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La promoción del culto eucarístico como arma para combatir a los moriscos: notas para su estudio en el Antiguo Reino de Granada

Abstract

En los últimos tiempos, numerosos estudios han puesto de relieve los enfrentamientos protagonizados en el sur peninsular por dos signifi cativos pueblos: los cristianos y los moriscos; investigaciones que han ahondado en sus antagonismos, interpretado normativas políticas y reconstruido movimientos conspiratorios tendentes a la defensa de diversas particularidades. Para completar esa visión de conjunto, proponemos centrar la atención en el estamento eclesiástico. En paralelo al poder civil, implementa un programa catequético hacia los moriscos poniendo en valor elementos consustanciales; entre ellos destaca el culto y veneración al sacramento de la Eucaristía, convertido en poderosa y simbólica arma frente al credo y costumbres islámicas. Éstas, pese a los esfuerzos, seguirán latentes.

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La promoción del culto eucarístico como arma para combatir a los moriscos: notas para su estudio en el Antiguo Reino de Granada

Author: González Torres, Javier
Publisher: Universidad de Málaga. Facultad de Filosofía y Letras
Year: 2018
DOI: 10.24310/BAETICA.2018.v0i38.5521
Source: https://riuma.uma.es/xmlui/bitstream/10630/19851/1/5211-22383-1-PB.pdf
LA PROMOCIÓN DEL CULTO EUCARÍSTICO COMO
ARMA PARA COMBATIR A LOS MORISCOS:
NOTAS PARA SU ESTUDIO EN EL ANTIGUO
REINO DE GRANADA
JAVIER GONZÁLEZ TORRES*
FUNDACIÓN VICTORIA – UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
RESUMEN
En los úl imos iempos, nume osos es udios han pues o de elie e los en en amien os
p o agonizados en el su peninsula po dos signi i ca i os pueblos: los c is ianos y los mo iscos;
in es igaciones que han ahondado en sus an agonismos, in e p e ado no ma i as polí icas y
econs uido mo imien os conspi a o ios enden es a la de ensa de di e sas pa icula idades.
Pa a comple a esa isión de conjun o, p oponemos cen a la a ención en el es a-
men o eclesiás ico. En pa alelo al pode ci il, implemen a un p og ama ca equé ico hacia
los mo iscos poniendo en alo elemen os consus anciales; en e ellos des aca el cul o y
ene ación al sac amen o de la Euca is ía, con e ido en pode osa y simbólica a ma en e
al c edo y cos umb es islámicas. És as, pese a los es ue zos, segui án la en es.
PALABRAS-CLAVE: Península Ibé ica, cul o euca ís ico, en en amien o eligioso,
mo iscos, e angelización
* ja ie [email p o ec ed]
ORCID: h p://o cid.o g/0000-0001-9983-6657
©
Bae ica. Es udios His o ia Mode na y Con empo ánea, 38, 2018, 79-113.
Facul ad de Filoso ía y Le as, Uni e sidad de Málaga. Depa amen o de His o ia Mode na y Con empo ánea
ISSN: 0212-5099
DOI: h ps://doi.o g/10.24310/BAETICA.2018. 0i38.5521
THE SIGNIFICANCE OF THE EUCHARIST VENERATION
AS A COMBAT WEAPON AGAINST THE MORISCOS:
NOTES FOR A STUDY IN THE FORMER KINGDOM
OF GRANADA
JAVIER GONZÁLEZ TORRES*
FUNDACIÓN VICTORIA – UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
ABSTRACT
In ecen yea s, many s udies ha e ocused on con on a ions in he sou h o he Penín-
sula be ween wo signi i can ci iliza ions: he c is ianos and he mo iscos; in es iga ions ha
ha e deepened hei an agonisms, in e p e ed poli ical no ms and econs uc ed conspi a o ial
mo emen s ending o he de ense o di e se pa icula i ies.
To comple e his o e iew, we p opose o ocus a en ion on he ecclesias ical es ablish-
men . In pa allel o he ci il powe , he Chu ch implemen s a p og am o ca eche ical adhesión
o he mo iscos, pu ing in alue i s mos consubs an ial elemen s; among hem s ands ou
he cul and ene a ion o he sac amen o he Eucha is , u ned in o powe ul and symbolic
weapon agains he Islamic c eed and cus oms.
KEY WORDS: Ibe ian peninsula, Eucha is ic cul , eligious con on a ion, mo iscos,
e angelism
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* ja ie [email p o ec ed]
ORCID: h p://o cid.o g/0000-0001-9983-6657
ISSN: 0212-5099
DOI: h ps://doi.o g/10.24310/BAETICA.2018. 0i38.5521
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1492-1610. En los cien o dieciocho años que sepa an ambas echas, las
gene aciones mo iscas del an iguo eino de G anada i en momen os con-
ulsos. Desde que la capi al pasa a a manos de los c is ianos, las p ác icas
islámicas siguen igen es a pesa de las con e siones masi as ealizadas a
comienzos del siglo XVI.
Las decisiones polí icas omadas po los di e en es mona cas encon a-
án eco en di e sas ac uaciones eclesiás icas. Se á el cle o quien desa olle
un ambicioso p og ama de e angelización en la cos a o ien al andaluza,
con i iéndose sus diócesis en p ecu so as del cul o euca ís ico. Así, desde
el e eno pas o al, se con o ma un pode pa alelo capaz de a gumen a
azones que con ie an el sac amen o en doble a ma de comba e: de un
lado, con a las c eencias islámicas; y, de o o, en sus en o esencial pa a
una con e sión más e ec i a.
1. LOS MORISCOS Y SU COMPLEJO ENCAJE SOCIAL.
LA CONTEXTUALIZACIÓN DE UN PROBLEMA
Si las Capi ulaciones plan ea on elaciones basadas en el espe o mu o
y coexis encia pací i ca, la nue a cen u ia ae consigo un cambio de men a-
lidad: con ol absolu o, disc iminación é nica y echazo acial. A ás queda
la conco dia en e los Reyes Ca ólicos y el úl imo mona ca naza í cuando
el ca denal Cisne os o dena, en eb e o de 1502, el equisamien o de las
colecciones de lib os á abes exis en es en G anada y su pos e io quema1,
dic ando la con e sión o zosa de la comunidad musulmana.
Las causas de es e cambio se deben a una cues ión polí ica: el Es ado
en cie nes y la Iglesia con o man una unidad insoslayable. A pa i de ahí, la
dos opciones que se plan ea a odo habi an e con pasado islámico es cla a:
bau ismo o expulsión. Y bajo ales cues iones comienza la ‘c is ianización’
de neo-ca ecúmenos. P oyec o que, además, con ie e a los einos hispanos
en modelo pa a las mona quías eu opeas, lide ando así la ‘an igua c uzada’
que los en en aba a los u cos en el Medi e áneo y que si ua á a Ca los
I como un mona ca implacable2.
1. Na ación ecogida po A. DE LA TORRE (1913), 35.
2. Una imagen ex e io que choca con algunas de las decisiones omadas en polí ica
in e io . Po ejemplo, en 1526 el ey deja sin e ec o –du an e cua en a años–, las o -
denanzas que obligaban a los mo iscos a abandona su o ma de ida y a inse a se en
la comunidad c is iana. Tal de e minación mo i a ía una e apa de dis ensión con las
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Pasada la ase de las con e siones o zosas y en endiendo que las
consecuencias de ales acciones coe ci i as conlle aban más pe juicios que
bene i cios3, llegado el p ime e cio de la cen u ia se op a po una ac i ud
más conciliado a. En es a queda sob een endido que la mino ía é nica
necesi a iempo pa a adap a se al c is ianismo y, po supues o, asimila
su mensaje. Incluso la Inquisición, en aplicación de las di ec ices de la
Cong egación de la Capilla Real, op a a pa i de 1526 po p ocesa solo
a quienes celeb en ce emonias islámicas, no siendo necesa ia la abju ación
pública de sus an iguas c eencias como ampoco se p ocede a la con i scación
de bienes. Es más, en 1543 se sien an las bases pa a una nue a conco dia
con el San o O i cio, pe o el echazo ecibido an o po el T ibunal como
del papado, hacen que acase.
Con el paso de las décadas, las au o idades i án op ando po medidas
más acul u ado as, como la ep esión selec i a y d ás ica pé dida de las
señas de iden idad de lo mo isco. Así, el einado de Felipe II se co esponde
con un nue o gi o que no solo a ec a al enquis ado p oblema sino a o os
que discu en en pa alelo4. La “de i ni i a” solución a la cues ión llega á
con Felipe III y el conocido dec e o de expulsión de 1609-1610.
El con ex o cul u al en el que se desen uel en es as e apas discu e en
pa alelo a la p oyección, en un p ime momen o, de ideas humanis as y,
pos e io men e, de la paula ina implemen ación de las pau as del Concilio
de T en o. Ambas co ien es o o gan ma ices di e enciado es a las decisio-
nes polí ico- eligiosas y conlle an pun os de is a que las condicionan. Y
es que la e o ma del es amen o eclesiás ico español comienza a lle a se
a cabo an es que en o os países eu opeos. El mo imien o es u o de una
e l exión pa icula que lle a a plan ea la oma de decisiones d ás icas con
al de pone co o a di e en es cues iones y a eo dena , sis emá icamen e,
la Iglesia pa icula . Es po ello que el episcopado español, o mado desde
las décadas iniciales del siglo XVI en las uni e sidades de Salamanca y
Alcalá, inicia un camino de eno ación que si e de labo a o io de p uebas
pa a ul e io es p oyec os. Así, la Re o ma ca ólica que de i a de la aplica-
ción de los acue dos de T en o es a á p ecedida de los ensayos lle ados a
gene aciones de naza íes que siguie on a las bau izadas en las p ime as campañas. De
hecho, es e sac amen o e a el único que se man end ía como obliga o io.
3. En e o as cues iones po que se lle an a cabo de mane a masi a, sin ecibi una
con enien e ca equización. La mino ía, po su pa e, claudica an e al ce emonial con
la idea de no pe de sus posesiones, así como man ene sus o i cios y si uación i scal.
C . M. A. LADERO QUESADA (1988).
4. Vide B. DE ATIENZA y A. DE ANGULO (1569), 147.
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cabo en las diócesis peninsula es5 las cuales, de po sí, apo an al deba e
concilia a des acados eólogos6.
En es e sen ido, es c ucial el p oceso de o mación del cle o hispano. A
pesa de las complicaciones p opias del momen o his ó ico, en las no ables
aulas uni e si a ias españolas se implan a un equilib ado p og ama de es udios
donde la o mación clásica se p oyec a en pa alelo con la eología, el cono-
cimien o bíblico se elaciona con el posi i ismo y el análisis especula i o, al
iempo que la ciencia sag ada no ompe con la ingen e escolás ica medie al.
Es os aspec os se án aplicados con pos e io idad en o as ins i uciones eu o-
peas y, en muchos casos, de la mano de docen es españoles.
De ahí que el es udio de las uen es p ima ias, la obse ación po -
meno izada de la ac ualidad y el uso de una exposición sencilla de i a
en la implan ación de una exégesis analí ica cen ada en los dogmas y en
su aplicación pa a comba i c í icas, disidencias o p oblemas. Una de las
consecuencias de es a implan ación se p oyec a en el complejo e eno de
la educación de los i eles, a los cuales se les conmina a eje ce la o ación
como ins umen o pe sonal de comunicación con la di inidad, así como
a eje ci a p ác icas de o as. Se á es e aspec o uno de los p opósi os de
la pas o al más ce cana, eje cida an o po el cle o como po las p opias
ó denes mendican es y p oyec ada hacia el e eno de la eligiosidad lo-
cal. Jun o a la p edicación en sí, la p omoción del asociacionismo esul a
cla e pa a conc e a i uales comuni a ios que equie en a su ez de o os
elemen os de na u aleza a ís ica.
La conjugación de odas es as p emisas suponen el apo e eó ico
undamen al a pa i del cual ienen luga en las an iguas co as naza íes,
inicia i as cul uales que di unden la de oción a la Euca is ía y p oyec an
su cul o cual ía exp esi a que cumpla un doble obje i o: demos a el
dogma c is iano pa a, con ello, ex e mina la p ác ica islámica y, a su ez,
e angeliza a la sociedad bajo c i e ios incues ionables. La e isión de
esa ida sac amen al que a pa i de en onces debe guia el de eni de los
i eles – an o adul os como niños y jó enes– es la base undamen al sob e
la que se oma án impo an es decisiones que a ec a án, po igual, a los
5. P ueba de ello es la celeb ación de sínodos diocesanos, an e io es a los dic aminados
obliga o iamen e po las ac as en inas. Al espec o, en e 1475 y 1558, se con abilizan
al ededo de 150.
6. Se a a es a de una idea de endida po la his o iog a ía con empo ánea a pa i de un-
damen os eó icos demos ables. Como ejemplo, éase A. FERNÁNDEZ COLLADO (2007),
38-39.

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miemb os de la comunidad c is iana. Si en es os, además, su gen ecelos
o echazos, el ‘peso’ eó ico del dogma debe á p e alece po encima de
ales opiniones, ahondándose en su ascendencia y necesidad.
Imagen 1. Jo is Hoe nagel (1565). Visión de G anada con los mo iscos de la
Vega en p ime é mino.
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2. EL CULTO EUCARÍSTICO, UNA RAZÓN MÁS PARA LA
LUCHA CONTRA LOS MORISCOS
A pesa de la exis encia de nume osa bibliog a ía que es udia odo
es e p oceso de con i encia o zosa, has a la echa no se ha ealizado una
in es igación ans e sal y lineal donde el cul o euca ís ico se en ienda
cual mé odo de con ol g upal y de supe posición espi i ual/mo al en e a
la an igua sociedad musulmana.
El caso es que al cues ión cons i uye un aspec o que, sumado a o os
de aíz polí ico-social, con e gen hacia la misma línea coe ci i a y domi-
nado a comen ada, comple ando y dando solución a inicia i as omadas
desde ámbi os alejados de lo eclesiás ico. De ahí la necesidad de, al menos,
sen a las bases his o iog á i cas pa a elabo a un p óximo “es udio de caso”
mucho más p o undo que enga a sol en a cie as lagunas his o iog á i cas.
En es e sen ido, cob a i al impo ancia el e e ido p oceso de e o ma
eclesiás ica española que, en ocasiones conc e as, pueden es a en línea con las
in enciones del pode polí ico. De hecho, as el es ablecimien o del p og ama
de es udios y la di usión de las ideas eno adas an o hacia el cle o como
al conjun o de las ó denes exis en es en España, el paso siguien e se á la
depu ación de la ida eligiosa de los i eles; odo pasa po la eac i ación de
los sac amen os que his ó icamen e en aízan con la esencia misma del hecho
eclesial. Así y en p ime luga , cob a impo ancia el Bau ismo, ce emonia
iniciá ica que ma ca al ca ecúmeno como nue o miemb o comuni a io; un
signo indeleble con consecuencias inmedia as pa a el u u o de esa pe sona
que, con independencia de su edad, comienza una nue a e apa pe sonal que
culmina á en la mue e as la ecepción de los sac amen os de la peni encia
y la unción de en e mos7. Ese “ iaje” exis encial debe es a espi i ualmen e
supe isado po el cle o que, de igual mane a, p epa a á el alma del pecado
pa a el ánsi o de i ni i o has a el cielo, supe ando en aciones a pa i de la
con i anza en la mise ico dia di ina y en los mé i os de la pasión de C is o8.
En úl ima ins ancia y siguiendo la secuencia empo al desc i a, el
sac amen o que da sen ido a oda esa i encia pa icula es la Euca is ía.
7. No es es e úl imo sac amen o de uso ecuen e en el siglo XVI debido a eo ías supe s-
iciosas c eadas iempo a ás, no siendo capaz la e o ma española de abandona las y,
po ende, supe a las con p on i ud.
8. Los lib os del A s mo iendi son escla ecedo es del ánsi o expe iencial que con idan
al i el a pa icipa de los sac amen os pa a así p epa a se, llegado el momen o, pa a la
mue e y el pe dón de sus pecados.
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Es un signo que ecue da al iel su pa icula adhesión a la Iglesia y su
sin onía pe sonal con C is o, cuyo memo ial de edención e i e cada
ez que comulga el pan y el ino. El aumen o de la de oción euca ís i-
ca y la ecepción asidua de la comunión encuen an en es e iempo una
dimensión ex ao dina ia, ampa ada en una doble ía: la in elec ual, en
la que ienen cabida las di ec ices ju ídico-li ú gicas que dimanan de
ex ensos deba es eológicos; y, la popula , a a és de la p edicación y
la p axis de o a.
An e ales cues iones, ¿qué opina un mo isco, con e ido a una c eencia
di e en e a la he edada, sin apenas p epa ación? La espues a es e iden e
y mayo i a ia: echazo absolu o. Pa a ellos, la Iglesia es una ins i ución
que monopoliza el E angelio y lo ein e p e a de mane a subje i a9. Po
lo an o, al no ene conciencia de es a en pecado, echaza explíci amen-
e el bau ismo, la peni encia y la Euca is ía. El p ime sac amen o es un
ac o simbólico; del segundo no en ienden cómo Dios puede se sus i uido
po un homb e –igualmen e pecado –, capaz de dilucida la g a edad de
lo sucedido e impone una “pena”; y, con espec o al e ce o, el p oceso
ansus anciado es incomp ensible.
De ahí que, cuando acuden a misa, se den la uel a cuando se alza la
hos ia consag ada, se escondan o se due man, no acudiendo a la comunión.
Las dudas sob e la con ección del pan, a ibuida al sac is án pa oquial, les
pe mi e opina sob e la imposibilidad de que el hijo de Dios es é p esen e
en la misma. Y cuando el iá ico se lle a a los en e mos, no adop an una
pos u a aco de con an signi i ca i a p esencia, enegando sin ambages sob e
la misma o cambiando de calle. De hecho, el pode sal í i co de la hos ia
consag ada es pues o en sol a po pa e de alguno de ellos, p e i iendo que
se les diese a las bes ias de ca ga en e mas an es que a ellos10.
La li e a u a aljamiada, incluso, a más allá: “el dispa a e que los
ch is ianos diçen es que en la os ia es á su Dios, y con ene ellos po e
de que es á en ella, se la agan, echando as ella un ago de ino, y odo
e uel o lo echan po la bía de la çuidad”11. Y en e a an a oces cues io-
nes, apos a ían po la aqiyya, la esis encia i al an e el pode coe ci i o
de los con a ios, man eniendo sus c eencias y hábi os de ida.
9. R. BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO y E. CÍSCAR PALLARÉS (1979), 255-310.
10. Opiniones ecopiladas po c onis as de la época o ecogidas en p ocesos ju ídico-
eligiosos. Vide los casos conquenses abajados po M. GARCÍA-ARENAL (1978), 105.
11. Manusc i o anónimo (siglo XVII) i ulado A ículos de la Ley mahome ana y explicación
de ella en cas ellano. Biblio eca Nacional de España MSS/9654.
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No es de ex aña que incluso los p opios eligiosos expongan opiniones
con a ias a al p ocede , de i niendo ac i udes mo iscas en el sen ido que
“nacían con la men i a en la boca: y siemp e p ocu a an engaña al Ch is-
iano. […] C eyan que bas a a pa a bo a […] el Bau ismo, e a limpia le la
cabeça al niño después de bau izado con un paño mojado, o con una migaja
de pan”12. No ue es a una ase e ación compa ida po o os eclesiás icos,
como los jesui as. Es os incluso desa olla on una in e esan e expe iencia de
p edicación y enseñanza hacia los mo iscos en zonas u ales g anadinas13.
De odo ello se colige la necesidad de es ablece una se ie de pau as
gene ales capaces de hace e la i al signi icación que pa a la ida
c is iana ienen los sac amen os y, de odo ellos especialmen e, el de
la euca is ía. Se á és e pues uno de los mo i os undamen ales de una
no edosa acción eclesial.
3. LAS DIMENSIONES DEL PROYECTO COMÚN:
NORMATIVA, LITURGIA Y CULTO
Su gen así es ías esenciales pa a el desa ollo del obje i o expues o,
a gumen adas en p o de in ensi i ca la pedagogía an e la c ecien e incom-
p ensión. En e ellas exis en in e esan es conexiones y de i aciones pues,
no en ano, pa en de un ca olicismo mili an e que p e ende en ol e el
mis e io sac amen al en la ue za cen ípe a de la ju isp udencia, la i encia
expe iencial de la li u gia y la acción ca equé ica del cul o.
3.1. Las Cons i uciones sinodales y la li e a u a doc inal, en e el
ma co ju ídico y la popula ización de un ideal
Las Cons i uciones sidonales es ablecen el gobie no diocesano y p o-
g aman ac uaciones de di e sa genealogía. Su incidencia sob e la ealidad
social las con ie en en es imonio de si uaciones conc e as; incluso, como su
con enido es más disciplina que no ma i o, se coligen in e esan es cues iones
a gumen adas en p o de co egi abe aciones ju ídico-adminis a i as, li ú gi-
cas o é ico-mo ales14. De al mane a, los ex os que dimanan de las diócesis del
12. J. BLEDA (1618), 952.
13. Vide la ac i idad de Ignacio de las Casas, an iguo musulmán, en Y. EL ALAOUI (1997),
317-339.
14. Las cues iones ela i as al desa ollo de es as con oca o ias y su especial incidencia
en la ida sac amen al andaluza es án ex aídas de J. GONZÁLEZ TORRES (2017).
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es ic amen e a lo con enido en el o do li ú gico. Cues iones que, además
de se p egonadas públicamen e, ue on asladadas de mane a di ec a a la
comunidad mo isca a a és del canónigo Alonso de Ho ozco, egen e de la
colegia a de san Sal ado , en el Albaicín, y conocedo de la lengua a ábiga.
Imagen 3. Dibujo de Gi olamo Lucen e y g abado de F ancisco Heylan (ca. 1612).
El a zobispo Gue e o, eunido con los mo iscos y celeb ando bau izos en el Sac omon e.

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Los mo iscos echaza on axa i amen e es as cues iones. Pese a las
con inuas llamadas a la ecapaci ación así como a la de ensa de su lengua,
es imen as y demás cos umb es musicales –que incluyen el acompañamien-
o a las p ocesiones del Co pus– explici adas en el Memo ial de Núñez
Muley, no se án escuchados. El males a se á uno de los desencadenan es
de la ‘ ebelión de las Alpuja as’ comenzada en la íspe a de la Na idad
de 1568 y ac i a a lo la go de casi es c uen os años. Del en en amien o,
des aca el ca ác e aná ico de los p ime os comba es en el ámbi o u al,
donde a las o u as y mue es de eligiosos35 se le añade la des ucción de
iglesias y nume osas p o anaciones36. Hechos que, jun o a o os, conlle a on
la expulsión y des ie o de nume osos mo iscos a o as ie as37.
Idén ico espí i u al demos ado po el a zobispo Gue e o es el que anima
a las diócesis su agáneas de Málaga (1572) y Alme ía (1607) a celeb a sus
pa icula es sínodos bajo la au o idad de los p elados F ancisco Blanco Salcedo
y ay Juan de Po oca e o, espec i amen e. En el caso malagueño, además
de la uni i cación de i os, se e ue za el con encimien o de la p esencia eal de
C is o en la Euca is ía y se incen i a la comunión ecuen e en e los i eles38;
aspec os c uciales desde el pun o de is a pas o al y ca equé ico con los que
en en a se a la amenaza mo isca que, en g an núme o, se oponen a cumpli
con el c edo c is iano en núcleos de la Axa quía. No en ano, las p esiones
eje cidas po pa e del obispo sob e es os a pa i de las isi as hechas po
sus p o iso es y las ins ucciones dadas ex p o eso a los sace do es del luga ,
de i an en la imposición de nume osas mul as económicas39. La espues a,
a pa i de ab il de 1569 y ep oduciendo las ac uaciones que ocu en en las
Alpuja as, no se hace espe a : g upos mo iscos des ozan iglesias en Vélez-
Málaga, Ma bella y Ronda.
La p oblemá ica iene isos de con inuidad en Alme ía, donde el
obispo An onio Ca ione o de Vabila uen e p io iza la ac uación con a los
35. En e sace do es y ailes, el cálculo asciende a 148 pe sonas. C . J. CARO BAROJA
(1976), 177-178.
36. A. DOMÍNGUEZ ORTIZ y B. VICENT (1993), 46. Es e iden e que la comunidad musulma-
na, al echaza el sac amen o euca ís ico y, po ende, la p esencia de C is o en él, sí
econocía la impo ancia que pa a la Iglesia ep esen aba al signi i cación.
37. El p oceso ju ídico queda explici ado en Y. QUESADA MORILLAS (2008), 1-27; de igual
mane a, el es udio del pano ama nacional e in e nacional en el que anscu e ales
disposiciones lo o ece L. MARTÍNEZ PEÑAS y A. HERREROS CEPEDA (2011), 2073-2082.
38. C . con el segundo apa ado de F. BLANCO SALCEDO (1573), s. .
39. Una ap oximación a es as cues iones co esponde a J. SUBERBIOLA MARTÍNEZ (1995),
335-355.
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mo iscos a a és de a ias no ma i as pa a aplica , a a és de ellas, los
dic ámenes del Sínodo g anadino40. En es e sen ido, des aca la e olución
de su p opio pensamien o ya que, de demos a cie a condescendencia
hacia los ‘c is ianos nue os’, de i a á hacia una oposición on al a es os
al obse a que odos sus es ue zos esul an in uc uosos41. Así pues, no
se á has a la llegada a la p ela u a alme iense de Po oca e o cuando se
celeb e el sínodo que, po supues o, deno a un cla o espí i u euca ís ico.
En odo caso, siemp e p e ale el signo adoc inado en ales di ec ices,
en pa alelo a las cues iones polí icas o sociales omen adas po el pode
ci il. Así se e l eja en las Sinodales de Se illa, de 1572 que, inspi adas
en las no mas acci ana y g anadina, hace mención exp esa a la ealidad
mul ié nica de la diócesis se illana, “po que po el le an amien o de los
mo iscos del Reyno de G anada se han epa ido po el Reyno y mucha
pa e de ellas i en en es e A zobispado”, de al mane a que “Nos con iene
como p elado suyo da o den como sean odos doc inados y enseñados y
se con i esen y oygan missa y se enga pa icula cuen a de ellos”42.
Es po ello que, en pa alelo a las doc inas sinodales, se lle e a cabo
una ‘popula ización’ de las mismas en p o de su con enien e asunción y
desa ollo43. En es e sen ido, esul a signi i ca i a la abundancia de ca ecis-
mos publicados ad hoc. Es a li e a u a doc inal es á des inada a clé igos
pa a que es os sean capaces de enseña los p incipios undamen ales de la
eligión c is iana a los mo iscos. Es e in e esan e conjun o documen al se
di ide en dos ca ego ías básicas: de un lado, los ex os que e u an e o es
y alsas c eencias de la eligión islámica y, po o o, los que deno an un
40. No obs an e, con encido de la signi i cación sac amen al y del pode que –según el c e-
do c is iano– de es a de i a, acome e á una se ie de e o mas li ú gicas en la ca ed al.
Véase el apa ado dedicado a ello.
41. Des aca al espec o un memo ial en iado al ey en el que solici a la p ohibición eal
al uso de opajes de co e musulmán, el abandono del idioma á abe, el impedimen o
a mo imien os mig a o ios, la nega i a a posee escla os neg os, la sup esión de los
i os pu i i cado es islámicos o la obligación a odo noble mo isco de en ia a es udia
a sus hijos a Cas illa. La con on ación es al que la mue e so p ende al p elado en
pleno desa ollo de la con ienda. C . J. J. LÓPEZ MARTÍN (2004), 152-153.
42. C. ROJAS Y SANDOVAL (1572), s. .
43. Los ideales de cambio ad e idos desde Roma desde mediados del XVI ienen una am-
plia p oyección en la p opagación de esc i os y la edición de abajos pedagógicos que
si en de sopo e eó ico a al espí i u. En Andalucía y, conc e amen e, en la diócesis
de Jaén, des aca el publicado po el clé igo Gu ie e González, cuyo adio de acción
sob epasa las p opias on e as egionales pa a con e i se en modelo a segui , incluso,
en las Indias occiden ales. Vide M.ª A. LÓPEZ ARANDIA (2007).
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ca ác e p agmá ico en la explici ación de las bondades de la e44. Es más,
el inicio de ales p ác icas docen es iene su o igen en un au o esencial: el
p ime a zobispo de G anada, el aile je ónimo He nando de Tala e a. Su
labo pas o al al en e de la ecien emen e c eada diócesis (1493-1507) le
lle a a ealiza una es a égica labo de cap ación de la población musulmana
de mane a pací i ca45. A su mano co esponde la B e e doc ina y enseñanza
que ha de sabe y de pone en ob a odo ch is iano y ch is iana. En la cual
deben se enseñados los moçuelos p ime o que en o a cosa (G anada, 1499),
ob a a la que se suman di ec o ios, aducciones y ex os hagiog á i cos46.
Toda es a documen ación supone el in en o de con ence a los mo is-
cos de la necesidad de apa a se de sus an iguas c eencias y ab aza la e
c is iana, siendo conscien es sus au o es que la p oblemá ica de las con-
e siones o zosas eque ían de un p oceso de conocimien o ca equé ico.
En es e sen ido, el ace camien o al i o debie a comenza po es ablece
las pau as de compo amien o cuando se accede a una edi i cación sac a.
Funciones esenciales que quedan pa en es en la b e e Ins ucción dada po
Tala e a hacia 1500 a los ecinos mo iscos del Albaicín:
Lo p ime o que ol idéis oda ce imonia y oda cosa mo isca en o aciones, en
ayunos, en pascuas y en i es as, y en nacimien os de c ia u as y en bodas, y
en baños, en mo uo ios y en odas las o as cosas. […] Que odos sepáis […]
signa y san igua , en a y es a en la iglesia y oma agua bendi a, deci Pa e
nos e y A e Ma ía y c edo, y ado a a allí a nues o Seño en la San a Misa47.
El úl imo aspec o es cla e: la ene ación de C is o-euca is ía. De ahí
que los es ue zos se cen en en explici a el sen ido de la comunión así como
44. De en e el ex enso ca álogo, des acan, en í ulos ab e iados: Vocabulis a a a igo,
de ay Ped o de Alcalá (1505); Lib o llamado An i-Alco ano, de Be na do Pé ez de
Chinchón (1532); Con u ación del Alco án y Sec a, de Lope de Ob egón (1555); o
Ca echeses Mys agogicae, de Ped o Gue a de Lo ca (1586). Un es udio po meno izado
de es os lo o ece A. HERNÁNDEZ SÁNCHEZ (1955) y o o, más gené ico, M.ª J. FRAMIÑÁN
DE MIGUEL (2005), 25-37.
45. Pudo in l ui en ello su condición de descendien e de judíos. Con encido de la necesi-
dad de es ablece un elaciones de amis ad, hizo además de in e media io en con l ic os
polí icos de la comunidad islámica g anadina y de endió el conocimien o de la lengua
á abe en e célibes. C . M. BATAILLON (1986), 58.
46. El alan e ca equé ico de sus ob as es es udiado, en e o os, po J. MONTOYA MARTÍNEZ
(2007), 47-65
47. H. DE TALAVERA (ca. 1500), s/ . Tex o ecogido al comple o en T. AZCONA (1964), 761-
763.
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en la ac i ud con que es a debe ecibi se. Al espec o, ay Ped o de Alcalá
es ablece un cu ioso pa angón en e la limpieza co po al que los p opios
musulmanes eje cían cuando se p edisponían a eza en las mezqui as con la
espi i ual que equie e la conciencia c is iana pa a con esión de los pecados,
exho ando sob e los bene i cios pa icula es que epo a la manducación de
la hos ia consag ada: “Es e pan celes ial que da ida a odos aquellos que
dignamẽ e lo eciben”48. El p opio aile econoce las di i cul ades de su
comp ensión, a gumen ando que dicho p oceso “es á en al o sec e o” y que
po lo an o se debe “c ee e dade amen e de co azón y anima”.
Imagen 4. Ped o de Alcalá (1505). Página del A e pa a lige amẽ e sabe la lẽgua a a i-
ga en la que aduce los ca ac e es oné icos de dicho idioma al cas ellano.
48 P. DE ALCALÁ (1505), s/ . Las siguien es ci as se co esponden a agmen os que siguen
a la p ime a.
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En es a úl ima cues ión ahonda el Ca hechismo edac ado po un anó-
nimo jesui a en G anada hacia 158849: “las cosas di inas exceden in i ni a-
men e a odo en endimien o c iado, no solo al humano sino al angélico y
que el es imonio de nues a e es ‘Dios lo dize’, que no puede engaña ni
se engañado”50. De al o ma que jus i i ca an compleja concep ualización
aludiendo a que se a a de uno de los mis e ios de la edención con la que
la di inidad expía los pecados de los se es humanos. Y si el o igen de es os
de ienen de la inges a de la manzana en el Ja dín del Pa aíso, “quiso el
Seño que engamos o o a bol de c uz, u o de la i gen que lo pa io”51 y
del que p oceden las especies euca ís icas. Ma iza el au o que “el Hijo de
Dios enca nado […] se quedo en el san issimo sac amen o, del qual ienen
a cada uno que bien lo ecibe los in i ni os heso os de su san a enida en
ca ne al mundo”52. Y si, en e ec o, hubiese mayo es dudas sob e cómo un
ozo de pan puede signi i ca la p esencia misma de C is o, se sub aye
que “la omnipo encia di ina que haze esso haze ambién que el san issimo
cue po del Seño es e en la os ia no solo i ualmen e ni acciden a iamen e
sino eal y subs ancialmen e”53.
No obs an e, el magis e io más p ecla o es el que o ece Ma ín Pé ez
de Ayala. Su Ca echismo pa a ins ccion de los n e amen e con e idos de
mo os (1599)54 comienza sen enciando que “Dios es inexplicable, po que es
incomp ehensible po su in inidad”55, de ahí que cualquie explicación de
su mensaje se haga po medio de un lenguaje limi ado. Reba iendo los más
signi ica i os p ecep os del Islam, el p elado a gumen a su opinión sob e
la necesidad de con e sión al c is ianismo, cuya p e alencia sob e o as
c eencias se sus en a al cons i ui “un e dade o conocimien o y no icia
de Dios, y de sus p opiedades y e ec os, y de cómo ha de se se ido,
ado ado y e e enciado”56. De ahí que sea la e el mé odo que posibili e
la comp ensión de los g andes mis e ios de es e c edo y la necesidad de
49. Manusc i o de 570 olios, conse ado en la Biblio eca de la Abadía del Sac omon e,
G anada. Es á esc i o a modo de diálogo en e un sace do e y un “ch is iano nue o de
mo isco”. Consul ada la edición de L. RESINES (2002), 161-322.
50. Ibidem, 75 (o iginal), 237 (edición).
51. Ibidem, 76 -238.
52. Ibidem, 77 -238.
53. Ibidem, 77 -77 -239.
54. La his o iog a ía en iende que el ex o o iginal es an e io a la echa de imp esión,
o denada po el p elado alenciano Juan de Ribe a.
55. M. PÉREZ DE AYALA (1599), 15-16.
56. Ibidem, 35-36.

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aplica lo a la ida dia ia a imi ación del “nue o homb e, Ch is o nues o
Redemp o , que es odo undamen o de la e dade a eligión”57.
Tal con encimien o le lle a a expone que la exis encia de o as c een-
cias son u o de la acción del demonio, pues o que al si uación es siemp e
uen e de di isiones y en en amien os. De ahí que la misión del i el sea
la de lucha con a aquellas en a i as dogmá icas que pongan en duda los
p incipios c is ianos, debiendo es a p eca ido an e posibles a aques. An e
ellos, debe á u iliza sus p opias a mas, que “son odas espi i uales: […]
la sanc a palab a y doc ina de Dios, la e, la con i ança, y espe anza en
Dios y en sus p omesas, la cha idad, la o ación, el exe cicio de los sac a-
men os, y mo i i cación de la C uz”58; odas ellas eje cen además un papel
auma ú gico: ac úan como “medicinas del alma”59.
Siguiendo al hilo a gumen al, las e e encias que el au o hace sob e
la Euca is ía son ex ensas, pa iendo del hecho cla e que en la misma sub-
yace. El eje cicio didác ico ealizado pa a en a iza y acla a la p esencia
pe manen e de la di inidad se cen a, en p ime luga , en el seguimien o
del o do li ú gico po el p opio celeb an e, quien:
po la ue ça del in i ni o pode de Dios (a quien nada le es impossible) median e
aquellas palab as que […] dize en la Missa, quando consag a, que son las
que dixo el mesmo Ch is o, dexa de se la subs ancia del pan y del ino, y se
haze p esen e eal y e dade a, y sac amen almen e debaxo de los acciden es
del pan y del ino odo Ch is o, en odo, y cada pa e del Sac amen o, po
un modo ine able, a solo el posible60.
Pos e io men e, pa iendo de la ci a joánica, e ue za al sen ido al
ein e p e a la p omesa sal í ica de Jesús de da se a sus seguido es como
alimen o y bebida espi i ual. De al o ma que ambas dimensiones que-
den unidas en una sola ealidad de modo que “el cue po i o no es á sin
alma, ni la sang e sin cue po; ni cue po y alma de Ch is o sin di inidad:
hase de c ee que es á allí odo Ch is o, e dade o Dios y homb e”61. En
ello adica el sen ido mismo del sac i icio del al a , cual ememo ación
con inua del ju amen o mesiánico ecogido en el E angelio y que, ade-
más, ecue da cons an emen e la expiación de los pecados a pa i de la
57. Ibidem, 53.
58. Ibidem, 227.
59. Ibidem, 371-372.
60. Ibidem, 377.
61. Ibidem, 378.
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mue e eden o a de Jesús: “yo es a é con oso os odos los días, has a
el in del mundo”62.
De ahí que su ecepción –a a és de la comunión63– compo e una
ac i ud conc e a po pa e del i el. Es e debe se conscien e que se encuen a
an e un “manja celes ial y di ino”64, dis in o de los que come a dia io y
necesa io pa a el man enimien o de su alma. P e iamen e, debe adop a una
pos u a de enuncia al pecado y una ac i ud de econciliación con el es o
de los he manos que, de no cumpli , puede p o oca e ec os nega i os,
pues pa icipa de la comunión en ci cuns ancias no debidas “suele o na
en ponçoña pa a el cue po”65. En odo caso, los bene i cios de comulga
son ex ensos: disminuye el deseo de peca , ayuda a alcanza la pe ección
c is iana, con o a el alma con a las en aciones y pe mi e man ene la
espe anza en la ida e e na; aspi aciones que es án p esen es en los p i-
me os seguido es de C is o, los san os y los má i es, quienes pa icipa on
del banque e euca ís ico en endiendo que se a a de un “p opio manja de
hijos”66 y que, además, “ ep esen a el mis e io y bene i cio de la Passion
de nues o Redemp o Iesu Ch is o”67.
3.2. El expe imen alismo sac amen al en las ca ed ales del eino de
G anada
E iden emen e, odo es e as ondo eó ico equie e de o as dimensiones
que lo hagan más en endible po los i eles, poco habi uados a disquisicio-
nes in elec uales. En es e sen ido, las capillas mayo es de las ca ed ales
de G anada, Málaga, Alme ía y Guadix an a con e i se, desde mediados
del siglo XVI, en escena io donde se p oyec e plás ica y simbólicamen e
62. Ma eo 28, 20. El a gumen a io en o no a dicha ci a es uno de los más ecu en es
ejemplos de la pa ené ica del siglo XVI. Véase al espec o el discu so LXXVIII, i ulado
Ca o mea e e es cibus, ecogido po A. DE VILLEGAS (1589), 291-294 .
63. La ecuencia con la que, según el p elado, debe ealiza se es a es, al menos, una ez
al año, coincidiendo con la es i idad de Pascua de Resu ección. No obs an e y en
i ud de la ida de cada mo isco, se pod á ealiza cuan as sean necesa ias, siemp e
con ando con la aquiescencia del con eso . De igual mane a se pe mi e la manducación
sac amen al cuando exis a en pelig o de mue e, se emp enda algún iaje la go o se
es é en p epa ación pa a la gue a.
64. M. PÉREZ DE AYALA (1599), 379.
65. Ibidem, 380.
66. Ibidem, 382.
67. Ibidem, 400.
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el cul o euca ís ico68. Tales ac uaciones esponden, en un p ime momen o,
al eno ado clima de espi i ualidad sac amen al que se implemen a en el
o be ca ólico a pa i de la ecepción de las ac as de T en o y del desa o-
llo de los concilios; no obs an e, en el caso que concie ne a los an iguos
e i o ios naza íes, la apues a e ue za aún más la encendida p oblemá ica
con a la comunidad mo isca.
En es e sen ido, las ob as de e minación de la cabece a de la ca ed al
g anadina i en una ex ensa his o ia cons uc i a; no en ano y pese a
las modi i caciones ealizadas sob e el plan eamien o o iginal, la in ención
de conc e a un conjun o edilicio deno a i o del pode c is iano sob e el
de o ado mundo islámico nunca se desecha ía69. La con a ación en 1528
de Diego de Siloé, de quien pa e una solución del espacio p esbi e ial ‘a
lo omano’, a a signi i ca la plasmación isual de la nue a Iglesia. La
disposición cen al de un abe náculo euca ís ico diseñado po el a qui ec o
bu galés en 156170 aglu ina, de un lado, las e e encias eológicas pues as
en alo an o en el concilio de T en o como el p o incial g anadino que
p omo e á el a zobispo Gue e o y, de o o, las conno aciones es uc u a-
les inmanen es a dicha es uc u a, elacionables en e amen e con el g an
e e en e impulsado en el Duomo de Milán po el ca denal Bo omeo y,
po supues o, con el dispues o en el cen o del e ablo del monas e io de
san Lo enzo de El Esco ial.
El 17 de agos o de 1561 se celeb a un solemne pon i i cal y se aslada
con sumo boa o el san ísimo sac amen o has a el abe náculo, elabo ado
con made as nobles en apenas un mes. Su disposición cen alizada no solo
obedece a aquella an igua adición c is iana que o o gaba a al es uc u a
unciones ocalizado as de la a ención del i el sino que, a su ez, inco po a
una signi i cación simbólica al con e i se en pun al a qui ec ónico a pa i
del cual se elabo a un p og ama iconog á i co ad hoc en las supe i cies
mu a ias que cie an el espacio p esbi e ial. En es e sen ido, el edículo
g anadino o ma pa e de un mensaje mesiánico en donde la p omesa de
C is o de no abandona a quien le sigue se pa en iza a a és de la p esencia,
como en Pen ecos és, de su mad e, Ma ía, y de sus p ime os discípulos71.
68. Es as ans o maciones, a su ez, ac úan cual modelo pa a el es o de pa oquias dio-
cesanas, incluso pa a cen os monás icos, ac o es ac i os de una i eb e euca ís ica co al
que end á en los siguien es dos siglos, momen os de un ex ao dina io auge a ís ico.
Vide J. GONZÁLEZ TORRES (2016), 408 y ss.
69. Vide E. E. ROSENTHAL (1990).
70. Documen ado po F. BERMÚDEZ DE PEDRAZA (1652).
71. C . J. GONZÁLEZ TORRES (2003) p. 318.
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De es a mane a, el iun o de la e c is iana quedaba pa en izado sob e la
aniquilación de la he ejía como necesidad pa a expia –según su p opio
pensamien o– los ochos siglos de ocupación musulmana de la ciudad a
pa i del ‘a ma’ pas o al más con unden e: la p esencia ansus anciada
del Naza eno inse a en un empie o exen o que pe mi ía, cuando así lo
eque ía la úb ica li ú gica, su ene ación sac amen al.
Imagen 5. Dibujo de Gi olamo Lucen e y g abado de F ancisco Heylan (ca. 1612).
Co e axial de la cabece a de la ca ed al de G anada en donde se obse a,
en p ime é mino, el abe náculo de Siloe.
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Un hecho cuan o menos pa adigmá ico iene luga en Bézna , locali-
dad al su es e del alle de Lec ín. En 1566 se unda una co adía mili a
que iene po obje o esca a el iá ico obado a un bene i ciado po pa e
de unos mo iscos; el hecho, en uel o en legenda ia adición, culmina en
la sie a de Tabla e con la apa ición de la hos ia consag ada y el g i o de
“¡Mosque e os, ahí es á nues o Dios!”, p o agonizado po el capi án de la
milicia81. El hecho se ans o ma ía en los años siguien es en i ual es i o
en el que los o iundos del luga ememo an lo acon ecido, exponiendo el
sac amen o en la capilla mayo de la pa oquia y, pos e io men e, ea ali-
zando la escena e e ida a la caída de la noche.
4. A MODO CONCLUSIVO
Pese a an no ables es ue zos po pa e de los dis in os es amen os
eclesiás icos, el pode ci il acabó po dec e a la expulsión de i ni i a de los
mo iscos en e 1609 y 1610. A ás quedaba una se ie de ac uaciones bien
in encionadas que no cumplie on con los obje i os p e is os. Los con inuos
al e cados, con sus consiguien es desag a ios, e mina on po ab i una ía
que, en 1492, es aba comple amen e ce ada. Del espe o en e comunidades
se pasa ía, andando el iempo, a la ce azón más acé ima, des e ando de
los e i o ios peninsula es a una población con la que, eó ica y supues a-
men e, no se compa ía ni la sang e, ni las c eencias ni la cul u a.
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