos (los más fácilmente accesibles): la parte española de Santo domingo, Jamaica y Cuba (donde muchos se establecieron en la región oriental, acogiéndose a la protección del Gobernador Vaillant). Por su parte, García continuaba con sus inquietudes y aprestos. En el informe que remitió, en el mes de marzo'°, señalaba las disposiciones que tomó para cubrir toda la frontera de norte a sur y prevenir así cualquier posible contingencia: a las órdenes del Brigadier Heredia operaban cuatro compañías del Regimiento de Cantabria, más una de granaderos, tres de dragones y dos de milicias de Santiago de la Vega, todas ellas en la zona septentrional. El Coronel Cabrera mandaba la banda del Sur y el Oeste, con los siguientes efectivos: una compañía de granaderos y otra de fusileros del Regimiento de Cantabria, una de milicias de infantería, dos de dragones y seis de fusileros. Aparte de este fuerte cordón defensivo, estaban alertadas las tropas de las poblaciones cercanas a la frontera (milicias, lanceros y urbanos). Respecto a la situación en la parte francesa nada había cambiado, continuando ios conflictos, si bien en la frontera los alzados se mantenían tranquilos, sin dar muestras de hostilidad^V El Gobernador manifestaba sus dudas, en el caso de que los franceses llegaran a contar con más tropas de refresco, pues ante esa posibilidad, la derrota de los negros sería presumible, y a él se le plantearía la disyuntiva de ofrecer o negar a los rebeldes el asilo que exigirían las razones humanitarias y el derecho de genes. En último caso García entendía que la Real Orden de 26 de noviembre de 1.791 le obligaba a una postura de amparo, pues pese a su ambigüedad, "Así lo persuade según mi inteligencia". Comenzó el mes de abril con la vuelta a Francia de dos de los comisarios Civiles y menudearon los hechos de armas. La siguiente exposición de García'^ mostraba la violencia de los acontecimientos, desbordando incluso situaciones anteriores: cada día se experimentaban nuevos levantamientos y en la zona de Port-au-Prince los hechos se sucedían vertiginosamente; hubo "una salida sobre el pueblo de la Croix de Bouquets, que ha puesto toda la parroquia en la más grande confusión y desorden. Los hombres de color fueron perseguidos con encarnizamiento y sus cabezas se han puesto precio". Ante tales sucesos se acentuó el éxodo de los colonos^', afectando a familias enteras y sobre todo a mujeres acompañadas de niños; pese a ello, muchos hombres se quedaron en las ciudades, sirviendo - de buen grado o por la fuerza - en la Guardia " Las extralímitacíones de Jeannot provocaron su destitución, juicio y ejecución, por orden de Joan Frangois. Vid. FRANCO (II, p. 223. " Debien alega que "ees départs ou ees fuites ont laissó dans les mémoires des refugies l'image persistente d'une inmense ruine et d'un cuidant échet, et dans biens des coerus un long et mauvais désir de revancha. C'est une histoire de vaincus'. Vid. Gabriel DEBIEN: Les colons de Saint Dominoue refugies a Cuba (1.793-1.815). En "Revista de Indias" (Madrid); n* 54, (1.953); p. 559-605, Párrafo citado en p. 559. ^ A.G.S. G.M. Leg. 7.150; n* 227. Informe de García a Campo de Alange, fechado en Santo Domingo el 23-III-1.792. ^^ "Los negros brígantes o levantados han mirado y respetado estos terrenos del Rey y dan pruebas de mirarlo como un sagrado que veneran y miran para sí en el caso de que las armas francesas los destruyeran, o por ser muchas no puedan resistirlas y se vean en la necesidad de abandonar sus campos y tomar asilo". " A.G.S. G.M. Leg. 7.150; n* 213. Informe de García a Campo de Alange. Santo Domingo, 25-IV-1.792. " "Los habitantes blancos no están exentos de esta persecución; muchos han sido arrestados y puestos en los hierros; con este ejemplo se han puesto en fuga todos los dueños de azucarerías y quedado los negros a su libre voluntad". 170 Nacional^^. En la llanura de Cul-de-Sac se reunieron alrededor de 15.000 antiguos esclavos, cuya acción se manifestó a gran escala y con efectos alarmantes, ya que - indicaba García - "han empezado a ... pegar fuego a muchas habitaciones que se habían libertado de esta desgracia ... pero hoy se halla en tanta fermentación que, a todo sujeto blanco que encuentran los brigantes lo sacrifican ... no hay crimen que no se cometa por estos feroces hombres, que conspirados contra todo blanco siguen con empeño a exterminarlos, como lo consiguen con todos los que no se valen de la fuga". Los alzados se apoderaron de la Croix de Bouquete, a la vez que la situación en los departamentos del Sur y Oeste cambiaba radicalmente: muchos colonos se pasaban a la parte española para salvar la vida^^ y, los mulatos, desengañados de las promesas incumplidas por los blancos, se habían armado de nuevo, con la idea de hacerse respetar; la mentalidad de García como hombre totalmente moldeado por el Antiguo Régimen se nos refleja en dos curiosos comentarios, uno sobre el particular, donde alega respecto a los mulatos que sus ideas consistían en "conservar la desgraciada libertad de los derechos del hombre", y otro relativo a la vigilancia de la frontera, con sus cuidados "velando sobre todo para evitar el contagio de esta maldita sedición". Por último, el Gobernador exponía que la parte norte de la colonia - la zona del Guárico - evolucionaba de una forma similar, "caminando a su total ruina y desolación" y las discordias entre las autoridades contribuían a agravar la situación; así, "se concibe cuan cerca se halla el rompimiento ... y ... una guerra civil que ponga término, devore y arrase a todos por sus mismas manos". Los episodios violentos derivaron en monótona actualidad, pues el siguiente informe de García - escrito ya en junio - era ya breve y no muy detallista, pese a los dos meses transcurridos. Los insurgentes continuaban con sus correrías "con la mayor arrogancia", sin ser incomodados, pues en la Colonia esperaban la llegada de los Comisarios Civiles y la tropa anunciada, antes de actuar^'. En Mirebalais los mulatos se hicieron fuertes, construyendo allí un fortín, pues tanto ellos como los blancos recelaban de los negros apostados en la llanura de Cul-de- Sac y los alrededores, que permanecían con las armas en la mano y en actitud agresiva. En el Sur actuaban con notable éxito dos destacados jefes negros: Armand y Martial, los cuales se enfrentaron al Comandante del sector (Thiballier), al nos ser atendidas sus reclamaciones previas, antes de someterse a las autoridades; los alzados dominaban la llanura de los Cayos desde su base principal de atrincheramiento en los Platons - extremo oriental de los montes de la Hotte. Blanchelande se trasladó al Sur y llegó a aux Cayes a finales de julio; por entonces, los esclavos alzados habían sublevado los talleres, incendiando la llanura y devastando las estancias, al tiempo que obligaban a los blancos a refugiarse en aux Cayes'^. Presionado por la Asamblea Provincial del Sur, Blanchelande - tras muchas dudas - organizó una campaña contra los insurrectos, pero sus tropas adolecieron de la necesaria coordinación y fueron espectacularmente derrotadas en los primeros días de agosto^'. En el informe de García sobre los hechos^', el Gobernador inbuído de su espíritu militar, ofrecía una curiosa exposición de los " Vid. DEBIEN (291, p. 562. ^^ 'El hierro y BI fuego es lo que reina en estos departamentos que hasta ahora debían sido mes felices: los blancos y haciendas son el objeto y todo el empeño, para acabar con unos y devorar todos sus caudales'. ^ A.G.S. G.M. Leg. 7.150; n" 231. Informe de García a Campo de Alange. Santo Domingo, 25-VI-1.792. " Vid. Bernard FOUBERT: Colons et esclaves du Sud de Saint-Dominoue au debut de la Révolution. En 'Revue francaise d'histoire d'outre-mer". (París). Tomo LXI, n* 223 (1.974); p. 199-217. Vid. especialmente p. 201 y 202. " Vid. FRANCO (1 ], p. 225 y FOUBERT (371, p. 202, quien expone que, ante aquel fracaso, muchos colonos de le zona emigraron a Jamaica y Nueva Inglaterra. * A.G.S. G.f>/I. Leg. 7.150; n* 259. Informe de García a Campo de Alange, Santo Domingo. 23-IX-1.792. 171 acontecimientos*** y comentaba lacónicamente la actitud de Blanchelande, el cual "a la vista de un suceso tan ajeno a sus premeditaciones y tan melancólico, tuvo a bien retirarse de la banda del Sur y trasladarse al Guárico, donde permanece". Finalmente, García manifestaba su pesimismo respecto al futuro de la parte francesa, pues "la Colonia cada día manifiesta más empeño en destruirse ... los habitantes del Guárico viven con la mayor desconfianza ... el Gobierno es sindicado por todos sus subditos y el Gobierno desconfía de todos los ciudadanos, de modo que se hacen una guerra secreta sin saberse la razón que les anima y todos proceden con atolondramiento, reinando en sus corazones la falta de fe y la desconfianza". En una situación tan crítica para la colonia francesa, desembarcaron en Cap-Franpais el 18 de septiembre los comisarios de la segunda Comisión Civil - Sonthonax, Polvérel y Ailhaud - , acompañados por una fuerza total de 6.000 hombres (entre voluntarios nacionales y tropa de línea) al mando del General D'Esparbés, el cual sustituía a Blanchelande como Gobernador General de Saint-Domingue*\ Los nuevos comisarios actuarían con facultades extraordinarias, concedidas para el mejor cumplimiento de su misión. Consecuentemente el día 20 D'Esparbés hizo publicar una proclama*', con instrucciones e información dirigidas a los ciudadanos de la colonia: notificaba los nombramientos, ordenando que se reconociera y acatara a los Comisarios Civiles, e instaba al cese de los bandos y partidismos, debiendo atenerse todos los ciudadanos a la ley, para que el orden y la seguridad volvieran a la colonia. Por su parte, los comisarios dirigieron también una proclama a los hombres libres, tropas y marineros de Saint-Domíngue*', instando al reconocimiento de dos clases de personas en la colonia: los libres - sin distinción de color - y los esclavos: decretaban que el derecho de pronunciarse sobre la suerte de los esclavos, pertenecía únicamente a las asambleas coloniales formalmente constituidas, reconocían la esclavitud como una institución necesaria para la prosperidad de la colonia y señalaban que los oficiales empleados en ella no podrían ser propietarios. Partidarios incondicionales de la Revolución, los comisarios tuvieron que afrontar enseguida la oposición de los colonos contrarrevolucionarios** y la de las asambleas, que se oponían al cumplimiento del decreto de la Nacional relativo a los derechos de los hombres de color. Por ello, en octubre, decidieron la disolución de las asambleas coloniales y crearon una Comisión Administrativa - compuesta por blancos y mulatos libres -, que a su vez tendría como principal *" En su relato aportaba García detalles pormenorizados: 'formó sus tropas patrióticas en cuatro columnas, instruyó ... a un oficial de quien tenía confianza de su conducta y talento ... y en el momento que hace alarde el valor, que la subordinación tiene su mérito y la milicia agencia su gloria, se resisten las tropas de su mando al ataque, fáltenle a la obediencia y se mire este oficial sin soldados, lleno de rubor y ardido a la vista de los negros que esperaban el combate, sin efecto sus esfuerzos y desairado por unos cobardes ... las tropas patrióticas, luego que pudieron obrar según su vergonzoso cobarde értimo y como los induce la falta de subordinación militar, se pusieron en fuga con desorden y precipitación, huyendo del campo y la ruina que les amenazaba, conduciéndolos su miedo y falta de valor a una emboscada de negros, donde pagaron con sus vidas la falta de obediencia y de espíritu'. *' Con el nuevo Gobernador llegaron tres comandantes generales para las respectivas regiones: D'Henisdal (Norte), Montesquieu-Fézensac (Sur) y De la Salle (Oeste). Vid. FRANCO 11], p. 226. " A.G.S. G.M. Leg. 7.157; n* 56. Proclama de D'Esparbés, Gobernador y Teniente General de las islas de Sotavento, dirigida a los ciudadanos franceses de Saint-Domingue. Cap-Frani;ais, 20-IX-1.792. " A.G.S. G.M. Leg. 7.157; n* 57. Proclama da los Comisarios Civiles dirigida a los hombres libres de Saint-Domingue. Cap-Franpais, 24-IX-1.792. ** Hubo iniciativas en tal sentido en diversos territorios franceses del Caribe; incluso un representante del monarca francés, Mr. Loppnice, había sugerido en una carta al Conde de Riviére - Comandante de la división de las islas francesas de Sotavento -, la necesidad de reunir a todos los realistas franceses de las colonias antillanas y la conveniencia de combatir a los revolucionarios de Saint-Domingue. Vid. Ángel SANZ: Refugiados de la Revolución francesa en Venezuela (1.793- 1.795). En 'Revista de Indias*. (Madrid), Vol. XLVIl, n« 181 (1.987); p. 833-867. Vid. p. 840. 172 misión la elección de los individuos que participarían en la nueva Asamblea Colonial^^. Inquietos la mayoría y alarmados bastantes ante la aplicación de tales medidas, los colonos blancos intentaron en Cap-Fran?ais una maniobra contraria a los designios de los comisarios, que fue desbaratada por éstos y, como consecuencia, el propio Gobernador D'Esparbés y el Coronel Campefort, comprometidos en el asunto, fueron deportados a Francia. El puesto de Gobernador lo ocupó interinamente el General Rochambeau - hasta mediados de enero de 1.793, en que embarcó para hacerse cargo del gobierno de la Martinica, de acuerdo con las instrucciones que tenía - y, posteriormente de la Salle. Para entonces, una tercera parte de la tropa que llegó con los comisarios había fallecido y otra porción similar era presa de diversas enfermedades, sufriendo los efectos del clima tropical, la mala alimentación y la penosa travesía marítima'". Con el nuevo año, el primer informe remitido por García recogía las inquietudes de los acontecimientos vividos en la parte francesa, tras la llegada de los comisarios. Además de su prudencia y perspicacia, el Gobernador reflejaba nuevamente en sus comentarios la mentalidad de un hombre anclado en el Antiguo Régimen*^; aludía a la suspensión de los aprestos militares efectuados para atacar a los negros sublevados; como consecuencia de ello, en el Guárico había gran efervescencia, pues "se habla con calor... de dar libertad a los negros y esparcirlos, para que llevando en una mano la mecha y en otra la revolución por este Nuevo Mundo pongan en ejecución las pérfidas ideas ... de la Revolución francesa". Respecto a los sucesos de Cap-Franpais, con las ulteriores deportaciones, García condenaba la actitud de los comisarios, expresando los hechos en los siguientes términos: "el embarque de todos los sujetos que se hallaban con autoridad y con opinión en la colonia, parece efecto de aquellas atroces medidas y que los Comisarios Civiles aspiran a la tota! ruina de su colonia, y que el contagio de su nación transmine a todas las potencias'; incluso criticaba al General Rochambeau, pues "las distinciones que ... ha dispensado a todas las gentes de color son parte de aquel pensamiento*", y la suspensión de armas persuade a creer nuevos proyectos que se alejan del primer objeto de sujetar a los negros". Finalmente, exponía que su vigilancia era continua para salvaguardar la frontera y evitar contagios revolucionarios. Entre los meses de enero y marzo el alineamiento político de las fuerzas actuantes sufrió un cambio radical. Por Real Orden de 26 de enero de 1.793, el Duque de Alcudia prevenía a las autoridades españolas en América sobre una probable ruptura de relaciones con la República francesa. Paralelamente, los principales jefes revolucionarios negros solicitaron al Gobernador García la protección y cooperación de los españoles, en la guerra que ellos mantenían con los franceses. Hyacínthe se declaraba partidario del Rey*^ y Jean Frangois exponía que los sublevados Vid. FRANCO ni, p. 226 y 227. Vid. FOUBERT 137], p. 203. " A.G.S. G.M. LeQ. 7.158; n" 61. Informe de García a Campo de Alange. Santo Domingo, 25-1-1.793. *" Realmente Rochambeau no era el abolicionista que pensaba García, pues en 1.802 volvió a Saint-Domingue con el cuerpo expedicionario de Leclerc - enviado por Bonaparte para restablecer la soberanía francesa, sobre la base de la antigua economía de plantación atendida con mano de obra esclava -, y a la muerte de Leclerc, Rochambeau asumió la jefatura suprema y el martdo de las operaciones militares contra los negros y mulatos, destacarulo por su crueldad. *• A.G.S. G.M. Leg. 7.157; r\' 109. Copia traducida de una carta de Hyacinthe a García. Sin fecha. En ella alegaba: 'tengo el honor de asegurar que me hallo cimarrón en los montes ... porque yo quisiera mejor rendirme a la España que a los brigantes [francesas] ... yo espero vuestra respuesta para levantar la cucarda blanca si v.m. lo cree a propósito'. 173