Las esculturas de José Salvador Carmona del convento de San Miguel de las Victorias de Priego (Cuenca)
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LAS ESCULTURAS DE J^SE ^^AD^ CARMONA DEL CONVENTO I® S^^GUEL DE LAS VICTORIAS DE PRIEGO (CUENCA) Juan Nicolau Castro « Ao ir»c naraies más bellos de la provincia La villa de Priego se encuentra en ¿^enza la Serranía. Las fr ade Cuenca, exactamente donde termina la Ale y antiguo y fue exacgosidades que allí comienza fueron P""" ^ Mendoza, VI Conde de Priego tamente hacia 1574 cuando D Femando Monasterio franciscano que, y Mayordomo de D. Juan de Austria, ^^^bre de San Miguel de las por conmemorar la Victoria de Lepante, llevar El Monasterio se ubicd cerca de la villa pero ya en rocas de la hoz del río Escabas, Con el paso del hem^ r^ol - . j • « (*n las aue hacían mas austero su recogí han ft ieron levantando sucesivas ermitas en la q miento. Se tienen noticias de vanas de ellas y ^ , , inmaculada la restos desperdigados por sus fragosidades, como a ic . . ' del Cristo del Agua, de singular fervor religioso '^am de San Francisco, la de la Impresión de las Llagas, la de San Pedro de Alcántara y, por lo menos, de cinco más. r-rkrtcf»rva De cómo estaba el convento y su iglesia tras las obras de una prolija descripción con inventario de pinmras y esculturas que nos ha transm tido D. Pedro Cruz Ocaña'. ,o he podido Nevar a eaho Victorino Terradillos, del convento ^ documentación y la hoy rarísima obra sobre la pisla del D. Eusebio Baendía, pámieo de Priego, que amabilísi- — lugar y Re;«u. Taldceube^e la.blé„ n. acompabd e„ "'líb-br «pálmenle pródiga en los üllimos años y hay'^íl'SI'det^do Len«s monografías a él doñeadas por Con^n ^ía L.L desde la Universidad de Navarra, y por Juan José Martín González, d«de la f Valladolid y la Real Academia de San Femando. En estas obras se recoge también lo ft indamen^ de la producción conocida de José Salvador Carmona y han sido mi principal fuente de información^ ' CRUZ OCAÑA, Pedro: El Convento de San Miguel de las Victorias de Pnego, Imprenta Seminario Conciliar, Cuenca, 1929. pp. 59-6!. En este inventario se hace mención de dos lienzc» exis tentes en la iglesia que el autor atribuye a Carducho. uno con la Virgen y el Niño mostrando un jilguero al Bautista y otro con un San Francisco en éxtasis.
JUAN NICOLAÜ CASTRO El mediodía del 28 de febrero de 1772 cayó sobre el Monasterio una enorme piedra, desprendida de la pared de la hoz, que dañó seriamente el edificio. Ante la gravedad de la ruina se pidió consejo y consulta sobre qué era más prudente ha cer al interesante arquitecto barroco José Martín de Aldehuela, «Maestro Mayor de Obras del Obispado de Cuenca»'. Este respondía en documento firmado en Cuenca el 21 de marzo de 1772: «.. .Se hace preciso la muda absoluta de dicho Con vento, que ha de ser en el sitio de la ermita de la Concepción de afuera... y que de este dictamen no puedo salir»^. Las obras del nuevo edificio comienzan el 10 de agosto de 1772, colocándose solemnemente la primera piedra del Monasterio el 30 de septiembre y el 13 de ma yo, del año siguiente de 1773, la de la iglesia. Los trabajos se realizaron sin pausa y el 21 de septiembre de 1777 la comuni dad franciscana habitaba el nuevo convento. El alma de la construcción fue, al pa recer, Fr. Joaquín Eleta, confesor del Obispo de Osma, que obtuvo la protección del rey Carlos III quien, al parecer, contribuyó decididamente a la nueva fundación"^. También fue decisiva la intervención de Fr. Manuel de Arcos que rea lizó «repetidos viajes a Madrid» motivados por las diligencias de la obra''. En el nuevo Monasterio habitó la comunidad franciscana hasta la exclaustra ción, habiendo sufrido previamente un golpe mortal con la invasión francesa. Tras un intento de revitalización en 1856 con la creación de un colegio de misioneros franciscanos, pasó a ser posesión de la Mitra de Cuenca que en 1887 inauguró en él un Colegio-Seminario de latinidad que pervivió hasta 1903. Desde entonces el Monasterio depende de la parroquia de Priego y en estos años sirve de albergue estival para colonias infantiles. Pero lo que en este trabajo nos interesa es el conjunto de imágenes que adorna ban el edificio desde la reedificación de 1772 debidas a las gubias de José Salvador Carmona, fiel seguidor de su tío Luis, que aquí dejó una obra numerosa felizmente conservada casi intacta y que puede ser un definitivo punto de partida para la indi vidualización de su producción. Las esculturas se conservan en este momento en la iglesia parroquial de Prie go, con la excepción del Cristo de la Caridad conservado aun en su capilla del Mo nasterio y objeto de fervoroso culto en una amplísima comarca. Desde 1991 la mayor parte del conjunto se ha colocado dignamente en un gigantesco retablo que ha pre tendido sustituir al desaparecido en la guerra civil, y en el que se han reservado las partes más nobles de las tres calles centrales a albergar lo más digno de la ima ginería carmonesca. El resto de la obra de José Salvador Carmona se conserva casi enteramente en la capilla de la Virgen de la Peña. Gracias a la obra, tantas veces citada, de D. Pedro Cruz Ocaña, conocemos ^ BARRIO MOYA, José Luis: «El arquitecto aragonés José Martín de Aldehuela y sus obras en Cuenca-, Goya, N.° 217-218, 1990, pp. 50-56. ' CRUZ OCAÑA, Pedro: o. c., p. 71, ■' Idem, p. 95. Es muy curiosa la participación de este Fr. Joaquín Eleta y tal vez podamos rela cionar con su intervención la existencia en la catedral de Burgo de Osma de alguitas esculturas carmonescas, singularmente la deliciosa Virgen del Rosario awidi'u.VA a su pnnVilivo retablo. ' Ibídem, p. 96.
ESCULTURAS DE JOSE SALVADOR CARMONA 457 con exactitud dónde se ubicaban cada una de las imágenes en el antiguo convento. A la entrada, a mano izquierda, se encuentra la curiosa capilla del Cristo de la Ca ridad, cuya imagen se encuentra en el centro en una urna a la que rodean cuatro altares. En tres de los ángulos de la capilla, en el cuarto se encuentra la puerta de acceso, se encontraban las imágenes de la Dolorosa, Sta. María Magdalena y Sta. Margarita de Cortona. Las tres están ubicadas actualmente en el gran retablo ma yor de la parroquia. En el lado opuesto se localizaba la capilla de la Impresión de las Llagas, cuya titulación ya la tuvo una de las antiguas ermitas. A ella pertenecería el hermoso Crucifijo alado que, aunque mutilizado y recientemente restaurado, se encuentra en la capilla de la iglesia parroquial. No ha quedado, al parecer, vestigio del San Francisco que estaría frente al Crucificado. En la zona del presbiterio de la iglesia se encontraban, en el retablo mayor, las imágenes de la Virgen de la Peña y de San Miguel Arcángel, teniendo a los lados las fi guras de San Pascual Bailón y San Benito de Palermo, de las que parece perdida la de San Pascual, y a los lados, en sendas hornacinas del muro, se encon traban las efigies de San Francisco de Asís y San Pedro de Alcántara, las de mayor tamaño del todo el conjunto, y las de San José y San Antonio de Padua. Actualmen te se encuentran tres en el retablo parroquial y una, la de San Antonio, en un altar adosado a una de las naves. A este conjunto hay que añadir un esplendido Santo Donungo de Guzman, tam bién conservado en la capilla de la parroquia, y otra bella Dolorosa de fi gura corta da casi a la altura de las rodillas. Hay que añadir fi nalmente una Inmaculada y el San Miguel que presiden la zona central del retablo y que resultan lo menos carmonesco del conjunto, aunque habrá que fecharlos por los mismos años. Según los datos de que disponemos, que ya fueron recogidos por Concepción García Gainza^, las imágenes parece fiieron donación del rey Carlos III y en una nota del Padre Cruz Ocaña se añade textualmente: «En unas notas antiguas del Co legio de Latinidad de Priego se dice que las imágenes fueron llevadas de Aranjuez»', dato éste del que en realidad no conocemos su exacto significado. Lo más interesante de todo es que nos enfrentamos aquí con un conjunto muy extenso de obras de José Salvador Carmona realizado ya a la muerte del tío lo que podría apuntar a una mayor independencia. A pesar de ello, lo que claramente salta a la vista es la total dependencia del sobrino respecto al tío y las claras limitaciones del discípulo. Y apuntado este dato evidente y ya repetido pasemos al examen con creto de las obras. En el conjunto destacan claramente tres esculturas, la del Cristo de la Caridad y la pareja de San Francisco y San Pedro de Alcántara. El Cristo es copia fi delísi ma de los conservados en Atienza, Nava del Rey y La Granja de San Ildefonso donde se veneran con la advocación de Cristo del Perdón y sería grabado por Juan GARCIA GAINZA, Concepción: El escultor Luis Salvador Carmona, Publicaciones de la Uni versidad de Navarra, 1990, pp. 123-124. ' CRUZ OCAÑA, Pedro: o. c., p. 98.
458 JUAN NICOLAU CASTRO Antonio Salvador Carmena, hermano de José®. La dependencia es total pero la téc nica es muy distinta, nada hay en el Cristo de Priego de esa morbidez táctil de la carne, ni de esa expresión conmovedora de dolor, ni de la elegancia e ingravidez que transmiten las obras del tío. La palabra que define como ninguna otra al Cristo de Priego es la de dureza, dureza en el tratamiento de las carnaciones, en las ropas que le visten o en la túnica que envuelve la bola del mundo sobre la que se asienta, en la expresión del rostro, conmovedor pero de una dureza que lo hace de gesto fácil y efectista, efectismo que se transmite a la espalda llagada en exceso y por ello falta de verismo, y lo mismo ocurre con la policromía que da la sensación de haberse repintado la imagen sin finura, incluso en la escena del pecado original de la bola del mundo. Y todo esto tal vez sea aun más patente en los cuatro angelillos que adornan las esquinas de la peana portando en sus manos instrumentos de la Pasión y muestran un gesto compungido y lloroso pero forzado que, en modo alguno, resiste la comparación con los angelillos del tío, singularmente con los que más analogías pudiesen presentar con éstos, los que fl anquean el Cristo fl agelado de la Clerecía de Salamanca. La imagen de San Francisco de Asís es junto con su pareja de San Pedro de Alcántara lo más digno del conjunto, por talla, prestancia de la figura y cuidada policromía, siendo de lo más hermoso de la obra de José conocida hasta la fecha. El tío repitió varias veces al Santo de Asís, siempre en actitud más dinámica y por tando en la mano izquierda, hacia el que dirige la mirada, un Crucifijo, no la cala vera que porta este de Priego, y que le lleva a mostrar más que un anhelo místico un gesto de concentrada meditación. La particularidad de apoyar el pie izquierdo sobre el globo terráqueo solo aparece en la versión de Olite, en Navarra^. Esta fi gura conquense muestra muy estrechas analogías con otro San Francisco dado a conocer recientemente por nosotros'®, que ante este ejemplar nos hace pensar ló gicamente en la autoría de José. Se trata del conservado en el Monasterio francisca no de San Pedro de Alcántara en la villa de Arenas en Avila, de tamaño mucho menor pero con esa talla más sumaria, típica de este autor. La diferencia de tamaño incluso puede hacernos pensar que la obra abulense bien podría haber servido de boceto. Otro San Francisco con bastantes analogías con estos dos comentados, re cibía culto antes de la guerra civil en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid, lo conocemos a través de una antigua fotografía y en este momento ignoramos su paradero. El San Pedro de Alcántara es tradicionalmente reputado como la imagen más interesante del conjunto''. No conocemos ninguna versión de este Santo de Luis Salvador Carmona, por lo que para él José tuvo que buscar inspiración en imáge nes de otros autores, cosa fácil, dada la popularidad del reformador franciscano. Aunque le representa como es tradicional escribiendo, con un libro en una mano ^ GARCIA GAINZA, Concepción: o. c., fig. 2. ^ Idem, lám. 6. NICOLAU CASTRO, Juan: «En torno a Luis Salvador Carmona y la escultura de su tiempo», BSAA, T. LVI, 1990, pp. 562-568. " De esa opinión es ya el Padre Cruz Ocaña, o. c., p. 98. En el momento de escribirse esta obra, la escultura era exhibida en la Exposición Iberoamericana de Sevilla.
ESCULTURAS DE JOSE SALVADOR CARMONA 459 y sosteniendo la pluma en la otra atento a la inspiración del Espíritu Santo que, en forma de paloma, revolotea sobre su hombro, es tal vez la versión menos dra mática que conocemos del Santo, como si el autor hubiese buscado por encima de todo la belleza de la escultura y la armonía de proporciones y gesto. Resulta, por ejemplo, mucho menos dramática que la versión del mismo Santo realizada por otro escultor del mismo siglo y tan dado a la belleza como es Salzillo en la versión que talló para el convento de San Joaquín de Cieza. Siguiendo el estudio del resto del conjunto, pasemos a examinar los otros dos santos que, junto con la pareja franciscana, adornaban el presbiterio de la antigua iglesia, los Santos José y Antonio de Padua. Ambos de las mismas proporciones, ligeramente inferiores al San Francisco y San Pedro, y que tienen en común el lle var al Niño Jesús en los brazos. Como ya hemos indicado el Santo Patriarca se encuentra hoy en el retablo de la parroquia y el San Antonio en altar lateral del mismo templo. El San José recuerda otras versiones de su tío Luis, singularmente los de Vergara y San Fermín de los Navarros de Madrid, pero como en todo el conjunto las durezas son manifiestas, así como la simplificación de la policromía de colores lisos y desvaidos, muy lejos de los encantos rococós del maestro. De todos se aparta por sostener al Niño sobre un paño, no directamente en las manos, cosa poco frecuente en Luis. Sí aparece en esta talla de Priego una nota típicamente carmonesca, el doble en pico del cuello de la túnica. Con las limitaciones propias de José, más grato y más sentido resulta el San Antonio, de gesto menos conven cional y portando un Niño Jesús también más afortunado. Veamos seguidamente las tres esculturas que originariamente recibían culto en los tres altares de las esquinas de la capilla del Cristo del Perdón y hoy están ubica das en el retablo mayor parroquial. De ellas la Virgen Dolorosa es de tamaño lige ramente superior a las otras dos y en ella aparece Mana vestida con túnica, amplio manto y ligero velo que cruza sobre el pecho. Abre los brazos en actitud de suplica y, como es normal en Carmona, una gran espada taladra su pecho. La policromía es la habitual, túnica roja, manto azul con vuelta de un ocre amarillento que se ha trasladado al breve velo. De las obras del tío con la que mayores analogías guarda es con la Dolorosa de La Granja de San Ildefonso, que presenta el gesto recogido pero que responde a una misma estética. La analogía con la Virgen de los Dolores de El Real de San Vicente también se debe tener en cuenta, pero como en todas estas obras, y en ello machaconamente estamos insistiendo, se nota mucha mayor dureza y simplificación de talla. Curiosamente en la capilla parroquial de la Virgen de la Peña se conserva un boceto de esta imagen, de tamaño ligeramente superior al medio metro y cortada desde algo mas arriba de las rodillas, y que tal vez, debi do en parte a su menor tamaño, resulta mucho más grata y de gesto más sincero y convincente. La policromía que primitivamente debió ser la misma que la de la imagen de mayor tamaño con el paso del tiempo ha sufrido una reacción química y el azul del manto muestra hoy un ligero tono verdoso. Dista, sin embargo, mucho esta talla de la del mismo tema y la misma actitud que, fi rmada por el escultor, se conserva en San Jerónimo el Real GARCIA GAINZA, Concepción: o. c., p. 123.
460 JUAN NICOLAU CASTRO a escu tura de María Magdalena parte de la inolvidable de Pedro de Mena, pero vista no a través del original del escultor granadino, sino de la versión de su tío para e retablo de la iglesia de Torrelavega, como revela la talla de la túnica e pa ma que la envuelve y el abundante pero apelmazado cabello. Se aparta, sin ern argo, tanto de la de su tío como de la de Mena por transmitir una visión menos o orida y espiritualmente menos intensa pero más amable. Es ciertamente una de las más interesantes esculturas del conjunto'-^. La Santa Margarita de Cortona lleva en la mano derecha la cabeza de su anti guo amante a la que dirige la mirada mientras levanta la otra en gesto más teatral que convincente. Viste hábito franciscano y cubre la cabeza con rizada toca y lige ro velo blanco. Ante esta figura vienen al recuerdo la Santa Rita de La Granja o la Santa Rosa de Viterbo del convento navarro de Olite, pero ello sirve sobre todo para ver la enorme distancia entre la obra del tío y la del sobrino, falta de gracia y dura de talla que en este caso se transmite al perrillo que hace gesto de acurrucar se a sus pies. Dos obras más hay que añadir al conjunto del escultor conservadas hoy en la capilla parroquial, un espléndido Santo Domingo de Guzmán y un Crucifijo alado. El Santo ignoramos dónde pudo estar ubicado en el Monasterio, nada nos dice de ello el Padre Cruz Ocaña, y el Crucifijo, aunque tampoco lo cita el mismo autor, por lógica, habrá que suponer que procede de la capilla de la Impresión de las Lla gas. El Santo Domingo es también una de las fi guras más gratas del conjunto, deu dor como todas a la obra del tío, en ella José supo moverse tal vez con mayor soltura y acierto. Luis Salvador Carmona esculpió varias veces la fi gura de este Santo y con todos tiene semejanzas ésta de Priego, aunque la que más se le acerca es el conservado en Santo Domingo el Real de Madrid. De todos se aparta en no tener la mano derecha apoyada en una vara o cayado sino que de manera instintiva y natural llevarla al pecho. Falta hoy la fi gura del perrillo que debió estar en el ángu lo derecho del Santo. Pero su gesto, su apostura, la delicadeza de la mano que se lleva al pecho así como la talla de los paños hacen posiblemente a esta escultura la más cercana a la obra del tío. Muy hermoso es también el Crucifijo alado, de tamaño medio del natural y conservado mutilado en las piernas, pese a ello, en parte debido a una cuidada res tauración reciente, resulta también una de las fi guras más interesantes del conjun to. De anatomía cuidada y elegante y de un dramatismo poco efectista pero sincero, más logrado en nuestra opinión al que transmite el Cristo del Perdón, la obra más famosa y popular del conjunto. Aunque no se puedan atribuir a las gubias de José Salvador Carmona, sí res ponden a una estética muy cercana a la suya otras tres fi guras procedentes del Mo nasterio posiblemente algo anteriores en fecha. De ellas conviene destacar el San Miguel titular del convento, fi gura andrógina como tantos santos arcángeles del rococó y vestido con idénticas vestiduras de las tan frecuentes versiones del tío. Pero éste revela una concepción distinta, es fi gura más amuñecada y muy posible mente de fecha anterior, más en el momento rococó de mediado el siglo. La talla Esta escultura también se exhibió en la Exposición sevillana.
461 ESCULTURAS DE JOSE SALVADOR CARMON tedralicio de Cuenca y a ello se debe estuvo muchos años expuesta en el museo reciente recuperación por el ser la obra menos conocida de este conjunto. honor, sobre la custodia, la parroquia de Priego preside el retablo centuria es la Inmaculada Posiblemente también fechable hacia media parroquial. Es una de que hoy también recibe culto en la calle centra talladas con mayor o meesas versiones de Inmaculada repetidas hasta lo . J misma escuela y ñor fortuna, de escultor desconocido pero reiac ^ ^^jj^^er varias'^ y hoy querespondiendo a una misma estética. Ya hemos da ^ priego, la que se ex remos añadir otra casi idéntica conservada en lug^ pastrana. pone en el museo parroquial de la villa ® san Benito de Palermo Y cerramos el estudio del f ™P° i „oramos de dónde pueda proque segdn el Padre Cruz Ocana fue traído en 17 _ g conjunto carceder esta noticia ya que la obra podría pef^c j y ^sulta talla digna, monesco. Hoy la fi gura se guarda en la capilla de la parroquia y s de gesto sentido y facciones correctas ®°."^'"°f/onfunto del Monasterio de San Resumiendo, podemos volver a paja conocer la obra del más Miguel de las Victorias de Priego es oy n puede apreciar como prolífico seguidor de Luis Salvador Carmona, en ningún otro lugar conocido todas sus ' ué no?, sus indiscutipendende de la del tío y también se pueden reconoce , 6P 4 bles aciertos. ■ r, . T^í^^na del S. XVIII. IPIET. Toledo, 1991, '•* NICOLAU CASTRO, Juan: o. c. y Escultura To p. 237.
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LAMINA II ñ Priego (Cuenca). Iglesia parroquial. Escultura.s de José Salvador Carmona. 1. San Antonio de Padua.—2Dolorosa.—3. María Magdalena.—4. Santa Margarita de Cortona.