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VIVERE%NEL%MEDITERRANEO.%ANTICHE%E%NUOVE%COABITAZIONI%
RELIGIOSE%TRA%LE%SPONDE%DEL%MEDITERRANEO.%
%PROSPETTIVE%DI%RICERCA%E%PROPOSTE%DI%DIALOGO%
19/05/2016%
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Raúl%Caballe oDSánchez%
Ciencia'y'Teología'en'el'Renacimien o'Paleólogo'en e'
O ien e'y'Occiden e:''
el'caso'de'Isaac'A gi o'
“A Isaac llamado A gi o, que ha compa ido du an e oda la ida la misma
en e medad de Ba laam y Acíndino, y que, as muchas eces, habiendo sido eque ido
po la Iglesia al inal de su ida a con e i se y a hace peni encia, ha pe se e ado en la
impiedad y ha abandonado mise ablemen e el alma p o esando su he ejía, ¡sea
ana ema!”.
Es a pe ícopa del Sinodicón de la O odoxia, con el que la Iglesia o ien al celeb a
odos los años, du an e el p ime domingo de Cua esma, el iun o sob e el iconoclasmo
en 843, es, na u almen e, bas an e pos e io a la composición o iginal de es e ex o
li ú gico. De las no pocas adiciones que ecibió el Sinodicón, a medida que la Iglesia
o odoxa hacía en e a las dis in as he ejías que siguie on aún amenazando la pu eza
del dogma, la que concie ne a los llamados “ba laami as y acindinianos” se inco po ó al
cue po del ex o en sucesi as oleadas: la p ime a condena exp esa de los oposi o es a la
eología de G ego io Palamás se in odujo poco después de la celeb ación del Sínodo de
las Blaque nas en 1351, que p omulgó o icialmen e la o odoxia del palamismo. En es a
sección más an igua la iglesia o odoxa hacía una condena colec i a de los seguido es
de Ba laam y Acíndino, seguida po una con esión de e o odoxa en la línea pe seguida
po Palamás. A con inuación, so p enden emen e, encon amos el pá a o que hemos
ci ado al comienzo, dedicado exclusi amen e a Isaac A gi o e inco po ado, según
Gouilla d, en e 1372 y 1379, as la supues a mue e de nues o monje ecalci an e.
Fue, en cambio, bas an e más a de, en el año de 1420, cuando se añadie on al
Sinodicón, y solo en las iglesias de Tesalónica, las condenas de o os pe sonajes
des acados en la esis encia a Palamás y sus seguido es, y mucho más conocidos, al
menos po la pos e idad, que el p opio Isaac A gi o: me e ie o a los ana emas di igidos
con a Nicé o o G ego ás, que ue p ecisamen e el maes o de A gi o, y con a los
he manos P óco o y Deme io Cidones, quienes in oduje on, con las aducciones de
es e úl imo, la eología de adición omis a en e los bizan inos y con esas a mas
lucha on con a los palami as.
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Como bien dice el co o pá a o que a a de Isaac A gi o, pues, és e se negó
obs inadamen e, aun en su agonía, a con esa la o odoxia de la doc ina de Palamás: (3)
a sabe , que en Dios pueda a i ma se, sin que ello a ec e a la in ini a simplicidad de su
se , una dis inción eal en e la na u aleza o esencia, que es simple, una e idén ica en las
es pe sonas de la T inidad, y las ope aciones ad ex a, po las que Dios c ea el
uni e so de la nada, lo man iene en el se y lo conduce con su mise ico diosa
p o idencia hacia sí mismo, esca ando a oda la c eación, y en pa icula a los homb es,
del pecado de Adán, nues o común an epasado.
Es bien sabido que en la eología palami a la esencia de Dios pe manece siemp e
inaccesible pa a cualquie c ia u a, incluidas odas las je a quías celes iales de se es
ángelicos, c eados sin ca ne sensible, se es in elec uales que gozan, sin la somb a de la
mue e, de la ce canía de Dios. Ninguna c ia u a puede pene a en el mis e io
insondable de la na u aleza di ina, po que És a es sup aesencial y absolu amen e
ascenden e. Pe o es o, según Palamás, no ecluye a Dios en un ensimismamien o
inac i o, sino que, al con a io, Él se e ela siemp e en sus ope aciones di inas e
inc eadas, con o me a sus a ibu os de bondad, jus icia, belleza, luz, g acia, ida, e c. (4)
P ecisamen e po que las ope aciones di inas son inc eadas y se desp enden de la
esencia di ina sin sepa a se nunca de ella, como el Sol desp ende sus ayos luminosos
sin que és os dejen de pe enece al as o que los p oyec a hacia ue a; p ecisamen e
po que Dios se uelca hacia ue a, sin deja de se Dios, en sus múl iples acciones
económicas sob e el uni e so c eado, puede el c is iano, si se hace digno de él,
man ene i a la espe anza de ealiza el in pa a el que ue c eado po su e e no
Hacedo : la di inización en el siglo u u o, hecha posible po la enca nación del Ve bo.
Pa a los palami as, la di inización, como espe anza esca ológica de la e, no es hace se
uno con la na u aleza di ina, absolu amen e impa icipable, sino asimila se a las
ope aciones inc eadas de Dios. De ellas, la pa icipación en la g acia inc eada nos
con e i á, en el in de los iempos, en la luz misma de Dios, en el esplando di ino que
odea su na u aleza impa icipable.
La ans igu ación de Jesús en el mon e Tabo , poco an es de a on a el su imien o
de su sac i icio lib emen e elegido, ue in e p e ada po Palamás como una p imicia y
anuncio, des inado a sus discípulos más pe ec os, de la elicidad indecible que
alcanza á a quienes se sal en as habe lle ado una ida en egada al amo de Dios y
del p ójimo. Po eso, lo que ie on milag osamen e en Jesús con sus ojos co po ales
en onces Ped o, Juan y San iago ue la misma luz di ina que les es á ese ada as la
esu ección de los cue pos, cuando ellos, con un cue po y un alma abso bidos po la luz
de Dios, no sean sino esa luz. Los monjes hesicas as pa ida ios de la eología palami a
es aban con encidos de que, con sus p ác icas especí icas de o ación y quie ud, podían
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llega a sen i con los ojos del espí i u, en el in e io de su p opio cue po, es a luz
ine able e inc eada de la di inidad.
(5) Isaac A gi o se negó en su lecho de mue e a con esa odas es as a i maciones
dogmá icas de la eología palami a. Como él, un monje dedicado al es udio de las más
a iadas ma e ias, an o de la ciencia p o ana como di ina, ue on muchos –clé igos o
laicos, nobles o humildes, pa ida ios o no de la Unión con Roma– los que, pese a las
amenzas y a las p esiones, no pudie on acep a la p e ensión palami a de dis ingui dos
ealidades di inas e inc eadas en un solo Dios, la de la na u aleza y la de la ope ación,
po muy insepa ables que es as ue an. La adición de la Esc i u a y de los Pad es,
pensaban los an ipalami as, dis ingue a eces, aunque aga y me a ó icamen e, en e
na u aleza y ope aciones de Dios, pe o lo hace únicamen e en el bien en endido de que
al dis inción es solo ela i a a las limi aciones de la in eligencia humana, que solo
puede conoce las ealidades que le odean es ableciendo dis inciones y elaciones en e
las cosas. Pe o po se Dios no me amen e una cosa en e las cosas, sino que asciende
a odas ellas, po eso mismo no hay en Dios dis inción eal en e esencia y ope ación: su
na u aleza simple e in ini a es su ac i idad, po que no se concibe ninguna na u aleza sin
ac i idad, y ambas son en Dios una única ealidad sup aesencial.
La ac i idad de Dios en cuan o Dios desemboca en la economía y en el plan de
sal ación, y es po la in ini a bondad del lib e que e de las es pe sonas –del Pad e, a
a és del Hijo, en el Espí i u–, como Dios c ea el mundo y lo man iene en el se . En él,
como he ede o de la ie a, el se humano ha sido c eado a su imagen y semejanza,
des inado a la biena en u anza ce ca de Dios –con Adán y E a en el pa áiso–. Pe o el
homb e eligió da la espalda a su C eado y cayó en la co upción y la mue e. Po eso,
se á nue amen e esca ado po Dios a lo la go de la p og esi a e elación del Hijo en el
Espí i u San o, que culmina en C is o y su esu ección. Pa a odos los an ipalami as,
que es aban con encidos de es a de endiendo la o odoxia sancionada po los sie e
concilios ecuménicos, los u os de la ac i idad de Dios en el mundo son siemp e dones
c eados. Hablan de la g andeza de Dios sin ago a la, po que Dios los o o ga a las
c ia u as de acue do con la na u aleza de cada una. A gi o esc ibió un a ado polémico
con a los palami as en el que explicaba las cua o o mas posibles de pa icipa en Dios
las c ia u as.
(6) Así, po ejemplo, la belleza y el o den que igen las causas na u ales en el
uni e so c eado aspa en an la sabidu ía de Dios. Po o o lado, los dones de g acia
san i ican e que ado nan a los buenos c is ianos de i udes son po encias de las
c ia u as, que encuen an en Dios, median e la pa icipación en los mis e ios
sac amen ales de la iglesia, la ue za y la paz pa a hace posible su ob a en es e mundo.
En el mundo enide o, esa san i icación, impe ec a siemp e, alcanza á su céni en la
glo i icación de la ida e e na, cuando la con emplación de Dios, de su simplicidad
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ine able, nos pe mi i á goza de una dicha e e na sin deja de se c ia u as. Po que, en
ese es ado de bea i ud incesan e, nues as almas pu i icadas du an e la ida en la ie a
se hab án unido a nues os cue pos esuci ados y es au ados en el b illo y el esplendo
que u ie on una ez en el Pa aíso, cuando Adán i ía en la in imidad de Dios. Incluso
la unión hipos á ica de las dos na u alezas en C is o incula de o ma di ec a a uno de la
T inidad, la pe sona del Hijo, con oda la humanidad a a és del cue po y el alma que
asumió en su hipós asis, sin mancilla en nada su na u aleza di ina. En es as cua o
o mas de pa icipación del homb e en la di inidad, incluso en la unión hipos á ica,
pe manece i educ ible el se de la c ia u a.
(7) En opinión de A gi o, en ninguna de ellas e a necesa io, como que ían los
palami as, a i ma ninguna ealidad di ina in e media que ac ua a en e la esencia
incomp ensible de Dios y las c ia u as, es o es, una ope ación común a las es pe sonas
de la T inidad que se dis inguie a de la ida in e na de esas mismas pe sonas di inas.
Pa a A gi o el Pad e, a a és del Hijo y con la ue za del Espí i u ac úa di ec amen e en
la c eación y ga an iza a los homb es la pa icipación en la di inidad. Es e es el sen ido
úl imo de la enca nación del Ve bo. A gi o e a pe ec amen e conscien e, y ese es el
mé i o p incipal de su apo ación a la esis encia con a Palamás, de que el desa ío
lanzado po és e se jugaba en el e eno de la espe anza esca ológica de los c is ianos
o odoxos, en el que la p omesa o ecida po los palami as e a desde luego mucho más
cau i ado a, aun a cos a de sac i ica la simplicidad di ina.
(8) Po eso esc ibió A gi o un a ado pa a con a es a la idea, obsesi a en
Palamás, de que sin una g acia inc eada y e e na e a o almen e imposible la
di inización. Se a a del a ado epis ola , di igido al monje Gedeón, ace ca de la luz
abó ica. En es a ob a, dada a conoce po monseño Me ca i y edi ada po Manuel
Candal, A gi o polemiza con Teodo o Dexio, des acado an ipalami a e ín imo de
G ego ás, en o no a la de inición exac a de la na u aleza de la luz abó ica. Los
an ipalami as es aban de acue do en que ese esplando del cue po de C is o o maba
pa e de las ealidades c eadas y ci cunsc i as, pe o no siemp e coincidie on en la
de inición posi i a de ese enómeno.
Ba laam, al sos ene que esa luz, na u al y pasaje a, que en ol ió el cue po de C is o
e a menos digna que el in elec o, se a ajo la u ia de Palamás y la incomp ensión de
quienes, como Acíndino, enían dudas espec o a la o odoxia del monje a oni a, pe o no
podían acep a las adicales a i maciones, de co e casi o igenis a, de Ba laam. E a
quizá mejo acep a la na u aleza milag osa de la luz abó ica sin con e i la po ello en
la p opia ene gía di ina, pues o que ue is a po ojos co po ales. O a posibilidad e a
asigna le un alo simbólico, semejan e a las igu as y a que ipos del An iguo
Tes amen o, como p imicia de la bea i ud celes ial. Es a ue la solución de G ego ás.
Pe o ni Dexio ni A gi o es aban sa is echos con ella. La luz ue milag osa pe o eal y
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e lejaba la na u aleza p o unda del cue po de Jesús. Dexio sos enía que la luz no e a
sino ese mismo cue po enca nado y ungido po el Ve bo, lo que És e asumió como
p opio de su hipós asis en la enca nación (τὸ δεσποτικόν πρόσληµµα). Pe o A gi o io
en es a in e p e ación una pelig osa pendien e hacia la iconomaquia y el doce ismo. Lo
p ime o, po que des igu aba las ca ac e ís icas de ini o ias de la humanidad de Jesús,
po las que se dis inguía de su mad e Ma ía y del es o de los homb es; lo segundo,
po que hacía del cue po de humildad de C is o, lib emen e que ido y asumido po Jesús
de Naza e , una simple apa iencia an e los ojos de los demás homb es, que no pudie on
e lo al como e a –y solo sus es discípulos p edilec os– sal o en el episodio
milag oso de la ans igu ación en el mon e Tabo .
La p opues a de A gi o, como decíamos a iba, enía su mi a pues a en asegu a una
espe anza esca ológica de sal ación sin plega se a los nue os dogmas palami as. Jesús
se e is ió en el Tabo de la luminosidad y belleza esplendo osa del cue po del p ime
homb e, que e ulgía en el Pa aíso en la ce canía de Dios. Esa misma belleza de luz
c eada, inimaginablemen e b illan e y esplendo osa en medio de un mundo que aún no
se había manchado po la ebelión del homb e, se á es au ada al inal de los iempos en
el cue po de cada uno de los esuci ados a la ida e e na. Esa misma belleza es la que
e is ió ambién el cue po glo i icado de C is o as la esu ección, como un segundo
Adán que saca al p ime Adán del Hades pa a conduci lo a la ida e e na. C is o les
mani es ó a sus discípulos más dignos en el Tabo las p imicias de la espe anza
esca ológica, en la que el cue po ambién iene un luga p opio en un mundo es au ado
a la ida y uel o hacia Dios, pe o que no po ello deja de se el mundo c eado po Dios.
Runciman ha dicho que es a e a una solución de comp omiso y que a enuaba en
cie a medida las pos u as an ipalamis as más ex emas. Yo pienso que A gi o se hab ía
escandalizado de escucha nomb a la palab a comp omiso. Es aba con encido de no
ene que cede en nada po que en nada se había mo ido de la o odoxia de inida po la
Esc i u a y los Pad es. Sus exp esiones hacia Palamás y sus seguido es siemp e ue on
o undas y polémicas y no enunció a ninguno de los apela i os acuñados po Ba laam
ya desde el inicio de la con ienda, sal o quizá los ela i os a las p ác icas ascé icas de
los hesicas as. No se cansaba de acusa los de la más absolu a inepcia en la he menéu ica
de los ex os sag ados y de la adición, así como de desconoce las más elemen ales
nociones de c í ica li e a ia y poé ica al se icio de la co ec a in e p e ación de las
palab as inspi adas de los an epasados. De habe i ido pa a lee el a ado con a
Dexio, que, como el es o de su p oducción eológica, pe enece a los años 60’ y
p ime os de los 70’ del s. XIV, Palamás hubie a juzgado un eno me desa ío man ene la
na u aleza c eada de la luz abó ica y una espe anza esca ológica en la que los sal os no
se ans igu an en ene gía di ina. Así lo in e p e a on de hecho los seguido es de
Palamás, sob e odo el ex-empe ado Juan Can acuzeno, con quien A gi o se midió
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dialéc icamen e en a ias ocasiones desde la abdicación del p ime o, cuando le
p esiona on en a ias ocasiones pa a que abju a a de sus posiciones eológicas.
(9) La espues a de A gi o, especialmen e después de la condenación de P óco o
Cidones en 1368, a quien ni siquie a su he mano Deme io, con cie a in luencia en la
co e, pudo sal a , no solo no ue la de cede a las p esiones, sino que hizo odo lo
posible pa a man ene i a la esis encia al palamismo cada ez más iun an e. Así lo
es imonia el hecho de que, como ya demos a a Me ca i, A gi o ue a el au o de un
esbozo de Τόµος, edac ado en o no a 1370 pa a un p oyec ado, y quizá nunca
celeb ado, sínodo de la Iglesia de An ioquía en el que la cabeza de es a sede pa ia cal,
A senio de Ti o, hubie a aclamado po es eces ana ema los nue os dogmas palami as.
¿A qué se dedica ía A gi o los úl imos años de su ida, as el us ado in en o de
euni un sínodo an ipalami a en An ioquía, del que no enemos no icia alguna? Algunas
o as ob as eológicas pudo habe las compues o du an e esos años: apa e de las ya
mencionadas, hemos conse ado una e u ación comple a de un a ado sob e la luz
abó ica que el Can acuzeno había esc i o con a A gi o, aunque ue a des inada
nominalmen e a Raúl Paleólogo, un jo en de la amilia einan e que ecuen aba
compañías pelig osas, a deci de su p o ec o , po que p es aba oídos a los an ipalami as.
Algo an e io a esos años es un in e esan e a ado sob e cómo a ec a la dis inción eal
de Palamás en e esencia y ope ación en Dios al desencadenamien o de o a posible
dis inción, p omo ida po los palami as, en e las pe sonas y su común na u aleza
di ina en el seno de la T inidad. En es a ob a A gi o emplea oda la ue za de su ingenio
a gumen a i o sin queda en deuda con el ipo de eología omis a que los he manos
Cidones comenza on a cul i a po aquellos años. No hemos conse ado, po úl imo, lo
que pod ía habe sido una his o ia comple a de la con o e sia compues a po A gi o
años a ás, po que a ella alude en la e u ación del opúsculo del Can acuzeno.
El o o campo ele an e de la ac i idad de A gi o en los úl imos años de su ida ue
el es udio de la as ología an igua. La ampli ud de los in e eses in elec uales de nues o
au o se ha pues o de elie e con jus icia en los úl imos años. Sabíamos de su
dedicación apasionada a la as onomía p olemaica, a la geog a ía, a la ma emá ica y a la
ha mónica, pe o ambién hacia los es udios de mé ica y c í ica li e a ia. Como hemos
is o a iba, pa a A gi o, como pa a o os in ele uales o mados en el cí culo de
G ego ás, es os a anes po la ciencia p o ana cons i uían el p ime o de los cua o modos
de la pa icipación en la di inidad, que mani ies a su bondad, pe ección y sabidu ía en
el o den de la na u aleza c eada.
Pe o la as ología e a más p oblemá ica. A pesa de que algunos in elec uales
bizan inos de época paleóloga habían encon ado el modo de in eg a la as ología en e
los campos de in e és que podía azonablemen e cul i a un c is iano o odoxo, como
hizo, po ejemplo, el anónimo au o del He mipo, cualquie a que quisie a inicia se en
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es e campo debía ex ema las p ecauciones an e la igilan e mi ada del Pa ia cado. En
el caso de A gi o, los úl imos es udios de B igi e Mond ain mues an a es e eólogo
compe en e euniendo co po a de ex os as ológicos an iguos pa a in eg a los en
nue os códices que ue on p olijamen e consul ados y es udiados en el cí culo de Juan
Ab amio, médico y conseje o as ológico del u u o And ónico IV y de su hijo Juan VII.
Como ha demos ado Mond ain en un abajo ecien e, Isaac A gi o es el copis a
ín eg o del Fi enze, Biblio eca Medicea Lau enziana, Lau en ianus plu eus 28,13.
Tengo en mi pode una copia digi al de la o alidad del manusc i o y no puedo sino
co obo a la a ibución de Mond ain. La esc i u a conse a odos los asgos
ca ac e ís icos de la mano de A gi o, al como han sido es udiados ecien emen e po
Inmaculada Pé ez Ma ín y Daniele Biancone. Yo únicamen e añadi ía a sus p ecisas
obse aciones paleog á icas que el duc us de A gi o en el Lau . 28,13 no iene la
agilidad ni la sol u a de o os manusc i os a él a ibuidos. Hay una cie a igidez e
insegu idad en los azos, un dé ici de na u alidad que pod ía explica se po que se a a
quizá de uno de los úl imos códices copiados po A gi o, que con aba ap oximadamen e
an os años como el siglo en el que le ocó i i .
Y es que el Lau . 28,13 ue copiado en e 1373 y 1381/82. El e minus pos quem
nos lo p opo ciona un ho óscopo ansc i o po el p opio A gi o en los olios 1 - , en el
que se ecoge un cúmulo p odigioso de neg os p esagios que amenazan la ecién
celeb ada asociación de Manuel al ono de Juan V, en de imen o de los de echos
dinás icos del p imogéni o And ónico. Es e ho óscopo es p obable que no o ma a pa e
del plan de copia del manusc i o, po que se ha ansc i o en un olio des inado a queda
en blanco y que ha ecibido la copia no solo de es e ho óscopo, sino ambién de un
Índice la ino.
Lo impo an e aquí es que la uen e de ese ho óscopo solo se la pudo p opo ciona a
A gi o quien lo con eccionó pa a consola a And ónico del e és que había su ido. Esa
pe sona no es o a que Juan Ab amio, quien ansc ibió el Lau . plu . 28,13 en o o
códice en pa e de su p opia mano, el Lau . plu . 28,16. No sabemos en ealidad el ipo
de colabo ación que pudo habe en e A gi o y Ab amio. Ambos enían en común el
in e és po la as onomía y es p obable que Ab amio, más jo en y quizá discípulo de
A gi o, pudiese habe pedido a su men o que con ecciona a un códice con los ex os
as ológicos que el discípulo ue a euniendo. Sabemos que ambos códices ue on
p opiedad de Ab amio po que así se e ie e a ellos años más a de Isido o de Kie , el
ca denal u eno, nomb ándolos como τὸ περσικὸν πρόχειρον τοῦ Ἀβραµίου y τὸ
δεύτερον πρόχειρον τοῦ Ἀβραµίου, en azón de la ob a que inaugu a ambos códices.
Pe o no ue es a la única copia que ealizó A gi o de un códice as ológico.
Mond ain ha apun ado ambién al Pa is. G . 2507, copiado en el e ce cua o del s.
XIV, como un nue o manusc i o de A gi o. Las uen es de la mayo ía de los ex os que
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con iene puede as ea se en el ya mencionado Lau . 28,13 y en el Lau . 28,14, o o
códice del cí culo de Ab amio, así como o os ex os coinciden es con ex ac os del
Va ic. G . 191.
La colabo ación en e A gi o y Ab amio plan ea p oblemas que me limi a é aquí a
apun a como deside a a que me ecen una in es igación po sí mismos:
a) En el 28,13 igu a au óg a a la ob a de A gi o sob e el cómpu o de la Pascua,
dedicada a And ónico Oinaio es (). El PLP man iene el in e ogan e de si pudie a
coincidi es e And ónico, que si ió a Juan V, con o o del que se nos dice que ue
se ido de And ónico IV y Juan VII a pa i del b e e einado del p ime o (1376).
¿Pod ía habe dedicado A gi o su cómpu o pascual no al p ime o, sino al segundo
And ónico? ¿O quizá la dedica o ia de A gi o e ue za la posibilidad de que se a a a
del mismo pe sonaje, que hubiese aicionado a Juan V pa a pasa se al bando de
And ónico?
b) ¿Pudo A gi o habe concebido alguna espe anza de es au ación de la o odoxia
condenada po el pa ia ca Filo eo, discípulo de Palamás, en las aspi aciones de
And ónico IV? Es bas an e imp obable, po que ningún empe ado sal o Juan
Can acuzeno se empeñó ac i amen e en a o ece los in e eses de una de las acciones
en liza y la ac i ud p agmá ica de los Paleólogo en es e asun o ue la de con empo iza
con los dos bandos. Pe o, en cualquie caso, nada más llega al pode , And ónico IV
depuso a Filo eo, que había pe seguido ca. 1370 a a ios supues os magos y as ólogos,
como el an ipalami a a epen ido Deme io Clo o y p obablemen e el p opio Ab amio, y
nomb ó en su luga a un al Maca io, del que lo único que sabemos es que e a con a io
a la unión de la Iglesia o odoxa con Roma (PLP).
c) Sea como ue e, el hecho es que se p odujo algún ipo de colabo ación en e los dos
e udi os y as ónomos y que los ex os que pasa on en e sus manos ienen la misma
cualidad de o ece ecensiones nue as de iejos ex os as ológicos, con cie as
libe ades en la edacción impu ables a los p opios au o es de dichas ecensiones. Es o
podemos as ea lo en los ex os del Syn agma Lau en ianum p esen es en los dos
lau encianos y en o os ex os de P olomeo que ue on as asados al Lau . 28,16 a
pa i del Va icanus G . 208, ep esen an e p incipal de la ecensión de la amilia γ.
¿Quién es el e dade o au o de es as ecensiones? En el caso de P olomeo, lo lógico es
pensa en A gi o, aunque la uen e au óg a a de esa edición no haya sob e i ido; en el
caso de los ex os as ológicos del 28,13 Ping e no dudaba en a ibui la a Ab amio.
Aho a que sabemos que ese códice ue copiado po A gi o, la hipó esis de Ping ee
pod ía no se an i me y la pa e nidad o iginal de Isaac me ece ía se plan eada y
con enien emen e in es igada.