TRABAJO DE FIN DE GRADO
UNIVERSIDAD
DE MÁLAGA
FACULTAD DE
FILOSOFÍA Y
LETRAS
«ESTUDIO LITERARIO DE EL SEÑOR FEUDAL (1896), ENTRE EL MELODRAMA Y LA CRÍTICA»
Au o : MANUEL JAVIER MUÑOZ ÁLVAREZ
Tu o a: P o . D a. MARÍA ISABEL JIMÉNEZ MORALES
GRADO EN FILOLOGÍA HISPÁNICA
Cu so Académico 2017-2018
Fecha de p esen ación 7/6/2018
El au o decla a que su abajo es o iginal, u o de su exclusi o es ue zo pe sonal, que
espe a las no mas de es ilo es ablecidas pa a los TFG de la i ulación y que en él se han
ci ado debidamen e las uen es u ilizadas y no se incu e en ningún supues o de mala
p axis cien í ica. Asimismo, se comp ome e a espe a los de echos de p opiedad
in elec ual y explo ación indus ial que e en ualmen e pudie an co esponde al u o .
Resumen
El nomb e de Joaquín Dicen a ha pasado a la his o ia de nues a li e a u a inculado al
d ama social, géne o ea al que lo eció a inales del siglo XIX y que se ca ac e izó po
denuncia la p eca ia si uación en que i ía la clase abajado a. Su ob a más conocida,
Juan José (1895), ha eclipsado comple amen e el au én ico alo de un d ama que
compuso pos e io men e: El seño eudal (1896). Mi in es igación, po an o, iene po
obje o llena algunas de las múl iples lagunas que p esen a el es udio de es a ob a y
demos a que su componen e c í ico es supe io al de su p edeceso a. Pa a ello, ealizo
un de allado análisis de di e sos aspec os de El seño eudal: la ansmisión ex ual,
a endiendo an o a las ep esen aciones como a las ediciones de la ob a; el í ulo; la
es uc u a ex e na e in e na; las unidades d amá icas; los pe sonajes; los emas; los
símbolos y, po úl imo, la e olución de la ma e ia a gumen al del d ama, analizando un
ela o an e io y una no ela pos e io esc i os po Dicen a, en los que se ap ecian
muchos de sus elemen os cons i u i os.
Palab as cla e: li e a u a española, siglo XIX, d ama social, Joaquín Dicen a, El seño
eudal.
2
ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN ............................................................................................................... 3
2. EL TEATRO SOCIAL ....................................................................................................... 5
3. VIDA Y OBRA DE JOAQUÍN DICENTA ....................................................................... 8
3.1. BIOGRAFÍA ................................................................................................................... 8
3.2. PRODUCCIÓN DRAMÁTICA ........................................................................................ 10
4. ANÁLISIS DE EL SEÑOR FEUDAL .............................................................................. 12
4.1. TRANSMISIÓN TEXTUAL ............................................................................................ 12
4.2. SIGNIFICADO DEL TÍTULO ......................................................................................... 21
4.3. ESTRUCTURA EXTERNA E INTERNA .......................................................................... 22
4.4. UNIDADES DRAMÁTICAS ............................................................................................ 24
4.4.1. Unidad de acción ............................................................................................... 24
4.4.2. Unidad de iempo .............................................................................................. 25
4.4.3. Unidad de luga ................................................................................................. 26
4.5. PERSONAJES ............................................................................................................... 28
4.6. TEMÁTICA .................................................................................................................. 37
4.7. LOS SÍMBOLOS............................................................................................................ 41
4.8. PROCESO GENESÍACO ................................................................................................ 43
5. CONCLUSIONES ............................................................................................................. 46
6. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................... 50
6.1. FUENTES PRIMARIAS .................................................................................................. 50
6.1.1. Ediciones de El seño eudal ............................................................................. 50
6.1.2. Reseñas y anuncios de El seño eudal según su apa ición en la p ensa....... 51
6.1.3. O as ob as consul adas de Joaquín Dicen a .................................................. 55
6.2. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA .................................................................................... 55
6.3. BIBLIOTECAS Y HEMEROTECAS DIGITALES ............................................................. 58
6.4. BASES DE DATOS......................................................................................................... 58
3
1. INTRODUCCIÓN
En el p esen e abajo se abo da el es udio y el análisis de El seño eudal, d ama
social de Joaquín Dicen a, es enado el 2 de diciemb e de 1896 en el Tea o de la
Comedia. He de con esa que has a que la P o . D a. Ma ía Isabel Jiménez Mo ales nos
explicó a mis compañe os y a mí en qué consis ía el ea o social, en la asigna u a
“Li e a u a Española: Tea o”, du an e el cu so académico 2016-2017, no enía la más
emo a idea de quién podía se Joaquín Dicen a. Una ez inalizadas las explicaciones,
además de esul a me muy in e esan e es a modalidad ea al, me so p endió muchísimo
el ele an e papel que desempeñó Dicen a en el ea o de inales del siglo XIX y que
hoy en día, po desg acia, sea un au o p ác icamen e desconocido pa a el g an público.
Cuando me di igí a la u o a y le con é que que ía que mi TFG e sase sob e el ea o
del XIX, me sugi ió que El seño eudal pod ía se un buen ema. En onces, siguiendo
su ecomendación, leí el d ama. Lee lo no ue complicado; desde las p ime as páginas,
cap ó odo mi in e és y mi a ención. No e a la p ime a ob a que leía de Dicen a, pues
Juan José cons i uía una de las lec u as p opues as en el ema io de la ci ada asigna u a,
pe o me pa eció que el componen e c í ico de El seño eudal e a mucho mayo . T as
comp oba en las bases de da os ci adas en la bibliog a ía que el d ama apenas había
sido es udiado po los c í icos, inalmen e decidí que mi TFG enía que a a sob e es e
ema.
Pa a el análisis del d ama dicen iano, he di idido mi abajo en cinco g andes
apa ados, siendo el p ime o de ellos la p esen e in oducción. En el segundo explico el
géne o del ea o social, mien as que en el e ce o abo do la ida y la p oducción
d amá ica de Joaquín Dicen a. En ninguno he p e endido e ec ua un es udio
po meno izado, sino que mi in ención ha sido simplemen e pone en an eceden es a los
miemb os del ibunal, aunque no po es e mo i o he pues o menos empeño en su
p epa ación.
El cua o apa ado es el más impo an e y ex enso, pues o que en él analizo en
p o undidad El seño eudal. Empiezo es ableciendo la ansmisión ex ual del d ama,
que a iende a dos aspec os: el es eno y las subsiguien es ep esen aciones de la ob a y
las di e en es ediciones que u o. Pa a lo p ime o, he ecu ido a la aliosísima
in o mación o ecida po las heme o ecas digi ales de la Biblio eca Nacional, de ABC,
de La Vangua dia y la Biblio eca Vi ual de P ensa His ó ica del Minis e io de
Educación, Cul u a y Depo e, e isando oda la p ensa nacional desde 1896 has a casi
4
la ac ualidad. De hecho, el ma e ial encon ado ha esul ado se an abundan e que he
limi ado su exposición. Pa a lo segundo, han sido he amien as imp escindibles el
ca álogo de la Biblio eca Nacional, el Ca álogo Colec i o del Pa imonio Bibliog á ico
Español, la Red de Biblio ecas y A chi os del CSIC, el Ca álogo de ob as de ea o
español del siglo XX edi ado po la Fundación Juan Ma ch y el Manual del lib e o
hispanoame icano de An onio Palau y Dulce .
Seguidamen e, explico el signi icado del í ulo, la es uc u a ex e na e in e na del
d ama, el a amien o de las es unidades d amá icas, los pe sonajes que in e ienen, los
emas y los símbolos empleados y, po úl imo, la ans o mación de la ma e ia
a gumen al de El seño eudal, analizando o as piezas de Dicen a: un ela o an e io
que si ió como ge men de la ob a de ea o y una no ela pos e io en la que oda ía
seguían p esen es muchos de sus elemen os cons i u i os. Como he apun ado an es, es
escasa la bibliog a ía ace ca de es e d ama; no obs an e, en la elabo ación de es e
abajo han sido undamen ales Joaquín Dicen a: Spain’s Fo go en D ama is , de
Le icia McG a h, y Vida, ea o y mi o de Joaquín Dicen a, de Jaime Mas Fe e .
Como b oche inal del abajo, el quin o apa ado sin e iza los aspec os cla es del
análisis, ecopilados en las Conclusiones, y en el sex o ecojo oda la bibliog a ía
empleada, haciendo una necesa ia dis inción en e uen es p ima ias (ediciones, eseñas
y no icias de El seño eudal, así como o as ob as de Dicen a) y bibliog a ía
consul ada, donde incluyo an o ecu sos digi ales como en papel.
He de acla a que odas las ci as que haga de El seño eudal a lo la go del abajo
se basa án en la p ime a edición, publicada en Mad id, en 1896, po la imp en a de R.
Velasco. Asimismo, es impo an e esal a que, de acue do con las no mas de la úl ima
O og a ía de la Real Academia Española, he ac ualizado las ci as, aunque siemp e
espe ando la pa icula oné ica empleada po los pe sonajes del d ama, pues supone
uno de los elemen os más ca ac e ís icos de la ob a.
Pa a inaliza es e apa ado, quisie a ag adece a mi u o a, la D a. Ma ía Isabel
Jiménez Mo ales, no solo que acep a a u o iza mi TFG, sino ambién su ines imable
ayuda, sin la cual, la composición de es e abajo no hab ía sido posible. Su cons an e
supe isión, sus ú iles consejos, su igu osa mane a de abaja y los ánimos que me ha
dado han sido indispensables pa a que es e abajo salie a adelan e. Desde luego, los
conocimien os y los alo es que me ha ansmi ido han sido una de las más aliosas
lecciones que he ap endido mien as elabo aba es e modes o análisis.
5
2. EL TEATRO SOCIAL
F ancisco Ga cía Pa ón dis ingue es ases o endencias den o de la d ama u gia
social
1
: en p ime luga , el ea o social e oluciona io (1895-1936); en segundo, una
e apa in e media (1936-1939) y, inalmen e, el ea o social de posgue a (desde 1939).
Dejo ue a de la clasi icación el ea o con a e oluciona io de las ideologías más
conse ado as, po posee un ca ác e “esencialmen e polí ico, ya que sus p opósi os
son de éplica y con ao ensi a, sin o e a de nue as soluciones adecuadas”
2
. En el
p esen e abajo a ende é a la p ime a ase, dado que el au o de El seño eudal
pe enece a ella.
Como pun o de pa ida pa a es a cues ión, debe íamos plan ea nos qué se en iende
exac amen e po d ama social
3
. Ga cía Pa ón a i ma que, en gene al, el ea o social
es á compues o po
aquellas ob as y au o es que cen an su a ención en la lucha de clases; en el d ama
humano su gido de unas es uc u as sociales injus as; en el ea o, en suma, que se
limi a a expone es as injus icias de mane a áci a o exp esa y p opugna unas
ó mulas e oluciona ias o e olucionis as pa a su co ección
4
.
Dicho de o o modo, en el ea o social, “como concep o o como sen imien o, se
d ama iza la lucha de clases”
5
. Sin emba go, en nues o país adquie e un ca iz di e en e.
Como comen a An onio Fe nández Insuela, el obje i o de es os d ama u gos e a la
di usión de sus ideas en e el mayo núme o de pe sonas, pa a así consegui mejo a la
p eca ia si uación de ida del p ole a iado español; po es a azón, los au o es del ea o
social se e ían obligados a inclui como eclamo en sus ob as elemen os que
sa is icie an el gus o del público mayo i a io: en p ime luga , el empleo de ecu sos
melod amá icos o olle inescos; en segundo luga , la al a de ebeldía en los pe sonajes
emeninos y la supe i encia del des asado concep o del hono y, po úl imo, la escasez
1
El ea o social en España (1895-1962), Mad id, Tau us, 1962.
2
Ibidem, pág. 99.
3
Da id T. Gies ha apun ado la dispa idad e minológica exis en e en e los c í icos pa a e e i se a es e
ipo de ea o, pues emplean di e en es e ique as: “d ama social”, “d ama socialis a”, “d ama ealis a” o
“d ama na u alis a”. Vid. El ea o en la España del siglo XIX, Camb idge, Uni e si y P ess, 1996, pág.
432.
4
Op., ci , pág. 18.
5
Gonzalo To en e Balles e , Tea o español con empo áneo, Mad id, Ediciones Guada ama, 1957, pág.
60.
6
de no edades o males
6
. Es as es exigencias explica ían las pa icula idades de los
d amas sociales au óc onos.
Po es e mo i o, Fe nández Insuela ha p opues o una nue a de inición del d ama
social de p egue a, a endiendo al peso que el melod ama eje ce sob e él, y, en es e
sen ido, dice que el géne o “p esen a la lucha de clases, bien sea como ema único y
a ado desde una pe spec i a ideológica o polí ica, bien sea median e la inco po ación
complemen a ia de con enidos melod amá icos o sen imen ales”
7
.
A lo la go de odo el siglo XIX se ha ido o jando en nues o país un clima social
y li e a io p opicio pa a el su gimien o de es e nue o subgéne o d amá ico, como ha
es udiado Da id T. Gies
8
. A pa i de los años cincuen a de dicha cen u ia, en la escena
i umpi án una se ie de d ama u gos, como Six o Sáenz de la Cáma a o Fe nando
Ga ido, que empiezan a abo da la cues ión social en sus composiciones. No obs an e,
es os au o es seguían acudiendo a pe sonajes, emas y ecu sos idiosinc á icos de los
d amas omán icos que habían apa ecido, ap oximadamen e, dos décadas a ás. Pese a
odo, no hay que desp ecia su labo , pues si ió pa a allana el camino que años
después eco e ían Joaquín Dicen a, Ángel Guime á y o os.
Pe o es e ipo de ea o
9
no ue el único que in luyó en el nacimien o y en la
consolidación del d ama social español, los d ama u gos eu opeos eno ado es ambién
u ie on un papel des acado en es a misión
10
. Reco demos que, du an e los úl imos años
de la cen u ia, algunas ob as de Hen ik Ibsen (Casa de muñecas, Los apa ecidos), Bjö n
Bjö nson (La senda de Dios) y Ge ha Haup mann (Los ejedo es) ue on leídas y
ep esen adas en nues o país
11
. Po an o, el d ama social no apa ece de la nada a
inales del siglo XIX, sino que con inúa una senda que an o nues os p opios
d ama u gos como o os o áneos empeza on a aza p e iamen e.
Se ha con e ido en cos umb e a i ma que el d ama social lo ece en España la
noche del 29 de oc ub e de 1895, en el Tea o de la Comedia, con el es eno de la
6
An onio Fe nández Insuela, “Galdós y el d ama social”, en J. Hue a Cal o (di .), His o ia del ea o
español. Del siglo XVIII a la época ac ual, Mad id, G edos, 2003, ol. II, pág. 2013.
7
An onio Fe nández Insuela, “Sob e el nacimien o del ea o social español y su con ex o”, Mon eagudo,
nº 2 (1997), págs. 16-17.
8
La siguien e in o mación ace ca de es e ea o la he ex aído de Da id T. Gies, op. ci ., págs. 433-450.
9
Pa a un análisis po meno izado de es e ea o, llamado “ ea o polí ico”, id. el abajo de Jesús Rubio
Jiménez, “Melod ama y ea o polí ico en el siglo XIX. El escena io como ibuna polí ica”, Cas illa.
Es udios de Li e a u a, nº 14 (1989), págs. 129-140.
10
I is Fe nández Muñiz, “La España Mode na y la ecepción emp ana de Ibsen en España: en busca de
la iden idad del desconocido p ime aduc o español”, Ca as Hispánicas, nº 6 (2016), pág. 3.
11
Jaime Mas Fe e , Vida, ea o y mi o de Joaquín Dicen a, Alican e, Ins i u o de Es udios Alican inos,
1978, pág. 106.
7
aplaudidísima ob a de Joaquín Dicen a, Juan José. No obs an e, no oda la c í ica
coincide en conside a Juan José como pad e de las piezas sociales; algunos es udiosos
c een que el p ime espécimen de es e géne o es El pan del pob e, la adap ación de Los
ejedo es de Haup mann que, a pe ición de Echega ay, lle a on a cabo José F ancos
Rod íguez y Félix González Llana y que es ena on el 14 de diciemb e de 1894 en el
Tea o de No edades
12
. Que el au én ico papel y alo que la adap ación de la pieza
haup manniana u o en nues o ea o inisecula quedase eclipsado se debe ía, sin duda
alguna, al eno me éxi o cosechado po Juan José
13
. La u ilización de la ob a más
conocida de Dicen a po pa e de de e minados g upos ideológicos le p opo cionó el
ca ác e de modelo con el que inalmen e pasa ía a la his o ia li e a ia. En es e sen ido,
eco demos, po ejemplo, que el no elis a Edua do Zamacois p opuso celeb a cada
P ime o de Mayo con una ep esen ación de Juan José
14
. Po es a exal ación ideológica
es conside ada como el p ime y el máximo exponen e del ea o social. Sin emba go, la
enemis ad en e Juan José (el ob e o) y Paco (el pa ono) es á mo i ada po un
en en amien o pasional y no ideológico
15
, po eso son cada ez más los es udiosos que
conside an que Juan José es un melod ama con in es sociales
16
.
Coincido con aquellos que de ienden que, a pesa de no se una ob a o iginal, la
adap ación de F ancos Rod íguez y González Llana inaugu a el ea o social en nues o
país, pues o que el con enido c í ico de Juan José se a disipando paula inamen e con el
desa ollo de la acción, has a el pun o de se po comple o de o ado po la ama
pasional del d ama. Hab á que espe a has a El seño eudal pa a que Dicen a componga
una ob a en la que la ele ancia del aspec o c í ico-social no se ea me mada po
ninguna o a cues ión emá ica, como explica é en las siguien es páginas.
Con independencia de la ob a que se ome como inicio del ea o social, lo cie o
es que es e géne o lo eció en nues o país p ác icamen e al mismo iempo que en el
es o de Eu opa
17
. Mien as que buena pa e de los d ama u gos pos e io es a Dicen a y
Guime á con inua on ansi ando las u as delimi adas con an e io idad, o os op a on
po eno a es a endencia ea al al in oduci pequeñas modi icaciones en sus d amas.
12
An onio Fe nández Insuela, “Sob e el nacimien o del ea o social”, a . ci ., pág. 19.
13
Ibidem.
14
Emilio Pe al Vega, “En e denuncia y melod ama: Juan José y el ea o social de Joaquín Dicen a”,
Re is a de Li e a u a, ol. LXX, nº 139 (2008), págs. 79-80.
15
An onio Fe nández Insuela, “Sob e el nacimien o del ea o social”, a . ci ., pág. 18.
16
Emilio Pe al Vega, a . ci ., pág. 70.
17
Ga cía Pa ón, op. ci ., págs. 19-20.
8
Me e ie o a José Fola Igú bide, Fede ico Oli e , Ma celino Domingo, F ancisco de
Viu, José López Pinillos y Julián G. Go kin
18
.
3. VIDA Y OBRA DE JOAQUÍN DICENTA
3.1. BIOGRAFÍA
La biog a ía de Joaquín Dicen a ha sido una cues ión ampliamen e a ada po los
es udiosos del d ama u go. En es e sen ido, son muy aliosos los abajos de And és
González Blanco
19
, de Jaime Mas Fe e
20
y de Le icia McG a h
21
. Teniendo en cuen a
es o, y dado que su ida no cons i uye el obje o p incipal del p esen e es udio, la
abo da é de una mane a b e e. Como acla a McG a h, pa a econs ui la biog a ía de
Dicen a, hay que maneja con mucho cuidado las in es igaciones de los o os es udiosos
ya ci ados, pues ninguna es á exen a de e o es, sob e odo, la pa e que a añe a su
in ancia
22
.
Joaquín Dicen a Benedic o nació el 3 de eb e o de 1963 en Cala ayud, de mane a
acciden al, pues o que, debido a las esponsabilidades exigidas po el ca go mili a de su
pad e, Manuel Dicen a, su amilia se es aba asladando de Alican e a Vi o ia
23
. Sus
p ime os años ue on “una excu sión geog á ica a a és de las p o incias de España”
24
:
de Vi o ia a Mad id, y de allí a Alican e de nue o, en busca de una cu a pa a el pad e,
que, como consecuencia de un auma ismo c aneal que su ió cuando luchaba en la
Gue a Ca lis a, e a men almen e ines able
25
. La emp ana mue e de Manuel Dicen a
ma ca ía la pe sonalidad del u u o d ama u go, ya que c ece á sin disciplina pa e na y
con un g an apego po su mad e, Tomasa Benedic o
26
.
Una ez ob u o el í ulo de bachille a o, su mad e y él se aslada on a Mad id. En
1878, Dicen a ing esó en la Academia de A ille ía de Sego ia, pe o su espí i u ebelde
y ca en e de disciplina le cos ó su expulsión
27
. T as su ugaz expe iencia cas ense,
inicia su e apa uni e si a ia, igual de b e e que la an e io : se ma iculó en De echo y
18
Ibidem, págs. 64-94.
19
Vid. Los d ama u gos españoles con empo áneos, Valencia, Edi o ial Ce an es, 1917, págs. 205-294.
20
Vid. Op. ci ., págs. 13-38.
21
Vid. Joaquín Dicen a: Spain’s Fo go en D ama is , Delawa e, Juan de la Cues a, 2004, págs. 24-49.
22
Ibidem, pág. 25.
23
Jaime Mas Fe e , op. ci ., pág. 13.
24
And és González Blanco, op. ci ., pág. 208.
25
Leslie McG a h, op. ci ., pág. 24.
26
Ibidem.
27
Deme io Es ébanez Calde ón, “Joaquín Dicen a Benedic o”, en Dicciona io biog á ico español,
Mad id, Real Academia de la His o ia, 2011, ol. XVI, pág. 264.
15
ac o. No obs an e, hay quien c ee que el público e dade amen e “aplaude a Dicen a, no
a El seño eudal”
65
.
El d ama de Dicen a susci ó opiniones con adic o ias: algunas, las que menos,
a o ables y o as, las que más, nega i as. Luis Taboada ecoge con ono cómico el
sen i de pa e de los espec ado es que acudie on al es eno:
Con mo i o del es eno de El seño eudal, he is o en el es íbulo de la Comedia
g an núme o de male as que ponían al au o del d ama de o o y azul.
A uno no le gus aba la ob a po “inmo al”, a o o po “ana quis a”, a o o po
“lánguida” y a o o po “a i iciosa”, y ninguno de los exp esados male as decía
una sola palab a con sen ido común
66
.
Sob e es os “male as” di á más adelan e que se eúnen odos en los es enos “pa a emi i
su opinión y hace gala de sus conocimien os. Pa ece como si el iun o de un au o
d amá ico les uese a qui a a ellos el panecillo de odos los días” (pág. 2).
En una ca a esc i a po Miguel de Unamuno el 1 de diciemb e dice al espec o de
la ob a lo que sigue:
Aye me di el p ime baño de cha co. Es u e en el ensayo gene al de la ob a de
Dicen a, que se es ena á mañana, El seño eudal, ea o ea al, y lo que es peo ,
inmo al e i eligioso. Todo lo peo de la bu guesía asladado al pueblo, y en
[luga ] de ele ado ideal c is iano ono de odio, de enco , de en idia. Llaman po
ahí socialismo a una de las cosas más epugnan es que conozco
67
.
Cla ín señaló que “algunos ad ie en a Dicen a que se expone a segui las huellas
de J. Ohne …”
68
. Jo ge Ohne ue un no elis a ancés que u o un buen éxi o
come cial, pe o que no con ó con el benepláci o de la c í ica
69
. De es e modo, quienes
compa asen a Dicen a con el esc i o ancés, lo que insinua ían es que El seño eudal
es una pieza medioc e compues a únicamen e con ánimo de luc o. O os encuen an
65
“El seño eudal”, El Libe al, a . ci ., pág. 3.
66
“De odo un poco”, Mad id Cómico, Mad id, 5-diciemb e-1896, pág. 2.
67
Se gio Fe nández La aín, Ca as inédi as de Miguel de Unamuno, San iago de Chile, Zig-Zag, 1965,
pág. 246. Ci ado en Ra ael Pé ez de la Dehesa, El g upo Ge minal: una cla e del 98, Mad id, Tau us,
1970, pág. 28.
68
“Palique”, Mad id Cómico, Mad id, 12-diciemb e-1896, pág. 3.
69
Gab iel Aloma , “En la mue e de Jo ge Ohne ”, El Impa cial, Mad id, 13-mayo-1918, pág. 3.
16
simili udes en e Le g and Ma niè e, no ela de Ohne , y El seño eudal
70
, aunque los
desenlaces son o almen e dis in os
71
.
Po su pa e, José Y uela c ee que la g andeza de Juan José ha empequeñecido a
El seño eudal:
A Dicen a le pe judica mucho, muchísimo, habe empezado su ca e a d amá ica
es enando El suicidio de We he , y, casi a con inuación su he moso d ama Juan
José. La deducción de lo que digo es bien ácil. Como odos espe amos de los
homb es de alen o como Dicen a que aquel aya en p og esión ascenden e, cuando
dichos esc i o es han p oducido ob as cual las que úl imamen e he nomb ado, pa a
las sucesi as se espe an siemp e ma a illas. De aquí el acaso, aunque la ob a
úl ima me ezca quizá mejo sue e de la que ha enido
72
.
Eugenio P a y Gil a i ma que no es una ob a mala, pese a se in e io a Juan
José: “O o éxi o ha sido el d ama de Dicen a El seño eudal, que e ela el g an alen o
del au o , que no desme ece, aunque no le iguale, del Juan José, una de las mejo es
p oducciones del ea o mode no”
73
. Ma iano de Ca ia opina que “si Dicen a no ha
pues o en el d ama odas las acul ades que enía ac edi adas de an es, en el símbolo ha
ac edi ado posee el iple y augus o don del poe a: sen i hondo, pensa al o y habla
cla o”
74
. En iende que el símbolo de la ob a es su plan eamien o social y mo al.
Alejand o Sawa c ee que “después del Juan José, la gen e acude a i aliza se con el
g an ai e humano de El seño eudal. Ahí, como en odas las ob as de Dicen a, sob a
oxígeno”
75
. Conside a que ambas ob as son “al ezas de ealengo”. Pa a él, Juan José es
el pad e y El seño eudal el hijo, lo que no quie a deci que es a úl ima sea peo , pues
no po ello “es menos galla do el ob e o ágico de El seño eudal que el de Juan José”.
An e aquellos que insis en emen e compa an El seño eudal con Juan José, Luis
Gabaldón di á en Blanco y Neg o lo siguien e:
Que la ob a no es un Juan José, dicen.
70
“El seño eudal”, La Dinas ía, Ba celona, 4-diciemb e-1896, pág. 2. Se e ie e equi ocadamen e a la
no ela de Ohne como “Le g and monie ”.
71
Le icia McG a h, op. ci . pág. 121.
72
“Sección pos al”, El A eneo. Re is a Decenal, Alican e, 10-diciemb e-1896, pág. 306.
73
“C ónica ea al”, El Álbum Ibe o Ame icano, Mad id, 7-diciemb e-1896, pág. 8.
74
“Ace ca de El seño eudal”, El Impa cial, Mad id, 7-diciemb e-1896, pág. 1.
75
“A Dicen a. Mi b indis”, El Libe al, 16-diciemb e-1896, pág. 2.
17
¡Na u almen e! ¿Cómo ha de se lo, si el ambien e en que se mue en los
pe sonajes de El seño eudal es dis in o, si sus pasiones, si sus sen imien os son
o os, si es o a la endencia y el p ocedimien o?
Y que e medi un éxi o po o o, es emp esa imposible
76
.
Sob e la pues a en escena, la c í ica ha alo ado muy a o ablemen e la calidad
in e p e a i a de los ac o es:
Los in é p e es de El seño eudal esme á onse odos en el desempeño de la ob a:
lo mismo la S a. Cobeña, que es u o inspi ada como nunca lo ha es ado y que
ganó en buena lid los aplausos con que el público p emió su no able abajo en
a ias ocasiones, que los S es. Thuillie , Ma io y Vallés; de igual modo la S a.
Suá ez y el S . Cue as, que enca gado anoche de in e p e a un papel muy di ícil
demos ó que es, sin géne o alguno de dudas, un ac o muy bueno, que el S .
Balague , g aciosísimo, como siemp e, la S a. Cancio y el S . Valen ín
77
.
Eugénie Sancha Fe nández a i ma que la escenog a ía de El seño eudal es un buen
caso de e ismo. Emilio Ma io, po ejemplo, quiso insu la más ida a dos ob e os que
en el p ime ac o del d ama comían en silencio mien as dos pe sonajes in e ac uaban,
haciendo que ie an, que le an a an sus asos y que pa ie an pan
78
. Sin emba go, no
odo ue on acie os. Rica do Blasco ha señalado la al a de deco o en la indumen a ia
del pe sonaje de Pe a:
Po cie o que aunque en el d ama [Ma ía Cancio] ep esen a una pob e moza de
g anja, debe ene algunos posibles, si se juzga po la espléndida so ija que ado na
uno de sus dedos. Singula empeño es es e, que hemos no ado en muchos ac o es, y
una buena di ección de escena no debie a ole a , de no sepa a se sus joyas, po
humilde que sea el papel que les epa ie on
79
.
La ob a es u o ein iún días en ca ele a, del 2 al 22 de diciemb e. El 15 de
diciemb e se celeb ó en el es au an e del ca é Inglés un almue zo en hono a la úl ima
76
A . ci ., pág. 7.
77
C. F. S., “Veladas ea ales”, a . ci ., pág. 2.
78
Op. ci ., pág. 1686.
79
La Co espondencia de España, Mad id, 3-diciemb e-1896, pág. 2.
18
pieza de Joaquín Dicen a al que asis ie on pe iodis as, li e a os y ac o es amigos del
au o
80
. El menú lo componían pla os cuyos nomb es aludían a algunas de sus ob as:
Spolia ium de os as.
En emeses De la Ba alla.
To illa a lo Seño eudal.
Solomillo de I esponsables.
Mayonesa de Luciano.
Menes a a lo Juan José.
Pa ipollo con ensalada a lo Duque de Gandía.
Puding a lo We he .
Quesos y u as de La mejo ley.
Vinos: Blanco.—Tin o.—Champagne.—Ca é y lico es
81
.
Dicen a al inal omó la palab a pa a ag adece a odos el homenaje y, además, alo ó la
calidad de su úl ima p oducción:
Tan o más me complace es a mani es ación, cuan o ella me dice que engo
nume osos amigos; es a ies a no es la ies a del iun o de una ob a que yo sé que
es mala; cuando con un banque e análogo celeb abais el éxi o de Juan José,
con ieso que sen í halagada mi anidad; el banque e de hoy lo ag adezco más
po que ep esen a los a ec os del co azón
82
.
El día 19 un con a iempo di icul ó el anscu so no mal del segundo ac o de El
seño eudal. Emilio Thuillie su ió un síncope, cayendo inconscien e al suelo. El elón
se co ió y el ac o ue lle ado a su came ino. La ac iz Nie es Suá ez, que lo había
p esenciado odo en e bas ido es, su ió ambién un a aque de ne ios. G acias a la
asis encia médica odos es os p oblemas ue on sol en ados con apidez y la unción
pudo se eanudada
83
.
Todas las localidades del Tea o de la Comedia es u ie on ocupadas en la úl ima
ep esen ación del d ama, la del día 22, a bene icio del p opio au o . Los ac o es
80
Cien comensales, según “Un almue zo”, La Época, Mad id, 15-diciemb e-1896, pág. 3; ochen a, de
acue do con “Banque e a Dicen a”, El País, Mad id, 16-diciemb e-1896, pág. 2.
81
El País, ibidem.
82
Ibidem.
83
“Tea o de la Comedia”, El Libe al, Mad id, 20-diciemb e-1896, pág. 5.
19
o ecie on de nue o una excelen e in e p e ación y el público los aplaudió e usi amen e,
llegando a sali Dicen a a escena a ias eces al é mino de cada ac o. Después, el
esc i o ecibió egalos, en e ellos, una co ona de pa e de sus admi ado es y amigos y
dos ja ones de po celana de pa e de la emp esa del ea o
84
. Al día siguien e se es enó
La ie a, d ama de Beni o Pé ez Galdós
85
.
Ese mismo año, el 31 de diciemb e, se es enó con éxi o en el ea o P incipal de
Alican e
86
. En la p ensa ambién se habla de un es eno del d ama en San Sebas ián,
pe o no se especi ica la echa, pudiendo se a inales de 1896 o en los es p ime os días
del nue o año
87
. En 1897, El seño eudal con inuó siendo bas an e ep esen ada en
di e en es pun os de la geog a ía española, lo que indica ía que ue una ob a del gus o
del público. Es án documen ados los es enos en Cala ayud (5 de ene o)
88
, en Alican e
(6 de ene o, de nue o en el ea o P incipal)
89
, en Alcoy (16 de ene o)
90
, en Cas ellón de
la Plana ( echa pos e io al 29 de ene o)
91
, en Palma de Mallo ca (31 de ene o)
92
, en
Valladolid (ene o)
93
, en Guadalaja a ( eb e o, en el ea o P incipal)
94
, en Salamanca
(p obablemen e el 6 de eb e o, en el ea o del Liceo)
95
, en Se illa (25 de eb e o)
96
, en
Ba celona (28 de eb e o, en el ea o Romea)
97
, en Lugo (an es del 28 de eb e o, en el
ea o P incipal)
98
, en Je ez de la F on e a (a pa i del 17 de ab il, en el ea o
P incipal)
99
, en Sego ia (ab il o mayo)
100
, en Salamanca (12 de junio, o a ez en el
ea o del Liceo)
101
, en Badajoz (agos o, en el ea o López de Ayala)
102
, en Bilbao (5, 6
o 7 de sep iemb e)
103
, en Za agoza (oc ub e)
104
, en Mad id (23 de oc ub e, en el ea o
84
“Tea o de la Comedia”, El Libe al, Mad id, 23-diciemb e-1896, pág. 2.
85
“No icias de espec áculos”, La Co espondencia de España, Mad id, 21-diciemb e-1896, pág. 2.
86
“El seño eudal”, El Libe al, Mad id, 1-ene o-1897, pág. 3.
87
“Di e siones públicas”, La Época, Mad id, 4-ene o-1897, pág. 3.
88
El Co esponsal, “Juan José en Cala ayud”, El Libe al, Mad id, 4-ene o-1897, pág. 2.
89
“Alican e”, La Co espondencia Alican ina, Alican e, 6-ene o-1897, pág. 2.
90
“Sección de espec áculos”, El Impa cial, Mad id, 18-ene o-1897, pág. 2.
91
“Di e siones públicas”, La Época, Mad id, 29-ene o-1897, pág. 3.
92
Filemón [seud. de Juan Tomás y Sal any], “El seño eudal”, El Libe al, Mad id, 31-ene o-1897, pág.
5.
93
“Di e siones públicas”, La Época, Mad id, 1- eb e o-1897, pág. 3.
94
El Co esponsal, “El seño eudal”, El Libe al, Mad id, 14- eb e o-1897, pág. 5.
95
“C ónica local y gene al”, El Adelan o, Salamanca, 5- eb e o-1897, pág. 3.
96
Ma iano de Ca ia, “En hono de Dicen a”, El Impa cial, Mad id, 24- eb e o-1897, pág. 2.
97
“Tea o Romea”, La Vangua dia, Ba celona, 1-ma zo-1897, pág. 3.
98
“Co eo de ea os”, El Globo, Mad id, 28- eb e o-1897, pág. 3.
99
“En e bas ido es”, El Libe al, Mad id, 17-ab il-1897, pág. 3.
100
“C ónica”, El Adelan ado, Sego ia, 6-mayo-1897, pág. 3.
101
“Tea o del Liceo”, El Adelan o, Salamanca, 13-junio-1897, pág. 2.
102
“Tea o en p o incias”, La Co espondencia de España, Mad id, 19-agos o-1897, pág. 1.
103
“Es adís ica ea al”, El Día, Mad id, 19-sep iemb e-1897, pág. 3.
104
“C ónica”, La Au onomía, Reus, 13-oc ub e-1897, pág. 3.
20
de No edades)
105
, en Toledo (10 de no iemb e, en el ea o de Rojas)
106
y en Vigo (27
de diciemb e, en el ea o Tambe lick)
107
.
En los años siguien es, la pieza de Dicen a siguió ep esen ándose, aunque cada
ez con meno ecuencia. En Valencia, con mo i o del 1 de mayo del año 1935, Unión
Radio Valencia hizo una ep esen ación adio ónica de El seño eudal a las nue e y
media de la noche, in e umpiéndola a las diez pa a da las no icias y con inuándola
después
108
. Una ez que es alla la Gue a Ci il, el d ama deja de subi se a los
escena ios
109
. Du an e el égimen anquis a, an solo he hallado una e e encia a una
ep esen ación de El seño eudal, en los 60
110
, y desde en onces, la ob a ha caído en el
más absolu o ol ido.
El éxi o de El seño eudal es a alado no solo po la can idad de ep esen aciones
que u o, sino ambién po el hecho de que ue pa odiado y adap ado al cine. La
pa odia, Lo senyo del pis de dal , de Lluis Millá, se es enó el 16 de ab il de 1898 en el
Ci co Espanyol
111
. La película homónima, di igida po Agus ín Ga cía Ca asco, io la
luz el 27 de no iemb e de 1926 en el cine Ideal de Mad id
112
. Asimismo, su con enido
social y e oluciona io ue is o po algunos como una amenaza, po eso los alcaldes de
Palma o Mahón p ohibie on que la ob a se ep esen a a en la ciudad (jun o con Juan
José y Ma ía Rosa)
113
. Dicen a, en una ca a a los di ec o es de El Libe al y de El País,
en la que mues a su descon en o po la p ohibición de sus ob as, conside a que es un
a en ado con a sus de echos y c ee que es a opelía “exige una esolución ené gica po
pa e de los au o es d amá icos, una se e a ep esión po la de aquellos que ienen
au o idad pa a ep ende a quienes en al o ma usan del ca go que indudablemen e po
105
“Di e siones públicas”, La Época, Mad id, 22-oc ub e-1897, pág. 3.
106
El Co esponsal, “El seño eudal”, El País, Mad id, 11-no iemb e-1897, pág. 3.
107
“No icias de espec áculos”, La Co espondencia de España, Mad id, 29-diciemb e-1897, pág. 3.
108
“Valencia”, Ondas, Mad id, 27-ab il-1935, pág. 12.
109
La úl ima ep esen ación de la que he hallado cons ancia en la p ensa an es de la dic adu a u o luga
en el Tea o Pa ón, en Mad id, el 26 de mayo de 1937. Ve “Espec áculos pa a hoy”, La Libe ad,
Mad id, 26-mayo-1937, pág. 3.
110
Conc e amen e el 21 de no iemb e de 1963, en el salón de ac os del Ins i u o Municipal de Educación
(Mad id), como se indica en “El seño eudal, de Joaquín Dicen a, en el Aula de Tea o”, ABC, Mad id,
20-no iemb e-1963, pág. 82.
111
‘El seño del piso de a iba’. Da o apo ado po F ancisca Íñiguez Ba ena, op. ci ., pág. 60.
112
La in o mación la he ex aído de la icha de la base de da os de la Biblio eca Vi ual Miguel de
Ce an es Adap aciones de la li e a u a española en el cine español. Re e encias y bibliog a ía, di igida
po Glo ia Cama e o Gómez. Si se desea consul a , solo hay que acudi al siguien e enlace:
h p://www.ce an es i ual.com/po al/alece/pcua oni el.jsp?con en= icha& icha=pelicula&nompo al=
alece&id=1648.
113
José de Lase na, “Ju isdicción concejalesca”, El Impa cial, Mad id, 30-ene o-1897, pág. 1. En es e
medio se a i ma que el esponsable de la p ohibición ha sido el alcalde de Palma, pe o en los pe iódicos
ci ados en la siguien e no a se señala al de Mahón.
21
dis acción les ue con e ido”. Añade es a anquilo en an o que “la Comisión de
au o es d amá icos p ocede á en es e asun o”
114
.
Resul a llama i o el con as e en e la ausencia de cobe u a pe iodís ica de las
ediciones del d ama y la ingen e can idad de da os sob e las ep esen aciones del mismo
en las di e sas heme o ecas consul adas. No obs an e, g acias a los da os que o ecen el
ca álogo de la Biblio eca Nacional, el Ca álogo Colec i o del Pa imonio Bibliog á ico
Español, la Red de Biblio ecas y A chi os del CSIC, el Ca álogo de ob as de ea o
español del siglo XX edi ado po la Fundación Juan Ma ch
115
y el Manual del lib e o
hispanoame icano de An onio Palau y Dulce
116
, he podido elabo a la siguien e
elación. En diciemb e de 1896, inmedia amen e después de su es eno, se lle a on a
cabo dos ediciones de El seño eudal, ambas en la imp en a de R. Velasco. Diez años
después, ambién en Mad id, ci cula una nue a edición del d ama, de la mano de la
misma imp en a. En 1913, la ob a se edi a de nue o en la capi al (Sociedad de Au o es
Españoles) y en Ba celona (imp en a de Félix Cos a). En 1915, en la imp en a de R.
Velasco, se ealiza o a edición y en Mad id, dos años después de es a y es meses
después de la mue e del au o , ol e á a edi a se el d ama den o de la se ie La No ela
Co a. La úl ima edición de la que engo cons ancia es del año 1930 y io la luz en
P ensa Mode na.
4.2. SIGNIFICADO DEL TÍTULO
El í ulo de la ob a emi e a uno de los modos de o ganización más dis in i os de
la Edad Media: el eudalismo. De hecho, a pesa de que la acción suceda en el siglo
XIX, el sis ema social y económico que p esen a es el p opio del égimen eudal: una
pi ámide, en cuya cúspide se si uaba el seño , dueño del e eno, y en cuya base es aba
el campesinado, escla izado y anal abe o.
El í ulo, asimismo, alude a un pe sonaje conc e o de la ob a: el seño Roque. El
d ama u go a agonés en sus o os d amas comúnmen e conside ados sociales po la
c í ica se e e ía con el í ulo al pe sonaje p o agonis a, un miemb o de la clase
abajado a: el albañil Juan José, la cos u e a Au o a y el mine o Daniel. Sin emba go,
el d ama que se analiza no se i ula ni “Jaime” ni “Juana”, sino El seño eudal. De es a
114
“Una ca a de Dicen a”, El Libe al, Mad id, 30-ene o-1897, pág. 1, y El País, Mad id, 30-ene o-1897,
pág. 1. En ambos pe iódicos, Dicen a publica la misma ca a.
115
Mad id, Fundación Juan Ma ch, 1985, pág. 115.
116
Ba celona, Lib e ía Palau, 1951, Tomo IV, pág. 441.
22
mane a, más que e e i se al p o agonis a, Dicen a señala al an agonis a, Roque, un
nue o ico que insensiblemen e i aniza al pueblo. Él es el seño eudal, el seño que
posee la ie a, que la cede pa a que sea lab ada y que abusa sin piedad de su mano de
ob a. Él es el ey de las iñas, pe o un ey pos izo, pues o que no p ocede de un ilus e y
ele ado abolengo, sino del mismísimo ondo de la je a quía social, un o igen humilde
del que a a á de des incula se po odos los medios posibles.
4.3. ESTRUCTURA EXTERNA E INTERNA
Ex e namen e, al igual que Juan José y Au o a, El seño eudal p esen a una
es uc u a ipa i a, pues cons a de es ac os esc i os en su o alidad en p osa, dado que
la p osa se ajus a mejo que el e so al ca ác e ealis a del ea o social. Si bien en los
ac os no hay ninguna mu ación (y, po an o, ningún cuad o), sí se subdi iden en
escenas: quince el p ime o, once el segundo y nue e el úl imo. Todos los ac os inalizan
melod amá icamen e con una escena climá ica. Como elemen os p elimina es, enemos
una no a echada en diciemb e de 1896, en la que Dicen a dedica la ob a a odos los
ac o es que han in e enido en su es eno, sob e odo a Ca men Cobeña, “quien,
enca nando a ma a illa el ca ác e de la p o agonis a, ha llegado con la ealidad donde
yo no me hubiese a e ido a llega con el deseo”
117
; y ambién un d ama is pe sonae, un
lis ado en el que igu an los pe sonajes que apa ecen en el d ama y los apellidos de los
ac o es que los enca na on en el es eno.
Po lo que espec a a la es uc u a in e na, muchos es udiosos han señalado que El
seño eudal p esen a bas an es simili udes con las agicomedias de hono de nues o
Siglo de O o. Po ejemplo, Jaime Mas Fe e dice que
Joaquín Dicen a se ciñe muy ajus adamen e al esquema del hono igen e desde el
siglo XVII, a sabe :
—Violación de la muje , sin que impo e su consen imien o o su esis encia.
—La muje es la íc ima, pe o el o endido es:
—En caso de chica sol e a y i gen, el pad e o el he mano.
—En caso de muje casada, el ma ido
118
.
117
Joaquín Dicen a, El seño eudal, Mad id, Imp. de R. Velasco, 1896, pág. 5. Todas las ci as de El
seño eudal se hacen sob e es a edición. A pa i de aho a, pa a e i a no as innecesa ias, indica é la
página en e pa én esis as la ci a.
118
Op. ci ., pág. 143.
23
Sin emba go, han sido pocos quienes lo han es udiado en p o undidad. Mas Fe e
expone b e emen e que hab ía un acon ecimien o que pe mi i ía di idi la ob a en dos
pa es: la pé dida del hono . De es e modo, lo acon ecido an es se co esponde ía con la
p esen ación de la bondad de Jaime y la maldad de Ca los y lo sucedido después se ía la
enganza y el in en o de consegui una nue a o ma de ida
119
. No obs an e, c eo que se
pod ía da un paso más y a i ma con segu idad que la o ganización de la ma e ia
d amá ica de El seño eudal esponde al mismo esquema, mu a is mu andis, que
a iculaba los d amas de hono . Es e aspec o ya ha sido es udiado po José Se e a Baño
y Pa icia T ape o en la pieza más conocida de Dicen a. Es os ecue dan en su es udio
que los d amas de hono áu eos poseían “1.º) un plan eamien o b e e, 2.º) un desa ollo
amplio y 3.º) un desenlace p ecipi ado; sin coincidi necesa iamen e con cada uno de los
ac os”
120
. Nues o au o inco po aba a esa pa icula es uc u a in e na la p oblemá ica
social
121
. A con inuación, eniendo en cuen a es o, p opongo una di isión in e na de la
ob a que, e ec i amen e, se ajus a al esquele o básico de es a modalidad d amá ica que
an amplio cul i o u o en el Ba oco po au o es como Lope de Vega y Calde ón de la
Ba ca:
a) Plan eamien o o p ó asis: las es p ime as escenas del ac o I. En ellas se nos
in oduce en el mundo ag a io andaluz del siglo XIX y se plan ea el ema
amo oso (una posible elación en e Ca los, hijo del S . Roque, y Juana, hija del
ío Juan) y los p oblemas que conlle a.
b) Desa ollo o epí asis: el es o del ac o I, el II ín eg amen e y las cinco p ime as
escenas del úl imo. El S . Roque e ela a su hijo su plan de casa lo con Ma ía,
nie a del Ma qués de A ienza, pa a ob ene su í ulo nobilia io; Jaime, he mano
de Juana, llega de la ciudad con una ac i ud comp ome ida con la causa social; el
Ma qués se opone adicalmen e al comp omiso de su nie a; Ma ía acep a casa se
con el hijo del S . Roque, después de se amenazada po es e; Juana es
deshon ada as se abandonada po Ca los y su he mano lo descub e; Ca los
eg esa de Mad id al cabo de quince días pensando que pa a en onces Juana se
hab á esignado.
c) Desenlace o ca ás o e: las es an es escenas del ac o III. Jaime, desespe ado, se
p oclama de enso de la hon a de su he mana, de su pad e, de su di un a mad e y
119
Ibidem, pág. 142.
120
Véase José Se e a Baño y Pa icia T ape o, “Sen ido y es uc u a de Juan José, de Joaquín Dicen a”,
Epos. Re is a de Filología, nº 9 (1989), pág. 210.
121
Ibidem, pág. 201.
24
de la suya p opia, y decide enga se. Finalmen e, se en en a a Ca los y acaba á
asesinándolo den o de la bodeguilla.
En consecuencia, obse amos un plan eamien o ápido que, en pocas páginas, nos
p esen a a los p incipales pe sonajes in oluc ados en la ama, explicándonos la
p ehis o ia del con lic o y la si uación ac ual; un desa ollo dila ado en el que los
acon ecimien os se an complicando, y un desenlace ab up o, manchado de sang e.
Es, asimismo, una es uc u a ce ada, ya que la ob a o ma al inal una unidad
comple a. Su desenlace es con unden e y de ini i o: el p oblema acaba solucionándose
de una mane a iolen a, con el asesina o del seño i o.
4.4. UNIDADES DRAMÁTICAS
El obje i o que pe segui é en las sucesi as páginas se á el de es udia el
a amien o que Joaquín Dicen a hace de las unidades d amá icas de acción, iempo y
luga en su Seño eudal.
4.4.1. Unidad de acción
El a gumen o de El seño eudal es el siguien e: Jaime eg esa a su pueblo
después de ocho años de ausencia, du an e los que ha abajado en una áb ica de una
ciudad, log ando el pues o de p ime maquinis a. En onces se ho o iza á al comp oba
las p eca ias condiciones en que i en y abajan los campesinos po culpa del S .
Roque, un bu gués que se ha adueñado de las ie as. Po o o lado, el anuncio de la
boda en e Ca los, hijo de Roque, y Ma ía, nie a del empob ecido Ma qués de A ienza,
que ha sido o zada a acep a el enlace, hace que Juana des ele a Jaime que ha sido
deshon ada po el jo en bu gués. En u ecido, el maquinis a ma a á a Ca los y acaba á
con la i anía del seño eudal.
La unidad de acción, po an o, se ompe, dado que, a g andes asgos, dos núcleos
emá icos, la cues ión social y la cues ión amo osa, a iculan el d ama, como es udia é
con más de enimien o en el apa ado de la emá ica.
31
El e a enien e Roque es el an agonis a del d ama, “a c uel and insensi i e man,
who is blind o he su e ing o his wo ke s, e en hough he once was one o hem”
135
.
De nue o, es Blas quien en la escena III del p ime ac o cuen a la humilde condición de
la que p o enía el seño eudal: “El seño Roque ha sío un es ipa e ones como
noso os; pe o ha sabío subi dende c iao del seño Ma qués a amo de oo lo que debía
se del seño Ma qués y de su nie a” (pág. 14). En la misma escena, Pe a explica los
medios que le han alido pa a p omociona socialmen e: “¿Y cómo ha subío? Robando
al seño Ma qués y al di un o pad e é la seño i a Ma ía” (pág. 14). En la escena VII del
ac o I, el p opio Roque le ela a a su hijo su his o ia: “Aun no había cumplido los ein e
años cuando en é en la casa del Ma qués. En é de mozo de caballos, con es du os de
soldá. Qué p incipio, ¿eh? Yo abajo en e las bes ias y ellos a iba en e los p íncipes y
los eyes” (pág. 19). Más adelan e añade que
dende que en é en casa del Ma qués, y í aquel lujo y quella mani icencia y aquel
ene a mano las sa is acciones oas de la ida, sen í un… un… […], como un
ma eo, como un ape i o muy g ande en la cabeza; ganas de iguala me con aquella
gen e que apenas sabía mi nomb e; ansia de que lo suyo uese mío; de que
es u iesen a me cé mía: de se el único amo yo, que e a el úl imo c iao (pág. 19).
Pe o en onces no sen ía odio hacia sus seño es, es e ino cuando, as se ascendido a
mayo domo del pad e de Ma ía, u o una dispu a con él: “le con es é yo mal, y él,
le an ando un junco que lle aba en la mano, y que enía g abada la co ona de Ma qués
en el puño, me lo hizo cachos en las cos illas” (pág. 20). Pe o ue as u o: en luga de
ac ua con iolencia, decidió gana se la con ianza del ma quesi o y
adi ina sus meno es cap ichos, y anda de cabeza po él, y se su c iao de
con ianza. ¿Que necesi aba dine o? Roque se lo buscaba a cualquie p ecio. ¿E a
un enca go de comp omiso? ¿una comisión delicáa? Los desempeñaba Roque; y
Roque, el pob e Roque (Con i onía.) iba haciendo su paco illa, mien as el amo iba
me mando su caudal; y andó el iempo y ui su mayo domo; y co ie on los años y
me nomb ó su adminis ado y u e las lla es de su caja; y en é con mis manos las
esc i u as de sus incas; y siguió el amo necesi ando dine o, po que el homb e e a
una esponja pa aga dine o y pa escu i lo; y seguí yo acili ándoselo, solo que ya
135
“un homb e c uel e insensible, ciego al su imien o de sus abajado es aunque una ez uese uno de
ellos”. Ibidem, pág. 115.
32
no e a de o os, sino mío el dine o, que yo le daba po medio de un es a e o con
in e és c ecío, con hipo ecas sob e las incas; y el o o que había en su caja de hie o
pasó a mis a cones de made a; y las esc i u as de las incas se eno a on a mi
nomb e, y ocasión hubo en que el noble, el po en ado, el caballe o, u o que
suplica me casi de odillas, unos miles de du os; ¡y el noble se a uinó y el c iao
ue amo! (págs. 21-22).
Su úl ima ambición es a eba a le al Ma qués el í ulo nobilia io, po eso quie e
“que un nie o del c iao lle e en su mano, po de echo p opio, el puño del bas ón con que
apaleó a su agüelo el hijo del seño Ma qués” (pág. 21). Pa a ello iene pensado casa a
su hijo con Ma ía, p opósi o que log a al amenaza la con la uina de su abuelo, que
“necesi ó el año pasao diez mil du os, y yo se los di sob e sus incas, con la condición, a
es o lo llaman pac o de e o, de que si al año no me los de ol ía, sus incas, amos, el
cas illo y las ie as, e an pa a un se ido de us é. El año se cumple den o de es
semanas” (pág. 35). No obs an e, se p esen a a sí mismo como un hipóc i a cuando le
dice a Juana: “esa es la obligación del c iao y de óo el que si e y pende de o o;
espe a le y obedece le y con o ma se con su sue e y con lo que al amo se le an oje
da le; esa, y no hace se ilusiones y i a las pa as po el al o y las in enciones po las
nubes” (pág. 23). To en e Balles e c ee que es o se debe a que ha desa ollado ideas
p opias de la a is oc acia, más que de la bu guesía, que acep aba con na u alidad la
p omoción de las clases in e io es
136
. Finalmen e, en el momen o en que pa ecía que iba
a cumpli su sueño de empa en a con la nobleza de sang e, su hijo se á asesinado en la
cuba, mu iendo con él sus espe anzas.
Juana es el pe sonaje emenino que más ele ancia iene den o del d ama,
p o o ípico del ea o social. Dos son los asgos que ca ac e izan su pe sonalidad: su
ingenuidad y su mal empe amen o. Si su he mano pa ió a la ciudad, ella pe maneció
en el pueblo. Al comienzo del d ama, Blas, Pe a y los abajado es comen an el ex año
compo amien o de la muje . El abajado 1.º a i ma que Juana “es á más ce il que una
cab a” (pág. 10), po que ehúye de la compañía de los aldeanos, y Blas c ee que “esos
epulgos son po que no la gus amos noso os, po que pica más al o” (pág. 10). En onces
e ela uno de los mo o es más impo an es de la pieza: la elación en e Juana y Ca los.
Unos seis meses an es al inicio de la acción, Ca los empezó a co eja a Juana, y, a pesa
136
Op. ci ., pág. 61.
33
de que al p incipio ella huía de él, acabó sucumbiendo an e sus encan os. Jaime es quien
econs uye el p oceso de co ejo en la escena XI del segundo ac o:
Se ace có a i; a la muje hecha a i i en la con ianza en plena luz, lejos de las
aiciones y de las men i as del mundo; e habló de amo , e hizo c ee que su
ca iño se ía e e no; que nada ni nadie os podía sepa a en el mundo; e lo ju ó po
Dios, […] y ú le c eís e, ¿no es eso? (pág. 61)
El amo que sien e po Ca los es inconmensu able; sin emba go, ella an solo ha
sido un cap icho, un en e enimien o pa a Ca los. Cuando es e in en a da le la gas en la
escena IX del ac o I, Juana, en una an icipación del desenlace unes o del d ama, le
amenaza de la siguien e mane a: “¡Mi a, Ca los, más e quie o mue o que ajeno!” (pág.
27). Juana es “la moza que se lo en ega odo, incluso su hono , sin sabe que en el
mundo exis en engaños y men i as”
137
. T as conoce se el p oyec o ma imonial que el
seño eudal planea pa a en onca con la a is oc acia, Juana desca ga su i a con a
Ma ía, a quien conside a su i al en la compe ición po la conquis a de Ca los, sin
comp ende que es ambién una íc ima de la maldad de los bu gueses. Una ez que el
enlace se hace público, es alla y cuen a a su he mano lo sucedido. Su he mano no c ee
que Juana sea culpable: “¡Te absuel e u igno ancia, como le condena a él su engaño!”
(pág. 62). Juana po in ab e los ojos y comp ende la malicia de Ca los, y cuando en la
sép ima escena del ac o inal es án ca a a ca a los an iguos aman es, es a le dice: “no
engo más que a dici e una cosa; que e es un mal ao, y que es as maldades uyas no se
puén quea asín. ¡No; us maldaes piden enganza, y la end án!” (pág. 75). El seño i o
le p ome e segui iéndola y sus en a la económicamen e después de casa se con la
ma quesa, a lo que Juana esponde u iosa: “¿De moo que no e bas a se in ame
conmigo y quie es se lo amién con la o a?” (pág. 76). Poco después ei indica su
dignidad: “¡Con oo el o o del mundo no comp as mi hon a ú! ¡Las muje es como yo
dan la hon a, no la enden! ¡Yo he podío da e la mía, endé ela nunca!” (pág. 76). Y,
inalmen e, exige a su he mano la mue e de Ca los, deseo que acaba cumpliéndose.
Ca los “es un pe ec o imbécil”, comen a explíci amen e To en e Balles e
138
, “el
p o o ipo del seño i o cha án andaluz, hecho a imagen y semejanza de su pad e y a la
clase a la cual pe enece, con sus mismos hipóc i as ideales, sus mismos egoísmos,
137
Jaime Mas Fe e , op. ci ., pág. 146.
138
Op. ci ., pág. 61.
34
e c.”
139
. A di e encia de su pad e, Ca los ha c ecido en un ambien e en el que ha gozado
de odos los p i ilegios de la cada ez más ue e bu guesía. G acias a ello, Roque ha
podido cos ea le es udios en Mad id. Sus acciones lo desc iben como un pe sonaje
desp eciable: es egoís a, men i oso y coba de. Es un egoís a po que ha engañado a la
ingenua Juana, ju ándole amo , pa a ap o echa se de ella, impo ándole poco los
sen imien os de la jo en moza: “¡Pch s!... (Con indi e encia.)” (pág. 22) es lo que
esponde cuando su pad e le o dena ompe los ínculos que man iene con ella. Es un
men i oso po que, po ejemplo, al in en a pone in a la elación, cumpliendo así el
manda o pa e no, uel e a p ome e le amo (escena IX, ac o I, pág. 26):
CARLOS No, Juana, no. ¡Te dije que e que ía y no e men í!
JUANA ¿De e as?
CARLOS De e as; e lo ju o. Aun cuando lo exigie a el mundo; aunque lo
manda a mi pad e, no e abandona ía; esis i ía su manda o y me
nega ía, y lucha ía has a el úl imo ins an e, has a que no pudie a más.
Y es un coba de po hui del pueblo du an e dos semanas con el p opósi o de que a
Juana se le pasase el en ado p o ocado po el anuncio de su comp omiso con Ma ía. Su
asesina o den o de la cuba se á la lógica consecuencia de la jus icia poé ica po su
conduc a ep obable.
Apa e de es os pe sonajes con mayo peso a gumen al, debe abo da se el es udio
de los es an es po que ambién con ibuyen al desa ollo de la acción y al desenlace
ágico del d ama. Dicen a dibuja a su Ma qués de A ienza como un pe sonaje
simpá ico: el T abajado 2.º hace hincapié en su bondad (pág. 14) e incluso el indómi o
Jaime compa e es e pensamien o y po ello consien e qui a se el somb e o cuando el
anciano a is óc a a apa ece en la escena XIII del ac o I. Po an o, se obse a que
Dicen a no encauza su c í ica con a la nobleza de sang e, sino con a la nue a
bu guesía ca en e de esc úpulos. Los es udiosos de la ob a han dado di e en es
explicaciones a es e hecho. Pa a Mas Fe e , que Dicen a zahie a a los bu gueses y no a
los nobles, se explica ía po “sus o ígenes amilia es, ya que an o po pa e pa e na
como ma e na descendía de la nobleza”
140
. To en e Balles e a gumen a que el
d ama u go a agonés no ca ga las in as con a la a is oc acia, po que e a “ espe uoso de
139
Jaime Mas Fe e , op. ci ., pág. 146.
140
Ibidem, pág. 145.
35
la eligiosidad y, en gene al, de los alo es adicionales más ele ados”
141
. Richa d
Be y Klein explica es e hecho po a a se El seño eudal de un d ama compues o
cuando la ideología social del au o oda ía no se había consolidado plenamen e
142
.
A mi juicio, aunque el suyo sea un papel secunda io, el pe sonaje de Ma ía esul a
bas an e in e esan e. La in ancia de la nie a del Ma qués de A ienza ha anscu ido
sumida en la desg acia, po eso es conscien e de la malicia del S . Roque, esponsable
de la uina de su amilia. Se mues a como una muje esuel a y con ca ác e en su
o unda nega i a an e la posibilidad suge ida po el seño eudal de un enlace con
Ca los: “¿Po qué? ¡Po que no le quie o! ¡Po que no le puedo que e , po que es á muy
lejos de mí po su ca ác e y po sus sen imien os; po eso! ¡Y si eso no bas a a, que
sob a, po que es hijo uyo!” (pág. 53). Lo llama i o de es e pe sonaje es su caso
singula den o del con ex o del ea o social. Como dije, en las piezas sociales lo
habi ual e a que no hubiese muje es ebeldes, y en es e sen ido, Ma ía cons i uye una
excepción, pues no se amed en a an e el S . Roque ni acep a la si uación que
despó icamen e a a de impone le. Asimismo, ambién apun é que los pe sonajes
emeninos de es e subgéne o d amá ico pe dían la hon a, siendo un pa ien e a ón el
enca gado de ecupe a la; sin emba go, Ma ía uel e a con a eni la no ma gene al:
ella se e ige como la de enso a de la hon a de su abuelo. Po es a azón acep a el
ma imonio que el S . Roque ha planeado, po e i a la e güenza de su abuelo al pe de
el cas illo una ez que el mal ado e a enien e haga cumpli el pac o de e o en a que
el anciano Ma qués i mó un año a ás. De hecho, ella deja cla o que, de no se po su
abuelo, no eme ía lo que el S . Roque pudie a hace le: “¡Déjanos en nues a pob eza;
déjale que mue a anquilo; déjame a mí que cie e sus ojos, y haz después lo que
quie as!” (págs. 56-57). O o signo de ebeldía en Ma ía se mues a en el hecho de que
log a impone su “ olun ad” (una olun ad o zada) sob e la de su abuelo, aliéndose
del ca iño que el anciano a is óc a a le p o esa, pa a consegui que dé el is o bueno a
sus nupcias con Ca los.
El ío Juan, adminis ado de la inca de Roque, es la “pe soni icación de la
since idad e ingenuidad”
143
. Al igual que el es o de los campesinos del pueblo, ca ece
de conciencia social y i e explo ado y amansado po el amo de la ie a. En egado
plenamen e al abajo, no solo no ha eje cido el papel de pad e con Jaime y Juana, sino
141
Op. ci ., pág. 63.
142
The De elopmen o Realism in La e Nine een h-Cen u y Spanish D ama, Ann A bo , Uni e sidad de
Illinois, 1975, pág. 130. Ci ado po Le icia McG a h, op. ci ., págs., 116-117.
143
Jaime Mas Fe e , op. ci ., pág. 146.
36
que además “a su muje la hizo ajina como una bes ia diquiá que e en ó é cansancio”
(pág. 10) y a su hijo Jaime lo ponía a ca a du an e odo el día. La elación en e Juan y
su hijo no es muy buena: Juan c ee que Jaime solo le p opo ciona “esgus os” (pág. 28).
Ni la decisión de su hijo Jaime de ma cha a la ciudad ni la ac i ud i e e en e que
mani ies a an e los seño es ha sido de su ag ado. Jaime sabe que pa a su pad e él y su
he mana an después del amo, y en el ondo sien e lás ima po él. “Tío Juan’s
subse ien ela ionship o Roque is documen ed h oughou he d ama o indica e he
agic injus ice o an hono able man who is o ced o se e a co up new membe o he
bou geois”
144
.
La pa eja o mada po Blas y Pe a desempeña la misma unción que la del
g acioso o donai e de nues o ea o ba oco. Des acan po su comicidad, p agma ismo y
cu iosidad inna a, asgo es e que pe mi e ac ualiza los hechos del d ama. Mien as que
Blas es ocioso, Pe a es diligen e; de hecho, es ella quien cons an emen e le ep ende
po su gandule ía. Pe a ac úa como la con iden e de Juana, aconsejándole que no pene
po Ca los y se ol ide de él, ya que hay muchos más homb es en el mundo: “¡Seis
[no ios] he enío yo denan es de co eja con Blas, y me han dejao y los he dejao, y al
mes, an con o mes los dos! ¿Se a uno? ¡O o al pues o!” (pág. 42). Po lo que espec a
a Blas, lo más ca ac e ís ico es su ape i o insaciable; po ejemplo, en la úl ima escena
del p ime ac o, en medio de la conmoción gene ada du an e el almue zo al descub i se
la in ención de Roque de casa a su hijo con la nie a del Ma qués, dice a su p ome ida:
“Come, chica. Allá ellos. Come. Es a es la ho a de gana una cucha á de gazpacho”
(pág. 38). Del mismo modo que el g acioso del Siglo de O o suponía un desdoblamien o
de su seño , Blas es un desdoblamien o i ónico y humo ís ico del p o agonis a, Jaime;
en es e caso, la inalidad del ecu so no es la de p opicia el diálogo, sino la de sub aya
de una mane a cómica las di e encias en e Jaime y Blas en las simili udes que es e
úl imo a i ma ene con el p ime o, ya que ambos poseen “ alen o, es ución” (pág. 69).
A su ez, es una he amien a de denuncia social del anal abe ismo ex endido en e los
miemb os de las clases más humildes.
Po úl imo, ambién es impo an e menciona que a la ca ac e ización de los
pe sonajes con ibuye la u ilización de los di e en es modos de habla que es os poseen:
144
“La elación de subo dinación del Tío Juan a Roque es documen ada a lo la go del d ama pa a indica
la ágica injus icia de un homb e hones o que es o zado a se i a un co up o nue o miemb o de la
bu guesía”. Le icia McG a h, op. ci ., pág., 117.
37
Fo example, he e is a pe cep ible di e ence in Roque’s speech and he Ma qués’s
manne o speaking. T ue o his cha ac e , Roque’s language is p e en ious and
supe icial, s ill e lec ing his yea s as a Fa me . The Ma qués, on he o he hand,
uses pe ec g ama ical cons uc ions and always appea s collec ed and
in elligen .
145
4.6. TEMÁTICA
Dos es uc u as emá icas ín imamen e elacionadas e eb an El seño eudal:
una supe icial, la ama amo osa; y o a p o unda, la ama social. Es e aspec o ha sido
es udiado en Juan José po Jaime Mas Fe e en el ci ado es udio sob e la ida y la
p oducción del d ama u go a agonés
146
. Las dos amas se desa ollan en pa alelo a lo
la go del d ama, has a que acaban con e giendo en el desenlace: el asesina o del
seño i o i ano, un desenlace que no se pod ía en ende si sup imié amos alguna de
ellas, como explica é más adelan e. Cada es uc u a, a su ez, con iene una se ie de
emas elacionados.
La ama p o unda es á “ca ac e izada po la lucha de clases, con lic o social y
jus icia social”, esul ado lógico de “una sociedad injus a” que e a a á de un modo
ealis a
147
. A con inuación, se analiza án los emas y las denuncias sociales que es a
es uc u a aba ca, muchos de los cuales habían sido ya abo dados po Dicen a en ob as
an e io es.
En p ime luga , hab ía que menciona la explo ación de los abajado es
ag ícolas. En boca de Jaime pond á Dicen a odas las c í icas sociales de El seño
eudal. Jaime se compadece de sus ecinos: “esos in elices que abajan como bes ias
pa a gana se un mend ugo de pan” (pág. 69), escla izados po los dueños de las ie as.
La explo ación a ec a an o a adul os como a niños, que se en o zados a abaja en
pésimas condiciones labo ales pa a ob ene un míse o jo nal con el que pode palia el
hamb e. Jaime, que ambién ue íc ima de es e p oblema en su niñez, cuen a el
su imien o que padecie on sus amilia es du an e muchas gene aciones al se
i anizados po los amos.
145
“Po ejemplo, hay una di e encia pe cep ible en e el discu so de Roque y la o ma de habla del
Ma qués. Fiel a su ca ác e , el lenguaje de Roque es p e encioso y supe icial, e lejando oda ía sus años
como g anje o. El Ma qués, po o o lado, usa pe ec as cons ucciones g ama icales y siemp e apa ece
se eno e in eligen e”. Le icia McG a h, ibidem, pág., 115.
146
Op. ci ., pág. 109.
147
Ibidem.
38
En segundo luga , apa ece el ema de la al a de compasión de los seño es. Al
ascende den o de la pi ámide social, Roque ol ida sus o ígenes y no sien e empa ía
con su an igua clase; es más, en ez de busca mane as con las que mejo a la ida de
los campesinos, acaba á po con e i se en un dic ado que insul a y a a mal a odos
sus subo dinados. Pe o no hay que ol ida que Roque, que ue sie o an es de se amo,
ambién su ió los malos a os de su supe io , el pad e de Ma ía, quien, as una
dispu a, le golpeó con un bas ón en las cos illas, haciéndolo pedazos.
Igualmen e impo an e es la ausencia de conciencia social en e los explo ados.
Todos los ag icul o es, en especial el ío Juan, acep an con na u alidad las du as
condiciones labo ales a las que son some idos, conside ándolas obligaciones inhe en es
a la clase en la que han nacido. Blas llega a deci le a Jaime lo que sigue: “¿Pues si esos
no hacie an lo que hacen [ abaja como bes ias], qué iban a hace ? ¿Son unas
caballe ías? ¡Como a caballe ías hay que a a los!” (pág. 69). Los abajado es
alienados son animalizados, equipa ados con el ganado, del que apenas se di e encian.
Relacionada con el p ime ema social mencionado es a ía la ex ensión del
anal abe ismo en e las clases sociales más humildes. Sal o Jaime, Ca los y los nobles,
el es o de los habi an es del pueblo que in e ienen en la ob a son anal abe os. Los
p ime os han encido es a lac a po di e en es mo i os: Jaime, po habe enido
inquie udes in elec uales desde su niñez y habe ma chado a la ciudad pa a lab a se un
u u o dis in o al que le depa aba en su aldea; Ca los, po la desahogada si uación
económica que ha conseguido su pad e, posibili ando sus es udios en Mad id; po
úl imo, los nobles p ecisamen e po su condición social han debido educa se con unos
alo es dis in os a los del pueblo llano. Una de las azones del anal abe ismo es la
explo ación a la que los ag icul o es es aban some idos, impidiéndoles in e i su
iempo en o a a ea que no uese abaja el e eno. Has a el p opio Roque econoce a
su hijo que no sabe habla con su elocuencia y co ección, po que no ha dispues o de
iempo su icien e con el que ins ui se. An es de conclui es e p oblema, me gus a ía
comen a un aspec o que me pa ece de in e és. Encuen o simili udes en e dos
pe sonajes secunda ios de Dicen a: Pe ico, de Juan José y Blas, de El seño eudal. Al
igual que a ambos los une el gus o po el alcohol, del mismo modo que Pe ico, en la
p ime a escena del d ama, lee con di icul ad el pe iódico, a Blas le esul a á complicado
hace sencillas ope aciones ma emá icas y necesi a á pedi le ayuda a Jaime pa a suma
ein inue e y nue e (escena III, ac o III).
39
Po úl imo, quisie a apun a que el ma imonio apa ece como una o ma de
ascenso y de supe i encia social. Que el e a enien e p e enda casa a su hijo con la
nie a del Ma qués pa a en onca con la a is oc acia supone “un hecho his ó ico; el lazo
po medio del ínculo ma imonial de la bu guesía y la a is oc acia, uniéndose de es e
modo: el abolengo y el dine o”
148
. No obs an e, en El seño eudal el casamien o jamás
llega a p oduci se. Es e ni siquie a cuen a con el benepláci o del anciano noble, que
ecue da al seño eudal que “el o o puede se de cualquie a: el nomb e, la sang e, los da
Dios, y a Dios no pueden oba le los adminis ado es po muy lis os que sean” (pág.
37). De es a mane a es á sub ayando que po mucho dine o que la bu guesía acumule,
jamás log a á iguala se a la nobleza.
Respec o de la ama supe icial, el amo , esponde a “ adi ional hemes
eminiscen o he Golden Age: hono , jealousy, and engeance”
149
. Juana es á
locamen e enamo ada de Ca los, po lo que, con iando en la palab a del homb e, no
duda á en en ega le su hono . Sin emba go, los sen imien os e dade os de Ca los son
egoís as e in e esados. Juana acaba siendo abandonada po es e y, aunque p ime o sien e
celos po Ma ía, más a de se da cuen a de que ella ambién es una íc ima de las
a imañas de los bu gueses. Jaime, en e ado del mal hace del seño i o, p ome e a su
he mana que end á desqui e. Al inal se consuma la enganza, la mue e de Ca los, que,
a juicio de Le icia McG a h, es un cas igo que e oca a nues o Siglo de O o
150
.
La concepción adicional del amo en El seño eudal conduce a la imposibilidad
del amo en e miemb os de ni eles sociales dis in os. Como señala McG a h, es a idea
la había explo ado en dos piezas d amá icas an e io es, El suicidio de We he y
Luciano
151
. En la escena III del p ime ac o, Blas hablaba de los p oblemas que un
casamien o en e desiguales ae ía como consecuencia:
cuando los que se co ejan no son de un igual; cuando la no ia es una lab ado a, y
el no io un seño ón, suelen gol e se los caminos espeñae os y los semb aos
za zales ep e aos de espinas, y no se el cu a quien bendizca a los no ios, sino el
diablo el que se es egue las manos de gus o (pág. 14).
148
Ibidem, pág. 145.
149
“ emas adicionales, que ecue dan al Siglo de O o: hono , celos y enganza”. Le icia McG a h, op.
ci ., pág. 114.
150
Ibidem.
151
Ibidem, pág. 120.
40
En un mundo injus o, no se ía posible un enlace en e Ca los (bu gués) y Juana
(campesina), ni en e Ma ía (a is óc a a) y Ca los, y mucho menos en e Ma ía y Jaime
(p ole a io). Po eso Jaime le dice a su he mana en la escena XII ambién del ac o I que,
a menos que el mundo cambie, solo puede pe mi i se que e a la nie a del Ma qués
como una amiga. Juana quie e sabe si el mundo hace que las pe sonas que es án
enamo adas dejen de que e se algún día, a lo que el maquinis a esponde que “hace más,
hace que no piensen en que e se” (pág. 32).
Las dos unidades emá icas, que a lo la go del d ama han co ido de mane a
independien e, con e gen en la escena inal. Pa a Ma iano de Paco, en El seño eudal
“no se p esen a una lucha de clases […]. El choque d amá ico se cen a en la hon a […],
como sucedía en Juan José. Jaime da mue e a Ca los po habe deshon ado a su
he mana y no po se el hijo del amo”
152
. Di ie o comple amen e de su pos u a, pues, a
mi pa ece , el asesina o de Ca los a manos del maquinis a no supone solo el desqui e de
Juana, sino el desqui e de odos los campesinos some idos y op imidos po la c ueldad
de sus amos. La injus a si uación que Jaime eía en su pueblo na al y la incon o midad
y el desag ado que es a le causaba alimen a on un odio den o de él que pudo
ex e io iza al descub i que su he mana había sido deshon ada po el amo.
Fo og a ía de la ep esen ación de la escena IX del ac o III. De izquie da a de echa, Agapi o Cue as, Emilio Thuillie
y Ca men Cobeña
152
A . ci ., pág. 149.
47
cul i a se en Eu opa ue el d ama social, aquel que esceni ica la p eca ia si uación de la
clase abajado a con una inalidad c í ica y e o mis a. No obs an e, algunos es udiosos
se han pe ca ado de la di e encia undamen al en e la p oducción social española y la
del es o del con inen e: el ema social en España siemp e es u o odeado po una g an
can idad de elemen os melod amá icos, pa a así sa is ace el gus o del público
mayo i a io. Con odo, y en con a de la opinión más gene alizada, la que sos iene que
el ea o social su ge en nues o país con Juan José (1895), de Joaquín Dicen a, hay
c í icos que c een que la excesi a ca ga melod amá ica y olle inesca de la ob a
dicen iana impedi ía su adsc ipción a es a modalidad ea al. En onces se señala El pan
del pob e (1894), la adap ación que lle a on a cabo José F ancos Rod íguez y Félix
González Llana de Los ejedo es (1892) de Ge ha Haup mann, como la p ime a
composición d amá ica pe enecien e a es e géne o. De acue do con es a pos u a, el
p ime d ama social de Dicen a no se ía Juan José, sino El seño eudal (1896).
La a iopin a pe sonalidad de Joaquín Dicen a es u o siemp e a en a a los
p oblemas de los más des a o ecidos. Su espí i u ebelde, su al a de disciplina y su
ca ác e bohemio le con i ie on en un homb e comp ome ido con su iempo. Es a
p eocupación po la cues ión social se e leja en los nume osos a ículos que publicó en
di e sos pe iódicos de ideología p og esis a y en buena pa e de su amplísima
p oducción li e a ia, como podemos ap ecia en El seño eudal, donde se denuncia la
explo ación del campesinado.
A la ho a de elabo a la ansmisión ex ual del d ama, me ha llamado la a ención
el con as e en e la ingen e can idad de da os ela i os a su es eno y subsiguien es
ep esen aciones y la escasez de in o mación sob e las ediciones del d ama. Respec o
del es eno y las pos e io es esceni icaciones, si se analizan obje i amen e los da os, es
posible conclui que la ob a gozó de g an éxi o en e el público, como demues an
a ios hechos: el ele ado núme o de ep esen aciones que u o has a que es alló la
Gue a Ci il, su con e sión en pa odia apenas dos años después de su es eno (Lo
senyo del pis de dal , de Lluis Millá), su adap ación cinema og á ica de la mano de
Agus ín Ga cía Ca asco (1926) y la p ohibición que padeció en algunas localidades.
Sin emba go, es cie o que la opinión de los c í icos no esul ó muy a o able. Es os
alaba on las cualidades de los ac o es, sob e odo de Ca men Cobeña y Emilio Thuillie ,
pe o casi unánimemen e sen enciaban que El seño eudal e a in e io a Juan José, que
en aquel momen o ya se había con e ido en un mi o. Pe o oda compa ación es odiosa:
en ealidad, poco ienen que e los pe sonajes y las si uaciones de una y o a ob a.
48
Sob e las ediciones de la ob a, he cons a ado has a ocho imp esiones di e en es: sie e en
Mad id (dos en 1896 y una en 1906, 1913, 1915, 1917 y 1930) y una en Ba celona
(1913).
Po lo que espec a al análisis li e a io de El seño eudal, mis p ime as
e lexiones son ace ca de la es uc u a, si bien la ex e na no o ece aspec os no edosos
(al igual que muchos de sus o os d amas, El seño eudal cons a de un d ama is
pe sonae y es ac os, di ididos en escenas), la in e na me ha esul ado bas an e más
in e esan e, pues o que la ma e ia d amá ica se epa e de una mane a simila a la de los
d amas de hono del Siglo de O o: una p ó asis ápida que nos p esen a el con lic o, una
epí asis dila ada que complica los sucesos y una ca ás o e ab up a y sang ien a.
En cuan o a la unidad de acción, es a se ompe, pues dos son los núcleos
emá icos del d ama, como explica é más adelan e cuando sin e ice los emas de la ob a.
En lo e e en e a la unidad de iempo, es a es iolada, ya que la acción anscu e
en diecisie e días ( iempo de la his o ia), de los cuales an solo unas cuan as ho as de
es a des di e en es ( iempo del discu so) se d ama izan en las dos ho as que debe ía
du a ap oximadamen e la unción de ea o ( iempo de la ep esen ación). Además,
como en o as ob as suyas, la acción sucede en una época con empo ánea a la de la
esc i u a, en es e caso, 1896 ( iempo his ó ico).
Po o o lado, la unidad de luga ambién se in inge, po que, aunque la acción
suceda en un pueblo andaluz inde e minado, como pa ece indica el modo de habla de
los pe sonajes (aunque expliqué que es o no e a un ac o de e minan e), cada ac o
anscu e en un escena io di e en e de dicho pueblo: un á ea de abajo de la inca del
seño Roque, la casa de labo de Juan y su hija, y la bodeguilla de Roque. Obse o una
adecuación en e las p opiedades espaciales, que poco a poco an educiendo sus
dimensiones y pe diendo cla idad, y la psicología de Jaime, que an e las injus icias que
e en su en o no acaba á po ma a al seño i o.
Aunque la cues ión de los pe sonajes sí ha sido un aspec o es udiado po los
c í icos, es os han a endido undamen almen e a Jaime y a Roque y se han ol idado de
los demás. La mayo ía de los pe sonajes del d ama son planos, pe o Jaime, Juana y
Roque cons i uyen una excepción, pues su e olución sicológica es á bien azada. Jaime
es al ez el que mejo es á de inido; posee dos pe sonalidades: po un lado, el p ole a io
e oluciona io, con conciencia de clase y ac i ud c í ica; po o o, el cus odio de la
hon a emenina, descendien e del ea o ba oco. Roque es el despiadado seño eudal,
an iguo c iado de los ma queses, que ha ido subiendo en la escala social a cos a de la
49
uina de los a is óc a as; aspi a a en onca con la nobleza, me a que p e ende consegui
con el ma imonio de su hijo Ca los y Ma ía, nie a del Ma qués. Juana, he mana de
Jaime, es ingenua y empe amen al; c ee que Ca los la ama del mismo modo que ella lo
quie e a él, pe o aun habiéndole en egado su hon a, se á abandonada po él. Ca los es
dibujado como un homb e desp eciable; es egoís a, men i oso y coba de, po eso su
asesina o en la cuba se á el cas igo me ecido po su mala conduc a, lógica consecuencia
de la jus icia poé ica.
En e los secunda ios, sob esale el Ma qués de A ienza, ep esen an e de la
a is oc acia, que no es c i icada en la ob a, sino la nue a bu guesía sin esc úpulos
ep esen ada po Roque y su hijo. Ma ía, nie a del Ma qués, es un caso singula den o
del con ex o del ea o social, es una muje ebelde que no eme a Roque y que se e ige
como la de enso a de la hon a de su abuelo, papel gene almen e asignado al homb e. El
ío Juan, pad e de Jaime y Juana, es el ejemplo del ob e o sin conciencia social, que
abaja sin cesa la ie a del amo, descuidando a su p opia amilia. Blas y Pe a
ep esen an a los g aciosos o donai es del ea o ba oco; sus pe sonalidades son
o almen e opues as y si en como in oduc o es del humo den o del d ama.
Po lo que espec a a los emas, como adelan é an es, dos ejes emá icos sus en an
el d ama: uno p o undo, el social, donde denuncia la explo ación del campesinado, su
anal abe ismo, su al a de conciencia de clase y la c ueldad de los nue os icos; y o o
supe icial, el amo oso y melod amá ico, que abo da emas del ea o áu eo, como el
hono (o, mejo dicho, el deshono ), los celos y la enganza. Sin emba go, a di e encia
de lo que ocu ía en Juan José, aquí la ama social no se subo dina a la amo osa, sino
que ambas con luyen hacia un in ine i able: la mue e de Ca los, embaucado de la
he mana de Jaime y explo ado , jun o con su pad e, de los abajado es del campo.
El simbolismo de El seño eudal es no able. La c í ica ha epa ado que la cuba y
la lla e de la bodeguilla ienen un cla o alo simbólico: la p ime a ep esen a la
explo ación de los campesinos, pues el ecipien e con iene me a ó icamen e la sang e de
odos los abajado es alienados, mien as que la segunda supone el medio con el que
ab i la pue a a una nue a espe anza y ce a la e apa de la i anía del seño eudal. Pe o
en mi pe sonal in e p e ación de la ob a, he hallado o os símbolos, has a aho a sin
menciona po la c í ica: el yunque y el ma illo, que ep esen an al ob e o alienado y al
ob e o e oluciona io, espec i amen e; la empuñadu a del bas ón con el que el hijo del
Ma qués golpeó a Roque cuando abajaba como su c iado se con ie e en el úl imo
anhelo del seño eudal, el í ulo nobilia io; el ges o simbólico de no qui a se el
50
somb e o an e los dueños de la ie a supone la ebeldía de Jaime, el ob e o
concienciado que no desea some e se a la injus a je a quía social.
Po úl imo, hay que apun a que la ma e ia a gumen al de El seño eudal había
sido abo dada an es po Dicen a en un ela o i ulado “El desqui e” (1893) y se i á de
base pa a compone una no ela pos e io , Los bá ba os (1912). Los elemen os que
sob e i en inal e ables en las es ob as son los que siguen: la explo ación del
campesinado, la pé dida del hono , el desqui e y la cuba. Es a p ác ica e a muy
ecuen e en su modo de hace li e a u a, lo que e ela la g an solidez de las ideas del
au o o su escasa capacidad imagina i a.
6. BIBLIOGRAFÍA
6.1. FUENTES PRIMARIAS
6.1.1. Ediciones de El seño eudal
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—— El seño eudal. D ama en es ac os y en p osa, Mad id, P ensa Mode na, 1930.
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6.1.3. O as ob as consul adas de Joaquín Dicen a
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