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Ciencia y Teología en el Renacimiento paleólogo entre Oriente y Occidente: el caso de Isaac Argiro

Abstract

Isaac Argiro (1310-1375 ca.) siguió la estela de su maestro, Nicéforo Gregorás, tanto en el cultivo de la ciencia profana como en la oposición a la teología de Gregorio Palamás, que Argiro combatió incluso en la persona del emperador Juan VI Cantacuceno. Además de esas inclinaciones espirituales, Isaac Argiro se interesó también por la astrología, como prueba el hecho de que copiara íntegro el Laurent. Plut. 28, 13, que fue el modelo de los manuscritos que se produjeron en el círculo de Juan Abramio, el astrólogo de Andrónico IV (Laurent. Plut. 28, 16, Marc. Gr. 324, Laurent. Plut. 28, 14 y Taurin. C. VII. 10). Esta comunicación trata de estudiar la vinculación entre el interés de Argiro por la astronomía y la astrología de la Grecia Antigua y sus posiciones filosóficas y teológicas, tal como fueron expresadas en sus opúsculos antipalamitas, así como su acercamiento a los círculos intelectuales bizantinos más proclives a un entendimiento con el Papado con vistas a la unión de las Iglesias de Roma y Constantinopla.

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Ciencia y Teología en el Renacimiento paleólogo entre Oriente y Occidente: el caso de Isaac Argiro

Author: Caballero-Sánchez, José Raúl
Year: 2016
Source: https://riuma.uma.es/xmlui/bitstream/10630/11863/1/JORNADAS%20REGGIO-CALABRIA%202016-COMUNICACIO%cc%81N%20CABALLERO%20RAU%cc%81L.pdf
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VIVERE%NEL%MEDITERRANEO.%ANTICHE%E%NUOVE%COABITAZIONI%
RELIGIOSE%TRA%LE%SPONDE%DEL%MEDITERRANEO.%
%PROSPETTIVE%DI%RICERCA%E%PROPOSTE%DI%DIALOGO%
19/05/2016%
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Ciencia'y'Teología'en'el'Renacimien o'Paleólogo'en e'
O ien e'y'Occiden e:''
el'caso'de'Isaac'A gi o'
“A Isaac llamado A gi o, que ha compa ido du an e oda la ida la misma
en e medad de Ba laam y Acíndino, y que, as muchas eces, habiendo sido eque ido
po la Iglesia al inal de su ida a con e i se y a hace peni encia, ha pe se e ado en la
impiedad y ha abandonado mise ablemen e el alma p o esando su he ejía, ¡sea
ana ema!”.
Es a pe ícopa del Sinodicón de la O odoxia, con el que la Iglesia o ien al celeb a
odos los años, du an e el p ime domingo de Cua esma, el iun o sob e el iconoclasmo
en 843, es, na u almen e, bas an e pos e io a la composición o iginal de es e ex o
li ú gico. De las no pocas adiciones que ecibió el Sinodicón, a medida que la Iglesia
o odoxa hacía en e a las dis in as he ejías que siguie on aún amenazando la pu eza
del dogma, la que concie ne a los llamados “ba laami as y acindinianos” se inco po ó al
cue po del ex o en sucesi as oleadas: la p ime a condena exp esa de los oposi o es a la
eología de G ego io Palamás se in odujo poco después de la celeb ación del Sínodo de
las Blaque nas en 1351, que p omulgó o icialmen e la o odoxia del palamismo. En es a
sección más an igua la iglesia o odoxa hacía una condena colec i a de los seguido es
de Ba laam y Acíndino, seguida po una con esión de e o odoxa en la línea pe seguida
po Palamás. A con inuación, so p enden emen e, encon amos el pá a o que hemos
ci ado al comienzo, dedicado exclusi amen e a Isaac A gi o e inco po ado, según
Gouilla d, en e 1372 y 1379, as la supues a mue e de nues o monje ecalci an e.
Fue, en cambio, bas an e más a de, en el año de 1420, cuando se añadie on al
Sinodicón, y solo en las iglesias de Tesalónica, las condenas de o os pe sonajes
des acados en la esis encia a Palamás y sus seguido es, y mucho más conocidos, al
menos po la pos e idad, que el p opio Isaac A gi o: me e ie o a los ana emas di igidos
con a Nicé o o G ego ás, que ue p ecisamen e el maes o de A gi o, y con a los
he manos P óco o y Deme io Cidones, quienes in oduje on, con las aducciones de
es e úl imo, la eología de adición omis a en e los bizan inos y con esas a mas
lucha on con a los palami as.
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Como bien dice el co o pá a o que a a de Isaac A gi o, pues, és e se negó
obs inadamen e, aun en su agonía, a con esa la o odoxia de la doc ina de Palamás: (3)
a sabe , que en Dios pueda a i ma se, sin que ello a ec e a la in ini a simplicidad de su
se , una dis inción eal en e la na u aleza o esencia, que es simple, una e idén ica en las
es pe sonas de la T inidad, y las ope aciones ad ex a, po las que Dios c ea el
uni e so de la nada, lo man iene en el se y lo conduce con su mise ico diosa
p o idencia hacia sí mismo, esca ando a oda la c eación, y en pa icula a los homb es,
del pecado de Adán, nues o común an epasado.
Es bien sabido que en la eología palami a la esencia de Dios pe manece siemp e
inaccesible pa a cualquie c ia u a, incluidas odas las je a quías celes iales de se es
ángelicos, c eados sin ca ne sensible, se es in elec uales que gozan, sin la somb a de la
mue e, de la ce canía de Dios. Ninguna c ia u a puede pene a en el mis e io
insondable de la na u aleza di ina, po que És a es sup aesencial y absolu amen e
ascenden e. Pe o es o, según Palamás, no ecluye a Dios en un ensimismamien o
inac i o, sino que, al con a io, Él se e ela siemp e en sus ope aciones di inas e
inc eadas, con o me a sus a ibu os de bondad, jus icia, belleza, luz, g acia, ida, e c. (4)
P ecisamen e po que las ope aciones di inas son inc eadas y se desp enden de la
esencia di ina sin sepa a se nunca de ella, como el Sol desp ende sus ayos luminosos
sin que és os dejen de pe enece al as o que los p oyec a hacia ue a; p ecisamen e
po que Dios se uelca hacia ue a, sin deja de se Dios, en sus múl iples acciones
económicas sob e el uni e so c eado, puede el c is iano, si se hace digno de él,
man ene i a la espe anza de ealiza el in pa a el que ue c eado po su e e no
Hacedo : la di inización en el siglo u u o, hecha posible po la enca nación del Ve bo.
Pa a los palami as, la di inización, como espe anza esca ológica de la e, no es hace se
uno con la na u aleza di ina, absolu amen e impa icipable, sino asimila se a las
ope aciones inc eadas de Dios. De ellas, la pa icipación en la g acia inc eada nos
con e i á, en el in de los iempos, en la luz misma de Dios, en el esplando di ino que
odea su na u aleza impa icipable.
La ans igu ación de Jesús en el mon e Tabo , poco an es de a on a el su imien o
de su sac i icio lib emen e elegido, ue in e p e ada po Palamás como una p imicia y
anuncio, des inado a sus discípulos más pe ec os, de la elicidad indecible que
alcanza á a quienes se sal en as habe lle ado una ida en egada al amo de Dios y
del p ójimo. Po eso, lo que ie on milag osamen e en Jesús con sus ojos co po ales
en onces Ped o, Juan y San iago ue la misma luz di ina que les es á ese ada as la
esu ección de los cue pos, cuando ellos, con un cue po y un alma abso bidos po la luz
de Dios, no sean sino esa luz. Los monjes hesicas as pa ida ios de la eología palami a
es aban con encidos de que, con sus p ác icas especí icas de o ación y quie ud, podían
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llega a sen i con los ojos del espí i u, en el in e io de su p opio cue po, es a luz
ine able e inc eada de la di inidad.
(5) Isaac A gi o se negó en su lecho de mue e a con esa odas es as a i maciones
dogmá icas de la eología palami a. Como él, un monje dedicado al es udio de las más
a iadas ma e ias, an o de la ciencia p o ana como di ina, ue on muchos –clé igos o
laicos, nobles o humildes, pa ida ios o no de la Unión con Roma– los que, pese a las
amenzas y a las p esiones, no pudie on acep a la p e ensión palami a de dis ingui dos
ealidades di inas e inc eadas en un solo Dios, la de la na u aleza y la de la ope ación,
po muy insepa ables que es as ue an. La adición de la Esc i u a y de los Pad es,
pensaban los an ipalami as, dis ingue a eces, aunque aga y me a ó icamen e, en e
na u aleza y ope aciones de Dios, pe o lo hace únicamen e en el bien en endido de que
al dis inción es solo ela i a a las limi aciones de la in eligencia humana, que solo
puede conoce las ealidades que le odean es ableciendo dis inciones y elaciones en e
las cosas. Pe o po se Dios no me amen e una cosa en e las cosas, sino que asciende
a odas ellas, po eso mismo no hay en Dios dis inción eal en e esencia y ope ación: su
na u aleza simple e in ini a es su ac i idad, po que no se concibe ninguna na u aleza sin
ac i idad, y ambas son en Dios una única ealidad sup aesencial.
La ac i idad de Dios en cuan o Dios desemboca en la economía y en el plan de
sal ación, y es po la in ini a bondad del lib e que e de las es pe sonas –del Pad e, a
a és del Hijo, en el Espí i u–, como Dios c ea el mundo y lo man iene en el se . En él,
como he ede o de la ie a, el se humano ha sido c eado a su imagen y semejanza,
des inado a la biena en u anza ce ca de Dios –con Adán y E a en el pa áiso–. Pe o el
homb e eligió da la espalda a su C eado y cayó en la co upción y la mue e. Po eso,
se á nue amen e esca ado po Dios a lo la go de la p og esi a e elación del Hijo en el
Espí i u San o, que culmina en C is o y su esu ección. Pa a odos los an ipalami as,
que es aban con encidos de es a de endiendo la o odoxia sancionada po los sie e
concilios ecuménicos, los u os de la ac i idad de Dios en el mundo son siemp e dones
c eados. Hablan de la g andeza de Dios sin ago a la, po que Dios los o o ga a las
c ia u as de acue do con la na u aleza de cada una. A gi o esc ibió un a ado polémico
con a los palami as en el que explicaba las cua o o mas posibles de pa icipa en Dios
las c ia u as.
(6) Así, po ejemplo, la belleza y el o den que igen las causas na u ales en el
uni e so c eado aspa en an la sabidu ía de Dios. Po o o lado, los dones de g acia
san i ican e que ado nan a los buenos c is ianos de i udes son po encias de las
c ia u as, que encuen an en Dios, median e la pa icipación en los mis e ios
sac amen ales de la iglesia, la ue za y la paz pa a hace posible su ob a en es e mundo.
En el mundo enide o, esa san i icación, impe ec a siemp e, alcanza á su céni en la
glo i icación de la ida e e na, cuando la con emplación de Dios, de su simplicidad
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ine able, nos pe mi i á goza de una dicha e e na sin deja de se c ia u as. Po que, en
ese es ado de bea i ud incesan e, nues as almas pu i icadas du an e la ida en la ie a
se hab án unido a nues os cue pos esuci ados y es au ados en el b illo y el esplendo
que u ie on una ez en el Pa aíso, cuando Adán i ía en la in imidad de Dios. Incluso
la unión hipos á ica de las dos na u alezas en C is o incula de o ma di ec a a uno de la
T inidad, la pe sona del Hijo, con oda la humanidad a a és del cue po y el alma que
asumió en su hipós asis, sin mancilla en nada su na u aleza di ina. En es as cua o
o mas de pa icipación del homb e en la di inidad, incluso en la unión hipos á ica,
pe manece i educ ible el se de la c ia u a.
(7) En opinión de A gi o, en ninguna de ellas e a necesa io, como que ían los
palami as, a i ma ninguna ealidad di ina in e media que ac ua a en e la esencia
incomp ensible de Dios y las c ia u as, es o es, una ope ación común a las es pe sonas
de la T inidad que se dis inguie a de la ida in e na de esas mismas pe sonas di inas.
Pa a A gi o el Pad e, a a és del Hijo y con la ue za del Espí i u ac úa di ec amen e en
la c eación y ga an iza a los homb es la pa icipación en la di inidad. Es e es el sen ido
úl imo de la enca nación del Ve bo. A gi o e a pe ec amen e conscien e, y ese es el
mé i o p incipal de su apo ación a la esis encia con a Palamás, de que el desa ío
lanzado po és e se jugaba en el e eno de la espe anza esca ológica de los c is ianos
o odoxos, en el que la p omesa o ecida po los palami as e a desde luego mucho más
cau i ado a, aun a cos a de sac i ica la simplicidad di ina.
(8) Po eso esc ibió A gi o un a ado pa a con a es a la idea, obsesi a en
Palamás, de que sin una g acia inc eada y e e na e a o almen e imposible la
di inización. Se a a del a ado epis ola , di igido al monje Gedeón, ace ca de la luz
abó ica. En es a ob a, dada a conoce po monseño Me ca i y edi ada po Manuel
Candal, A gi o polemiza con Teodo o Dexio, des acado an ipalami a e ín imo de
G ego ás, en o no a la de inición exac a de la na u aleza de la luz abó ica. Los
an ipalami as es aban de acue do en que ese esplando del cue po de C is o o maba
pa e de las ealidades c eadas y ci cunsc i as, pe o no siemp e coincidie on en la
de inición posi i a de ese enómeno.
Ba laam, al sos ene que esa luz, na u al y pasaje a, que en ol ió el cue po de C is o
e a menos digna que el in elec o, se a ajo la u ia de Palamás y la incomp ensión de
quienes, como Acíndino, enían dudas espec o a la o odoxia del monje a oni a, pe o no
podían acep a las adicales a i maciones, de co e casi o igenis a, de Ba laam. E a
quizá mejo acep a la na u aleza milag osa de la luz abó ica sin con e i la po ello en
la p opia ene gía di ina, pues o que ue is a po ojos co po ales. O a posibilidad e a
asigna le un alo simbólico, semejan e a las igu as y a que ipos del An iguo
Tes amen o, como p imicia de la bea i ud celes ial. Es a ue la solución de G ego ás.
Pe o ni Dexio ni A gi o es aban sa is echos con ella. La luz ue milag osa pe o eal y
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e lejaba la na u aleza p o unda del cue po de Jesús. Dexio sos enía que la luz no e a
sino ese mismo cue po enca nado y ungido po el Ve bo, lo que És e asumió como
p opio de su hipós asis en la enca nación (τὸ δεσποτικόν πρόσληµµα). Pe o A gi o io
en es a in e p e ación una pelig osa pendien e hacia la iconomaquia y el doce ismo. Lo
p ime o, po que des igu aba las ca ac e ís icas de ini o ias de la humanidad de Jesús,
po las que se dis inguía de su mad e Ma ía y del es o de los homb es; lo segundo,
po que hacía del cue po de humildad de C is o, lib emen e que ido y asumido po Jesús
de Naza e , una simple apa iencia an e los ojos de los demás homb es, que no pudie on
e lo al como e a –y solo sus es discípulos p edilec os– sal o en el episodio
milag oso de la ans igu ación en el mon e Tabo .
La p opues a de A gi o, como decíamos a iba, enía su mi a pues a en asegu a una
espe anza esca ológica de sal ación sin plega se a los nue os dogmas palami as. Jesús
se e is ió en el Tabo de la luminosidad y belleza esplendo osa del cue po del p ime
homb e, que e ulgía en el Pa aíso en la ce canía de Dios. Esa misma belleza de luz
c eada, inimaginablemen e b illan e y esplendo osa en medio de un mundo que aún no
se había manchado po la ebelión del homb e, se á es au ada al inal de los iempos en
el cue po de cada uno de los esuci ados a la ida e e na. Esa misma belleza es la que
e is ió ambién el cue po glo i icado de C is o as la esu ección, como un segundo
Adán que saca al p ime Adán del Hades pa a conduci lo a la ida e e na. C is o les
mani es ó a sus discípulos más dignos en el Tabo las p imicias de la espe anza
esca ológica, en la que el cue po ambién iene un luga p opio en un mundo es au ado
a la ida y uel o hacia Dios, pe o que no po ello deja de se el mundo c eado po Dios.
Runciman ha dicho que es a e a una solución de comp omiso y que a enuaba en
cie a medida las pos u as an ipalamis as más ex emas. Yo pienso que A gi o se hab ía
escandalizado de escucha nomb a la palab a comp omiso. Es aba con encido de no
ene que cede en nada po que en nada se había mo ido de la o odoxia de inida po la
Esc i u a y los Pad es. Sus exp esiones hacia Palamás y sus seguido es siemp e ue on
o undas y polémicas y no enunció a ninguno de los apela i os acuñados po Ba laam
ya desde el inicio de la con ienda, sal o quizá los ela i os a las p ác icas ascé icas de
los hesicas as. No se cansaba de acusa los de la más absolu a inepcia en la he menéu ica
de los ex os sag ados y de la adición, así como de desconoce las más elemen ales
nociones de c í ica li e a ia y poé ica al se icio de la co ec a in e p e ación de las
palab as inspi adas de los an epasados. De habe i ido pa a lee el a ado con a
Dexio, que, como el es o de su p oducción eológica, pe enece a los años 60’ y
p ime os de los 70’ del s. XIV, Palamás hubie a juzgado un eno me desa ío man ene la
na u aleza c eada de la luz abó ica y una espe anza esca ológica en la que los sal os no
se ans igu an en ene gía di ina. Así lo in e p e a on de hecho los seguido es de
Palamás, sob e odo el ex-empe ado Juan Can acuzeno, con quien A gi o se midió

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dialéc icamen e en a ias ocasiones desde la abdicación del p ime o, cuando le
p esiona on en a ias ocasiones pa a que abju a a de sus posiciones eológicas.
(9) La espues a de A gi o, especialmen e después de la condenación de P óco o
Cidones en 1368, a quien ni siquie a su he mano Deme io, con cie a in luencia en la
co e, pudo sal a , no solo no ue la de cede a las p esiones, sino que hizo odo lo
posible pa a man ene i a la esis encia al palamismo cada ez más iun an e. Así lo
es imonia el hecho de que, como ya demos a a Me ca i, A gi o ue a el au o de un
esbozo de Τόµος, edac ado en o no a 1370 pa a un p oyec ado, y quizá nunca
celeb ado, sínodo de la Iglesia de An ioquía en el que la cabeza de es a sede pa ia cal,
A senio de Ti o, hubie a aclamado po es eces ana ema los nue os dogmas palami as.
¿A qué se dedica ía A gi o los úl imos años de su ida, as el us ado in en o de
euni un sínodo an ipalami a en An ioquía, del que no enemos no icia alguna? Algunas
o as ob as eológicas pudo habe las compues o du an e esos años: apa e de las ya
mencionadas, hemos conse ado una e u ación comple a de un a ado sob e la luz
abó ica que el Can acuzeno había esc i o con a A gi o, aunque ue a des inada
nominalmen e a Raúl Paleólogo, un jo en de la amilia einan e que ecuen aba
compañías pelig osas, a deci de su p o ec o , po que p es aba oídos a los an ipalami as.
Algo an e io a esos años es un in e esan e a ado sob e cómo a ec a la dis inción eal
de Palamás en e esencia y ope ación en Dios al desencadenamien o de o a posible
dis inción, p omo ida po los palami as, en e las pe sonas y su común na u aleza
di ina en el seno de la T inidad. En es a ob a A gi o emplea oda la ue za de su ingenio
a gumen a i o sin queda en deuda con el ipo de eología omis a que los he manos
Cidones comenza on a cul i a po aquellos años. No hemos conse ado, po úl imo, lo
que pod ía habe sido una his o ia comple a de la con o e sia compues a po A gi o
años a ás, po que a ella alude en la e u ación del opúsculo del Can acuzeno.
El o o campo ele an e de la ac i idad de A gi o en los úl imos años de su ida ue
el es udio de la as ología an igua. La ampli ud de los in e eses in elec uales de nues o
au o se ha pues o de elie e con jus icia en los úl imos años. Sabíamos de su
dedicación apasionada a la as onomía p olemaica, a la geog a ía, a la ma emá ica y a la
ha mónica, pe o ambién hacia los es udios de mé ica y c í ica li e a ia. Como hemos
is o a iba, pa a A gi o, como pa a o os in ele uales o mados en el cí culo de
G ego ás, es os a anes po la ciencia p o ana cons i uían el p ime o de los cua o modos
de la pa icipación en la di inidad, que mani ies a su bondad, pe ección y sabidu ía en
el o den de la na u aleza c eada.
Pe o la as ología e a más p oblemá ica. A pesa de que algunos in elec uales
bizan inos de época paleóloga habían encon ado el modo de in eg a la as ología en e
los campos de in e és que podía azonablemen e cul i a un c is iano o odoxo, como
hizo, po ejemplo, el anónimo au o del He mipo, cualquie a que quisie a inicia se en
7
es e campo debía ex ema las p ecauciones an e la igilan e mi ada del Pa ia cado. En
el caso de A gi o, los úl imos es udios de B igi e Mond ain mues an a es e eólogo
compe en e euniendo co po a de ex os as ológicos an iguos pa a in eg a los en
nue os códices que ue on p olijamen e consul ados y es udiados en el cí culo de Juan
Ab amio, médico y conseje o as ológico del u u o And ónico IV y de su hijo Juan VII.
Como ha demos ado Mond ain en un abajo ecien e, Isaac A gi o es el copis a
ín eg o del Fi enze, Biblio eca Medicea Lau enziana, Lau en ianus plu eus 28,13.
Tengo en mi pode una copia digi al de la o alidad del manusc i o y no puedo sino
co obo a la a ibución de Mond ain. La esc i u a conse a odos los asgos
ca ac e ís icos de la mano de A gi o, al como han sido es udiados ecien emen e po
Inmaculada Pé ez Ma ín y Daniele Biancone. Yo únicamen e añadi ía a sus p ecisas
obse aciones paleog á icas que el duc us de A gi o en el Lau . 28,13 no iene la
agilidad ni la sol u a de o os manusc i os a él a ibuidos. Hay una cie a igidez e
insegu idad en los azos, un dé ici de na u alidad que pod ía explica se po que se a a
quizá de uno de los úl imos códices copiados po A gi o, que con aba ap oximadamen e
an os años como el siglo en el que le ocó i i .
Y es que el Lau . 28,13 ue copiado en e 1373 y 1381/82. El e minus pos quem
nos lo p opo ciona un ho óscopo ansc i o po el p opio A gi o en los olios 1 - , en el
que se ecoge un cúmulo p odigioso de neg os p esagios que amenazan la ecién
celeb ada asociación de Manuel al ono de Juan V, en de imen o de los de echos
dinás icos del p imogéni o And ónico. Es e ho óscopo es p obable que no o ma a pa e
del plan de copia del manusc i o, po que se ha ansc i o en un olio des inado a queda
en blanco y que ha ecibido la copia no solo de es e ho óscopo, sino ambién de un
Índice la ino.
Lo impo an e aquí es que la uen e de ese ho óscopo solo se la pudo p opo ciona a
A gi o quien lo con eccionó pa a consola a And ónico del e és que había su ido. Esa
pe sona no es o a que Juan Ab amio, quien ansc ibió el Lau . plu . 28,13 en o o
códice en pa e de su p opia mano, el Lau . plu . 28,16. No sabemos en ealidad el ipo
de colabo ación que pudo habe en e A gi o y Ab amio. Ambos enían en común el
in e és po la as onomía y es p obable que Ab amio, más jo en y quizá discípulo de
A gi o, pudiese habe pedido a su men o que con ecciona a un códice con los ex os
as ológicos que el discípulo ue a euniendo. Sabemos que ambos códices ue on
p opiedad de Ab amio po que así se e ie e a ellos años más a de Isido o de Kie , el
ca denal u eno, nomb ándolos como τὸ περσικὸν πρόχειρον τοῦ Ἀβραµίου y τὸ
δεύτερον πρόχειρον τοῦ Ἀβραµίου, en azón de la ob a que inaugu a ambos códices.
Pe o no ue es a la única copia que ealizó A gi o de un códice as ológico.
Mond ain ha apun ado ambién al Pa is. G . 2507, copiado en el e ce cua o del s.
XIV, como un nue o manusc i o de A gi o. Las uen es de la mayo ía de los ex os que
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con iene puede as ea se en el ya mencionado Lau . 28,13 y en el Lau . 28,14, o o
códice del cí culo de Ab amio, así como o os ex os coinciden es con ex ac os del
Va ic. G . 191.
La colabo ación en e A gi o y Ab amio plan ea p oblemas que me limi a é aquí a
apun a como deside a a que me ecen una in es igación po sí mismos:
a) En el 28,13 igu a au óg a a la ob a de A gi o sob e el cómpu o de la Pascua,
dedicada a And ónico Oinaio es (). El PLP man iene el in e ogan e de si pudie a
coincidi es e And ónico, que si ió a Juan V, con o o del que se nos dice que ue
se ido de And ónico IV y Juan VII a pa i del b e e einado del p ime o (1376).
¿Pod ía habe dedicado A gi o su cómpu o pascual no al p ime o, sino al segundo
And ónico? ¿O quizá la dedica o ia de A gi o e ue za la posibilidad de que se a a a
del mismo pe sonaje, que hubiese aicionado a Juan V pa a pasa se al bando de
And ónico?
b) ¿Pudo A gi o habe concebido alguna espe anza de es au ación de la o odoxia
condenada po el pa ia ca Filo eo, discípulo de Palamás, en las aspi aciones de
And ónico IV? Es bas an e imp obable, po que ningún empe ado sal o Juan
Can acuzeno se empeñó ac i amen e en a o ece los in e eses de una de las acciones
en liza y la ac i ud p agmá ica de los Paleólogo en es e asun o ue la de con empo iza
con los dos bandos. Pe o, en cualquie caso, nada más llega al pode , And ónico IV
depuso a Filo eo, que había pe seguido ca. 1370 a a ios supues os magos y as ólogos,
como el an ipalami a a epen ido Deme io Clo o y p obablemen e el p opio Ab amio, y
nomb ó en su luga a un al Maca io, del que lo único que sabemos es que e a con a io
a la unión de la Iglesia o odoxa con Roma (PLP).
c) Sea como ue e, el hecho es que se p odujo algún ipo de colabo ación en e los dos
e udi os y as ónomos y que los ex os que pasa on en e sus manos ienen la misma
cualidad de o ece ecensiones nue as de iejos ex os as ológicos, con cie as
libe ades en la edacción impu ables a los p opios au o es de dichas ecensiones. Es o
podemos as ea lo en los ex os del Syn agma Lau en ianum p esen es en los dos
lau encianos y en o os ex os de P olomeo que ue on as asados al Lau . 28,16 a
pa i del Va icanus G . 208, ep esen an e p incipal de la ecensión de la amilia γ.
¿Quién es el e dade o au o de es as ecensiones? En el caso de P olomeo, lo lógico es
pensa en A gi o, aunque la uen e au óg a a de esa edición no haya sob e i ido; en el
caso de los ex os as ológicos del 28,13 Ping e no dudaba en a ibui la a Ab amio.
Aho a que sabemos que ese códice ue copiado po A gi o, la hipó esis de Ping ee
pod ía no se an i me y la pa e nidad o iginal de Isaac me ece ía se plan eada y
con enien emen e in es igada.