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Grado en Filosofía Trabajo Fin de Grado Curso 2020/2021 Alumna: Guacimara Afonso Negrón Tutor: Roberto Rodríguez Guerra La Comuna de París y Louise Michel Un acontecimiento de 1871
1 Resumen: La Comuna de París de 1871 fue un acontecimiento histórico de gran importancia histórica, política y social a la que no siempre se le ha dado la importancia que merece. El presente trabajo de Fin de Grado pretende recuperar la memoria de la misma y aportar una primera aproximación a dicho acontecimiento. Lo hace a través de las vivencias de Louise Michel y de los análisis que de ella hicieron Marx, Engels, Bakunin y Lenin. Su principal objetivo es contribuir al conocimiento de la misma y las perspectivas de diversos autores que reflexionaron sobre ella. El trabajo termina planteando algunas conclusiones y vías abiertas de investigación que permiten continuar con el estudio de la Comuna, de sus críticos y de la propia Louise Michel. Todo ello permitiría traer la Comuna a nuestro contexto actual y continuar investigando sobre la posibilidad de una sociedad comunal, horizontal y plenamente democrática. Palabras clave: Comuna, proletario, Francia, revolución, democracia. Abstract: The Paris Commune of 1871 was a historical event of great historical, political and social importance that has not always been given the importance it deserves. This End of Degree project aims to recover the memory of it and provide a first approach said event. It does so through the experiences of Louise Michel and the analyzes made of it by Marx, Engels, Bakunin and Lenin. Its main objective is to contribute to the knowledge of it and the perspectives of various authors who reflected on it. The work ends by raising some conclusions and open avenues of investigation that allow continuing with the study of the Commune, its critics and Louise Michel herself. All of this would allow us to bring the Commune to our current context and to continue investigating the possibility of a communal, horizontal and fully democratic society. Keywords: Commune, proletarian, France, revolution, democracy.
2 Índice 0. Introducción 3 1. Antecedentes: La Internacional de 1864 y la guerra franco-prusiana 5 1.1 La primera Internacional 5 1.2 París ante la guerra franco-prusiana 9 2. Estado de la cuestión: La Comuna de París y los Recuerdos de la Comuna de Louise Michel 13 2.1 Breve semblanza de Louise Michel 13 2.2 Louise Michel y la Comuna 16 3. Discusión y posicionamiento 21 3.1 Marx y la Comuna de París 21 3.2 Friedrich Engels y la Comuna 26 3.3 Mijaíl Bakunin y la Comuna 29 3.4 Lenin y las enseñanzas de la Comuna 32 4. Conclusiones y vías abiertas 35 4.1 Conclusiones 35 4.2. Vías abiertas 36 5. Bibliografía 38
3 0. Introducción Este Trabajo de Fin de Grado pretende una primera aproximación un acontecimiento de honda significación social y política para el pensamiento y la práctica política emancipatoria. Un acontecimiento que se convertiría en modelo de insurrección política y de democracia, así como en “la primera revolución proletaria” 1 o –en los términos algo más amplios de E. Hobsbawm 2 - en “una insurrección de trabajadores”: la Comuna de Paris de 1871. Con una duración de solo de setenta y dos días la Comuna “fue extraordinaria, heroica, dramática y trágica, pero breve” 3 . Fue un levantamiento proletario y popular que demostró al mundo que es posible un gobierno comunal y democrático, con ausencia de una clase política diferenciada del pueblo. Y su importancia acaso resida tanto en las medidas y logros que consiguió durante su corta existencia (división de Iglesia y Estado, reducción de los sueldos, sufragio universal, etc.) como sobre todo “en lo que presagiaba: fue más importante como símbolo que como hecho”. 4 Es este movimiento insurreccional el que centra nuestra atención a lo largo de este trabajo. Pero también pretendemos un acercamiento al mismo prestando especial atención a la participación de la mujer en la misma. Y para ello nos centramos en la figura de Louise Michel. Las mujeres han tenido una larga tradición reivindicativa y revolucionaria. Ya desde la Revolución Francesa en 1789 reclamaban derechos políticos y civiles. 5 Y así fue también durante el periodo de existencia de la Comuna de París, en la que tuvieron un destacado papel como activistas y revolucionarias. 6 Louis Michel fue, sin duda, un buen ejemplo y por ello le prestamos especial atención. A lo largo de esta investigación estudio el acontecimiento de la Comuna y la visión que de ella se ha ofrecido en distintos momentos. No obstante, este trabajo comienza – 1 F. Letamendia, “La Comuna de Paris, una revolución plural autogestionada aplastada por el poder”, Viento Sur, 20-04-2021, p. 1 (Disponible en https://vientosur.info/la-comuna-de-paris-una-revolucionplural-autogestionada-aplastada-por-el-poder/). 2 Hobsbawm, E., La era del capitalismo (1848.1875), Barcelona, Labor, 1989, p. 166. 3 Ibídem, p. 165. 4 Ibídem, p. 166. 5 Las referencias obligadas en este caso son Mary Wollstonecraft (Vindicación de los derechos de la mujer, Madrid, Cátedra, 1994) y Olympe de Gouges (Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791). 6 Para un breve acercamiento al papel de la mujer en la Comuna véase, entre otros, Larrère, M. (“Las mujeres y la Comuna: «Eran tanto más monstruosas porque eran mujeres, porque lo transgredían todo»”, Punto de vista internacional, 15-01-2021. Recuperado en https://puntodevistainternacional.org/las-mujeres-y-la-comuna/) y Kellner, M. (“Las mujeres en la Comuna de Paris”, Viento Sur, 09-04-2021. Disponible en https://vientosur.info/las-mujeres-en-lacomuna-de-paris/).
4 como es preceptivocon un apartado dedicado a los antecedentes de la cuestión. En él abordo algunos de los más significativos: de una parte, la constitución de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional, 1864) y, de otra, la guerra franco-prusiana (19 de julio de 1870 - 10 de mayo de 1871). La Primera Internacional constituye un elemento clave para la construcción de nuevas conciencias que surgían, para la articulación y organización de sentimientos internacionalistas que buscaban rechazar los nacionalismos y superar las guerras, para encontrar una sociedad nueva creada por los obreros que eran la clase oprimida en cualquier sitio. Por su parte, guerra franco-prusiana fue el detonante fundamental del descontento social parisino y francés, a causa de la pérdida de la guerra por parte de Francia. En el siguiente apartado, que aborda el estado de la cuestión, analizo el acontecimiento de la Comuna y, como sugería más arriba, lo hago basándome, entre otros, en el relato de Louise Michel. No obstante, para ello he considerado necesario un breve acercamiento previo a su vida y obra. El amplio desconocimiento y olvido de que ha sido objeto así lo aconseja. En todo caso, Louise Michel aborda la revolución parisina del 18 de marzo de 1871 en dos de sus libros: las Mémoires y La Commune. En ellos nuestra autora relata enérgicamente, con un estilo propio y peculiar, de forma un tanto desordenada, apasionada y a menudo poética, lo sucedido desde el día 18 de marzo de 1871 en que comienza la insurrección parisina hasta su final el 28 de mayo de 1871. Por otro lado, en el estado de la cuestión incluyo las tesis de varios pensadores y filósofos acerca de la Comuna: Marx, Engels, Bakunin y Lenin. Podría, sin duda, incluirse a muchos otros autores, pero los límites del trabajo no lo permiten. Finalmente, la última parte expositiva de este Trabajo de Fin de Grado termina con un intento de establecer algunas conclusiones generales y unas vías o líneas de investigación futura. A partir de la Comuna se pueden extraer nuevas ideas para la teoría democrática que adaptadas a la realidad actual nos sirvan para construir un poder no jerárquico para una sociedad mejor.
5 1. Antecedentes: La Internacional de 1864 y la guerra franco-prusiana. 1.1. La Primera Internacional Ya hacia mediados del siglo XIX, en un “Discurso pronunciado ante la Cámara de los Diputados”, Tocqueville expresaba su convicción de que la situación social en la mayor parte de los estados europeos era realmente explosiva. “Observad –decía Tocquevillelo que ocurre en el seno de esas clases obreras que, hoy, lo reconozco, están en calma. Es cierto que no están atormentadas por las pasiones políticas propiamente dichas en el mismo grado en que lo estaban antaño. ¿Pero no percibís que sus pasiones, de políticas, se han convertido en sociales? ¿No percibís cómo paulatinamente se difunden en su seno opiniones, ideas, encaminadas no sólo a trastocar tales leyes, tal ministerio, tal gobierno incluso, sino la sociedad: a socavar las bases en las que hoy reposa? ¿No escucháis lo que a diario se dice en su seno? ¿No oís cómo repiten sin descanso que cuanto está por encima de ellas es incapaz e indigno de gobernarlas; que la división de los bienes llevada a cabo hasta el presente en el mundo es injusta; que la propiedad reposa sobre bases inicuas? ¿Y no creéis que cuando dichas opiniones tomen arraigo, cuando se difundan de una manera casi general, cuando desciendan profundamente a las masas, deben conducir antes o después —no sé cuándo, no sé cómo, pero deben conducir antes o después— a las más temibles revoluciones? Tal es, Señores, mi convicción más honda; creo que en el momento actual estamos durmiendo sobre un volcán (Reclamaciones), de eso estoy profundamente convencido. (Movimientos diversos)” 7 Fue en este mismo año y contexto de desigualdad e injusticia social, de creciente extensión de la indignación popular y obrera, en el que Marx y Engels publican el Manifiesto Comunista (1848) 8 y en el que el movimiento obrero experimenta un importante auge. Es el momento de “la tercera y mayor de las olas revolucionarias” de la Europa del XIX 9 . Es sabido que las revoluciones del 48 fracasaron. Pero también que ya hacia 1860 el movimiento obrero estaba volviendo a recuperarse de aquellas derrotas. Un movimiento que –como sostiene Hobsbawm- “surgió con una rapidez inesperada, y pronto fue seguido por la ideología que hasta entonces se había identificado con sus movimientos: el socialismo”. Un movimiento que, por encima de todo y de sus concreciones nacionales, era fundamentalmente internacional e internacionalista. Un 7 A. de Tocqueville, “Discurso pronunciado ante la Cámara de los Diputados” en Discursos y escritos políticos, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2005, p. 151 y s. El Discurso que citamos fue pronunciado el 27 de enero de 1848. 8 K. Marx-F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Marxists Internet Archive, 1999 (Disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm). 9 E. Hobsbawm, La era de la revolución (1789-1848), Barcelona, Labor, 1991, p. 107.
6 movimiento que se organizó al modo de una “Asociación Internacional de Trabajadores” (AIT) y sobre la base de la solidaridad internacional de la clase obrera. 10 La constitución de la AIT (Primera Internacional) en 1864 puede considerarse en momento clave para ese proceso de articulación del movimiento obrero internacional y para la posterior revolución de la Comuna de París de 1871. Todo el contexto histórico del momento nos muestra una sociedad con intereses y necesidades que desembocan en actividades revolucionarias. Una sociedad europea que está en un contexto social que oprime a la clase trabajadora. Los obreros tenían una gran necesidad de organizarse, de asociarse y de emanciparse para romper con los intereses de las clases dominantes. 11 En su libro Orígenes de la Internacional D. Riazanov 12 , revolucionario y teórico marxista, también afirma que tras 1948 se tardaron años para que se volviera a crear un movimiento obrero con un gran vigor. El que había anteriormente en 1852 se había disuelto, junto con la Liga Comunista que había cesado su actividad. Pero surgió un nuevo llamamiento para la lucha común de todos los obreros y eso es lo que condujo a la Primera Internacional, la cual “se inició con la participación de los sindicatos obreros británicos y franceses y de algunos exiliados de otras partes de Europa que entonces vivían en Londres”. 13 En ella participaron diversas delegaciones obreras y sindicales de distintos países (Gran Bretaña, Bélgica, Francia, Suiza), si bien fueron las más numerosas y activas fueron las delegaciones de Francia e Inglaterra. En todo caso, cada una de las delegaciones participantes enmarcaban sus diferentes necesidades particulares en sus llamamientos. Pero afirma Riazanov que, en general, partían de unos presupuestos comunes. Se estableció debatir sobre la división del trabajo, la cuestión del desarrollo industrial, el libre comercio y sobre todo acerca de la necesidad de la creación de una organización que ayudara a la clase obrera. 10 K. Marx, Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores, Marxists Internet Archive, enero de 2000 (Disponible en https://www.marxists.org/espanol/me/1860s/1864-est.htm). 11 Sobre el crecimiento del asociacionismo en la Europa posterior a las revoluciones de 1948 véase en Salvo Mastellone, Historia de la democracia en Europa. De Montesquieu a Kelsen, Madrid, EDERSA, 1990, págs. 125-176. 12 D. Riazanov, Origen de la Internacional, Ediciones Rumbo, Buenos Aires, 1995. 13 G.D.H. Cole, Historia del pensamiento socialista II. Marxismo y Anarquismo 1850-1890, FCE, México, 1958, p. 90.
7 “Todos estaban de acuerdo en la importancia de construir una asociación internacional de los trabajadores de diferentes países, para preparar una real confraternización entre los pueblos de la tierra” 14 En el congreso de la AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores) del 28 de septiembre de 1864 que se celebró en Saint Martin-Hall, en Londres, estaban presentes delegaciones de distintas sensibilidades ideológicas. 15 Pero acaso sus exponentes más relevantes fuesen los sindicalistas británicos de tendencia liberal-radical y orientación mayoritariamente reformista y aquellos otros representados Marx, Proudhon o Bakunin con ambiciones revolucionarias y socialistas, pero divididos entre sí a raíz de diferentes orientaciones (fundamentalmente comunistas y anarquistas). Los trabajadores ingleses - asegura D. Riazanov 16 – sostuvieron que querían una organización sindical internacional, capaz de afrontar las duras dificultades económicas e industriales. Por otro lado, lo obreros franceses defendieron que lo perjudicial era el orden económico dominante sobre los pequeños productores. Pero todos los grupos -prosigue Riazanovse dieron cuenta de que la falta de solidaridad entre ellos mismos era un problema en la lucha contra el capitalismo. Por ello el camino debía estar basado en la solidaridad y en el debate de necesidades. En todo caso, la creación de la AIT se concebía, en un primer momento, como una “Asociación establecida para crear un centro de comunicación y de cooperación entre las sociedades obreras de los distintos países y que aspiren a un mismo fin, a saber: la defensa, el progreso y la completa emancipación de la clase obrera”. 17 Era, por tanto, una forma futura de una organización de carácter internacional e internacionalista para avanzar en la cooperación y la solidaridad entre sociedades obreras y para debatir sobre las problemáticas que afectaban a los trabajadores del mundo. Por otra parte, los Estatutos de AIT, escritos por Marx entre el 21 y 27 de octubre de 1864, pondrían unas bases efectivas para la organización del movimiento obrero. Defendiendo la necesidad de la conquista del poder político por parte de la clase obrera, en el manifiesto inaugural de la AIT 18 se busca el vínculo entre los trabajadores de los países del mundo, 14 D. Riazanov, op. cit., p. 95. 15 Un rápido acercamiento a las mismas puede encontrarse en Salvo Mastellone, op. cit., p. 177 y ss. 16 D. Riazanov, op. cit., p. 96. 17 K. Marx, “Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores”, op. cit. 18 D. Riazanov, op. cit., p. 97.
8 orientados para la emancipación de la clase obrera. Marx, según Riazanov, 19 se centró en ayudar al movimiento obrero en la tarea de crear un sindicato en Inglaterra. Creía que el sindicato que debía estar alejado de Francia por las luchas ideológicas y, sobre todo, por las influencias del mutualismo de Proudhon entre los trabajadores. Por otra parte, como sostiene G. D. Cole, 20 en la Primera Internacional se tuvo presente y se le dedicó mucha importancia al problema de la cooperación industrial y al desarrollo del movimiento socialista en Alemania. Pero en Francia también había un interés en la creación de empresas cooperativas, a las que se veía como una alternativa a la producción individual. Cole asegura que los proudhonistas, aunque aceptaban las cooperativas, eran enemigos del Imperio y, por lo tanto, no querían cooperativas con relaciones estatales. La formación de cooperativas que realizará más tarde la Comuna de París proviene de esos ideales internacionalistas, para la emancipación de los obreros. Por lo demás, la importancia de la Primera Internacional como antecedente de los acontecimientos de 1871 en París también será destacada por Louise Michel 21 . La Internacional estuvo precedida por los acontecimientos sucedidos en Polonia. Se había realizado allí un levantamiento contra el reclutamiento para el ejército imperial ruso. Se inició en enero de 1863 y perduró hasta 1864, cuando las fuerzas polacas fueron devastadas. Lo sucedido en Polonia constituía motivo de preocupación. Las delegaciones obreras reunidas en Londres prestaron cierta atención a este problema, pero centraron sus debates en la defensa de los intereses del proletariado para articular una lucha común y sobre todo por ser la clase más oprimida. Delegados de muchos países expusieron las malas condiciones de los trabajadores. Se llegó a un acuerdo y se estableció un cuadro común, y a partir de ahí nació la Internacional, formando una causa global. La Internacional creció en muy diversos países, publicó sus manifiestos en periódicos de América y Europa, si bien pronto sus miembros fueron perseguidos y juzgados como agrupación clandestina en Francia 22 . Poco después, la Internacional se declaró disuelta, pero aquella persecución fue el elemento clave para multiplicarla. Todo el que participó tuvo sentencias y multas, pero no fue tanto por lo sucedido, sino por el miedo que tenía el gobierno ante lo que podía suceder. 19 D. Riazanov, Ibídem, p. 104. 20 G. D. H. Cole, op. cit., p. p.17. 21 Louise Michel, Mis recuerdos de la Comuna, Siglo Veintiuno Editores, Madrid, 1973, p.35. 22 Louise Michel, Ibídem, p. 37.
15 Nueva Caledonia abre una escuela para los niños franceses y canacos. Louise Michel dio una gran lección de internacionalismo a todos lo que se encontraban en Nueva Caledonia, era un tiempo donde el racismo era lo común y los indígenas de Canacos eran de piel oscura. Louise Michel los apoyó en la reivindicación de sus derechos, así como el derecho a pedir la independencia de su Tierra. En 1890 se va a vivir a Londres donde funda una escuela libertaria y cinco años más tarde en 1895 regresa a París. En el ámbito de la educación, Louise Michel perteneció a un comité de enseñanza en Francia, llamado Comité Pro-enseñanza anarquista, compuesto por ella y otros pensadores también anarquistas 37 . Su propósito era luchar contra la enseñanza autoritaria, evitar los dogmas y una enseñanza respetuosa. Querían eliminar la disciplina, los programas anuladores de originalidad y las clasificaciones que llevan a rivalidades. La educación que promovían estaba enfocada al desarrollo del individuo de una forma armónica desde la infancia. Buscaban el desarrollo y la independencia personal sin estar basados en ninguna fe. Querían abolir del ser humano la ficción divina, que lo observaban como causa base de la servidumbre del ser humano. Pero también querían favorecer la igualdad tanto de niñas como de niños, realizando una educación mixta, para crear seres humanos libres que respeten y amen la libertad ajena. Por lo demás, Louise Michel cuenta con una amplia obra, gran parte de la cual es posterior a la Comuna. Algunas de las más destacadas son: Le livre du jour de l'an : historiettes, contes et légendes pour les enfants (1872), Le Gars Yvon (1882), La Misère (1882), Mémoires (1886), Les Microbes humains (1886), L'ère nouvelle - Pensée dernière - Souvenirs de Calédonie (1887), Le Monde nouveau (1888), A travers la vie (poésies, 1894), La Commune (1898). Louise Michel fue, en suma, una mujer que tuvo un papel activo y revolucionario. No aportó una reflexión teórico-política, pero su obra y su legado se encuentran en lo que aportó a la historia como mujer revolucionaria, anarquista, poeta y pedagoga. Defendió siempre los derechos de la mujer y tuvo un gran compromiso social. Por lo que a nosotros se refiere podría decirse en suma que: “El nombre de Louise Michel, como el de Flora Tristán, es poco conocido de las nuevas generaciones españolas. Sin embargo, ambas forman parte de esa minoría 37 Para más detalle el comité estaba compuesto -según Albano Rossel, El poder de la educación, Le combat syndicaliste, Montevideo, 1940, p. 7 - por Louise Michel, Elysee Reclus, J. Ardouin y Carlos Malato.
16 de mujeres que, cuando aún no existía ninguna rebeldía femenina, cuando las mujeres aceptaban casi con gusto su doble papel de reproductoras y de vampiresas, sin aspirar a la libertad y a la dignidad del sexo, ellas jalonaron, con su ejemplo, la larga ruta de los combates por la emancipación de la mujer.” 38 Louise Michel fue una activista plena. No solo escribe continuamente, sino que también pronuncia conferencias, participa en reuniones, defiende la abolición de la pena de muerte, etcétera. Aun en su vejez continuó con su activismo en París, donde fue varías veces detenida. No desistió de luchar hasta el día de su muerte en 1905, dejando sin terminar una serie de conferencias que estaba preparando para impartir en el sur de Francia. Camino de su entierro, se realizó en París una de las más numerosas manifestaciones en su honor. Su importancia y su recuerdo siguen presentes hoy en la actualidad. 2.2. Louise Michel y la Comuna de París Ya hemos señalado que Louise Michel aporta una valiosa información sobre los acontecimientos de la Comuna en dos de sus obras: las Mémoires y La Commune. De ellas puede decirse no solo que constituyen sendos relatos acerca de su vida personal, de sus gustos e intereses, así como sobre la revolución parisina. De hecho, no falta quien haya señalado que ambas obras “carecen de toda armazón lógica y cronológica” en tanto que en ellas “los recuerdos de su romántica infancia y adolescencia están mezclados con observaciones acerca de música y literatura, y con digresiones psicológicas sobre el ser humano y su historia”. Y a todo ello se suman diferentes notas sobre Nueva Caledonia, sobre botánica o zoología. 39 Pero lo que aquí nos interesa de ambas obras es que en ellas describe con cierto detalle la insurrección parisina y la constitución de la Comuna. Para Michel la Comuna nació de los acontecimientos de su época. De la guerra franco-prusiana, la Tercera República, la desconfianza de los obreros y el descontento con el gobierno de Thiers. Michel sostiene que el pueblo parisino se había levantado el 18 de marzo de 1871 a causa de los engaños del gobierno de Thiers y, sobre todo, de su intento de quitarles los cañones que tenían para defender la ciudad. Ese mismo 18 de marzo los parisinos y parisinas se dirigieron a Montmartre, a las colinas donde se 38 Louise Michel, op. cit., p.408 39 H. Koechlin, op. cit., p. 56.
17 encontraban los cañones y donde estaba el ejército con orden de batalla contra los rebeldes. La subida a la colina -relata Louise Michel con un gran sentimientofue un momento clave para la historia porque fue en ese momento cuando las mujeres se alzaron y detuvieron a los soldados. “Nos sentíamos como si nuestros pies no tocaran el suelo. Muertos nosotros, París se hubiese levantado. Las multitudes en ciertos momentos son la vanguardia del océano humano. […] De pronto vi a mi madre cerca de mí, y experimenté una angustia espantosa; inquieta, había acudido, y todas las mujeres se hallaban allí.” 40 Las mujeres se arrojaron sobre el ejército, los cañones y las ametralladoras. Los soldados permanecieron inmóviles hasta que el oficial Lecomte dio la orden de fuego. Pero el suboficial Verdaguerre 41 se puso delante del conjunto de soldados y no lo permitió. La milicia obedeció su orden y el ejército se puso de parte del pueblo parisino. Gracias a ese acto la revolución pudo comenzar y con ella la instauración de la Comuna. Más tarde –añade Michelhubo un acontecimiento de gran revuelo: el fusilamiento de los oficiales Lecomte y Clement Thomas, que los detuvieron mientras estudiaban como destruir las barricadas de Montmartre. Los oficiales del ejército, afirma Louise Michel, pasaron a ser enemigos de sus propios soldados. Desde ese momento: “La victoria era completa, y hubiera sido duradera si al día siguiente mismo todos hubieran partido en masa para Versalles, a donde el gobierno había huido” 42 Thiers y todo el gobierno se exiliaron en Versalles. Los prisioneros políticos que los oficiales Lecomte y Clément Thomas habían retenido la tarde del 18 de marzo fueron puestos en libertad. Así fue el primer día de la Comuna de París. Por otro lado, Michel asegura que al huir el gobierno a Versalles dejó las arcas del Estado vacías, los enfermos en los hospitales y una población sin recursos, sin ambulancias, comercios, etc. Jourde y Varlin (integrantes de la Comuna) obtuvieron dos millones de francos del Banco Nacional. También pidieron un crédito de un millón para solventar los gastos necesarios de los ciudadanos. Se repartió el dinero para los hospitales y todos los demás servicios que tenían necesidad. Pero el Banco–sostiene Micheltenía mucho más dinero del que creían los comuneros, pues en él había una fortuna de tres mil trescientos veintitrés millones. Sin embargo, cuando los soldados ocuparon el Banco, el 40 Louise Michel, op. cit., p.148. 41 Michel sostiene que por ese acto Verdaguerre fue fusilado por el gobierno de Versalles meses más tarde. 42 Louise Michel, op. cit., p. 162.
18 dinero había salido de París. 43 Fue una estrategia por parte del gobierno para poner así un obstáculo al establecimiento de la Comuna. Al día siguiente, 19 de marzo, se levantó el estado de sitio, los consejos de guerra del ejército quedaron abolidos y se concedió amnistía total a los presos acusados de infracciones políticas contra el gobierno. Es más, también se tomaron todos los ministerios y administraciones y el ejército se fusionó con los habitantes de París. Todos unidos por una causa común, para crear la república y en busca de una libertad plena y total. Según Louise Michel, el 22 de marzo los partidarios del gobierno intentaron una contrarrevolución en la plaza de la nueva Ópera de París. Lo componía en su mayoría gente adinerada, junto a bonapartistas. Aunque su acto no tuvo gran relevancia, los soldados comuneros no atacaron. Louise Michel asegura que tenían un gran respeto por las personas junto sus ideales revolucionarios. El 28 de marzo, tras los resultados de las elecciones celebradas dos días antes, fue el día de la proclamación de la Comuna de París: los dirigentes de la Comuna entraron en el Hôtel de Ville. En ese momento –añade Michel- “no había toques a rebato. El rugir grave de los cañones, a intervalos regulares, saludaba la revolución.” 44 Fue entonces cuando el Comité Central declaró expirado su cargo y entregó los poderes a la Comuna. Michel describe el momento como un tiempo festivo, con las calles llenas de gente. Se tocaba la marsellesa y el Chant du départ. No hubo discursos solo un gran ¡Viva La Comuna! Michel sostiene con entusiasmo que la Comuna ya estaba constituida por personas inteligentes, honradas y de gran valor. Buscaban la libertad del pueblo, individuos con grandes ideales sociales y políticos. Aunque no todo terminaría bien para quienes hicieron frente al poder establecido. “El poder innegable, los aniquiló, no dejándoles más voluntad implacable que para el sacrificio. Supieron morir heroicamente. Y es que el poder está maldito; por eso soy anarquista.” 45 Las palabras de Louise Michel nos hacen sentir la fuerza revolucionaria de esos momentos. Una experiencia que duró setenta y dos días de liberación del pueblo, un pueblo que pudo ser libre y observó que no era utópico gobernarse a sí mismo. Pero el 43 Ibídem, p. 163. 44 Ibídem, p. 183. 45 Ibídem, p. 185.
19 relato de Louise Michel de los días de la Comuna también nos aporta una información valiosa acerca de la vida en París durante este proceso, así como de una serie de medidas que tuvieron importantes efectos que –en su opiniónllevaron a un cambio en la mentalidad de la población y que han tenido notable eco posterior en la teoría política. Así, ya el 30 de marzo, se abolió el servicio militar, se eliminó el ejército y solo quedó la Guardia Nacional que pertenecía al pueblo. Sostiene Michel que todas las personas capaces de usar un arma podían pertenecer a la misma para la defensa de sus derechos y libertades. Así mismo, el día 1 de abril se pactó entre los miembros de la Comuna que el sueldo de los funcionarios no podía ser mayor que el de un obrero. De hecho, afirma Michel que esta medida se llevó a cabo durante el tiempo de actividad de la Comuna. Además, el 2 de abril se determina la separación entre iglesia y Estado. A partir de entonces, todos los bienes que pertenecían a la iglesia pasaron a ser patrimonio nacional y, por consiguiente, se acordó eliminar todos los símbolos religiosos de los colegios. Por otra parte, sostiene Michel que desde el 5 de abril las baterías el ejército prusiano que operaban contra las barricadas de la Comuna estaban ayudando al gobierno que actuaba desde Versalles haciendo atrocidades, de las cuales nunca llegaron a ser condenados. Muestra en este caso toda la crueldad con la que actuaban las fuerzas del gobierno. “En la barricada Neuilly, reventada por los obuses, hubo horribles heridas: hombres con los brazos arrancados hasta detrás de la espalda dejando el omóplato al descubierto, otros con el pecho agujerado o arrancada la mandíbula. Los curaban sin esperanza. Los que tenían aún voz, decían: ¡Viva La Comuna!, antes de morir.” 46 Michel hace un relato personal de los acontecimientos, pero nos ayuda a entender con claridad cómo se vivieron esos momentos. Asegura que los obuses estaban en manos del gobierno de Thiers y no paraban de bombardear las murallas. El 6 de abril los comuneros sacaron a la calle la guillotina y la quemaron públicamente. No obstante, Michel se lamenta de que la guillotina no quedó del todo destrozada, pues indica que más tarde el gobierno la reparó para las grandes matanzas. Así mismo, el día 14 de abril se realizan ocupaciones en las empresas y talleres por las sociedades obreras. Era una forma de reanudar el trabajo que se había parado. Al mismo tiempo se plantea la creación de una cooperativa común de todos los trabajadores. El 30 46 Louise Michel, op. cit., p. 240.
20 de abril se retiran las casas de empeño, que son incompatibles con la libertad económica de los trabajadores según Michel. 47 Entretanto París estaba siendo bombardeada por los versalleses, que intentaban tumbar el gobierno de la Comuna por todos los medios. Michel sostiene que el mismo gobierno que se había quejado por las pérdidas y bombardeos de los prusianos en París, era ahora el que destrozaba la ciudad. “Ahora estos mismos individuos imploraban del gobierno prusiano que acelerase la devolución de los soldados franceses hechos prisioneros en Sedán y en Metz, para que reconquistaran París.” 48 A comienzos de mayo empezaron a llegar las tropas gubernamentales (los prisioneros hechos por los prusianos en la batalla de Sedán) a Versalles y ello llevó al gobierno a tener una superioridad decisiva sobre la Comuna. Michel sostiene que el 24 de abril Thiers rompió las negociaciones por los presos de un lado y otro. La Comuna tenía prisionero al arzobispo de París y a una serie de clérigos, y querían cambiarlos por Blanqui, prisionero por el gobierno de Versalles. En el frente sur, el 3 de mayo los versalleses se apoderaron de Moulin-Saquet. El día 9 de mayo consiguieron el frente de Issy y el día 14 el puente de Vanves. El ejército de Versalles comenzó a avanzar paulatinamente apoderándose de aldeas y edificios, hasta llegar al cinturón de la ciudad 49 . “Los prusianos, que seguían ocupando los fuertes del norte y del este, permitieron a los versalleses cruzar por la parte norte de la ciudad, que era terreno vedado para ellos según términos del armisticio y, de este modo, avanzar atacando sobre un largo frente, que los parisinos no podían por menos que creer amparado por dicho convenio, y que, por esta razón, tenía guarnecido con escasas fuerzas.” 50 Después de 8 días de lucha cayeron los últimos reductos de Belleville y Ménilmontant. Era ahí donde se concentraron los últimos defensores de la Comuna. Tras su caída, la Comuna toca a su fin y todo –añade Michelse convirtió en una masacre, en una matanza de mujeres, niños y hombres. 47 Este rechazo de las casas de empeño es muy relevante tanto para el pensamiento anarquista como el pensamiento comunista. Son elementos de usura hacia la clase trabajadora. Por ello se busca la abolición de ese tipo de prácticas. 48 F. Engels, “Introducción”, en K. Marx, La Guerra civil en Francia Marxists Internet Archive, 2001. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm. 49 F. Engels, Ibídem. 50 F. Engels, Ibídem.
21 3. Discusión y posicionamiento. La Comuna de París ha sido objeto de debate desde muy diferentes posiciones y por parte de muy diversos autores. En este apartado de nuestro Trabajo de Fin de Grado pretendemos acercarnos a algunos de ellos: Marx, Engels, Bakunin y Lenin. Sin embargo, cuestiones de espacio y tiempo, así como los límites de este trabajo, obligan a remitirnos a un escueto estudio de los textos y aportaciones más relevantes de estos autores y, por tanto, a renunciar -aún de forma genéricaa otros aspectos de su vida, obra y pensamiento. 3.1 Marx y la Comuna de París Es conocido que Marx prestó especial atención a la insurrección y que la mayor parte de sus indicaciones al respecto se concentran en sus reflexiones sobre La guerra civil en Francia (1871). En ella realiza un análisis no solo de la situación de Francia en aquel momento sino también -cuestión que aquí nos interesa de modo especialsobre el carácter y significado de la Comuna de París. Para Marx la Comuna aportó una importante serie de innovaciones institucionales y una nueva forma de gobierno que servía de nuevo modelo para el mundo. De hecho, Marx sostiene que de no haber sido por su corta duración “la Comuna habría de ser la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña del país y que en los distritos rurales el ejército permanente habría de ser reemplazado por una milicia popular, con un período de servicio extraordinariamente corto.” 51 (Marx, 2001) Para Marx se debían establecerse comunas rurales que debían administrarse por medio de los delegados que enviaban a cada ciudad, y a su vez esos delegados irían a la capital. De esa forma, en la delegación que se constituiría en la capital habría unas relaciones perfectamente ligadas con los intereses del pueblo. Marx creía que la creación de la Comuna no rompería con la unión de la nación, sino que destruiría el Estado que pretende superar siempre a la propia nación. En lugar de votar por un representante cada 51 K. Marx, La guerra civil en Francia, Marxists Internet Archive, 2001. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm
22 cuatro, cinco o seis años “que representa de forma engañosa al pueblo en el parlamento”, la Comuna quiere evitar la concentración del poder en individuos concretos y, a través del sufragio universal, dar paso a un pueblo constituido por comunas que debían extenderse por toda Francia. Es más, Marx sostiene que “la Comuna de París había de servir de modelo a todos los grandes centros industriales de Francia.”. 52 Ante posibles equívocos, Marx es bastante estricto en su análisis y sostiene que no se puede confundir esta nueva forma de comuna con la antigua comuna de la Edad Media, que quería divisiones por medio de federaciones. En la Comuna de 1871 se quería romper con el poder centralizado y centralista del Estado Moderno. Se quería dar paso a un nuevo modo de organización comunal. “El régimen comunal habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía absorbiendo el Estado parásito, que se nutre a expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento. Con este solo hecho habría iniciado la regeneración de Francia.” 53 Marx ve en la Comuna la posibilidad de un cambio radical en las formas de organización política. Vio que algo que se entendía como utópico se convertía ahora en posibilidad real, en una realidad revolucionaria que rompía con el tópico de que las revoluciones las hacían los burgueses. Europa -apunta Marxmiraba con ojos aterrados lo que sucedía en Francia. La misma existencia de la Comuna presuponía la eliminación de la monarquía, el fin del gobierno representativo y hasta de las propias clases sociales. La Comuna era una república social y realmente democrática y -señala Marx comentando las bases de su estructura y organización política- “estaba formada por los concejeros municipales, elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad, eran responsables y revocables en todo momento” 54 . Fue por ello un gobierno de clase obrera, “un cuerpo obrero” que actuaba como poder legislativo y poder ejecutivo al mismo tiempo, sin división de poderes y sin actuar como un gobierno parlamentario. En el análisis de Marx, la Comuna había roto con las diferencias entre gobernantes y gobernados y convertía a sus miembros en sujetos directos de las decisiones políticas. Era, en suma, un notable ejemplo y ejercicio real de la democracia directa, del “gobierno del pueblo y por el pueblo”. Por lo demás, para Marx fue la primera revolución en la que la clase obrera fue 52 K. Marx, Ibídem. 53 K. Marx, Ibídem. 54 K. Marx, Ibídem.
23 reconocida como la única clase social con iniciativa revolucionaria, con el fin del bien social general. “La Comuna era, pues, la verdadera representación de todos los elementos sanos de la sociedad francesa, y, por consiguiente, el auténtico gobierno nacional. Pero, al mismo tiempo, como gobierno obrero y como campeón intrépido de la emancipación del trabajo, era un gobierno internacional en pleno sentido de la palabra. Ante los ojos del ejercito prusiano, que había anexionado a Alemania dos provincias francesas, la Comuna anexionó a Francia los obreros del mundo entero.” 55 El gobierno que se estableció en el periodo de la Comuna adoptó un importante conjunto de decisiones a las que Marx les dedica especial atención y que no solo han sido objeto de constante discusión en la teoría política y democrática, sino que también avalan la tesis de que era una nueva forma de gobierno social y plenamente democrático. Ya hemos señalado que los concejales fueron elegidos por sufragio universal en cada distrito, que eran revocables y que su mandato era corto. Debemos hacer ahora referencia a otras medidas que pueden ser consideradas como una serie de políticas de esa nueva sociedad. Entre ellas destacan la abolición del trabajo nocturno, la prohibición de reducir el salario por errores en el trabajo, la prohibición de que el patrono actuara como un juez en los conflictos, reservar una indemnización a todos los talleres que habían cerrados por el alzamiento del nuevo gobierno comunal, despojar a la policía de sus atributos políticos y convertirla en agente de la Comuna responsable y revocable en todo momento. Convertir igualmente a todos los funcionarios en servidores responsables ante la Comuna y revocables, equiparar los salarios públicos a los de los trabajadores, establecer la separación entre la iglesia y el estado, convertir la educación en accesible a todos, etcétera. 56 Por otra parte, Marx asegura que la Comuna decidió que los patronos que habían optado parar con los negocios durante la insurrección, tendrían una ayuda para cuando se reincorporaran al entorno laboral. Al estar la ciudad sitiada, las medidas económicas y financieras de la Comuna fueron moderadas. Además, grandes empresas se encontraban en manos de partidarios del gobierno de Thiers. Una de las cosas que Marx cree que se debió hacer fue confiscar los bienes de las grandes familias. Pero, en vez de ello, cuando la Comuna saco unos 8.000 francos de la secularización fueron gravemente criticados. 55 K. Marx, ibídem. 56 K. Marx, Ibídem.
24 En los meses que duró la Comuna. París se dedicó a trabajar y luchar con entusiasmo por una nueva sociedad. París -señala Marxse alzaba como un nuevo mundo dejando en Versalles lo viejo, los despojos de la nación. Pero mientras en el gobierno de la Comuna se intentaba establecer un nuevo orden social, en Versalles se planeaba su destrucción. Cuando el gobierno comunal había aceptado los preliminares de paz y creían que Prusia se declinaba neutral, los versalleses y los prusianos confraternizaron para realizar una matanza común. Los que habían sido enemigos de guerra se unieron para destruir lo que podía haber significado un cambio en la sociedad mundial. Para Marx esto no es más que el desmoronamiento total de la clase burguesa como clase emancipadora, la destrucción de la posibilidad de avance social. El acontecimiento de la Comuna y su posterior destrucción fueron para Marx la nota indicativa de hacia dónde avanzaba la sociedad. Hacia el engaño en la estrategia política sin convicciones éticas ni morales, hacia una esclavitud cada vez menos reconocible, pero presente en toda forma de vida. “El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente ensalzado como heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires tienen su santuario en el corazón de la clase obrera. Y a sus exterminadores la historia los ha clavado ya en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las preces de su clerigalla.” 57 Por otra parte, en lo que aquí nos ocupa, hemos de prestar cierta atención a las cartas que Marx escribe a Kugelman (médico amigo de Marx) en tanto que en ellas reflexiona sobre el acontecimiento de la Comuna. Así, en la breve carta del 12 de abril de 1871, Marx alaba “la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París”. Y añade: “¡Qué flexibilidad, qué iniciativa histórica y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisienses! Después de seis meses de hambre y de ruina, originadas más bien por la traición interior que por el enemigo exterior, se rebelan bajo las bayonetas prusianas, ¡como si no hubiera guerra entre Francia y Alemania, como si el enemigo no se hallara a las puertas de París! ¡La historia no conocía hasta ahora semejante ejemplo de heroísmo!”. 58 En los momentos de mayor dificultad en Francia, el proletariado –afirma Marxse alzó en busca de la verdadera revolución. No buscaba pasar la “maquina burocrático-militar” de un gobierno a otro sino, por el contrario, destruir toda la maquinaria con el objetivo de avanzar hacia un nuevo comienzo social. Marx elogia la gran iniciativa histórica de los parisinos, 57 K. Marx, Ibídem., p. 96. 58 K. Marx, “Carta a Kugelman”, en Marx, Engels, Lenin, La Comuna de París, Akal, Madrid, 2010, p. 105.
31 autoridad bien amadas, a las necesidades de la revolución” y que, sin duda, fueron magníficos representantes de la Comuna, capaces de luchar por el bien común y por las necesidades de la revolución. Pero en opinión de Bakunin, estos últimos representantes del jacobinismo no solo eran una parte decisiva y mayoritaria de la Comuna. Fueron también los que, “a pesar de toda su buena fe y de toda su buena voluntad”, se mostraron incapaces de liberarse definitivamente de sus prejuicios burgueses y estatalistas. Prejuicios por los que - sostiene Bakunin- “hubieron de paralizarse y no pudieron salir de las generalidades, ni tomar medidas decisivas que hubiesen roto para siempre todas su solidaridad y sus relaciones con el mundo burgués”. De ahí que sostenga finalmente que su indecisión “fue una gran desgracia para la Comuna y para ellos; fueron paralizados y paralizaron la Comuna”. 73 Pero tras la crítica de Bakunin al jacobinismo se encuentra también la crítica a la propia Comuna, a la articulación de la misma bajo la forma de una nueva suerte de poder centralizado o -en clara alusión a los comunistasbajo la forma de una “dictadura colectiva” que solo propiciaba una forma de “comunismo autoritario”. Frente a aquellos a los que denomina considera defensores del “comunismo científicamente desarrollado por la escuela alemana y aceptado en parte por los socialistas americanos e ingleses”, frente a esta corriente de pensamiento y acción que considera completamente errónea y autoritaria, Bakunin cree que “los socialistas revolucionarios pensamos, al contrario, que la humanidad ya se ha dejado gobernar bastante tiempo, demasiado tiempo, y se ha convencido que la fuente de sus desgracias no reside en tal o cual forma de gobierno, sino en el principio y en el hecho mismo del gobierno”. Por eso sostiene que “una revolución social no puede ser decretada y organizada sea por una dictadura, sea por una asamblea constituyente salida de una revolución política”. Defiende en tal sentido la posición de los anarquistas de París que, frente a otras corrientes ideológicas (blanquistas, comunistas, proudhonianos, jacobinos), sostuvieron que esa revolución “no podía ser hecha y llevada a su pleno desenvolvimiento más que por la acción espontánea y continua de las masas, de los grupos y de las asociaciones populares” 74 . Queda mucho tiempo -sostiene Bakuninpara que una revolución tal pueda ser efectiva. Existe aún entre la población no solo una gran reverencia y culto a la autoridad religiosa. También perdura en ella una visión del Estado como un ser protector y superior. 73 M. Bakunin, Ibídem, p. 169. 74 M. Bakunin, Ibídem, p. 172.
32 Queda por tanto mucho por hacer, pero se debe comenzar por la abolición del Estado y la iglesia para la liberación real de la humanidad. Pero, una vez más frente a las tesis comunistas y blanquistas, Bakunin cree que no se trata de que una minoría organizada cree y dirija la revolución social. No se trata de destruir un Estado para crear otro modelo de Estado. No se trata de organizar las fuerzas obreras para tomar posesión del Estado. En este terreno no cabe pensar ningún tipo de medidas posibilistas, pues estas solo llevan a la creación de nuevas limitaciones y opresiones. Se trata de poner término a toda forma de organización por la fuerza “dando a las masas su plena libertad, a los grupos, a las comunas, a las asociaciones, a los individuos mismos, y destruyendo de una vez por todas la causa histórica de todas las violencias, el poder y la existencia misma del Estado”. De ahí que sostenga que “La futura organización social debe ser estructurada solamente de abajo a arriba, por la libre asociación y federación de los trabajadores, en las asociaciones primero, después en las comunas, en las regiones, en las naciones y finalmente en una gran federación internacional y universal.” 75 3.4. Lenin y las enseñanzas de la Comuna Vladímir Illich Uliánov Lenin fue, sin duda, otro de los teóricos y líderes del marxismo que prestó atención a la insurrección parisina, a su significación histórica y a sus aportaciones para el pensamiento y la práctica revolucionaria. De hecho, su breve y conocido artículo Enseñanzas de la Comuna 76 -inicialmente publicado en el Zagranichnaya Gaceta en marzo de 1908fue elaborado por Lenin, según la redacción del propio periódico, para su intervención el mitin internacional celebrado el 18 de marzo en Ginebra “con motivo de tres aniversarios proletarios: el 25 aniversario de la muerte de Marx; el 60 aniversario de la revolución de marzo de 1848 y el 39 aniversario de la Comuna de París”. Es más, indica la redacción que en tal intervención “en nombre del POSDR, habló el camarada Lenin sobre la significación de la Comuna”. Y, en efecto, el objeto central de este texto de Lenin no es otro que una valoración política del significado la Comuna. De hecho, Lenin inicia la misma sosteniendo, de una parte, que “después del golpe de Estado que puso remate a la revolución de 1848, Francia cayó durante 18 años bajo el yugo del régimen napoleónico, que llevo al país no solo a la ruina económica, sino 75 M. Bakunin, Ibídem, p. 174. 76 V. I. Lenin, Enseñanzas de la Comuna, Marxists Internet Archive, 2012 (https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1908/marzo/23.htm).
33 también a una humillación nacional” y, de otra, que fue la insurrección parisina y la instauración de la Comuna la que puso fin a tal situación. Al hacerlo -afirma Leninel proletariado asumió dos tareas importantes en el contexto de la Comuna. La primera, de carácter “nacional”, era liberar a Francia de la invasión alemana y la segunda “liberar del capitalismo a los obreros mediante el socialismo”, una tarea que en su opinión no se limitaba al ámbito nacional, sino que se extendía a todo el mundo. La combinación de estas dos tareas constituía para Lenin el rasgo más específico de la Comuna. No trataba, por tanto, de atender solo a la defensa de la patria, tal y como los blanquistas parecían sostener con su lema “¡La Patria está en peligro!”. Se trataba de evitar caer en la trampa de aquel enfoque limitado a “la defensa nacional” que en realidad confundía e identificaba los intereses de la burguesía con los del proletariado. Se trataba de eludir “el peligro de dejarse llevar del entusiasmo por una falsa idea nacional” para proceder en realidad a la defensa de los verdaderos intereses del proletariado que en modo alguno podían coincidir con los de la burguesía y los explotadores de la clase obrera. De hecho, según Lenin, el Gobierno de “defensa nacional” era, en realidad, un gobierno que tenía la misión de luchar contra el proletariado. Es cierto que en principio el proletariado, cegado por el patriotismo, no se había dado cuenta de que ese gobierno creado por la burguesía no atendía a sus intereses. Pero el patriotismo burgués quedó según Lenin a la vista cuando el gobierno de Thiers firmó la paz con los prusianos llevando a cabo medidas vergonzosas contra el pueblo francés. Además, pactó con aquellos el desarme del proletariado que tanto aterrorizaba a las clases acomodadas. La burguesía en modo alguno pretendía desarrollar las tareas democráticas que prometía establecer. Es más, para Lenin “A pesar de que el proletario socialista estaba dividido en numerosas sectas, la Comuna fue un ejemplo brillante de la unanimidad con la que el proletariado supo cumplir las tareas democráticas que la burguesía sólo podía proclamar. Sin ninguna legislación complicada, con toda sencillez, el proletario, que había conquistado el poder, democratizó el régimen social, suprimió la burocracia y estableció que todos los cargos públicos fuesen electivos.” 77 Pero en este breve texto Lenin también señala dos graves errores de la Comuna. El primero de ellos consistió en que “el proletariado se detuvo a mitad del camino: en lugar de proceder a la `expropiación de los expropiadores´, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unido por una tarea común a toda la 77 V. I. Lenin, ibídem.
34 nación”. Y ello se tradujo para Lenin en que el proletariado “no se apoderó de instituciones como, por ejemplo, el banco”, en el hecho de dejarse llevar por las teorías de Proudhon sobre el justo cambio, etc. El segundo consistió “en la excesiva magnanimidad del proletariado: en lugar de exterminar a sus enemigos, trató de influir moralmente sobre ellos, despreció la importancia que en la guerra civil tienen las acciones puramente militares y, en vez de coronar su victoria en París con una ofensiva resuelta sobre Versalles, dio largas al tiempo y permitió que el gobierno de Versalles reuniese las fuerzas tenebrosas y se preparase para la semana sangrienta de mayo” 78 . Al actuar así la Comuna dio tiempo a Thiers para planear lo que terminó en un baño de sangre. Pese a tales críticas, Lenin cree que la Comuna fue un acontecimiento grandioso, un ejemplo para los movimientos proletarios venideros. Los grandes sacrificios que realizó la Comuna son -en su opiniónde gran importancia para las posteriores luchas que llevará a cabo el proletariado. Este gran movimiento ayudó al crecimiento del socialismo, a difuminar las tendencias patrióticas y a plantear nuevas formas concretas para revoluciones posteriores. De hecho, Lenin sostiene que “por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la significación de esta para la lucha general del proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostro la fuerza de la guerra civil, disipo las ilusiones patrióticas y acabo con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía”. 79 78 La propia Louise Michel parece coincidir con este planteamiento de Lenin cuando señala en sus recuerdos que el 18 de marzo “la revolución estaba hecha” tras negarse los soldados a disparar sobre las mujeres y la multitud. Y añade, “La victoria era completa, y hubiera sido duradera si el día siguiente todos hubiéramos marchado en masa hacia Versalles. Muchos de los nuestros habrían caído en el camino, pero la reacción se hubiera ahogado en su guarida. La legalidad, el sufragio universal y todos los escrúpulos de ese género, que echan a perder las revoluciones, se tomaron en cuenta como de costumbre.” (Louise Michel, op. cit., p. 149). Poco más adelante insiste -en una crítica al Comité Central que retenía el poder hasta el nombramiento de la Comunay sostiene: “Lástima! Si aquellos abnegados hombres hubiesen tenido, ellos también, un menor respeto a la legalidad ¡Qué acertado y revolucionario hubiera sido proclamar la Comuna camino de Versalles!” (op. cit., p. 150). 79 V. I. Lenin, op. cit.
35 4. Conclusión y vías abiertas. 4.1 Algunas conclusiones. Las diferentes exposiciones y análisis de la Comuna de París que hemos comentado en las páginas anteriores coinciden en señalar el carácter novedoso y emancipador de la Comuna. Todas ellas la interpretan como un intento de llevar a la práctica un modelo de sociedad plenamente democrático y alternativo, como un “glorioso presagio de una nueva sociedad”. Marx, la concibe como un acontecimiento de búsqueda de una revolución verdadera. Para Bakunin fue un hecho práctico de socialismo revolucionario. Engels ve en ella la verdadera cara de la dictadura del proletariado. Todos coinciden en su interpretación de la Comuna como una nueva forma de sociedad y gobierno que apuntaba hacia la liberación del proletariado y -diríamos hoyhacia una forma de democracia directa en la que será posible “el gobierno del pueblo y por el pueblo”, directamente y sin mediaciones representativas. Es más, los autores analizados aportan no poca información acerca de un amplio conjunto de novedosas innovaciones políticas e institucionales que sin duda avalan tal consideración y de hecho han servido como modelo para muchos otros intentos de establecer formas de gobierno comunales y participativas. Cosa diferente ocurre sin embargo a la hora de señalar los errores de la Comuna. Más allá de su coincidencia en señalar que la derrota de la Comuna tuvo lugar a causa de la actuación, las traiciones y la masacre del pueblo parisino dirigida por el gobierno de Thiers, lo cierto es que difieren y hasta se contradicen abiertamente al señalar otras posibles causas de la derrota de la Comuna. Marx y marxistas como Engels o Lenin sostienen que los errores de la Comuna podrían resumirse en la carencia de una organización centralizada y capaz de dirigir la revolución, así como de enfrentarse al gobierno. A ello podría añadirse la sugerencia de Marx de que el proceso fuera de una forma más escalonada. También las indicaciones de Engels de que debían haberse apoderado del banco de Francia desde el primer momento. Así mismo, Lenin añadiría a todo ello el peligro del falso patriotismo auspiciado por los blanquistas bajo la bandera de la defensa de la patria o a través de la idea de “la defensa nacional”. Todo ello suponía el grave error de creer en la coincidencia de intereses entre burgueses y proletarios y olvidar los verdaderos y específicos intereses de estos últimos. Lenin, por otra parte,
36 también señala la necesidad de tener en cuenta los métodos de lucha pacíficos, pero - cuando fuese necesariorecurrir igualmente a la lucha armada y hasta a la guerra civil. En esta misma idea parece coincidir Louise Michel. Pero muy distintas y hasta abiertamente contrarias son, sin embargo, las conclusiones de los anarquistas aquí representados por Bakunin. Para este, el principal error de la Comuna fue precisamente la conversión de esta en una especie de gobierno centralizado, de democracia colectivista y autoritaria que condujo a la derrota. En su opinión lo correcto hubiera sido fomentar la acción libre, espontánea y directa de las masas, evitar la creación de esta suerte de gobierno central y liberar al proletariado a partir de su propia acción directa. Concluyendo con todo lo expuesto por los autores analizados cabe señalar que se observa en todos ellos una suerte de optimismo para el futuro, se caracterizan por tener una visión de progreso social. Combinando los análisis expuestos, se podrían sintetizar en la actualidad con la posibilidad de seguir reflexionando a partir de las aportaciones de la Comuna para crear una nueva forma de gobierno del pueblo y por el pueblo, una forma de democracia directa y horizontal. Sin embargo, parece evidente que es necesario continuar profundizando en el estudio y análisis de los hechos, así como en sus interpretaciones. Pero esto es objeto del siguiente y último apartado expositivo de este trabajo. 4.2 Vías abiertas. Los análisis de la Comuna de París que he abordado a lo largo de este trabajo exigen –como señalaba poco más arribamayor profundidad y detenimiento. El nuestro ha sido -ya lo decíamos al principio de estas páginasun primer acercamiento a estos acontecimientos y al estudio de los mismos. Pero se han abierto varias líneas de trabajo e investigación futura. De hecho, estas investigaciones podrían continuar abordando tanto otras historias de la Comuna 80 como estudiando lo que otros autores clásicos (L. Trostky, Emma Goldman, Rosa Luxemburgo…) han aportado acerca de ella. Como también podrían continuar acercándonos a la amplia y diversa serie de estudios que continúan 80 Para dicha tarea podría contarse tanto con “Las tendencias en la historiografía de la Comuna” como con la “Reseña documental” que nos aporta por Heinrich Koechlin en Ideologías y tendencias en la Comuna de París, op. cit., págs. 35-77.
37 emergiendo tanto sobre la misma experiencia de la Comuna como sobre los autores que la han abordado y las interpretaciones que de ella han hecho, de las tendencias ideológicas presentes en ella y de su respectiva influencia en los acontecimientos, de su significado, alcance y posible actualidad. Creo por otra parte que la experiencia, el significado y el modelo de comunidad que se intentó llevar a cabo en la Comuna de París constituyen en sí mismo una línea de investigación futura que, entre otras muchas cosas, puede aportar claridad sobre diversas medidas sociales y arreglos institucionales para la construcción y mejora de la democracia hoy. Pero también creo que abren la oportunidad de continuar investigando sobre la posibilidad de crear en la actualidad un poder horizontal, un modelo de democracia directa, comunal o, cuando menos, ampliamente participativa. 81 De hecho, convendría seguir investigando sobre la oportunidad y viabilidad actual de algunas de sus aportaciones concretas: la responsabilidad y revocación de los cargos públicos, la equiparación de sus salarios con el del resto de trabajadores, la separación de la iglesia y el Estado, la educación pública y gratuita, la eliminación de las desigualdades de género, etc. Para finalizar, creo pertinente destacar que continuar acercándonos al pensamiento y la obra de Louise Michel también ofrece una prometedora línea de investigación. Tanto sus sugerencias sobre la Comuna, como sus reflexiones sobre el papel de la mujer y la desigualdad entre mujeres y hombres o su visión del anarquismo. El feminismo o anarco feminismo que surge a partir de su praxis y sus escritos es importante para el desarrollo e investigación de todas sus aportaciones. También sus escritos sobre la educación merecen atención, conformando un papel muy importante en la obra de Louise Michel y constituye una vía abierta de trabajo. 81 Véanse en este sentido y entre muchas otras las sugerencias de D. Held (Modelos de democracia, Madrid, Alianza, 2001) o de F. Vallespín (La democracia en sus textos, Madrid Alianza, 1998).
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