Manuel Machado, La Guerra Literaria (edición, introducción y notas)
Abstract
Producción Científica
Full text
BITACORA BIBLIOTECA DEL ESTUDIANTE Dirigida por D. Gómez Molleda Catedrática de la Universidad de Salamanca . VOLUMENES PUBLICADOS: 1. BALTASAR GRACIAN: El Criticón, comentado por A. Prieto. 2. JANE AUSTEN: Orgullo y prejuicio, comentado por M. Misiego. 3. JUAN VALERA: Doña Luz, comentado por B. Varela Jácome. 4. SANTA TERESA: Las Fundaciones, comentado por G. Mancinl. 5. JEAN GIONO: Colina, comentado por M. Rolland. 6. ANDRES BORREGO: El 48. Autocritica del liberalismo, comentado por D~ Gómez Molleda. 7. AGUSTIN ARGOELLES: La reforma constitucional de Cádiz, comentado por J. Longares. 8. VICENTE PALACIO ATARD: Ensayos de Historia Contemporánea. 9. PIERRE-HENRI SIMON: Preguntas a los sabios, traducción de M. Samaniego. 10. M.• ANTONIA PASCUAL: La verdad sobre la mujer. 11. JEAN-RENE HUGUENIN: Diario, traducción de M. Gómez Molleda. 12. FERNANDO NAMORA: Nuevas escenas de la vida de un médico, comentado por J. Matos Chaves. 13. JESUS PABON: La subversión contemporánea y otros estudios. 14. FEDOR DOSTOIEVSKI: Stepanchikovo, comentado por C. García y G. Rojo. 15. A PALACIO VALDES: Tristán o el pesimismo, comentado por M. Baquero Goyanes. 16. ANTONIO MACHADO: Poesía, comentado oor P. Palomo Vázquez. · 17. STEPHEN GRANE: El rojo emblema del valor, comentado por T. Middleton. 18. ALFRED COBBAN: La interpretación social de la Revolución francesa. 19. VIda y hechos de Estebanillo González, comentado por A. Carreira y J. A. Cid. 20. GANDIDO PEREZ GALLEGO: Shakespeare y la po/1tlca.
21. J_ BRAVO MURILLO: Politica y administración en la España isabelina, comentado por J. L. Camellas. 22. GEORGES DUHAMEL: El Notario de El Havre, comen· tado por T. Otero. _ 23. MANUEL JOSE QUINTANA: Quintana revolucionario, comentado por E. Martínez Quinteiro. 24. GARCILASO DE LA VEGA: Eg/ogas, comentado por A. Gallego Morell. 25. ANTONIO VICENT: Socialismo y anarquismo, comentado por J. M. Cuenca. 26. HEINRICH BOLL: Y no dijo una sola palabra, comentado por U. Heinze y R. Lorenzo. 27. AZORIN: Artículos olvidados de J. Martínez Ruiz, comentado por J. M.• Valverde. 28. ANTONIO PRIETO: Elegía por una esperanza, comen· tado por A. Valbuena Prat. 29. PIERRE JOSEPH PROUDHON:. Propiedad y Federación, comentado por C. Díaz. 30. MIGUEL HERNANDEZ: Poesía, comentado por J. L. Guereña. 31. La desamortización: textos político-jurldicos, comentado por T. Martín. 32. ANTONIO DOMINGUEZ ORTIZ: Alteraciones andaluzas. 33.· El Romancero, comentado por G. Di Stéfano. 34. F. NIETZSCHE: El gay saber, comentado por L. Jiménez Moreno. 35. CHARLES PEGUY: El dinero, comentado por J. Vlla Selma. · 36. J. F. COOPER:" El último mohicano, comentado por J. M.• Bardavío. · 37. EMILIO CASTELAR: ·Discursos parlamentarios, comentado por C. Llorca. . 38. UWE JOHNSON: Conjeturas sobre Jakob, comentado por U. Heinze y R. Lorenzo. - 39. CAMILO-JOSE. CELA: Prosa, comentado por J. L. Guereña. · 40. GUILLERMO DIAZ-PLAJA: El ocio atento. 41. SALVATORE QUASIMODO: Debe y haber, comentado por M. Arizmendi. 42. C. CHABROL-l. MARIN: Semiótica narrativa: Relatos bíblicos. 43. JUAN J. LINZ: El sistema de partidos en España. 44. ANTONIO PRIETO: Estudios de literatura európea. 45. JUAN RAMON JIMENEZ: Crítica paralela, comentado por A. del Villar. 46. TEILHARD DE CHARDIN: Esbozo de un universo personal, comentado por J. M.• Forneli. 47. VICENTE ALEIXANDRE: Pasión de la tierra, comentado por Luis-A. de Villena.
f 48. 49. 50. 51. 52. 53. 54. 55. 56. 57. 58. 59. 60. 61. 62. 63. 64. 65. 66. 67. 68. 69. 70. 71. JUAN RICO Y AMAT: Diccionario de los politicos, comentado por D. Sevilla Andrés. WARD RUYSLINCK: Al margen de la vida, comentado por R. y M. Misiego. . GERARDO DIEGO: Angeles de Compostela y Vuelta del peregrino, comentado por A. del Villar. ESTHER MARTINEZ QUINTEIRO: Los grupos liberales antes de las Cortes de Cádiz. DOLORES GOMEZ MOLLEDA: Unamuno, «agitador de espíritus•, y Giner. Correspondencia inédita. NATHANIEL HAWTI-IORNE: La letra escarlata, comentado por M. Misiego. DOLORES GOMEZ MOLLEDA: Guerra de ideas y lucha social en Machado. MARIANO JOSE DE LARRA: Escritos, comentado por J. Vila Selma. JORGE GUILLEN: Estudios, comentado por F. Abad. EDWARD SHORTER: El historiador y Jos ordenadores. JOSEFINA CUESTA. Sindicalismo católico agrario en España, 1917-1919. M.a DOLORES DE ASIS: Antología de poetas españoles contemporáneos. 1900-1936. M.a DOLORES DE ASIS: Antología de poetas españoles contemporáneos. 1936-1970. F. DUBOIS-CHARLIER y M. GALMICHE: Semántica generativa. INSTITUTO DE REFORMAS SOCIALES: Miseria y conciencia del campesino castellano; comentado por J. Aróstegui. M. MIHURA: . Tres sombreros de copa, comentado · por Emilio de Miguel. M. HEIDEGGER: ¿Qué es filosofía?, comentado por J. L. Molinuevo. DOLORES GOMEZ MOLLEDA: Unamuno socialista. Páginas inéditas de D. Miguel. P •. SALINAS: Teatro: La fuente del Arcángel. La bella durmiente. El director. Caín o una gloria científica, comentado por G. Torres Nebrera. M. MERLEAU-PONTY: Posibilidad de la filosofía, comentado por E. Bello. L_. PALACIOS: José Castillejo: última etapa de la Institución Libre de Enseñanza. A. LOPEZ QUINTAS: Estrategia del lenguaje y manipulación del hombre. MARTA PORTAL: Anális is semiológico de «Pedro Pá· ramo». · MANUEL MACHADO: La guerra literaria, comentado por M. o Pilar Celma y Francisco J. Blasco.
l_ MANUEL MACHADO LA GUERRA LITERARIA EDICION, INTRODUCCION Y NOTAS DE MARIA PILAR CELMA VALERO y FRANCISCO J. BLASCO PASCUAL NARCEA, S. A. DE EDICIONES MADRID
© NARCEA, S. A. DE EDICIONES Doctor Federico Rubio y Gali, 89. Madrid-20 l. S. B. N.: 84-277-0441-0 Depósito legal: M. 1.707-1981 Impreso en España. Printed in Spain FARESO, S. A. Paseo de la Dirección, 5. · Madrid-29
iN D 1 CE Págs. ESTUDIO CRITICO ........... . 11 Manuel Machado. Su crítica literaria ... 19 Contenido de La Guerra Literaria . . . 29 Prólogo ... ... ... ... ... ... . ... ... .... 31 Intenciones .. . .. . . . . .. . .. . . . . .. . .. . 37 libros .......... ,. ... ... ... ... ... ... 39 La Guerra Literaria .. . . . . .. . .. . .. . .. . 46 La .. crítica sobre el modernismo y La Guerra Literaria . . . .. . .. . . .. .. . .. . 71 Nota bibliográfica .. . .. . .. . . .. .. . . .. .. . 83 Nuestra edición . . . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . 89 LA GUERRA LITERARIA . Pr61ogo ................. . 93 . los poetas de hoy .. . .. . .. . . . . .. . . .. 97 Génesis de un libro .. . .. . .. . .. . .. . 117 Fernández y González .. . .. . .. . . . . . . . 139 Los ·libros: Los libros. Un ~lib ro nuevo y un poeta de siempre .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . 143 Cante hondo . .. .. . .. . .. . . . . .. . .. . .. . 146 Nieve, sol y tomillo ... ... ... ... ... 148
Un nuevo poeta y su ·segundo libro. Un paseo y un libro ...... o •• Jerusalem ....................... . intenciones: · Págs. 152 157 162 Autocrítica .. o .. • .. • .. • 00. • 00 .. • .. • 166 Por la ·capa .. . . .. .. . .. . .. . .. . .. . . .. 168 La crítica .. . .. . . .. . .. .. . 00. .. • .. • • .. · 170 El Palacio de Oñate .. . .. . . .. .. . .. . 171 tos toros de·l programa ...... 000 ... 174 Nues·tro amigo Navarro ..... o .. o .. • 176 Leyendo . . . o.. • • • • o. • • • o.. o o o • • • • • • 179 Viajando . .. . .. . . . . .. .. . .. . .. . .. . . 00 180 Triunfo de sol ................. o o.. 181 Horas de oro .. . .. . . .. .. . .. . .. . .. . 182 El púbHco .. . .. . .. . . .. . . . .. . .. . .. . . . . 184 Un sabio .. . . .. .. . .. . .. . . .. .. . .. . .. . 184 Antiguo y moderno .. . .. . .. . .. . .. . .. . 185 Ham· let ... ... ... ... ... ... ... ... ... 186 El ciego azar .................. 00. • .. 186 Lección de cosas . .. . . . .. . .. . .. . . .. 188 Curiosidades ... ... ... ... ... ... ... ... 190 La España que se va .. . .. . . .. .. . .. . 192
ESTUDIO CRITICO
16 estudio crítico y, especialmente,· Moreno Villa 15 ~ha hecho posible -que se viese -en Manue·l Machado un antecedente inmediato del mundo popular de Larca y Alberti. No falta, sin embargo, quien vuelva a poner las cosas en su lugar 16 y, · en este sentido, las palabras de Antonio ¡M achado nos parecen definitivas: Manuel Machado es un inmenso poeta; pero para mí, el ' verdadero, . el insuperable, no es como la generalidad de la gente· cree: el de los cantares, sino el de todo Jo demás 17 • · No es . posible aquí un desarrollo exhaustivo del tema del «populismo» o <<ROpularismo,, en Manuel Machado, pero no podemos tampoco sustraernos a la -necesi. dad de apuntar -las coordenadas en que se inscribe el tratamiento de este tema · en · La Guerra· Literaria. Si _ha de aceptarse que el gusto por el folklore pópular en Manuel Machado proviene del interés erudito de su padre por el mismo _tema, no puede afirmarse con igual seguridad que ·el espíritu de uno y otro sean idénticos al respecto. Para Antonio Machado y Alvarez, como para todos ·los kra~Jsistas, el "PJJeblo» y <<lo popular» no son una meta ni _ representan un ·estado des_eable en la ·evolución de la~ cc ·esencias nacionales»'; por el contrario, repres,enta el origen y el punto de partida hacia estadiós superiores, mediante la fecundación y el cultivo de lo ccpopular» desde la creación individu.al. "Es . necesaria_;_decía Ortega-la obra de los pocos que dé sentido a la vida de los muchos.» Conio muy bien ha estudiado Ricardo GuiJón, el' tratamiento de lo ce popular» en ·los . modernistas se inscribe en una corri_ente de pensamiento 15 Vida ·en claro, El Colegio de México, México, 1944. t6 Véase en BROTHERSTON, op. cit., págs. 137-138. ·. 17 Cita recogida por BROTHERSTON, ibídem, pág. 143.
estudio crítico 17 liberal que constituye una constante, perfectamente rastreable, desde la filosofía krausista a ·los presupuestos de la generación del 14. En el contexto del modernismo español, la tradición liberal está profundamente arraigada, manifestánd9se en una ce línea humanizante, atenta a posibilidades y reformas». A diferencia de las posturas tradicionalistas conservadoras, los institucionistas, y la ·mayor parte de nuestros modernistas, encontraron el modo adecuado de casar ((ariatocratismo» y ccaprecio de lo popular». Supieron ver ~ que lo esencial humano de todos los actos creativos anteriores a ellos permanecía vivo y activo en la memoria del pueblo, y valoraron ·lo ~<popular», precisamente, en tanto en cuanto representaba algo vivo. Pero ~ como señala Ricardo Gullón,...-((ni se negaron ni se ocultaron las· diferencias entre· el punto de vista personal y el de su pueblo. La tradición liberal [opuesta en esto a la tradición conservadora] 'les hizo creer en ·las virtudes de la educación y en C4~nto pue9e estimufarla una ·minoría activa . y vigorosa operando sobre el cuerpo social» 18 • Según se desprende de La _ Guerra Literaria, sin embargo, podemos deducir que no es éste el significado que a · Jo ccpopular» se le da ·- en la creación de Manuel Machado. El texto titulado ce Un sabio» es muy ·elocuente en este aspecto. Allí, Manuel Machado niega qu~ tenga sentido alguno el cultivo de lo popular: cea cambio de sus conocimientos positivos· [ ... ]»-S _e pregunta-, cc¿qué podría yo ·enseñarle?» [al pueblo]. V concluye: ,, hartas inquietudes le da el mirar al cielo cuando s-e ·levanta o se acuesta» (págs. 184 ;- 185). En sus primeros libros el tratamiento de lo ccpopularu es plenamente romántico; en Alma se 18 Ricárdo GuLLÓN: Direcciones del modernisirzo, Gredos, Madrid, 1971, páginas 53-58. _, ' . · : · ··
18 estudio-crítico convierte en un importante material cuyo empl·eo ofrece múltiples posibHidades si·mbolist~s. Es importante ver ahora, cuando en Cante hondo (cuya fecha de edición coincide con la redacción de varios textos de La . Guerra Literaria) reaparecen los poemas de <<cantares», qué significado tiene lo <<popular» en nuestro autor. "Brotherston 19 , que ha estudiado también este aspecto, llega a conclusiones muy· sugerentes respecto al interés por ·lo <<popular,, en nuestro poeta: · Los dos libros en que Machado explotó, más que exploró, la poesía andaluza «popular», Cante hondo y Sevilla y otros poemas, fueron financieramente los más felices. Pronto se dio cuenta de que los versos ·sobre las pintorescas calles meridionales, la típica esposa sevillana esperando a su marido viril y ausente, la juerga sensual, las delicias de la manzanilla, etc., tenían un mercado que lo admitía como propaganda turística y material de anuncios. Esta imagen coherente y repelente de Andalucía era, en sí misma, lo suficientemente inocua. Estas palabras aplicadas a dos textos (de 1912 y 1913, respectivamente) pueden ser perfectamente válidas para definir el ... concepto ·de lo <<popular,, que Manuel Machado maneja en La Guerra Lite·raria (1913). De · Jo dicho hasta aquí se desprende ·que para un . correcto entendimiento-de la evolución del Machado modernista al Machado de los cantares, La Guerra Literaria (texto que por su cronología se sitúa en el centro de dicha evolución) puede ser de primordial interés, ya que es precisamente en este libro donde se nos hace patente el ·auténtico valor y significado que. conceptos como literatura · modernista y literatura popúlar tienen para la obra y evolución de Manuel Machado. Pero este libro tiene anejo· otro 19 BROTHERSTON, op. cit., pág. 140. Ver también Unos versos, un alma y una época, op. cit., pág. 37. Cfr. ·Manuel MACHADO: Alma. Apolo; ed. de A. CARBALLO PICAZO, op. Cit., pág. 55.
r 1 ¡· estudio crítico 19 interés que tampoco olvidamos. La perspectiva crítica que de la renovación poética de principios de siglo se ofrece en La Guerra Literaria, por suponer ésta una de ·las primeras revisiones del ·modernismo español y por ser su autor una persona de gran influencia ·literaria, ha viciado con demasiada frecuencia la visión de este movimiento. Pensamos, por ello, que contribuir con la edición de este texto a aclarar el porqué del concepto de modernismo que Machado maneja es contribuir a la corrección del enfoque que a este movimiento se 'le ha dado posteriormente. MANUEL MACHADO. SU CRITICA liTERARIA La poesía de Manuel Machado es el ejemplo sorprendente de una obra que reúne, junto a versos de una r.amplonería total, logros absolutos y plausibles 20 • . Habida cuenta del valor discon20 Es. sin embargo, cuestión de honestidad para nosotros señalar que, a pesar de reconocer muchos y valiosos aciertos poéticos en la obra de Machado, no· lleg!llllOS a comprender los desmedidos elogios que poetas como Gerardo Diego o Dámaso Alonso le han tributado. Así. cuando al analizar los siguientes versos: · Esto es sumamente serio y encierra un sentido grave. · La fuente tiene un misterio: dice lo que el niño sabe. · Porque él lo sabe y atento a la -parlera corrietzte, tiene lleno el pensamiento del discurso de la fuente. Pero tz$ no entenderás la voz demasiado oída. Eso no se sabe más que al principio de la vzda. (0. C., op. cit., pág. 213.) Gerardo Diego (El poeta Mamtel Machado, op. cit., págs. 31-32) nos dice, refiriéndose a la última cuarteta, que «hubiera escrito Manuel Machado sólo esos dos octosílabos y sería uno de los mayores poetas de España>>, no acert!llllos á comprender realmente en qué basa su afirmación. Aceptando, pues, .gustosos la acusación de «frivolidad» que G. Diego lanza contra quien no sepa gustar la calidad poética de dichos «dos octosílabos», hemos de reconocer que ni esos versos nos parecen buenos, ni la· explicación de G. Diego· nos convence de ello. Tampoco comprendemos que el sintagma guante de ante (ver el soneto «Felipe IV», reproducido en La Gtterra Literaria, pág. 57) merezca los elogios que D. Alonso («Ligereza y gravedad en la poesía :de :Manuel Machado», en Poetas españoles contemporá1zeos, Gredos, Madrid, 1952, págs. 66-67} le ti:ibuta.
20 estudio crítico tinuo de sus versos, llama poderosamente la atención la constante significación de su figura ·literaria a ·lo largo del primer ·cuarto de siglo. Brotherston 21 aporta abundantes testimonios de ·ello y, en ·concreto, recoge una anécdota que nos parece altamente elocuente al respecto. Di·ce G. Brotherston: Gerardo Diego nos narra la aleccionadora anécdota de cómo a Antonio, humilde catedrático de francés en provincias, se le acercó alguien en una peña local y le dijo: aPero, don Antonio, qué callado se lo tenía usted. Nos hemos enterado de que es usted hermano de Manuel Machado, el que escribe en "El Liberal",, 22• · En el relieve literario de ·la figura de Manuel . Machado influyeron, al ·margen del valor de su obra poética, circunstancias políticas que no olvidamos 23; pero, según se deduce del texto anterior, influyeron, sobre todo, las crónicas periodísticas, de críti ·ca literaria y de comentario social y político, que con la firma del poeta aparecieron, casi diariamente, en varios periódicos madrileños. Basta de nuevo citar el testimonio de Gerardo Diego o de Mor-eno Villa para dejar constancia de la atención que los poetas, que iniciaban su ob_ra hacia 1920, ponían en la crítica y en la poesía 24 de Manuel Machado. La ·labor periodística, en prosa, de Manuel Ma21 Op. cit., págs. 53 y ss. 22 La anécdota la recoge BROTIIERSTON de Gerardo Diego. Cfr. Manuel Machado (1874-1947), «Revista de Indias», VIII, 33-34, julio-diciembre 1948, págs. 1165-1172. 23 Frente a la reacción negativa de la mayoría de los intelectuales a la · dictadura de Primo de Rivera, la postura de Manuel Machado fue abiertamente favorable al nuevo régimen (al igual que la de Maeztu; Azorín y Pemán), lo que le valió el título de «poeta de la dictadura» y diferentes manifestaciones de agradecimiento por parte del dictador. Este le agasajó con varias fiestas en su honor; le concedió el nombramiento de jefe de Investigaciones Históricas y la dirección de la Biblioteca Municipal. Véase al respecto G. BROTIIERSTON, op. cit., págs. 61 y ss. 24 Gerardo DIEGO: El poeta ... , op. cit., pág. 9. MoRENo VILLA: «Manuel Machado, la Manolería y el cambio», en Los autores como actores, El Colegio de México, México, 1951. Véase también el juicio de G. BROTIIERSTON, op. cit., págs. 55-56.
estudio crítico 21 chado es bastante temprana (1893) y se inicia, en colaboración con su hermano Antonio y bajo el seudónimo común de « Tablante de Hicamonte», en ((La Caricatura,,, periódico dirigido por Enrique Paradas. En una sección de dicho periódico, titulada Se ,mana, publica alg'o más de una docena de artículos de costumbr·es. Después sus colaboraciones con trabajos en prosa empiezan a aparecer en <<Juventud», «El lmpar-cialn, ((Alma Española», «Arriba», <<ABCn, ((Blanco y Negro» ... 25• En ·el aspecto que ahora 'más interesa, merecen destacarse los artículos de crítica ·literaria que ven la luz por estos cauces; entr·e ellos, El arte· y los artistas. Benlliure, académico (ccJuventud,,, 1, 3, 20 octubre 1901); El modernismo y la ropa vieja (({Juventud», 1, 1, 1 octubre 1901); Rimas. Colección de· poesías de Juan Ramón Jiménez (ccE ·I Paísn, 3 abri·l 1902); Eso del modernismo (ccEI País», 20 ·marzo 1903); Alegría popular (ccABC», 22 enero 1906); Un paseo y un libro (((Helios», 11, 11, 1903, pág. 465). Como fáci·lmente se deduce por los títulos, el t·ema predominante de ·los intereses de Manuel Machado en su crítica es ·el del modernismo, tema íntimamente ·ligado para él, en estas fechas, con otros de ·marcado signo <<social». Así, El sabor de la miseria (<<Alma Española», diciembre 1903). . La colaboración con artículos literarios, políticos o de costumbres, se hace todavía ·más frecuente a partir de su ingreso en la plantilla de <<El Liberal» 26, en noviembre de 1916. En este . -' zs Además de esto, sabemos que M. Machado no sólo colaboró, sino que trabajó activamente en la organización de «Electra». Consiguió para «Juventud» la colaboración de Unamuno, que ya antes había solicitado para «España». Tuvo también una acogida favorable en «Helios». Véase BRO· THERSTON, op. cit., págs. 29-42. El propio Manuel Machado nos dejó noticia de estas colaboraciones en «Los poetas de hoy» (La Guerra Literaria, página 97). · · 26 El ingreso de Machado en la plantilla de «El Liberal», según se entiende por el contenido de alguna carta de Gómez Carrillo a Manuel Machado, fue conseguido a través del éscritor guatemalteco en el período
22 estudio crítico periódico, Manuel Machado inicia una . secc10n habitual que, con e·l título de Los estrenos o de Los teatros, da acog·ida a sus reseñas y a sus comentarios de críUca teatral. En 1919, el número de artículos publicados por ·Manuel Machado , en ·este periódico es ya numerosísimo; pero pronto ,Ja ·cifra se amplía. más todavía, al encargarse . también nuestro poeta de la sección de teatro de <<Cosmópolis». En diciembre de 1919, tensiones internas dentro de <<E 'I Libera· !» 27 dieron origen al nacimiento de «La Ubertad,, periódico fundado por Antonio de Lezama, Pedro de Re ;. pide, Ortiz de Pineda y Manuel Machado, ·entre otros. Machado trasladó a «La Libertad» las secciones de teatro que antes había dirigido en <<El Liberal». El arte en el te,atro, Los teatros o, simplemente, El .teatro van· suc·ediéndose al frente de ·la columna de crítica teatral de ,este perió- . dico, ·la ,cual ininterrumpidamente· corré a cargo de ,Manuel, hasta que en 1934 se le obliga a dimitir por conservar, en opinión del director de ~<La Libertad», · <cuna or i' entación derechista que ha deJado de tener este diario» 28• · Además de las habituales secciones de teatro en · <<El Liberal», corrían a cargo de Manuel Ma· chado otras como Intenciones (1919-1921), Leyendo (1919-1926), que también pasaron luego a <<La Libertad,, y que reúnen abundantes escri· tos sobre temas ·J;iterarios y reseñas críticas, junto a artículos de costumbres y de comentarió social; todo ello en una amalgama · ·que, como podemos comprobar en La Guerra Literaria1 le en . que éste tuvo el cargo de director del peri6dico. BROTHERSTON, op. cit., página 52. · 27 Los datos referentes. a las causas políticas que motivaron la ruptura con «El Liberal» de algunos de sus colaboradores pueden verse en R. GóMEz DE LA SERNA: Automoribundia, Sudamericana, Buenos Aires, 1948, páginas 317 y ss. También hace una cr6nica exhaustiva de este hecho BRO· THERSTON, o p. cit., págs. 57 y SS.· 28 BROTHERSTON, ibidem, pág. 66.
estudio crítico 23 es muy grata a Manuel Machado. Esta misma mezcla de temas y contenidos es la que caracteriza también las-columnas de Antena, otro de los títulos bajo ·el cual, más o menos habitual- - mente, r·eúne desde 1933 sus artículos periodísticos para <<La Libertad». No hay -que olvidar tampoco los abundantes prólogos 29, en su mayoría para obras de autores noveles, que dan idea del relieve y prestigio que Manuel Machado -mantuvo durante bastante tiempo dentro del mundo de la literatura española de la primera mitad de nuestro siglo. Y así, merecen destacarse los prólogos que dedicó a Enrique Paradas, Santiago Iglesias·, Gloria de la Prada, Antonio Andión, Diego San José, Carolina de Soto y Gorro, Federico Carlos Sainz de Robles, Fernando de Artiaga,- Augusto María Gasas, Villaespesa, Luis Hernández González, Aubin RiuVernet, -Agustín de Foxá, Eusebio Rey, Rafael Montesinos, José María Pemán y un ·largo etcétera. En concreto, e·l texto que dedica en La · Guerra Literaria a Nieve~ - so/ y tomillo (versos de la tierra), de Antonio Andión, ·es un ·ej emplo c·laro del tipo de prólogo que Manuel Machado realiza. Además de crítica de actualidad, Manuel Ma~ chado, como· funcionariode la Biblioteca Municipal y aprovechando los archivos que tenía a su disposición, -escribió algunos trabajos· eruditos sobre temas r-eferentes, esp-ecialmente, a ·la literatura clásica" española. En este sentido merecen tenerse en cuenta-textos como {{La Niña de Plata», de Lope de· Vega, refundida por Cañizares (Contribución al .estudio de la censura de tea- . tras en _ ~/ siglo XVIII); Un códié~ -precioso, MfJnuscrito-autógfalo de Lope de ' Vega; - ~{ - Lá -égloga .. ~ • • ·¡- - .. ~ - . ~ • \." { - _: .... ~] .: 1 ·- - ~ •• -. i >·; 2!1 _Véase eiÍ ' la -exttaórdinat-ía .y c~si exhausti ~~ - bibliogr~Ía pres. eb.tada pór Manuel CARR:róN ' 'GúTmz: · P¡ibliagrafia ~ T}zácf?adiána, .. Servicio de püblicáciones delMinisterio de Educación y Ciencia, Madrid, 1976, págs. 114-11~.
24 estudio crítico Antonia>>, Una obra inédita de Lope de Vega; <<La palabra vengada>>. Plan inédito de una comedia perdida de-Lope de Vega; Otra poesía inédita de Lope de Vega, y Felipe V, continuador del ccQuijote». Un curiosísimo manuscrito de la Biblioteca Nacional. Todos estos artículos fueron publicados en la ((Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo» 30 , de la cual el propio Manuel Machado, en compañía de Ricardo Fuente, se había hecho cargo en 1924. Allí publicó también Un curioso manuscrito inédito. La autobiografía de don José Alvarez Guerra, y varios escritos dedicados al estudio de la función desempeñada por la tonadilla en el antiguo teatro español del Siglo de Oro 31 • . · · No nos es posible ahora detenernos en un análisis más amplio de los cauces y contenidos de la crítica literaria de Manuel Machado, pero la mera descripción de las líneas esenciales de ésta nos da una idea suficiente· de la importancia que tuvo dentro de la producción total de nuestro poeta. Nos limitaremos, pues, . a unas simples reflexiones sobre el tema, con el. fin de aclarar cómo La Guerra Literaria no es ni un tex~ to ais·lado y excepcional, ni el ·ejemplo ·único de un género -que ccpor casualidad>> haya ejercido nuestro poeta. Por· el contrario, pensamos que La Gue·rra Literaria es un texto inicial en una producción crítica importante, aunque con frecuencia hoy baya-sido olvidada. A esta producción debió de dedicarle Manuel Machado mucho tiempo y esfuerzo, y ella ·le reportó un prestigio 30 Estos textos aparecieron, respectivamente, en los números I, 1, 1924, páginas 36-45; I, 2, 1924, "págs. 208-221; I, 4, 1924, págs. 458-492; II, 6, 1925, págs. 302-306; II, 7, 1925, págs. 431-433; V, 20, . 1928, págs. 365-380. 31 Ver «Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo», III, 10, 1926, páginas 177-183; VII, 27, 1930; IX, 33, 1932; X, 37 y 39, 1933. Este tipo_ de crítica erudita en Manuel Machado se inicia en 1918 con una conferencia titulada «Calderón y La . vida es sueño». El texto de esta c;o~erencia fue publicado en Madrid, Imprenta Municipal, 1918, y tampoco ha me~;ecido reedici6n. · ' ~
estudio crítico 25 y unas compensaciones economtcas superiores, a veces, a las que le produjo la poesía. En lo que a la tarea erudita realizada al frente de la Biblioteca Municipal se refiere, los textos que él desempolvó y sacó a la luz, así como sus estudios sobre la censura y la tonadilla en el teatro, hablan por sí mismos del importante trabajo llevado a cabo por el poeta. Respecto a su crítica de actualidad teatral, sabemos que el cumplimiento de esta tarea nunca llegó a satisfacer del todo las asp·iraciones de nuestro poeta. Dice en 1920, refiriéndose a su críUca .teatral: Nada tan deleznable ni pobre, a nuestros ojos, como estas vaguedades perentorias y ocasionales que ·nos vemos forzados a estampar en un diario en el momento en que la actualidad nos obliga a recapacitar nuestras impresiones y recuerdos ... 32 El carácter ocasional de muchas de estas crí .. ticas y ·el empeño de Manuel :Machado por evitar todo tipo de juicios categóricos y definitivos en ellas, no pasaron desapercibidos para la opinión públ·ica, y así lo hicieron constar Pérez de Ayala y otros. En el siguiente texto, Manuel Machado 33 sale al paso de las acusaciones que en este sentido se .le imputaron: Esta crítica se encara conmigo y me pregunta, de mal humor, por qué no declaro de un modo absoluto y categórico la bondad o la maldad de las comedias que reseño en mis artículos. Para que se enteren de una vez estos ansiosos de los porqués, les respondo: aPorque ni esa bondad ni esa maldad existen. En cuando a mi impresión, a mi opinión, si ellos no la advierten clara a través de mis crónicas ... , ciego es el que no ve por tela de cedazo)), 32 «La Libertad», 5 enero 1920. 33 «El Libetal», 5 febrero 1917. El texto aparece citado por BRCYrnERsroN (op. cit., pág. 52, n. 17), de quien nosotros lo tomamos.
32 estudio crítico rario, supone una definición de lo poético plenamente modernista: Me pasa con la literatura [ ... ]-dice desde el comienzo de La , Guerra· Literaria Manuel Machado-lo mismo que con la oratoria. No dejo de admirar a nuestros elocuentes retóricos, pero no . concibo cómo para decir algo - sea posible hablar tanto (pág. 94). Igualmente, la búsqueda del matiz impresionista y el empleo por parte de Manuel Machado de la divagación, como forma del lenguaje poético que huye de los módulos discursivos del pensam ·iento analítico, se encuentran perfectam-ente documentados en la ret6rica del mode· rni-smo: En -el espíritu de un hombre-dice Manuel Machado-, y más si este hombre es un escritor, pueden darse juntos (o separados) todos los matices. Y la vida se parece más a un libro así, invertebrado, que a una novela correctamente planeada y escrita (página 93). · · Respecto a la divagación puntualiza en otro texto: Yo soy muy dueño de · divagar a mi antojo, o mejor, yo no soy muy dueño de. no divagar. Y divago. Es decir, escribo sobre esto y aquello lo que buenamente se me ocurre [ ... ]. Es decir, que tal vez ha - . blo de cosas que no importan, o bien, lo que yo hablo de ellas no tiene importancia. Bueno, pues, con todo, más lógico me parece esto que· ponerse a hacer un libro (págs. 93-94). Todo ello está enfocado al logro-dice nuestro poeta-de una mayor expresividad en el idioma, , con el fin de ,conseguir-el ((matiz actual» de las ·cosas y de las ideas {pág. 96). Pero es aquí precisamente donde émpi· ezan nuestras dudas sobre ·la s·inceridad de la postura de Machado en lo que se refiere a la revisión crítica del modernismo que él nos propone. Algo
estudio crítico 33 nos indica que la pervivencia de fórmulas modernistas no va ahora acompañada por una <<Visión moderna» de las cosas. Hoy día nadi·e i·gnora que ·el modernismo fue y significó mucho más que una <<renovación formal de la poesía». Bicardo Gullón 43 .apunta que <da sola presentación de la belleza, entre los modernistas debe concebirse como «acto subversivo». Lily Litvak 44 también demuestra cómo el modernismo llevaba consigo ((un cambio de fondo y no sólo de forma, y presentaba una nueva escala de valores que iban más allá de la poesía». En efecto, la violencia misma de la respuesta, que los · escritores de ·la Restauración diri ·gieron contra e·l modernismo, es una prueba palpable de que dichos escritores vieron claramente en él algo más que un ataque a ·la retórica. Las f6rmulas modernistas comportan una postura antirr ·estauracionista que afectaba a todos los órdenes de la vida y del pensamiento. No es tampoco difícil demostrar la filiación del modernismo con lós programas y el espíritu regeneracionistas, y así muchas veces las críticas al modernismo y al regene·racionismo s.e identifican. Este es el caso de Ramón A. Urbano, quien define nuestro modernismo en ·ros siguientes términos: · un período de sistemáticos radicalismos, que todo lo informa y todo lo marca hoy con su sello audaz el espíritu ·revolucionario; empero, predícase regeneración y preténdese demolerlo todo, para reedifi43 Ver «Exotismo y modernismo», en Direcciones del modernismo, op. cit., pág. 79. - 44 Este enfoque de Lily LITVAK (La idea de la decadencia en la crítica antimodernista en España (1888-1910), en «Hispanic Review», 45, 1977, páginas 397 y ss.) supera con mucho los estudios que · hasta ese momento existían sobre el tema de la reacci6n antimodernista. Pueden citarse como complemento del estudio anterior los de MARTÍNEZ CACHERO: Nota sobre el modemismo, «Archivum», I, 1951, págs. 151-165; Algunas referencias sobre el antimodernismo español, «Archivum», III, 1953, págs. 311-333; El antimodernismo del poeta Emilio Ferrad, «Archivum», IV, 1954, páginas 368-384; Más referencias sobre el modernismo español, «Archivum», V, 1955 , págs. 131-135. 2
34 estudio crítico car sin cimientos, sobre escombros que no deben producirse ni amontonarse . con la fuerza destructora de las teorías disolventes 45• El mismo espíritu regeneracionista se halla presente en ·e·l Machado de la época de Alma. Ya hemos hecho antes.referencia ·al mar·cado signo social de algunos de sus artículos primeros, pero · es ·en una carta de·l poeta a don ~ Miguel de Unamuna donde esta postura aparece definida con ·más claridad. ·Manuel Machado pide en ella la colaboración de Unamuno, para. ((España)), revista que presenta como ce acomodada a las nuevas tendencias prácticas y reformadoras del alma moderna», hecha para <<educar arpueblo, a quien de preferencia va dirigida» 46• · Este espíritu, sin embargo, está ya totalmente ausente en · la definición del mod ~ ernismo que nos da en La , Gue· rra Literaria. En . e.ste 1 ibro ·los presupuestos formales . de ·l ·modernismo son puestos. at setvicio de una ide·a conservadora y tradicionalista, como tendremos ocasión de comprobar a ·lo ·largo de •. todas ~las referencias que hagamos a su contenido. Por ·lo que se !. deduce del <<Prólogo>> a La Gue·rra Literaria, celos ·liberalazos y r·epuhlicanos, {pág. 95), y no , Jos hombres de la Restauración, son quienes ~ constituyen el frente enemigo del modernismo que allí se nos presenta, de «SÍJu modernis·mo. Así, podemos afirmar que Manue·l Machado en su crítica de 1913 incurre en una trivialización y fals'ificación del auténtico valor de las técnicas modernistas, reduciendo el significado del movimiento, que él mis· mo había contribuido ·a formar, a· una mera cuestión de formas exter45 Discurso sobre el Modernismo en - las Artes, La Ibérica, Málaga, 1905, páginas 26~27. · 46 Esta.· carta se halla en el Archivo de Unam~mo en Salamanca. Cfr. BROTHERSTON, op. cit., pág. 31, n. 19.
estudio crítico 35 nas. Esta falsificaoión va a dar tono a todo el libro de _ La Guerra Literaria. Se esconde en esta postura del Machado-crítico (en 1913), un intento de presentar al Machado-poeta (de 1902) como una figura acorde con las exigencias sociales del cargo al que por aquellas fechas aspiraba. Manue·l Machado es perfectamente .consciente de dicha falsificación y, así, en todo ·el <<Prólogo, está presente su denodado esfuerzo por saHr al paso de las críticas que en ese s·entido pudieran hacérsele. <<Todo esto [ ... ] para salir al paso -dice-a los críticos de buena fe que lo encontrarán falto de unidad»· {pág. 94); en otro lugar añade: «Tal vez incurro en el pecado de triviaHdad» (pág. 94), y en otro: «De otra cosa se me ti .ldará. De contradecirme con · frecuencia» (página 94). V, ·en ·efecto, tal como sospechó ·Manue ·l Machado, a la crítica no se l·e -escapó el auténtico sentido de La Guerra Literaria ni el de la contradicción en que Machado-crítico incurría con la reducción -del modernismo a una «mera cuestión de formas». Brotherston 47 nos da . noticia oportuna de las acusaciones que al respecto se le hicieron;-cuando en 1911, pagado por el M·inisterio de Instrucción PúbHca, dio a conocer el primero de los textos que se recogen en La Guerra Literaria: Se reconcilió con la sociedad, no boicoteando-más los concursos poéticos nacionale· s, · pidiéndósele a él, en cambio, que diera conferencias públicas y lecturas de poesía. En una charla que dio en el Ateneo en 1~11 habló con tanta superioridad del Modernismo como. de algo _perteneciente al pasado, que fue criticado en la prensa como ••Un buen burgués,, Esto no era nada amable (sic), a no ser porque Manuel Machaclo estaba disfrutando - (.!nas pocas de las ventajas sociales y .financieras de· un burgués en una ~ociedad burguesa~ - 47 Ibídem, pág. 48.
36 estudio crítico No le pasó, pues, desapercibido a la crítica de su tiempo el intento de Manuel Machado de deformar la visión del modernis ~ mo l'iterario en favor de una concepción conservadora del mundo y de la ·l·iteratura. En aras a esta reacción conse·rvadora, Manuel Machado desde 1911 reniega incluso de sus últimas exper·ienci·as poétic. as, por ejemp·lo, de El mal_ poema. . la crítica se ha preguntado muchas veces cuál pudiera ser el significado· de un texto que, con el título de <<Autocrítica. Carta al poeta Juan Ramón Jiménez,, aparece en la última parte del libro que prologamos. No se ha entendido muy bien por qué en este texto Manuel Machado se excusa ante Juan Ramón por haber·· escrito El mal poema, ni tampoco por qué lo incluye en La Guerra Literaria. A nosotros estas interrogantes, a la luz de todo lo que llevamos dicho, nos parecen fácHmente resolubles. Este texto, la apelación al sentido común que en él se· hace y su inclusión en La Guerra Literf)ria tienen mucho que ver con el cambio de actitud que hemos documentado en Manuel Machado. Machado intenta hacerse perdonar las disonancias de El mal poema (1909)-libro que necesar·iamente habría de venir a la mente de todos los lectores como contrapunto de lo que en La Guerra Literaria se afirma-, y para ello nos ofrece una lectura de sus poemas que hoy, si hemos de hablar claramente, no puede mantenerse: Cuán lejos de todo eso de su ideal poético me veo yo mismo en El mal poema, y cuánta vergüenza me causa, en el fondo, haber dado a la estampa algo .que puede parecer cinismos de un libertino, no siendo en re·alidad más que impresiones de un ingenuo archisensib/e. Tú, beato, tú, Juan Ramón Jiménez, dichoso desde tu rincón florido, lejos del ruido mundanal, despójate de la última pasión (la de odiarlas todas),
estudio crítico 37 para leer esos versos, y no pienses que tu sensibilidad ha de quedar más herida con leerlos que la mía· con escribirlO$ (pág. 167). IntenCiones 48 En el desarrollo de la ecuac10n arte = vida, propuesta por Manuel Machado en su << Prólogo», radica el fondo de la contradicción que señalábamos y que decíamos que. iba a ser importante para entender el porqué de la imagen del . modernismo ofrecida en La Guerra Literaria. En dicho prólogo, entre otras cosas, Manuel Machado se declaraba anticasUc·ista, pero, eso sí, sólo en cuestiones formales y lingüísticas: <<No me pago de purista ni entiendo quién se entretiene en eso», dice el poeta, y en otra parte: ceA mí no me importa la literatura, ni e·l casticismo, ni ·la retórica, ni ·la preceptiva» (pág. 96). Sin embargo-y a este respecto la sección ,cfntenciones», la última parte de·l volumen, es especialmente clara-, el punto de confluencia de poesía y vida lo s'itúa Manuel Machado en posiciones cerradamente casticistas, tradicionalistas y conservadoras. Textos ·de esta sección última, como «Antiguo y Moderno, o «Nuestro amlgo Navarro» 49 , demuestran el esfuerzo de Machado por conclliar de forma coherente tradición y renovación. Lo que ocurre es que el <<paso de aqueHo a esto>> Machado lo resuelve en una suma eclé_ctica que no abre cauces nue48 Esta sección, titulada «Intenciones», que va al final de La Guerra Literaria, nos parece hoy de escaso interés; sin embargo, como puede leerse en carta del 6 de diciembre de 1913 dirigida por Manuel Machado a Unamuno, a . su autor le parecía <da más recomendable» del libro. Cfr. BROTHERSTON, op. cit., pág. 55. 49 Este último trabajo fue publicado en «La Lectura» (V, 1905, páginas 740-741) con motivo de la muerte de Navarro Ledesma (1905), cotizado periodista y crítico literario, cuyos artículos sobre temas literarios, sociales y políticos tuvieron notable acogida y repercusión en la vida española de principios de siglo. Como señala M. Machado fue director de la revista «Blanco y Negro». ·
38 estudio crítico vos. Lo <<moderno» aceptado se reduce a elementos formales y técnicos (poesía), mientras que lo <<antiguo)) permanece en los contenidos (vida). Como resultado de ello, su definición del modernismo se resuelve en puras fórmulas vacías de contenido actual significativo. En <<Por la capa» asegura: Yo no soy un tradicionalista a ultranza ... Pero entiendo que no por admitir los flamantes adelantos se han de perder y echar al olvido las cosas útiles y bellas de los días atrás (pág. 168)~ · A ·pesar de esta afirmación de Machado, «Intenciones)) encubre un intento de reconstrucción de la espe·cial fenomenología de una España castiza y folklórica. Su defensa de la capa (en · ((Por la ·capa», págs. 168-170) por ver en ella una <<insignia moral, un emblema dél carácter español» (pág. 169); su ((añoranza del Madrid viejo (que) se va definitivamente» (en ccE :I Pa :lacio de Oñate», págs. 171-174); su ,elogio de la ((fiesta nacional»· .(en «los toros del programa)), páginas 174-176); su visión a cdo -Gautier» de Granada '(en <<Viajando», págs. 180-181); su descripción de la ((siesta» (:en ecHaras de -Oro)), páginas 182-183); su canto al ·((café cantante, encanto de las troneras de hace · cuarenta años, refugio y vivero del flamenquismo (.: .) en que se móvían nuestros últi'mos pí-caros» (en ceLa España que se va»,· págs. 192-197); son unos pocos de los componentes de la s·J,mbología de la España restauracionista que .·Manuel Machado qui·er·e salvar, · antes que desa ~ parezcan c,para si ·empre, sin deJar documento a· Jguno para nuestra historia» (página 192). Por otra part€l, en ce Intenciones» se percibe también ¡la perviven.cia de algunos rasgos que, aunque son auténticamente representativos del
estudio crítico 39 modernismo de princ·JpJos de siglo, hacia 1913 podían resultar ya absolutamente desfasados. Así, la defensa de lo irracional (en {(Hamlet», página 186) y la concepción de la muerte, como conquista metafísica de lo desconocido, son aspectos i'mportantes en la configuración de :J primer modernis·mo españo·l 50, pero en las fechas de La Guerra Literaria distan mucho de ser representativos de las dir·ecciones adoptadas por la poesía españo· fa. La misma conversión y utilización de la ·realidad ·exterior, en ((correlato objetivo,, del alma del poeta en «Leyendo,, (páginas -179-180), tiene ya ·en 1913 un rancio sabor a_ pasado. Todo esto nos lleva a encarar otro aspecto importante de La Guerra Literaria. Nos referimos a la -evo: Jución del · gusto literario · de Machado. Libros ce Libros» es él título parcial de la segunda parte de La Guerra Literaria y recoge una serie de ~ reseñas a obras que, si bien quedan bastante l·ejanas de nuestro interés a causa de su escaso valor literario, son importantes en tanto en cuanto nos da :n notic:ia de Jas lecturas y de la evo:Jución del gus·to literario de Manuel Machado. Salvo las· res e fías tituladas · ce Un paseo y un libro» y ccJerusalem», e:( resto de los textos aquí recog-idos manti-enen una unidad referenclal. To:. dos ellos se refieren a libros de · un tipo de poesía que podemos definir CQ!mO ccpopular». Firmada por ·Manue·l :Machado en la primera parte del :libro ·la carta de defunción del modernismo, so Una bibliografía y un estudio amplio del tema, en lo que se refiere a la poesía de finales de siglo, puede verse en Richard CARnWELL: Juan R. Jiménez: the modernist apprenticeship (1895-1900), Colloquium Verlag, Berlín, 1977, págs. 78-84. · ·
40 estudio crítico y declarada, en la última, su posición tr ·adicionaHsta, es éste el único camino abierto que le queda. Pero veamos primero lo que se refiere a los dos textos que acaba,mos de citar. El pr·imero de ellos, reseña al libro Antonio Azorín de José Martínez Ruiz, fue escrito en 1903 51 y queda ya muy leJano de los intereses que presiden La Guerra Literaria. Independientemente de esto, el valor crítico de este texto es absolutamente ir-relevante. Antonio Azorín es una mera excusa para que Manuel Machado nos dé, transfigurada a la luz de la lec·tura del l'ibro de Martínez Ruiz, su visión del Madrid de 1903. La reseña a Jerusaf,em y Tie·rra Santa {1912) de Gómez CarriHo es más importante desde el punto de vista del ·crítico. El Hbro de Gómez Carrillo es visto por Manuel Machado como eje.mplo modélico de prosa modernista, de una forma de prosa que define como una especie de conjuro por el cual las cosas hablan, los paisajes. lloran o ríen, las ruinas traicionan sus recuerdos (pág. 164) ~ , Es decir, una forma de es·critura que se caracteriza por una fuerza expres·iva y evocadora, mediante la cual el a·Jma de los pueblos aflora convertida en arte y la capacidad simbolista de todo lo real se manifies·ta. Aparente superficialidad y súma de escepticismo y misticismo son otras de las características que de Jerusalem extrae Manue·J Machado para definir el ccpoema en prosa» de la «moderna l'iteratura», cuyos precedentes sitúa en Gautier, ou ·mas y loti (página 163). Hecha la salvedad de estos dos textos, el resto de los libros estudiados por Manuel Machado tienen, como ya hemos apuntado,. un común s1 Apareció por primera vez en «Helios», Il, 11, 1903, págs. 465-469.
estudio crítico 41 denominador: todos son el _desarrollo poético de un núcleo popular. Lo ccpopu · lar>>, que aparece como una veta constante en la obra de Manue,l Machado, había quedado subordinado, durante sus primeros años modernistas, a otros el-ementos y, cuando hacia 1911 reaparece, lo hace con una serie de impHcaciones que no conviene olvidar. Ahora, en e.l redescubr·imiento de lo cepopuJar)) por part,e de Manue·l Machado, tiene mucho que ver el reciente éxito alcanzado por Rodríguez Marín con Fiesta de· la copla y por Villaespesa con Andalucía 52• Por ello, su actitud hacia lo popular,_ en libros como Cante hondo (1912) y Sevilla (1913), adolece de falta de sinceridad y, en muchas ocasiones, resulta falsa y postiza 53• Esto mismo se observa en el tratamiento que hace del te, ma en las reseñas reunidas en esta parte segunda de La Guerra Literaria. ((Un libro nuevo y un poeta de siempre)) (páginas 143-146), res-eña a Cantares e impr:esiones (1912) de Enrique Paradas 54, y <<Cante hondo» (páginas 146-148), texto que, como reza el título, sirve de prólogo a su propio 'libro de 1912, dan el tono de .toda esta segunda parte de La Guerra Literaria. El elemento es-encial que de aquí emana podemos cifrarlo en una defini-ción de la creac-ión poética como fof1ma de identiHcación del poeta con - <<e1J sentir y con el hablar)) del pueblo (pág. 147). Tanto ·los términos en que 1 Machado se expresa, como su defensa de lo sentimental (entendido lo senti-mental como eje y nú- -cleo de lo poético por exc-elencia), responden 52 Ver BROTHERSTON, op. cit., pág. 49. 53 Es suficiente atender a sintagmas como «ex6ticas canciones», que apa- -rece en un poema de Sevilla (O. C., pág. 154), para darnos cuenta del carácter superficial y ocasional de muchos de los «cantares» de Manuel Machado. 54 Ver José M. de Cossío: Cincuenta años de poesía española (1850-1900) Espasa-Calpe, Madrid, 1960, págs. 457 y ss. Sobre la poesía de «cantares>; y el -influjo de E. Paradas en la incorporación de elementos premodernistas, ver, sobre tod®, pág. 495. -
48 estudio crítico nición del ((modernismo», dada a la imprenta por Machado el mis ,mo año en que Azorín 63 definía y daba la nóm·ina de los "noventayochistas», abre el camino a la dicotomía ((modernismo fren~ te a noventayocho» 64, que lamentable~mente ha sido, durante tanto tiempo, e·l único clisé manejado por la crítica para categorizar nuestra literatura de principios de siglo. En ce Los poetas de . hoy», ~ Manuel Machado sitúa con precision el·origen· y nacim·iento del mo~ dernismo español en las coordenadas históricas, sociales y literarias de lo que se ha llamado la «cris·is finis·ecular». En lo que al diagnósticosocial se refiere, su anális·is no puede ser más exacto: Vivíase aquí-nos d¡ce-en una especie de limbo intelectual mezcla de indiferencia y de incultura irredimibles. Irredimibles porque, ignorándolo todo, lo despreGiábamos todo también. Condición es ésta tan española, que habría que buscarle las raíces en aquellos antiguos iberos de Argantonio [ ... ]. Así nuestros modernos coterráneos de mi cuento vivían ociosos e ignorantes mientras sobre ellos se cernían las más terribles amenazas [ ... ] . .. . la holganza y la incultura-incultura e incultivo, mental y material-arrastraban a este grande y desdichado pueblo a los más crueles desengaños . . Embotados y entristecidos por la inacción, hartos del romanticismo pasado e incapaces para la vida práctica y laboriosa, viviendo a la sombra de las glorias muertas, leyendo una Historia primitiva y falsa, sin ánimos para rectificarla y hurtarle consecuencias amargas, pero provechosas; despreciando las letras y las artes en gracia al amor de las ciencias, entonces victoriosas en el mundo (amor, sin embargo, puramente platónico, puesto que apenas un hombre de Castilla figura en la larga relación de inventores y cientistas); despreciando cuanto se ig63 AzoRiN: Clásicos y modernos (1913). Ver, respecto· a la falsificación que supone la nómina dada por Azorín, el libro de José Carlos MAINER: La Edad de Plata, Asenet, Barcelona,. 1975, págs. 145-146. 64 El <<enfrentamiento» de modernistas y noventayochistas es llevado a límites extremos en la obra de. Guillermo DÍAZ . PLAJA: Modernismo frente a noventa y ocho (op. cit.).
estudio crítico 49 noraba, indisciplinados, pobres y arrogantes, así vivían los españoles de fin de siglo [ ... ]. Nada hacían los Gobiernos por la instrucción, único medio para la disciplina, cohesión y rumbo a la opinión pública (págs. 99-100). Si exceptuamos el oportunismo de la referencia, en el último párrafo del texto, al Ministerio de Instrucción Pública (a cuyas ·e~pensas pronunció ·Machado esta conferenc·ia), las palabras que acabamos de leer podrían muy bien estar sacadas de cualquier programa regeneracionista. En el aspecto literario, Manuel 1 Machado pasa revista también a la producción poética realizada en el espacio de tiempo que va <<desde la muerte del rey Al ·fonso XII {1885) hasta nuestros últimos desastres coloniales,, (1898). Las notas generales que esboza en la descripción del ambiente literario, con el que se encuentran ·los modernistas tras este período, son también bastante acertadas: Todo entusiasmo-afirma-, todo fervor era mirado desdeñosamente y nunca tuvieron los poetas, bien que merecidamente por entonces, un concepto más desdichado en la opinión general. Los libreros y editores repugnaban (sic) las colecciones de versos, rechazábanse éstos en los periódicos, y en el Ateneo de Madrid, donde tan altas cosas se han dicho, pero donde casi toda necedad ha tenido también su asiento, se discutía en serio si la forma poética estaba llamada a desaparecer [ .. ;]. Jamás una juventud tuvo que sacar fuerzas tan de flaquezas, ni tuvo tan pocos impulsos recibidos de la generación anterior, ni tantos ejemplos... que no seguir (pág. 104). 'oesde-la perspectiva crítica que hoy tenemos acerca del modernismo, nos parece que ·las palabras de ·Machadó que acabamos de citar son perfectamente válidas. para describir el inicio de dicho movimiento. No existe problema alguno para
50 estudio crítico que nos neguemos a aceptar ni-el panorama social ofrecido, ni el -literario; : ni las ·causas históricas, a· las que nuestro poeta vincula la explosión oficial del modernismo: Por tales tiempos y_ costumbres, y a raíz de la gran derrota (1898), -Fue cuando comenzó a surgir la nueva España, y, como siempre, muy por-delante la Poesía nueva (pág. 104). · A continuación, eludiendo estudiar en qué forma y ·en qué aspectos el modernismo fue un intento de responder al ambiente social que lo rodeaba, Machado reduce su enfoque a ·lo meramente literario, -es decir, a · ·lo formal. Teniendo en .cuenta esto, podemos continuar viendo en qué tér.minos escribe Machado la historia del modernismo «aguadó» que nos ofrece. Seg · ún él, la «rebeldía» modernista se manifestó en la incorporación de las «últimas evoluciones de ·las literaturas extranjeras (. .. ) que nos aportaron personalmente algunos ingenios que habían viajadon (página 1 07). Y prosigue: Alejandro Sawa, el bohemio incorregible [ ... ] volvió por entonces de París hablando de parnasianismo y simbolismo y recitando por la primera vez en Madrid versos de Verlaine. Pocos estaban aquí en el secreto. Entre los pocos, Benavente, que a la sazón era silbado casi todas las noches al final de obras qUe habían hecho, sin embargo, las delicias del público durante toda la representación. Un gallego pobre e hidalgo, que habría necesariamente de emigrar a América, emigró, en efecto; y, volvió al poco tiempo con el espíritu francés más fino de los Banvilles y Barbey d'Aurevilly mezclado al suyo clásico y archicastizo. Fue Valle-/nclán el primero que sacó el· modernismo a la calle, con· :sus cuellos epatantes, sus largas melenas. y ·sus quevedos redondos [ ... ]. Finalmente,. con. uno de esos fantásticos cargos diplomáticos .. de · ciertas repubHquitas americanas, s~ hallaba en MadridRubén Darío [ ... ] habiendo digerido eclécticamente. lo mejor de la
estudio crítico 51 ·moderna poesía francesa. A esos elementos se unió el poeta ya entonces granado Salvador Rueda, cuya exuberante fantasía, descarriada a veces, pero poderosamente instintiva, había_ roto ya en cierto modo los límites retóricos y académicos (págs. 107-108). Las ·innovaciones que estos autores i'mportaron supusieron-en palabras-_ de Machado~una acción <<negativa y demole'dora>> contra ·lo existente, pero, es claro, sólo en cuestiones formales y retóricas. Estoprovocó una violenta ·reaoción que Machado localiza y ·concreta en tres sectores: el de ce/as buenas gentes (a quienes) se ·les desquic ·iaba su tinglado mental y se les complicaba cruelmente su saneado par de ideícas con que tan _bien hallados estaban», pero que acabaron ce aceptando al ·cabo (. .. ) las vitandas novedades» (pág. 105);' ·el de ccaquellos escritores que se -llamaban maestros y sabios porque eran viejos y no querían saber nada»· (página 105), y, finalmente, el de unos críticos ccque en España caminan detrás, consagrando lo que la gente aplaude, condenando ·lo que rechaza, es decir, escribiendo siempre antes de enterarse ... y después de no haberse enterado» (página 105) :- Si, tal como hoy tiende a hacer la .crítica más redente y documentada del 1 modernismo; no aceptamos el corsé . formal en que nuestro poeta quiere constreñir todos los signi·ficados y matices del ·modernismo español, es ·evidente que la ·oposición qu~ este movimiento suscitó hábremos de ci _ frarla en el enfrentamiento de aquellos que pensaban dentro del s·istema y de los nioldes de lq Restauración, con aquellos ·otros, inno ..: vadores, que ccluchaban» por liberarse de dichos moldes. Pero · si, ·como hace ·Machado, se ha de ver en el ;modernis·mo Un fenómeno-·exclusiva• ménte literario, ef ·momento· de renovación literaria - de principios de siglo enfrenta las nove-
52 estudio crítico darles importadas de fuera a las concepciones literarias de ,la Academia, del vulgo y de la gente vieja. En ningún caso el enfrentamiento se produce entre modernistas· y noventayochistas. Ello resulta también absolutamente evidente en las nóminas que ofrece nuestro poeta. Por un lado, ·incluye, entre la ((gente nuevan, a Vallelnclán, como prosista; a Hubén Daría, a ~Marqui na, a Rueda, a Villaespesa y a Juan Hamón, como poetas; a Baraja y a Azorín, como novelistas; a Benavente, como autor dramático; a Gómez Carrillo, como periodista; a José Ortega y Gasset, como crítico de arte; a Rusiñol, como pintor, poeta y dramaturgo, y a Unamuno, como pensador. Del otro lado están (una vez desaparecidos Zorrilla, Echegaray, Campoamor y Núñez de Arce) un Velarde, un Ferrari, un Manuel Reina 65, Clarín y los ((vaudevillistas»; en general, todos aque.lfos que habían perpetuado el gusto por ((el género chico 66 y ·muy · particularmente de los melodramas comprimidos, ·quintaesenc·ia de la más odiosa cursilería literaria» (pág. 103). El proceso, visto, pues, desde una perspectiva que contempla ·exclusivamente lo ((estéticon, queda concluido en el momento en que los modernistas consiguen difusión para sus innovaciones formales. En . un principio, los modernistas necesitaron crear sus propios ór·ganos de pren65 En el aprecio de Manuel Machado por Salvador Rueda y en el rechazo hacia Manuel Reina influye de forma decisiva la perspectiva conservadora que adopta Manuel Machado en La Guerra Literaria, ya que como demuestra CARDWELL (op. cit., págs. 118 y ss.) el colorismo de uno y otro autor se diferencia precisamente en el distinto aprecio que hacen de lo «moderno», siendo a este respecto mucho más conservador ~ueda que Reina. Ver Francisco_ AGUILAR PIÑAL (La obra poética de Manuel Reina, Editora Nacional, Madrid, 1968) para el modernismo de Reina, y MARTÍNEZ CAÓIERO (Salvador Rueda y el modernismo, «Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo», 34, 1958, págs. 41-61) para el de Salvador. Rueda; 66 A pesar de lo que Machado afirma en este' texto; sus contactos con autores del «género chico», a través de Ricardo ·calvo y Joaquín Velarde, han sido puestos de relieve por B~tOTHERSTON, oP. · cit., pág. 21.
estudio crítico 53 sa 67 • ((A la fundac·ión de la Vida Literaria", dice Machado, siguió la de un sinnúmero de semanarios cuya vida fue efímera, brillante y loca, y que se titularon E/ectra, Juventud~ Revista Ibérica, la Revista Latina, Helios, Renacimie·nto ... (pág. 110). pero pronto estos cauces ya no se hicieron necesarios. El modernismo había alcanzado la may.oría de edad: Los grandes órganos de la prensa, las altas tribunas literarias, las casas editoriales y hasta los teatros, última palabra de lo hermético, estaban abiertos a la libre emisión de las nuevas ideas y formas literarias, no sólo para los capitanes del movimiento, sino para los que venían en segunda fila. La gente, y después los críticos ·y editores, aceptaban lo nuevo en todas. partes (pág; 111 ). Afirmando, pues, el final del movimiento modernista {pág. 112), le es ya fácil ensayar sin ningún compromiso una · definición de·l mismo. Esta definición, sin embargo, adolece de dos actitua des que deforman la óptica de Manuel Machado. Por un lado, está el ya señalado intento de quitarle importancia y significado a lo que en realidad fue ·el modernismo, reducie:ndo la aplicación de este nombre a una serie de innovaciones formales: El modernismo-asegura-, que realmente no existe ya, no fue en puridad más que una revolución literaria de carácter principalmente formal (pág. 112). Por otro lado, y como consecuencia que se deduce de lo anterior, existe también en Manuel Machado un definido. interés por salir al paso de algunas acusac·iones que, diri .gidas contra el 67 Ver al respecto Ignacio PRAT: Poesia modernista española; Cupsa, Madrid, 1978, pág. XXVIII.
54 estudio crítico modernismo (en el cual necesar·iamente se hallaba inscrita su obra primera), resultaban en 1911 excesivamente comprometedoras para él. ce En cuanto al fondo, su característica esencial es la anarquía,, dice del modernismo, pero en seguida precisa: No hay que asustarse de esta palabra pronunciada en su único sentido posible. Sólo los espíritus cultivadísimos y poseedores de las altas sapiencias del arte pueden ser anárquicos, es decir, individuales, personalísimos, pero entiéndase bien, anárquicos y no anarquista·s (pág. 112). De aquí el insistente {( :mea culpa» entonado por nuestro poeta a lo largo de todo el texto de esta conferencia 68 y, de aquí también, que evite citar a Antonio Machado en la nóm·ina de los modernistas, cuando no tiene ningún problema en citarlo elogiosamente al final de su lectura (página 116), una vez hechas las precisiones anteriores y sentado el ·final del modernismo. Como consecuencia de estas dos actitudes, la definición del modern·ismo, que en el ~m · omen to de redacción de La Guerra Literaria, Manuel Machado está en dispos,ición de dar, atiende sólo a los aspectos ·más superficiales y tópicos del movi,miento: La voz modernismo significa una cosa distinta para cada uno de los que la pronuncian. Va dije que para éste el modernismo es la cabellera de Valle-lnclán, para aquél los cuplés ·del Salón Rouge, para el otro los cigarrillos turcos, y .para el de más allá Jos muebles de Lisárraga (pág. 111). ·Y en otra parte del ·m · ismo texto afir .ma: · En tales condiciones (las · descritas respecto al ambiente en que ~u _ rge el moclernismo), . la lucha __ __. 6s ~No os relataré-dice en ~ determinado momento-las mil peripecias de la "lucha" que tc¡dos tenéis presente, algunas de las cuales soy yo el primero en lamentan> (pág. 106).
estudio crítico 55 se imponía. La lucha trae .siempre los excesos con- .sigo. De los atentados a la retórica, a la prosodia, al academicismo neoclásico, que estaban en el programa, se pasó a los atentados contra el crédito literario y la obra personal de los señore~ al margen. Fue también preciso' exagerar determinadas tendencias pam romper el. hielo de la indiferencia general; irritar - con algún desentono los oídos re- . hacios (sic) y adoptar ciertas poses para llamar la atención (págs. 105-106). Recordando la <<penuria e indigencia,, social y espiritua.l, en la que el propio Machado, al comienzo de «Los poetas de hoy)}, sitúa los orígenes del ,modernismo, las definiciones que de él ahora nos propone no pa~an de ser una <<caricatura del :peor ·modernismo>), Caricatura que en absoluto puede servir para caractárizar esa <<gran actividad con vistas a Europa (que) había sustituido a la inercia anterioru {pág. 109). Cualquiera de estas dos definiciones propuestas por él po- . dría muy bien figurar en el repertorio del 'más furibundo crítico antimodernista. Evidentemente, el ((don ·Manuel-crítico» está ya en 1913 dejando de s·er e·l ((Manolo-poeta». Su óptica es, ahora, la ·mis·ma que anteriormente había combatido. Y esto no lo afirmamos nosotros, ·es el propio Manuel Machado quien lo hace: Manolo es el «YO» de mi juventud, mi yo de ayer y aun de antes de ayer, mirándolo despacio. Don Manuel es el ccyO» de hoy [ ... ]. . Entre 'los dos media un verdadero abismo. Desde 1914, el} que puede darse por definitivamente acabada la decimonónica centuria, hasta 1944, en que celebramos esta entrevista, van treinta años como ... treinta siglo~. El mundo anterior a la primera gran guerra dista ,moralmente de/· actual más que éste ' de la Edad Media. . · Y .• necesariamente la incomprensión entre uno y olro es casi deL todo absoluta. · ·_ . · · Y en· el. diálogo que Manuel Machado ingenia entre don Manuel y Manolo, el distanciamiento
56 estudio crítico entre el uno y el otro resulta bien patente. Quedémonos por ahora con la pregunta que Manolo hace a don Manuel: · ¿Qué ha hecho usted, don Manuel, de su antiguo liberalismo, de su fe en la civilización, de su amor a la humanidad, de su admiración por la ciencia y su confianza en el triunfo de la razón y de la cultura? 69 Tras el recorr·ido que acabamos de hacer a través de las ideas de Manuel Machado, hemos de señalar que, si bien es verdad que éste acierta en la descripción que hace del nacim·iento de los primeros· núcleos del .modernismo, así como en l as líneas generales en que inscribe el desarrollo posterior de dichos núcleos, no podemos decir de él lo m·ismo cuando intenta una valoración y definición del movimiento modernista. En el momento de ensayar esta definición, Manuel Machado presc·inde de todo aquello que, · desde dentro del =modernismo, fue un intento de respuesta al panorama social por él descrito ananterior.mente. Obvia la definida postura antirrestauracionista (y, por tanto, lo que la crítica ha dado en llamar la ccpostura ética») desarrollada desde el modernismo español, para centrarse exclusivamente en su aspecto «estético». En consecuencia, nos propone una de ·finición que resulta ser, como ya hemos visto, una falsificación del espíritu renovador de principios de siglo. Una vez limitado el alcance del modernismo a lo meramente estético y formal, Machado puede con toda tranquilidad asumir para sí, y usar para defin!r ccSU modernismo''• los ·mis · mOS ·términos con que el ccbuen gusto burgués» había adornado a dicho movimiento en sus orígenes (rebeldía, decadencia, revolución, anarquía ... }, sin por ello 69 Ver Don Manuel y Manolo, en «La Estafeta Literaria», 14, 10 diciembre 1944. ' ·
estudio crítico 57 ganarse el enojo del público al que ahora se dirige. Y esto puede hac-erlo, porque vacíos dichos términos de todo contenido real, al aplicarse sólo a ciertas innovaciones ccprosódicas y retóricas» (que es a lo que, en definitiva-en palabras de Machado-, se reduce el modernismo), se convertían en amables metáforas y convertían al modernismo en algo «inofens,ivo». Así, Manuel Machado acepta que, «en cuanto al fondo, la característica esencial>> del modernismo es ce la anarquía». Pero en seguida añade, tranquilizando al auditorio: ceNo hay que asustarse de esta palabra ... » (pág. 112). No debe, pues, olvidarse -que· las conclusiones a las que llega nuestro poeta en La Guerra Literaria son, por un lado, producto de una visión deformada y simplificada de la poesía de principios de siglo y, por otro, una concesión de 'Machado a un público al que, desde el prólogo, se dirige en los s-iguientes términos: ccHacedme la honra .de considerarme como tal (a _rnigo) y veréis qué fácilmente nos entendernos» (pág. 97). la óptica burguesa que guía la definición del modernismo propuesta por Machado no pasó, según ya advertirnos, desapercibida para la crítica del momento. En «Génesis de un libro» .(1912), título de la segunda -conferencia recogida en La Guerra Literaria, Manuel Machado dice ensayar un _ estudio de las técnicas -modernistas, ejemplificando éstas con textos de su libro Apo/o (1910) 70 • Algunas de estas técnicas habían sido anunciadas antes en ce Los poetas de hoy». Allí se distinguían ya tres niveles en todo acto ge creación poética: el fondo, la forma externa y laforma interna. Esta concepción tripartita del hecho 70 Apolo. Teatro pictórico, Prieto y Cía., Madrid, 1911. La mayoría de los textos aquí recogidos aparecieron, no obstante, antes de 1911 en diversas publicaciones periódicas.
64 estudio crítico sariamente que de esta aHrmación se salva seguramente su ((primer)) libro, Alma 79• Con lo dicho hasta aquí, Manuel ·Machado da por terminada la exposición y a ·n álisis de. los recursos técnicos empleados en sus poemas, y pasa a la lectura y comentario de varios sonetos <<pictóricos)) de Apolo. Algunos de estos poemas han merecido después la atención de la crítica. De manera especial deben señalarse a este respecto los comentarios reaHzados pór el profesor Francisco López Estrada, a quien debemos la documentación del influjo de la pintura prerrafaelista 80 en dichos textos. También Al-fredo Carballo Picazo, en su ya citada edición de Alma. Apolo, comenta, siguiendo con bastante -fidelidad las referencias dadas por Manuel Machado en ((Génesis de un libro),, ·alguno de estos sonetos. No existe, con todo, un enfoque global de la cuestión. No es el marco de una introducc-ión el mejor cauce para entrar en profundidad · en el estudio de una cuestión ·parcial, sea ésta la que fuere: creemos, sin embargo, que puede apÚntarse alguna clave, aunque sea de forma provis ·ional y aunque hayamos de limitar nuestras conclusiones a los textos de Aj:JO!o que se recogen en 79 Con anterioridad a Alma, Manuel Machado publicó en colaboración con E. Paradas Tristes y alegres (La Catalana, Madrid, 1894) y Etcétera (A. López Robert, Barcelona, 1895), pero siempre consideró a Alma (Imprenta de A. Marzo, Madrid, 1902) su primer libro. Hay bastantes dudas sobre la fecha de aparición de Alma. Ver para este tema, BR.OTHERSTON, op. cit., pág. 145. so El influjo de los prerrafaelistas en la literatura española de fin de siglo todavía espera un estudio de conjunto; no obstante, existen trabajos de importante relieve que no podemos olvidar; así, cabe citar los de Ricardo GuLLÓN: Juan Ram6n ]iménez y los prerrafaelistas, «Peñalabra», 20, verano 1976, pág. 7; LÓPEZ EsTRADA, op. cit., págs. 69 y ss. En estos trabajos el influjo de los pintores prerrafaelistas en nuestros poetas ha recibido un enfoque definitivo. Asimismo, la repercusión de la estét~ca de Ruskin, Emerson y Carlyle en el grupo de «Helios» hre sido estudiada por O'RIORDAN (Helios, revista del modernismo [1903-1904], en «Abacm>, 4, 1973, págs. 95 y ss.). No ha sido todavía precisado, sin embargo, el influjo que la poesía de los prerrafaelistas haya podido ejercer. Por Juan Ramón Jiménez sabemos que los poemas de Rossetti fueron introducidos ~n el ámbito de los modernistas a través de la tertulia que presidía la mujer de Navarro Lamarca.
estudio crítico 65 «Génesis de un libro>>, de cara a un primer intento de aproximación global a esta obra. Y ojalá que estas notas pudieran servir para ello. En primer lugar, hay que señalar que la selección de sonetos, que Manuel Machado lee y comenta en público en 1912, está hecha en función de formar un conjunto coherente que pudiera ser presentado a su auditorio como «flor de estudio y de cultura grata quizá únicamente a los que conocen bien y saben amar las grandes obras dé mundial renombren {pág. 119). Los poemas, por ello, están elegidos cuidadosamente. No puede Manuel Machado disimular, sin embargo, su atracción por lo decadente·, que aflora en todos · los textos y que responde al espíritu general del libro completo: nos referimos a la continua transición, en el tratamiento de un mismo tema, de lo pagano a lo religioso, de lo sensual refinado a lo virginal; lo que le atrae, en cada cuadro que le sirve de modelo, son los detalles, tanto físicos como morales, en que encuentra una transgresión de lo normal. En tales desviaciones de la norma halla Machado el terreno ·poético grato para él, y ellas son el lazo de unión de todos los temas que escoge. En ccDoña Juana la loca» le interesa la sensación moral y física de la persona de Doña Juana, vástago débil y desmedrado de la Casa de Castilla, quebradiza, enferma, y tan interesante en su atonía y su mutismo, minada ya de la vesania que estalló a la muerte del Rey y que la ha hecho célebre en la Historia (pág. 125). Y así ocurre con las demás figuras escogidas. En el soneto dedicado al retrato de la Gioconda, cctodo interrogaciones», le preocupa «todo el enigma de esa sonrisa única» (pág. 126). De las pinturas del Greco le interesa el idealismo exaltado y misterioso que lleva a los rostros de sus 3
66 estudio crítico retratos, «la expresión de la vida ·interior y del fuego del espíritu» (pág. 129). En su soneto a la pintura que Velázquez hace de la <<Infanta Margarita» intenta «rendir en mis versos toda la elegancia, toda la decadencia, toda la ~ infinita amargura de la deliciosa Infanta, tan viva en el cuadro y aún más que lo estuvo nunca en la realidad» {pág. 130). Nada más decadente que los monarcas de la «decadencia española», y entre ellos «Felipe JV,,, de <<ojos cansados y del·icadas manos, incapaces de sostener ya el cetro de puro finas y reales» (pág. 131). La nota se extrema en el soneto dedicado al bufón ,, Don Juan· de Austria>> (pág. 132). Murillo le interesa porque <<sentía y pintaba este hombre tan humanamente las cosas divinas ... >> (pág. 133). El Van Dyck que elige es el <<pintor de aristocracias,, y de él selecciona para. su «colección» la figura de un fin de raza: aUn prínc· ipe de la casa de Orange» (página 134). Teniers, por el contrario, es el pintor del ' <<pueblo» y, si ·merece la atención de Machado, es porque sabe plasmar en sus telas a dicho pueblo <<en todo el esplendor de su alegría bulliciosa y desapacible, en toda la ingenua brutalidad de sus apetitos» ·(pág. 135). Y así podríamos continuar, paso a paso, en cada uno de los textos de Manuel Machado. Uno de los primeros en poner de relieve el decadentismo de esta poesía ·machadiana fue Rafael Cansinos Assens 81 , quien afirma de Machado: los artistas del Renacimiento, iracundos y libertinos, se convierten en modelo de lo que debe ser un artista. Revive en la pléyade literaria, con un furor circunstancial, el desprecio del burgués [ ... ]. Se empieza a escribir para ((epatar al burgués». · Esto es así en Apolo. Pero el cambio de postura que hemos documentado en nuestro poeta, Bl Ver La nueva literatura, Sanz Calleja, Madrid, 1916, págs. 181-189.
estudio crítico 67 después de la publicación de esta obra, le obliga a tamizar esta actitud decadente, con el fin de. poder leer los poemas seleccionados en <<Génesis· de un librO>> eomo «flor de estudio y de cultura». Asi, como puede comprobarse en una lectura de los poemas de Apolo que quedan fuera, Manuel Machado en 1912 ev.ita los sonetos más comprometedores y no ·incluye en su lectura textos como ((la Primavera>>, dedicado a la . pintura de Botticelli 82, ni el titulado {{Oiiveretto de Fermo», ni «La Kermesse», ni tantos otros. Del examen de los textos recogidos en La Guerra Literaria, de las definiciones de moder_nismo que allí se nos proponen, así como de la explicación que Machado nos da acerca de su copcepción de lo poético y del uso y función que atribuye a Jas técnicas que emplea, pt,.~eden extraerse ya algunas conclusiones acerca de su posición estética «al final del modernismo». Tratamiento costumbrista de _ lo popular, persistencia de clisés formales modernistas, ~ctitud decadentista en su. visión de la histori - a, gusto parnasiano en arte y mentalidad conservadora son algunos de los rasgos que La Guerra Literaria- .nos descubre del Machado de 1913. Intentar conjugar estos elementos heterogéneos con el fin de lograr definir, esbozar siquiera, la estética de nuestro poeta, no resulta fácil en ·absoluto. Contamos; no obstante, con algún texto que puede ayudarnos a ello. Va hacia 1905, Juan Ramón Jiménez 83 -poeta de una agudeza crítica difíci · lmente superable-supo ver, en una reseña que contiene-a nuestro parecer-el juicio glqbal más justo y acertado que hasta hoy se ha escrito sobre la poesía de Manuel Mácha82 Respecto al influjo de Botticelli entre los modernistas españoles ( quienes ven en él un ejemplo práctico y anticipador de los ideales estéticos de Ruskin), ver LÓPEZ ESTRADA, op. cit., pág. 105. 83 «Alma y capricho de Manuel Machadm>, en Libros de Prosa, op. cit., páginas 520-523.
68 estudio crítico do, cuáles eran las líneas maestras de la evolución poética del sevillano. En dicha reseña sitúa Juan Ramón la obra de nuestro poeta en torno a dos coordenadas: la poesía francesa del siglo XIX y un fondo español, configurado por los mismos símbolos que definían la «España tradicional de la Restauración,,. Dice Juan Ramón que Machado tiene influencias bien aprovechadas de Verlaine y de Albert Samain (de este último en la dicción y en la construcción, sobre todo); participa también de ese espíritu decadente que le hace gustar <<el desprecio a · la muerte como flor en los labios,. Pero luego añade: ((Manuel Machado se ha terciado la capa y ha encontrado su gesto''· La España ·torera, las procesiones y cofradías de la Semana Santa sevillana son ·los -símbolos que definen esta última línea de la poesía de Machado, según Juan Ramón. A la vista de todo lo que llevamos escrito hasta este momento pensa-mos que el poeta de Moguer no se equivocaba. Si hemos de situar las anteriormente c·itadas variantes estéticas, que conducen el pensamiento de Manuel Machado en La Guerra Lite·raria, en unas coordenadas precisas, éstas, en rigor, no son otras que las señaladas por Juan Ramón. ((Podría ser-nos dice de Machado, Juan Ramón--un Felipe IV o un tocador de guitarra.,. Así, pues, estas coordenadas podrían concretarse de la siguiente forma: - En el fondo, un costumbrismo remozado que incorpora una serie de elementos casticistas mantenidos vivos a través del persistente romanticismo histórico. En esta línea, las ideas sostenidas por Machado en La Guerra Literaria son una continuación ininterrumpida de algunos maUces del tradicionalismo de Zorrilla, a quien dedi·ca una atención excepcional en este libro:
estudio crítico 69 Pero, poeta de veras-dice de don José Zorrilla-, poeta de siempre, sus últimos versos son, si cabe, mejores que los primeros, y sin perder su carácte·r exuberante y su riquísima vena castiza tienen ya las auras y Jos matices de la nueva poesía (pág. 101) . ....:..... En la forma, debe señalarse su aceptación de las técnicas parnasianas y simbolistas, así como de ·motivos decadentes archiconocidos. Pero dichas técnicas aparecen en Machado totalmente vacías del significado originario que las hacía valiosas. Estas coordenadas confluyen y marcan, sin embargo, un punto muy concreto dentro del panorama de la poesía española de principios de siglo. El modo en que pudieron ser conjugadas fue también estudiado con toda precisión por Juan Ramón Jiménez para el caso de Reina 84, poeta de quien Machado resulta ser discípulo y sucesor tardío 85• Afir · ma Juan Ramón: Manuel Machado ((ha estado en Puente Genil y ha bebido el vino rancio de don · Manue·l Reina» 86• El nombre que corresponde a la fusión de estas dos líneas en una obra literaria es el de colorismo, término que ha sido usado, con demasiada frecuencia, · en nuestra ·Crítica de forma imprecisa» 87• Es necesario, pues, antes de se84 Ver Libros de Prosa, op. cit., pág. 518. . ss El influjo de M. Reina: en la obra de Manuel Machado no deja lugar a dudas (ver LóPEZ EsTRADA, op. cit., págs. 31 y ss.); sin embargo, hay que señalar que en La Guerra Literaria (pág. 24) el lugar que nuestro poeta otorga al de Puente Genil no es en absoluto halagador. Influye en este cambio de valoración crítica la postura conservadora que desde 1911 define todos los aspectos de la obra de Manuel Machado. 86 Juan Ramón ]IMÉNEZ: . Libros de Prosa, op. cit., pág. 522. 87 Con excesiva frecuencia se ha visto en los poetas coloristas españoles de finales de siglo unos precursores dei modernismo, y en consecuencia se ha afirmado que el · colorismo representa una forma de poesía calificable de «premodernista». Se ha visto pronto, no obstante, que el término premodernismo carece de precisión, validez y utilidad crítica (vet B. GICOVATE: El modernismo y su historia, «Hispanic Review», XXXII, 1964, pág. 226). AGUILAR PIÑAL (La obra poética de don Manuel Reina, op. cit., pág. 107) prefiere el término idealismo colorista, aceptado después por ·Ignacio PRAT (Poesla modernista española, op. cit., pág. XXI), señalando que dicho idealismo colorista es la fase primera, a la que seguirían otras dos, dentro del modernismo. Esta afirmación puede discutirse, pero no es éste el momento de hacerlo; aunque sí de señalar que, a pesar de la discusión res-
70 estudio crítico guir adelante, decir claramente con qué significado utiHzamos nosotros este término. Consideramos que colorismo es el nombre que recibe la fusión de las dos coordenadas antes apuntadas: {(Colorismo es, en una parte, una versión modernista del . costumbrismo>> (Richard Cardwell88), y, en otra, <da forma que recibe el parnasianismo francés cuando éste es ·importado a Es .. paña» (Juan Ramón Jiménez 89 ). En el colorismo de poetas como Rueda y Reina encontramos ya, por un lado, la mis·ma interpretación de lo popular andaluz que vemos en Manuel Machado, los mismos motivos y la misma profusión de detalles externos; y, por otro, las mismas técnicas parnasianas ap ·licadas a ((pintar con la pluma» aque.Jios cuadros de la historia que más les atraían por su elegante y decadente aristocratismo. Y si en ~Machado se unen tan bien, en su aparente contradicción, estos dos ingredientes-lo popular y lo aristocrático-es precisamente gracias al ejemplo y experiencia alcanzada por las obras de Reina y Rueda. El primero de ellos había decantado la contradicpecto a la terminología empleada, no se ha intenta~o de forma seria estudiar con rigor' en qué consiste el contenido del colorismo. Se ha planteado el problema de etiquetar algo antes de saber con precisión en qué consistía dicho «algo». · 88 Juan Ramón Jiménez: The Modernist apprenticeship 1895-1900, op. cit., página 190. El estudio cuidadoso que R. Cardwell hace del colorismo nos parece riguroso y definitivo en lo que al tema que nos ocupa se refiere: «The basic flaw in bis commentary is the failure to distinguish the real centre of the genesis of colorismo. The categorisation of Rivas and Zorrilla as coloristas suggest that the 'Romanticism' Fray Candil is talking of is that which Menéndez Pelayo called 'historical' or 'Christian' Romanticism, following the guidelines laid clown by Madame de Stael in De l'Allemagne. The subsequent reference to Verlaine and the Decadence would suggest that he had that other strain of Romanticism in mind which expressed the anguished outlook on life that we associate with Espronceda. The corifusion of the two curren:t sin their later manifestations in the fin ce siecle has obscured the issue. Correctly Rueda Inherited that outlook which belongs to Zorrilla's traditional nationalism expressed in the prose dedication tó bis Cantos del trovador (1836-1841). It seems unlikely that Rueda was ever influenced by the French Decadence» (pág. 194). · 89 Ver Ricardo GULLÓN: Conversaciones con Juan Ramón, Taurus, Madrid, 1958, pág. 105. El influjo de los parnasianos franceses en M. Machado, J. M: Heredia -y Leconte de Lisie, entre otros, ha sido estudiado por BROTHERSTON, op. cit., págs. 101 y SS.
estudio crítico 71 toria fusión de ·los dos elementos en favor del de·cadentismo parnasiano; el segundo, en favor de lo popular ·costumbrista; Manuel Machado pasará constantemente, a tenor de sus ·conveniencias, del predominio de _ una línea al predominio de la otra. Esta f.luctuación, que fácilmente puede documentarse en su obra en verso, es, como vamos viendo, una clave importante para entender el porqué de las abundantes contradicciones que afloran en La Guerra Literaria, y nos previene de una lectura ((ad pedem litterae» de la definición de modernismo que allí se nos propone. ((La admiración-nos dice Brotherston 90que profesaba Machado por la espontanei-dad natural de la poesíafolklórica, en el prólogo a Cante hondo y en otros lugares, tiene · Ja misma raíz que su modernismo.» Y esta raíz no es otra que ·el colorismo. LA CRITICA SOBRE EL MODERNISMO Y LA GUERRA LITERARIA La Guerra Literaria es, por todo lo que llevamos dicho hasta aquí, un documento i·mportante dentro de la historiografía del modernismo, a pesar del escaso interés que la crítica le ha concedido. Y esta afirmación no está, en absoluto, en contradicción con lo que anteriormente, en el curso de esta ·introducción, hemos señalado. Los conceptos manejados en este texto por Manuel Machado han tenido un curioso relieve en la configuración tópica del modernismo que la crítica ha hecho; pero si ello ha sido pos'ible, se debe precisamente al hecho de que los Juicios machadianos aceptados por dicha crítica jamás han sido sometidos a la revisión necesa90 Manuel Machado, op. cit., pág. 131.
72 estudio crítico ria, es decir, con demasiada frecuencia los textos de La Guerra Literaria han sido utilizados fuera del lugar y del contexto apropiados. Es necesario, pues, volver sobre este libro para situarlo en el Jugar que le corresponde dentro de la historiografía crítica del modernismo, ya que sólo entonces estaremos en condición de saber hasta qué punto las opiniones que el libro defiende son sus·ceptibles de ·caracterizar el movimiento modernista de principios de siglo, o hasta, qué punto sirven sólo para definir las peculiares formas del modernismo de Manuel Machado. Pocos conceptos de la historia de la literatura española habrán merecido tanta atención, discusión y estudio como éste del modernismo. La bibliografía sobre el tema es tan extensa 91 y responde a enfoques tan dispares, que en su día se hizo recom·endable, incluso, el intentar un estudio del modernismo que, partiendo de las distintas posturas críticas que revela la bibliografía, lograse el ccconsenSO» de todas ellas. Con discutible acierto este ensayo fue realizado por Ned Davison 92, quien distingue varias líneas (<que no tenemos inconveniente en aceptar como claves) en la visión que durante mucho tiempo ha man91 Intentar aquí un ensayo de bibliografía sobre el modernismo aunque quisiéramos reducirnos únicamente al ámbito español, es totalmente imposible. Nos limitaremos, pues, a citar aquellos textos que consideramos imprescindibles para un estudio general de la cuestión, remitiendo a las bibliografías por ellos aportadas. Así caben citarse las obras de Homero CASTILLo (Estudios críticos sobre el modernismo, Gredos, Madrid, 1968), Lily LITVAK (El modernismo, Taurus, Madrid, 1975) e Ignacio PRAT (Poesía modernista española, op. cit.}. Teniendo en cuenta que lo más valioso del modernismo español pertenece a la órbita del simbolismo europeo, es de gran importancia también el libro de José Olivio JrMÉNEZ: El simbolismo, Taurus, Madrid, 1979. 92 El concepto de modernismo en la crítica hispánica, Nova, Buenos Aires, 1971. La bibliografía manejada por Ned Davison en este libro es amplia, pero pronto fue desbordada por los nuevos enfoques y los nuevos datos aportados en torno al tema del modernismo. Por esto (aparte de que ya de por sí es muy dudoso el que las fórmulas de «Consenso» que él busca sean válidas para la crítica literaria), su obra tiene hoy un valor muy relativo.
estudio crítico 73 tenido la crítica sobre este tema. Cada una de las direcciones ensayadas por la crítica se di·ferencia de la otra por destacar como ccrelevante>>, en la definición por ella propuesta, una característica, a la cual debían subordinarse las demás: para unos, el elemento relevante del modernismo reside en el estilo,· para otros, en el tono estetista o esteticista de este movimiento, y para otros, finalmente, en la re.forma cultural que representa. Limitándonos al área de la crítica española del modernismo podemos, a grandes rasgos, reduc· ir a dos las posturas divergen;. tes: a) por un lado, la de aquellos (Salinas, Dámaso Alonso 93, Díaz-Piaja ... ) que tienden a definir el movimiento como una mera ccrenovación de ·l concepto de lo poético y de su arsenal expresivo, 94 y que siguen con bastante fidelidad las líneas maestras formuladas por Machado en La Gue ·rra Literaria, y b) -la de . aque-llos críticos (Onís 95, Ricardo Gullón ... ) que oponen al concepto de ((escuela, (generalmente aceptado por la crítica para referirse al modernismo) un concepto de ccépocau. Para estos últimos, ccel modernismo es la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu, que inicia hacia 1885 la disolución del sig·lo XIX» 96 y que afecta a todos los órdenes de la vida: arte, reHgión, ciencia, política ... · Todo lo escrito sobre el tema, en el momento en que Ned Davidson realiza su ·estudio, podría muy bien ser-catalogado en una u otra de estas dos direcciones. Sin embargo, el trabajo del crítico americano queda muy pronto desbordado. tanto por el hallazgo y acopio de nuevos ,materiales sobre el modernis·mo, como por la nece93 Poetas españoles contemporáneos, Gredas, Madrid, 1958; pág. 9. 94 Pedro SALINAS: Literatura española siglo XX, op.1 cit., pág. 17. 95 Antología de la poesla española e hispanoamericana, Madrid, 1934. 96 Ibídem, pág. XV.
80 estudio crítico su mayor parte inédita. A este respecto hay que decir que, si es cierto-y nosotros creemos que lo es-que en este período (1904-1914) se gestan y desarrollan las , corrientes poéticas y literarias, que ·los propios ·escritores modernistas salvan del modernismo y proyectan hacia el futuro, y, si es ci·erto también que en estas corrientes sal- . vadas por ellos se encuentran los gérmenes y núcleos originarios de la primera vanguardia o de ·la propia generación · del 14, no es preciso insistir más sobre ·el interés y la importancia de los textos en que esto se Heva a cabo. Dicho lo cual, queda también justificada la importancia que a priori hemos atribuido a La Guerra Literaria, · Como hito importante· en ·la historiografía del modernismo de ·esta época. Queda, sin embargo, por precisar eri cuál de las corrientes que en esta época e·mergen del modernismo podría situarse el texto de Manuel Machado. Por todo lo que hemos visto hasta este momento, es evidente que no podemos situar La Guerra Literaria en ninguna de las cuatro líneas mayores que apuntábamos anteriormente para enmarcar las distintas posibilidades de evolución latentes en el seno mismo del modernismo y desarrolladas a partir de 1904. El concepto y la definición del modernismo que Manue11 Machado nos ofrece en esta obra no contribuye, 8, 1914, págs. 55-65, y La litterature castillane d'auiourd'hui, «Lecciones del Curso de Expansión Comercial», 1915, págs. 648-69; M. BLANco GARcfA: Los voceros del modernismo, Barcelona, 1908; E. GóMEZ CARRILLO: El modernismo,. 1905, Madrid, 1914; A. GÓMEZ LOBO: La literatura modernista, Ciudad Real, 1908; A. HUERTAs MEniNA: Base filosófica del modernismo literario, «Revista Calasancia», 19, 1914, págs. 634-45; E. LLACH: El modernismo en literatura, Sevilla, 1914; B. GARNELO: El modernismo literario español, XCIII, 1913. Esta bibliografía responde a un primer in - tento de revisión del modernismo. Se · percibe aquí todavía el tono polémico que había caracterizado la «lucha» modernista, pero en estos textos hay, sobre todo, un intento de definir, . deslindar y valorar, entre las múltiples Hneas que confluyen en el modernismo español, aquellas que ofrecían ya una clara y positiva solución de continuidad.
estudio crítico 81 en absoluto, a :la apertura de caminos nuevos; contribuye, por el contrario, a perpetuar anacrónicamente posturas y actitudes coloristas totalmente desfasadas. las palabras que López Estrada 107 utiliza para situar las «perspectivas vitales» del poeta en 1938 son perfectamente válidas ya en 1913, año ·en que se · redacta la mayor parte de La Guerra Literaria: Manuel se encontraba-dice López Estrada-en el campo que hizo de la tradición bandera de combate. Desde muy pronto, la crítica, aunque esto luego haya sido olvidado, supo ver que Manuel Machado había quedado descolgado y al margen de la evo'lución general del modernis:mo español. Al aparecer en 1907, Alma. Museo y Cantares, no faltó quien ·lo señalase. M. Abril, en ({La Lectura», apuntó que Manuel ·Machado había desistido ya de buscar valores estéticos de renovación para su propia poesía. Villaespesa comenta en dos cartas (del 17 de julio y del 29 de octubre de 1907) a Juan Ramón Jiménez que creía evidente que Machado estaba ya acabado. Andrés Gonzá·lez Blanco, dando el pésame «al fantasma pál·ido» del poeta autor de Alma, aprovecha la publicación de Alma. Museo ·y Cantares, para decir, parodiando la famosa frase de Clarín, que «1 los dos poetas y medio» de su época eran Juan Ramón, Villaespesa y... Manuel Machado 108• Esta desviación de Manuel Machado de la evoluc'ión general del modernismo le llevó a <<convertirse en más reaccionario que aquellos 101 Los «Primitivos» ... , op. cit., pág. 148. 108 Ver BROTIIERSTON, op. cit., pág. 42.
82 estudio crítico a los que criUcó cuando era modernista>> 109• Todo esto debe ser tenido en cuenta a la hora . de estudiar la visión de 1 1 modernismo que nos propone ·en La Guerra Literaria, porque es, ya entonces, esta_ perspectiva <<reaccionaria» la que guía el pensamiento de Machado al redactar este libro. · 109 Ibídem, pág. 40.
NOTA BIBLIOGRAFICA A pesar de que a los textos de La Guerra Literaria se les ha prestado una atención importante en todos los estudios que hasta la fe·cha se han hecho sobre Manuel Machado, y a pesar de que todos· los críticos, que así lo han hecho, conceden a este libro un valor documenta'! no desdeñable, no existe todavía ni un solo trabajo mo- · nográHco sobre el mis.mo, salvo la reseña de comprom·iso que don Miguel de Unamuno, a petición del propio Machado, redactó para <<Los Lunes de El Imparcial» (22 di·cie·mbre 1913), con e 'l título de «Manuel Machado y yo». Hecha esta pre'C ·isión, damos a continuación una bibliografía selecta sobre Manuel Maohado, destacando en ella los trabajos de Brotherston y de Carrión Gútiez, en los cuales puede encontrarse una bibliografía más completa sobre nuestro poeta. ALONSO, Dámaso: Ligereza y gravedad en la poesía de Manuel Machado, «Revista de la Biblioteca, Archivo y Museon, XVI, 1947, páginas 197-240; recogido después en Poetas españoles contemporáneos, Grados, Madrid, 1952. ALVAREZ, Dictinio: Cartas inéditas de M_anuel Machado a Rubén Daría, «In dice de Artes y Letras», 118, 1958, pá· g. 14; recogido después en Cartas de Rubén Daría, Taurus, Madrid, 1963. - ARAUZ DE ROBLES, Santiago: Manuel Machado, místico laico, «La Estafeta Literaria», 297, agosto 1964, págs. 7-8.
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NUESTRA EDICION Para preparar la presente edición hemos se- . guido el texto de Manuel Maohado: La Guerra Literaria (1898-1914), l·mprenta Hispano-Alemana, Madrid, 1913, ·la primera y úni· ca edición hasta ·la fecha; y ·lo hemos hecho con la ·máxima fidelidad, corri·giendo sólo las erratas observadas y algunas acentuaciones que hoy ya no se usan. Pensamos en un principio hacer una selección de los textos más interesantes de La Guerra Literaria, pero preferimos luego inc ~ luirlos todos, al considerar, pese a la afirmación del propio Machado en su «Prólogo», que todos los capítulos constituyen una unidad, tal como intentamos demostrar en la cclntroduc·ciónu. Hemos omitido una biografía de Manuel Machado por pensar que casi toda ·la bibliografía existente sobre el autor tiene cierto carácter biográfico. Nos remitimos al libro de Brotherston, que ·consideramos el más documentado a este respecto. Hemos preferido, pues, reservar el espacio para profundizar al máximo ·en ·el texto machadiano y, al ser ésta una edición dirigida principalmente a estudiantes, hemos procurado dar ·los máximos datos posibles para ·la compr·ensión de ·los textos en toda su amplitud y alcance, añadiendo unas míni·mas referencias a , Jas alusiones de ·Manuel Machado que podían presentar algún problema de comprensión.