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El purgatorio como dispositivo, una manifestación del poder

Abstract

El purgatorio fue, a partir del siglo xii, el «tercer lugar» al que las almas podrían llegar después de la muerte en la tierra. Para establecer esta idea fue necesaria la implementación de diversas técnicas y prácticas a nivel social que pudieran ser interiorizadas en cada miembro de la Iglesia católica. El purgatorio se estableció como un dispositivo que permitió ejercer el poder sobre todo un campo social a través del saber. El saber y el poder crearon una subjetividad. El objetivo de este trabajo versa sobre la construcción de este dispositivo. La noción de dispositivo de Michel Foucault se muestra como una heterogeneidad estratégica que trata de responder a una urgencia.

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El purgatorio como dispositivo, una manifestación del poder

Author: Conde Morales, José Roberto
Publisher: Universidad de La Laguna. Servicio de Publicaciones
Year: 2018
DOI: 10.25145/j.laguna.2018.42.007
Source: https://riull.ull.es/xmlui/bitstream/915/10596/1/Laguna%20_42%20%282018%29_07.pdf
REVISTA LAGUNA, 42; 2018, PP. 119-133 119
DOI: h p://doi.o g/10.25145/j.laguna.2018.42.007
Re is a Laguna, 42; julio 2018, pp. 119-133; ISSN: e-2530-8351
EL PURGATORIO COMO DISPOSITIVO,
UNA MANIFESTACIÓN DEL PODER
José Robe o Conde Mo ales
Benemé i a Uni e sidad Au ónoma de Puebla (México)
ippe a o@ho mail.com
Resumen
El pu ga o io ue, a pa i del siglo xii, el « e ce luga » al que las almas pod ían llega des-
pués de la mue e en la ie a. Pa a es ablece es a idea ue necesa ia la implemen ación de
di e sas écnicas y p ác icas a ni el social que pudie an se in e io izadas en cada miemb o
de la Iglesia ca ólica. El pu ga o io se es ableció como un disposi i o que pe mi ió eje ce
el pode sob e odo un campo social a a és del sabe . El sabe y el pode c ea on una
subje i idad. El obje i o de es e abajo e sa sob e la cons ucción de es e disposi i o. La
noción de disposi i o de Michel Foucaul se mues a como una he e ogeneidad es a égica
que a a de esponde a una u gencia.
Palab as cla e: pu ga o io, écnicas, p ác icas, disposi i o, pode , sabe , subje i idad.
THE PURGATORY AS A DISPOSITIF,
A MANIFESTATION OF POWER
Abs ac
The pu ga o y was, om he 12 h cen u y on, he hi d place whe e he souls would a i e
a he dea h on ea h. To se his idea up, i was neccesa y he implemen a ion o di e se
echniques and p ac ices on a social le el which could be in e nalized by e e y membe o
he ca holic chu ch. The pu ga o y es ablished i sel as a disposi i which allowed o execu e
he powe on a whole social ield h ough a Knowledge. This powe and his«knowledge»
buil he subjec i i y. The a ge o his wo k is o analyze he de elopmen o his disposi i .
The Michel Foucaul ’s no ion o disposi i shows i sel as an s a egic he e ogeni y ying
o espond o an u gency.
Keywo ds: pu ga o y, echniques, p ac ices, disposi i , powe , knowledge, subjec i i y.
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La in ención del p esen e abajo es analiza la idea del pu ga o io como
un disposi i o que no ma i iza y egula la ida humana en e los miemb os de la
comunidad ca ólica a pa i del sigloxii. Sin emba go, no nos limi a emos al aspec o
me amen e egulado de ese disposi i o; ha emos una e lexión ace ca de cómo es
que ese disposi i o ha sido cons uido. Po ello, nos en oca emos al mismo iempo
en la idea del pu ga o io como un sabe gene ado po una adición que desemboca
en la concepción ca ólica de un luga que si e de an esala pa a la ida e e na. Los
miemb os de la comunidad ca ólica que i ie on con la ince idumb e de la espe a
po la sal ación, necesa iamen e u ie on que «dobla la ue za»1 sob e sí mismos
pa a a a de asegu a un luga dichoso en el más allá; po lo an o, emos que
en e ellos se da una subje i ación. Tomando en cuen a es os elemen os, enemos
que emi i nos al ilóso o cuya ob a se con o ma po los ejes del sabe , pode y la
subje i idad, Michel Foucaul .
A la p eocupación en ida sob e la sal ación, que es la que odo c is iano
p e ende alcanza , se sumó, du an e el siglo xii, la inquie ud, desde la mue e, ace -
ca del ánsi o hacia es a. La peni encia había sido ya un medio pa a alcanza es e
es ado; la misma peni encia se mos aba como un es a us2. Quien se mos aba a sí
mismo como pecado , quien mos aba la e dad de su se como indigno de la g acia
de Dios, enía que hace lo no sólo en e a la ins i ución, sino an e la sociedad en
gene al. Sin emba go, pa ece que pa a el pe iodo an es mencionado, la peni encia
que se ealiza en el mundo de la ida ya no es su icien e; es a se con ie e en sólo una
e apa de un p oceso más la go y penoso. Se á en el pu ga o io donde la peni encia
e mine de ealiza se; se á en el uego del pu ga o io donde las almas expia án sus
al as. No obs an e, la idea de un su imien o pasaje o en ese luga de ánsi o e a
p e e ible a la o a opción, el in ie no, un luga donde ya no exis e edención posible.
Es comp ensible que, an e la idea del su imien o po el que se hab ía de a a esa , la
comunidad ca ólica hicie a odo lo posible po a a de co a el iempo de es ancia
en es e luga .
Es du an e el siglo xii cuando p esenciamos la apa ición de un luga den o
de la adición c is iana. Los dos si ios a los que ya se encon aba acos umb ada la
sociedad de la Edad Media ie on nace un « e ce luga ». Se á Dan e quien nos
haga una de sus desc ipciones más amosas. Sin emba go, los elemen os que lo con-
o man pe enecen a las más di e sas ep esen aciones p o enien es de los iempos
pasados. El pu ga o io, ese e ce luga , iene a cambia , a pa i del sigloxii, la
elación en e los i os y los mue os. Es un luga en el que el ínculo en e ambos
se es ablece de una mane a más ue e y di ec a. El más allá ya no ep esen ó un
lími e pa a el pode .
1 Deleuze, Gilles: La subje i ación: cu so sob e Foucaul III. Ciudad Au ónoma de Buenos
Ai es, Cac us, 2014, p. 224.
2 Foucaul , Michel: Del gobie no de los i os. Buenos Ai es, FCE, 2014, 441 pp.
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1. EL «DISPOSITIVO PURGATORIO»
¿Qué es lo que Foucaul en iende po disposi i o? En una en e is a de 1977,
Michel Foucaul esponde a Alain G os icha d ace ca de es e concep o3. Foucaul
había apenas publicado el p ime omo de su His o ia de la sexualidad: la olun ad
de sabe , y se encon aba con g andes dudas en su p ocede a la ho a de esc ibi es e
abajo. No se a e ía a deci aún «es o es lo que pienso», así que se sen ía dispues o
en aquella época a discu i lo que p oponía en su lib o.
Foucaul no que ía cae en una his o ia de la sexualidad a mane a de como lo
hacía la his o ia de las ideas, o a la mane a en la que la his o ia de la ciencia lo hacía a
a és de la biología y la bo ánica; el au o hablaba de un «disposi i o de sexualidad».
¿Cómo debemos en ende es a idea? Pa a el ilóso o ancés, el nomb e designaba
un conjun o he e ogéneo, el cual comp ende a los discu sos, a las ins i uciones, a los
espacios a qui ec ónicos, a los eglamen os, a las leyes; a los enunciados cien í icos
y a las p oposiciones ilosó icas y mo ales, e c. Los elemen os que con o man el
disposi i o son an o discu si os como no discu si os. «El disposi i o es la ed que
puede es ablece se en e es os elemen os».
En el disposi i o exis e una na u aleza del ínculo de la elación que podía
exis i en e los elemen os he e ogéneos, es o es lo que que ía si ua Foucaul . De
es a mane a, «ese discu so puede bien [apa ece ] como un p og ama de una ins i-
ución, bien po el con a io como un elemen o que pe mi e jus i ica y ocul a una
p ác ica, da le acceso a un campo nue o de acionalidad». Pa a el au o , exis e un
juego en e los elemen os discu si os y no discu si os en el que es os pueden cambia
de posición, a la ez que pe mu an sus unciones. Pod íamos oma el ejemplo del
cambio de posición que exis e en la pas o al c is iana espec o a «las p ác icas de sí»
con aquella que enía en el mundo g eco omano.
Po úl imo, Foucaul en iende el disposi i o como cualquie o mación
his ó ica que ue necesa ia g acias a la exis encia de una «u gencia». Tomando en
cuen a es o, se debe comp ende que el disposi i o es c eado como una es a egia.
El ilóso o ancés nos da un ejemplo cla o de es o:
... es a pudo se . [...], la eabso ción de una masa de población lo an e que a una
sociedad con una economía de ipo esencialmen e me can ilis a le esul aba emba-
azosa: hubo ahí un impe a i o es a égico, jugando como ma iz de un disposi i o,
que se ue con i iendo poco a poco en el mecanismo de con ol-sujeción de la
locu a, de la en e medad men al, de la neu osis.
Tomando dichas ideas del disposi i o, nos p oponemos el análisis del pu -
ga o io como pe enecien e a es a clase de es a egia. El pu ga o io es, según nues o
en ende , el esul ado de la he e ogeneidad, de lo discu si o y no discu si o; del e y
del habla . El juego que se ha dado en e dichos elemen os, den o de la comunidad
3 Foucaul , Michel: «El juego de Michel Foucaul », en Sabe y e dad. Mad id, Ediciones
de la pique a, 1984, pp. 127-162.
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ca ólica, se ha desa ollado de di e sas mane as a lo la go de la his o ia. Y sob e odo,
dicha es a egia esponde a una u gencia den o de la ins i ución.
No es pa a nada casual que el pu ga o io su ja du an e el siglo xii, jus o en
el momen o his ó ico en el que se habla de una c isis es uc u al del eudalismo.
Se a a de una c isis que no sólo se desa olla en el ámbi o económico, sino que se
sien e con oda su ue za en la ins i ución que eguló la ida du an e oda la Edad
Media. Es impo an e pa a noso os el comenza el análisis omando en cuen a uno
de los elemen os que o man pa e de dicha ida y que se elacionan con el ámbi o
del «más allá», el cual o ma pa e del monopolio que la Iglesia sus en aba. Nos
e e imos a la peni encia.
2. LA PENITENCIA COMO MODO DE SUBJETIVACIÓN
Como el pu ga o io es un luga en el que la peni encia con inúa, es impo -
an e oma en cuen a los o ígenes de dicha p ác ica. En los iempos del c is ianismo
p ís ino la peni encia sólo e a una: el bau ismo. El paso po el agua es ablecía la
elación suje o- e dad; e a el econocimien o de los pecados y la acep ación de una
e, a la ez que se undaba el comp omiso de man ene se en san idad. Sin emba go,
con el iempo es a pos u a comenza á a sua iza se. Uno de los p oblemas con los que
p ime amen e se en en ó el c is ianismo ue el del pecado que se epi e a lo la go
de la ida. La ins i ución in en ó ap esu adamen e da soluciones a es e p oblema.
Foucaul nos plan ea que has a mediados del siglo ii, «el c is ianismo se
conside aba una eligión de pe ec os, de pu os, de gen e incapaz de cae en el
pecado»4. An e la ealidad del compo amien o humano, se plan ea la idea de una
segunda o ma de peni encia: el jubileo. Es e no es admisible pa a aquel que haya
sido bau izado ecien emen e, sólo end án acceso a él aquellos que ya hayan enido
una elación con la e dad hace iempo. La ca ac e ís ica p incipal del jubileo es la
de no se ya una peni encia indi idual, se hace de o ma colec i a. Dicho ac o es el
momen o del a epen imien o en la peni encia colec i a que busca nue amen e el
pe dón de los pecados. El jubileo como segunda opo unidad ab i á el camino pa a
un e ce ipo de peni encia, aquella cuya ca ac e ís ica es la de se inde inidamen e
eno able.
Las eo ías de una peni encia única a a és del bau izo y las eo ías que
hablan de una segunda opo unidad de edimi los pecados son abo dadas po
Foucaul a a és de un ex o que da a más o menos del año 140 de nues a e a, El
pas o , de He mas. En es e, el au o se ep esen a a sí mismo en un diálogo con el
ángel de la peni encia en el que le p egun a po la e acidad de lo que dicen «algunos
doc o es» ace ca de la imposibilidad de o a peni encia que no sea la del bau ismo.
El ángel esponde lo siguien e:
4 Foucaul , Michel: Del gobie no..., op. ci ., p. 200.
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Quien ha ecibido el pe dón de sus pecados no debe ía [...] peca más, sino man e-
ne se en san idad. [...]. Po lo an o, el Seño ha ins i uido una peni encia únicamen e
pa a quienes han sido llamados an es de es os úl imos días. Pues el Seño conoce
los co azones y, al sabe odo po an icipado, conoció la debilidad de los homb es
y las innume ables in igas del diablo, que engaña á a los se ido es de Dios y
eje ce á con a ellos su malicia. En su g an mise ico dia, el Seño se conmo ió
po su c ea u a e ins i uyó es a peni encia, y me enca gó su di ección. Pe o, e lo
digo: si después de es e llamado impo an e y solemne alguien, seducido po el
diablo, come e un pecado dispone de una sola peni encia; más si peca una ez as
o a, [...] la peni encia es inú il pa a un homb e semejan e: ha de cos a le mucho
dis u a de la ida e e na5.
A pesa de que la discusión ace ca de la exis encia de una segunda opo u-
nidad pa a el pe dón de aquellos indi iduos que ya han sido llamados a la e dad
con el bau ismo puede se muy in e esan e; a Foucaul le llama la a ención o a
cosa: la signi icación de la epe ición de la peni encia den o de una concepción de
la sal ación y la signi icación de la epe ición misma del pecado6.
Los ex os apos ólicos de p incipios de nues a e a mencionan que una ez
que el indi iduo ha llegado a es ablece una elación con la e dad a a és de la
p ime a peni encia, que es el bau ismo, dicho ínculo ya no puede se es ablecido
cuando el homb e cae en el pecado. Como ya hemos mencionado, es a pos u a se i á
a enuando. Lo que nos puede llama la a ención, de la misma mane a que a Foucaul ,
es el po qué de es a pe misibilidad hacia el pecado de la epe ición de las al as. Ya
e emos que es a apa ición de los a enuan es es una mani es ación del pode mismo.
Lo que nos in e esa ace ca de la cues ión de la peni encia es que es a es un
mo imien o de la ue za. La ue za en el indi iduo se dobla sob e sí misma, haciendo
que es e se econozca a sí mismo como un pecado . La e dad que se mani ies a de
igual mane a en la al a es el p incipio pa a el desa ollo de las p ác icas sob e sí. Es
deci , el indi iduo no sólo se econoce como un pecado , sino que a a al mismo
iempo de enmenda su al a. Las p ác icas de los p ime os c is ianos mues an un
d ama ismo: con esión pública de las al as en la plega ia, la súplica a Dios po el
pe dón, la exclusión p o iso ia del pecado a los i uales p opios de la comunidad
y el da algo del u o del abajo pa a edimi el pecado7. Es e úl imo pun o es
impo an e en nues a in es igación, ya que la limosna se á una de las p ác icas
más soco idas, jun o con la plega ia y el ayuno, en el ca olicismo con espec o al
pe dón del pecado.
El homb e que cae en el pecado iene una segunda opo unidad, el jubileo.
Ya hemos dicho que es e se desa olla de o ma comunal. Es a es una de las p ime as
a enuan es. Así, exis e una segunda opo unidad de edimi se. Con el iempo, el
5 He mas, Le Pas eu : ci ado en Foucaul , Michel: Del gobie no de los i os. Buenos
Ai es, FCE, 2014, p. 196.
6 Ibidem, p. 200.
7 Ibidem, pp. 205-207.

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c is ianismo acep a á que el homb e es en sí un pecado , aun qui ándose de enci-
ma el pecado o iginal. «El malo» se encuen a siemp e al acecho. La in ención del
pu ga o io pudo se una espues a es a égica an e el es a us del indi iduo como
pecado . Se o ma de es a mane a o o a enuan e. Mues a de ello es que pa a el
siglox ii, época del auge del pu ga o io en el medio ca ólico, ya no se pone en
cues ión la es adía en el e ce luga ; el indi iduo i e con el es a us de pecado , y
es e se econoce a sí mismo como al. Las p ác icas que los indi iduos ealiza on en
aquel iempo lo demues an.
C eemos que de es a o ma nos encon amos con una nue a elación en e el
suje o y la e dad: el suje o como con inuo pecado . Un suje o que ya no se encuen a
segu o de su p opia sal ación y que ealiza p ác icas que asegu an la sal ación de
aquellos que se le han adelan ado a a és de las o aciones y las indulgencias, y que
asegu a que dichas p ác icas sean ealizadas en su nomb e, aun después de mo i , a
a és de las ob as pías que son esul ado del dine o que alguna ez u ie on en ida.
3. LA CONSTRUCCIÓN DEL «TERCER LUGAR»
El pu ga o io es un luga que ue consolidándose ía la eología escolás ica
de san o Tomás, san Buena en u a, Albe o Magno y o os. El papa Inocencio IV
p oclamó su c eencia en es e si io a mediados del siglo xiii. Se lo conside a á de
o ma dogmá ica a pa i del año 1274 du an e el IIConcilio de Lyon. O os con-
cilios, el de Fe a a (1438) y el de T en o (1563), end án a con i ma su exis encia8.
Apa ece de es a o ma oda una época que hace e un e ce luga y hace habla de
es e, aunada a una ins i ución que p oclama á el monopolio del «más allá» a a és
de las p ac icas que ella egula iza y que ga an izan el ánsi o a la sal ación. Sabe
y pode se nos mues an aquí como un es a o y una es a egia.
Se a a de un e ce luga que comple a el paisaje del uni e so. La Edad
Media iene una «cosmog a ía» p opia que a a llega incluso a la e a mode na. Se
a a del sis ema p olemaico: la Tie a al cen o, odeada de sie e es e as concén icas
que con enían un as o. El as o más ce cano e a la luna, después seguía el sol e,
inmedia amen e, los cinco plane as conocidos has a el momen o: Me cu io, Venus,
Ma e, Júpi e y Sa u no. Po encima de ellas, se encon aba una oc a a es e a, la cual
con enía las es ellas del i mamen o, que se c eían inmó iles. Las es e as ca ecían
de un mo imien o p opio, es as enían que se impulsadas po los ángeles. A iba de
la úl ima es e a, se encon aba el cielo; mien as que el in ie no, el pu ga o io y los
limbos e an a ojados a las p o undidades de la co eza e es e9. El pu ga o io se
8 Fogelman, Pa icia: Una economía espi i ual de la sal ación. Culpabilidad, Pu ga o io y
acumulación de indulgencias en la e a colonial, Andes, num. 15, Sal a A gen ina, Uni e sidad Nacional
de Sal a, 2004.
9 Von Wobese , Gisela: Ce ezas, ince idumb es, y expec a i as en o no a la sal ación del
alma, c eencias esca ológicas en Nue a España, siglos X i y X ii, His o ia Mexicana, ol. lxi, núm. 4,
ab il-junio, Dis i o Fede al, México, El Colegio de México, 2012, pp. 1311-1348.
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encuen a ce ca, en es a ep esen ación, de aquel luga al que an o eme el c is iano.
Sin emba go, el ocupa ya un espacio en dicho luga end ía a econ o a un poco
al alma. Se a a de un espacio de ansición hacia aquel si io que se encuen a po
encima de oda es a cosmog a ía.
Los luga es de los que se habla en odo es e la go pe iodo –la Edad Media y
la Mode nidad– son esul ado de la «dispe sión» como es en endida po Foucaul 10.
Es deci , la conglome ación de discu sos e imágenes, p o enien es de los « ocos de
pode », que o man un obje o de conocimien o. Todo lo que una época hace e y
odo lo que una época hace deci sob e dichos luga es con o man el «sabe » sob e
es os. Un ejemplo muy p óximo a noso os podemos encon a lo en la e angeli-
zación que se desa olló en Amé ica. Los ailes enca gados de al misión hicie on
uso de ins umen os cuya ca ga ideológica buscaba cie as eacciones en e los
colonizados: la idea de sal ación, la espe anza y el miedo. La desc ipción minuciosa
de los luga es se ealizó a a és de los se mones, el ca ecismo, la pin u a mu al, los
lib os de ocionales, e c. Todo con el in de in oduci a las pe sonas, en especial a
los indígenas, en la mo al c is iana11. Es quizá a a és de la imagen la mane a en
que un luga como el pu ga o io iene una mayo di usión en e la población. Pa a
el ulgo exis ía la pin u a mu al que se encon aba en los si ios, o los luga es de
isibilidad, a los que la comunidad c is iana acudía egula men e; mien as que pa a
la gen e le ada, los g abados den o de los lib os diseminaban una imagen omada
como idedigna. Un elemen o es cons an e en las ep esen aciones del pu ga o io,
ambién de las del in ie no: el uego. Las almas apa ecen den o de es e mien as
claman po la sal ación. Pe o el uego ep esen a dos ines dis in os; en el in ie no
es un uego que ab asa y cas iga, mien as que en el pu ga o io se a a de un uego
que consume y pu i ica. Po un lado consume los pecados en los que se ha caído;
po el o o, pu i ica el alma, que p on amen e alcanza á la sal ación. El paso po el
uego se con e i á con el iempo en condición de sal ación.
Como menciona Jacques Le Go , el c is ianismo había he edado de las
eligiones y ci ilizaciones más an iguas oda una «geog a ía del más allá»12. Los
elemen os que o man la ep esen ación del pu ga o io son p o enien es de cul u as
an an iguas como la hindú y la judía. Sin emba go, una de las ep esen aciones
más amosas pe enece a la Edad Media. Hablamos de aquella ep esen ación que
apa ece en La di ina comedia, de Dan e Alighie i, esc i a en e los años de 1307 y
1321. La geog a ía del luga en el que Dan e es conducido se asemeja a cualquie si io
en la Tie a: exis en mon añas, íos y ma es. Pe o odo se encuen a odeado de una
a mós e a u bia e inquie an e. Las almas se hallan en es e si io pa a «embellece se»
y se ol idan de al in cuando en a un homb e i o en e ellos13.
10 Deleuze, Gilles: El sabe : Cu so sob e Foucaul . Buenos Ai es, Cac us, 2013, p. 256.
11 Von Wobese , Gisela: op. ci ., p. 1321.
12 Le Go , Jacques: El nacimien o del pu ga o io. Mad id, Tau us, 1981, p. 10.
13 Alighie i, Dan e: La di ina comedia y la ida nue a. México, Po úa, 2002, p. 394.
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Du an e su es ancia en el pu ga o io, Dan e es in e e ido po una de las
almas que los guia án en su ascenso po una mon aña. Se a a de Man edo, hijo
del empe ado Fede ico II, quien ue mue o po el ejé ci o de Ca los de Anjou en
1266. Es e pe sonaje nos anuncia el ipo de elación que se es ablece en e los i os y
los mue os a a és de la idea de un pu ga o io. Man edo había sido excomulgado
y sus es os ue on desen e ados y a ojados ue a del eino de Nápoles. Man edo
le pide un a o a Dan e. Es e consis e en que una ez eg esado al mundo de los
i os, Dan e busque a la mad e de Man edo y le explique que es e no ha caído de
la g acia de Dios, sino que se encuen a en el e ce luga expiando sus pecados. Pe o
ambién le pide algo más signi ica i o:
Es e dad que el que mue e con umaz pa a con la san a Iglesia, po más que al in
se a epien a, debe es a en la pa e ex e io de es a mon aña un espacio de iempo
ein a eces mayo del que i ió en con umacia, a menos que no se ab e ie la
du ación de es e dec e o me ced a e icaces o aciones. Calcula, pues, lo dichoso
que puedes hace me, e elando a mi buena Cons anza cómo me has is o, y la
p ohibición que pesa sob e mí, que puede alza se po los uegos de los que exis en
allá a iba14.
La súplica de Man edo nos mues a la elación que comienza a ges a se
en e los i os y los mue os. Man edo ha sido excomulgado, po lo an o el luga
más aco de pa a él se ía el in ie no. Sin emba go, uega a Dan e pa a que dé la no-
icia sob e su localización en el pu ga o io con el in de que enga una ayuda pa a
so ea ápidamen e es e si io. Las o aciones di igidas a su alma son el medio pa a
log a lo. Dicha p ác ica es una de las más ep esen a i as en el ca olicismo: la o ación
po las ánimas del pu ga o io. Con el iempo, al p ác ica i á pe eccionándose,
haciéndose más acional, has a alcanza lo que Le Go denomina una «a i mé ica
de la sal ación»15. La idea de la exis encia del pu ga o io no ue acogida con en u-
siasmo po odo el mundo c is iano. Las iglesias e o madas ue on las p ime as en
nega se a ella. Fue necesa io que se en a iza a la necesidad de que el pu ga o io ue a
in oducido en la c eencia. El Concilio de T en o llamó la a ención sob e el asun o:
... que exis e el pu ga o io y que las almas allí de enidas son ayudadas po los su-
agios de los ieles y pa icula men e po el acep able sac i icio del al a ; manda
el san o Concilio a los obispos que diligen emen e se es ue cen pa a que la san a
doc ina sob e el pu ga o io, enseñada po los san os pad es y sag ados concilios sea
c eída, man enida, enseñada y en odas pa es p edicada po los ieles de c is o16.
El e ce luga comienza a mos a se en es e iempo con ca ac e ís icas
bas an e pa ecidas a las del in ie no: un luga oscu o y ca e noso, en el que el ue-
go einaba. Algunos «expe os» en el ema llega on a menciona que e a el mismo
14 Ibidem, p. 119.
15 Le Go , Jacques: op. ci .
16 Denzinge : El Magis e io de la Iglesia, en Von Wobese , Gisela: op. ci ., p. 1323.
REVISTA LAGUNA, 42; 2018, PP. 119-133 127
uego el que alimen aba an o al in ie no como al pu ga o io. Una de las di e encias
p incipales adicaba en el iempo de es adía en ambos luga es; el in ie no e a un luga
en el que las almas pena ían e e namen e, mien as que el pu ga o io e a un luga de
ansi o empo al. Se hace mención de que el pu ga o io adqui ió una p imacía en
el discu so du an e el siglo x ii. El in e és en el in ie no decayó du an e es a época
y no ino a adqui i enomb e nue amen e sino hacia mediados del siglox iii. La
causa de es e enacimien o se debe al a ance del laicismo. Los jesui as, p incipal-
men e, p omo ie on el in ie no como luga que debía se emido17.
El pu ga o io a pa i del siglo x i, po lo menos en el caso no ohispano,
u o una p on a acep ación. Las ecomendaciones es ablecidas po la Iglesia pa a
la p on a libe ación de las almas ue on con i iéndose en p ác icas de mane a más
ápida. Pa a aquellos que se encon aban ue a del seno de la Iglesia ca ólica no
había sal ación. Jun o con los homicidas, los adúl e os y los c iminales en gene al,
odos los paganos, he ejes, judíos, lu e anos y, en el caso de las colonias, indígenas
no bau izados enían po luga segu o el in ie no. Incluso los niños no bau izados
iban a un luga di e en e: el limbo. Llegó el momen o en que sólo unos pocos enían
la sal ación ga an izada: los niños bau izados y aquel bau izado que no haya enido
iempo de peca an es de la mue e. También el asce ismo y el ma i io e an un medio
pa a la sal ación. Los asce as se alejaban de los es pelig os pa a el alma: la ca ne,
el mundo y el demonio18. Las señales de la sal ación se mos aban en los cue pos de
los di un os. Es muy g ande el núme o de es imonios de pe sonas que habían is o
esplando es y le i aciones en el cue po del di un o o jus o an es de que es e mu ie a.
Había o os que decían habe escuchado música o pe cibido olo es ag adables en el
ambien e cuando alguien mo ía. O o signo de sal ación e a la conse ación de un
cadá e aun cuando hubie a pasado un iempo conside able desde la mue e19. Es os
es imonios, es as expe iencias, o man pa e del sabe de una época. Pa a nues a
época, ales ase e aciones sólo pasan a o ma pa e de la supe s ición.
Hemos mencionado que du an e el siglo x ii se da el auge del pu ga o io.
Pa a ese momen o, ya casi nadie escapa a una es adía en es e luga . Las ep esen a-
ciones pic og á icas de la época mues an a pe sonajes como asce as, cu as, papas,
obispos y monjas en las llamas del uego pu ga o io. Juan de Pala ox llegó a menciona
que incluso san os canonizados habían enido que pu ga sus impe ecciones. An e
al si uación, en la que incluso los homb es más ce canos a Dios enían que pu ga
sus al as, es comp ensible el miedo de los homb es po la posibilidad de una es adía
la ga en el pu ga o io. Es po ello po lo que se ins i uye on a ias p ác icas pa a
con a es a al si uación.
17 Ibidem, p. 1324.
18 Ibidem, p. 1326.
19 Ibidem, p. 1327.