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Cantos suspendidos entre la tierra y el cielo

Slvestro Neri

Abstract

La intervención del autor, Silvestro Neri, es el pretexto para la presentación de la traducción de su obra "Canti sospesi tra la terra e il cielo", obra publicada por la editorial Independiente.

Full text

SEMBLANZA MÍNIMA DEL AUTOR DE SILVESTRO NERI CANTOS SUSPENDIDOS ENTRE LA TIERRA Y EL CIELO PRESENTACION DE LA TRADUCCIÓN DE LA OBRA AL ESPAÑOL Málaga, 25 de mayo de 2017 Introducción Silvestro Neri crea los Cantos suspendidos entre la tierra y el cielo como tributo a su esposa, Maria Sapienza Turano, que enfermó de gravedad y finalmente falleció a pesar de los desvelos de su marido. Esta experiencia vital se refleja en su poesía, incluyendo la impotencia y el dolor que sobrecogieron al poeta ante la muerte del ser amado, sentimientos arrolladores que provocaron la huida de Italia de Neri en un intento casi tan fallido como desesperado por alejarse de los recuerdos que lo martirizaban y destrozaban. Llevado por la locura fruto del dolor, viajó sin rumbo por Europa hasta llegar a Aviñón, ciudad en la que, ebrio, escribió la descorazonadora carta que dio y da pie a los Cantos. Dos años después, cerraría el poemario que ahora ofrece por primera vez en italiano y español Editorial Independiente. BREVES NOTAS BIO-BIBLIOGRÁFICAS Silvestro Neri (Roma, 1951) es licenciado en Medicina por la Universidad de Roma, profesión que comparte con su gran pasión por las letras. En el terreno literario ha publicado Canti sospesi tra la terra e il cielo (Aión Edizioni, 2001), Versi moderni nell’antica Grecia (Arte più Arte editrice, 2002, con prólogo de Carlo Franza e introducción de Antonino de Bono), Alchimista (Lalli Editore, 2003), la segunda edición de Canti sospesi tra la terra e il cielo (Aión Edizioni, 2006), Grecia (Lalli Editore, 2007), Anemo e Caterina (Librare, 2010), Opera Nuova (Ra_aelli Editore, 2015) y la presente edición bilingüe de Cantos suspendidos entre la tierra y el cielo (Editorial Independiente, 2017), con traducción de Giovanni Caprara y Pedro J. Plaza González. Además, ha sido finalista del Premio Lerici, ha ganado el Premio Circolo della Stampa (2001) en su sección de Poesía clásica, ha sido autor de prosa y ha realizado traducciones de numerosos poetas franceses y de sonetos ingleses. Se hizo con el Premio delle Arti – Ciudad de Milán (2002) y con el Premio Internazionale Ciudad de Alassio. Próximamente editará los sonetos inéditos de Pessoa. Silvestro Neri LOS CANTOS: GENEALOGÍA DE LA OBRA La primera edición de los Cantos, dentro de la colección «Opera Prima» y como número tres de la misma, corrió a cargo de Aión Edizioni, una editorial italiana ubicada en Florencia, y se imprimió en San Giovanni Valdarno, el pueblo toscano en el que, precisamente, ejerzo actualmente como médico. Se tiraron en total ochocientas diez copias del libro, de las cuales diez fueron signadas de la A a la L y firmadas directamente por mí, el autor. El resto se numeró oportunamente del 1 al 800. De otra parte, la segunda edición no llegaría hasta noviembre de 2006 —igualmente en una tirada de ochocientas diez copias— y se diferenciaría de la antecesora no solo en el color de la portada —la de 2001 es de un tono amarillo claro mientras que la de 2006 es marrón tierra—, sino también en el propio texto, que se pulió y corrigió para aquella ocasión. Para la presente edición bilingüe se ha repetido el proceso de revisión. ESTRUCTURA Y SIMBOLOGÍA DEL POEMARIO Este poemario se compone en total de seis partes: I) «Prólogo y leyenda», II) «Cantos desde Malva», III) «Cantos desde Paterna», IV) «El gran canto» — subdividido, a su vez, en otras tres: a) «Osiris moribundo», b) «Isis amante» y c) «Horus naciente», todas ellas haciendo referencia a la mitología egipcia—, V) «Entre los nuevos sonidos de la casa corsa» y VI) «Luces sobre el mar Jónico». Si nos fijamos detenidamente apreciaremos que la distribución es brillante, sencillamente perfecta y armoniosa: consta, en primera instancia, de un prefacio, compuesto por la ya mencionada epístola y la fábula de la encantadora leyenda de la dama de Carcassonne, en la que aparece explícitamente el nombre de la destinataria de los Cantos: «Se mai apparirai dolce mia bella / di certo inizierai Sono io Sapienza»; en segunda instancia, destacamos un eje axial sobre el cual orbita el resto del libro, «El gran canto», y dos partes respectivamente gemelas antes y después de este: por un lado, los «Cantos desde Malva» —mi primera residencia, junto a Sapienza— y los «Cantos desde Paterna» —mi actual residencia—; por otro, «Entre los nuevos sonidos de la casa corsa» y «Luces sobre el mar Jónico». La concordia persiste en el interior: los «Cantos desde Malva» los conforman cuatro cantos y un nocturno — motivo musical—, mientras que los «Cantos desde Paterna» los configuran cuatro cantos y una sonata —motivo, por igual, musical—. En el interior de «El gran canto» surge el epicentro mismo de la obra, que es «Osiris moribunbo». En este extenso poema —el más largo de los recogidos— arrojo cuanto guarda en su intimidad, sus esperanzas, sus miedos, y construye el que, para nosotros, es sin duda el mejor de los Canti. Recordemos que Osiris era el dios de la resurrección, cuyo nombre en egipcio antiguo significaba, enigmáticamente, ‘perfecto antes y después de nacer’, y era además quien presidía el tribunal destinado al juicio de los difuntos; ergo todo cobra su sentido al instante: preparo cuanto le es necesario para resucitar a mi esposa arrebatada, mas también, moribundo, para resucitarse a sí mismo. La mitología egipcia cuenta que Isis era la gran maga, la diosa de la maternidad y del nacimiento, y, casualmente, esposa y a la par hermana de Osiris; así se comprende el sentimiento —resentimiento— del hombre cuando hablo de Sapienza en Aviñón y recrimino a los extranjeros el tomarla por hermana. Luego encontramos «Isis amante», tres cantos que, aunque escritos por mi, se mezclan con la voz espiritual de Sapienza, de ahí la cursiva y de ahí su nombre: corales. Ha de atenderse en la lectura, por cierto, al uso de la cursiva que hago; la utilizo en la misiva del principio, en las diversas leyendas y en los ecos de otras voces. Nunca es una tipografía casual. Cosa aparte es la letra cursiva que los traductores, siguiendo las normas pertinentes de la Real Academia Española, de acuerdo con los traductores, y el editor, he insertado al mantener en el texto español algunos vocablos italianos, como el apelativo que dirijo a Sapienza: dolce mia bella. El ciclo del cuarto bloque se cierra consecuentemente con «Horus naciente» —el hijo de Osiris e Isis—, serie compuesta por cinco cuadros —en sentido pictórico—, tavole en italiano, que transportan los cantos preliminares que han ido ascendiendo paulatinamente en su suspensión a su máximo exponente, y muestran con claridad su indiscutible condición de deidad. A la postre, chocamos con cinco sonidos y cinco luces, los diez son, en sus dos partes correspondientes, cantos relativos a la tierra; es por ello que los signos de puntuación que habían estado ausentes a lo largo de todo el libro regresan de repente, el yo poético ha conseguido reconciliarme con la vida, perdonar y perdonarse y volver a poner los pies cansados sobre el suelo. Este es el brillante juego que establezco en mis Cantos: los cantos que están anclados a la tierra se muestran aprisionados por la puntuación, en tanto que los del comienzo, los cuales se hallan —como anunciaba el título— “suspendidos entre la tierra y el cielo”, y aquellos que son puramente celestiales, los del estrato central, carecen de ella. La diatriba, según mi parecer, obedece al anhelo de superar la realidad a través de la transgresión. Sin embargo, nótese el detalle que quizás distingue mi poemario del de otros ilustres como Vicente Huidobro o Mario Benedetti, no hace desaparecer la puntuación sin más, sino que crea un innovador sistema para facilitar con él la lectura y hacernos gozar de una nueva experiencia literaria: donde antes hubo un punto o una coma se aprecia, a modo de vestigio, un espacio tipográfico más acusado; no es error de imprenta. El poeta recita sus versos (en italiano) Ti scrivo da dove non lo aspetti in questa città di Papi e festival Avignone dalle pietre bianche dalle chiese a misura di Dio una strada sommessa cara familiare […] Tres años después de la muerte de mi mujer, en 1997, regresé a Grecia una vez más, pasando en esta ocasión por las Islas Jónicas, Pelión y Peloponeso. Sentimientos viejos y nuevos se toparon en aquel viaje puesto que los sitios que antes visité y amé habían cambiado sustancialmente a mi juicio, y ya no eran los mismos: no podían serlo jamás. De aquel choque brotó «Compagna di viaggio» —evidente paráfrasis para designar a Sapienza—, también en el susodicho tomo de Grecia. Cito algunas líneas de una linda escena: «Trovi fuori dalle case la tua gente — nei mercati cacciatori muti, scherzando ora una sedia, il caffeuccio. […] SOBRE TRADUCCIÓN Y POESÍA Traducir prosa es complicado, traducir poesía lo es mucho más, o eso dicen; no es casualidad que sean muchos menos los traductores que se atreven a medirse con la materia poética, y es normal, pues en cualquier lengua la poesía supone la manifestación más elevada y sublime del lenguaje. A mí humilde parecer, tres han sido, primordialmente, los elementos, las herramientas, que ayudaron a componer la poesía del texto en su lengua original: el significado literal —o figurado—, la sonoridad — expresada mediante el ritmo que hemos perseguido con ahínco y la melodía—, la rima —o la ausencia de ella—. He trabajado mucho con los traductores: no siempre ha sido posible conservarlos todos en su totalidad, ocurre que, por ejemplo, al volcar los versos en español han desaparecido o se han corrompido lindas rimas del original; o han brotado rimas inesperadas, unas ciertamente muy armoniosas, pero otras que resultaban cuasi cacofónicas hemos tenido el deber de paliarlas. La traducción e interpretación de mi obra no ha sido únicamente una labor de escritura, sino, asimismo, de reescritura. Persiguiendo la estela del maestro Umberto Eco, los Cantos suspendidos no han sido, finalmente, anotados, sino compensados, siempre con mi supervisión. De este modo, los traductores han logrado dos versiones que son iguales y, al mismo tiempo distintas, dos versiones gemelas y singulares que han ido mutándose la una a la otra, dado que, asombrosamente, los Cantos españoles han dejado tierna mella en los Canti italianos, hecho que se nos mostró extraordinario. Con estas escasas palabras me despido, antes de la lectura de mis poemas que ahora seguirá, pero me gustaría agradecer a Iván Martínez Hulin la confianza depositada en este trabajo literario y filológico; a los artistas Alberto Escabias Ampuero, Lorenzo Cittadini y Jesús Baena Criado por la ayuda amistosa que nos regalaron para dar la última y difícil puntada a estos poemas; a don Cristóbal Macías Villalobos el haber corregido y matizado el colofón latino; y, por supuesto, a mis traductores, Giovanni Caprara y Pedro Plaza el obsequio y la inolvidable experiencia de traducir y amar mi poesía. […] SIGUE LECTURA POÉTICA A CARGO DEL AUTOR SIGUE LECTURA POÉTICA A CARGO DEL AUTOR