scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Los grandes problemas geopolíticos del desarrollo mundial: hacia una planificación global del planeta

Doval Adán, Antonio

Abstract

Texto de la comunicación presentada por el autor al XVIII Congreso de Geógrafos Españoles que, bajo el título de "Geografías para una sociedad global. Diversidad, identidad y exclusión social", se llevó acabo en Barcelona y Bellaterra del 24 al 27 de septiembre de 2003. En la misma, se hace un balance general de los principales problemas globales que afectan al planeta Tierra, y se reflexiona sobre la conveniencia de articular mecanismos eficaces de coordinación para impulsar y potenciar un desarrollo global más sostenible

Full text

D. 1 Politicas territoriales en un espacio globalizado Los grandes problemas geopolíticos del desarrollo mundial: hacia una planificación global del planeta Antonio Doval Adán Departamento de Geografía Universidad de Santiago de Compostela [email protected] Resumen La pobreza y el analfabetismo, los conflictos bélicos y las disputas territoriales, el narcotráfico y las redes internacionales de delincuencia y terrorismo, así como la contaminación y degradación del medio ambiente se han convertido en auténticos problemas globales, de gran relevancia social a escala mundial, que exigen la participación activa de los principales países y organizaciones internacionales en favor de una planificación global y en común del espacio geográfico, cada vez más necesaria. En este sentido, la presente comunicación reflexiona y profundiza en la naturaleza, magnitud y dimensión espacial de estos grandes problemas geopolíticos y geoeconómicos que afectan y ponen en peligro la estabilidad y el equilibrio del mundo actual, además de generar tensiones y profundos desequilibrios territoriales. Palabras clave: globalización, problemas globales, geopolítica mundial, planificación global. Abstract Poverty and illiteracy, warlike and territorial conflicts, narco-deal and international networks of delinquency and terrorism, as well as the contamination and degradation of environment, has became two authentic global problems, which got a great world-wide scale relevance and all this demands the active participation of nations and international organizations, for a global and common planning as the geographical space more and more necessary nowadays. In this sense, the present communication reflects and go deeply into the nature, magnitude and space dimension of these great geopolitics and geo-economics problems which affect and put in danger the stability and balance of present world, in addition to generate tensions and deep territorial imbalances. Key words: globalization, global problems, world-wide geopolitics, global planning. 1. Introducción Vivimos en un mundo cada vez más interdependiente y globalizado en el que las conexiones entre pueblos y lugares se acentúa como consecuencia de la implantación masiva de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (Castells, M., 2000 y 2001). De este modo, en lo económico se nos presenta un mundo marcado por la intensificación de los flujos financieros y tecnológicos sin fronteras; en lo cultural el modo de vida occidental, basado esencialmente en la potenciación del consumo, se impone de manera progresiva a otras culturas; y en lo político se detecta una clara tendencia a la disminución del poder del Estado-nación en beneficio de las Organizaciones Supranacionales (ya sean regionales o mundiales) y de las grandes empresas multinacionales. Así, éstas últimas, en estrecha colaboración con la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, se han convertido en las verdaderas protagonistas e impulsoras del proceso de mundialización del sistema capitalista, con sus variantes neoliberales, en la práctica totalidad de los rincones de nuestro planeta. Con todo ello, asistimos a la formación de un gran espacio económico al que Marshall McLuhan bautizó ya en 1968 como "aldea global", donde el mundo entero se convierte en un gran mercado libre, organizado básicamente en torno a tres grandes áreas económicas (América del Norte, Asia-Pácífico y Unión Europea) (Palazuelos, E., y Vara, Mª. J., 2002), con estructuras políticas y económicas prácticamente uniformes, y en el que los distintos acontecimientos diarios, independientemente donde se produzcan, tienen una repercusión global en tiempo real. Dentro de este contexto geoeconómico y político caracterizado por la creciente expansión de la llamada nueva economía, en la que aparentemente el capital, la producción, la dirección, los mercados, el trabajo, la información y la tecnología operan sin tener en cuenta las fronteras físicas de los países y territorios, resulta necesario identificar y analizar los principales problemas geopolíticos y económicos, de gran relevancia social, que dificultan el desarrollo mundial en su conjunto: la pobreza y el analfabetismo, las disputas territoriales y los conflictos bélicos, el narcotráfico y las redes internacionales de delincuencia y terrorismo y, finalmente, la contaminación y degradación del medio ambiente. Conocer desde una perspectiva geográfica la dimensión y naturaleza de estos graves problemas globales, que amenazan seriamente los pilares sobre los que se asientan las sociedades modernas y que afectan incluso a la propia supervivencia y seguridad del ser humano, constituye una tarea esencial para comprender y entender mejor el mundo en que vivimos y asegurar la estabilidad de un sistema mundial de extraordinaria complejidad (Nogué Font, J., y Vicente Rufí, J., 2001: 95-155), que precisa, en opinión de otros autores (Castells, M., 1999; Albiñana, A., 1999), de mecanismos eficaces de gobierno que planifiquen el territorio y la justicia a escala planetaria. Todo ello constituye el objetivo prioritario de este artículo que, a modo de síntesis y ensayo sobre la problemática mundial, se ha basado en los informes anuales difundidos por diferentes organismos internacionales y en los trabajos de investigación y estudios monográficos, publicados durante los últimos años, que se detallan en la bibliografía. 2. La pobreza y el analfabetismo Durante los dos últimos años se han publicado numerosos estudios e informes que dan testimonio de la situación de la pobreza en el mundo. Uno de ellos, y quizás el más citado, es el conocido "Informe sobre el desarrollo mundial 2000/2001: lucha contra la pobreza", elaborado por el Banco Mundial, donde se indica que 2.800 millones de personas (el 46% de la población mundial) vive con menos de dos dólares diarios. De ellos, alrededor de 1.200 millones, que suponen una quinta parte de la humanidad, tienen que conformarse sólo con un euro diario. Los últimos datos difundidos en la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo, estiman que unos 4.000 millones de habitantes viven con tres euros al día. En ambos casos se trata de un grupo de personas que carecen de instalaciones de saneamiento adecuadas o de agua potable. Incluso las cifras que suministra periódicamente las Naciones Unidas sobre el "Índice de Desarrollo Humano" van más allá al estimar que frente a los poco más de 1.000 millones de personas que viven satisfactoriamente, el resto de la humanidad vive con muchas dificultades o en la necesidad. De hecho, las 356 personas más ricas del mundo igualan los ingresos del 45% de la humanidad (Castells, M., 1999). Más aún, tan sólo 15 de esas personas tienen activos financieros y patrimoniales que superan el Producto Interior Bruto total del África Subsahariana, y los 32 multimillonarios con más recursos económicos superan el PIB total de Asia meridional. Esto explica que sólo el 1% de la población más rica posea tanto como el 57% de la humanidad. Estos porcentajes, reflejados en los sucesivos informes anuales del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2002), son esclarecedores, por sí mismos, del tremendo contraste existente entre la riqueza de los más ricos en comparación con lo que se requiere para lograr el acceso universal a los servicios sociales básicos en los países más pobres. Se estima que el coste necesario para lograr y mantener la universalización de la enseñanza básica, la atención sanitaria elemental, las necesidades alimenticias y de agua potable y saneamiento, asciende, aproximadamente, a 50.000 millones de dólares por año. Este importe es inferior al 5% de la riqueza combinada de las 225 personas más adineradas del planeta. La situación a nivel mundial es extremadamente preocupante si tenemos en cuenta que de los 6.300 millones de personas que actualmente habitan la tierra, menos del 20% vive en los países desarrollados donde se concentra el 81% del PIB mundial, el 82% de los mercados de exportación y del comercio mundial, el 86% del consumo total mundial y el 74% de las líneas telefónicas que hay en el mundo. Así, mientras Estados Unidos, Suiza y Suecia cuentan con una media de 600 líneas por cada 1.000 habitantes en países como Camboya, Chad o Afganistán, por poner un ejemplo representativo, la media es de una línea por cada 1.000 habitantes. Se calcula que el 63% de la población mundial no ha hecho nunca una simple llamada telefónica y 1/3 carece de electricidad, al tiempo que el fenómeno de internet se ha convertido en un privilegiado instrumento tecnológico utilizado apenas por el 5% de los habitantes del planeta (Castells, M., 2001). Mientras tanto, los siete países más industrializados acaparan, con sólo el 12% de la población mundial, el 70% del PNB de la tierra. A pesar de que las bolsas de marginación social son palpables también en el mundo desarrollado (Romero, J., Pérez, J., y García, J., 1992), donde tenemos constancia de que actualmente viven prácticamente unos 220 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza (50 en la Unión Europea, algo más de 46 en Estados Unidos y casi unos 120 millones en la Federación de Rusia y demás países de Europa Central y Oriental (Clairmont, F., 1999: 161; Taibo, C., 2002: 146), la miseria y la pobreza más absoluta afecta sobre todo al África Subsahariana, al Sur y Sureste asiático y América Latina. En estos espacios geográficos se localizan la mayor parte de los más de 300 millones de niños no escolarizados que son explotados laboralmente y los casi 1.000 millones de personas analfabetas que se ven afectadas por el hambre, la desnutrición y las enfermedades endémicas (el sida, la malaria, el cólera y la tuberculosis), principales causantes de las altas tasas de mortalidad que todavía se registran en el Tercer Mundo, tal y como se recoge en diferentes informes y estudios realizados al respecto (Romero, J., Pérez, J., 1992; VV. AA., 1999; Moro, J., 1999; y UNESCO, 2002). Mas recientemente, en la última Cumbre Mundial sobre la Alimentación, celebrada en Roma durante el mes de mayo de 2002, se puso de relieve que cerca de 20 millones de personas mueren cada año en el mundo debido al hambre y a las enfermedades con ella relacionadas, mientras un asombroso 36% del cereal mundial y los dos tercios de los cereales totales exportados por Estados Unidos se destinan exclusivamente a la alimentación de ganado de países desarrollados en vez de alimentar a gente que pasa hambre (Rifkin, J., 2002). ¿Por qué se producen estas profundas desigualdades socioeconómicas y territoriales en el mundo, que pueden derivar en el futuro en violentos enfrentamientos sociales ? Recientes estudios (George, S., 2001; Strange, S., 2002 y Stiglitz, J. E., 2002) coinciden en señalar que la política económica diseñada por las principales Organizaciones Internacionales (OCDE, OMC, BM y FMI), y por el propio Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, al servicio de los intereses de las grandes corporaciones multinacionales, es la responsable de las grandes diferencias en el nivel de vida de los ciudadanos. Para los autores citados, estamos ante una globalización mal gestionada que está provocando efectos devastadores en los países en desarrollo. No obstante, estos Organismos e Instituciones no son los únicos responsables de los males que afectan al Tercer Mundo. En esta línea de pensamiento, el profesor José Mª. Tortosa puntualiza en sus trabajos que el problema del hambre y del llamado subdesarrollo (Tortosa, J. Mª., 2002) sólo se solucionará cuando se cambien las políticas hacia los países subdesarrollados y las élites económicas, políticas y militares de los países pobres abandonen su actividad igualmente depredadora y pongan remedio a los altos índices de analfabetismo absoluto que afectan a la población de sus respectivos países. No olvidemos que la educación permite generar una mano de obra más formada y flexible, con niveles de productividad más elevados y una mayor disposición para promover e integrar prácticas innovadoras que faciliten los procesos de desarrollo a implantar en los países más pobres y deprimidos. Los intentos por combatir la pobreza en el mundo a través de la aprobación de numerosos programas y la creación de Organismos Internacionales específicos, ha propiciado también la eclosión de un elevado contingente de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) para el Desarrollo. Estas organizaciones privadas, financiadas mayoritariamente mediante las ayudas oficiales al desarrollo que los Estados ricos destinan anualmente a los países más pobres, han adquirido una notable relevancia en el concierto internacional, ya no sólo por ser los principales gestores de esas ayudas, materializadas en proyectos formativos, humanitarios y sociales de distinta naturaleza, sino también al convertirse en destacados grupos de presión social (Foro Social Mundial, 2002), que propugnan, entre otras medidas, la implantación de la polémica tasa Tobin (ATTAC, 2002), que al gravar con el 0,1% todas las transacciones financieras lograría recaudar anualmente unos 166 mil millones de dólares, dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extrema; y la adopción de un nuevo marco ético que presida las futuras actuaciones de los Organismos Internacionales encargados de dirigir el complejo sistema económico mundial. 3. Los conflictos bélicos y las disputas territoriales A pesar de que en el plano geopolítico internacional Estados Unidos se ha convertido en el país más poderoso de la tierra, ejerciendo una supremacía aplastante en cinco grandes campos (político, económico, militar, tecnológico y cultural), con capacidad para intervenir en áreas geográficas en crisis y dominar el espacio global, al disponer de una basta red de 24 bases militares estables, repartidas por los cinco continentes (González, E., 2002), y alrededor de 110 satélites militares operativos, frente a 40 que posee Rusia y otros 20 el resto del mundo, los conflictos armados de diversa índole no han dejado de producirse a lo largo del último decenio (en torno a 60 entre 1989-1999), poniendo en peligro la estabilidad y seguridad mundial (Ramonet, I., 1999 y 2002), lo que ha provocado centenares de miles de muertos y más de 23 millones de refugiados (ACNUR, www.unher.ch) A finales del año 2002, según se recoge en el informe anual elaborado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos para la Paz de Estocolmo (http://www.sipri.se), el número de conflictos armados que seguían activos ascendía a 24, la mayor parte de los mismos situados en África, Oriente Medio y Asia (Prados, L., 2002). Entre los focos que entrañan un mayor riesgo para la estabilidad del sistema económico internacional cabe citar el enfrentamiento casi permanente que el Estado de Israel mantiene contra los palestinos y sus amigos árabes, principales productores de crudo y claro epicentro de inestabilidad geopolítica (Oriente Medio acapara el 66% de las reservas petrolíferas mundiales conocidas); las disputas entre la India y Paquistán, dos grandes potencias atómicas, por el control de la rica región de Cachemira; y en general las guerras civiles que se libran en distintos puntos estratégicos del Cáucaso por el dominio de las rutas de exportación del petróleo y del gas natural disponible en el Mar Caspio, cuyas reservas se estiman en más de 200.000 millones de barriles, el 35% del total del planeta (Cullen, R., 1999). A todo ello hay que añadir la creciente tensión que se vive en el Sureste Asiático por la amenaza nuclear de Corea del Norte y las ambiciones independentistas de Taiwan, cuya plena soberanía sigue reclamando China. Aunque algunas de las guerras actualmente vigentes se deben a la propagación de la pobreza y al rebrote de los nacionalismos, donde la identidad y la religión desempeñan un papel determinante (Smith, D., 1999: 30-47), los expertos del Banco Mundial, después de estudiar cada una de las zonas en conflicto, llegaron a la conclusión de que el interés económico por controlar los yacimientos minerales y los recursos energéticos es el principal desencadenante de la mayoría de las contiendas civiles que se originan hoy en día en el mundo (Marcos, P., 2000). Los autores del estudio afirman con rotundidad, que esta situación se da especialmente en el continente africano, donde existen destacados grupos armados que financian sus actividades paramilitares y guerrilleras con la venta de las materias primas que están bajo sus dominios territoriales (en especial minas de oro, plata y diamantes). En cierto modo, África y otras partes del mundo, con conflictos bélicos abiertos, son hoy el escenario de la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Europea y la pugna entre las grandes empresas multinacionales para hacerse con las concesiones de las explotaciones mineras y petrolíferas más rentables existentes en esos lugares. En la práctica, esos espacios, tan disputados e inseguros, se convierten en lo que Nogué Font y Vicente Rufí (2001: 111113) denominan "tierras incógnitas", en las que los derechos humanos no existen y los límites geográficos son imprecisos y cambiantes y su funcionamiento tiene una lógica interna propia, exenta de toda planificación y control racional. 4. El narcotráfico y las redes internacionales de delincuencia y terrorismo. La expansión de las actividades ilícitas ha experimentado un fortísimo incremento a lo largo de los últimos 50 años, cristalizando en la formación de poderosas e influyentes organizaciones criminales transnacionales, perfectamente organizadas en red, que operan en varios sectores productivos a la vez, aprovechándose de las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, así como de los procesos desreguladores impulsados a través de la globalización económica y de las facilidades concedidas a la libre circulación de capitales a nivel mundial. Su campo de actividad se centra en las especulaciones financieras, el comercio de armas y de material nuclear, el narcotráfico, el tráfico de personas y de órganos humanos y en el desarrollo de una variada y amplia gama de actividades ilegales que condicionan las libertades y la vida diaria de millones de ciudadanos en el mundo. Estos grupos mafiosos y organizaciones criminales han acumulado un poder sorprendente, llegando a interferir y a hipotecar la acción de gobierno de numerosos Estados: Colombia, Bolivia, Tailandia, México, Federación de Rusia y las antiguas repúblicas soviéticas, a las que Robert Kaplan denomina “Estados bazar”, por el hecho de estar controlados, en buena medida, por las mafias locales de carácter étnico muy marcado (Kaplan, R., 2000 y Edwards, M., 2002). Incluso, en diferentes estudios, se pone de manifiesto que Japón se ha visto seriamente afectado por las acciones llevadas a cabo por la mafia del país, al ser la responsable de la crisis que afectó al sector bancario nipón. Del mismo modo, la desaparición en Rusia, durante el mandato de Boris Yeltsin, de 400 toneladas de uranio enriquecido, todavía no recuperadas, suficientes para equipar 16.000 cabezas nucleares; así como el hecho comentado por Manuel Castells, en el volumen 3 de su conocida trilogía, de que a finales de los años noventa el 50% de los bancos y el 80% de las empresas conjuntas tenían conexiones estables con organizaciones mafiosas, y que casi todas las pequeñas empresas rusas pagaban cuotas de protección a bandas criminales y lo mismo hacían entre el 70 y el 80% de los bancos y las grandes empresas (Castells, M., 1999: 207-217), ponen en evidencia la debilidad de las estructuras estatales de poder establecidas para hacer frente a los procedimientos y sofisticados métodos utilizados por las redes mafiosas, que cada vez incorporan a sus filas a jóvenes prodigiosos (economistas, abogados y a destacados profesionales universitarios), para mejorar sus sistemas de comercialización, maximizar el rendimiento y alcance de sus operaciones y burlar el control de las autoridades fiscales. Entre las actividades que han alcanzado proporciones gigantescas están las relacionadas con la producción, el tráfico y el consumo de estupefacientes. En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas calcula que en todo el mundo hay unos 50 millones de consumidores adictos a las drogas duras en sus distintas modalidades, estimando el valor del tráfico ilegal en 500.000 millones de dólares anuales, casi un monto similar al que genera el negocio del turismo internacional a nivel mundial. (BBC, 2002). Con los ingresos procedentes de estas actividades se financian determinados grupos guerrilleros y señores de la guerra que operan en Colombia, Perú y diversos países africanos y asiáticos, así como las células de algunos grupos terroristas internacionales. Si bien las vías de financiación de estos últimos son muy diversas, el narcotráfico es una de las fundamentales, ya que la propia globalización, la desregulación bancaria, los paraísos fiscales y los acuerdos de libre comercio ofrecen herramientas hechas a la medida de las narcomafias. Otro campo de actuación, especialmente relevante, que está adquiriendo dramáticas consecuencias sociales, es el tráfico de personas y de inmigrantes ilegales (Nair, S., Goytisolo, J., 2000 y Rodríguez, J.A., 2002). Según un informe del Consejo de la Unión hecho público durante la Cumbre de Sevilla, sólo en la Unión Europea entran cada año unas 500.000 personas ilegales, de la mano de redes de traficantes, estimándose en 3 millones de personas el total de residentes en la Unión Europea que carecen de documentación en regla. Los analistas van más allá, al considerar que cerca de 25 millones de emigrantes subsaharianos ya se han puesto en marcha para entrar en Europa con el apoyo de las redes internacionales de traficantes, utilizando para ello todos los medios a su alcance (Peral, L., 2001). La situación es similar en los Estados Unidos, donde la Agencia Central de Inteligencia reconoce en un informe que alrededor 6 millones de inmigrantes están en situación irregular (la mayoría de nacionalidad mexicana) y que más de 50.000 mujeres y niños llegan cada año a ese país con promesas falsas. Una vez introducidos en el país, son obligadas a ejercer la prostitución, a trabajar en condiciones de esclavitud y a otras actividades fuera de la Ley. Muchas de las víctimas son menores de edad que proceden de Asia y África donde son prácticamente vendidas a bajos precios por sus propias familias a los traficantes. Ya en las ciudades de destino, se les obliga a servir como esclavos en el servicio doméstico. El citado informe añade que a nivel mundial, entre 700.000 y un millón de mujeres y niños son víctimas de este contrabando de seres humanos cada año; y que el problema tiende a aumentar en EE.UU y Europa, principales lugares de destino (El País, 03-04-2000: 36). Estas redes de traficantes actúan fundamentalmente en Tailanda, Myanmar, Filipinas, Malasia, Vietnam, China, Korea del Sur, México, Colombia, Honduras, Brasil, Rusia, República Checa, Hungria, Polonia, Rumanía, Nigeria y diversos países africanos donde captan mayoritariamente a sus víctimas. El creciente poder económico que han adquirido estas redes internacionales de delincuencia organizada, algunas de las cuales poseen la estructura organizativa y el alcance de las grandes empresas multinacionales, les ha permitido constituir, apoyar o financiar grupos terroristas, camuflados en la sociedad civil con la finalidad de intimidar y desestabilizar las estructuras de poder legalmente establecidas. Los atentados contra las torres gemelas de Nueva York, llevados a cabo el 11 de septiembre de 2001, condujeron a los Estados Unidos a iniciar una guerra global contra el terrorismo internacional cuyas primeras medidas se concretaron en la congelación de las cuentas bancarias de “Al Qaeda” y de otros 25 grupos terroristas (Bastenier, M.A., 2002: 23), con unidades operativas en distintos países, fundamentalmente islámicos (Rashid, A., 2002); y en la invasión militar de Afganistán y el derrocamiento del régimen talibán, así como en la intervención y control militar de Irak para asegurar, sobre todo, sus intereses geoestratégjcos en la zona del Golfo Pérsico, relacionados con la producción y el comercio petrolífero mundial (Giordano, E., 2003). No obstante, y a pesar de las medidas adoptadas por la Comunidad Internacional, no parece que el conjunto de las actividades delictivas que hoy en día se desarrollan, al margen de la legalidad vigente, vayan a disminuir, al menos mientras se mantengan operativos los 42 paraísos fiscales considerados por el Foro de Estabilidad Financiera como territorios estratégicos para el blanqueo de dinero negro. Para la ONU, en esas plazas financieras, que acaparan el 3% de la riqueza del planeta, se blanquean anualmente entre 500.000 millones y 1,5 billones de dólares procedentes del crimen organizado y de las actividades relacionadas con la economía sumergida (Barbería, J.L., 2000 y Taibo, C., 2002: 71-72). Ello se debe a las facilidades fiscales de todo tipo que se proporcionan al capital extranjero, al respeto absoluto al anonimato y a la reducida o nula cooperación con la Corte Penal Internacional (García, P., 2002) y con el sistema judicial internacional, lo que convierte a estos lugares en excelentes refugios para los grupos terroristas, las bandas mafiosas y las sociedades opacas creadas por personas físicas o entidades jurídicas de distintos puntos del planeta. 5. La contaminación y degradación del medio ambiente La explosión demográfica y el avance industrial y tecnológico basado en la explotación masiva de los recursos naturales y en la utilización de combustibles fósiles, como principales fuentes de energía, ha derivado en la acentuación de los procesos de contaminación y degradación del medio, alcanzando proporciones alarmantes que están poniendo en peligro el bienestar de millones de personas en todo el mundo, ya no sólo en las sociedades desarrolladas sino también en los espacios subdesarrollados, como consecuencia de su propia pobreza y de las necesidades de subsistencia, así como del progresivo traslado hacia los países del Tercer Mundo de las actividades productivas más agresivas, peligrosas y contaminantes, en parte por su permisividad ambiental ya imposible en los países ricos. En cualquier caso estamos asistiendo, a nivel global, a una preocupante degradación del medio ambiente que se plasma en alteraciones faunísticas, mutaciones genéticas y disminución de la capacidad reproductiva, en la modificación y destrucción de la vegetación, en la transformación y pérdida de suelos, en la emisión de gases tóxicos y en la contaminación de las aguas continentales y marinas, como consecuencia directa de las actividades que el hombre desarrolla en el medio rural y en las grandes concentraciones industriales y urbanas. En la actualidad, según se recoge en uno de los informes del Consejo al Club de Roma (King, A., y Schneider, B., 1992: 54-58), existen a escala mundial cuatro preocupantes casos de macrocontaminación. El primero está relacionado con la difusión de sustancias venenosas en el medio ambiente (componentes químicos no biodegradables y desechos radiactivos procedentes de la actividad industrial), que se caracterizan por su volatilidad, su gran capacidad para acumularse y permanecer en los tejidos grasos de los organismos vivos, dando lugar a trastornos nerviosos, hormonales, inmunológicos y reproductivos, así como a diversos tipos de cáncer, tal y como ha quedado probado en la Convención de las Naciones Unidas sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), celebrada a finales del mes de mayo de 2001 (Porta Serra, M., 2002). El segundo caso es la acidificación y eutroficación de lagos (Claval, P., 1980: 368-369) y la destrucción de bosques como consecuencia de la lluvia ácida y de los vertidos industriales, la construcción de presas hidraúlicas, las emanaciones de las centrales térmicas y la utilización masiva de combustibles fósiles tales como el petróleo y el carbón, lo que favorece la concentración de dióxido de carbono en proporciones superiores a las normales. Todo ello explica que en la actualidad, la mitad de los ríos del mundo se encuentren seriamente degradados y contaminados (PNUE, 2002). En tercer lugar figura la contaminación de la atmósfera superior causada por la utilización de gases CFC como propulsores para aerosoles y frigoríficos, lo que daña la capa de ozono y acelera el llamado efecto invernadero, considerado este último como la cuarta macrocontaminación más amenazadora hasta el momento, por su influencia en la regulación de la temperatura de la superficie de la tierra. Entre 1950 y 1996 se han emitido a la atmósfera 23.900 millones de toneladas de gases tóxicos para la salud, con un gran impacto sobre el clima. En este sentido, la comunidad científica internacional considera que la temperatura en la superficie del planeta puede experimentar un incremento entre 1,5 y 4,5 grados centígrados (King, A., y Schneider, B., 1992: 57), lo que provocaría un recalentamiento de la tierra y el aumento del nivel del mar en un metro. De producirse este fenómeno, los científicos que participaron en la elaboración del innovador "atlas mundial sobre el estado de los mares y los océanos", aseguran que la crecida de las aguas afectaría a más de 70 millones de personas en las zonas costeras de China, al 10% de la población de Egipto, al 60 % de la de Bangladesh, a más del 60% de la población de los Países Bajos y el 15% de los habitantes y el 50% de la industria del Japón quedaría amenazada (FAO, 2002). La historia reciente de la humanidad es fiel testigo de numerosos desastres ecológicos y de las actividades altamente contaminantes que desarrolla el hombre, poniendo en peligro su propia supervivencia. A modo de ejemplo, son reveladores por su trascendencia e impacto internacional los accidentes de: Chernóbyl (explosión de una central nuclear, en el año 1986, que provocó más de 300.000 muertos, 73.000 inválidos y la contaminación permanente de una superficie de 30 kilómetros de radio convertida hoy en tierra muerta); Bhopal (fuga de cianuro de metilo en la fábrica de la multinacional norteamerican Union Carbbide, que originó, en 1989, la muerte de 45.000 personas); Exxon Valdez (petrolero norteamericano que en 1989 derramó 40.000 toneladas de petróleo y contaminó más de 1.744 kilómetros de costa en Alaska); Bangladesh (más de 20 millones de personas están afectadas por beber aguas subterráneas contaminadas con arsénico, causando la muerte de 20.000 individuos cada año, lo que llevó al Banco Mundial a calificar este hecho, todavía hoy sin resolver, como "el mayor envenenamiento de población de la historia" (El País, 13-01-02: 30); Fosa Atlántica de Casquets (entre 1950 y 1963 fueron depositados en esta fosa 28.500 bidones con desechos nucleares radiactivos, la mayor parte de los cuales se encuentran hoy muy deteriorados (El País, 20-06-00: 32), constituyendo un foco permanente de contaminación del Océano Atlántico, al igual que lo son los residuos nucleares rusos vertidos durante años en el Mar Báltico y en el Mar de Barents y el hundimiento del petrolero “Prestige”, con 70.000 toneladas de combustible, en las costas de Galicia el 13 de septiembre de 2003. De cara al futuro, suponiendo que continúen las actuales prácticas industriales de quemar combustibles fósiles y agotar las reservas de materias primas existentes, la situación no parece nada optimista, ya que de cumplirse la hipótesis sobre los límites del crecimiento, publicada en el polémico informe Meadows, elaborado dentro del marco del ya citado Club de Roma (Meadows, D., y Meadows, D., 1972), hacia el año 2100 se puede producir una crisis ecológica de dimensión mundial, como consecuencia de un fuerte desequilibrio entre población y recursos (la productividad de la tierra es limitada), lo que puede traducirse en una alteración irreversible del medio, caracterizada por una creciente polución y una brutal disminución de la población y de la biodiversidad mundial. A este respecto, algunos trabajos de investigación recientemente publicados vaticinan la desaparición del 50% de las especies, el crecimiento desorbitado de las ciudades y el impacto que para el medio suponen el urbanismo y las grandes infraestructuras, lo que puede llevar a la degradación de más del 70% de la superficie terrestre en los próximos treinta años (PNUE, 2002). El temor a que estas alarmantes previsiones lleguen a producirse, ha contribuido a movilizar a la población y a los Organismos Internacionales para establecer acuerdos y convenios que frenen el progresivo deterioro ambiental. Así, en el año 1972, se llevó a cabo en Estocolmo la primera Conferencia Mundial sobre el Ambiente Humano. En 1987 varios países firmaron el Protocolo de Montreal con la intención de controlar las emisiones de gases CFC, y ese mismo año se presentó el informe de la Comisión