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Familia, educación e inmigración : un programa de intervención pedagógica

Priegue Caamaño, Diana

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UNIVERSIDADE DE SANTI AGO DE COMPOSTELA FACULTADE DE CIEN CIAS DA EDUCACIÓN DEPARTAMENTO DE TEORÍA DA EDUCACIÓN, HISTORIA DA EDUCACIÓN E PE DAGOXÍA SOCIAL TESIS DOCTORAL FAMILIA, EDUCACIÓN E INMIGRACIÓN. UN PROGRAMA DE INTERVENCIÓN PEDAGÓGICA DIANA PRIEGUE CAAMAÑO DIRECTORES: PROF. DR. MIGUEL A. SANTOS REGO PROFA. DRA. MAR LORENZO MOLEDO Santiago de Compostela AGRADECIMIENTOS Quiero agradecer la ayuda y co laboraci ón qu e he recibido de una serie de personas durante el tiempo que he ocupado en la realización de es ta Tesis Doctoral. En primer lugar, quisiera dar las gracias a los Directores de es te trabajo, sin los cuales su realización no habr ía sido posible, el Profesor Doctor Miguel Anxo Santos Rego y la Profesora Doctora Mª del Ma r Lorenzo Moledo. Su apoyo y confianza incondicional fueron, sencillamente, decisi vos en la germinación y realización de la Tesis, y en mi desarrollo personal co mo investigadora de la educación. Sería difícil tratar de concretar el ag radecim iento a mi fam ilia, sobre todo hacia mis padres, de los que he aprendido, entre m uchas otras cosas, que la dedicación y el esfuerzo diario siempre tienen recompensa. Y, una vez m ás, tenían razón. Asimismo, quiero dejar constancia de m i más sincera g ratitud al Profesor Doctor Agustín Godás Otero, por sus consejos en la resolución positiva de no pocas dificultades en la realización del trabajo. A todos los miembros del Grupo ESCULCA, por las horas de trabajo juntos, y, sobre todo, por confortarme y darm e alient o en las horas bajas. Mención especial merecen las com pañeras con las que com partía despacho en el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de San tiago de Compostela cuando com enzaba la realización de esta Tesis Do ctoral, así como aquellas co n las que continúo trabajando, mano a m ano, en el Departamento d e Teoría de la Educación, Histor ia de la Educac ión y Pedagogía Social de nuestra Universidad. Tampoco puedo olvidar a las f amilias que han participado en la investigación, pues sin su presencia e implicación, esta Tesi s hubiera sido imposible; y, por supuesto, a los distintos profesionales que, desde los centr os escolares, los servicios sociales y las organizaciones cívicas, facilitaron la singlad ura investigadora. Vaya para todas y todos ellos el testimonio de mi gratitud. ÍNDICE INTRODUCCIÓN ............................................................................................... 15 PARTE I LA INMIGRACIÓN COM O ÁMBITO DE REALIDAD SOCIAL: REPERCUSIONES EN EL CONTEXTO FAMILIAR Y EDUCATIVO CAPÍTULO 1. LA FAMILIA EN EL SIGLO XXI: REALIDADES Y TENDENCIAS ACTUALES ......................................................................................... 29 1.1. Introducción ............................................................................................................. 31 1.2. Algunas consideraciones teóricas sobre la familia ............................................... 32 1.3. El impacto de las transformacion es sociales en la familia ................................... 40 1.3.1. De la transición política y económi ca a la transición social y familiar ............ 40 1.3.2. Los desencadenantes del cam bio familiar en la sociedad española .................. 53 1.4. Las funciones de la familia en la nueva realidad social ....................................... 60 1.5. La diversificación de los hogares y de las formas de vivir en familia: aproximación al panorama actual ................................................................................ 64 1.5.1. Los modelos de familia y la composición d e los hogares españoles: estructura y clasificació n ........................................................................................... 66 1.6. Nuevas tendencias del cambio familiar ................................................................. 87 CAPÍTULO 2. FAMILIA Y ESCUEL A COMO CONTEXTOS EDUCATIVOS ... 93 2.1. Introducción ............................................................................................................. 95 2.2. La familia como escenario educativo ..................................................................... 96 2.3. Sobre las relaciones familia-escuela en un contexto de cambio ........................ 112 2.4. La participación de las familias en los centros escolares ................................... 122 2.4.1. La regulación jurídica de l derecho a participar .............................................. 122 2.4.2. Situación actual de la participación de los padres y madres en las escuelas .. 128 2.5. Escuela y familia: el reto socioe ducativo de la diversidad ................................. 137 CAPÍTULO 3. FAMILIA Y FLUJOS MIGRATORIOS ......................................... 147 3.1. Introducción ........................................................................................................... 14 9 3.2. Aproximación a las causas de los flujos migratorios. La importancia de los ví nculos familiares .................................................................. 151 3.3. El papel de la familia en la conformación de redes migratorias ....................... 165 3.4. Tendencias actuales de los fl ujos migratorios familiares: la feminización del fenómeno ..................................................................................... 174 3.5. Familias inmigrantes y sociedad de acogida desde una perspectiva integradora ........................................................................................ 184 CAPÍTULO 4. LA INMIGRACIÓN EN ESPAÑA Y GALICIA: EL INCREMENTO DE LOS FLUJOS FAMILIARES ........................................... 195 4.1. Introducción ........................................................................................................... 19 7 4.2. El fenómeno migratorio en el marco europeo ..................................................... 199 4.2.1. La política comunitaria en el contexto de la inm igración .............................. 201 4.2.2. La situación actual de la inmigración en Europa: principales repercusiones .......................................................................................... 207 4.3. España como nuevo destino de la inmigración internacional ........................... 212 4.3.1. El desarrollo normativo de la cuestión m igratoria .......................................... 212 4.3.2. La realidad actual de los flujos m igratorios familiares en España: un análisis panorámico ........................................................................... 224 4.4. Inmigración en tierra de em igrantes. El caso gallego ........................................ 236 4.4.1. La inversión de las tendenc ias migratorias en Galicia ................................... 238 4.4.2. El gobierno autonómico ante el reto de la inm igración .................................. 245 4.4.3. Familias inmigrantes en Galicia: el crecim iento continuado de los últimos años ................................................................................ 251 CAPÍTULO 5. EL DESAFÍO FAMILIAR Y EDUCATI VO DE LA INMIGRACIÓN ........................................................................................................... 261 5.1. Introducción ........................................................................................................... 26 3 5.2. El marco legal de atención al alumnado inmigrante .......................................... 264 5.2.1. Evolución de las políticas e ducativas para el alumnado inmigrante en el contexto europeo ............................................................................ 267 5.2.2. El desarrollo normativo sobr e inm igración y educación en España y en la Comunidad Autónoma de Galicia .................................................... 272 5.3. Las cifras de la inmigració n en el ámbito educativo .......................................... 278 5.3.1. La escolarización del alumnado in m igrante en las aulas españolas ............... 278 5.3.2. El alumnado inmigrante en las escuelas de Galicia ........................................ 287 5.4. Familias inmigrantes en la escu ela. Dimensiones socioeducativas de la integración ............................................................................................................ 298 5.4.1. La integración del alumnado en los centros escolares. Aspectos clave .......................................................................................................... 300 5.4.2. La mediación intercultural y la com unicación familia-escuela ...................... 318 5.4.3. La implicación de las familia s inm igrantes en la escuela como factor de calidad en el proceso de integración ................................................ 325 5.5. La educación intercultural como pro puesta de intervención pedagógica ........ 330 PARTE II FAMILIAS INMIGRANTES EN GALICIA: UN PROGRAMA DE INTERVENCIÓN PEDAGÓGICA CAPÍTULO 6. LA INVESTIGACIÓ N EN SUS COORDENADAS EMPÍRICAS ................................................................................................................. 343 6.1. Introducción ........................................................................................................... 345 6.2. Metodología de la investigación ............................................................................ 345 6.2.1. Plan de trabajo ................................................................................................ 345 6.2.2. Objetivos principales ....................................................................................... 347 6.2.3. Hipótesis de trabajo ........................................................................................ 347 6.2.4. Variables de estudio ....................................................................................... 348 6.2.5. Diseño ............................................................................................................. 349 6.2.6. Población y muestra ....................................................................................... 350 A) Selección de los sujetos de la muestra ........................................................... 350 B) Descripción de la muestra ............................................................................. 354 6.2.7. Instrumento ..................................................................................................... 361 A) Pase del instrumento ...................................................................................... 363 B) Fiabilidad del instru mento ............................................................................. 364 CAPÍTULO 7. ANÁLISIS E INT ERPRETACIÓN DE LOS DATOS Y RESULTADOS DEL ESTUDIO DESC RIPTIVO DE LA MUESTRA .................. 367 7.1. Introducción ........................................................................................................... 36 9 7.2. Estudio descriptivo de las familias inmigrantes que participan en la investigación ......................................................................................................... 36 9 A) Perfil fam iliar ...................................................................................................... 369 B) Perfil socio-educativo y laboral ........................................................................... 377 C) Proyecto migratorio ............................................................................................. 396 D) Mantenimiento de la cultura de origen ................................................................. 402 E) Dimensión relacional ............................................................................................ 410 F) Conocimiento de la red de apoyo social .............................................................. 412 G) Auto-percepción y hetero-percepción .................................................................. 418 H) Expectativas sobre la educación de los hijos ........................................................ 421 I) Participac ión de la fam ilia en la escuela ................................................................ 426 CAPÍTULO 8. UN PROGRAMA SOCIO- EDUCATIVO PARA FAMILIAS INMIGRANTES ........................................................................................................... 429 8.1. Introducción ........................................................................................................... 431 8.2. El diseño del Programa de intervención .............................................................. 431 8.2.1. Objetivos del Programa .................................................................................. 432 8.2.2. Estructura general del Programa ..................................................................... 432 8.2.3. Contenidos del Programa ............................................................................... 435 8.3. Organización de la intervención ........................................................................... 439 A) Centros implicados .............................................................................................. 439 B) Temporalización .................................................................................................. 442 C) Horarios ............................................................................................................... 443 D) Coordenadas físicas ............................................................................................. 444 E) Recursos humanos y m ateriales ........................................................................... 445 F) Modificaciones del esquema original .................................................................. 445 8.4. Metodología de trabajo en el aula ........................................................................ 447 8.5. Evaluación del Programa ...................................................................................... 448 CAPÍTULO 9. EVALUACIÓN CUANTI TATIVA DE L OS RESULTADOS DEL “PROGRAMA SOCIO-EDUCATI VO PARA FAMILIAS INMIGRANTES” SEGÚN EL ORIGEN CULTURAL DE LAS FAMILIAS ....................................... 451 9.1. Introducción ........................................................................................................... 453 9.2. Análisis diferencial entre las famili as latinas y árabes en pretest ..................... 453 9.3. Análisis comparativo entre pret est-postest en cada grupo ................................ 483 9.4. Análisis diferencial entre las famili as latinas y árabes en postest ..................... 514 9.5. Discusión de resultados ......................................................................................... 539 CONCLUSIONES ............................................................................................. 549 BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................... 563 ANEXO ............................................................................................................... 595 INTRODUCCIÓN Introducci ón 17 La investigación que presentamos para optar al grado de Doctor en Ciencias de la Educación se ha originado y desarrolla do teniendo muy presente el marco de una temática de considerable im portancia en nue stros días y cuya repercusión supera los límites de las barreras nacionales. Es lo cierto que en los últim os años los flujos migratorio s han despertado el interés de expertos de di versas disciplinas. La inge nte ca ntidad de e studios y publicaciones existen tes, en el concierto nacional e intern acional, refleja la relevancia adquirida por las migraciones com o eje de aná lisis crítico vinculado a la transformación social y cultural. Concretamente, en nuestro país, los estudios sobre la inmigración han ido profundizando en cantidad y calidad al tiem po que, como en otras latitudes del sur europeo, hemos pasado de región de salida a región de lleg ada. En este contexto , la preocupación por afrontar los desafíos deri vados de la nueva dinámica m igratoria ha significado un increm ento considerable de la producción c ientífica en este ám bito del conocimiento social. A sí, la aportación de las distintas ciencias ha contribuido a dinamizar el recorrido cognitivo en un cam po al que, ahora y desde esta Tesis Docto ral, pretendemos aportar una visión educativam ente pertinente considerando el enfoque y los protagonistas prin cipales del trabajo. No obstante, la incursión no tiene qu e ver únicamente con intereses académ ico- científicos; también es frut o de inquietudes personales surg idas con anterioridad al recorrido que culm ina en estas páginas. Desde el inicio de mis estudios de doctorado he concentrado m is esfuerzos e intereses invest igadores en la temática m igratoria. Y con ella deseo seguir ya que, por más que haya s ido ésta una dura y absorbente etap a, mi interés por la cuestión nuc lear continúa incólume, pensando, además, en la gran cantidad de aspectos que perm anecen bastante necesitados de des arrollo teórico y empírico. Al contrario que la literatura sobre el fenómeno migrator io, cuya explosión editorial ha sido m ás reciente, el estudio científ ico de la familia, que es la otra cuestión central de esta investigación, tiene una más dilatada histor ia. No obstante, a pesar de que durante años y desde disciplin as distintas s e han dedicado múltiples esfu erzos a esta tarea, el espectacu lar aum ento en la llegada de familias proc edentes de la inmigració n a nuestro país, recomienda la considerac ión de nuevos elementos de estudio. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 18 Desde nuestro punto de vista, la Peda gogía ha ido asumiendo responsabilidad en la asunción de los desafíos formativos derivados del incremento de los flujos migratorios hacia esta parte de l mapa y, concretam ente, de aquellos que se dejan sentir con más fuerza en el ámbito educativo. Poca duda cabe albergar hoy sobre el pape l fundam ental de la educación en el gradual logro de objetivos importantes en la esfera social, entre los cuales sobresale la integración de la s familias inm igrantes en la soci edad de acogida. De ahí la dim ensión social que cabe otorgarle a la educación. En este sentido, abogamos por incorporar al proceso de integración el ce ntro educativo en el que estud ian sus hijos, pues consideramos que la escuela es el espacio idóneo para poner en m archa dinámicas que incentiven la participación de estas familias, haciéndolas extensib les, a medio plazo, a otros ámbitos de vida. Con respecto a los antecedentes y al estado actual de los conocimientos científicos en torno a la temática objeto de estudio, digam os, en primer lugar, que son escasos los estudios y modelos teóricos existentes acerca de la in tegración de fam ilias inmigrantes que cuentan con la implicación de la escuela. Si bien existe abundante literatura en la que se enfatiza la necesidad de poner en m archa dinámicas de integración con estas familias, la intervenci ón directa a base de program as pedagógicos no acostumbra a ser una práctica extendida. Ta m poco podemos pasar por alto el elevado número de perspectivas y direcciones de i nves tigación emanadas desde la sociolog ía, la antropología, la psicología social, etc. que, sin duda, ayudan a elaborar hipótesis y a descubrir variables d e incidencia socializadora, pe ro no determ inan totalm ente un enfoque de teoría y prácti ca pedagógica al respecto. Por otra parte, un importante porcentaj e de estudios ponen de manifiesto la imposibilidad de generar conocim iento social al margen de la construcción teó rica sobre las organizaciones que definen la estructura de funciona miento y desarrollo de la sociedad. Así pues, aceptando que la familia es la célu la social por antonomasia, es lógico que al estudiar los pr ocesos de integración de lo s individuos y los colectivos inmigrantes repararem os en la influencia de sus fam ilias como motor o inhibidor de e se proceso en un contexto dado (valores, percepciones, estereotipos, prejuicios,...). Con este panorama de fondo, lo que de seam os poner en evidencia es que la procedencia étnico -cultural de las familias inm igrantes constituye una variab le a tener Introducci ón 19 en cuenta en el diseño e implem entación de estrategias y dinámicas orientad as a favorecer la integración en las escuelas de sus hijos e hijas. Y ello será así hasta el pun to de que de ello dependerán buena parte de los l ogros alcanzados. Es incuestionable que el im pacto de la inmigración en el territorio gallego no ha tenido el mism o alcance que en otras Comunidades Autónom as, aunque destaquemos, por obvias razones, en inmigración de re torno. El contexto gallego es, con todo, propicio a la sistemática inve stigación de los flujos m igratorios en sus distintas corrientes, enfoque s y modalidades. Es un hecho cierto que el pasado de Comunidad em igrante ha concentrado, y sigue concentrando entre nosotros, buena part e de los estudios en torno a la dinámica migratoria. Así, atendiendo a la dim ensión histórica de la cuestión se han publicado trabajos de gran importancia (Cagiao Vila , 1997; Eiras Roel, 1993; Hernández Borge, 2001; Núñez Seixas 1998). Asimismo, desde la vertiente educativa se han realizado aportaciones reseñables com o las llevadas a cabo por los profesores Peña Saavedra (1991) y Santos Rego y colaboradores (1997a). Como veníam os comentando, al margen de que en nuestra Com unidad la producción científica sobre esta cuestión sea cuantitativamente inferior, disponem os de buenos trabajos realizados por investigador es de renombre en el m undo académico. Así, debemos subrayar las aportaciones, en la Universidad de A Coruña, del Grupo de Investigación coordinado por el profesor Izquierdo Escriban o (1992, 1996), dentro de la Facultad de Sociología. Sus contribuciones en ámbitos de investigación ligados al desarrollo demográfico, a la dim ensiones de género, o al mercado de trabajo, gozan de amplio predicam ento e influencia. Naturalmente, en la Universidad de Santiago de Compostela merece destacarse el trabajo que realiza el Grupo de Investigación Esculca en el Departamento de Teoría de la Educación, Historia de la Educación y Pedagogía Social que co ordina el profesor Santos Rego. El tratamient o de la inmigración desde una perspectiva educativa y comunitaria, así como el diseño y la pue sta en m archa de proyectos educativos vinculados la fam ilia, a la escuela, y a la so ciedad civil, se encuentran entre sus líneas de investigación prioritari as (ver Santos Rego, 2007; Sa ntos Rego y Lorenzo Moledo, 2003, 2006, 2007) . Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 20 Después de una somera referencia a la s razones personales y contextuales que obran en la raíz del proyecto, permítasenos ya dar cuenta del planteam iento del problema de investigación. 1. Planteamiento del problema Los estudios que av alan la necesid ad de fom entar la participación d e la familia en la escuela han tenido desde siem pre una intensa divulgación en el ámbito pedagógico. Además, la tem ática de participac ión se puede entroncar en la complejidad que rodea hoy la vida escolar, contribuyendo a situar en perspectiva los retos del futuro. La presencia cada vez más num erosa de fam ilias procedentes de la inmigración en los centros educativos añade nuevas vari ables de obligada consideración tanto en los propios quehaceres educativos como en la relación con las familias. Todo el m undo subraya la importancia de mejorar la relaci ón familia-escuela por ser este uno de los instrumento s clave en la optimizaci ó n de los procesos educativos. Sin embargo, puesto que la población inm igrante no es en absoluto homogénea, ya que en ella tienen cabida motivacione s, expectativas e intereses no siempre coincidentes, su estud io implica, necesariam ente, la utilización de contenidos y estrategias d e aproximación tam bién distintas. La familia, adem ás ser una estruc tura de importancia c apital en el funcionamiento de toda sociedad, es el c ontexto natural en el que se transmiten los conocimientos y valores adquiridos en una cultu ra. Con la migración, el bagaje cultural de las familias se traslad a a la sociedad de acogid a y juega un papel determ inante en las actitudes, las percepciones, y los modos de vida en el nuevo espacio social. A su vez, la carga cultural de las fam ilias modula la ve rt ebración d e representacione s sociales y, en consecuencia, constituyen una manera particular de enfocar la construcción social de la realidad, en tanto en cuanto son formas de conocim iento socialmente elaborado y compartido. El marco fam iliar facilita la pervive ncia de los m arcos de referencia de la cultura de origen, sobre todo en las etapas iniciales del proyecto m i gratorio ya que es ahí donde el arraigo con el país de procedencia suele se r m ayor. A diferencia de los hijos, situados entre la cultura de origen y la de acogida , con el proceso de escolarización por medio, los padres y, sobre todo, las madres inm igr antes, se encargan de mantener vivas las Introducci ón 21 tradiciones y valores q ue les son propios; por ello, toda interven ción con las familias inmigrantes ha de ser prudent e y culturalm ente sensible. Lo cierto es que el estudio de las difere ncias culturales, y de su repercusión en el proceso de integración, ha llenado cientos de páginas en publicaciones de orientación dispar. Aún así, creemos que es necesario av anzar en el conocim ien to de los métodos y estrategias que, desde un a aproximación cult ural, permiten maxim izar los logros de las acciones implem entadas desde la Pedagogía. En otras palabras, la acción educativa con las familias inm igrantes no puede ignorar la inci dencia de la variable cultural. Esa incidencia se hace notar en los trab ajos desarrollados por el Grupo Esculca, desde la Universidad de Santiago de Co m postela, en cuyo marc o indagador se ha llevado a efecto esta Tes is Doctoral. La fuer za del motivo creció en la puesta en práctica de un “Programa socio-educativo para familias inmigrantes”, que residen en la Comunidad Autónom a de Galicia, tratando de mejorar los niveles de participación de las familias inmigrantes en las es cuelas a la s que asisten sus hijos e hijas, a f in de dotarlas de un mayor conocim iento sobre el si stema educativo y sobre la cultura y la sociedad del país de acogida. Así, tras haber consta tado la efectividad del Program a con las familias inmigrantes im plicadas, lo que nos proponemos es comprobar si la procedencia étnico- cultural de las familias p uede modular los resu ltados de la intervención llevada a cabo. Por todo ello, lo que hemos intentado es un examen en profundidad acerca de la relación entre la p rocedencia étnico-cu ltural de las familias inm igrantes y la intervención pedagógica para que, una vez evaluada la intervención, se ponga de manifiesto la posible incidencia de esta vari able en los resultados obtenidos. Será de ese modo como podríamos estar en con diciones de proponer vías de solución capaces de mejorar los resultados de futuras acci ones en la población objeto de estudio. Así pues, la realización este trabajo h a estado guiada por el deseo de alcanzar los objetivos que a continuación referimos: - Estudiar las tenden cias actuales de la f amilia y el im pacto de las diversas transformaciones sociales en su evol ución, prestando especial atención a la influencia del fenómeno m igratorio, en la morfología y en las funciones de tal instancia social. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 22 - Analizar la im portancia de la relación f amilia-escuela en la asunción d e las responsabilidades educativas del alum nado, destacando la relevancia de la participación de las fam ilias en los centros educativos, máxime cuando, como es el caso de aquellas proced entes de la inmigración, la particip ación está condicionada por fa ctores estructurales. - Examinar los desafíos socioeduca tivos que deben afrontar fam ilia y escuela en una sociedad culturalmente diversa, tratando de proponer vías de trabajo que favorezcan su gestión proactiva. - Estudiar la importancia adquirida por la inm igración de naturaleza familiar en los actuales flujos m igratorios h acia España, así como el papel d e la familia en el inicio y mantenimiento de las r edes y cadenas migratorias. - Profundizar en el examen de las tendencias actuales del fenómeno migratorio, subrayando el papel de la m ujer en los flujos contemporáneos y haciendo especial hincapié en las di ferencias según el origen étnico y cultural. - Explorar las condiciones que son pr ecisas para mejorar el nivel de integración de las familias inm igrantes en la so ciedad de acogida, atendiendo a los procesos de reag rupación fam iliar y a los efectos de un posible choque cultural en el país de destino. - Estudiar la evolución del marco legal que tiene que ver con la atención al alumnado inm igrante, junto con la e volución del contingente migratorio, tanto en el contexto europeo como, más concretam ente, en el español y gallego. - Analizar las dimensiones socioeducativas que influyen en la integración de las familias inmigrante s en la escuela, con esp ecial referencia a l rol de la escuela, al vínculo relacional con el pr ofesorado y a la colaboración de otros profesionales de la sociedad civil. - Examinar el perfil fam iliar, socio-edu cativo y laboral, junt o al modelo y el proyecto migratorio de las familias inm igrantes, llevando a cabo un estudio comparativo en función de la pro cedencia étnico-cultural. Introducci ón 23 - Estudiar en qué m edida el origen étn ico-cultural de las fam ilias puede inf luir en los resultados obtenidos tras haberse implicado en un programa de intervención pedagógica. - Proponer, llegado el caso, vías de me jora para futuras intervenciones educativas con familias inm igrantes, teni endo e n cuenta la influencia de la procedencia étnico-cultural. Para viabilizar estos objetivos dividimos el estudio en dos partes funcionalm ente distintas y, a la vez, complementarias. La que abre sustenta los fundam entos teóricos que dan soporte estratég ico a la planifi cación y el desarrollo de la que cierra. Así pues, en la prim er a parte, que rotulamos “ La inmigración como ámbito de realidad social: repercusiones en el contex to familiar y educativo” , planteamos el marco teórico sobre el que se sostiene el diseño y desarrollo del estudio em pírico. Hemos escrito c inco capítulos, y en ellos ponem os en relación familia, educac ión e inmigración, que son los ejes clave del estudio. En el capítulo que inaugura el recorri do analítico ahondamos en la situación de la familia e n el nuevo siglo poniendo de m anifiesto la influencia de variables div ersas en la situación actual, aunque prestando es pecial atención a la incidencia de la inmigración en la m isma institución. Antes realizam os un recorrido histórico tratando de precisar la evolución y el inte rés científi co por el estudio de la f amilia, así com o las aportaciones emanadas desde distintas di sciplinas, para lue go profundizar en la importancia que han tenido en esta instituc ión las distintas transformaciones sociales desde la recuperación de la democracia en España hasta el momento actual. También nos ha guiado la identificación y el análisis de los factores que, en mayor o m enor medida, han contribuido al cambio de aspectos históricamente consolidados, haciendo especial hincapié en la repercusión que sobr e el particular ha podido tener el incremento de los flujos familiares h acia nuestro país. Además de profundizar en las funciones de la familia y en la diversificación de las estructuras de convivencia en la sociedad actual, analizamos la influencia de la inmigración en la aparición de nuevas formas y m odelos fam iliares. Por último, profundizamos en las tendencias de la familia de hoy, subrayando es pecialmente aquellos as pectos en los que la inmigración ha ejercido un m ayor impacto. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 24 En el segundo capítulo nos centramos en el estudio de la fam ilia y la escuela como contextos educativos. Partiendo de la importancia que cabe otorgar a la función educativa de la fam ilia, por ser este el espacio n atural donde se producen los prim eros aprendizajes de la perso na, estudiamos la n ecesaria relac ión entre la institución familiar y la escolar cuando asistimos a un proceso de diversificación sin pre cedentes, que afecta como nunca al rol de padres y profesores. Es por ello que dedicamos un buen núm ero de páginas a subrayar la importancia de la participación de las familias en los centr os escolares, no sin antes revisar la legislaci ón vigente y la evolución norm ativa que afecta al propio derecho. Finalmente, planteam os los principales retos socioeducativos de familia y escuela en un a sociedad cada vez m ás diversa y multicultural, en la que las familias procedentes de la inm igración constituyen su núcleo de especial atención. En el tercero de los capítulos explor amos la importancia de la inm igración familiar en las corrientes m igratorias que circulan hac ia este país. Po r y para ello, comenzam os por el análisis de las causas de los flujos m igratorio s y de las distintas perspectivas que, desde hace décadas, han aportado exp licaciones sobre el origen de este fenómeno. Reparamos en la importancia de las redes fam iliares en el inicio, pervivencia y tránsito de los flujos entre países, para en seguida profundizar en las tendencias actuales del fenómeno m igratorio. Nos detenemos en el m ayor protagonismo de la mujer en los flujos contem poráneos y en las diferencias según su procedencia étnico-cultural, ya que se trata de una va riable que modula tanto las motivaciones para emigrar hasta la estructura y com posición de las redes y cadenas m igratorias. En último lugar, abordamos el estudio de aquellos as pectos que pueden ser de term inantes de cara a la integración de las f amilias inmigrantes en la socied ad de acogida , subrayando la necesidad de una m ayor implicación por parte de las instituciones educativas. Ya en el capítulo cuarto, el centro lo ocupa el análisis de los flujos migratorios que recibe España y, en par ticular, la Comunidad Autónoma de Galicia, priorizando el escrutinio de los flujos de naturaleza fa miliar. Esto, no obstante, va precedido de cuestiones sobre el fenómeno migratorio en el contexto europeo; no en vano es este el marco de referencia de la pol ítica comunitaria en materia de inmigración. Acto seguido, atendemos al estudio de la regulación norm ati va de esta cuestión y al examen de la situación actual en los planos esta tal y, específicamente, gallego. Además de profundizar en las principales repercusiones del incremento de los flujos m igratorios familiares, en el caso de Galicia referi mos los períodos en los que las mujeres y Introducci ón 25 hombres de esta tierra encabezaban las cifras de em igrantes, primero a ultramar y luego a otros países de Europa. Lo que hoy ocurre no puede, ni debe, comprenderse al margen de la influencia migratoria, el factor más determinante en la hi storia contemporánea de Galicia, como dijo Ramón Otero Pedrayo. En el último capítulo de la prim era pa rte concentramos nuestro esfuerzo en explorar y dilucidar los desafíos fam iliare s y educativos de la inmigración. En esa dirección, realizamos un breve recorrido por las distintas disposiciones legales puestas en marcha en el contexto europeo ante la creciente inco rporación a las aulas de alumnos procedentes de la inmigración. De manera m ás exhaustiva exploramos el desarrollo normativo en España y en la Com unidad Autó noma de Galicia, para luego realizar una radiografía actualizada del im pacto de la inm igración en nuestras escuelas. Inmediatamente después, nos ocupamos de una cuestión clave en nuestra investigación: definir los aspectos que im portan en el proceso de in tegración de las familias inmigrantes en las escuelas en las qu e estudi an sus hijos e h ijas. Así, ponem os el acento en una serie de aspectos destacables para la con secución de una mayor implicación de las familias inm igrantes en los centros escola res, lo cual puede requerir del apoyo de otros profesionales como pueden ser los m edia dores interculturales. El capítulo, y con el toda la parte primera, se cierra con la propuesta de un modelo de gestión social y educativa en perspectiva inte rcultural. Como ya hem os advertido, la segunda parte de la investig ación, titulada “Familias inmigrantes en Galicia: un Programa de intervención pedagógica” , tiene una inequívoca orientación empírica, habié ndose estructurado en cuatro capítulos. En el primero de ellos, que hace el se xto de la Tesis, justificam os la parte práctica de la investigación, además de pr esentar el plan de trabajo a seguir y los objetivos a alcanzar. Después de definir la hipótesis gene ral y las intermedias, se precisan las variables de estudi o y el diseño por el que se opta, junto al procedimiento de elección de la muestra y su descripción, para terminar refiriendo el instrum ento utilizado. Adentrándonos en la dimensión empírica del estudio, el capítu lo segundo de esta parte (séptimo del total) es de natu raleza puramente descriptiv a. Lo que hacemos es analizar e interpreta r los resultados obtenidos en las distintas variables planteadas tras Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 26 realizar el estudio de scriptivo de la muestra, presta ndo especial atención al origen étnico-cultural de las familias. A estas alturas de la in vestigación estam os en condici ones de revisar a fondo aquello que ha de ser objeto de evaluación, esto es, el “Programa socio-educativo para familias inmigrantes”. E n este capítulo, por lo ta nto, nos interesan los aspectos que h an guiado su diseño y su posterior desarrollo. Trat amos de dejar claros los objetivos que se pretenden alcanzar, su estructura, conten idos, e incluso la organización de la intervención (centros implicados, tempora lización, horarios, coordenadas físicas, y recursos humanos y materiales). Lo que nos espera a continuación no es más la metodología de trabajo, los cam bios que ha sido preciso incorporar respecto del esquema inicial y, finalm ente, los proced im ientos utilizados para evaluar la intervención. Como no puede ser de otro modo, es en el último capítulo donde realizamos la evaluación cuantitativa de los resultados del Programa, teniendo en cuenta la procedencia étnico-cultural de las f amilias de la muestra (latinas y ár abes). A estos efectos se llevan a cabo dos tipos de análisis : de un lado, un análisis diferencial entre las familias latinas y árabe s, primero en pretes t y luego en postest; y de otro, un análisis comparativo entre las dos m edidas (pretest y postest) de las fam ilias de ambas procedencias. De lo que se trata, con todo, es de ver si la evaluación de los resultados del Programa según el o rigen étn ico-cultural de las familias permite o n o confirm ar la hipótesis general de la investigación, tanto a nive l teórico co mo práctico. Desde luego, no quisiéram os terminar es tas pág inas introduct orias sin expresar nuestro deseo de contribuir, en la medida de lo posible, y desde la Pedagogía, a un mayor conocim iento científico sobre tan amplia y com pleja m ateria de estudio, sin duda una de las que m ás recursos y activos intelect uales, y de todo tipo, vien e movilizando en el proceloso mundo de la s ciencias sociales. PARTE PRIMERA LA INMIGRACIÓN COMO ÁMBITO DE REALIDAD SOCIAL: REPERCUSIONES EN EL CONTEXTO FAMILIAR Y EDUCATIVO CAPÍTULO 1 LA FAMILIA EN EL SIGLO XXI: REALIDADES Y TENDENCIAS ACTUALES La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 31 1.1. Introducción La institución fam iliar a lo largo de las últim as décadas, y so bre todo en el seno de la sociedad occidental, ha sufrido una serie de cambios en s u estructura y funcionamiento debido a la influencia ejerci da por distintas vari ables dem ográficas, y otras de tipo económico, social, o cultural. Si bien siempre han exis ti do tanto detractores como de fensores a ultranza de la familia, reci entemente hem os presenciado la proliferac ión de múltiple s investigaciones que desde distintas pe rspectivas han an alizado la evo lución de una ins titución estrechamente vincu lada al c ontexto histórico y social. El siglo XX ha servido de escenario para el debate en torno a las cuestiones m ás problemátic as de la temática fam iliar. Por una parte, hem os asistido a la protección d e la familia como institución reproductora del orde n social, con todo lo que esto im plica, es decir, la perdurabilidad de los ro les establecidos y la div isión de tareas y clases sociales; y por otra, las reivindicaciones de aquellos que resaltan las auténticas funciones de la familia: la c rianza y educación de los hijos, la transm isión de valores, etc. No obsta nte, en la actua lidad, a pesar de que estas cuestiones siguen siendo de interés, las investigaciones se centran en el a nálisis de los m odelos de fam ilia, enfatizand o la naturaleza poliforme de una institución influe nciada y retroalim entad a a p artir del nuevo orden social. Nuestra sociedad global da cabida a patrones y estilos de vida con nuevos sistemas de valore s y creencias fa miliares pro ducto de una reconceptualiz ación de la identidad, de las relaciones, de l ideal personal y, en general, de los m odos de organizar la vida en común. Fenóm enos como la m undialización y la globalización, adem ás de cambios en el ám bito tecnológico y económico, im pulsan la emergencia de form as, estructuras y prácticas familiares que, poc o a poco, van ganando terreno y aceptación en la nueva coyuntura social. El estudio de la fam ilia ha sido, y sigue siendo, una tem ática abordada desde diferentes campos de análisis que han ab ierto debates intensos sobre una de las cuestiones más básicas al respecto. Sirva d e ejemplo el p ropio concepto de fam ilia. No extraña, por tanto, que aspectos más com plejo s, como por ejemplo los distintos m odelos familiares o las funcione s de la familia en la nue va realidad social, ocupen a día de hoy Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 32 un número tan elevado de páginas y desp ierten las inquietudes indagadoras de disciplinas diversas. Es incuestionable que siempre han existi do diferentes form as de convivencia familiar y dom éstica que acompañaban al considerado patrón convencional en Occidente, es dec ir, la familia nucle ar cons tituida por el padre, la madre y los hijos a cargo. No obstante, en la actualidad, asistimos al aumento imparable de formas y estructuras familiares an taño minoritarias pero q ue hoy se encuentran prácticamente legitimadas en perspectiva social y tam bién legal. En este contexto de cambios a todo s los niveles es donde tienen cabida las indagaciones acerca de las tendencia s actuales de la(s) familia(s) m oderna(s), cuál es el rumbo que ha tom ado una institución histó ricam ente monolítica y ce rrada a cualq uier innovación, cuáles son sus rasgos definitorios y cómo ha reaccionado la sociedad an te un fenómeno de tal m agnitud. 1.2. Algunas consideraciones teóricas sobre la familia La familia ha sido y, por supuesto, si gue siendo una temática que ha despertado el interés de disciplinas no sólo diversas sino, incluso, contrapuestas teórica y metodológicam ente. Los primeros estudios que han tratado la familia com o una cuestión científica fueron realizados a finales del siglo XIX y provienen, fundamentalmente, de las inquietudes surg idas en el campo de la Antropología y la Sociología 1 . La literatura en tor no a este tema ha recogido la evolución vivida po r la familia desde el siglo pasado. No obstante, en la mayor parte de los análisis realizados se ha insistido en la influencia ejercida por factores económic os, sociales, culturales y demográficos y, en m enor medida, se ha considerado el papel desempeñado por la familia como agente de cambio social (Mus itu y Cava, 2001). El interés por el estudio de la f amilia ha suscitado tanto críticas como argumentos de defensa. El período m ás intenso de este debate social se sitúa en el siglo XX y, concretamente, en los años sesenta y setenta, momento histórico en el que, además, surgen im portantes movimientos de renovación social que aún persisten en la 1 De gran im portancia ha n sido l os trabajos de Frederic Le Play a finales del siglo XIX s obre los presupue stos fami liares y la divisió n del trabajo dom éstico, los c uales influyero n enorm emente en los sociólog os rurale s interesados en la s dimensi ones materi ales y relacional es de la vida f amiliar (G racia y Musitu, 2000) . La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 33 actualidad. Las voces más ins istentes han hecho hincapié en que la familia se encuen tra sumida en una profunda crisis de valore s debido a la proliferación de posturas individualistas y a la resultante pérdida de funciones de una institución que históricamente había sido la base del orden social. La alarma sobre el proceso de decadenc ia de la familia y de sus valores tradicionales se expresa con añoranza de tradiciones anti guas y con desconcierto ante las nuevas situaciones (Alberdi , 1999). El incremento de la libertad y la autonomía de jóvenes y mujeres, históricam ente supeditado s a la autorid ad patr iarcal, ha creado un clima de tal desconcierto que desde las pos tu ras más catastrofistas se ha llegado a presagiar el fin o la muerte de la fam ilia (Requena y Diez de Revenga, 1993a). La perspectiva más pesim ista está representada por David Popenoe (P openoe, 1993; cit. en Gracia y Musitu, 2000, 55), quien resalta el de terioro de la institución familiar en los últimos años a partir de la comparación entre los cam bios en las familias norteamericanas y los acontec idos en Suecia. Pa ra el referido inves tigador, la fam ilia es un instrumento social para el cuidado de los hijos y debido a la extensión de ciertas tendencias, tales como el incremento de la cohabitación o del núm ero de hijos tenidos fuera del matrimonio, la familia se encuentra en una fase de debilitamiento que podría terminar en su desa parición definitiva. Siguiendo a Musitu y Cava (2001), las princi pales críticas a la familia provienen del marxismo, del psicoa nálisis y de los denom inados movimientos “antifamilia” 2 . Para los marxistas, la familia nuclear y monógama reproduce la división de clases existente en la sociedad 3 y el sistem a capitalista. Por otra parte, d esde el psicoanálisis, se insiste en que la familia favorece el desarrollo de rela ciones perjudiciales para sus m iembros debido a la fuerte presión que e jercen sobre las persona s las prohibicio nes familiar es. Ya por último, desde los movimientos “antifa m ilia”, se considera que ésta contribuye a reproducir y perpetuar los valores egoístas, ma terialistas y de desigualdad entre hom bres y mujeres, y entre padres e hijos. No obstante, como decíam os antes, tampoco han faltado los argum entos que defienden la evolución p ositiva de la institución familiar, pu es a pesar d e los múltiples cambios que afectan a la f amilia en todas su s dimensiones, todavía no existe una 2 Los cita dos au tores , en este caso, se ref ieren a movimientos “antifam ilia” para ha blar de fenóm enos como las comunas, cu ya principal finalidad era intentar frenar los considerados ef ectos perjudiciales de la familia (op. cit., 59). 3 “En la familia, el hombre es el burgués, la mujer el proletariado ” (op. cit., 57). Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 34 evidencia clara que demuestre tal deterior o. Tal y com o indica Flaquer (1998, 204), “la familia ha perdido con sistencia instituciona l, pero ha ganado intens idad psicológica y emocional”. Ciertam ente satisface no sólo la s necesid ades de la econom ía, com o lo hacía históricamente, sino que es un espaci o de autorrealización del individuo con la suficiente consistencia como para responder a las necesidades afect ivas y de apoyo de todos sus miembros. En definitiva, no parece que sus evidentes y profundas transformaciones hayan causado su decadencia, m ás bien todo lo contrario, e s decir, su éxito al ajustarse a las nuevas y diferentes condiciones culturales, sociales y económicas de las que forma parte (I glesias de Ussel, 1998a). Al margen de las posturas a favor o en co ntra de los cambios acontecidos en el ámbito fam iliar, la evolución teó rica en el estu dio de la fam ilia puede ser estruc turada en cuatro períodos (Gracia y Musitu, 2000): a) La era progresista y de reforma social. Este sería el primero de los períodos y abarcaría desde la segunda m itad del siglo XIX hasta 1920. Uno de los aspectos más importantes en el es tudio de la fam ilia fue la toma de conciencia de la necesidad de resolver los prob lemas sociales relacionados con la mism a. En esta primer a etapa pueden identificarse dos visiones opuestas: la de los reformadores social es, los que algunos años más tarde se denominarían trabajadores sociales; y la de los profesionales, que posteriorm ente serían conocidos como sociólogos. Para los prim er os, la familia era un a institución frágil amenazada por los m últiples problemas sociales y, por lo tanto, debería ser p rotegida. Los sociólogos, sin embargo, consideraban que la familia era una ins titución adaptable, que en los últimos siglos había evoluciona do mucho; y donde adem ás los problemas sociales reflejan la necesidad de que los roles fam iliares cambien. En este período es cuando se produce la publicación parcial de la obra de Thomas y Znaniecki 4 , con la que comenzaría el in terés por los pro cesos internos y subjetivos en la f amilia, centrándo se más en la interacción f amiliar que e n su relación con otras in stituciones s ociales. 4 Su obra original The p olish peas ant in E urope and Ameri ca , publicada parcialmente entr e 1918 y 1929 , ha sido traducida recie ntemente a nuestro idioma en una edición a ca rgo del Ce ntro d e Investigacio nes Sociológi cas, a sabe r, Th omas, W y Znanie cki, F. ( 2004): El campesino pol aco en Europa y en América . Madrid: Centro de Investigac iones Sociol ógicas. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 35 b) El estudio de la fam ilia como ciencia em ergente. En este período cobra importancia el an álisis de la interacción entre los miembros de la fam ilia. Así pues, la fam ilia, entendida como un grupo pequeño en interacción, se convertirá en el principa l foco de atención de los investigadores, perspectiva que se hace dominante en este ám b ito de estudio hasta la m itad de los años cincuenta. c) La construc ción teórica sistemática. En esta etapa, que se extiende desde los años cincuenta hasta los sesenta, comienza a desarrollarse una consisten te producción teórica a partir de la cu al emergerán los principales planteam ientos ontológicos y epistemológicos que se han ocupado durante décadas del estudio de la fa m ilia, algunos de los cuales todavía siguen siendo fundamentales en este cam po de inve stigación, tal y como veremos más adelante. d) El pluralismo. El comienzo de esta últim a etapa que, ab arcaría desde los años noventa hasta la actualidad, puso punto y final a un a era en el estudio de la fam ilia. Los años noventa abren un nuevo período en las investigacion es acerca de las cuestiones familiares deb ido a la influencia de m últiples variables: el imp acto de las teor ías y perspectivas fem inistas y de grupos minoritarios; el cam bio en las fo rmas familiares; la tend encia hacia el estudio interdisciplinar, teór ico y metodológico; la mayor preocupación por el lenguaje y el significado; el desarrollo de planteamientos m ás c onstructivistas y contextu ales; la mayor preocupación por cuestiones éticas, valo res y religión; la tendencia a rom per la separación entre la s esferas pública y p rivada de la v ida familiar; y el m ayor reconocimiento por parte de los estudiosos de la familia de lo s límites contextuales de la teoría fam iliar y del conocimiento basado en la investig ación. No cabe duda, por lo tanto, de que el estudio de la familia ha sido, y sigue siendo, una temática con una importante evolución, objeto de numerosos acercam ientos teóricos a fin de facilitar su comprensión a tr avés del análisis de su estructura, de su funcionamiento y de las funciones y roles de sus miembros. Sin em bargo, no todas las aproximaciones teó ricas acerca de la familia han tenido la misma repercusión y difusió n entre los científicos sociales . Gracia y Musitu (2000), en un intento de clarificar las diferentes alternativas teóricas en el estudio de la familia proponen tres grandes categorías organizativas que tratan de a unar tanto el criterio temático como el Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 36 epistemológico. Estas s erían: la fa milia com o interacción (interaccionism o sim bólico, teoría del in tercambio y teor ía del conf licto); la fam ilia como sistem a (funcionalismo estructural, teoría d el desarrollo, teo ría de siste mas y modelos eco lógicos); y la fam ilia como construcción social (fenomenología, et nom etodología, teoría crítica y enfoques feministas). Si bien han sido muchas las investigac iones que han tratado de llegar a una clasificación de las distintas teorías que sa tisfaga a los estudiosos de la familia, la amplitud del tem a y su complejidad ha im pedido la obtención de una propuesta aceptada unánimem ente. Sin embargo, y a pesar de las múltiples dificultades, lo cierto es que ha cobrado fuerza la observación de que las perspectivas teóricas más relevantes en el estudio de la familia son el Interacci onismo Simbólico y la Teoría de S istemas (Musitu y Cava, 2001). Centrándonos inicialmente en el Interaccionismo Si m bólico, digamo s que sus supuestos básicos proceden de la Escuela de Chicago 5 . Entre los pensadores que más han contribuido a difundir sus ideas destaca George Herbert Mead (1934), que ha sido considerado el padre de esta orientación teórica. No es objeto de este capítulo profundizar en los fundamentos teóricos que definen esta teoría, sino que nos concentraremos en sus principales aportacione s al estudio de la familia. Así pues, en primer lugar, lo que se resalta desde el In teraccionismo Simbólico es la im portancia del grupo familiar en la formación de la identida d de los individuos, en la transm isión de valores y en el aprendizaje de los roles sociales. Al mi smo tiempo, y con una estrecha vinculación a los preceptos principales de la teoría, la fam ilia es considerada un grupo de personas en interacción en el que se crean símbolos y significados propios. Por todo ello, sus supuestos han sido de gran utilid ad en la explicación de los procesos de socialización familiar y en la descripción de algunos modelos teó ricos sobre los roles familiares 6 . En cuanto a la Teoría de Sistem as, su te sis principal es la de consid erar a la familia como un sistema socia l. El estudio de la familia co mo un sistem a empezará a ganar terreno a partir de la década de los sesen ta y especialmente a principios d e los 5 Escuela de pe nsamie nto que surge e n la Unive rsidad de Chicago en la prim era mit ad del siglo XX y donde se analizan cuest iones com o el desarrol lo de la identi dad, la im portancia del m odo en que percibim os la realidad para expli car nuestr o comport am iento, el est udio de l os signos y sím bolos, o la necesidad de e stablecer una cone xión entre el conocimiento teórico y la a plicación práctica. 6 Véase por eje mplo, el Modelo de funci onam iento fam iliar de Burr y c olabora dores (1 979, cit. en M usitu y Cava, 20 01, 41-42) . La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 37 años setenta, que es cuando esta teoría se convierte en el pa radigma principal del análisis familiar en dis ciplinas tales com o la sociología, la psicología social y el trab ajo social. Una de las contribucione s más importantes ha sido la relativa al estudio de la evolución del sistem a familiar en sus dif erentes etapas, a través del establecim iento de una analogía con el ciclo vital de la persona y las etapas concretas del ciclo v ital de la familia. Sin embargo, no debemos continuar sin re ferirnos a la que, desde nuestro punto de vista, ha sido una de las perspectivas de mayor im pacto, el funcionalismo estructural, desarrollado por Talcot Parsons (1952). La te sis fundamental que sustentaba esta teoría era la especialización de los miem bros de la fam ilia para satisfacer las funciones básicas atribuidas a esta institución. La división en funciones, a su vez, determinaría la composición fam iliar, las pautas de compor tam iento de sus m iembros y las relacio nes internas. Parsons consideraba que la fam ilia nuclear era el m odelo ideal p ara afrontar las necesidades y requerim ientos del nuevo contex to y, por lo tanto, su aparición era una consecuencia de las necesidades de la economía industrial, puesto que las características laborales de las sociedades de la In dustriali zación eran incompatible s con la estructura de la familia ex tensa. Conviene decir qu e, aunque las ideas de Parsons han sido ampliamente difundidas , sus consideracione s acerca de la fam ilia han sido objeto de críticas llegadas desde distintas dis ciplina s, fundamentalmente por su visión rígida y exagerada de la realidad, sobre todo en lo que respecta al papel desempeñado por la mujer. Al margen de las distintas perspectivas que se han utilizado para estudiar la temática fam iliar y de las m últiples contro versias derivadas, una característica incuestionable de este p anorama teórico es su pluralidad, es decir, la confluencia de numerosos m arcos conceptuales y epistemo ló gicos que tratan de esclarecer cuestiones intensamente debatidas hace décadas, que van desde las estructuras, funcion es y relaciones fam iliares hast a el propio concepto de f amilia. Las investigaciones realizadas en este cam po de estudio han coincidido en que, históricamente, el sistem a familiar se ha so stenido sobre tres pilares fundam entales: las relaciones matrimoniales, la división sexual del trab ajo y la figura m asculina como máxim a autoridad dentro del núcleo familiar (Brulle t y Torrabadella, 2003). Hasta no hace demasiado tiem po la mayor parte de las sociedades hum anas eran patriarcales, de tal forma que no sólo el control de los prin cipales recursos estaba en Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 38 manos de los varones, sino que todo el orden social descansaba en un tipo de organización m oldeada a imagen y sem ejanza de la familia (Requena y Diez de Revenga, 1993a). Únicamente desde la eclosión de los m ovimientos fe ministas, acaecida apenas dos o tres d ecenio s atrás, se ha empeza do a poner en cuestión esta importante característica estructu ral de los grupos sociales. La realidad actual del á mbito familiar es tan diversa y heterogénea que , como bien dicen Palacios y Rodrigo (1998), llega a ser necesario qu e nos preguntemos qué es la familia, c uáles son los rasgos defi nitorios en el seno de una diversidad familiar de tal magnitud que, aparentem ente, parece ser la principal tendencia coin cidente en los núcleos familiares. Tradicionalmente, desde disciplinas com o la Sociología, se ha abordado el estudio de las fam ilias sobre la base de c onsid erarlas un si stema social con tres ro les básicos: esposa/madre, m arido/padre y herm ano/hijo; correspondiéndos e esta estructura con la que se ha denominado fam ilia nuclear, típica de las sociedades urba nas occidentales, y diferenciándola claramente de la familia extensa, com puesta por otros muchos roles (Vila, 1998). No obstante, la evolución que hem os vivido a todos los niveles, han comportado cam bios de gran envergadura en los sistemas de valores y en las creencias que han dejado obsoleto el “trío de roles básico” (op. cit., 40) característico de la familia nuclear años atrás. Fenómenos com o el divorcio y la emancipación de la m ujer han traído consigo nuevas formas de entender y de definir la familia que, a día de hoy, llevan cam ino de inte grarse plenamente en la esfera pública. De forma genérica, las tendencias fa miliares anteriores apuntaban a la coexistencia de tres m odelos familiares pro totípicos: la fam ilia nuclear, compuesta por un hombre y una m ujer que han contraído ma trim onio y que conviven con los hijos que tienen en común, donde el varón se ocupa de la subsistencia de la familia y la mujer de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos; la familia troncal o m últiple, cuando en un mismo hogar conviven la familia de los padres y la de los hijos; y la familia exten sa, constituida por la familia nuclear y los pari en tes colaterales (Palacios y Rodrigo, 1998). Centrándonos de nuevo en el núcleo c onceptual de este primer capítulo y siguiendo la perspectiva de los referidos in vestigadores, po demos definir la familia como “la unión de personas que comparten un pr oyecto vital de existencia común, en el que se generan fuertes sentimientos de pertenencia al gr upo, donde existe un comprom iso personal entre sus miembros y en el cual se establecen in tensas relaciones La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 39 de intimidad, reciprocidad y dependencia” ( op. cit., 33). Pierden terreno, por lo tanto, los lazos de consanguinidad a favor de las metas y motivaciones com partidas. En concordancia con esta conceptualizac ión, Pérez Grande (2004) afirma que lo que en última instancia define a la fam ilia es la comunicación y re lación entre las personas, el contexto de cercan ía que posibilita el desarrollo de todos los m iembros y el comprom iso legal a largo plazo y, no ta nto, el vínculo legal o los lazos de consanguinidad. Como ya hemos recogid o en líneas anteriores, e l concepto de fam ilia es objeto de múltiple s controversias debido a la enorm e complejidad que entrañ a su definición. Diversos investigadores se han aventurado a precisar qué es realmente una f amilia, aunque desde nuestro punto de vista no todas las concreciones han sido acertadas. Sin ánimo de polem izar, referimos, por ejem pl o, la propuesta de Javier Elzo (2004, 25), quién entiende por f amilia “una unió n intergener acional (de dos generaciones) en la que la generación adulta asume la responsabilidad de educar al m iembro o miembros de la generación menor con los que viven de fo rma estable y duradera”. Aparentem ente, según este planteamiento, no formarían fam ilia aquellas pareja s que, aún habiendo contraído matrim onio, no tengan hijos. Es por ello que, de acuerdo con el concepto de familia que consideramos m ás apropiado, la definición que defiende el profesor Elzo excluye lo que para nos otros sí es un a tipologí a fam iliar, es decir, la con stituida por un matrimonio sin hijos. Palacios y Rodrigo (op. cit ., 32) introducen el co ncepto de “reconstrucció n” para referirse al proceso en el que se encuentra e l modelo de familia nuclear; esto es, hay elementos que tradicionalm ente eran carac terísticos e imprescindibles dentro del modelo familiar trad icional, y que a día de hoy son condiciones relativas que pueden o no existir. Es este el caso de los vínculos matrim oniales o de la existencia de dos progenitores. Esta últim a situación nos inte resa especialmente y, aunque será analizada con mayor detenim iento en capítulos sucesi vos, dada su estrecha relación con las familias llegadas del extranjero, en este punto queremos referirnos al proceso de destronamiento que v iven las f amilias dirig ida s por dos progenito res, en el sentido de que este ha dejado de ser un elemento indispensable. Los rasgos que observa mos en la familia moderna provienen fundam entalmente del proceso de industrialización, urbani zación, transición demográfica, reformas políticas, sanitarias y educativas. En ella se han forjado nuevos hábitos y modos de vida Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 40 familiar, produciéndose sim ultáneamente cambios en las creencias y valo res propios de las familias tradicionales. Los pro cesos de modernizació n impulsan una dinámica constante de cam bios colectivos a los que la f amilia no puede escapar y cuya interpretación se convierte a menudo en obj eto de controversias diversas (Requena y Diez de Revenga, 1993b). Podemos decir, por tanto, que la nueva coyuntura social y cultural parece ser la responsab le de los cambios que se ha n producido en el seno de las familias. 1.3. El impacto de las transformaci ones sociales en la familia 1.3.1. De la transición política y económica a la transición social y familiar Desde 1975, nuestro país se ha visto implicado en diversas dinám icas de transformación que han afectado a todas las esfera s de la vida pública. Si bien la esfera política ha sido quizás la directamente m á s afectada, no podemos pasar por alto los cambios vividos en o tros ámbitos sociales, especialm ente en nuestro caso, los acontecidos en el seno de la f amilia. Los rasgos característicos de la familia actual se sustentan, fundamentalm ente, en las reform as políticas que m odificaron las leyes relativa s al matrim onio y a la familia en 1978 y en 1981, es decir desd e la Constitución y las re formas del Código Civil, respectivamente. Centrándonos, pues, en el ám bito familiar, la transición po líti ca ha significado la eliminación de la hegemonía del modelo de familia tradiciona l 7 (Iglesias de Ussel, 1998a) y la resultante emergencia de m odelos alternativos junto c on la democratización de las rela ciones intrafam iliares. La Constitución de 1978 8 m arcará un punto de inflexión en el m arco legal de la fam ilia al declarar la igualdad entre los españoles sin distinción por razón de sexo o nacimiento, poni endo fin, por lo tanto, a los largos siglos de vigencia de la autoridad patriarcal; y suprim iendo la discriminación legal entre hijos legítimos y biológicos, y entre m adres cas adas o no casadas (Del Campo Urbano, 1991). La Carta Magna no recoge una definic ión de familia, lo que perm ite una gran variedad de interpretacione s y, como consecuencia, el no tener que ajustarse a un 7 El marco legal del régimen franquista p ermitía únicamente la familia tradicion al unida a través del matrim onio rel igioso y e n el que l a mujer est aba com pletam ente subor dinada al m arido. 8 El artículo 32 de la Constitución Esp añola de 1978 reconoce en el matrimonio la plena igu aldad jurídica del hombre y de la m ujer. Asimismo, el artículo 39 hace refe rencia a la obligación del Estado de garantizar la protección de las familias y de l os hijos. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 41 modelo predeterm inado facilita la em ergencia de modelos y es tructuras f amiliares diversas. Nos encontramos, pues, en un cont exto social renovado en el que surgirán nuevas necesidades a las que habrá que hacer frente. Estas necesidades provienen, en su mayoría, de los avan ces científicos y tecn ológicos y de las demandas exigidas por colectivos históricamente despla zados e, incluso, m arginados. En 1981, y como consecuencia de los cambios introducidos por la Constitución, nuestro Código Civil expe rimenta varias reform as 9 que tendrán importantes repercusiones en el ám bito fam iliar 10 . A partir de este m oment o la patria potestad sobre los hijos, que antes pertenecía exclusivamente al varón, corresponde rá al padre y a la madre. Otro de los aspectos fundam entales de esta reformulación legislativa fue la legalización del divorcio, que supuso la ruptur a definitiva con un m odelo tradicional sostenido en la idea de la dependencia pe rsonal de los individuos a la familia. La equiparación de derechos y respon sabilidades entre ambos cónyuges perm ite la transformación del modelo matrimonial espa ñol gracias a la anulac ión de la autoridad masculina y la dependencia fe menina, lo que, al m ismo tiem po, facilitará la igu aldad social y laboral de la mujer (Alberdi, 1999). Las reformas legislativas que se pusieron en marcha a lo largo de la década de los ochenta, para adecuarse a las disposiciones c onstitucionales, inf luyeron enormemente en los comportam ientos sociales. C omo recoge Inés Alberdi (op. cit., 56), “lo que antes se discutía por innovador, o si mplem ente por ilegal, cobró legitimidad con el respaldo de las nuevas leyes”. En España, como acostum bra a suceder en tantos otros ám bitos, las transformaciones en el s istema f amiliar se inic ian años m ás tarde que en otros país es europeos. Aún así, algunos sociólogos de re nombre, como Iglesias de Ussel (1998a), 9 Los cambios m ás sustantivos fueron introd ucidos a partir de la aprobaci ón de la Ley 11/1981, de 13 de mayo, por l a que se m odifican determ inado s artículos en mat eria de filiación, patria p otestad y régi me n económ ico del ma trim onio; y de la Ley 30/198 1, de 7 de juli o, por la que se m odifica la regul ación del matrim onio y s e determ ina el pr ocedim iento a seguir en la s causas de nuli dad, sepa ración y divorci o. 10 La legislación aprobada en años posteriores se ha centrado, fundam entalmente, en la dotaci ón de derechos y en la protección a los menore s, siendo de especial releva ncia: la Ley 13/1983, de 24 de octubre , sobre la tut ela; l a Ley 21/ 1987, de 11 de novi em bre, por l a que se modi fican determ inados artículos del Código Civil y de la Ley de Enju iciamiento Civil en materia de adopción; la Ley Org ánica 4/1992, de 5 de ju nio, s obre reform a de la Ley regulador a de la com petencia y el procedi mient o de los Juzgados de Menores; y la Ley Orgá nica 1/1996, de 15 de e nero, de protección jurídica al m enor, de modificación parcial del Código civil y de la Ley de enju iciamiento civil. Por otro lado, recientemente, se han prom ulga do la Ley 1 3/200 5, de 1 de julio , por la que se modi fica el Código Civil en mate ria de derecho a co ntraer m atrim onio y la Ley 15/ 2005, de 8 de j ulio, po r la qu e se m odifican el Códi go Civ il y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio. Page 40 could not be converted This page was skipped, but the rest of the document is available. 500 Server Error: Internal Server Error for url: https://convert.identific.com:2053/api/status/9e9edd0c-4f16-4a83-b9bc-dba777a5015b La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 43 Así pues, a través de la im plantación de la seguridad social se pretend e garantizar la supervive ncia, más allá de la f amilia, a tra vés de la externa lización de responsabilidades y funciones que históricam ente han estado en m anos de la misma y ahora son compartidas con las adm inistraci ones, o como recogen Flaquer y Oliver (2004), son proveídas por el mercado. Ante esta nueva situación, no han faltado las voces críticas que insisten en la clara tendencia a la indi vidualización, es decir, a la potenciación de las vidas individuales a costa de los vínculos f amiliares. La aparición relativam ente reciente de m edidas públicas des tinadas a la fam ilia está estrechamente relacionada con las tr ansform aciones que se han producido en las últimas décadas, esp ecialmente en el sect or de la econom ía y en el mundo laboral, donde ha sido determinante la m asiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo. En este contexto, por tanto, surgirán dema ndas y necesidades dive rsas a las que los correspondientes Estados de bienestar tendrán que hacer frente a través de políticas adaptadas a la nueva realidad social y a los requerimientos que de ella se deriven. D e hecho, tal y como afirman Iglesias de Ussel y Ayuso Sánchez (2007), la aparición de estas necesidades y la o rganización de las fa milias para demandar respuestas al Estado han sido dos de los factores de m ayor relevancia en la emergencia de políticas familiares en las distintas regione s europeas. Para designar los prog ramas y medidas de inter vención en las familias, así como los principios y directrices que lo inspiran, y siguiendo la co nceptualización de Flaquer, creemos que el térm ino que define con mayor exactitud las inicia tivas del Estado a este nivel es el de “políticas fam iliares”. As í pues, por política familiar entendemos el “conjunto de medidas públicas destinadas a aportar recursos a las personas con responsabilidades familiares para qu e puedan desempeñar en las m ejores condiciones posibles las tareas y ac tividades derivadas de ellas, en especial las d e atención a sus hijos menores dependientes” (Flaquer, 2000, 12). No cabe duda de que las ac tuaciones públicas repercuten tanto en la evolución como en las decisiones d e las familias, al tie m po que éstas tienen una elevada inciden cia en la orientación de las políticas públicas . Existe, por lo tant o, una relación de dependencia mutua, con consecuen cias en am bas direccion es, que deben ser ten idas en cuenta al analizar e l desarrollo y las tendenc ia s actuales de la f amilia y el avanc e de las políticas públicas dirigidas a esta institu ción. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 44 Dentro del ámbito de actuación de las política s familiares destacan, por una parte, las transferencias mone tarias, y por otra, las m edidas destinadas a la con ciliación entre vida laboral y vid a familiar q ue, a su vez, incluy en medidas legales, servicios y programas de apoyo a las familias. Sin em bargo, debido a la evolución que ha tenido lugar en los últimos años, se han detectado im portantes lag unas en la ordenación legal que en última instan cia dificultan un desarrollo ó ptimo de la vida f amiliar, sobre todo en caso de situaciones desfavorecidas. No obstante, centrándonos en el contexto español, y dejando al margen posibles insuficiencias, subrayemos que fue a fina les de los noventa cuando com ienzan a aparecer las primeras norm as y políticas que se dirigen específ icamente a las f amilias, intentando dar respuesta a las necesidades y retos que a los que habrá que hacer frente. Además de las m edidas puestas en práctica en materia fiscal, en las que nos centraremos más adelante, en lo laboral destacan las norm as dictadas en materia de conciliación de la vida familiar y profesio nal, donde la Ley 39/ 1999, de 5 de noviembre, de Conciliación de la vida familiar y laboral de las p ersonas trabajadoras (BOE, 06/11/1999), supuso un gran avance. La principal finalidad de esta ley es facilitar la conciliación de ambos ámbitos sin que ello im plique un freno en la contratación o en la vida profesional de las mujeres. En esa coyuntura, se han implementado m edidas: la mejora de la concesión de permisos, en especial por m aternidad; se han ampliado y mejorado las excedencias por motivos familiares; se ha facilitado la reducci ón de jornadas laborales; y se introduce el “coste cero” en la cotización a la seguridad so cial de los contrato s de sustitución por maternidad, entre otras. En esta m isma línea, se ha ampliado el número de plazas públicas y subvencionadas para niños y niñas de 0-3 años, factor que otorga una mayor disponibilidad horaria a las fam ilias y, en especial, a las madres. En el ámbito de la seguridad social, la Ley 52/2003, de 10 de diciembre, de disposiciones especificas en la materia que se cita (BOE, 11/ 12/2003), ha introducido diversas modificaciones en el texto de la Ley G eneral de la Seguridad Social, aprobado por el Real Decreto 1/1994, de 20 de junio, en materia de acción protectora de la Seguridad Social (BOE, 29/06/1994). Tales m odi ficaciones se m aterializan a través del Real Decreto 1335/2005, de 11 de noviembre, por el que se regula n las prestaciones familiares de la Seguridad Social (BOE, 22/11/2005). Asimismo, la aprobación de este Real Decreto permite recoger en una sola norma el desarrollo reglam entario de las La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 45 prestaciones familiares de la Seguridad Social 12 . Algunas de las novedades son la introducción de diversos benefi cios en materia de Seguridad Social para las fam ilias numerosas, tale s como el inc remento del lím ite de renta para tener derecho a las asignaciones económicas por hijo o m enor acogido a cargo; y la extensión de las prestaciones familiares a tanto alzado en los supu estos de adopción. No obstante, en lo que respecta a las f amilias num erosas, el m arco legal de referencia es la Ley 40/2003, de 18 de noviem bre, de protección a las fam ilias numerosas (BOE, 19/11/2003), cuyo reglam ento ha sido aprobado por el Real Decreto 1621/2005, de 30 de diciembre (BOE, 18/01/ 2006), siendo su principal propósito actualizar la protección, atención y apoyo a es tas familias en función de la realidad social y económica de nuestro tiem po. Esta norma tiva, tal y com o se recoge en su texto original, “viene a actualizar y mejorar la regu lación de la acción prot ectora dispensada a este importante colectiv o familiar, cuyas normas generales databan de 1971 y que en gran parte habían quedado obsoletas y no ajustadas al orden constituciona l de distribución territorial de competencias”. Concretamente, algunas de las m edidas contempladas son: la ampliación de l concepto d e fam ilia num erosa para garantiz ar una mayor protección de su s miem bros en situació n de vulnerabilidad; la introdu cción de criterios de renta fam iliar per capita para la clasificación de la s familias nu merosas en la categoría especial (con mayor grado de protección), aunque no reúnan el número mínimo de hijos n ecesarios; el reconocim ie nto com o miembros de familia num erosa a las personas en situación de acogimiento o tutela, y la extensión del régimen de familia numerosa a fam ilias de extran jeros que residen le galmente en España. No obstante, tal y com o sucede en tantos otros ám bitos, las políticas destinadas a colectivos específicos, c aso de la mujer, o a la fam ilia, requieren ir m ás allá de los textos normativos y desarrollar medidas, accion es y program as a través de los cuales se puedan definir e implem entar los preceptos con sid erado s en la legislación. Se trata, en definitiva, de diseñar po líticas que, desde un enfoque integ ral y coordinado, contem plen a la familia com o un área p rioritaria cuya intervención exija la im plicación de las administraciones y organism os competentes. 12 Se incorpora n, por l o tant o, los prece ptos del R eal Decreto 3 56/1991, de 15 de m arzo, po r el que s e desarrolla, en mat eria de pre staciones p or hijo a cargo, la Ley 26/1 990, de 20 de diciem bre, por la q ue se establecen en la Segurida d Social prestaciones no c ont ributivas, y el Real Decreto 1368/2000, de 19 de julio, de de sarrollo de l as prestaciones ec onóm icas de pago úni co por n acimi ento de tercer o sucesi vos hijos y po r parto múltiple. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 46 Conscientes de la relevancia de este objetivo, los poderes públicos han tratado de diseñar un marco general de actuación con estrategias comunes que, siendo asum idas por los organismos responsables en esta m ateria, puedan hacer efectiva la atención y el apoyo a las familias. En este contex to, en 2001, el Consejo de Ministros aprueba el Plan Integral de Apoyo a la Familia (2001-2004), de l cual se han derivado d iversas medidas, acciones y normas que, con m ayor o menor fort una, han intentado con tribuir a la mejora del bienestar y calidad de vida de las familias españolas (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2002). En esta mism a línea, se espera que pr óximamente se produzca la aprobación de un nuevo plan para los próximos años que de continuidad a las directrices iniciadas con el anterior. No obstante, hasta que esto tenga lugar, el IV Plan Nacional de Acción para la Inclusión Social del Reino de España (2006-2008) (ver Minist erio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2006a) , tiene entre uno de sus objetivos impulsar medidas dirigidas a combatir la desintegrac ión familiar y hace re ferencia a diversas accion es que deberán desenvolverse con este fin. Al gunas de ellas son las que se recogen a continuación: - Favorecer la con ciliación de la vida fa miliar y laboral m ediante el impulso a l desarrollo de programas y m edidas legisla tivas y sociales en m ateria de horarios laborales y de permisos y licencias por cuidad o de hijos, y del increm ento y mejora de la oferta de servicios de calidad a m enores de 3 años. - Promover el desarrollo de programas de apoyo e intervención en las familias en situaciones especiales desde las Admi nistraciones Públicas y en colaboración con las ONG. - Desarrollar programas de apoyo a fa milias en cuyo seno se produce violencia familiar. - Potenciar los programas de orientaci ón y mediación familiar y puntos de encuentro desde las Administracion es y en colaboración con las ONG. - Avanzar en el establecimiento de criter ios de calidad en el desarro llo de los servicios de orientación, mediación fam iliar y puntos de encuentro. - Mejorar la pensión de orfandad en fam ilias numerosas o en fam ilias sin vínculo matrim onial. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 47 Además de estas medidas específicas, a lo largo del susodicho Plan, en varias ocasiones, se hace referencia a la importanc ia del apoyo a las fam ilias, en especial a aquellas con menores ingresos y a las que convivan con personas en situación de dependencia. En la referida Ley 40/2003, de 18 de noviembre, de p rotección a las familias numerosas, concretam ente en la disposición adicional sexta, se anunciaba la creación del Observatorio de la Familia, como órgano integrado en el M inisterio de Trabajo y Asuntos Sociales, y cuya principal fi nalidad sería conocer la situac ión de las familias y de su calidad de vida, realizar el seguimien to de las políticas sociales que le afectan, hacer recom endaciones en relación con las políticas púb licas y efectuar estudios y publicaciones que contribuyan al mejor conocim iento de las necesid ades de la familia. Pese a que este es un organismo necesario, tal y com o se hace constar en diversos informes elaborados po r entidades in teresadas en la prob lemática que afecta a la fam ilia (ver Instituto de Política Fam iliar, 2005; 2006), en la actualidad todavía no se ha cumplido el com promiso adqui rido respecto a su creación. De la misma form a, la infancia y los adolescentes se cont emplan como dos de los colectivos más vulnerables, razón por la cual también serán objeto de diversas actuaciones, a fin de prevenir y/o reparar situaciones problem áticas, que a su vez han sido recogidas y am pliadas en el Plan Estrat égico Nacional de Infancia y Adolescencia (2006-2009), elaborado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en colaboración con el Observatorio de la Infancia 13 y a través del cual se pretende “promover desde los p oderes públicos, con la colaboració n de las fam ilias y todos los agentes e instituciones implicados, el bienes tar de la infancia y un entorno social favorable y seguro para satisfacer sus necesidades y conseguir el pleno d esarrollo de s us capacidades como sujetos activos de sus derechos, fundamentalm ente a través del desarrollo d e políticas y actu aciones integrales y tr ansversales” (M inisterio de Tr abajo y Asuntos Sociales, 2006b, 15). Galic ia, siguiendo las directrices estatales, ha aprobado el Plan Estratéxico Galego da Infancia y da Adolescencia 2007-2010 , elaborado por la Vicepresidencia da Igualdade de la Xunta de Galicia . 13 El Observato rio de la Infanc ia de Es paña se crea medi ante Acuer do de Conse jo de M inistro s de 12 de marzo de 1 999 adsc rito com o órga no colegi ado al Mi nisterio de T rabajo y Asunto s Soci ales. Uno de s us principale s objeti vos es la const rucción de un sistem a de inform ación centrali zado y compart ido con capacidad para cono cer el bienestar y calidad de vid a de la población infan til y de las políticas públicas que afectan a l a infancia en relaci ón a su desarro llo, im plantación y efectos de las mismas en dicha población. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 48 Junto con la infancia y la adolescencia, la mujer es otro de los principales focos a los que apuntan las políticas sociales de los últim os años, sobre todo, en lo que respecta a su igualitaria participa ción en la sociedad a través de la creación de organismos específicos 14 y de la puesta en marcha de iniciativas que favorezcan la consecución de este objetivo, como es el caso de los distintos planes para la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres que se vienen desarrollando 15 . Uno de los últimos planes e laborados fue el denominado IV Pla n para la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres, co n vigencia para el cuatrienio 2003-2006, y cuyas directrices marco están am paradas por la Estrategia Marco Comunita ria sobre la igualdad entre hombres y m ujeres (2001- 2005), cuyo objetivo fundamental ha sido introducir la dim ensión de la igualdad de oportunidades en todas las políticas y accion es realizadas en el ámbito com unitario y en los Estados miembros. En esta mism a línea, recientemente, se ha producido un gran avance legislativo con la aprobación de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva entre mujeres y hom bres (BOE, 23/03/2007). Su principal propósito es alcanzar la igualdad real y efectiva entre mujeres y hom bres y la eliminación de toda discriminación por razón de sexo, en particul ar la que afecta a las m ujeres. Por y para ell o, se han puest o en ma rcha dist inta s me didas de prevención y protección y se han creado varios organismos que velarán por el cumplim iento de los principios recogidos en esta Ley, concretam ente, la Comisión Interministerial de Igualdad entre Muje res y Hombres y las Unida des de Igualdad en cada Ministerio, ju nto al Consejo de Participación de las Mujeres. Asimism o, continuando con la línea mantenida hasta el momento, se establece la elabo ración periódi ca de un Plan Estratég ico de Igualdad de Oportunidades que incluirá me didas para alcanzar el objetiv o de igualdad entre mujeres y hombres, elim inando la discriminación por razón de sexo. Algunas de las medidas a las que hacíamos referencia c on anterioridad derivadas de la aprobación de ésta Ley son: la regulación de los Planes de Igualdad en las em presas y su negociación en los convenios colectivos; el establecimiento de m edidas específicas para prevenir el acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el tr abajo; el reconocimien to del derecho a la 14 El Instituto de la Mujer, creado en 1983, es uno de los organismos princi pales en la prom oción y fomento de la iguald ad de opor tunidades, siendo su p rincipal objetiv o conseguir po sibilitar la participación de la mujer en la vida política, cultural, eco nómica y social. 15 El prim ero de ellos fue apro bado con pe riodo de vi gencia com prendido ent re 1988 y 1990 y su principal finalid ad fue asegurar la coherencia del o rdenamiento juríd ico con el texto constitu cional en materia de protección y garantía de la igualdad, eliminando las dis posic iones discrim inatorias existentes hasta ese mom ento en la l egislaci ón español a. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 49 conciliación de la vid a personal, f am iliar y laboral y el f omento de una m ayor corresponsabilid ad entre mujeres y h ombres en el r eparto de las ob ligaciones f amiliar es; y la creación del permiso de paternidad autónom o y su correspondiente prestación económica. Otro de los aspectos vinculados de fo rma habitual a la mujer y que en los últimos años ha despertado un especial interés debido, fundamentalmente, a los sucesivos acontecimientos sociales, es la pr even ción de la violen cia de género. Fue a partir de 1999, con la modificación del Código Penal y de la Ley de Enjuiciam iento Criminal, cuando se experim enta un especial desarrollo a través de la introducción en nuestra legislación de importantes novedades 16 , que han significado un antes y un después en esta materia. Má s recientem ente, a través de la Ley Orgáni ca 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Inte gral contra la Violen cia de Género (BOE, 29/12/2004), que ha entrado en vigor en 2005, se ha com pletado la normativa existente, esta vez, intentado garantizar la protección de las mujeres víctim as de violencia de género. La aprobación de esta Ley supone un paso más en la sensibilización y en el reconocimiento de la violencia hacia las m u jeres com o un problema social creciente. Garantizar los derechos contemplados supone reforzar el comprom iso adquirido por las instituciones públicas y las organizaciones sociales con la e liminación de la violencia en razón del género. Centrándonos, nuevamente, en el apoyo de l s ector público a la familia com o grupo, desde hace varios años el Ministerio de Trabajo y Asunt os Sociales viene publicando la "Guía de Ayudas Sociales para la s Fam ilias" (ver Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2006c; 2007d), intentando recoger en la misma toda aquella información sobre las ayudas sociales a las que tienen derecho. En el año 2007 se ha publicado la séptima edición, de acceso a través de la página web de dicho Ministerio (http://www.mtas.es) y en ella se refieren las ayudas establecidas a nivel estatal y se facilitan las direcciones de lo s Organismos Autonómicos que tienen competencias en esta materia. 16 La prohibición de aproximación a la víctima como pena accesoria de determinado s delitos, la tipificación com o delito de la violencia psíquica ej ercida con carácter habitual sobre las personas próxim as, la definición de l a habitualid ad en un sentid o amplio, la regulación de las órd enes de protección a las víctim as de violenci a de género, etc., son algunas de las norm as derivadas de este nuevo marco legal . Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 50 Concretamente, las ay udas familiares es tablecidas y g estionadas por la Seguridad Social española y/o los organism os públicos competentes, son las que se detallan a continuación en la siguiente tabla: Tabla 1: Ayudas públicas destinadas a las fam ilias AYUDAS PÚBLICAS DESTINADAS A LAS FAMILIAS Prestaciones económ icas por nacimiento o adopción de hijos: - Nacimiento o adopción del tercer hijo y sucesivos. - Parto o adopción múltiple. Prestaciones familiares por hijo o m enor acogido a cargo: - Hijos o acogidos menores de 18 a ños. - Hijos discapacitados. Permisos pare ntales: - Maternidad y/o patern idad. - Riesgo durante el em barazo y la lactancia natural. - Reducción de la jornad a laboral. Prestaciones familiares d e la Seguridad Social Excedencia: - Por cui dado de hi jos m enores de 3 años o f amiliares. Prestaciones por desempleo de nivel asistencial. Ayudas en m ateria de empl eo Program a de foment o del empleo. Reducciones estatales. Beneficios fi scales por hij o a cargo en el impuesto sobre la renta de l as personas físi cas (IRPF) Deducciones autonóm icas. Reconocimiento de la cond ición de familia numerosa. Ayudas socia les a familias numerosas Beneficios establecido s para las fam ilias num erosas. Prestaciones y servicios. Prestaciones sociales del sistema público de servici os sociales a las familias Equipamientos de l os servicios sociales. Servicios para cuidados de hijos menores de 3 años Escuelas infant iles, casas de niños, ludotecas, servicios educativos de ám bito rural, centr os de encuent ro para niños y mayores. Programa de educaci ón familiar y atención a familias desfavoreci das o en situación de riesgo y a familias monopa rentales . Programa de apoy o a las familias en c uyo seno se produce violencia fam iliar. Programa de apoyo a familias en situaciones especiales Programa de orientación y/o mediación familiar y puntos de encuentro familiar. Ayudas en materia de vivienda Préstamos, acceso a viviendas prote gidas,... Ayudas para familia s con persona s en situación de dependencia Creación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). Fuente: Elaboració n propia a partir de la "Gu ía 07 de Ayudas Sociales para las Familias" (Ministerio de Trabaj o y Asunt os Sociales , 2007d). La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 51 A pesar de los avances legislativos, España es, junto a Irlanda, el país de la UE que ofrece menos prestaciones sociales, estand o muy por debajo de la media europea. Según datos del Instituto de Política Fam iliar (2006) se encuentra a 8,3 puntos de diferencia (19,7% del PIB de España frente al 28% del PIB de la UE). Otro dato significativo es que nuestro país está aument ando la distancia con Europa pues, si bien en 1990 la diferencia era de 5,5 puntos, en 1995 se había elevado hasta los 6,1 puntos, y hoy la tendencia sigue sin mejorar en ese m arco de comparación. En lo que se refie re a la familia, España es el único país de la UE que no destina a su atención al menos el 1% del PIB, siendo la media de la UE del 2,1%. Concretamente, la inversión del Estado español asciende al 0,5%, lo que lo sitúa en el último puesto de los países de la Unión, por debajo de Italia (1%), Malta (1,1%) y Portugal, (1,1%) (Instituto de Política Familiar, 2 006). Pese a que el presupuesto estatal dista de reflejar la importancia de esta institución, no cabe duda de que la familia, desd e épocas remotas, se h a hecho cargo de funciones de elevada responsabilidad. Sin embargo, es bueno que nos sigamos preguntando sobre sus posibilidades de hacer frente a los nuevos retos derivados del actual contexto social, económico, dem ográf ico, etc., máxime a la vista de la complejidad que tam bién la afecta como parte del entramado social. Es por ello que la existencia de políticas f amiliares ad ecuadas a la s necesidades derivadas del nuevo orden es una de las asignaturas pendientes del Esta do de bienestar, princip almente, en lo que se refiere a la compensación de aquellos entornos que todavía no disfrutan de una regulación jurídica satis factoria, situación que af ecta a las fam ilias monoparentales. Diversos autores han insistido en la similitud de las polític as familiare s de los países del sur europeo, y que han sido englobadas bajo la denominación régimen de bienestar mediterráneo (Esping-Andersen, 1993; Flaquer, 2000; Flaquer y Oliver, 2004), basándose en la existencia de rasgos sim ilares en los sistemas públicos. Tales coincidencias se sus tentan en la importanc ia otorgada a las familias co mo principales proveedoras del bienestar de sus miembros , debido a las carenci as de las políticas familiares para respond er a las necesidades de los ciudadanos. En otras palabras, tal y como subraya Flaquer (2005, 34), las sociedad es mediterráneas se caracterizan por un elevado familiarismo, entendiendo el mismo como “una confianza perm anente en la familia, en su solidar idad intergenerac ional y en su estructura de género, como proveedora de trabajo y servicios asiste nciales y como integradora de medidas Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 52 adecuadas de apoyo a los ingresos”. La familia, por lo tanto, desarrolla un excesivo papel de soporte económico y social que su stituye parte de las responsabilidades que debieran ser asumidas por la s políticas de bienestar. Resulta llamativo que las d iferencias a las que antes hacíam os referencia respecto de las s imilitudes de las regiones d el área medite rránea y las dif erencias mantenidas con otros países europeos, es deci r, la existencia de dos bloques distintos a razón de las políticas sociales im plementada s, se corresponde con la identificación de dos áreas cuya denominación parte de ser cons iderados países de vieja inm igración o países de nueva inmigración. Al prim ero de los grupos pertenecerían regiones como Francia, Holanda, Alem ania e Inglaterra, cuya inm igración es ya de una larga trayectoria y ha procedido, fundamentalment e, del sur de Europa y de sus viejas colonias; mientras que en el segundo se inte grarían países como España, Italia, Grecia y Portugal, es decir del sur del continente, c uyos flujos provienen sobre todo de países extracomunitarios y son mucho más reciente s. Con esta diferenciación queremos poner de manifiesto la coincidencia, por un lado, entre los países con régim en de bienestar mediterráneo y las consideradas regiones de nueva inm igración y, por otro, los países de larga tradición migratoria, caracterizados por el desarrollo de políticas mucho m enos familiaristas. Es por ello que, España, además de ser una de las regiones receptora de nuevos flujos migratorios, si la com paramos c on otros países occidentales, el nivel de individualismo es mucho m á s reducido que el de nuestros homólogos europeos y, en consecuencia, la familia sigue o cupando un lugar privilegiado entre nuestras prioridades. Este hecho se pone de manifiesto en lo s datos publicados recientem ente por el Centro de Investigaciones Sociol ógicas (CIS), a través d el Barómetro de enero de 2006 . Ahí se indica que para los españoles la fam ilia es el aspecto m ás importante de su vida, muy por encima de otras dim ensiones como puede ser el trabajo o la política. Tal y como ha recogido Flaq uer (1998), la importan c ia de la familia radica en que de ella dependen las aspiraciones, va lores y motivaciones de las personas, al tiem po que es responsable de la estabilidad emocional de t odos los individuos, desd e la infancia hasta la edad adulta. El familiarismo, por lo tanto, se ha conve rtido en una pauta cultural in tegrada no sólo en las estructuras d el régimen de bienes tar español sino en m uchas otras instancias La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 53 de la sociedad civil, con num erosos efectos positivos pero también con im portantes insuficiencias o, como dice Flaquer (2005, 36) con “efectos invisibles”. Respecto a los primeros destaca la continuida d de los lazos de solida ridad entre generaciones y con los demás m iembros de la familia, valor que pa ra los defensores de los m odelos más tradicionales se había deteriorado ante la pr ogresiva pérdida de funciones. En cuanto a las insuficiencias, el familiarism o dificult a el proceso de individualización, mucho m ás difundido en otros países europeos; impide la igualdad entre gé neros; obstaculiza la recuperación de la fecundidad y tiene una incierta viabilidad. No obstante, a pesar de que la soci edad española sigue siendo de las más tradicionales de Europa, es incuestiona ble que, aunque con cierto retraso, ha experimentado cam bios de gran envergadura. La familia ha s ido uno de los ámbitos más afectados por esta dinám ica que, aparentemente, parece no tener límites, y que entrañ a nuevos retos a los que tendrem os que hacer frente en los próxim os años. Entre los aspectos m ás positivos derivados de este contex to de cambios es que, de forma paulatina, se han difum inando los límit es entre la legitim idad y la ilegitimidad familiar, puesto que han empezado a ser aceptadas y reconocidas situaciones fam iliares que durante décadas fueron rechazadas o ignoradas. Este reconocim iento, afortunadamente, se está traduciendo en un lento pero imparable proceso de equiparación juríd ica de los distin tos tipos de uniones, como ya ocurrió entre las diferentes clases de filiación (Vela, 2005). Buena prueba de ello es la reciente aprobación de la Ley 13/2005, de 1 de julio, po r la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer m atrimonio, a pa rtir de la cual España, junto a Holanda y Bélgica, se convierte en el tercer país europeo que legaliza la s uniones homosexuales. Así pues, parece que la evolución seguida por la fam ilia ha estado estrechamente vinculada al contexto histór ico de cada momento, con todo lo que ello significa. Es decir, se ha visto afectada por numerosas vari ables de índole diversa que han influido en el rumbo de la institu ción familiar y ha desembocado en nuevas formas y d inámicas familiares. 1.3.2. Los desencadenantes del cambio familiar en la sociedad española Como hemos venido diciendo, es indudable que la familia se encuentra en un tiempo de profundas y aceleradas transformaciones, que han afectado a cuestion es que se creían consolidadas h ace varias décadas. Un ejem plo sería la misma com posición de Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 54 los núcleos familiares. El profesor Flaque r (2002,48) va m ás allá y afirma que “las alteraciones del universo familiar represen tan variaciones registradas en otros sec tores sociales al tiempo que presagian y estim ul an nuevas mudanzas”. Hablam os, por lo tanto, de un sis tema encadenado e imparable d e cambios qu e nacen en la sociedad y alcanzan a todas y cada una de las institucione s que la conforman. Es, quizás, la difí cil percepción de las variaciones a gran escala en el entramado social lo qu e obstaculiza la toma de conciencia de la ciudadanía. De sde nuestro punto de vista, es en las instituciones más vulnerables (sirv a de ej emplo la fam ilia) donde realmente podremos percibir y valorar el alca nce de los cam bios acontecidos en la esfera pública. La pérdida de legitimidad del patriar cado, la participación del m ercado y el Estado en la vida familiar, la intensifi cación del proceso de individualización, la disminución de la densidad inst itucional en el inte rior del universo fa miliar, junto con la emergencia de una sociedad postindustrial (F laquer, 2002), son factores sociales que afectan a la institución familiar. Se tra ta, por lo tanto, de factores ex trínsecos a la familia, pero que af ectan al núcleo familiar en todas sus dimensiones, desde el nú mero de miembros que la con stituyen hasta los roles y funciones de cada uno de ellos. El profesor Requena y Diez de Revenga (1993a), en un estudio realizado en la Comunidad de Madrid, que analiza las f ormas de la familia c ontemporánea, subraya que el número, la estructura y el tamaño de los hogares en un tiempo determ inado dependen de variables demográficas, económ icas y social es. Concretamente, ha ce referencia a tres factores decisivos en el núcleo familiar: los índices de fecundi dad y mortalidad, que darían forma a la distribución de la poblaci ón y especialmente a la com posición por edad y sexo; determinadas conductas familiare s, com o la nupcialida d y el número de divorcios; y las coyunturas económ icas que son, en últim a in stancia, las responsables de determinar un rango de recursos de los que una persona puede disponer en pos del cumplimiento de sus decisiones. El creciente interés por el estudio de la familia nos ha proporcionado una imparable producción científica a través de la cual se ha intentado identif icar las variables más influyentes en la co nformación de la com plejidad familiar ac tual. Son muchos los factores apuntados, desde campos de investigación diversos, para explicar cómo y por qué nos hemos visto inmersos en una revolución social y, particularm ente, familiar, s in precedentes. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 55 Como ya hem os subrayado con anterioridad, los cambios en las formas de organización familiar es uno de lo s aspectos que más interés sus cita en la actualidad debido a la aparición imparable de nuevas formas de convivencia. Se han realizado numerosos estudios al respecto qu e coin ciden en la reducción de los denominados hogares múltip les y complejos y las familias nucleares tradicionales, junto con el notable incremento de las familias monoparentales. Son varios los factores que han contribuido a la em ergencia de nuevos modelos de familia, poco frecue ntes hasta el momento. El retraso en la f ormaliza ción de las parejas, la aparición de nuevas fórmulas de convivencia, la caída de la fecundidad, el incremento de las separaciones y divorcios , y la intensif icac ión de los flujos migratorios, han genera do nuevos modelos de familia que casi han des bancado al hogar tradicional. Siguiendo la clasificación elaborada por Rodríguez Neir a et al. (2004) profundizaremos en aquellos aspectos que pa recen ser los principales responsables de las nuevas form as y dinámicas de las f amilias del siglo XXI: a) Cambios ideológicos y legislativos. Como institución socia l, la familia ha estado desde siem pre vinculada a la regulación legislativa. A pa rtir de la normativa vige nte en cada m omento se han perfilado desde los derechos y deberes de cad a uno de sus miembros hasta cuál es el modelo familiar políticamente corre cto. Tal y como hemos comentado anteriorm ente, a modo de ejemplo, refirám onos a la Constitución de 1978, que m arca el inicio d e una gran activid ad legislativa, a p artir de la cu al se incorporan aspectos clav e a día de h oy en el ámbito fam iliar, tales como la igualdad entre hom bres y mujeres y la posibilidad de ruptura matrimonial. b) Movimientos feministas. Las reivindicaciones a favor de los derec hos de la mujer han ido ganand o terreno en los planos social y p olítico con el paso de los años. En este avance ha jugado un papel fundamental el movim iento feminista, que ha sido una de las principales voces críticas con la situación de desigualdad de las mujeres respecto a los hombres. Los movimientos feministas surg en en los años setenta junto a otros movimientos de reivindicaci ón social. Este es el mo mento oportuno ya que las Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 56 circunstancias políticas fa vorecen la emergencia de acciones colectivas de transformación social qu e años atrás eran inim aginables. Uno de los logros más importantes de la teoría fem inista ha sido la deconstrucción de la familia como unidad natural y su reconstrucción como institu ción social creada cultural e históricamente, id entificando los aspectos ideológicos de la misma y su vinculación con el resto de las instituciones y re lacion es sociales (Alberdi, 1999). Las posturas más radicales del m ovimiento feminista incluso han llegado a defender que la fam ilia es un marco de opr es ión y conflicto debido a la subordinación de las mujeres (Musitu y Cava, 2001). La s relaciones personales en general y, particularmente, las relaciones familiares, son la base explic ativa esencial de la desigualdad de géneros. A día de hoy, las voces feministas re ivindican la necesi dad de una nueva definición de fam ilia en la que se elim in e la h istórica super ioridad de la f igura masculina. Se critica qu e este concepto ha sido construido a im agen y semejanza de un orden social que, explícitamente, discrim ina a la mujer. Se apunta, por ejem plo, a la diferenciación entre espacios públicos y priv ados, factor que favorece el reparto de responsabilidades y posiciones soci ales para hombres y mujeres. c) Aspectos demográficos de la f amilia . Desde principios de siglo asistimos al aumento de la esperanza de vida. La reducción de la mortalidad a escala planetar ia ha traído consigo el aum ento de la esperanza de vida gracias a los avances sani tarios y las m ejoras en las condiciones de vida. La reducción de la mortalidad femenina en edades fecundas, la dism inución de mortalidad infantil 17 , la extensión de los produ ctos de prim era necesidad, la prev ención de enfermedades m ortales, etc., son algunos de los progresos que han permitido redu cir el número de m uertes y ampliar la media de años de vida. El retraso de la primera m aternidad es ot ro de los factores que más ha influido en el giro demográfico de la sociedad actual. La edad m edia para tener el prim er hijo se ha incrementad o de forma considerable. Actualmente, la m ayor parte de las mujeres esperan a tener su primer hijo hasta des pués de los treinta años; lo que, al m ismo tiempo, ha provocado una caída notable del nú mero de nacim ientos. Al respecto, son 17 En 1900 eran necesari os hasta seis nacim ientos por fami lia para asegur ar la reproducción demográ fica, mientras que en la actualid ad las tasas de mortalidad infantil en nuestro país se sitúan entre las más bajas del mund o (Pal acios y Ro drigo, 1998). La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 57 muchos los estudios que coinciden en que es e descenso es com ún a los países que han culminado su transición demográfica. Con car ácter general se ha ha blado de la relación causa-efecto entre los procesos de moderni zación económica, social y cultural, y la caída de la fecundidad. No obs tante, no se ha logrado form ular una verdadera teoría explicativa del fenóm eno aceptada de forma m ayoritaria. Son varias las disciplina s que han abordado esta cu estión con persp ectivas y motivaciones diferen tes a fin de identif icar a quellos factores que han sido determinantes en la evolución demográfica de las so ciedades actuales. Por ejemplo, desde la sociol ogía se ha insistido en el cam bio experimentado por el rol femenino, es decir, el aum ento de la actividad profesional de las mujeres habría terminado por provocar un descenso continuo en los índices de fecundidad. Aún cuando la incorporación de la mujer al m ercado la boral es un factor influyente, dado que en todos los países avanzados han disminuido las tasas de natalida d y el número de mujeres que trabajan fuera de casa ha asce ndido, no se puede demostrar una relación de causalidad entre ambos fenóm enos. Fundamentam os esta afirmación en que hay países con altas tasas de actividad económica de las m ujeres y niveles de fecundidad que permanecen relativam ente altos, caso de Suecia; mientras que otros, como el nuestro, arrojan tanto bajos índices de actividad fe menina com o bajos índices de fecundidad (Elzo, 2004). Desde un punto de vista económico, el núm ero de hijos, considerados bienes de consumo, está en función de su valor, de su s costes y benef icios; y tal y como recoge Sánchez Marroyo (2003), habría disminuido al suponer costes cada día más elevados, tanto directos (alimentación, educación y ves tido) com o indirectos (pérdida de otras oportunidades). Consecu entemente, se produciría una modificación del valor económ ico de los hijos y el tamaño de la familia serí a, p or tanto, resultado de la racionalidad económica de los padres. A diferencia de lo que sucedía anta ño, en la actualidad, tener hijos resulta muy costoso y no garantiza una atención adecuada en la an cianidad. A pesar de los múltiples inten tos provenientes de diferentes cam pos de estudio, encontrar una explicación que no su scite críticas parece ser una ta rea difícil. Quizás lo más adecuado sería utilizar un tratam iento interdisciplinar, pues como toda cuestión social admite variab les entrelazadas, por lo cual e stamos ante una temátic a de reconocible complejidad. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 58 d) Cambios en los fenóm enos básicos del ciclo fam iliar. Tradicionalmente, el matrim onio era el punto de inicio de la vida familiar, luego venía el nacimiento de los hijos, la constitución de la familia y la consolidación de l hogar. Existía, por tanto, un orden cronológi co establecido, invariable y acorde con el modelo de familia tr adicional. Hoy la situaci ón ha dado un giro de 180º: la institu ción matrim onial ha dejado de ser im prescindible en la constitu ción de nuevas familias y ya no es el paso previo para la procreaci ón. A este respecto, aunque España sigue siendo uno de los países del viejo continente donde hay menos parejas de hecho y m enos hijos fuera del matrimonio, en Europa una cuarta parte de los niños que nacen son fruto de parejas no casadas (Pérez Grande, 2004). Se pone fin, por lo tanto, al modelo único tradicional p ara dar lugar a diversos modelos familiares con stituidos a partir de dis tintas dinámicas. e) La creciente incorporación de la mujer al m undo laboral. La incorporación de la mujer al m e rcado laboral es uno de los procesos integrados en la d emocratización de las relaciones f amiliares. Podem os decir, inclus o, que el contexto m ás relevante de los cambios fam iliares proviene de la incorporación masiva de la m ujer al trabajo extradom éstico (Iglesias de Ussel, 1998a), siendo especialmente relevante el hecho d e que esa incorporación tenga lugar con un mayor nivel de estudios y una mejor cualif icación. Para la mujer, el trabajo fuera de casa se ha convertido en medio de realización personal y social al que antaño no podía acceder, ya que sus funciones se reducían a la cr ianza y al cuidado de los hijos. f) Modificaciones en la convivencia fam iliar en los hogares. La sociedad española asiste a la emer gencia de nuevas formas de convivencia y relación fa miliares, estrecham ente vinculadas a a spectos dem ográficos, sociales y económicos. El increm ento de la esperanza de vida, la prolongación de la estancia de los hijos en el hogar familia r, las dificultades de inserción labor al de los jóvenes, etc., son factores que af ectan a la configuración fam iliar y al desarro llo de fórm ulas de convivencia poco frecuentes hasta hace al gunos años. Más adelante ah ondaremos en esta cuestión, al tiempo que realizamos un brev e recorrido por el panorama actual de la morfología de familias y hogares del contexto español. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 59 g) Reducción del tamaño de los hogares. Uno de los aspectos característicos de nuestra sociedad es el descenso de la natalidad y la resultante reducción del número de m iembros en el se no familiar, así como el aum ento del número de hogares 18 . A pesar de que la preocupación por las tendencias demográficas haya crecido en lo s últimos años, esta problemática tiene ya varias décadas de vig encia y de ella se ha n derivado diversas teorías qu e han tratado de explicar la emergencia de un contexto dem ográfico poco esperanzador. Una de las teorías más difundidas es la que algunos han denom inado “segunda transición o revolución demográfica” 19 (Requena y Diez de Revenga , 1993a; Del Cam po Urbano, 1997) y que ha servido para trat ar de explicar los cambios repentinos acontecidos desde mediados de los años setenta en las tende ncias dem ográficas europeas, teniendo en cuenta las modificaciones experim entadas en los modelos tradicionales y en la composición de los hogares. Desde esta teoría, los cam bios en los hogares son debidos, fundamentalmente, a lo que ha sucedido y sucede en tres dim ensiones básicas de nuestros sistem as sociales: la estruc tura, la cultura y la tecnología. El contexto fam iliar español sigue la te ndencia general de los país es europeos donde el descenso de la natalidad y del nú mero de m iembros por hogar es desde hace tiempo objeto de análisis 20 . Las cifras oficiales a puntan a que el cambio más significativo es el incremento notable de lo s hogares unipersonales; tanto es así que en sólo una década hem os pasado de cas i 1,6 millones a 2,9 (INE, 2003). Asim ismo, también se ha percibido una dism inución de las parejas con 4 o más hijos (de 485 mil a 176 mil), el increm ento del número de pare jas sin hijos (d e 2 millones a casi 2,5), y a que los hogares constituidos por una familia y alguna persona sin vínculos familiares se ha multiplic ado casi por cinco. Analizando las cifras del In stituto Nacional de Estadíst ica, nos encontramos con que los hogares más num erosos son los const ituidos por las personas de 65 años o más que viven solas (concretamente 6.796.936), seguidos de los hogares unipersonales 18 Las cifras publicadas por el INE (2003) refleja n a la perfección esta t endencia. Según las ci fras del Censo de 2001, en Espa ña existen 14.187.169 hogares, es decir casi un 20% más que en 1991. 19 Formulaci ón teórica desa rroll ada en los años ochent a y novent a por Dirk J. Va n de Kaa y Lesthaege que sustitu ye a la Teo ría de la tran sición demográfica fo rmulada por Frank Notestein en 1945, la cual postulaba que la na talidad y la mortalidad son elevadas en las sociedades trad icionales y se van reduciendo c on la m odernizaci ón (Del C ampo Ur bano, 19 97). 20 Históricam ente, destaca n los traba jos del dem ógrafo Pet er Laslett y el grupo de C ambrid ge quienes han cuestionado la idea de que la indust rialización provocó una dism inución en el tamaño m edio de la fam ilia. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 60 (2.876.572), los formados por jóvenes entre 25 y 34 años que viven con sus padres (2.587.867), y aquellos compuestos por parejas sin hijos (2.448.542). h) Prolongación del período de estudios. La extensión de la escolaridad obligatoria hasta los 16 años, junto a la prolongación de los estudios profesionales y universitarios, retrasan la incorporación a la vida activa y la salida del hogar, lo que provoca que los jóvenes abandonen cada vez más tarde la vivienda fam iliar. Tampoco podemos olvidar las condiciones del m ercado de trabajo en los distintos países. A diferenc ia de lo que sucede en Europa del norte y del centro, donde los jóvenes se independizan a edades tempranas, en España la complejidad socio-familiar y lab oral retrasa la independencia de las nuev as generaciones. Además de estos factores recogidos por Rodríguez Neira et al. (2004), queremos hacer mención de un fenóm eno con notoria repe rcusión en la organización fam iliar. Nos referimos al increm ento de las corrientes m igratorias hacia nuestro país, tem ática sobre la que nos disponemos a profundizar en los ca pítulos sucesivos. No obstante, en este punto queremos resaltar la contribución de la inmigración en el increm ento de formas familiares p oco frecuentes hasta el mom ento en el panorama social y familiar españ ol. A diferencia de lo que sucedía décadas atrás en nuestro país, donde los hogares monoparentales se consideraban posteriores a la descomposición de la fam iliar nuclear, como consecuencia del divorci o o de la viudedad (Requena y Diez de Revenga, 1993a), en la actualidad el número de familias monopa rentales sigue creciendo con la llegada de mujeres inmigrantes con hijos a su cargo, que provienen fundam entalmente del centro y el sur de Am érica. 1.4. Las funciones de la familia en la nueva realidad social En el mundo occidental, es a partir del siglo XVIII, con la Revolución Ind ustrial, cuando se empiezan a detectar cambios signif icativos en la estr ucturación y funciones de la familia (Rosich, 2001). Estos cam bios se han intensific ado en los últim os años. La denominada fam ilia tradicional de la Europa preindu strial era la fam ilia patriarcal, sostenida a p artir de la explotación agraria o el trabajo grem ial y circuns crita tanto al ámbito urbano com o al rural (Del Campo Urbano, 1991). Paradójicamente, en la sociedad actu al iden tifica mos la familia trad icional con la familia nuclear, modelo predom inante durante varias dé cadas en las sociedades La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 61 industriales recién constituida s, y donde los intereses económ icos estaban por encima de cualquier otro vínculo, incluso de los afecti vos. En el seno de este tipo de f amilia, las principales funciones eran la crianza y educaci ón de los hijos, el cuidado de las person as de mayor edad de la fam ilia, y la producción de bienes y s ervicios para el disfrute de todos los miem bros. Sin embargo, hoy la situación es bien dist inta. Las funciones de la fam ilia han adquirido un grado de complejidad m ayor con el transcurrir de los años. Esto se ha debido, fundamentalmente, a la co existencia de diversas tipologías familiares. En la actualidad, muchas de las funciones tradiciona lmente desempeñadas por la f amilia, han sido asumidas por otras instituciones com o la escuela y los serv icios sociales y sanitarios. La familia, por tanto, ha pasado de ser una un idad productiva, a convertirse en una unidad de consumo y ocio. Por ello, no extrañ a el considerable descenso del número de hijos, que han dejado de ser una inversión y un m edio para contribuir al desarrollo de la economía fam iliar, pasando a constituir una fuente de gastos (Rosich, 2001). Otra de las novedades del contexto familiar del siglo XXI y que ha influido directamente en las funciones de la fam ilia es el nuevo ro l de la mujer. Si b ien en la familia tradicional la mujer er a la que se ocupaba única y exclusivam ente del trabajo doméstico y del cuidado de los h ijos, ancia nos y enferm os, en nuestros días, gracias a que estas funciones se comparten con instituci ones especializadas, la in corporación al mercado laboral em pieza a poner fin al re parto de tareas en función del sexo. Desde una posición arriesgada podemos deci r que el m odelo nuclear de familia, en cierto modo, facilitaba la elaboración de una categorización de sus funciones. Sin embargo, en un contexto social tan heterogé neo como el actual esta tarea se ha complicado enorm emente y lo que puede considerarse verdaderamente atrevido es hacer un listado de funciones. No obstante, conscientes de las dific ultades que el tem a entraña, en este epígrafe seguimos la clasificación re alizada por Palacios y Rodrigo (1998) pues consideramos que además de ser la más próxima a la perspectiva que hem os mantenido hasta el momento, creemos que nos permite recoger la s principales funciones otorgadas a la Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 62 familia en el contex to social en el que nos m ovemos, con sus tradic iones y también c on elementos novedosos derivados del nuevo orden social. Lo primero será subrayar que la familia es un contexto de de sarrollo, tanto para los padres como para los hijos. A los progen itores, el núcleo f amiliar les perm ite desplegar las capacidades asociadas a la ad ultez y, por lo tanto, realizarse de un modo personal. En el caso de los hijos, la fam ilia se convier te, principalm ente, en un contexto de desarrollo y socialización o, tal y como co mentan García Carrasco y García del Dujo (2001, 95) “la familia no es m eramente un entorno de crian za, una fuente de satisfacción de necesidades vitales, sino una comunidad o s istema activo y organ izador de roles que actúa de mediador respecto a la interacción con el sis tema social”. Así pues, siguiendo la propuesta de Palacios y Rodrigo (op. cit.), la consideración de los pad res como motor del desarrollo de los hijos y como sujetos que también están en proceso, hace que em erjan las funciones que se recogen a continuación: - Es un contexto de construcción de pe rsonas adultas con un adecuado nivel de autoestima y el suficiente b ienestar psic ológico com o para hacer frente a los conflictos y a las situaciones estresantes que puedan surgir. - Es un escenario donde se aprende a afrontar retos y a asumir responsabilidades y comprom isos que les permiten desarrollarse e integrarse en el contexto social. - Es un elemento de apoyo personal, ec onómico y social fundam ental para hacer frente a las dificultades que puedan surgir a lo largo del cicl o vital de cualquier persona. El nacimiento de los hijos am plia el horizonte de cometidos de la fam ilia, sobre todo en la satisfacción de necesidades educativas de la prole. El núcleo familiar se convierte entonces en agente de crianza y socialización de lo s hijos que permite desarrollar las facetas pa terna y materna. Convertirse en padres implica poner en m archa un proyecto educativo que durará toda la vida, desde la in fancia y la adolesce ncia hasta la edad adulta y la llegada de los nietos. No cabe duda, por lo tanto, de que el naci miento de nuevos miembros traerá consigo nuevas y mayores implicacione s y responsab ilidades para la familia. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 63 Centrándonos ahora en las funciones má s estrecham ente vinculadas con los hijos, las funciones básicas de la f amilia son las siguientes : - Garantizar el desarrollo fí sico, psicológico y social de los hijos. Convertirse en padres no es sólo asegurar la m anutenci ón de la prole. Los primeros años de vida de cualquier persona son fundamental es para poder alcanzar la edad adulta con una buena salud tanto física como m ental. Es por ello que desde edades tempranas los padres deben ocuparse de proporcionar a sus hijos los estím ulos necesarios para que puedan crecer ps icológica y socialmente. - Satisfacer las necesidades de afecto y apoyo requeridas para un desarrollo normal. La fam ilia constituye un punto de referencia ps icológico para los niños y niñas que en ella crecen. Es priorita rio que exista un clima afectivo y de comprom iso al que se sientan vinculados y al que puedan recurrir a lo largo de su vida cuando se encuentren en situaciones d ifíciles. - Crear un clima fam iliar que favorezca la estimulación neces aria para convertirse en personas competentes a fin de relacionarse y adaptarse a la sociedad en la que viven. Se trataría, por lo tanto, de crear un am biente rico en estímulos que los prepare para poder afr ontar las demandas y responsabilidades con las que se encontrarán hasta la edad adulta. - Facilitar la apertu ra hacia otros co ntextos educati vos. Si bien la educación es una de las funciones más im portantes de la familia, afortunadamente, ésta cuenta con un importante apoyo por parte de la s instituciones edu cativas, sobre todo desde las escuelas. Ya e n la edad adulta, el pap el de la familia continua siendo fundamental, por ejemplo, en el m oment o de incorporarse al mundo laboral, puesto que además de servir de orie ntación en la elección vocacional y/o profesional, en caso de dificultades económicas los recursos familiares pueden evitar que el mal sea m ayor. En el estudio y aná lisis de los cambios familiares m odernos, una de las afirmaciones que se ha repetido con m ayor frecuencia es la progresiva pérdida de funciones de la familia (Rodríg uez Neir a et al., 2004). Funciones realizadas tradicionalmente por el núcleo fam il iar em piezan a ser desempeñadas por institucio nes especializadas, lo que ha te rminado por provocar que la s voces más catastrofistas Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 64 reiteren que la familia se ha sum ergido en una profunda crisis o incluso se hable de la “desaparició n de la familia”. Siguiendo la estructuración propuesta por Flaquer (1995) y a modo de síntesis, las funciones que en estos m omentos se demandan más a la fam ilia son las que se recogen a continuación: - Educación de los hijos. - Asistencia a fam iliares. - Espacio de relación social, consumo y ocio. - Estabilidad psíquica, equilib rio y madurac ión personal. - Movilidad social y colocación de los hijos. - Identidad cultural, religiosa y nacional. - Funciones sociales básicas, como la tr ansm isión de valores y la socialización. Dicho de otro modo, “el grupo familiar se constituye com o agregado de ocio y consumo, de plataforma de ubicación social, de núcleo de relación social, de palanca para la constitución del patrimonio, de cauce para hallar em pleo, de punto de apoyo y de recurso de amparo en caso de crisis y de una prestación de cuidados asistenciales y de salud” (Flaquer, 1998, 130). Por todo ello, y en contraposición con las posturas que vaticinaban la crisis de la familia por el abandono de sus responsabilid ades, no parece que haya habido, ni vaya a haber, la tan reiterada y temida pérdida de funciones. Desde nuestro punto de vista, asistimos al increm ento de las obligaciones de la f amilia, debido a la c omplejidad que ha adquirido la sociedad actua l en todas sus dimensiones. El proceso de globalización, la revolución tecnológ ica y del conocim ient o, el inc remento de la dive rsidad a nivel mundial, las nuevas tendencias laborales etc., han traído consigo mayores exigencias que requieren de todos los esfuerzos de las familias del siglo XXI a fin de adaptars e a un contexto en constante evolución. 1.5. La diversificación de los hogares y formas de vivir en familia: aproximación al panorama actual Como ya manifestam os en bastantes ocasio nes a lo largo de es te capítulo, uno de los aspectos m ás sobresalientes de la sociedad actual es la existencia de formas diversas La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 65 y plurales de convivir. Si bien en décadas anteriores podíamos hablar de un m odelo “típico” de f amilia, la realid ad del tiem po presente e s tan amplia que son pocos los ámbitos que han quedado intactos ante la espiral de cam bios en la que nos hem os visto involucrados. Com o no podía ser de otro m odo, la familia no ha quedado al m argen y es por ello que ha adquirido una complejidad en sus formas y estructuras nunca antes conocida. Por lo que respecta a sus f ormas, el anter ior predom inio de la fam ilia nuclear se ha sustituido por un amplio abanico de m odalidades de convivencia, que se extiende hasta las que pueden no ser consideradas fam ilias en el sentido más estric to de la palabra, o en las que ya ni siquiera implican tal convivencia, como ocurre en el caso de los hogares constituidos por una sola pers ona (Barañano, 2006). La otra cara de la moneda es el retroceso de las que han sido denominadas formas tradicionales, incluyendo en esta ca tegoría a la s fam ilias nucleares, las cuales, d e un tiem po a esta parte, han experimentado un estrecham iento importante debido al descenso del núm ero de hijos por pareja. Asistimos, por tanto, a un increm ento consider able de los modelos familiares “atípicos”, es decir d e a quellos alejados, m orfológicamen te, del modelo nuclear. No obstante, el peso de estas nuevas fam ilias es también muy diverso y de pende, en gran parte, del modelo social del que se trate. En los países d e norte y centro de Europa son mucho más frecuentes que en los del sur, donde su presencia es mucho m ás reciente y donde ha existido un crecimiento constante pero moderado. Sin embargo, antes de co ntinuar queremos hacer alusión a un o de los principales problemas que nos hemos encontrado a la hora d e elaborar este epígrafe. Nos referimos a la diferenciación entre los términos “fam ilia” y “hogar” y a los problemas que podrían derivarse de elaborar una tipología en la que no se tuviera en cuenta que son conceptos distintos y que, en consecuencia, las categ orizaciones que ambas admiten, a pesar de poder coincidir en algunos casos, también son diferentes. Así pues, para evitar posibles confusiones queremos dejar cl aros los aspecto s que distinguen a ambos conceptos. Los hogares “son unidades económ icas de convivencia que, en su gran mayoría, están integrados por m iembros de una fam ilia” Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 66 (Alberdi, 1999, 82) 21 ; mientras que las personas que f orman un fam ilia no tienen por que compartir un m ismo hogar. E l hecho de part icipar en los gastos ocasionados por la convivencia es el rasgo defin itorio de un hogar, y lo que en última instanci a identifica a una familia, es la existe ncia de lazo s de parentesco, af inidad o filia ción así com o el tener objetivos compartidos y com promisos que son asumidos por todos los m iembros. Al revisar la bibliog rafía que abar ca lo s dis tintos modelos de fam ilia, nos hemos encontrado con que la gran mayor ía se cen tra e n el análisis y cla sificac ión de los tipos de hogar, no de fam ilias. Com o recoge el pres tigioso sociólogo Salustiano Del Campo Urbano (2004, 48), “se aprecia una tendenci a a centrar el análisis demográfico y sociológico en los hogares y no en las familias” . De hecho, las estadísticas oficiales de nuestro país, como por ejem plo las proceden tes del Institu to Nacional de Estadística (INE), a través de las cuales se ana liza la composición y e l tam año de las fam ilias, se refieren a hogares. No obstante, tal y como se puede comprobar en los boletines informativos que publican periódicam ente, se info rma de la utilizac ión indistinta d e ambos conceptos 22 . Por todo ello, consideramos que la opción más apropiada para evitar futuras confusiones es recoger dos categorizaciones di ferentes, una en la que clasifiquemos los distintos m odelos de familia y otra en la recojamos los tipo s de hogar que conforman el contexto social de nuestro país. 1.5.1. Los modelos de familia y la comp osición de los hogares españoles: estructura y clasificación La existencia de modelos de f amilia diversos es un tem a ampliamente estudiado y recogido en la bibliografía especializada. La gran mayoría de los m anuales, por no decir todos, hacen referencia a los cam bios que vienen produciéndose en las últimas décadas en su estructura y composición. No es esta una cuestión nueva, aunque quizás sí lo sea la complejidad que ha alca nzado en un período tan reducido de tiempo. 21 Al respecto, creem os apropiado hacer una breve a preciación puesto que en el caso de los hogares extensos pue den con vivir perso nas que no mantenga n vínc ulos fam iliares, caso, po r ejemplo, de la s personas de se rvic io que p uedan t rabajar en el hogar. 22 Concretam ente, en el bolet ín inf ormati vo publi cado por el I NE con m otivo del Día I nternacional de l a Familia (15 de mayo) se recoge de manera textual: “A lo largo de este folleto hablaremos de familia aún cuando en muchos casos la info rmación se refiera re alm ente a hogares” (http ://www.ine.es). Es por ello que cuando nos adentremos en el estudio de los diferentes modelos de familia u tilizaremos las estadísticas del INE aún sabiend o que en ocasiones este organismo utili za el término “hogar”. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 67 Como bien dicen Musitu y Cava (2001) , uno de los aspectos que definen en mayor m edida a las familias contemporáneas es la acep tación de una pluralidad de formas y modelos de convivencia diversas, orig inada a pa rtir del ejerc icio de la liber tad individual, libertad que en el pasado venía impuesta por las condiciones socioeconómicas y de salud. Poco extraña un fenómeno social tan extendi d o como es el de la existencia de diversos modelos de fam ilia y distintos roles asociados a los m ismos. Si bien abund an los estudios sobre las múltiple s estructuras y funciones del núcleo f amiliar, m enos conocidas son las construcciones culturales, representaciones o creencias que se han ido conformando en torno a estos modelos y que han ido dando cabida a la percepción de realidades y vivencias alejadas de un m odelo de fam ilia único. Otra de las cuestiones que ha llamado la atención de muchos expertos es la expansión de este fenómeno, lo que ha provocado la divulgación de múltiples argumentos que han tratado de ofrecer una ex p licación convincente. Uno de ellos ha sido Van de Kaa (cit. en Del Campo Urba no, 1997, 32), coautor de la anteriorm ente referida teoría de la “segunda transici ón de mográfica”. Pues bien, este cono cido demógrafo insistía en que es ta nueva etapa estaría repl eta de novedosas y diversas formas de convivencia alejadas del que, hasta el momento, había sido considerado el modelo de familia trad icional. Concretam ente, afirm aba que asistiríamos al inc remento de las parejas que, frente al matrimonio, eleg ían la cohabitación; al desplazamiento del centro del hogar desde los hijos hasta la pareja; y al avance en el control voluntario de la concepción. Desde su punto de v ista, los cambios acontecid os eran debidos al ascens o de la sociedad postindustrial y a los nuevos valo res que de ella se derivarían, centrados, fundamentalmente, en la realización y satisfacción personales, es decir, más individualistas. Los valores fam iliaristas, volcados en y para el grupo y donde la solidaridad inte r e intra generacio nal pe rderían terreno a favor de los valores y motivaciones individuales, superando incluso las diferencias de género. Asim ismo, la consolidación de los valores individualistas se habría acelerado gr acias a la expansión educativa para hombres y m ujeres, a los múltiples avances tecnológicos y al apoyo de los sistemas de bienestar social, los cuales aliv iarían las responsabilidad es familiares. Todo ello, en última instancia, favorecería la m ultiplicación de los estilo s de vida y las formas de convivencia plurales que, a pesar de conservar los v ínculos familiares, adquirirían un significado distinto. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 68 A partir de un estudio realizado a principi os de los años ochenta en Inglaterra (Rapoport y Rapoport, 1982; cit. en Gracia y Musitu, 2000, 47) se han identificado cinco fuentes de diversid ad en las fam ilias, que siguen teniendo una gran reper cusión: - La organización interna: la existe ncia de formas diversa s de familia sería el resultado de distintos patrones del trab ajo doméstico o del trabajo fuera del hogar y, por tanto, de la naturaleza y ex tensión del trabajo no remunerado fuera del hogar. - La variable cultural: implica variacione s en las conductas, creencias y prácticas como resultado de afilia ciones culturale s, étn icas, polític as y religiosas. - La clase social: supone dife rencias en la disponibilida d de recursos m ateriales y sociales. - El contexto histórico: re sultado de las experiencias particulares que tienen la s personas nacidas en un período histórico determinado. - El ciclo vita l: cambios com o resultado de los sucesos qu e tienen lugar a lo largo del ciclo vital de un individuo. Además de estas variab les, estamos de acuerdo con Flaquer, Almeda y Navarro- Varas (2006) cuando a firman que el auge de la div ersidad f amiliar, no es tan sólo resultado de los cambios en las estru cturas familiares sino tam bién de la proliferac ión de hogares formados por personas con diferentes orígenes étnicos. Retomando la cuestión de los distintos m odelos familiares, cre emos que la categorización que presentamos es coheren t e con nuestros intereses investigadores y ofrece una perspectiva cercana al p aisaje familiar de la sociedad ac tual. No obstante, queremos subrayar que la tipología aquí pr opuesta no es la única posible. Conscientes de que la amplitud y la com plejidad de la temática se guramente admita diversas clasificaciones, consideram os que a través de nu estra propuesta podremos acercarnos a la realidad de los m odelos de familia m ás frecuentes en nuestro panorama social. Aún así, como bien dice el profesor Elzo (2003), toda tipología es un in tento de distinguir en un universo concreto una serie de grupos, lo má s heterogéneos posibles, a la par que lo más internam ente homogéneos que se pueda. Antes de seguir, deseamos avanzar nuest ro des eo de profundizar en las familias monoparentales, modelo que nos interesa es pecialm ente puesto que es muy frecuente La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 69 entre las fam ilias inmigrantes que llegan a nu estro país y que, com o recogem os más adelante, ha contribuido a una mayor visibilidad de esta estr uctura en la morfología de las familias que viven en España. Así pues, presentamos la propuesta que hem os elaborado y que está constitu ida por varias categorías que serán recogidas a continua ción, profundizando, al mismo tiempo, en cada una de ellas: a) Familias troncales o múltiples. Serían aquellas unidade s familiares que reún en dentro el á mbito del hogar de residencia a m ás de un núcleo familiar. Trad icionalm ente han estado constituidas po r la familia de los padres y la de los hijos conviviendo. b) Familias extensas. Son aquellas en las que conviven u na fam ilia nu clear, habitualmente co n hijos, con uno o más parientes, como por ejem plo el padre de uno de los cónyuges. Tanto las familias tronc ales o múltiples com o las extensas tienen una estructura compleja y un nivel elevado de funciones y jerarquías (Rodríguez Neira et al., 2004). En cuanto a las funciones, no olvidemos que, históricam ente, la familia se ocupaba de satisfacer todas las necesidades de los i ndividuos. Además de proporcionar afecto a todos sus miembros y ocuparse del cuidado y la protección de los hijos y de las personas de mayor edad, la fam ilia era c onsiderada una unidad de producción y de iniciación e integración profes ional; funciones que en la actualidad son compartidas con diversas instituciones. Desde la perspectiva de Rodríguez Neira et al. (op. cit., 181) sus características esen ciales serían “ la multifunc io nalidad, la autosuficien cia y la falta de separación entre lo público y lo privado” . Si bien ambas tipologías fueron m uy frecuen tes en el pasado, a partir de la época de la industrialización se registraron redu cciones importantes. No obstante, en la actualidad, perduran en distin tas zonas de países en vías de desarrollo (Pérez Grande, 2004), incluso en nuestro contexto más cer cano, si acaso en algunos núcleos ru rales, debido a factores como los sistemas de herencia y sucesión o las difi cult ades económicas para abando nar el hogar familiar y trasladarse a uno propio. Tal y como recogen Palacios y Rodrigo ( 1998), los análisis históricos concluyen que estos tipos de familia no han tenido una dis tribución homogénea por toda España. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 70 Si bien han existido zonas en las que ambas tipologías fueron casi inexistentes, en otros puntos geográficos de nuestro país, la familia extensa, por ejem plo, continua muy vigente entre sectores con bajo s recursos (Pérez Grande, 2004). Musitu y Cava (2001 ) hacen referencia a varias investigaciones en las que se analiza la composición y estructura de lo s hogares durante el período industrial y que pretenden poner fin a la idea ampliam ente extendida según la cual la fam ilia extensa de antaño desapareció con la industrialización. En esta m isma línea Elzo (2004, 30), ratifica que “la familia e xtensa no ha desaparecido tan fác il y prontam ente como a veces se da a entender”, sobre todo desde que la m ujer ha empezado a incorpo rarse al m undo laboral de form a masiva y, en consecuencia, ha necesitado de la ayuda de los abuelos y abuelas para cuidar a los hijos. Es lo que el referido autor considera una renovada tipología fam iliar y que denomina com o “neofamilia extens a” (op. cit., 33). Requena y Diez de Revenga (1995), en un interesante artículo, analiza las form as actuales de las f amilias con una estructu ra compleja y reduce los f actores que promueven su constitución a dos pautas o m odelos, siendo el segundo ellos el más frecuente a día de hoy. Por una parte, se refiere a la organización familiar cam pesina, vinculada a la propiedad de la tierra y cuya principal priori dad es conservar el patrimonio a trav és de la integración de la fam ilia del heredero en el hogar de sus progenitores. Por otra, se situarían las di ficultad es económicas de un núcleo fam iliar, que ante los problemas para poder salir adelante por sí mismo se traslada, provisionalmente, al hogar de parientes ce rcanos hasta ver mejorada su situación. Desde nuestro punto de vista, y como ya hemos recogido en líneas precedentes, el número de familias extensas se fue re duciendo paulatinamente debido a div ersas variables demográficas, económ icas y sociales. E n la actualid ad, este m odelo de familia, para muchos ya casi olvidado, m uestra indici os de recuperación de bido a la influencia ejercida, nuevamente, por variables de distin ta índole, derivadas de un contexto con necesidades incipientes. Uno de los factores de mayor reperc usión a todos los niveles en general y en la m orfología fam iliar particular m ente, es la incorporac ión de la mujer al mercado labo ral. Son muchas las madres qu e deciden trabajar fuera de casa y neces itan la ayuda de familiares para hacerse cargo de los hijos mientras ellas perm anecen fuera del hogar. Esta situación suel e terminar con la m udanza de ese pariente al hogar familiar, sobre todo si an tes vivía solo, es decir, si constitu ía un hogar unipersonal. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 71 Otro factor que nos intere sa especialmente y q ue cont ribuye al increm ento de aquellas modalidades de convivencia que en el pasado eran m ás frecuentes es la inmigración. La situació n económica de la mayoría de las familias q ue em igran es bastante precaria, sobre todo en las primeras etapas de asentam iento en el país de acogida, por lo que muchas veces se ven ob ligad as a compartir vivienda con parien tes colaterales que habían lle gado con anterioridad. Ta mpoco escasean los hogares colectivos en los que varias f amilias inmigrantes se agrupan para compartir los gas tos de la vivienda y las responsabilidades en el cuidado de los hijos mientras unos u otros trabajan. No obstante, en este último caso no podríam os considerar a estos grupos com o familia, puesto que ade más ésta suele ser una situación transitoria al no existir un comprom iso entre ellos. No puede extrañarnos, por lo ta nto, que el número de f amilias extensas experimente leves increm entos, en este caso por motivos di stin tos a los que históricamente las habían c onsolidado, pero tam bién con un factor com ún, la adaptación a un contexto en transformación. c) Familias nucleares o conyugales. Esta tipología es la que tiene la composición más definida, al ser in amovible e imprescindible que sus m iembros sean una pareja unida en matrimonio con uno o más hijos. Se denomina nuclear o conyugal por su m ayor inde pendencia respecto de los sistemas de parentesco y por su m enor im plicación en los serv icios m ateriales y psicológicos que se prestan quienes viven como parien tes bajo un mism o techo (Rodríguez Neira et al., 2004). De forma genérica, es considerada la forma m ás universal de familia y la más com ún en el mundo occident al, siendo su característica principal la existencia de una intens a solidarida d afectiva. A pesar de que la estructura de las fam ilias nucleares es m ucho más sencilla que las múltiple s o complejas, si prof undizam os en el tipo de roles dese mpeñados por los cónyuges nos encontraremos con varias tipologí as derivadas del modelo inicial que han sido recogidas por distintos investigadores (Iglesias de Ussel, 1988; Del Campo Urbano, 1991; Alberdi, 1999; Pérez Grande, 2004) aunque con denominaci ones diferentes: - Familias n ucleares o conyugales p atriarcales 23 . La definición de esta modalidad de familia nu clear inclu ye las siguientes va riables: m atrim onio legal, vitalicio, con 23 También llamadas familias nucleares tradicionale s (Iglesias de Ussel, 1988; Alberdi, 1999). Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 72 exclusividad de servicios sexuales entre un hombre y un a m ujer, con hijos, donde el hombre se ocupa de m antener materialme nte a la f amilia y ejerce la autoridad. (Del Campo Urbano, 1991). Este m odelo se ajusta al descrito por Parsons (1952). La familia nuclear patriarca l se sustenta en el principio de “complementariedad de roles” (Jim énez Godoy, 2005, 161), donde el varón asume el rol autoritario y la mujer las funci ones de reproducción y trabajo dom éstico. Se trata, por tanto, de un modelo no igualita rio que implica la subordinación de la mujer. A pesar de que la sociedad ha avanza do mucho, sobre todo en lo que respecta al papel de la mujer, una encuesta realizada por el CIS (2004) pone de m anifiesto como todavía hay una parte de la poblaci ón (15%) que co nsidera que este es el modelo ideal de fam ilia. - Familias n ucleares o conyugales paritarias 24 . Serían aquellas en las que ambos progenitores o miembros de la pareja se ocupan de forma iguali taria de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, así como de proveer los recursos económicos. Esta m odalidad es más frecuente entre las parejas más jóvenes, donde la igualdad entre géneros también es m ayor. Las estadísticas revelan que para la mayor parte de la población (6 8%) esta es la estructura familiar ideal (CIS, 2004) 25 . Sin embargo, las estadísticas publicadas por el INE (2004) ponen de manifies to que la realidad se aleja bastante de lo que se ha considerado modelo ideal , puesto que al analizar la ocupación del tiempo en función del sexo, los datos revela n que las m ujeres dedican casi cuatro horas y media al hogar y la fam ilia, mientras que la dedicación de los hombres se reduce a una hora y media. La situación m ás extendida es que la mujer añada a su trabajo remunerado fuera de casa una se gunda jornada dedicada a las tareas del hogar. Aunque las cifras indican una mayor implicación por parte del hombre, el cuidado de los hijos y el trabajo domés tico todavía no se consideran tareas compartidas, sino que la mujer recibe la ayuda del hombre. 24 Denom inadas por Iglesias de Ussel (1988) fam ilias de “doble carrera” y po r Del Campo Urba no (1991) “familias nucleares igualitarias”. 25 Haciendo un análisis por edades, el porce ntaje se incrementa conside rablemente cuando se recoge la opinió n de las personas de menor eda d y se reduce a m edida que esta avanza, al canzado el 83% entre los indivi duos más jó venes (18-24 a ños) y baj ando hasta el 45 % con 65 años y m ás. Por nivel de estudios también se registran diferencias significativ as, ya que a medida que este aumenta las opinion es a favor alcanzan valores m ás altos y se reducen en el caso contrario. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 73 Así pues, a pesar de que el nivel de integración de la mujer en el mundo laboral se ha increm entado considerableme nte en los últimos años, todavía queda mucho camino que recorrer para alcanzar un reparto verdaderam en te igualitario en las relaciones de género y en la es tructura fam iliar. - Familias nucleares o conyugales con inte rcambio de roles respecto al modelo tradicional. En este tipo de familias, tanto el ho mbre como la m ujer realizan las funciones desempeñadas tradicionalmente por el otro sexo. Es decir, el varón es el que se encarga de las tareas del hogar y el cuid ado de los hijos; y la mujer es la que trabaja fuera de casa para mantener económ icamente a la familia. Esta estructura es poco frecuente y suele aparec er de form a transitoria debido a que el hombre está en paro o decide dejar de form a temporal el puesto de trabajo que ocupaba, ya sea por la baja remunera ción o por una exigua gratificación. Esta modalidad de fam ilia suele tene r que enfrentarse a num erosos prejui cios sociales pues no se ve muy bien la fa lta de aportación económica por parte del hombre. Otro aspecto a considerar es el he cho de que la mujer participa más en las tareas domésticas cuando trabaja fuera de casa qu e cuando lo hace el hombre. d) Familias monoparentales. Este modelo familiar es considerado una fo rma de convivencia peculiar alejada de la composición que suele ser habitual en una familia. Se considera fam ilia monoparental a aquella formada por un padre o una m adr e que viven solos con sus hijos pequeños (Flaquer, 1998). Siguiendo a Vela (2005), los ca racteres esenciales que definen a estas familias son los sigu ientes: la responsabilidad unipersona l de la fam ilia, la dependencia de los hijos e hijas y la existencia d e mayores necesidades económ icas que, en última instancia, tienden a la exclusión so cial. Sin embargo, han sido muchos los autores que han subrayado la complejidad que entraña todo intento de definir es ta modalid ad familiar (Ig lesias de Ussel, 1998a). No debe extrañar, por lo tanto, que no haya una definición única y clara de familia monoparental (Moreno Mínguez, 2 000) y que al analizar la bibliografía existente al respecto nos encontremos con un amplio ab anico de opciones que hacen hincapié en unos u otros rasgos distintivos, tal y como ponem os de manifiesto en la tabla que recogemos a continuación (ver tabla 2). Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 74 Tabla 2: Definiciones de h ogares/familias monoparentales AUTOR/A DEFINICIÓN RASGOS DIS TINTIVOS Alberdi, I . (1988, 101): “Familia encabezada por una sola persona a dulta, hombre o m ujer, y en l a que hay más mi embros que dependen económ icamente y socialmente de ella”. - Responsabilid ad familiar de una persona adulta, hombre o muj e r . - Dependencia económ ica y social de l os demás mi embros. Borrajo Iniesta, S. (1988 , 43): “Familia formada por un adulto que vive solo con uno o más hijos a su cargo y que en s u for mación ha de h aber seguid o una de l as tres vías sigui entes: - Fallecimiento en un matrimonio con hijos pequ eños de uno de los cón yuges. - Ruptu ra de la pareja con hi jos m enores por co nflicto e ntre sus m iem bros, queda ndo los hijos en la cust odia de uno de los padres . - Madre s oltera con un o o m ás hijos nacidos fuera del ma trim onio”. - Existe ncia de un único pr ogeni tor. - Presencia en el hoga r de uno o vari os hijos depen dientes . - Causas de la m onopa rentalidad:  Viudedad  Separació n o divorcio  Nacimiento de los h ijos fuera de l matrimonio Durán, Mª A. (1988, 16) : “Hogares en los que un s olo adulto as ume por necesidad el cuida do de sus hijos m enores de edad” . - Existe ncia de un único pr ogeni tor. - Situación accidental - Presencia en el hoga r de uno o varios hi jos m enores de edad y depen dientes . Iglesias de Ussel, J. (1988, 28) : “Convive ncia de un s olo m iem bro de la par eja -va rón o muje r- co n hijos no emancipados”. - Existenci a de un úni co pro geni tor, hom bre o mujer . - Presencia en el hoga r de hijos depen dientes. Le Gall, D. y Martín, C. (1988, 195 ): “Hogares c ompuest os por una pe rsona ( hombre o m ujer) que vi ve sola con uno o m ás niñ os”. - Presencia en el ho gar de una pe rsona adul ta, hom bre o muj e r . - Conviven cia con uno o más niños. Sayn, I. (1988, 20 3): “Las formadas por un solo progenitor re spo nsable direct o de la custodia de los menores” . - Existenci a de un úni co pro geni tor, hom bre o mujer . - El adulto es el responsab le de los hijos menores. Commissio n of the European Communities (1989): Progenit or que sin co nvivi r con su cóny uge ni coha bitan do con ot ra perso na, convive al me nos con un hi jo depe ndient e y sol tero. - Presencia en el hoga r de una sola persona a dulta. - Exist encia de uno o vari os h ijos de pendi entes y solter os. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 75 Roll, J. (1992 , 160-161) : “Un padre o madre que no vive en pareja (e ntendiendo pareja casada o que cohabite ). Pue de vivir o no con ot ras pers onas (am igos, pa dres) y vi ve al menos c on un hijo m enor de 18 años (dist into de hijo d ependi ente). El térmi no «hijo dependient e» im plica que el hijo t odavía si gue siend o educado en algún se ntido, pero tam bién que es económ icam ente dependi ente”. - Existenci a de un únic o proge nitor, padre o m adre. - Presencia en el hoga r de al menos un hijo que no ha alcanzado la mayoría de edad. - El pro genitor no convive e n pareja. - En el hogar p ueden vivi r otras pers onas. Council of Eu rope, (1995): Toda familia constituida por un solo progenitor y uno o más hijos. - Existe ncia de un úni co pro genitor . - Presencia en el hoga r de uno o varios hi jos. Alm eda, E. y Flaque r, L. (1995, 26) : “La configuración formada por un proge n itor (padre o madre) c on alguno de sus hijos solteros. Un núcleo fami liar monoparenta l puede c onstituir en sí un hogar i ndependi ente (u n hogar m onopare ntal) o bien puede est ar form ado de un hogar más am plio en el q ue reside n otros núcleos o pariente s”. - Existenci a de un únic o proge nitor, padre o m adre. - Presencia en el hogar de hijos solteros. - Existe la posibilidad de que en el hogar convivan otras personas, em parentadas o no. Iglesias de Ussel, J. (1998b , 237): “Situación familiar de convivencia d e uno o de varios hijos menores - generalm ente m enores de 1 8 años- co n uno sol o de sus progenit ores, sea el padre o la m adre, por cualqui er causa”. - Existenci a de un únic o proge nitor, padre o m adre. - Presencia en el hoga r de uno o más hijos que no han alcanzado la mayoría de edad. - Situación que puede habe rse origina do por causas dive rsas. Fernández y T obío (1999, 32) : “(Personas en situación de monopare nta lidad) las que no vivien do en pareja, cualquiera que sea su estado civil, es decir, incluyendo a las pareja s de hecho, convive n con a l menos un hij o menor de 18 año s”. - El pro genitor no convive e n pareja. - El estado civil es indifere nte. - Convivencia con al m enos un hijo que no ha alcanzado la mayor ía d e edad . Rodríguez Sumaza y Luengo Rodr íguez (2003, 69) : “Todo núcleo familiar constitu ido por un hombre o una m ujer v iviendo al menos c on uno o varios hijos menores de 18 año s a su car go o que, su perando esa edad pero siendo menores de 26 años, presenten alguna circunstancia o algún tipo de m inusvalía que haga que la rel ación de depe ndencia en sus aspectos instrumentales se m antenga”. - Núcleo familiar constituido p or un hombre o un a mujer y uno o m ás hijos a car go. - Conviven cia con al menos un hijo menor de 18 añ os o menor de 26 en caso de que presente alguna minu svalía. Navarro, I.; Musitu, G. y Herrero , J. (200 7, 16): “Aquella co nstituida p or un pa dre o una m adre que no vive en pare ja -entendi endo p or pareja la casada o la que cohabit a- . Pue de vivi r o no con otras personas -ami gos o los propios pad res- y vive con al menos u n hijo menor de diecioch o años”. - Existenci a de un único proge nitor que no co nvive en pareja . - Existe la posibilidad de que en el hogar convivan otras personas. - Conviven cia con al menos un hijo menor de 18 añ os. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 76 Si estudiamos con detenimiento las pr opuestas de definición de la tabla, observamos que existen varias dim ensiones qu e pueden ser considerad as clave a la hora de analizar el concepto de familia m onoparental (Rodríguez Sumaza y Luengo Rodríguez, 2003): 1. La presencia de un único progen itor en el hogar fam iliar. Existe un amplio consenso en la bibli ografía revisada acerca de que el grupo familiar se organiza en torno a un solo progenitor, pudiendo ser este hombre o m ujer, es decir, tanto el padre como la madre. De este asp ecto se deriva, por tan to, la imposibilidad de que ex ista convivencia en pareja, esto es, que el pad re o la madre hayan iniciado una nueva relación y que se incorpore al hogar un nuevo miembro. Algunas de las definiciones r ecogidas anteriormente hacen re ferencia a esta posibilidad; no obstante, como abordarem os más adelante , desde nuestro punto de vista estaríamos ante una fam ilia reconstituida. 2. La presencia de uno o varios hijos en el hogar fam iliar. También ésta es una de las características aceptadas por la gran mayoría de los estudiosos del tem a. El progenitor responsable de la fam ilia convive al m enos con uno de sus hijos. 3. La dependencia de los hijos. Este es otro de los elementos fundam e ntales referidos m ayoritariamente al delimitar la m onoparentalidad. No obstante, se perciben ciertas di ferencias entre las distintas propuestas a la hora de definir dicha dependencia, fundamentalm ente, en lo que respecta a la edad y al estado civil d e los hijos. Si bien a l canzar la mayoría de edad, es decir haber cumplido los 18 años, es la dem arcación predominante, en algunos de los trabajos revisados, al referirse a hijos no em ancipados esta edad se eleva hasta los 25 años (Iglesias de Ussel, 1988), o bien hasta los 26 en caso de que exista alguna circunstancia o algún tipo de minusvalía que cr ee una relación de dependencia respecto a los progenitores (Rodríguez Sum aza y Lue ngo Rodríguez, 2003). En esta misma línea, Almeda y Flaquer (199 5), centrándose en la f unción socializadora de la fam ilia, hacen referencia a la independencia cada vez más tardía de los jóvenes debido a la prolongación de sus estudios, a las dificultad es que implica la inserción en el m ercado de trabajo y al elevado precio de la vivie nda, por lo que proponen elevar dicho límite La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 77 hasta los 25 años. Por otro lado, la Commi ssion of the European Communities (1989) añade a la condición de dependencia el hecho de que los hijos sean solteros. 4. Heterogeneidad en las causas de la monoparentalidad. Al respecto, en primer lugar, conviene s ubrayar que existe una amplia variedad de circunstancias, m uchas de ellas derivadas de las tendencias de la sociedad actual, que pueden originar familias m onoparentales. A situaciones más frecuentes en décad as anteriores, como la viudedad y el divorcio o la separació n de la pareja, se añaden casuísticas nuevas, consecuencia del nuevo or den social, como por ejemplo la adopción realizada por un so lo adulto o las fam ilias encabezad as por m adres inmigrantes, procedentes en su mayoría de países lati noamericanos, circunstancia que debe merecer nuestra atención en mayor grado. Así las cosas, dejando a un lado la c omplejidad del conc epto de monoparentalidad y centrándonos en aspectos m ás específicos de esta modalidad familiar, hay que res altar que desde los s ect or es sociales m ás conservadores se ha insistido en que el desarrollo adecuado de los hijos precisa de una familia compuesta por padre y madre. Las expectativas nega tivas y los prejuicios externos son los principales obstácu los a los que se enfrentan los m iem bros de este tipo de familias. Afortunadamente, en la actualidad, la ev olución que vive nuest ra sociedad está favoreciendo la plena in tegración de las familias monoparentales. En España, y en los países de la Europa meridional, la proporción no llega a una de cada diez (Jiménez Godoy, 2005). Lo m á s característico de las familias monoparentales posmodernas es su origen di verso. En este sentido, com o causa del origen de la monoparentalidad de antaño, la viudedad o m uerte de algunos de los progenitores ha estado a la cabeza. En la actualidad, la madre o padre soltero s y el divorcio o separación, suelen ser las más representativas. No obstante, com o ya hemos subrayado anteriorm ente, debido a los múltiples itine rarios y circunstancias que pueden confluir creemos apropiado recog er la clas ificación realizada por Ig lesias de Ussel (1988) en la que divide los di ferentes tipos de monoparenta lidad en cuatro categorías: - Vinculados a la natalidad: familias m onoparentales encabezadas por m adres solteras. - Vinculados a la relación matrimonial: in cluye las deriva das de rupturas matrimoniales, el ab andono de la fam ilia o la muerte del cónyuge. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 78 - Vinculados al ordenam iento jurídico : fam ilias formadas a partir de la ad opción por una persona soltera. - Vinculados a situaciones sociales: esta última categoría incluye circunstancias diversas como el encarcelamiento de uno de los cónyuges, la separación temporal de la pareja por m otivos de trabajo o la emigración, entre otros. Excepto en la primera de la s categorías, que incluye a las m adres solteras, en las restantes la persona que vive con los hijos puede ser ta nto hombre como m ujer. Sin embargo, uno de los asp ectos más llam ativos de esta estructura fam iliar es que la m ayor parte de las veces está dirig ida por la ma dre. Com o consecuencia, no extrañ a que se hable de “fam ilias matrif ocales” e incluso qu e se insista en una orientación hacia la sociedad “matrifocal”, favorecida por la paul atina perdida de im portancia de la figura del padre (Flaquer, 1999). Con respecto a las fuentes de origen me ncionadas, es claro que nos interesa especialmente la m onoparentalidad derivada de la em igración, puest o que en los últimos años existe una tendencia creciente a la llegada de padres y, sobre todo, m adres inmigrantes que se hac en cargo de sus hijo s hasta que el resto de la familia pueda asentarse en el país de acogida. En este ca so, sobre todo s i la familia está encabezada por una mujer, lo m ás probable es que se tenga qu e hacer frente a una triple discriminación derivada de ser m ujer, in migrante y trabajadora (Parella, 2003). Afortunadamente, los preju icios históricos están perdiendo terreno y la familia monoparental ha dejado de ser co nsiderada un área social marginada o una fam ilia “rota”, empezando por considerarla una alte rnativa más a los distintos m odelos de convivencia. No obstante, las fam ilias monopare ntales procedentes de la inmigració n y encabezadas por m ujeres siguen teniendo más dificultades a este nivel que las autóctonas. En contraste con la mayoría de las inve stigaciones, cuyos re sultados resaltan las carencias de este tipo de estructu ras fam iliares, se han realizado a lgunos estudios que destacan los aspectos positivo s de la c onvivenc ia monoparental (cfr. J iménez Godoy, 2005). A modo de síntesis, las posibilidades a la s que se hace referencia son las qu e se recogen a continuación: La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 79 - La existencia de una única f igura autoritaria simplif ica la toma de decisiones familiares y evita conflictos derivados de la división o triangulación de los padres. - No tiene cabida la división de funci ones a partir de los roles de género. - Existen mayores oportunidades de que en tre progenitor e hijo se entable una relación de compañerism o, lo que fac ilita la aper tura de las fronteras generacionales. - La existencia de una estructura jerá rquica reducida fav orece la realización compartida de las tareas fam iliares y, co nsecuentemente, se favorece el desempeño de m últiples roles. - Las expectativas resp ecto a la calidad de vida f amiliar se e levan. - Existe una mayor conciencia de la fam ilia como unidad in terdependiente. De acuerdo con esta perspec tiva, las investiga ciones insisten que las f amilias monoparentales propician un desarrollo m ás adecuado que las f amilias de dos progenitores en conflicto y ratifican que la s fam ilias encabezadas por un único miembro son capaces de garantizar el ajuste y el desarrollo psicológico norm al si existen las condiciones afectivas y educativas adecuadas (Pérez Grande, 2004). Así pues, contrariamente a lo defendi do desde las posiciones m ás críticas, las familias monoparentales darían la posibilid ad de desarro llar entre sus miembros un mayor sentim iento de protección y conservaci ón, avanzando esfuerzos a fin de alcanzar el bienestar común e increm entando la part icipación ante las dificultades que pueden surgir en su seno. En esta mism a línea, Golombok (2006) sostiene que la estructura familiar en sí mism a no es un factor determinante en el desa rrollo psicológico de los hijos, sino que lo que es realmente significativo es la calidad de la vida fam iliar. Apunta, además, que aunque, aparentemente, los hijos de las fam ilias monoparentales tengan menos probabilidades de rendir bien en la escuel a y m ás de tener complicacion es psicológicas que los hijos de fam ilias biparentales, estas pro blemáticas n o tienen porque presen tarse en todos los casos, pero sí están en una s ituación de riesgo signifi cativamente más alta debido a la confluencia de va rios factores que acostumbra n a sucederse en los núcleos monoparentales. Las lim itaciones económicas de rivadas del sus tento de la fam ilia a Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 80 partir de los ingresos del pa dre o la m adre, la posibilidad de que exista una cris is personal después del proceso de divorcio, o tras haber enviudado, son circunstancias que pueden tener consecuencias directas para los hijos, pero no por el hecho de ser educado en una familia monoparental, sino p or las múltiples dificultades que esto implica. En idéntica dirección se sitúan los dato s derivados de una investigación realizada recientemente por Flaquer, Alm eda, y Nava rro-Varas (2006), que apuntan hacia la existencia de una relación entre las condici ones de vida de lo s hogares monoparentales y las oportunidades de los menores y jóvenes que viven en ellos. Resulta evidente, por lo tanto, que las fam ilias monoparentales encabezadas por un padre o una madre inmigrantes, sobre t odo en este último caso como recogíamos antes, se ven envueltas en circunstancias todavía más adversas que pueden obstaculizar el desarrollo de un espacio adecuado tanto pa ra los propios progeni tores com o para sus hijos. Si antes nos referíam os a las distintas trabas que rod ean a las familias dirig idas por un único progenitor, pocas palabras bastan para poner de manifiesto que a ellas se suman las dificultades que envuelven el pr oceso m igratorio y la integración en una sociedad con una lengua m uchas veces diferente y con costumbres, valores y tradiciones que pueden ser muy distintos a los de origen. No podemos olvidar, además, que el escaso nivel de prestaciones y servicios destinados a las fam ilias perjudica más a las familias vulnera bles, como es el caso de las monoparentales, que a otras unidades fam ilia res, lo que constituye, com o comentan Flaquer, Alm eda, y Navarro-Varas (2006), u no de los factores que se encuentran asociados a los elevados niveles de pobreza infantil. e) Familias reconstituidas o recompuestas. Las formadas por personas separadas o divorciadas que viven con una nueva pareja, de modo que los hijos que forman parte del hogar no son necesariamente descendientes biológicos de los dos cónyuges (Vila, 1998). E n nuestro país, este tipo de familias es m enos frecuente que en otros países europeos o que en Estados Unidos, debido al menor índice de divorcios y la m enor tendencia a la renovación del matrimonio, pero están aum entando de fo rma progresiva. Al respecto, tampoco podemos olvidar que el divorcio es un hecho tardío en la historia de España en comparación con otros países, por lo que la conform ación de una nueva familia después Page 79 could not be converted This page was skipped, but the rest of the document is available. 500 Server Error: Internal Server Error for url: https://convert.identific.com:2053/api/status/ab3a64da-712f-4729-8b68-e9bbb911c38a Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 82 heterogéneas. Si bien, en ocasion es, se plantea com o una etapa de transición h acia el matrimonio, tam bién abundan los casos en los que las preferen cias individuales rechazan definitivamente el m atrimonio, las más de las veces por m otivos ideológicos. No existe una legislación nacional qu e regule las uniones de hecho; no obstante, diversas Comunidades Autónoma s han regu lado la situació n de estas parejas intent ando equiparar sus derechos a las de aquellas que han contraído matr im onio. Algunas de ellas han sido la Comunidad de Ma drid, Extrem adura, Andalucí a, País Vasco, Com unidad Valenciana y Galicia. A pesar de que en España los índices de nupcialidad (número de matrimonios por cada 1.000 habitantes) siguen siendo elev ados, sobre todo si los com paramos con los de otros países europeos 27 , la convivencia fuera del matrimonio ha dejado de ser un fenómeno m arginal y empieza a ser plenam ente aceptado por la m ayoría de la población. Consecuentemente, la generalización de las parejas de hecho en nuestro país ha provocado un aum ento de los hijos que nacen fuera del matrimonio. En Europa se suele establecer una clasif icación de los países en tres grupos en función de la incidencia de este fenómeno: en los nórdicos, la convivencia de hecho se encuentra fuertemente consolidada; en la del centro se trata de un fenómeno social emergente, m ientras que en el sur del continente (Grecia, P ortugal, Italia y España), así como en Irlanda, es un fenóm eno aún poco extendido (González Beilfuss, 2004). Las cifras oficiales en nues tro país hablan de 563.785 pa rejas de hecho, es decir, el 6% del total de la s censadas (9.510.817). A pesar de que este porcenta je es pequeño en comparación con otros países europeos 28 , con r especto a 1991 se ha multip licado por 2,5. Tales incrementos se deben, en gran part e, al elevado número de separaciones en los últimos años, facto r reflejado en esta m odalidad fam iliar puesto que más del 30% de ellas integran a un miembro con estado civil separado o divorciado. No obstante, el tipo de pareja de hecho más frecuente sigue sie ndo la de dos solteros (52% del total) (INE, 2003). 27 En otros países del sur de E uropa, com o Ital ia y Grecia, la ta sa bruta de nupcialida d se si túa en 4,3‰ y 4,2‰ respectivamente. Nuestro p aís se encuentra va rias décimas por dela nte, concretam ente en el 2005 se situaba en 4,8‰, a unque co n una ev olució n descende nte pue sto que e n el 200 6 ya ha bía ba jado hasta el 4,7‰ (INE , 2007a ). 28 Un estudio de l Program a Internaci onal de Inve stigació n Social dirigi do por el profes or Gerard o Meil, recoge que e n países como Fi nlandia y Noruega la parejas de hecho r epresentan aproxim adam ente un 23% del total (Meil, 2003). La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 83 i) Familias homoparentales. Son aquellas constituidas por personas del mism o sexo. Según el INE (2003), en nuestro país hay, actualmente, 10.474 parejas ce nsadas, de las cuales más del 65% están compuesta por hom bres. Sin embargo, esta cifra es solo orient ativa pues, como acontece con otros fenómenos solapados en la sociedad , posiblemente sea inferior a la real, en este caso d ebido a los m últiples prejuicios existentes. Las principa les críticas a esta modalidad provienen de los sectores más conservadores, desde donde se ha argumentado que este tipo de relaciones son “ nocivas e inm orales ” 29 y se insiste en que las uniones hom osexuales no constituyen una forma de f amilia. No obstante, a pesar de los diferentes obstáculos generados desde los sectores más conservadores, como ya com entamos con anterioridad, la legalización del matrimonio entre personas del m ismo sexo ha supuesto un gran avance. Actualmente, el m atrimonio entre pe rsonas del mismo sexo es totalm ente legal en cuatro países: Bélg ica, España, Holanda y Canadá, así com o en el estado de Massachussets (Estados Unidos). Uno de los aspectos más polém icos es el derecho a la adopción, el cual es respaldado por la legisl ación española y la holandesa, a diferencia de lo que sucede en Bélgica donde todavía no se ha contemplado esta posibilidad. En nuestro contexto más cercano, las principales reiv indicaciones proceden de las organizaciones homosexuales, entre cuyas priorid ades se encuentran el reconocimiento de los derechos sucesorios y la percepción de pe nsiones en los casos contemplados para las dem ás uniones conyugales. Centrándonos ahora en lo que concierne a los hogares españoles, su estructura refleja una morfología que, a pesar de lo s cambios, sigue m anteniendo diferencias respecto a otros países europeos con un a evolució n similar. Las estadís ticas proporcionadas por Sánchez Marroyo (2003) apuntan a que el tamaño m edio del hogar español sigue siendo de los má s grandes de la Europa occide ntal, sólo superado por otro país de tradición católica como Irlanda. Si n embargo, un año después, los datos del INE (2003) añadían a Portugal en esta lista. Conc retamente, Italia y Portugal ocuparían el primer puesto con tres m iembros por hogar; y España se situaría en el segundo puesto con una media de 2,86 en tal sentido. Los puest os más bajos de esta clasificación los 29 En julio de 2003 el Vatican o hacia pú blico un docum ento e n el que se recogían críticas di versas a l as relaciones h omosexual es al tiem po que, entre otros aspe ctos, se poní a de m anifiesto la oposició n de l a Iglesia al m atrim onio y a l a adopció n entre personas del mism o sexo. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 84 ocuparían Finlandia y Suecia con 1,9 y 2,1 miembros por hogar, respectivamente. No obstante, tal y como reflejan las estadísticas del referido organismo, la tendencia general es al descenso del tamaño m edio de los hogare s en los países de la Unión Europea desde 1993, excepto en Bélgica donde se ha mantenido m ás estable. Si centramos nuestra atención en España y hacemos un análisis por Comunidades Autónom as, los datos oficiale s muestran que los hogares más num erosos los encontramos en Ceuta y Melilla , con 3,7 y 3,6 m iembros por hogar, respectivamente. A gran distancia, pero ocupa ndo los primeros lugares de la tabla en comparación con las restantes Comunidades, se sitúan la Región de Murcia (3,2), Canarias (3,1), Andalucí a (3,0) y Galicia (3,0). El incremento del núm ero de hogares se debe, fundamentalmente, a tres factores demográficos básicos: la m ortalidad, la natalidad y la fecundidad (Barañano, 2006). Como se ha recogido en numerosas publicaci ones especializadas, todas estas variables mantienen valores alarmantem ente bajos en nuestras sociedades. Sin embargo, a pesar de que en últim a instancia dichas v ariab les son las respons ables directas, no podemos obviar que otros factores de índole divers a (económica, social, política o cultural), contribuyen a la reproducci ón de esta tendencia. Como recoge Del Campo Urbano (2004) , la mayoría de los hogares de las sociedades industriales avanzadas están co mpuestos por u na familia nuclear. Ahora bien, a pesar de la evolución experimentada, ningún país europeo tiene este tipo de familia, hoy por hoy, con una representaci ón inferior al 50% del to tal. A nivel europeo, lo que nos dice la información proporcionada por la Oficina Estadística de las Comunidade s Europeas (ver Eurostat, 19 99), es que m ás de la mitad de los ciudadanos (el 55%) vive inserto en lo qu e conocemos com o familia tradicional, es decir, aquella com puesta por una pareja de adultos de diferente sexo, casada y con hijos. Las parejas sin hijos constituyen el 19% de los hogares y los denominados hogares unipersonales ascienden al 11% del total. Al mismo tiem po, se detecta un incremento de los hogares form ados por familias monoparentales, en su m ayoría encabezados por m adres solteras, alcanzando ya al 7% de la población y destacan do especialmente en Irlanda, Finlandia y el Reino Unido. Con respecto a las parejas de hecho hay diferencias significativas entre los países del norte y del sur. Podemos referirnos, a modo de ejem plo, a Dinamarca, donde las parejas de hecho constituyen el La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 85 25% del total y el 72% de las mismas está n form adas por miembros que tienen edades comprendidas entre los 16 y los 29 años. Sin em bargo, en países de la zona mediterránea, com o Italia y España, las union es de hecho suponen el 6% del total y las constituidas en el tramo de edad ante s m encionado tan solo ascienden al 10%. Centrándonos ahora, cumpliendo el anuncio de páginas anteriores, en los tipos de hogar, una vez hecha una exploración ex haustiva de la litera tura científica al respecto, presentaremos inicialm ente la or denación propuesta por Pe ter Laslett (1972), que en nuestro país ha si do objeto de nuevas versiones 30 . Adem ás de la tipología de Laslett incluimo s la categorización que utili za el Institu to Nacional de Estadística para analizar la composición de los hogares espa ñoles, ya que ofrece una revisión actualizada de la realidad social y f amiliar de los m ismos y de su evolución en los últim os años. Tabla 3: Tipología de hogares Hogares sin núcleo Hogares f ormados p or perso nas em parentadas o n o sin la presenci a de un núcleo fam iliar. Hogares u niperson ales o sol itarios Hogares form ados por una perso na sola. Hogares uninucleares o nucleares simples Hogares formados por un núcleo familiar. En esta categoría se incluyen los matrim onios con o si n hijos solteros y lo s padres y madres solos co n hijos solteros. Hogares e xtensos Hogares f ormados p or un núcleo fam iliar y otras personas empare ntadas o no. Comprende n matrim onios con o sin hijos sol teros, co n otras personas; y padres y m adres sol os con hij os solteros, con otras personas. Hogares múltiples Hogares en lo s que convive n dos o más núcle os familiares. Fuente: Laslett (1972 ) Con respecto a esta clasificación queremos hacer varias ap reciaciones. En primer lugar, creemos que sería m ás apropiado ha blar de “familia” y no de “hogar”, siempre que existan lazos de parentesco y/o me tas compartidas, caso, por ejemplo, de los “hogares extensos”. Desde nuestro punto de vista, en esta cate goría Peter Laslett engloba lo que entendemos por familia ex tens a y lo que para nosotros es un hogar extenso. Es decir, cons ideramos que si las pe rsonas que viven en el núcleo familia r están emparentadas entonces es tamos ante u na familia extensa. Pero si no tienen relación de parentesco lo correct o es hablar de hogar extenso. 30 Véase por ejemplo las ada ptaciones realizadas por Requen a y Diez de Revenga (1993b) , Flaquer y Soler (1990) y Alb erdi (1999). Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 86 El no considerar la ex istencia o ausencia de vínculos f amiliares entre lo s componentes de un hogar es una práctica m uy extendida entre los estudiosos de la familia. La gran m ayoría de las cla sificaci ones realizadas al respecto no establecen diferenciación alguna entre aquellos miem bros que tienen o carecen de lazos de consanguinidad, algo que desde nuestra perspectiva es necesario valorar. Otro error que también es m uy común cons iste en considerar miembros de una familia extensa a aque llas personas con las que no se tiene relac ión de parentesco, como pueden ser las personas que trabajan en el servicio dom éstico o sim plemente conviven en el hogar. En este caso nos es taríamos refiriendo a un hogar extenso. Además, conviene subrayar que la tipologí a de Laslett, quizás debido a la época en que fue formulada, no contempla una catego ría específica para los nú cleos monoparentales sino que se integran en la de “hogares uninucleares o nucleares simples”, sin diferenciar la presencia de uno o dos progenitores, aspecto que a nuestro parecer debería considerarse, otorgando c onsecuentemente una categoría propia a aquellos hogares formados por un padre o una madre solos con uno o m ás hijos. En cuanto a la categoriza ción que utiliza el INE y, concretam ente, la elaborada a partir del Censo de 2001, hemos identificado las sigu ientes tipologías: fam ilias sin formar núcleo; hogares unipersonales; núc leos monoparentales; parejas con y sin hijos 31 ; pareja con hijos y algún otro pariente; hogares formados por dos o m ás núcleos familiares; f amilia con algún m iembro no emparentado; y fam ilias reconstitu idas. Como ya hemos dicho con anterioridad, lo más sorp rendente es que se utilicen indistintam ente los términos familia y hogar, por lo qu e creemos necesario hacer algunas puntualizaciones, ya que no consideram os acertado obv iar las diferencias entre ambos conceptos a la hora de proceder con un análisis de este alcance. Así pues, hechas estas puntualizaciones, y siem pre teniendo en cuenta la diferencia entre los conceptos referidos, cons ideramos que en la sociedad española la composición de los hogares se puede sint etizar en la clasificación que sigue: a) Hogares unipersonales: los habi tados por una sola persona. b) Hogares sin núcleo o pluripersonales sin núcleo: son aquellos en los que conviven dos o más personas, por motivos de trabajo, estudios, para hacer frente 31 El INE dentr o de esta ti pología hac e una división en f unción del núm ero de desce ndient es de cada pareja. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 87 a los gastos que supone mantener una vivi enda, o motivos sim ilares. Una de las características fundamentales de este tipo de hogares es que se trata de convivencia temporal. c) Hogares monoparentales: son los constitu idos por uno de los progenitores (padre o madre) y uno o m ás hijos. d) Hogares nucleares: están form ados por un único núcleo fam iliar. e) Hogares extensos: son los constituidos por un núcleo familiar y uno o más miembros con los que no existe relación de parentesco. f) Hogares múltiples: aquellos en los q ue conviven m ás de un núcleo familiar y uno o más m iembros que no tienen relaci ón de parentesco con ninguno de los núcleos familiares. Ya por último, aunque en este epígra fe hemos intentado aproxim arnos a las diversas clases de hogares y familias del contexto social actual, no no s debe extrañar que con el paso del tiempo hayan ido su rgiendo nuevas fórmulas de convivencia. Así pues, debemos tener en cuenta que, com o toda cuestión social, es tamos ante un fenómeno en constante evolución que ha brá que seguir explorando. Desde luego, no es descartable la aparición de m odelos desconocidos para nosotros, tal y como ha sucedido a lo largo de la historia. 1.6. Nuevas tendencias del cambio familiar En este primer capítulo, y en num erosas ocasiones, hemos insistid o en la multitud de factores que de un tiempo a esta parte han com portado cam bios de enorm e magnitud en la sociedad en genera l y particul arm ente en el ámbito fam iliar. Ya sea en su estructura, composición, funciones o relacione s internas, lo cierto es que la fam ilia ha evolucionado a un ritmo verdaderamente vertiginoso y en la actu alid ad su principal característica es la pluralidad. En nuestro país la adaptación a la nueva panorám ica social se ha llevado a cabo con una lentitud considerable y en el seno de un contexto de incertidumbre derivado de la rapidez de los acontecimientos a los que se ha tenido que hacer frente en un período relativamente corto. S i bien las respuestas en torno al por qué de tal lentitud han sido diversas, las voces más críticas hacen referencia a la toma de concienc ia de la crisis en Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 88 la que se encuentra el llamado “Estado de bienestar” (Flaquer, 2005; Rosich, 2001), debido a las limitaciones del m ismo para hacer frente a los nuevos retos. Afortunadamente, aunque con cierto retras o, los dirigentes de nuestras sociedades parecen haberse dando cuenta de la diná m ica de cambios que han partido de u na institución privada, como es la familia, y que han tenido co nsecuencias directas en la esfera pública de la sociedad y, como no podía ser de otro modo, en el día a día de los ciudadanos. Lo cierto es que, el crecimiento de la diversidad fam iliar, hoy más que nunca, exige la puesta en marcha de serias re formas en el entramado institucional de los Estados de bienestar (Flaquer, Almeda, y Navarro-Varas, 2006). Otro de los aspectos que nos diferencian de muchos pa íses europeos es que, aún siendo incuestionable que la familia española del siglo XXI tiene pocas sem ejanzas con los modelos consolidados históricam ente, lo cierto es que, com o recogen Palacios y Rodrigo (1998), a pesar del proceso de mode rnización siguen recogiéndose en ella diversos rasgos que ya existían hace veinte años y que la diferencian claramente de las familias del norte y del centro de Europa, así como de la s norteamericanas . Los citados investigadores hacen ref erencia a varios ras gos distintivo s de las fam ilias españolas de entre los cuales destacarían: la acentuación de las diferencias de rol entre hombre y mujer; la mayor estabilid ad de las relaciones f amiliares y la m enor movilidad geográfica, lo que facilita el m antenimiento de contactos estrecho s con la fam ilia de origen. Respecto a esto últim o, decir que la fam ilia española suele ser con siderada una familia m uy integrada, con una f recuencia de con tactos entre los miem bros de la red de parentesco muy amplia y una densidad de in tercam bios de ayuda mutua muy intensa, en contraposición con el m odelo familiar de los países anglosajones y del n orte de Europa (Meil, 2006). Así pues, lo tradicional no desa parece completam ente, pero sí ha dejado de monopolizar los comportamientos y de se rvir de barrera en tre lo que es o no legítimo. Como recoge Barañano (2006, 226), “l a tradición se resi gnifica en el nuevo contexto, pluralizándose y actuando cada v ez más como una norm a modernizada y destradicionalizada, abierta a su redefini ción y aprobación reflexiva por los actores sociales”. Contrariam ente a lo que se ha afirm ado desde las posiciones m ás pesimistas, la individualización no supone ninguna crisis de valores ni tiene porque afectar a la identidad grupal ni a la desaparición de in stituciones o normas que de una forma u otra ayudan a mantener el equilibrio social. Lo que diferencia la situación actual de lo La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 89 acontecido hace décadas es que ahora ya no tenem os que seguir un modelo de comportamiento predeterm inado, sino que cada individuo tiene la oportunidad de ir escribiendo su propia hi storia libremente. Un informe realizado en Cataluña por el Instituto de la Infancia y Mundo Urbano (ver Brullet y Torrabadella, 2003) r ecoge algunas de las tendencias que pueden ser consideradas com o estructurales al sis tema fam iliar español y de las cuales recogemos aquellas m ás estrechamente vinc uladas con nuestro objeto de estudio: - La persistencia de tasas muy bajas de fecundidad debida, fundam entalmente, al incremento de la ed ad de acceso a la matern idad, y al aumento notable de nacim ientos fuera del matrimonio. En dicho inform e, se enfatizaba que los indicado res de natalidad parecen empezar a recup erarse gracias a la contribución de las m adres inmigrantes. - Intensa disminución del tam año de los hoga res. Como ya hemos recogido en el epígrafe anterior, si bien las estadísticas apuntan al incremento del núm ero global de hogares, otro aspecto destacable a este n ivel es la reducción del número d e personas por hogar, debido, fundamentalmente, al aum ent o de personas jóvenes y mayores que viven solas o en pareja, al incremento de los divorcios y separaciones y a la reducción del índice de fecundidad. Los jóvenes que deciden vivir solos son, en su mayoría, solteros; los adultos, separados o divorciados 32 ; y los ancianos, viudos 33 (Musitu y Cava, 2001). En España, se ha registrado un aumento considerable de h ogares unipersonales, tal y como pone de m anifiesto la explotación de l Censo de 2001 (INE, 2003), del cual se deriva que si bien en 19 91 la cifra de hogares unipare ntales ascendía a 593.000, diez años más tarde, se ha elevado hasta 1.210.697. - Crecimiento de las f ormas f amiliares denominadas “no con vencionales”. Bajo la denominación de “no convencionales” se integran los hogares que hasta hace pocos años eran menos frecuentes en la sociedad pero que de un tiem po a esta parte han experimentado un increm ento continuado. Lo s cambios estructurales que han tenido lugar en las últimas décadas han disminuido drásticam ente los hogares m últiples, mientras que junto a las f amilias nucleares tradicionales han ido teniendo cada vez m ás presencia las que se conocen como fam ilias “posnucleares” o f amilias “postradicio nales”. Así pues, son cada vez más habituales las uniones no matrim oniales, 32 Debido al au mento de la s rupturas m atrimoni ales, el núme ro de hom bres (167.000) y mujeres (1 05.000) separados o di vorciados que vi ven solos tam bién se ha elevado de forma conside rable (I NE, 2003). 33 Otro dato sign ificativo es el que se re fiere a las mujeres de 65 años o más que vi ven solas (1.0 43.471) que, en un perí odo de 10 año s, casi se ha duplicado (I NE, 2003). Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 90 las parejas s in descendencia, los ho gares unipersonales, las fam ilias reconstituidas y las familias monoparentales. - Aumento de las parejas de hecho en t odos los grupos de ed ad, dejando de ser ésta una forma de convivencia exclusiva de la población joven. A pesar del protagonismo social del matrimonio, los cam bi os sociales y cultura les han introducido las nuevas form as de relación no in stitucionalizadas entre los sexos qu e se han ido generalizando en los países europeos (Sán chez Marroyo, 2003), ta les como las parejas de hecho no legitimadas por el m atrim onio, las familias m onoparentales y homoparentales, etc. No obstante, en nuestro país el peso del m atrimonio sobre el resto de las alternativas rel acionales sigue siendo poco menos que abrumador. La cohabitación es un fenómeno, todavía, de escasa im portancia, sobre todo en comparación con otras sociedades de características parecidas a la nuestra, donde lo que Requena y Diez de Revenga 1996, 202) de nomina “desinstitucionalización del matrim onio”, se ha extendido en los últim os años de form a muy notable. - Incremento de las separaciones y divor cios. El crecim iento imparable de las rupturas de pareja en los últim os años ha contribuido al increm ento de las denominadas formas no convencionales de familia. Si bien los hombres divorciados terminan por volver a casarse o bien acaban viviendo solos, las mujeres, por el contrario, suelen ser las que se hacen cargo de los hijo s del matr im onio anterior, pocas v eces con intención de volver a casarse, aunque finalmente term inen por form ar una pareja de hecho con otra persona. Desde la perspe ctiva de Alberdi (1999), el in cremento de las cifras de divorcios en la sociedad contem poránea no es un síntom a de decadencia de la fam ilia sino el indicador de unas nuevas relaciones familiares m ás igualitarias en lo que respecta a hombres y mujeres. Dado que no hay subordinación entr e las partes, y que tanto hombres com o mujeres tienen la mism a libertad de decisión, la posibilidad de abandonar el núcleo conyugal se incrementa. - Aumento de hogares monoparentales lider ados por m adres o padres con hijos menores a cargo. Dentro de esta categoría tie nen cabida m últiples posibilidades de vida familiar a la s que se puede acced er por dive rsas vías: separación o d ivorcio, viudedad 34 , adopción, abandono familiar,… En este punto querem os hacer hincapié nuevam ente en 34 Con respecto a la viude dad, Sánchez Ma rroyo (20 03) recoge q ue en España l os hombre s viudos tie nen mayor propensión a casa rse que las muje res, y la mayor parte de las veces cont raen matrim onio con mujeres soltera s. La familia en el Siglo XXI: realidades y tendencias actuales 91 las familias monoparentales constitu idas por mujeres inm igrantes con hijos m enores a cargo, un colectivo con tendencia al alza en nuestra sociedad y que, com o consecuencia, se ha convertido en una de las fuentes de origen de esta modalidad fam iliar. - Incremento de la actividad labo ral femenina. En los últim os años se ha constatado un aumento de la actividad laboral entre las m adres, reduciéndose ampliamente el núm ero de mujeres que se dedican única y exclusivam ente a las tareas del hogar. Asim ismo, se ha consolidado un grado muy importante de división sexual del trabajo desfavorable para las m adres. - Crisis de la autoridad patriarcal en la s familias. Com o recoge Flaquer (2002), el sistema patriarcal ha perdido desde su razón de ser hasta su legitim idad. La dominación de la figura masculina ha sido desplazada, en parte, gracias al im parable proceso de emancipación femenina. - La transform ación de las solidaridades entre la fam ilia extensa. El increm ento de la esperanza de vida ha hecho posible que d entro de una misma f amilia coexistan hasta cuatro generacion es, lo que a su vez ha provocado qu e las fam ilias actuales sean más largas y m ás estrechas. Contrariam ente a lo que se ha sostenido desde las posiciones m ás catastrofistas, en la actualidad las f amilias occidentale s se definen no sólo por la diversidad sino también por la cohesión y la solidaridad (Alberdi, 1999; Musitu y Cava, 2001). Es evidente que las relaciones entre los miembros han cam biado, pero esto no significa que se hayan deterior ado. Todo lo contrario, las exigencias se han multiplicado, por lo que se requiere u n mayor comprom iso en todas las dimensiones. Un buen ejemplo es el que se deriva del incr em ento de divorcios y separaciones donde, a pesar de la desaparición del núcleo conyugal, los vínculos filiales y de parentesco resisten a los conflictos personales. La inmigración, eje de esta Tesis Doct oral, es otros de los fenómenos que confirma el f ortalecimiento de las r elaciones inte rpersonales en el ámbito fam iliar. Son muchas las familias que, por diversos m otivos, se ven obligadas a separarse temporalm ente debido a la inmigración. Madre y padre, muchas veces, y m adres solas, otras tantas, tienen que abandonar el hogar familiar y dejar allí a sus hijos, habitualmente a ca rgo de otros parie ntes, para intenta r sacar adelante a la fam ilia en el país de origen o reunirlos en el de destino. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 92 Así pues, en función de lo que hemos rec ogido en este último epígrafe, junto con otros aspectos apuntados a lo largo del Ca pítulo, no cabe duda de qu e la familia ha tomado un rumbo que nunca antes había conocid o, acelerado en parte con el proceso de globalización y por otros fenómenos com o la inmigración, que plantean com plejas e incómodas cuestiones sobre el carácter de las futuras reformas sociales y sob re los principios que debieran presid ir la reestruc turación de lo s actuales sistem as sociales. Son muchos los factores que han incidido en las nuevas tendencias y que han term inado por dar un giro a la pers pectiva imperante has ta hace poco sobre la ins titución familiar (Rosich, 2001). Además de los que hemos enum erado hasta el momento, queremos hacer hincapié también en la repercusión del in cremento de los flujos migratorios hacia países del sur europeo, fenómeno que, com o comentaremos m ás adelante, ha tenido importantes repercusiones tanto en la familia c omo en la sociedad en general y, por supuesto, en el ámbito educativo, que s on los que nos interesa n en la presente investigación. La inmigración tam bién ha sufrido un cambio de tendencia. Las llegadas ya no se limitan ú nicamente a trabajadore s adultos, sino que, tal y com o reflejan las cifras de escolares venidos de otras tier ras, lo que manda en estos m o mentos es la em igración de la familia a l completo, o bien, la reagrup ación familiar tras un br eve período de adaptación (Santos Rego y Lorenzo Moledo, 2003). Estrecham ente vinculada al nú cleo temá tico de este p rimer capítu lo tenemos la creciente feminización que caracteriza a los actu ales flujos m igratorios en nuestro país, protagonizados, casi de forma exclusiva, por las mujeres que proceden del sur del continente americano. Este fenóm eno ha provocado importantes transformaciones en la estructura tradicion al de la familia y en los ro les asignados a hombres y mujeres. En definitiva, la lleg ada de familias inmigrantes se ha d ejado sentir con f uerza en determinados ám bitos de la vida social, entre ellos el propiamente educativo. Sabemos que la f amilia es la institución en la que tiene lug ar la socialización prim aria de cualquier persona, siendo en la escuel a donde se desarrollan los procesos más importantes de socialización secundaria. Es , pues, en el m arco educativo donde familia y escuela alcanzan su punto álgido de c onex ión al constituirse en escenarios de formación. A ello dedicaremos las páginas que siguen. CAPÍTULO 2 FAMILIA Y ESCUELA COMO CONTEXTOS EDUCATIVOS Familia y escuela como contexto s educativos 95 2.1. Introducción Las nuevas y diversas situaciones familiares, d erivadas fundamentalm ente del proceso de modernización, de la transición demográfica, de las numerosas reform as políticas, educativas, etc., uni das a la complejidad de la sociedad actual, han tenido como consecuencia la delegac ión de funci ones que la fam ilia venía realizando en solitario hacia otras in stituciones sociales. Es ta perspectiva contribuye a explic ar la confianza depositada en la escuela y la resultante delegación de responsabilidades form ativas. Los principios, valores y tradiciones in tegrados en cualquier soci edad se proyectan sobre los entornos comunitarios a nivel global y condicion an la evolución de contextos menores como la familia o la escuela. En este sentido, y partiendo de que ambas son institu ciones fundamentales en la cons trucción, desarrollo y consolidación de la persona, no podemos pasar por alto que el carácter dinámico que caracteriza a nuestra sociedad genera una complejidad e incerti dum bre cada vez mayores, con m ás desafíos y la necesidad de darles respuesta tanto desde el ámbito familiar como desde el educativo. El papel de los padres en la educación de los hijos sobrepasa los límites de la institución escolar y tiene una influencia más profunda y duradera. No obstante, las diversas transformaciones que están teniendo lugar en la sociedad a un ritmo acelerado y que afectan tan to a la familia c omo a la escuela exig en la asunción conjunta de muchas de sus funciones y requieren, hoy más que nunca, una mayor colaboración. Asimismo, consideram os que los sistemas form ales de educación deben replantear en profundidad sus mecanism os de enseñanza-aprendizaje. La educación debe contemplarse como un sistema comple jo en el que tienen lug ar interacciones formales e informales y en el que intervienen diferentes agen tes, más allá de los centros escolares. El papel de la educac ión, y muy especia lmente en el seno de la familia como contexto íntimo y afectivo privilegiado, es clave a la hora de conseguir que las diferencias constituy an un factor positivo de enriq uecimiento personal, fa miliar y social, en lugar de un aspecto conflictivo o amenazante . Ésta es una de las variables a la que prestamos una especial atención en la parte final de este segundo capítulo, puesto que en los siguientes centrare mos nuestra atención en las f amilias inm igrantes y en los retos Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 96 socioeducativos que implican los procesos de integración, tanto pa ra la sociedad en general como para la escuela y la fam ilia en particular. 2.2. La familia como escenario educativo Desde una perspectiva educativa, la familia es el primer y principal agente educativo de todo ser humano al conformar el espacio social que desarrolla los procesos iniciales de construcción personal y adaptación social; en otras palabras, en el seno de la familia tiene lugar la socialización de las nuevas generaciones. Siguiendo a Coloma (1993), la socialización 35 es un proceso a trav és del cual una persona aprende e interioriza los contenidos socioculturales de su contexto más próximo, al tiem po que desarrolla y reafirm a su identi dad personal bajo la influencia de agencias socializadoras (familia, escuela, medios de com unicación, grupo de iguales ) y mediante mecanismos procesuales frecuentemente no intencionales e informales 36 . Así pues, en la fam ilia se inicia el desarrollo cognitivo, af ectivo y social de toda persona; es decir, en su seno nos constituimos com o personas, desarrollamos nuestras capacidad es intelectuales, afectos y preferencias, al tiempo que construimos una imagen de nosotros m ismos y del contexto que nos rodea. Asimism o, es en el seno de la fam ilia donde se crean proyectos que son compartidos y asum idos por todos sus mi embros, donde se esta blecen pautas de interacción y actuación, y donde tiene lugar la división de roles y funciones, factores todos ellos que condicionan nuestra poste rior adaptación al contexto social. Por todo ello, podemos decir que la familia es un agente educativo de primer orden en el sentido de que, además de dete rminar la configu ración de la personalidad de los hijos y garantizar su estabilidad emocional, es la vía principal de cara a la integración plena en la sociedad, pues en ella vamos componiendo nuestra faceta de ser social. Al respecto, hay incluso quien afirma que entre las funciones que cumple la familia en la actualidad, la m ás significativ a, por sus im plicaciones para sus m iembros, es su capacidad para generar una red de rel aciones basada en el afecto y en el apoyo 35 Este concepto se in troduce en la literatu ra sociológ ica a fin de etiquetar el proceso a través del cual un indivi duo se incorpora a l a relación social , momento a partir del cual “el co ncepto toma como fondo el proceso de asimilación del individuo a los grupos sociales, con t res vertient es: influencia , pertenenc ia e identificación” (García Carrasco y García de l Dujo, 200 1, 308). 36 La ausencia de intencionalidad difere ncia el pr oceso de socialización de la educación formal, cuyos objetivos, contenidos y estrategias di dácticas están claram ente definidos. Familia y escuela como contexto s educativos 97 mutuo, susceptibles de asegurar la posterior orientación social de sus miembros y su bienestar futuro (Musitu y Cava, 2001). A diferencia de otras ins tituciones c on objetivos más concretos y f ormalizados, en el contexto fam iliar se lleva a cabo una acción form ativa inform al y de carác ter continuo, con repercusiones en las distintas etapas de la vida. Además, puesto que su influencia comienza incluso antes de nacer y se m antiene a lo largo de la vida de cada uno de sus miembros, otro de los aspectos qu e la distinguen y la sitúan como principal agente educativo es que las interacciones que se producen en su seno son recíprocas y, prácticamente, constantes, aunque el tipo de influencia entr e sus com ponentes varía con la edad y con las circunstancias personales (Vázquez et al., 2004). Al respecto, aunque en la perspectiva trad icional, la socialización familiar se ha planteado como un proceso unidireccional que iba de los padres a los hijos, en la actualidad esta configuración ha ido perdiendo terreno con la introducción de la perspectiva bidireccional, sostenida por conoc id os investigadores como Vila (1998) y Musitu y Cava (2001). Los referidos expertos, de acuerdo con la infl uencia recíproca de las relaciones paterno -filial es, reco nocen la evidencia de que los padres estén más capacitados para influir en sus hijos por r azones biológicas y soci ales, puesto que tienen un mayor desarrollo cognitivo, so cial y afectivo, así com o un alto grado de poder, tanto físico como derivado de sus m ayores conocim ientos y experiencia. No obstante, esta mayor influencia de los pr ogenito res no im plica que los hijos asuman un papel exclusivamente pasivo en los p rocesos de socialización. Los vástagos, desde su mismo nacimiento, ejercen una im portante influencia en sus padres, en aspectos fundamentales como las creencias y las expectativas asentad as inicialmente pero que, a lo largo d el proceso de socialización, irán cobrando nueva s formas ya que, com o bien dicen Musitu y Cava (op. cit., 117), “la mayoría de lo s hijos no son, norm almente, como sus padres desean”. A través de las vivencias de los nuevos miem bros, en el seno de la fam ilia se irán instalando, paula tinamente, conocim ientos y valores derivados de un contexto muy diferente a aquel en el que sus padres fuero n educados. Además de acercar a los progenitores a los aspectos más novedosos de la sociedad del siglo XXI, caso de las nuevas tecnologías, el convert irse en padres y madres puede ayudar a m odificar comportamientos y hábitos consolidados. Desde nuestro punto de vista, muy sim ilar al de los referidos investigadores, todos y cada uno de los miembros del grupo fam iliar son, al mismo tiempo, educadores Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 98 y educandos. Consideram os que en la fam ilia tiene lugar una acción socializadora multidireccional, mucho m ás lejos que la tende ncia histó ricamente pree stablecida que limita la influencia de una a otra generaci ón. El entram ado de relaciones que se produce en el seno de la familia tiene diversos p rotagonistas: la madre sobre el padre, y viceversa; ambos progenitores sobre los hijos, y viceversa; los herm anos entre sí; los abuelos sobre hijos y nietos;… Es decir, no só lo son varios los actores que participan de este proceso de formación informal sino que se produce un proceso de retroalim entación con profundas implicaciones para todos su s m iembros. Tengamos en cuenta, por ejemplo, por lo general, los padres no actúan igual con el segundo de los hijos que con el primero, bien para subsanar errores que consideran haber cometido o porque las circunstancias son distintas. Las experiencias derivadas de la educación de un primer hijo determinan los f uturos com portamientos como padres y, por lo tan to, sus cometidos como principales educadores de una persona. En la actualidad, la prolongación del pe ríodo de estudios de los jóvenes y, en consecuencia, el retraso de la em ancipación, incrementan el tiem po de permanencia en el hogar familiar y, por lo tan to, la dilación de la socialización que tiene lugar en su interior. A día de hoy, como ya recogim os en el capítulo anterior, son cada vez más los jóvenes que permanecen con sus p adres hasta edades tardías, por lo qu e, al mismo tiempo, la influencia entre unos y otros se dila ta con la consiguiente afectación de ciclos vitales más avanzados. Volviendo a donde lo habíamos dejado, no podem os pasar por alto que el desarrollo d e la función educativa d e la fam ilia está estrech amente vinculado al tipo de relaciones que se mantienen con otros agente s de socialización y, concretamente, de la mayor o m enor influencia ejercida por cada uno de ellos. Sin duda alguna, la escuela es la institució n que, junto a la familia , tiene una mayor repercusión en el ejercicio de la función educativa. Ahora bien , no podemos olvidar los influj os que llegan desde otras instancias y que, de un modo u otro, inciden en los procesos de socialización primaria que se dan en la m isma familia. En este sentido, y siguiendo a Vázquez et al. (2 004), si consideramos la fam ilia desde una perspectiva sistémica, es decir, como un sistema influenciado por variables diversas, especial m ención merecen las recogidas a continuación: Familia y escuela como contexto s educativos 99 - Las percepciones y vivencias de los miem bros de la familia, as í como las interpretaciones y los roles asumidos. - Las relaciones con la fa milia extensa, am istades y vecinos d e la comunidad. - Las relaciones con la escuela y con otras instituciones sociales. - La sociedad en general, con la que se produce el intercambio de ideas, valores, estilos de vida,… - Los contenidos informativos recibid o s desde los m edios de comunicación, el proceso de globalización, las nuevas tecnologías,... Desde nuestra perspectiva, y haciendo hi ncapié en la dimensión pedagógica que nos es propia, creemos que en el an álisis de las influencia s educativas de la fam ilia no puede faltar el acercamiento a esta dinám ica en la que la id entidad de todo individuo se va construyendo a p artir de la influencia recibida desde los m últiples ámbitos sociales con los que, además de la fam ilia, frecuentem ente se relaciona. A ello nos ref eriremos también en el transcurso de este segundo capítulo. En numerosas investiga ciones, tal como ya recogimos en el capítu lo inicial, se destaca la pérdida d e protagonis mo de la familia en la estructu ra social, he cho estrechamente vinculado a la reducci ón de funciones y obligaciones que, históricamente, han sido responsabilidad ex clusiva del ám bito familiar. Así, los cometidos desem peñados por la familia trad icional han ido perdiendo visibilidad a medida que se ha evolu cionado hacia los m odelos actuales de fam ilia. El ámbito fam iliar tradiciona l se carac terizaba por ser un sistema cerrado y autosuficiente, en el que tenía lugar la sa tisfacció n de todas las necesidades que pudiera tener una persona: aseguraba la reproducción de la especie y com o unidad económica de producción y consum o garantizaba el sustento de la fam ilia al completo, proporcionando seguridad y salvaguarda a to dos sus miem bros; en definitiva, no precisaba de la in tervención de agentes exte rnos, a diferencia de lo que ocurre en nuestros días. Desde el punto de vista educativo, en el seno de la familia extensa tenía lugar la primera etapa de socialización de tod o individuo, por m uy primitiva que ésta pudiera ser. Además de ofrecer las pautas de comportamiento necesarias para actuar correctamente en la sociedad que les había tocado vivir, se les enseñaba a desempeñar un oficio, de acuerdo con la división del trabajo existen te en el seno familiar. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 100 Sin embargo, desde la década de los sesenta, se va a producir un cam bio notable debido a la modificación de las condiciones de vida de las fam ilias (reducción del núcleo familiar, traslado del c ampo a la ciud ad, etc.), y a que la educa ción de los hijo s comienza a ser com partida con otros ámbito s (Vila, 2003). C omo tantas otras veces, las variables sociales deter minan la evolución de la fam ilia y de las relaciones que se mantienen con otras institu ciones. Si antes d e los años sesenta la fam ilia era la responsable de crear unos modelos de refe rencia de comportam iento, siguiendo el ejemplo de los padres, y difundía valores de colaboración y solidaridad de pequeño grupo (Fernández, Souto y Rodríguez, 2005), desde entonces los cambios producidos afectan tanto a la composición del núcleo familiar co mo al tiempo dedicado al intercambio de inform ación y afecto. Así pues, tanto las fam ilias nucleares como los nuevos modelos que se han conformado en los últimos tiem pos, han derivado parte de esas funciones desempeñadas tradicionalmente por la f amilia a otra s ins tituciones sociales. Por ejemplo, las mencionadas respon sabilidades de protecc ión y am paro son compartidas por la familia y los sistemas estatales de seguridad y justicia (polic ía, tribunales de jus ticia,…); en la atención a los mayores se recibe la ayuda de los servicios sociales; y en las familias actuales pocas veces se aprende un oficio, sino que se forma parte de un amplio mercado laboral. Con respecto a las funci ones de socialización, podemos identificar tanto nuevas variables como aspectos que han permanecido inmóviles con el paso de los años. Es claro que en las fam ilias del siglo XXI se siguen transm itiendo los roles que deberán desempeñarse en la sociedad, pe ro hay más apoyo desde las instituciones educativas y sociales para el proceso de socialización de los hijos o para la m isma orientación y elección profesional. Desde nuestro punto de vista, el desarroll o de la educación en la familia depende de factores diversos, intrínsecos y extrínseco s al propio núcleo fam iliar. En cuanto a los primeros, aspectos com o la zona de residencia (urbana, ru ral o semi urbana); el nivel de desarrollo socioeconó mico; la e structura interna (número de integrantes y de generaciones, tipología,...); y sus caracterís ticas económ icas (ingres os, condiciones de la vivienda, situación laboral de los padres,...), determinan los recursos disponibles para invertir en la educación de los h ijos e, in cluso, el tiem po que los padres pueden dedicar a esta tarea. Con resp ecto a los factores extrínsecos, las políticas públi cas de ayuda, el apoyo de los centros escolares y las actitude s de los docentes, son variables que se Familia y escuela como contexto s educativos 101 escapan del control de las f amilias pero que tienen una gran inciden cia en su dim ensión educativa. Siguiendo a Riera (2001), el papel de los padres respec to a la educación de los hijos en el actual contexto sociocultural se podría sintetizar en cinco grandes ejes: - Ser “presentes”. Uno de los princi pales obstáculos para el desarrollo adecuado de la labor educativ a de la familia es la delegación de la p resencia, es decir, el contacto entre padres e hijos en un mismo c ontexto para que se produzca una auténtica influencia educativa. En la actu alidad, la s condiciones laborales de los progenitores provocan una importante dism inución del tiempo que se dedica a la educación de los hijos. La cr eciente incorporac ión de la m uje r al mercado de trabajo es un factor clave para entender la situación que vivimos. - Ser “referentes”. La familia debe ser el ref erente de los hijos, ya qu e los padres deben actuar siguiendo los principios que inculcan. Como sostiene el profesor Savater (1997, 58), “la educación fam iliar func iona por vía del ejem plo, y está apoyada por gestos, humores compartidos, hábitos del corazón, chan tajes afectivos,…”. - Ser “comunicadores”. La fam ilia debe ser u n espacio de com unicación, abierto y flexible, donde cada quién pueda e xpresarse con claridad. El diálogo debe convertirse en el principal me dio de intercam bio de ideas, opiniones y pareceres dentro del medio fam iliar. Se han realizado varios e studios centrados en el a nálisis de la relación entre el estilo educativo d e la fam ilia y el d esarrollo de la comunicación. En nuestro país, Aguilar Ramos (2002) ha com probado que los niños que hacen uso de un diálogo flexible p rovienen de fam ilias con una es tructuración tam bién flexible. Es dec ir, en los procesos de relación social sus conversaciones pueden ser igualitarias o jerárquicas, dependiendo de los objetivos que se pretenda n alcanzar. Acostumb ran a ser niños que participan activament e en los intercambios com uni cacionales, en gran parte, gracias a que su ambiente fam iliar alberga espac ios relacionales basados en el diálogo. En el extremo contrario se sitúan los niños educados en las familias rígidam ente estructuradas, donde el diálogo es poco visible y las decisiones dependen de la voluntad de los adultos. Sus principales déficits son la falta de estim ulación para la com unicación y la ausencia de protag onismo en la asunción de respon sabilidades. P or últim o, cabe hablar de las familias estruc turadas aleator iam ente, en las que las conversac iones se establecen en horizontal o en vertical, indi stintam ente. En estos casos, no ex isten Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 102 criterios de referenc ia con un mínimo de estab ilidad que perm itan desarrolla r modelos de comunicación apropiados ni se des arrollan suficientes habilidades comunicativas. - Ser “aprendices”. La sociedad actual está cediendo espacio a la cibercultura hasta el punto de poner en crisis el rol del educador y del educando. En este contexto de revolución tecnológica existe la posibilidad de que se produzca la pérd ida del sentido clásico de la relación entre padres e h ijos, es decir, la transm isión vertical de la cu ltura. - Ser “am antes”. Se trata de dar sin recib ir nada a ca m bio, esto es, de otorgar para poder evaluar la inversió n de los padres, y no de exig ir. Siguiendo a Vázquez et al. (2004), sabemos que los niños parecen prospe rar más cuando sienten el afecto de sus padres, cuando estos ejercen la au toridad o rientándolos y cuando son receptivos a sus necesidades. Desde una perspectiva sim ilar, Ga rcía Carrasco y García del Dujo (2001) resaltan la evidencia de la necesidad de una expresión afectiva de entre adultos y niños en la que prime no la cantid ad de muestr as sino la calidad de las m ism as, siendo especialmente relevante una m ayor frecuenci a del trato presencial. Más allá de las relaciones paterno -filiales, a través de divers os estudios realizados al respecto, se ha constatado que las uniones caracterizadas po r discusiones continuas y enfrentam ientos y, lo que es más grave, en las que se dan comportamientos violentos, tienen consecuencias negativas en los hijos , tanto a corto como a largo plazo (Arruabarren a y Paúl, 1999). Asimism o, junto con todo lo que llev a m os dicho hasta el momento, no podem os pasar por alto que el apoyo de los padres en la educación de los vástagos puede realizarse a través de estímu los directamen te educativos no confor m ados por el sistema escolar y estímulos indirectam ente educativos (Touriñán López, 2001). Respecto a los primeros, algunas de las funciones a desarro llar por los padres serían: apoyar los propósitos de la escuela y sus objetivos educativos; favorecer el desarrollo de situaciones nuevas de experiencia person al; propiciar la transferencia de los aprendizajes del aula al contexto cotidiano de los hijos; potenciar su capacidad de autosuficiencia, etc. De otro lado, cua ndo hablam os de estímulos indirectam ente educativos nos referimos a las situaciones de educación inform al derivadas de la propia convivencia familiar y, sobre todo, del contacto entre pad res e hijos. No obstante, como recuerda Ignasi V ila (2003), debemos tener en cuenta que las prácticas educativas familiares s e caracterizan por su heterogeneidad, ya que no sólo no Familia y escuela como contexto s educativos 103 hay dos familias que actúen exactamente de la misma forma, lo cual, en g ran medida, se debe a la existencia de diferentes mode los educativos fam iliares, entendiendo como tales, al “conjunto de creencias, valores, mitos y m etas que fundamentan la educación de los hijos y que se m anifiestan en unas nor m as, estilos de comunicació n, estrategias y pautas de conducta que regulan la interacc ión de los padres con sus hijos” (Gimeno, 1999, 201). Por otra parte, debemos considerar que las creencias, conocimientos y las condiciones de vida, ideas, etc., configur an a cada familia como un m icrosistema distinto que no perm anece estático, sino que se va modificando con el paso del tiem po. Podemos afirmar, por lo tanto, que la divers idad y la diferencia no se encuentran únicamente en la base genética, sino en algo m ás importante, en la sociedad y en la cultura. Junto con lo recogido hasta el momento, otro de los aspectos que diferencian a la familia resp ecto a otras institucione s formativas , es que los procesos educativos que tienen lugar en su seno no siempre son inte ncionales, sino que en num erosas ocasiones se realizan de forma inconsciente. Este hec ho se encuentra estrechamente vinculado a lo que se ha denominado “estilos educativos paternos” 37 (Colom a, 1993, 48) y que puede definirse como “esque mas prácticos que redu cen las múltiples y m inuciosas pautas educativas paternas a unas pocas dim ensi ones básicas, que, cruzadas entre sí en diferentes c ombinaciones, dan lugar a diferentes tipos hab ituales de educ ación familiar”. Nos encontramos, por lo tanto, ante un concep to asociado a las formas concretas que los padres utilizan para inculcar creencias, valores y conductas a sus hijos, las cuales se caracterizan por una gran variabilidad (M usitu y Cava, 2001). Asimismo, estamos de acuerdo con Gim eno (1999) en que la familia es un s istema permeable a la influenc ias del entorno y, en consecuencia, los m odelos sociales, políticos, económ icos e ideológicos modifican el esti lo educa tivo de la familia. Las relaciones paterno -filiales con forman una tem ática que ha despertado el interés de numerosos expertos, dentro y fu era de nuestro país. Las investigaciones de Diana Baumrind (1967), un clásico del tema, proponen la existencia de dos dimensiones subyacentes en las relaciones paterno -filiales: la aceptación y el control pa rental. Ambas 37 El estudio de los estilos educativos paternos aparece a finales de la década de los sesenta y principi os de los setenta inten tando suplir la n ecesidad de nuevo s marcos teóricos que facilitaran la interpretación de diversas invest igaciones em píricas relacionadas con las prácticas educati vas familiares y que , al mismo tiem po, sirvieran de guí a para los pa dres (Col oma, 1993). Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 104 dimensiones derivaron en la identificación de tres estilos básicos de co ntrol parental, cualitativamente diferentes: dem o crático, autoritario y perm isivo. Posteriorm ente, Maccoby y Martin (1983) reformularon la propuesta de la referida investigadora y propusieron un modelo que consta de cuatro tipos obtenidos de la combinación de dos variables: “el grado de control” (exigencia, coerción, imposición) y el “grado de apoyo” (aceptación, implicación). Respecto a la prim era, expresa el nivel en que los padres exigen, c ontrolan o imponen lím ites al com portam iento de los hijos. El grado de apoyo, por su parte, se refiere a la tendencia habitual para responder a las necesidades percib idas en los hijos, as í co mo a la implicación afectiva de los progenitores, la reciprocidad y comunicación abierta en la rela ci ón paterno-filial. Una vez aclarados los principios básicos que sustentan el modelo elaborado por estos investigadores, a continuación, a hondaremos en cada uno de ellos. a) Estilo autoritar io-recíproco. Los padres ejercen un control firme y c onsistente, pero razonado, al tiempo que establecen, con clarid ad, el principio de recip r ocidad, es decir, parten d e la aceptación de los derechos y deberes de los hijos y ex igen que acepten tam bién los derechos y deberes de los progenitores. Además de que la to ma de iniciativas de los padres tiene un carácter dialogado y razonado, su implicación afectiva se caract eriza por la buena disposición y la prontitud a la hora de satisf acer las nece sidades de los hijos. Los procesos educativos aco stumbran a ser frecuen tes, bidireccionales y abiertos. A medida que los hijos van creciendo se promueve una mayor autonom ía, de tal forma que el estilo de las relaciones varí a cuando estos van madurando. En los análisis realizados con muestr as de niños de diferentes edades y pertenecientes a div ersos tipos de fam ilia, lo s hijos de hogares con este estilo relacional consiguen altas puntuaciones en los siguientes aspectos de socialización: autocon cepto realista, coherente y positivo; autoe stima y au toconfianza; equilib rio en los niveles de autonomía, dependencia y responsab ilidad; com petencia social dentro y fuera del hog ar; y elevada motivación de logro que m e jora las calificaciones escolares. b) Estilo autoritario-represivo. A diferencia del estilo autoritario-recí proco, en estos hogares el control de los padres es rígido, aspecto que se combina con la falta de apoyo y la carencia de vías de diálogo y comunicación, lo que redu ce la libertad personal de los hijos al m argen de los Familia y escuela como contexto s educativos 105 padres debido al exceso de autoridad parent al y al miedo al castigo, práctica frecuente que se asocia a este estilo. El grado de im plicación en las necesidades de los hijo s es alto, pero se percibe como intrusismo. En cuanto a los efectos sobre la socializac ión de los hijos, los resultados apuntan a puntuaciones más bajas en autoestim a y auto confianza y en los ni veles de autonom ía y competencia social. Del m ismo modo, surgen resultados negativos relacionados con el orden y la disciplina debido a la presión recibida de los padres, que pu eden favorecer actitudes de rebelión y distanciam iento difíciles de superar. c) Estilo perm isivo-indulgente. Como es fácilmente deducible, este estilo es totalmente opuesto al anterior. Los padres no establecen normas estrictas en la organización del hogar y conceden fácilmente los deseos de los hijos, sie ndo los castigos una práctica poco frecuente. Asimism o, los padres que enca jan en este estilo se interesan por las nec esidades de su s hijos y les muestran su apoyo y aceptación. Los efectos en la socialización tienen ta nto aspectos positivos com o negativos. En cuanto a los primeros, obtienen elevadas puntuaciones en autoes tima, autoconfianza y competencia social. No obstante, la ausenc ia de procedim ientos de control efectivos, incrementa las posibilid ades de falta de au tocontrol, peores logros escolares y mayor riesgo de conductas adictivas. En este contexto, la justificación del establecimiento de normas es un proceso lleno de com plicaciones. d) Estilo permisivo-neg ligente. Este estilo fue incluido a partir de la observación acerca de la permisividad parental y, concretamente, al percibir que es ta podía estar acom pañada de implicación afectiva o bien carecer de ella. Los progenito res de es te estilo son permisivos por comodidad o impotencia. Estos últim os se caracterizan por la falta de im plicación afectiva y por su actitud desentendida frecu entem ente respecto a la educación de los hijos, debido a que los padres están abso rbidos por otros comprom isos y reducen su responsabilidad. Además, si su situación económ ica es favorab le, compensan sus ausencias con atenciones m ateriales. Respecto a los efectos socializadores desarro llados bajo este estilo de relación paterno-filial, podemos afirm ar que contribuye a desarrollar un autoconcepto negativo o importantes carencias de autoc onfianza y responsabilidad prop ia, bajos logros escolares, Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 106 escaso sentido del esfuerzo personal e, incl uso, trastornos psicológicos y desviaciones graves de conducta. Así las cosas, no podemos olvidar que los es tilos a los que acabamos de referirnos son m odelos arquetípico s, por lo que, en la m ayoría de las fam ilias no encontraremos correspondencias íntegras c on estos estilos sino, m a yoritariam ente, con pertenencias relativas. Además, debemos tene r en cuenta que suelen existir variantes intrafam iliares, es decir, el padre pu ede aproximarse m ás a un modelo m ientras que la madre a otro, o bien, pueden producirse despla zamientos de un estilo a otro en función de las circunstancias o n ecesidades de la fam ilia, el estado aním ico de los progenitores o la etapa evolutiva de los hijos. Desde una perspectiva muy similar, Mus itu y García (2001, 9), a partir del análisis de la relaciones en tre padres e hi jos, se refieren al concepto “estilo de socialización”, definiéndolo como “las pautas de comportam iento de los padres con los hijos en múltiples y dif erentes situaciones (…) que perm iten definir un estilo de actuación de los padres”. Asimismo, los cita dos expertos han formulado una tipología de estilos de socializació n basándose en dos dim ensiones: la impli cación /aceptación y la coerción/imposición; pudiendo tener, cada un a de ellas, altos o bajos valores. La combinación de ambas dim ensiones daría luga r, tam bién, a cuatro estilos bás icos, a saber: el parental autoritati vo (padres altamente im plicados y coercitivos con los hijos), el parental indulgente (padre s altamente implicados y poco coercitivos), el parental autoritario (escas a implica ción y alta coer ción), y el parental negligente (escasa implicación y coerción). Vistas las semejanzas con la clasificación de estilos parentales antes expuesta no profundizaremos, nuevamente, en los que nos proponen los citados investigadores, puesto que sus rasgos definitorios, así como lo s efectos en la socia lizació n de los hijos, tienen importantes sim ilitudes. Además de las tipo logías de estilos parentales que acabamos de recoger, nos parece interesante incluir la clasificación pr opuesta por Elzo (2003), a través de la cual hace un análisis de las familias españ olas, concretam ente de las denom inadas nucleares, en razón de las relaciones inte rnas entre pad res e hijos. Este sociólogo, a partir de un estudio r ealizado en la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción por Eusebio Megías (2002), no s propone cuatro modelos familiares: la Familia y escuela como contexto s educativos 107 familia fam ilista o endogámica, la fam ilia conflictiva, la fam ilia nominal y la fam ilia adaptativa. El modelo mayoritario en nuestra s ociedad (más del 42% del total) sería el de la familia nom inal. Se trata de una familia en la que las rela ciones entre padres e hijos se limitan a la coex istencia pacífica de ntro de norm as y hábitos tradicionales. La falta de preocupación por objetivos e interese s comunes y el bajo nivel de com unicación y participación entre sus miembros, son los principales rasgos definitorios de esta categoría. El sentim iento de unión familiar se c onsidera menos importante que par a el conjunto poblacional y las opiniones de lo s hijos no son valoradas como debieran. Por otro lado, la familia familista (23,7% de las familias españo las) se caracteriza porque en su inte rior las responsabilidades de unos y otros están delim itadas con claridad y son asum idas sin dificultades . Las relaciones entre padres e h ijos son buenas y existe una alta capacidad para adaptarse a las nueva s circunstancias que puedan surgir en la vida f amiliar. Los padres aprecian, principalm ente, tres valores: moralidad, buena formación y dinero. Es una familia muy centrada en sí m isma, prácticamente au tosuficiente, y distanciada d e lo que sucede f uera del ámbito fam iliar, siendo una de sus principales preocupacione s proporcionar un clim a cálido y agradable para el desarrollo de los hijos. Esta categor ía no parece estar condicionada por factores sociodemográficos, ya que ti ene cabida en cualquier grupo social, cultural o económico y en diferentes contextos. En cuanto a la familia conflictiva ( 15% de las familias españolas), co mo su denominación deja entrever, es aquella en la que sus miem bros tien en las relaciones más problemáticas. Concretam ente, las relaciones entre padres e hijos encuentran importantes dificultades debido, sobre todo, a que los progenitores tienen valores muy diferentes a los de los hijos y apenas valoran su opinión. Existe, por lo tanto, un nivel de comunicación m uy precario, factor que incide aún m ás negativamente en la reso lución de los conflictos que pudieran producirse. El perfil sociodem ográfico de este tipo de familias nos rem ite a padres con un esta tus socioprofesional y un nive l salarial similar al de la media poblacional, pero con un nivel de estudios por debajo de esa m edia. Ya por último, la familia adaptativ a (18,4% de las familias ) es denominada por el profesor Elzo como el “modelo de las fam ilias nacientes” (op. cit., 76 ), en el sentido de que es el modelo que m ejor refleja las te nsiones de las nuevas fam ilias. Frente a los perfiles, en cier to modo estereotipados de las categorías anteriores, esta últim a se caracteriza por la búsqueda de adaptación a las actuales condiciones de las familias, a Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 108 los nuevos roles del hombre y la mujer y al creciente protagonism o de los hijos. En definitiva, se trata d e una fam ilia donde la s relaciones paterno-filiales son adecuad as, existe una buena com unicación en torno a la transm isión de opiniones y creencias, sobre todo, respecto a los hijos. Asimismo, se car acteriza por un buen nivel de apertura al exterior que, al mismo tiempo, perm ite valora r la dim ensión intrínsicamente familiar. Pero, como es natural, tam bién en ella se dan conflictos, en su mayoría provocados por la evolución de lo s roles de sus integrantes. Estos padres son los que más reivindican el derecho a recibir ayudas de índole diversa para el bien de la fam ilia, valoran los centros educativos, e intentan inculca r en sus hijos la solidaridad, la toleranc ia y el respeto a los demás, así com o la honradez y la lealtad. Es incuestionable, por lo tanto, el grado de influencia de la familia en la conformación de la personalidad de los hijo s y en su posterior desarrollo como ser social. Ciertamente, como apunta Lorenzo Moledo (2001, 79), “la importancia de la familia en el desarrollo individual y social del ni ño se constata con mayor con tundencia en las explicaciones de la c onducta antisocial y delictiva, qu e sitúan su origen no sólo en las diferencias ind ividuales, sino también en factores s ituacionales y am bientales, fundamentalmente en los procedentes del núcleo familiar, el grupo de iguales y los marcos escolar y com unitario”. Retomando la cuestión central de este ep ígrafe, y siguiendo a Pérez Díaz et al. (2001), las familias actuales en los países desarro llados parecen haber reducido su implicación en la educación de los hijos, al menos en lo que se refiere al tiempo que dedican a esta labor, debido a varias razo nes. Por una parte, los cambios en la organización f amiliar tendrían consecuenc ias negativas en el proceso de socializa ción de los hijos. El porcentaje cad a vez mayor de las m ujeres que trabajan fuera de casa, el debilitamiento de los lazos de la fam ilia extensa y, por tanto, la disminución de la implicación de parientes cercanos, ju nto al incr emento de las tas as de divorcio en todos los países occidentales, son algunas de la s variables intrafamiliares q ue inciden de forma negativa en la socialización de la prole. De otro lado, se sitúan los cambios culturales, como por ejemplo la crisis de la autoridad parent al y la crecie nte importan cia de la televisión como agente socializador de las nuevas generaciones. Tales camb ios parecen confirm ar la idea sosten ida de que la fam ilia ha perdido peso como principal ag ente socializador a favor de otras institucion es o instancias. Cierto es que la escuela, los iguales y lo s medios de com unicación, son otros agentes de Familia y escuela como contexto s educativos 109 socializació n que, al margen de la fa milia, tie nen una gran in cidencia en la form ación de nuestra manera ser y actuar, pues influyen en la formación en valores, en el desarrollo de habilidades y en la construcción del au toconcepto. Sin embargo, no debe olvidarse que son agentes secundarios, es decir, añ aden nuevos elem entos a las pautas prim arias adquiridas en el ámbito fam iliar. Por todo lo dicho, no cabe duda de que la fam ilia parece encontrarse con múltiples dificultades para hace r frente, por sí mism a, a los nuevos retos derivados de un contexto social que evolucio na a un ritmo vertiginoso. Si ya de por sí la función educativa es una tarea comp licada, en la actualidad, son cada vez más los padres que inciden en la sensación de impotencia y deso rientación que le invade en relación con la educación de sus hijos, sobre todo cuando se convierten en adolescentes (Pérez y Cánovas, 2002). En una sociedad caracterizada por la diversidad y pluralidad de opciones, valores y estilos de vida, parecen d arse dos situaciones (INCE, 1998): la inseguridad, el repliegue y la delegación de responsabilidad es al centro educati vo por parte de un elevado número de familias y, por otro lado, la preocupación de los padres por el futuro de los hijos en lo que respecta a los recursos m ateriales y las habi lidades necesarias para adaptarse al nuevo contexto. En definitiva, considera mos que esta situación de desconcierto paren tal está estrechamente vinculada a las aceleradas tr ansformaciones que están teniendo lugar en la sociedad del siglo XXI. La evolución de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, los cam bios en los roles de géne ro, la d iversificación de las estructuras familiares, etc., son variables que am plían las exigencias de todas las instituciones educativas y, por supuesto, de las fam ilias. No sólo se multiplican los contenidos y los ámbitos de aprendizaje sino que las habilidades y valores en los que se debe instruir a las nuevas generaciones superan la preparación de la f amilia e incluso de m uchos docentes. No obstante, en este con texto, podemos caer en el error de focalizar la atención en la form ación práctica y en el adiestramiento en medios, habilidades , y metodologías derivadas de las exigencias de una sociedad cada v ez más tecnificada e instrumentalizada, desplazando a un segundo plano la atención a otras dimensiones clave en la construcción de los sujetos. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 110 No extraña, por tanto, que uno de lo s aspectos más problem áticos en el panorama actual a l que tienen que enfrentarse las f amilias es la tran smisión de valores, lo que refleja perfectamente las tran sformaci ones que se producen a nivel macrosocial. Esta es otra de las funciones prioritarias de la fam ilia, pues en su seno se produce la formación de actitudes e ideales y se adquier en los primeros valores, de contenido social, ético e ideológico. Sin embargo, a pesar de que la form ación en valores es una misión fundam ental de la familia, esta es una cuestión que preocupa a todos los ag entes sociales debido a su responsabilidad en el desarrollo de las nue vas generaciones. Hay coincidencia plena sobre las dificultades que entraña es te aspect o o ámbito de socialización debido a varios rasgos centrales de la cu ltura actual (INCE, 1998): - La desestructuración de la s ideas, valores y códigos de la vida co tidiana. Es decir, la existen cia de una mezcla de cód igos tradicionales y nuevos y la resultante sustitución de un sistema de valores específico con una jerarquía de dirección única y claramente establecida por una serie de subsistem as exiguamente definidos. - El incremento de la inse guridad e inesta b ilidad de padres y educadores en la transmisión de las pautas de socializ ación debido a la pérdida de sentido e identidad en una sociedad caracteriza da por una creciente diversidad. Como veníamos diciend o, la familia es la primera ins tancia en la que se integ ra un individuo desde sus primeros días de v ida y, por lo tanto, se constituy e como espacio propio para el aprendizaje y desarrollo de la conducta moral, de la comunicación personal e intergeneracional. Asimismo, cu alquier otra forma de educación, formal o informal, encuentra su anclaje bás ico en el aprendizaje de normas y valores y de pautas de convivencia y solidaridad en la com unidad familiar (Vázquez, et al., 2004). De hecho, en un estudio realizado por el In stituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA) 38 , (ver Marchesi y Lucena, 2002) que analiza las opiniones sobre los valores de los estudiantes de Secundaria, se llega a la conclusión de que los padres son las personas que tienen una mayor influenc ia en la conformación de valores. 38 Institución creada por la Fund ación Santa María, en 1999, para estudiar y mejorar el funcionamiento d e las escuelas a partir de procesos de evaluac ión, extern os e i ndependie ntes, y el posterio r asesorami ento ante las necesidades detectadas. Familia y escuela como contexto s educativos 111 Los valores adquiridos en el seno de la familia son un referente insustitu ible que además de orientar el desarrollo de toda persona com o ser social, condicionan la conformación de la identidad personal, fam iliar y social. Deteniéndonos brevemente en estos conceptos, entendem os por identidad personal el conjunto de atributos que, de forma subjetiva, permiten individualizar a una persona en la sociedad a la que pertenece, la cual, en gran parte, s e desarrolla y transmite en y desde la familia de origen, atravesada y definida por su pr opia identidad cultural (Korenblum, 2003). La identidad cultural, por tanto, se constituy e a partir de todos aquellos ref erentes y/o representaciones que identifican a los indivi duos de una sociedad, país o territorio, por encima de las particularidades que, com o seres humanos, sean únicas y exclusivas de uno mismo. Así pues, la conformación de la id entidad cultural es un proceso individual y social, continuo y cambiante, a la que p e rtenecerían desde las tradiciones y creencias hasta el mismo idiom a de un pueblo. Así las cosas, los valores fam iliares son una construcción soc ial, son la expresión de la subjetividad y, por tanto, or ientan desde la conducta hasta las actitudes de los indiv iduos. Están determinados por m últiples factores: histó ricos, económicos, religiosos y, principa lmente, culturales; todos ellos en m arcados en un proyecto social determinado y vinculado a un tiempo y a un espacio también sociales. Existe una tendencia generalizada a decir que la familia atraviesa un período de crisis en general, con acento en la cuestión axiológica, lo que podría desembocar en una crisis de la familia como valor en sí mism a. La adaptación a un contexto en perm anente evolución parece haber sido la directriz que ha term inado por marcar un nuevo rumbo a las relaciones fa miliares. No cabe duda de que los valores contemporáneos son diferentes de aquellos que sustentaban el funcionam iento social y familiar en el pasado siglo. El peso de la f amilia, desde una perspectiva convenci onal, se ha reducido consid erablemente, lo cual se refleja en la menor im portancia de las union es conyugales, la aceptación de la ruptura familiar y el increm ento del número de hijos f uera del matrim onio (Vázquez, et al., 2004). Asimismo, los valores que integran las relaciones intrafam iliares también han evolucionado de forma notable, sobre todo, a partir de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y, posteriorm ente, con el reconocimiento de los derechos de los hijos; es decir, a medida que las relaciones entr e los diferentes m iembros de la fam ilia se han ido democratizando. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 112 Como ya adelantábam os, otro de los asp ectos más problemáticos es la ausencia de representaciones sociales comp artidas, pues la existencia de costumbres y creencias enfrentadas, en un mismo tiempo y espacio so cial generan conflictos d e identidad entre sus individuos. El contexto ac tual, caracterizado a nivel internacion al por la tendencia a la globalización de las culturas, el avance de las políticas neoliber ales y la creciente diferenciación social, cuestion a el alcance de l sistem a familiar y com plica, aún más, sus roles y funciones, así como la s relaciones entre sus m iembros. Los valores se transmiten a través de los distintos subsistem as de la sociedad, es decir, a través de las vías institucionales, como las organi zaciones públicas y la escuela, y de las vías no institucionales, como la fa milia y los grupos de iguales. Podemos decir, por lo tanto, que el orden so cial establecido influye en el comportam iento individual y social y, como no podía ser de otra forma, en las relaciones establecidas tanto con los iguales como con el conjunto de la sociedad. En el seno de una sociedad cada vez m ás globalizada, costumbres, ideales y tradiciones en tiem pos anteriores alejadas, y por lo tanto incluso desconocidas, se han ido aproximando a medida que las distanci as espaciales y tem porales se han ido reduciendo gracias a los avances en los medi os de com unicación y transporte y, en buena parte, ante el incremento de los movim ientos migratorios ha cia los países europeos. Por todo ello, es necesario que desde la familia se lleve a cabo una educación abierta a lo nuevo, a lo que antes era desconocido, pero que a día de hoy las miles de personas que llegan desde otras latitudes nos ha acercado, trayendo consigo al m ismo tiempo nuevos retos para la sociedad civil en general y, particularm ente, para las familias y las escuelas. En este contexto de nuevos retos es donde cobra fuerza la necesidad de estrechar las relaciones entre familia y escuela, para que con el esfuerzo de ambas institucion es podamos afrontar los requerim ientos derivado s de una sociedad que evoluciona a un ritmo trepid ante. 2.3. Sobre las relaciones familia-escue la en un contexto de cambio En las pasadas décadas, las tareas que es taban bajo la responsabilidad de la familia y las que eran una obligac ión de la escuela estaba n claramente definidas, así como las relac iones que debían existir en tre ambas instituciones. Por entonc es, la Familia y escuela como contexto s educativos 113 familia debía hacerse cargo del cuid ado, la socialización y la e ducación m oral de los hijos, mientras que la escuela asum ía principalmente la form ación académica (March esi y Martín, 2002). En este contexto perfectam ente delim itado, los padres respetaban la autoridad de los profesionales de la edu cación y no acostumbraban a interven ir en las cuestiones relativas a los centros escolares. En torno a los años sesenta y setenta, la escuela asum ió un papel protagonista en la educación de las nuevas generaciones, sin descartar estrateg ias que evitaran la intervención de las familias en cuestiones pe dagógicas (Bru llet, 2004). Se trataba, por lo tanto, de que funcionara al margen de la s familias y del entorno, con un com etido básico: difundir conocimientos y cultura (Riera, 2001). Sin embargo, en la ac tualidad estam os in m ersos en un proceso de transición en los quehaceres educativ os puesto que la escuela ya no protagoniza en solitario la función educativa, sino que hasta las mism as ciudades se entienden com o instancias educadoras 39 . La educación escolar ha am pliado sus objetivos y requiere la participación de todos aquellos agentes o instituciones que, de una forma u ot ra, contribuyen a la educación de los alum nos, intentando, por una parte, alcanzar sus m etas m ás eficazmente y, por otra, proporcion ar una formación integral a los escolares. La familia, por su parte, tamb ién ha su frido modificacion es importantes, no sólo en su estructura y composición sino que sus expectativa s, valores e intereses han evolucionado notablemente. El nivel de form ación de los padres y el valor otorgado a la escuela se han incrementado de form a considerable en los últimos años lo que, paralelamente, ha generado m ayores exigenci as hacia la escuela (Marchesi y Martín, 2002). No obstante, la disponibilidad de lo s padres y la presi ón que estos reciben, fundamentalmente, del nuevo contexto ec onóm ico y laboral, constituy en im portantes obstáculos que dificultan la comunicación y la s relaciones fam iliares con los hijos, y en consecuencia, se produce la ampliación de la responsabilidad educa tiva de las escuelas para que, desde su interior, se asuman aquella s tareas que sobrepasan la disponibilidad y las capacidades de la f amilia. Conscientes de las crecie ntes necesidades de las f amilias, los docentes se sienten desbordados por los nuevos re querimientos a los que tienen que hacer frente, las m ás de 39 La experienci a de las “ciuda des educadoras ” es una iniciativa muy interesante y que puede ser de gran utilidad puesto qu e además de aprovechar los recu rsos de las ciud ades para potenciar la oferta educativ a favorece una mayor participación ci udadana en l os temas educativos . Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 114 las veces, sin contar con actitudes y muestras de c ooperación y ayuda. Además, partiendo de que la familia es el ámbito propio de la socializació n primaria por antonomasia, otro de los problemas actual es de la institución escolar es que la socialización secundaria, de la que es responsable, se apoya en procesos de socializació n primaria def icientement e gestionados (Vázquez et al., 2004). Sin embargo, a pesar de las m últiples dificultades que af ectan a escuela y familia, ind ividual y conjuntam ente, la rela ción entre am bas parece haber evoluciona do. En el marco teórico aum enta la necesidad so ciocultural de que am bas institucio nes educativas mantengan m ás y mejores relaciones estruc turales y c oyunturales (Riera, 2001) para afrontar conjuntamente los cam bios a los que estamos sometidos. Paradójicamente, también aum enta la crisis en los procesos de com unicación entre la institución fam iliar y las institucion es educativas form ales y el grado de exigenc ia recíproca, con una clara tendenc ia a la delegación de funciones, y también de culpas. Por todo, es necesario que tanto la familia com o la escuela sean concientes de los obstáculos que atañen a la otra institu ci ón. Por su parte, la familia debe com prender que la educación escolar es una tarea cada vez m ás compleja, especialm ente en las etapas de Educación Secundaria Obligatoria, porque el alum nado ya no identifica la escuela secundaria con una m eta final ni c on un proyecto laboral inmediato (Brullet, 2004). De otro lado, los docentes deben tener p resente que las familias del siglo XXI tienen que afrontar situaciones para las que no han sido preparadas, y por ello necesitan el apoyo y el reconocimiento de su tarea educativa. Siguiendo la perspectiva de Brullet (2004), además de la necesidad de poner en marcha un proyecto com ún de escuela y familia, es urgente que en nuestr a sociedad se implanten, de m anera seria y comprometida, nuevas políticas f amiliares que permitan conciliar ocupación y f amilia y políticas educativas que contemplen los nuevos r etos que deben solventar ambas institu ciones en las dimensiones educativa y f amiliar. Antes de profundizar en ésta y otras cuestiones querem os hacer referencia a varios conceptos c lave a la hora de analizar las relaciones entre la fam ilia y la escuela. Nos referimos a los términos colaboración , implicación y participación , los cuales acostumbran a ser utilizados indistintam ente, como si de sinónimos de tratara. Por eso, precisamente, creem os apropiado hacer unos br eves comentarios al respecto, m ediante los cuales pretendemos poner de m a nifiesto sus principales rasgos. Familia y escuela como contexto s educativos 115 Centrándonos inicialmente en el signifi cado de los dos primeros, y siguiendo la perspectiva de Palacios y Pa niagua (1992), colaborar involuc ra formas de participación que suponen una mayor presencia y actividad en el centro, m ientras que la implicación es un término m ucho más genérico y se re fiere a otras formas de participación. Para los mencionados estudiosos, la cola boración de los padres se desarrolla en dos dimensiones: el intercambio de in formación acerca de sus hijos mediante entrevistas, inform es y medios sim i lares, a trav és de reuniones, ci rculares, etc. Por su parte, la implicación puede ser sistem ática, es decir, mediante ta lleres o tareas de apoyo, o bien esporádica, como la presencia en el colegio durante el período de adaptación. Como recoge la propuesta de Baráibar ( 2005), la participación es un proceso de colaboración en el que la com unidad educativa al completo comparte metas com unes, y se implica en la toma de decisiones y en las tareas derivadas de dich as metas. Es decir, la participación es un reto de mayor alcance en el sentido de que plantea exigencias superiores que las que pueden derivarse de la colaboración y/o la implicación. Asimism o, el citado autor, sugier e que la pa rticipación de las f amilias en la escuela puede secuenciarse en cuatro niveles: información, opinión, toma de decisiones y acción/ejecución de las tareas deriv adas de esas decisiones. No obstante, para pod er utilizar los niveles de participación indicad os, es necesario fom entar tres condiciones relacionales familia-escuela (Riera, 2 001): - Conocimiento m utuo: se trata de que tanto los padres conozcan la acción profesional de los educadores como de que estos se acerquen al contexto familiar. Com o bien dice Vila (2003), la existencia de relaciones fluidas, cordiales y constructivas entre familia y docentes ayuda a la práctica educativa en uno y otro contexto. Por el contrari o, “el desconocimiento m utuo o el simple intercambio burocrático hace d ecrecer el potencial educa tivo y de desarrollo de ambos contextos” (op. cit., 33). - Confianza mutua: implica reconocer las diferentes dimensiones que inciden en el desarrollo del hijo y alumno, así com o la importancia de delegar las correspondientes responsabilidades forma tivas a la familia y a la escuela, confiando en el buen hacer de los padres, en el contexto fam iliar, y del profesorado, en el ámbito escolar. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 116 - Cooperación e im plicación: supone crea r nuevo s mecanismos de participación bidireccional. Partiendo de que la escuela es el espacio de continuidad del núcleo primario, es decir, de la familia, cuando el hijo se in tegra en el entorno local es necesario tender puentes que favorezcan la com unicación entre am bas instituciones. Por ello de be ampliars e la implica ción de la familia en la e scuela, no sólo a través de la pa rticipac ión activa de los pa dres en el seno de las instituciones educativas, sino por la acción sociocultural conjunta. Es bien sabido por todos que, en la actualidad, son muchas las investigaciones que destacan la neces idad de fom entar la s relaciones entre las familia s y los centros educativos, a la vez que se re saltan los efectos positivos que conlleva tanto para los alumnos como para los padres, profesores, la escuela y, por supuesto, para la sociedad de la que forman parte. A pesar de que en los últim os tiempos se h a avanzado mucho, sobre tod o en la dimensión teórica, la s ituación actual de los v ínculos entre la institución f amiliar y la escuela no parece favorecer en absoluto el es tablecim iento de lazos de comprom iso que permitan el desarrollo de una auténtica participación dem ocr ática y efectiva. Desde un punto de vista pedagógico, tant o las familias como los docentes son dos fuerzas que conseguirán mejores resultados si trabajan unidas. Las estadísticas demuestran que el vínculo positivo que se genera entre la escuela y los padres m ejora los objetivos centrales de la educación: form ación integral de la persona, el rendim iento académico, el com portam iento en el centr o escolar, la asistencia y la propia identificación con la escuela. En este sentido, se ha demostrado que en tre los estudiantes que obtienen mejores resultados están aquellos cuyos padres se involucran en mayor grado en su educación (Pérez de Pablos, 2003). Los datos derivados de varios estudios ponen de m anifiesto que la implicac ión de la fam ilia es el f actor predic tivo de m ayor fiabilidad par a pronosticar la trayectoria educativa de un alumno, lo que, sin duda, refleja la importancia de que los padres se c ompr o met an al má xi mo e n la educación de sus hijos, dentro y fuera de las aulas. Tal y como resa lta Pereda (2006), dive rsas investigaciones realizadas en países como Australia, Re ino Unido o Estados Unidos, han perm itido concluir que en las escuelas en las que los alum nos tienen éxito ac adém ico y desarrollan Familia y escuela como contexto s educativos 117 actitudes favorables al aprend izaje, existen buenas relaciones entre el centro y las familias. No obstante, desde nuestro punto de vista, la m ayor im plicación de los padres no puede reducirse a que su vinculación mejora el rendim iento escola r de los hijos. Estamos de acuerdo con Baráibar (2005) en que, aún siendo este un fin perfectamente legítimo, puede hacerno s olvidar el sentido más am plio de la participación de las familias en los centros. Tal y como insis te el referido autor (op. cit., 30 ), “no se trata, sólo, de implicar a padres y m adres en el seguimiento de las tareas y los progresos escolares de sus hijos; sino de conseguir que todos los miembros de la comunidad educativa lleguen a sentir como propio el centro y que este se convierta en una verdadera escuela de ciudadanía don de enseñar y aprender democracia”. La idea de fortalecer la relac ión entre am bas instituciones cobra im portancia por el hecho de estar enmarcados en un proyecto en el que participa la com unidad educativa y en el que confluyen diversas experiencias educativ as que muchas veces llegan a ser contradictorias. Con respecto a esto últim o, Lacasa (1997) pone de relieve las discontinuidades existentes en la fam ilia y la escuela, sobre todo en los prim eros años de escolarización que es cuando la distanci a entre ambos contextos es m ás pronunciada. Las discontinuidades apuntadas por esta investigadora son las que se recogen a continuación: - Cuando el niño o la niña se incorpora a la escuela pasa a formar parte de un grupo reducido a uno mucho más am plio, es decir, deja de ser el centro de atención y pasa a perten ecer a un grupo de iguales, factor que tendrá pro fundas implicacion es en su desarrollo. - La familia se caracte riza por la inform alidad y la liberta d, mientras que la escuela está sujeta a diversas norm as, a horarios preestablecidos que deben ser respetados, a la organización del espacio,… - Los entornos de aprendizaje difieren significativ amente en ambos contextos. En la familia se aprend e de form a natural y los resultados de este aprendizaje tienen una funcionalidad inmediata, m ientras que la escuela se caracteriza por la formalidad de sus contenidos y procedimientos, am én de que no supone un contexto inmediato de uso. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 118 En esta mism a línea, Touriñán López (2001) sostiene que a pesa r de las diversas posibilidades y fórmulas que existen para que padres y profesores trabajen conjuntamente y con objetivos educativos sim ilares, las principales dificultades detectadas apuntan a “la fractura en la continuidad de acción formativa en nuestros días entre familia y escuela” (op. cit., 7 3) y a aquellas vin culadas a la forma de establecer una relación participa tiva entre padr es y profesores para la educación fam iliar, cuestión en la que profundizaremos más adelante. La familia y la escuela son dos polos de pre sión con exigencias y reclam os constantes. Uno de los aspectos que provoca el distanciamiento entre p adres y escuela es el hecho de que algunos profesores res ponsabilizan a los padres de la falta de implicación en el proceso educativo de sus h ijos (Pérez de Pablos , 2003 ). Sin embargo, lo que ocurre a menudo es que cu ando se habl a de la implicación de las fam ilias en la educación de la prole se identifica con su participación en los centros es colares. Como ya se apuntó, los m últiples cambios soci ales acaecidos en las últimas décadas han influido en diversos aspectos de la edu cación f amiliar. Las nuevas circunstancias a las que se enfrentan las familias determinan e norm emente la disponibilidad de los padres, lo que en última instancia acaba repercutie ndo en el tiempo que dedican a los hijo s. Otro de los aspectos que no podemos pasar por alto en el análisis de la función educativa de la fam ilia es la m ultiplicidad de situaciones fam iliares que acostum bran a coexistir en el aula es colar. La diversidad social en general y, particularm ente, la familiar, traslada a la e scuela fo rmas varias de o rganización, estru ctura, estilos y pautas educativas y relacionales,…; variables que , de una u otra forma, influyen en los procesos educativos y que, por lo tanto, deben tenerse en cuenta para poder valorar objetivamente actitudes y com portamientos deri vados de las circunstancias concretas de cada familia. En el universo es colar tienen cab ida fam ilias con valoraciones dive rsas de la escuela y, en consecuencia, con expectativas d iferentes acerca del éxito de los hijos en el sistema educativo, con nive les de participación desiguales entre unas y otras y con estrategias distin tas para afrontar su edu cación. Al respecto, m ención especial merecen las familias proceden tes de la inmigraci ón, cuestión central en esta investigación. Familia y escuela como contexto s educativos 119 El notable incremento de las fam ilia s llegada s desde otras latitudes y la resultante incorporación a la sociedad española y, más concretamente, a nuestros centros educativos, ha ampliado el paisaje cultural contenido dentro y fuera de las aulas. Son muchas las voces q ue insisten en la necesidad de modificar las relaciones entre la escuela y la fa milia, pero difícilmente será posible si no cambian cada u no de los actores que participan en el proceso: desde las formas de relación entre los docen tes y los padres hasta las concepciones arquetíp icas acerca de la fam ilia (Dabas, 1998). Así, los padres deben aproximarse a la es cuela para entender aspectos referido s al aprendizaje, a las relaciones hum anas, e incl uso a lo concerniente a la transmisión de valores. Por su parte, la escuela debe in tentar generar relacione s de participación y form ación en las familias, tem a perfectam ente asumible en la planif icación del cen tro. Se trataría, en definitiva, de qu e los agen tes ed ucativos conozcan tanto las activ idades que se realizan en el otro contexto como las razon es que las motivan. El acompañam iento mutuo de padres y escuela es la única forma de consolidar una verdadera educación. En ambas institu ciones debe existir la conciencia que procura un objetivo común que no es ot ro que el de educar. Para frenar este alejamiento, el centro ha de trabajar en la elaboración de propuestas atrayentes y en las que los padres se sientan implicados , como facilitar la presencia de las familias para que conozcan en primera persona la dinám ica de las aulas, cuidar el primer contacto con el centro educ ativo, favorecer u na visita al edificio cuando se realiza la matriculación, inform ar de los aspectos positivos del propio centro, presentar al tutor/a, etc. (Pedreira, 2003). De otro lado, Martínez González (1996) subraya la necesidad de fortalecer la educación familiar con in iciativas concretas de pa rticipación que perm itan propiciar: - El establecimiento de lazos de interrelación. - El desarrollo de redes de relación con servicios que afecten a los problem as educativos de los hijos. - La extensión de cursos de formación de padres y programas de apoyo al hogar. - El soporte cualifica do a los servicios de formación de padres. - La implicación de la fam ilia en la educación básica. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 120 - La creación de estrategias alternativas para niños de contextos fam iliares de riesgo. Todos ellos son aspectos que contribuye n a la formación de una m ejor impresión del centro en el que estudian los hijos, haciendo que los padres se sientan parte implicada d e la escuela y del proceso educativo. Se trata, por lo ta nto, de establecer las bases para el desarrollo de una relación óptim a con la familia desde un primer momento, y m adurando con el tiempo esta vinc ulación a fin de implicarlos al m áximo y aprovechar todos los recursos que puedan aportar. Desde una perspectiva individual, y si guiendo a Sarramona (1999), las funciones que les corresponden a los padres res pecto de la institución escolar serían: - Recibir información detallada de los resu ltados alcanzados por los hijos, así como las correspondientes explicaciones por parte de los docentes en caso de que los resultados no hayan sido satisfactorios. - Aportar la colaboración que le demande el profesorado para m ejorar los procesos educativo s, tanto en el campo académico com o en lo que se refiere a las actitudes y el comportam iento del alumnado. - Mantener contactos frecuent es con el centro educativo. - Encontrar acuerdos sobre la naturaleza de determinadas m etas educativas que tienen diver sa interpretaci ón social, a fin de plante ar acciones comunes que eviten confusiones futuras. - Interesarse por las actividades que re alizan los hijos en la escuela, demostrando preocupación y apoyo al centro escolar. - Valorar los conocimientos y habilidades que proporciona la escuela. Pero esto no significa que deba adopt arse una posición crític a que termine por crear actitudes negativas en los hijos. Se trata, en definitiva, de disponer y u tilizar canales de comunicación continua y participación mutua, de tal form a que este proceso se convierta en una “fuente de retroacción o feedback” (Vila, 1998, 105) perm anente entre la familia y la escuela, factor que, a su vez, optim izará los vínculos entre am bas instituciones y favorecerá la adaptación de los hijos en uno y otro contexto. Familia y escuela como contexto s educativos 121 A pesar de la importancia otorgada desde la vertiente pedagógica, algunos padres limitan su participación a la elecci ón del centro porque no son conscientes de la importancia de su im plicación y de todo lo que pueden hacer para benef iciar al centro educativo y, en consecuencia, a sus hijos. Es por ello que la es cuela debe percibirse como un espacio abierto a sus aportaci ones e iniciativas, si endo una condición ineludible que desde el propio centro se proporcionen espacios y tiempos para la participación real de la s familias, así como la creación de un clim a adecuado a la convivencia y confianza mutua. Ambos fact ores, espacio y tiem po, son especialmente importantes si tenemos en cuenta las tendencia s socio-familia res actuales, com o, por ejemplo, el increm ento de las familias m onoparentales, donde el padre o la madre tienen que hacerse cargo por si solos de las oblig aciones y responsabilidades que acostum bran a ser compartid as por ambos pr oge nitores, lo que dificu lta aún m ás la implicación en la educación de los hijos y la participación en la escuela. No debe ex trañar, por lo tanto, que a los centros se les demande una m ayor fl exibilidad en el enfoque organizativo, en la gestión d el tiempo y del espacio e, inclus o, la colaboración de ot ros profesionales de la educación (Vázquez et al., 2004), para que, con el esfu erzo de todos, la educación de los hijos y alumnos pueda desarrollarse con normalidad o, en su defecto, que las circunstancias particulares in terfieran en su evolución educativa lo m enos posible. Ignasi Vila (2003) hace referencia a vari as ideas que, equivocadam ente, inspiran las relacion es familia-e scuela. En primer lugar, en ocas iones se identif ica el centro escolar con una “escuela de pad res” y, cons ecuentemente, lo s canales de com unicación se utilizan para explic arles a las familias cóm o deben educar a sus hijos. J unto con esto, con frecuencia, los co ntactos info rmales con las fam ilias desvirtúan su ve rdadero cometido y en lugar de utilizarse como fuente de conocim iento para mejorar la práctica educativa terminan convirtiéndose en com entar ios intrascendentes sobre la vida de las familias. Es indudable que los padres tienen una gran influencia en los hijos. Además de repercutir en la fo rmación en valores, la actitud de la f amilia hacia la escu ela será determinante en la a ctitud de los hijos hacia ésta. Si los hijos obser van que los padres no valoran la escuela y, más aún, si cuestiona n a sus docentes, será muy difícil que los alumnos aprecien el aprendizaje de las aulas, lo que probablemente term ine en desinterés y problemas de di sciplin a. En un est udio realizado recien temente (Marchesi y Pérez, 2005) en el que se ha analizado, entre otros aspectos , la opinión de los padres Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 122 respecto al trabajo de los pr ofesionales de la ed ucación, se pone de m anifiesto la alta valoración de las familias hacia la labor de los docentes. Sin embargo, parece que esta satisfacción se va reduciendo a medida que lo s hijos avanzan en el sistem a educativo, puesto que los padres cuyos hijos estudian en Primaria valoran m ás a los profesores, mientras que aquellos con hijo s en la Educación Secundari a Obligatoria y, sobre todo, Bachillerato m anifiestan las opin iones más crítica s. Así pues, en un contexto como el ac tual en el que ten dremos que seguir trabajando para superar los obstáculos que tr adicionalmente vienen dificultando las relaciones entre la f amilia y la escue la, y en el que han apar ecido nuevas variables que pueden interferir en la consecu ción de este objetivo, es ur gente la adaptación del marco legal sobre el que se sustenta la par ticipación de las familias en el centro escolar. Asimismo, consideram os que ésta es una condición necesaria pero no suficiente, para garantizar una verdadera implicación. Ante las dificultades a las que nos enfrentamos a día de hoy en la dim ensión participativa, no es suficiente con unas estructuras que perm itan la pa rticipación s ino que es necesario dotarlas d e un contenido real y positivo. 2.4. La participación de las familias en los centros escolares 2.4.1. La regulación jurídica del derecho a participar No cabe duda que la educación en nuestro país ha sufrido avances im portantes en las últimas décadas. El derecho de todos a la educación, la igualdad de oportunidades, la enseñanza grat uita, la libre elección de cent ros, etc., son aspectos que se han consolidado en nuestro sistema e ducativo como derechos fundam entales. No obstante, existen otras dimensiones que no han tenido un desarrollo tan productivo, por más que se puedan apreciar algunos avances. De acuerdo con Colom y Domínguez ( 1997), una de las grandes prioridades políticas fue la democratización y la partic ipación en el sistema educativo, entendida ésta en una doble vertiente. Por una parte, la necesidad de una intensa expansión cuantitativa del sistema, y por otra, la necesidad y conveniencia de una mayor participación social de todos los sectores im plicados. Este últim o aspecto ha sido el que menos ha avanzado, estrechamente vincula do a la creciente desconfianza hacia la utilidad de dicha particip ación en los órganos constituidos con este fin. Familia y escuela como contexto s educativos 123 A pesar de los múltiple s obstáculos que rodean la partic ipación de las f amilias en los centros escolares y de las estadísticas ne gativas relacionadas con la implicación en la educación de los h ijos, lo que es incues ti onable es la existencia de una concien cia generalizada acerca de la importancia de es te fa ctor. Al hablar de la participación en la comunidad escolar nos estam os refiriendo a la necesaria cooperación y coordinación entre los distintos sectores de las comunidade s educativas, tanto en el interior de cada uno de ellos com o entre todos los sectores, especialmente entre familia y profesorado. La legislación educativa del estado espa ñol ha ido recogie ndo en sus distintas disposiciones y, sobre todo, tras la publicac ión de la Ley Orgánica del Derecho a la Educación, de 3 de julio de 1985 (LODE) (BOE, 04/07/1985 ), la necesidad de avanzar en la mejora de la calid ad de la educaci ón articulando para ello diversas medidas que hacen referencia a la necesidad del avance de m ocrático y participativo en la escuela. Además de regular el derecho a la e ducación y desarrollar, por lo tanto, el artículo 27 de la Constitución Española, se recono ce a los padres de alum nos el derecho a participar en la gestión y control del centro esco lar (elección del director, presupuestos y reglamento), y en las altas decisiones e ducativas a través del Consejo Escolar, máximo órgano de control y ges tión del centro escolar y cuya estructura hace po sible que estén representados todos los estamentos de la comunidad educativa. Asimism o, las AMPA alcanzan, por fin, un reconocimiento pl eno. En el artículo 5º del Título preliminar se garan tiza “la libertad de asoci ación en el ámbito educativo” y se atribuy en a las AMPA las siguient es finalidade s: - “Asistir a los padres o tutores en todo aquello que concierne a la educación de sus hijos o pupilos. - Colaborar en las actividades educa tivas de los centros. - Promover la participación de los padres de los al umnos en la gestión del centro.” Por su parte, la Ley de Ordenación Ge neral del Sistema Educativo, de 3 de octubre de 1990 (LOGSE) (BOE, 04/10/1990), se contempla como un instrum ento esencial de reforma de la educación que pret ende poner fin a las deficiencias detectadas y proporcionar respuestas adecuadas a las exigen cias futuras. A través de esta norma se produce la reestructuración de l conjunto del sistem a educ ativo, am pliando hasta los dieciséis años la educación obliga toria y gratuita ; se establece la Educación Infa ntil, Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 124 Primaria y Secundaria Obligatoria com o nue vas etapas educativ as; y se produce la definición de un marco norm a tivo moderno para el B achillerato y la Formación Profesional. Al margen de los contenidos articulados, de la LOGSE em anan varias directrices que pasarán a ser consideradas a modo de principios básicos del sistema educativo. La formación permanente, la iguald ad de oportunidades, el respeto de los derechos y libertades fundamentales, y la democratización y la participación, son algunos de ellos. Retomando la cuestión central de este ep ígrafe, en la LOGSE se hace hincapié en la importancia de ampliar al m undo de la educación los principios dem ocráticos a través de la participació n en los centros es colares, aspecto q ue se contempla como uno de los objetivos prioritarios del sistema educativo. Partiend o de que la escuela es un lugar de aprendizaje de la participación ciudadana y de la tom a de decisiones individuales y colectivas, se insiste en su necesaria democratizac ión a través de la implicación de la sociedad en su conjunto y, especialm ente, de los padres. La participación de los progenitores en la escu ela es uno de los princi pios básicos de la actividad educativa, tal y com o se recoge en el Título pr eliminar de esta Ley (art. 2.3b): “…la participación y colaboración de los padr es o tutores para contribuir a la mejor consecución de los objetivos educativos”. Con la aprobación de la Ley Orgánica 9/1995, de 20 de noviembre de la Participación, la Evaluación y el Gobier no de los Centros Educativos (LOPEGCE 40 ) (BOE, 21/11/1995), se pretende re ordenar la participación y el control de la escuela, completando, al m ismo tiempo, las dos leyes en vigor hasta ese m omento, es decir, la LODE y la LOGSE. A pesar de que con la LODE, y la resultan te constitución de los consejos escolares como órganos de representación y participación, parecía haberse encontrado una fórmula efectiv a para democratizar los ce ntros escolare s y garantizar la im plicación de toda la comunidad educativa, el escaso ejercicio del derecho a participar obligó a llevar a cabo una nueva reordenación. 40 Denomi nada por los sindica tos de profes ores “Ley Perti erra” ya que se pr omulgó si endo Ministr o de Educación Gustavo Suárez Pertierra. Precisamente, se e laboró una relación de 77 medidas, redactadas posterio rment e por el MEC , para m ejorar l a calidad de la ense ñanza, y a grupa das en tor no a seis cri terios integradores básicos pa ra la educación, tales co m o: “valores”, “igualdad”, “centros”, “dirección”, “profesorado” e “inspección” (Colom y Domínguez, 1997). Familia y escuela como contexto s educativos 125 En la exposición de motivos de la propi a LOPEGCE se justifica su necesidad en base a que el progreso equilibrado d e una sociedad dem ocrática, su bienestar colec tivo, y la calidad de vida individual de sus ci udadanos, son fruto del desarrollo de la educación en sus distin tos niveles. Es por ello que las s ociedades exigen de modo creciente bienes y servicios educativos y, ante tal situ ación, las Administraciones deberán atender a dichas exigencias normalizando aquellas cuestiones de especial interés social. Así pues, esta nueva Ley obedece a la voluntad, co mpartida por la sociedad española, de reafirmar con garant ías plenas el derecho a la educación p ara todos, sin discriminaciones, y de consolidar la autonom ía de los centros docentes y la participación responsable de quienes form an parte de la comunidad educativa. Sin embargo, queremos hacer especial hincapié en que estab lecer normativamente una estructura democrática no garantiza la participación. Va a ser necesario trabajar día a día en la vida cotidia na de los centros, tanto en los aspectos de gestión administrativa como en el propio proceso educativo. Después de intensos debates y una gran polémica, tiene lugar la aprobación de la Ley Orgánica de 10/2002, de 23 de diciembr e, de Calidad de la Educación (LOCE) (BOE, 24/12/2002), cuyo principal objetivo fue promover la m ejora de la calidad del sistema educativo a partir de cinco ejes fundam entales: - La convicción de que los valores del esfuerzo y de la exigencia personal constituyen condiciones bá sicas para la mejora de la calidad del sistema educativo. - El sistema educativo debería orientar se abiertam ente hacia los resultados, puesto que se subraya que la consolidación de la c ultura del es fuerzo y la m ejora de la calidad se vinculan a la intensificac ión de los procesos de evaluación de la comunidad educativa al completo. - Se pretendía proporcionar un sistema de oportunidades de calidad para todos, desde la Educación Inf antil hasta los nive les postobligatorios, a través de la consolidación de una configuración flexib le que se adapta se a las diferencias individuales de aptitudes, necesidades, intereses y ritmos de m aduración de todas las personas. - Se subraya la importancia del papel desempeñado por los docentes en la consecución de una verdadera calidad educativa y, para ello, se pretende elevar Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 126 la consideración social del profesorado y los procesos de formación inicial, continua y permanente. - Se intenta reforzar la autonomía de los centros a través de la confianza mutua y la responsabilid ad compartida con la Adm inistración educativa. El Título V era el que recogía, explícitamente, los aspectos referidos a la participación de las fa milias en los centros p úblicos. Adem ás de hacer referencia al derecho a participar en el control y gestión de los mismos, de acuerdo con los principios y valores recogidos en la C onstitución, a través de los co nsejos escolares, la LOCE establecía diversos preceptos que afectan de form a directa a padres y madres de alumnos en sus relaciones con el sistem a e ducativo. En el artículo 3 se indicaban los derechos y deberes de los progenitores, que establecían c iertas limita ciones a la ya reducida partic ipación de las fam ilias en los centros esco lares. Respecto a las AMPA, se indicaba que las adm inistraciones educativas debían favorecer el ejercicio del derecho al asoc iacionism o, así como a la formación de Federaciones y Confederaciones, derec ho que ya existía con anterioridad. Recientemente, se ha aprobado la Le y Orgánica 2/2006, de 3 de m ayo, de Educación (LOE) (BOE, 04/05/2006), cuyos pr incipios fundamentales son tres: - Proporcionar una educación de calidad a todos los ciudadanos de ambos sexos, en todos los niveles del sistema educativo. - La necesaria colaboración de todos los componentes de la co munidad educativa (familias, prof esorado, centros docentes, Adm inistraciones educativ as y la sociedad en su conjunto), para que, a través del esfuerzo compartido, podamos alcanzar una verdadera educación de calidad p ara todos y todas. Respecto a las fam ilias se subraya la importancia de co mprometers e con el trabajo cotidiano de sus hijos y con la vida de los centros docentes. - Lograr un comprom iso decidido con los obj etivos educativos planteados por la Unión Europea para los próximos años. En lo que se refier e a la participación de las familias en los centros esco lares, el Título V de la LOE, en el que se regula la participación, autonomía y gobierno de los centros, y, concretamente en su Capítulo I, se reconoce la particip ación com o “un valor básico para la formación de ciudadanos au tónom os, libres y com prometidos con los Familia y escuela como contexto s educativos 127 principios y valores de la Constitución” . Asimismo, se subraya que la presente normativa se ajusta a lo dispuesto en la LODE y en las dispos iciones de aplicación posteriores. En la parte final de la LOE, donde se recogen las Disposiciones derogatorias, se hace referencia a la anulación de la LOPEGCE y la LOCE. Pese a que la legislación educativ a insiste en la importancia de ejercer el derecho a la particip ación y en la ur gencia de educar en la pa rticipación para una sociedad democrática, todavía queda m ucho camino por recorrer, tanto desde el punto de vista normativo com o desde el ejercici o real de este derecho, pa ra que en nuestros centros escolares exista una verdadera cultura de la participación. Lo cierto es que, pese a la evidente relevancia de e sta cuestión, la part icipación de y en la comunidad educativa se encuentra en uno de los peores momentos de la historia reciente de la educación en nuestro país (Xunta de Galicia, 2006). En este marco, conscientes de la importa ncia de la educación en el porvenir colectivo y teniendo presente la consideración del ind ivi duo como agente de cambio (Pereda, 2006), es decir, cap acitado para la transform aci ón social, desde las escu elas debe procurarse la formación de ciudada no s comprometidos con la sociedad y conscientes de la im portancia de hacer us o de los derech os de participación en un proyecto global y compartido c on los dem ás conciudadanos. Tal y como sucede en otras realidad es social es, la posibilida d de participar en la escuela está, en mayor o m enor medida, c ondicionada por las cr eencias, actitudes y valores que los diferentes actores peda gógicos ponen de manifiesto a través del desarrollo de una cultu ra participativa, estrechamente vinculada a la m encionada democratización de las prácticas educativas. El valor educat ivo de la participación, en tanto que estim ula el sentido d e la responsabilid ad y la colaboración, hace que la participación en educación signifique estab lecer relaciones básicas con el aprendizaje de una cultura política fundamen tal (Xunta de Galicia, 1996). Asimismo, no podem os olvidar que la escuela es un espacio en el que, como ocurre en otros contextos sociales, también ex isten relaciones de poder. El ejercicio del derecho a participar puede e quilibrar dichas relaciones fa voreciendo la reducción de las jerarquías establecidas y pr oporcionando una mayor horizontalidad a las m ismas. Se trataría, en definitiva, de hacer es cuelas más democrátic as a través de la participac ión, objetivo que requiere la creación de es tructuras y fórmulas de colaboración e Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 128 implicación entre el prof esorado y las familias, d e tal forma que se asegu re la incidencia real de éstas en el gobierno y la gestión educativa. 2.4.2. Situación actual de la participación de los padres y madres en las escuelas Como hemos venido diciendo hasta el mome nto, desde la investigación realizada al respecto, el desarrollo personal y social de todo alumno está am pliamente condicionado por la relación que m antienen escuela y familia como institucio nes responsables de las primeras accion es educativas, formales e inform ales, respectivamente. La participación de los padres y madres en la escuela es un deseo am pliamente compartido por todos los actores sociales vi nculados, directa o indirectam ente, a la comunidad escolar, al tiem po que una creciente necesidad del prop io sistema educativo, en el sentido de que aquellos agentes que , de un modo u otro, intervienen en los procesos educativos hagan uso de su derec ho como miembros activos de la comunidad. Parece innegable que la legislación edu cativa deba hacer todo lo posible para favorecer la implicación de los padres en los centros esco lares, si bien hemos de contar con el compromiso y la colaboración de lo s docentes, así como de la com unidad educativa en su totalidad . La puesta en prác tica de aquellas iniciativas qu e favorezcan e impulsen la creación de un m arc o de relación adecuado para la p articipación a ctiva y efectiva de las fam ilias, debe ser uno de los principales objetivos educativos de l centro escolar. Tampoco podem os pasar por alto que la responsabilidad de la implicación familiar no radic a únicamente en su acción im plícitam ente educativa, sino también en su capacidad motivadora y potenciadora de to dos los aprendizajes que los hijos hagan en cualquier contexto y por su capacida d de hacer progresar y desarrollar sus competencias educativas. De igual modo, el p apel de la f amilia como elem ento de profundización y desarrollo de la calidad educa tiva parece indiscu tible si tenemos en cuenta que genera mayores posibilidades de éxito en los aprendizajes form ales, además de unas mejores relaciones con los docentes, al tiempo que perm ite contextualizar el currículo y caracterizar al cent ro como un lugar abierto y pe rm eable al medio en el que se inserta. Familia y escuela como contexto s educativos 129 Coincidimos con López, Ridao y S ánchez (2004) en que la m ejor manera de establecer u na relación entre la f amilia y la escue la es aquella que posib ilite la realización, dentro del propio ám bito escolar, de tareas conjuntas que form en parte del Proyecto Educativo de Centro. La participación de los padr es en las escuelas se muev e entre diversas tendencias contrapuestas y no es sencillo encontrar un equilibrio entre ella s (Marchesi, 2000). En primer lugar, hay que destacar que los pa dres son cada vez m ás conscientes de la importancia de la educación para sus hijos, por lo que la elección de un centro escolar apropiado es una de sus priori dades. Sin embargo, resulta co ntradictorio que a pesar de la preocupación por este aspect o, el tiempo de implicación dire cta en la educación de la prole disminuya. Asim ismo, aunque los padres se sienten desbordados por las nuevas necesidades derivadas de un con texto en pl ena transformación y son conscientes de que es preciso invertir más esfuerzos en la di mensión educativa, su inseguridad no se traduce en participa ción si no que, al no sentirse prepar ados, tienden al alejamiento. De forma genérica se habla de dos vías de participación de los padres en la educación, la que se podría considerar i ndividu al, por un lado, y la que entendemos como colectiva, por otro (Pérez Díaz et al., 2001): a) La vía individual. - La implicación en el aprendizaje d e los hijos. Nos referimos no sólo a la ayuda en la realización de las tar eas esco lares sino al in teré s por lo que los hijos van aprendiendo en la escuela día a d ía, así co mo por las relaciones que m antienen con los profesores y sus compañeros. Se trata, en d e finitiva, de acompañarle s en el proceso de enseñanza-aprendizaje y de conocer como se si enten en la escuela, un lugar en el que pasan la mayor parte del día. Además, el in terés de los padres mo tivará al alumno y le animará a seguir avanzando en el sistem a educativo siendo conscientes, al mismo tiempo, de que su familia valora el trabajo que hacen en la escuela. - La comunicación con la escuela. Ha bitu almente tiene l ugar a través de reuniones del tutor o profesores, entrevistas, inform es, etc., o bien cu ando es fruto d e la iniciativa de los padres. No obstante, esta última es la opción m enos frecuente, puesto que una importante parte de los padres no suele acudir al centro hasta que surge algún problema con los hijos o son requeridos por un docente, m áxime cuando el alum no está escolarizado en la Educación Secundaria. Div ersas investigaciones (ver Fernánd ez, Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 130 Souto y Rodríguez, 2005) ponen de manifi esto que la comunicación con la escuela disminuye considerablem ente en esta etapa, siendo m ucho más frecuente en Infantil y Primaria. - La participación en las activ idades de l centro. A pesar de que hay importantes diferencias entre unos y otros centros en la di versidad de actividades que se realizan, la implicación de los padres en las actividad es extraescolares o culturales, es un buen indicador del interés por el centro escolar en el que estudian los hijos y por su buen funcionamiento. b) La vía colectiva. - La participación en las AMPA y en el Consejo Escolar. Como adelantábamos en líneas atrás, está última es la principa l vía d e implicació n colectiva. Consideramos que este es el “talón de Aquiles” d e los distintos niveles de implicación, probablemente porque no se atiende de forma directa al propio hijo y no se percibe com o un medio efectivo de mejora. La legalid ad vigente anima a que, en cada centro, las asociacion es de madres y padres pu edan participar de ma nera institu cional en los centros, siem pre sin interferir en las tareas estrictamente prof esionales, que les corresponden a los docentes (Sarramona, 1999). Sin em bargo, en nuestro país, los padres no hacen u so del derecho legal a participar en la gestión y el gobi erno de los centros. Una de las razones apuntadas para justificar la escasa implicación es la ausencia de una form ación previa respecto a la estru ctura organiz ativa de los c e ntros, los derechos y deberes de los padres, etc. Es decir, aunque parezca sorprendente, muchas familias desconocen su derecho a participar en los centros educativos. Desde una perspectiva m uy similar, Pereda (2006) hace referencia a la existencia de dos tipos de roles que los padres y madres pueden adop tar en sus relaciones con la escuela, de los cuales, a su vez, se deri varían dos m odalidades de participación de naturaleza diferente. Respecto a los roles, la fam ilia puede ejercer de responsable de la educación de los hijos o bien puede desem peñar el papel de coeducadora. Cuando nos referimos al prim ero de ellos hablamos de la responsabilidad de los padres, como tales, en la edu cación de los hijos. De otro lado, cuando las familias en s u relación con las escuelas se convierten en co educadoras su nivel de implicació n se incrementa de forma considerab le. Adem ás de los contactos esporádicos con los docentes y de la participaci ón puntual en las AMPA, ha y interés por articu lar las Familia y escuela como contexto s educativos 131 prácticas escolares con las familiares, los padres se involucran en actividades de tipo socio-educativo, participan en la toma de decisiones de aquellos aspectos que afectan directamente a la educación de los hijos, etc. Centrándonos ahora en la forma de part icipación, Pereda (2006), hace referencia a dos posibilidades bien distin tas. Por una parte, la denom inada participación individual o corporativa, vinculada a la idea de información y control y, por otra, la llamada participación socia l o cívica, más re lacionada con el sentido de solid aridad y corresponsabilización. Si bien ambas son importantes y, c onsecuentem ente, deben disponer de estructuras propias y complementarias, a trav és de la segunda de ellas adquiere mayor valor la “gestión participativa” (op. cit., 23), esto es, cuando los padres son conscientes de la relevancia de su integración en el cen tro como miembros activos de las estructuras formales e informales de gestión del centro. En estrecha vinculación con el derecho de los padres a participar, Vila (1998) propone una denominación alternativ a a las vías de participación de las familias en los centros escolares, basá ndose en el apoyo a nivel legal e institucional. Desde su punto de vista, la normativa permite la constitución de vías o cauces de comunicación tan to en el plano formal como informal: a) Contactos informales. Nacen desde la responsabilidad y la voluntad fam iliar de cara a la colaboración y participación en el centro con el propósito de ayudar en el desarro llo educativo y social de sus hijos. Los distintos acon tecimientos esco lares, las activ idades extraescolares, etc., son posibles vías de participaci ón de las que disponen los padres. b) Contactos formales. Se fundamentan sobre el derecho legal que tienen los padres de alumnos para participar en la organización y funci onamiento de los centros educativos subvencionados con fondos públicos. El Consej o Escolar, las AMPA y las tutorías, son algunos de los canales legales a disposición de las familias para participar activam ente en la educación de sus hijos. En un estudio publicado por el INCE (2004) en el que se analiza, entre otros aspectos, la pertenencia y particip ación en as ociaciones de padres y madres de alum nos, Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 132 se pone de relieve que el 80% de los progeni tores forman parte de las AMPA, es decir pagan la correspondiente cuota, pero sólo un 20% de estos son miembros activos. Junto a ello se constata que aquellos padres y madres cuyos hijos están escolarizados en Educación Prim aria tienen una m ayor partic ipación activa en las AMPA (24%) que los que tienen hijos cursando la Educación Secund aria Obligatoria (15%). Asimismo, el análisis de los índices d e par ticipación de los padres y m adr es en los Consejos Es colares revela datos muy similares, puesto que ésta suele bajar del 20% a m enos del 10% al comparar la Educación Primaria con la Secundaria (Fernández, Souto y Rodríguez, 2005). Estos resultados coinciden con los deri vados del estudio realizado por Aparicio (2003), en el que se llega a la conclusión de que la relación de la familia con la institución escolar aumenta en los centros de E ducación Primaria y se reduce o es casi nula cuando se trata de alum nos de Secundaria. En esta m isma línea, se sitú a la investigación llevada a cabo por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA), entre 1997 y 2001, en el que han participado padres, profesores y alumnos de 31 centros de Educación Secundaria de toda España. Los resultados obtenidos confirman que las relaciones educativas de los padres con sus hijos son m ás intensas cuando estos están en los primeros años de escolarización, es decir, en los prim eros cursos de la Educación Primaria y, sobre todo, en la Educación Infantil (Marchesi y Martín, 2002). En la Educación Secundaria la situación da un giro, puesto que, paulatinamente, se van alejando del centro esco lar en el que estudian sus hijos y sólo acuden cuando se les cita directamente por una cuestión concreta, o bien porque persisten las calif ic aciones negativas. Retomando la investigación del INC E (2004), los datos resultantes indican que, tanto en una como en otra etapa educativa, el nivel de estudios de los padres incide en la pertenencia y participación en las AMPA. “A m ayor nivel de estudios, mayor es el porcentaje de alum nos cuyos padres pertenecen y mayor el de los que, adem ás de pagar la cuota, son miembros participativos en la s mismas” (op. cit., 130). De la misma forma, se concluye que la distribución de los padres en las dos variables analizadas (pertenencia y participación activa) también es desigual entre los centros públicos y los privados. La pertenencia a las asociaciones de madres y padres de alumnos en ambas etapas es mayor en los centros privados que en los públicos. Sin embargo, si atendemos a los alumnos cuyos padres pagan cuota y ad em ás participan, tan sólo se encuentran Familia y escuela como contexto s educativos 133 diferencias significativas en Primaria, sien do m ayor el porcentaje para los centros públicos. Tampoco debem os olvidar que el análisis de la participa ci ón parental en los centros no debe ser m edida únicamente por la implica ción de la familia en la asoc iación de padres, sino también a través de otros in dicadores de la vida escolar, como la asistencia a reuniones o celebraciones (S antos Rego et al., 2004). En este tipo de eventos, la figura del profesor-tutor es funda m ental, puesto que es la persona del centro con la que los padres acostumbran a manten er un contacto más directo, por lo que se convierte en la mejor vía para que estos se sientan m ás vinculados a la gestión escolar e implicados en la educación de sus vástagos . Algunas de las que consideramos funciones fundamentales del tutor en relación con las fa m ilias son: contribuir al establecim iento de relaciones fluidas con los padres y madres a fin de facilitar el acercam iento entre escuela y familia; im plicar a los padres en las actividades de aprendizaje; e inf ormar sobre todos aquellos aspectos que afect en a la ed ucación de sus hijos. La participación de los padres y madr es de los alumnos del últim o curso de Educación Secundaria Obligatoria en la vida del cen tro es otra de las variables estudiadas en la investigación del INCE (2004). Concretament e se realiza a través del análisis de la particip ación en las sigui entes actividades: proceso de enseñan za- aprendizaje; asistencia a reun iones y colaboración en las au las en las horas de clase; actividades culturale s, como deportes, m úsica y teatro, desarrolladas dentro y fuera del horario escolar; actividades extraescolares, como excursion es y fiestas escolares,…; y actividades de apoyo, como la captación de fondos, etc. Los resultados obtenidos revelan que las actividades relacion adas co n el proceso de ense ñanza-aprendizaje son aquellas en las que los pa dres de los alumnos partic ipan en un mayor grado, concretamente el 74% de ellos. Les siguen la s actividades cu lturales, las cuales reúnen a un 51% de los padres y las actividad es de apoyo, con un 44%. En último lugar, pero no muy lejos, se sitúan las activ idades ex traescolares con un porcentaje del 42%. No obstante, debemos tener en cuenta que los datos extraídos proceden de las encuestas realizadas a los padres y madres de alum nos y, tal y como se recoge en la referida investigación, al contra starlos con otra fuente (en es te caso, con los directores de centro), varían significativamente. Al ana lizar su opinión, por ejem plo, en el caso de las actividades vinculadas al proceso de enseñanza-aprendizaje, en las que según los padres, participaban el 74% de ellos, los directores reducen esta cifra hasta el 50%. Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 134 Asimism o, en esta investigación s e subraya que son las expectativa s de los padres las que tienen una m ayor repercusión en el rend imiento académ ico de los hijo s, puesto que cuanto más altas sean estas m ejore s serán los resultados alcanzados en el centro escolar. Pero no podemos pasar por alto la influencia de otros factores en el rendimiento escolar, co mo su capacidad intel ectual y el contexto econó mico y social al que pertenezcan las familias. Al respecto, cua n to más alto es el nivel socio-econó mico de la familia mayores son tam bién los logros que aguardan de sus hijos e hijas. Otra de las cuestiones fundam entales sobre la que es preciso i ndagar es el bajo nivel de participación del padre en los centros escolares. A pesar de que su incorporación a las tareas y responsabilidades derivadas de la escolarización ha avanzado mucho en los últimos veinte a ños (Baráibar, 2005), las estadísticas demuestran que las m adres son las que tiene n una mayor participación en los centros escolares, tanto en lo que se refiere al con tacto con los prof esores de sus hijo s como en las asociaciones de padres y madres. No extr aña, por tanto, que frente a esta desigualdad en el nivel de participación se haya cam biado la designación tradicional de A PA (Asociación de Padres de Alumnos) por la de AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos), e in cluso se empiece a habl ar de AFA (Asociación de Familias de Alumnos). Sorprende que la feminización de la participación no sea considerada una situación extraña, sino que se acep ta con nor malidad como si se tratara de un hecho estructural. La escasa implicación de la fi gura paterna es un fenómeno de vigencia histórica, pues la divis ión de tareas en el hogar familiar responsabilizab a a la mujer del cuidado y educación de la prole. Sin embargo, en la actualidad, extraña que, a pesar de la evolución social y fam iliar, el padre no tenga una mayor dedicac ión a la educación escolar de los hijos. Para explicar ésta y otras realidades del hecho educativo es interesante analizar la opinión de lo s progenitores respecto a los m otivos o circunstancias que, de un modo u otro, reducen su nivel de participación en el centro escolar. Desde el punto de vista de las fam ilias, el estudio dirigido por March esi y Pérez (2005), pone de manifiesto la insatisfacc ión de los progenitores respecto a su participación en el funcionamiento del centro. Una cuestión de difícil deslind e es saber si la falta de participación en la vida de lo s centros se debe, bien al escas o interés de los Familia y escuela como contexto s educativos 135 mismos padres, o bien a las dificultades y limitaciones que ponen los propios centros a su participación, aunque lo más probable es que se den ambos condicionantes. De nuevo, la valoración de los padres cuyos hijos estudian Educación Prim aria es muy superior a la que m anifiestan los padres con hijos en las otras dos etapas educativas. Siguiendo los resultados de la re ferid a investigación, las familias consideran que el ambiente de estudio en el centro, la m anera de enseñar de los profesores, la preparación que obtienen los alumnos, la actuación del equipo directivo, la comunicación entre las f amilias y el profesorado, la atención de los tutores, y los valo res que el centro transm ite, son aspectos que en las prim eras etapas educativas tienen una orientación que favorece la im plicación de las fam ilias en los centros, a diferencia de lo que ocurre en las etapas posteriores, donde el papel de los padres se va haciendo paulatinamente m ás prescindible. En cualquier caso, la constatación de la ba ja participación de los padres en el centro puede ser una dificultad im portante para mejorar la c alidad de la enseñanza. Cada vez más se verifica que la educación no se li mita al espacio del aula y que la acción educadora de las familias es un factor de primer orden para el desarrollo y el aprendizaje de los hijos. En lo que se refiere a los centros escolares, de un tiempo a esta parte se ha tomado conciencia de q ue la relac ión con las fam ilias es un ámbito integ rado en la tarea educativa. Así pues, los equipos directi vos deben afrontar, como una m ás de sus funciones, la creación y posterior consol idación de estructuras y dinámicas de participación real de las familias en el centro (Baráibar, 200 5). Deben existir, por tanto, criterios de coherencia y continuidad a trav és del diseño de directrices com unes sobre aspectos tales como el intercambio de inform ación, el establecimiento de tiempos y espacios de colaboración,… En definitiv a, se trata de poner en marcha los m ecanismos necesarios para crear una verdadera cultu ra de la participación en el centro. La flexibilidad de los horario s es otra de las variables que de be ser reformulada, pues un planteamiento excesivamente rígido en los tiempos establecidos para las entrevistas, reuniones, talleres o s imilares, puede ser un obstáculo insalvable que im pida la participación de los padres y madres, sobr e todo si tenemos en cu enta el acelerado ritmo de vida de la sociedad actual. No obstante, si el centro se encuentra verdaderamente comprom etido y existe la convicción de la importancia de la Familia, educació n e inmigración . Un programa de in tervención pedagógica 136 participación de la fam ilia en el proceso educativ o, quizás la solución más factible sería que la escuela inten tara adaptarse a la di sponibilidad d e las familia s, decisión que deberá integrarse en el Proyecto Educativo de Centro (Baráibar, 2005) y, por tanto, ser aceptada en el seno de la comunidad educativa. Como se ha podido constatar a través de las investigaciones referidas, las estadísticas demuestran que conforme el ni ño va avanzando en su escolaridad los padres se van alejando de la escuela. Sin embar go, desde la perspectiv a de Vila (2003), las afirmaciones sobre un creciente desinterés de las familias en la educación de sus hijos no son ciertas. Por contra, considera que, en ocasiones, ese desinterés es una manifestación de im potencia para poder inte rvenir y decidir sobre las prácticas educativas, lo que, en última instancia, se traduce en descontento por parte de docentes y padres con la resultante descoordinación e, incluso, oposición en tre ambos contextos. Ante esta realidad, aparentemente poco es peranzadora, alguna s de las propuestas que se consideran efic aces en el fomento de la participa ción de las familias (Fern ández Prada, 2003) son las que recogemos a continuación: - Elaborar conjuntamente el Proyect o Educativo de C entro, poniendo de manifiesto los objetivos que se pret enden conseguir y los m edios que se utilizarán, los valores y principios a los que se les otorgará prioridad. - Regular la organización para racionalizar el reparto de tareas evitando tanto el solapamiento y las interferencias en su realización como que se produzca el olvido de otras. - Regular la convivencia de toda la co munidad educativa y, especialm ente, del alumnado, a través de la elaboración y form ulación conjunta de normas, lo que facilitará que sean asum idas e in teriorizadas con mayor facilidad. - Organizar conjuntamente actividades cult urales, recreativas o lúdico-festiv as a fin de evidenciar la posibilidad de trabajar en equipo. Asimismo, se debe contribuir a la creación de un clima sal udab le y cordial que, al mism o tiempo, beneficie la implementación de otros procesos en el interior del centro. Es necesario que la comunidad escolar en su totalidad sea conscien te de que la implicación familiar y social en las escu elas constituye uno de lo s factores que determinan la calidad educativa. Dicho de otra forma, la eficacia d e la educación escolar depende del grado de participación que ej erzan los padres, del mismo modo que la Familia y escuela como contexto s educativos 137 educación familiar no deberá encon trar en la escuela una concepción o puesta a la suya (Sarramona, 1999). Del mism o modo debemos tener presente que las instituciones educativas están capacitadas para facilita r la or ganización comunitaria de toda s las person as sea cu al sea su procedencia, género o edad. Para ello, deberán abrirse a su en torno, interaccionar con sus gentes y favorecer la creación de rede s sociales, espacios de debate público y participación ciudadana. 2.5. Escuela y familia: el reto soci oeducativo de la diversidad En las primeras páginas de esta Tesis Do ctoral hemos insistido en que una de las principales características de la sociedad actua l es la creciente diversidad derivada de un nuevo orden social que ha comportado cam bios en todas las dimensiones, generando nuevos retos que se hac en más explícitos en el caso de la fam ilia y la escuela. Es por ello que deseamos ir cerr ando este segundo capítulo avanza ndo los principales desafíos a los que ha brá que hacer f rente de sde am bas institu ciones, com o importante s agencias educadoras que son, ante la s crecientes necesidades que se han ido poniendo de manifiesto en los últim os años. Tal y como hem os venido diciendo, la soci edad del siglo XXI se inserta en lo que consensualmente se ha denom inado era de la globalización, ca racterizada, de una parte, por el cambio producido en el m odo de percibir las coordenadas espacio- temporales de nuestras acciones a través de la elim inación de barreras y lím ites y la ampliación de las libertades i ndividuales; y de otra, por el progreso tecnológico que, al tiempo que pone de m anifiesto la gran po tencialidad del hom br e, genera cierto desconcierto y la sensación de estar re basando nuestra capacidad de adaptación. Ciertamente, por lo tanto, en un contexto como el que tenem os, de rápida mudanza, la familia y la escuela, rea parecen co mo instancias princip ales en la vida de las nuevas generaciones, que siempre hay que encajar en un marco social pues, co mo bien dicen González Sánchez y Muñoz Rodrí guez (2006), es este el que, en último término, dictam ina los márgenes en los movimientos y en los modos de operar. Coincidimos con Jaim e Funes (2004) cua ndo insiste en que las características fundamentales de la sociedad contemporán ea son el dinamism o y la complejidad, ya que es su imbricación la que perm ite atisba r respuestas a muchas preguntas que, a su vez, remiten a otras preguntas. Es lo que Beck (1986) ha denom inado “sociedad del [Document text truncated for crawler view.]