EL
RETABLO
DEL
MONASTERIO
DE
LA
MEJORADA
DE
ALONSO
BERRUQUETE
R cien eineiile,
y
po
disposición
de
la
Di ección
Gene al
de
Bellas
A es,
egen ada
po
el
Académico
e
ilus e
csc iloi
de
a
e
S .
O ue d,
ha
sido
asladado
a
Valladolid
c
ins alado
en
una
capilla
del
an iguo
Colegio
de
San
G ego io,
el
magní ico
e ablo
e
Be nigue e
que
p oceden e
de
la
Mejo ada
enia
i
gu ando
has
a
a io a
en
la
iglesia
de
San
And és,
de
Olmedo.
Ace ada
medida
que,
sal ando
del
abandono
ob a
an
in e esan e,
iene
a
pe mi i
sob e
ella
el
es udio
de
las
más
peculia es
ca ac e ís icas
del
genial
imagine o.
Ya
que
es
quizá
en
es a
ob a,
en
mayo
g ado
que
en
ninguna
o a,
donde
el
genio
de
Bc ugue e
apa ece
más
al
desnudo
con
odas
sus
cualidades
y
de ec os.
El
subido
alo
a ís ico
y
aun
his ó ico
y
c i ico
que
encie a,
unido
a
la
poca
a ención
que
en
gene al
ha
enido
p es ándosele,
jus i ican
unas
líneas
sin
más
in e és
que
se
dedicadas
a
pone
de
mani ies o
algunas
de
las
ca ac e ís icas
de
ob a
an
admi able
como
poco
conocida.
Quizá
haya
con ibuido
a
es a
escasa
di ulgación,
jun o
a
las
dudas
que
su
a ibución
susci a a
en
alguna
ocasión,
el
hecho
de
habe
sido
adul e ada
su
aza
p imi i a
con
adiciones
ba ocas
que,
a enuando
su
alo
p opio,
dis aían
la
a ención
de
un
es udio
se io
y
de enido.
En
la
ac ual
ins alación,
hecha
bajo
lo
in eligen e
di ección
de
los
ingenie os
seño es
Moya
y
Candei a,
se
ha
p escindido
de
lodo
el
plas ón
ba oco
que
ocupaba
su
pa e
cen al,
con
lo
que
el
e ablo
gana
en
p opiedad
y
elegancia
lo
que
pie de
en
pesadez
y
mix
i icación.
No
se
posee,
hoy
po
hoy,
el
da o
documen al
au én ico
que
pe mi a
hace
la
a ibución
a
Be ugue e
de
un
modo
indudable
y
ca egó ico.
A
al a
de
él,
podemos
dispone
de
un
lesiinionio
que
apa eciendo
e es ido
de
las
mayo es
ga an ías,
puede
se
admi id
'
con
odos
los
hono es;
el
de
Juan
de
A e
y
Vilia añe
ca:
con empo áneo
de
Be ugue e
que
en
su
T a ado
de
Va ia
Conm
o
casi
en-
28
JOAQUIN
PÉREZ
VILLANUEVA
su ación
pa a
la
Escul u a
y
A qui ec u a
imp eso
po
p inie a
ez
en
Se illa
en
1588
al
enume a
ob as
de
aquél,
dice:
«el
elaldo
del
Templo
de
San
Beni o
el
Real
en
Valladolid
y
e!
de
la
Mejo cuici
»
ya
que
es
poco
p obable
que
hubiese
e o
al
a ibui
una
ob a
a
un
escul o
que
gozaba
de
la
máxima
popula idad
y
cuyas
ob as
e an
gene almen e
conocidas
y
admi adas.
Después
Palomino,
en
el
siglo
XVIII,
da
cabida
a
es a
no icia
sin
añadi
nada
nue o.
En
la
ob a
de
más
empeño
que
pa a
la
Hislo ia
de
nues o
A e
se
lle a
a
cabo
a
i
nes
de
es e
siglo,
la
del
Aba e
An onio
Ponz.
«Viaje
po
España»,
no
se
ci a
el
e ablo
de
la
Mejo ada.
Poco
después
Cean
Be miulez
(1)
uel e
a
da
como
de
Be ugue e
el
e ablo
de
la
Mejo ada
«con
sus
es a uas,
bajos
elie es
y
pin u as»
y
és a,
cons i uyendo
la
a ibución
adicional,
enía
siendo
la
gene almen e
admi ida
po
los
esc i o es
que
se
ocupa on
del
g an
escul o ,
has a
que
el
seño
(2)
negó
en
absolu o
al
a ibución
basándose
en
que
el
e ablo
enía
un
le e o
en
que
se
leía.
«Es a
ob a
mandó
ace
la
seño a
Dona
F ancisca
de
Zúñíga
en
el
año
de
1576
años»
y
po
es a
echa
había
mue o
ya
Be ugue e.
El
seño
Asúa
Campos
(3)
siguió
a
iega
y
Rubio
has a
en
lo
de
da
como
és e
po
pin u as
los
ocho
e
le es
del
e ablo.
Fué
el
seño
Agapi o
y
Re iila
(4)
quien
de
un
mo
o
conciuyenle
y
de ini i o
acla ó
es a
cues ión
al
pone
de
mam
lesío,
aceiíadamen e,
que
el
signo
que
el
seño
O ega
y
Rubio
eye a
como
un
7,
e a
en
ealidad
un
2
esc i o
en
o ma
de
Z
como
e a
época,
lo
que
pe miiió
ec i ica
aquella
echa
y
a
a
e
1526
que
es
la
que
hoy
p e alece.
Es e
hecho,
y
sob e
odo
e
es i
o
el
le ablo
de
es echa
coincidencia
con
odo
lo
de
Be ugue e,
pe mi e
oy,
sin
duda
alguna,
iden i ica lo
con
el
que
en
su
p ime a
época
cons uye a
pa a
el
en onces
io
ecien e
Monas e io
de
la
ejoia
a,
ce ca
de
Olmedo.
La
composición
de
conjun o,
y
sob e
o
o
a
Isposlción
de
las
i
gu as
y
su
ue za
exp esi a,
acusan
en
su
ac uia
la
mano
de
Be ugue e
de
un
modo
cla o
y
e iden e.
Fue a
el
único
elemen o
de
juicio
y
bas a ía
po
sí
sólo
pa a
hace
la
a ibución
sin
ese as
ni
acilaciones
posibles.
En
la
época
de
la
exclaus ación
pasó
a
la
iglesia
de
San
And és
de
Olmedo
donde
ai
se
adap ado
a
su
ábside,
se
p escindió
de
oda
(1)
«Dicciona io
de
Bellas
A es»,
omo
I,
página
142.
(2)
«Los
Pueblos
de
la
P o incia
de
Valladolid»,
omo
II,
página
288.
(3)
«Po
Ca e e a.
Apun es
de
Viajes»
Mad id,
1900,
páginas
70-71.
(4)
«Bole ín
de
la
Sociedad
Cas ellana
de
Excu siones»,
15
de
junio
de
1915;
RETABLO
DEL
MONASTERIO
DE
LA
MEJORADA
DE
A.
BERRUQUETE
29
la
pa le
cen al,
colocaiulo
en
ella
la
ho nacina
y
sag a io
del
siglo
x ii
y
susliluyendo
el
«Ecce
Homo»
de
Bc ugne c
po
un
de icien e
San
And és.
Aunque
de
es e
modo
se
hizo
de
dos
e ablos
uno
solo,
sin
emba go
lioy
puede
es udia se
su
ca ác e
con
bas an e
exac i ud.
(
Du an e
los
úl imos
siglos
de
la
Edad
Media
la
escul u a
en
Cas illa
es á
de e minada
po
una
se ie
de
in luencias
que
no
dejan
luga
a
p oduci
algo
p opio,
aunque
ello
no
es
obs áculo
pa a
que
esas
in luencias
sean
sen idas
po
nues os
a is as
de
un
modo
p opio
y
o iginal
como
espondiendo
a
nues a
ideología
y
mane a
de
sen i .
El
pode
in ui i o
y
de
epen ización
de
nues os
a is as,
y
sob e
odo
el
ne io
popula
de
su
inspi ación
de e minan,
a
pesa
de
es as
in luencias,
un
algo
en
a e
que
no
es
ácilmen e
con undible
con
lo
que
p oducen
o os
pueblos
en
es a
misma
época
y
some idos
a
análogos
inílujos.
Se
pe sigue
p incipalmen e
en
la
escul u a
de
es a
época
la
exp esión
y
a
ella
se
supedi a
odo.
La
es a ua
no
iene
mas
obje o
que
hace
sen i
algo
al
que
la
con empla,
ca eciendo
de alo-
ación
odo
loque
no
ienda
a
ello.
Los
con o nos
son
cuidados
de
un
modo
especial
y
la
acción
d amá ica
no
se
hace
ladica
exclusi a
men e
en
la
ca a,
como
luego
había
de
sucede ,
Al
mismo
iempo
el
sen imien o
eligioso
que
la
inspi a
impone
una
máxima
aus e idad
en
el
modela lo
y
una
g an
du eza
en
los
pa ios
que
aleje
odo
indicio
de
sensualidad.
Nada
más
lejos
de
la
cuidadosa
exquisi ez
con
que
el
Renacimien o
modela
los
cue pos
que
es as
igu as
nues as
an
aus e as
y
an
inoiíi icadas
po
un
dolo
mo al
como
en
Be ugue e
o
po
un
dolo
ísico
como
en
juní
y
los
ba ocos,
en
es e
sen ido
an
gó icos
y
an
adicionales.
Es e
sen imien o
eligioso
sen ido
de
muy
di e en e
mane a
en
los
di e sos
países,
mo i a
di e encias
en
sus
a es
que
pe mi e
dis ingui ios
cla amen e
den o
de
una
época
como
és a,
en
que
las
gene ales
ca ac e ís icas
señaladas
pueden
liace se
ex ensi as
a
odos
los
países
de
la
Eu opa
de
en onces.
Es a
es
la
época
de
los
g andes
e ablos.
Tan
ca ac e ís icos
de
nues o
a e,-
adquie en
desde
es a
época
un
g an
desa ollo.
Su
p in
cipal
obje o,
apa e
el
deco a i o,
es
el
de
na a
de
un
modo
sencillo,
cla o
y
sob e
odo
muy
exp esi o.
Los
emas
p e e idos
en
España
en
es a
época
son
los
más
apacibles
y
menos
d amá icos,
ales
como
la
Enca nación,
la
Na i idad,
la
Epi anía,
la
Resu ección,
e c.;
y
cuando
se
a an
escenas
como
los
Azo es,
la
Ama gu a,
la
Pie
dad,
e c.,
se
exp esa
en
ellos
^pn
dolo
sin
e o cimien os
ni
muecas
de
dolo
ísico,
sino
ínlimamen e
g a e,
silencioso
y
exp esi o.
Y
jun o
a
odo
es o,
como
imposición'
popula
y
cons i uyendo
ca ac e ís ica
30
JOAQUÍN
PÉREZ
VILLANIIEVA
ambién
esencial
al
a le
g ó ico,
es á
la
iqueza
y
os eníocióíi
que
esal a
en
odas
las
ob as
de
la
úl ima
época,
ai
ez
como
exp esión
el
es ado
l
o ecien e
y
op imis a
de
la
sociedad
que
los
cos eaba.
Lo
dicho,
incomple o
y
deshil anado,
puede
bas a
pa a
p ecisa ,
en
algún
pun o,
la
e dade a
genealogía
de
dele mina las
ca ac e ís
icas
del
a e
de
Be uguele.
Bien
puede
deci se
que
el
ipo
del
a is a
o iginal
no
exis e
en
absolu o.
Se
da
de
hecho
el
a is a
que
do ado
de
un
g an
empe amen o
puede,
asimilándose
en
mayo
o
meno
g ado
lo
que
le
p ecede,
e es i lo
con
su
genio
de
nue as
o mas
y
exp esiones,
imp imiendo
a
oda
su
ob a
un
sello
pe sonalísimo
y
p opio
que
le
indi idualice;
pe o
sin
que
sea
nunca
imposible
p eci
sa
sus
an eceden es
y
de e mina
en
algún
g ado
su
genealogía
a ís ica.
El
asgo
p imo dial
del
a e
de
Be ugue e
es
el
de
se
esencial
men e
nue o.
Pod á
se
mo i o
de
duda
el
luga
donde
nues o
a is a
asimila
esas
modalidades
in ensamen e
emo i as
que
dis inguen
su
pe sonalidad;
si
aquí
en
España
o
del
es udio
que
en
I alia
hicie a
délos
maes os
del
siglo
x
Dona ello,
B unellesco,
Que cia
y
has a
el
mismo
Gbibe i;
pe o
es
innegable
que
la
exp esión
de
sus
igu as
y
el
in enso
d ama ismo
de
sus
ac i udes,
es
algo
pe ec amen e
cncajable
en
nues o
a e
y
en
la
mane a
de
sen i lo
en
las
di e sas
épocas.
Es
la
igo osa
imp esión
de
mo imien o
en
algunas
de
sus
escenas
y
sob e
odo
la
compleja
espi i ualidad
de
sus
pe sonajes
a
que
p i a
a
su
a e
de
p eceden es
inmedia os
en
es e
sen ido
y
de
con inuado es
i
eles.
Del
Renacimien o
oma á
en
abundancia
os
mo i os
deco a i os
y
has a
al
ez
pensa á
en
los
i alianos
pa a
compone
alguna
escena
concebida
en
ocasiones
siguiendo
a
aquellos,
pe o
siemp e
apa ece á
su
ob a
do ada
de
una
ida
es í
en e
e
impe uosa,
ai
ez
no
muy
comp ensible
pe o
siemp e
suge
ido a
y
elocuen e.
Vuel o
de
I alia,
y
pasada
su
época
que
pod íamos
llama
o icial
en
que
no
consigue
pa a
su
a e
el
apoyo
decidido
del
Empe ado
y
después
de
unas
pocas
ob as
de
no
mucho
empeño,
ealiza
es e
e ablo
de
la
Mejo ada
que
a
su
p opio
In e és
añade
el
de
se
uno
de
los
p ime os
hechos
en
España
ompiendo
con
la
exclusi a
adición
gó ica
impe an e.
En
él
apa ece
el
genio
de
Be ugue e
más
desca
nado
quizá
que
en
ninguna
o a
de
sus
ob as
pos e io es,
des acando
su
pe sonalidad
sob e
las
In luencias
gó icas
y
enacien es
de
un
modo
ue e
y
acusado.
El
e ablo
(Lám.
I),
debido
a
las
icisi udes
señaladas,
apa ece
RETABLO
DEL
MONASTERIO
DE
LA
MEJORADA
DE
A.
BERRUGUETE
31
hoy
mu ilado
en
su
pa e
cen al,
aunque
a
pesa
de
odo
conse a
baslan e
bien
su
ca ác e .
Su
con igu ación
puede
se
educida
en
líneas
gene ales
a
un
basamen o,
un
cue po
cen al
co onado
po
un
amplio
en ablamen o
y
sob e
es e
un
segundo
cue po
a
modo
de
á ico
en
cuyo
cen o
se
alza
el
Cal a io.
A
lo
ancho
pueden
se
ap eciados
o os
es
cue pos:
uno
cen al
y
dos
la e ales
sepa ados
de
aquél
po
un
cue po
de
dos
columnas
en
cuyo
in e columnio
al
ez
i
gu
asen
p imi i amen e
escul u as
o
pin u as.
El
basamen o
cons a
de
un
doble
plin o
deco ado
con
cabeza
de
ángeles
alados,
mons uos
ex años,
e c.
En
el
segundo
de
ellos
y
en
los
ex emos
un
poco
salien es
co espondiendo
a
la
p olongación
de
las
columnas
ex e io es,
i
gu a
el
le e o
ya
ci ado,
di idido
en
dos
pa es
—una
a
cada
lado—
donde
en
ca ac e es
pe ec amen e
legibles
se
hace
cons a
la
echa
y
nomb e
de
la
donan e.
En
es e
mismo
plin o
se
en
a
los
lados
unas
muje es
desnudas,
ecos adas
y
co o
nadas
po
unos
ángeles
an
ausen es
de
g acia
y
eminidad
como
ebosan es
de
p o anidad
e
i alianismo.
En
el
zócalo,
y
encima
de
los
le e os
ci ados,
apa ecen
los
escudos
de
la
amilia
Zú iiga.
In e esan es
son
las
cua o
i
gu as
de
San os
que
apa ecen
en
el
cen o
de
p e
cue po
en
la
p olon
gación
de
las
columnas
cen ales;
la- oe u a,-ac i udes
y
exp esión
no
pueden
se
más
de
Be ugue e;
de alle
de
a e imien o
es
ese
San
An onio
que
e ol iéndose
en
su
nicho
llega
a
mos a se
ca^i
comple
amen e
de
espalda
al
espec ado .
Las
cua o
i
gu as
—empo adas
en
ho nacinas
con
la
ípica
concha
po
ondo—
con
el
San
Ma cos
que
en
medallón
(Lám.
11^
apa ece
a
la
de echa,
o ecen
un
a ance
de
lo
que
más
a de
ha
de
'^e
oda
la
escul u a
de
Be ugue e;
dinamismo,
ampli ud
de
paños
que
elan
las
o mas
no
muy
desa olladas
casi
siemp e,
empleo
de
ecu sos
ana ómicos,
más
pa a
da
exp esión
que
pa a
e leja
el
na u al,
y
sob e
odo
esa
ac i ud
de
su imien o
mo al
ín imo
y
desga ado
que
sob ecoge
e
impone.
An e
aquel
conjun o
de
i
gu as
del
Museo,
en
ac i ud
agi ada
y
iolen a
que
lanzan
a
lo
al o
el
quejido
que
les
p oduce
un
dolo
quin aesenciado
y
o u ado ;
en
medio
de
aquella
alga abía
de
sen imien os
que
escapa
de
una
se ie
de
cue pos
esecos
po
el
dolo
mo al
y
espi i ualizados
po
el
su imien o,
se
quisie a
pode
acalla
de
algún
modo
la
angus ia
de
sus
almas
y
humaniza
la
iolen a
pos u a
que
una
chi ian e
y
con i
nuada
ac i ud
de
súplica
impone
a
sus
cue pos.
El
medallón
(Lám,
III)
que
al
o o
ex emo
comple a
el
zócalo
ep esen a
una
San a
Ca alina
pesada
e
inexp esi a
que
has a
en
el
32
JOAQUÍN
PÉREZ
VILLANUEVA
mismo
de alle
de
los
ángeles
que
deco an
los
ángulos
pe inüe
ela
ciona la
con
las
muje es
desnudas
del
plin o.
El
cue po
cen al
p esen a
hoy
cua o
columnas
ya
que
Icis
dos
más
cen ales
desapa ecie on
al
adap a
en
él
la
pa e
ba oca.
To las
son
cilind icas,
con
capi el
co in io;
us e
con
su
e cio
in e io
es iado
y
el
es o
deco ado
con
un
masca ón
y
g u escos.
Tan o
los
compa imen os
la e ales,
como
los
in e columnios,
es án
di ididos
a
la
mi ad
de
su
al u a
po
un
en ablamen o
dando
luga
en
aquellos
a
cua o
espacios
ocupados
po
al o elic es
que
ep esen an:
El
Camino
del
Cal a io,
la
Anunciación,
el
Nacimien o
y
la
Oi
ación
del
Hue o.
-
En
gene al
las
igu as
que
en
cuan o
a
ac u a
aislad i
no
esis i ían
la
mayo
pa le
un
examen
se io,
es án
sin
emba go
ag upadas
con
acie o
en
escenas
en
que
la
ida
bulle
y
la
na ación
se
log a.
En
el
Camino
del
Cal a io
(Lám.
IV)
es
la
Vi gen
ab umada
poi
el
dolo ,
e!
cen o
de
la
ep esen ación:
a
elle
con e gen
la
mi ada
del
Hijo
y
la
solíci a
conmise ación
de
las
San as
pe sonas
pendien es
odos
de
la
abso ción
dolo osa
en
que
aquélla
a
sumida.
iTa escena
de
la
Anunciación
(Lám.
V)
posiblemen e
concel^i
a
eniendo
en
cuen a
a
Donalello,
es á
log ada
con
una
sencillez
e
idealidad
que
encan an.
La
Vi gen
(Lám.
VI)
so p endida
o ando
uel e
la
cabeza
y
concen a
oda
su
a ención
en
escucha
si
Angel.
És e
(Lám.
^j)
apenas
apoyado
en
el
suelo
y
con
sus
es idos
bi
usca
men e
agi ados
en
señal
oda ía
de
mo imienío,
comunica
—.u il'^aiuio
incluso
el
ges o
a
la
Vi gen
lo-que
és a
a iende
con
an o
iníeiés.
gs a
escena,
po
su
misma
sencillez
y
delicadeza,
es
de
lo
qnc
más
acducc
del
e ablo.
.
El
Nacimien o
(Lám.
VIII),
en endido
al
modo
adicíjnab
espiia
una
paz
V
equilib io
muy
en
con aposición
coh
la
mane a
ccnenle
en
Be ugue e
de
concebi
las
escenas
an
suyas
en
que
las
ipo idas
po
una
ue za
in e io
i ep imible,
se
p ecipi an
lumuHuosa-
ixien e
en
igo oso
opel,
p opo cionando
a
la
acción
esa
ené gica
mo ilidad
u iosa
an
caiacíe íslica
de
su
a e.
Comple a
es a
.
pa e
cen al
de!
e ablo,
una
O ación
del
Hue o
(Láni.
IX)
descuidada
de
ac u a
y
pob emen e
concebida.
Co espondiendo
a
és os,
y
alas
columnas
cen ales,
igu an
en
el
á ico
o os
cua o
al o elie es
que
ep esen an:
el
Nacimien o
de
la
Vi gd'
Resu ección,
la
Ascensión y
la
Ado ación
de
los
Reyes.
gn
la
escena
del
Nacimien o
de
la
Vi gen
(Lám.
X)
los
panos
7
i
Lámina
II.—Re ablo
del
Monas e io
de
la
Mejo ada.—Me
dallones
de
la
p edela.
(Fo o
Ga ay).
(I
RETABLO
DEL
MONASTERIO
DE
LA
MEJORADA
DE
A.
BERRUGUETE
33
agi ados
po
una
mo ilidad
incomp ensible
y
las
i
gu as
a anadas
en
la
acción
con
un
ímpe u
exage ado
imp imen
a
la
acción
un
b ío
y
una
acome i idad
ealmen e
en
desacue do
con
el
ema.
San a
Ana
con
un
ges o
como
de
emo
an e
algún
pelig o
que
pa ece
amenaza
a
la
ecién
nacida
la
es echa
en e
sus
b azos
mien as
es a
en
p ecoz
éx asis
di ige
su
mi ada
al
cielo
como
en e ada
ya
de
lo
di ino
de
su
misión.
La
escena
de
la
Resu ección
(Lám.
XI)
hace
juego
en
pa quedad
de
ecu sos
con
la
de
La
O ación
del
Hue o,
siquie a
lo
a ec ado
del
ges o
y
lo
majes uoso
de
su
ac i ud
puedan
piopo cionaile
cie a
p es ancia.
Aunque
de
hecho
el
a e
de
Be ugue e
no
se
mue a
nunca
den o
de
un
academismo
es ic o,
sin
emba go
es án
an
ausen es
en
es e
e ablo
los
asa os
de
cuidadoso
es udio
y
pe ecció i
écnica,
que
eal-
incu e
se
p ecisa
ese
acie o
con
que
compone
algunas
de
sus
escenas
pa a
que
la
epulsión
que
en
p incipio
pueda
p oduci se,
no
subsis a.
Un
mismo
sen imien o
de
is eza
an e
ia
sepa ación
y
un
mismo
chillón
y
ehemen e
deseo
de
segui
al
Maes o
de,a
asluci
la
ac i ud
de
odas
las
Hgu as
que
componen
el
cuad o
de
La
Ascensión
(Lám.
XII).
La
escena
no
puede
se
log ada
de
un
modo
más
exp esi o
y
elocuen e.
Ese
ges o
del
após ol
que
es a
en
p ime
é mino
que
con
la
mano
quie e
suje a
lo
que
. epa ableme.Ue
se
les
escapa,
dice
con
un
ac o
isico
lo
que
el
alma
de
aquellos
homb es
sien e
en
aquel
momen o.
Sus
i
gu as
su iendo
po
la
sepa ación
y
ebelándose
con a
ella,
se
ala gan
en
un
sup e no
es ue zo
a ando
de
e i a
lo
i emediable.
La
di e sidad
de
ac ,ludes
den o
de
la
misma
unidad
de
acción,
imp ime
a
la
escena
admi able
de
plas icidad
y
p ecisa
de
composición,
un
ealismo
acabado
una
exp esión
mag-
ní lca
c
insupe able.
.
,
,
,
Son
cu iosas,
y
has a
cie o
pun o
insoslayables
las
suge encias
del
G eco
que
se
p oducen
an e
es a
escena,
de
analoga
o ien ación
y
acusado
pa ecido
con
alguno
de
sus
cuad os
mas
celeb es.
La
Ado ación
de
los
Reyes
(Lám.
Xlll)
ambién
en
el
á ico,
comple a
con
el
Cal a io
la
escul u a
del
e ablo.
Una
Vi gen
de
co e
i aliano,
y
de
ges o
más
bien
poco
simpá ico
como
ajena
a
la
escena
que
an e
ella
se
es á
desa ollando,
sos iene
en
sus
odillas
al
niño
que
con
simpá ica
cu iosidad
pa ece
complace se
con
las
apasionadas
mues as
de
aca amien o
que
le
b inda
uno
de
los
leciéii
llegados.
El
anciano,
más
que
a odillado
umbado,
alaiga
su
mano
en
ademán
ca iñoso
pa a
aca icia
un
pie
que
el
niño
posa
en
ella
y
adelan a
su
34
JOAQUÍN
PÉREZ VILLANUEVA
cabeza
pa a
besa lo
con
Inconicnida
y
ansiada
uición.
Real nenle
exhala
ida
y
es á
hondamen e
sen ida
la
i
gu a
de
es e
ancicino
que
apa ecex ambicn
en
la
Ado ación
del
Re ablo
de
San
Beni o
siquie a
en
es e
esul e
suspendida
la
acción
de
besa
po
un
mo imien o
Í) u.sco
de
la
cabeza
que
deja
la
i
gu a
ía
e
inexp esi a.
En
la
escena
ile
La
Mejo ada,
San
José,
conscien e
desu
papel,
con empla
pa ia calnienie
la
escena
en
ac i ud
a en a
y
bea i ica
colabo ando
al
desai
'
o"^^
de
la
acción
de
un
modo
más
ac i o
que
en
aquélla,
mien as
que
lo.s
o os
dos
eyes,
p esen ando
eñ
la
mano
el
ecipien e
que
piensan
o ece ,
espe an
que
les
llegue
su
u no,
hablando
en
ac i ud
dogmá ica
el
uno
y
ol iendo
la
cabeza
dis aído
en
algo
que
no
se
e
el
o o,
que
al
mismo
iempo
que
con
una
mano
suje a
el
ai oso
man o
¿idelanlci
un
pie
en
ac i ud
un
poco
o zada.
Todo
iende
a
da
a iedad
a
Ui
escena,
que
bien
concebida
esul a
de
una
g an
p opiedad
y
en onación.
De
hecho
lo
descuidada
de
su
ac u a
le
coloca
po
bajo
de
Ui
Ado ación
de
San
Beni o
y
de
la
de
San iago
—de
concepción
más
a e ida
y
de
más
b iosa
ejecución—pe o
las
a en aja
desde
luego
en
equilib io
y
exp esión.
—
En
el
cen o
del
á ico,
y
co onado
po
un
a co
semici cula
pe al
ado,
se
ele a
el
Cal a io
que
comple a
la
imagine ía
del
e ablo.
Po
una
necesidad
nacida
desu
alejamlenlo
del
espec ado
adop a
mayo es
n opo cioi)|s
pa a
pode
se
is o
desde
abajo
como
co esponde
además
a
^
Impo ancia.
En e
las
i
gu as
llo osas
de
San
Juan
y
la
Vi,-gen
y
an e
una
Magdalena
que
— ema
an
g a o
luego
al
G eco
V
&
*
-
-
^
VI 7
.-n
un
p3ño
ecoge
la
sang e
di ina
se
ele a
el
C is o
(Lá n.
Ai j
cui'
.
.
. .
.
_
hecho
¿ amálico
en
su
majes ad
e
imponen e
en
su
quie ud.
El
cue po,
yp
poco
a
la
lige a,
apa ece
desplomado
e
ine e;
y
el
os o,
eo
y
no
se
sucio,
e ela
una
angus ia
y
un
dolo
ago
y
escondido
que
n£> n
aue
se
slen p*
p«s
Tii /-»
cn í ípn n
iin;^
ín ima
is eza.
alpa»
sien e;
es
algo
que
sugi iendo
una
ín ima
¡e a
y
conmue e.
gn
cuan o
a
la
a qui ec u a
las
nue as
o mas
i alianas
ienen
comple ^
u ilización
en
oposición
a
las
gó icas,
si
bien
es a
di e -
encia
adique
exclusi amen e
en
lo
deco a i o
y
ex e no.
Sus
«hisío-
o
.:^nn omon í>
_•
.a.-1...
'omO
al
■qs»
eminen emen e
na a i as
siguen
siendo
gó icas
y
como
n esi as
con
exclusi idad.
De
en e
ellas
des acan
algunas,
que
gXP
-
•
-
..
. .
.
.
^^sa oiladas
de
un
modo
iolen o
y
a opellado
di unden
a
bo bo-
ncs
es o
del
e ablo
una
ida
que
lo
anima
en
su
conjun o
con
conmoción
de
a e
igo osa
y
genial
que
sólo
Be uguc c
sabe
^p,.¡nii
a
sus
ob as.
De
es e
modo
el
e ablo
esul a
mo ido
y
la
a ención
es
solici ada
de
un
modo
pode oso.
RKTARI.O
np.l.
MONASTKRIO
RE
I.A
MEJORADA
DE
A-
BERRUÜUETE
35
En
él
no
pue ien
e se
des ellos
de
una
écnica
depu ada
ni
cxquisiieces
de
ac u a,
sólo
loq ados
cuando
más
a de
al
con ac o
de
o os
alle es
el
es udio
e lexi o
sucede
a
las
a ascadas
de
la
im|) o isaci<)n.
Hay
iq^ii as
que
pa ecen
hechas
de
cua o
gui)iazos
dados
ápida
y
ne iosamen e,
ponié idose
a
eces
de
inaniíies o
la
mano
de
los
ayudan es
en
la
ejecución
o al
de
la
ol) a.
Ausen e
ambién
la
no a
de
exal ación
indi idual
en
los
pe sonajes
aislados,
esal a
en
cambio
u ia
pode osa
in en i a
pa a
compone
las
escenas
que
en
e ec o
esullan
i idas
en
un
g ado
de
ealismo
y
exp esión
que
no
ha
de
se
alcanzado
en
ninguno
de
sus
e ablos
pos e io es.
Las
di e sas
escenas
sin
elaciones
íie
con inuidad
en e
sí,
desp o is as
del
meno
lazo
de
unión
y
o mando
cuad os
pe ec amen e
aislados.
In eg an,
sin
emba go,
im
odo
que
ibi
a
y
se
agi a,
log ando
su
misión
muy
de
Be ugue e—
de
hace
sen i
lo
ep esen ado.
El
e ablo
es á
o almen e
a i ado
po
esa
polic omía
an
búllan e
y
ca ac e ís ica
y
la í
pe ec amen e
encajada
en
su
mane a
de
sen ii
y
ealiza
la
escul u a,
adqui iendo
en
las
elas,
median e
un
es o ado
de
icos
ma ices
y
delicado
dibujo,
aspec os
de
gian
inuia
y
exquisi ez.
Su
a qui ec u a,
de
aza
enacenlisla,
ecia
y
decidida,
es á
deco ada
—si i
exceso—
con
mo i os
de
es e
es ilo
dis ibuidos
con
lino
y
sime ía.
De
jus as
p opo ciones,
lige o
y
elegan e,
esul a
el
e ablo
de
la
Mejo ada,
una
ob a
cu iosa
e
in e esan e
cuyos
a i
ac i os
se
en
hoy
ealzados
de
un
modo
conside able
me ced
ai
cuidado
y
acie os
de
su
nue a
ins alación.
Joaquín
Pé ez
Villanue a.
bibliog a ía
selec a
u ilizada
Rica do
Be ugue e
y
su
ob a.
Casa
edi o ial
Calleja,
1917,
Mad id.
M.
Gómez
iVlo eno.-Z. l
escul u a
del
Renacimien o
en
£'s/7 l/2a.'Pan heon.
Casa
Edi ice
Fi enze.
Gus a o
Gili,
Ba celona,
1931.
J.
Ma í
y
monsó.—Es udios
his ó ico-a isíicos
ela ioos
a
VaüadoUd,
1898.
Agapi o
y
Re illa.
-
La
ob a
de
ios
maes os
de
la
escul u a
oaílísoie ana,
1.1
QOQ
1920-1929.