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Historiografía del parentesco: del evolucionismo decimonónico al particularismo antievolucionista

Penedo Vázquez, Eva

Abstract

La presente tesis doctoral pretende un acercamiento historiográfico a tres de las corrientes fundamentales de la antropología, y más en concreto a los trabajos teóricos de dichas corrientes en lo que se refiere al tema del parentesco, con el objetivo de proporcionar al historiador un compendio de fuentes en gran medida desconocidas para él y que constituyen las raíces de elementos muy presentes en el estudio de la historia. Dada la dificultad que supone el parentesco, privilegiado durante años por los antropólogos, resulta imprescindible una introducción terminológica y conceptual que permita a los profanos de la materia una plena comprensión del conjunto, así como una breve esquematización del desarrollo historiográfico que incluye las épocas que no se tratarán. Los primeros capítulos se dedican a la exposición de los principales planteamientos que desde el ámbito evolucionista de la antropología decimonónica se llevaron a cabo en relación a este tema. Como corriente de origen de la disciplina, es fundamental profundizar en un contexto muy específico que determinó todo el desarrollo posterior de esta ciencia, por lo cual se presta atención especial a los diferentes ámbitos del siglo XIX que participaron o determinaron de algún modo los estudios de los teóricos de la época. La tesis continúa con dos corrientes posteriores de la disciplina, estableciendo en cada una de ellas la introducción necesaria para la comprensión de su pensamiento; esto es, la metodología y los fundamentos teóricos de cada una de ellas. Así, al evolucionismo sigue en este estudio el difusionismo en sus tres vertientes: inglesa, norteamericana y alemana, con especial hincapié a uno de los autores ingleses que más huella dejó en el parentesco: William Rivers. Luego, se aborda a Franz Boas, fundador del particularismo histórico, y a sus principales discípulos, especialmente a Alfred Kroeber, a Robert Lowie y la corriente de “cultura y personalidad”. Por último, las conclusiones devuelven la atención sobre la pertinencia e interés de este estudio para el ámbito histórico y la utilidad que posee como base de futuras investigaciones.

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UNIVERSIDADE DE SANTIAGO DE COMPOSTELA FACULTADE DE XEOGRAFÍA E HISTORIA DEPARTAMENTO DE HISTORIA I HISTORIOGRAFÍA DEL PARENTESCO: DEL EVOLUCIONISMO DECIMONÓNICO AL PARTICULARISMO ANTIEVOLUCIONISTA Eva Penedo Vázquez Memoria para optar al grado de doctora presentada por la licenciada Eva Penedo Vázquez. Dirigida por María del Mar Llinares García Santiago de Compostela. Abril de 2014 María del Mar Llinares García, profesora titular del departamento de Historia I de la Universidad de Santiago de Compostela HACE CONSTAR que el trabajo “Historiografía del parentesco: del evolucionismo decimonónico al particularismo antievolucionista”, que presenta Eva Penedo Vázquez para optar al título de doctora ha sido realizado bajo su dirección. Firmado María del Mar Llinares García Santiago de Compostela Abril de 2014 Eva Penedo Vázquez A mi fauna Quiero expresar en el ámbito de lo académico mi más sincero agradecimiento a mi tutora, María del Mar Llinares García, por su paciencia y comprensión a lo largo de este último lustro, y por haberme apoyado incondicionalmente en otros proyectos al margen de mi tesis doctoral. También a los bibliotecarios y bibliotecarias de la Facultad de Geografía e Historia, siempre amables y competentes, rostros conocidos que, desde una relación meramente superficial, me ayudaron, sin embargo, a sobrellevar la carga de tantos y tantos libros. A todos los miembros del Becariato, por lo que ellos ya saben. A mis padres, que han estado, están y estarán siempre a mi lado. A Ana, hermana más allá de la consanguinidad. A mi compañero, Emilio, que me apoyó en los momentos de tesis y me perdonó por los de no-tesis que debieran haberlo sido. Y a mi hijo Alejandro, que me ha enseñado lo que de verdad es importante en esta vida. Esta tesis se llevó a cabo con la ayuda de una beca del programa de Formación de Profesorado Universitario otorgada por el Ministerio de Educación y Ciencia disfrutada entre Mayo de 2007 y Agosto de 2011. ÍNDICE Introducción …………………………...................................................... 5 Capítulo 1. Conceptos básicos del parentesco 1.1. Conceptos teóricos de la antropología del parentesco ………….. 11 1.2. Breve historiografía del parentesco …………………………...... 25 Capítulo 2. En el origen: el contexto del siglo XIX 2.1. El contexto decimonónico de las visiones antropológicas …....... 33 2.1.1. El siglo del progreso humano …………………………..... 33 2.1.2. Economía y política: del laissez-faire al imperialismo colonialista …………………………........ 36 2.1.3. La familia monógama como modelo de perfección …....... 39 2.1.4. La revolución científica: el evolucionismo biológico …… 42 2.2. Del evolucionismo biológico al evolucionismo social ………..... 48 Capítulo 3. El estudio del parentesco en la antropología decimonónica 3.1. Los objetivos antropológicos y sus medios de consecución ….... 53 3.2. Los sistemas de parentesco …………………............................... 57 3.3. De la familia al individuo. Teorías jurídicas del derecho y la religión …................................ 69 3.4. La humanidad promiscua ……………………………………...... 74 3.5. El sexo en el poder: patriarcado o matriarcado ……………......... 80 - 1 - 3.6. El matrimonio por captura y el origen de la exogamia ………..... 88 3.7. El esquema de Morgan y su influencia en la antropología marxista ………..……………........ 97 3.8. La antropología estadística como medio de elaboración de una secuencia cronológica …………………........ 111 Capítulo 4. El difusionismo 4.1. La corriente difusionista y su metodología ………………........... 116 4.2. Los británicos heliolíticos …………………………………......... 126 4.3 Los Kulturkreise germanos ……………........................................ 130 Capítulo 5. William Halse Rivers Rivers 5.1. El método genealógico …………………………………….......... 137 5.2. Rivers y Morgan ………………………....................................... 143 5.3. La etapa difusionista ………………………………………......... 148 5.4. Descendencia o filiación ……………………............................... 151 Capítulo 6. El particularismo histórico 6.1. Franz Boas y el particularismo histórico ………………….......... 154 6.1.1. Los campos de estudio de Boas …………………….......... 154 6.1.2. Los años evolucionistas y el inicio de la crítica metodológica …………………………........... 159 6.1.3. La ruptura con el evolucionismo y las matizaciones de la difusión ….................................... 161 6.1.4. El particularismo histórico y el germen de “cultura y personalidad” …………………..................... 166 - 2 - - 3 - 6.1.5. La filiación kwakiutl al servicio de la crítica al evolucionismo …………………………….......... 169 6.2. Boasianos menores ante el parentesco …………………….......... 175 6.3. “Cultura y personalidad” …………………………………...........187 Capítulo 7. Robert Lowie: Morgan revisionado 7.1. Lowie, boasiano ………………………………………................ 194 7.2. Sobre las teorías de la difusión y de la evolución independiente .. 195 7.3. Morgan y Lowie. Primeras refutaciones ………………...…........ 199 7.4. Sociedad antigua vs. sociedad primitiva ……………………....... 205 7.4.1. Los estadios “matrimoniales” ………………..................... 206 7.4.2. La sib ………………………………………………........... 207 7.4.3. Historia de la sib ………………………............................. 210 7.5. Morgan desde una perspectiva histórica ……............................... 213 7.6. Las terminologías bifurcadas del parentesco ..…………….......... 215 Conclusiones …………………………………………………………........ 218 Bibliografía …………………………………………………………........... 228 INTRODUCCIÓN El nacimiento de la antropología del parentesco en la segunda mitad del siglo XIX quedó indefectiblemente ligado a un contexto muy específico que dictó los objetos de estudio tanto como la terminología y los prejuicios lastrantes que caracterizarían la rama más dura de la disciplina durante décadas. El parentesco, que hoy por hoy trae a colación multitud de debates novedosos y controvertidos que van desde los estrictamente científicos hasta los religiosos o los morales, abarcando ámbitos sociales que quedan muy lejos del mundo académico, parecía en la centuria decimonónica algo mucho más delimitado, directo o evidente, al menos en su uso, tal como se inscribía en su rol de elemento determinante de la línea de la evolución humana. Desde la ciencia biológica se construía la visión del paso de lo más simple hacia lo más complejo, ampliando en miles de años el telón de fondo de actuación de los protagonistas del proceso. Mientras tanto, la veloz y brutal industrialización respaldaba la percepción de la posibilidad del cambio y la trasladaba de lleno al ámbito social, donde cada ciudadano podía percibir de forma manifiesta el control del hombre sobre el medio. El occidental, más seguro de sí mismo que nunca, convirtió al salvaje y a todas sus instituciones en la otra cara de la moneda que él mismo ocupaba, en el otro extremo de su idónea, perfecta y autocomplaciente sociedad, donde los logros de los más fuertes garantizaban de forma indiscutible el progreso de la raza entera. Considerado, asimismo, como paradigma de la infancia de las sociedades superiores, la suya propia se descubrió a ojos de los investigadores como la oportunidad irrepetible de conocer, a través de la comparación, un pasado inalcanzable por otros medios. Los estadios de los pueblos inferiores, supuestos más o menos avanzados, mostraron al pensamiento antropológico el desarrollo temporal de la línea del progreso. En este contexto, las formas de parentesco y de religión existentes entre los salvajes aparecían como los campos más dotados para el acercamiento, imposible a través de la arqueología, a las instituciones y las creencias presumiblemente originarias del ser humano en su conjunto, dada la premisa de la unidad psíquica compartida por la especie. Las relaciones de parentesco, estructuradoras de la sociedad en la mayor parte de los casos, se convirtieron en la antítesis del Estado, en símbolo de la condición atrasada del individuo carente del civilizado y supremo - 5 - González, su amplitud trata de dar cabida al máximo número de posibilidades: “grupo de personas vinculadas por matrimonio y descendencia con una residencia local común, adscrito a la procreación y cuidado de los hijos”4. La misma autora matiza otros términos, advirtiendo sobre la necesidad de distinguir unidad doméstica5 y núcleo procreativo6, de cuyas definiciones se derivaría que “los nayar tienen unidad doméstica de parientes, pero no de familia, que una comuna es un tipo de unidad doméstica, que una familia nuclear es un tipo de familia y que la familia es la forma más generalizada de núcleo procreativo y de unidad doméstica, pero en ningún caso la única”7. Lo común entre los antropólogos, por el contrario, es no perfilar con tanta precisión estos conceptos, asimilando familia a unidad doméstica. Toda definición del concepto, en cualquier caso, nos lleva a los criterios interrelacionados sobre los que sus diversos tipos se configuran: norma de residencia y forma de matrimonio. De la primera baste mentar las familias dependientes8 y las independientes9. Respecto al matrimonio, cuyas formas más conocidas son la monogamia y la poligamia10, hay que hacer constar la misma imposibilidad de una definición única que encontramos para la familia. Si respecto a ésta la principal discusión versaba en torno a su universalidad, para el matrimonio únicamente ciertas horas al día (estudio de 1956). V. GOUGH, Kathleen; LÉVI-STRAUSS, Claude; SPIRO, Melford E. Polémica sobre el origen y la universalidad de la familia. Anagrama. Barcelona, 1995 (1973). 4 GONZÁLEZ ECHEVARRÍA, Aurora; GRAU REBOLLO, Jorge; SAN ROMÁN ESPINOSA, Teresa. Las relaciones de parentesco. Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona, 2003, p. 62. 5 Unidad doméstica: “grupo de personas que conviven en una residencia común, formando una unidad de cooperación económica y en cuyo seno se educa y se cría a los hijos que nacen de sus miembros. Puede ser una asociación o no de parientes”. GONZÁLEZ ECHEVARRÍA et alii. Las relaciones…Op. cit., p. 62. También: “Hay algunas unidades domésticas donde aún siendo parientes sus miembros no constituyen una familia, por no existir matrimonio entre ellos”. GONZÁLEZ ECHEVARRÍA, Aurora; SAN ROMÁN ESPINOSA, Teresa; VALDÉS, Ramón. Tres estudios introductorios al estudio del parentesco. Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona, 2000, p. 15. 6 Núcleo procreativo: “grupo de personas vinculadas por matrimonio y descendencia. Pueden compartir o no una residencia común”. GONZÁLEZ ECHEVARRÍA et alii. Las relaciones…Op. cit., p. 62. 7 Ibid. p. 63. 8 Las familias dependientes son las extensas (la unidad doméstica incluye varias unidades maritales, ya sean monógamas, ya polígamas), definidas en este caso por la regla de residencia postmarital. Las patrilocales residen con la familia del marido, las matrilocales con la de la mujer, las avunculocales con el tío materno del esposo, en las bilocales al nuevo matrimonio se le deja libre elección para incorporarse a la familia del marido o de la mujer. 9 Sólo hay una unidad marital (monógama o polígama). Son neolocales si el establecimiento es en una localidad diferente a la de la residencia de origen; virilocal si se establece el hogar en el grupo local del marido; uxorilocal en el grupo local de la mujer y comúnlocal si los esposos pertenecen al mismo grupo y establecen en él su unidad doméstica. 10 La poligamia puede ser poliándrica (una mujer y varios maridos) o poligínica (un hombre y varias esposas). - 12 - la principal discusión giró en torno a su definición. Una orientativa en relación a sus principales componentes podría ser la siguiente: “unión sexual socialmente legitimada, que se inicia con una notificación pública y que se emprende con cierta idea de permanencia: se asume con un contrato de matrimonio más o menos explícito, que fija derechos y obligaciones recíprocos entre los esposos y los futuros hijos”.11. Es interesante señalar también, en relación a lo que la fidelidad y el sentimiento amoroso suponen para nuestra mentalidad, que en muchas sociedades estas cuestiones se dejan de lado, no porque no se valoren -que puede hacersesino porque la unión se contempla antes bien entre grupos que entre individuos, de ahí la alta estima en la que se la tiene acompañada en muchas ocasiones de una actitud despectiva hacia la soltería y el celibato. En relación con el matrimonio nos topamos en multitud de pueblos, tanto orientales como occidentales, con el precio de la novia, cuyas características difieren dependiendo del contexto. Se trata, básicamente, de la circulación de los bienes en el momento del matrimonio desde el campo del marido al de la mujer, responsabilizándose del pago en la mayor parte de los casos no el propio hombre, sino su grupo de pertenencia (linaje, clan, familia…), que entrega el pago al de la mujer representado por el padre de ella. Las interpretaciones de su significación son varias: compensación al progenitor y parientes de la novia por los gastos realizados durante la estancia de la hija en casa, pues de sus capacidades se beneficiarán los nuevos familiares; compensación al padre por la pérdida de derechos sobre la novia; compensación al grupo por la pérdida de un miembro que podía proporcionar más como procreadora; garantía en el intercambio de mujeres. La importancia económica no es tanta como en principio pueda parecer; en realidad es un «pago» más bien simbólico que asegura la circulación de bienes; los obtenidos por un grupo suelen se empleados para conseguir otra mujer. Además, es frecuente que exista un contrapago del grupo de la esposa al del marido por un valor económico semejante. Esta retribución matrimonial existe también en la condición inversa: los bienes van del campo de la mujer al campo del marido. En este caso se denomina dote. Una de sus interpretaciones la explica en un sentido de estratificación social, considerando que se eleva el estatus de la mujer al unirla a un hombre de nivel más 11 STEPHENS, William. “La familia en una perspectiva transcultural”, en: NIETO, José Antonio (ed.). Antropología de la sexualidad y diversidad cultural. Talasa. Madrid, 2003, p. 96. - 13 - elevado, o que se aumenta el prestigio por alguna cuestión concreta12. También puede darse la situación de que el hombre no posea más recursos que los de su trabajo, que aporta a la familia de su esposa o dedica a las tierras de ésta, pues a través del matrimonio pasan a ser suyas. En ocasiones la mujer mantiene un pequeño control sobre la dote, lo cual sirve como dispositivo de seguridad en caso de viudedad. Al margen de las discusiones sobre la universalidad o no de la familia o de sus tipos, lo que nos interesa principalmente es el establecimiento de los límites entre familia y parentesco, pues no podemos perder de vista que el uso corriente del primer término ha llevado a una conceptualización en el mundo occidental bastante alejada de las pautas antropológicas centradas en el estudio del parentesco. Así, en nuestra sociedad se tiende a acotar los parientes en tres o cuatro generaciones13. Ellos, unidos a la familia política con la que se entra en relación a través del matrimonio (un matrimonio monógamo, neo o común local, origen de una tercera familia por parte de otras dos) forman básicamente el grupo que integra nuestra visión de la familia y nuestro concepto de pariente. El parentesco, sin embargo, sistema que superpone la interpretación sociocultural sobre el hecho biológico14, va más allá de nuestros límites etnocéntricos de la familia, constituyendo en muchas sociedades primitivas la institución clave para la estructuración del grupo, que es elemento básico y central de los estudios de la antropología del parentesco. En las sociedades civilizadas, donde este papel ha sido sustituido por otras instituciones, si bien continúa desempeñando un rol fundamental a la hora de organizar las relaciones sociales de sobra experimentado por todos nosotros, lo hace a un nivel individual que, en todos los casos, se adapta a la situación de cada familia. 12 Aurora González menciona el caso del campesinado griego, que reúne dotes para casar a sus hijas con hombres que viven en la ciudad, hecho considerado como prestigioso. GONZÁLEZ ECHEVARRÍA et alii. Las relaciones de… Op. cit., pp. 55-56. 13 El acotamiento del ámbito de parentesco viene dado bien por el reconocimiento como parientes de los descendientes de un mismo antepasado situando a éste en una distancia generacional limitada, bien privilegiando un sexo sobre el otro. 14 El sistema de parentesco es: “un sistema de posiciones sociales ideológicamente concebido que sirve de marco donde se ordena la reproducción y en ocasiones la producción y que tiene su génesis en la biología, pero sólo en la medida en que cada pueblo interpreta y concibe las relaciones biológicas, los procesos genéticos, según patrones dictados por su propia cultura”. GONZÁLEZ ECHEVARRÍA, Aurora. Teorías del parentesco. Eudema. Madrid, 1994, p. 47. Un ejemplo de la superposicón de la interpretación cultural sobre el hecho biológico es el caso de las adopciones - parentesco ficticio o pseudoparentesco: aquél que carece de lazos consanguíneos o matrimoniales-. - 14 - La cuestión de fondo es, en resumen, la necesidad primordial de ser conscientes del sentimiento subjetivo occidental sobre la familia, herencia sin duda de un siglo XIX que desechaba moralmente las soluciones ajenas a la monogamia como formas familiares válidas. Los sistemas de parentesco, en cualquier caso, sirvieron en esta centuria para delinear la historia humana, gestándose ahora todo el grueso de la teoría. Consideramos importante establecer las cuestiones básicas de estudio referidas a esta rama de la Antropología15, menos conocidas sin duda para el lego que las específicamente relacionadas con el matrimonio o con la institución familiar. De entrada, partiremos de las teorías básicas en torno a las que se articula el parentesco: filiación y alianza. La filiación supone la transmisión automática de la pertenencia a un grupo, para lo cual no basta la consanguinidad, pues mientras la descendencia16 es siempre bilateral, la filiación se establece de forma unilineal o duolineal. Así, los grupos de filiación están formados por personas que en teoría descienden linealmente de un mismo antepasado; sus miembros pertenecen sólo a un grupo social -pertenencia que determina por completo todos los aspectos de la vida de una persona-, pero además poseen parientes con los que mantienen relaciones institucionalizadas, si bien pertenecen a otros grupos (es la denominada descendencia complementaria, que viene dada por el progenitor que no transmite la pertenencia al grupo). Cuando se puede establecer sin ninguna duda la relación hasta llegar al antepasado común hablamos de linaje; si dicha relación es imposible de trazar genealógicamente de forma exacta -pudiendo incluso situarse el antepasado en un ámbito míticoestamos ante un clan. El principio unilineal es el que por excelencia recluta a los parientes de forma automática. Por él, pertenecen al grupo sólo los que están emparentados por 15 Seguiremos para este estudio la obra ya mentada de Aurora González Echevarría, Las relaciones de parentesco. Para un estudio más desarrollado véase FOX, Robin. Sistemas de parentesco y matrimonio. Alianza. Madrid, 2004. 16 Descendendia y filiación son los dos modos que tiene una persona de “reclutar” parientes. Aranzadi señaló la problemática de las traducciones del inglés al español, pues correspondiéndose perfectamente descent con descendencia y filiation con filiación, muchos autores peninsulares y traductores invirtieron los términos y llamaron además grupos de filiación a los descent groups. La relación de descendencia se establece entre las personas que descienden de un antepasado y éste, mientras la situación contraria es de ascendencia. ARANZADI MARTÍNEZ, Juan. Introducción histórica a la antropología del parentesco. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2008, pp. 16-18. - 15 - vínculos de un único sexo, patrilineal por vía masculina -pertenecen al grupo tanto hombres como mujeres, pero sólo los hombres transmiten la pertenencia a los hijos- y matrilineal por vía femenina -son las mujeres las que transmiten la calidad de miembros-. Respecto a la doble filiación o filiación duolineal, en ella cada individuo pertenece a un grupo patrilineal y a otro matrilineal, localizándose uno de los grupos en un territorio y dispersándose el otro, cada cual con atribuciones distintas. Existe otro principio para el reclutamiento de parientes diferente a los anteriores, el cognaticio o bilateral, filiación indiferenciada, en el cual la adscripción se realiza hasta una generación determinada sin que el sexo intervenga en absoluto. En el caso español, por ejemplo, se suelen estipular tres generaciones, dentro de las cuales consideramos por igual a todos los parientes sean hombres o mujeres. Este carácter impide la formación de grupos de filiación17. El único grupo reconocido, que sólo es común para los hermanos porque se forma desde la perspectiva de un Ego concreto, es el de la parentela, que no constituye una sección social. Aunque la mayor parte de las veces no existen restricciones en este reclutamiento cognaticio, sí pueden establecerse límites para la pertenencia al grupo, que por lo general vienen determinados por cuestiones de la residencia en territorio común. La teoría de la alianza prima la importancia de las relaciones matrimoniales, basadas en la exogamia y en la prohibición del incesto. Desarrollada por Lévi-Strauss en relación a las nociones de intercambio -de mujeres- y de reciprocidad, trata de dar una explicación global de los diferentes sistemas matrimoniales, que se dividen en elementales o prescriptivos; semicomplejos; complejos. Los sistemas elementales o prescriptivos definen los cónyuges prohibidos especificando además con quién hay que casarse. La forma más sencilla es la del intercambio directo, simétrico o restringido entre dos grupos que se organizan 17 Robin Fox habla de filiación cognaticia, afirmando que: “a los grupos unilineales se los considera simplemente como un tipo de filiación restringido más que como un tipo totalmente distinto del cognaticio. Todos los grupos tienen en común que son grupos de filiación común, es decir, que todos los miembros descienden de un antepasado común”. FOX, Robin. Op. cit., p. 149. Aurora González afirma, por su parte: “en ningún caso suponen un principio de filiación por no darse en él las condiciones de transmisión automática de pertenencia a un grupo definido”. GONZÁLEZ ECHEVARRÍA et alii. Estudios de… Op. cit., p. 80. - 16 - como un modelo binario con dos unidades de intercambio18, produciendo una regla de matrimonio entre primos cruzados, pues cada generación reproduce la misma alianza simétrica y los primos paralelos pertenecen al grupo de Ego. Se puede hablar, así, de matrimonio prescriptivo con la prima cruzada bilateral, aunque casos diferentes puedan mostrar mayor o menor complejidad. Existe también una forma de intercambio asimétrico o generalizado en el que cada grupo se relaciona con uno que entrega mujeres y con otro del que las recibe. Ego debe casar con su prima cruzada matrilateral, estándole prohibida la cruzada patrilateral. Los grupos de unifiliación se dividen en dadores y tomadores de mujeres, lo cual puede llevar a una jerarquización de los grupos entre sí. Las estructuras semicomplejas, establecidas por Fraçoise Heritier en los años 80 del siglo XX, asumen elementos de las simples y de las complejas. Enuncian prohibiciones y toman modelos de intercambio restringido y generalizado, pero sin reglas positivas. No obstante la inexistencia de prescripciones, existen numerosos mecanismos que limitan la elección del cónyuge. En muchos casos aparece una preferencia clara por el matrimonio con los consanguíneos permitidos más próximos. Las estructuras complejas proclaman de forma negativa reglas poco numerosas, prohibiendo el matrimonio sólo entre parientes próximos. La elección de cónyuge depende de cuestiones diferentes a las del parentesco. Un tema que merece especial consideración es el de la prohibición del incesto; es decir, la prohibición universal de mantener relaciones sexuales en el interior del grupo de parientes19. El tabú del incesto, tengámoslo presente, prohíbe el sexo, que no necesariamente el matrimonio (aunque puede hacerlo). A pesar de que de una cosa parezca derivarse la otra y, efectivamente, vayan casi siempre de la mano, es 18 En el modelo de intercambio directo pueden producirse subdivisiones en secciones. Véanse los ejemplos de los kariera y los aranda en GONZÁLEZ ECHEVARRÍA et alii. Las relaciones de… Op.cit., pp. 105 y ss. 19 Hay que tener en cuenta, claro está, que cada sociedad considera parientes a personas con distintos grados de consanguinidad. Es decir, que una relación considerada incestuosa en Occidente puede resultar perfectamente válida, e incluso aconsejable, en otras sociedades. Existe siempre alguna prohibición, pero ninguna se puede considerar aplicable a nivel “universal”. Por otra parte, la excepción histórica a la prohibición del incesto de los gobernantes incas y egipcios sería en realidad una ratificación, dado que la naturaleza divina de estos personajes los eximía de las normas humanas. - 17 - posible toparse con grados de parentesco que pueden mantener relaciones sexuales sin que se permita la unión matrimonial. Ello desecharía la explicación del tabú que centra la atención en un dificultamiento de la extensión de relaciones sociales en realidad inexistente. Robin Fox cita y discute otras razones que tratan de clarificar la prohibición: confundiría a los miembros de las familias -“la teoría es realmente demasiado tonta como para que nos detengamos en ella”20-; trastornaría la autoridad dentro de la familia debido a la incompatibilidad de las funciones de ésta y la competencia sexual -algo que la semejanza con el caso de las familias polígamas desmiente-; y, sobre todo, los resultados genéticos serían desastrosos. Aunque los biólogos llevan tiempo discutiendo que los frutos de las uniones consanguíneas sean tan fatales como comúnmente se piensa21, lo cierto es que las últimas tendencias en investigación genética parecen apuntar hacia estos resultados. Esta última teoría, en todo caso, implica incluir en la discusión la selección natural y afirmar que los grupos que practicaban la prohibición sobrevivieron y los que no se extinguieron. Supondría también aceptar que los humanos primitivos eran conscientes de ello. Desde el punto de vista de la Psicología se elaboraron a finales del siglo XIX y principios del XX las explicaciones al tabú del incesto en torno a las cuales giraría la discusión sobre los orígenes de este fenómeno no sólo en la propia época de sus teorizadores, sino a lo largo de toda la pasada centuria. Adelantamos en este apartado ambas hipótesis -uno de cuyos autores se enmarca en la corriente evolucionista tardía y que abordaremos en relación a otros temas-, pues son imprescindibles para una visión genérica del incesto. 20 FOX, Robin. Sistemas… Op. cit., p. 54. El papel que la sociedad asigna se confunde con la biología y no se tiene en cuenta que una persona no puede ser más que una persona a la vez. El autor afirma que si en un acto incestuoso una mujer tiene un hijo de su padre, “será su prole y poco importa si el progenitor es su propio padre, el lechero o un donante anónimo”. P. 55. 21 Véase LÉVI-STRAUSS, Claude. Las estructuras elementales del parentesco. Paidós. Barcelona, 1998.. pp. 47-49; GONZÁLEZ ECHEVARRÍA et alii. Relaciones de… Op.cit., pp. 32-33. - 18 - Por una parte tenemos a Edward Westermarck22, quien trató el tema en relación a la exogamia (que consideraba una extensión natural de tal prohibición). Partiendo del hecho de que las reglas exógamas diferían tanto temporalmente como entre diferentes pueblos, este autor afirmaba que existía un rechazo instintivo que se derivaba de una inhibición del deseo sexual ante los miembros cercanos de la familia provocada por la convivencia: “las leyes contra el incesto no producen sensación de freno sobre los sentimientos individuales corrientes, sencillamente porque en los casos normales no se siente ansia de cometer los actos que aquéllas prohíben. Hablando en términos generales, las personas que desde la niñez viven reunidas o con mucha intimidad no experimentan sentimientos eróticos las unas por las otras. Más aún, en tales y en otros casos, la indiferencia sexual va unida a una sensación de aversión positiva en el momento en que se piensa en los actos dichos”23. La principal apreciación que se hizo a esta afirmación ya en la propia época de Westermarck y en años posteriores fue que si esta aversión era innata, no se explicaría por qué se hacía necesaria la prohibición. A pesar de esta crítica, la aceptación de la teoría en la época de edición de la obra fue muy amplia y no se vio relegada realmente por otras opciones hasta pasados unos años. En las últimas tres décadas ha tomado de nuevo gran relevancia, en conexión, especialmente, como mencionábamos hace unas líneas, con estudios de biólogos que la han asociado a la idea de selección natural. Así, se considera que “los hijos de parientes tienen de promedio una viabilidad menor y, por ello, parece razonable esperar que la selección natural erija algún tipo de barrera en contra de los apareamientos entre consanguíneos. De hecho, se ha constatado que estas uniones son muy raras en los primates no humanos24. Lumsden y Wilson25 defendieron que los seres humanos poseemos mecanismos que condicionan el grado en que nos atraen aquellas personas con las que hemos convivido durante la infancia y, como consecuencia, la 22 Edward Westermarck (1862-1939). Antropólogo, sociólogo y filósofo finlandés. Profesor de Filosofía en la Academia de Åbo, en Finlandia. Dio cursos regulares en la London School of Economics y realizó estancias de investigación en Marruecos. Se inscribe tardíamente en la corriente evolucionista, de cuya mayoría difiere en opiniones como las de la existencia de una etapa original de promiscuidad en el desarrollo humano o la de que los sistemas de parentesco patrilineal hayan estado precedidos siempre por sistemas matrilineales. 23 WESTERMARCK, Edward. Historia del matrimonio. Laertes. Barcelona, 1984, p. 90. 24 V. DURHAM, W.; WOLF, P. (ed.). Inbreeding, Incest and the Incest Taboo. The State of Knowledge al the Turn of the Century. Stanford University Press. Stanford, 2005. 25 Biólogos especializados en el estudio de la relación entre genes y cultura. Expresaron esta idea en su obra de 1981 Genes, Mind and Culture. - 19 - probabilidad de que se tengan o no relaciones incestuosas con ellas26. La selección natural habría favorecido, pues, a los genes responsables de esas predisposiciones psicológicas que dificultan el incesto”27. Otro punto de vista acerca de esta cuestión lo aporta Robin Fox, que contempla el asunto desde la perspectiva no del desastre genético físico, sino de las conveniencias sociales. Lo que deduce es que “existió un síndrome de conductas genéticamente determinadas que hizo al ser humano pubescente, en particular, susceptible a la culpabilidad y a otros modos de condicionar los impulsos agresivos y sexuales. Aun cuando no resultaría en un instinto específico anti-incesto, es, sin embargo, conjunto de reacciones instintivas que pudieron facilitar el desarrollo de las inhibiciones con respecto a la sexualidad familiar y, por consiguiente, llevar a la supervivencia de las poblaciones que lo adoptaron”28. En el otro extremo hallamos a Sigmund Freud, que publicó en 1913 Tótem y Tabú, obra en la que se incluye su visión sobre el incesto. Su punto de partida es totalmente contrario al de Westermarck. No sólo no existe una aversión innata a mantener relaciones sexuales con las personas con las que se mantiene contacto desde la infancia, sino que precisamente el primer deseo sexual se dirige hacia ellas. Así, el hijo desea a la madre y ve en el padre un competidor directo del que anhela deshacerse pero al que, al mismo tiempo, teme (el tan conocido complejo de Edipo). El temor y el rechazo se transforman con el tiempo en culpa y vergüenza y, con la madurez, el deseo sexual se reorienta hacia otras mujeres. El relato freudiano del origen del tabú del incesto es, como mínimo, curioso. El psicoanalista concibe grupos humanos en los que un varón domina al resto e impide a sus hijos el acceso a las mujeres. Los vástagos, que odian al progenitor a la vez que lo envidian por tener lo que ellos desean, confabulan en su 26 Existen estudios que intentaron demostrar esta aversión a mantener relaciones sexuales con personas con las que se ha tenido estrecho contacto desde la infancia. Yonina Talmon trabajó con los kibbutzim israelíes, mostrando las actitudes reacias en época adulta a contraer matrimonio dentro del kibutz. Arthur Wolf estudió los matrimonios sim-pua taiwaneses, en los que se casan un hombre y su hermana adoptiva, adoptada por la madre ya desde niña de cara a convertirla en esposa del hijo. Wolf demostró que estos matrimonios eran más frágiles y tenían menos descendencia. Véase DURHAM; WOLF. Inbreeding… Op. Cit., Cap. 4. KUPER, Adam. El primate elegido. Crítica. Barcelona, 1996, pp. 160-161. 27 CASTRO, Laureano; LÓPEZ-FANJUL, Carlos; TORO, Miguel Ángel. A la sombra de Darwin. Las aproximaciones evolucionistas al comportamiento humano. Siglo Veintiuno. Madrid, 2003, p. 173. Los autores del libro encuentran esta conclusión razonable, pero también admiten que la cuestión del origen de la prohibición debe ser abordada teniendo en cuenta las diversidades culturales. 28 FOX, Robin. Sistemas… Op. cit., p. 66. - 20 - contra, lo matan y lo devoran. Ante su acción sienten tanta culpa que deciden renunciar a aquello por lo que la llevaron a cabo, esto es, el acceso sexual a las hembras. Algo por otra parte necesario para mantener el orden, pues en caso contrario habrían de luchar entre ellos para hacerse con el dominio que antes poseía el padre. Cada persona expresaría en sí misma la evolución de la humanidad, siendo el niño el hombre primitivo, el adolescente la lucha contra el complejo de Edipo (que no deja de ser el paso de la naturaleza a la cultura, concebido como es por diferentes autores el tabú del incesto como el elemento indispensable para esta transformación) y el adulto la civilización. Notemos, en cualquier caso, que la teoría de Freud está estrechamente imbricada con el Psicoanálisis y que centra su atención en la relación incestuosa madre-hijo, precisamente la más inusual de todas entre cualquier primate29 Es interesante señalar una tercera teoría sobre el tabú del incesto, la del antropólogo estructuralista Lévi-Strauss. En Las estructuras elementales del parentesco (1949) partió de la hipótesis dualista de E. B. Tylor, que veremos en su debido momento, cuyo núcleo estipulaba el matrimonio cruzado entre tribus como alternativa al enfrentamiento bélico. De ello dedujo el antropólogo francés que el tabú del incesto fue la base para un sistema de intercambio de mujeres30 indispensable para el fortalecimiento de la sociedad a través de alianzas matrimoniales, colocando en las dos caras de la misma moneda dicho tabú y la exogamia y considerándolo, al igual que Freud, como el paso decisivo del hombre desde el estado natural al cultural. Partamos de la teoría de la que partamos, lo que parece indiscutible es que, incluso a pesar de las diferentes interpretaciones que se pueden dar a una relación como incestuosa dependiendo del grado de parentesco al que distintas culturas prohíban la unión sexual, lo cierto es que, de modo universal, siempre existe una prohibición. Que los tabúes del incesto no formen una clase bien definida, como no 29 Westermarck también trabajó preferentemente sobre una relación, en su caso hermano-hermana, pero, como ya hemos visto, los apoyos a su teoría son mucho más sólidos que los que tiene la de Freud. 30 Así, “a partir del momento en que me prohíbo el uso de una mujer, que así queda disponible para otro hombre, hay, en alguna parte, un hombre que renuncia a una mujer que por este hecho se hace disponible para mí. El contenido de la prohibición no se agota en el hecho de la prohibición, ésta se instaura sólo para garantizar y fundar, en forma directa o indirecta, inmediata o mediata, un intercambio”. LÉVI-STRAUSS, Claude. Las estructuras… Op.cit., p. 90. - 21 - ahora de este nuevo tipo de análisis, con la intención de llegar a derivar categorías sociales y sistemas de categorías sociales. Se considera un campo semántico al conjunto de designaciones de tipos de parientes, se analizan en cada comunidad los usos lingüísticos que agrupan estos tipos de parientes en un pequeño número de dichos tipos y se extreman las precauciones a la hora de traducir. El problema era la imposibilidad de llevar a cabo una traducción exacta. Más grave todavía era la caracterización del campo semántico de partida en términos de parentesco generacional pues, como ya veíamos, la universalidad del espacio genealógico se había puesto en duda por considerarse de carácter eminentemente etnocéntrico. Se propuso la distinción entre lo que es real psicológicamente para el nativo de lo que es real estructuralmente para el antropólogo, así como la necesidad de crear técnicas que permitiesen a las definiciones más próximas llegar a la validez psicológica. Todos estos cambios y revisiones de modelos coincidieron con un proceso de replanteamiento epistemológico que, a la larga, pondría en duda incluso la propia validez de la antropología del parentesco. El año de inflexión fue 1971; el protagonista, Rodney Needham. En una breve pero contundente intervención fue desmontando de forma concisa pero brutal los contenidos de parentesco, matrimonio, filiación, terminologías e incesto. El más doloroso para los antropólogos fue, sin duda, el primero, si bien la crítica de los demás siguió el mismo modelo. Partía de la premisa mínima de que el parentesco tiene que ver con la adjudicación de derechos y su transmisión de una generación a otra. Los derechos tales como la pertenencia al grupo, la sucesión a cargos, la herencia de propiedades y otros, se trasmiten por modos que no tienen que ver con el sexo o el estatus genealógico del transmisor o del receptor y sin conexión intrínseca ni con los hechos ni con los idiomas culturales de la procreación. Las relaciones en cuestión no tienen porqué ser genealógicas ni ser concebidas como tal por los actores. De todo ello deduce que cuando decimos que una institución tiene algo que ver con el parentesco, en realidad no damos información alguna sobre hechos sociales, de tal modo que la palabra, aunque útil para un uso convencional, no denota ninguna clase discriminada de fenómenos ni ningún tipo distinto de teoría. Su conclusión es que ni hay parentesco, ni puede haber teoría del parentesco. A la palabra matrimonio le aplica un trato semejante, pues comparar instituciones que se engloban bajo el mismo término exigiría para cada sociedad un análisis del - 28 - derecho, las ideas morales, las místicas… que pueden variar en cualquier momento. Emplear una definición técnica puede dejar fuera del tintero rasgos considerados centrales para otras sociedades. Cómoda para el uso de sentencias descriptivas, es errónea en la comparación e inútil en el análisis. Sobre la filiación, habla de la que gobierna la transmisión de clases de derechos; si las modalidades de transmisión de los distintos derechos difieren, no podemos hablar de tipos homogéneos. Para ver cómo se transmite cada derecho en cada sociedad elabora una tipología43 a raíz de la cual concluye que sólo si la transmisión fuera la misma podría hablarse de sociedades matrilineales o patrilineales. Respecto a las terminologías, propone sustituir las tradicionales por principios clasificatorios que pueden estar presentes en una medida u otra en cada una de ellas. Lo que le interesa es atacar las clases o tipos caracterizados por un solo rasgo distintivo. Sobre el incesto, insiste nuevamente en la inexistencia de una clase definida, y de ahí deriva la imposibilidad de una teoría general. El siguiente gran golpe que recibió la antropología del parentesco lo dio D. M. Schneider en 1984, con A Critique of the Study of Kinship. Su participación en las divergencias teóricas de los diferentes aspectos que se discutían en la disciplina venía ya de la década de los 60, si bien fue con esta obra con la que logró su impronta definitiva44. Schneider denuncia que es la cultura occidental la que establece la prioridad de las relaciones genealógicas y las definiciones previas de los antropólogos las que convierten en universales a los sistemas de parentesco. Éste sería un postulado perteneciente a la cultura europea, de tal modo que su utilidad más allá de ella es nula, por lo cual propugna abandonar el concepto y establecer las categorías particulares de cada cultura. A esto añadió Adam Kuper en 1988 con The Invention of Primitive Society. Transformations of an Illusion, la idea de que el trabajo antropológico arrastra distorsiones de diferentes tipos, la más grave de las cuales es la de una sociedad primitiva basada en el parentesco creada en el siglo XIX por Maine y Morgan: “la visión ortodoxa moderna es que nunca hubo una cosa tal como la sociedad primitiva. Ciertamente, algo así no se puede reconstruir ahora. Ni siquiera hay una manera en la que uno pueda especificar qué 43 NEEDHAM, Rodney. “Remarks on the Analysis of Kinship and Marriage”, en: NEEDHAM, Rodney (Ed.). Rethinking Kinship and Marriage. Tavistock Publications. Londres, 1971, pp. 10-11. 44 Grau Rebollo opina que con la publicación de esta obra debería situarse el inicio de una tercera etapa en la historiografía del parentesco. Véanse sus periodizaciones en GRAU REBOLLO, Jorge. Procreación, género e identidad. Debates actuales sobre el parentesco y la familia en clave transcultural. Bellaterra. Barcelona, 2006, pp. 35 y ss. - 29 - es una sociedad primitiva. Una de las razones para escribir ese libro es remover la constitución de la sociedad primitiva de la agenda de la teoría antropológica y política de una vez por todas”45. La falacia, afirmaba el autor, se había construido desde una perspectiva jurídico-legal que tomaba como base común el derecho romano. Ello permitía la comprensión de formas sociales radicalmente diferentes a las coetáneas y descubrir la génesis humana dentro de una cadena evolutiva, pues podía estudiarse el pasado a través de las sociedades que se encontraban en ese momento en la misma etapa que había ocupado la occidental siglos atrás. Este, como veremos, es uno de los postulados básicos de la corriente evolucionista. Las razones de la pervivencia de esta ilusión que Kuper pretendía eliminar se habrían debido a elementos políticos e ideológicos, pues la teoría de la sociedad primitiva había cuajado con los propósitos imperialistas del momento en el que se gestó y había proporcionado dos de las ideas básicas sobre las que a lo largo del siglo XX cimentaron los países su soberanía y derecho a defenderla: sangre y territorio. También afectó la influencia de cuestiones académicas, ya que en este ámbito se convirtió rápidamente en objeto de estudio preferente. La herencia de los postulados de Schneider se constató posteriormente en infinidad de cuestiones, tales como la reconceptualización del papel de la biología en la definición de categorías sociales, en la antropología de género y en movimientos feministas, en el relativismo cultural… Su obra fue el detonante de nuevas perspectivas de estudio del parentesco, como la de Yanagisako y Collier, quienes traspasaron el intento crítico de Schneider a las categorías de género y sexo. En los Estados Unidos su peso fue mucho mayor que en Gran Bretaña. En cualquier caso, pueden señalarse las principales líneas de estudio desarrolladas en cada país desde mediados de la década de los 8046. En Norteamérica: simbología y significados locales; género, reproducción y sexualidad; práctica, agencia y concepciones sobre la persona; parentesco “en casa”; poder e historia. En Inglaterra: secuencia de estudio de la familia y el parentesco en proximidad; consideración profunda sobre el estatuto ontológico y epistemológico del parentesco como mediador entre la naturaleza y la cultura en las concepciones folk occidentales; crítica al carácter proyectivo de las teorías generadas desde las 45 KUPER, Adam. The Invention of Primitive Society. Transformations of an Illusion. Routledge. London, 1991, pp. 7-8. Las traducciones en la presente tesis son obra de la autora. 46 Me remito para los listados a GRAU REBOLLO, Jorge. Procreación… Op. cit., pp. 98, 100, 109, 110. - 30 - - 31 - escuelas británicas, basado en la idiosincrasia cultural de los propios antropólogos; crítica a los límites comprensivos de la vieja antropología del parentesco con respecto a los vínculos relacionales entre individuos más allá de la malla genealógica como elaboración etnosemántica específica de Occidente. En Francia, donde la presencia de Schneider no fue tan importante, continuó trabajándose sobre la teoría de la alianza, abordándose cuestiones como la necesidad de la circulación de individuos adultos como precondición para la reproducción social; exploración de los sistemas semicomplejos; articulación social entre productores y nutricias en los sistemas ginecostáticos; exploración de los sistemas campesinos europeos. A la par, se produjo también una aportación del pensamiento feminista en el que ya no nos introduciremos, como tampoco en las líneas más recientes de la disciplina (que incluyen temas como el de las adopciones o la perspectiva de los estudios queer), por situarse ya demasiado lejos de los límites de nuestro breve recorrido historiográfico. Desde la autoconfianza plena de los antropólogos del parentesco surgida en los estudios decimonónicos hasta el panorama actual, baste decir que las críticas más destructivas no han conseguido más que fortalecer la disciplina al obligar a sus autores a depurarse continuamente. Así, tal como afirmaba Aurora González, “no me parece que esté en crisis la antropología del parentesco. Lo que está en crisis, y yo diría que de manera definitiva y saludable, es el parentesco como esqueleto, como disciplina básica del tema”47. 47 GONZÁLEZ ECHEVARRÍA. Teorías…Op. cit., p. 12. CAPÍTULO 2 EN EL ORIGEN: EL CONTEXTO DEL SIGLO XIX 2.1. El contexto decimonónico de las visiones antropológicas 2.1.1. El siglo del progreso humano La Exposición Universal ideada por el consorte de la reina Victoria realizada en el Londres de 1851 marcó un hito no sólo en la historia de la evolución industrial y técnica del mundo occidental, sino también en la visión europea sobre el resto del orbe, sobre el lugar del viejo continente en él y sobre lo que se podía esperar o no del futuro. En este contexto, Inglaterra era el origen de todo, el país adulto que contemplaba complacido la distancia de crecimiento frente a los pequeñuelos continentales y la posición adelantada que le aseguraba un destino privilegiado dictaminado por la Providencia. La Revolución Industrial se había encargado de situarlo en este puesto de avanzada que le otorgó una confianza en sí mismo transformada pronto en chovinismo inusitado. Era el país pacífico por antonomasia que, sin haber desfallecido ante la amenaza del Terror francés, se había convertido en el taller del mundo, prosperando desorbitadamente y demostrando con creces las posibilidades del progreso material humano. El ferrocarril simbolizó el espíritu de la era, el nuevo modo de vida repleto de velocidad y carente de distancias. Transformó la sensación del tiempo, contribuyó a la percepción de la rapidez del cambio y la inmediatez de los espacios, uniendo un territorio que, recorrido hasta entonces en semanas, se abarcaba ahora en pocos días. Participó en la expansión de la industria nacional a mayor gloria de Inglaterra, que acudió generosa en ayuda de Francia y Rusia, ignorantes de la maquinaria de la nueva invención: “es el triunfo de la técnica británica, de los ingenieros británicos, de los diseñadores británicos, de los capitales británicos, y de los empresarios británicos, empleando máquinas y, a veces, incluso obreros británicos”48. La isla se llenó de estaciones ferroviarias que se conjugaban con los nuevos espectáculos urbanísticos, ciudades en constante crecimiento, contrapuestas más que nunca al campo, repletas de fábricas y de humo que creaban en minutos lo que antes tardaba horas. El ciudadano medio podía percibir con claridad los avances científicos inagotables que proporcionaban al hombre el dominio sobre el medio. El pasado quedaba atrás con una rapidez hasta entonces inimaginable, 48 BÉDARIDA, François. La era victoriana. Oikos-tau. Barcelona, 1988, p. 17. - 33 - provocando una sensación de urgencia y celeridad, de pertenencia al futuro inmediato. La Exposición de 1851 se convirtió en el máximo exponente del progreso material inglés, unido al convencimiento psicológico y moral de haber demostrado con su talento el carácter de raza tocada por la Gracia divina. El orgullo nacional se condensó en el evento para ensancharse ante las demás naciones, erigiéndose en representante de la cohesión del hombre. Proclamaba el príncipe consorte: “nadie que haya prestado atención a los rasgos peculiares de la era presente dudará ni siquiera un instante que estamos viviendo un período de transformaciones maravillosas que tiende a realizar rápidamente aquella gran finalidad a la que apunta toda la historia: la realización de la unidad humana… Las distancias que separaban a las diferentes naciones y partes del mundo están desapareciendo rápidamente ante las realizaciones de la invención moderna y podemos atravesarlas con increíble sencillez; las lenguas de todas las naciones se conocen y su uso está al alcance de todos; el pensamiento se comunica con la rapidez e incluso con el poder de la luz. De otro lado, el gran principio de la división del trabajo, que puede ser entendido como el motor de la civilización, se está extendiendo a todas las ramas de la ciencia, la industria y el arte… Señores, la Exposición de 1851 ha de ser una prueba y una plasmación viviente del punto de desarrollo al que ha llegado la totalidad de la humanidad en su gran tarea, así como un nuevo punto de partida desde el que todas las naciones podrán dirigir sus esfuerzos futuros”49. El optimismo se extendía más allá del progreso material, haciendo un llamamiento al hermanamiento del género humano. Pero era una doctrina ligada también a las consecuencias sociales de la industrialización, al ascenso de la burguesía y de sus valores focalizados en el capitalismo y en el laissez-faire y a la necesidad de excusar moralmente las enormes contradicciones humanas del mundo industrializado. Una persona progresaba y se enriquecía en la medida del valor de su trabajo, su esfuerzo y su perseverancia. La pobreza, reverso de los logros burgueses, se atribuía directamente a la holgazanería, la vagancia e incluso el vicio, nunca a las circunstancias personales o a cualquier coyuntura negativa. La ociosidad de la aristocracia y su indolencia eran despreciables, pues “para estos burgueses serenos 49 Príncipe consorte Alberto, citado en BURY, John. La idea del progreso. Alianza. Madrid, 1971, p. 295. - 34 - y austeros, no se ha venido a esta tierra para divertirse, sino para cumplir una tarea a la cual son llamados. Los cimientos de la sociedad están hechos de virtudes y de disciplina”50. Que Inglaterra hubiese sido elegida por la Providencia no había sido accidental ni equivocado. La jerarquización social no desapareció, pero curiosamente los nuevos valores en alza situaron a la clase media por encima de la alta: la burguesía alcanzó una superioridad moral, pareja al papel desempeñado en el desarrollo de la nación, que dibujaría el modelo a seguir tanto por la nobleza - que se vio obligada a ello por la presión socialcomo por la clase trabajadora -que, dada la premisa de que siguiendo estos valores cualquier persona podía alcanzar un alto estatus y respetabilidad social al margen de su origen, trataba de emularla-. Esta difusión y aceptación de su modo de ver el mundo le proporcionó si cabe más seguridad en sí misma, pues se trataba sin duda de su victoria psicológica incondicional. La moral por sí misma también fue abordada desde el punto de vista del progreso, considerada como uno de los aspectos en los que más había evolucionado la humanidad desde sus orígenes. Ello implicaría una visión totalmente antagónica entre civilización -occidental, mejor aún británica, industrializada y repleta de valores- y salvajismo -pueblos primitivos con tecnología limitada, razas inferiores carentes de conceptos de moralidad y movidas por pulsiones animales-. Siguiendo esta línea, habría de ser en alianza con el evolucionismo -en especial aplicado a la sociedadcomo lograse triunfar de forma definitiva la doctrina del Progreso, pues justamente “el evolucionismo es sencillamente la doctrina, o ideología, que identifica la historia cultural humana con el progreso”51. Podríamos plantearnos incluso “hasta qué punto la idea de que los organismos complejos se han desarrollado a partir de formas más simples no es una idea sugerida a los biólogos y filósofos evolucionistas clásicos por lo que veían que ocurría en relación con las experiencias técnicas e industriales”52. La mayor parte de los antropólogos evolucionistas vivieron, si no en Inglaterra, al menos sí en países prósperos influenciados por la mentalidad victoriana, afectados de un modo u otro por la Revolución Industrial y las consecuencias sociales de ésta, absorbidos por una vorágine de industrialización y 50 BEDÁRIDA. La era… Op. cit., p. 66. 51 ADAMS, William Y. Las raíces filosóficas de la Antropología. Trotta. Madrid, 2003, p. 25. 52 CARO BAROJA, Julio. Los fundamentos del pensamiento antropológico. CSIC. Madrid, 1991, p. 68. - 35 - tecnología capitalistas cuyas consecuencias negativas, siguiendo la corriente de la época, se vieron impelidos a excusar moralmente, o excusaron sin más, convencidos de hallarse en la última y suprema etapa de la evolución humana. La extensión del principio de la evolución a la sociología y a la ética situaría en un primer plano la perfectibilidad del hombre; ello, combinado con la incontestable visión del hombre en un estado primitivo desde el que ha evolucionado, convirtió la idea del Progreso en una verdad próxima, obvia e irrefutable. 2.1.2. Economía y política. Del laissez-faire al Imperialismo colonialista El Utilitarismo que dominó el panorama británico durante la segunda mitad del siglo XIX nos interesa en la medida de su influencia en la teoría del darwinismo social y en las visiones científicas de Darwin y Spencer. Enlazado con la ideología liberalista y la doctrina del laissez-faire, las consecuencias globales de su asunción afectaron sin duda a las visiones antropológicas dentro de un contexto en el que la constatación del evolucionismo biológico y del progreso en todos los ámbitos simbolizado en la industrialización inglesa, que con tanto lujo se pavonearía en la Gran Exposición de 1851, hacía sentir a los británicos su sociedad como meta de cualquier deseo humano de realización. Situados en su atalaya condescendiente, interiorizaron la visión de los salvajes como seres representativos de etapas primitivas y, por lo tanto inferiores, del desarrollo de la civilización, asumiendo sobre ellos actitudes que iban desde el desprecio más obvio hasta el paternalismo más maniqueísta. El valor supremo, en cualquier caso, era la libertad: libertad de pensamiento, de palabra, religiosa, de prensa, libertad de empresa, de competencia, de trabajo y de comercio. Apoyada en la filosofía utilitaria de Jeremy Bentham, la ideología liberal se implantó con igual medida entre la Economía, la Filosofía y la sociedad, aprehendiéndose en todos estos ámbitos las visiones hedonistas que propugnaban la mayor felicidad para el mayor número posible. La utilidad general, el bien común y el bienestar colectivo se convirtieron en la meta de la actuación de un gobierno cuyo principal deber era el de proveer las condiciones en las que el hombre pudiese obtener lo máximo de lo que desease, lo cual significaba, trasladado a la esfera económica ya desde Adam Smith, que debía abstenerse de intervenir jamás en el mercado ni en ninguna otra cuestión en la que su presencia atentase contra la individualidad de las personas. La prosperidad de uno, facilitada - 36 - por la libre competencia y por las propias capacidades y eficacia, repercutiría de por sí en el bien público. El laissez-faire se convertía así en la base del capitalismo y fe ciega del empresario industrial, pues justificaba su competitividad, su búsqueda de beneficios y la acumulación de capital. De ahí que el espíritu comercial, acompañado de la ambición social, se contemplasen desde una óptica de la respetabilidad ligada a la riqueza proporcionada por el trabajo. La moral puritana dominante en Inglaterra también contribuyó al proceso, dado que extendió la idea de que el dinero era una recompensa divina por el mérito personal. En este contexto, “el liberalismo económico y político, en sí mismo producto del avance tecnológico y científico, ejerció un efecto inmensamente estimulante sobre todas las formas del estudio científico. Los adelantos tecnológicos que resultaban de esos estudios eran esenciales para el mantenimiento del capitalismo”53. Dado que el nivel tecnológico de una sociedad era uno de los raseros fundamentales con los que se medía el grado de civilización que aquélla poseía, en el conjunto de las excusas del colonizador las protestas contra la pereza del salvaje que no quería trabajar se añadían a la benevolencia de la actuación occidental dispuesta a aportar a las sociedades atrasadas todos los beneficios de la civilización y del capitalismo que ella conllevaba. La avaricia colonialista se disimulaba, así, bajo el manto del altruismo, pues la opinión extendida predicaba que colonizar no sólo era un derecho del más evolucionado, sino ante todo un deber. En este contexto debe situarse el nacimiento de la disciplina antropológica, que al unir evolucionismo biológico con evolucionismo social “trajo consigo una consecuencia siniestra: permitió la presentación de la raza como una variable significativa en el proceso evolutivo”54, aportando de esta manera al imperialismo no sólo sus opiniones en relación al determinismo racial, sino especialmente el peso de la credibilidad científica. El determinismo racial venía ya de lejos, de las discusiones entre monogenistas y poligenistas que hablaban de la influencia del medioambiente, de la degeneración, de la inteligencia inferior de los negros… Siempre, desde ambos bandos, apoyándose en el texto bíblico, ya se creyese en una sola raza original, ya en varias. Lo interesante es que en la primera mitad del siglo XIX se convirtió en 53 HARRIS. Marvin. El desarrollo de la teoría antropológica. Una historia de las teorías de la cultura. .Siglo XXI. Madrid, 2005, p. 93. 54 ADAMS, William Y. Las raíces… Op. cit., p. 65. - 37 - aceptada, desde entonces, casi como dogma de fe. Desde el punto de vista geológico, la publicación de Hutton Theory of the Earth68 en 1788 supuso un punto de inflexión para replantearse seriamente una datación que, a pesar de todo, continuó vigente hasta bien entrado el siglo XIX, sin tambalearse con peligro real hasta la aparición entre 1830 y 1833 de la obra de Charles Lyell Principles of Geology. Por su parte, el tema de la antigüedad de la vida orgánica incluía en su cuestionamiento el problema de su origen y desarrollo. La naturaleza de los fósiles aparecidos en diversas partes del continente y las islas fue discutida durante años, derivándose de ello explicaciones que iban desde las que los ligaban al Diluvio veterotestamentario hasta la que los consideraban accidentes naturales69. Aceptar su antigüedad -evidencia innegable con el transcurso de las investigacionesno llevó a un consenso sobre el desarrollo de las especies a lo largo de los años. De hecho, prescindir de los dictados bíblicos no resultaría tan fácil como los descubrimientos científicos podrían haber permitido a primera vista. La evolución que se podía percibir a través del estudio de los fósiles era refutada por la idea de la inmutabilidad de las especies. Dejando a un lado la cuestión del primer origen -aún no se discutía a Dios, después de todo-, se estableció una controversia entre los catastrofistas y los transmutacionistas o transformacionistas, representados por Cuvier vs. Lamarck en Francia, y Owen vs. Robert Grant en Inglaterra. Cuvier70, que fue el primer autor en hablar de diferentes extinciones de animales, se negó durante toda su vida a aceptar la evolución orgánica. Frente a lo que el estudio de las pruebas paleontológicas iba constatando, él estableció la teoría de la existencia de eras geológicas rematadas siempre con algún tipo de catástrofe, tras las cuales se registraba una «repoblación» llevada a cabo, bien por la migración de animales desde otras zonas no afectadas por el desastre, bien -lo más probableporque Dios habría procedido a una nueva creación. La hipótesis de la transmutación de Lamarck71 situaba en la base del esquema de evolución los organismos más simples, nacidos por generación espontánea y progresiva mediante la acción de una fuerza o un fluido vital sobre la materia. La responsabilidad de 68 Otros autores habían intentado ya en épocas previas demostrar que la edad de la Tierra era mayor de lo que se pensaba. Así, el conde de Buffon, quien llegó a realizar algún que otro experimento del que dedujo una edad de 75000 años, si bien no se atrevió a exponer sus resultados. 69 Véase WAAL MALEFIJT, A. de. Imágenes del hombre. Amorrortu. Buenos Aires, 1983, p. 107. 70 Sus obras más importantes son: Leçons d´anatomie comparée (1800); Recherches sur les ossements fossiles (1812) y Le règene animal distribué d´après son organisation (1817). 71 Su teoría evolucionista se plasmó de forma elaborada en 1809 en Philosophie Zoologique. - 44 - este fluido nervioso sobre la evolución de los organismos se producía de dos maneras básicas. Por un lado, los estímulos externos de un medioambiente en continuo cambio y los requisitos internos o consciencia interna del animal podían hacer que el fluido se concentrase en una parte concreta del cuerpo, provocando la aparición de un órgano nuevo; por otra parte, el fluido se movía hacia los órganos más utilizados y huía de los que menos se empleaban, de tal modo que unos se fortalecían y los otros se debilitaban, atrofiaban y llegaban a desaparecer. Era, en cualquier caso, un proceso adaptativo. A ello se sumaba, por necesidad, que los cambios fuesen hereditarios. Ambas teorías tuvieron sus fieles seguidores. Catastrofistas como Sedgwick y Buckland transformaban el supuesto progreso orgánico en un plan del Creador, quien habría diseñado cada especie para cada época y lugar, mientras Richard Owen disculpaba las homologías de una misma estructura útil para diversas funciones como otra idea más de Dios: uso del mismo arquetipo para moldear múltiples especies. Desde el otro bando, aunque alejado de Lamarck en algunos postulados, Robert Chambers afirmaba en 1844, en sus Vestiges of the Natural History of Creation, la existencia de focos distintos de producción orgánica que evolucionaban hacia la perfección. Pese a tratarse de un libro con carencias en el ámbito científico, su difusión entre el público, afirma Puig-Samper, “favoreció el que la idea de evolución biológica empezara a flotar en los densos aires de la sociedad victoriana”72. Mención aparte merece el Uniformismo de Charles Lyell, contrario al Evolucionismo y, sin embargo, base fundamental para el desarrollo del pensamiento de Darwin. En Principles of Geology, publicado en tres tomos entre 1830 y 1833, Lyell se deshacía de la idea de los grandes cataclismos, sustituyéndola por la afirmación de una acción prolongada a través de amplios espacios de tiempo de los mismos agentes naturales que los propios contemporáneos del autor podían observar -algo insostenible en la teoría previa, que concebía a los protagonistas de las catástrofes como elementos mucho más fuertes-. Se sirvió el geólogo, para elaborar su teoría, del vulcanismo estacionario de Hutton: proceso cíclico de ascenso de montañas de roca ígnea desde el núcleo fundido de la tierra, erosión y nueva fusión en el núcleo. Afirmaba, además, que la 72 PUIG-SAMPER, Miguel Ángel. Darwinismo y Antropología en el siglo XIX. Akal. Madrid, 1992, p. 14. - 45 - causa de la extinción de unas especies era la introducción de otras nuevas, que se deshacían de las anteriores en un espacio de tiempo insuficiente como para permitir a las viejas desarrollar modificaciones adaptativas con las que lograr sobrevivir. La negación de Lyell de la direccionalidad geológica establecida por los catastrofistas, así como su rechazo de los elementos religiosos, le llevaron a algún que otro agrio enfrentamiento con éstos, pese a su creencia de que, precisamente una historia geológica de este tipo convenía al lamarckianismo que ambos rechazaban. Finalmente, ya avanzada la segunda mitad del siglo, acabaría por aceptar, en The Antiquity of Man, publicado en 1863, las teorías darwinianas. A Lyell, curiosamente, se debe la conversión del autor de El origen de las especies de sus primeras convicciones catastrofistas -influido como estaba por Sedgwickal Uniformismo geológico -cuyo libro de nacimiento proporcionó el capitán del Beagle al joven naturalista-. La obra de Lyell otorgó a éste algo de lo que había carecido Lamarck: mayor amplitud temporal. En los estratos del archipiélago de Cabo Verde interpretó Darwin la acción a través del tiempo de fuerzas geológicas normales, y no el producto de cataclismo alguno. Posteriormente, su visita a las Galápagos provocó el viraje de sus creencias hacia la evolución orgánica y, por tanto, el establecimiento de una parte fundamental de la base de toda su teoría final. La semejanza de las especies de las islas con las del continente próximo y, sin embargo, sus especificidades y diferencias no sólo con éstas, sino incluso entre sí -dependiendo de la isla-, llevaron a Darwin a pensar en la existencia de ancestros comunes y una posterior adaptación al nicho ecológico correspondiente. La lectura del clásico Ensayo sobre el principio de la población (1798), de Thomas Malthus, ya en Inglaterra, llevó a nuestro autor a dar un paso más en la elaboración de sus hipótesis. Lo que Malthus le proporcionó con la ley de la población: la reproducción del hombre, demasiado rápida y con tasas muy altas, pone en peligro los recursos, insuficientes para tantos individuos; fue la posibilidad de extrapolación de tal idea a todos los seres vivos. De ello dedujo Darwin la existencia de una lucha que remataría con la supervivencia de los más fuertes y mejor adaptados, quienes se reproducirían y transmitirían sus adaptaciones a sus descendientes. Establecía, así, la teoría de la selección natural. En este punto del progreso del pensamiento del naturalista inglés se sitúa Alfred Russel Wallace, explorador que, siguiendo su propio camino y habiéndose - 46 - inspirado también en Malthus, llegó a unas conclusiones sobre la evolución orgánica semejantes a las de Darwin, a quien envió en junio de 1858 el texto donde las había plasmado, On the Tendencies of Varieties to Depart Indefinitely from the Original Type. Su destinatario, temiendo perder la primacía de la idea, procedió, al fin, a poner por escrito las teorías que llevaba años desarrollando en su cabeza. Un año después aparecía publicado El origen de las especies. Paralela a la controversia sobre la antigüedad de los restos fósiles nos topamos con la referida a la antigüedad del hombre, en la que desempeñó un papel fundamental el estudio de los artefactos líticos y los esqueletos humanos que la Arqueología ponía al descubierto. Al igual que había sucedido con los restos animales, los primeros hallazgos fueron negados como antediluvianos, so pena de amonestación eclesiástica. Previo al inicio de la inevitable aceptación de las evidencias, la Arqueología había logrado ya, a través de los trabajos de Vedel- Simonsen y C. J. Thomas, establecer una periodización en tres edades (Piedra, Cobre o Bronce, Hierro), pero habría que esperar a Jacques Boucher de Perthes y su Antiquités celtiques et Antediluviennes (1846) para que los progresivos apoyos de prestigiosos científicos franceses e ingleses a sus hallazgos afianzasen la aceptación de la antigüedad de los mentados artefactos. La participación de Darwin en la cuestión sobre el origen del hombre no se circunscribe tanto a la edad -aunque evidentemente toque el temacomo a su procedencia, pues lo que interesaba al naturalista era su evolución, afirmaba, desde algún tipo de primate. Es a Charles Lyell a quien se debe el haber zanjado el tema al que nos venimos refiriendo. Habiendo reunido en Antiquity of Man todas las evidencias sobre la contemporaneidad de los útiles líticos con animales extintos, y partiendo de que éstos pertenecían a series evolutivas de animales modernos, las hipótesis transformacionistas exigían el transcurso de docenas de miles de años en dichas series, de lo que se derivaba la misma progresión de años para los humanos que habían fabricado los útiles. Darwin, en cualquier caso, deja de interesarnos en este punto en nuestro tema73. El origen del hombre se planteaba, al fin, una visión 73 Sí interesa señalar su aplicación de la teoría de la supervivencia del más apto al desarrollo humano, pues creía que la eliminación de los ineptos produciría no sólo el progreso biológico, sino también el cultural. El autor era un claro adepto de la doctrina del laissez-faire. También es interesante señalar su opinión acerca de unos orígenes en los que el ser humano vivía en pequeñas comunidades, poseyendo cada hombre una o varias mujeres que no compartiría con los demás por una cuestión de celos; Edward Westermarck suscribirá esta opinión a la hora de defender la - 47 - de la evolución humana desde el punto de vista de las teorías de su autor, pero para 1871 Spencer había aplicado ya la teoría biológica a la evolución sociocultural. 2.2 Del evolucionismo biológico al evolucionismo social Que los principales antropólogos evolucionistas empleasen la palabra progreso con preferencia a evolución resulta bastante significativo. Hemos visto ya, en el contexto tecnológico e industrial del siglo XIX, el proceso de cambio que inculcaba en nuestros autores la sensación de una mejora progresiva, imparable e imbatible. Hemos visto también, en el apartado previo, la victoria de la doctrina de la evolución orgánica frente al inmutable creacionismo. La historia de la idea del progreso con anterioridad al siglo XIX es algo que queda fuera del alcance de nuestro trabajo. Baste recordar que en la centuria decimonónica, a través de la extrapolación del evolucionismo orgánico a la realidad sociocultural humana, consiguió plena validez. La figura de Herbert Spencer, olvidada durante años en el ámbito de la antropología debido a su marginalidad de dicha esfera en la comunidad británica del siglo XIX74 y al uso descontextualizado de los datos etnográficos que le criticaron ya autores coetáneos como Tylor es, sin embargo, el eslabón clave para comprender la conexión entre el evolucionismo natural y el social75. De hecho, fue Spencer quien puso de moda la palabra evolución76, que introdujo en 1857 en “The prevalencia del sistema patriarcal sobre el matriarcal y la inexistencia de una etapa inicial promiscua. 74 Herbert Spencer (1820-1903). Filósofo ingles. Recibió educación privada en un ambiente de radicalismo filosófico y no acudió a la Universidad de letras. Ejerció profesionalmente como ingeniero de construcción ferroviaria y fue subdirector del periódico The Economist. 75 Stocking difiere en la valoración de Spencer: “La cuestión no es negar las contribuciones de Spencer a la teoría de la evolución sociocultural (especialmente en el área de la suposición psicológica); es sólo sugerir que en la época en la que Spencer orbitaba la sociología evolucionista, el evolucionismo sociocultural en la antropología británica ya había sido bien establecido por otros escritores en contextos diferentes”. STOCKING, G. W. Victorian… Op. cit., pp. 136, 137. Carneiro, sin embargo: “La mayor contribución de Spencer a la antropología se centra en su aplicación del principio de evolución al fenómeno de la sociedad humana”. CARNEIRO, Robert L. (edición e introducción). The Evolution of Society. Selections from Herbert Spencer´s Principles of Sociology. The University of Chicago Press. Chicago. 1974, p. X. 76 Spencer precisa evolución como: “un cambio de un estado de homogeneidad relativamente indefinida e incoherente, a un estado de heterogeneidad relativamente definida y coherente”. Spencer citado en CARNEIRO, The evolution… Op. cit., p. XVII. - 48 - Ultimate Laws of Physiology” en sustitución precisamente de progreso, vocablo que a sus ojos poseía demasiadas connotaciones antropocéntricas. El concepto en sí lo había empleado ya en “Progress: Its Law and Cause”, también de 1857, con su significación de avance de lo simple a lo complejo. Por otro lado, “supervivencia del más apto” fue una expresión acuñada también por él en 186477. El propio Darwin, en ediciones posteriores de El origen de las especies, en parte por sugerencia de Wallace, pero sobre todo por convicción personal, adoptó la nueva expresión spenceriana relegando con ella la de “selección natural”. Spencer se confirmó en su fe en el evolucionismo orgánico vía Lamarck. Como ya le había sucedido a Darwin, la lectura de la refutación que Lyell llevó a cabo en contra de las hipótesis lamarckianas sirvió al autor para convencerse de la universalidad de la teoría evolutiva, en la que empezó a pensar en términos de ley universal78. El lamarckianismo, además, concordaba bien con ideas victorianas arraigadas en Spencer, tales como la capacidad del individuo de mejorar y desarrollarse por sí solo o la responsabilidad moral personal. La comprensión de la aplicación de la teoría al contexto social pasa por entender que, para el autor: “el evolucionismo y la noción de que las sociedades son sistemas, o para usar sus propios términos, análogos a organismos, eran inseparables”79. Aunque su primera obra importante, Social Statics (1850), no incluye más que el germen de sus consideraciones sobre la sociedad orgánica, se plantea en ella la cuestión que le llevó a convertir la teoría evolucionista en la respuesta a todas las preguntas: la sociedad perfecta basada en la libertad de cada hombre. Así, las mismas leyes de la evolución que regían el universo entero se aplicarían al estudio de los fenómenos sociales (que denomina superorgánicos), de cara a avalar la doctrina de la perfectibilidad del hombre. Influenciado también por la cuestión de la división fisiológica de las labores biológicas -cada órgano cumple con sus funciones- y por la fórmula de Von Baer para el desarrollo embriológico – cada organismo en el curso de su desarrollo cambia desde la homogeneidad de la 77 La idea de la supervivencia de los más fuertes venía ya de antes, en 1852 reconocía en “A Theory of Population deduced from the General Law of Animal Fertility” que la lucha por la existencia era un factor importante de la evolución orgánica. 78 En 1858 concibió la idea de aplicar el esquema del evolucionismo a la biología (Principles of Biology, 1864-1867), a la Psicología (Principles of Psychology, 1870-1872), a la Sociología (Principles of Sociology, 1876, 1882, 1896) y a la Moral. 79 BURROW, J. W. Evolution and Society. Cambridge University Press. Cambridge, 1970, p. 193. - 49 - estructura a la homogeneidad de la estructura80-, refirió las observaciones que le llevaban a afirmar que una sociedad es un organismo en Principles of Sociology: “Experimenta un crecimiento continuo. Como crece, sus partes se vuelven distintas: exhibe un aumento de la estructura. Las partes diferentes asumen simultáneamente actividades de clases distintas. Estas actividades son diferentes, pero sus diferencias están relacionadas. La ayuda recíproca causa dependencia de las partes. Y la mutua dependencia de las partes forma un agregado constutuido sobre el mismo principio general que en un organismo individual. La analogía de una sociedad y un organismo se vuelve más clara en el aprendizaje de que cada organismo de dimensión considerable es una sociedad, y en el más lejano de que en ambos, las vidas de las unidades continúan por algún tiempo en la vida del agregado; si el agregado no es destruido de forma violenta, su vida excede en duración a las de las unidades (…). No hay diferencia en las leyes de la organización: las influencias mutuas de las partes, no transmisibles de un modo directo, se transmiten, en una sociedad, de modo indirecto”81. Ahora bien, aplicada a la evolución social la teoría admitía la existencia de etapas uniformes sólo al hablar del paso de las sociedades militantes (esto es, las primitivas, con cooperación forzosa) a las industriales (civilizadas, cooperación voluntaria), lo cual establece una diferencia muy importante en relación a los demás autores que en la época teorizaron sobre las fases del desarrollo humano. Nos interesa más cómo consideraba Spencer que se produce el progreso sociocultural. En su visión, una vez más como a Darwin, influyó de manera decisiva la obra de Malthus y sus ideas negativas sobre la perfectibilidad humana, contra las cuales reaccionó. “A Theory of Population” (1852) planteaba el principio de la supervivencia del más apto en relación a una mayor inteligencia desarrollada de cara a superar los obstáculos en un contexto superpoblado. Si no aplicó el mismo principio al origen de las especies fue por la convicción de que la herencia de las modificaciones producidas funcionalmente bastaba para explicar todos los cambios82. Ello, no obstante, no incide en el hecho de que fue Spencer quien elaboró las bases de lo que hoy día se conoce equívocamente como darwinismo 80 STOCKING. Victorian… Op. cit., p. 133. 81 SPENCER Herbert. Principles of Sociology. Selecciones en: CARNEIRO, Robert L. (edición e introducción). The Evolution of Society. Selections from Herbert Spencer´s Principles of Sociology. The University of Chicago Press. Chicago. 1974, p. 8. 82 Véase HARRIS. El desarrollo… Op. cit., p. 110. - 50 - - 51 - social, que en líneas generales puede describirse como progreso a través de la lucha. Más concretamente, seguía al menos tres líneas definidas que ya hemos visto en el contexto político-económico del siglo: la eliminación de los individuos inútiles de la sociedad por medio de la selección natural beneficia al conjunto; el sistema económico social funciona mejor si cada cual busca sus propios intereses, por lo que se exige del Estado la no intervención (así sobreviven las empresas más fuertes: laissez-faire); existencia de una lucha por la supervivencia a nivel de sociedades enteras. En tal visión incidió de forma fundamental la defensa del liberalismo económico en el que Spencer creía ciegamente, interrelacionada, eso sí, con una visión positiva sobre el futuro humano. Así, en aplicación de los principios que acabamos de ver, su negativa a que el gobierno interviniese a favor de los pobres no debe considerarse como desprecio hacia éstos; en realidad, Spencer se movía por la creencia de que la naturaleza decidiría por sí misma la supervivencia de aquellos que beneficiasen biológicamente a la especie. Lo aplica también desde el punto de vista del sistema económico, uniendo la doctrina del laissez-faire a la de la selección natural: cada individuo debe trabajar por sus intereses privados. Siguiendo estas argumentaciones atribuyó un rol determinante a la guerra en el desarrollo de la civilización. Las sociedades de tipo industrial progresarían y dejarían atrás la competencia militar. Las teorías spencerianas cuajaban perfectamente en la ideología imperialista propia de la época, que se aferraba, entre otros tópicos manidos, a las características bioculturales inferiores de los salvajes como razón de la benevolencia de la conquista civilizadora. Sin embargo, pese a lo que pueda parecer dadas las opiniones que hemos visto hasta ahora, Spencer se encuentra entre los autores más críticos de la avaricia colonialista europea. Su determinismo racial se desarrolló totalmente al margen no sólo de todo intento de excusar el dominio y explotación de unas razas sobre otras, sino también de la presunción de que se podía aplicar a las inferiores el mismo criterio de juicio que a las superiores, pues de la existencia de diferencias en la naturaleza humana para él se seguía que cada grupo tenía que ser juzgado de la manera adecuada a su propio estado de desarrollo: “Lo que era bueno para los hombres civilizados no tenía por qué ser bueno para los nativos”83. 83 HARRIS. El desarrollo… Op. cit., p. 115 CAPÍTULO 3 EL ESTUDIO DEL PARENTESCO EN LA ANTROPOLOGÍA DECIMONÓNICA 3. 1 Los objetivos antropológicos y sus medios de consecución Los antropólogos decimonónicos, basándose en la idea de que toda la humanidad recorría el mismo sendero en la misma dirección, dieron por supuesta la existencia de una serie de etapas a atravesar84, desde la más simple a la más compleja, con una clara direccionalidad teleológica que respondía a su imagen del progreso y que remataría en la sociedad perfecta, esto es, la victoriana en la cual se gestó el grueso de la teoría85. Se trataba, pues, de llegar a conocer las características de cada fase y las leyes que regían el paso de una a otra, partiendo para ello de la premisa de que los fenómenos socioculturales, al igual que la naturaleza, se regían por unas leyes de funcionamiento idéntico en el pasado y en el presente que la ciencia podía explicar: existía un orden de causalidad que relacionaba todos los ámbitos de la vida social. Se sirvieron para su fin del método comparativo y de la afirmación de la existencia de una psique humana uniforme, imprescindible para elaborar la teoría de las secuencias. Los hallazgos arqueológicos fueron un elemento básico en la búsqueda antropológica, no sólo en lo que a fósiles humanos se refiere, sino también o sobre todo en relación a los objetos líticos europeos semejantes a los de sociedades primitivas coetáneas. La Edad de Piedra, después de todo, había dejado claro que 84 Así, por ejemplo, afirmaba Morgan: “La experiencia del género humano ha sido casi uniforme; las necesidades humanas bajo condiciones similares han sido esencialmente las mismas”. MORGAN, Lewis Henry. La sociedad… Op. cit., p. 80. Spencer, como veíamos, discrepa en este punto del resto de nuestros autores (tampoco creía en la unidad psíquica humana). De todos modos, en el avance uniforme de la humanidad se reconocían excepciones, pero interesaban más las tendencias generales mayoritarias. Tampoco interesaba describir procesos históricos concretos. 85 Frente a ellos se alzaba una teoría que disfrutó de bastante fama durante la primera mitad del siglo XIX, la del degeneracionismo, defendida por autores como Louis de Bonald, Joseph de Meistre o Richard Wathely, y que respondía al deseo de mantener intactos los datos ofrecidos por la Biblia. Afirmaba que los pueblos primitivos contemporáneos eran en realidad descendientes de pueblos civilizados caídos en la barbarie tras el episodio de la Torre de Babel. La obra de Lyell fue fundamental para la refutación de estas ideas. Dos de los evolucionistas que se dedicaron con más detenimiento a atacarlas fueron John Lubbock y Edward Tylor. El primero se sirvió de su estudio sobre la terminología del parentesco, afirmando que ésta se explicaba por la hipótesis del progreso: “si dos razas hubiesen llegado al mismo estado social, una elevándose desde la etapa inferior conocida, y otra descendiendo de la superior, tendrían por fuerza una nomenclatura totalmente distinta; y no hay ejemplo de un sistema como el que podría resultar de la última hipótesis”. LUBBOCK, John. Los orígenes de la civilización. Alta Fulla. Barcelona, 1987, p. 180. Tylor aducía la falta de pruebas históricas: “la guerra y la confusión, el hambre y la peste han devastado, una y otra vez, países enteros, han reducido sus poblaciones a residuos miserables, y han rebajado su nivel de civilización, (…) la vida aislada de zonas abandonadas del país parece tender, a veces, hacia el salvajismo. Pero, que nosotros sepamos, ninguna de esas causas ha creado nunca, en realidad, una comunidad salvaje”. TYLOR, Edward Burnett. Cultura Primitiva. Vol. I: Los orígenes de la cultura. Ayuso. Madrid, 1977, p. 56. - 53 - sistematizar las relaciones en las cinco primeras líneas colaterales102 y dejando atrás el incómodo sistema primitivo ario103. El único defecto de un sistema que Morgan consideraba incomparable por su simplicidad de método y belleza de nomenclatura era que carecía de términos para los/as tíos/as políticos/as. Las partes II y III se dedican al sistema clasificatorio, propio de las familias ganowania, turania y malaya104. Dado que es un sistema totalmente diferente al conocido en el mundo civilizado, Morgan cree conveniente detenerse antes de entrar en los casos concretos en una exposición específica de las características genéricas principales. Así, las concepciones fundamentales serían105: 1. Todos los descendientes de una pareja original caen dentro de relaciones de parentesco reconocidas 2. En las relaciones sanguíneas y matrimoniales se le atribuye a cada cual un término especial. Personas que están respecto a Ego en grados desiguales son colocadas en el mismo rango de las relaciones de parentesco. 3. Las diferentes líneas colaterales en cada caso están fusionadas con la lineal. 102 El sistema romano se distribuye de la siguiente manera: la primera línea, masculina, comienza con el hermano -frater- y se compone de él y su descendencia; la segunda línea, masculina, comienza con el hermano del padre -patruus- y se compone de él y de sus descendientes. La tercera línea, masculina, comienza con el tío-abuelo paterno -patruus magnus- y se compone de él y de sus descendientes. Las líneas cuarta y quinta, masculinas, comienzan con el tío-bisabuelo paterno - patruus major- y con el tío-tatarabuelo paterno -patruus maximus-. La línea femenina seguiría el mismo orden. 103 Aunque se introdujeron términos especiales para expresar las relaciones de parentesco en algunas ramas de las grandes familias, fueron suficientes sólo para un pequeño número del parentesco sanguíneo de cada persona. “al menos cuatro-cinco dentro de los límites de las primras cinco líneas colaterales, y dentro de seis grados desde el ancestor común, podían ser indicados sólo a través de frases descriptivas”. MORGAN. Systems of… Op. cit., p. 142. 104 La familia ganowaniana es el nombre que Morgan dio a los amerindios. La familia turania comprende: pueblos asiáticos como China, grupos de habla dravidiana tipo Tamil, norte de la India y Japón. La malaya: malayos, hawaianos. En las clasificaciones actuales el sistema terminológico de parentesco turanio-ganowanio se corresponde con el iroqués y el malayo con el hawaiano. El autor habla también brevemente del sistema esquimal, que considera “un sistema clasificatorio independiente, diferente radicalmente del ganowaniano, turanio y malayo”, conjeturándole un origen desde algún sistema de las estepas asiáticas. Acorde con el sistema ganowaniano en su carácter clasificatorio y en la integración de las líneas colaterales en la lineal, difiere de él en la clasificación de los parientes, “en muchos aspectos se acerca bastante a los sistemas de las familias aria y uraliana, de las cuales están más cerca que de la turania o de la ganowaniana”. MORGAN. Systems of… Op. cit., p. 510. 105 Ibid., pp. 143-144. En las pp. 145 y ss. el autor propone las características materiales del sistema de parentesco clasificatorio y las breves excepciones registradas. - 60 - 4. La relación de primo es el grado colateral más remoto reconocido. 5. Los hijos de hermanos son hermanos/as entre sí. Los hijos de hermanas son hermanos/as entre sí. Pero los hijos de hermano y hermana tienen una relación de parentesco diferente. 6. La relación de tío se restringe a los hermanos de la madre 7. La relación de tía se restringe a las hermanas del padre 8. Las relaciones de sobrino y sobrina se restringen, cuando Ego es varón, a los hijos de los hermanos; cuando Ego es mujer, a los hijos de las hermanas. 9. Las relaciones correlativas se aplican estrictamente. Los sistemas ganowanio y turanio serían la forma principal del clasificatorio, pues hacen una distinción entre líneas paralelas y cruzadas, mientras el malayo la hace sobre la base de la generación y del sexo. En sus reflexiones finales sobre su investigación, Morgan volvía una vez más a establecer las diferencias entre los sistemas descriptivo y clasificatorio. Ambos descansaban sobre un cuerpo de ideas fundamentales, más fáciles de ver en el primero, pues expresaban las líneas naturales de la descendencia. Sobre este mismo sistema, el descriptivo, razonó que si se insistía en su carácter natural y espontáneo habría que dejar de lado el argumento a favor de la unidad de origen, pues tendría que haberlo sido de todas las naciones. Pero que si, por otra parte, se hablaba de un sistema previo diferente al matrimonio entre parejas simples, habría que pensar que el sistema descriptivo era resultado de la invención humana106. Los sistemas clasificatorios, por el contrario, evidenciaban que el matrimonio monógamo no existía en el origen de la humanidad. Hubo de desarrollarse a lo largo de los años y la experiencia gracias al discernimiento de sus elementos positivos, de tal modo que: “no es del todo improbable que el matrimonio en este alto sentido fuese la institución culminante por la cual estas familias emergiesen de la barbarie y comenzasen su carrera civilizada”107. Los sistemas de parentesco, por tanto, servían para dividir en dos las familias humanas, distinguiendo las naciones 106 Morgan descubre aquí, según Valdés Gázquez, que “son sistemas naturales en la medida en que surgen naturalmente por el ejercicio de la inteligencia común [sugestión natural], pero no en las condiciones impuestas por la naturaleza, sino en condiciones sociales determinadas”. VALDÉS GÁZQUEZ. El pensamiento antropológico de Lewis… Op. cit., p. 144. Dentro de estas últimas, Morgan dará mucha importancia a los medios de subsistencia 107 MORGAN. Systems of… Op. cit., p. 469. - 61 - civilizadas de las no civilizadas. Morgan concluía que: “aunque ambas formas son tan antiguas cono la civilización, se tiende a mostrar que la familia, tal como está hoy día constituida, y cuyo crecimiento se debió al desarrollo del conocimiento de la propiedad, o sus usos, y de su transmisión por la herencia, yace en la fundación de la primera civilización de la humanidad”108. El autor presupuso que el origen de ninguno de los dos sistemas era explicable por las sugestiones naturales, pero que sí podía explicarse desde la naturaleza de la descendencia si se partía de la creencia de que existieron unas condiciones sociales externas que los hicieron emerger. Así: “si pueden ser así explicados, los dos sistemas ascienden en una asombrosa preeminencia como instituciones domésticas, por lo que serán encontrados para representar y personificar la vasta y variada experiencia de la humanidad desde épocas inmemoriables de la barbarie”109. En este aspecto Morgan introdujo un interés característico de la antropología evolucionista, pues contemplaría desde ahora la posibilidad de emplear los sistemas de relaciones para el estudio de las condiciones sociales de las épocas pretéritas de la humanidad en las que surgieron a través de una sucesión ordenada de las instituciones que los hicieron aparecer110. Al preguntarse por el origen del sistema clasificatorio el abogado desechó tanto el recurso a los lazos de sangre para la protección mutua y la organización tribal, porque no podían explicar todos sus rasgos, como la influencia de la poliginia y la poliandria, por ser costumbres no adoptadas por todo el grupo social. Si se buscaban las causas en condiciones anteriores de la sociedad entonces sí podría establecerse un origen común. Para ello hizo uso de las características del sistema hawaiano, integrando entonces los sistemas de relaciones en una secuencia diacrónica. Morgan opinaba que el sistema malayo, por ser más simple, era anterior; luego vendría el turanio-ganowaniano. Si para el malayo hacía uso de las costumbres hawaianas a la hora de explicar las condiciones sociales en las que surgió111, para el turanio-ganowanio se centró en la existencia de la organización 108 MORGAN. Systems of… Op. cit., p. p. 470. 109 Ibid., p. 473 110 VALDÉS GÁZQUEZ. El pensamiento antropológico de Lewis… Op. cit., p. 147. Su aplicación la veremos al abordar Ancient Society. 111 En las islas Sándwich en el siglo XIX los misioneros constataron la existencia de una forma combinada de poliginia y poliandria: en una de las ramas varios hermanos vivían en poliginia y sus mujeres en poliandria; en la otra varias hermanas vivían en poliandria y sus maridos en poliginia. Morgan opinaba que la existencia de esta costumbre indicaba la existencia de una condición anterior de intercambio promiscuo incluyendo la cohabitación de hermanos y hermanas. El sistema de - 62 - tribal112. Tanto para el origen de uno como para el tránsito hacia el otro, el abogado creía necesario hablar, más que de una institución, de diferentes instituciones y costumbres anteriores al matrimonio monógamo. Opinaba, desde una perspectiva muy evolucionista, que la humanidad había hecho progresos disparejos desde sus inicios de tal modo que algunos pueblos se mantenían en estados primitivos, “y ahora revelan muchos de los estadios que intervienen en el progreso”113. Él mismo estableció la serie de costumbres e instituciones que explicaban el origen del sistema clasificatorio y su existencia hasta su sustitución por el descriptivo114, que habrían brotado gradualmente, prevaleciendo más o menos de forma simultánea y modificándose en diferentes áreas bajo influencias particulares: 1. Intercambio promiscuo. Estadio de la humanidad más próximo a la condición animal. El hombre era un salvaje de débil intelecto y sentido moral. 2. Matrimonio o cohabitación entre hermanos y hermanas. Era imprescindible aceptar esta costumbre entre los ancestros de las naciones que en el momento poseían el sistema clasificatorio si se pretendía afirmar su origen natural. 3. La familia comunal (primer estadio de la familia). El comunismo se relacionaba con la unión del esfuerzo para procurarse la subsistencia. Morgan contaba con ejemplos vivos115. 4. La costumbre hawaiana. 5. La forma malaya del sistema clasificatorio de relaciones. 6. La organización tribal. Fue fundamental en el sentido de que hizo que las bandas vecinas dependiesen unas de otras para conseguir mujeres. relaciones se explicaría desde la naturaleza de la descendencia si un grupo de hermanos se casase con un grupo de hermanas y conviviesen juntos (familia comunal). Morgan insistía en la existencia de esta fase del desarrollo humano, a pesar de considerar repulsiva y desagradable la idea de una condición antecedente del hombre en la que no existía la propensión a emparejarse y a vivir en una relación familiar (esto es, monógama). Véase MORGAN. Systems of… Op. cit., pp. 480-481. 112 A las costumbres del sistema malayo se suma la organización tribal, que surge de la ruptura de la cohabitación de hermanos y hermanas y la obligación de casarse fuera de la tribu (es decir, prohibición del incesto y exogamia de clan), algo que impulsa “la última realización del matrimonio entre parejas simples, y el esdo de la familia verdadera”. Ibid., p. 485. 113 Ibid., p. 479. 114 Ibid., p. 480. 115 Añadió en relación a este punto en una nota a pie de página el tema de la arquitectura doméstica de los indios americanos, desarrollado anteriormente en un capítulo que el editor le obligó a suprimir en la edición definitiva de la obra. - 63 - 7. El sistema de relaciones turanio y ganowaniano. 8. Matrimonio entre parejas simples. Si existió en épocas primitivas, fueron excepciones. Al limitarse el acceso a las mujeres de la propia tribu y tener que acudir a otra a través de la negociación, el trueque o la captura, el esfuerzo de la obtención implicaría el deseo de posesión única. 9. La familia bárbara (segundo estadio de la familia). Era un agregado de familias que adoptaron un modo de vida en común con autoridad tribal. 10. Poligamia. Suponía acumulación de riqueza, de ahí que dedujese el autor que la costumbre era relativamente reciente. Los hermanos que tuviesen la riqueza suficiente como para tener varias esposas las reservarían para sí. Avance, decía Morgan, hacia la verdadera familia. 11. La familia patriarcal (tercer estadio). Un único varón a la cabeza. 12. Poliandria. Era una consecuencia de la poligamia a la que no prestó atención. 13. El surgimiento de la propiedad con la fijación de la sucesión lineal a las posesiones. Morgan consideraba fundamental la influencia de la propiedad sobre la civilización, pues consistía en el germen del progreso desde la barbarie. Al acumularse posesiones surgió el deseo de transmitirlas a los hijos propios, momento en el que se hizo necesario distinguir las líneas colaterales de la lineal. Además, sólo el matrimonio entre parejas permitía certificar con seguridad la paternidad. Los gobiernos, las instituciones y las leyes son agentes de creación y protección de la propiedad. 14. La familia civilizada (cuarto y último estadio de la familia). Un hombre, una mujer y sus hijos. La propiedad acabó con cualesquiera otras costumbres inconsistentes con esta forma matrimonial. La gens romana era una de las ilustraciones tempranas de la familia civilizada. 15. El derrocamiento del sistema clasificatorio de relaciones y su sustitución por el descriptivo. Morgan se planteó también si podía inferirse de la posesión común del mismo sistema de relaciones la conexión genealógica de ciertas naciones. Convencido de que “las diferentes hipótesis de la invención accidental concurrente, - 64 - del préstamo de unas a otras, y del crecimiento espontáneo era enteramente inadecuadas”116, defendió a capa y espada la teoría del mismo origen en una época muy alejada en el tiempo. Se preguntó además si podía deducirse de la posesión común del mismo sistema de relaciones en áreas desconectadas la conexión genealógica de las familias que lo presentaban. Esto tiene que ver con su objetivo de demostrar el origen asiático de los indios americanos, para lo cual presentó como ejemplo de apoyo las similitudes entre los sistemas séneca y tamil (India). Las razones de tales semejanzas las explicó a través de cuatro posibles respuestas: por préstamo de una a otra (difusión), lo que descartó pues según sus tablas el sistema de relaciones se había transmitido junto con la lengua y no de forma aislada, y además no había conexión territorial entre los pueblos; por invención accidental en áreas desconectadas, lo que era imposible dado lo complicado del sistema y el hecho de que existían sólo dos en el mundo; por crecimiento espontáneo en áreas desconectadas bajo la influencia de sugestiones surgiendo de similares necesidades y similares condiciones de sociedad, pero era altamente improbable que una misma secuencia como la establecida para explicar el nacimiento del sistema turanio y ganowanio pudiese producirse más de una vez117; por transmisión con la sangre desde una fuente original común, que es la hipótesis que él manejó mediante lo que denominaba como corrientes de sangre, elemento de carácter lamarckiano que primaba los caracteres adquiridos y transmitidos a través de las generaciones: “una vez establecido el sistema encuentra en los diferentes flujos de la sangre un instrumento y un medio par su transmisión a través de períodos de duración indefinida. Como las innumerables líneas ascienden a través de los años, convergen continuamente hasta que finalmente se encuentran en un punto común, y cualquiera que fuese la sangre original, capaz de fluir en su corriente, se trasmitió por sí misma. ¿Podría haber existido en el cerebro humano 116 MORGAN. Systems of… Op. cit., p. 495. 117 Valdés Gázquez señala que al intentar compatibilizar esta secuencia con el origen asiático de los indios, Morgan ignoró algo que tenían muy presente sus contemporáneos: que lo único que podía sustentar una secuencia evolutiva era presuponer que gracias a la unidad psíquica del ser humano una única inteligencia, actuando en las condiciones idénticas de cada estadio de evolución, producía los mismos resultados de forma independiente. V. VALDÉS GÁZQUEZ. El pensamiento antropológico de Lewis… Op. cit., p. 169. La concepción híper-migracionista que llevaba al autor a sostener el origen asiático de los nativos americanos fue diluyéndose a raíz de una carta del sacerdote McIlvaine en la que le comentaba que la difusión del sistema clasificador podía demostrar que todos los grupos que lo utilizaban estaban relacionados entre sí, de tal modo que era probable que el sistema pudiese denotar una etapa más temprana del desarrollo humano. Aquí se halla el origen de Ancient Society. - 65 - primitivo tal cosa que se derivase de los cauces de la existencia, a través de todas las vicisitudes, que estas simples ideas, en sus relaciones fijadas, por las cuales el hombre debía distinguir a sus diferentes parientes? Estas ideas fueron semillas plantadas en el comienzo, y en germinación perpetua”118. Morgan defendía aquí, pues, un origen único para toda la humanidad, que emergería de la barbarie a través del progreso moral. La primera crítica destacable que se le hizo a esta obra fue la del abogado y prehistoriador inglés John Lubbock, más tarde lord Avebury119, en su artículo “On the Development of Relationships”, publicado en 1871 en el primer volumen del Journal of the Anthropological Institute, y que incluiría en 1875 en la tercera edición de su obra Origin of Civilization and the Primitive Condition of Man. Lubbock pretendió desmentir la idea de que pudo existir una relación entre los sistemas de parentesco -cuya evolución consideraba expresiva del curso de la historia y del progreso- y las afinidades étnicas. En relación a ello rechazó la teoría de Morgan que postulaba idéntico origen para los indios norteamericanos que para pueblos asiáticos como el de los tamiles, alegando que en tal caso habría de suponerse lo mismo para los fiyianos y tongueses, y: “bien sabido es, no obstante, que esas razas pertenecen a divisiones muy distintas de la humanidad, y cualesquiera hechos que revelen semejanza entre ellas, por interesantes e importantes que puedan ser como pruebas de la unidad del espíritu y de la historia humana, evidentemente no pueden tener ninguna conexión con afinidades etnológicas especiales”120; trató de probarlo con la elaboración e interpretación de sus propias tablas. Consideró que los términos de parentesco los empleaban las razas inferiores para designar los resultados de las costumbres del matrimonio, sin implicar la idea occidental que se tenía de tales relaciones: los lazos, derechos y deberes de los individuos entre sí, así como la transmisión de la propiedad, se regían por su relación con la tribu, no con la familia. 118 MORGAN. Systems of… Op. cit., p. 505. 119 John Lubbock (1834-1913). Aunque se dedicó especialmente a la prehistoria, también llevó a cabo estudios de índole etnográfica y naturalista. Aparte de su faceta de abogado, participó en política y en la Cámara de Comercio de Londres. Fue vicepresidente de la Royal Society y presidente de la Sociological Society, además de corresponsal de la Academia de Ciencias de París. Se trata sin duda de uno de los evolucionistas más lastrados -desde luego explícitamentepor el peso del etnocentrismo europeo, mostrándose constantemente mortificado por las ideas y hechos abominables que debía constatar ante sus lectores. 120 LUBBOCK, John. Los orígenes… Op. cit., pp. 133-134. - 66 - La crítica de John Ferguson McLennan121 tuvo consecuencias más amplias que las de Lubbock. Expresada en Studies in Ancient History en 1876, a Morgan le dio tiempo de contrarrestarla añadiendo la suya propia al esquema de McLennan en su obra Ancient Society, que por entonces se hallaba en prensa. Si la polémica no se extendió más allá en el tiempo fue debido a la salud de ambos antropólogos, que casualmente fallecieron en el mismo año, 1881, con pocos meses de diferencia. El escocés criticó la afirmación de Morgan de que dado el origen natural del sistema clasificatorio era imprescindible que hubiese habido un estadio de matrimonio comunal -empleando el término de Lubbockque comprendería hermanos y hermanas viviendo juntos en promiscuidad incestuosa. De la costumbre hawaiana ni siquiera había podido dar el estadounidense pruebas más contundentes que los testimonios del juez Mr. Andrews y del Reverendo Artemus Bishop, que McLennan desvirtuaba diciendo que no eran en absoluto definitivos. Por tanto, ninguna de las asunciones derivadas de la creencia en estos estadios serían válidas: ni que el sistema malayo de parentesco era un sistema de relaciones consanguíneas, ni que cada relación en su interior podía explicarse por la naturaleza de la descendencia; llamar padre a todos los hermanos del padre o madre a las hermanas de la madre sería en realidad, a ojos de McLennan, una prueba de pobreza de lenguaje. Acusó también a Morgan de no dar una explicación al hecho de que se pudiese llamar hijo, en los pueblos que mantenían en aquel momento el sistema malayo, a un niño desde el punto de vista de los progenitores, de los hermanos y hermanas indistintamente tanto del padre como de la madre, así como de los tíos políticos, cuando las relaciones de estas personas con el muchacho diferían dependiendo de si los/as tíos/as lo eran por parte materna o paterna, por vía consanguínea o afín, dado que los esposos no eran hermanos entre sí: “¿Cómo, de acuerdo a la naturaleza de los descendientes, llegan las relaciones que podrían haber sido desarrolladas en este grupo familiar, de personas todas de una misma sangre, a ser aplicables a relaciones en grupos familiares del grupo existente en el 121 John Ferguson McLennan (1827-1881). Abogado escocés, miembro del Colegio de abogados de Escocia y miembro fundador del Edinburgh Evening Club. Fue uno de los juristas adscritos a las teorías de la evolución más importantes de su época, a la par que el más crítico de todos sus colegas, hasta el punto que de él dice Lowie que “estaba demasiado enamorado de sus propios razonamientos para tomar en cuenta hipótesis opuestas”. LOWIE, Robert. Historia de la Etnología. Fondo de Cultura Económica. México, 1974, p. 65. Su principal obra, Primitive Marriage, se publicó en 1865; Morgan arremeterá contra sus teorías. - 67 - que los maridos y las mujeres no son hermanos y hermanas, y las sangres son diferentestes? Es razonable creer que el señor Morgan nunca vio esta dificultad”122. El origen del sistema, por lo tanto, quedaba sin explicar de forma satisfactoria. Negó también las implicaciones que Morgan daba a la organización tribal, considerando que no podía realmente prevenir los matrimonios entre hermanos y hermanas123 y que su peso en el paso del sistema malayo al turanio y ganowanio no era el que pretendió dársele. La exogamia no pudo transformar el sistema malayo por completo. Los errores cometidos por Morgan, en cualquier caso, quedaban resumidos en dos: “su primer error fue que no vio contemplada de forma regular la principal peculiaridad del sistema –su clasificación de personas conectadas; que no buscó el origen del sistema en el probable origen de la clasificación (…). El segundo error, o lo que yo creo que es un error, fue asumir a la ligera que el sistema era un sistema de lazos de sangre”124. El sistema clasificatorio, defendía McLennan, no era un sistema de vínculos sanguíneos, los términos no hacían referencia real a posiciones de parentesco reales ni se podía tener a la vez dos sistemas de relación sanguínea (McLennan hablaba de la filiación matrilineal). La conclusión era obvia: el sistema clasificatorio era meramente un modo de salutación. Así, aún estando de acuerdo con que ilustraba una condición social del hombre muy antigua, difería por completo en la naturaleza de su origen, que postuló ayudándose de los datos recogidos por Morgan y entrelazándolo con sus propias ideas sobre la poliandria de tipo nayar y tibetana, llegando al resumen del sistema malayo como “1. Una necesidad o conveniencia de clasificar a los parientes unidos en familias mientras maridos y mujeres no vivían juntos en la misma; y 2. La ampliación de las clases de parientes a través de la conexión de familias por el matrimonio, con las mujeres pasando como norma común a las familias de los maridos”125. 122 MCLENNAN. Studies in Ancient History. London. 1876, pp. 347-348. 123 “La organización tribal (...) es simple exogamia, la prohibición del matrimonio entre personas de la misma tribu de descendencia, o de las que poseen el mismo nombre familiar de tótem. Y la exogamia prohibe el matrimonio entre hermanos y hermanas sólo cuando son hijos de la misma madre, o de madres que comparten la misma sangre. Se sigue de esto que el hijo de un hombre y la hija de su hermana, mientras se consideren hermano y hermana, serían libres, cuando la organización tribal lo hubiese establecido, para casarse, pues pertenecían a diferentes tribus de descendencia”. MCLENNAN. Studies… Op. cit., pp. 353-354. 124 Ibid., pp. 360-361. 125 Ibid., p. 391. - 68 - 3.3. De la familia al individuo. Las teorías jurídicas del derecho y la religión El Ancient Law de Henry James Sumner Maine126, publicado en 1861, parecía no ser en principio más que un tratado sobre derecho romano y sus variantes europeas. De hecho, partía de una diferenciación entre sociedades progresivas y estacionarias que le llevaba a descartar el estudio de estas últimas como válido para cualquier cuestión sobre la historia humana, considerando que habían carecido desde la puesta por escrito de un cuerpo de derecho del deseo de mejorar sus instituciones civiles. Ello lo llevó a dejar de lado cualquier grupo no perteneciente a la Europa occidental, cuya civilización, extendida a su origen ario, suponía a sus ojos la excepción en la historia del mundo. No obstante esta ausencia, su estudio de las sociedades europeas en sus etapas primitivas, especialmente la romana, reviste un gran interés desde el punto de vista antropológico, ello incluso a pesar de que su intención primera confesa pudiese no haber sido la de extrapolar sus conclusiones más allá del contexto indoeuropeo, pues sus propios contemporáneos consideraron su aplicabilidad de intencionalidad universal y como tal la criticaron y discutieron; la exposición del jurista, aunque simple, no dejaba de responder al objetivo de búsqueda de las fases del desarrollo humano. La principal contribución de Maine a la Antropología, dice Harris, es “su sugerencia de que el parentesco ha proporcionado el principio básico de organización de la sociedad primitiva”127, hipótesis que comparte en realidad con 126 Henry James Sumner Maine (1822-1888). Profesor de Leyes en Cambridge. Fue miembro del Consejo Supremo del Gobernador General de la India y vicecanciller de la universidad de Calcuta, donde residió varios años. Regresó a Inglaterra en 1869, obtuvo la cátedra Corpus de Jurisprudencia en Oxford y en 1877 la cátedra de Derecho Internacional en Cambridge 127 HARRIS. El desarrollo… Op. cit., p. 166. En Ancient Law Maine no fue más allá de las sociedades arias en la exposición de sus teorías. En su obra Early History of Institutions, de 1875, amplió su concepción patriarcal del parentesco a los pueblos semitas y urálicos y admitió la existencia de grupos en los que la cuestión de la consanguinidad era inconciliable con la hipótesis de un antepasado único, mencionando los estudios de Morgan, sobre los que afirmó que: “por interesantes que sean semejantes investigaciones, nada tenemos que ver con ellas mientras no se establezca con certidumbre que el parentesco en las razas superiores es el desarrollo natural de esa especie de parentesco conocida solamente entre las razas inferiores; y aún entonces, tales investigaciones no tendrían para nosotros más que un interés muy remoto”. Incluso Morgan, señalaba Maine, afirmaba que el sistema que prevalecía en las razas aria, semítica y urálica se había establecido después de la institución del matrimonio entre parejas simples. Por otra parte, la función de simplificación que ejercía el sistema de nomenclatura de esas tribus inferiores también podía desempeñarla en las razas superiores el poder patriarcal, “pues simplifica las ideas de parentesco y de obligación, por de pronto en la familia patriarcal, y, en último término, en el clan o en la tribu”. - 69 - la caza, eras vistas como una carga y, por lo tanto, sacrificadas en su mayoría. Esta práctica infanticida, que existía todavía entre algunos pueblos coetáneos al autor, se explicaba, pues, racionalmente. La escasez de mujeres que llegaban a la edad de procrear implicaría la existencia de promiscuidad sexual, dado que de no existir ésta las luchas internas habrían sido constantes. Así, estos grupos compartirían sus mujeres como si se tratasen de otro bien cualquiera. Los niños pertenecerían también a la horda, “y es probable que antes del ascenso del parentesco, todos los grupos humanos siguiesen este modelo” 145. Lubbock hablaba de la inexistencia del matrimonio tal como lo entendía en su contexto occidental, incluida la ausencia del sentimiento amoroso. Para respaldar su idea llevó a cabo una enumeración de ejemplos de la supuesta institución matrimonial y sus ceremonias tomados descontextualizadamente de autores diversos que iban desde antropólogos hasta meros viajeros, pasando por fuentes clásicas. Afirmó que: “hay pruebas numerosas de que las razas inferiores viven o han vivido en el estado de lo que podría llamarse «matrimonio comunal»”146. A continuación, procedió a la acumulación de ejemplos típica de su obra. Entre otros, habló de Grecia hasta la época de Cécrope, de los masagetas y de la tribu etíope de los aures mentados en Herodoto, que no conocían el matrimonio, de los indígenas de la Isla Carlota -observados por un tal Mr. Poole-, cuyas mujeres parecían considerar a casi todos los hombres de su propia tribu como maridos, de las tribus australianas -tomando como fuente las leyendas autóctonas- y de los habitantes de las islas Sándwich, clasificados por Morgan en el sistema hawaiano. De la admisión de que “la comunidad de mujeres, según indican las páginas anteriores, existe o ha existido en tantas razas de un grado inferior de civilización [se deduce que] representa la primitiva y más temprana condición social del hombre”147. En ella, sin embargo, habrían aparecido ya las primeras tendencias hacia la posesión individual de las mujeres entre jóvenes guerreros que hubiesen hecho cautivas en la guerra sobre las que el resto del grupo no tenía derechos. Los hijos, de momento, pertenecían a la tribu. 145 MCLENNAN, John Ferguson. Primitive Marriage. University of Chicago Press. Chicago, 1970, p. 69. 146 LUBBOCK. Los orígenes… Op. cit., p. 84. 147 Ibid., p. 92. - 76 - McLennan criticó el concepto de Lubbock de matrimonio comunal, incidiendo en la inconsistencia de su uso tanto para indicar la inexistencia de matrimonio como el matrimonio de todos los hombres con todas las mujeres. En el segundo de los casos se hablaría de derechos comunales de los esposos sobre las mujeres, cuando en el estado de hetairismo -adoptando el vocablo bachofenianono se admitía ningún tipo de derecho en materia de sexo. La contradicción principal de Lubbock estaría en afirmar que la tribu no tenía derechos sobre la cautiva de guerra, pero que la apropiación debía ser expiada porque se estaba infringiendo el derecho del grupo originario de la mujer. McLennan refutó los ejemplos aducidos por el prehistoriador inglés tanto de la existencia del comunismo con las mujeres como de la necesidad de esta compensación afirmando que ninguno de ellos era una prueba clara de las teorías de lord Avebury148. También atacó la afirmación de que la posesión de una mujer por un solo hombre se iniciase con su captura individual, pues ésta se llevaba a cabo usualmente de forma grupal. El escocés, echando por tierra el esquema de Lubbock, pretendía en realidad hacer caer todo aquello que afectaba negativamente al suyo: “sus explicaciones del origen de la exogamia, la práctica de la captura, el infanticidio femenino, y todas las costumbres conectadas con estas”149. De la letra de Spencer también hubo una crítica a la visión de Lubbock, tanto al concepto de matrimonio comunal, que consideraba inadecuado, como a la ausencia total del concepto de propiedad en el salvaje. En el primer caso, Spencer afirmaba que el matrimonio comunal se hubiese inscrito como parte de unas leyes sociales inexistentes en el estado social inicial de la humanidad. En el segundo, el autor se basaba en cuestiones como la posesión individual por parte de los salvajes contemporáneos de armas, instrumentos de trabajo o vestimenta, extrapolando este «impulso monopolizador» al hombre primitivo. Precisamente en relación a la propiedad privada tejió la hipótesis que lo particulariza en este apartado respecto al grueso de las opiniones de sus coetáneos, pues Spencer no consideraba que la promiscuidad hubiese sido algo genérico en los albores de la historia humana. De hecho, de la posesión individual de la mujer consideraba que debíamos “inferir que, aún en los tiempos prehistóricos, la promiscuidad estuviese refrenada por las 148 MCLENNAN. Studies… Op. cit., pp. 430-443. 149 Ibid., p. 449. - 77 - uniones individuales establecidas en el afecto y mantenidas con la fuerza frente a otros hombres”150. Existió, efectivamente, en algún momento previo al desarrollo de la matrilinealidad, que se derivó de ella dada la imposibilidad de establecer la paternidad en el contexto de este tipo de relaciones sexuales. También Morgan creía en una etapa promiscua, que hemos visto ya en relación al sistema hawaiano. En Ancient Society, publicada en 1881, volvió a incidir en ella siguiendo sus argumentaciones características sobre la evolución desde las etapas inferiores a otras superiores. Su familia consanguínea, primera forma organizada de la sociedad, tenía que ser precedida, por lógica, por una situación anterior, siendo la más plausible -por no decir la única posiblela de la promiscuidad sexual. La Historia del matrimonio humano de Edward Westermarck fue publicada en 1891, lo cual le permitió dejar atrás las obras del grueso antropológico decimonónico que defendían la existencia de la etapa de promiscuidad primitiva seguida de la matrilineal, algo que él objetaba. Aunque logró bastante repercusión en su momento, pues parecía terminar con el debate sobre la incómoda cuestión de la sexualidad promiscua humana, tan reñida con la visión idónea de la monogamia151, fue criticado posteriormente por su uso descontextualizado y laxo de las fuentes antropológicas. No obstante, de él dijo Lowie que su interés primario “no es la cultura; se trata de un filósofo que utiliza los fenómenos culturales para ilustrar sus ideas (…). El lector tiene la impresión desconcertante de que no hay nada que le interese menos que comprender las tribus primitivas en la manera como lo haría un historiador de la cultura”152. 150 Spencer, Herbert. Instituciones domésticas. Sopena, Barcelona. Sin año de edición, p. 57. 151 La incomodidad no escapaba tampoco a los ojos de los evolucionistas que habían defendido pese a todo dicha etapa. Bachofen, por ejemplo, reflexionaba: “La exclusividad de la relación matrimonial parece tan estrecha y necesariamente emparentada con la nobleza de la naturaleza humana que es considerada por la mayoría como la situación originaria, y la afirmación de una relación ente los sexos más baja y desordenada es enviada al reino de los sueños, al considerarla un extravío de inútiles especulaciones sobre los comienzos de la existencia humana. ¿Quién no se uniría de buen grado a esta expresión y evitaría a nuestra raza el doloroso recuerdo de una infancia tan indigna? Pero el testimonio de la Historia prohíbe prestar oídos a las insinuaciones de la soberbia y el egoísmo, y poner en duda el extraordinariamente lento progreso de la Humanidad hacia la civilización matrimonial”. BACHOFEN. El matriarcado. Op. cit., p. 49. 152 LOWIE, R. H. Historia… Op. cit., p. 122. - 78 - Partiendo de la inexistencia en su época de pueblos que mostrasen un estado de promiscuidad sexual y de la desacreditación de diversas fuentes que hablaban de él153, atacaba esta tesis sirviéndose del planteamiento de que en los pueblos coetáneos se constatase como resquicio de aquél la libertad sexual previa al matrimonio. El autor afirmaba que: “en ningún caso puede este hecho señalarse como residuo de una promiscuidad primitiva, bien porque no representa la existencia definitiva de tal hábito o por ser costumbre de reciente implantación. La libertad prenupcial no implica el que la mujer soltera cambie de continuo de amante ni que el hombre no casado haga objeto de sus atenciones a mujeres diversas, ni tampoco el que puedan hacerlo impunemente”154. Podía tratarse, también, de un modo de ensayo previo a la unión matrimonial, exigido en muchos pueblos cuyos datos no especificó, si bien generalizó que entre los no civilizados el hecho de que se obligase al hombre a casarse con la joven embarazada o a pagar una multa era indicativo de que se conocía la identidad paterna y de que, por lo tanto, no se trataba de promiscuidad. Westermarck consideraba también que el nivel de la castidad prenupcial de una tribu no era proporcional al grado de cultura, topándose con que en las más inferiores merecía más respeto que entre otras más civilizadas: “esto parece lógico siendo el matrimonio la relación normal y natural entre los dos sexos de la gran familia humana”155. En relación a las afirmaciones de Lubbock sobre el matrimonio comunal, el autor trató de desmontar la teoría de la existencia de ciertas costumbres que se empleaban como prueba de estadios previos, centrándose en el caso del ius primae noctis. Donde lord Avebury decía que la posesión exclusiva de una mujer sólo podía adquirirse legalmente por el reconocimiento temporal de los derechos comunales preexistentes, Westermarck hablaba del miedo supersticioso a la sangre por la pérdida de la virginidad y la necesidad de que el acto lo llevase a cabo una persona de autoridad preparada para ello. En el caso de la costumbre de ofrecer la mujer propia al huésped, la consideró mera herencia de una ley de hospitalidad. En cuanto a la relación entre promiscuidad y sucesión matrilineal, el autor negó que existiese una correspondencia exacta entre ese tipo de filiación y el 153 Westermarck acusaba a diferentes autores que trataban de la promiscuidad sexual de confusión de ésta con otros fenómenos como el relajamiento sexual o la frecuencia de la separación; asimismo, también afirmaba que muchos de los informes que presentaban tal fenómeno eran ambiguos y que las fuentes clásicas lo mentaban sin fundamento. 154 WESTERMARCK. Historia... Op. cit., p. 15. 155 Ibid., p. 17. - 79 - desconocimiento de la paternidad; existían sociedades de derecho materno en las que se conocía perfectamente la paternidad del bebé, así como sociedades de derecho paterno en las que no se tenía tal seguridad o incluso en las que el padre legal no era el biológico. A todo esto se sumaban los celos, característica preponderante en los machos humanos en las épocas más remotas, interpretados por Westermarck como la ira provocada por la pérdida o el temor a perder una posesión objeto del afán sexual. Ello, sin duda, sería un obstáculo evidente a la existencia de la promiscuidad. La conclusión, en cualquier caso, era que: “puede asegurarse sin temor a errores que no hay ni una sola costumbre de las que se alegan como reliquia o vestigio de una cohabitación promiscua entre los dos sexos o del antedicho matrimonio comunal que haga suponer la existencia de tal estado en otros tiempos. Los hechos que se aducen en apoyo de esa hipotética promiscuidad no autorizan a presumir que tal estado fuese la forma prevaleciente de las relaciones sexuales en pueblo alguno, y mucho menos que hayan constituido un estado general dentro del desarrollo social del hombre ni que haya sido el punto de partida de toda la historia de la humanidad. En rigor, la hipótesis de la promiscuidad no sólo carece de base en cuanto a hechos concretos, sino que se opone a las suposiciones más probables que nos es dado colegir acerca de las condiciones primitivas en que se desarrollaba la vida del hombre”156. Es decir, la del macho dominante protector de la mujer y los hijos. 3.5. El sexo en el poder: patriarcado o matriarcado Lo contrario a la corriente de opinión común respecto a los orígenes de la humanidad entre los antropólogos evolucionistas del siglo XIX era, dado al androcentrismo destacado de la sociedad decimonónica, el patriarcado. A él se aferró, sin embargo, Henry Maine, que afirmó contundentemente que: “el resultado de las pruebas que presenta la jurisprudencia comparada es que la condición primitiva de la especie humana fue lo que se llama el estado 156 WESTERMARCK. Historia... Op. cit., p. 24. - 80 - patriarcal”157. El punto de partida de esta afirmación no dejaba de ser un tanto ingenuo, creyendo como creía que la historia bíblica de los patriarcas hebreos podía tomarse como fuente histórica fidedigna y que si ningún estudioso de los fenómenos sociales había llegado antes a las mismas conclusiones había sido por hallarse bajo los efectos de prejuicios religiosos y antisemitas. Maine resaltó los datos significativos de estos textos: “el pariente varón de más edad, el ascendiente de mayor edad, era dueño absoluto en su casa; tenía el poder de vida y muerte sobre sus hijos y su familia, al mismo tiempo que sobre sus esclavos, y en realidad, las relaciones de padre e hijo y de señor y esclavo, no diferían apenas en otra cosa que en la capacidad del hijo para llegar a jefe de la familia”158. De ello se extraen los primeros rasgos de la patria potestas: poder absoluto del padre sobre la vida y bienes de su esposa, hijos y siervos159, que también encontró en los versos de Homero, si bien en Grecia la autoridad del padre quedaba limitada, al contrario que en Roma, a la minoría de los hijos. Precisamente Maine se basó para sus tesis en el derecho romano, que había mantenido estas características, como tipo de la autoridad del padre en los tiempos primitivos, conservando la institución desde las épocas remotas160. El abogado consideró el parentesco en el ámbito de la jurisprudencia romana como dependiente de la patria potestas y limitado por ella, siendo representativo de los tiempos más antiguos el parentesco por agnación -línea exclusiva de varonesfrente al parentesco de cognación y teniendo en cuenta que: “la base de la agnación no es el matrimonio del padre y la madre; es el poder del padre. Son, pues, parientes por agnación todos los que están bajo la misma patria potestad161, o que han estado o que podrían estarlo si su antepasado hubiese vivido 157 MAINE. El derecho… Op. cit., p. 87. 158 Ibid., p. 88. 159 Los derechos del padre eran de vida y muerte, de castigos corporales, de modificar la condición personal, de casar o divorciar, de hacer pasar a otra familia a través de la adopción. Pero también deber moral -Maine prefería el vocablo mental, pues consideraba que moral pertenecía a un desarrollo mental más avanzadode mantener a sus dependientes y de responsabilizarse de sus delitos. 160 La única excepción en la que el padre podía perder sus derechos sobre los hijos se hallaba en el ámbito del ius publicum en circunstancias en las que el hijo podía ser aprovechado para cargos públicos y militares, pues en tal caso quedaba libre del progenitor. 161 Teniendo presente que: “en tanto que la familia permaneció (…) gobernada por sus instituciones, de las que era origen el padre, la limitación del parentesco a los agnados fue necesaria garantía frente a los conflictos del derecho en el foro doméstico”, pues de haberse aceptado el parentesco por línea femenina habrían entrado en conflicto dos patrias potestades. MAINE. El derecho… Op. cit., p. 105. Fustel de Coulanges coincidía en cierta medida con estas opiniones: consideraba parientes a “aquellos que tenían los mismos dioses, el mismo hogar y la misma comida fúnebre”, o lo que es lo - 81 - lo bastante para ejercer su poder: de manera que, desde el punto de vista primitivo, el parentesco está limitado por la patria potestad. Donde ésta comienza, comienza el parentesco; y por esto los hijos adoptivos son parientes. Donde aquélla acaba, el parentesco acaba; y, por lo tanto, un hijo emancipado por su padre pierde los derechos de agnación”162. Los descendientes de las mujeres no eran parientes del padre ni de los hermanos varones de ellas, sino de los agnados de sus maridos; ni tampoco eran parientes entre sí los hermanos uterinos de distinto padre, pero sí los de idéntico progenitor y diferentes madres. Las mujeres, que eran agnadas pero no transmitían la condición, se mantenían ligadas a la familia paterna, ya fuese a su padre, ya a otro pariente varón, a través de la tutela perpetua, que no era más que una prolongación artificial de la patria potestas. Incluso a través del matrimonio en las épocas más arcaicas el esposo adquiría los derechos sobre la mujer en calidad de padre y, en etapas más avanzadas, la unión pasó a ser un depósito temporal de la esposa por parte de su familia. La patria potestas, a ojos de Maine, era la que había dado lugar a todo el derecho relativo a las personas. El parentesco patrilineal, como veíamos, continuó vigente como principio básico de organización social hasta muy avanzada en la legislación la primacía del individuo sobre el grupo familiar. El principal detractor de Maine fue, cómo no, McLennan, quien realizó su primera crítica a la idea central de Ancient Law ya en 1865. Desdeñaba aquí que el jurista inglés fuese incapaz de concebir un principio más primitivo que el del patriarcado y como lazos sanguíneos sólo los de la agnación derivada de la patria potestas. Atribuía tal error al hecho de que hubiese prestado atención fundamentalmente a sistemas legales de razas que estaban muy alejadas de sus mismo, a los miembros de una misma familia. Pero donde Maine primó la patria potestas, Fustel afirmaba que “era, desde luego, la religión doméstica la que establecía el parentesco (…). El principio del parentesco no radicaba en el acto material del nacimiento sino en el culto”. El derecho de ofrecer los sacrificios se transmitía de varón a varón, “dos hombres no podían ser agnados a menos que tuviesen antepasados comunes por línea masculina. La regla para la agnación era la misma que para el culto; entre ambas existía manifiesta relación, la agnación no era otra cosa que el parentesco tal como la religión lo había establecido en sus orígenes”. FUSTEL DE COULANGES. La ciudad… Op. cit., Pp. 79-80. 162 MAINE. El derecho… Op. cit., p. 104. En 1875 volvió a insistir en los caracteres de la familia patriarcal: “Este grupo comprende seres animados y seres inanimados: esposa, hijos, esclavos, tierras y bienes muebles, ligados conjuntamente a la autoridad despótica del varón de más edad perteneciente a la línea primogénita de los descendientes. La fuerza que mantuvo la homogeneidad del grupo es el poder. Un hijo adoptado por la familia patriarcal le pertenece lo mismo que un hijo nacido en su seno; y un hijo que se separa de ella es igualmente repudiado por ella. Todos los grupos más considerables de que se componen las sociedades primitivas en que la familia patriarcal entra como elemento, no son más que sus múltiplos, y más o menos, están calculados de hecho en este modelo”. MAINE. Las instituciones… Op. cit., pp. 280-281. - 82 - etapas de evolución más tempranas, cuando existían otras en las que claramente podían observarse como conectores del parentesco únicamente los lazos maternos. El principal embate vino dado en The Patriarchal Theory, de publicación póstuma -1885- y completado por su hermano Donald. McLennan partía de la imposibilidad de la teoría patriarcal para explicar los hechos conectados con el crecimiento de las sociedades y de la insuficiencia de las ficciones legales para basar la propia hipótesis, que Maine situaba en el origen de la humanidad obviando la existencia de sociedades de parentesco matrilineal. Los conceptos con cuya crítica más se detuvo fueron los de agnación y patria potestas, empezando por la negación de todos aquellos ejemplos que habían sido expuestos como representativos de la presencia de la patria potestas: hebreos, hindúes, eslavos e irlandeses; en todos ellos había sobradas pruebas de una importancia de las mujeres o de los derechos de los hijos que negaba el poder despótico característico del patriarcado. Ante el hecho de que la agnación -que era considerada por el abogado británico como definitoria del parentesco, con presencia generalizada en la evolución humana y posibilidad de presencia independiente de la patria potestasfuese afirmada derivada de ésta163, McLennan disentía: “La patria potestas no podría haber originado la agnación, o haber sido su fundación, a no ser que la gente se hubiese casado sistemáticamente fuera del círculo de sus parientes reconocidos – por eso este sistema de matrimonio, que no es otro que el de la exogamia, apareció, en su propio estado, como el determinante real de la agnación”164; es decir, la agnación podía explicarse fácilmente a través de la descendencia por línea paterna y por la exogamia. Además, la estructura de la descendencia matrilineal era la misma que la de la descendencia patrilineal, y ello no significaba que la primera estuviese asociada con una potestas matriarcal. Ambos fenómenos, en cualquier caso, se hallaban juntos únicamente en el caso romano, lo cual les negaba el valor universal que pretendía darles Maine -sobre todo a la agnación, constatada en muy pocos pueblos-. En última instancia, en la discusión entre ambos autores la controversia no radicaba de forma especial en esta cuestión; de fondo se hallaba el tema de si el 163 En la patria potestas se expresaba también el principio de identidad del linaje, pues era como un molde que conservaba sus marcas cuando éstas dejaban de existir: los antepasados vivían a través de sus descendientes. 164 MCLENNAN. The Patriarchal… Op. cit., p. 259. - 83 - origen de la sociedad se había producido con la familia, tal como defendía el inglés, o bien con los grupos de estirpe totémicos, como afirmaba McLennan. La idea del patriarcado como forma de agrupamiento original humana fue defendida también por Westermarck165. Su opinión era la de que desde el inicio de los tiempos “era costumbre el que un hombre y una mujer (o varias mujeres) vivieran juntos, mantuvieran relaciones sexuales y criaran su prole conjuntamente; siendo el varón protector y mantenedor de la familia, y la mujer compañera de él y guardadora de los hijos”166. Su negación de la etapa promiscua original del hombre, en consonancia con estas ideas, iba unida al rechazo de la idea de que el principio de la ascendencia patrilineal hubiese sido precedido siempre por sistemas matrilineales, llegando a poner en duda que en éstos los tíos maternos o los parientes de la madre ejerciesen sobre los hijos más autoridad que el padre167 y respaldando su opinión aduciendo lo que consideraba el hecho de que en todas aquellas tribus de raza inferior que subsistían por la caza y la recolección la unidad social indiscutible era la familia encabezada por el padre. La procreación de pocos hijos, la prolongación de la infancia y la necesidad de búsqueda de alimentos eran los factores sobre los que se basaba para hablar de esta formación, partiendo de que el hallazgo de estas características entre los animales más semejantes al hombre hacía lógico pensar que, como ellos, la pareja antropoide hubiese poseído el mismo tipo de unión, pero insistiendo en que: “mi suposición acerca de la existencia de la familia constituida por los padres y sus hijos entre los hombres primitivos se basa sobre hechos y factores de esta índole y no sobre meras observaciones de los hábitos y costumbres del gorila y el chimpancé”168. No consideraba necesario tratar de instituciones, pues bastaba con los hábitos: el instinto del macho que le inducía a permanecer junto a la hembra, basado quizás en una tendencia afectiva hacia la persona que había sido causa de placer, se convertía en costumbre. Igualmente, los cuidados de la prole procedían del instinto, algo indiscutible, “pues el sentimiento 165 Westermarck no concibe el patriarcado en el mismo sentido que Maine, está menos interesado por la autoridad en la que considera la primera etapa del desarrollo humano -se retrotrae mucho más allá en el tiempo que Maineque por el tipo de unión. El padre, en cualquier caso, es la cabeza de familia y su protector. 166 WESTERMARCK. Historia… Op. cit., p. 9. 167 Sobre la matrilinealidad en los iroqueses, por ejemplo, menciona que: “un investigador anterior [a Morgan] asegura que la madre dirige y gobierna todo aquello que se relaciona con los hijos, pero la autoridad del padre en la casa es suprema”. Ibid., p. 29. 168 WESTERMARCK. Historia… Op. cit., p. 35. - 84 - paternal prevalece entre los salvajes con la misma intensidad que entre los hombre civilizados”169. A pesar del peso que llegaron a tener las ideas de Westermarck, no tuvo la última palabra en relación a este tema. En 1896 Tylor volvió una vez más a la cuestión en su artículo “The Matriarchal Family System”; aunque se trata básicamente de una compilación de las opiniones que ya había expresado años atrás respecto a la primacía en el tiempo del sistema matriarcal sobre el patriarcal, que veremos en su apartado correspondiente, es interesante señalarlo aquí por su cronología tardía. Si bien se cubrió las espaldas negando un posicionamiento rotundo: “No hay niguna prueba de que en ningún período el sistema materno mantuviese la posesión exclusiva de la raza humana”170, afirmó también: “pero la fuerza con la que mantiene su terreno puede ser medida por haber abarcado el globo en el espacio desde la remota antigüedad”171. La cuestión del matriarcado es más compleja que la anterior, ya de entrada por la posible confusión con la matrilinealidad o incluso la matrilocalidad, algo derivado de la tendencia a equiparar el término con el de patriarcado y considerarlos antitéticos. Que una sociedad reúna uno o ambos de los caracteres anteriores no implica que sea matriarcal en el sentido de dominio del poder político por parte de la mujer. De hecho, con características de este tipo no se conoce ninguna sociedad actual ni remota. Pese a considerarse por los evolucionistas decimonónicos como la situación universal en los albores de la humanidad tras el paso por una situación primigenia de promiscuidad, será necesario tener muy presente a la hora de abordar la obra de estos autores los límites entre matriarcado y matrilinealidad, pues sólo Bachofen considerará esta situación en sus plenas consecuencias como etapa de dominio femenino sobre el hombre en todas las esferas. El libro clásico sobre el matriarcado, obra de Bachofen, se publicó, curiosamente, el mismo año que Ancient Law. En su esquema de etapas evolutivas, 169 WESTERMARCK. Historia… Op. cit., p. 35. 170 TYLOR. “The Matriarchal Family System”. En The Collected Works of Edward Burnett Tylor. Volume VI. Journal Articles. 1863-1900. Routledge. London, 1994, p. 94. 171 Ibid., p. 94. - 85 - válido, llegando incluso cuando la paternidad no podía establecerse a abarcar un mayor número de personas probables. Por otra parte, Morgan afirmó la inexistencia de pruebas acerca de la prevalencia general de la poliandria de los nayar y de los tibetanos: “si un promedio de tres hombres tuviese una esposa en común (…) y esto fuese general en toda la tribu, las dos terceras partes de las mujeres núbiles carecerían de marido. Se puede aventurar sin riesgo que semejante estado de cosas jamás pudo haberse generalizado en las tribus de la humanidad”190. Ello no quería decir que la poliandria no existiese, pues tanto ella como la poliginia aparecían en los sistemas malayo, turanio y ganowanio, si bien con caracteres diferentes a los atribuidos por McLennan y sin el peso que éste le daba a la primera dentro de la evolución humana. El segundo postulado de Morgan es el de que la hipótesis con la que McLennan pretendía explicar el origen del sistema clasificatorio no lo lograba. La afirmación de partida era que los fenómenos expuestos en todas las formas del sistema de clasificación eran asignables al régimen matrimonial. El que empleaba para explicar el origen del sistema malayo era el de la poliandria nayar, y el del origen del sistema turanio y ganowanio era el indicado para la poliandria tibetana. Pero carecía el autor de los sistemas de consanguinidad y afinidad de ambos pueblos para verificar sus hipótesis: “parte, por tanto, sin ningún material de fuentes nayar o tibetanas y con formas de régimen conyugal que jamás existieron entre tribus y naciones que poseían el sistema de clasificación de parentesco”191. Por otra parte, McLennan rechazaba los cuadros de Morgan acusándolos de meras formas de tratamiento, considerando que habría existido en algún momento un sistema de consanguinidad completamente independiente y que ambos habrían crecido a la par. Y, sin embargo, utilizaba dichos cuadros precisamente como los sistemas de consanguinidad y afinidad que negaba que eran para elaborar sus propias hipótesis. El abogado norteamericano concluyó que todos los reparos de su colega hacia Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family carecían de validez. En respuesta a los dos errores que, según este último, cometía el primero al explicar el origen del sistema de clasificación (recordémoslos: “Su primera equivocación estriba en no reparar suficientemente en la peculiaridad principal del 190 MORGAN. La sociedad... Op. cit., p. 514. 191 Ibid., p. 515. - 92 - sistema; su clasificación de personas vinculadas, pues no buscó el origen del sistema en el origen de la clasificación. (…) La segunda equivocación, o más bien error, fue el de haber sentado con tanta ligereza que el sistema era un sistema de lazos de sangre”192) Morgan respondió, ante el primero, “¿cuál es en este caso la diferencia entre el sistema y la clasificación? Los dos significan la misma cosa, y en manera alguna pueden ser constreñidas a significar otra. Indagar el origen de la una es indagar el origen del otro”193; y, ante el segundo: “no existe tal error desde que las personas mencionadas en los cuadros descienden de un antepasado común, o bien están ligadas por el matrimonio con una o varias de ellas”194. Ante la diferencia de opiniones, Morgan, elegantemente, se limita a someter la cuestión al juicio del lector. Spencer también realizó unas cuantas críticas al esquema de McLennan. Por una parte, llamó la atención sobre supuestas contradicciones del autor, tales como equiparar numéricamente la cantidad de tribus exógamas y endógamas pero afirmar la universalidad de la exogamia; hablar de la existencia de cierto sentimiento contrario a la endogamia pero afirmar que la asimilación de la exogamia se hace por necesidad… Más interesantes resultan matizaciones de otro tipo. Así, ante la carestía de mujeres derivada del infanticidio femenino, Spencer habla de una carestía masculina debida a la muerte en la guerra; si McLennan habla de suplir esta falta por medio del robo de mujeres a otras tribus, Spencer afirma que lo que adquirían unas lo perdían las otras, conduciendo este sistema a un círculo viciado en el que tendría cabida la inconsistencia de la idea de criar niñas si, supuestamente, dada la presencia de la ley de la exogamia, no sólo no servirían para casar con ellas, sino que actuarían como foco de atracción para incursiones de tribus vecinas. De ello, deduce el autor, “la exogamia en la forma original no pudo nunca haber tenido carácter absoluto en las tribus que componen un grupo, pero debió ser ley sólo para algunas de ellas”195, en concreto para las más tendentes a enfrentamientos bélicos (mientras el resto permanecía endógamo), produciéndose una cadena que llevaría del predominio en la guerra a la exogamia pasando por la posesión de mujeres cautivas por parte de los hombres victoriosos, el prestigio de 192 McLennan citado en MORGAN. La sociedad… Op. cit., p. 318. 193 MORGAN. La sociedad… Op. cit., p. 519. 194 Ibid., p. 519. 195 SPENCER. Las instituciones… Op. cit., p. 39. - 93 - dicha posesión ligada a la victoria y el cada vez mayor desprestigio de desposar a mujeres de la propia tribu. Si esta misma deducción es la que llevó a cabo McLennan, Spencer hace constar: “Aún cuando puede ocurrir que una costumbre se convierta en ley, esta interpretación concuerda con la de McLennan, no admitiendo, sin embargo, como la suya, que este uso pudiese haber tenido origen en un instinto primordial o que resultase de la escasez de mujeres ocasionada por el infanticidio”196, del mismo modo que tampoco aceptaba que el matrimonio por rapto fuese una demostración de la existencia de la exogamia, sino meramente de que en esa tribu se practicaba, efectivamente, el rapto de mujeres. La endogamia, en todo caso, era el mejor de los sistemas a ojos de Spencer, dada su clara vinculación con los grupos más pacíficos, carácter imprescindible en el avance hacia la civilización. Lubbock dedicó la mayor parte de su obra más importante -The Origin of Civilization and the Primitive Condition of Man, 1870- a la cuestión de la religión entre los salvajes, mas no llegó a coordinar la secuencia creada en este campo con la que estableció respecto a la de la evolución de la familia y el Estado. La primacía que dio al parentesco en el estudio de este tema es clara: “nada hay quizá más instructivo sobre la verdadera condición de los salvajes que sus ideas a propósito del parentesco y el matrimonio; como no cabe prueba más concluyente de las grandes ventajas de la civilización que el progreso realizado, gracias a ella, en las relaciones de los sexos”197. Lubbock conocía el esquema de Bachofen, pero rechazaba cualquier posibilidad de etapa matriarcal en la que las mujeres hubiesen ejercido el poder supremo aduciendo la total sumisión al hombre; en los derechos de éste, y no en los de aquéllas, se basaba la idea del matrimonio. De hecho, la mujer era una posesión más, lo cual a ojos del autor explicaría la costumbre del levirato -que se relacionaría, pues, con cuestiones de propiedad, y no con la poliandria como afirmaba McLennan- . Con el esquema de éste se detuvo más que con el de Bachofen. Las críticas que le hizo fueron de diverso tipo. Así, por ejemplo, el infanticidio de niños habría sido tan habitual como el de niñas, pues “la distinción entre los sexos implica una 196 SPENCER. Las instituciones… Op. cit., pp. 42-43. 197 LUBBOCK. Los orígenes… Op. cit., p. 69. - 94 - suma de previsión y de prudencia que en modo alguno hay que esperar de los salvajes”198, y ciertamente ni uno ni el otro habrían sido tan habituales como hacía pensar McLennan. Lubbock quiso invertir el orden del escocés. Consideró que el matrimonio comunal fue sustituido directamente por el individual, fundado en el rapto, y que éste condujo primero a la exogamia y luego al infanticidio femenino. La endogamia y la poliandria reguladas serían excepcionales y no tendrían cabida en el proceso evolutivo general; probablemente muchos de los ejemplos poliándricos enumerados por McLennan no se tratasen más que de casos de matrimonio comunal. La captura de mujeres en la guerra sobre las que la tribu no tenía derecho habría dado lugar al matrimonio individual, que poco a poco iría imponiéndose debido al desarrollo de los afectos y a los deseos naturales de la mujer. El rapto era el único medio que poseía un hombre de monopolizar a una hembra en detrimento de los demás miembros varones de su tribu, de ahí que la exogamia se derivase de esta práctica y no al contrario. Por otra parte, consideraba que “el matrimonio era un acto por el cual se debía alguna compensación a aquellos cuyos derechos se violaba (…). Un matrimonio particular era una infracción de los derechos comunes, que exigía compensaciones”199 (tal como el ius primae noctis. La compra de la novia en etapas posteriores reflejaría también esta circunstancia). La explicación de Morgan sobre la exogamia, que se daba como correctivo para impedir el matrimonio entre consanguíneos, tampoco le complacía, pues no consideraba a los salvajes capaces de tal grado de pensamiento. Su propia interpretación fue la de la observación por parte de los salvajes de los beneficios del cruzamiento con miembros exteriores al propio grupo (para lo cual sí tendrían los implicados capacidad de raciocinio). En cualquier caso, es en esta situación de matrimonio exógamo con las mujeres capturadas -se poseyese una o variasdonde Lubbock situaba la filiación matrilineal, que atribuía a cambios frecuentes que conllevaban que el lazo mujer-hijo fuese mucho más fuerte que el de hombre-hijo y que explicaban los casos en los que la relación del niño con su tío materno era mucho más importante que la que pudiese tener con su supuesto progenitor. El paso siguiente sería el que se diese hacia la filiación patrilineal, que ejemplificó, como Bachofen, con la Orestíada, si bien difirió por completo en las razones del porqué del cambio: “cuando fue más respetado el matrimonio, y se 198 LUBBOCK. Los orígenes… Op. cit., p. 97. 199 Ibid., p. 116. - 95 - fortalecieron los sentimientos de la familia, de suyo se comprende que la costumbre de transmitir los bienes a los hijos de la hermana suscitaría objeciones tanto en el espíritu de los padres, que desearían naturalmente dejar por herederos a sus propios hijos, como en el de estos últimos”200. El hallazgo de parentesco a través sólo de las hembras debería verse como un resto de antigua barbarie. Por último, el hijo se consideraría unido por lazos naturales tanto a la madre como al padre. Volvamos al tema del totemismo y su relación con la exogamia. McLennan fue el responsable de la creación antropológica del concepto del tótem, basándose en la tesis de Tylor sobre el fetichismo desarrollada en el volumen II de Cultura Primitiva, que no abordaremos aquí. Baste mentar la existencia de fetiches entre los primitivos que ellos creían animados por espíritus antropomorfos. McLennan perfiló el totemismo añadiendo matizaciones al fetichismo: la tribu se apropia de un fetiche especial, por lo general un animal, que es hereditario por transmisión matrilineal201. Dada su concepción de los grupos primitivos como matrilineales y exógamos, el totemismo se añadiría a estos caracteres convirtiéndose en un elemento identitario muy concreto que implicaría, por una parte, la idea de la pertenencia de los individuos a la especie en concreto y, por otra, la imposibilidad de endogamia entre personas que poseyesen un tótem común. A la par, el animal totémico estaría rodeado de tabúes entre los que destacan el de su muerte y consumo, que en ocasiones especiales se dejarían de lado para, precisamente, lograr una mayor identificación con el tótem202. A partir de McLennan se tendió a ver el totemismo ligado a la exogamia, obcecados los antropólogos en la búsqueda de las relaciones existentes entre las entidades naturales totémicas y las unidades sociales que las adoptaban. Se aceptó, no obstante, la prevalencia temporal del primero. Asimismo, se consideró que la existencia de uno no era condición sine qua para la del otro. Así, si tomamos a Frazer203, y su obra Totemism and Exogamy (1910), en la que se basaría Freud a la 200 LUBBOCK. Los orígenes… Op. cit., p. 40. 201 Robertson Smith coincidió con McLennan en su idea del totemismo aplicándola a los árabes en Kinship and Marriage in Early Arabia. Fue la base de su teoría sobre el sacrificio, desarrollada en Lectures on the Religión of the Semites (1889), obra que queda ya fuera de nuestro alcance. 202 Freud pensó que tal vez esto fuese señal de que en el origen del totemismo sucediese lo contrario; es decir, que el animal totémico fuese comestible. 203 James George Frazer (1854-1941). Antropólogo escocés. Estudió en Glasgow y Cambridge. Catedrático de Antropología Social en Liverpool y miembro de la Royal Society. Famoso - 96 - hora de desarrollar su teoría psicoanalítica sobre el totemismo y el concepto del tabú, admite el autor que si bien en la mayor parte de las tribus los clanes totémicos son exógamos, no necesariamente lo son todos, pues ambos fenómenos son diferentes y pueden existir independientemente el uno del otro. Frazer desarrolló diferentes teorías sobre este fenómeno, que fue desechando hasta quedar convencido por la que denominó totemismo concepcional, la forma más antigua conocida presente en las tribus centrales australianas. Los salvajes, ignorantes sobre la concepción y la relación entre el sexo y el embarazo, creían que el bebé entraba en el útero de la madre desde fuera y que el lugar donde la mujer se sentía encinta por primera vez era el que determinaba el tótem al que pertenecía el niño204. La exogamia, opinaba Frazer, no había formado parte nunca del verdadero totemismo; de hecho, el tótem no se volvió exógamo con la introducción de la regla, dado que el objetivo principal de ésta era evitar las uniones incestuosas205, y en el caso del totemismo concepcional la pertenencia al tótem la dictaba algo totalmente casual. No era más que una reforma social de fecha tardía que en muchas comunidades habría modificado accidentalmente el sistema totémico y en otras no habría afectado en absoluto. 3.7. El esquema de Morgan y su influencia en la antropología marxista El Ancient Society de Morgan, publicado en 1877, es probablemente una de las principales obras de su tiempo y la exposición más sistemática de la corriente antropológica evolucionista. Lo que importa no es tanto su división tripartita de la principalmente por su obra La rama dorada, compendio sobre folklore, magia y religión, tan conocido en su época como criticado en cuanto a su rigor científico. 204 Este totemismo, con el tiempo, se habría convertido en hereditario. Frazer no admite que la descendencia materna precediese necesariamente a la paterna, cree que ambas líneas pudieron haber provenido independientemente desde el totemismo concepcional. 205 Las divisiones de los clanes totémicos en clases exógamas obedecían al interés en evitar el incesto, que se veía como algo negativo y dañino no por cuestiones morales o por considerarlo perjudicial para la descendencia, sino por algún tipo de superstición. Así, Frazer se acerca en su idea del origen de la exogamia a Morgan, mientras se aleja de McLennan, negando que hubiese un mayor infanticidio femenino que masculino, que las relaciones entre las tribus fuesen siempre hostiles o que la solución a la escasez de mujeres fuese secuestrar las de las tribus vecinas. - 97 - Historia206, incluso a pesar de la novedad de sus subdivisiones, como el hecho de que cada una fuese caracterizada con rasgos e inventos que se correlacionaban con la economía, las costumbres sociales y las instituciones políticas. Por ello es imposible abordar los diferentes aspectos de su investigación de forma aislada. No sólo mostró la unidad de la experiencia humana, sino que especificó todos los logros que Morgan aclara como las líneas independientes de investigación que centraban su atención: los inventos y descubrimientos por un lado y las instituciones primitivas por el otro207. Además, “los hechos indican la formación gradual y el desarrollo subsiguiente de ciertas ideas, pasiones y aspiraciones. Aquellos que ocupan las posiciones más prominentes caben generalizarse como crecimientos de ideas particulares, con las que se unen íntimamente”208. Ellos son la subsistencia, el gobierno, el lenguaje, la familia, la religión, la vida de hogar y arquitectura y, por último, la propiedad. A su alrededor estableció el autor el esquema completo de la obra209, exceptuando el lenguaje, que “no cae dentro de los límites de la presente investigación”210; la religión, pues “el desarrollo de la idea religiosa se halla rodeado de tales dificultades intrínsecas que no es posible establecer una explicación totalmente satisfactoria. (…) Se enlaza tanto con la naturaleza imaginativa y emotiva, y por consiguiente, con elementos tan inseguros de conocimiento, que todas las religiones primitivas son grotescas y hasta cierto punto ininteligibles. También esta materia sale del plan de la presente obra, salvo en las sugerencias incidentales”211; se exceptúa además la cuestión de la arquitectura de la vivienda, capítulo que el autor trataría como obra independiente en años posteriores. 206 La visión tripartita de Morgan no es en absoluto original. Venía ya de Turgot, que en 1750 hablaba del paso del cazador al agricultor con el pastor por medio de ambos y que influyó en Adam Ferguson en 1767, quien dividió la historia de la humanidad en tres períodos: el de los salvajes desconocedores de la propiedad, el de los bárbaros que sí la conocían pero no tenían leyes y el de los civilizados. Otro autor con una visión semejante a la de Morgan pero anterior a ella fue W. Robertson (1777). 207 Valdés Gázquez señala la dificultad de determinar qué es lo que se puede considerar dentro de un grupo o de otro. La división, afirma, “parece aludir más bien al carácter artificial, azaroso y contingente de los inventos, que aparecieron en la historia humana cuando les tocó, no por necesidad, sino por azar (…) y al carácter natural, indefectible y necesario de las instituciones que, dadas unas determinadas condiciones, surgen espontáneamente”. VALDÉS GÁZQUEZ. El pensamiento antropológico de Lewis… Op. cit., p. 195. 208 MORGAN. La sociedad… Op. cit., p. 78. 209 Adjunto al final del presente apartado el esquema realizado por Lisón Tolosana para una visión en conjunto del total de las premisas morganianas. LISÓN TOLOSANA, Carmelo. “Prólogo”, en: MORGAN, Lewis Henry. La sociedad primitiva. Ayuso. Madrid, 1975, p. XXX 210 MORGAN. La sociedad… Op. cit., p. 78. 211 Ibid., 79. - 98 - El propósito de Morgan, resume, es: “presentar algunas pruebas del progreso humano a lo largo de estas líneas y a través de períodos étnicos sucesivos, según se halla revelado por invenciones y descubrimientos y por el crecimiento de las ideas de gobierno, de familia y de propiedad”212. Las artes de subsistencia, que pertenecen a la línea de progreso de las invenciones y descubrimientos, cobraron una importancia fundamental en relación a la periodización del progreso humano, pues el norteamericano escogió algunos de los inventos relacionados con ellas para marcar el paso de un período a otro convencido de que demostraban “el hecho importante de que el hombre comenzó al pie de la escala, y se elevó (…). El hombre es el único ser de quien se puede decir que ha logrado el dominio absoluto de la producción de alimentos que, en el punto de partida, no era más suya que de otros animales. Al no haber ampliado las bases de subsistencia, el hombre ni hubiese podido propagarse hasta otras zonas que no poseyeran las mismas clases de alimentos, y, luego, por toda la superficie de la tierra (…). Es, por tanto, probable, que las grandes épocas del progreso humano se han identificado, más o menos directamente, con la ampliación de las fuentes de subsistencia”213. En cuanto al esquema tripartito del progreso, las primeras dos etapas se subdividen de modo simétrico, quedando la línea morganiana en sus rasgos generales argumentada del siguiente modo: 1. Salvajismo. Duración de unos sesenta mil años A. Estadio inferior. Infancia del hombre. Subsistencia a base de frutas y nueces. Vivienda en cavernas y árboles. Comienzo de la palabra articulada. Termina con la adquisición de una subsistencia a base de pescado y el conocimiento del uso del fuego. No se conocían tribus en la época de Morgan que hubiesen llegado en esa fase hasta el período histórico. B. Estadio medio. El hombre se diseminó desde su morada originaria por la mayor parte de la tierra. Mismos productos de subsistencia. Terminó con la invención del arco y la flecha. Como ejemplos: australianos, polinesios en su mayoría. 212 MORGAN. La sociedad… Op. cit., p. 79 213 Ibid., p. 90. - 99 - C. Estadio superior. Subsistencia a base de raíces farináceas cocidas y de la caza. Aparece la escritura en imágenes. Finaliza con la invención de la alfarería. Ejemplos: tribu athapascan (bahía de Hudson), tribus del valle de Colombia, ciertas tribus de la costa de América del Norte y del Sur. 2. Barbarie. Veinte mil años en el estadio inferior y quince mil los demás A. Estadio inferior. Subsistencia farinácea mediante cultivos. Morgan considera fundamental el uso de la alfarería, su presencia determina indiscutiblemente si una cultura debe ser situada en la fase del salvajismo o en la de la barbarie. Finaliza, en el hemisferio oriental, con la domesticación de animales y, en el occidental, con el cultivo del maíz y plantas mediante el riego, junto con el uso de adobe y piedra en la construcción de casas. Como ejemplo: las tribus indias de Estados Unidos y las europeas que practicaban la alfarería y que no poseían animales domésticos. B. Estadio medio. Subsistencia a base de carne y leche en Eurasia y farinácea mediante cultivos (maíz, judías, calabaza, tabaco) en América. Termina con la invención del procedimiento de fundir el hierro mineral, que se usará para crear herramientas. Como ejemplo: aztecas e incas C. Superior. Subsistencia gracias a la labranza de los campos. Como ejemplos: las tribus griegas de la edad de Homero, las italianas previas a la fundación de Roma y las germánicas de época de César. 3. Civilización. Cinco mil años. Comienza con el uso del alfabeto fonético y la producción de registros literarios. Dura hasta el momento actual. Establecido el esquema, Morgan dio por sentado que todas las culturas podían ser clasificadas en un momento concreto de su línea evolutiva y derivativa, pues de cada etapa suponía que podía inferirse la posterior. La inmutabilidad del esquema y su rigidez lo llevaron en ocasiones a obviar características de algunos pueblos que habrían resultado incompatibles con la situación que, por otros rasgos que consideraba de mayor importancia, le había atribuido el autor. Así, “no admitía ninguna noticia que apartase a las sociedades que había tomado como ejemplos del lugar que les había asignado en la clasificación”214: los hawaianos, por ejemplo, cuyo sistema de parentesco colocaba Morgan como uno de los más tempranos, 214 VALDÉS GÁZQUEZ. El pensamiento antropológico de Lewis… Op. cit., p. 192. - 100 - practicaban en realidad la agricultura, estaban estratificados y tenían una forma de gobierno compleja. Tras emplear los criterios de subsistencia y cultura material para establecer sus períodos de evolución, Morgan pasó a abordar la organización sociopolítica, la familiar, la terminología de parentesco, las pautas de descendencia y las reglas para la herencia de los bienes. Aunque no todas pudieron responder a las siete etapas finales del esquema del autor, éste supo adaptarlas de cara a la reconstrucción de su perspectiva del progreso humano. En el apartado referido al crecimiento de la idea de gobierno encontramos el núcleo de la obra. En una división que nos recuerda a la del estatus y el contrato de Maine, Morgan estableció las diferencias entre la societas y la civitas, asimilándolas respectivamente al mundo primitivo y al civilizado. La contraposición entre ambas se expresa en diferentes caracteres: Societas Civitas Organización social basada en la Organización política basada en gens, la fratía y la tribu el territorio y la propiedad Gobierno basado en la persona y Gobierno basado en la propiedad y sobre relaciones puramente personales en el pueblo, el distrito y el Estado El gobierno actúa sobre las personas El gobierno actúa sobre las personas a través de la gens a través de relaciones territoriales Relaciones puramente personales Relaciones puramente territoriales El Estado no existe Existe el Estado La seguridad del individuo es atendida El Estado protege a las personas y a por la gens la sociedad Salvajismo y barbarie Civilización La gens (llamada en ocasiones clan), fue favorita de Morgan en su proceso de explicar la evolución del ser humano en sus fases primitivas: “ella suministró el plan casi universal de gobierno de la antigua sociedad asiática, europea, africana y australiana. Fue el instrumento por el cual la sociedad adquirió organización y cohesión. Nacida en el salvajismo y perpetuándose a través de los tres subperíodos - 101 - hacía boicot a un autor que criticaba “la civilización y la sociedad de la producción mercantil (…) hablando además de una transformación de esta sociedad en términos que hubieran podido salir de labios de Marx”225; no sin razón, “el descubrimiento de la primitiva gens de derecho materno como etapa anterior a la gens de derecho paterno de los pueblos civilizados, tiene para la historia primitiva la misma importancia que la teoría de la evolución de Darwin para la biología y la teoría de la plusvalía de Marx para la Economía política”226. Lo más interesante de la obra de Engels al margen de la adición de los ejemplos celta y germano al griego y al romano es, sin duda, su adaptación de las hipótesis de Ancient Society a los postulados de las teorías marxistas. En este sentido, hallamos por una parte su disertación sobre la familia, en especial sobre la condición monógama, y la desaparición de la gens a favor del Estado. En relación al primer tema, Engels definió la monogamia como “la primera forma de familia que no se basaba en condiciones naturales, sino económicas, y concretamente en el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva, originada espontáneamente”227. A diferencia del resto de los autores de la época, no la consideraba en absoluto como la forma idónea o más elevada de matrimonio, pues suponía una forma de esclavizamiento de un sexo sobre el otro: “la primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de hijos. El primer antagonismo de clases que apareció en la Historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino. La monogamia fue un gran progreso histórico, pero al mismo tiempo inaugura, juntamente con la esclavitud y con las riquezas privadas, aquella época que dura hasta nuestros días y en la cual cada progreso es al mismo tiempo un regreso relativo y el desarrollo de unos verifícase a expensas del dolor y de la represión de otros. La monogamia es la forma celular de la sociedad civilizada, en la cual podemos estudiar ya la naturaleza de las contradicciones y los antagonismos que alcanzan su pleno desarrollo en esta sociedad”228. Junto a ella, además, aparecía el hetairismo, la prostitución envilecedora de la mujer heredada del matrimonio por 225 ENGELS, Friedrich. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. En Obras escogidas. V. II. Akal. Madrid, 1975, p. 191. 226 ENGELS, Friedrich. El origen… Op. cit., p. 189. 227 Ibid., p. 235. 228 Ibid., pp. 235-236. - 108 - - 109 - grupos que se mantenía en el siglo XIX y permitía al hombre la posibilidad de una infidelidad negada a la esposa, conllevando la contradicción de que ésta se buscase un amante y la paternidad de los hijos pudiese ser puesta en duda: “este es el resultado final de tres mil años de monogamia”229. En el caso de los matrimonios burgueses protestantes, que no abundaban tanto ni en hetairismo ni en esposos engañados, lo que existía era un aburrimiento mortal disfrazado bajo la expresión de felicidad doméstica. La unión en el hogar proletario, por el contrario, eliminaba la supremacía del hombre y los intereses económicos en la búsqueda de pareja: “el matrimonio proletario es monógamo en el sentido etimológico de la palabra, pero de ningún modo lo es en su sentido histórico”230. La revolución socialista, al suprimir la producción capitalista y sus condiciones de propiedad, implicaría la desaparición de la prostitución, de la búsqueda de beneficios en la elección de cónyuge y de la familia individual como unidad económica de la sociedad, convirtiéndose el cuidado y educación de los hijos, fuesen legítimos o no -libertad sexual de la mujer-, en un asunto social. Los cambios en la familia vendrían dados también por la transformación de la producción en la Prehistoria: “el salvaje, guerrero y cazador, se había conformado con ocupar en la casa el segundo lugar, después de la mujer; el pastor, más dulce, engreído de su riqueza, se puso en el primer lugar y relegó al segundo a la mujer (…). El trabajo doméstico de la mujer perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre (…). Esto demuestra ya que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado”231. El advenimiento del Estado sustituyó a la gens y dividió a la sociedad en clases. Caracterizado, entre otras cosas, por agrupar a las personas según divisiones territoriales y por crear una fuerza pública, convertido en la fuerza cohesiva de la sociedad civilizada en la que imperaba una monogamia de mujeres sometidas y la familia individual como unidad económica, convertido además en una máquina de represión de la clase oprimida y explotada, el Estado debía desaparecer. 229 ENGELS, Friedrich. El origen… Op. cit., p. 237. 230 Ibid., p. 242. 231 Ibid., pp. 328-329. 110 110 3.8. La antropología estadística como método de elaboración de una secuencia cronológica La principal obra de Tylor fue Primitive Culture, publicada en 1871 en dos volúmenes. El subtítulo es indicativo de sus intereses: Researches into the development of Mythology, Philosophy, Religion, Art and Custom232. El esquema de evolución que elaboró reservó su parte principal a la mente humana. El desarrollo social y el parentesco, así como el derecho y la formación del gobierno, no le interesaron del mismo modo que al resto de sus colegas evolucionistas; al menos no lo suficiente como para dedicarles monográficamente pocas páginas más que las de un artículo que, sin embargo, es fundamental tanto desde el punto de vista metodológico -Tylor creía en la necesidad de una elaboración estadística de la Antropología para su consolidación como cienciacomo del contenido, en tanto en cuanto se expresa en él la residencia matrilocal y la patrilocal como elementos indicativos de etapas históricas. Se trata de “On a Method of Investigating the Development of Institutions; Applied to the Laws of Marriage and Descent”, publicado en 1888. El autor condensó aquí, en aras de su estudio estadístico, algunas de las cuestiones principales que abordaron los autores decimonónicos en relación a las instituciones del parentesco: costumbre de evitación del cónyuge respecto a la familia política y su relación con los sistemas de residencia postmatrimonial; tecnominia, covada y matrimonio por captura como demostración del papel del modo de residencia en la secuencia cronológica de los estadios de evolución; exogamia y sistemas de clasificación de parentesco. Inició su análisis por la costumbre de la elusión o evitación233. Encontró entre los pueblos que le sirvieron para su trabajo cuarenta y cinco casos entre el hombre y los parientes de su mujer, ocho casos de elusión mutua y trece entre la esposa y los parientes de su marido. De ello quiso deducir una relación con los diferentes modos de residencia. Tabuló: matrilocalidad sesenta y cinco; matrilocalidad temporal con patrilocalidad final setenta y seis; patrilocalidad ciento cuarenta y uno. Llegó a la conclusión de que las concordancias eran demasiadas como para ser casualidad y que no 232 Tengamos presente la definición que el autor hace de cultura: “Cultura o Civilización, tomada en su amplio sentido etnográfico, es ese complejo que incluye el conocimiento, las creencias, las artes, la moral, las leyes, las costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad”. TYLOR. Cultura… Op. cit., p. 19. 233 “El punto que elijo es una costumbre cómica y pintoresca de la etiqueta bárbara entre los maridos y los parientes de las esposas, y viceversa: no pueden mirarse, ni mucho menos hablarse, y deben incluso evitar mencionar el nombre del otro”. TYLOR. “On a Method of…” Op. cit., p. 246. - 111 - podían ser consideradas asociaciones independientes, sino adhesions (esto es, correlaciones): “hay una marcada preponderancia que indica que la evitación ceremonial por el marido de la familia de la esposa está de alguna manera conectada con su vida con ellos; y viceversa para la mujer y la familia del marido”234. También la costumbre de la tecnominia -poner al padre el nombre del hijola consideró ligada al tipo de residencia, hallándola frecuente en sociedades matrilocales: “las dos coinciden veintidós veces, donde el accidente podía haber dado once. Ello prueba todavía más la práctica de la evitación ceremonial por el marido de los parientes de la esposa, ocurriendo catorce veces donde el accidente podría haber dado cuatro”235. La existencia de ejemplos que contradecían su teoría, como el hallazgo de pueblos (sobre todo en Melanesia y Australia) en los que la evitación por parte del marido de los parientes de la esposa coincidía con una residencia de tipo patrilocal, los excusaba el autor mediante el concepto de la supervivencia, en este caso de una etapa de matrilocalidad. De la distribución de tal costumbre en diferentes partes del mundo, en cualquier caso, se deducía que los tres diferentes modos de residencia se habían sucedido el uno al otro, ocupando el primer lugar la matrilocalidad, seguida por la matrilocalidad temporal que da paso a la patrilocalidad, y por último la patrilocalidad exclusiva. En la cuestión sobre la división de las sociedades entre matriarcales y patriarcales, el antropólogo afirmó lo poco apropiado de esta terminología y su preferencia por materna y paterna236. Entre ambos estadios existiría un tercero, de filiación materna-paterna (dual), que combinaría rasgos de ambas237. De cara a 234 TYLOR. “On a Method of…” Op. cit., p. 247. Lo expresó también en diagrama para demostrar lo que consideraba una tendencia evolutiva. 235 Ibid., p. 248. 236 En un artículo de años posteriores volvió a especificar el porqué de su elección: “El término matriarcal es una mejora de definiciones tempranas, pero da demasiado por sentado que las mujeres gobernaban la familia. Es cierto que en estas comunidades las mujeres disfrutaban de una consideración mucho mayor que en la primitiva vida patriarcal, pero el poder actual no estaba tanto en sus manos como en las de sus hermanos o tíos maternos. Son preferibles los términos maternal y paternal”. TYLOR. “The Matriarchal…”. Op. cit., p. 90. Respecto a la definición de ambos sistemas: “En el sistema matriarcal, la descendencia se reconoce por la madre; la autoridad está principalmente en su lado, el hermano de la madre se convierte en guardián de los niños; la sucesión de rango y oficio, y la herencia de la propiedad, siguen la misma línea a través del hermano de la madre al hijo. En el sistema patriarcal la desdencencia es desde el padre; él tiene el poder sobre la mujer y los niños; la sucesión y la herencia son desde él a su descendencia”. P. 252. Por otra parte: “los sistemas materno y paterno no son una institución definida, sino combinaciones en las que más o menos estrictamente la autoridad, descendencia, sucesión y herencia se siguen de la línea feminina o masculina”. P. 258. 237 Tylor no afirma inequívocamente que la etapa de filiación matrilineal fuese la representante de la fase más primitiva de la humanidad, sino que: “es un estadio que los habitantes actuales de gran parte del mundo en el estadio paterno parecen haber pasado (…). Parece posible que este sistema materna creciese desde una condición regulada de la vida humana temprana y menos organizada”. TYLOR. “On a method of…” Op. cit., p. 257. - 112 - establecer la dirección que tomó la humanidad para pasar de un tipo a otro, analizó las costumbres del levirato, de la covada y del matrimonio por rapto. El levirato, presente en ciento veinte pueblos de los de la lista del autor, sería una costumbre de sustitución perteneciente al período en el que el matrimonio era un pacto no entre dos individuos, sino entre dos familias. Su evolución a lo largo de las tres etapas implicaría un cambio en la cuestión de la herencia del esposo muerto a los hijos y no a los hermanos. En cuanto a la covada, inexistente en la etapa materna, coincidió con Bachofen en que pertenecía al momento decisivo de la evolución humana en el que el vínculo de ascendencia se extendió desde la filiación matrilineal hasta abarcar la paternidad, fingiendo el padre ser madre. Sería no sólo un mero indicio del paso de una etapa a otra, sino el signo mismo del cambio. El matrimonio por rapto, constatado en más de cien pueblos de los catalogados, habría tenido a su vez un efecto de desintegración del sistema materno y su sustitución por el paterno a medida que las mujeres capturadas iban siendo aceptadas como miembros de las tribus en las que eran integradas, quedando atrás las épocas del rapto hostil, en el que las cautivas no tenían ningún tipo de derecho y se diferenciaban del resto de las mujeres libres del grupo, y dejando paso al rapto connubial, llevado a cabo entre tribus amigas una vez aceptado el matrimonio con las mujeres raptadas, y al meramente formal, ambos pertenecientes a la etapa patriarcal. La prueba que consideraba irrefutable de que la clasificación tipológica era también un registro de las etapas históricas era la ausencia de supervivencias que se extendiesen a la etapa materna, cuando para la paterna sí sucedía y con frecuencia. Sistema materno y residencia matrilocal, del mismo modo que sus contrarios, iban inevitablemente unidos. La residencia era la causa principal, a ojos del autor, de las diferentes costumbres que se combinaban para formar uno u otro de ellos. Por último, Tylor llevó a cabo un análisis conjunto de la exogamia y el sistema clasificatorio del parentesco, que suponía dos caras de la misma moneda238. La forma original de exogamia, y la más simple, sería la dual239, en la cual una sociedad se 238 Ante la conjunción de ambos, expresó: “Estos que recuerdan la discusión entre McLennan y Morgan hace años, y la visión de que las relaciones clasificatorias fueron un mero sistema de dirigirse, alcanzarán el camino en el que la controversia finalice, por mi parte sé que si me siento más triste por mi amigo McLennan es porque debido a su muerte no supo que él y Morgan, quienes se creían adversarios, defendían en realidad la misma doctrina desde diferentes lados TYLOR. “On a Method of…” Op. cit., p. 265. 239 Esta organización dio sentido a la estructuración social en mitades y a la distinción entre primos paralelos y primos cruzados. La prohibición del incesto afectaba a ambas mitades y obligaba a la exogamia. Esta teoría fue la base sobre la que se gestó la teoría de la alianza. - 113 - - 114 - dividiría en dos mitades cuyos miembros podían casar entre sí; el sistema de clasificación derivaría de este tipo de exogamia: “los sistemas de exogamia son duales en su naturaleza, esto es, consisten en dos clases o grupos de clases que permanecen en conexión directa con el matrimonio de primos cruzados y la relación clasificatoria”240. Las correlaciones o adhesiones del catálogo de pueblos de Tylor entre sistema de clasificación y exogamia eran muy altas, más fuertes en el caso del matrimonio entre primos cruzados, que se trataría de una relación de identidad al ser esta norma de unión una forma parcial o una expresión imperfecta de la propia ley de la exogamia, en palabras del autor. Respecto a la discusión sobre hasta qué punto la exogamia de clan podría haber sido el origen de los diferentes grados de prohibición matrimonial aparecidos en las leyes de diferentes naciones, o hasta qué punto la permisividad o prohibición del matrimonio pudo llevar a las naciones a definir las relaciones de parentesco y darles nombre, afirmó el autor que, en las sociedades en las que la exogamia se encontraba codo con codo con el matrimonio por captura, éste no pudo ser su origen: el número de ejemplos era excesivamente corto como para inferir una relación de causa y efecto. La exogamia, en cualquier caso, y con ella la prohibición del incesto, habrían desempeñado un papel fundamental a la hora de establecer relaciones pacíficas entre tribus diferentes, por lo que en una época del desarrollo social debió tratarse de una cuestión de primordial importancia: “una y otra vez en la historia del mundo, las tribus salvajes debieron toparse ante la simple alternativa práctica de casarse o matarse entre sí”241. 240 TYLOR. “On a Method of…” Op. cit., p. 264. 241 Ibid., p. 267. CAPÍTULO 4 DIFUSIONISMO 4.1. La corriente difusionista y su metodología El difusionismo, que se desarrolló sobre todo durante las tres primeras décadas del siglo XX, vino a ser una reacción al evolucionismo, una crítica a las que se consideraban simplificaciones subjetivas del estudio de la historia humana. De entrada, esta corriente partió de la similitud de objetos pertenecientes a diferentes culturas, de lo cual se pretendió derivar las conexiones culturales e históricas entre los distintos pueblos humanos. Aunque no era ni mucho menos una idea de nueva creación, fue en estos años cuando se adoptó como principio fundamental teórico y metodológico de una línea ya plenamente antropológica. De hecho, muchos de los autores difusionistas pertenecían a ámbitos laborales que favorecieron el desarrollo de estas ideas, especialmente museos etnográficos cuyas colecciones facilitaron la visión de las semejanzas entre poblaciones vecinas. Dentro del ámbito del parentesco, sólo un autor de una de las tres escuelas que se adhirieron a esta corriente resulta novedoso y fundamental. Consideramos necesario, sin embargo, no sólo incluirlas a todas ellas, sino abordar también la metodología empleada en cada caso, en parte por la necesidad historiográfica de cubrir el nicho espacio-temporal que ocupan en el desarrollo antropológico, sin olvidarnos de que, aún sin ser creativos en el ámbito que nos ocupa, incluyeron el parenteso dentro de sus argumentaciones y recreaciones “históricas”; y en parte por constituir el contexto ideológico-metodológico del autor que, en el próximo capítulo, expondremos con detalle. Es en su relación antagónica con el evolucionismo como mejor puede comprenderse el origen del difusionismo. Ante esto, debemos tener presente la falsedad de las ideas sobre lo que los decimonónicos pensaban acerca de la difusión, extendidas y mantenidas tanto por las escuelas europeas como por la norteamericana. Vimos ya en capítulos anteriores que los evolucionistas no negaron la existencia de la difusión y la migración242, ni la importancia de ambos factores. La confusión parte de la base de la asunción difusionista de una dicotomía entre préstamo e invención, como si ambos elementos no pudiesen coexistir, y de la adjudicación al pensamiento evolucionista tanto de una extremísima capacidad inventiva del ser humano como una paradójica aceptación de la posibilidad de la difusión coexistiendo con la universalidad de la 242 La difusión implica la adopción de rasgos por imitación. La migración se da cuando los portadores de la cultura original se trasladan a otros lugares. - 116 - psique humana, cuando no ya directamente la negación de la difusión. Pero si, ciertamente, la invención independiente era útil a los decimonónicos para demostrar la unidad psíquica del ser humano, para explicar las leyes de secuencia universales no importaba mucho que la uniformidad de un estadio se debiese a ese tipo de invención o bien a un préstamo cultural. Los evolucionistas, en cualquier caso, pese a primar uno de los factores, concibieron la compatibilidad de ambos, cosa que no sucedió entre los difusionistas extremos. Éstos, por otra parte, lejos de sus acusaciones viscerales y enceguecidas, emplearon en diferentes ocasiones metodología enemiga, distinguiéndose finalmente por su negación de las regularidades y las leyes en la historia: la secuencia esencial de los acontecimientos no pudo repetirse. Dentro del difusionismo hemos de distinguir tres escuelas de diferente valor. Las del viejo continente, nos dice Harris, “rivalizaron en un mismo esfuerzo: el de convertir la ciencia de la historia en un estudio de accidentes y extravagancias”243. En su obsesión por contrarrestar al evolucionismo ambas pretendieron demostrar que todas las invenciones importantes de la historia se habían descubierto una vez (o varias, pero escasas) y se habían difundido mediante migración y difusión, según los ingleses, o sobre todo por migración, en la visión germana. Los británicos fueron sin duda mucho más radicales que los alemanes, pero tanto en uno como en otro caso sus teorías remataron en callejones sin salida ya a corto plazo. La escuela norteamericana, que trabajó más con la difusión que con la migración, tuvo una aplicación más extensa tanto desde el punto de vista de la cantidad de autores que utilizaron su metodología como de la duración temporal de su uso. La diferencia principal entre los estadounidenses y los europeos radicó en el área a la que los primeros se circunscribieron, pues emplearon el difusionismo para el estudio del continente americano, mientras ingleses y alemanes pretendieron una aplicación universal. A pesar de ello los norteamericanos también se encontraron con problemas insalvables, y si el difusionismo pervivió en los estudios antropológicos de este continente lo hizo al margen de la corriente del área cultural, ligada a la idea original, e inscrito en el particularismo histórico de Franz Boas, quien le daría un uso muy concreto y alejado del protagonismo de metodología única. 243 Harris. El desarrollo… Op. cit., p. 328 - 117 - un lado, a aminorar transiciones en direcciones diferentes, por el otro lado a relaciones aparentemente irregulars y arbitrarias, en muchos casos, de hecho, exclusivamente las últimas mencionadas”263. El segundo ámbito desde el que el religioso alemán abordó los círculos culturales fue el de su uso como herramienta metodológica de investigación a la vez que como propia meta de la búsqueda del investigador, pues como ya defendía Graebner, la tarea de los historiadores de la cultura era la reconstrucción de los Kulturkreise y de las relaciones establecidas entre ellos. Aquí entran en juego varios criterios. El de forma (Graebner) o cualidad (Schmidt) es el que afirma que las características similares observables entre elementos de diferentes culturas que no son producto de su propia naturaleza, ni del material del que están hechos, ni de la función que cumplen, debe atribuirse a una conexión histórica derivada de la difusión, incluso aunque esas culturas se distribuyan sobre superficies discontinuas. El criterio de cantidad sostiene que cuanto mayor es el número de elementos adicionales entre los que pueden observarse semejanzas, mayor es la probabilidad de una relación entre esas culturas (como decía Schmidt, varias similitudes prueban más que una sola). Existen además dos criterios auxiliares. El de continuidad sirve para reforzar a los anteriores en casos de grandes distancias, funciona en proporción a los elementos culturales y grupos de culturas que se encuentran a lo largo del espacio en el que se repite el mismo criterio de cualidad; es decir, implica la posibilidad de demostrar la conexión entre los elementos semejantes de esas dos culturas en el territorio entre ambas, funcionando esos hallazgos como pilarespuente en la asunción de conexiones históricas entre culturas que se hallan separadas por regiones muy extensas. Por último, el criterio de grado de parentesco: las semejanzas se hacen más numerosas y más fuertes cuanto uno más se acerca a los dos campos principales ahora separados, dichas semejanzas deben su origen y subsistencia a la conexión histórica con los dos territorios principales. Aparte de la reconstrucción de los círculos culturales, los difusionistas alemanes quisieron llevar a cabo una reconstrucción cronológica, de lo cual se derivó el establecimiento de círculos primarios, secundarios y terciarios (más las subdivisiones)264. Los primarios serían los originales, las pequeñas bandas aisladas de 263 SCHMIDT. The Culture… Op. cit., pp. 179-180. 264 “Cuando se tocan dos campos de cultura de diferente carácter puede suceder una de dos cosas: o se compenetran sus fronteras, y así resultan formas mixtas, o solamente se tocan en sus límites, y así surgen fenómenos de contacto. Es claro que siempre y en todas partes las formas mixtas y las formas de contacto son más recientes que las formas primitivas (…). Aquellas formas de mezcla de contacto, en que todavía - 124 - hombres primitivos que desarrollaron cada una su propia cultura distintiva (los alemanes no creyeron en la existencia de un único centro difusor original al estilo de los panegipcios). La difusión de estas bandas desde Asia265 conllevó la progresiva población de todos los continentes. Con la ayuda de los criterios metodológicos defendidos por la corriente podría determinarse la sucesión y antigüedad de los círculos de cultura, deduciendo cuál de ellos es el más antiguo así como la progresión lineal del resto. Los difusionistas germanos criticaron duramente al evolucionismo, en especial al desarrollo temporal por etapas de la humanidad. No consideraban que existiese realmente en todos los ámbitos culturales una progresión desde lo más bajo a lo más alto, una ascendencia lineal de las culturas266. De hecho, creían perfectamente posible toparse con elementos simplificados en supuestas culturas complejas. Así, afirmaban la incapacidad de los decimonónicos para llevar a cabo la determinación de la sucesión cronológica de los primeros períodos de la humanidad, que ellos sí podían establecer a través de sus círculos. El método comparativo, no obstante, fue algo que usaron con profusión, a la par que Schmidt insistió en que no era lo mismo rechazar el evolucionismo que la evolución, pues “si una persona se opone y rechaza aceptar el evolucionismo, no tiene porqué rechazar y oponerse a la evolución-el desarrollo interior. Simplemente no insiste en que el desarrollo interior sea considerado siempre como la primera elección ni que sea aceptado sin ninguna prueba positiva, el desarrollo exterior a través de la influencia histórica entra en cuestión sólo cuando la imposibilidad del desarrollo interior ha sido demostrada”267 son fácilmente reconocibles ambos componentes, revelan por eso mismo ser más recientes que aquellas en que se han fundido en una nueva unidad, cosa que exige, naturalmente, tiempo más largo”. SCHMIDT, W. Manual de Historia comparada de las religiones. Origen y formación de la religión. Teorías y hechos. Espasa-Calpe. Madrid-Barcelona, 1932, p. 248. 265 “Aquellas partes del mundo que encierran en sí los actuales pueblos naturales. África, Oceanía, América, no se hallan en contacto con Asia mediante una ancha masa de tierra, de suerte que las emigraciones hubieran podido vaciarse en ellas en una anchura incontrolable, sino que están unidas a Asia mediante tan estrechos ismos o series de islas, que la masa principal de las emigraciones sólo puede haber seguido ese camino (…). De aquí resulta para estas tres partes del mundo la conclusión de que en cada caso las emigraciones más antiguas de pueblos debieron correrse hasta sus regiones más apartadas o que, por lo menos, fueron empujadas hasta allí por las sucesivas emigraciones y que, al contrario, en estas partes del mundo las capas más jóvenes de pueblos tendrán su asiento cerca de la puerta de entrada”. Ibid., p. 250. 266 Schmidt, sin embargo, no dudó a la hora de afirmar la simpleza de los enterramientos pigmeos era una evidencia de su cronología temprana. El autor, además, al igual que Graebner, encasilló en sus secuencias establecidas diferentes culturas, algo que criticaban de los evolucionistas. 267 SCHMIDT. The Culture… Op. cit., pp. 11, 12. - 125 - 4.2. Los británicos heliolíticos Cuando hablamos de difusionismo británico o híperdifusionismo hablamos de la teoría heliolítica o panegipcia de Smith y Perry. Aunque W. H. Rivers Rivers se enmarca también dentro de este grupo, sus obras de corte difusionista no se encuadran dentro del mundo egipcio y tienen una entidad propia más independeiente, por lo que conviene tratarlo por separado. Smith y Perry, por el contrario, pueden ser vistos de forma conjunta, pues no sólo no aportaron nada de relevancia al estudio del parentesco, sino en general a cualquier aspecto de la teoría antropológica. Conviene, no obstante, tenerlos bien presentes, dado que suponen el contexto del pensamiento difusionista inglés al que posteriormente se convertiría el creador del método genealógico. Dadas las premisas de la nula capacidad inventiva del hombre y de que la cultura había surgido una sola vez en un solo lugar, se hacía necesario escoger dicho punto de partida, que ambos autores situaron en Egipto268. Previamente al nacimiento de la civilización el hombre natural, contemplado en una perspectiva genérica que engloba al orbe entero, carecía absolutamente de todo. La descripción de Smith lo dibuja cercano al buen salvaje: “criatura desnuda, inofensiva y veraz, buena, honesta y considerada (pero) tímida y suspicaz (…). Aunque hábil y competente, el hombre primitivo no siente el deseo innato de construir viviendas, hacer ropas, trabajar la tierra o domesticar animales. No tiene religión ni organización social ni jefes hereditarios; tampoco tiene leyes formales ni ceremonias, sean nupciales o fúnebres”269. En cuanto al ámbito familiar, señala la existencia de grupos dentro de los cuales el vínculo principal es el afecto por los niños y la preocupación por su bienestar. Cada grupo tendría su propio territorio, respetado por el resto, y sus miembros practicarían una monogamia casi siempre estricta precedida de un período de libertad sexual durante la adolescencia. A pesar de la existencia puntual de poligamia, la tónica común sería una fidelidad absoluta al compañero que se mantendría durante toda la vida, característica sin duda acorde con esta visión amable de la criatura buena y considerada. 268 Lowie, sarcástico, señala sobre Smith: “Este reformador de la etnología, quien en un tiempo se instaló en el Cairo, decretó que Egipto debe ser la fuente de toda la cultura avanzada. Si hubiese permanecido una temporada en el Éufrates, podríamos probablemente suponer que hubiese adoptado una teoría panbabilónica”. LOWIE, R. H. Historia… Op. cit., p. 197. 269 SMITH, George Elliot. En el origen de la civilización. Editorial Nova. Buenos Aires, 1945, pp. 39-40. - 126 - La civilización se habría iniciado con el fin del nomadismo, algo que permitió el inicio de la agricultura hacia el año 4000 a.e.c. en Egipto, donde una cosecha espontánea de cebada enseñó al hombre cómo cultivar la tierra. Las familias se sedentarizaron y juntaron, pasando a dominar unas sobre otras y a formarse clanes. A partir de ahí, el país del Nilo conjugó todas las características de la civilización arcaica señaladas por Perry: un sistema de irrigación; uso de la piedra pulida y talla de imágenes; cerámica; trabajo con metales y pesca de perlas; una clase de soberanos270; culto al Sol; práctica de la momificación; gran Diosa Madre; sacrificio humano; derecho materno; clanes totémicos; organización dual; exogamia. Con el tiempo, los egipcios iniciaron viajes en búsqueda de materias primas, lo cual originó la difusión gradual de su cultura de un extremo a otro del mundo271. En relación al derecho materno los panegipcios no fueron muy ocurrentes ni definitorios, limitándose a adoptar las teorías previas que relacionaban a la Diosa Madre y las vicisitudes de su culto con la descendencia matrilineal272. Así, esta divinidad habría sido la primigenia en la sociedad arcaica en los tiempos previos al descubrimiento de la irrigación, de ahí que dedujesen que el derecho materno fue el primero. Luego aparecería un hijo divino, a la par que amante, personificado en la tierra por el rey, asociado con la fertilidad y la vegetación. El siguiente paso fue rápido: los elementos masculinos primaron sobre los femeninos, se relegó a la Diosa Madre al papel de consorte y se produjo poco después del inicio de las migraciones la transformación social que llevó a la victoria del derecho paterno. La organización dual la relacionaron Perry y Smith con la existencia de los dos tipos de clase de dirigentes. Para extender este carácter al resto de elementos culturales lo tuvieron tan fácil con Egipto como el de presentar la propia división del país en dos 270 Perry señala la existencia de dos tipos de soberanos que se sucedieron en el tiempo. Los que él denomina Hijos del Sol fueron los gobernantes que, a partir de la V Dinastía, se asociaron a la divinidad solar (previamente los faraones se asimilaban a dioses relacionados con la vegetación y la fertilidad). Ya en esta época no gobernaban solos, pues existían nobles que desempeñaban también funciones importantes. La familia real estaba conectada con el mundo solar, los faraones eran dioses encarnados. El resto de las personas estaban conectados con el inframundo, pues allí iban sus almas después de la muerte: “Los reyes solares fueron más allá de la muerte al cielo a vivir en compañia de Ra; pero el resto de la gente fue a la tierra de los muertos gobernada por Osiris, el primer rey que se convirtió en mortal.” PERRY. The Children… Op. cit., p. 256. Más tarde Osiris sería también identificado con el ámbito celeste, mientras la Diosa Madre se relacionó siempre con el inframundo. Posteriormente el rey-sol dio paso a un dios guerrero, derivado esto de transformaciones en la sociedad que devinieron en un carácter más bélico de los pueblos, frente al carácter pacífico característico de la civilización arcaica. 271 Gran parte de The Children of the Sun de Perry está dedicado a demostrar la existencia de todos estos elementos en los diferentes continentes. 272 Esto explicaría el matrimonio entre hermanos: “Bajo instituciones matrilineales la hija del rey es la heredera legal al trono. Por lo cual cualquiera que quisiese reinar tenía que casarse con ella y reinar como su sustituto”. PERRY, The Children… Op. cit., p. 241. - 127 - partes distintas unificadas en tiempos dinásticos. País, por lo tanto, dual desde su raíz, con expresión de este fenómeno alrededor del propio monarca: doble corona, doble ceremonia de coronación, dos palacios, dos templos de estado… Lo remarcable, en cualquier caso, es que los autores heliocéntricos asumieron una idea de dualidad que aplicaron a los ámbitos de lo social, político, económico y religioso, buscándolo en cada cultura de las investigadas por ellos como prueba de la difusión de la civilización arcaica. Qué campo más idóneo para su expresión, qué duda cabe, que el de la exogamia. Perry negó que se debiese a un deseo de evitar el incesto, tal como afirmaba Frazer. Al contrario, aquél apareció por medio de las reglas matrimoniales de la organización dual273, en cuyo desarrollo distinguió tres estadios: matrimonio prohibido entre miembros de la misma mitad, matrimonios prohibidos entre miembros del mismo clan, matrimonios prohibidos entre parientes sanguíneos274. Lo que quedaba claro era que la exogamia era independiente del sistema del clan totémico y que su origen se ligaba a los grupos duales. Smith defendió que el objeto de esta exogamia era el de estabilizar la posición de soberanía dual y eliminar el riesgo de una desorganización del estado. Dado que los grupos duales tomaban sus características de la clase soberana de la civilización arcaica, era evidente para el autor que tal fue su regla matrimonial y que en los asentamientos gobernados por los Hijos del Sol se practicaron sistemáticamente matrimonios entre la gente del cielo y la gente del inframundo; esto es, entre miembros de la casa real y miembros de la nobleza, especialmente entre personas de la familia del visir. Los panegipcios carecieron totalmente de una metodología válida en sus reconstrucciones históricas, las cuales pecan, por no calificarlo de otro modo, de una impresionante ingenuidad. Smith y Perry no sólo pretendieron establecer una cronología 273 Smith afirmaba que el incesto sirvió para preservar la divinidad de los Hijos del Sol. Esto entra en contradicción con las ideas sobre el origen de la exogamia (matrimonio entre familia real y familia del visir) si tenemos en cuenta la afirmación de Perry de que la nobleza estaba conectada con el inframundo, no con el cielo. En civilizaciones receptoras de la egipcia con presencia de poliginia, los Hijos del Sol habrían desposado tanto parientes cercanas como a miembros de la familia del jefe guerrero (esta jefatura habría derivado del grupo soberano relacionado con el inframundo). De hecho, señala también la poliginia como una expresión de la transformación acaecida en las sociedades que adoptaron un carácter bélico: “cuando la guerra se convirtió en una ocupación prominente, la manifiesta incapacidad de las mujeres para los modos violentos de comportamiento, y la atención creciente de las clases reinantes a la lucha, tendieron, entre otras cosas, a ponerla en una situación de inferioridad y convertir al hombre en predominante”. PERRY. The Children… Op. cit., p. 493. 274 Este es un buen ejemplo de uso semejante de metodología evolucionista, pues estos estadios no dejan de ser sucesiones en el tiempo de reglas matrimoniales. - 128 - tan corta para el desarrollo de la civilización humana como la de 4000 años, sino que además utilizaron lo que denominaron pruebas arqueológicas de un modo totalmente descontextualizado e imaginario, comparando, por poner un ejemplo, cualquier monumento piramidal, fuese cual fuese su uso, con las pirámides egipcias275, o derivando de algo tan circunstancial como el hallazgo del fémur disecado de un jefe africano una conexión con la momificación de los faraones276. Lowie criticó y refutó varios de estos absurdos heliolíticos. En el campo de la etnografía señalaba, además, contradicciones de los propios autores, como la hipótesis de que hacía sesenta siglos los hombres vivian como antropoides, que se saltaba el propio Elliot Smith en partes diferentes de su obra; o la negación de que los pueblos indígeneas tuviesen prácticas e ideas mágicas y religiosas, afirmando en otro lado que algunos pudieron creer en la magia imitativa… Los panegipcios daban por sentado que si un pueblo había tomado prestado un rasgo cultural, toda su cultura tenía la misma procedencia. Usaron para su argumentación no sólo elementos como las pirámides o los enterramientos, sino también los cultivos mexicanos (eslabón del paso de la cultura entre Egipto y el Nuevo Mundo) y la organización dual, como ya hemos visto, que aplicaban sin rubor a todos los ámbitos de la cultura humana, desde el urbano al de parentesco. Lowie los refutaba en este último sentido con meros ejemplos: la extinción de uno de los tres clanes exogámicos de los hopi se debió a un desarrollo independiente, pero eran tres, no dos, o que los angami anda de Asam tenían clanes locales que eran mitades exógamas, una de las cuales se dividió en seis clanes, quedando siete en total, evidenciándose que la organización dual era un fenómeno fluido. Criticaba también la minimización heliolítica de la capacidad inventiva primitiva, aludiendo, en relación a Smith y Perry, a su “ignorancia ilimitada de los datos más elementales de la etnografía”277. En resumidas cuentas, “la obsesión panegipcia de estos autores va en contra de los hechos observados”278 275 Afirmaba Perry: “lo que sucede en el caso de la pirámide de piedra es que este monumento no se originó como una pirámide de piedra, sino que es el resultado del agrupamiento de varias ideas que pueden ser analizadas dentro de sus elementos fundamentales. Por eso cuando las pirámides se encontraron también en México y en América, puede suponerse sin ninguna duda que su origen se halla en Egipto”. PERRY, W. The Children…Op. cit., pp. 475-476. 276 Smith llegó a hacer la afirmación de que “el motivo central de la historia de la civilización lo constituye el conjunto de ideas relacionadas con la costumbre egipcia de momificar a los muertos” SMITH, G. E. En el comienzo… Op. cit., p. 81. 277 LOWIE. Historia… Op. cit., p. 205. 278 Ibid., p. 201. - 129 - 4.3. Los Kulturkreise germanos Obcecado en la reconstrucción de los círculos culturales originarios de la humanidad, Graebner estableció un esquema que más adelante retocaría el Padre Schmidt. Fue en Oceanía donde situó seis desarrollos culturales que se iniciaron con el círculo tasmanio, seguido por la cultura del boomerang australiana, un kreis de cazadores totémicos, otro de horticultores de dos clases, una cultura polinesia del arco y otra polinesia patrilineal. Lo que nos interesa principalmente son sus ideas sobre las concepciones diferentes del mundo de las culturas matriarcales y patriarcales, ambas pertenecientes a círculos primarios y, tengámoslo presente, no sucesivas en la línea cronológica evolucionista de promiscuidad-matriarcado-patriarcado, ampliamente criticada por el autor: “el conocimiento más exacto de los pueblos salvajes, precisamente de los más primitivos, nos ha enseñado que ese estado de promiscuidad en las comunidades humanas es una hipótesis sin fundamento o, mejor dicho, un parto de la fantasía; que ni siquiera ciertos vestigios de matrimonio colectivo por grupos, supuesto estadio intermedio entre la promiscuidad y el verdadero matrimonio-, pueden considerarse como formas primarias, sino secundarias, que, justamente, los pueblos más primitivos viven en monogamia indudable, y que, en fin, no puede afirmarse que en toda ocasión el estado natural de los pueblos matriarcales sea más primitivo que el de los patriarcales. La etnología ha llegado a convencerse de que los sistemas matriarcales no han imperado jamás en todos los estados de la tierra, sino que representan la evolución definida de ciertos grupos, caracterizados sobre todo por sus particularidades económicas”279. Graebner partía ya de la idea de que las comunidades más primitivas de cazadores-recolectores australianos formaban grupos que funcionaban como pequeños estados que defendían sus límites geográficos y que se constituían de pequeñas familias de matrimonios monógamos. Pero la diferenciación máxima que hace el autor es entre los pueblos agricultores matriarcales y los pastoriles patriarcales. 279 GRAEBNER, F. El mundo del hombre primitivo. Revista de Occidente. Madrid, 1925, pp. 11-12. - 130 - Las culturas matriarcales280 habrían surgido del descubrimiento por parte de la mujer tras la observación empírica de que los alimentos caídos en terreno favorable arraigaban y daban nuevas plantas. Esto conllevó que los hombres cargasen sobre sus compañeras el peso de la vida económica, y como ellas llevaban a cabo el trabajo con un conjunto de parientes femeninas, creció en importancia el determinar con qué grupo se establecía el parentesco. Éste, por otra parte, pasó a determinarse por línea materna. Y esto sería lo que se denomina matriarcado281. Los pueblos matriarcales se caracterizan por el sedentarismo proporcionado por la agricultura, existe un centro fijo en el territorio y la comunidad de la aldea se convierte en una unidad política preponderante, existiendo ante todo una democracia sin clases. Habría un tráfico fronterizo que limitaba el comercio a ciertos días y a determinados mercados y primarían las artes manuales femeninas (alfarería y tejido). La defensa personal sería por vía jurídica, quedando relegada la venganza por sangre. En el ámbito de las creencias religiosas tendrían una gran importancia los mitos con la luna como protagonista o personaje y existiría una clara creencia en los posibles beneficios que la fuerza de los muertos podría proporcionar a la comunidad. Las culturas patriarcales, como ya mencionamos, no sucedieron en el tiempo a sus antagonistas. Como menciona Graebner, ya en el tiempo que medió entre la propagación de la cultura australiana y las viejas culturas labradoras del continente meridional encontramos allí una forma cultural en la que aparecen grupos de parentesco que trascienden la pequeña familia en la que los hijos pertenecen a la línea del padre. Asimismo también hay inexistencia de matriarcado entre los pastores del antiguo continente y los malayo-polinesios. Aunque no se puede establecer con seguridad cuál fue la forma original de su economía, sí se pueden mostrar otras características. Así, los círculos totémicos más antiguos presentaban huellas de nomadismo estacional y vivían de la ganadería y la pesca. El totemismo colectivo (existe totemismo tanto patriarcal como matriarcal, en cualquier caso) emparenta a un grupo entero con, por lo general, un animal y va casi siempre acompañado de exogamia. A pesar de negar la línea cronológica, Graebner comenta sin embargo que las formas patriarcales fueron probablemente las más antiguas, destacando entre ellas las del totemismo local: los 280 Mar del Sur de Melanesia, SE de Asia, interior de África (sobre todo Congo), tierras bajas del Amazonas y del Orinoco, zonas templadas de Norteamérica: Montañas Rocosas, pueblos agricultores del Atlántico -iroqueses, maskoki-. Otra zona de influencia matriarcal pero sin cultivo de tierra se extiende por el Mar del Sur. 281 Ni Graebner ni Schmidt difieren de Bachofen en el sentido que le dan a la palabra. - 131 - grupos totémicos viven en localidades separadas, de suerte que el casamiento con un miembro de otro grupo significa matrimonio en otro grupo local. Por otra parte, el totemismo despierta antagonismo entre los sexos, pues los hombres son el elemento estable de la población mientras las mujeres casadas pertenecen a totems diferentes. No poseían alfarería ni industria del tejido, pero sí conocían el trabajo de la madera. Existiría para ellos todavía la venganza de sangre. El comercio se produciría a través de las visitas de unos grupos a otros y, desde el punto de vista de las creencias, destacaría la figura del sol en los mitos. Las culturas patriarcales, a ojos del autor, “se muestran superiores a las matriarcales, en primer lugar, por su grandiosidad282. Esto les permite, además, admitir en su amplio espacio elementos de las otras culturas sin cambiar, por eso, esencialmente, su carácter propio”283. De la fusión de elementos de los viejos pueblos agricultores y pastoriles surgió la que el autor considera única cultura superior que logró dar frutos superiores al conjunto de las culturas madres, pues cuando confluyen dos culturas inferiores casi nunca surge nada nuevo superior. Se extendería desde el África occidental por todo el territorio del Sudán, Noroeste de África, Oeste, Sur y Este de Asia y dominaría América, perteneciendo a ella los pueblos de China, Egipto y Mesopotamia. Se habría caracterizado por un comercio viajero ampliado, la creación de grandes comarcas pacíficas y monarquías, organizaciones religiosas y sacerdotales así como escritura. En ellas no existirían prácticamente vestigios de matriarcalidad, a excepción de algunas formas de sucesión en el trono. Schmidt elaboró su propio esquema, modificando algunas cosas. De entrada, introdujo como círculo de cultura más antiguo el pigmeo, que Graebner no había tenido en cuenta, y rechazó el de la cultura del boomerang como círculo de cultura original independiente, aceptándolo sólo como una mezcla temprana de elementos matriarcales con los de la cultura primitiva. Existen 3 etapas. A la primitiva pertenecen las tribus en estado de caza (hombre) y recolección (mujer). Sus círculos, todos con dominio de patriarcado, serán: - Exógamo monogámico o central. Pigmeos de África, de Asia del Sur, tal vez los de Nueva Guinea y los de las Nuevas Hébridas. 282 En contraposición a las culturas matriarcales que considera como núcleos cerrados. 283 GRAEBNER. El mundo… Op. cit., pp. 109-110. - 132 - - Exógamo totémico del Sur. Australia Sudeste (y tasmanios), guarda relación con los fueguinos en el extremo Sur de Sudamérica y con los bosquimanos del Sur de África - Círculo ártico. Exógamo con igualdad sexual. Comprende pueblos del Norte y del Nordeste de Asia y los primitivos esquimales de Norteamérica, guarda relación con los californianos del centro y con los primitivos algonquinos. Graebner añadiría aquí la cultura del boomerang. En Sudamérica los círculos primitivos se habrían fundido. La etapa primaria cuenta, también, con diferentes círculos: - El de cultura patriarcal de las grandes familias de los pueblos pastores nómadas (futuros conquistadores uralo-altaicos, indoeuropeos y semitas). - El de cultura exógama patriarcal de los grandes cazadores totémicos, fundadores del arte, del trabajo manual, del comercio y de la cultura de las ciudades. No abarca una extensión cerrada, se halla extendido en Autralia del Sur y del Centro, en Nueva Guinea y en partes de la Melanesia e Indoensia, en la India y en grandes regiones de África y de América del Norte y del Sur. - Círculo exógamo matriarcal de los agricultores inferiores, cultura de las aldeas. Tampoco presenta una extensión cerrada: Australia del Este y del Oeste, Melanesia Central, partes de Indonesia, India, Oeste y centro de África oriental y en partes de América del Norte y del Sur. Los grados secundarios de la cultura comprenderían los círculos de cultura patriarcales libres de, entre otras zonas, Polinesia, Sudán, India, Asia occidental y Sur de Europa; y los matriarcales libres Sur de la China, Indonesia, Melanesia, Noroeste de Sudamérica, etc. Por último, como culturas terciarias señalaría las altas culturas de Asia, Europa y América. Schmidt incide en que las tres culturas primarias no surgieron esencialmente una después de otra, los pueblos no pasaron por ellas como etapas, sino que una parte evolucionó hacia el estado totémico de cazadores, otra hacia la cría de ganado y otra hacia la agricultura. La evolución interna de cada uno fue independiente. Autores como Harris, no obstante, tacharon todo el esquema de evolucionista, afirmando que “la sucesión de los grados no es ni más ni menos que la secuencia familiar de los estadios que llevan desde los tipos de sistemas socioculturales de los cazadores recolectores, pasando por los tipos de horticultores y pastores hasta las civilizaciones complejas - 133 - terminologías de parentesco contemporáneas podían encontrarse trazos de los sistemas sociales primitivos, cuya presencia en suelo anglosajón venía ya de atrás. El sistema de las islas occidentales sería clasificatorio, aunque con diferencias respecto a otros sistemas del estilo: “usualmente se hace una distinción en los nombres aplicados de uno a otro por los hijos de un hermano y un hermano, y deuna hermana y una hermana, por un lado, y por los hijos de hermano y hermana por otro. Otro rasgo en el que el sistema de Mabuiag difiere de las formas americana y asiática es en el marcado carácter recíproco de los términos”292. Dicha diferencia podría deberse en parte, señala el autor, a una supervivencia del matrimonio de primos cruzados. Menciona, también, ciertos tabúes en el uso de las terminologías (especialmente los relacionados con la familia política), así como las funciones de algunos parientes, entre las que destaca la referida a la estrecha relación entre un hombre y su tío materno, que sería también un survival, en este caso de la descendencia materna. El sistema de parentesco, insiste el autor, tendría una importancia fundamental en la comunidad y regularía y determinaría las relaciones entre los individuos, así como de los matrimonios. Respecto a esto último, Rivers afirma que las regulaciones matrimoniales dependen más de cuestiones relacionadas con el parentesco que con el clan, aunque los dos ámbitos tengan importancia. Así, un hombre encuentra restricciones para casarse con una mujer de su clan, pero también con mujeres de otros clanes si existe algún tipo de ligazón parental. Existen matrimonios entre personas con el mismo tótem293, pero en estos casos los individuos pertenecen a diferentes clanes. En última instancia es el grado del parentesco el que determina la posibilidad de la unión. Un tipo de matrimonio frecuente en el Estrecho de Torres era el del intercambio de hermanos y hermanas, conectado su origen, según los propios nativos, con un precio de la novia demasiado alto. Por otra parte, el autor constató la existencia de la poligamia (sororal o no) y del levirato (no obligatorio para la viuda). Las islas orientales no difieren en gran medida de las occidentales. Como peculiaridades de su terminología señala la existencia de una designación especial para 292 RIVERS. Reports of the Cambridge anthropological Expedition to Torres Straits. Vol. V: Sociology, Magic and Religion of the Western Islanders. Cambridge University Press. Cambridge, 1904, pp. 139- 140. 293 Los miembros de cada clan (en cada isla hay varios clanes) tienen el mismo tótem o totems. Si hay varios, uno de ellos es más importante que el resto. En algunos casos dos o más clanes pueden tener el mismo tótem principal y diferentes totems secundarios. Los miembros de un clan viven por lo general en una localidad de la que toman el nombre y, si se van a vivir fuera, mantienen la pertenencia al clan. La descendencia es patrilineal. En un tiempo los clanes de la isla de Mabuiag se dividieron en dos fratrías, pero la división acabó perdiéndose. - 140 - la hermana del padre (por la probable existencia en algún tiempo de una distinción con la hermana de la madre, en su día desaparecida) y también para los hijos del hermano y de la hermana (que, dice el autor, a pesar de no estar incluida por Morgan, es un rasgo muy general del sistema clasificatorio). Otras diferencias con las islas del Oeste es que las del Este tienen un mismo término para el abuelo y la abuela y las del Oeste para suegros y cuñados/as. En cualquier caso, ambos sistemas se asemejan al malayo de Morgan, quien lo asimilaba a la familia consanguínea. Rivers opina que la cultura Polinesia no posee una organización familiar de tipo primitivo y que su sistema terminológico es el resultado de la ruptura de uno más complejo. Las islas orientales también cuentan con tabúes relacionados con los parientes políticos, a los que no se debe llamar por su nombre propio, y con ciertas funciones de parentesco (el peso del tío materno no se asemeja aquí al que tenía en Mabuiag). Respecto a las regulaciones matrimoniales en la zona oriental del Estrecho, la unidad social empleada por los isleños es la de la villa294: “dicen que un hombre no debe casarse en la villa de su padre ni en la de su madre ni en la de la madre de su padre, y si uno de sus ancestros ha sido adoptado también está vetado que se case en la villa a la que pertenecería por actual descendencia”295. El método genealógico, observando a la gente de una villa como un clan y usándolo como la base de un sistema de exogamia, confirma la observancia de estas reglas. Una restricción claramente ligada con el parentesco es la prohibición de casarse hijos de dos hermanas. Existen también aquí las prácticas de intercambio de hermanos y hermanas, la poligamia (entre los más poderosos de la comunidad) y el levirato (no obligatorio). Rivers volvió a poner en práctica su método genealógico en el estudio de la sociedad de los todas, al Sur de la India, con los que pasó un tiempo entre 1901 y 1902. Esta experiencia se plasmó en 1906 en The Todas, obra en la que llevó a cabo un estudio exhaustivo de este pueblo296. En el ámbito del parentesco el autor expuso nuevamente a través de su metodología otro sistema clasificatorio, si bien concibió del presente un carácter próximo al sistema descriptivo, pues “los todas han alcanzado un estado de desarrollo 294 Existen otros agrupamientos de gente con significación social, pero sin relevancia en lo que a regulaciones matrimoniales se refiere. 295 RIVERS. “The regulation of marriage”. En Reports of the… Op. cit., p. 121. 296 Aunque el objetivo original de Rivers fue estudiar la poliandria y la exogamia en los todas, se decantó después en mayor medida por la religión y la sociología. En general quiso inscribirlo en las líneas evolucionistas. - 141 - mental en que que parece que no están satisfechos con una nomenclatura de un sistema puramente clasificatorio, y han comenzado a hacer distinciones en su terminología entre parientes cercanos y lejanos”297. Otras peculiaridades del sistema terminológico de los todas serían el uso de los mismos términos para el hermano de la madre y el suegro y para la hermana del padre y la suegra (derivado del matrimonio de primos cruzados, que sería el preferencial), la distinción entre los miembros más jóvenes y más viejos de la familia y del clan (propio de los sistemas clasificatorios, extremadamente desarrollado en este caso) y la existencia de dos grupos diferenciados de términos que expresan lazos de parentesco: el que se usa para hablar de los parientes, y otro para hablar a los parientes (no se corresponden, el segundo grupo es mucho menor y se basa en edades y generaciones). En cuanto a los tabúes del sistema, podemos señalar la imposibilidad para un hombre de decir los nombres de los hermanos de su madre, del hombre del que ha recibido a su esposa (sea o no el padre de ésta), de la madre de su mujer y de sus abuelos paternos y maternos. Existen numerosas obligaciones referidas al parentesco, entre las que destacan aquellas relacionadas con ceremonias fúnebres (que vienen determinadas por la identidad del difunto) y las referidas a los parientes políticos. En el ámbito del matrimonio es importante, de entrada, la división de los todas en dos grandes grupos, el de los Tartharol y el de los Teivaliol, componiéndose cada uno de varios clanes exógamos298. No puede existir matrimonio entre estos dos grupos299, a la par que existen también prohibiciones de unión entre algunos clanes. De todos modos, Rivers señala que la última palabra en lo que a prohibiciones matrimoniales se refiere viene dada por lo que los indígenas denominan püliol, que sería el término general que engloba a las personas con las que uno no puede casarse300 y que se amplía incluso a los familiares de estas personas: “el término es aplicado por un hombre no sólo a las mujeres con las que no puede casarse, sino también a las familias en general en las que o puede casarse; por eso un hombre puede hablar de otros hombres como sus püliol, lo cual significa que no puede casarse con sus hermanas”301. El autor 297 RIVERS. The Todas. McMilllan and Co. Londres, 1906, p. 493. 298 Los clanes todianos serían territoriales, no totémicos. Cada clan tendrían un número de villas y tomaría el nombre de la principal 299 Lo que sí se permite es un tipo de unión denominado Mokhthoditi, en el cual una mujer de uno de los grupos está ligada a un hombre del otro grupo, si bien los hijos de ambos pertenecen al marido o maridos legales de la mujer, quienes dan permiso para la unión a cambio de ciertos presentes. 300 Serían püliol de un hombre: las hijas de los hermanos del padre; las hijas de las hermanas de la madre; las hijas de su padre; las hijas de sus hermanas; las hijas de las hermanas del padre de su padre. 301 RIVERS. The Todas. Op. cit., p. 509. - 142 - concluye que un todiano no tiene dos tipos de afinidad prohibidos, una dependiente de las relaciones de clan y otra de las de parentesco sanguíneo, sino una sola, la del püliol, que incluye ciertos parientes tanto maternos como paternos. Los vínculos parentales, así pues, estarían en este ámbito de la vida social por encima de los vínculos clánicos. De hecho, Rivers consideraba que los todianos estaban en un estado de evolución social en el que los lazos constituidos por la pertenencia al clan estaban siendo reemplazados por los familiares, constituyéndose la familia como unidad social sustitutiva del clan. Así, mientras la tierra y algunos búfalos pertenecían al clan, la casa, algunas villas y la mayor parte de los búfalos eran pertenencias familiares (algunas figurillas de divinidades y ornamentos serían propiedades individuales). La descendencia vendría por línea paterna302, si por padre se toma al hombre que llevó a cabo la entrega a la mujer del arco y las flechas en la ceremonia denominada pursütpimi, pues la paternidad biológica carece de importancia para este pueblo. La poliandria es algo común entre ellos, casándose una mujer con varios hombres que pueden ser o no hermanos entre sí. En caso de serlo, existiría convivencia en la misma casa y todos serían los padres de los hijos. En caso de no serlo, los hombres pertenecerían al mismo clan y a la misma generación, podrían vivir juntos o no, en situación afirmativa la mujer pasaría diferentes temporadas con cada uno de ellos y la paternidad dependería de quien llevase a cabo la ceremonia de entrega del arco y las flechas. Como elemento interesante hay que mencionar que Rivers insistió en que la poliandria todiana no servía para el estudio de las conexiones de esta institución con el levirato303 ni tampoco con el infanticidio femenino (creía que la poliandria fue una importación de esta sociedad), aunque la disminución de éste estaba derivando en su momento en un aumento de la poliginia, cuyo modelo principal era el de dos hermanos que tendrían dos esposas en común. 5.2. Rivers y Morgan El uso que Rivers hizo del sistema clasificatorio de Morgan lo llevó necesariamente a enfrentar opiniones contrarias al americano que se estaban alzando ya 302 Rivers señala que algunos actos de un toda hacia el hijo de su hermana podrían ser reminiscencias de la existencia en un tiempo muy remoto de derecho materno. 303 El levirato no era obligatorio, una viuda podía casarse con otro hombre diferente del hermano de su esposo, en cuyo caso el nuevo marido pagaría a los hijos del difunto, y no al hermano de la nueva esposa. - 143 - desde el cambio de siglo. En 1907 participó en una miscelánea destinada a homenajear a Tylor por su 75 cumpleaños con un artículo dedicado al análisis de los orígenes de dicho sistema. La principal crítica que se hacía al abogado en estos años, baste recordar a Westermarck, arremetía contra la afirmación de la existencia de un estadio primordial de humanidad promiscua. El problema, señalaba nuestro autor, era que los oponentes de Morgan no veían más allá de este estadio y extendían su condena al esquema completo. Tomando la crítica concreta, el propio Rivers secundaba la negativa a aceptar esta época de promiscuidad, argumentando que el sistema terminológico malayo304 en el que se basaba la afirmación de su existencia no era tan primitivo como Morgan pensaba; al contrario, las sociedades polinesias305 a las que el abogado atribuía la posesión de este sistema de parentesco, estaban altamente desarrolladas, a la par que se constataba, en sociedades como las del Estrecho de Torres, que existían cambios en las terminologías direccionados hacia una simplificación de las mismas. No obstante este fallo en las teorías de Morgan, el médico británico defendió su plena validez a la par que expuso sus propias ideas acerca del origen del sistema clasificatorio, que él situó ligado al matrimonio de grupo entendido no en el sentido morganiano, sino como la unión en una comunidad dividida en grupos definidos (clanes, clases, fratrías) en la cual todos los hombres de un grupo eran los maridos de todas las mujeres del otro grupo, y todos los hombres del segundo grupo eran los maridos de las mujeres del primero. El hecho de que el sistema clasificatorio tuviese su origen en este tipo de unión implicaba, por otra parte, que en su origen fue más expresivo de estatus que de consanguinidad y afinidad. Sobre el tipo de sociedad en el que surgió, Rivers asumió en primer lugar que debía ser exógama, probablemente con dos mitades, matrimonio de grupo y matrilinealidad. Se distinguirían cuatro grupos de personas: los hombres activos, las mujeres con niños, los mayores y los niños. Éstos reconocían en su comunidad a la gente que permanecía respecto a él en varias relaciones diferentes. En su mitad las mujeres con bebés a las que daría el nombre que se correspondería con lo que conocemos como madre306, hombres sexualmente activos (hermanos de la madre), niños y niñas (hermano/as), mayores (abuelos/as). En la otra mitad estarían los padres, las hermanas del padre, los hijos/as 304 El sistema malayo, recordémoslo, se corresponde con la familia consanguínea (cuya existencia niega Rivers). Se reconocen sólo los lazos de sangre primarios en número de cinco y sin distinción de sexo: la generación de Ego, las dos descendentes y las dos ascendentes. El matrimonio se da entre consanguíneos que incluyen los hermanos y hermanas propios y colaterales. 305 Morgan consideraba a los polinesios como una rama de la familia malaya. 306 Utilizamos los términos de parentesco por comodidad. Rivers especifica que es una posición y que no sería hasta más tarde cuando el vocablo usado en esa supuesta sociedad hiciese referencia al parentesco. - 144 - del hermano de la madre y de la hermana del padre y más abuelos y abuelas. Así, “una sociedad establecida debería darnos los términos clave que encontramos en el sistema clasificatorio, y deberían desarrollarse nuevos términos cuando la organización social se vuelve más compleja”307. El estatus del niño cambiaría al convertirse en adulto, y con él habría un cambio en las relaciones con el resto del grupo. No obstante, advertía el autor, cualquiera que hubiese sido el origen del sistema clasificatorio, no existía ninguna duda de que su uso en la época presente era una expresión de consanguinidad y afinidad. La defensa del británico no quedó aquí, pues las críticas al americano persistieron. Tal vez la más ejemplificadora de ellas en este contexto sea la de Alfred Kroeber308, plasmada en 1909 en su artículo “Classificatory systems of relationship”. Por una parte desechaba la distinción entre los sistemas de parentesco descriptivo y clasificatorio, tachándola de subjetiva y atribuyendo su origen al entusiasmo de los investigadores europeos por plasmar teorías generales que, en este caso, unido al aproximamiento a lenguas extranjeras, los habría llevado a una valoración errónea de la inexistencia de diferenciación en algunos pueblos primitivos de ciertas relaciones de parentesco que las lenguas de los propios antropólogos sí poseían. Éstos, afirmaba, parecían haber olvidado que en su idioma sucedía algo parecido y que ninguna lengua poseía diferentes términos para todos los tipos de parientes existentes. Así, un lenguaje era más clasificatorio cuanto más pequeño era el número de sus términos de parentesco, pero siguiendo esta línea de pensamiento, “el inglés, con sus veinte términos de parentesco, no debe ser menos clasificatorio que otras lenguas de otros pueblos primitivos que poseen veinticinco, treinta o más términos (…). El simple hecho de que otros pueblos agrupen varias relaciones que otras lenguas distinguen no hace su sistema clasificatorio”309. Una segunda conclusión de Kroeber fue que los sistemas de terminología de parentesco pueden ser comparados a través de un examen de las categorías de 307 RIVERS. “On the origin of the Classificatory system of relationship”. En BALFOUR et. alii. Anthropological Essays Presented to Edward Burnett Tylor in honour of his 75th birthday oct. 2., 1907. Clarendon press. Oxford, 1907, p. 320. 308 Alfred Louis Kroeber. 1876, Hoboken, New Yersey, 1960 París. Antropólogo norteamericano doctorado en 1901 bajo la tutela de Franz Boas, aunque procedente de estudios de letras. Profesor durante 45 años en el Departamento de Antropología de la Universidad de Berkeley (California), donde formó a multitud de antropólogos bajo las premisas del particularismo histórico. Se interesó por el estudio de las áreas culturales de los indios norteamericanos y por el determinismo cultural, ámbito en el que la defensa del concepto de lo superorgánico que le valió numerosas críticas de sus propios coetáneos. 309 KROEBER, Alfred. “Classificatory system of relationship”. Vol. 39. Journal of the Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland. 1909, p. 78. - 145 - parentesco que implican y del grado con el que dan expresión a esas categorías, ocho en total: 1. La diferencia entre personas de la misma generación y de diferentes generaciones 2. La diferencia entre parentesco lineal y colateral 3. Diferencia de edad dentro de una generación 4. El sexo del familiar 5. El sexo del que habla 6. El sexo de la persona con la que existe la relación (esta categoría no existe en inglés310, por ello es necesario explicar si un tío o un abuelo es paterno o materno). 7. Distinción de parientes de sangre de conexiones por matrimonio 8. Condición de vida de la persona con la que existe la relación (la relación puede ser de sangre o por matrimonio, la persona que sirve de lazo puede estar viva o muerta, casada o no…). El inglés tiene menos categorías que las lenguas de los indios americanos y, sin embargo, es más completo, pues los sistemas indios, que empiezan desde una base más elaborada, expresan la mayoría de las categorías en sólo parte de los términos de parentesco; es decir, que algunas de estas categorías sólo tienen una expresión parcial y menos regular. En definitiva, las diferencias entre los lenguajes europeos y los de gentes menos civilizadas en lo que a parentesco se refiere puede determinarse sólo en base a estas categorías descritas y expresarse a través de ellas. En cualquier caso, el sistema clasificatorio de parentesco no denota en absoluto ningún tipo de institución social o marital, las causas de las que deriva son principalmente lingüísticas y en casi todos los casos la expresión de la relación no puede determinarse desde el punto de vista sociológico, sino meramente psicológico. Como ejemplo, Kroeber señala que una mujer y su hermana son más parecidas que una mujer y su hermano, siendo la diferencia conceptual o lingüística, no sociológica. Rivers criticó este artículo311 señalando que, desde el punto de vista de la afirmación de la causalidad lingüística, dado que los términos de parentesco son en sí elementos de lenguaje, lo que Kroeber venía a decir era que los elementos del 310 Kroeber toma el inglés como modelo de las lenguas europeas 311 En 1913 se editaron bajo el nombre de Kinship and Social Organization tres conferencias llevadas a cabo por Rivers en Mayo de ese año en la London School of Economics destinadas a la defensa del sistema clasificatorio de parentesco. - 146 - parentesco están determinados primordialmente por el lenguaje, así que, rizando el rizo, para estudiarlos habría que buscar los antecedentes de los fenómenos lingüísticos en otros fenómenos lingüísticos. En cuanto a que reflejan una cuestión psicológica, lo que según el inglés presupone Kroeber es que si llamamos a dos personas con el mismo término es porque sentimos la relación con ambas como si fuese parecida. Lo primordial para Rivers ante los ataques que había sufrido Morgan, incluidos los de Westermarck o el de McLennan que tachaba al sistema completo de meramente apelativo, era “demostrar la estrecha conexión que existe entre los métodos de denotar parentesco o consanguinidad y las formas de organización social, incluidas aquellas que se basan en las diferentes variedades de la institución del matrimonio (…), mostrar que la terminología del parentesco ha estado rigurosamente determinada por las condiciones sociales y que, si se establece y acepta esta posición, los sistemas terminológicos del parentesco nos ofrecen uno de los instrumentos más inestimables para el estudio de la historia de las instituciones sociales”312. Para ello, señaló por una parte la existencia de deberes y derechos del hermano de la madre en alguna de las islas que estudió, pero sobre todo se centró en el matrimonio de primos cruzados313, en virtud del cual las relaciones de parentesco de hermano de la madre, marido de la hermana del padre, esposa del hermano de la madre y suegra se combinan de igual modo. Así se plasma en el sistema terminológico de Fiji, en las islas sureñas de las Nuevas Hébridas y en Guadalcanal, “únicas partes de Melanesia incluidas en la investigación en las que encontré la práctica del matrimonio entre primos cruzados, y en las tres regiones los 312 RIVERS RIVERS, William H. Kinship and Social Organization. University of London. London, 1968, p. 39. 313 Observó también otros tipos de matrimonio, pero se centró principalmente en este. Trabajó además con otras instituciones sociales para probar lo mismo. En Oceanía, por ejemplo, se clasifica a los cuñados y cuñadas como hermanos y hermanas siempre que sean de diferentes sexo a Ego (si fuese un elemento psicológico, como defendía Kroeber, se haría sin distinción de sexo), de lo cual se deriva que hubo una época en la que se permitían las relaciones sexuales entre un hombre y las hermanas de su esposa y las esposas de sus hermanos. Por otra parte, un hombre llama a la hermana de su mujer del mismo modo que la llama ésta, lo cual demuestra el rechazo a las relaciones sexuales entre ambos (factor psicológico, sí, pero sobre todo sociológico, pues muestra el cambio desde una condición de comunismo sexual a otra en la que las relaciones sexuales se restringen a parejas de un matrimonio). Rivers opina también que la simplificación en el sistema terminológico clasificatorio vivida en Oceanía se debe al paso de la regulación del matrimonio por algún tipo de exogamia de clan a otra regulación determinada por el parentesco y trazada a través de las genealogías. En esta exogamia en comunidades duales estaría el origen del sistema, algo que podría observarse todavía en rasgos como la distinción entre el hermano del padre y el de la madre, o entre la hermana del padre y la de la madre, o en que los hijos de los hermanos se clasifican con los hijos de hermanas: un hombre aplica el mismo término para los hijos de la hermana de la madre que para los hijos de los hermanos del padre (su uso acarrea prohibición de matrimonio) - 147 - sistemas de parentesco eran exactamente aquellos que se derivarían de esa forma de matrimonio”314. En lo que respecta al sistema descriptivo, el autor señaló lo incorrecto de la denominación, admitiendo que cualquier sistema clasificatorio resultaba más descriptivo que el inglés. Como característica principal. Rivers habló de su independencia en relación a las instituciones sociales, a la par que propuso como nueva denominación la de sistema de familia (vs. clan), pues de ésta (extensa o no) depende nuestra forma de nombrar a los parientes. 5.3. La etapa difusionista La etapa difusionista de Rivers le sobrevino en plena redacción de su Historia de la sociedad melanesia. La transformación fundamental afectó a la metodología y consistió en la introducción de la distribución geográfica de los términos de parentesco como elemento a tener en cuenta, si bien ello no supuso un abandono del evolucionismo ni la caída en la tipología de los difusionistas británicos. De hecho, afirmaba que aunque los cambios en la estructura social de Melanesia se produjeron por la influencia de pequeños cuerpos de inmigrantes, fue algo gradual producto de una evolución, “el tratamiento evolucionario temprano se mantuvo bien sólo porque es sólo por un proceso que estamos acostumbrados a considerar como evolucionario que es posible que se produzcan cambios en la estructura de la sociedad”315. En el primer volumen el autor llevó a cabo un trabajo eminentemente enumerativo, recogiendo la organización social de las diferentes islas melanesias: la estructura de mitades, de clanes, el sistema de parentesco, las terminologías, los deberes y los privilegios de los parientes, el matrimonio y sus regulaciones, la adopción, la propiedad y la herencia. Es el segundo volumen el que realmente nos interesa, pues en él realizó un trabajo de síntesis de los datos recogidos para elaborar su teorización genérica, incluyendo la explicación de los 314 RIVERS. Kinship… Op. cit., p. 52. Lowie opinaba que este argumento era realmente una prueba clásica de la realidad de la causación sociológica, pero advertía también de que de él no se seguía que todos los rasgos de la terminología de parentesco estén condicionados de forma similar existiendo muchos elementos de sistemas primitivos que sólo pueden referirse a una acción caprichosa de una conciencia psico-lingüística. LOWIE. “Review Kinship and Social Organization”. American Journal of Sociology. Vol. 20. 1914, pp. 120-121. 315 RIVERS. The History of Melanesian Society. Vol. II. Anthropological Publications. Oosterhout N. B. The Netherlands, 1968, p. 5 - 148 - cuatro tipos principales de matrimonio existentes en las islas. De ellos destaca como novedoso el de las uniones intergeneracionales, cuya existencia dedujo de la terminología de los sistemas de Pentecostés, Fiji y Buin, que se asociarían a una organización social basada en el dominio de los varones ancianos. Así, en Pentecostés la madre de la madre y la hermana mayor se nominaban con el mismo vocablo, de lo cual extrajo que los hombres se casaban con las hijas de las hijas de sus hermanos316. Fiji y Buin supondrían la versión patrilineal del sistema, llamándose igual el padre del padre que el hermano mayor. En este caso los matrimonios habrían sido con una esposa del padre del padre o con una mujer que ocupase el mismo estatus, algo que se debería a que una vez existió una organización dual con descendencia matrilineal en estos lugares317. En la actualidad de Rivers podían encontrarse uniones con una esposa del hermano de la madre, algo que el autor suponía un refuerzo a su teoría de los matrimonios intergeneracionales, pues si existían con una generación de diferencia, ello disminuía la improbabilidad de sumarle otra. Socialmente este tipo de matrimonios sería la expresión de una gerontocracia en la que los ancianos monopolizarían a las mujeres jóvenes, de tal modo que el resto de los hombres no podrían acceder más que a las esposas de sus mayores, concretamente en los dos casos que hemos visto, la del padre del padre y la del hermano de la madre, pues otros grupos de mujeres pertenecerían a su mitad318. En las Islas Banks y en Pentecostés se combinarían el matrimonio con la hija de la hija con la unión con la esposa del hermano de la madre, partiendo del hecho de que al acercarse el hijo de la hermana a la edad de contraer matrimonio probablemente las mujeres viejas fuesen muriendo o estuviesen incapacitadas para tener hijos, por lo cual la edad de la esposa iría acercándose en una generación a la del marido. En Buin la combinación fue la del matrimonio con la esposa del padre del padre y el de los primos cruzados. Ello derivó de una creciente importancia del hijo de la hermana que condujo a que el tío le entregase no a una de sus esposas, sino a una de sus propias hijas. 316 Existe un paralelismo entre los dieri de Autralia, pero Rivers señala que este sistema es de clases matrimoniales, los miembros de generaciones contiguas pertenencen a clases diferentes y sería imposible el matrimonio entre un hombre y una esposa del hermano de su madre, combinación indisoluble en Pentecostés con la unión con la hija de la hija. 317 Esta organización limita la elección matrimonial de estos hombres a dos grupos de parientes: las mujeres con el estatus de sus hijas y las del estatus de hijas de sus hijas, pues las hijas de las hermanas y de los hermanos pertenecerían a su mitad. 318 El matrimonio por captura, afirma el inglés, no sería un survival del secuestro de mujeres de tribus vecinas, sino la consecuencia del intento de escapar a esta monopolización. - 149 -