scieee Open visual document viewer

El porte trágico en la pintura personal: Vincent van Gogh

Enciso Recio, Luis Miguel

Full text

EL PORTE TRAGICO EN LA PINTURA PERSONAL: VINCENT VAN GOGH Que sea la pin u a pe sonal, la ealidad his ó ica de es a endencia, iene a se el p ime obje i o de nues o abajo. Pe o pa a dio hab á an es que ecu i a su ambien ación en el ma co gene al de lo que se ha dado en llama A e mode no: sólo así -en e la ho izon alidad his ó ica- se comp ende po en e o su signi icación y ayec o ia como asimismo el po e ágico que Van Gogh la in undie a. La apa ición de la pin u a pe sonal es á muy ín imamen e ligada a la his o ia del A e con empo áneo. Después de 1850 los espí i us se has ia on de oman icismo, pe o sólo en apa iencia po que la eacción eaJis a du ó bien poco . En 1859 Mone expuso su «Imp esión, soleil le an » y, desde en onces, es aba abie a la senda subje i is a y pasional, de iliación análoga a la que Hegel denomina a omán ica. Un pe sonaje de Zola habla asi de la nue a co ien e: «Sí: nues a gene ación se ha encha cado has a el ien e en el oman icismo y nos hemos quedado imp egnados en él odos, y aunque nos limpiemos y omemos baños de eali- dades iolen as, la mancha se obs ina, odas las lejias del mundo no nos seca án su pes e> (1). Todo es o no signi ica sin emba go, que aquellas gen es alo a an lo decisi o del cambio que se es aba ope ando: la incomp ensión más ce il p esidió -como en el caso del ealismo- los p ime os pasos del imp esionismo, pese a que es e p e endía busca la a monía, el aco . de idóneo, con el espi i u de la época. «Nos quedamos odos en los boce os - uel e a habla o o pe sonaje de Zola-, en las imp esiones ap esu adas: nadie pa ece con ue za pa a se el maes o espe ado . ¿No es i i an e es a no ación nue a de la luz, es a pasión de lo e dade o lle ada has a el análisis cien í ico: es a e olución (1) Ci ado po E. D'O s. C~zanne. Mad id, Agulla , p6g . SS. 118 LUIS MIGUEL ENC I SO RECIO empezada an o iginalmen e y que se e asa po que el homb e necesa io no ha nacido? :. (2). El p opio Zola -po boca de Claude Lan ie - nos sugie e una solución: c:Tal ez lo que con- iene es el sol , el ai e lib e, una pin u a cla a y ama illa, las cosas, los se es al como se compo an en la e dade a luz . .. ¡En in no sé, qué sé yo! Una pi n u a nues a, la pin u a que nues os ojos de hoy deben hace , deben mi a » (3) . . Si -como ha dicho O ega- el homb e eacciona an e una · si uación i al haciendo A e, la p oblemá ica es a á cen ada en conoce esa especial mane a de ida ac uan e po los años 1850 a 1900. Es es e un momen o ansicional de esos que han i nspi ado a Ma ia Luisa Ca u la la denominación de «épocas incie as ,. (4), iempo indeciso -y sin umbo que p ocede a o o bien de e minado. Y po cu ioso juego de coincidencias esa i alidad cuya pis a as eamos, ha de encon a se sólo a a és de la más peculia de sus sendas : la pin u a. No en balde ha podido esc ibi Mal aux : « La escul u a , desde la mue e de Miguel Angel has a los mode nos, sin excep ua a Rodin, ha llegado a se un diálogo con el pasado. La pin u a es nues o a e .. . :. (5). «Desde mediados del siglo pasado, cambios p o undisimos se es án lle ando a cabo en el ambien e del homb e, has a al pun o que ha podido deci se y has a azona se con lógica que es os cambios son an adicales y absolu is as como aquellos que u ie on luga en la auna y en la lo a cuando sob e ino el pe iodo glacial» (6). De cómo se ope aba es e enómeno nos da un es imonio la condesa del Campo de Alange: c:Un Miguel Angel, un Wagne o un Ce an es ac ual -suponiendo que exis an en po encia- si se sien e acuciado po un ansia de nue as in e - p e aciones, cie amen e que no pod á acoge se a las o mas ya usadas siglos a ás po sus an eceso es, sino que ha de lanza se a la búsqueda de nue os mundoi en el ámbi o de las c eaciones es é icas» (7). (2) Ci ado po E. D" O a. C~zanne . Mad id, Aguila , pág. 56. (3) Op. ci ., pág. 36. (4) Ma ía Luisa Ca u la. A e de ~pocas Incie as. Mad id, 1944. Re is a de Occiden e. (S) O . de To e . c01'logo con Mal aux•. Insula, n. 0 92. Mad id . 1953. (6) Condesa del Campo de AlanQe. Medi aciones es Hlcas. ReTls a de Ideas Es ~Ucas, . X. (7) Condesa del Campo de Alange, op . cl . EL PORTE TRÁGICO EN LA PINTURA PERSONAL, ETC.· 119 Que a cada época le co esponde una cul u a dis in a, y una his o ia -si bien és a y aquélla sólo pueden en ende se o al, uni i amen e- no p e endemos aho a discu i lo, pe o, como apun a Ma angoni, los lenguajes con que se exp esan las a es de nues o iempo apo an una no edad absolu a (8). Y cons e que en «nues o iempo» se concen a la pin u a que a desde Mane , Cézanne y los Machiaioli, a las endencias ac uales. Hemos alineado un nue o mundo, una época jo en de la His o ia mue a en 1900, pe o queda en is e la p egun a obli- gada: ¿Fué oda ella mo ida po aquel impulso inicial de pasión Y subje i idad -como en aña de su se -? Se di ía que as es, pese a que la p opia His o ia nos desc ibe la agon a del imp e- sionismo - ené ico, hecho de e sión emocional- en e las ga as de un nue o es ilo de ida: el acional del simbolismo. Como dice Pay ó (9) «el p e a aelismo y el simbolismo, dema- siado in elec uales, no u ie on ue za de a as e•, y o a ez la sensación - jugada con una su ileza que la hace casi impe cep- ible - impe a á aunque el «pensamien o> exp esionis a ol ie a luego a ob ene una ic o ia apa a osa y co ical. Mone , Degas, Renoi , Sisley, Pisa o ... P ecisamen e aquí , en es a p o idencial coyun u a, hizo su apa ición el a e «pe so- nal»: Cézanne -el soli a io de Aíx en P o enza-, Van Gogh -pe dido en la se enidad de A lés - y Gauguin. T es homb es que ompen con la ó mula de pin u a po escuelas y c ean o a ín eg amen e pe sonal, dis in a, enecida con su exis encia. Has a aquí la explicación his ó ica de la pin u a pe soi:ial. en el ai e oda ía la es é ica. Digamos an es de nada que, en nues o concep o, su es ilo ué consecuencia di ec a de un es ado de ánimo en odo seme- jan e a la csehnsuch » omán ica . Anhelo de aga po lo incoo~ c e o, abandono de la ealidad en ' uga inacabable, que iene ambién su exp esión en el A e, el cual - nos di á la condesa del Campo dé Alange - «pa ece mos a ya una olun ad de ale- jamien o del campo de la ealidad>. La p opia condesa insis e más a de en la mo ología del enómeno, al desc ibi cómo acasó el « ealismo ingenuo>, que igno a la di e sidad de los (8) M. Ma angonl. Pa a sabe e . Ve sión de AnQel de Ap a z. Mad id, Espasa Calpe, 1945. (9) Julio E. Pay 6. Pin u a mode na. Buenos Ai es, Poseid6n, 1943. 120 LUIS MIGUEL ENCISO RECIO mundos concebibles: «E .n el momen o en que la psicología de la época echaza ya es a o ma de ealismo, la len e de las pe cep- ibilidades es é icas se pone en mo imien o y comienza a gi a poco a poco. En su i aje empieza a mos a nos p ime amen e unas o mas desen ocadas, bo osas, imp ecisas: es el imp esio- nismo. Luego, la len é pa ece egula se, las o mas se a i man, pe o el ángulo isual es o almen e dis in o; empiezan las de o - maciones: es el exp esionismo. Más a de, en el con inuo gi a , empieza a islumb a se un mundo in e io y, en consecuencia, se iende más a la con idencia que al es imonio. En es e momen o se p oduce el c au ismo» ... ». La es é ica hegeliana -imp esa en el SISTEMA DE LAS ARTES - p o e izó a las cla as la in luencia que la subje i ización palpable en el a e y la ida eu opea p e- omán ica end ian después. La subj : i idad . - p oclama á- es «la idea del espí i u eniendo conciencia en sí mismo». Al desdobla se el espí i u, p e iamen e desen endido del mundo ex e io , se sepa an su na u aleza obje- i a y su indi idualidad i ien e y subje i a. - Po o a pa e. se disc iminan el ac o «di ino y el «humano», cuya con luencia p oduci ía lo absolu o, que se mani ies a como -y uso palab as de Hegel- pe sonalidad humana y ini a, e dade amen e espi- i ual, en la cual eside el espí i u di ino». Hegel mismo nos ayuda en g an modo a la comp ensión del mo imien o a ís ico con empo áneo al habla de un a e omán- ico, cuyo p incipio esencial es la concen ación del alma des- inculada de los obje os sensibles ex e io es . Si algunos ma e ia- les concue dan con las ideas del nue o a e, és os son los de la pin u a. «La misión de la pin u a - iene a deci nos Hegel- sólo puede cump1i se con la mane a de concebi y sen i que se desa olla en el a e omán ico» (10). Hechas ca ne de la ealidad es as endencias al aba islum- b a cuáles ue on sus e ec os p ime os, su encaje de in luencias y ans o maciones. La noción gené ica de sen imien o, que había imp egnado con su p esencia incluso los aspec os alejados de su dominio, p ecisó más adelan e del concu so de dos cualidades: p o undidad e in imidad. «Sólo el pensamien o c is iano -ad ie e Hegel- ué capaz de conquis a un modo de exp esión aco de con ales (10) Hegel. Sis ema de las A es. Espasa·Calpe, Aus al, 1947. EL PORTE TRÁGICO EN LA PINTURA PERSONAL, ETC. 121 condiciones», sólo él enia la ue za necesa ia pa a que el sen- imien o no se asemeja a al amo ingenuo, sin deseo ni aspi a- ción. Pe o la espi i ualización honda -sin limi es- de la pin u a c is iana e a pa imonio de sus p incipios: nadie nunca pudo soña alcanza la. Se explica as . como en c is al, que la ealidad p ime o, y los emas pic ó icos se ean modi icados - ehechos di íamos- ha · s a con e i se en «apa iencia a is ica», con las cuales el espí i u p e ende sus i ui la ealidad an e io . Nacidos en al idealismo, los obje os, se si ua án en un ma co ' nue o, sus ancialmen e dis in o al de su e dade a ida, pe o de idén ica uni e salidad. Di emos en onces que se han hecho Cul u a, o, de acue do con la Condesa del Campo Alange, que soi1 «es ados del alma», pe sonalmen e exp esados. De ahí su di ícil en endimien o y la gene al incomp ensión con que han sido is os, pese a que, como sugie e Ma angoni (11) «el ideal de los a is as de hoy - y en es e amplio pa én esis empo al encié ase ambién la pin u a pe sonal - pa ece que es el de ol e a la apa en e simplicidad de medios de los p imi i os», con a ia al an iguo igo «calig á ico» (12). , Así la pugna ma e ia- o ma, que desde el imp esionismo ino a se obje o de gene al polémica y p eocupación, pa ece en ocasiones de ini i amen e esuel a. Hegel concep uaba la o ma como mani es ación ex e io de un p incipio espi i ual. La alianza de la escul u a clásica - espl i u y cue po - se puso en en edicho, y ambos é minos nacie on a una omnímoda libe ad e independencia . Se hizo música de la pin u a -en ez de igu as que se dis ibuyen po el espacio, sonidos a monizados en el iempo - y ambién la poesía se p eñó . de musicalidad. Fué en onces cuando la o ma ino a des ane- ce se, con undida, su giendo silenciosa la e a con enu is a. En es e gigan esco p oceso de descomposición de o mas el a e pe sonal, del pos imp esionismo a los « au es», acusó un aden amien o en los con o nos ín imos de 1 a pe sonalidad -buce _o hacia el espí i u - , que e mina ia po anega oda ep e- sen ación ex e io . El no «llega nunca» del ba oco, que nos insinúa Diaz Plaja, (13) las «suge encias» imp esionis as, las (11) M. Ma angoni. op ci . (12) Ma angoni, op. ci . (13) G . Dlaz Plaja. El espí i u del Ba oco . Ba celona, A polo, 19-iO. 122 LUIS MIGUEL ENCISO RECIO «de o macioJles» del exp esionismo , inie on a conclui en el a e abs ac o . e;o onces la «quididad» es élica, su o ma, se congeló en un con enido sin pe cepciones isuales . «Las cosas habi uales -dice Male ich- e oceden poco a poco ; a cada paso que se da, los obje os se hunden · un poco más en la lejanía, has a que, inalmen e, el mundo de las nociones habi uales, en el que sin emba go i imos , se bo a comple amen e ... No más imágenes de la ealidad. no más ep esen aciones ideales, sólo un desie o» . A englón seguido el equi oco sus i uyó a la abs acción . No es és a sin emba go la que de e dad nos inquie a -dice Ma ia Luisa Ca u la- «si es he mé ica, absolu a, se acep a ácilmen e». La misma au o a, en el ensayo ci ado, acie a a p ecisa con cla idad las hesi aciones a que conduje on los cubis as y el supe ealismo: «Cuando en un conjun o a ís ico independien e de la ealidad ex e na -ad ie e - asomA . un ozo de és a que no haya ecibido ans o mación su icien e pa a deja de subsis i como al elemen o ajeno al A e, -y es o es lo más impo an e- nos sen imos desconce ados». Las endencias más p óximas a nues ós días, a pa i sob e odo del ealismo social y el e ismo ol ie on a esuci a la égida de la o ma, pe o p endada de una ue e condición in elec- ualis a, que, ce ando un amplio ci culo, amenaza o é!. ez con el pelig o que en añan aquellas palab as del posi i is a Denis : «Un cuad o an es de se un caballo de ba alla , una muje desnuda o una anécdo a es esencialmen e una supe icie plana . .. ». Es amos en el pun o de a aque: ¿me a o ma , me o con enido? ... Si el pelig o de la pin u a calig á ica babia sido de ini i a- men e soslayado a p incipios del x1x, ¿has a dónde nos conducía un excesi o con enu ismo? En la enc ucijada de es os dos cami- nos, como pun o es á ico, se encon aba la pin u a pe sonal, y a su conju o, el a e se hizo sín esis . · Pa ec a na u al que as es as eno aciones es ilís icas , el c i e io de belleza su ie a una des iación, queb ando la ho izon- alidad clásica . Ya no se pensaba en la ecuación g iega espiÍi u- o ma co po al, ni siquie a en las ugas apasionadas de la pin u a c is iana de que hablan Ma angoni y Hegel. Decididamen e lo bello enía que se undamen almen e exp esión y no ealidad. cDeci , deci mucho has a emociona » pudo muy bien se el lema buscado. Se pensa á con azón que el ideal a ís ico de siemp e ha EL 1 PORTE TRÁGICO EN LA PINTURA PERSONAL, ETC. 123 sido la belleza, pe o es o no con adice en absolu o la di e sa in e p e ación que de ella puede hace se : «Di e si á ... , si ena del mondo» -dice Ma angoni - . No esul a ex año, po an o, a nues a men alidad c i ica que la humanidad c eado a, a e ida po una ince idumb e indesci able, haya que ido desde el imp esionismo b inda nos el es imonio de la belleza a a és de la exp esión . No es e dad que se haya desp eciado lo bello o, como dice John Hemming F y (14), que se haya p oducido una ebelión con a lo bdlo, sino más bien que se en iende de o o modo a como lo hicie a la pin u a y el a e clásico. Po o a pa e, es di ícil sus ae se al a ac i o de comp oba si , e ec i a, men e , aquello conside ado comúnmen e como eo, en el sen ido de no a moniza con un canon es ablecido más o menos amplia, men e, lo e a de e dad o pueden encon a se algunos aspec os de belleza igno ada y so p enden e . La Edad Con empo ánea -a pa i de 1870 se en iende- ha sido pa a algunos c í icos ac uales algo así como el ecep áculo de lo eo. Ya hemos suge ido la imp obabilidad de disc iminación en e lo bello y lo eo; ¿es ac ible en onces conside a que el homb e con empo áneo se ha aciado de in uiciones es é icas en sus in e nas i encias, po que no conoce an ecuen emen e como los g iegos el ideal de belleza en se es humanos bien o mados? (15) . D amá icamen e obse a Nie zsche que «nada es eo sino el homb e en el camino de la degene ación» . . Y en e dad que no puede ol ida se cuán lejos es á de ese p oceso el suje o de la mode na his o ia, ap es ado pa a una de ini i a «ca a sis». Más bien se <li ia que es e pe íodo de iempo comp endido en e 1870 y nues os dias, es el momen o de en ende el a e como san idad, de a lui unidos los polos sob ena u al y humano de que habla a Hegel. La a ea se á, pues, dis ingui lo au én ico y lo inau én ico, lo since o de lo pos izo . Hemos denominado pin u a pe sonal a odo un modo de concebi el a e pic ó ico, que se ex endió desde el pos imp esio, nismo has a la pin u a de manchas. La o ulación a iende a que las c eaciones del a is a, en onces más que nunca, son pu amen e (H) Jobo Hemmlng F y : La ebelión con a lo bello . Ba celona, Bosch, 19•0 . (15) Hemming F y, op. ci . 124 LUIS MIGUEL ENCISO RECIO subje i as, de pe sona, mejo que de · indi iduo (16), si bien al subje i idad cla amen e explicada a pa i de la Es é ica de Hegel. po juego mágico de ~enio, si e de alimen o y nu e los espí i us de cualquie con emplado . Si la pin u a clásica, obje i a , enia alidez uni e sal po que e a suscep ible de emedo, és a iene a se , es, inalienable . Vi e y mue e con su ejecu o , aun cuando su mensaje, lo que ella nos diga, pe enece a odos y es ap o pa a la gene al ap opiación. Pin u a, pues, de c eación, pu a, pe o ambién p agmá ica, po cuan o que educa y sa is ace, p o is a al iempo de «esp ib y, es palab a de Ve laine, de ma iz . El más au én ico alo de la pin u a pe sonal se debe in e p e a desde un pun o de is a sociológico. Ninguna como ella puso en e idencia el acie o de Hegel al plan ea el p oblema del amo eligioso como p incipio inspi ado de las a es omán icas . «La sa is acción ín ima -dice Hegel- es el amo sin deseos. el amo eligioso, que p ocu a al espi i u la a monía, la paz. la bea i ud» . Ca a sis, dolo : he ahi la me a de los Van Gogh . Gauguin, Cézanne ... , la me a ambién de la pin u a c is iana. T as el dolo y el su imien o clásico -g andioso, imponen e- nada queda, no hay nada . El g i o ansido de Van Gogh, pongo po caso. nos habla en cambio de un anhelo de san idad. en lucha lo humano ágil pa a hace se ac eedo a . su inal des ino e e no . Es o, a pesa de que muchos pin o es pe sonales no se alin~asen en la o odoxia y ue an las suyas idas de publicanos impeni en es . Una emp esa de al en e gadu a enía que se , lógicamen e, since a . Aunque sus modos, de acue do con lo que dice Ma an, goni pa a odo el a e con empo áneo, es én «ab e iados, clisimu, lados, apenas indicados», como mues a de «una mayo su ileza y sensibilidad» . Ocu e (ambién p egun a se si e a adicional o no. No me sus aigo de copia unas palab as del p opio Ma angoni sob e el p oblema de la adición en el a e: «ansían ol e a la adición sin pensa en que la adición no aba ca el lenguaje -el cual no puede se sino el de nues o iempo - ; y no piensan que se puede "'del mismo modo con inua la adición -que es. un alo é nico (16) V. l. Ma l aln. T es Re o mado es. Mad id, Espasa, 1948, sob e las consecuencias de es indi idualismos -Lu e o, Desca es, Rousseau- en la mode nidad. • EL PORTE TRÁGICO EN LA PINTURA PERSÓNAL, ETC. 125 y mo al que no puede sup imi se- sin que se deba po ello epudia el lenguaje de nues o iempo, espejo iel y a al de nues a ida». Asi en endida la adición, e iden emen e el a e pe sonal es adicional, como ambién lo es si se a iende a su au en icidad, que es a su ez la de cada uno de sus ejecu o es. La pin u a pe sonal, si uada en un ance de eno ación es é ica decisi a, p ecisada, e-o no an es el imp esionismo, el concu so del indi iduo, del «a is a», Mesías espe .ado y necesa io . Pudo se Cézanne como c ee D'O s, pudo se Van Gogh, o Gauguin; los es habían madu ado en la écnica imp esionis a y enian una pode osa o iginalidad en su ejecu o ia pe sonal. Pe o no es és e el p oblema que nos p eocupa. Aho a se a a de con empla el sesgo que imp imió a una ob a peculia el más decaden e de ellos, el holandés Vincen Van Gogh. El ué quien nos dió la isión conmo edo a de una ida angus iada; él quien, en de ini i a, cub ió de ag :dia los modos plás icos. «El a e -ha dicho Pé ez Dolz- (17) p oduce indi idualidades p opensas al aislamien o» . Ya e emos has a que pun o es cie o en el caso de Van Gogh. La o u a «goghiana» se dió en unción de dos dimensiones pe ec amen e coo dinadas: su ida, su ob a. Ambas llega on a con undi se has a hace se insepa ables, o mejo has a no concebi se sepa adas. Que había buscado la pe ección de su humanidad es innegable . Cómo, lo di emos en seguida. Muchos han hablado de pe sonalidad psicopá ica de Gogh, o os le conside an abie a, men e pa ológico. Vincen Van Gogh po sus ca ac e is icas somá icas, po el empo psiquico que a _ ellos co esponde, ué quizá un esquizoide, pe o p obablemen e nunca, has a su úl ima época . un en e mo men al -y es o habida cuen a de la aza in e na que en él hizo el alcohol- . El as o de los años en Holanda, Pa ís, A lés, An e s nos lo dicen bien a las cla as. Hubo dos ocasiones pa a lle a a cabo la ob a de a e que es su ida: an es de la pin u a y la pin u a. La p ime a es de pe iles bien sencillos y cons i uyó un g a e acaso. El éxi o de Van Gogh debe busca se en la segunda. · Nacido en Goo Zunde (Holanda), hijo de un pas o p o es, an e, ué sucesi amen e dependien e de come cio, maes o de escuela en Lond es y es uclian e de Teol~gia. Po es a época se (17) Pé ez Oolz. In oducción a la Teo ia del A e . Ba celona, Apolo, 1947,