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El retablo de San Juan Bautista en la iglesia del Salvador, de Valladolid: ¿Quentin Metsys o Adriaen Skilleman?

Nieto Gallo, Gratiniano

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EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA DEL SALVADOR. DE VALLADOLID ¿QUENTIN NETSYS O ADRIAEN SKILLEMAN? Después del abajo de C. Jus i (1), a ibuyendo a Quin ín Mc sys las g andes ablas del e ablo del Sal ado , y de los del S . Agapi o y Re illa (2) man eniendo es a a ibución, nada nue o, que sepamos, se ha lle ado a cabo con is as a un es udio sob e es e in e esan e e ablo po o o lado poco conocido; po ello nos c eemos obligados a insis i sob e él, es udiándolo de enidamen e y p ocu ando da , al paso una in o mación g á ica lo más amplia que nos ha sido posible ob ene . Desc ipción. El e ablo (Lám. I) es un g an políp ico (5,28 m s. de ancho Po 5 82 m s. de al o) que, según la insc ipción que co e a lo la go de la'impos a de su capilla mandó hace D. Gonzalo González de Illescas y su muje D.° Ma ina de Es ada, siendo colocado «en 2^,ico de! año del seño de mili e quie os q o qndo sus al ezas acaua on de gana el eyno de napolesi>. Podemos hace su es udio, eniendo en cuen a las di e sas ca ac e ís icas que el conjun o de es a ob a excelen e nos mues a, y en es e sen ido cabe es ablece dis inción, en e el e ablo p opiamen e dicho y su banco, po lo que se e ie e a la escul u a, y en e las ablas de L e yTas 'g andes composiciones pin adas, po lo que a añe a la pin u a. , . .. . . * i La pa e a qui ec ónica, se adap a a las disposiciones gene ales de los e ablos lamencos de i nes del siglo x y p incipios del x i. En el in e io , es cue pos de la misma anchu a sepa ados po mol du as; en el'cen al. un nicho de a co apun ado, cuyas jambas y asdós, se ado na on con pequeños g upos sob e mensulilas. de los 48 G. NIETO GALLO que hoy, sólo esían los dos más al ós, sob e el a anque del a co. El de la de echa ep esen a a un sace do e a odillado an e un al a y odeado de es homb es, sob e los que uela un ángel; el o o g upo, po la ac i ud de los pe sonajes, puede al ez ep esen a una escena de la ida de San o Domingo de Guzmán, aquella de la p ueba de los lib os sag ados en p esencia de los albigenses. Apa ecen es as escenas llenas de mo imien o y na u alidad, y si se las obse a de enidamen e, se ap ecia la habilidad con que es án abajadas. Debajo del a co, un dosele e i nísimo se sos iene sob e o o ilobulado, cobijando un nicho que ado na su ondo con en anales gó icos, y en cuya pa e in e io , sob e masas ocosas, po donde co en conejos, y en e á boles, apa ecen cas illos. Una moldu a calada, de la que apenas quedan es os, co ía a lo la go de la pa e . in e io de las jambas y es oneaba el a co ilobulado. En medio de es e nicho an icamen e p epa ado apa ace la i gu a del San o i ula (Lám. II). El Bau is a a es ido con única, y sob e ella lle a una piel de e ne a, cuya cabeza, pendien e en un ex emo queda a sus pies. Es a piel, e ciada sob e el homb o, se anuda po e¡ muñón de una pa a a modo de íbula, de alle que e emos epe ido en odas las demás ep esen aciones del San o en es e e ablo. La escul u a es á concebida con o me al modelo que, iniciado en el siglo x i c eó pa ón. Un g an man o, de pliegues angulosos y du os, cub e la pa e in e io déla escul u a, ecogiéndose sob e el b azo izquie do en ue es dobleces que medio ocul an un lib o, en el que descansa la igu a del Co de o. Po debajo, unas pie nas ue es y ne udas señalan un mo imien o de a ance, que mal quie en encub i los pliegues del pesado paño que o ma el man o. Hay, po an o, en la ob a, cie a desen ol u a que la lib a de aquella igidez ca ac e ís ica que se ap ecia en modelos más iejos. Con el b azo de echo señala al Co de a. Se acusa en es e b azo ue e modelado, y el escul o ha sabido ma ca de alles de músculos y enas, no sin cie a segu idad y ealismo. La cabeza, ené gica y ue e, sin deja de es a in luida de go icismo, mues a un alo menos hie áíico, de al modo que, las. sime ías ípicas, lejos de bo a la exp esión in e na de aus e a y honda emoción, pa ecen a i a la. Mués anos el P ecu so con la dies a al Co de o, como hemos dicho, y pa ece que de sus labios b o an aquellas palab as que, sob e mos a a la Víc ima, nos señalan la Redención: «Ecce Agnus Dei qui oHis pecca a mundi». El e ablo se ema a po un ecuad o, a modo de á ico, que EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 49 ep esen a el Bau ismo de C is o (Lám. III a). San juan, odilla en ie a, iende el b azo de echo y de ama el agua sob e Jesús, quien en medio del ío, jun a sus manos en ac i ud o an e. A la de echa de la composición, un ángel sos iene la única del Mesías. Al ondo dos cas illos y los consabidos en anales gó icos que hemos de encon a en odos los cuad os. El a co ebajado que cie a el nicho po su pa e supe io , no apoya sob e columnillas como los demás, sino sob e medias cañas ocupadas po dos es a uas, bajo chamb anas, colocadas sob e pedes ales poligonales: la de la de echa, ep esen a a San a Ca alina; la de la izquie da, a una San a undado a, o acaso San a Bá ba a. En el cue po de la de echa empieza a ep esen a se l¿.yida .^1 Bau is a, siguiendo un igu oso o den c onológico. En el cuad o supe io , la escena de su nacimien o (Lám. III b), animada y bien compues a: el anciano Zaca ías due me sen ado en un sillón jun o a la cabece a de la cama, donde San a Isabel, inco po ada, ecibe al in an e que, en uel o en ajas, le p esen a una dama icamen e a a iada. Comple an la escena, o a muje po ado a de un ja o y un aso, y o as dos como espec ado as. El cuad o siguien e, se e ie e a la p edicación de San juan en el desie o (Lám. IV a). La i gu a del San o apa ece odeada de oyen es, en cuyos os os se e ela p eocupación, ansiedad y a ención. Pa a equilib a la composición, dos muje es sen adas en p ime é mino, escuchan con in e és. T azando una e ical po el cen o de es e cuad o, queda di idido en dos pa es exac amen e iguales en cuan o a disposición y núme o de i gu as, co espondién dose las ac i udes de és as. Columnas deco adas con es ías sos ienen el a co; es e mismo de alle deco a i o apa ece en odas las demás. Como la ep esen ación del Bau ismo quedó pa a el á ico, en azón a la con eniencia de coloca una escena impo an e en luga p incipal del e ablo y pa a da más a monía al conjun o, el cuad o in e io se e ie e a la p isión de San juan. El p ecu so , con las manos esposadas, a a en a en la cá cel; sob e su homb o queda, pa a indica nos que allí exis ió o a i gu a, el b azo del soldado que le empujaba (Lám. IV b). Algunos de alles que publicamos, mues an el esme o de es as allas, y así enemos la i gu a de un al o digna a io (Lám. V a), cuyo os o e leja noble compasión, y la de He odcs (Lám. V b), con g andes ba bas enzadas sob e el pecho, en animada con e sación con un pe sonaje, cuyo os o linda en 50 G. NIETO GALLO 1 ca icaíu a a ue za de que e se ealis a. T ajes magní icos y compli cados; ocados a iados y ex años; ac i udes di e sas en pe ec o aco de con el momen o; mo ilidad exp esi a; p o undidad en el plegado de los panos, consiguiendo acen ua el cla oscu o, y un sen ido alo pic ó ico en odo el conjun o hábilmen e dispues o, son no as áciles de obse a en la in e esan e escena. El cuad o supe io de la izquie da, ep esen a el supjjcio de San Juan (Lám. VI a). El San o apa ece a odillado a la pue a de un cas illo, análogo al que se e en el cuad o an e io . El e dugo a a desca ga el golpe y Salomé espe a el a al desenlace. De ás de ella, una muje que lle a un aso y a ios soldados, ocupan el ondo de la escena. En el cuad o siguien e (Lám. VI b) He odias y He odes eciben el e íble-P esen e que ae Salomé. Al lado de He odes un comensal con una copa en la mano en ac i ud de bebe ; al lado de He odias o o pe sonaje a quien pa ece epugna la escena; un paje en pie, es es igo del ágico acon ecimien o. En un incunable, que se gua da en la Biblio eca Comunal de Ambe es, «Day Boeek an den Leben ons iee en Ibesu Ch is h, o nado de g abados en made a e imp eso en 1487 po Ge a d Leeu, apa ece igual escena, y en ella se ha c eído pudo inspi a se Meísys, pa a compone análoga ep esen ación, en su magní ico íp ico del En ie o de C is o, conse ado en el Museo Real de Ambe es (3). Es a semejanza, pudo suge i al seño Agapi o y Re illa (pa i da io de a ibui a Me sys las pin u as), la idea de que, siendo a más el a is a g abado de medallas y allis a, ue a ambién el au o de la pa e de escul u a de es e e ablo (2). No compa imos es a opinión, en p ime luga , po que es muy poco lo que puede conc e a se ace ca de Meísys como escul o , y en segundo, po que es a analogía de composición con elación a es a escena, si pudo oma la el ilus e pin o de Ambe es pa a su abla del Musco Real, del lib o de Leeu, pudo igualmen e oma la cualquie o o a is a, dado que es e de ociona io gozó de g an popula idad a ines del x y p in cipios del XVI (3). Nada de pa icula iene que cualquie escul o copia a y epi iese los asun os que componían sus g abados. Po an o, Meísys pudo inspi a se y ecoge ci sen ido me amen e icono g á ico de la escena, pa a la abla del En ie o de C is o del Museo de Ambe es, del g abado en made a del Lib o de G. Leeu (lo que pa ece ac edi a el de alle, que no deja de se un poco ago, de que He odias pinche con un cuchillo la cabeza del Bau is a del mismo M EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 51 modo a como ocu e en el g abado ciíado), pe o de aquí no puede deduci se, a pesa de que idén ico de alle se da en nues o e ablo, que és e sea ob a de Meísys, pues o o a is a pudo inspi a se asimismo en el conocidísimo lib o. El cuad o in e io de la izquie da ep esen a el Enlie o de San Juan (Lám. VII a). Es una escena hábilmen e a ada y de g an ealismo. En p ime é mino, el cue po de San Juan endido al lado de la osa que acaban de ab i los sepul u e os; a la de echa, un anciano, y a su lado, una muje apoyada en una mule a y el b azo en cabes illo; unos homb es al ondo, y a la Izquie da, o a muje que iene un niño en los b azos. Es os de alles se e ie en, con oda segu idad, a los milag os que ob ó el San o después de su mue e. Hay señales de habe exis ido o as dos igu as más a los pies de San Juan y en un p ime é mino. Las dos igu as de los sepul u e os (Lám. VIU a) son de un ealismo so p enden e. Uno de ellos saca las Úl imas pale adas de ie a, mien as o o, en ac i ud e e en e, se dispone a le an a el cue po del Bau is a. La exp esión en los os os señala una no a de is eza hábilmen e conseguida. Los elie es del banco. Pueden ap ecia se en és os, di e encias no ables con e e encia a las escenas desc i as an e io men e. Las i gu as que componen cada Una de las es que ocupan el banco es án alladas en un solo ozo de made a; las de los cuad os supe io es, po el con a io, es án alladas sepa adamen e y después, con ellas, se o denó la composi ción Si o denación hubo de se pensada con an e io idad, la acomodación no pudo se an obligada como debió ocu i con las del banco, po que alguna de las i gu i as, o almen e exen as, pe mi ían a iaciones en su colocación, e incluso en cie o modo, ec i icaciones. Componen el banco, a más de dos pequeños nichos la e ales, s g andes escenas. El La a o io: (Láms. Vil b y VIII b). C is o lodillado, la a los pies de Ped o, que es á sen ado, con las manos jun as, como sumido en muda o ación. En segundo é mino, los demás Após oles, o man un ap e ado g upo, en el que no dejan de indi idualiza se las i gu as. Cada uno nos e ela especial es ado dé ánimo, como puede obse a se en de alles de es e g upo. (Lám. VIII b). Fo ma el cuad o cen al la_Pledad (Lám. IX a), composición azada siguiendo las no mas de g upos análogos de es a época. es an ■k • 52 G. NIETO GALLO Ma ía apa ece cubie a con un g an man o; ab aza en su egazo el cue po ígido de Jesús, cuya cabeza sos iene San Juan en e sus manos; a la izquie da de la Vi gen, la Magdalena, con empla en ac i ud dolo ida. El cuad o inmedia o ep esen a la Cena (Lám. IX b). Al ondo y en el cen o, Jesús bendice el pan. Los Após oles a en os a lo que hace el Maes o, pa ecen admi ados del ac o. El a is a se In e esó po da a iedad y mul iplica de alles. Po úl imo, en el nicho de la izquie da, un paje (Lám. X a) sos iene el escudo de los undado es; cas illo de es o es bajo dos aus, a la de echa, y dos cabezas de águila sang ando, sepa adas po una banda, a la izquie da. Figu a pa ecida debió habe en el o o ex emo. Hoy al a. El banco es á sepa ado de la pa e supe io del e ablo, po una moldu a y una g eca calada compues a po hojas es ilizadas, lle ando de ez en cuando pája os in e calados. Pa e de és a es nue a. Las dis in as escenas de! banco es án sepa adas e icaimen e po pináculos que si en de dosele es a unos nichos, de los que han desapa ecido las igu i as que indudablemen e con enían. Es os elie es del banco son, posiblemen e, de mano dis in a a los del es o del e ablo, y cie os de alles lo a es iguan. Las igu as de la pa e al a es án a a iadas con es idos de la época, a excepción déla de San Juan; las del banco, po el con a io, is en las clásicas únicas.1 Si compa amos más de enidamen e una igu a de la pa e al a con una de las de la p edella^ no a emos que el canon es com ple amen e dis in o; las i gu as del banco, a pesa de su igidez, son esbel as y de ca as ala gadas; las de a iba, son algo achapa adas y de ca a cuad ada. El plegado de paños, es más na u al en los elie es del banco, y aunque oda ía son du os, sin emba go, los pliegues no es án limi ados po líneas ec as angulosas, como ocu e en los de la pa e supe io . El modo de a a el pelo en las i gu as del banco, e ela cie a libe ad y na u alidad, mien as que, casi odas las igu as de la pa e al a, sob e odo las masculinas, nos mues an los mismos mechonciíos sob e la en e. No es menos elocuen e la obse ación de la a qui ec u a; los cuad os supe io es es án enma cados po columnilias, sob e las que apoyan a cos lobulados, de cuyas a qui ol as, penden i nos calados; la pa e supe io de los nichos de la p edeHa, en luga de es a limi ada po a cos, lo es á po la impos a que co e a lo la go de oda ella; en los echos de las ho nacinas hay bó edas de c uce ía EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 53 colgan e, más ica en la pa e supe io , y si el ondo de los nichos al os se ado na con mazone ía gó ica, o mando a modo de g andes en anales, los ondos de los nichos del banco, apa ecen lib es. La anchu a o al del banco excede con e e encia al es o del e ablo; pe o, po si odo eslo ue a poco, hay un de alle que nos asegu a más sob e es as di e encias. En odas las escenas de la pa e supe io se en, hechas a punzón, dos manos (Lám. X b), y sabemos que, «...los e ablos con eccionados en Ambc es, an es de se expues os pa a la enía, habían de se examinados po un ju ado nomb ado po los decanos de la Co po ación. Es e examen no enía o o obje o que con as a la calidad de las made as empleadas. Pa a los e ablos, no podían se más que de encina o nogal, bien secos, sin de ec os y eniendo el g ueso de e minado. Cuando el ju ado había econocido que el e ablo eunía las condiciones exigidas pa a cons i ui una ob a de buena calidad, aplicaba la ma ca p eci ada. E a és a, una mano pa a las escul u as en made a no pin ada, y las a mas de la illa pa a las escul u as polic omadas» (4). Pe o j. Des ée (5) a i ma que las a mas de Ambe es (cas illo de es o es y dos manos encima) e an empleadas pa a la polic omía p opiamen e dicha. La mano, ma ca de la escul u a, i gu a indis in amen e sob e las ob as polic omadas y no polic omadas. Bossche e (6), eniendo a la is a algunos a ículos de los eglamen os de la Gilde de San Lucas, dice que la ob a no se some ía al ju ado cuando el que la enca gaba e a pe sona de calidad: cuando in e enía el ju ado, se colocaba la mano de Ambe es después del examen de la ob a en blanco, y cuando ya es aba e minado, es deci , pin ado, se ol ía a some e la ob a al ju ado, y ponían sob e ella el cas illo. Es a ma ca, que ac edi a la buena calidad de las escul u as, no se egis a en ninguno de ios g upos del banco, lo que hace supone dos cosas: o que no me ecie on la ap obación del ju ado, o que no se lab a on en Ambe es, siendo más acep able es a hipó esis, ya que los g upos del banco e elan mano dis in a y supe io . Todas las i gu as es án do adas y muchas únicas ienen un esg a iado sumamen e cu ioso po su polic omía y po el esme o con que es á hecho: las i mb ias es án deco adas con e sículos en ca ac e es gó icos o con le as suel as, sin sen ido, de es e mismo ipo; la polic omía es la misma en los g upos al os que en ios del banco; pe o si seguimos en es e pun o a Bossche e, deducimos que no se pin a on en Ambe es, pues en ese caso end ían el consabido cas illo. 54 Q. NIETO GALLO Las pin u as de las po ezuelas de! banco. A nues o juicio son in e io es, a las del es o del e ablo. Ob as de un posible a is a cas ellano, aunque no las c eemos de un pin o de p ime a ila, no nos pa ecen desp eciables. El es ado de conse - ción no es bueno. En la pa e ex e io es án ep esen ados, de de echa a izquie da, San o Domingo (Lám. XI a) que lle a una azucena en la mano de echa y con la izquie da sos iene un lib o; San Lucas (Lám. XI b) esc ibiendo y es ido con única oja; San Ma cos (Lám. XII a) ambién en ac i ud de esc ibi , y po ul imo, San F ancisco (Lam. XII b) que sos iene una c uz. Las i gu as se enma can en unos a modo de nichos o mados po a cos ebajados sob e pila es. Los cuad os de! in e io es án mejo conse ados. En la pa e supe io e in e io de ellos se en ado nos de ipo gó ico. El cuad o de la de echa ep esen a a la donan e, doña Ma ina de ■Es aja (Lám. Xlll), acompañada de o as cinco muje es, en las que, el indudable ai e de amilia, señala se hijas. En la abla inmedia a, San Je ónimo (Lám, XIV a), quien sos iene con la mano de echa la pa a de un león, de la que ha ex aído una espina. Al o o lado, San Agus ín (Lám. XIV b), i gu a la más acabada de odas las del banco y la más ica en de alles. Lo señala, po ejemplo, los ado nos y joyas de la mi a, imb ia y b oche de la capa. En el cuad o que sigue, el donan e, Don Gonzalo González, de Illescas (Lám. XV), acompañado de sus amilia es, seis hijos, en e ios cuales apa ecen dos onsu ados. Es as ep esen aciones de los donan es son indudablemen e e a os, lo que hace supone que es as ablas debie on se pin adas en Cas illa, eniendo el a is a an e sus ojos los modelos. Todas las i gu as son de medio cue po, p edominando en ellas los onos oscu os. Desg aciadamen e, odas las ablas del banco han su ido mucho, po inhábiles y absu das limpiezas que incluso han ba ido la pin u a. Las g andes ablas pin adas. La ama que goza es e e ablo, se debe p incipalmen e a es as g andes y bellas pin u as, a ibuidas, has a aho a, a Quin ín Me sys. En la ca a ex e io de las pue as se desa olla la Misa de San G ego io (Lám. XVI). El San o, es ido con alba azulada y casulla EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 55 neg a, sob e la que se dibuja la c uz, de odillas an e el alia , ado a al C is o que sale del sepulc o mos ando sus llagas. Es a igu a se empequeñece desde el pun o de is a a ís ico, sob e odo si la e e imos a las demás de la composición. A los lados del Pon í ice dos minis os con dalmá icas ojas, lle an sendos ci ios; uno de ellos le an a la casulla del celeb an e y el o o sos iene con la mano de echa una campanilla. F en e a es e, un ca denal, es ido con amplio opón osa con e lejos e des, sos iene la ia a; a! lado opues o, o o, lle a una al a c uz y su opón es de un e de cla o, cayendo en pliegues amplios sob e el suelo. En e ce é mino, un segla , del que sólo se e la cabeza y algo del opón neg o y de la piel con que le ado na (Lám. XVll). En la pa e in e io de las pue as se ep esen an dos asun os: La Ado ación de los Pas o es, en la hoja de la de echa, y la Ado a ción de los Reyes en la de la izquie da. En es as escenas el a is a puso oda su inspi ación y sen imien o. La Ado ación de los Pas o es (Lám. XVIl!) es á concebida eliz men e? sob e pa ón es ablecido, como más adelan e e emos. La dul zu a y el asomb o son no as ca ac e ís icas de es a bella composición. Toda la escena gi a en o no del Niño que, endido sob e el peseb e, mues a ese ené gico ealismo y esa a a impe ección habi ual de la escuela lamenca al a a se del desnudo y de in e p e a i gu as in an iles. T es ángeles, de do adas cabelle as, ado an al Di ino In an e; el colo azulado de sus alas, p oduce un e ec o encan- lado en e las únicas blancas que lle an los dos de segundo é mino, y la oja que cae en na u ales pliegues po la espalda del que emos en p ime plano. De ás, dos pas o es (Lám. XIX) que llegan; el uno se descub e an e el Niño y, a! hace lo, su ojo man o se pliega y ecoge po delan e del pecho; el o o pas o , es ido con única mo ada, hace ademán de in e oga a su compañe o, quien pa ece abso o con em plando al Niño. San José (Lám. XX), a óni o, lle a la mano de echa a la cabeza pa a desloca se, mien as sos iene con la izquie da un a ol, y exp esa, más que un ademán de espe o, un ademán de asomb o, has a el pun o de que bien pudie a oma se es a igu a, como la de o o ap esu ado pas o , en ez de la del San o. Pe o donde se concen a el in e és es en la igu a de la Vi gen (Lám. XXI); es á a odillada an e el peseb e a los pies del ecién nacido, con las manos jun as y lige amen e inclinada hacia adelan e. Debajo de su oca, blanca con e lejos azulados, apa ece una blonda y ubia caballe a. Cub e su cue po con un la go man o azul e doso. 62 G. NIETO GALLO el mismo asun o en el íp ico alladolisole ano (Lám. XVIII), que a su ez mues a es echa elación con la Na i idad de Oe a do de San Juan (Lám. XXV), de la que ya an es nos ocupamos. Todas es as analogías y semejanzas, an conc e amen e es a blecidas en e un g upo de ob as e e idas a un mismo a is a, no a guye pa a és e la in ención de un ipo .de composición sob e asun o de e minado y menos cuando es as se adsc iben a la in e e san e p oducción de los Países Bajos, pues como ya indicamos an e io men e, en e es os pin o es se es ablece una encadenada dependencia, en cuan o a la in e p e ación de asun os, an es echa men e ligada que, muchas eces, caen en el plagio, si no se hunden en una copia más o menos se il. Así, po ejemplo, emon ándonos, encon amos las líneas gene ales de composición de nues a Ado a ción de los Pas o es en la Na i idad del Museo del P ado, a ibuida a Pe us C is us. La Vi gen o a; el Niño, colocado en el suelo, apa ece odeado de ángeles. San José, a un lado (izquie da de la abla); como ondo, un en anal pa ido y igu as asomando La composición que nos mues a en la Na i idad, a la Vi gen de odillas en ac i ud de ado an e, con las manos jun as, an e el Niño eclinado en un peseb e (especie de cajón al o), odeada de ángeles ( es gene almen e), de meno amaño que las demás igu as, y comO ondo, a qui ec u a en uinas con despiezo y en anal pa ido po columna en su cen o, pa ece algo gene al a la escuela, y se no a ya así en una abla de B uselas (Na i idad y Ado ación de los Reyes que se a ibuye a la escuela de Roge an de Weyden) (11); como o a de composición análoga (seis ángeles odeando el peseb e, y en el ondo, en ana pa ida y igu as que se asoman, e c.) en la Col. Kau mann, de Be lín (12). El g upo o mado po la Vi gen, el Niño y el Rey, en la Ado ación de los Magos, pa ece es a inspi ado en la «Ado ación de los Reyes», de Ge a do Da id, conse ada en el Museo Real de B uselas, de los que a su ez, dice Ge ae (15), que algunos ipos es án omados de H. an de Goes y de Menling. Del mismo modo, la igu a del Rey que espe a de odillas endi su o enda, pa ece ambién inspi ada en es a ob a de Ge a do Da id, y oda ía pa ece más ce cana la iliación de nues as composiciones, con una abla del mismo pin o conse ada en la Col. G essman (14). Recue da ambién la misma composición po lo que se e ie e a la Vi gen, Niño y Rey, una abla de Ve ona, de la escuela de Ams e dam, de hacia 1500, lo que p ueba que hizo o una, y en el Museo de Be lín, o a abla conside ada po Bode como p o o ipo de la de EL RETABLO DE JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 63 •■a ! os pi ^ Co nelisz an Oos ancii, señala lo mi mo ( ). acusan es as cu iosas analogías pueden p o iga se y e os nos asegu an de lo que decíamos an e io men e, es o es. a ac p ^cion de emas y pa icula idades de composición en e los pin o es de los Países Bajos. Aho a bien, ¿quién pudo se es e maes o que F iedlande nos e e a J^^mo e ablas del Sal ado y como un discípulo di ec o de Quin ín Me sys? El mis no ilus e c í ico, apun a una posible iden i icación. Si se acep a, sald ía el anónimo el maes o de Mo ison, pa a adqui i pe sonalidad p opia y de inida. Con an e io idad a las echas que conocemos de las ob as de Me sys, sabemos que el g an maes o ecibía discípulos en su alle de Ambe es. De los cua o conocidos, A iaen o Ad ien en 1495, Guille mo Menleb oeck en 1501, Edua do Po íugalois en 1504 y Hcnen B ockmacke e en 1510 (16), solamen e al p ime o con iene la posibilidad de iden i icación con el maes o de Mo ison, dadas las echas de ing eso en el alle e incluso po e) hecho de que, es e A iaen, ue a ya maes o lib e en 1505, con lo cual, las ablas del Sal ado , al se indudablemen e suyas, ue on pin adas posiblemen e cuando es e a is a e a ya independien e. Aho a bien, es e A iaen ing esó en el alle de Me sys en 1495, an es ano amos. Pa a se maes o anco, y adsc i o como al ^'aOilda de San Lucas, e a necesa io habe abajado cua o años Un alle , o habe sido dispensado de es e equisi o, si así lo aco daban sus compañe os (17). Pues bien, en 1499, es deci , a los cua o años de ing eso de A iaen en el alle de Me sys, nos encon amos con un pin o llamado Ad iaen Skillemann. que debió goza de algún enomb e, ya que algo pos e io men e, desde 1507 iene ap endices, como Pee ken Kin ens y Joosken Kin ens. Después de 1517 no uel e a nomb á sele. Y he aquí la conje u a, señalada po F iedlande , de que posiblemen e el maes o de Mo ison sea ese discípulo de Me sys, el p ime o que se no a como al, llamado A iaen o Ad ien, y és e a su ez, el Ad iaen Skilleman, quien en es e caso, se ía el au o de las ablas de ía iglesia del Sal ado . No as peculia es de es e pin o , de indudables alen os y de g andes posibilidades pa a log a una exp esión independíen e y lib e (18), y a quien debié amos llama Ad iaen Skillemann, mejo que maes o de Mo ison, son, a juzga po las ob as que ac ual men e se conside an como suyas, las siguien es: p ime a, ac i udes 64 G. NIETO GALLO especiales de copis a que, a pesa de sus a anes en man ene las i elmen e cuando se aía de segui a Menling, las modi ica, po la in luencia de su maes o di ec o, el g an pin o de Ambe es. Así, po ejemplo, su Vi gen en el íp ico de la Col. Mo lson, inclina sua e men e la cabeza, se dulci ica, po la in luencia de Mcísys, con a poniéndose a la on alidad y igidez de la Vi gen de Menling en el íp ico de Viena que copia. Y cuando Ad iaen c ea po su cuen a, sob e la misma copia menlingniana, y sus i uye el donan e, po un ángel músico, es a i gu a, iene un alo y un sen ido de libe ad que ompe con las iejas a monías del pin o del A ca de San a Ú sula. Po o o lado, sus inno aciones son pensadas y sabe acopla las y man ene las con una especial consecuencia, a anzando siemp e en sen ido de una mayo sua idad y mayo delicadeza. En sus ondos a qui ec ónicos, cuando no sigue pau as p ecisas, c ea ambién una in e p e ación pe sonal a base de una peculia sob iedad, conc e ada en el dominio de líneas ec as y en la al a de o namen ación. P e ie e la sencillez de pa amen os desnudos, donde sólo el despiezo de los silla es ompe la unidad de supe icie, a los complicados ollajes e o cidos de un go icismo a anzado, o a los mismos g u escos complicados, b ocados icos en unción de apice ía cub iendo ondos, y a los bellos de alles de columni as c is alinas y b illan es, má moles . y jaspes b uñidos y ema es me álicos de las pin u as meísyanas. Es no a suya ca ac e ís ica, es a de la sob iedad. Compá ense ob as de Me sys, del maes o econocido, con las que conside amos como de Ad iaen; po ejemplo, la Ado ación de los Rcye e de Mcísys, de la Col. Kann, en Pa ís (19) —po p esen a idén icos asun os—, con la Ado ación de los Reyes de Belchi c o la del Sal ado de Valla' dolíd. y «sía sob iedad en ondos y en de alles se hace ex ensi a a ios indumen os, sólo alo ados en las ob as de Ad iaen po la p opia calidad de las elas o de las pieles. Compá ese, insis imos, el magní i co a uendo de ios Reyes en la Col. Kann. con la noble sencillez eleg' ln*® de los mismos pe sonajes en nues as ablas del mismo asun o (Valladolid y Belchi e). Gus a Skiiiemann de las elas sencillas, lisas s'" ado nos complicados, y cuando po la calidad o elie e del pe sonaje se hace necesa io en iquece el es ido, lo hace con sen ido de ponde ación y medida admi able. En las Ado aciones de los Rey®® Valladolid y Belchi e. casi no hay más no a b illan e n joyas- po® píxides que se o endan, el lo ón de alguna ^o ona (pu® pa ece se quie e ocul a con el uelo amplío de i el o qu® o ma el ocado), algún b oche no muy ico y p Fig. 1."—Q. Me sys. Ado ación de los Reyes de la Col. Kann. (G á . del S. E. A. A.) Fio. 2.° —Ado ación de los Reyes. T íp ico de la Iglesia del Sal ado , de Valladolid. (G á . del S. E. A. A.) .>-PIÍ I 1 ^ 3 Fio. 3.® —Ado ación de los Reyes. T íp ico del Semina io de Belchi e. (G á . del S. E. A. A.) EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 65 algún cabujón ado nando bo des. En es e aspec o, Ad iaen se sepa a y dis ancia del maes o, y es a sob iedad, o ma no a especial de su a e. T es ca ac e ís icas in o man ia p oducción de Ad iaen: ag u pación suel a y casual de las igu as; c eación de escenas en que si ua las, y solución de los p oblemas de la luz. Pa a lo p ime o, ompe con odo hie a ismo; sus Ví genes y sus San os, se hacen más humanos, humanos en el sen ido de una mayo dulzu a y de una meno igidez solemne. El sen ido de ag upación, se hace en Ad iaen más lib e, menos simé ico, y sin emba go, po ello no pie de cla idad la composición; y así como su maes o iende a un pa alelismo ebuscado y a i icioso sob e el eje p incipal de la composición, que a su ez es el del cuad o, Ad iaen, iende a compone sob e oblicuas con e gen es en un pun o de e minado. Recué dese la disposición de i gu as en la amosa Leyenda de San a Ana del Museo de B uselas, con su ca ac e ís ico pa alelismo de e minando una sime ía, más p opia de un bizan ino que de un pin o del siglo x i; obsé ese cómo en la Ado ación de los Reyes de la Col. Kann (Fig. 1.®), '9 composición obedece a pa alelas ijas y compá ese el esquema de es e cuad o de Me sys con los esquemas de análogo asun o en Valladoiid y Belchi e (Figs. 2." y 5.°), y he aquí o a no a que sepa a al discípulo del Maes o. Ad iaen o ma sus ondos de escena"^ con un alo de indepen- dencia, ya c ee un espacio ex endido de un modo con inuo, limi ado po masas de ondas cla as, como en «el Ja dín del Pa aíso», ya ab a un camino p o undo en la composición, pa a mos a nos un bello paisaje, como e i la abla de. la Col. Johnson (lo que Me sys echaza ía, po que pa a el maes o la masa de igu as cons i uye el p opio con enido del cuad o), ya nos alce unos pa amen os desnudos, lib es de deco ación, como en nues as ablas de Valladoiid y Belchi e, en sen ido opues o ambién a Me sys. Mas donde Ad iaen c ea e dade a labo pe sonal, es en el modo de in e p e a y conduci ja luz. Ya indicamos an es cómo juega con las somb as deslizándolas sob e los cue pos con una especial ans igencia"^ es no a ambién del a is a, sumi oda la composición en una luz sua e. Las somb as y los e lejos signi ican pa a él más que la o ma. En es e sen ido, po la comp ensión especial de la luz, la ue za de ambien e en el paisaje y la mane a de in e p e a el espacio y el ai e, Ad iaen, copis a de Menling y discípulo muy unido a Me sys, pa ece un holandés, y no debe ol ida se la cu iosa semejanza de 5 66 G. NIETO GALLO nues as ablas de la Ado ación de los Pas o es (Valladolid y Belchiíe) con la Na i idad de Ge a do de San Juan (20). O as dos no as sepa an a Ad iaen de Meísys. En el pin o de las ablas del Sal ado , no encon amos ni la minuciosidad y p ecisión de allis a an ca ac e ís ica en el maes o de Ainbe es, ni el sen ido ca ica u esco que en Me sys p esagia al Bosco. El au o e a o del pin o . En la Misa de San G ego io (Lám. XVI), de nues o e ablo de San Juan, como ya indicamos, apa ece una cabeza de segla , ex aña ai conjun o de g a es eclesiás icos que o man la escena. Y no es un me o espec ado de ella. Se indi idualiza en al o ma su igu a que, aunque elegada a un ex emo, se ans o ma en la p incipal Realis as son ios dos ca denales po ado es de las insignias del Pon í ice; ealis as los dos sace do es que asis en de minis os; ealis a la misma cabeza del Papa, asomb ada an e la apa ición; pe o es e ealismo, acusa la copia de un modelo único, que el a is a a ió a su an ojo y con o me a un ideal p opio, Pe o, la cabeza del segla (Lám. XVII), mues a algo dis in o. Es de un ealismo e ec i o una copia del na u al sos enida en odos sus de alles, sin pin a de ecue do y p escindiendo de man ene la a monía del conjun o. Po es e cial de alle, es po lo que salía es a igu a como algo ¡ndependiem po lo que adquie e un alo especial de indi idualidad. Y como no puede ep esen a al donan e —que ya apa ece en el banco— c be supone si es e e dade o e a o se á el del pin o . ' ^ Es un jo en; os o ancho.y anguloso enma cado en una melena neg a y izosa ojos edondos, de g andes pupilas, bajo unas cejas g uesas y pobladas; na iz eno me y caída sob e una boca ancha que ma ca un ic us desdeñoso; men ón salien e y cuello g ueso sob e ue es homb os que cub en unas pieles. La in eligen e y pe spicaz obse ación del seño Agapi o y Re illa, señaló es a cabeza como posible e a o del pin o a i ma ción que compa imos con el ilus e maes o. Pe o sen imos nega (dado que no podemos acep a es as pin u as como ob as del g an maes o de Ambe es), que es a cabeza sea el au o e a o de Quin ín Meísys. Es más, como un úl imo a gumen o que c eemos iene especial Impo ancia, es e de alle, puede se i nos pa a deslinda de un modo de ini i o, la adsc ipción de ob a an in e esan e, al au o de la Leyenda de San a Ana. '*. ' EL RETABLO DE SAN JUAN BAUTISTA EN LA IGLESIA, ETC. 67 Supongamos po unos momen os que e ec i amen e, nues as g andes ablas son ob a de Meísys. Si a i mado es o, se a i ma a su ez que es a cabeza es au o e a o (lo que has a aho a se ha man e nido), necesa iamen e ha de conclui se que nues as pin u as.no son de mano del amoso pin o de Ambe es, po la sencilla azón de que en modo alguno puede sos ene se que, es e jo en que as el ca denal asis e al milag o con una cie a impasibilidad cu iosa, sea Quin ín Melsys. Veamos po qué. Complicado es el p oblema de halla la e dade a e igie del amoso pin o . Ha de desecha se po en e o como al, la cabeza de la Col. Jacquema í-And é, que según Dacie (21) pudo se e a o de Quin ín Me sys. Al cd Michiels (22) indica que en el Museo de Flo encia se conse an dos e a os que se suponen de Me sys y de su segunda muje Ca alina Heyens, y ob as de su mano, pe o, según Bos- sae , son los e a os de Van Cle e y de su esposa (25). Cuen a Michiels (24), apoyándose en el es imonio de Alejand o Fo nen- be gh, ci ado po a i Mande , que habiendo sido necesa io aslada los es os de Me sys (al ealiza se la ampliación de la Ca uja, donde ue en e ado), po los cuidados de un admi ado de! a is a, Co nelio an Ghee , se lab ó un elie e con la cabeza del a is a, copiando una medalla an igua que poseía an Ghee . Es a indicación de sepul u a, colocada al pie de la o e de la Ca ed al, ué cedida al Museo en 1825, eemplazándola el monumen o ac ual. Es e elie e, a juzga Po un g abado que conocemos del monumen o, gua da cie a analogía con el e a o publicado po Lampsonius, del que aho a habla emos, y ninguna con el au o e a o de la Misa dé San G ego io. Bossche e señala,, que Opmee en su «Opus ch onog aphicum o bis uni e si» (Ambe es 1611) publicó un pequeño medallón g abado en made a, bajo el cual se lee QUINTINUS LOVANIENT PICT, a lo que sigue en la ga leyenda la ina, las anécdo as cu iosas e e en es a las elaciones del pin o con pe sonajes de an al o elie e como E asmo, Egidio y Mo o. Desg aciadamen e no conocemos es e posible e a o del a is a. El mismo his o iado de Me sys, llama la a ención sob e un po meno in e esan e que obse a en una de las ablas: «El Sace do e ehusando la o enda de San Joaquín», del íp ico de «La leyenda de San a Ana», del Musco de B uselas. En e las cabezas del Sace do e y de San Joaquín, en una posición que no deja de se ex aña y con as no as de indi idualidad y aislamien o y de pose ca ac e ís ica en 68 Q. NIETO GALLO el pin o que se copia a sí mismo, apa ece una de homb e jo en (Lám. XXX a), en la que c ee halla un au o e a o. Es e posible e a o ha se ido a! S . Ag api o y Re illa, pa a es ablece de e minadas analogías con el au o e a o de la Misa de San G eg-o ío, llegando a supone se aía en ealidad del mismo pe sonajé. Apa e de que a juicio nues o, un simple co ejo excluye oda semejanza, con iene no ol ida que el íp ico de «La leyenda de San a Ana» se pin ó en 1509 y que las ablas del e ablo de San Juan debie on pin a se poco an es de 1504, echa como sabemos, en que se colocó en la capilla. An e es o, la cabeza del íp ico de B uselas debie a acusa en sus asgos edad poco más a anzada que la señalada po el pe so naje de la Misa de San G ego io, y a nues o modo de e sucede lo con a io. Insis amos; nace Me sys en 1466, y po lo an o, al pin a nues as ablas (en el supues o de que es o ue a así), la edad del a is a alcanza ía po en onces los ein a y seis o ein a y sie e años. Me sys pin ó su amoso íp ico del Museo de B uselas cuando enía cua en a y es años, y po lo an o, el au o e a o del a is a que Bosshe e supone, debe á mos a nos un indi iduo algo más a ejado y a nues o juicio, al pa angona lo con el au o e a o de nues as ablas, nos pa ece más jo en, sin que ol idemos que, según c eemos obse a , no se pa ecen en nada. En la abla de la «Leyenda de San a Ana» que ep esen a a los pad es de la Vi gen o eciendo sus dones al emplo, y en la que i mó el a is a QUINTE METSYS 1509 SCREEF DIT ( azó es o) apa ece San Joaquín, de pie (mien as San a Ana de odillas o enda sus dádi as con enidas en un co eci o), leyendo un documen o Es e documen o (y es p ueba del minucioso de allismo de! pin o ), comienza po las p ime as líneas de un ac a de donación hecha po Me sys con echa 15 de mayo de 1508. An e es e de alle cu ioso se p egun a Hymans, si el a is a quiso ealza la solemnidad de su donación ep esen ándose él mismo dando lec u a al ac a que la consag a (Lám. XXX b), modo cómo podemos explica nos se eseñe un ex o an comple amen e ex año al asun o. En es e caso, end íamos aquí o o posible au o e a o del a is a. Sea o no cie o, lo que sí c eemos indudable es que es a cabeza, ampoco se pa ece en nada al au o e- a o de la Misa de San G ego io. . po úl imo, como más segu o y cie o, en e odos es os supues os au o e a os, enemos o os de especial in e és que con iene ano a . La Gilda de San Lucas poseía a ias ob as de Me sys y en e ellas un au o e a o. Domingo Lampsonius publicó en 1572, en % L. iM. ' 7- in P- ii-íi'>ii <ic S.,:, Jií-Hi- !' I luHUji cic ic 1¡ nidi'S V l¡c a i'.'As. Pcíalli's licl cUihl ^ ic! Soh io . ^^Fo o del S. H, A. A.) L.IM. I II.—a; I:nli> ii ilc .S'aii Jimn.— h} ¡i! l.iiz'alo io. Jici //('.V (/(■/ 'liihla </(■/ .SiiIi'U lc . (l'nUi lU'l S. IC- A. nXAn ■ ■ ■ ■ • l S ■ ■ - -I . - X L* « ■J'VN ''í".' . 1SV7;m? - '. JL . «A.,! le-'. '• ' V .»*• .''^ '• ■j^_ /" ■ '^<c-': • ^&Y?íi»a •-, ■^->.. iíV«« ■ •^. • . ,• i.,- «Vi . ü' Kil nln ¡ic ¡a Iiil io de la ^ adclL Sah ada . ( de! S. IC. A. A.) « * , •*» .•■i • -' ¡•I." e '' LAM. WIL—Cc a iio de San Juan.—La XaU idad. Lhde h Xacional. J^und es / ■Pi'/dllc di' la . lil(i iu ¡(>n lic /". l ycs. R laNo dal Sal ado) (Fo . dol S. K, A. A.^ L. M. -V.V/.V. -J'o h'ciícla dc ccJui (hl iplico de ele hile.—m Xaciinien o