CARTA
PASTORAL
DEL
JSXCMO,
Y
pEVMO.
^R.
ilc
aosH,
so bbz
:
LA
OBEDIENCIA
CRISTIANA
SANTIAGO:
I
mp
.
y
E
n c
.
d el
S
emin a io
C.
C
en a l
1893
se
UNIV1RMDADL
DE
SANTIAGO
DF
COMPOSTF.l
A
CARTA
PASTORAL
DEL
PxCMO.
Y
pEVMO.
gR.
SOBHE
LA
OBEDIENCIA
CRISTIANA
SANTIAGO:
I
mp
.
y
E
n c
.
d el
S
emin a io
C.
C
en a l
.
1893
u
se
UNIVERS1DADE
DL
SANTIAGO
DE
COMPOSTELA
CARTA
PASTORAL
NOS
EL
DOCTOR.
DON
JOSE
MARTÍN
DE
HERRERA
T
DE
LA
IGLESIA,
POR
LA
GRACIA
DE
DlOS
Y
DE
LA
SANTA
SEDE
APOSTÓ
LICA
A
zo bispo
d e
S
a n ia g o
d e
C
o mpo s el a
,
C
a pe
l l á n
M
a y o
d e
S.
M.,
J
u ez
O
d in a io
d e
su
R
ea l
C
a pil l a
,
C
a sa
y
C
o e
,
N
o a io
M
a y o
d el
R
ein o
d e
L
eó n
,
C
a ba l l e o
G
a n
C
u z
d e
l a
R
ea l
y
d is in
guida
O
d en
d e
C
a l o s
III,
S
en a d o
d el
R
ein o
,
d el
C
o n sejo
d e
S.
M.,
e c
.,
e c
.
-A.1
VeneiaTole
Deása.
s
Ca."bilc5.o
d.e
ELiaes a.
Sa.3a. a.
-Apos
ólica.
y
l-zEe opoll axia
Iglesia
S-e
Sasa- iag o
d.e
Compcs e-
la,
al
"Vesae aTale
A a!
y
CaTollclo
ó.e
la
Colegia a
d.e
la
Co -azía,
á
ia.-aes o=
^A cip es es,
Pá ocos
y
lemas
Cle
o,
á
los
ISelig-iosos
y
Eeligiosas,
y
á
los
ieles
olos
d.e
n-aes a
.A clxlá-lócesis:
PAX
VOBIS
—
PAZ
Á
VOSOTROS
C
J1|^O
há
mucho
que
eg esamos
de
la
San a
Pas o al
í-^Visi a,
du an e
la
cual
hemos
is o,
como
en
años
an e io es
y
en
la
p ima e a
del
co ien e,
la
docilidad
u
se
UNIVERSIDADE
DL
SANTIAGO
DE
COMPOSTELA
-
4
-
de
nues o
ene able
Cle o,
y
la
e
y
piedad
de
nues o
amado
pueblo.
Los
ene ables
Cu as
pá ocos
se
han
mos ado
pun uales
y
obsequiosos;
las
au o idades
a en
as
y
co eses;
el
pueblo
humilde
y
de o o.
¡Con
qué
a idez
y
espon aneidad
han
concu ido
los
ieles
á
los
ac os
de
la
San a
Pas o al
Visi a!
De
nues a
mano
han
ecibido
cen ena es
de
ellos
la
Sag ada
Comunión
en
la
Misa,
que
dia iamen e
celeb ábamos
en
los
cen os
de
signados
pa a
el
eje cicio
de
nues o
apos ólico
minis e
io.
A
milla es
de
pá ulos
y
adul os
hemos
adminis a
do
el
Sac amen o
de
la
Con i mación;
g an
núme o
de
és os
se
han
p esen ado
en
el
ibunal
de
la
peni encia,
pa a
ecibi
de
Nós
la
absolución
Sac amen al;
cons an
emen e
han
asis ido
al
ezo
del
San o
Rosa io,
es ación
al
San ísimo
Sac amen o,
ac os
de
e,
espe anza
y
ca i
dad,
can o
del
T isagio
y
de
la
Sal e;
y
después
de
habe
nos
oido
p edica
la
di ina
palab a,
ecibían
de o amen
e
nues a
bendición.
No
dudamos
que
con
la
g acia
de
Dios
se
conse a á
siemp e
i a
en
nues os
diocesanos
la
e,
que
odos
debemos
al
Após ol
San iago,
y
la
pie
dad
he edada
de
nues os
mayo es.
Á
an
dulce
consuelo
y
espe anza;
á
an
ín ima
y
jus
a
sa is acción,
ha
sucedido
la
honda
pena
que
Nos
causa
la
se ie
de
calamidades
públicas,
que
pesan
sob e
nues
a
amada
pa ia:
las
inundaciones
p oducidas
po
es
pan osas
o men as;
el
cóle a
di undiendo
po
a ios
pun os
su
pes ilen e
y
mo í e o
háli o;
la
espan osa
ca
ás o e,
que
acaba
de
occu i
en
San ande ;
y,
po
in,
el
clamo
de
la
gue a,
que
con
se
an
jus a
y
necesa ia,
no
po
eso
deja
de
ae
consigo
innume ables
pelig os,
sob esal os
y
ama gu as.
Empe o,
más
que
odos
es os
in o unios,
pé didas
y
con a iempos,
Nos
a lige
el
is e
espec áculo
que
o e
ce
la
sociedad
con empo ánea;
la
esis encia
sis emá ica
á
la
au o idad;
la
lucha
enca nizada
de
los
pa idos,
la
di isión
de
los
buenos,
la
impunidad
del
c imen,
el
olea
je
siemp e
c ecien e
de
la
inmo alidad,
y
el
es ado
e
dade amen e
aná quico
de
los
pueblos.
A
cualquie a
pa e
que
se
uel a
la
is a,
se
en
los
is ísimos
esul
ados
de
las
modc iius
libe ades,
que
no
son
sino
la
emancipación
de
oda
au o idad,
un
sal oconduc o
pa a
HNIVERSlDAp
u
se
—
5
—
aspasa
las
leyes
de
Dios,
y
un
es ímulo
pa a
as o
na
el
o den
público.
Se
han
mul iplicado
po
doquie a
los
hijos
de
Bclial
,
que
según
signiñca
la
palab a,
no
quie en
some e se
al
yugo
de
la
ley;
ené icos
p opagandis as
del
socialismo
y
ana quismo
claman
sin
cesa
po
la
des ucción
de
odo
lo
exis en e,
es o
es,
de
los
elemen os
indispensa
bles
á
oda
sociedad,
el
o den,
el
espe o
á
la
au o idad,
á
las
pe sonas
y
á
la
p opiedad.
Tan
sub e si as
ideas
se
lanzan
dia iamen e
á
millones
de
pe sonas,
que
leen
con
a idez
pe iódicos,
e is as
y
olle os
sa u ados
de
excep icismo,
inc edulidad
y
odio
sa ánico
á
la
Iglesia
ca ólica,
deposi a ía
de
la
e dad,
de enso a
de
la
jus i
cia
y
bienhecho a
de
odos
los
homb es.
Y
como
es os
abajos
pa a
soca a
los
cimien os
del
o den
público,
eligioso
y
mo al,
ienen
ealizándose
hace
muchos
años,
hemos
llegado
ya
á
oca
los
unes
os
esul ados
de
an
absu das,
como
insensa as
decla
maciones.
Los
mismos
deposi a ios
de
la
au o idad
se
encuen an
sin
medios
e icaces
pa a
ep imi
los
excesos
de
u bas
igno an es,
á
las
cuales
se
ha
ana izado
con
quimé icas
p omesas
é
iluso ias
espe anzas.
Las
leyes
esul an
de icien es;
el
Código
penal
sin
igo ;
el
pode
ejecu i o
a opellado;
y
el
judicial
pues o
en
idicula
ca
ica u a
po
la
no ísima
o ma
de
adminis a
jus icia.
El
con agio
de
la
desobediencia
ha
in adido
odas
las
clases,
y
cada
día
son
mayo es
los
es agos
que
p oduce
en
la
sociedad.
Po
lo
cual,
Nos
c eemos
obligado,
en
cumplimien o
de
un
debe
de
nues o
sag ado
minis e
io,
á
de ende
el
p incipio
de
au o idad,
é
inculca
la
i ud
de
la
obediencia
po
medio
de
la
p esen e
C
a a
P
a s o a l
,
si iéndonos
de
los
documen os
Pon i icios,
que
á
es e
impo an ísimo
asun o
se
e ie en.
I
An es
de
conside a
la
obligación,
o ma
y
ca ác e
de
la
obediencia,
que
debe
p ac ica
el
c is iano
en
sus
di e en es
elaciones
sociales,
debemos
consigna ,
que
la
uen e
y
pleni ud
de
oda
po es ad
se
halla
en
Dios,
y
que
á
Dios
se
debe
po
odos
los
homb es
la
más
com-
UNIVERSIDADF.
DL
SAN
l
lAGO
DF
COMPOSTFL
u
—
()
—
ple a
y
endida
obediencia.
Todo
cuan o
Dios
manda,
debe
se
cumplid.o
ielmen e
po
el
homb e,
que
es
su
c ia u a.
Po que
en
Dios
eside
el
sumo
impe io,
la
so
be anía
absolu a,
el
pode
sin
lími es,
la
sabidu ía
in ini
a,
la
jus iciíi
e e na,la
ec i ud
indeclinable
en
sus
desig
nios,
el
o den
pe ec o
en
odas
sus
ob as,
y
la
bondad
inago able
pa a
con
el
homb e.
El
cual
sólo
es
dichoso,
cuando
con o ma,
en
odo,
su
olun ad
con
la
de,
Dios,
que
siemp e
quie e
lo
bueno,
lo
jus o
y
lo
que
conduce
á
su
e e na
elicidad.
Dios
mismo
es
la
elicidad
del
hom
b e,
y
és e
ma cha
de echo
á
su
in
Gi ando
le
ama
con
odo
su
co a3Ón
>
con
oda
su
ahnu,
con
odo
su
en endi
mien o
y
con
odas
sus
ue zas
(1).
La
p ueba
de
es e
amo
son
las
ob as
con o mes
con
los
p ecep os
di inos,
es
la
obse ancia
iel
de
es os
mismos
p ecep os.
Así
los
Is aeli as,
después
de
habe
oido
de
boca
de
Moisés
la
lec u a
de
las
palab as
y
man
da os
del
Seño ,
dije on:
Todo
lo
que
ha
hablado
el
Se
ño
,
ha emos
,
y
se emos
obedien es
(2).
Moisés
p opuso
al
mismo
pueblo
la
bendición
y
la
maldición.
La
bendi
ción,
dijo,
si
obedecié eis
d
os
mandamien os
del
Seño
ues o
Dios,
que
yo
hoy
os
in imo:
La
maldición,
si
no
obédecié eis
á
los
mandamien os
del
Seño
Dios
ues
o
(3).
Mejo
es
la
obediencia
que
las
íc imas,
dijo
Sa
muel
á
Saúl
(4).
Ab aham
me eció
se
pad e
de
los
c e
yen es,
p ome iéndole
el
Seño ,
que
en
su
linaje
se ian
bendi as
od.is
las
naciones
de
la
ie a,
h^ que
obedeció
á
su
os
(5).
Al
con a io,
Tobías
se
lamen aba
de
los
is es
e ec
os
y
jus os
cas igos
de
la
desobediencia,
diciendo
al
Seño :
Po que
no
obedecimos
á
us
mandamien os
,
po
eso
hemos
sido
en egados
á
saco,
y
d
cau i idad,
y
d
mue e,
y
pa a
se
la
ábula
y
el
op obio
de
odas
las
na
ciones,
en e
las
cuales
nos
has
espa cido.
Y
aho a,
Se
ño ,
g andes
son
us
juicios,
po que
no
hicimos,
según
(i)
Luc.
c.
io,
.
27.
12)
Exod.
cap.
XXIV,
.
7.
(3)
Deu .
cap.
XI,
.
27
y
28.
(4)
1
Regum.
cap.
XV,
.
22.
(5)
Genes,
cap.
XXII,
.
18.
u
-
7
-
us
p ecep os
,
ni
añduDimos
con
since idad
delan e
de
TíAW
¿Y
á
qué
ino
al
mundo
el
Hijo
de
Dios
hecho
hom
b e,
sino
á
cu a
al
humano
linaje
de
los
males,
que
ajo
la
desobediencia
de
nues os
p ime os
pad es?
El
se
anonadó,
omando
la
o ma
de
sie o
(2)
y
se
hi milló
á
si
mismo
hecho
obedien e
has a
la
mue e
y
mue e
.de
c us
(3)..
Descendí
del
cielo,
dijo,
no
pa a
hace
mi
o
lun ad,
sino
la
olun ad
de
aquél,
que
me
en ió
(4).
No
odo
el
que
me
dice:
Seño
,
Seño
,
en a á
en
el
eino
de
los
cielos,
sino
el
que
hace
la
olun ad
de
mi
Pad e
que
es á
en
los
cielos,
ese
en a á
en
el
eino
de
los
cielos
(5).
Po
odos
es os
pasajes,
y
o os
muchos
que
pudie
an
aduci se,
cons a
cla amen e,
que
el
homb e
es á
obligado
á
obedece
á
Dios
en
odas
las
cosas,
y
que
en
es o
es iba
p ecisamen e
su
pe ección.
Jamás
puede
el
homb e
decla a se
á
sí
mismo
exen o
de"
es a
obedien
cia.
En
Dios
i imos,
nos
mo emos
y
somos
(6
De
Dios
dependemos
po
c eación,
conse ación,
edención
y
o os
muchos
bene icios;
de
sus
manos
salimos,
y
á
sus
manos
hemos
de
ol e ;
suyos
somos
en
el
iempo
y
en
la
e e nidad.
El
Seño
nada
quie e
de
noso os,
que
no
sea
jus o
y
debido;
nunca
puede
engaña se,
ni
engaña
nos
en
lo
que
nos
manda;
y
po
es o
la
obediencia
á
Dios
es
el
camino
ec o
y
segu o
pa a
llega
al
cielo.
Sen ada
es a
e dad
undamen al,
pasemos
á
consi
de a
cuán a
es
la
obligación
que
iene
el
c is iano
de
p ac ica la
obediencia
en
las
es
di e en es
sociedades
en
que
i e,
la
domés ica,
la
ci il
y
la
eclesiás ica.
II
S
o c ied a d
d o més ic a
.
—
Conside ado
el
homb e
como
miemb o
de
la
sociedad
domés ica,
no
podemos
me
nos
de
eco da
el
p ecep o
e minan e
del
Seño ,
que
(i)
Tob.
cap.
111,
.
4
y
5.
(2)
Philipp.
cap.
II,
.
7,
(3)
Ibid.
.
8.
(4>
Joan.
c.
VI,
.
38.
(5)
Ma h.
c.
Vil,
.
2i.
(6)
Ac .
c.
XVII,
.
28.
-
14
-
Hay
que
nQ aí,
sin
emba go,
la
di e encia,
que
exis e
en e
la
obediencia,
que
se
debe
á
Dios,
y
la
que
se
debe
á
los
homb es.
A
Dios
se
híi
de
obedece
siemp e
y
en
odo;
á
los
homb es,
in es idos
de
au o idad,
se
hade
p es a
la
obediencia
den o
de
cie os
lími es.
Si
el
súbdi o,
ó
in e io ,
deja
de
se lo,
ya
no
es á
suje o
á
la
au o idad
de
aquel
supe io .
Así,
el
hijo
emancipado,
que
i e
ue a
de
la
pa ia
po es ad,
y
es
suiju is
en
el
nue o
es ado
que
ab azó,
ya
no
iene
el
mismo
debe
de
obediencia,
que
le
ligaba,
cuando
i ía
en
el
hoga
do
més ico.
Así
ambién,
el
súbdi o
de
una
nación,
que
o
ma
ca a
de
na u aleza
en
o a,
ya
no
iene
obligación
de
gua da
las
leyes
del
país,
donde
an es
i ía.
O o
de
los
lími es
de
la
obediencia
á
la
au o idad
humana
se
lija
po
el
obje o
del
manda o
del
supe io .
Cuando
es e
manda o
se
ex iende
á
ac os,
que
no
caen
bajo
su
ju isdicción;
cuando
el
p ecep o
del
supe io
es
abie amen e
con a io
al
de echo
di ino,
és e
anula
el
p e endido
de echo
del
supe io ,
que
no
puede
o dena
sino
aquello,
que
es é
con o me,
ó
no
se
oponga
¿i
o o
de echo,
que
él
ambién
debe
espe a .
Del
mismo
modo,
si
las
leyes
humanas
p esc iben
ac os
posi i amen e
con a ios
á
los
mandamien os
de
Dios,
es
e iden e
que
en onces
no
deben
p ac ica se
di
chos
ac os.
“
Es
impiedad,
dice
nues o
San ísimo
Pad e
León
XIII,
deja
el
se icio
de
Dios
po
ag ada
á
los
homb es;
ilíci o
queb an a
las
leyes
de
Jesuc is o
po
obedece
á
los
magis ados,
ó
so
colo
de
conse a
un
de echo
ci il,
in ingi
los
de echos
de
la
Iglesia.
C
oh
-
iene
obedece
á
Dios
an es
que
á
los
homb es
(1),
y
lo
que
en
o o
iempo
San
Ped o
y
los
demás
Após oles
es
pondían
á
los
magis ados,.guando
les
mandaban
cosas
ilíci as,
eso
mismo
en
igualdad
de
ci cuns anciás
se
ha
de
esponde
sin
acila .
No
hay,
así
en
la
paz,
como
en
la
gue a,
quien
a en aje
al
c is iano
solíci o
de
sus
de
be es;
pe o
odo
debe
a os a se,
y
p e e i
has a
la
mue e,
an es
que
dese a
de
la
causa
de
Dios
y
de
la
iglesia
11
(2).
Lo
cual
no
es
cie amen e
ebela se
con a
U)
Ac .
cap.
V,
.
29.
^2)
Encícl.
Sapien iae
Chis ianae,
io
de
Ene o
de
1890,
S(
UK!VERS[D¿
DE
SAN
11AC
DE
COMPOS
u
—
lo
—
el
pode
público,
“
pe o
si
las
leyes
de
los
Es ados
es án
en
abie a
oposición
con
el
de echo
di ino,
si
se
oíende
con
ellas
á
la
Iglesia,
ó
con adicen
á
los
debe es
eli
giosos,
ó
iolan
la
au o idad
de
Jesuc is o
en
el
Pon í
ice
Sup emo,
en onces
la
esis encia
es
un
debe ,
la
obediencia
c imen,
que,
po
o a
pa e,
en uel e
una
o ensa
ála
misma
sociedad,
pues o
que
peca
con a
la
Religión
es*
delinqui
ambién
con a
el
Es ado
....
u
“
No
se
niega
la
obediencia
debida
al
P íncipe
y
á
los
legisla
do es,
sino
que
se
apa an
de
su
olun ad
únicamen e
en
aquellos
p ecep os,
pa a
los
cuales
no
ienen
au o idad
alguna,
po que
las
leyes
hechas
con
o ensa
de
Dios,
son
injus as,
y
cualquie a
o a
cosa
pod án
se
menos
le
yes
11
(1).
El
obje o
p opio
de
la
obediencia,
según
enseña
San
o
Tomás,
u
es
el
p ecep o
de
cualquie
supe io ,
ya
ex
p eso,
ya
in e p e a i o,
es
deci ,
la
simple
palab a
del
supe io ,
indicando
su
olun ad,
al
cual
obedece
el
bucn
obedien e,
según
aquellas
palab as
de
San
Pablo:
Amo
nés ales
que
es én
suje os
á
los
P incipes
á
las
po es-
ades
0,
(2)
....
Es a
i ud
“
es
un
medio
en e
lo
supé luo
de
ella,
es o
es,
en
cuan o
alguno
obedece,
ó
á
quien
no
debe,
ó
en
lo
que
no
debe
.....
y
es
asimismo
un
medio
en e
lo
excesi o,
que
se
conside a
po
pa e
del
que
sus ae
al
supe io
el
débi o
déla
obediencia,
po que
hace
con
ex
ceso
su
p opia
olun ad,
y
el
de ec o,
que
se
conside a
po
pa e
del
supe io ,
á
quien
no
se
obedece
“
(3).
,
“
La
egla
de
oda
obediencia
á
los
homb es
es
la
o
lun ad
sobe ana
de
Dios,
que
á
cada
au o idad
ha
ijado
la
ó bi a,
den o
de
la
cual
debe
mo e se
pa a
log a
su
obje o;
y
si
alguna
ez
el
pad e
(y
lo
mismo
debe
deci
se
de
o o
supe io )
o dena a
á
sus
hijos
cosas
con a
ias
á
las
leyes
de
Dios
y
de
su
Iglesia,
como
se ía
la
inobse ancia
de
las
ies as,
el
desp ecio
de
los
ayunos
y
abs inencias,
el
hu o,
ó
la
enganza,
los
hijos
no
es a
ían
obligados
á
obede le,
po que
hallándose
en
abie a
(
i
)
Encíclica
Sapien iae
ch is ianae.
(2)
Ti .,
c.
111,
.
i.
(3)
Secunda
2.
ae
Quaes .w4.a .il
.
u
-
16
-
Oposición
el
p ecep o
de
un
in e io
con
el
de
un
supe
io ,
debe
cumpli se
és e
con
p e e encia
á
aquél*
(1).
Y
po
es o
dice
San
Juan
C isós omo:
En
odas
las
cosas
se
ha
de
obedece
á
los
pad es,
(y
o o
an o
debe
deci se
de
los
demás
supe io es),
menos
en
aquellas
que
se
e ie
en
ala
e dade a
piedad
,
es o
es,
á
la
piedad
pa a
con
Dios^
(2).
No
siemp e
es
malo
el
no
obedece
al
p ecep o;
cuando
el
que
lo
impone
manda
cosas,
que
son
con a
Dios,
en onces
no
se
le
ha
d,e-obedece .
Non
sempe
ma-
lum
es
non
obedi e
p aecep o:
cum
enim
Dominas
jube
ca,
quae
sun
con a ia
Deo,
une
ei
obediendum
non
es
(3).
“
La
obediencia
e dade a,
san a
y
me i o ia,
es
la
que
se
halla
ado nada
de
la
disc eción,
hones idad,
jus
icia
y
humildad.
Tal
obediencia,
es
la
que
engend a
la
anquilidad
en
los
ciudadanos,
y
sin
ella
no
puede
sub
sis i
la
epública,
ni
egi se
ninguna
amilia
11
(4).
Po
odo
lo
expues o
se
comp ende
ácilmen e
cuál
es
el
ca ác e
de
la
obediencia
que
el
homb e
debe
p es
a
á
sus
supe io es
en
la
sociedad
domés ica
y
en
la
ci il.
*
IV
S
o c ied a d
ec l e s iá s ic a
.
—
L
o s
p incipios,
que
egulan
la
p ác ica
de
la
obediencia,
que
debe
el
homb e
á
sus
supe io es
en
la
sociedad
domés ica
y
ci il,
ienen
aplicación
aún
más
igu osa
al
c is iano,
como
miemb o
de
la
San a
Iglesia
Ca ólica,
Apos ólica,
Romana,
socie
dad
ins i uida
po
nues o
Seño
Jesuc is o,
pa a
que
en
ella
y
po
ella
consigan
los
homb es
la
e e na
biena en
u anza.
En
a monía
con
an
noble
y
ele ado
in,
el
di
ino
Fundado
le
ha
dado
una
o ganización
admi able,
una
je a quía,
que
señala
á
cada
cual
su
pues o,
y
un
o den
de
acción
an
uni o me
y
cons an e,
que
esis e
á
odas
las
con ulsiones
de
la
sociedad
ci il,
á
odas
las
(
)
Véase
nues a
Pas o al
de
3o
de
Ab il
de
i885.
(2)
Homil.
36
in
Ma h.
(3)
Dec e .
G a iani,
pa e
2.
a
causa
n.®
Quaes
3.
a
Can.
Non.
92.
(4)
Ops
ad
a es
in
E emo,
se m.
7.
0
ín e
Ope a
D.
Augus ini.
se
UNIVERS1DADE
DL
SANTU^-C™
DE
COMPORTELA
u
-
17
-
maquinaciones
de
sus
enemigos,
y
aun
la
pone
á
cubie
o
de
las
p e a icaciones
de
algunos
de
sus
hijos.
El
cen o
déla
unidad
es
el
Romano
Pon í ice,
y
de
ese
cen o
pa en
á
oda
la
ci cun e encia
del
mundo
las
ene gías,
que
el
Espí i u
San o
comunica
á
los
legí imos
suceso es
de
los
Após oles,
y
po
ellos
álos
Sace do es,
y
demás
colabo ado es
en
la
ob a
de
la
sal ación
de
las
almas.
De
lo
al o
del
Va icano,
donde
eside
la
cabeza
isible
de
la
Iglesia,
desciende
á
odo
el
cue po
mís ico
de
C is o
la
iple
in luencia,
del
Sace docio,
del
Magis
e io,
y
de
la
Au o idad,
que
no
es
más
que
la
pa icipa
ción
de
aquella
po es ad,
que
Jesús
con i ió
á
los
Após
oles,
cuando
les
dijo:
Se
me
ha
dado
oda
po es ad
en
el
cielo
y
en
la
ie a
(1).
Como
el
Pad e
me
en ió,
así
yo
ambién
os
en ío
(2).
Es a
au o idad
la
eje ce
el
Vica io
de
C is o
en
odo
el
mundo,
y
la
eje cen
ambién
los
Obispos
en
sus
dió
cesis
espec i as,
con
sujeción
al
Romano
Pon í ice.
La
eje ce
el
Papa
en
los
países
de
in ieles,
donde
aún
no
exis e
la
je a quía
eclesiás ica,
po
medio
de
Vica ios
Apos ólicos,
P e ec os
y
Delegados,
que
suplen
la
au
sencia
de
Obispos
con
Sede
p opia.
Y
la
eje cen
odos
los
supe io es
eclesiás icos,
que
se
hallan
en
comunión
con
la
San a
Sede,
en
la
o ma
y
con
las
limi aciones
que
la
misma
les
señala.
Al
Sumo
Pon í ice
odos
los
c is ianos
es amos
obli
gados
á
obedece ;
á
los
Obispos
y
o os
supe io es
de
ben
obedece
los
súbdi os
señalados
po
el
Papa.
Los
Obispos
han
sido
pues os
po
el
Espí i u
San o
pa a
e
gi
la
Iglesia
de
Dios
(3),
y
los
que
eje cen
la
au o idad
o dina ia
en
de e minado
e i o io,
deben
se
obedeci
dos
en
odo
aquello,
y
po
odos
aquellos,
que
el
De e
cho
Canónico
iene
es ablecido.
San
Pablo
dice
e mi
nan emen e:
Obedeced
á
ues os
P elados,
y
es udies
sumisos.
Obedi e
P aeposi is
es is,e
subjace e
eis
(4).
La
obediencia
es
la
i ud
ca ac e ís ica
de
odo
buen
c is iano;
la
que
da
cohesión
y
ue za
á
la
Iglesia
de
i)
Ma h.
cap.
XXVIII,
.
i8.
(2)
Joan-
cap.
XX,
.
21.
(3)
Ac .
cap.
20,
.
28.
(4)
Haeb .
cap.
i3,
.
17.
u
-
18
-
.
C is o;
sos iene
la
unidad,
igo iza
la
e,
a i ma
la
espe
anza,
y
es echa
los
lazos
de
la
ca idad.
A
la
mane a
que
un
ejé ci o
bien
disciplinado
cumple
con
la
mayo
exac i ud
las
ó denes
de
sus
je es,
y
gua da
uni o midad
en
odos
sus
mo imien os
y
e oluciones,
así
ambién,
la
milicia
del
pueblo
c is iano,
obedeciendo
á
las
p es
c ipciones
de
sus
legí imos
supe io es,
se
man iene
i
me
en
la
conlesión
de
la
e,
y
se
deja
guia
con
docilidad
po
el
camino
que
aquellos
le
indican.
¡Qué
he moso
espec áculo
o ecen
al
mundo
los
bue
nos
hijos
de
la
Iglesia
en
la
p ác ica
de
la
obediencia!
El
o o
de
es a
i ud,
lle a
al
Religioso
á
los
más
apa ados
países
del
globo,
dejando
pá ia,
pa ien es
y
amigos,
pa a
cumpli
con
el
sag ado
debe ,
que
le
ha
impues o
su
supe io .
Se
deja
lle a
y
ae
po
la
obe
diencia
con
la
mayo
sumisión,
y
no
iene
más
olun ad,
que
la
de
aquél,
que
le
gobie na
según
las
p esc ipcio
nes
de
su
Ins i u o.
La
obediencia
es
pa a
odas
las
almas
consag adas
á
Dios,
la
pied a
de
oque,
donde
se
con as an
y
aquila an
los
g ados
de
la
pe ección
e angélica.
Poco
impo a ía
que
p ac icasen
la
pob eza
y
la
cas idad,
si
es as
i u
des
no
ue an
acompañadas
de
la
obediencia.
Es a
es
la
i ud
esencial
de
oda
comunidad,
si
ha
de
se
ob
se an e.
■
-
El
Sace do e
ca ólico,
al
iempo
mismo
de
su
o dena
ción,
p ome ió
e e encia
y
obediencia
al
P elado
p o
pio,
y
á
los
que
le
sucedan;
y
en
i ud
de
es a
p omesa,
hecha
en
ocasión
an
solemne,
es á
obligado
á
se i
á
la
Iglesia
en
el
ca go,
o icio,
bene icio
ó
minis e io,
que
le
co esponda,
según
los
Sag ados
Cánones.
Los
que
po
azón
del
pues o
que
ocupan,
deben
au
xilia
al
P elado
en
la
cu a
de
almas,
ienen
es ic a
obligación
de
segui
las
ins ucciones
del
mismo,
po que
és e
es
su
guía
y
su
consul o
na o,
al
cual
deben
obede
ce
en
el
eje cicio
de
su
minis e io.
Y
como
el
P elado
es
el
que
iene
á
su
ca go
p incipalmen e
la
cu a
de
al
mas
en
oda
la
Diócesis,
y
ha
de
esponde
á
Dios
de
sus
diocesanos,
á
él
oca
exclusi amen e
di igi
el
mo i
mien o
ca ólico
en e
sus
súbdi os,
mien as
siga
con
idelidad
las
ins ucciones
del
Romapo
Pon í ice,
al
cual
u
-
19
-
odos,
Obispos
y
Sace do es,
Clé igos
y
lego
s,
secula
es
y
egula es,
es amos
obligados
á
obedece .
Ni
puede
excusa se
es a
obediencia
diciendo,
que
el
Papa
y
los
Obispos
pueden
equi oca se,
y
aun
ex alimi
-
a se
en
el
eje cicio
de
su
au o idad.
Po que
ambién
pueden
equi oca se
los
o os
Supe io es
eclesiás icos,
aunque
p o esen
la
pe ección
e angélica,
y
sin
emba go,
ningún
eligioso
debe
c ee se
au o izado
pa a
al a
á
la
obediencia
á
sus
Supe io es,
aunque
io
sean
in alibles,
ni
san os.
.¿A
dónde
i íamos
á
pa a ,
si
uese
necesa io,
pa a
p es a
obediencia,
que
el
Supe io
no
pudiese
en
gaña se,
ni
ex alimi a se?
Es a
clase
de
Supe io es,
que
no
puedan
equi oca se,
ni
al a
absolu amen e
en
nada,
no
la
hay
en
la
ie a.
Pe o,
de
que
puedan
equi oca se
ellos,
no
se
deduce
que
acié enlos
súbdi os
desobedien
es
y
ebeldes,
que
los
censu an.
Al
Papa
y
á
los
Obispos
no
puede
censu a
ni
juzga
nadie,
po
sabio
que
sea,
y
po
p uden e
que
pa ezca.
Nega
la
obediencia
al
Papa
bajo
el
p e ex o
de
que
el
Papa
se
equi oca,
es
anda
po
los
caminos
del
cisma
y
aun
de
la
he ejía.
Po que
la
Iglesia
docen e
y
egen e
no
la
componen,
ni
los
censo es
del
Papa
y
de
los
Obis
pos,
ni
los
que
oponen
esis encia
á
sus
ins ucciones;
y
deci
es o,
se ía
un
e o
ascenden al,
y
una
he ejía
mani ies a.
No
ha
habido
he eje,
que
no
haya
dicho
que
él
ace aba
y
la
Iglesia
se
equi ocaba,,
y
que
su
juicio
pa icula
e a
p e e ible
al
del
Papa
y
de
los
Obispos.
P e ende
se
más
ca ólico
que
el
Papa,
y
co egi le,
y
deci
que
se
equi oca
y
se
ex alimi a,
es
pu a
so
be bia.
No,
no;
el
Papa
no
se
equi oca,
ni
se
ex alimi a,
al
p opone
á
los
ca ólicos
una
no ma
de
conduc a
en
de
e minadas
ci cuns ancias.
Bien
cla amen e
ha
explica
do
y
demos ado
su
compe encia
en
asun os
y
cues io
nes
mo ales,
que
no
po
o ece
algún
aspec o
de
in e és
empo al
pa a
de e minadas
pe sonas
ó
ag upaciones,
dejan
de
cae
bajo
su
magis e io,
como
Di ec o
de
las
conciencias,
po
el
aspec o
del
in e és
de
la
Religión.
“
Hay
pe sonas,
ha
dicho
nues o
Sañ ísimo
Pad e
el
Papa
León
XIII,
que
haciendo
ala de
de
su
ca olicismo,
se
c een
con
de echo
á
mos a se
e ac a ias
á
la
di-
u
se
LWVLRSIDADL
DE
SANTIAGO
DE
OMPOSTFIA
—
20
—
ección
impues a
po
el
Je e
de
la
Iglesia,
bajo
el
p e ex
o
de
que
se a a
de
una
cues ión
polí ica.
Pues
bien;
an e
es as
e óneas
p e ensiones
man enemos
en
oda
su
in eg idad
cada
uno
de
los
ac os
emanados
de
Nós
an e io men e,
y
decimos:
No,
no
cabe
duda :
Nós
no
pe seguimos
ines
polí icos,
pe o
cuando
la
polí ica
se
encuen a
es echamen e
unida
á
los
in e eses
eligio
sos,
como
acon ece
en
la
ac ualidad
en
F ancia,
si
hay
alguien
que
iene
lá
misión
de
de e mina
la
conduc a,
que
puede
de ende
y
cus odia
e icazmen e
los
in e eses
i
eligiosos,
en
los
cuales
consis e
y
es iba
el
in
sup emo
de
las
cosas,
es
el
Pon í ice
Romano.
A
es e
p incipio
u ela
del
bien
de
las
almas
se
e ie en
odas
las
ense
ñanzas,
que
Nós
hemos
c eído
debe
da
ecien emen e
en
di e sas
ocasiones,
en
i ud
de
Nues o
apos ólico
minis e io
11
(I).
Ningún
ca ólico
medianamen e
ins uido
en
la
Doc-
i
ina
C is iana,
igno a,
que
el
Romano
Pon í ice
es
in a
lible,
cuando
de ine
ex
ca hed a
como
Doc o
uni e sal,,
algún
pun o
ela i o
á
la
e
ó
á
las
cos umb es,
impo
niendo
la
obligación
de
some e se
á
su
de inición.
Mas,
no
hay
necesidad
de
que
de ina
ex
ca hed a
,
pa a
se
obedecido
po
odos
los
ieles
de
C is o.
El
Concilio
Va
icano,
que
de inió
como
dogma
de
e,
la
in alibilidad
del
Romano
Pon í ice,
dijo
es as
e minan es
palab as:
Enseñamos
y
decla amos,
que
la
Iglesia
Romana,
po
di i
na
ins i ución,
iene
el
p incipado
del
pode
o dina io
so
b e
odas
las
demás
Iglesias,
y
que
es e
pode
de
ju isdic
ción
del
Romano
Pon í ice,
De dade amen e
episcopal,
es
inmedia o;
que
los
Pas o es
y
los
ieles,
odos
y
cada
uno,
cualesquie a
que
sean
su
i o
y
dignidad,
le
es án
suje os
po
el
debe
de
la
subo dinación
je á quica,
y
de
la
e da
de a
obediencia,
no
sólo
en
las
cosas
que
pe enecen
á
la
e
y
á
las
cosíumb es,
sino
ambién
en
las
que
concie nen
á
la
disciplina
y
al
gobie ao
de
la
Iglesia,
ex endida
po
odo
el
uni e so;
de
mane a
que,
gua dando
la
unidad,
sea
de
co
munión,
sea
de
p o esión,'!
e
una
misma
e
con
el
Romano
1
on
í
ice,
la
Iglesia
ele
C is o
sea
un
solo
ebaño,
con
un
so
lo
Pas o
sup emo.
Tal
es
la
doc ina
de
la
e dad
ca ólica,
Ca a
de
Su
San idad
al
Obispo
de
G enoble
á
22
de
Junio
de
1852.
u
—
2
—
ic
la
cual
nadie
se
puede
apa a
sin
pe de
la
e
y
la
sul-
a nón
(1).
Que
las
enseñanzas,
decla aciones,
manda os
y
ex
ho aciones
de
nues o
San ísimo
Pad e
León
XIII
se
e
ie en
á
cosas
pe enecien e^
ilas
cos umb es
,
í
la
dis
ciplina
y
al
gobie no
de
la
Iglesia,
y
an
encaminadas
á
p ocu a
la
salud
e e na
de
las
almas,
y
no
mezquinos
in e eses
de
la
ie a;
y
po
lo
mismo
que
el
Papa
ob a
den o
de
la
ó bi a
de
su
exclusi a
compe encia,
es
cla o
y
e iden e
á
odos
los
que
no
es én
ciegos
po
el
espí i u
de
pa ido.
Po
lo
cual,
no
me ecen
e u ación,
sino
que
inspi an
compasión
los
que,
cubie os
con
el
man o
de
un
also
celo
eligioso,
que
pudié amos
llama
ana ismo
libe al
,
se
e igen
en
jueces
de
la
Sup ema
Cabeza
de
la
Iglesia.
Pe o,
como
hacen
an o
daño
en
el
pueblo
c is iano
con
su
ac i ud
de
pasi a
esis encia,
y
con
su
p opagan
da
de
e o ma,
al
es ilo
p o es an e,
omen ando
la
di i
sión
en e
los
ca ólicos,
é
impidiendo
la
unión,
hoy
an
necesa ia;
po
es o,
concluimos
es a
C
a a
P
a s o a l
,
exho ándoos,
VV.
HH.
y
aa.
hh.,
á
p ac ica ,
con
oda
pe ección,
la
i ud
de
la
obediencia
c is iana,
y
á
o a
po
los
que
andan
ex a iados
de
la
senda,
que
á
odos
nos
ma ca
el
Sup emo
Pas o
de
la
Iglesia
de
C is o.
Seamos
humildes
y
obedien es,
y
no
nos
empeñemos
en
da
lecciones
de
gobie no,
sin
ene
misión
pa a
ello.
Respe emos
la
au o idad
en
odas
sus
legí imas
mani es
aciones,
en
la
sociedad
domés ica,
en
la
ci il
y
en
la
eclesiás ica.
Sea
nues a
obediencia
p on a,
gene osa
y
aleg e.
La
obediencia,
dice
San
G ego io
el
Magno,
con
asón
es
p e e ida
á
las
ic imas,
po que
po
las
íc imas
se
da
mue e
á
la
ca ne
ajena,
mas
po
la
obediencia
se
da
mue
e
á
la
p opia
olun ad.
Obedien ia
Vic imis
ju e
puaeponi-
u ,
quia
pe
ic imas
aliena
ca o,
pe
obedien iam
e o
olun as
p op ia
mac a u
(2).
•
La
pe ec a
obediencia
,
dice
el
mismo
San o
Pad e,
que
se
p es a
á
los
homb es,
es
un
don
del
C iado ,
y
una
*
(i)
Cons i ución
dogmá ica
Pas o
ae e nus,
dada
en
la
4.
a
sesión
el
18
de
Julio
de
1870.
(2)
Mo aüum,
lió,
35.°
c.
1
0.
n.°
|5.
u
_
22
—
o enda
al
Seño ;
po que
d
los
homb es
se
o ece
po
Dios
,
y
o
ecicla
d
los
homb es,
Dios
la
ecibe
(1).
Y
pon
de a
an o
la
obediencia,
que
llega
á
deci :
Si
obedecié
emos
á
nues os
P elados
,
obedece d
Dios
d
nues as
o aciones.
Si
obedie imus
p aepósi is
nos is,
obedie
Deas
o a ionibus
nos is
(2).
Ap endamos
del
Di ino
Maes o
á
se
humildes
y
obedien es;
gua demos
la
subo dinación
es ablecida
y
mandada
po
Dios,
y
i amos
segu os
de
que
po
la
obediencia
llega emos
á
consegui
el
eino
de
los
Cielos.
Deseando
Nós
muy
de
e as,
que
ob engáis
an a
di
cha,
á
odos
oso os,
VV.
HH
y
aa.
hh.,
os
damos
de
co azón
nues a
bendición:
En
el
nomb e
del-]-
Pad e,
y
del
-j-
Hijo
y
del
Espí i u
San o.
Amén.
Dada
en
nues o
Palacio
A zobispal
de
San iago
de
Compos ela,
i mada
po
Nos,
sellada
con
el
de
nues as
a mas
y
e endada
po
nues o
in asc ip o
Sec e a io
de
Cáma a
y
Gobie no,
á
sie e
de
No iemb e
de
mil
ochocien os
no en a
y
es.
•
JOSE,
XnoV sYO
A
San iago
de
Compos da.
Po
mandado
deS.
E.
I.
el
A zobispo,
mi
Seño ,
Lie.
E
u g en io
d el
B
l a n c o
A
l a e z
,
Sec e a io.
(i)
Lib o
2.*
in
I.
Regúm.
c.
3,
supe
illud
ade
e
do mi,
1
ib.
4.
0
,
cap.
5.°
(2)
Au i odina,
e bo
obedien ia,
sen .
i55.
S(
L'NlVERS O/
DLSANIIAí
u
u
DL
SANTIAGO
DE
COMPOSTEW