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Procesos de desarrollo, participación, gobernanza derechos y poder

McGee, Rosemary

Abstract

En el texto se exponen y conectan varios conceptos e ideas fundamentales en los actuales debates sobre el desarrollo y la cooperación: gobernanza, derechos, poder y participación. A pesar de ser conceptos cada vez más presentes en el lenguaje dominante, siguen manteniendo un importante potencial transformador, que se trata de poner de relieve en el trabajo

Full text

CUADERNOS DE INVESTIGACIÓN EN PROCESOS DE DESARROLLO N.º 1 Procesos de desarrollo, participación, gobernanza, derechos y poder Rosemary McGee DEPARTAMENTO DE PROYECTOS DE INGENIERÍA 2 Grupo de Estudios en Desarrollo, Cooperación y Ética Departamento de Proyectos de Ingeniería Universitat Politècnica de València Camino de Vera s/n 46022 VALENCIA Tel.: (00 34) 963879860 Fax: (00 34) 963879869 [email protected].es http://gedce.webs.upv.es Editores: Alejandra Boni y Jordi Peris Cuadernos de Investigación en Procesos de Desarrollo Número 1 Mayo 2010 ISSN 2172-0312 Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España Este documento está bajo una licencia de Creative Commons. Se permite libremente copiar, distribuir y comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se reconozca la autoría y no se use para fines comerciales. No se puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta obra. Licencia completa: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/ Procesos de desarrollo, participación, gobernanza derechos y poder Autora: Rosemary McGee 3 ÍNDICE 1 Introducción ............................................................................................................................................ 5 2 Enfoques participativos ............................................................................................................................ 7 3 Subiendo la escalera: hacia la gobernanza y la accountability ................................................................. 11 4 Una agenda cambiante: abordando temas de poder y derechos ............................................................ 17 Figuras Figura 1 Escalera de la participación ............................................................................................................. 9 Tablas Tabla 1 Tendencias en el mundo de la cooperación y de las agencias oficiales de ayuda en los noventa . ... 12 Tabla 2 Tendencias en el escenario de la participación, desde la perspectiva de las ONG, en los noventa ... 12 Tabla 3 Una escalera de participación en política pública ........................................................................... 13 Tabla 4 Cambios en propósitos y enfoques en cooperación a finales de los noventa y comienzos de la década del siglo XXI ......................................................................................................................129 4 SIGLAS DFID Department for International Development SIDA Swedish International Development Agency DRP Diagnóstico Rural Participativo DRR Diagnóstico Rural Rápido EBD Enfoque Basado en Derechos ERP Estrategia de Reducción de Pobreza GAD Gender and Development IIED International Institute for Environment and Development NN. UU. Naciones Unidas ONG Organización no Gubernamental VPP Valoraciones Participativas de la Pobreza WID Women in Development Cuadernos de Investigación en Procesos de Desarrollo 5 1 Introducción Los seres humanos no participan en intervenciones externas; viven sus vidas. Las intervenciones externas interfieren en sus vidas y, por lo tanto, corresponde a las agencias externas –no a los seres humanos afectados –inventar métodos para participar [en sus vidas]. (Bhatnagar y Williams, 1992: 181) Cuando1 hombres o mujeres pobres que viven en países del Sur hacen algo para su propia supervivencia y progreso, están viviendo su vida y ejerciendo su agencia2 como seres humanos. Su ejercicio de agencia sólo se vuelve participación cuando el impulso o marco de una actividad de supervivencia, progreso o desarrollo viene de fuera de su entorno habitual. Aunque parezca obvio, hay que tener en cuenta este hecho a la hora de pensar en la naturaleza de los procesos de desarrollo –a diferencia de la naturaleza de los proyectos y programas de cooperación al desarrollo–. Los hombres y las mujeres siempre han sido –individual o colectivamente– agentes de su propio desarrollo. Desde los años ochenta, los términos en los que se han involucrado en las intervenciones de cooperación al desarrollo han 1 Este aparte y el siguiente se nutren ampliamente de McGee (2002a). 2 Aquí se utiliza agencia en un sentido diferente al de “una agencia de desarrollo”, que es sinónimo de organización. Se utiliza aquí en el sentido sociológico de agency en inglés, definido como “acción o intervención, especialmente aquélla destinada a producir un efecto específico” (New Oxford Dictionary of English, 2009). llegado a ser un foco de atención. La participación ha asumido un lugar central como concepto y enfoque operativo en el desarrollo y la cooperación al desarrollo. Este trabajo cubre, primero, la génesis y evolución de los enfoques participativos; segundo, el cambio de orientación que reubicó la participación en el primer plano de los discursos y prácticas de gobernanza participativa y nociones ampliadas de accountability (o rendición de cuentas), y tercero, el auge más reciente de los enfoques al desarrollo basados en derechos y el análisis de poder en el desarrollo y la cooperación, como fenómenos estrechamente vinculados, en cuanto principios y prácticas, a los conceptos y enfoques participativos anteriores. Como punto de partida, damos por sentado que la gente siempre ha participado en sus propios proyectos de vida y que, desde el comienzo de la cooperación al desarrollo, ha participado también en proyectos introducidos por agencias de cooperación y gobiernos. Asimismo, siempre ha tenido sus formas propias de gobernanza, ha experimentado relaciones de poder, ha sido portadora de derechos en teoría, aunque no siempre se han materializado en la práctica. Al tratar los temas de participación, gobernanza, poder y derechos, nuestro enfoque es el origen y la evolución del énfasis que han dado los actores externos a estos temas, y cómo han buscado involucrar a la gente en programas de cooperación y en su propia gobernanza a nivel local, nacional y hasta internacional como participantes, ciudadanos/as y portadores/as de derechos, con el propósito aparente de contribuir a su desarrollo en condiciones de empoderamiento y dignidad. Procesos de desarrollo, participación, gobernanza, derechos y poder 6 Subyacen a esta ponencia dos premisas que, según mi planteamiento, son vitales no sólo para comprender el material y los debates que aquí se presentan, sino para orientarse como profesionales del desarrollo y/o de la cooperación. Primero, durante varias décadas se ha llamado desarrollo a lo que, de hecho, es cooperación al desarrollo. Como consecuencia, se han invisibilizado y menospreciado los procesos autóctonos y propios de desarrollo de los sujetos sociales del sur global. Segundo, todo proceso de desarrollo y también todo proceso de cooperación pretende promover un cambio social progresista, signifique esto lo que signifique para el actor en cuestión. No obstante, se han interpuesto tantos y tan aparatosos marcos y modelos, se ha monetarizado e institucionalizado tanto este campo de la actividad humana que a los funcionarios de la industria de la cooperación –los habitantes de Aidland (Eyben, 2007; desarrollando un concepto de Raymond Apthorpe)–, se les olvidó durante mucho tiempo preguntarse qué cambio social pretendían promover ellos mismos y cuál pretendían los sujetos sociales de sus acciones. Cuadernos de Investigación en Proceso de Desarrollo 7 2 Enfoques participativos En los inicios de la cooperación, hubo el proyecto de desarrollo. Estaba la agencia de cooperación al desarrollo que concebía, diseñaba, financiaba, manejaba, implementaba y evaluaba el proyecto desde algún lugar fuera de sus límites; y estaban los beneficiarios, destinatarios no-diferenciados de bienes y servicios provistos a través del proyecto por motivos de caridad. En este esquema, a la gente apenas se le reconocía su existencia. Creado como una conveniencia burocrática, una forma manejable de empaquetar la cooperación al desarrollo, el modelo del proyecto no tenía por qué ser un problema en sí. Sin embargo, la tendencia a cosificar el proyecto en los años setenta y ochenta contribuyó a una comprensión distorsionada de las realidades de los hombres y las mujeres pobres del sur global y, como consecuencia, a que se privilegiaran los puntos de vista de las agencias de cooperación al desarrollo por encima de estas realidades. Más allá del campo de las principales agencias de cooperación al desarrollo, desde los años setenta la escuela latinoamericana de investigación-acción participativa asociada con Paulo Freire (Freire, 1972) viene promoviendo el papel de las personas como sujetos conscientes y activos en la vida social y política. A comienzos de los ochenta, dos publicaciones influyentes ayudaron a que estas ideas permearan en la corriente principal de la cooperación y el desarrollo. Chambers, en Rural Development: Putting the Last First (Chambers, 1983), expuso la ignorancia y la arrogancia que caracterizaban a la mayoría de las intervenciones de la cooperación. Despreciando la idea de que “los actores externos saben mejor”3, atribuyó a la población objetivo la condición de sujeto activo y reconoció la calidad de su conocimiento y expertise, y desafió a los profesionales de la cooperación a “desaprender” gran parte de su formación profesional para “poner primero a los últimos” –hombres y mujeres pobres, físicamente débiles, rurales, aislados, vulnerables, desempoderados–. Sus argumentos fueron pragmáticos pero también morales y nacían de una actitud crítica hacia el carácter estrechamente técnico y monodisciplinar de los enfoques a la cooperación y al desarrollo, y cierto ultraje por la persistencia de la pobreza a pesar de varias décadas de “desarrollo”. Otros comentaristas contemporáneos se hicieron eco de la crítica de Chambers a través de la idea de “proyectos de desarrollo sociológicamente mal informados” (Cernea, 1985: 3), pero desde una aspiración de aumentar el éxito de “programas de cambio inducidos financieramente” mediante la incorporación de conocimientos sociológicos. Estas dos corrientes, sin embargo, contribuyeron a una ola nueva de reflexión y debate sobre la agencia humana en el desarrollo bajo el nombre de participación o desarrollo participativo. Cuatro factores alimentaron el debate sobre la participación en los años ochenta (Nelson y Wright, 1996): 3 Outsiders know best en el original. Se refiere a la falacia, muy común en modelos tempranos de cooperación al desarrollo, según la cual los actores externos de cooperación entienden mejor que las personas pobres cuáles son las necesidades de éstas y cómo suplirlas. Procesos de desarrollo, participación, gobernanza, derechos y poder 8  Agencias oficiales de cooperación en el norte comenzaron a preguntarse por qué treinta años de formas convencionales de “desarrollo” –tecnocráticas y dirigidas desde arriba hacia abajo– no parecían tener mucho efecto y lo atribuían a la enajenación de los “beneficiarios”.  En ex colonias, ex dictaduras y círculos académicos izquierdistas, hubo una desilusión creciente con la cooperación; se comenzó a caracterizarla como paternalista e impulsada por estados naciones defectuosos o por anteriores poderes coloniales.  En los años setenta y ochenta, las organizaciones no gubernamentales (ONG) del norte y sur empezaron a alejarse de enfoques asistencialistas para aproximarse a enfoques de autosuficiencia y empoderamiento. Esta tendencia conllevaba la implementación de proyectos a través de relaciones de partenariado y mayor control por parte de los beneficiarios.  En los ochenta, el auge de la economía neoliberal, la estabilización macroeconómica y los programas de ajuste estructural constituían una fuerte receta para reducir el Estado y restringir el gasto social. Para muchos, esto hizo que la autosuficiencia, de ser una aspiración idealista, se convirtiera en imperativo de supervivencia. Con este telón de fondo, el concepto de participación fue ampliado – algunos dirían desviado– para incluir políticas de cobro de dinero por servicios sociales (user fees o cost sharing en inglés). De esta mezcla de factores técnicos e ideológicos, el que más influía al inicio en el debate sobre la participación era la preocupación con la eficiencia del proyecto, siendo compatible con el paradigma neoliberal dominante de la época y conducente a la extensión de este paradigma a la esfera de la cooperación al desarrollo. Ya para finales de los años ochenta, era un lugar común que la participación de hombres y mujeres pobres en la planificación de los proyectos de desarrollo fuese deseable porque aumentaba la eficiencia, efectividad y sostenibilidad de los proyectos. Para muchos practicantes y activistas del desarrollo que trabajaban en el sur, esto era más que evidente y sólo relevante en la medida en que las vidas de esos hombres y esas mujeres hubiesen consistido enteramente en los proyectos de cooperación –lo cual, por supuesto, generalmente no era el caso–. Desde comienzos de los noventa, la proposición de participación en proyectos fue asumida masivamente por las agencias oficiales de cooperación y el Banco Mundial y probada y refinada mediante varias iniciativas experimentales y de investigación. El Banco Mundial estableció un Grupo de Aprendizaje sobre la Participación que sacó una serie de publicaciones sobre la experiencia y el abordaje del Banco en materia de desarrollo participativo (Bhatnagar y Williams, 1992; World Bank, 1994, 1995). Éstos reflejan que las formas de participación de baja intensidad (consultas, provisión de información) se habían vuelto comunes en los programas del Banco, mientras que las formas de alta intensidad (mecanismos de empoderamiento para la toma de decisiones y el control por parte de beneficiarios) eran menos comunes. Este rango de intensidades a menudo es representado como una escalera de la participación, por ejemplo: Cuadernos de Investigación en Proceso de Desarrollo 9 Figura 1: Escalera de la participación. (Arnstein, 1969) El Banco Mundial (2004) hizo notar que, ya que la participación en proyectos era muy común, el próximo reto debía ser trabajar con los gobiernos para aumentar la participación de las personas interesadas en el análisis de políticas públicas, su diseño e implementación. A la vez, estableció límites estrechos en cuanto a su propio papel en este tipo de actividad, aduciendo los Artículos de Asociación del Banco Mundial que “explícitamente prohíben al Banco involucrarse en los asuntos políticos de un país” (ibíd: 19). Fue una era de innovación metodológica prolífica de dos tipos distintos. Una escuela, que consistía en varias agencias de cooperación oficiales, el Banco Mundial y algunas ONG bastante apolíticas se dedicaron a diseñar enfoques que podríamos llamar cajas de herramientas, “series de herramientas destinadas a involucrar a beneficiarios directos o indirectos en proyectos ya identificados o a verificar la sostenibilidad de una intervención dada”. Es decir, producían herramientas diseñadas para facilitar que ellos participaran en nuestro proyecto. La otra escuela, asociada con Chambers, el International Institute for Environment and Development (IIED), en el Reino Unido, y otras perspectivas freirianas varias, buscaba facilitar que la gente “compartiera, enriqueciera y analizara sus conocimientos de la vida y las condiciones, para planear y actuar sobre ellas” (Chambers, 1994: 953). Esta escuela, quizá mejor conocida por su papel con otros actores en el desarrollo del Diagnóstico Rural Rápido (DRR)/Diagnóstico Rural Participativo (DRP), se inspiraba en una gama muy amplia de fuentes e influencias (Chambers, 1994). A través de la promoción de los enfoques reflexivos y autocríticos, avanzaba una crítica profunda de la práctica del desarrollo y la cooperación que se ha mantenido hasta la fecha y ofrecía a los actores maneras de aprender a participar en el empoderamiento y la liberación de la injusticia, la explotación y el prejuicio de hombres y mujeres pobres en el sur global. Es decir, buscaba facilitar que nosotros participáramos en los proyectos de ellos –utilizando una definición de proyecto ya mucho más amplia (Leal y Opp 1998, 1999)–. Una analogía útil se encuentra en la trayectoria de los discursos del género en el desarrollo. La escuela de pensamiento Women in Development (MED, Mujeres en el Desarrollo), que dominaba a finales de los setenta y en los ochenta, mantenía que las mujeres habían sido dejadas de lado por los procesos de desarrollo. Por lo tanto, proponía acciones y técnicas para incorporarlas (Ostergaard, 1992). La escuela de pensamiento Gender and Development (GED, Género en el Desarrollo), que sucedió al marco MED desde los noventa en adelante, plantea que en el desarrollo: Procesos de desarrollo, participación, gobernanza, derechos y poder 16 Destaca entre ellos la falta de accountability en varios niveles de los sistemas nacionales e internacionales de gobernanza (Luckham et al., 2002; citados en Gaventa, 2006b: 10). En resumen, al percibir las limitaciones inherentes de las opciones de consulta cosmética sobre políticas públicas o participación en las estrategias formuladas en la gobernanza local, nacional o internacional, los proponentes de modelos más participativos y orientados a la equidad de género comenzaron a exigir que los modelos de gobernanza se volviesen más accountable –no sólo hacia los pocos actores que los diseñan y los controlan, sino hacia los muchos y diversos actores que conforman las sociedades–. Los mecanismos de accountability son, en gran medida, las “habilidades y estrategias para lograr la democracia verdadera” en palabras de Gaventa (2006: 1) citadas arriba. En el 2006, se comentó que la accountability era: […] un tema central en las políticas de desarrollo y la cooperación, sea la accountability gubernamental (la “buena gobernanza”), accountability corporativa (promovida por una serie de estándares y códigos de conducta) o accountability de la sociedad civil (reclamada por la gente y sus organizaciones, desde abajo hacia arriba). (Newell y Wheeler, 2006: 1) Distinguiendo entre answerability y enforceability8, los autores plantean una serie de medidas para 8Answerability (obligación de dar respuesta) tiene que ver con la obligación de dar información sobre las acciones de uno así como justificar su idoneidad y corrección. Por otro lado, enforceability (capacidad de exigir) está relacionada con la posibilidad de garantizar una efectiva aplicación de la accountability, incluyendo el acceso a mecanismos de corrección (y penalización) cuando falla (Acebillo et al., 2008: 10). mejorar la accountability, algunas relacionadas con la manera en la que operan los estados y los procesos “democráticos” y otros con la manera en la que la gente se organiza en torno a las injusticias y las exclusiones y obligan a actores más poderosos a rendir cuentas de sus acciones. Para los que nos consideramos actores en el desarrollo o la cooperación, quizá lo más importante de este enfoque nuevo sobre accountability es que, además de promover la accountability en las intervenciones y acciones llevadas a cabo por gobiernos de países del Sur, nos evaluemos críticamente a nosotros/as mismos/as, cuestionando cuánto rendimos cuentas, cuán exigibles somos y a quién, en nuestra calidad de actores del desarrollo y de la cooperación, ya seamos actores oficiales o del sector de las ONG. Esta implicación ha contribuido a una nueva tendencia reflexiva en las burocracias y ONG de la cooperación y entre los practicantes del desarrollo, en la que juega un papel central la toma de conciencia crítica sobre asuntos de poder y de derechos. Cuadernos de Investigación en Proceso de Desarrollo 17 4 Una agenda cambiante: abordando temas de poder y derechos Desde finales de los noventa, un nuevo lenguaje y un nuevo aparato conceptual ha entrado en los discursos y las prácticas del desarrollo y la cooperación (Eyben, 2003). Los enfoques basados en derechos (EBD), adoptados por muchas agencias oficiales de la cooperación y ONG de desarrollo, tienen su génesis normativa en el marco internacional de los derechos humanos, empezando con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (véase http://www.ohchr.org). Tienen su génesis práctica en las muchas luchas de los pueblos y organizaciones del Norte y el Sur global (Eyben, 2003). Clave entre éstas han sido las luchas culturales y sociales adelantadas por los pueblos indígenas, especialmente en América Latina y Asia, y por movimientos de mujeres exigiendo el reconocimiento como grupos de identidad específica y la inclusión en procesos que afectan a sus vidas. En términos normativos, los antecedentes y el impulso que hay detrás de la promoción de los EBD en el desarrollo son el derecho a la participación y el derecho al desarrollo. El derecho a la participación está consagrado en el Convenio de las Naciones Unidas (NN. UU.) sobre los Derechos Civiles y Políticos (véase http://www.ohchr.org); según su artículo 25: “Cada ciudadano/a tendrá el derecho y la oportunidad *…+ de participar en la conducta de los asuntos públicos, directamente o a través de representantes libremente elegidos”. El derecho al desarrollo proclama que cada ser humano y todos los pueblos tienen derecho a participar en, contribuir a y disfrutar del desarrollo (artículo 1) y exhorta a los estados a fomentar la participación popular en todos los ámbitos (artículo 8). El derecho al desarrollo, declarado en 1986, sigue siendo un derecho impugnado, no garantizado ni siquiera en principio, fundamentalmente porque los países ricos se oponen a que sus desembolsos voluntarios de cooperación se conviertan en obligaciones legales sobre las cuales tengan que rendir cuentas hacia los países pobres. De todos modos, para la plena realización de toda la gama de derechos consagrados en los varios Convenios y Tratados de las NN. UU. de 1948 en adelante, para toda persona, evidentemente los menos poderosos del mundo tendrían que lograr mayor participación, poder e influencia de lo que actualmente tienen en la toma de decisiones a nivel local, nacional e internacional. En el plano más operativo, la razón principal por la que los EBD fueron acogidos por los practicantes del desarrollo y la cooperación en agencias oficiales y ONG es que su fundamentación en el derecho internacional da una base más fuerte que cualquier otro enfoque hasta la fecha, para que los/as ciudadanos/as hagan reclamos a los estados y les exijan una rendición de cuentas. El empoderamiento ha sido un término muy común en el desarrollo y la cooperación desde los setenta (véase FRIDE, 2006, y el primer capítulo de Nelson y Wright, 1996). Marcos conceptuales más recientes que se refieren al tema de poder en el desarrollo difieren de los anteriores en el énfasis que ponen en la relación entre el Estado y los/as ciudadanos/as, y entre los actores poderosos Procesos de desarrollo, participación, gobernanza, derechos y poder 18 (agencias oficiales de cooperación, ONG internacionales y actores del sector privado) y sus contrapartes o socios o la gente que supuestamente se beneficia de las actividades de la cooperación. Esta diferencia representa una (re)politización del desarrollo, ya que los derechos no se pueden reclamar sin enfrentar las inequidades de poder (Pettit y Wheeler, 2005: 5). También conlleva implícitamente una transferencia de responsabilidades de agencias de cooperación a estados del Sur para la realización de los derechos de los/as ciudadanos/as. Así, representa un tipo de desarrollo diferente y más progresista con respecto del tipo tradicional, según el cual las agencias donantes del Norte u otros benefactores podían actuar cuando y como quisieran para aliviar las necesidades de la gente. Pero además de involucrar más a los gobiernos del Sur, los EBD asignan un papel más fuerte a los gobiernos del Norte –implícito en la mayoría de los casos, pero articulado de manera explícita por algunos gobiernos del Norte–. Los obligan a ser más transparentes en cuanto a los valores y principios que subyacen a sus acciones y relaciones, el imperativo de tratar a los sujetos de la cooperación ya no como beneficiarios/as pasivos/as sin voz propia, sino como sujetos con derechos y agencia, y la centralidad de las relaciones de poder en los procesos y relaciones de desarrollo y cooperación. En aras de la consistencia, los EBD, por su interpelación a temas como rendición de cuentas y derechos universales, asignan responsabilidades y exigibilidad a las agencias de cooperación y las ONG internacionales, no solamente hacia los gobiernos y grandes ONG del Sur, que son sus contrapartes, sino también hacia las personas que supuestamente sacan provecho de sus acciones. Esta tabla representa algunos de los cambios en cuanto al propósito y el enfoque que condujeron a la adopción de los EBD y del análisis de poder en el desarrollo y la cooperación a finales de los noventa y la primera década del siglo XXI: PROPÓSITO DE:  A: Servir a beneficiarios o clientes.  Empoderar ciudadanos. Satisfacción de necesidades básicas.  Accountability, buena gobernanza, equilibrar relaciones inequitativas de poder, realización de derechos (que implica apoyar a la sociedad civil directamente, además de apoyar a los gobiernos receptores). ENFOQUE DE:  A: Basado en necesidades.  Basado en derechos. Oferta de servicios por agencias de cooperación y gobiernos.  Demanda de servicios por ciudadanos. Práctico, pragmático.  Estratégico, político. Proyectos de desarrollo.  Procesos de formulación, implementación y monitoreo de políticas públicas (en el contexto de modalidades de cooperación tales como apoyo sectorial y presupuestario, ERP, etc.). Necesidades, cosas.  Valores. Resultados, outputs  Habilidades, capacidades. Tabla 4. Cambios en propósitos y enfoques en cooperación a finales de los noventa y las primeras décadas del siglo XXI. (Elaboración propia a partir de materiales de enseñanza de Jethro Pettit, John Gaventa y Rosemary McGee) En este momento, resulta difícil detectar qué impacto ha tenido este nuevo enfoque en cuanto a Cuadernos de Investigación en Proceso de Desarrollo 19 los resultados y efectos de la cooperación al desarrollo ya sea a través de las agencias oficiales o las ONG –aunque sí resulta evidente que los derechos humanos siguen siendo violados de manera masiva y también reclamados y realizados a diario en múltiples y diversos lugares y circunstancias–. Una agencia bilateral que estuvo entre las primeras en adoptar un EBD ha reflexionado al respecto y considera que se han producido los siguientes beneficios:  Ofrece, por primera vez, un marco normativo que guía a la cooperación al desarrollo.  Aclara tanto los derechos de los individuos como las obligaciones de los estados.  Implica pasar de beneficiarios de proyectos de desarrollo a ciudadanos activos con derechos y titularidades.  Resalta la discriminación y la necesidad de igualdad de oportunidades para los grupos vulnerables y marginados.  Enfatiza la importancia de mecanismos de accountability para toda la gama de actores involucrados en el desarrollo (Piron, 2005: 22-23; DFID, 2000). Tal como evidencia el interés creciente entre las agencias oficiales y ONG en elaborar esquemas para analizar relaciones de poder a la hora de analizar el contexto de sus intervenciones (véase, por ejemplo, Gaventa, 2006), el surgimiento de los EBD al menos ha significado que ya no se puede hacer caso omiso de los temas de poder en los debates sobre los procesos y las relaciones del desarrollo y la cooperación. Este interés ha llevado a aplicar varios marcos propuestos por científicos sociales en las pasadas tres décadas para explorar y entender las relaciones de poder. Algunos ejemplos son las tres dimensiones del poder de Lukes –el poder de tomar decisiones, el poder de establecer la agenda, y el poder de influir en las preferencias de los/as demás (Lukes, 2007)–; el análisis de Gaventa de poder y conformidad/consentimiento9 (Gaventa, 1980) y, más recientemente, el cubo de poder de Gaventa (Gaventa, 2006). Más allá, y volviendo a la naturaleza de los procesos de desarrollo y los cambios sociales que pretenden lograr, la adopción de los EBD y la tendencia a visibilizar y enfrentar las relaciones de poder en el desarrollo y la cooperación constituyen un hito más en un proceso muy positivo de cambio paradigmático de perspectiva. Se dejan atrás los viejos modelos altamente dicotomizados Norte-Sur, que conciben una cooperación en la que nosotros/as les ayudamos a ellos/as, y se forja un modelo mucho más cercano al ideal de una sociedad civil global que trabaja en concierto con estados efectivos, transparentes y exigibles para lograr el cambio social dentro de un marco de justicia global, en el que la cooperación norte-sur ya no sea el ingrediente esencial. 9 En el original, quiescence, que no es captado exactamente por las traducciones de conformidad ni consentimiento. 20 BIBLIOGRAFÍA Acebillo, M.; Boni, A. y R. McGee, (2008). 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Environment Department Papers. Washington D. C., Social Policy & Resettlement Division, World Bank. 23 EL GRUPO DE ESTUDIOS EN DESARROLLO, COOPERACIÓN Y ÉTICA El Grupo de Estudios en Desarrollo, Cooperación y Ética (GEDCE) de la Universitat Politècnica de València es un grupo de investigación multidisciplinar formado por profesores titulares del Departamento de Proyectos de Ingeniería, investigadores y técnicos de la UPV que, desde el año 1995, orientan su docencia, investigación y extensión social al ámbito del desarrollo, la cooperación internacional y la ética aplicada. El GEDCE imparte docencia de grado y posgrado relacionada con sus ámbitos de interés: desarrollo, cooperación internacional y ética aplicada. Imparte desde el año 1995 asignaturas de grado sobre cooperación al desarrollo y ética en la UPV, es el impulsor del Máster Universitario en Políticas y Procesos de Desarrollo de la UPV (ver www.masterdesarrollo.upv.es), coordina e imparte el título de especialista universitario en Responsabilidad Social Corporativa por la UPV y coordina e imparte postgrados en América Latina en colaboración con universidades y organizaciones latinoamericanas. Como extensión social, el grupo presta servicios de asesoría a entidades del Norte y del Sur, ONGD y administraciones públicas, de ámbito local e internacional. Participa en el diseño, la ejecución y evaluación de proyectos y presta asesoría y capacitación en gestión y organización de ONGD, metodologías de proyectos y tecnologías apropiadas a contrapartes del Sur. Asimismo, presta servicios de apoyo y asesoría a asociaciones y empresas del Norte cuyo objetivo fundamental sea la promoción de colectivos excluidos. Toda la información sobre el GEDCE se puede encontrar en http://gedce.webs.upv.es LOS CUADERNOS DE INVESTIGACIÓN EN PROCESOS DE DESARROLLO En los Cuadernos de Investigación en Procesos de Desarrollo, el GEDCE publica periódicamente trabajos realizados por profesores, estudiantes y profesionales vinculados tanto al grupo de investigación como al Máster en Políticas y Procesos de Desarrollo. El objetivo es contribuir a la difusión de nuevas ideas y promover el debate en el campo del Desarrollo y la Cooperación Internacional. La publicación puede ser encontrada en Todas las aportaciones y comentarios son bienvenidos y deben ser dirigidos a [email protected]. Los Cuadernos publicados pueden encontrarse en http://cuadernos.dpi.upv.es/mppd2/ 24 NÚMEROS PUBLICADOS 1. Procesos de desarrollo, participación, gobernanza, derechos y poder. Rosemary McGee.