CANARIAS Y EL CINE.
CLAVES PARA UNA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA
G ego io Cab e a Déniz
1. LA LLEGADA DEL CINE A CANARIAS, APROXIMACIÓN
CRONOLÓGICA
Aún hoy la c onología de los p ime os con ac os en e el cine y Cana ias
es á suje a a e isión, consecuencia de la al a de uen es especí icas. No obs an-
e podemos aza una ap oximación bas an e iel a lo ocu ido en los úl imos
años del siglo XIX.
A a és de la p ensa los cana ios supie on p ime o de los p eceden es del
cinema óg a o así como del éxi o de su p esen ación en Mad id. En junio de
1896, un mes después del p ime es eno o icial en España, se anuncia en Las
Palmas la llegada de una compañía d amá ica inglesa, acompañada del nue o
in en o. Sin emba go no exis e cons ancia documen al de que es e acon eci-
mien o llegase a p oduci se. Si enemos en cambio conocimien o de la p esen a-
ción del Kine oscopio en ab il de 1897 en el Ci culo Me can il de S a. C uz, de
manos de Miguel B i o. Es e hecho es especialmen e signi ica i o po que el
nomb e del emp esa io palme o, has a en onces es echamen e ligado a la o o-
g a ía, queda á a pa i de aho a inculado a los momen os iniciales de la exhi-
bición cinema og á ica en el A chipiélago. Unos meses más a de y después de
us adas negociaciones con el Ayun amien o, pa a la u ilización del ea o
Municipal, la p ime a exhibición cinema og á ica pública se ealiza en el Gabi-
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ne e Ins uc i o de S a. C uz el 29 de julio de 1897. El apa a o u ilizado ue el
kine oscopio de p oyección, in en ado po Edison en 1896, y según los pe iódi-
cos de la época la concu encia ue escasa du an e los días en que se man u o en
uncionamien o. Decepcionan es inicios de manos del emp esa io Luis Zamo ano
y Villa .
También ue el kine oscopio de p oyección el apa a o u ilizado en la p ime-
a exhibición documen ada en Las Palmas. Se celeb ó el 22 de oc ub e en un
salón de la plaza de Cai asco y en es a ocasión el modes o p og ama de ocho
is as animadas ob u o el a o del público, llegando a plan ea se la posibilidad
de aslada lo al Tea o P incipal.
Desde el p ime momen o imagina on los pe iodis as u u as aplicaciones
pa a el so p enden e in en o, y cuando el pe iódico lagune o Ague e dedique su
p ime a página del 30 de sep iemb e de 1897 a una isión de la ciudad en el
siglo XX, inclui á «una exposición e ospec i a en que igu a un cinema óg a o
que ep esen a una sesión del Ayun amien o de La Laguna en el siglo XIX». El
cine, en el inicio de un p oceso de ans o maciones écnicas y a ís icas, había
sido inmedia amen e acep ado como documen o de la his o ia.
El 13 de eb e o de 1898 Miguel B i o inaugu ó el cinema óg a o Lumie e
en los salones bajos del Cí culo Me can il de S a. C uz. Cada noche había dos
sesiones y los in e medios e an amenizados po un cua e o. En e los í ulos que
ob u ie on mayo acep ación se encon aban «Los sie e pasos de la pasión de
Jesús», «La noche oledana», «La llegada del en», «Escuela de equi ación» y
«El cazado ».
El éxi o alcanzado condujo al espec áculo al Tea o Municipal en e el 19 y
el 27 de ma zo. Pa a el Dia io de A isos se a aba del «úl imo p og eso de la
ciencia, que nos p esen a las is as animadas con pe ección al, con ca ac e es
de e osimili ud an eales que semeja los hechos que se desean y que más im-
p esión causan».
El cine, cuya a acción inicial su gía de su ca ác e no edoso, había de e-
co e un la go camino has a con e i se en el espec áculo de masas po excelen-
cia du an e décadas en Cana ias.
2. EL ESPECTÁCULO CONVIVE
Las ins alaciones que die on cobijo a las p oyecciones cinema og á icas se
ca ac e iza on en los p ime os años po su p o isionalidad, a ándose con e-
cuencia de pabellones po á iles o de locales alquilados a al in. El paso a las
salas es ables ue una exigencia de la p opia indus ia, necesi ada de ompe con
la imagen de insegu idad que había su gido de los ágicos acciden es de su
p ime a e apa.
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Con el paso del iempo se en iqueció el ma co a qui ec ónico de las salas de
exhibición, en un p oceso de imi ación de los ea os, al iempo que se p oduce
la independencia con espec o a o as o mas de en e enimien o, algunas de las
cuales deben su decadencia y de ini i a desapa ición al p edominio absolu o de
la pan alla. Du an e oda la p ime a década del siglo es habi ual que cine y a ie-
dades ayan unidos. Lo que comenzó siendo un simple complemen o de la p o-
g amación pasó p on o a se una exigencia po pa e del público, ápidamen e
acos umb ado al espec áculo cinema og á ico.
En poco iempo se án las a iedades las que complemen en al cine, in o-
duciendo en e las películas pequeñas ac uaciones. Así lo desc ibía el Dia io de
Tene i e en 1909:
La mono onía de la empo ada de e ano oca a su in, y mien as se ab en las
pue as del p incipal, i emos sacudiendo el noc u no abu imien o, que pa a
ello ienen sob ada i ud el balance, el couple y la pi ue a, insepa ables com-
pañe os del sobe ano Cine.
Pe o no sólo se a aba a ae al mayo núme o posible de espec ado es,
ambién e a p eciso de ennoblece el cine e iden i ica lo como en e enimien o
bu gués, pa a lo que ue necesa io un espacio en el que los g upos sociales que-
da an sepa ados según c i e ios de capacidad económica.
Ya hemos mencionado como los p ime os locales u ilizados pa a la p esen-
ación en Cana ias del cine incluía sociedades cul u ales o ec ea i as y ea os
de p opiedad municipal, especialmen e a ac i os pa a el emp esa io po el em-
paque de la edi icación y sus conno aciones de espacio selec o.
Uno de los p ime os locales de ca ác e pe manen e en los que se exhibió el
cine en Las Palmas ue el Tea o Cuyás, que en aquella época e a u ilizado como
ea o y galle a. Su his o ia cinema og á ica se inició en 1902 y se p olongó po
más de ochen a años. Se a aba en un p incipio de compañías de a iedades que
incluían en e sus a ac i os la p oyección cinema og á ica o de emp esa ios que
ma chaban hacia Amé ica y que ap o echaban la escala del buque en la Isla. A
mediados de la p ime a década del siglo el cine alcanza un eno me éxi o en la
ciudad y no al an las aglome aciones en la aquilla y pue a. Si escogemos el
año de 1906 encon amos que se exhibía en S a. C uz en el Tea o y en el Cen o
Republicano, a los que se añade du an e el e ano la solici ud de au o ización
pa a p oyec a del Cen o Ob e o y la Sociedad Fila mónica. Po es as echas e a
ecuen e la p esen ación de es os cinema óg a os en o as poblaciones como La
Laguna, La O o a a o el Pue o de la C uz.
En 1908 y 1913 dos eales o denes in en an o ganiza la has a en onces
caó ica si uación en el e eno de la exhibición, causa de nume osos acciden es,
como el incendio que des uyó el Ci co Cuyás la noche del 16 de junio de 1908.
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A pa i de en onces la exhibición ue p ohibida en algunos locales, al iempo
que en aban en escena los pabellones de e ano en S a. C uz y Las Palmas. El
p ime o en inaugu a se, el dos de mayo de 1908, ue el Pa que Rec ea i o, ini-
cia i a del emp esa io Ramón Baude , que hab ía de con e i se en una de las
igu as más des acadas de la exhibición cinema og á ica en el A chipiélago.
En los años siguien es los locales se mul iplican, no al ando aquellos cuyo
o igen e a una concesión p o isional en la es ación e aniega. En 1910 se p o-
yec a en Las Palmas en el Pabellón Rec ea i o, Pabellón Colón, Cine S a. Ca a-
lina y las nue as ins alaciones del Ci co Cuyás. En S a. C uz se combinan loca-
les es ables como el ci ado Pa que Rec ea i o, con el ea o Municipal y espacios
de empo ada como la Plaza de To os.
Los p ecios de la en ada a iaban dependiendo de los locales, el ho a io y
la ubicación del asien o. Du an e los p ime os años oscilan en e las 0,20 p s, de
gene al a las 0,50 p s. de p e e encia, alcanzando en los años ein e un p ecio
que a de las 0,75 p s. a la 1,5 p s en los cines de es eno.
Du an e odo es e pe íodo es el cine eu opeo, especialmen e el ancés y en
meno medida el i aliano, el que con ola las pan allas del A chipiélago. Las pelí-
culas que se exhiben coinciden con los p og amas is os en el con inen e, aña-
diendo con ecuencia alguna ilmación ealizada en España. Son sesiones que a
p incipios de siglo no suelen supe a los ein a minu os de du ación. Man ene la
a ención del público, una ez pasado el impac o inicial, exigió la complicación de
los a gumen os, las mejo as écnicas y el aumen o en la du ación de las películas.
En eb e o de 1906 son éxi o en S a. C uz las películas di igidas po Geo ge Meliés
unos años a ás «Viaje a la luna» (1902) y «El eino de las hadas» (1903).
El cine no sólo es e asión ambién ansmi e una ac ualidad que poco iem-
po a ás sólo podía se imaginada a a és de la lec u a. En junio del mismo año
de 1906 se es enan en el ea o Municipal de la capi al a ias películas que
ecogen secuencias del ma imonio de Al onso XIII y Vic o ia Eugenia. El mis-
mo mes en el Tea o Pé ez Galdós el público podía admi a escenas de la ida
del Papa León XIII.
Son años en los que con ecuencia no se especi ican los í ulos de las pelí-
culas. Aún más ex año es que se incluyan los nomb es de los in é p e es o del
di ec o y sólo p óxima a e mina la década se inicia la cos umb e de asocia el
í ulo con el del local de exhibición, en lo que sin duda in luye el hecho de que
los emp esa ios se con ie an en p opie a ios del ma e ial necesa io pa a la p o-
yección y pasen a ene en onces un mayo con ol sob e la exhibición. En es os
años la publicidad se concen aba en p og amas de mano así como ca eles y
o og a ías en colocados escapa a es y o os si ios públicos.
Du an e es e pe íodo se p oduce uno de los p ime os éxi os en aquilla de
Cana ias: «Vida, pasión y mue e de N o. S . Jesuc is o», a ias eces epues a
en e 1908 y 1909, y que puede co esponde a la ob a que ealiza an años a ás
Fe dinand Zecca y Lucien Nongue pa a la Pa hé.
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3. EL ESPECTÁCULO SE CONSOLIDA
El paso a la segunda década del siglo se acompaña po la consolidación de
las emp esas de exhibición, ya que la p og esi a desapa ición de los pabello-
nes p o isionales queda compensada con la apa ición de salas es ables: Salón
No edades en S a. C uz en 1912, Cine Do ée en Las Palmas en 1914 o Tea o
Leal en La Laguna en 1915, si bien en es e úl imo caso se a aba de un local
que aspi aba a p opo ciona una o e a cul u al amplia que debía inclui ea o
y música cul a.
Al mismo iempo se p oyec a en espacios p i ados an di e sos como el
Ho el «The mal Palace» del Pue o de la C uz o el colegio de «Los Luises» en
Las Palmas, sin ol ida las sociedades de ca ác e cul u al y ec ea i o.
Aún en 1915 el Ci co Cuyás de Las Palmas di idía el año en dos empo a-
das: la de ea o y la de cine y a iedades. En el decenio siguien e es as úl imas
desapa ece ían casi po comple o. O os medios de eclamo las sus i uyen. En
oc ub e de 1909 el Pa que Rec ea i o de S a. C uz había in oducido los ma es
como día de G an Moda, en los que es aba p esen e la banda municipal de músi-
ca. Es a cos umb e se ex ende á a o as emp esas. En las Palmas el Ci co Cuyás
inicia los Lunes de Moda en ene o de 1915, amenizados po un sex e o.
Lo habi ual e a que cada a de-noche se die an dos sesiones. La segunda
es aba dedicada a los es enos, mien as que en la p ime a se pasaban películas
p e iamen e es enadas en la segunda sesión. Se man enía así una cla a di e en-
ciación social y económica: las clases abajado as acudían a una ho a más em-
p ana que no les impidiese mad uga y pagaban un p ecio más bajo ya que la
película no e a de es eno, mien as que las clases más acomodadas se eían
lib es de una agobian e p esencia de elemen os popula es.
La P ime a Gue a Mundial ma ca en Cana ias la sus i ución de la p oduc-
ción eu opea po la ame icana. El c ecien e p es igio de Hollywood asegu a du-
an e décadas una sup emacía basada en la come cialidad de la p oducción y en
su capacidad de en a. Es a se consigue no sólo po la publicidad del p oduc o
en sí mismo sino ambién po las conno aciones que és e man enga con el com-
plejo en amado del «s a -sys em».
En la siguien e década los locales que exhiben cine se mul iplican, con
inaugu aciones an des acadas como el Royal Cinema de Las Palmas (1928),
con capacidad pa a 475 espec ado es y desc i o con admi ación po la p ensa de
aquellos momen os, que lo conside a espues a adecuada a las necesidades de
una ciudad en ans o mación. El cine supe aba su e apa de simple espec áculo
pa a pasa a cumpli un papel social. El mismo año se inaugu aban en S a. C uz
el Cinema Vic o ia y el Cine La Paz. Del cine que se exhibe cabe des aca el
éxi o de las películas po episodios y en los úl imos años de la década una con-
ao ensi a del cine eu opeo, que en Cana ias se hace especialmen e e iden e en
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el caso de la U.F.A. Se a a sin emba go de una polí ica de imagen que no a ec a
al conjun o del ma e ial exhibido. Es e sigue siendo p edominan emen e es ado-
unidense, si bien la inco po ación de de e minados í ulos eu opeos apo aban
un oque de dis inción e in elec ualidad que pe mi e al emp esa io apa ece como
una especie de mode no mecenas del a e.
Las películas eu opeas o ame icanas se es enaban en Cana ias como no -
ma gene al en e es y cinco años después de su ealización, si bien a ines de la
década los plazos ienden a aco a se. En e los í ulos que alcanza on el éxi o en
las pan allas insula es se encuen an ob as y di ec o es que han pasado al a his-
o ia del cine po su signi icación o calidad a ís ica. En e las mismas nos en-
con amos con «A los co azones del mundo», di igida po G i i h (1918); «El
Chico» de Cha les Chaplín (1921); «El homb e mosca», in e p e ada po Ha old
Lloyd (1923); «Los Nibelungos» de F i z Lang (1924); «Los pelig os del li »
de E ns Lubi sch (1924); «Ben-Hu » de F ed Niblo (1925); «El p ecio de la
glo ia» de Raoul Walsh (1926); «Amanece » de Mu nau (1927) «El angel azul»
de Jose on S e nbe g (1930) y un la go e cé e a.
El cine nacional e a en gene al es enado un año después de su ealización.
Si bien no u o g an peso cuan i a i o p o agonizó algunos éxi os des acados como
«Cu i o de la C uz» de Alejand o Pé ez Lugín (1925) y «Mal aloca» de Beni o
Pe ojo (1926). La al a de i alidad del cine español ue analizada po la p ensa
cana ia en la década de los ein e, no sólo en busca de las causas que lo explican
sino ambién pa a ei indica ac uaciones públicas en su de ensa, llegando a
solici a se la nacionalización de la indus ia cinema og á ica, a endiendo a azo-
nes de ipo pa ió ico, ya que se emía la dependencia ideológica del ex e io .
4. EL CINE FENÓMENO SOCIAL
A lo la go de la década de los ein e el cine eje ció sin compe encia su
eno me capacidad de a acción sob e públicos de oda edad y condición social.
La imagen que se ansmi ía a a és de los p o agonis as de ambos sexos alcan-
za las p ime as páginas de la p ensa de mayo ci culación, incluyendo aquellos
í ulos social o polí icamen e más comp ome idos de los pe iódicos dia ios. La
sociedad insula , a pesa de su conse adu ismo de base ag a ia, había es ado
siemp e abie a a in luencias ex anje as asociadas al come cio y desde ines del
siglo XIX a la incipien e indus ia u ís ica. Sin emba go nunca es a mi ada más
allá de las p opias on e as había alcanzado una dimensión social como la p o-
po cionada po la imagen cinema og á ica. Las películas eu opeas, y muy espe-
cialmen e las es adounidenses, o ecían al público isleño la posibilidad de aso-
ma se a mundos desconocidos y ascinan es, a un conocimien o que has a aho a
había quedado ese ado pa a quienes a a és de la lec u a o del iaje podían
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amplia su isión del mundo, ue a median e la ec eación o la expe iencia. Ambas
se usionaban aho a en el cine, ya que el espec ado no sólo asis ía al ela o de
acon ecimien os eales o ic icios, sino que median e la ue za que es e espec á-
culo ansmi e asume un p o agonismo que al menos en su imaginación le pe e-
nece. La du a ealidad co idiana queda po unos momen os a ás y el espec ado
puede ans o ma se en soldado o bandido, ey o pi a a, jo en a is oc á ica o
mode na he oína; y los p oblemas domés icos y labo ales quedan a ás en la
o ágine de los acon ecimien os que i e en el lejano oes e o en las calles de una
g an ciudad, en mansiones deslumb an es o paisajes exó icos. El cine c eaba
adicción y el espec ado se eía impelido a e o na a la áb ica de los sueños,
an o más a ayen es cuan o más di ícil se o nan las ci cuns ancias po las que la
sociedad insula a a iesa.
No puede pues ex aña nos que en e los más asiduos asis en es al cine se
encuen en muje es y niños. Son dos sec o es de la población que su en muy
especialmen e el injus o sis ema social impe an e y pa a ellos la e asión a a és
del cine enía la ue za de la espe anza de un cambio, que pocas eces llegó a
ma e ializa se. Los emp esa ios, conscien es de la impo ancia de es e público,
o ganizó las sesiones de ma inée pa a los más jó enes y las educciones de p e-
cio pa a la muje en una sesión a la semana que le es aba dedicada. Solía és a
coincidi con los jue es, a de en la que lib aba el se icio domés ico y en la que
los niños no enían clase.
Quienes desde el púlpi o o la p ensa se conside aban gua dianes de la mo-
al pública p o es a on insis en emen e po es e dominio del cine y po lo que
conside aban unes as consecuencias. La Iglesia no enegó del cine como in en-
o e incluso u ilizó su capacidad como medio de comunicación, posando con
ecuencia sus je a quías pa a la cáma a. Pe o si el ea o o la li e a u a podían
con e i se en mecanismos de co upción, mucho mayo e a el po encial del
nue o medio, po lo que se insis e en la necesidad de una censu a que decida que
películas no pueden se exhibidas sin iesgo pa a el bienes a espi i ual de la
población. F en e a es e pelig o la p ensa ca ólica apoyó de o ma decidida la
u ilización de un cine imp egnado de mo al ca ólica, bien uese a a és de docu-
men ales o de películas que omaban como base ex os sag ados.
Abundan es son los í ulos es enados a lo la go de es os años que u iliza-
on la his o ia sag ada como eclamo. F ecuen emen e publici ados desde la p ensa
ca ólica no al a on ampoco í ulos que semb a on el desconcie o, como «Rey
de Reyes», película ealizada po Cecil B. de Mille en 1927. Se admi aba la
g andiosidad de la pues a en escena pe o se lamen aba la in oducción de hechos
apóc i os sob e la ida de Jesuc is o. En el mismo año de su es eno ame icano
podemos lee en la Gace a de Tene i e:
Una pecado a, a bi a iamen e inculada a la ida de Judas, que llena de luz
de escándalo una g an pa e de la película, cons i uye una o ensa al pudo de
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odo c is iano, y su lúb ica desnudez, aún en p esencia de Jesús, es una de las
azones que, a pesa de odas sus bellezas nos ha mo ido a mani es a nues a
incon o midad con la ob a (...), como una o ensa a la e dad bíblica y como
un a en ado a la decencia c is iana.
Cuando un año después la película se es ena en el Pabellón Rec ea i o de
Las Palmas, la emp esa da a conoce las opiniones a o ables de dis in as je a -
quías eclesiás icas. Mayo implicación u o el obispado de la diócesis ni a iense.
La película ue p esen ada la noche del día ein e en uno de los salones del Pala-
cio Episcopal de La Laguna, y as su isión el obispo dio a conoce su juicio,
publicado po a ios pe iódicos an es del es eno de la película en el Tea o Leal,
el 24 de no iemb e de 1928. Conside ada como una ob a g andiosa lamen a ay
Albino González Menéndez que no se p odigen películas de es as ca ac e ís icas,
ya que «las almas sencillas que la con emplen, además de un gozo es é ico muy
subido y de unas emociones muy pu as, de suyo educado as y mo alizan es, qui-
zás puedan sen i oda ía o os p o echos espi i uales supe io es, ya que el a o
con Jesús, hoy como aye , sólo daña y se a a iesa a los a iseos».
Cu iosamen e en es a ocasión las c í icas más du as no p o inie on del cle-
o, sino de quienes se conside aban c is ianos comp ome idos con la sociedad
de su época. Ejemplo de ello son las palab as del esc i o y pe iodis a cana io
F ancisco González Díaz, con a io a la u ilización de la igu a de Jesuc is o,
máxime en una película que des i úa los e angelios, con ie e a Judas en alum-
no de Maquia elo y a la Magdalena en as uosa co esana impe ial.
¿Pe o cuál es la capacidad del cine como mecanismo de ans o mación
social? ¿Puede ealmen e una película inci a a la adopción de nue os compo a-
mien os o alo es? Así lo han c eído du an e gene aciones polí icos y censo es,
así lo han soñado di ec o es y p oduc o es. Nadie duda en la ac ualidad en la
capacidad como mo o económico de una película pe o pocos con ían aún en su
posible in luencia en la conciencia o men alidad del espec ado . El cine e ue za
es uc u as p e iamen e exis en es pe o no es capaz de sus i ui las po o as al-
e na i as. Sin emba go la acción cons an e de los medios de comunicación,
en e los que se encuen a de o ma muy des acada el cine, colabo ó a las ans-
o maciones sociales i idas en el mundo occiden al en la p ime a mi ad de
nues o siglo. Cana ias no ue ajena a es os cambios, si bien no puede inclui se a
nues o A chipiélago en la on e a en la que se lib a on los comba es más e o-
ces. El cine que aquí llega iene la misión undamen al de en e ene , y su in-
luencia es asimilada socialmen e sin g a es al e aciones, excepción hecha de
los a aques di igidos hacia el cine más explíci o, conside ado como po nog á i-
co. Al ma gen de es e sólo algunas excepciones podemos ci a , y és as queda on
limi adas a un educido g upo de angua dia cul u al. Es el caso de las películas
de co e su ealis a, denos adas po la p ensa bu guesa como inci ado as a la
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up u a de los alo es mo ales impe an es. Pa a la Gace a de Tene i e «La edad
de o o» cons i uía una inju ia pa a cuan o ep esen a a la dignidad humana, pe o
incluso un í ulo polí icamen e a anzado como El T ibuno de Las Palmas había
echazado abie amen e «Un pe o andaluz», como exp esión de un mo imien o
cuya inalidad úl ima no e a o a que la des ucción de oda o ma de belleza.
¿Po qué azón encon amos en onces una línea de oposición al c ecien e
p o agonismo del cine como en e enimien o? An es de con es a a es a p egun a
debemos es ablece el con ex o en el que se p odujo el deba e ace ca de la posi-
ble in luencia social del cine. Se a a como pa a o os muchos emas de un
plan eamien o de posiciones que se ealiza a a és de la p ensa y en consecuen-
cia su p oyección pública queda limi ado a un sec o educido de la población.
Es o se debe no sólo al anal abe ismo, aún muy al o en el A chipiélago, cuyo
impac o se educe en el ámbi o pe iodís ico po la cos umb e de la lec u a de la
p ensa en oz al a en luga es públicos, sino ambién po el ca ác e in insecamen e
eli is a del deba e cinema og á ico. Dos de los p incipales g upos den o del
público que asis e habi ualmen e al cine, muje es y niños, se hayan al ma gen de
lo que los pe iódicos pudie an publica al espec o. En cuan o a la población
masculina, a excepción de un limi ado g upo más p eocupado po cues iones
cul u ales, esul a muy dudoso que pudie an in e esa se po la supues a in luen-
cia social del cine.
Nos encon amos, pues, an e un p onunciamien o que pod íamos denomi-
na in elec ual. Su e dade a impo ancia de i a del in e és con el que hoy ana-
lizamos los compo amien os de las éli es cana ias, no del eco que en el conjun-
o de la población pudie a habe alcanzado.
Si me pe mi en ex apola a nues os días es e ipo de si uaciones bas a ía
con ealiza una compa ación en e los ing esos po aquilla y las opiniones de la
c í ica pa a comp ende cuan alejados pueden llega a es a los in e eses del
g an público con espec o a las opiniones conside adas especializadas. Si es o
ocu e en la ac ualidad, en una época en la que los medios de comunicación se
hayan al alcance de odos, podemos supone cual podía se la in luencia de quie-
nes esc ibían en la p ensa con espec o a quienes asis ían a las salas de cine.
Quizás la única di e encia sus ancial en e uno y o o momen o sea la meno
so is icación del ma ke ing en aquellas décadas iniciales.
Una ez es ablecida es a p emisa podemos ace ca nos a lo que p eocupaba
a los eó icos de la p ensa du an e aquellos años. En p ime luga el ya aludido
emo a una in luencia nega i a del cine sob e la mo al p i ada y pública. Su
ápida di usión podía hace del cine mecanismo de o mación, y como ins u-
men o de pedagogía es aplaudido po la p ensa. Pe o en e a es a posibilidad las
ca ac e ís icas de las películas que se p oyec aban hizo que esa misma p ensa
ad i iese de las muchas consecuencias nega i as que conside aba se podían
de i a de una exhibición exen a de limi aciones. En e las p opues as que es e
análisis p odujo nos a ae muy especialmen e el pa e nalismo mani ies o po
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La p ime a mues a que enemos documen ada de publicidad en p ensa es
el p og ama que apa ece en el Dia io de Tene i e el 26 de ene o de 1900. Se
a a de un ipo de publicidad excepcional en es a década, ya que nos o ece los
í ulos de las doce películas que se exhibi ían a la noche siguien e en el cine-
ma óg a o ins alado en la sociedad San a Cecilia
4
. En o as ocasiones se insis e
en las mejo as écnicas y en lo escogido del p og ama, pe o sin ci a uno sólo
de sus í ulos.
Has a mayo de 1915 no apa ece el p ime anuncio de una película en soli a-
io, siendo La P o incia el medio escogido. Se a a del es eno en el Ci co Cuyás
de «Salambo», de la que se des aca p oduc o a, p esupues o, o igen li e a io,
ac iz p o agonis a, p esen ación en el palacio eal, opinión de Gab iel D’Anunzio
y éxi o de público. Tal can idad de e e en es nos hacen pensa en un cambio
cuali a i o de g an impo ancia, ya que del anónima o de las p ime as películas
hemos llegado a la inclusión de cues iones de p es igio social, cos e económico
y espaldo in elec ual.
Mien as la publicidad cinema og á ica du an e la década de los ein e sigue
undamen ándose en los p og amas de mano y en la ins alación de ca eles y o o-
g a ías en escapa a es y o os luga es públicos
5
, en Las Palmas se p oduce un
g an desa ollo de la publicidad en p ensa. No podemos a i ma cuales son los
mo i os de es a conduc a di e enciada, si bien en los úl imos años de la década de
los ein e la capi al o ien al conoció un mayo inc emen o en el núme o de salas y
en consecuencia una compe encia que exigía un despliegue p opagandís ico su-
pe io . Exis e además una in e ención di ec a de los dis ibuido es —comple a-
men e ausen e en S a. C uz— que se o ien a a consegui la a ención del exhibido ,
4. El con enido de las películas a desde la ac ualidad bélica in e nacional con «Ope acio-
nes en el T ans aal» has a el ipismo nacional de «La e ia de San An onio».
5. Mues a de la impo ancia de es os medios publici a ios ue la no ma i a ap obada po el
Ayun amien o de S a. C uz en 1929: se es ablecían es modelos de ca ele as de p opie-
dad municipal y se p ohibía el epa o de anuncios o p og amas po las calles y plazas
públicas, así como la ijación de ca eles en los ea os o cinema óg a os. e a además
necesa io con a con licencia municipal pa a ci cula po las ías públicas con ca eles,
o og a ías y demás medios análogos de publicidad. Se a a de una medida mo i ada
po el in e és del Ayun amien o en bene icia se median e a bi ios de cualquie meca-
nismo publici a io u ilizado po los emp esa ios. Es e hecho mo i ó con inuos
en en amien os en e ambas pa es, así como la susc ipción de concie os económicos
en e el Municipio y los p incipales emp esa ios cinema og á icos. Ejemplo de ello es
el acue do alcanzado con Ramón Baude y G andy en 1917, po el que se es ablecía el
pago de 125 p s. po la publicidad del pa que ec ea i o, a lo que se añadía el a bi io po
cada ca el o anuncio que se colocase en los able os o ca ele as p opiedad del Ayun a-
mien o. En 1919 la can idad ascendía ya a la nada desp eciable can idad de 200 p s. y en
1926 el ci ado emp esa io se a enía al pago de 270 p s. po la au o ización de epa o
dia io de p og amas de mano anunciado es de los espec áculos que se e i icasen en el
Pa que Rec ea i o y Tea o Guime á.
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animado al mismo iempo po es a publicidad g a ui a que de an emano llegaba
los espec ado es
6
.
La publicidad en p ensa u ilizó odo ipo de mecanismos a su alcance, inclu-
yendo la o og a ía y el o og abado, pe o no podía compe i en calidad isual con
el p og ama de mano, que alcanzó en los úl imos años de la década de los ein e
y p ime os de los ein a una g an calidad composi i a, a la ez que demos aban
una eno me imaginación. No exis ían dimensiones p e ijadas ni modelos únicos
sino in inidad de a iaciones que a ec aban al ma e ial de ab icación
7
.
En cuan o a la abundan e in o mación publicada po la p ensa cana ia de la
segunda mi ad de los ein e su p obable o igen se haya en las e is as ame ica-
nas, ínculo habi ual en e el público y sus e e enciadas es ellas. Las mues as
más ep esen a i as las encon amos en La P ensa de S a. C uz, Las No icias de
La Laguna y dos í ulos de Las Palmas, La P o incia y El T ibuno, en los que se
hacen habi uales las secciones dedicadas al cine. O os í ulos dan mayo peso a
la c í ica, como ocu e con el Dia io de Las Palmas, a los a ículos de análisis
como El País o simplemen e a la inclusión de o og a ías de es ellas del cine en
odos sus nume os, como hacía Cana ias Tu is a8. Si bien algunas ilmog a ías
eu opeas, especialmen e la alemana, a aje on la a ención de es as publicacio-
nes, lo cie o es que la mayo a ención se localizaba en Hollywood.
6. PRIMEROS RODAJES EN CANARIAS
En junio de 1906 el emp esa io que había ob enido la au o ización pa a
exhibi en el Tea o Pé ez Galdós decidió in oduci un nue o alicien e pa a el
público, y con ese obje i o ilmó y p oyec ó «La lucha cana ia» y «La p oce-
6. El p ime ejemplo conocido es el conjun o publici a io de la dis ibuido a ancesa
Gaumon , ep esen an e de p oduc o as españolas y no eame icanas, incluyendo la
Wa ne B os. Apa ecido en La P o incia el 1 de ma zo de 1925 y que incluía o og a ías
de los ac o es y ac ices que p o agonizaban las películas que se p e endía p omociona .
7.
El mejo ejemplo de lo que llegó a se una campaña publici a ia lo ep esen a «Ben-Hu »,
película ealizada po F ed Niblo pa a la Me o Goldwyn Maye en 1925.Es enada en
ma zo de 1929 en el Ci co Cuyás se man u o en ca ele a has a agos o, pasando ambién
po el Tea o Ci co del Pue o y el To ecine. Pa a la campaña de publicidad en p ensa se
u iliza on El País, Dia io de Las Palmas y muy especialmen e La P o incia, en la que llegó
a ocupa la mi ad de la p ime a página. La publicidad se man u o incluso cuando se exhi-
bió en las salas de los pueblos de la isla, como ocu ió en el Tea o Cine de A ucas.
No sólo apa ecie on p og amas de mano, sino incluso una e is a de 16 páginas in e io-
es y 19 o og a ías, que e a endida al público po ein icinco cén imos. La encuade -
nación se ealizó en la li og a ía ine eña de Ángel Rome o y suponemos que las pági-
nas in e io es se imp imie on en ocasión de su es eno en Mad id, en 1927.
8. Los es í ulos se publican en Las Palmas.
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sión del Co pus a su paso po la plaza de San a Ana». Nos encon amos así con
una adición que se había iniciado desde los momen os mismos del nacimien-
o del cine, y que u o su exp esión en España con las ilmaciones ealizadas
po el ope ado ancés P omio, en su p ime a p oyección mad ileña el 15 de
mayo de 1896.
En 1909 la emp esa «Cinema Ibé ico» anuncia su in ención de ilma en
Cana ias y en e los obje i os pues os de mani ies o po el Dia io de Tene i e se
señalaba el da a «conoce las múl iples bellezas de nues o suelo, lo que se á un
ac o impo an ísimo en p o del omen o del u ismo». El cine ya no sólo es
en e enimien o, ni su u ilidad se limi a a u u o documen o de la his o ia, es
además mecanismo de p opaganda.
Pe o al ma gen de la as ucia del emp esa io exhibido y de inicia i as ca en es
de iabilidad no su ge en Cana ias un e dade o p oyec o cinema og á ico has a
que en 1915, el en onces emp esa io del Tea o Viana, José González Ri e o
anuncie su in ención de inicia un p og ama de odajes que culmina á años más
a de con la c eación de la «Ri e o Films». Pe o es a es o a his o ia y co es-
ponde a Fe nando Gab iel Ma ín el con á selas. Aún más a día es la apa ición
de una inicia i a simila en Las Palmas ya que hemos de espe a a la década de
los ein e y la c eación de la «G an Cana ia Films». En es e caso la na ación de
los acon ecimien os co esponde á a Fe nando Be anco .
De inicia i a cana ia un único g an p oyec o no ealizado conocemos ue a
de es as dos p oduc o as, ya en íspe as de la p oclamación de la II República.
Se a a de la ilmación de «Bencomo», impulsada po Alonso de Azcanio,
ine eño inculado a la indus ia cinema og á ica ancesa y cuyo p opósi o
e a, según La P o incia, «ob ene una cin a que, ap o echando los mo i os del
país, a más del in e és que pueda o ece a los públicos ex años, si a como
alioso ac o de p opaganda de las bellezas y cos umb es adicionales de la
isla». A gumen o, localizaciones ex e io es, p esupues o e incluso epa o cono-
cemos de es a película jamás ealizada.
A lo la go de es as década o as p oduc o as segui án acudiendo a Cana ias
pa a el odaje de películas, no ya sólo como egis o de acon ecimien os o paisa-
jes u ís icos, sino como escena io en el que se desa olla el a gumen o de sus
películas. Se a a de emp esas ex anje as que hoy nos esul an ex añas y de
películas cuyos í ulos, in o mados po la p ensa insula , pudie on a ia en el
p oceso de mon aje haciendo hoy más compleja su localización. Los a gumen-
os, si hemos de da c édi o a las in o maciones pe iodís icas, iban desde la a-
gedia pasional has a la gue a subma ina, pasando po las a en u as en exó icas
localizaciones.
Po lo que espec a al documen al se hicie on odajes po emp esas españo-
las y eu opeas, no al ando en ocasiones las c i icas po la isión que de Cana ias
se ansmi ía, p obablemen e mucho más p óxima a la ealidad que la idealizada
imagen que los p omo o es u ís icos se empeñaban en en abiliza .
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Una úl ima e e encia nos es obligada en el campo de la ilmación. Se a a
de la película di igida po Agus ín Be anco pa a la Asociación Cana ia de Cuba,
es enada en el Coliseo p incipal de La Habana a ines de 1928 y en el Pabellón
Rec ea i o de Las Palmas en sep iemb e de 1929. Realizada con el in de ob e-
ne ondos pa a la Asociación, la p ensa de la capi al g ancana ia, y de o ma
muy especial el esc i o F ancisco González Díaz, le p es ó su decidido apoyo
como exp esión de pa io ismo y de iden idad espi i ual.
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